scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

„Балто-славянский сборник“

A. Vanagas

Full text

Entre las discrepancias entre formas aisladas del ruso y el lituano cabe mencionar las formas compuestas de los verbos lituanos, que el ruso ya no posee. Por ello, estas formas, como categoría independiente del verbo lituano, no se analizan por separado en el libro. Es cierto que se alude brevemente a ellas al hablar del aspecto, los participios y los modos. Sin embargo, no se ha esclarecido toda la especificidad de estas formas (su significado, formación y uso). Por otra parte, cabe preguntarse si es correcto traducir las formas skaityčiau y būčiau skaitęs con el mismo хотел бы. En nuestra opinión, esta última traducción solo es adecuada para la forma skaityčiau; para revelar la especificidad de būčiau skaitęs, ¿no habría sido mejor una traducción literal, я был бы читавший? Al fin y al cabo, en lituano skaityčiau y būčiau skaitęs no significan en absoluto lo mismo. Entre las formas compuestas del modo subjuntivo, el lituano tiene también būčiau beskaitęs, būčiau buvęs beskaitęs y būčiau buvęs skaitęs, pero ninguna de ellas se menciona siquiera en el capítulo dedicado a los modos. En el libro, el būdinys lituano se clasifica como adverbio, sin explicarlo con mayor detalle (pp. 239—240). Junto con sus ejemplos, el libro ofrece también algunos vestigios del būdinys ruso, por ejemplo: стоямя стоям (p. 239), cf. stovėte stovi; sin embargo, no se comparan entre sí. En las pp. 129 y 134 se afirma que el verbo lituano pranešti significa сообщить, pero esto no es del todo exacto, ya que también puede significar пронести (мимо). En la p. 189 se escribe que būti solo puede tener la forma permisiva sintética teesie; sin embargo, en la lengua literaria lituana se usa ampliamente también la forma analítica tegul būna. En algunos casos, el autor se basa únicamente en ejemplos de una sola lengua. En tales casos, parece desvanecerse el carácter contrastivo del libro. Esto puede decirse de las formas de participio pasivo de verbos intransitivos (p. 174), del творительный агентивного дополнения del ruso (p. 175), de las formas del imperativo ruso мерзни, получай (p. 188), entre otras. Aunque el libro presenta también bastantes deficiencias, ofrece, no obstante, una visión bastante acertada y casi completa de la morfología contrastiva del ruso y el lituano. Al leerlo y estudiarlo, de ningún modo puede dejarse de ver y valorar los frutos del trabajo del autor, importantes para la lingüística contrastiva eslava y báltica. En efecto, constituye un buen comienzo de una importante labor de gran envergadura, que sentará las bases para futuras investigaciones en este campo. Por este libro, sin duda, los estudiantes, traductores, trabajadores de la prensa y todos aquellos a quienes interesan la comparación y el uso de la morfología rusa y lituana estarán agradecidos a K. Musteikis. E. Grinaveckienė Балто-славянский сборник, Москва, 1972, 424 р. (отв. ред. В. Н. Топоров). El Instituto de Estudios Eslavos y Balkanísticos de la Academia de Ciencias de la URSS publicó una obra voluminosa, «Colección báltico-eslava». Contiene quince artículos y tres reseñas. En la mayoría de los artículos predomina la problemática báltica, y una parte considerable de ellos está dedicada específicamente a los estudios lituanos. El carácter interlingüístico de la colección se debe a que más de la mitad (ocho de quince) de los artículos están dedicados a los vínculos y contactos entre las lenguas bálticas y eslavas. El libro comienza con el artículo de Z. Zinkevičius «Sobre el desarrollo del vocalismo báltico» (pp. 5—14). En este artículo, el autor busca nuevos argumentos que confirmen que en la «protolengua» báltica había una vocal a breve y otra larga (*a, ā). Por ejemplo, se afirmaba que la vocal breve báltica *o se había conservado mejor en los diptongos mixtos 320 ŏn, ōm, de los cuales solo más tarde se desarrollaron en algunos dialectos an, am y en otros un, um, etc. Z. Zinkevičius presenta argumentos que contradicen esta hipótesis. Por ejemplo, que las formas un, um de los aukštaitianos orientales no proceden de ŏn, ōm lo muestran hechos como las formas lituanas Antānas y Ańdrius, tomadas en préstamo de las formas eslavas Antón, Andrzej, o la forma luntà de los aukštaitianos orientales, procedente de *lanta <lentà, pero no de *lonta. Los cuatro artículos siguientes, publicados consecutivamente, tratan de la fonología de las lenguas bálticas y eslavas. Son: T. Sudnik, Lazūnai, Lietuvių, baltarusių ir lenkų kalbų fonologinės sistemos (p. 15–155); M. Lekomceva, Apie baltų-slavų pasienio fonologinių sistemų sąveiką (p. 116–134); S. Tolstaja, Vienos žemaičių tarmės žodžio galo fonologija [se examinan los fenómenos de reducción de las vocales finales en el dialecto de los pueblos de Elkiškiai, Sablauskių, Menčių y Kanteikių, distrito de Akmenė] (p. 135–139); I. Toporova, Lietuvių kalbos fonemų distribucija (p. 140–173). Los dos primeros artículos abordan los contactos entre las lenguas bálticas y eslavas. Las relaciones entre las lenguas bálticas y eslavas también se examinan en varios artículos más, aunque ya desde perspectivas distintas de la fonológica. En su artículo «Baltų-slavų pasienio tarmių veiksmažodinių gramatemų reikšmių sistema» (p. 174–185), M. Lekomceva analiza la influencia que el verbo lituano de los pueblos de Dainava, Dainiškės, Stasylai y Pūšyniškės (Sosenkiškės), distrito de Šalčininkai, ha ejercido sobre las lenguas eslavas locales, así como el efecto de estas últimas en el sistema verbal lituano. El trabajo de E. Grinaveckienė, I. Kovalčiuk, J. Mackevič y E. Romanovič, «Lietuvos pasienio šiaurės vakarų baltarusių dialektai» (p. 377–393), está dedicado a los contactos en fonética, léxico y formación de palabras entre las lenguas de los bielorrusos fronterizos (y, en parte, también de los polacos) y las de los distritos de Trakai, Vilna y Šalčininkai de la RSS de Lituania. E. Grinaveckienė estudia la influencia recíproca entre las lenguas lituana y eslavas de algunas localidades de esos mismos distritos en su artículo «Kai kurie lietuvių ir slavų kalbų kontaktavimo reiškiniai (remiantis pietryčių Lietuvos kalbinių kontaktų medžiaga)» (p. 394–408). El artículo de J. Otrembski, «Iš slavų ir baltų kalbų žodžių darybos (sen. sl. mėsec ir liet. mėnuo)» (p. 186–192), sostiene que el lituano mėnuo y el eslavo antiguo mėsec son variantes, es decir, variantes derivativas de una misma palabra balto-eslava. Esto constituiría otro argumento a favor de la unidad de las lenguas bálticas y eslavas. R. Ekertas llega a conclusiones interesantes en su artículo «Dėl vardažodinių į kamienų kai kurių skirtumų baltų ir slavų kalbose» (p. 206–216). En primer lugar, el autor afirma que el material examinado confirma su opinión anterior de que las lenguas bálticas son más arcaicas que las prot eslavas, independientemente de cómo se interprete este arcaísmo. El ruso antiguo ocuparía una posición intermedia entre el prot eslavo y las lenguas bálticas orientales. Así pues, la conclusión de R. Ekertas no coincide con la de J. Otrembski. En su artículo «Dėl baltiškojo atitikmens slaviškajam *pasti» (p. 281–288), S. Karaliūnas muestra que el eslavo *pasti ‘pastorear, alimentar; defender, proteger’ corresponde al lituano póšėti ‘adorar (ídolos)’, póšelėti, pūoselėti ‘alimentar con esmero, cuidar bien, mimar’, al letón pašēt ‘mimar, cuidar, compadecerse, defender’ y pàst ‘cuidar, atender’. Ocupa un lugar singular en esta colección el extenso trabajo de L. Nevska-ja (sesenta páginas), «Baltų geografinių apeliatyvų žodynas», que presenta unos 1180 términos geográficos de las lenguas lituana y letona. Los términos se presentan en orden alfabético, con sus significados y fuentes. No incluye explicaciones etimológicas ni de otro tipo. Un diccionario de términos geográficos de este tipo y extensión se publica por primera vez en la bibliografía lingüística báltica. Su importancia es múltiple. Ante todo, será una ba- 321 se para estudios comparativos de terminología geográfica, que en los países eslavos han recibido recientemente tratamientos bastante exhaustivos1. El material báltico de este ámbito era de difícil acceso. En segundo lugar, el diccionario en cuestión será muy útil para quienes estudian los nombres de lugar. Como es natural, en un trabajo pionero de este tipo hay también inexactitudes y deficiencias; en nuestra opinión, la más importante es su carácter incompleto. Puesto que la autora no incluyó observaciones introductorias ni conclusiones, los criterios de selección de los términos no quedan claros para el lector, o solo pueden conjeturarse. Únicamente a partir de la lista de abreviaturas se puede determinar que la autora utilizó probablemente tres fuentes principales: trabajos publicados, los ficheros del Diccionario de la lengua lituana y del Atlas de la lengua lituana, y sus propios datos recogidos en los dialectos lituanos. Así pues, cabría pensar que el diccionario debería ser bastante completo. Sin embargo, faltan muchos términos. Lo más importante es que no se incluyeron en el diccionario ni siquiera algunos términos geográficos publicados en el Diccionario de la lengua lituana (LKŽ) o presentes en sus ficheros (LKŽK). Por ejemplo, cuesta entender por qué el diccionario no contiene términos como aptaką, apteką ‘desbordamiento de un río’ (LKŽ I 272, 273), bėdrė ‘hoyo; bache en un camino, charco, lodazal, valle’ (LKŽ I 711), galvis, gálvis ‘estanque formado naturalmente en el lugar del antiguo cauce de un río o en un remanso; orilla escarpada de un estanque excavado’ (LKŽ III 85), gerklė ‘ensenada del mar (o de un río)’ (LKŽ III 258), įgerklis ‘lugar estrecho; franja estrecha de tierra que se adentra en un bosque o se extiende entre aguas, península’ (LKŽ IV 21), intapas ‘lugar profundo en el agua’ (LKŽ IV 122); išplėša ‘espacio ensanchado o zanja erosionados por el agua’ (LKŽ IV 226), kliurkė ‘lodazal líquido, barro’ (LKŽ VI 128), krūšis ‘ribera, orilla’ (LKŽ VI 726), pólymas ‘marisma, pantano; gran extensión de bosque o campo; pequeños bosques’ (LKŽK), smėltė ‘arena, terreno arenoso’ (LKŽK) (aunque sí aparecen smėlis, smėlynas), šilia ‘marisma, suelo turboso; pinar, bosque’ (LKŽK), šimša ‘prado húmedo, pantano’ (LKŽK), šlapókšnis ‘prado húmedo’ (LKŽK), entre otros. Otro aspecto que reduce el valor científico de este artículo son las diversas pequeñas inexactitudes que aparecen; por ejemplo: ákis ‘ojo’, akmenynė ‘pedregal’, apačia ‘parte inferior’, burliūngė ‘burliūngė’, dūmbrės ‘depresiones’, galūkalnė ‘galūkalnė’, gelminė ‘gelminė’, įplėša ‘įplėša’, kalnūgubris ‘kalnūgubris’, kalniūkštis ‘colina’, kriaukšlynė ‘kriaukšlynė’, muõla ‘muõlas’, perejá ‘péréja’, saušbalė ‘terreno seco’, užūžilė ‘užūžilė’, vagá ‘surco’, vidūgiriai ‘bosques interiores’, vodėlė ‘vodėlė’, entre otros. Los términos aparecen con marcas de acentuación. Sin embargo, algunos se presentan sin ellas, pese a que las fuentes de las que se tomaron indican dónde recae el acento y cuál es su entonación: bliūdas ‘bliūdas’, duobija ‘duobija’, ežeras ‘ežeras’, kem(s)as ‘kėmsas’, kemzras ‘kėmzras’, kiešynas ‘kiešynas’, liūgnas ‘liūgnas’, pabalė ‘pabalė’, etc. Estas inexactitudes, descuidos y erratas muestran que el artículo en cuestión se preparó y publicó sin el cuidado necesario. La colección incluye dos artículos sobre mitología báltica. El reconocido especialista en este campo Več. Ivanovas muestra en su artículo «Indoeuropietiškosios dvynių kulto terminologijos atspindžiai baltų kalbose» (p. 193–205), continuando las investigaciones del estudioso estadounidense D. Ward² y de otros, que 1 Н. И. Толстой, Славянская географическая терминология, Москва, 1969; Я. Яш- кія, Беларускія геаграфічныя назвы, Мінск, 1971; M. Jurkowski, Ukraińska terminologia hydrograficzna, Wrocław-Warszawa-Kraków-Gdańsk, 1971; P. Nitsche, Geographische Terminologie des Polnischen, Köln, 1964. 2 D. Ward, The Divine Twins. Un mito indoeuropeo en la tradición germánica, Berkeley and Los Angeles, 1968. 322 También se encuentran reflejos del culto a los gemelos divinos en las lenguas bálticas, especialmente en las canciones populares letonas. El lituano Dievo sūneliai y el letón Dieva dēli (cf. letón Ābelkoka laivu daru / Abi gali pazelīti / Dieva dēli jūrējin̄ / Saules meitu vizina), según Več. Ivanov, son equivalentes de la terminología indoeuropea del culto a los gemelos (cf. védico Divó nāpātā «los hijos del dios o de Dyauh—el cielo—», griego Dioskūrai — Διόσκουροι «hijos de Zeus»). Las investigaciones de D. Ward permiten reconstruir un mito indoeuropeo sobre los gemelos divinos —hijos del dios del Sol— que cortejan a su hermana, cuyo nombre alude al sol: védico Sūryā «Sol» o Duhitā Sūryasya «hija del Sol». Več. Ivanov considera que en las lenguas bálticas los equivalentes de esta parte del mito sobre los gemelos divinos son el lituano Saulės duktė y el letón Saules meita. Več. Ivanov vuelve a abordar la cuestión de qué significa la palabra del folclore letón jumis. El origen de esta palabra se ha explicado de muy diversas maneras (cf., por ejemplo, finés jumala, livonio jumal «dios»). Basándose en el mito indoeuropeo reconstruido sobre los gemelos divinos, cuya trama se funda en el incesto, y en el hecho indudable de que en la antigua tradición indoeuropea los gemelos divinos podían designarse con una sola palabra —védico Yama, avéstico Yima—, el autor concluye que la palabra letona jumis pertenece a la terminología indoeuropea de los gemelos divinos, aunque su uso posterior pudo haber recibido cierta influencia de las lenguas fino-bálticas. V. Toporov prosigue en el artículo «Notas sobre la mitología báltica» (pp. 289—314) las investigaciones en este campo iniciadas anteriormente3. El objetivo del artículo, como escribe el autor, es «reconstruir algunos rasgos de la estructura jerárquica del panteón báltico (o, más precisamente, de los panteones), basándose en la distribución de los teónimos en las listas de dioses conservadas» (pp. 289—290). La primera (y mayor) parte del artículo está dedicada a los dioses prusianos. Al comienzo, el autor presenta una lista de nombres de dioses paganos prusianos, recopilados con gran esmero a partir de diversas fuentes. Las explicaciones sobre el origen de los nombres de los dioses que se ofrecen en el artículo resultarán interesantes para especialistas de muchos campos. Basándose en observaciones de carácter distributivo registradas en fuentes históricas o incluso en listas de dioses propiamente dichas, V. Toporov presenta dos esquemas arquetípicos de la jerarquía de los dioses prusianos. A juicio del autor, uno de esos esquemas podría ser el siguiente: La evolución posterior de este esquema habría sido la siguiente: 1) Deivs recibió el epíteto Okopirms, que más tarde pasó a constituir la base del nombre; 2) Trimps se escindió en Potrimps y Autrimps (en algunas variantes, también en Natrimpe); 3) el epíteto Bardoits, que antes acompañaba al nombre Patols, se separó ³ V. N. Toporov, Sobre la antigua india Upas (Usas) y su correspondencia báltica (Оѕінѕ), en: La India en la Antigüedad, Moscú, 1964, pp. 66—84; Sobre una mitologema «yotvingia» en relación con su paralelo eslavo, «Acta Baltico-Slavica», III, 1966, pp. 143—149; Sobre los vínculos mitológicos báltico-escandinavos, Donum Balticum, Stokholm, 1970, p. 534—543. 323 de este nombre y se convirtió en una entidad independiente; 4) Patols recibió el nombre de Pekols; 5) Pekols se escindió en Pekols y Pokols; 6) Svaitix fue incorporado al panteón. En la segunda parte del artículo, V. Toporov resume la información de las fuentes históricas sobre el panteón lituano del siglo XIII. Las fuentes son, ciertamente, escasas (la Crónica de Volinia y la interpolación de 1261 en la «Crónica» de Joano Malalas), pero incluso esta información relativamente limitada permitió a V. Toporov llegar a conclusiones interesantes. Entre otras cosas, V. Toporov vuelve⁴ a la idea de que el nombre de dios mencionado en la crónica de Volinia, Diviriksa (Диверикъзу, Дивирика), debe interpretarse no como «el príncipe de Dios», sino como «la vara de Dios». Un lugar singular en la colección reseñada ocupa el estudio de V. Toporov «Baltica Podmoskovja» (pp. 217—280). Con este trabajo, V. Toporov continúa sistemáticamente la serie de investigaciones de numerosos estudiosos anteriores (A. Kočiubinskis, A. Pogodinas, K. Būga, A. Šachmatovas, A. Sobolevskis, M. Fasmeris, B. Serebrenikov y otros), así como de autores de la última década, entre ellos, sobre todo, V. Toporov y O. Trubačiov, sobre la difusión de la toponimia báltica hacia el este, más allá de los territorios bálticos actuales⁵. En trabajos anteriores se había establecido el límite sudoriental del área de los topónimos bálticos. El límite oriental seguía siendo incierto. El objetivo del estudio «Baltica Podmoskovja» es precisamente determinar el límite oriental de la toponimia báltica. Cabe señalar que aquí el concepto de «báltico» se emplea con un sentido algo distinto del que tenía antes. Como es sabido, V. Toporov es uno de los principales representantes de la teoría según la cual las lenguas eslavas se formaron a partir de dialectos bálticos periféricos. Este punto de vista se expone con toda claridad en el artículo de V. Toporov «Sobre las correspondencias toponímicas en los territorios bálticos y al oeste del Vístula»⁶, donde se afirma que el período «báltico-eslavo» está vinculado territorialmente a las zonas limítrofes con las tierras bálticas históricas por el oeste, el sur y el sudeste, y que cronológicamente se prolongó desde la existencia de los antiguos dialectos bálticos hasta la separación de estos de los grupos periféricos de los que más tarde surgieron las lenguas eslavas»⁷. Uno de los objetivos más importantes del estudio «Baltica Podmoskovja» parece ser afianzar esta hipótesis basándose ya no en la «periferia» occidental, sino en la oriental⁸. Por ello, el concepto de «báltico» recibe un contenido muy peculiar, diríamos que especial. Aquí el concepto de «báltico» se contrapone al de «eslavo» no en términos étnicos ni siquiera lingüísticos, sino más bien históricos y tipológicos. Del mismo modo que en el artículo se habla de «Baltica Podmoskovja», al parecer también se puede hablar de 4 Žr. В. Н. Топоров, К балто-славянским мифологическим связям, Donum Baltic um, стр. 535. 5 В. Н. Топоров и О. Н. Трубачев, Лингвистический анализ гидронимов Верхнего Поднепровья, Москва, 1962; О. Н. Трубачёв, Названия рек Правобережной Украины, Москва, 1968 ir kt. 6 V. N. Toporov, Sobre la cuestión de las correspondencias toponímicas en los territorios bálticos y al oeste del Vístula, «Baltistica» I(1), 1966, p. 103—111. Compárese también: V. N. Toporov, Sobre los elementos bálticos en la hidronimia y la toponimia al oeste del Vístula, «Slavica Pragensia», VIII, 1966, pp. 255—263. 7 En el mismo lugar, p. 104. 8 En los últimos tiempos apareció un nuevo trabajo de V. Toporov, en el que esta hipótesis se fundamenta en el léxico apelativo: В. Н. Топоров, Балтизмы в русских говорах, кн.: Балтийские языки и их взаимосвязи со славянскими, финно-угорскими и германскими языками. Тезисы докладов научной конференции, посвященной 100-летию со дня рождения акад. Я. Эндзелина, Рига, 1973, стр. 43—46; В. Н. Топоров, К вопросу о балтизмах в славянских языках (теоретический взгляд), „Известия Академии Наук Латвийской ССР“, 1973, № 2, стр. 90—96. 324 «Slavica Pribaltiki», teniendo en cuenta las formas de indudable origen báltico que, en su evolución, han llegado mucho más lejos que la mayoría de las demás9. Tales territorios, cuyos topónimos pueden interpretarse en dos sentidos completamente distintos (como eslavos y como bálticos), constituían áreas en las que se produjo (y a veces aún se produce) una diferenciación de los elementos bálticos y eslavos, o, más exactamente, la transformación de los primeros en los segundos. Sea cual sea el contenido que se atribuya al concepto de «báltico», este concede al investigador una gran libertad; por ello, suele resultar muy difícil discutir el carácter «báltico» o «eslavo» de los topónimos mencionados en el artículo: para hacerlo habría que cuestionar la propia concepción, que, a nuestro juicio, es interesante y original. Sea cual sea la interpretación del concepto de «báltico», el autor presenta en el artículo numerosos hidrónimos de la región de Moscú que considera baltismos indudables. La presencia de topónimos de origen báltico en la región de Moscú no es inesperada. En primer lugar, se conocen numerosos hechos históricos que indican que en otro tiempo vivieron bálticos en esa región. Quizá el más importante sea el testimonio de las crónicas rusas de que junto al río Protva vivía aún a comienzos del segundo milenio una tribu báltica, los galindios10. En el artículo encontramos también otros datos históricos que confirman la hipótesis de que, efectivamente, los bálticos habitaron los territorios de la región de Moscú. Conviene recordar aquí también los sorprendentes resultados obtenidos al investigar el asentamiento de Troítskaya, en la región de Mozhaisk. A partir de estas investigaciones se publicaron dos libros11, cuya conclusión coincide plenamente con los testimonios históricos: Troítskaya estuvo habitada durante mucho tiempo por bálticos12. Por cierto, en el segundo de estos libros se publicó el artículo del conocido arqueólogo V. Sedov, «La hidronimia báltica de la región interfluvial del Volga y el Oka», en el que el autor presenta 180 nombres de cursos de agua de esta región que considera bálticos13. Así pues, tenemos ante nosotros dos trabajos que estudian, en esencia, los hidrónimos de los mismos lugares y consideran bálticos muchos de ellos. Cuesta creer que esto sea una coincidencia. Sin embargo, estos dos artículos también suscitan otras reflexiones. Aunque ambos autores han elegido, en esencia, el mismo territorio como objeto de estudio, distan mucho de considerar bálticos los mismos nombres de cursos de agua: en ambos artículos, solo unos 70 hidrónimos coinciden en ser considerados bálticos. Esto significa que V. Toporov no considera bálticos más de la mitad de los hidrónimos que V. Sedov considera como tales. Y, a la inversa, solo menos de un tercio de los «baltismos» de V. Toporov reciben una interpretación semejante en el artículo de V. Sedov. Este solo hecho ya muestra que en la interpretación de los baltismos existe cierto grado de subjetividad y que aún no se han alcanzado conclusiones definitivas sobre el origen de muchos hidrónimos de la región interfluvial del Volga y el Oka. V. Toporov establece asimismo un límite oriental bastante preciso para la distribución de los topónimos bálticos, que, en su opinión, discurre aproximadamente desde Kalinin siguiendo el río Moscova hasta su desembocadura en el Oka. Es interesante que la opinión de V. Toporov sobre el límite oriental de los topónimos bálticos coincida casi por completo con la de V. Sedov14. Al analizar más de 300 topónimos de la región de Moscú, V. Toporov utiliza ampliamente la nomenclatura báltica. Esto es perfectamente comprensible, pues los nombres bálticos 9 В. Н. Топоров, „Балтика“ Подмосковья, стр. 263. 10 Теп рат, 270. 11 Antiguo asentamiento en la región de Moscú, Moscú, 1970; Antiguo asentamiento en la región de Moscú, Moscú, 1971. 12 Древнее поселение в Подмосковье, 1970, стр. 94 и ss. 13 Древнее поселение в Подмосковье, 1971, стр. 99–119. 14 В. Седов, ob. cit., p. 108. 325 las correspondencias determinan la etimología de muchos topónimos; sin ellas, tampoco sería posible la propia concepción de los baltismos. La onomástica báltica, como es sabido, todavía ha sido relativamente poco estudiada y publicada, por lo que sus autores, sobre todo los de otras nacionalidades, siempre encuentran dificultades, a veces tan grandes que llegan a afectar al nivel científico de sus obras. En parte, esto también se aplica al artículo en cuestión, cuyo defecto quizá más importante sea una perspectiva insuficientemente diferenciada sobre la onomástica báltica. Se trata de lo siguiente: junto a sus elementos arcaicos —bálticos e indoeuropeos—, la onomástica báltica contiene muchas más innovaciones surgidas en época relativamente reciente. Al abordar los problemas posteriores del pasado báltico, es importante separar lo nuevo y trabajar únicamente con sus elementos antiguos. Hay que señalar que en el artículo en cuestión esto no siempre se consiguió, por lo que abundan las comparaciones y etimologías que, una vez realizada la selección de la onomástica báltica recién mencionada, resultan inexactas o incompletas. Lo más importante es que el autor compara con frecuencia los hidrónimos de la región de Moscú con oicónimos bálticos, muchos de los cuales son de origen antroponímico. Por ejemplo, no es posible relacionar el nombre del río Ворча con el lituano Varkalių km., Varkališkių km. y otros, porque ambos nombres de aldeas derivan del antropónimo Varkalys, que, a su vez, procede del nombre de la profesión varkalys «calderero de cobre». Житойка no puede compararse con el lituano Getaučių km., Getautiškių km., pues estos oicónimos proceden del antropónimo compuesto lituano Gė-tautas, Ge-taūtis. Lo mismo puede decirse, por ejemplo, de la comparación del nombre del río Мошонка con el lituano Mastautų km., que deriva del antropónimo compuesto Mãs-tautas. Tampoco puede relacionarse este nombre de río con el lituano Masių km., Masionių km., ya que esos nombres de aldeas proceden de los apellidos Masys, Masionis, y estos apellidos, a su vez, derivan del nombre de bautismo Motiejus. Hay más casos en que el carácter báltico de los hidrónimos de la región de Moscú se sustenta en topónimos bálticos de origen antroponímico, formados a partir de nombres de bautismo o apellidos derivados de estos. Así, por ejemplo, se demuestra el supuesto origen «báltico» del nombre del río Юшинка relacionándolo con el lituano Jusėnų km., Jusiškio km., Jusių km., el letón Jusi, Juši y otros. En realidad, todos estos topónimos proceden de antropónimos, como el lituano Jusys, el letón Jusis y otros, que, a su vez, son formas modificadas del nombre de bautismo Justinas. También es erróneo relacionar el nombre del río Микажель con el lituano Mikėnų km., Mikašiūnų km., el letón Mikis, Mikīši y otros, pues estos topónimos proceden de antropónimos como el lituano Mikėnas, Mikašius, el letón Mikis y otros. Estos antropónimos, a su vez, derivan del nombre de bautismo Mýkolas, en letón Mikēlis. Son especialmente indeseables los casos en que se compara un hidrónimo de la región de Moscú con numerosos topónimos bálticos de origen diverso. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene enumerar, junto al nombre del río Улупинка, los topónimos lituanos Ūla, río; Uličėlės km. (debería ser Ūlyčėlės) y Ulitėlės km. (debería ser Ūlytėlės), Uliūnų km. y otros, cuando los nombres de aldeas Ūlyčėlė y Ūlytėlė proceden del eslavismo ulýčia «aldea, poblado»; el nombre de aldea Ūliūnai deriva del apellido Uliūnas, mientras que el nombre del río Ūla quizá sea un hidrónimo báltico antiguo, cuya relación con el río en cuestión puede suponerse. Hay bastantes comparaciones y etimologías sospechosas y dudosas. Sin embargo, la mayoría parecen suficientemente fiables, por lo que las observaciones críticas no invalidan la concepción general del artículo. Al final del volumen se publican tres reseñas: E. Grinaveckienė, J. Senkus: Z. Zinkevičius, Lietuvių dialektologija, Vilnius, 1966; S. Karaliū- 326 nas: А. П. Непокупный, Ареальные аспекты балто-славянских языковых отношений, Киев, 1964; Б. Л. Огибенин: A. Dundes, The Binary Structure of „Unsuccessful Repetition“ in Lithuanian Folk Tales, „Western Folklore“, 1962, V, XXI, N 3. Estamos ante una obra importante de estudios bálticos, de las que se publican muy raramente fuera de los países bálticos. La amplitud temática y el nivel científico adecuado harán, sin duda, de este volumen un libro de consulta para especialistas de numerosos campos. A. Vanagas