Itališkas Ledesmos katekizmas „Dottrina Christiana“: Daukšos panaudoto lenkiško teksto šaltinis
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ACTA LINGUISTICA LITHUANICA
XLIV (2001), 227–250
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EL CATECISMO ITALIANO DE LEDESMA DOTTRINA CHRISTIANA: FUENTE DEL TEXTO POLACO UTILIZADO POR DAUKŠA
Como se sabe, el texto polaco del catecismo traducido por Daukša no era una obra original, sino una traducción del italiano. Esto me impulsó a investigar los vínculos con las fuentes italianas, comenzando mis pesquisas por el jesuita español Jacobo Ledesma, a quien se atribuye la autoría del libro lituano. Gracias a un artículo documentado de G. Aranci publicado recientemente sobre los catecismos de Jacobo Ledesma1, supe que este autor publicó en italiano dos catecismos distintos con el título común de Dottrina Christiana (Doctrina cristiana). Uno de ellos es el catecismo «breve» (Dottrina Christiana Breve), cuyo ejemplar más antiguo conservado hasta nuestros días, publicado en 15692, se custodia en la Biblioteca Arzobispal de Bolonia; Aranci lo estudió a partir de un ejemplar publicado en Roma en 15933, pero sin mencionar que se conservan ejemplares de otras ediciones del siglo XVI (entre ellas, uno en la Biblioteca de Brera de Milán4, otro en la Biblioteca Nacional de Florencia5 y uno más en la Biblioteca Vaticana6). La segunda obra es una versión algo ampliada del catecismo «breve»; Aranci la estudió no a partir del único ejemplar de la edición de 1576 conservado en la Biblioteca de Brera de Milán7, cuya existencia desconocía, sino de una traducción al catalán publicada en 15968; sin embargo, observó que en la Biblioteca de Brera de Milán se conserva el libro de 1596 Dottrina Christiana. Stampata d’ordine, et commissione del Molto Illustr. Et Reverendiss. Monsig. Filippo
1 Plg. Aranci G. Le „Dottrine“ di Giacomo Ledesma S. J. (1524–1575), „Salesianum“ 53 (1991), 315–382.
2 Somma della Dottrina Christiana Breve, per insegnar in pochi giorni, per interrogatione, a modo di Dialogo, fra’l Maestro e Discepolo, Bologna, P. Bonardi.
3 Véase Aranci, op. cit., p. 320, n. 29.
4 Somma della Dottrina Christiana. Con la sua Breve dichiarationea modo di dialogo fra’l Maestro, e discepolo, Genova, A. Bellone, 1570 (signatūra: Zx 1 44).
5 Dottrina Cristiana breve per insegnare in pochi giorni, et per interrogazioni à modo di Dialogo, fra il Maestro e Discepolo, Florencia, A. Padovani, 1587 (signatura: Pal 15.E.8.171). La obra se imprimió como apéndice del libro Scelta d’orazioni devotissime al Signore e alla Vergine.
6 Dottrina Cristiana breve per insegnare in pochi giorni, e per interrogazioni a modo di dialogo, fra il Maestro e Discepolo, Florencia, F. Giunti, 1593 (signatura: Capponi VI.48 (2)). La obra se imprimió como apéndice del libro Scelta d’orazioni devotissime al Signore e alla Vergine.
7 Dottrina Christiana, a modo di dialogo del Maestro, et Discepolo, per insegnare alli Fanciulli, Milano, P. Pontio (signatūra: Musica B 39 (2)).
8 Doctrina Christiana a manera de dialogo entre lo Mestre, y lo Dexeble, Barcelona, J. Cendrat. El libro se transcribe en el artículo de Aranci citado anteriormente (p. 341 y ss.).
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Archinto Vescovo di Como.... Per uso della sua Città, et Diocese9 coincide en muchos pasajes con la traducción mencionada de 159610. A juzgar por el título del libro de 1576 (Dottrina Christiana, a modo di dialogo del Maestro, et Discepolo, per insegnare alli Fanciulli) y por la lista de ediciones de los catecismos de Ledesma que ofrece Aranci11, cabe suponer que la versión ampliada apareció por primera vez (aunque no se ha conservado ningún ejemplar hasta nuestros días) en Roma, en 1573, año en que también se publicó la obra de Ledesma destinada a la enseñanza del catecismo y al canto de himnos católicos12. El hecho de que la versión aquí tratada sea posterior al catecismo «breve» permite considerarla una reelaboración de este último. Puesto que Ledesma residía en Roma desde 155713 y en una década pudo aprender bastante bien el italiano, tan cercano a su lengua materna, es perfectamente posible que escribiera ambos catecismos en italiano y no en español; por ello, no sorprende que no haya noticia de versiones españolas de estos textos publicadas en el siglo XVI, y que el extenso Catecismo, y declaracion breve de la Dottrina Christiana, por preguntas, y respuestas entre Maestro, y Discipulo14, de 180 páginas, sea un libro distinto del catecismo ampliado, mientras que Dottrina Christiana Por interrogaciones à manera de Dialogo, entre el Maestro, y Discipulo15 solo corresponde parcialmente al catecismo «breve».
El catecismo «breve» del siglo XVI se tradujo al albanés16 y al inglés17, mientras que la versión ampliada se utilizó para preparar, además del texto catalán mencionado, una traducción al polaco, que es la que examinaremos ahora.
La traducción del catecismo de Ledesma constituye solo la primera mitad del libro polaco (y de su traducción lituana), pues Krotki obyczay spowiedzi (> Breve modo de confesarse / o de confesar los pecados) se basa en otras fuentes.
Al comparar la Dottrina Christiana, a modo di dialogo del Maestro, et Discepolo, per insegnare alli Fanciulli publicada en 1576 con la primera mitad del libro polaco reimpresa en la edición académica del catecismo de Daukša18, se advierte fácilmente que, desde el capítulo O imieniu á znamięniu Chrześcijańskim/ y o imieniu Páná Chrystusowym y o jego nauce Chrześcijańskiej (p. 466) hasta Trzy Boskie Cnoty (p. 528), el texto polaco se aparta poco de la fuente italiana. Ocasionalmente se omitieron pasajes del original: después de la frase A Chrystus kto jest? (p. 467, lín. 20), antes del capítulo O Pozdrowieniu Pánny Máriey (p. 493, lín. 18), antes de la frase A czemuż wzywa innych ceremony y zwierzchnych poczciwości (p. 517, lín. 11–13), y antes de la frase Co jest grech (p. 519, lín. 7); sin embargo, algunas de las líneas omitidas aquí se trasladaron
9 Signatura: Musica B 29 (1).
10 Cf. Aranci G. Min., obra citada, p. 337, n. 69. La opinión de Aranci no está del todo justificada, pues el texto italiano de 1596 difiere considerablemente de la edición de 1576, como pude comprobar al comparar ambos libros.
11 Ibíd., p. 339.
12 Modo per insegnar la Dottrina Christiana, Roma, A. Blado. Se conserva un ejemplar en la Biblioteca Brera de Milán (signatura: Musica B 39 (1)).
13 Cf. Aranci G. Min., obra citada, p. 316.
14 Un ejemplar suyo, impreso en Sevilla en 1611, se conserva en la Biblioteca Estatal de Múnich (signatura: Catech. 406).
15 Un ejemplar suyo, impreso en Valencia en 1681, se conserva en la Biblioteca Brera de Milán (signatura: R. Min. 23).
16 El manuscrito conservado en la Biblioteca Vaticana (junto con su transcripción) fue reimpreso en la monografía de M. Sciambra, La “Dottrina Cristiana” di Luca Matranga, Roma, 1964, 1–199.
17 El texto de 1597, The Christian Doctrine in manner of a Dialogue between the Master and the Disciple, fue reimpreso en el libro English recusant literature 1558–1640, Volume 2, Menston, 1969.
18El catecismo de Mikalojus Daukša de 1595, Vilna, 1995, 459–534.
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en la p. 532 (líns. 7–21) y 533 (líns. 1–3). También hay pocos pasajes del texto original reelaborados: p. 472 (líns. 9–20), p. 495 (líns. 17–22), p. 496 (líns. 6–16), p. 509 (líns. 10–19), p. 520 (líns. 8–13), p. 526 (líns. 2–12). En un lugar se insertaron varias líneas (p. 500, líns. 20–24); en otros, breves títulos de sección.
El texto polaco se aparta más notablemente en las últimas páginas (pp. 528–534), donde se insertaron los párrafos Piec Smy stów cielesnych y Cztery ostateczne rzeczy człowiecze, ausentes del original¹⁹. Se aparta aún más en el prefacio del libro (pp. 462–465), que es distinto del texto de la fuente italiana Ammonitione alli Padri, et Madri. Además, el traductor polaco omitió los dos últimos párrafos del catecismo, Li Misterij di nostro Signor Giesu Christo y Dell’Ave Maria (pues sus equivalentes se imprimieron en la segunda parte del libro²⁰), y se desvinculó del apéndice escrito en latín Per saper aiutare à servire alla Messa, así como de las líneas impresas a continuación acerca de „Il modo che si ha da tenere quando si comincia la Dottrina Christina“.
Algunas de las diferencias comentadas pueden atribuirse no al traductor polaco, sino a la circunstancia de que probablemente utilizó una edición italiana desconocida para nosotros o una transcripción «mejorada» de la edición de 1576, como se desprende de la comparación del libro polaco con la mencionada traducción al catalán de 1596: en este texto faltan casi todas las frases omitidas en la traducción polaca (cf. después de A Chrystus kto jest?, antes de A czemuż żywa inych ceremoniy z zwierzchnych poczciwości, antes de Co jest grech); las notables divergencias de las últimas páginas de la traducción polaca respecto a la edición de 1576 tienen aquí equivalentes exactos, aunque los párrafos Dels peccats contra Lesperit sanct ir Dels quatre peccats que demanen venjança davant Deu se trasladaron después de Le quatre darreries del home; varios títulos breves de sección también son propios del texto catalán (cf., por ejemplo: Wykład Pacierza²¹ ≈ Declaracio del Pater noster; Krotki wykład Sákrámentow²² ≈ Declaracio dels set Sagraments). Sin embargo, también hay casos en los que solo el texto polaco difiere de la edición de 1576: esto se aprecia especialmente al final del libro²³ y en los pasajes que pueden considerarse reelaboraciones del original.
Al comparar el texto lituano con la fuente polaca y el original italiano de 1576 (así como con la traducción catalana), se observa que Daukša pudo haberse servido únicamente de la obra polaca en todas partes, salvo en ese único caso en que la traducción lituana se aparta de la fuente polaca y coincide con la italiana: en el texto polaco falta el equivalente de varias frases del libro de Daukša (cf. p. 95, líns. 8–21, desde Mo. Yra tikras Dievas ir tikras žmogus hasta M. O Christis kaip išguldzės) y del original (cf. p. 5a). No obstante, puede no prestarse especial atención a esta excepción si se supone que en el libro utilizado por Daukša (o en su copia manuscrita) se habían añadido las líneas omitidas.
Se han observado decenas de casos en los que las líneas de la traducción lituana no tienen equivalente ni en la fuente polaca ni en el original italiano²⁴: cf. p. 91 (desde la lín. 17), p. 93 (hasta la lín. 9), p. 97 (líns. 8 y 13–14),
19 Estos párrafos no faltan en la reelaboración italiana de 1596 mencionada arriba, donde aparecen impresos al final de la sección introductoria (p. 15): Li sentimenti del corpo sono cinque 1 Vedere 2 Udire 3 Odorare 4 Gustare 5 Toccare … Le cose ultime dell’huomo sono quattro 1 La Morte 2 Il Giudicio 3 L’Inferno 4 Il Paradiso. El último párrafo quizá se añadió teniendo en cuenta el final del Parvus catechismus catholicorum de Canisio (Quae hominis novissima dicuntur? Ea, quae homini ad extremum accidunt, ut Mors, Iudicium, infernus, et caelestis gloria …).
20 Cf. pp. 592–594 y 597–598.
21 P. 488, lín. 18.
22 P. 521, líns. 11–12.
23 Ciertamente, el traductor polaco omitió los dos últimos párrafos del catecismo: Los misterios de nuestro Señor Jesucristo y Del Ave María, así como el apéndice Para saber ayudar a servir en la misa, que en la traducción catalana se publicó después del pequeño cancionero.
24 Dėl aptariamų reiškinių plg. Lebedys J. Mikalojus Daukša, Vilnius, 1963, 207–209.
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p. 99 (líns. 1–10), p. 115 (líns. 8–10), p. 125 (desde la lín. 10), toda la p. 127, p. 129 (hasta la lín. 14), p. 131 (desde la lín. 6), p. 133 (hasta la lín. 16), p. 135 (desde la lín. 13), p. 137 (hasta la lín. 5), p. 139 (desde la lín. 14), p. 141 (hasta la lín. 16), p. 145 (líns. 12–19), p. 147 (líns. 10–16), p. 149 (desde la lín. 15), p. 151 (hasta la lín. 14), p. 163 (líns. 13–16), p. 175 (líns. 2–7 y desde la lín. 16), p. 177 (hasta la lín. 7), p. 183 (desde la lín. 10), p. 185 (hasta la lín. 15), p. 193 (líns. 2–8 y desde la lín. 13), p. 195 (hasta la lín. 7), p. 201 (lín. 21), toda la p. 203, p. 223 (desde la lín. 19), p. 225 (hasta la lín. 8), p. 229 (lín. 5), p. 239 (líns. 4–5 y 15–16), p. 243 (líns. 2–3 y 14–16).
Son mucho menos frecuentes los casos en que se omiten en la traducción lituana pasajes polacos que tienen un equivalente (aunque sea aproximado) en el original italiano: cf. p. 494 (líns. 9–10), p. 508 (líns. 8–11 y 18), p. 516 (desde la lín. 17), p. 517 (hasta la lín. 10), p. 518 (líns. 1–8), p. 521 (líns. 11–14), p. 526 (líns. 1–12).
Lo expuesto permite afirmar que tanto el traductor polaco como el lituano reelaboraron parcialmente la fuente utilizada (en un caso, el original italiano; en el otro, su traducción polaca): esto se aprecia ya en el propio título (Dottrina Christiana, a modo di dialogo del Maestro, et Discepolo, per insegnare alli Fanciulli > Nauka Chrzescianska. Abo Kátechizmik dla dziatek > Kathekismas arba mokslas kiekwienam krikszczioniui priprivalus); sin embargo, los procedimientos de reelaboración fueron distintos, pues solo Daukša añadió decenas de oraciones nuevas. Probablemente, sabiendo que el propio Ledesma había reelaborado y ampliado su catecismo «breve», los traductores (y quizá, ante todo, quienes encargaron su trabajo) consideraron completamente natural continuar esa reelaboración para que el libro resultara lo más útil posible a sus nuevos lectores (los franceses hicieron algo parecido al reelaborar su traducción de 1613)25. Como las modificaciones del texto traducido no afectaban a la esencia ni a los rasgos generales de la obra de Ledesma, nada impedía presentarla como obra de un jesuita español. Por tanto, no hay motivo alguno para pensar que las reelaboraciones del traductor polaco pudieran deberse a una edición del original italiano que desconocemos, ni que la fuente de la traducción de Daukša fuera quizá otra variante del texto polaco: solo nuevos datos (que difícilmente aparecerán) podrían permitir aceptar tal hipótesis.
Para profundizar en la cuestión de las reelaboraciones de Daukša, habría que comprobar, al comparar su Postilė con la fuente polaca, si también aparecen allí fenómenos de naturaleza semejante; de ser así, podrían extraerse conclusiones generales según las cuales Daukša no descartaba la posibilidad de complementar sus traducciones. Que tradujera la segunda mitad del catecismo sin añadir nada no contradice esta posibilidad: reelaborar oraciones es una tarea algo más difícil. Lo mismo puede decirse de los pasajes de los Evangelios incluidos en la Postilė.
Para que el lector lituano pueda abarcar toda la cadena formada por Dottrina Christiana, a modo di dialogo del Maestro, et Discepolo, per insegnare alli Fanciulli > Nauka Chrzescianska. Abo Kátechizmik dla dziatek > Kathekismas arba mokslas kiekwienam krikszczioniui priprivalus y pueda seguir por sí mismo los vínculos entre estos tres libros, aquí se ofrece una transcripción del texto de la edición italiana de 1576, indicando el comienzo de cada página; en la medida de lo posible, se sigue la ortografía actual.
26 Doctrina cristiana, en forma de diálogo entre el Maestro y el Discípulo, para enseñar a los niños. Compuesta por el doctor Giacomo Ledesma, de la Compañía de Jesús. En Milán, por Pacifico Pontio, impresor de la corte arzobispal. 1576
27 Sumario de una bula de Su Santidad
25 Cf. Aranci G. Min., op. cit., p. 320, n. 30.
26 P. 5b.
27 P. 2a.
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{....................}.
Sumario de una bula de nuestro Señor, el papa Gregorio XIII
{....................}
28 {....................}
29 {....................}
30 Introducción a la Doctrina Cristiana.
Reunidos los niños, hecho el signo de la Cruz por el Maestro, junto con todos los demás, dos niños comenzarán a cantar lo que sigue. Amonestación a los Padres y a las Madres. Oh, queridos cristianos, os ruego que escuchéis y entendáis la obligación que tenéis todos los padres y las madres de enseñar a vuestros hijitos, desde pequeños, a saber amar, servir y honrar a nuestro Señor y dulce Redentor, quien decía: «Dejad que los pequeñitos vengan a mí», porque en esta edad podrán aprender y abrazar con mayor facilidad nuestra fe católica, los mandamientos y las demás cosas propias de los buenos cristianos. Puesto que vosotros, padres, y los padrinos sois negligentes en instruirlos, porque no podéis, o no queréis, o no sabéis, enviadlos a las iglesias y a las escuelas, para que puedan aprender 31 el modo de alcanzar la vida eterna prometida por Cristo. No dejéis de hacerlo por gracia, y así se verá el amor que les tenéis. Amén. Jesús.
Del signo del cristiano.
Todo cristiano fiel está muy obligado a tener devoción con todo su corazón a la santa Cruz de Cristo, nuestra luz, puesto que él quiso morir en ella para rescatarnos de la gran servidumbre de nuestros pecados y del mal enemigo. Por eso debemos acostumbrarnos a hacer el signo de la Cruz, diciendo así: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Jesús.
Del nombre y signo del cristiano, y del nombre de Cristo, y de su Doctrina Cristiana.
M. ¿Sois cristiano?
D. Sí, por la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
M. ¿Por qué decís «por la gracia de Jesucristo»?
D. Porque no soy cristiano por los méritos ni de mi padre ni de mi madre, ni tampoco 32 de ninguna otra criatura, sino por la bondad de Dios y los méritos de Cristo.
M. ¿Qué es un cristiano?
D. Es discípulo de Cristo, es decir, que, estando bautizado, cree y profesa su ley.
M. ¿Qué dignidad recibe el hombre cuando lo hacen cristiano?
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29 P. 3a.
30 P. 4a.
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32 P. 5a.
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N. Se hace hijo de la Bendición, hijo adoptivo de Dios y heredero del Cielo.
M. ¿Y quien no es cristiano, qué es?
D. Queda hijo de la Maldición, esclavo del Demonio y privado de la herencia del Cielo.
M. ¿Quién es Cristo?
D. Es verdadero Dios y verdadero hombre.
M. ¿Cómo es verdadero Dios?
D. Porque es verdadero y único hijo de Dios Padre omnipotente.
M. ¿Cómo es verdadero hombre?
D. Porque es verdadero y único hijo de la gloriosa Virgen María.
M. ¿Qué quiere decir C[hristo?]
Ungido.
M. ¿Por qué?
D. Porque fue ungido con la plenitud 33 de la gracia del Espíritu Santo, como óptimo Rey sobre todos los reyes, Sacerdote sobre todos los sacerdotes y Profeta sobre todos los profetas.
M. ¿Qué quiere decir Jesús?
D. Salvador, porque nos ha salvado y redimido con su preciosa sangre, y nos ha enseñado el camino de la salvación, es decir, del Paraíso, con su doctrina cristiana.
M. ¿Qué es la doctrina cristiana?
D. Aquella que Cristo nuestro Señor nos enseñó primero con sus obras y luego con sus palabras; y también aquella que nos ha enseñado la santa Madre Iglesia católica romana.
Exhortación.
Así pues, mirad, hijos, que estáis obligados a seguir a Cristo nuestro Señor con vuestras obras, de quien habéis tomado el nombre y que tanta gracia os ha concedido.
Sobre la señal de la santa Cruz.
M. ¿Cuál es la señal del cristiano?
D. La señal de la santa Cruz.
M. ¿Por qué?
34 D. Porque en ella nos redimió Jesucristo.
M. ¿Cómo se hace?
D. Se hace poniendo la mano en la cabeza y en el cuerpo, y después en el hombro izquierdo y en el derecho, diciendo: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Jesús.
M. ¿Por qué se hace de este modo?
D. Per significare doi grandi misterij; l’uno della santissima Trinità, l’altro de l’Incarnatione del nostro Signore Giesù Christo.
M. ¿Cómo?
D. Nombrando al Padre en la cabeza, porque es principio de las otras personas divinas; al Hijo en el cuerpo, porque procede del Padre; al Espíritu Santo de un hombro al otro, porque procede del Padre y del Hijo.
M. ¿Por qué se hace en forma de cruz?
D. Para significar el alto misterio: que el Hijo de Dios, hecho hombre, nos redimió en la cruz, de
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modo que se puede decir: que el signo de la Cruz que hacemos es como un compendio de nuestra fe.
M. ¿Cuándo debemos usar este signo?
D. Siempre que empezamos alguna 35 obra, y cuando nos encontramos en alguna necesidad, y especialmente al levantarnos de la cama, al salir de casa, al entrar en la iglesia, al comer o al dormir.
M. ¿Por qué tantas veces?
D. Para que Dios nos guarde de nuestros enemigos en todos los lugares y tiempos, y para que todas nuestras obras se ordenen y dirijan al honor y gloria de Dios.
Aviso sobre el uso y la antigüedad de la señal de la santa Cruz.
La señal de la santa Cruz se usó desde los comienzos de la Iglesia primitiva hasta nuestros días, desde el tiempo de los Apóstoles, como consta por los santos Doctores: san Agustín, ser. De temp. 181; san Crisóstomo, ad Philip. Homil. 13; san Agustín, in Io. Euan. 118. Tract. Et in Psal. 30. Concio. 2; san Basilio, lib. De Spirito san. Cap. 27; Agost[ino] In Psal. 141; Idem de sanctis Ser. 19. Asimismo, en la celebración del sacramento del Bautismo y de la Confirmación. Tertul[liano], De corona militis.
Exhortación.
Exhórteseles a que, cuando hagan la señal de la Cruz, la hagan con reverencia y considerando dichos misterios, y 36 no sin devoción, como hacen muchos.
Del fin y de las cosas necesarias para el cristiano.
M. ¿Con qué fin fue creado el hombre?
D. Para amar y servir a Dios en esta vida, y después verlo y gozar de él en la otra, lo cual será nuestra suprema felicidad.
M. ¿Cuántas cosas son necesarias al cristiano para alcanzar su fin y salvarse?
D. Cuatro: fe, esperanza, caridad y buenas obras.
M. ¿Qué creéis por la fe?
D. Todo lo que sostiene y cree la santa madre Iglesia Católica Romana; y principalmente lo que se contiene en el Credo.
M. Decid el Credo.
D. 1 Creo en Deum, Patrem omnipotentem, creatorem Coeli, et terre. 2 Et in Iesum Christum Filium eius, Unicum Dominum nostrum. 3 Qui conceptus est, De Spiritu sancto Natus ex Maria Virgine. 4 Passus sub Pontio Pilato. Crucifixus, Mortuus, et sepultus. 5 Descendit ad inferos, Tertia die Resurrexit a mortuis. 6 Ascendit ad coelos 37 Sedet ad dexteram Dei Patris Omnipotentis. 7 Inde venturus est Iudicare Vivos et mortuos. 8 Credo in Spiritum sanctum, Sanctam Ecclesiam Catholicam. 9 Sanctorum communionem. 10 Remissionem peccatorum. 11 Carnis resurrectionem. 12 Vitam æternam. Amen. Giesù.
M. Decidlo en lengua vulgar.
D. Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. 2 Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. 3 Que fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de María Virgen. 4 Padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. 5 Descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos. 6 Subió al cielo, está sentado a la derecha de Dios Padre
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Omnipotente. 7 De allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. 8 Creo en el Espíritu Santo. La Santa Iglesia Católica. 9 La comunión de los santos. 10 El perdón de los pecados. 11 La resurrección de la carne. 12 La vida eterna. Amén. Jesús.
M. ¿Qué hemos dicho?
D. El Credo.
M. ¿Quién hizo el Credo?
38 D. Los doce Apóstoles, cuando iban a predicar el santo Evangelio por todo el mundo.
M. ¿Por qué lo hicieron?
D. Para instruirnos en la fe.
M. ¿Qué contiene el Credo?
D. Doce artículos, es decir, doce partes principales de la fe.
M. ¿A quién pertenecen estos artículos?
D. El primero, al Padre; los seis siguientes, al Hijo; los cinco últimos, al Espíritu Santo.
Exposición del Credo.
M. ¿En quién creéis?
D. Creo en Dios, que es la santísima Trinidad.
M. ¿Qué entendéis al decir la santísima Trinidad?
D. Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres personas y un solo Dios.
M. ¿El Padre es Dios?
D. Padre, sí.
M. ¿El Hijo es Dios?
D. Padre, sí.
M. ¿El Espíritu Santo es Dios?
D. Padre, sí.
M. ¿Son tres dioses?
D. No, aunque sean tres personas distintas; sin embargo, es un solo Dios.
M. ¿Por qué se llama Dios?
39 D. Porque ve y provee todas las cosas, como Señor y Gobernador de todo.
M. ¿Qué semejanza me daréis40 de la santísima Trinidad?
D. Así como nosotros, que hemos sido creados a su imagen y semejanza, tenemos una sola alma y tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad.
M. ¿Quién creó de la nada el Cielo y la Tierra?
D. Dios Padre, junto con el Hijo y el Espíritu Santo.
M. ¿Por qué se llama omnipotente?
D. Porque con su sola voluntad y su poder infinito puede hacer y deshacer todas las cosas.
M. ¿Creéis en Jesucristo?
D. Sí, Padre.
M. ¿Quién es Jesucristo?
D. Es Hijo de Dios Padre, tan poderoso, tan sabio y tan bueno como el Padre, quien
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39 P. 8b.
40 Impreso hace poco.
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Hijo de Dios, se hizo hombre por nosotros en el seno de la gloriosa Virgen María.
M. ¿Cómo se hizo esto?
D. No por obra de hombre, sino por obra del Espíritu Santo, permaneciendo ella Virgen antes, durante y después del parto; y así, en el Cielo no tiene 41 madre, ni en la tierra tiene padre.
M. ¿Por qué fue crucificado, murió y fue sepultado?
D. Por amor a nosotros, para librarnos de nuestros pecados, de las manos de nuestros enemigos, de la muerte y del Infierno; y así nos redimió con su preciosa sangre sobre el madero de la Cruz.
M. Entonces, ¿éramos esclavos, que nos redimió?
D. Sí, de nuestros pecados y del Demonio.
Exhortación.
Se podrá explicar el pecado de nuestro primer Padre, sus efectos y las miserias que sobrevinieron por el pecado, y cuán obligados estamos a nuestro Redentor Cristo.
M. ¿Qué hizo Cristo nuestro Señor cuando descendió al Infierno?
D. Sacó las almas de los santos Padres y las otras almas santas que estaban en el Limbo esperando su santo advenimiento.
M. ¿Cómo resucitó al tercer día?
D. Resucitó de la muerte a la vida, con cuerpo y alma gloriosos, para no morir jamás.
M. ¿Cómo subió al Cielo y se sienta a la diestra de Dios Padre?
42 D. Subió, después de cuarenta días, por encima de todos los Cielos y de todos los Ángeles, por su propia virtud y poder, donde permanece con su gran gloria como Hijo de Dios.
M. ¿Cómo vendrá de allí a juzgar a los vivos y a los muertos?
D. El día del Juicio, que será el fin del mundo, vendrá del Cielo con gran Majestad y Poder, acompañado de los Ángeles y los Santos, para juzgar a todos los hombres y dar a cada uno según sus obras.
M. ¿Crees en el Espíritu Santo?
D. Sí, que es verdadero Dios, la tercera persona de la Santísima[ima] Trinidad, quien da la gracia y sus dones a la santa Iglesia Católica.
M. ¿Qué es la santa Iglesia Católica?
D. Es toda la congregación de los fieles cristianos que tienen y profesan la fe de Jesucristo; su cabeza es 43 el mismo Cristo, y el Papa, su Vicario en la tierra.
M. ¿Y qué mal le ocurrirá a quien no obedezca a la Iglesia?
D. Quien no quiera tener a la Iglesia por Madre, no tendrá a Dios por Padre.
M. ¿Qué entendéis por la comunión de los Santos?
D. Que todos los que están en esta 44 Iglesia participan conjuntamente de los sacrificios, sacramentos y buenas obras que en ella se realizan, como en el cuerpo un miembro participa de la virtud del otro.
M. ¿Cómo se obtiene la remisión de los pecados?
D. Se obtiene por el mérito de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, por medio de los santos Sacramentos, haciendo nosotros todo aquello a lo que estamos obligados.
41 P. 9a.
42 P. 9b.
43 Impreso e.
44 P. 10a.
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M. ¿Y quien no pudiera recibir los sacramentos?
D. Bastaría el deseo y la voluntad de recibirlos, haciendo todo cuanto se está obligado a hacer.
M. ¿Cómo será la resurrección de la carne?
D. El día del Juicio resucitarán todos los muertos en cuerpo y alma: los buenos, gloriosos y hermosos, y los malos, por el contrario, feos y miserables.
Aviso.
Podrá explicar la gloria de la resurrección, los cuerpos gloriosos y las dotes del alma, etc.
M. ¿Qué es la vida eterna?
D. Es la gloria del Paraíso, es decir, ver y gozar de Dios para siempre, teniendo todo bien y ningún mal, adonde irán los buenos; los malos irán al fuego, 45 y a los tormentos eternos del Infierno.
M. ¿Y quién va a las penas del Purgatorio?
D. Las almas de quienes mueren en gracia de Dios y no han satisfecho completamente por sus pecados; después de haber pagado las penas debidas, irán al Paraíso.
M. ¿Qué quiere decir Amén?
D. Que así sea.
Exhortación.
Por tanto, oh hijos, procurad servir mucho a nuestro Señor Jesucristo, para que seáis de los buenos y de sus elegidos, y no vayáis al Infierno.
De la segunda cosa necesaria para el cristiano, es decir, la esperanza.
M. ¿Qué esperáis obtener por la esperanza en Dios?
D. La vida eterna, que se alcanza principalmente por la gracia divina y después por los méritos que, con ella, proceden de nosotros.
M. Para obtener las cosas que esperamos, ¿qué necesitamos?
D. Entre otras cosas, la oración.
M. ¿Qué oración nos enseña la Iglesia?
46 D. El Padrenuestro, el Ave María, la Salve Regina, entre otras.
M. Recitad el Padrenuestro.
D. Padre nuestro, que estás en los cielos. 1 Santificado sea tu Nombre; 2 venga a nosotros tu Reino. 3 Hágase tu voluntad, así en el cielo como en la tierra. 4 El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. 5 Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. 6 Y no nos dejes caer en la tentación. 7 Mas líbranos del mal. Amén. Jesús.
M. Decidlo en lengua vulgar.
D. Padre nuestro que estás en los cielos, 1 santificado sea tu nombre. 2 Venga tu reino. 3 Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. 4 Danos hoy nuestro pan cotidiano. 5 Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. 6 Y no nos induzcas en tentación. 7 Mas líbranos del mal. Amén. Jesús.
Exposición del Padrenuestro.
M. ¿Cuál es la primera petición?
D. Es esta: Padre nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre.
La segunda es: Venga tu reino.
45 P. 10b.
46 P. 11a.
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47 La tercera. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
La cuarta. Danos hoy nuestro pan de cada día.
La quinta. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
La sexta. Y no nos dejes caer en la tentación.
La séptima. Pero líbranos del mal. Amén.
M. ¿Qué hemos dicho?
D. El Padrenuestro.
M. ¿Quién compuso el Padrenuestro?
D. Nuestro Señor Jesucristo, que lo pronunció con su santísima boca.
M. ¿Por qué lo compuso?
D. Para enseñarnos a orar.
M. ¿Con quién se habla en ella?
D. Con Dios nuestro Señor.
M. ¿Hay alguna otra oración mejor que esta?
D. No, Padre: esta es la más excelente, porque la compuso Cristo nuestro Señor y se la dio a sus discípulos; y porque en ella pedimos a Dios las cosas principales que debemos pedirle.
M. ¿Qué se hace en esta primera parte: «Padre nuestro, que estás en los cielos»?
D. Se eleva la mente a Dios con humildad, 48 y esperanza para después pedir.
M. ¿Por qué llamamos a Dios Padre?
D. Porque al llamarlo Padre recordamos el gran amor que nos tiene, y así le pedimos con mayor confianza.
M. ¿Por qué decimos Padre nuestro y no mío?
D. Porque él es Padre de todos y todos somos hermanos, y así debemos amarnos como hermanos e hijos de tan buen padre.
M. ¿Dónde está Dios?
D. En el cielo, en la tierra y en todo lugar.
M. Entonces, ¿por qué decimos que estás en los cielos?
D. Porque allí se ve el rostro de Dios, donde está nuestra patria, y allí se manifiestan más su poder y majestad.
Aviso.
Aquí se podrá hablar del amor al cielo, de la gloria celestial y del desprecio de las cosas terrenales.
M. ¿Qué pedimos en las siete peticiones que siguen?
D. Primero pedimos el honor y la gloria de Dios.
2. La bienaventuranza para la cual fuimos creados.
49 3. Las cosas principales para alcanzarla.
M. ¿En cuál se pide la gloria de Dios?
D. En la primera, diciendo: Santificado sea tu nombre.
M. ¿Y nuestra bienaventuranza?
D. En la segunda, que dice: Venga tu Reino; es decir, que él reine sobre nosotros aquí por la gracia y después por la gloria.
47 P. 11b.
48 P. 12a.
49 P. 12b.
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M. Si Dios no reina sobre nosotros, ¿quién reinará?
D. Nuestros enemigos, es decir, el Mundo, la Carne y el Demonio.
M. ¿Y dónde se piden las otras cosas necesarias?
D. En las otras cinco peticiones.
M. ¿Qué pedimos, pues, en la tercera, que sigue?
D. Que hagamos la voluntad de Dios aquí en la Tierra, como la hacen los Ángeles y los Bienaventurados en el Cielo.
M. ¿En la cuarta?
D. Que nos dé el pan y sustento corporal, y el pan espiritual, que es el santísimo Sacramento, y su gracia junto con los demás dones suyos.
¿En la quinta?
Que nos perdone nuestros pecados y ofensas, como nosotros perdonamos a los demás, 50 y así hará Dios con nosotros, como nosotros hagamos con ellos.
Aviso.
Aquí se puede hacer una exhortación a perdonar las injurias.
M. ¿En la sexta?
D. Que no nos deje caer en las tentaciones, sino que nos dé ayuda para vencerlas y no pecar.
M. ¿En la séptima?
D. Que nos libre de todo mal, es decir, del alma, del cuerpo y de nuestro enemigo, el Demonio.
M. ¿Cuál es el mayor de todos los males?
D. El pecado.
M. Y ¿cuál es peor y más feo: el pecado o el Demonio?
D. Mucho peor es el pecado, porque el Demonio se ha vuelto tan feo únicamente por el pecado.
Exhortación.
Aquí se puede decir que el Demonio era hermoso por naturaleza, etc.; por tanto, si nosotros estamos sin pecado, también seremos hermosos, semejantes a los Ángeles, etc., y se puede hablar de la fealdad del pecado, etc.
M. ¿Qué quiere decir «Amén»?
D. Que así sea.
51 Exhortación.
Esperemos, pues, en Dios, que nos concederá todo por medio de su Hijo, que nos enseñó esta oración.
M. Di el Ave María.
D. Ave María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres. Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Jesús.
M. Dila en lengua vulgar.
D. Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Jesús.
M. ¿Qué hemos dicho?
50 P. 13a.
51 P. 13b.
239
D. El Ave María.
M. ¿Quién compuso el Ave María?
D. El ángel Gabriel, cuando vino a saludar a la Virgen, y se añaden algunas palabras de Santa Isabel y de la Iglesia.
M. ¿Con quién se habla en el Ave María?
D. Con la Virgen.
M. ¿Quién es la Virgen?
52 D. Es la Madre de Dios, Virgen, llena de gracia y de toda virtud, reina del Cielo y de la Tierra, y abogada nuestra.
M. ¿Dónde está la Virgen?
D. Está en el cielo.
M. ¿Y la que está en la iglesia?
D. Es imagen de aquella que está en el cielo, para recordárnosla, y53 por medio de su imagen le rendimos reverencia en su honor.
M. Si hay muchas imágenes de la Madonna, ¿hay fop(se) muchas Madonnas?
D. Padre, no; al contrario, solo una, que está en el cielo, la cual está representada por las imágenes que hay en la tierra.
M. ¿Por qué, entonces, llamamos a la Madonna de la Piedad, del Remedio, de la Consolación y con otros nombres?
D. Se la llama con tantos nombres por los muchos y diversos beneficios que nos concede como madre de Dios, madre de misericordia y porque tanto puede ante él.
M. ¿Qué se dice en el Ave María?
D. La saludamos y alabamos, encomendándonos a ella.
Exhortación.
Esforzaos, hijos, en ser muy devotos de la Virgen María, porque será vuestra Abogada, etc.
54 M. Decid la Salve Regina.
D. Salve, Reina, Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, salve. A ti clamamos, los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Amén. Jesús.
M. Decidla en lengua vulgar.
D. Dios te salve, Reina, Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti invocamos, desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle lacrimoso. Ea, pues, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos hechos dignos de las promesas de Cristo. Amén. Jesús.
52 P. 14a.
53 Impreso en.
54 P. 14b.
240 |
55 M. ¿Qué hemos dicho?
D. La Salve Regina.
M. ¿Quién enseñó la Salve Regina?
D. La santa madre Iglesia.
M. ¿Con quién se habla?
D. Con la misma Virgen María.
M. ¿Qué56 se dice en esa oración?
D. Otras alabanzas a la Virgen, pidiendo también su favor y ayuda. De las oraciones y la invocación de los santos.
M. Después de la Virgen María, ¿tenéis devoción a otros santos?
D. Padre, sí, a todos, como amigos de Dios e intercesores nuestros en la gloria; y, especialmente, a mi ángel custodio, es decir, al ángel de la guarda, y al santo de mi nombre.
M. ¿Y a sus reliquias?
D. También les rindo honor por haber sido templo del Espíritu Santo y por estar destinadas a unirse a las almas gloriosas.
M. ¿Qué oración les hacéis?
D. Las que nos enseña la Iglesia; y también, en su honor, rezo el Padrenuestro y el Ave María, para que intercedan por mí.
57 M. ¿Qué oración soléis hacer cuando vais a la cama?
D. Doi cose faccio, prima fattomi il segno della Croce, faccio l'essamine della conscienza. Secondo dico la Confessione generale, il Pater noster, et l'Ave Maria, et altre mie divotioni.
M. ¿Cómo hacéis el examen de conciencia?
D. Primero doy gracias a Dios por los beneficios recibidos; después pienso en mis pecados, especialmente en los de ese día, arrepintiéndome de ellos con el propósito de enmendarme y confesarme. En tercer lugar, pido a Dios perdón por ellos y hago firme propósito de no pecar más.
M. ¿Y por la mañana qué hacéis?
D. Doy también gracias a Dios, que me ha protegido durante aquella noche, y por los demás beneficios; le ofrezco el cuerpo, el alma y todo cuanto haré a su santo servicio, y digo asimismo otras devociones mías, mentales y vocales, es decir, con la mente y con la voz.
De la tercera cosa necesaria para el cristiano, es decir, la Caridad.
M. ¿Cuál es la tercera cosa necesaria 58 para el cristiano?
D. La Caridad.
M. ¿A quién debemos amar con la Caridad?
D. A Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.
M. ¿Cómo sobre todas las cosas?
D. Porque antes debemos morir que ofenderlo; y también debemos observar todos sus santos mandamientos, estimándolo más que cualquier otra cosa.
M. ¿Cómo amaréis al prójimo como a vosotros mismos?
D. Deseándole y haciéndole lo que queremos para nosotros, según la razón y la ley de Dios.
55 P. 15a.
56Che está impreso dos veces.
57 P. 15b.
58 P. 16a.
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M. ¿Por qué decís según la razón y la ley de Dios?
D. Porque, de otro modo, no sería quererlos bien, sino quererlos mal, como a nosotros.
Aviso.
Aquí se podrá explicar la importancia del amor y el orden de la Caridad.
De la cuarta cosa necesaria para el cristiano, es decir, de las buenas obras.
M. ¿Cuál es la cuarta cosa necesaria para el cristiano?
59 D. Las buenas obras; porque, después de haber llegado a la edad de la razón, la fe sin las buenas obras no basta.
M. ¿Cuáles son las buenas obras?
D. Las que se hacen según la razón o según la voluntad de Dios, y para que sean meritorias es necesario que procedan de la Caridad.
M. Y las que se hacen sin la Caridad, ¿no valen nada?
D. No sirven para merecer la gracia y la gloria, pero aprovechan para que, por medio de ellas, nuestro Señor nos conceda la salud y los bienes temporales, y para inducirnos al conocimiento del pecado y al arrepentimiento de este.
M. ¿Cuáles son estas buenas obras?
D. Las que nos imponen los diez mandamientos de Dios y los demás mandamientos de la Iglesia, junto con las obras de misericordia y las otras virtudes.
M. Decid los diez mandamientos.
D. Los mandamientos de la ley de Dios confirmados por Jesucristo son diez. 1. El primero. Yo soy el Señor, tu Dios; no tendrás otro Dios delante de mí. 2. El segundo. No tomarás el nombre de Dios en vano. 3. El tercero. Recuerda 60 santificar las fiestas. 4. El cuarto. Honra al padre y a la madre, para que vivas mucho tiempo sobre la tierra. 5. El quinto. No matarás. 6. El sexto. No cometerás adulterio. 7. El séptimo. No robarás. 8. El octavo. No darás falso testimonio. 9. El noveno. No desearás a la mujer de tu prójimo. 10. El décimo. No desearás ninguna otra cosa que sea de tu prójimo. Estos diez mandamientos proceden de tus preceptos de la caridad. El primero: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas. El segundo: amar al prójimo como a ti mismo. Amén. Jesús.
Explicación de los diez mandamientos.
M. ¿Dónde dijo Dios estos diez mandamientos?
D. Primero en la ley antigua; después, Cristo nuestro Señor los confirmó en la nueva.
M. ¿Cómo se dividen?
D. Los tres primeros pertenecen al honor de Dios; los otros siete, al provecho del prójimo.
61 M. ¿Cómo pertenecen estos tres al honor de Dios?
D. Porque quiere que lo sirvamos primero con el corazón, luego con la lengua y, en tercer lugar, con las obras.
M. ¿Cómo observaremos el primer mandamiento?
D. Adorando a un solo Dios, temiéndolo, honrándolo y sirviéndolo con todo el corazón, y esperando de él todo remedio y recompensa, como autor de todo bien.
M. ¿Quién peca contra este mandamiento?
59 P. 16b.
60 P. 17a.
61 P. 17b.
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D. Especialmente quienes practican la idolatría, las supersticiones62 y los encantamientos, que van contra el honor de Dios.
M. ¿Cómo observaremos el segundo?
M. Alabando y dando gracias a Dios con nuestra lengua, y pidiendo lo que necesitamos.
M. ¿Quién peca contra este mandamiento?
D. En primer lugar, quienes blasfeman contra el nombre de Dios y el de sus santos. En segundo lugar, quienes juran sobre algo que no es verdadero, justo y necesario. En tercer lugar, quienes no cumplen los votos prometidos, y también quienes no muestran la debida reverencia al nombre de Dios.
M. ¿Por qué decís «verdadero, justo y necesario»?
63 D. Porque el juramento debe hacerse con verdad, sobre algo que se sabe con certeza; con justicia, de modo que sea cosa lícita; y con necesidad, de modo que sea cosa importante. De lo contrario, se peca; además, se requiere reverencia hacia aquel por quien se jura.
M. ¿Sabéis algún remedio para no perjurar nunca?
D. Sí, señor: no jurar nunca.
M. ¿Qué diréis si queréis hacer creer algo?
D. Sí o no, ciertamente, o en verdad, porque esto no es jurar; y decir más que eso no está bien.
Exhortación contra las blasfemias, los perjurios y los juramentos frecuentes; y acerca del cumplimiento de los votos.
M. ¿Cómo observaremos el tercer mandamiento, que es santificar las fiestas?
D. Demostrando con obras exteriores la fe y el amor que profesamos a nuestro Señor Dios.
M. ¿En qué cosas le mostraremos este amor?
D. No trabajando en esos días, asistiendo a toda la misa, como ordena la Iglesia, con devoción y atención, 64y haciendo también que los suyos asistan a misa.
M. ¿Qué más?
D. También se debería dedicar el día a cosas que sirvan a Dios, como rezar, leer buenos libros y practicar obras de misericordia.
Exhortación a observar las fiestas y contra quienes las dedican a malas obras y a cosas vanas.
M. ¿Cómo observaremos el cuarto mandamiento de honrar al padre y a la madre?
D. Debemos obedecerlos, respetarlos, servirlos y ayudarlos.
M. Y si vuestro padre os mandara decir alguna mentira o cometer algún pecado, ¿deberíais obedecerle?
D. No, padre, porque no estoy obligado a obedecerle contra Dios, pero sí en las cosas lícitas y honestas.
M. ¿Cuántas clases de padres hay?
D. Cuatro: primero, los padres naturales, que nos han engendrado, y también los abuelos; segundo, los espirituales, como los sacerdotes, prelados y maestros; tercero, los gobernantes de la República; cuarto, los ancianos por razón de su edad. A todos debemos honrar según su rango.
M. ¿Cómo deben comportarse los buenos padres con65 sus hijos?
62 Impreso superstición.
63 P. 18a.
64 P. 18b.
65 P. 19a.
243
D. Deben instruirlos y gobernarlos, y no castigarlos demasiado ni mimarlos demasiado, sino hacer ambas cosas con discreción.
M. ¿Cómo debe comportarse el sirviente o súbdito con su amo?
D. Como un hijo con su padre, guardándole reverencia en lugar de Cristo, nuestro Señor.
M. ¿Y los amos con los sirvientes?
D. Como los padres con los hijos, o como hermanos en Cristo.
M. ¿Cómo observaremos el quinto mandamiento?
D. No queriendo ni haciendo mal al prójimo con el corazón, ni con la lengua, ni con las obras; recordando que está hecho a imagen de Dios.
M. ¿Cómo observaremos el sexto?
D. Del mismo modo, huyendo de toda deshonestidad, no solamente en las obras, sino también con la lengua y con el corazón, como se manda en el noveno.
M. ¿Qué remedio usaremos para guardar este mandamiento?
D. Hay muchos remedios, pero, entre otros, estos cin[co] son muy eficaces. Primero, moderarse al comer y al beber. Segundo, huir de las malas conversaciones. Tercero, no leer malos libros, ni decir palabras o canciones deshonestas, ni escucharlas en la medida de lo posible. Cuarto, la frecuencia de los santísimos sacramentos. Quinto, pedir la pureza a la santísima Virgen María, para que nos la obtenga de Dios.
M. ¿Cómo observaremos el séptimo?
D. No tomando, reteniendo ni dañando los bienes ajenos por la fuerza o mediante engaño, ni prestando ayuda, consejo o causa alguna para que otro lo haga. Exhortación a no retener los bienes ajenos ni el salario del trabajador. A no ser jugadores, ni realizar negocios ilícitos, de modo que por ganar bienes pierdan la conciencia; y así deben pedir consejo en las cosas dudosas, no proceder a ciegas al cumplir los testamentos, porque, si tienes los bienes ajenos, el Demonio no se apodere de tu alma; soportar la pobreza con paciencia y esperar en Dios y temerle, pues él te dará cuanto necesites.
M. ¿Cómo observaremos el octavo?
D. No diciendo falsedades contra el prójimo. 67 No murmurando. No descubriendo los pecados secretos (salvo que sea para remediarlos, ante quien corresponda, o por algún otro fin bueno y conveniente), no juzgando mal al prójimo ni diciendo mentiras, sino más bien hablando bien, como quisieras que los demás hablaran de ti.
M. ¿Cómo observaremos el noveno?
D. No desear la mujer ajena ni ninguna otra deshonestidad. Y por esto es bueno vigilar los ojos y las demás ocasiones para poder guardar el corazón, y recurrir a la oración para ahuyentar las tentaciones.
M. ¿Cómo observaremos el décimo?
D. No deseando los bienes ni ninguna otra cosa del prójimo por medios ilícitos, ni envidiando sus bienes.
M. ¿En cuántos se contienen estos diez mandamientos?
D. Nelli doi precetti della Carità, cioè amare Dio sopra ogni cosa, et il prossimo come se stesso per amore di Dio, tal che tutta la legge di Dio si contiene in questo soave precetto dall’a-
66 P. 19b.
67 P. 20a.
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más, que nos da nuestro Señor por su infinita bondad.
M. ¿Decid los mandamientos de la Iglesia?
68 D. Los mandamientos de la santa madre Iglesia son cinco. 1 El primero: oír misa los días festivos de precepto. 2 El segundo: ayunar durante la Cuaresma y los demás días de precepto, y abstenerse de carne el viernes y el sábado. 3 El tercero: confesarse al menos una vez al año. 4 El cuarto: comulgar al menos por Pascua. 5 El quinto: pagar los diezmos según la costumbre.
M. ¿Por qué motivo celebra la Iglesia las fiestas de los santos?
D. Primero, para glorificar a Dios en sus S[antos]. Segundo, porque comprendemos la gloria que tienen en el cielo. Tercero, porque los imitamos al conocer su vida y sus virtudes. Cuarto, porque así los tenemos como intercesores nuestros. Quinto, la Iglesia quiere honrar a sus santos hijos, así como ellos han honrado a Dios y a esa Iglesia.
M. ¿Qué días se debe ayunar?
Toda la Cuaresma, excepto los domingos. Las cuatro témporas del año, que caen en las cuatro estaciones, es decir, primavera, verano, otoño e invierno. En primavera, después del primer domingo de Cuaresma. En verano, la primera semana después de Pentecostés.
En otoño, después de la fiesta de la Exaltación de la Cruz de septiem[bre]. En invierno, después del tercer domingo de Adviento. La vigilia de Navidad. La de Pentecostés. La de la Asunción de la Madonna. La de la Natividad de S[an] Gio[vanni] Batt[ista]. La de todos los Apóst[oles], excepto S[an] Giacomo y Filipp[o], y S[an] Gio[vanni] Evang[elista]. La de San Lorenzo. La de Todos los Santos.
M. ¿De qué manera se debe ayunar?
D. Primero, abstenerse de comer carne, huevos y productos lácteos. En cuanto a la hora, comer hacia el mediodía, aunque se excuse la pequeña colación conforme a la costumbre, conocida y no desaprobada por los superiores; y todos están obligados a observarlo, excepto quienes tienen un impedimento legítimo.
M. ¿Cuáles son las fiestas mandadas por la santa Iglesia?
D. Son estas: la primera, la Navidad de nuestro Señor Jesucristo; san Esteban, protomártir; san Juan Evangelista; la Circuncisión de nuestro Señor; la Epifanía; la Pascua, con los dos días siguientes; la Santa Cruz de mayo; la Ascensión de nuestro Señor; Pentecostés, con los dos días siguientes; la solemnidad70 del Cuerpo de Cristo; la Natividad, la Anunciación, la Asunción y la Purificación de nuestra Señora; la Natividad de san Juan Bautista; los doce Apóstoles; san Lorenzo; la dedicación de san Miguel, en septiembre; Todos los Santos; los domingos; las fiestas que celebran los obispos en sus obispados y diócesis.
M. ¿Por qué usa la Iglesia otras ceremonias y culto exterior?
D. Primero, por mayor reverencia y decoro del culto divino. Segundo, para mover al pueblo a la devoción y enseñarle, mediante esas cosas exteriores, a comprender las interiores. Tercero, porque Dios nos ha dado cuerpo y alma, y así debemos servirlo con ambos.
Aviso.
Aquí se podrá advertir que, cuando llegan a la edad del discernimiento, están obligados a confesarse
68 P. 20b.
69 P. 21a.
70 P. 21b.
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arse, y después de algún tiempo, comulgar; y esto al menos una vez al año, aunque sería mejor hacerlo más a menudo.
De los pecados capitales que comúnmente se llaman mortales.
71 M. Hemos hablado de las buenas obras. Decid ahora cuáles son los siete pecados que llamamos mortales.
D. Los pecados capitales, que comúnmente son llamados mortales, son siete. El primero, soberbia. El segundo, avaricia. El tercero, lujuria. El cuarto, ira. El quinto, gula. El sexto, envidia. El séptimo, pereza.
Estos son causa y cabeza de los demás, y por eso se llaman capitales, aunque a veces pueden ser veniales.
Contra estos vicios hay siete virtudes: 1. Humildad contra la soberbia. 2. Liberalidad contra la avaricia. 3. Castidad contra la lujuria. 5. Paciencia contra la ira. 5. Abstinencia contra la gula. 6. Caridad contra la envidia. 7. Diligencia contra la pereza.
Los pecados contra el Espíritu Santo son estos seis. El primero: presunción de salvarse sin mérito. El segundo: desesperación de la misericordia de Dios. El tercero: impugnación de la verdad conocida para tener más libertad para pecar. El cuarto: envidia de los bienes espirituales que nuestro prójimo ha recibido de Dios. 72El quinto: obstinación en el pecado. El sexto: propósito de morir sin penitencia.
Los pecados que claman venganza a Dios son cuatro. El primero: homicidio voluntario. El segundo: el pecado nefando. El tercero: la opresión de los pobres. El cuarto: defraudar a los trabajadores de su salario.
M. ¿Qué es el pecado?
D. Es aquello que se desea o se hace contra la ley y la voluntad de Dios.
M. ¿Qué mal causa el pecado mortal?
D. Nos hace perder a Dios, su gracia y la gloria que se nos había prometido; y nos hace merecedores de la pena eterna del infierno.
M. ¿Por qué se llama mortal?
D. Porque mata el alma, haciéndole perder la vida de la gracia.
M. ¿Qué hace el pecado venial?
D. No hace perder la gracia ni merece el infierno, pero enfría al hombre en el amor y el servicio de Dios, merece una pena temporal y además predispone al pecado mortal.
Aviso
Aquí se podrá hablar de la gravedad del pecado, exhortando a huir de él.
73 De los siete sacramentos de la santa Iglesia.
M. ¿Qué otra cosa debemos hacer?
D. Debemos conocer los siete sacramentos y recibirlos en el momento oportuno, es decir, cuando la Iglesia nos lo ordena y declara.
M. Di los sacramentos.
D. Los sacramentos de la santa Iglesia son siete. El primero: Bautismo. El segundo: Confirmación. El tercero: Eucaristía. El cuarto: Penitencia. El quinto: Extremaunción. El sexto: Orden. El séptimo: Matrimonio.
71 P. 22a.
72 P. 22b.
73 P. 23a.
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M. ¿Qué hemos dicho? D. Los siete Sacramentos. M. ¿Quién ordenó estos Sacramentos? D. Jesús nuestro Señor. M. ¿Por qué? D. Para perdonarnos los pecados, comunicarnos su gracia y los méritos de su pasión, y en cada uno concedernos gracia para alguna cosa particular; pero es necesario recibirlos dignamente. M. ¿Para qué sirve el Sacramento del Bautismo? 74 D. Para que el hombre se haga cristiano e hijo de Dios. M. ¿Cómo se hace esto? D. Porque nacemos en pecado original, que heredamos de nuestros primeros padres, y mediante el Bautismo se nos quita, junto con todos los demás pecados, y se nos concede la gracia junto con otras virtudes; y así nos hacemos hijos y herederos de la vida eterna. M. ¿Para qué sirve el Sacramento de la Confirmación, o de la Crisma? D. Para recibir gracia y fortaleza contra nuestros enemigos, a fin de confesar la fe que recibimos en el bautismo. M. ¿Para qué sirve el sacramento de la Confesión? D. Para que Dios N[uestro] S[eñor] nos perdone los pecados que hemos cometido después del bautismo. M. ¿Cómo debe prepararse quien ha de confesarse? D. Hará tres cosas. Primero, recordar diligentemente los pecados que ha cometido. Segundo, sentir dolor y arrepentimiento, con el propósito de no volver a pecar. Tercero, confesarlos todos íntegramente y luego cumplir la penitencia impuesta por el Confesor. M. ¿Para qué sirve el santo Sacramento 75 del Altar? D. Para que nuestra alma se nutra y alimente de la gracia de Dios y se una con él. Segundo, para no caer fácilmente en pecado. Tercero, para alcanzar toda perfección. M. ¿Qué hay en el s[anto] Sacramento del Altar[?] D. Está allí Jesús Cristo nuestro Señor en cuerpo y alma, tal como está en el cielo, tanto en la hostia como en el cáliz después de la consagración del Sacerdote. M. ¿Quedan el pan en la hostia o el vino en el cáliz después de que el Sacerdote ha consagrado? D. Padre, no, porque por virtud de las palabras que pronuncia el Sacerdote, el pan se convierte en cuerpo y el vino en sangre de Jesús Cristo N[uestro] S[eñor], lo cual sucede en la Misa. M. ¿Qué es la Misa? D. Es memoria y representación verdadera de la vida, pasión y muerte de N[uestro] S[eñor] Jesús Cristo, y también sacrificio, al ofrecer al mismo Cristo por los vivos y por los muertos; por eso se debe asistir a ella con mucha atención y devoción. M. ¿Cómo debe prepararse uno para recibir dignamente el santís[imo] Sacramento? 76 D. Acercándose con devoción y sin conciencia de pecado mortal, confesándose antes. Exhortación.
74 P. 23b.
75 P. 21b.
76 P. 22a.
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Aquí se puede exhortar a la frecuencia de los sacramentos de la Confesión y de la Comunión.
M. ¿Para qué sirve el sacramento de la Extrema Unción?
D. Para recibir la gracia del Espíritu Santo, quitar los pecados que hayan quedado y confortar el alma, dándole esperanza y fortaleza para resistir las tribulaciones de la enfermedad y del Demonio.
M. ¿Para qué más?
D. Para obtener la salud del cuerpo, cuando N[uestro] S[eñor] vea que es más conveniente.
M. ¿Para qué sirve el sacramento del Orden?
D. Para conceder al Sacerdote potestad y gracia para consagrar el santo Sacramento del Altar y absolver de los pecados, cosa que solo puede hacer el Sacerdote.
M. ¿Para qué sirve el sacramento del Matrimonio?
D. Para que el hombre y la mujer reciban gracia para vivir juntos y criar 77 hijos para gloria de Dios y multiplicar el pueblo cristiano, a fin de que siempre haya quien sirva a Dios.
M. ¿Cómo deben comportarse juntos el marido y la mujer?
D. El marido debe amar y honrar a la mujer como a una hermana en Cristo, y la mujer reverenciar y obedecer al marido en lugar de Cristo; y ambos juntos guardar paz, unidad, fidelidad y caridad, como hace Cristo con la Iglesia.
De las virtudes teologales y cardinales, los dones y los frutos del Espíritu Santo.
M. Las virtudes teologales son tres: primera, fe; segunda, esperanza; tercera, caridad.
Las virtudes cardinales son cuatro: primera, prudencia; segunda, justicia; tercera, fortaleza; cuarta, templanza.
Los dones del Espíritu Santo son siete. El primero: don de sabiduría. El segundo: don de entendimiento. El tercero: don de consejo. El cuarto: don de fortaleza. El quinto: don de ciencia. El sexto: don de piedad. El séptimo: don del temor de Dios.
Los frutos del Espíritu Santo son doce. 78 El primero, caridad. El segundo, gozo. El tercero, paz. El cuarto, paciencia. El quinto, longanimidad. El sexto, bondad. El séptimo, benignidad. El octavo, mansedumbre. El noveno, fe. El décimo, modestia. El undécimo, continencia. El duodécimo, castidad.
Las bienaventuranzas son ocho. La primera: bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. La segunda: bienaventurados los mansos, porque poseerán la tierra. La tercera: bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. La cuarta: bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. La quinta: bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. La sexta: bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios. La séptima: bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. La octava: bienaventurados los que padecen persecuciones por la justicia, es decir, por obrar bien, porque de ellos es el reino de los cielos.79
Las obras corporales de misericordia son siete. La primera: dar de comer a los pobres hambrientos. La segunda: 80 dar de beber a los pobres sedientos. La tercera: vestir a los desnudos. La cuarta: alojar a los peregrinos. La quinta: visitar a los enfermos. La sexta: visitar a los encarcelados. La séptima: sepultar a los muertos.
77 P. 25a.
78 P. 25b.
79 Impreso Et.
80 P. 26a.
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Las obras de misericordia espirituales son otras siete. La primera: dar buen consejo. La segunda: instruir a los ignorantes. La tercera: amonestar al pecador. La cuarta: consolar a las personas afligidas y atribuladas. La quinta: perdonar las ofensas e injurias recibidas. La sexta: soportar pacientemente las molestias que nos causan otros. La séptima: rogar a Dios por los vivos y por los muertos.
Los consejos principales de nuestro Señor Jesucristo son tres. El primero: pobreza voluntaria. El segundo: castidad perpetua. El tercero: obediencia íntegra.
Los enemigos del hombre son tres. Primero: el demonio. Segundo: el mundo. Tercero: la carne.
Los misterios de nuestro Señor Jesucristo para meditar y rezar el rosario.81 De la Virgen, que son quince: cinco gozosos, cinco dolorosos y cinco gloriosos.
Los cinco gozosos son estos. El primero: la Anunciación, cuando fue concebido el Hijo de Dios. El segundo: la Visitación de santa Isabel. El tercero: la Natividad de nuestro Señor Jesucristo. El cuarto: la Presentación de nuestro Señor en el templo. El quinto: cuando fue hallado en el templo entre los doctores.
Los cinco dolorosos son estos. El primero: la oración de nuestro Señor en el huerto. El segundo: la flagelación en la columna. El tercero: la coronación con la corona de espinas. El cuarto: llevar la cruz al monte Calvario. El quinto: la crucifixión y muerte en la cruz.
Los cinco gloriosos son estos. El primero: la Resurrección de nuestro Señor. El segundo: su Ascensión al cielo. El tercero: la venida del Espíritu Santo. El cuarto: la Asunción de la Virgen. El quinto: la coronación sobre los ángeles y bienaventurados.
82 Del Ave María.
Cuando se reza el Ave María se gana indulgencia diciendo tres versos con tres Ave Marías. Al primer toque: Angelus Domini Nuntiavit Mariae, Et concepit De spiritu sancto. Ave María.
Al segundo toque: Ecce ancilla domini Fiat mihi Secundum verbum tuum. Ave María. Al tercer toque: Et verbum caro factum est, Et habitavit in nobis. Ave María.
Para aprender a ayudar a servir la misa.
Versículo. Me acercaré al altar de Dios.
Respuesta. A Dios, que alegra mi juventud.
Versículo. Júzgame, Dios, y defiende mi causa frente a gente impía; líbrame del hombre inicuo y engañador.
Resp. Porque tú eres Dios, mi fortaleza; ¿por qué me has rechazado y por qué camino triste mientras me aflige el enemigo?
Vers. Envía tu luz y tu verdad; ellas me conducirán y me llevarán a tu monte santo y a tus moradas.
Resp. Y me acercaré al altar de Dios, a Dios 83 que alegra mi juventud.
Vers. Te alabaré con la cítara, Dios, Dios mío: ¿por qué estás triste, alma mía, y por qué me conturbas?
81 P. 26b.
82 P. 27a.
83 P. 28a.
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Resp. Spera in Deo quoniam adhuc confitebor illi: salutare vultus mei, et Deus meus. Vers. Gloria Patri, et Filio, et Spiritui sancto. Resp. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen. Vers. Introibo ad altare Dei. Resp. Ad Deum qui laetificat iuventutem meam. Vers. Adiutorium nostrum in nomine Domini. Resp. Qui fecit coelum, et terram. Vers. Confiteor et c. ut infra. Resp. Misereatur tui omnipotens Deus, et dimissis omnibus peccatis tuis perducat te ad vitam aeternam. Vers. Amen. Resp. Confiteor Deo omnipotenti beatae Mariae semper virgini, beato Michaeli Archangelo, beato Ioanni Baptistae, sanctis Apostolis Petro, et Paulo, omnibus Sanctis, et tibi Pater quia peccavi nimis cogitatione, verbo, et opere, mea culpa, |84 mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa: Ideo precor beatam Mariam semper virginem, beatum Michaelem Archangelum, Beatum Ioannem Baptistam, sanctos Apostolos Petrum, et Paulum, omnes Sanctos, et Sanctas Dei, et te Pater orare pro me ad dominum Deum nostrum. Vers. Misereatur vestri omnipotens Deus, et dimissis omnibus peccatis vestris perducat vos dominus in vitam aeternam. Resp. Amen. Indulgentiam, absolutionem, et remissionem omnium peccatorum nostrorum tribuat nobis omnipotens, et misericors Dominus. Resp. Amen. Vers. Deus tu conversus vivificabis nos. Resp. Et plebs tua laetabitur in te. Vers. Ostende nobis domine misericordiam tuam. Resp. Et salutare tuum da nobis. Vers. Domine exaudi orationem meam. Resp. Et clamor meus ad te veniat. Vers. 85 Dominus vobiscum. Resp. Et cum spiritu tuo. Vers. Kyrie eleison. Resp. Kyrie eleison. Vers. Kyrie eleison. Resp. Christe eleison. |86 Vers. Christe eleison. Resp. Christe eleison. Vers. Kyrie eleison. Resp. Kyrie eleison. Vers. Kyrie eleison.
84 P. 28a.
85Impreso Vesp.
86 P. 28b.
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Después de que el sacerdote haya dicho: «Orate fratres», responde el clérigo: «Suscipiat Dominus sacrificium de manibus tuis ad laudem, et gloriam nominis sui, ad utilitatem quoque nostram totiusque Ecclesiae tuae sanctae. Amen». El modo que se ha de seguir al comenzar la doctrina cristiana. Primero, el maestro haga decir el Padrenuestro y el Ave María, y luego diga la siguiente oración. Oremos. Dios omnipotente y eterno, que escribes la justicia de tu ley en los corazones de los creyentes con tu dedo, infunde, te rogamos, en nosotros la luz de tu sabiduría, para que, conociéndote verdaderamente y amándote fielmente, merezcamos alcanzar lo que prometes. Por Cristo nuestro Señor. Resp. Amén.
Guido Michelini Universita degli Studi di Parma Viale S. Michele 9/A, I-43100 Parma, Italia [email protected]
Recibido el 23 de junio de 1999