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„Das phonologische Inventar und seine morphonologische Klassifizierung“ (einige Bemerkungen)

Bohumil Vykypěl

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ACTA LINGUISTICA LITHUANICA XLVIII (2003), 159 – 175 «El inventario fonológico y su clasificación morfonológica» (algunas observaciones) BOHUMIL VYKYPĚL Ústav pro jazyk český AV ČR En el presente artículo se intenta describir el plano de la expresión del lituano (el sistema fonológico) de acuerdo con los principios glosémicos. Comparamos esta descripción con la descripción morfonológica del lituano propuesta por Tomáš Hoskovec. Sobre esta base se formulan algunas observaciones acerca de la relación entre la descripción glosémica del plano de la expresión de la lengua y la morfonología. En el primer número del segundo año de la revista Acta Linguistica aparecieron varias reseñas y notas de Louis Hjelmslev, entre ellas la del artículo de Ľudovít Novák «K základným otázkam štrukturálnej jazykovedy» (cf. Hjelmslev 1940–41a; Novák 1937). Ľudovít Novák, uno de los «muchachos insolentes» de la segunda generación de la Escuela de Praga1, publicó este artículo en la entonces todavía prestigiosa revista (sobre todo precisamente gracias a la labor editorial de Novák) Sborník Matice slovenskej y lo concibió como una revisión fundamental de las tesis de partida y de la práctica de la lingüística estructural de Praga, sobre todo de la fonología. Louis Hjelmslev destacó la importancia del artículo de Novák y lamentó también que estuviera escrito en eslovaco, «dans une langue si peu répandue dans le monde international». Al mismo tiempo, Hjelmslev añadió también, de forma concisa, sus propias opiniones a las exposiciones de Novák. La época en que se publicaban artículos de revista dignos de reseña parece haber quedado muy atrás. No obstante, cabe esperar que la historia de Novák y Hjelmslev se repita una y otra vez. Hace poco apareció en la revista Slavia un artículo de Tomáš Hoskovec (cf. Hoskovec 2002). La Slavia actual no se parece, ciertamente, al Sborník Matice slovenskej de la época de la dirección editorial de Novák; sin embargo, el artículo de Hoskovec está escrito en checo, es decir, también en una lengua poco difundida en el mundo internacional. Al igual que Novák en su día, Hoskovec intenta reflexionar sobre una teoría y desarrollarla —a partir del ejemplo del lituano—, concretamente la teoría funcional de- 1 Zu den „vorlauten Buben“ (auf tschechisch „ubátí kluci“) vgl. Leška (2002: 53f.). 160 | BOHUMIL VYKYPĚL nerative descripción de Petr Sgall, uno de los continuadores más destacados de la tradición de Praga, y, en este marco, concretamente las cuestiones (hasta ahora menos consideradas) que se plantean aquí en el nivel morfonológico. Como ya revela el título del artículo, el tema principal es la cuestión de qué sucede con el inventario fonológico después de su reclasificación morfonológica. En otras palabras, se trata de cómo deben reinterpretarse los elementos fonológicos cuando se tienen en cuenta sus funciones en la construcción de los significantes. Es sabido que Hjelmslev acogió favorablemente el programa de la morfonología (en su forma de entonces), a diferencia del de la fonología (cf. Hjelmslev 1973: 228, 234 y también más abajo 2.4.), pues, según Hjelmslev, la morfonología intentaba describir los elementos del plano de la expresión de la lengua atendiendo a la forma lingüística y no a la sustancia. Aunque también existen diferencias considerables entre la morfonología y la descripción del plano de la expresión de Hjelmslev (sobre todo porque la morfonología, si bien no se sitúa en el aspecto sustancial del uso lingüístico, como la fonología, sí se mueve en su aspecto sígnico, y no en la arquitectura de la lengua, como Hjelmslev; véase también más abajo 2.), la descripción morfonológica y la de Hjelmslev se encuentran, no obstante, evidentemente más próximas entre sí. Esto también puede observarse en el resultado de la «clasificación morfonológica» del inventario fonológico lituano a la que llega Hoskovec. Aprovechamos, pues, esta ocasión para comparar la descripción morfonológica con un intento de descripción glossemática de los elementos del plano de la expresión del signo lingüístico en lituano (para evitar adoptar una postura, ni en favor de la fonología ni de la kenemática…). Esta comparación se refiere sobre todo a la cuestión de la reducción de los elementos y a algunas cuestiones más generales acerca del «objeto de descripción». Sin embargo, recordemos primero el hecho bien conocido de que la teoría glossemática constituye un fragmento y no se desarrolló por completo en todos sus aspectos. Esto también explica que haya pocas descripciones de lenguas particulares desde un punto de vista glossemático y que, además, estas no estén exentas de problemas. Aun así, quizá sea posible decir algunas cosas2. 1. Entre el lituano hablado y el escrito no existe una relación biunívoca, por lo que deben considerarse dos lenguas (esquemas) distintas. En lo sucesivo, por lituano se entenderá el lituano hablado. 1.1. El lituano tiene tanto enunciados analíticos como sintéticos (lexemas y nexos) y grupos de enunciados (lexías y nexías): posee unidades de expresión divisibles que pueden constituir por sí solas una supercadena catalizada (es decir, la unidad que precede inmediatamente en el análisis), y posee características expresivas extensas (modulación). No nos ocuparemos aquí en detalle de la categoría de las características expresivas extensas: la descripción de la entonación de los enunciados lituanos constituye, como también señala Hoskovec (2002: 269f.), casi una terram incognitam. 2 No definiremos los términos glossemáticos y, a este respecto, remitimos a la bibliografía pertinente (cf. sobre todo Hjelmslev 1973: 247–266; 1975). „DAS PHONOLOGISCHE INVENTAR...“ 161 El lituano también tiene sílabas analíticas (silabemas) y sílabas sintéticas: posee tanto unidades que, en forma catalizada, pueden constituir por sí solas una lexía no catalizada en el plano de la expresión, como características expresivas intensas (acentos). En cuanto a la descripción del sistema de características expresivas intensas, parece haber dos posibilidades. La categoría puede dividirse en dos subcategorías: la primera está formada por los llamados acentos y la segunda, por las llamadas entonaciones. La primera subcategoría es seleccionada por la segunda (la segunda es sintagmáticamente dependiente de la primera) y ambas tienen dos miembros, que pueden denominarse arbitrariamente «acento fuerte» (ˈ) y «acento débil» (°), respectivamente, y «entonación aguda» (ˊ) y «entonación circunfleja» (ˇ). El sistema es el siguiente (la primera categoría está orientada hacia lo «puntual» y lo negativo; la segunda, hacia lo «ascendente» y lo positivo): o bien —en el marco de la categoría completa, dividida en dos dimensiones (horizontal, orientada hacia lo «ascendente» y hacia lo positivo-negativo; vertical, orientada hacia lo «puntual» y lo negativo): Las llamadas entonaciones seleccionan los llamados acentos, ya que los acentos pueden aparecer solos (es decir, sin entonación) —concretamente, el acento ' en las sílabas con una llamada vocal breve y sin l, r, n, m—, pero no a la inversa (cf. también Hjelmslev 1973: 189–191). El «acento débil» (°) es intenso, pues en combinación con él las entonaciones son latentes, es decir, están sincretizadas y se manifiestan mediante cero; se trata de un sincretismo resoluble (al respecto, cf. Hjelmslev 1973: 188, 204 y más abajo 2.4.2.). La «entonación circunfleja» (ˇ) es intensa, pues en combinación con ella las vocales a y ə varían (cf. más abajo 1.2.2.). La segunda posibilidad mencionada consiste en no dividir la categoría (ni en subcategorías ni en dimensiones) y postular cuatro miembros, denominados arbitrariamente «acento fuerte» o «grave» (ˈ), «acento débil» (°), «entonación aguda» (ˊ) y «entonación circunfleja» (ˇ). El sistema es el siguiente (en la dimensión «ascendente»): 162 | BOHUMIL VYKYPĚL La coexistencia de los miembros de las categorías «entonación» y «acento» habla en contra de la segunda posibilidad (en otras palabras, la segunda estructuración de la categoría no capta la relación sintagmática en la que entran ambas categorías). Una alternativa es la solución de Hjelmslev. Hjelmslev (1973: 197–202) elimina el acento ´: Las llamadas a y æ breves manifiestan en las llamadas sílabas acentuadas sin l, r, n, m la combinación de a resp. æ con ´, y las llamadas u y i breves manifiestan en las mismas sílabas la combinación de u resp. i con ˜. El sistema podría presentar la siguiente forma (en la dimensión «ascendente»): β | B | γ ˜ | ´ | ° (Véase también más abajo, 3.) 1.2. Los constituyentes de la expresión (—temáticos) forman cuatro categorías: los seleccionados (vocales), los seleccionantes (consonantes), los que son seleccionados y seleccionantes a la vez (sonantes) y los que no son ni seleccionados ni seleccionantes. La cuarta categoría incluye los elementos de la expresión que pueden funcionar como interjecciones, y quizá también podrían incluirse aquí los elementos extranjeros, si se permite considerarlos parte de la estructura de la lengua dada. 1.2.1. En lituano hay dos constituyentes que son seleccionados y seleccionantes a la vez: i y u. Sus variedades vocálicas se manifiestan mediante los fonemas /i/ resp. /u/; sus variedades consonánticas, mediante /j/ y /v/ (o más bien /w/). En el registro, las respectivas variedades se reducen a un único invariante en lituano, tanto sobre la base de la sustancia como del aspecto del signo del uso lingüístico (para la segunda reducción, véase tave «a ti» vs. tau «para ti»; gavau «recibí» vs. gauti «recibir»; keturi «cuatro» vs. ketvirtas «el cuarto»; eiti «ir» ėjau «fui»; gijau «cacé» vs. guiti «cazar»). (Véase también más abajo, 2.4.1.) El sistema de los sonantes presenta, por tanto, la siguiente forma (en la dimensión «anterior»): α | A i | u i es intensiva, pues domina el sincretismo entre las llamadas consonantes palatalizadas y no palatalizadas (o porque ante i varían las llamadas consonantes no palatalizadas, si se reducen las consonantes palatalizadas; véase más abajo, 1.2.3.). 1.2.2. Los constituyentes seleccionados de la expresión son dos: a, æ. Los demás candidatos a vocales pueden reducirse: ī ≡ ii, ū ≡ uu, ė ≡ ææ, o ≡ aa (véase Hjelmslev 1973: 198–200), ǣ ≡ variedad de æ en combinación con ˜ y ante n latente, ā ≡ variedad de a en combinación con ˜ y ante n latente (véase Hjelmslev 1973: 182f., 197, 201f.). Las magnitudes e y ǫ pueden considerarse señales de palabras extranjeras y variedades de æ resp. a. „DAS PHONOLOGISCHE INVENTAR…“ 163 Todas estas reducciones dependen evidentemente de suponer la latencia de n, lo cual, sin embargo, plantea problemas (n latente ante sibilantes, pero no en el futuro, como en gerins ‘él/ella mejorará; ellos/ellas mejorarán’; n latente al final de sílaba —cf. Hjelmslev 1973: 206—, pero no en formas de expresión como ten ‘allí’ o šiandien ‘hoy’). Sin una n latente, habría que contar con el siguiente inventario de vocales: a, æ, e, ö, y o y ë tendrían que considerarse respectivamente como öō y ee, lo que complicaría las cosas en el sentido de que e y ö aparecen por sí solas únicamente en palabras extranjeras, mientras que como partes de diptongos de identidad también forman signos autóctonos; además, y sobre todo, apenas habría motivos (morfonológicos) para tal reducción. Las vocales sin e ni ö forman el siguiente sistema (en la dimensión ‘anterior’): æ A æ a æ es intensiva por la misma razón que i (cf. 1.2.1.); sin embargo, entre las vocales existe sincretismo en la mayoría de los casos. Incluyendo e y ö, el sistema queda así (horizontal ‘anterior’, vertical ‘medio’ o ‘cerrado’): α A α e ö A æ a 1.2.3. También la mayoría de los candidatos a consonantes pueden reducirse. Así, las llamadas consonantes palatalizadas ante u y a pueden descomponerse en una combinación de la consonante correspondiente no palatalizada con la variedad consonántica de i: p’ ≡ pj, b’ ≡ bj, t’ ≡ tj, d’ ≡ dj, k’ ≡ kj, g’ ≡ gj, c’ ≡ cj, ʒ’ ≡ ʒj, č’ ≡ čj, ž’ ≡ žj, s’ ≡ sj, z’ ≡ zj, š’ ≡ šj, ž’ ≡ žj, m’ ≡ mj, n’ ≡ nj, r’ ≡ rj, l’ ≡ lj, v’ ≡ vj, f’ ≡ fj, x’ ≡ xj, h’ ≡ hj; ante i y æ, así como las demás consonantes palatalizadas, p’, etc., son variedades de p, etc. La llamada neutralización de la correlación de palatalidad (ante una consonante no palatalizada y al final de palabra) debe considerarse una manifestación de la latencia de j. Una reducción alternativa de las llamadas consonantes palatalizadas ante u y a sería descomponerlas en una combinación de la consonante correspondiente no palatalizada con la variedad vocálica de i. Esta reducción se justificaría porque parece existir una conmutación (potencial) entre las llamadas consonantes palatalizadas y la combinación de la consonante correspondiente no palatalizada con j; cf. el dialectal pjonyčia ‘bebedor’ y las formas de expresión fluctuantes bjaurus / biaurus ‘repugnante’, pjauti / piauti ‘cortar’, pjudyti / piudyt ‘azuzar’ y sus derivados (Ci tautosilábicavok ante u y a se manifiesta mediante /C’/ y Cikons mediante /Cj/). Es posible otra descomposición en el caso de las africadas: c ≡ ts, ʒ ≡ dz, č ≡ tš, ž ≡ dž. Una reducción alternativa sería la siguiente: c’ ≡ tj, ʒ’ ≡ dj (cf. también Hjelmslev 164 | BOHUMIL VYKYPĚL 1973: 201f.); t’ y d’ son señales de palabras extranjeras o interjecciones, y variantes de t y d, respectivamente. En todo caso, el motivo para descomponer p’, etc., en pj o pi, etc., así como c, etc., en ts, etc., es —como se ha señalado— la ausencia de conmutación entre p’, etc., y pj o pi, etc., respectivamente, y entre c, etc., y ts, etc. (sobre este principio, cf. Hjelmslev 1943: 62f.; 1973: 217). Las unidades f, x, h pueden considerarse señales de palabras extranjeras y variantes: f implica sincretismo con p, x con k y h con cero. El sistema resultante puede ordenarse en dos subcategorías. 1.2.3.1. La primera subcategoría está formada por los elementos que deben aparecer directamente junto a una vocal o sonante: m, n, r, l3. Su sistema puede ordenarse en dos dimensiones o en una sola: α A α n l A m r (horizontal ‘nasal’; vertical ‘posterior’) β B γ Γ n l r m (en la dimensión ‘oclusión’) 1.2.3.2. La segunda subcategoría tiene diez elementos y el siguiente sistema (horizontal ‘anterior’; vertical ‘sonoro’, con sincretismos): α A β B Γ α b g z ž d A p k s š t Sin embargo, las consonantes sonoras podían descomponerse en combinaciones de las correspondientes sordas con h y, ante otra consonante sonora, considerarse variantes de la consonante sorda correspondiente. La llamada neutralización de la correlación de sonoridad (ante una consonante sorda y 3 Aquí surge, naturalmente, la cuestión de la distinción entre la ausencia accidental y la ausencia condicionada por la estructura de combinaciones de elementos, que, sin embargo, parece resoluble solo axiomáticamente (cf. Vykypěl 2003: §2 y bibliografía). Esta cuestión se plantea, por cierto, también cuando se constata que una magnitud debe descomponerse en una combinación de otras magnitudes debido a la ausencia de conmutación entre la magnitud y la combinación: la ausencia de una combinación en la posición pertinente en la que se realiza la prueba de conmutación también puede ser accidental. Por la misma razón, al tratar las reducciones no abordamos la cuestión del orden de los elementos en que se reduce, pues la regla de Hjelmslev (1973: 161, 255) yz = xy + yz no es necesariamente válida desde esta perspectiva (cf. Fischer-Jørgensen 1979: 108). „DAS PHONOLOGISCHE INVENTAR...“ 165 al final de palabra) habría que considerarla como manifestación de la latencia de h. El sistema sería entonces el siguiente (en la dimensión «anterior»): α A β B γ Γ p k s š h t Un orden alternativo del sistema sería el siguiente (horizontalmente, «anterior»; verticalmente, «oclusiva»): β B Γ α p k t A s š h 2. Ahora intentaremos comparar, en algunos aspectos, el esbozo del sistema de expresión del lituano con la clasificación morfológica del inventario fonológico lituano. 2.1. En este punto quizá sea oportuno recordar primero algunos aspectos de la historia de la morfonología (sin, no obstante, volver a contarla entera). Como es sabido, en el programa inicial de la morfonología formulado por su fundador, N. S. Trubetzkoy (1929; 1931; 1934; cf. también Skalička 1979: 77 y sig., 83), se incluyeron distintas cuestiones: la tarea general de investigar la estructura fonológica de los signos (mínimos) se dividía en dos ámbitos, a saber, el de las «alternancias ligadas», determinadas fonológicamente (es decir, por las unidades de expresión carentes de contenido que forman cada uno de los signos), y el de las «alternancias libres», determinadas morfológicamente (es decir, por los elementos de contenido con los que se combinan las unidades de expresión pertinentes). Sin embargo, el propio Trubetzkoy nunca completó su programa de morfonología —por las razones que fueran— y, además, se criticó la condición de la morfonología como disciplina lingüística autónoma, alegando que las tareas atribuidas a la morfonología debían integrarse en la fonología (las «alternancias ligadas») y la morfología (las «alternancias libres») (cf. Martinet 1963: 88 y sig.; 1965: 95; D’urovič 1967 a; 1967 b; Kurylowicz 1967; más recientemente, cf. Patri 2002). La crítica al segundo punto puede resumirse en la objeción de que no existe diferencia entre la morfonología y la morfología formal4, pues ambas estudian la estructura de los signifiants. En la respuesta cabe señalar dos cosas. En primer lugar, se puede decir que la morfonología investiga qué hacen los elementos fonológicos INDIVIDUALES al construir los 4 Quizá no sea necesario recordar que aquí se entiende por morfonología el estudio de los signos (mínimos), y por morfología formal el de sus signifiants, mientras que Hjelmslev entendía por morfología la descripción de determinados elementos de contenido. 166 Bohumil Vykypěl Los signos son objeto de la morfología formal, que se ocupa de complejos de estos elementos como componentes de signos. Sin embargo, dado que también la morfonología describe complejos de elementos fonológicos (por ejemplo, diptongos o combinaciones de fonemas que alternan con un único fonema) y, a la inversa, la morfología formal ha de tener en cuenta las funciones de los fonemas individuales en la formación de signos, parece más importante una segunda diferencia posible: la morfonología estudia las posibilidades que ofrece el sistema lingüístico (fonológico) para construir los signos; la morfología formal se ocupa de cómo se aprovechan esas posibilidades, es decir, de cómo se construyen los significantes concretos. Y es precisamente en este punto donde podemos enlazar también con la valoración positiva de la morfonología que Hjelmslev mencionó al principio. 2.2. La diferencia entre las posibilidades que ofrece el sistema y el aprovechamiento de estas constituye, como es sabido, para Hjelmslev uno de los rasgos distintivos importantes entre la estructura lingüística y el uso lingüístico (véase también Vykypėl 2003: §1). Por tanto, el objeto de descripción de la morfonología podría adscribirse provisionalmente a la estructura lingüística hjelmsleviana, y el de la morfología formal, en cambio, al uso lingüístico. Además de este punto, pueden encontrarse otros puntos de contacto que vinculan la morfonología con la cenemática de Hjelmslev (descripción del plano de la expresión). En primer lugar, cabe recordar que en ambas disciplinas los elementos de la expresión no se clasifican según su manifestación (fonética o fonológica, es decir, según el «contenido fonológico» de Trubetzkoy). La diferencia reside, pues, en el criterio de clasificación: en la morfonología, según las funciones de los elementos en la construcción de los signos; en la cenemática, según las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas en las que pueden entrar los elementos, sin limitarlas por el marco del signo. No obstante, ambas pueden considerarse desde un punto de vista interno: la cenemática se mueve en la forma pura, sin tener en cuenta la sustancia (manifestación); en el caso de la morfonología, se trata del signo, formado por la interpenetración de los dos planos del lenguaje (el plano del contenido y el de la expresión), y no de la manifestación, que representa la interpenetración de los planos con el mundo. Aun así, desde un punto de vista estrictamente glosemático, debe admitirse que la descripción morfonológica de la estructura de los significantes —por más que se limite, o pueda limitarse, a las posibilidades y no se ocupe de los signos concretos— no debe incluirse en la descripción de la estructura lingüística, pues los signos pertenecen al uso lingüístico y la descripción cenemática se dirige únicamente a las entidades de expresión carentes de contenido: las posibilidades mencionadas arriba (2.1.), ofrecidas por el sistema, representan las posibilidades combinatorias sintagmáticas y paradigmáticas de los elementos, así como sus posibilidades de manifestación, entre las cuales el uso lingüístico elige luego en distintos niveles (en el plano de la expresión, en el nivel morfonológico y, más tarde, en el morfológico formal). Así pues, puede decirse que, en el programa de Hjelmslev para estudiar el plano de la expresión, solo encaja en primer lugar (es decir, en el de la estructura lingüística) el ámbito de la morfonología de Trubetzkoy dedicado al estudio de las llamadas alternancias ligadas (véase Vykypěl 2002: 243f.). „DAS PHONOLOGISCHE INVENTAR…“ | 167 la morfonología, que se dedica al estudio de las llamadas alternancias ligadas (véase Vykypěl 2002: 243f.). 2.3. Aunque, por tanto, la morfonología solo pueda integrarse parcialmente en la cenemática, entre estas dos disciplinas persiste una afinidad (electiva), que evidentemente se basa en que en ambos casos se estudia más lo realizable que lo realizado. También cabe suponer que esto se expresa en la disposición de la morfonología a reducir los elementos. Así podemos, por fin, volver al artículo de Tomáš Hoskovec. En él se llevó a cabo una reducción semejante de los llamados fonemas palatalizados del lituano a la descrita arriba (1.2.3.): desde el punto de vista morfológico, los fonemas palatalizados se interpretaron como combinaciones de las consonantes correspondientes no palatalizadas con un «elemento palatalizador» (véase Hoskovec 2002: 283–291). Sin embargo, este paso no se dio de manera puramente arbitraria, sino porque así el sistema consonántico «se simplifica considerablemente», como se señaló expresamente. Hoskovec admite al mismo tiempo que también las llamadas consonantes sonoras podrían reducirse (véase también arriba 1.2.3.2), pero no lleva a cabo esta reducción, pues no supondría simplificación alguna; o, dicho de otro modo, desde el punto de vista morfonológico no se aprecia utilidad en tal modificación (véase Hoskovec 2002: 283). En el caso de las vocales largas /ī/ y /ū/ se considera posible otra reducción desde el punto de vista morfonológico (véase Hoskovec 2002: 293f.), concretamente su descomposición en /ii/ y /uu/, respectivamente; es decir, se lleva a cabo una reducción semejante a la descrita arriba (1.2.2.). No obstante, por una parte se constata que la descomposición de estos fonemas no es posible en todos los casos y, por otra, ni siquiera se plantea para las demás vocales. Ambas cosas son comprensibles, pues no hay razones morfonológicas que las justifiquen; dicho de otro modo, tales operaciones no habrían conducido a simplificación alguna desde el punto de vista morfonológico. La descripción cenemática, sin embargo, encuentra razones para ambas cosas, concretamente en el principio de generalización (sobre este, véase Hjelmslev 1943: 63; 1975: 2): la solución mediante reducción, que permite interpretar las unidades ī y ū de forma unívoca en unos casos y ambigua en otros, se generaliza a todos los casos y también a las demás vocales5. Este principio también puede aplicarse a las llamadas africadas. Al igual que con /ī/ y /ū/, también se señala respecto de las africadas (dicho de otro modo) que en algunos casos son interpretables morfonológicamente como combinaciones de dentales con sibilantes, pero en otros no (véase Hoskovec 2002: 286–290). Sin embargo, conforme al principio de generalización, todas las africadas pueden descomponerse como arriba (1.2.3.). Ahora bien, el hecho de que la generalización de esta descomposición no logre simplificación alguna desde el punto de vista morfonológico habla en contra de su descomposición morfonológica. 5Cabe señalar que también se encuentran razones puramente fonológicas para interpretar las vocales largas lituanas como diptongos de identidad (véase Trubetzkoy 1939: 172). 168 | B O H U M I L V Y K Y P Ě L 2.4. También podemos partir de la diferencia en el grado de reducción para retomar la objeción que Hjelmslev planteó contra la morfonología y resumió aforísticamente, al escribir (interesantemente, de nuevo en una nota a un texto de Novák) que la fonología debía construirse sobre la morfonología, y no a la inversa (cf. Hjelmslev 1940–41b; cf. también Hjelmslev 1959: 122, 127; 1973: 228, 234; 1974: 1). Esto significa que la morfonología trabaja sobre la base del sistema fonológico: adopta el inventario fonológico y también el procedimiento fonológico de la prueba de conmutación; es decir, se conmutan formas manifestadas (magnitudes de la expresión), y ello tiene lugar en el marco del signo (en cambio, en la prueba de conmutación glossemática se intercambian formas puras dentro de categorías ya establecidas; para una comparación entre la glosématica y la fonología en cuanto a la conmutación, cf. Ducrot 1967). También se pueden citar ejemplos del texto comentado. 2.4.1. Quizá el ejemplo más ilustrativo sea la cuestión de si los sonidos v y u, respectivamente i y j, son elementos morfonológicos independientes o variantes de un único elemento; a ello se añade la cuestión de qué relación existe entre j y i, por un lado, y el «elemento palatalizador» (cf. 2.3.), por otro (cf. Hoskovec 2002: 295f.). Los sonidos mencionados alternan entre sí morfonológicamente y su distribución es, además, en gran medida complementaria. No obstante, en el caso de v y u, la cuestión planteada se resuelve mediante la prueba fonológica de conmutación, y v y u se explican como dos elementos morfonológicos distintos, al intercambiarse cadenas de expresión manifestadas y al servir las palabras concretas de marco para la prueba de conmutación (volus vs. uolus, volą vs. uolą6). En el caso de j y i no se encuentran los llamados pares mínimos, pero en el caso de j y el elemento palatalizador sí es posible conmutar al menos sílabas manifestadas (bjaurus vs. labiau). Sin embargo, desde el punto de vista glossemático, ni v y u ni j y i son conmutables, ya que pertenecen a categorías diferentes, aunque aparezcan o puedan aparecer siempre en el mismo lugar de un signo (manifestado). En lituano, estas magnitudes solo pueden reducirse a una por cada par e integrarse en la categoría de los elementos de la expresión, que son a la vez seleccionados y selectivos; esto se debe también al aspecto sígnico del uso lingüístico lituano, es decir, a la «alternancia morfonológica» de estos elementos (cf. arriba 1.2.1.). La relación glossemática de conmutación entre los elementos lingüísticos no equivale a la capacidad distintiva fonológica de los fonemas, aunque ambas se establezcan mediante el intercambio de ciertos elementos: tanto el intercambio como los elementos son diferentes en ambos casos. No obstante, se encuentra 6Cabe preguntarse si deben intercambiarse los segmentos vo y uo, y no más bien va y uo, pues el sonido que se escribe como o en el diptongo uo quizá se identifique más bien con a. „DAS PHONOLOGISCHE INVENTAR…“ 169 quizá se halle tras la diferencia noética un objeto ontológico común, que en el primer caso existe in potentia y en el segundo in actu7. A este papel casi arbitral de la fonología corresponde también la distinción constante entre el punto de vista fonológico y el morfonológico: aunque hubiera razones morfonológicas, por ejemplo, para resolver vocales largas en diptongos o para reducir v y u, o j y i, a un único elemento, esto no cambiaría su estatus fonemático (cf. Hoskovec 2002: 295); en otras palabras, la reinterpretación morfonológica del inventario fonológico no modifica retroactivamente el sistema fonológico. 2.4.2. Que la fonología y, con ella, también la morfonología operan en el uso lingüístico y no en la estructura de la lengua lo muestran asimismo otros ejemplos. La longitud se considera un rasgo prosódico inmanente de las sílabas, porque estas pueden cambiar o conservar por sí mismas su cima vocálica (cf. Hoskovec 2002: 279f.). Sin embargo, la longitud silábica puede interpretarse sencillamente como la presencia de dos elementos determinados en una sola sílaba (de manera análoga, la longitud vocálica puede considerarse, a la inversa, como la capacidad de las vocales para formar, en el marco de una sola sílaba, un grupo con vocales idénticas), y la identidad de la sílaba que presupone el concepto de longitud silábica inmanente viene dada por la identidad de la sílaba en el marco de un signo o, más exactamente, de un grupo de signos (vinculados paradigmáticamente)8. Una concepción así de la identidad de las sílabas también está presupuesta por la afirmación de que las sílabas átonas poseen igualmente una entonación determinada, que, no obstante, solo se manifiesta bajo acento y además influye en la posición del acento (cf. Hoskovec 2002: 282). Desde el punto de vista del uso lingüístico, las relaciones pueden describirse, sin embargo, más bien del siguiente modo: las llamadas sílabas átonas contienen la característica intensa de la expresión «acento débil» (°), y las entonaciones se vuelven latentes en combinación con este «acento», es decir, se sincretizan y se manifiestan con cero (cf. arriba 1.1.). Pero este sincretismo de las entonaciones puede resolverse, y ello en virtud del aspecto sígnico del uso lingüístico. Dicho de otro modo, una determinada sílaba átona, es decir, una que contiene la característica intensa de la expresión «acento débil» (°), puede identificarse con una determinada sílaba tónica, es decir, una que contiene la característica intensa de la expresión «acento fuerte» (′), debido a que ambas sílabas ocupan el mismo lugar en un signo 7En cuanto a los llamados pares mínimos, cabe mencionar a Eli Fischer-Jørgensen (1979: 149), quien escribió que considerar los pares mínimos decisivos para distinguir entre variantes e invariantes equivale a describir no la estructura fonemática de la lengua, sino las contingencias de la formación de signos o incluso del material estudiado. En efecto, al describir la estructura de la lengua siempre hay que contar con «lagunas accidentales» en el uso lingüístico y, por tanto, también con la ausencia de pares mínimos. Por cierto, también se menciona en el texto comentado la diferencia entre el sistema potencial y el actual (cf. Hoskovec 2002: 277, 288). 8Sobre este principio de identidad, cf. también, por cierto, en otro contexto, las observaciones de Hoskovec (2002: 291f., 294) acerca de la «determinación semántica o de contenido» de los diptongos. 170 | Bohumil Vykypěl (tener la misma «función sígnica»), introduciéndose en la sílaba «átona» el miembro de la categoría de la entonación que está presente en la sílaba «tónica». Los límites de variación que establece la estructura de la lengua lituana consisten, por tanto, en este caso, en que en los grupos silábicos que pueden constituir el significante de una palabra aparece una sola sílaba con «acento fuerte» y una entonación determinada, mientras que las demás sílabas de ese grupo contienen el «acento débil» y el sincretismo de las entonaciones. El uso lingüístico decide cómo se distribuyen estas sílabas en el marco de una palabra o de un grupo de palabras vinculadas paradigmáticamente, pues esto depende de los elementos de contenido con los que se vincule el grupo silábico en cuestión. En este sentido, también es importante (o puede serlo) qué entonación puede disolver el sincretismo de las entonaciones al introducirse. Angemerkt sei, dass allerdings auch Hjelmslev (1973: 204–209) den Synkretismus der Intonationen in sog. unbetonten Silben in einigen Fällen für auflösbar hält (d.h. in der idealen Notation enthält eine solche Silbe mit dem auflösbaren Synkretismus eine bestimmte Intonation) und diesen eben aufgrund des Zeichenaspekts des Sprachgebrauchs auflöst, wobei er die eingeführten Intonationen dann als die Distribution der anderen Prosodeme im Rahmen einer Silbengruppe beeinflussend betrachtet (die durch den Sprachbau gesetzte Variierungsgrenze ist also enger). Hier stellt sich indessen die allgemeine Frage, wie eigentlich die Hjelmslevschen auflösbaren Synkretismen aufzulösen sind (oder mit anderen Worten, wie das Ergebnis eines Synkretismus mit anderen Elementen des Sprachbaus zu identifizieren ist). Es tritt in diesem Punkte offensichtlich wieder das Problem der Unterscheidung zwischen dem formalen und dem operativen Aspekt der Beschreibung des Sprachbaus auf: Während im ersteren Aspekt vom Sprachgebrauch abzusehen ist, muss der Sprachgebrauch im operativen Aspekt der Beschreibung unumgänglich berücksichtigt werden (vgl. hierzu Vykypěl 2003: §3). Darüber, ob und inwieweit der Sprachgebrauch in den einzelnen Fällen auch tatsächlich berücksichtigt wird, soll aufgrund des Empirieprinzips entschieden werden, d.h. man muss fragen, ob die Beschreibung widerspruchsfrei, exhaustiv und einfach ist (zum Empirieprinzip vgl. Hjelmslev 1943: 14; 1975: 1). Der Unterschied zwischen der morphonologischen und der glossematischen Beschreibung scheint hier also darin zu bestehen, dass die erstere sich unbedingt nach dem Zeichenaspekt des Sprachgebrauchs richtet, während die letztere diesen nur dann berücksichtigt, wenn es für die gesamte Beschreibungsstrategie „vorteilhaft“ ist (diese muss sich dabei nach den Prinzipien und Zielen der Sprachtheorie richten; dazu vgl. Hjelmslev 1943: 13–19, 21–31). Somit scheint auch berechtigt, was Hjelmslev schrieb, nachdem er durch Synkretismusauflösung Intonationen in sog. unbetonte Silben eingeführt hatte: «Se pueden admitir estos hechos sin hacer por ello la menor concesión a la teoría corriente según la cual “el circunflejo y el agudo existen en sílaba átona (inacentuada) en la misma medida que en las sílabas tónicas (acentuadas)”. Nuestra interpretación es fundamentalmente distinta y tiene en cuenta los hechos de la lengua de una manera mucho más realista.» (Hjelmslev 1973: 205). „DAS PHONOLOGISCHE INVENTAR…“ 171 La siguiente explicación de Hoskovec constituiría también un elocuente testimonio de la afinidad (electiva) entre la kenemática y la morfología mencionada más arriba (2.3.): «Puesto que nos movemos dentro de una teoría construida deductivamente, al comienzo podemos decidir si aceptamos como elementos del nivel fonemático-prosódico los dos inventarios mencionados [es decir, los de los fonemas y los prosodemas] tal como son, o si los modificamos de alguna manera.» (Hoskovec 2002: 268) Sin embargo, puede observarse que los criterios para una modificación de este tipo son distintos de los que emplea la kenemática: en el primer caso se trata de datos fonológicos y de datos del aspecto sígnico del uso lingüístico; en el segundo, también y, sobre todo, de los principios de la teoría lingüística en su conjunto, que es independiente de los datos particulares. 2.5. Eli Fischer-Jørgensen (1975: 123) escribió: «Lo que interesaba a los fonólogos de Praga era la interacción entre forma y sustancia, la manera en que se forma el purport». Desde este punto de vista, la fonología es la descripción del aspecto sustancial del uso lingüístico en el plano de la expresión. Desde esta perspectiva, puede considerarse la morfología como complemento de la fonología y como descripción de la interacción entre la forma de la expresión y el aspecto sígnico del uso lingüístico, una descripción de cómo se forman los signos. De este modo, ambas disciplinas encontrarían su lugar en el Organon de Hjelmslev. 2.6. Hasta ahora, se ha hablado de la morf(on)ología principalmente desde el punto de vista glossemático. Sin embargo, también pueden plantearse «objeciones (mor)fonológicas» a la kenemática. Como es sabido, la más fundamental de ellas atañe al aspecto operativo de la descripción (algo que también hemos tratado más arriba, en 2.4.2.). Hemos intentado describirlo en otros textos y también hemos propuesto una especie de compromiso entre la glossemática y la fonología: la diversificación del sistema fonológico según las relaciones sintagmáticas de sus elementos (cf. Vykypěl 2002; 2003). Por un lado, esta solución puede compararse claramente con la «clasificación morfonológica del inventario fonológico» del artículo comentado y, por otro —y esto nos parece aún más interesante de cara al futuro—, recuerda también una variante alternativa, casi olvidada, de la fonología clásica de Praga, a saber, la de VILÉM MATHESIUS. Estamos convencidos de que analizar la concepción de la fonología de Mathesius, así como su influencia, constituye una tarea importante para la investigación fonológica9. 9 Für einige Literatur zu Mathesius’ Phonologie vgl. Vykypěl (2002: 241). – Nebenbei sei gesagt, dass weder die syntagmatische Strukturierung des Ausdruckssystems mit der immanenten (formalen) noch die paradigmatische mit der transzendentalen (substantiellen) Strukturierung gleichgesetzt werden darf, wie vielleicht einige Formulierungen in zahlreichen Texten von Oldřich Leška eben auch zu Mathesius’ Phonologie (und auch Hoskovec 2002: 275 an einer Stelle) suggerieren könnten: Die paradigmatische Strukturierung kann entweder extensional (formal) oder intensional (substantiell) sein, und ebenso kann die syntagmatische Strukturierung entweder formal sein und die bloßen Abhängigkeiten berücksichtigen, oder aber substanziell und die Reihenfolge und Kombination der Ausdruckselemente als Manifestation ihrer syntagmatischen Beziehungen untersuchen. 172 | Bohumil Vykypěl Una objeción más general que puede formularse contra la descripción glossemática, o, más exactamente, contra la reducción radical del número de elementos, consiste en afirmar que esta no simplifica las cosas (es importante señalar que esto puede considerarse un argumento inmanente a la teoría, pues la simplicidad forma parte del principio empírico de Hjelmslev; véase también Vykypěl 2003: §2). Como ya mostró Henning Spang-Hanssen (1949), la simplicidad es un concepto relativo: la reducción del número de elementos que prefería Hjelmslev puede acarrear complicaciones en las reglas de combinación y/o manifestación de los elementos. También pudimos observarlo más arriba (2.3.), aunque en sentido negativo: la reducción de las consonantes sonoras o de las africadas no simplificaría el aspecto morfológico y, por ello, no se llevó a cabo. 3. Para concluir, volvemos a la cuestión de la estructuración de la categoría de las características intensas de la expresión. Más arriba (1.1.) se mencionó que Hjelmslev no divide esta categoría ni en subcategorías ni en dimensiones. Sin embargo, sostiene que es imposible dividir la categoría de las características intensas de la expresión (acentos) y también la de las características extensas de la expresión (modulaciones), no solo en lituano, sino en todas las lenguas (ni en subcategorías ni en dimensiones). No obstante, pueden formularse dos objeciones a esta opinión. En primer lugar, cabe señalar que Hjelmslev (1973: 196) fundamenta su afirmación de que las categorías de los acentos y las modulaciones nunca contienen subcategorías o dimensiones adicionales mediante una inducción empírica en el sentido habitual, es decir, dicha afirmación se basa en una inducción incompleta, algo que no está permitido en el marco de la teoría glossemática10. La segunda objeción es que el paralelismo de los planos, uno de los puntos más importantes de la teoría glossemática, no sería válido si las categorías de las características de la expresión no pudieran dividirse en subcategorías o dimensiones, ya que las categorías de las características del contenido (morfemas) se dividen en subcategorías y estas, a su vez, en dimensiones (cf. Hjelmslev 1959: 152–164). La categoría de las características intensas de la expresión (acentos) podría compararse con la categoría de número-género de las características intensas del contenido. Desde un punto de vista panchrónico, la «significación básica» de la categoría de número-género, que es la «consistencia» (cf. Hjelmslev 1959: 157; 1972: 90–103), constituiría la base de comparación más inmediata. La tercera dimensión de esta categoría es «masivo–puntual» y podría compararse con los «acentos» que hemos organizado más arriba (1.1.) en la dimensión «puntual». La segunda dimensión de la categoría de número-género es «expansión–concentración» y podría compararse con las «entonaciones» que se organizaron más arriba (1.1.) en la dimensión «ascendente». También cabría encontrar paralelismos en cuanto a la estructuración extensional de las categorías. El sincretismo de las entonaciones en combinación con el 10 Es evidente que el texto relativo a los prosodemas lituanos se escribió antes del «giro deductivo» en la evolución de la teoría glossemática. „DAS PHONOLOGISCHE INVENTAR…“ 173 El «acento débil» en lituano puede compararse, por ejemplo, con el sincretismo de los géneros en plural en alemán. En cuanto al número de miembros y a la estructuración extensional, sería más adecuado comparar la categoría letona de las características expresivas intensivas con la categoría alemana de número-género: Género/«entonación» Alemán | β | B | γ; Alemán | F. | M. | N.; Letón | ~ | ˙ | ^; Número/«acento» | α | A; Pl. | Sg.; ° | ˈ También las relaciones de sincretismo serían paralelas: Alemán Letón Alemán: β | B | γ; Sincretismo | Pl. | α | °; F. | M. | N. | Sg. | A | ˈ; Letón: β | B | γ; Sincretismo; ~ | ˙ | ^ Wenn man mit Hjelmslev (1959: 248) im Deutschen in der Numerus-Genus-Kategorie nur mit den Elementen ‘Femininum’, ‘Maskulinum’, ‘Neutrum’ und ‘Plural’ (bzw. auch ‘Kollektiv’) rechnet und die zweite oben (1.1.) vorgeschlagene Strukturierung der litauischen intensen Ausdruckscharakteristiken annimmt, so kann man ein paralleles System aufstellen: Alemán | β | B | γ | Γ | (Γ₂); Alemán | F. | M. | N. | Pl. | (Colect.); Lituano | ~ | ˙ | ° | ˈ | (virtual) También la estructuración de Hjelmslev de la categoría de las características expresivas intensivas (véase arriba 1.1.) permite compararla con la categoría de las características intensivas del contenido número-género, por ejemplo, con la del francés: Francés | β | B | γ; Francés | F. | M. | Pl.; Lituano | ~ | ˙ | ° Por último, cabe señalar otra llamativa conexión entre la categoría de las características expresivas intensivas y la categoría del contenido del número-gé 174 | BOHUMIL VYKYPĚL se ha remitido. Como es sabido, el letón tiene una «entonación» que falta en lituano, concretamente la llamada entonación quebrada (ˆ). A ello correspondería que el letón tuviera también en su plano del contenido un elemento de contenido de la categoría de número-género que no se encuentra en lituano, concretamente la «personalidad» (cf. vinš, vina frente a tas, tā). Para los aficionados a la lingüística areal y a las ligas lingüísticas, resulta sin duda interesante aquí el hecho de que se encuentren relaciones comparables en las lenguas germánicas vecinas: cf. las entonaciones suecas y el sueco han, hon ‘él, ella (personal)’ frente a den, det ‘él/ella, ello (no personal)’, elementos ambos ausentes en alemán. LITERATURVERZEICHNIS Ducrot, O. 1967: La commutation en glossématique et en phonologie. Word 23, 101–121. D’urović, L. 1967a: Diskussionsbeitrag zu Kurylowicz 1967. In: Hamm 1967, 170–171. D’urović, L. 1967b: Das Problem der Morphonologie. In: To honor Roman Jakobson. 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