HARALD BICHLMEIER Academia Sajona de Ciencias de Leipzig Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg
Campos de investigación: onomástica (toponimia), fonología histórica de las lenguas germánicas, lingüística indoeuropea, textos aljamiados.
DOI: doi.org/10.35321/all84-09
OBSERVACIONES SOBRE ALGUNOS NOMBRES LITUANOS DE CURSOS DE AGUA QUE COMIENZAN CON AN Y SUS PARIENTES EXTRABÁLTICOS
Observaciones sobre varios nombres lituanos de cursos de agua que comienzan con An y sus parientes de origen no báltico
ANOTACIÓN
Los nombres de masas de agua lituanos del tipo Anatà, Anykštė etc. se remontan tradicionalmente a una raíz indoeuropea «*en/*on» (en la notación moderna, protoindoeuropeo *h1en(H)-), a la que a menudo se atribuye el significado de ‘fluir, río’. Esta raíz ni siquiera figura en el Diccionario etimológico indoeuropeo de Pokorny (1959). Tampoco desde entonces se ha logrado demostrar de manera fehaciente esta raíz en el léxico apelativo de ninguna lengua indoeuropea. Además, hasta ahora no existen testimonios inequívocos de continuadores de esta raíz en el léxico onímico: todos los nombres aducidos como argumentos pueden remontarse, bien porque proceden de lenguas celtas, a una raíz protoindoeuropea *pen-/*pon- ‘pantano, agua (estancada)’, bien explicarse sobre la base del protoindoeuropeo *h2en- ‘sacar (agua)’. La herramienta metodológica de la «navaja de Ockham» exige postular no más de estas dos raíces mientras no se disponga de testimonios apelativos inequívocos de una raíz protoindoeuropea *h1en(H)-, que permitirían por primera vez atribuir un significado a la raíz.
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Observaciones sobre algunos nombres de aguas lituanos que comienzan por An y sus cognados extrabálticos
PALABRAS CLAVE: hidrónimos lituanos, hidrónimos celtas, hidrónimos germánicos, fonología indoeuropea, metodología indoeuropeística, navaja de Occam.
ANOTACIÓN
Los hidrónimos lituanos del tipo Anatà, Anýkštė, etc., se han explicado tradicionalmente a partir de una raíz PIE «*en/*on» (en la escritura moderna, PIE *h₁en(H)-), a la que se ha atribuido habitualmente el significado de ‘fluir, río’ vel sim.. Esta raíz ni siquiera aparece en el Indogermanisches etymologisches Wörterbuch [Diccionario etimológico indoeuropeo] de Pokorny (1959). Ni siquiera desde entonces han logrado los investigadores documentar sin duda dicha raíz en el léxico apelativo de ninguna de las lenguas indoeuropeas. Además, tampoco existen continuaciones seguras de esa raíz en los léxicos onímicos de esas lenguas. Todos los nombres aducidos como argumentos pueden explicarse bien a partir de una raíz PIE *pen-/*pon- ‘pantano, agua (estancada)’ —puesto que son celtas—, bien a partir de una raíz PIE *h₂en- ‘sacar (agua)’. La aplicación del recurso metodológico denominado «navaja de Occam» no nos deja otra posibilidad que explicar todos los nombres en cuestión a partir de estas dos raíces, mientras no se ofrezca una prueba del uso apelativo de una raíz PIE *h₁en(H)-, que, además, podría finalmente darnos una pista sobre cuál pudo haber sido el significado de dicha raíz.
PALABRAS CLAVE: hidrónimos lituanos, hidrónimos celtas, hidrónimos germánicos, fonología indoeuropea, metodología en la lingüística indoeuropea, navaja de Occam.
1. INTRODUCCIÓN¹
El objeto de las consideraciones que siguen son, por una parte, las etimologías de algunos nombres lituanos de cursos de agua, como Anatà, Anýkštė, o del topónimo Anýkščiai, que se remonta a un nombre de curso de agua. Por otra parte, también se expondrán consideraciones fundamentales sobre la lingüística histórico-comparativa y sobre la metodología científica general. La razón de ello son las consecuencias de la aplicación o de la no aplicación de ambas en relación con la etimologización de los nombres de cursos de agua mencionados, así como también del nombre del río Inn (en Suiza, Austria y Alemania).
¹ Agradezco sinceramente a los dos revisores anónimos del artículo sus diversas indicaciones, entre ellas también las relativas a bibliografía que hasta ahora había pasado por alto.
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Además, siempre hay que tener a mano «la navaja de Ockham»²: si uno olvida guardarla —y utilizarla cuando sea necesario—, ya no podrá dominar la proliferación (de raíces) y, con ella, la arbitrariedad.
2. HISTORIA DE LA CIENCIA
La indoeuropeística es una ciencia que ha ido desarrollándose durante ya unos 200 años. Dentro de la disciplina se ha formado un consenso bastante amplio sobre qué es y cómo funciona³. Este amplio consenso abarca todos los ámbitos de la lengua de base que se ha de reconstruir, generalmente denominada protoindoeuropeo. La discusión dentro de la indoeuropeística se desarrolla sobre la base de aquello que, conforme a este amplio consenso, se considera seguro y goza de un reconocimiento bastante general. Para los especialistas de la disciplina, las partes parcialmente no consensuadas del sistema pueden constituir un estímulo para avanzar en ellas y encontrar soluciones a problemas no resueltos; para la mayoría de los indoeuropeístas, probablemente el objetivo sea avanzar en su área de especialización sobre la base de este amplio consenso y explicar lo que aún no se ha explicado.
Este consenso sobre este modelo explicativo (véanse a continuación los puntos más importantes) se ha formado sobre todo porque este modelo es capaz de explicar más fenómenos que los demás modelos presentados hasta ahora.
3. METODOLÓGICO
3.1. En lo sucesivo, la argumentación partirá de las siguientes características del protoindoeuropeo, ampliamente consensuadas en la indogermanística y codificadas, por ejemplo, también en las introducciones mencionadas anteriormente:
² «Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem.» (Wilhelm von Ockham 1288–1347), aproximadamente: «No se deben postular más unidades/entidades de las necesarias.»
³ Así lo atestiguan las introducciones a la disciplina publicadas durante los últimos poco más de 25 años, que en los ámbitos centrales relevantes aquí prácticamente no muestran diferencias: Mayrhofer 1986 (nueva edición en Lindner 2012), Lehmann 1993; Adrados, Bernabé, Mendoza 1995; 2010; Tichy 2001; Meier-Brügger 2002; 2003; 2010; Fortson 2004; 2009; Tichy 2006; 2009; Clackson 2007; Mallory, Adams 2006; Bičovský 2012; 2017; Fritz, Meier-Brügger 2020. Lo mismo se aplica a diversas introducciones y obras similares sobre lenguas individuales; véase Rix 1992; Weiss 2009; Smoczyński 2016; Weiss 2020, etc.
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Existía la clase fonémica de las laringales y, con toda probabilidad, estaba compuesta por tres elementos.
No existía una clase fonémica de las tenues aspiradas; estas surgieron en última instancia bien como alófonos de las tenues en la posición posterior a la *s protoindoeuropea o anterior a *h₂ (‘laríngea 2’) y probablemente solo se encuentran aún (secundariamente) en las onomatopeyas y en las expresivas.
No existía una *b protoindoeuropea ‘thorn’ como fonema, sino que esta tampoco es más que un alófono de *t. Etc., etc.⁴.
Para la raíz se supone como estructura mínima KVK, al menos para las raíces verbales (y nominales). Esto no necesariamente tuvo que haber sido válido para los pronombres y las partículas, y una parte de los indoeuropeístas también niega que estas clases de palabras hubieran presentado la estructura mínima KVK (así, por ejemplo, implícitamente en todo LIPP y explícitamente en LIPP 1: 31, 236 y ss.).
La consecuencia de los puntos anteriormente mencionados es, entre otras cosas, que las raíces que, por ejemplo, en el Indogermanischen etymologischen Wörterbuch de Pokorny de 1959 (elaborado sobre la base del estado de la indogermanística anterior a la guerra) se postulaban con vocal inicial, deben postularse con una laríngea inicial⁵. Esto puede tener efectos relevantes en la reconstrucción de palabras (y, por tanto, también de nombres), que deben tenerse en cuenta; y precisamente a los nombres (o familias de nombres) que se tratarán más abajo les afectará esta cuestión.
3.2. En el presente contexto, esto afecta precisamente a la raíz (ur)indoeuropea «*en/*on-», postulada una y otra vez con frecuencia en el marco de la onomástica, especialmente también en los estudios sobre la «hidronimia paleoeuropea» y ámbitos afines, y a la que se supone el significado de ‘fluir’ o algo semejante. Sobre la base de las explicaciones que se acaban de exponer, en esta forma se trata, en el contexto de la indogermanística moderna, de una «no-raíz», es decir, de una raíz que, en esa forma, probablemente nunca existió en aquel nivel lingüístico.
Queda por aclarar a continuación si no se trata, en conjunto, simplemente de una «raíz fantasma», incluso si, como es habitual hoy en la indogermanística, se postula como urindoeuropeo *h₁en(H)-.
⁴ Vgl. grundlegend dazu in dieser Zeitschrift schon Bichlmeier 2012.
⁵ Que esto no es del todo descabellado lo muestra —aunque no en el plano fonológico, sí al menos en el fonético— el alemán moderno. Aquí no hay palabras (o morfemas léxicos) que comiencen realmente por vocal: todas las palabras clasificadas fonológicamente como iniciadas por vocal comienzan correctamente, en el plano fonético, con la denominada «oclusión glotal» [ʔ–]. Que esto constituye un descubrimiento importante lo muestran pares mínimos conocidos por los chistes infantiles, como Blumento-pferde [bluːməntʰoˌpfeːɐ̯də] frente a Blumentopf-erde [ˈbluːməntʰɔpfˌʔeːɐ̯də].
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En cualquier caso, hasta ahora no ha sido posible demostrar de manera coherente esta raíz en el léxico apelativo, como ya indica el hecho de que una raíz semejante ni siquiera figure mínimamente en el IEW, que fuera del ámbito propiamente dicho de la indogermanística suele citarse como fuente de referencia en onomástica (cf. IEW 311ss., 778).
3.3. Precisamente en la onomástica dedicada a las capas de nombres más antiguas de Europa siguen estando muy extendidas las investigaciones realizadas sobre la base de conocimientos anticuados, es decir, investigaciones que no utilizan el modelo explicativo actual y consensuado de la indogermanística mencionado anteriormente. Uno de los objetivos del presente trabajo es también examinar críticamente y cuestionar los resultados de tales trabajos mediante los instrumentos del modelo explicativo consensuado de la indogermanística moderna.
4. LOS NOMBRES BÁLTICOS Y EL PROBLEMA
4.1. En este contexto deben tratarse primero los nombres bálticos de masas de agua que comienzan con lit., letón An, es decir, que se remontan al proto-báltico *an- (< protoindoeuropeo tardío *an-, *on-). Aquí entran en consideración sobre todo los nombres de cursos de agua Anykštà f., Anykštė f., el nombre de lago Anykštis m., además del nombre de prado Anatà f. (registrado erróneamente por Udolph 2020: 350 como nombre de una masa de agua) y el topónimo deshidronímico Anykščiai (cf. LVŽ 1: 88f., 102, basado en Vanagas 1970: 151f., 1981: 42).
Si existieran nombres correspondientes que comenzaran con lit. On-, letón Ān, deberían remontarse teóricamente (si existieran y no derivaran del nombre personal lit. Onà ‘Anna’; cf. Vanagas 1981: 234) al proto-báltico *ān-, que podría ser una alargamiento secundario intrabáltico de *an- o tendría que remontarse a otra raíz protoindoeuropea *h₁eh₂en-. Un grado alargado protoindoeuropeo tardío *ōn-, en cambio, daría letón on- [uon-], lit. uon- (lo cual no está documentado en absoluto en nombres de masas de agua; cf. Vanagas 1981: 353). Para el eslavo hay que contar con protoindoeuropeo tardío *an-, *on- → eslavo On- (en este contexto se menciona, por ejemplo, el nombre de masa de agua ruso Onut) o bien con protoindoeuropeo tardío *ān, *ōn- → eslavo An-.
4.2. Tanto para los nombres bálticos de masas de agua mencionados anteriormente como para los eslavos, no existe ningún correlato en el léxico apelativo de esas lenguas.
4.3. Dado que hasta ahora tampoco se ha logrado demostrar, ni siquiera de forma aproximada, la existencia en el léxico apelativo de una raíz protoindoeuropea *h₁en(H)- (en la grafía anticuada, precisamente «*en/*on») (véase al respecto más abajo §§ 4.5.5., 5.2., 5.3.), si se quiere trabajar con rigor metodológico, tampoco es lícito considerar esta (en su
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proponer la forma de grado o *h₁on[H-] para los nombres de masas de agua bálticos y eslavos.
4.4. Para el *an indoeuropeo tardío que debe proponerse para los nombres de masas de agua bálticos y eslavos, desde la perspectiva actual de la indoeuropeística se considera en principio una forma predecesora urindoeuropea *h₂en(H)- (si procede, también *h₁/h₂/h₃an(H)-); para el *on indoeuropeo tardío hay varias formas predecesoras potenciales: el urindoeuropeo *h₁/h₂/h₃on(H)- o *h₃en(H). De todas estas formas predecesoras potenciales, solo dos son efectivamente demostrables como raíces verbales, a saber, el urindoeuropeo *h₂en- ‘sacar agua’ (LIV² 266) y el urindoeuropeo *h₂enH- ‘respirar’ (LIV² 266); a ellas se suma la raíz urindoeuropea *h₂enH- ‘antepasado’, que, por razones semánticas, queda descartada en el presente contexto al igual que la urindoeuropea *h₂enH- ‘respirar’ (cf. hetita ḫanna- ‘abuela’ y alto alemán antiguo ana f. ‘íd.’, etc.).⁶
4.5. Por tanto, solo queda el urindoeuropeo *h₂en- ‘sacar agua’. Si no se quieren atribuir arbitrariamente las formas con báltico antiguo *an- (> lituano An-, letón An-) y eslavo antiguo *an- (> eslavo común *on- > ruso On-) a dos raíces —ignorando así la navaja de Ockham—, el urindoeuropeo *h₂en- es la única raíz con atestiguación segura como apelativo que puede considerarse como base de los nombres de masas de agua bálticos y eslavos y, por tanto, debe proponerse. Para una raíz urindoeuropea *h₁en(H)- tampoco se obtiene aquí ninguna prueba en el ámbito onímico báltico y eslavo: no existen nombres de masas de agua con báltico/eslavo En- que debieran remontarse a ella (cf. LVŽ 2: 484ss.⁷); menos aún existe un continuador apelativo.
Es, ciertamente, un hecho que la raíz urindoeuropea *h₂en- ‘sacar agua’ solo aparece con seguridad como apelativo en anatolio, en el verbo hetita ḫān-i/ḫan- ‘sacar (agua)’⁸, al que pertenece también el derivado DUGhaness̄ar c. ‘recipiente para sacar agua’; además, quizá en armenio hanem ‘saco/quito, extraigo, agarro’⁹ y quizá también en el griego ἄντλος m. ‘agua de la sentina, agua de la bodega’, cuya etimología es igualmente controvertida (¿si < *h₂n̥-tlo- ‘lo que se saca con un recipiente’?)¹⁰.
4.6. Es destacable en este contexto la manera en que Udolph (2020: 360) cita a su maestro W. P. Schmid:
«W. P. Schmid analiza con mayor detalle la palabra griega [se refiere a ἄντλος ‘agua de sentina’; H. B.]...y concluye convincentemente que, en primer lugar, existe una determinada
⁶ Véase EWAhd 1: 215–217 (ana²); HEG 1: 147f.; EDHIL 285.
⁷ Según el pie de imprenta, Udolph fue uno de los revisores de este volumen.
⁸ Véase HEG 1: 144f., 148; EDHIL 281f.
⁹ Véase ED AIL 389, 636f.; si no < uridg. *senh₂-.
¹⁰ Véase GEW 1: 114 (con una etimología anterior, hoy generalmente rechazada, basada en uridg. *semh₂- ‘extraer agua’; DÉLG 89, 1272 (además con una etimología a partir del gr. ἀν(α)- + uridg. *telh₂- ‘elevar’; GED 1: 109 (relación con el hit. ḫanunter invocando a Benveniste 1954: 39).
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que designaba un tipo de agua. A continuación aborda [sic] los nombres de masas de agua Inn, Ahne, Anner, Anykščiai, entre otros, tratados ya por mí en esta contribución,... y concluye «que aquí efectivamente se documenta *en junto a *pen-... En última instancia, se tiene o bien una raíz *₁en o bien una raíz *₂en con el significado “fluir, río”, que también puede estar próxima al hitita ḫan- “sacar agua”»
Sin embargo, en el pasaje citado el texto de Schmid dice algo diferente (Schmid 1988: 311 = 1994: 408); es especialmente importante la restricción formulada al comienzo del texto original, que Udolph acortó considerablemente y reformuló en parte:
«Dentro de un área en la que debe suponerse una nomenclatura celta, no será posible decidir si debe postularse *en o *pen.... A esta raíz *en-/*on también puede vincularse ἄντλος...» Sin abordar aquí los problemas laringalísticos, que posiblemente podrían desembocar en una separación entre el celta en y el resto de an, se obtiene o bien una raíz *₁en o bien una raíz *₂en con el significado “fluir, río”, que también puede estar próxima al hitita ḫan-, “sacar agua”, si se logra salvar la diferencia semántica suponiendo una derivación mediante el apofonía de la raíz...»
4.7. También aquí se pone de manifiesto que la actitud crítica, incluso de rechazo, de Schmid frente a la teoría laringal le cerró el camino hacia la solución y condujo a propuestas en última instancia incorrectas, aunque podría haber señalado el camino verdaderamente correcto. Ya en la época en que se redactó aquel artículo de Schmid, en la indogermanística se reconocía generalmente que el hitita *ḫanni jamás podía remontarse a «una raíz *₁en-», sino exclusivamente a «una raíz *₂en-», es decir, al protoindoeuropeo *h₂en. No queda claro, sin embargo, qué quiso decir Schmid con la última oración subordinada, ya no citada por Udolph: el significado de una raíz no cambia con el grado de apofonía.
4.8. El comentario adicional de Udolph al respecto también es esclarecedor y muestra su desconocimiento de la bibliografía indogermanística: «La relación propuesta por W. P. Schmid entre el het. ḫan y el griego [erg. ἄντλος] también fue considerada en LIV: 266 sin conocimiento de esta contribución». El conocimiento de esta contribución era sencillamente irrelevante para LIV² en este contexto, ya que Schmid (1988) no aportaba aquí nada nuevo frente a las obras de Benveniste de 1954 y al HEG 1: 144f. (1977/1983) que él cita, sino que se limitaba a reproducirlas o continuarlas.
¹¹ Lo cual, a la luz de las observaciones anteriores, es sencillamente falso y, ya en 1988, también habría sido justificable morfonológicamente, incluso según el estado entonces desactualizado en el que trabajaba Schmid, solo mediante supuestos adicionales.
¹² Esta parte de la frase, importante desde el punto de vista argumentativo, falta en la cita de Udolph.
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5. EL MATERIAL EXTRABÁLTICO
La mayor parte del material extrabáltico se presenta en la publicación más reciente sobre el nombre del río Inn (Udolph 2020). Aquí se pasan por alto —aunque en el caso del nombre del Inn posiblemente se trate incluso de un nombre precéltico, es decir, antiguo europeo, preindividual-lingüístico indoeuropeo/(proto)indoeuropeo— las reglas de la indogermanística mencionadas arriba en el § 3.
Su objetivo es, discutiendo en un nivel ya largamente superado por la indogermanística, ahogar los conocimientos más recientes sobre la etimología de ese nombre fluvial en una multitud de ejemplos supuestos y pseudoargumentos.
En relación con el nombre del río Inn, en dicha contribución se tratan, además de los nombres de masas de agua bálticos/eslavos ya examinados anteriormente, las siguientes familias/nidos etimológicos, de los cuales se intentará determinar a continuación si pertenecen juntos o no.
a) el nombre Inn mismo, b) apelativos del irlandés medio como en ‘agua’, enach ‘pantano’, enbrithe ‘caldo’ y englas ‘leche acuosa’, c) el nombre del Enns, irl. med. an ‘río’, etc.; d) algunos nombres de cursos de agua alemanes. Sobre cada uno de estos puntos en detalle:
5.1. El nombre Inn mismo
En Wiesinger, Greule (2019: 104) se ofrecen los siguientes testimonios antiguos: Aeni fluminis [Tácito], τοῦ Αἴνου ποταμοῦ [Ptolomeo], Ἔνος [Arriano]. Estos permiten reconstruir un tema prerromano *Eno-. Según la opinión de la gran mayoría de los investigadores, se trata de un nombre celta o de un nombre celtizado.
En Wiesinger, Greule (2019: 122), Wiesinger explica (a propósito de Innbach, «popularmente die Inn»):
«El nombre del Inn se remonta, al igual que el nombre del gran Inn,..., a la misma raíz indoeuropea *pen- ‘barro, pantano, agua’ (véase allí). Aquí, sin embargo, resulta plausible una formación celta con *enin, con el irlandés medio en ‘agua’, enach ‘pantano’ y englas ‘leche acuosa’ (IEW, p. 807), en la medida en que el derivado ona [sic], como *Enonā, es característico del celta.»
Al mismo tiempo, en el mismo libro de Wiesinger se lee (Wiesinger, Greule 2019: 47):
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«Ciertamente, existe el irlandés medio en ‘agua’, pero su origen es incierto, y resulta más plausible suponer una formación indoeuropea occidental con el idg. *pen- ‘barro, pantano, agua’ y pérdida de p- durante la celtización.»
Parece más bien poco plausible la explicación ofrecida por Greule en Wiesinger, Greule (2019: 104):
«La etimología posterior no está clara. Dado que el irlandés medio en ‘agua’ pudo haberse transferido de forma deonímica del nombre del Inn al celta insular, este apelativo (irlandés medio en) parece dudoso como etimón del hidrónimo, …»¹³
Esta explicación ya aparece también en DGNB 243: ¿Qué podía saber un irlandés medieval del Inn, que en aquella época se encontraba a varias semanas de viaje? ¿Cómo iba a surgir un apelativo a partir del nombre de este río?
Además, parece haber existido también una forma de tema *en-io: Greule (2015: 341) escribe, por ejemplo, «< keltisch *Enjos, mittellateinisch Enus»; algo similar se lee también en Anreiter, Chapman, Rampl (2009: 16): «*Enios, d. i. keltisiertes *Penios ← idg. *pen- ‘agua de flujo lento’».
Además, en Greule (2010: 21) y DGNB 243 se menciona todavía la distinción, quizá original y basada en los trabajos de Pokorny (1948–1949 y 1950/51), según la cual la forma «Enos» se habría empleado originalmente para el curso bajo, *Enios para el curso alto del río (en los Alpes), y *En-i sería una extensión romance del tema *Eno».
Aquí no se puede dilucidar la cuestión de cuál era la forma de tema efectiva ni si existían dos formas paralelas¹⁴.
En ambos casos, como raíz subyacente cabe considerar o bien la forma precéltica *pen- <, o bien la raíz indoeuropea *pen- ‘barro, pantano’, eventualmente también ‘agua de flujo lento’¹⁵
¹³ En la literatura más antigua también se encuentra ocasionalmente algo similar sobre un origen deonímico de las denominaciones de cursos de agua, a veces en relación con el Elba: este es, al menos, un río realmente llamativo y largo (lo mismo podría decirse del Rin y del Danubio), pero incluso en estos casos el autor considera que tales afirmaciones aún no han sido demostradas (véase, sobre el Elba y su etimología, por ejemplo, Bichlmeier 2012a; Bichlmeier, Blažek 2015; Scheungraber, Grünzweig 2014: 43–46, en cada caso con bibliografía adicional).
¹⁴ Sobre el Inn véanse también los siguientes trabajos: Para los testimonios del nombre del río, por ejemplo, ANB 553–555 (Inn), 556 y ss. (Inntal), Anreiter 1996: 62 y Borchers 2006: 26–28; sobre la historia del valle del Inn, Heitmeier 2005; asimismo, sobre la etimología, Anreiter, Haslinger, Jenewein 1995: 23; Grzega 2001: 169; Anreiter 2005: 36 y ss. (así ya Anreiter 1996: 62–64); Anreiter 2008: 148; Delamarre 2012: 149; EDPC 127; DTNG 1: 328; explícitamente sobre la metodología para determinar la etapa lingüística en la que se acuñó el nombre del Inn y sobre las dudas justificadas en cuanto a la etimología, véase Anreiter 1997: 18 y ss., 127 y ss. Así, con referencia a la «dudosa celticidad», el nombre del Inn finalmente ya ni siquiera se trata en Anreiter 2016 (véase Anreiter 2016: 7).
¹⁵ Así, por ejemplo, Anreiter, Chapman, Rampl 2009: 16: «*Enios, es decir, *Penios celtizado ← idg. *pen- ‘agua de curso lento’.»
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Anotaciones sobre algunos nombres lituanos de masas de agua que comienzan por An y sus cognados extrabálticos
o ‘agua estancada’, ya que, como es sabido, la *p- inicial prevocálica del protoindoeuropeo desaparece en dirección al céltico (probablemente a través de *φ-). Se trata de uno de los cambios fonéticos que constituyen el céltico como familia lingüística indoeuropea diferenciada. Es difícil suponer que aquí subyazca la raíz protoindoeuropea *pen- ‘alimentar, nutrir’ —continuada claramente en otros lugares solo en lituano y latín—, o que esta sea incluso de origen idéntico a la que significa ‘pantano, agua (estancada)’, etc.
Como alternativa, puede suponerse que el *en-o céltico o surgido por celtización continúa el *en- < protoindoeuropeo *h₁en- (en principio también sería concebible *h₁enH). Sin embargo, como ya se ha mencionado, tal raíz no figura ni en LIV² ni en IEW (311ss.).
5.2. Cuatro apelativos del irlandés medio: en ‘agua’, enach ‘pantano’, enbruithe ‘caldo’ y englas ‘leche aguada’
Mientras que mir. en ‘agua’ es una palabra exclusivamente de glosa, las otras tres palabras aparecen también en textos¹⁹.
En última instancia, para estas cuatro palabras, que se remontan al protocelta *(φ)en-o o bien *(φ)en-āko- (así también EDPC 127, aunque allí con la grafía *feno-, *fenāko-), se presentan las mismas posibilidades que para la reconstrucción de *(φ)en-o en relación con el nombre Inn: el uridg. atestiguado y adecuado *pen- ‘barro, pantano, agua estancada’ (cf. ahd. fenni n., fennī f., mhd. venne, nhd. Fenn, etc.)²⁰; el atestiguado, pero inadecuado *pen- ‘nutrir, alimentar’; o bien el uridg., por lo demás no atestiguado y, por tanto, en principio imposible de determinar en cuanto a su significado, *h₁en(H).
¹⁶ Cf. LatEW 2: 280–283; DÉLL 496; EDLIL 458f.; LitEW 1: 569; EDBIL 350f.; ALEW 2: 755f.; SEJL 449f.; LED 3: 941f.; SEJL² (2018–2020a) s.v. penéti.
¹⁷ Cf. LIV² 471; IEW 807.
¹⁸ Véase al respecto DGNB 243; Bichlmeier 2018: 58: «Las ulteriores consideraciones formuladas por Greule (2014 [= DGNB; H. B.]: 243), como, por ejemplo, que el apelativo irl. en ‘agua’ surgió del nombre del río Enos mediante desonomización, o que la raíz protoindoeuropea *pen- ‘lodo, pantano, agua (estancada)’ aquí presente debe vincularse en última instancia con la raíz protoindoeuropea *pen- ‘alimentar, nutrir’ —continuada de manera inequívoca en otros lugares únicamente en lituano y latín— o considerarse idéntica a ella, deben juzgarse, sin embargo, como una cuestión de fe o como puramente especulativas.»
¹⁹ Véase eDIL s.vv. en¹, enach, enbruithe, englas.
²⁰ Véase EWAhd 3: 152–154.
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Si se toma ahora la navaja de Ockham, esta situación probatoria no significa otra cosa que se debería remontar precisamente el nombre del río Inn y las palabras emparentadas —mientras no aparezca nuevo material léxico que vuelva obsoletas las consideraciones expuestas anteriormente— a la raíz *pen- ‘pantano, barro, agua estancada/de corriente lenta’, bien documentada también en otras lenguas indoeuropeas. No hace falta otra raíz.
Dado que, por tanto, evidentemente no existen apelativos que requieran inequívocamente (y exclusivamente) este análisis de la raíz uridg. *h₁en(H)-, incluso si esta raíz hubiera existido realmente en material puramente onímico, tampoco se le podría asignar un significado, pues, como es sabido, los nombres no significan nada, sino que solo remiten.
Si, por tanto, se creyera poder identificar esta raíz (presunta) en nombres de masas de agua, se tendría, en consecuencia, plena libertad de facto a la hora de atribuirle un significado: como ámbitos semánticos de los que pueden proceder raíces ‘integradas’ en nombres de masas de agua de las capas más antiguas, cabe considerar, por ejemplo, el material, el color/aspecto y las propiedades (mensurables) (profundidad, velocidad, etc.). Por consiguiente, una raíz uridg. *h₁en(H)- potencial, no documentada hasta ahora en el vocabulario apelativo, pero integrada en un nombre de masa de agua, podría significar ‘agua’, ‘correr’, ‘fluir’, ‘rápido’, ‘verde’, ‘azul’, ‘claro’, ‘brillar’, ‘profundo’, ‘poco profundo’, ‘frío’, ‘cálido’, etc. Elegir uno de estos significados es pura arbitrariedad.
5.3. El nombre del río Enns
5.3.1. El nombre del río austriaco Enns se remonta tradicionalmente al prerromano *Anis-o/ā-; se encuentran algunos testimonios de época tardoantigua y (altomedieval) con las formas Anisus, Anesus, Anesa. La grafía con geminada es un fenómeno reciente. En el contexto de la etimologización de este nombre de curso de agua, a menudo se remite también al galo anam gl. paludem, transmitido en el glosario de Endlicher en varios manuscritos (el más antiguo está fechado en el año 796 d. C.)21. La fiabilidad de este glosario se juzga de manera muy diversa debido a numerosos pasajes corruptos. Es posible que ni siquiera se trate de una palabra real, sino de una interpretación errónea de un sufijo –anum22. En el mismo glosario se encuentra
21 Véase al respecto Toorians 2008, con bibliografía adicional, y Blom 2011, con bibliografía adicional.
22 Véase DLG²/DLG³ 43 ss.; Toorians 2008: 173 ss.; Blom 2011: 161, 167, 174.
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también la entrada onno gl. flumen, de la que igualmente se pone en duda que se trate de una palabra real y se considera que aquí, debido a una interpretación errónea de nombres de aguas galos, –onna fue interpretado como segundo miembro compositivo de este sufijo. Si, no obstante, se tratara de una forma más reciente del galo unna ‘agua’, esta forma debería mantenerse en cualquier caso alejada del galo anam, irl. an, en, pues en tal caso se remontaría a una forma precelta. *ud-nā²³.
Con menor frecuencia se menciona también la palabra de glosa irl. an ‘agua, orina’²⁴. Y, en último término, también pertenece aquí, según la opinión general, el topónimo Anif (cerca de Salzburgo), que por lo general se explica a partir del célt./galo *an-apā (cf. HELSON 1: 7 y ss.) —aunque sigue siendo bastante discutible qué debe o puede ser aquí *apā: difícilmente se querrá contar con un «nombre apa» tan al sur; y, si lo fuera, habría sido adoptado en galo/celta de los Alpes septentrionales, con mayor razón, en una época muy tardía, probablemente solo después de que el protocelta *kʷ ya se hubiera convertido en galo *p. O bien hay que contar con un proceso atestiguado también en irlandés antiguo: que una *p extranjera, frente a la cual inicialmente no existe ninguna /p/ celta durante la integración del nombre, sea sustituida por /kʷ/ y luego continúe desarrollándose como una *kʷ heredada autóctona. En cualquier caso, hay acuerdo en que el celta no ha continuado el indoeuropeo *h₂eḱu̯- ‘agua (corriente)’ (> lat. aqu-a, protogerm. *axʷ-ō). Naturalmente, tampoco puede tratarse aquí del indoeuropeo *h₂ep- (en la notación antigua «*ap-»), pues entonces en celta no podría aparecer *-apa. Es completamente descabellada la suposición de Udolph (2020: 349) de que en el nombre «junto a la idg. *ap- ‘agua, río’ haya que suponer el céltico *anos ‘río’ junto con la idg. *pen-/pon-/pṇ- ‘lodo, pantano, agua’». Prácticamente idéntica es la explicación de Wiesinger en Wiesinger, Greule (2019: 166). ¿Debe tratarse, por tanto, de un nombre mixto celta-indoeuropeo? Menos clara es la explicación de HELSON (1: 8), donde se lee: «celta *ánapa ‘agua pantanosa’ (nombre apa, compuesto de *anos ‘río, pantano’ del celta continental y *apa ‘agua’)», donde parece haberse supuesto que «*apa» pertenece aquí al estadio del celta continental; o bien se eligió una expresión imprecisa y la explicación coincide, en definitiva, con la de Udolph y Wiesinger, Greule.
5.3.2. Ambas (o las tres) formas mencionadas arriba (irl. an, galo anam, Anisa, -us) se remontan al protocelta *(φ)an(-ā)-. Queda excluida una explicación a partir de un *(φ)en-āmás antiguo y del efecto de la regla de Joseph (así EDPC 127): pues mientras
²³ Cf. DLG²/DLG³ 48, 242, 324; Toorians 2008: 175 y ss.; Blom 2011: 161, 167, 175.
²⁴ Véase eDIL s.v. an²; posiblemente el lexema también se encuentre como primer miembro compositivo en mir. onchú ‘nutria’, literalmente ‘perro de agua’, con el segundo miembro compositivo air. cú ‘perro’ (cf. eDIL s.v. onchú). – Sobre la etimología, cf. LEIA A-71f.
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para el protocelta es perfectamente compatible con suponer un desarrollo del protocelta temprano *KeRaC- > protocelta/común celta *KaRaKzu (Joseph 1982: passim, esp. 45, 55, EDPC 8), tal asimilación en la secuencia protocelta *Kerā(K)# no tuvo lugar precisamente (Joseph 1982: 55), como muestra air. ben ‘mujer‘ < protocelta *benā < precelta *gᵘen-ā < protoindoeuropeo *gᵘen-eh₂.
5.3.3. Por consiguiente, *an debe explicarse de otra manera²⁵. Wiesinger (en Wiesinger, Greule 2019: 118s.) no toma aquí realmente una decisión, cuando escribe allí mismo, en la p. 119, sin analizar la forma completa incluido el sufijo: «Es de origen celta y se basa en el galo anam ‘pantano, ciénaga’, del indoeuropeo *pen-/pon-/pṇ- ‘pantano, ciénaga, agua’ (IEW, p. 807), con pérdida céltica de p.»
5.3.3.1. Está claro que el protoindoeuropeo *pṇ puede dar protocelta *an—pero en realidad solo en posición ante una laríngea, pues ante vocal tendría que aparecer el reflejo fonotácticamente regular *pṇ-V, de modo que cabría esperar protocelta *(φ)ṇV como resultado. Aún falta una explicación satisfactoria de este hecho; EDPC 127 considera una derivación del protoindoeuropeo *pṇ-Ho-, eventualmente *pṇ-h₃o- (cf. protoindoeuropeo *h₂ep-h₃on- > protocelta *abon-; nominativo precelta *abō(n) > protocelta *abū > air. aub ‘río’), pero califica esta posibilidad de derivación como ad hoc. Naturalmente, tal configuración radical también puede surgir analógicamente en cualquier momento, siguiendo casos en los que derivados de otras raíces terminadas en protoindoeuropeo *-n(H)- aparecen en formas léxicas correspondientes que exigen el grado cero.
5.3.3.2. Por tanto, partiendo de una raíz protoindoeuropea *h₁en(H)- en su grado cero *h₁n̥(H)-, también se llegaría al protocelta *angelangen (cf. protoindoeuropeo *h₁n̥éh₃-me/on, *h₁n̥h₃-me/on- ‘nombre’ > protocelta *anman- [partiendo de la forma *h₁n̥h₃-me/on-] > irl. ant. ainm)²⁶. La formación del tema seguiría siendo, no obstante, problemática: habría que postular el protoindoeuropeo *h₁n̥(H)-o/eh₂-, una estructura sumamente llamativa para la que, por el momento, faltan correspondencias en la hidronimia de las capas lingüísticas más antiguas.
5.3.4. Independientemente de la explicación definitiva de galo anam y mir. an, estas formas, al igual que mir. en, enach, mencionadas anteriormente, no constituyen ninguna prueba de la existencia de una raíz *h₁en(H)-, puesto que también pueden explicarse partiendo de la raíz protoindoeuropea *pen-.
Cabe señalar que, si se decidiera considerar la raíz protoindoeuropea *h₂en- (en su forma de grado pleno) también como base de Enns < Anisa,
25 Villar (2000: 329–331) adopta una línea de pensamiento completamente distinta: atribuye en última instancia a la raíz *an-, que aparece principalmente en nombres de cursos de agua (entre otros lugares, en España), el significado ‘río’ y postula un origen mediterráneo para la palabra. Tampoco aquí se demuestra la validez o necesidad de esta propuesta semántica mediante un testimonio apelativo inequívoco.
26 Cf. EDPC 38 (con una propuesta de raíz divergente), LEIA A–36f.
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Anisus, creo, cabe suponer que también se resolvería en la nada el problema que plantea la realización en grado cero de la raíz *penen la derivación tradicional de estos nombres y apelativos celtas.
5.3.5. Los nombres de cursos de agua irlandeses «hOn²⁷, Onach» incorporados además a la discusión por Udolph (2020: 354) tampoco constituyen, naturalmente, una prueba independiente de una raíz *h₁en(H)- en el grado o, es decir, *h₁on(H)-, sino que igualmente pueden continuar *pono también *h₂on (sobre esta raíz, con más detalle, más adelante).
5.3.6. Como complemento, hay que señalar también la problemática del sufijo *-iso-, *-isā: Este aparece habitualmente en nombres de cursos de agua germánicos, donde teóricamente puede remontarse o bien a una forma comparativa tematizada secundariamente con el sufijo urindoeuropeo en grado cero *-is, o bien a un sufijo pleno tematizado secundariamente de un tema en s, es decir, urindoeuropeo *-es-o/eh₂-. Para un nombre exclusivamente celta solo entraría inicialmente en consideración la solución comparativa, a menos que se suponga que un tema en s ampliado celta como *an-es-ā se transformara simplemente, durante o después de su adopción en germánico o protogermánico, ya fuera por evolución fonética regular o por analogía, antes o después, en (proto)germánico *an-is-ō, lo cual no es improbable, pero tampoco puede demostrarse debido a la base documental disponible. Teóricamente concebibles, pero probablemente aún más difíciles de justificar, serían las derivaciones con un sufijo tardío urindoeuropeo *-so/ā a partir de un tema en i, es decir, *-i-so/ā-.
5.3.7. En última instancia, lo esencial de las explicaciones anteriores ya se encuentra —aunque de forma considerablemente más breve— en Bichlmeier (2012a: 376; sobre esta cita, véase de nuevo más abajo en el resumen), donde se afirma:
«Pero en este punto debe señalarse una vez más, con toda claridad, la más conocida de las raíces fantasma que circulan en la onomástica: se trata inequívocamente de la raíz *en-/on-, a la que se atribuye el significado de “fluir”. Esta, en mi opinión, con razón, no
27 Este enfoque sigue siendo incomprensible: el río solo puede llamarse On; la h aparece únicamente después del artículo masculino o (en caso necesario) después de una preposición (amable indicación de Stefan Zimmer). Además, podría tratarse de todos modos de un nombre fantasma: en Hogan 1910 no se documenta el nombre; allí solo aparece dos veces Onach.»
28 La conservación de este *-s protogermánico sigue siendo llamativa y todavía no puede considerarse completamente aclarada, puesto que en el protoindoeuropeo no existían ni tipos de temas en s ni comparativos en los que el acento recayera sistemáticamente en el sufijo y, por tanto, delante de *-s, de modo que este se habría conservado incluso después de la aplicación de la ley de Verner (cf. sobre los temas en s Stüber 2002 passim, esp. 19–30; Höfler 2012: 20–27, así como, como posición contraria a la communis opinio, Hartmann 2012). “Normal” es, en cambio, la evolución que se observa, por ejemplo, en las formas plurales de los antiguos temas en s: Nom. Pl. uridg. *-es-os > urgerm. *-ez-az > westgerm. *-iz > ahd. -ir > mhd., nhd. er. Por tanto, debió de actuar algún tipo de compensación paradigmática.
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¡ni siquiera en el IEW! Todos los GewNN o apelativos reivindicados para esta raíz proceden o bien de lenguas celtas, o bien son sospechosos, al menos, de mediación celta, como, por ejemplo, mir. an ‘río’, galo anam ‘paludem’, Inn,29 por lo que la *p- inicial probablemente habría desaparecido y, con toda probabilidad, en todos estos testimonios habrá que contar precisamente con la raíz *pen- ‘pantano’ o similar, que también aparece apelativamente en el nombre geográfico Pannonia y asimismo en germánico (cf. antiguo alto alemán fenni n., fennî f., alto alemán medio venne, alto alemán moderno Fenn, etc.).30”
Sin embargo, hasta ahora, aparentemente este pasaje no ha sido (de manera duradera) asimilado por la onomástica.
5.4. Algunos nombres alemanes de masas de agua
En la discusión de Udolph 2020 también se mencionan algunos nombres alemanes de masas de agua que, desde un punto de vista puramente geográfico, pueden ser en parte de origen celta o germánico, y en parte únicamente de origen germánico.
5.4.1. Estos nombres no necesitan examinarse aquí uno por uno. La mayoría, como Ahne, Ohne, Unna etc., tienen primeras documentaciones con An-, Un-, en parte con geminada, es decir, Ann-, Unn-. Todos estos nombres, que probablemente solo puedan ser de origen germánico, pueden remontarse a una forma radical protogermánica *an- o *un-, como escribe el propio Udolph en varias ocasiones, y por tanto también pueden remontarse al previorgermánico *an- < protoindoeuropeo *h₂en(H)- o al protogermánico *un- < protoindoeuropeo *h₂n̥(H)-, y haberse formado ulteriormente con los sufijos correspondientes. Esto vale, si se cree, siguiendo a Udolph (aunque eso no está demostrado ni él lo ha establecido en ningún lugar), que Unstrut es una forma onomástica *Unstr- modificada según los nombres de parcelas con strut ‘matorral’ —lo contrario aparece, desde luego, en la bibliografía que él cita—, tanto para este nombre como para el nombre fluvial báltico Inster (con In- < del báltico común *ink- < prebáltico común *Hn̥(H)K-); también Udolph (2020: 359 y ss.) lo considera correcto en lo relativo a la evolución fonética.
Además, algunos testimonios de nombres del tipo Ohne indican (también según Udolph, ibidem) una antigua vocal larga en las documentaciones, lo que necesariamente debe remontarse o bien al germánico *au, en cuyo caso tales formas tendrían que excluirse de la discusión de todos modos, o bien al protogermánico *ō, que apuntaría entonces al previorgermánico *ā o *ō. En consecuencia, tampoco estas formas hacen necesario postular el protoindoeuropeo *h₁en(H)-. Quizá también se trate de grados alargados formados ya dentro del germánico, o bien subyazca el protoindoeuropeo *h₂ōn-, lo que, sin embargo,
29 Compárese al respecto Bichlmeier 2010: 32 y ss., con bibliografía adicional.
30 Compárese EWAhd 3: 152–154.
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una forma radical que además tendría que justificarse morfológicamente y cuya presencia, en conjunto, no se documenta con demasiada frecuencia.
De todo ello se sigue lo siguiente: ninguno de los nombres germánicos de masas de agua mencionados anteriormente hace necesario postular una raíz *h₁en(H)-, por lo que tampoco demuestra nada a favor de la «*en-/*on-» de Krahe o Udolph.
5.4.2. Los únicos nombres de masas de agua que podrían demostrarlo serían aquellos que estuvieran documentadamente relacionados con el *enan- germánico primitivo/u occidental. Udolph menciona ahora también algunos nombres de masas de agua que comienzan por el alemán En o I(h)n. Estos se examinarán aquí uno por uno:
5.4.2.1. Udolph (2020: 351f.) menciona aquí los siguientes nombres: en primer lugar, Ober-Ense, Unter-Ense, Nieder-Ense, Ensen, un topónimo Annezin (en Pas-de-Calais). Udolph mismo, y posiblemente también DGNB, los remontan a *Anisa/ō; por tanto, tampoco demuestran nada a favor del protoindoeuropeo *h₁en(H)-, puesto que no aparece ningún germánico *en.
5.4.2.2. Ennest, Welschenennest, Enste se remontan explícitamente a una forma de grado o y la geminada se explica mediante la geminación consonántica germánica occidental por *i̯. Por tanto, implícitamente se postula una forma predecesora protogermánica *an-ia-stao similar. Así pues, la forma tampoco proporciona un protogermánico *en- < *h₁en(H)-.
5.4.2.3. Ennepe (nombre de río: 1235 Enrepe, 1325 Enepe; nombre de lugar: 1285 de Enepene, 1398 Enepe) no está etimológicamente esclarecido con seguridad, ya que tampoco es seguro que la geminada sea antigua. Udolph no se pronuncia al respecto, pero parece contar con una etimología *en-apa (sin mencionar explícitamente esta forma), mientras que DGNB 128 considera inicialmente, con cautela, una relación con el galo anam, pero finalmente parte más bien de *Anipa < *ania-apa que de un nombre en apa con «(m.) *ania- (¿colectivo ‘ubicación favorable’?)». Greule escribe, en cualquier caso, que la geminada no es antigua, por lo que no se puede contar con *enna- < *ania. El significado de *en-apa implícito sería, por tanto, probablemente ‘río que fluye’, ‘agua corriente’. La etimología dista mucho de ser convincente; con todo, quizá aquí podría hallarse el primer testimonio de un germánico *en real.
Sin embargo, el río se encuentra en la zona de transición germánico-celta (véase el mapa), por lo que no puede excluirse por completo una etimología celta. Y si, siguiendo a Udolph, quien cita a HELSON (1: 7 y ss.), Anif (supra) se basa en *An-apa, lo que probablemente sea celta, esto podría aplicarse en última instancia también a En(n)epe < *En-apa (que Udolph también presenta conjuntamente), máxime cuando en celta están asimismo documentados con seguridad mir. en, enach, etc., así como el protocelta *(φ)en.
5.4.2.4. Se observa, por consiguiente, que no pudo alcanzarse la univocidad de la manera deseada.
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Fig. 1, mapa de Schumacher (2007: 169)
5.4.3. Finalmente, aún debe tratarse una serie de nombres de masas de agua o de lugares que o bien muestran asimismo el alemán E(h)n, o bien comienzan por Ihn o Ein y son aducidos por Udolph (2020: 352 y ss.) como argumentos.
5.4.3.1. Para el topónimo Ehnen (Luxemburgo), el topónimo Ihn (Sarre), junto con el Ihner Bach correspondiente, tradicionalmente se supone una explicación a partir del céltico *Eniō/ā-, y Udolph (2020: 352 y ss.) tampoco contradice esta posibilidad. Puesto que, por tanto, parece existir una etimología céltica paralela a la del nombre del río Inn, estos nombres quedan descartados para postular una raíz prot||||idieuropea *h₁én(H)-
5.4.3.2. Para el topónimo westfaliano Ihne, el nombre de masa de agua detoponímico Ihne-Bach en Westfalia, y probablemente también la Eine (→ Wipper
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Observaciones sobre algunos nombres de aguas lituanos que comienzan por An y sus cognados extrabálticos
→ Saale) muestran que los testimonios más antiguos presentan, en el primer caso, 1461 Eene, siglo XVI Ehene, y, en el segundo, 1321 Ena, Ene (Udolph ofrece en dos pasajes dos formas diferentes del mismo testimonio). Para el nombre westfaliano es seguro excluir un origen celta; para el afluente del Wipper Eine es poco probable, aunque, según el mapa citado anteriormente, aquí probablemente todavía nos encontraríamos en el extremo del área de transición. La derivación, rechazada por Udolph, pero formulada de todos modos con cautela, en DGNB (117, 238), a partir del alto alemán antiguo *Aginaha > *Eina (Eine) > *Ēne (Eene, Ehene) > Ihne (Eine sería, por tanto, la forma que se fijó en una etapa evolutiva anterior que en el caso de Ihne) sería fonéticamente impecable, pero la suposición de un nombre personal en alto alemán antiguo *Ago, Gen. *Agin en el primer miembro sigue siendo problemática.
Udolph cita aquí como autoridad a Schmidt (1970: 54), quien, según Udolph, escribe en una argumentación ya casi circular desde la perspectiva actual:
«Si se quiere considerar los hidrónimos Inn < *Enios y Ihne, Eine < *Ena(na) como relacionados entre sí, entonces, dado que queda excluida la atribución celta de nombres, solo queda suponer una raíz indoeuropea *en- (*on-) con un significado (acuático) no determinado con mayor precisión, que todavía es identificable, en función apelativa, en los apelativos celtas.»
5.4.3.3. Después de lo dicho anteriormente, queda claro, sin embargo, que también en este caso se trata de una valoración errónea, pues precisamente el célt. en, enach etc. no son en absoluto probatorios de uridg. *h₁en(H)-. Y, se unan o no distintos étimos, ello no tiene nada que ver con la voluntad de un/a investigador/a (ni con su creencia), sino con que los criterios científicos lo permitan o no.
Cabe mencionar aquí otros casos con germ. *e en primera sílaba abierta, que respaldarían la evolución fonética postulada en los nombres de aguas mencionados anteriormente en las respectivas regiones en las que se encuentran los ríos.
5.4.3.4. En este contexto, cabe señalar también los nombres de dos cursos de agua que Udolph no menciona en su discusión:
a) Ehe (también Ehebach; → Aisch → Regnitz → Main), 1073 Eha, 1479, 1481 Ee (DGNB 114);
b) Ehn (en Alsacia, → Ill → Rin), 1284 enahe (¿para ehena?), 1374–1401 en la Ahen, nombre de lugar Niederehnheim (s. XI Ahenheim, 1050 Ehenheim), Oberehnheim (en 788 Ehinhaim) (DGNB 115).
Para el primero puede considerarse una forma predecesora protogermánica *axʷiō (DGNB: «gm. *Ahwō f.»), para el segundo DGNB cuenta con una «forma básica (alto alemán antiguo) *Ehina neben *Ahana (?) < gm. *Ahwinō f. junto a *Ahwanō, derivación en n de gm. *ahwō ‘curso de agua’». ¿Y puede excluirse por completo que tal «(alto alemán antiguo) *Ehina» subyazca al *Eina mencionado anteriormente?
5.4.4. En este contexto, conviene abordar brevemente los comentarios de Udolph (2020: 362), según los cuales habría que conocer el material si
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se quieren hacer afirmaciones sobre la etimología de los nombres: Tras las explicaciones anteriores debería haber quedado claro que la situación es algo distinta: ciertamente es bueno poder presentar 100 testimonios en vez de 10, pero si estos testimonios no introducen elementos nuevos en la discusión que, al final, puedan cambiar el resultado de esta, surge la pregunta: ¿para qué?
Más importante que aportar 90 testimonios adicionales, pero superfluos para la discusión, es probablemente dominar la metodología necesaria para analizar el material.
Tampoco sirve de nada aportar cantidades ingentes de citas de bibliografía hoy obsoleta (Krahe, W. P. Schmid, etc.) que parecen respaldar la propia argumentación, si sus contenidos y fundamentos han quedado superados desde hace tiempo —en parte, desde hace décadas—. Eso solo tiene ya valor para la historia de la ciencia, pero no supone ningún progreso para la investigación.
5.5. Resultado intermedio
En conjunto, tras revisar los nombres presentados como argumentos, hay que llegar a la conclusión de que el número de testimonios (aunque solo sea medianamente) seguros de germ. *en- < uridg. «*en–/(*on–)» o *h₁en(H)– parece ascender como máximo a dos.
A la vista de esta base documental y, más aún, debido al hecho de que este uridg. «*en–/*on–» o *h₁en(H)– no aparece de manera inequívoca en ninguna parte del léxico apelativo (como se ha dicho, ni siquiera Pokorny lo incluyó en su IEW), resulta sencillamente improcedente seguir trabajando con una raíz semejante.
6. RESUMEN
6.1. Se plantea el problema de que hay que explicar los nombres de aguas bálticos y eslavos o bien sobre la base de una raíz verbal que, por lo demás, aparentemente no está atestiguada en Europa, pero que semánticamente tiene al menos algo que ver con el agua/el líquido, o bien sobre la base de una raíz no atestiguada con seguridad en ninguna parte del léxico apelativo y a la que, por consiguiente, ni siquiera se puede atribuir un significado.
6.2. El uso de la navaja de Ockham obliga, con el estado actual de los datos, a extraer la siguiente conclusión:
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Está atestiguada con seguridad en el léxico apelativo una raíz *pen-; también está atestiguada con seguridad en el léxico apelativo una raíz *h₂en-; no está atestiguada con seguridad en el léxico apelativo, en cambio, una raíz *h₁en(H).
6.3. Esto se desprende de los siguientes puntos:
6.3.1. El nombre del río Inn puede remontarse a *pen, al igual que mir. en, enach, etc.
6.3.2. Los nombres de los ríos Enns y Ense < (*)Anisa, (*)Anisus pueden remontarse, al igual que mir. an, gall. anam, a *pₙ o *h₂en.
6.3.3. Los nombres bálticos de aguas que comienzan por An y los nombres eslavos de aguas que comienzan por On pueden explicarse todos a partir del báltico antiguo/protoeslavo *an- < uridg. *h₂en.
6.3.4. Prácticamente todos los nombres germánicos/alemanes de aguas discutidos, con la (nota bene posible, ¡no demostrada!) excepción de dos etimones de nombres (uno de los dos también podría ser celta, el otro podría etimologizarse de manera distinta de la habitual hasta ahora), pueden explicarse a partir de urgerm. *an- (< uridg. *h₂en o *h₂on-) o urgerm. *un- (< uridg. *h₂n-) o urgerm. *ōn- (< uridg. *h₂ōn-), o se remontan a urgerm. *aun y, de todos modos, quedan fuera de consideración.
6.3.5. Por consiguiente, no hay razón para postular ninguna raíz *h₁en(H)- (en la notación obsoleta: «*en-/*on-»): según el estado actual del conocimiento o sobre la base del material conocido actualmente, la probabilidad de que exista una raíz semejante es cero.
6.4. Por consiguiente, se podrá seguir afirmando (es más, habrá que afirmarlo) que —mientras no aparezca material fundamentalmente nuevo que demuestre la postulación de una raíz uridg. *h₁en(H)- con una semántica adecuada también para las denominaciones de cursos de agua— el uridg. «*en-/*on-» no es más que una raíz fantasma.
Con excepción de dos casos no del todo esclarecidos de nombres de aguas alemanes, todos los nombres de aguas citados por Udolph 2020 pueden explicarse sin contradicción a partir de las raíces *h₂en y *pen, atestiguadas también en el léxico apelativo:
No existe una tercera raíz.
6.5. También aquí se puede argumentar que aún podría aparecer material lingüístico que obligara a postular una raíz *h₁en(H)-. No es probable.
En conclusión, tras todos los puntos expuestos anteriormente, probablemente se podrá afirmar que la cita de Bichlmeier (2012a: 376) recriminada por Udolph (2020: 362) al final de su contribución, en una forma ligeramente ampliada, sigue pudiéndose considerar correcta; es más, debe considerarse así:
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«Todos los nombres de aguas o apelativos invocados para esta raíz [se refiere a la uridg. *h₁en(H)-, obsoleta “*en-/*on-”; H. B.] proceden o bien de lenguas celtas, o al menos son sospechosos de haber sido mediados por el celta» —o deben adscribirse a una raíz uridg. *h₂en.
Al menos en este punto se ha logrado ahora un progreso durante la última década.
7. PERSPECTIVAS
Sigue siendo válido lo que ya se constató en otro contexto (Bichlmeier 2018a: 230), a saber, que «quien se ocupa de los nombres de aguas “paleoeuropeos” o, en general, arcaicos (indo)germánicos debe conocer la indogermanística. Si faltan tales conocimientos (actualizados), no puede obtenerse ningún resultado correcto ni mucho menos relevante».
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Bichlmeier Harald 2018a: Joachim Andraschke, Die germanisch-frühdeutschen Ortsnamen des Regnitzund Obermaingebietes. Von der elbgermanischen Landnahme bis zur Merowingerzeit. (Schriftenreihe des Historischen Vereins Landkreis Haßberge e.V. 16;
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HARALD BICHLMEIER
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Bičovský Jan 2017: Praindoevropština. I: Mluvnice. II: Dodatky. (Práce Filozofické Fakulty Univerzity Karlovy, Varia 62, 63), Praga: Filozofická Fakulta Univerzity Karlovy.
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Tomo III: fadum – fūstslag, de A. L. Lloyd, R. Lühr con la colaboración de G. Kohlrusch, M. Kozianka, K. R. Purdy, R. Schuhmann, Gotinga: Vandenhoeck & Ruprecht, 2007.
Tomo IV: gāba – hylare, de A. L. Lloyd, R. Lühr, con la colaboración de G. Schuhmann, M. Kozianka, K. R. Purdy, R. Schuhmann, Gotinga: Vandenhoeck & Ruprecht, 2009.
Tomo V: iba – luzzilo, ed. por R. Lühr, elaborado por H. Bichlmeier, M. Kozianka, R. Schuhmann, con contribuciones de A. L. Lloyd y la colaboración de K. K. Purdy, Gotinga: Vandenhoeck & Ruprecht, 2014.
Tomo VI: mada – pūzza, ed. por R. Lühr, elaborado por H. Bichlmeier, M. Kozianka, R. Schuhmann, L. Sturm, Gotinga: Vandenhoeck & Ruprecht, 2017.
Tomo VII: quaderna – skazzōn, ed. por R. Lühr, elaborado por D. S. Wodtko (dirección del centro de trabajo), H. Bichlmeier, M. Kozianka, R. Schuhmann, Gotinga: Vandenhoeck & Ruprecht, 2021.
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Fortson Benjamin W. IV. 2009: Lengua y cultura indoeuropeas: una introducción. Segunda edición. (Blackwell textbooks in linguistics 19), Malden, Oxford, Carlton: Blackwell.
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Meier-Brügger Michael 2010: Lingüística indogermánica 9.ª ed., revisada y ampliada, con la colaboración de M. Fritz, M. Mayrhofer. (De-Gruyter-Studienbuch), Berlín, Nueva York: de Gruyter.
NIL – Wodtko Dagmar S., Irsl inger Britta, Schneider Carolin 2008: Nombres en el léxico indogermánico, Heidelberg: Carl Winter Universitätsverlag.
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Acta Linguistica Lithuanica LXXXIV
Observaciones sobre algunos nombres de aguas lituanos que comienzan por An y sus cognados extrabálticos
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SEJL² 2019a – Smoczyński Wojciech 2019: Słownik etymologiczny języka litewskiego. Segunda edición, revisada y considerablemente ampliada. Colaboración editorial: M. Osłon. o.O. Versión del 24.9.2019. Acceso: www.rromanes.org/pub/alii/Smoczyński W. Słownik etymologiczny języka litewskiego.pdf [consultado en octubre de 2019].
SEJL² 2020 – Smoczyński Wojciech 2020: Słownik etymologiczny języka litewskiego. Segunda edición, revisada y considerablemente ampliada. Colaboración editorial: M. Osłon. o.O. Versión del 21.6.2020. Acceso: www.rromanes.org/pub/alii/Smoczyński W. Słownik etymologiczny języka litewskiego.pdf [consultado el 28.6.2020].
SEJL² 2020a – Smoczyński Wojciech 2020: Słownik etymologiczny języka litewskiego. Segunda edición, revisada y considerablemente ampliada. Colaboración editorial: M. Osłon. o.O. Versión del 13.11.2020. Acceso: www.rromanes.org/pub/alii/Smoczyński W. Słownik etymologiczny języka litewskiego.pdf [consultado el 17.11.2020].
Smoczyński Wojciech 2016: La teoría laríngea y la lengua lituana. (Bibliotheca Salensis 2), Vilnius: Lietuvių kalbos institutas.
Stüber Karin 2002: Los temas primarios en s del indoeuropeo, Wiesbaden: Reichert.
Tichy Eva 2001: Conocimientos básicos de indoeuropeística para estudiantes de disciplinas lingüísticas, Bremen: Hempen.
Tichy Eva 2006: Panorama del protoindoeuropeo, Bremen: Hempen.
Tichy Eva 2009: Conocimientos fundamentales de indoeuropeística para estudiantes de disciplinas lingüísticas 3.ª ed., completamente revisada, Bremen: Hempen.
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HARALD BICHLMEIER
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Vanagas Aleksandras 1970: Formación de los hidrónimos de la RSS de Lituania, Vilna: Mintis.
Vanagas Aleksandras 1981: Lietuvių hidronimų etimologinis žodynas, Vilnius: Mokslas.
Villar Francisco 2000: Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana. Las poblaciones y las lenguas prerromanas de Andalucía, Cataluña y Aragón según la información que nos proporciona la toponimia. (Acta Salamanticensia, Estudios filológicos 277), Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
Weiss Michael L. 2009: Outline of the historical and comparative grammar of Latin, Ann Arbor, New York: Beech Stave Press.
Weiss Michael L. 2020: Outline of the historical and comparative grammar of Latin, segunda ed., Ann Arbor, New York: Beech Stave Press.
Wiesinger Peter, Greule Albrecht 2019: Baiern und Romanen. Zum Verhältnis der frühmittelalterlichen Ethnien aus der Sicht der Sprachwissenschaft und Namenforschung, Tübingen: Narr, Francke, Attempto.
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Acta Linguistica Lithuanica LXXXIV
Anmerkungen zu einigen mit Anbeginnenden litauischen Gewässernamen und ihren außerbaltischen Verwandten
Observaciones sobre varios hidrónimos lituanos que comienzan por An y sus cognados no bálticos
R E S U M E N
Anatà, Anykštė y otros hidrónimos lituanos de este tipo suelen relacionarse con la raíz indoeuropea «*en-/*on-» (en la notación moderna, protoindoeuropeo *h₁en(H)-), a la que se atribuiría el significado «fluir, flujo, río». Esta raíz no aparece en la obra de Julius Pokorny Indogermanisches etymologisches Wörterbuch (1959), y hasta ahora tampoco ha sido posible fundamentarla con seguridad en los apelativos de ninguna lengua indoeuropea. Además, tampoco existen suficientes huellas fundamentadas de una raíz semejante en la onimia: todos los nombres empleados hasta ahora como argumentos proceden de lenguas celtas y pueden explicarse mediante una sola raíz.
Partiendo de la metodología de la «navaja de Ockham» (alemán: «Ockhams Rasiermesser»), que insta a no emplear en la investigación más entidades de las necesarias, se hace evidente que, a falta de testimonios fiables de la raíz protoindoeuropea *h₁en(H)- en los apelativos, debemos limitarnos a las raíces protoindoeuropeas *pen-/*pon- «pantano, agua (estancada)» y *h₂en- «sacar (agua)». Mientras no existan los testimonios mencionados, cualquier atribución de significado a la raíz no es más que una suposición negligente. Anatà, Anykštė y otros casos de hidrónimos lituanos de este tipo indicarían que, según los conocimientos disponibles hoy, no deben relacionarse con la inexistente raíz protoindoeuropea *h₁en(H)-, sino con el protoindoeuropeo *h₂en- «sacar (agua)».
Entregado el 4 de enero de 2021.
H A R A L D B I C H L M E I E R
Martin-Luther-Universität Halle-Wittenberg Orientalisches Institut, Seminar für Indogermanistik und Allgemeine Sprachwissenschaft Ludwig-Wucherer-Str. 2 D–06099 Halle (Saale)
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Sächsische Akademie der Wissenschaften zu Leipzig Arbeitsstelle Jena: Etymologisches Wörterbuch des Althochdeutschen Zwätzengasse 12a D–07743 Jena
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