El faraute de Hernán Cortés. Un Go-between en la conquista de México.
Abstract
In this research article study is analyzed, with a qualitative methodology, a key concept for the understanding of the conquest of Mexico, the «Go-Between». It is a perspective to the role Marina, la Malinche, played as «faraute» of Hernán Cortés. Moreover, it also provides a fruitful starting point to distinguish the Cortesian «faraute» from the Renaissance translator, the messenger, the ambassador, the spy, and even from the Simmelian typology of intermediary. All of them are different from the «faraute» and, in the case of Marina, her role between the Middle Ages and the first modernity is paradigmatic.
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Resumen En este artículo de investigación se analiza, mediante una metodología cualitativa, un concepto clave para la compresión de la conquista de México, el de Go-between. Esta es una perspectiva del papel que desempeñó Marina, la Malinche, como faraute de Hernán Cortés que proporciona, además, un fructífero punto de partida para distinguir al faraute cortesiano del traductor renacentista, del mensajero, del embajador y del espía e, incluso, de la tipología simmeliana de intermediario. Todos ellos son diferentes del faraute y, en el caso de Marina, es paradigmático su papel a caballo entre la Edad Media y la primera modernidad. Palabras clave Faraute; Go-betweens; crónicas del siglo XVI; modernidad. Abstract In this research article study is analyzed, with a qualitative methodology, a key concept for the understanding of the conquest of Mexico, the «Go-Between». It is a perspective to the role Marina, la Malinche, played as «faraute» of Hernán Cortés. Moreover, it also provides a fruitful starting point to distinguish the Cortesian «faraute» from the Renaissance translator, the messenger, the ambassador, the spy, and even from the Simmelian typology of intermediary. All of them are different from the «faraute» and, in the case of Marina, her role between the Middle Ages and the first modernity is paradigmatic. Key words Faraute; Go-betweens; Chronicles of 16th-Century; modernity. Referencia: López López, M. (2021). El faraute de Hernán Cortés. Un Go-between en la conquista de México. Cultura Latinoamericana, 33 (1), pp. 52-77. DOI: http://dx.doi. org/10.14718/CulturaLatinoam.2021.33.1.4 THE FARAUTE OF HERNÁN CORTÉS. A GO-BETWEEN IN THE CONQUEST OF MÉXICO
53 EL FARAUTE DE HERNÁN CORTÉS. UN GO-BETWEEN EN LA CONQUISTA DE MÉXICO Marina López López * Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo DOI: http://dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2021.33.1.4 Simon Schaffer, Lissa Roberts, Kapil Raj, y James Delbourgo, editores de The Brokered World. Go-betweens and Global Intelligence, 1770-1820 (2009) definen así al Go-between: “Go-between is not just a passer-by or a simple agent of cross-cultural diffusion, but someone who articulates relationships between disparate worlds or cultures by being able to translate between them” (p. xiv). Aunque el periodo de estudio que comprenden los capítulos del libro corresponde a una etapa posterior a la llamada conquista de México, la definición parece inspirada en una de las figuras más aludidas en la historiografía sobre el tema: Marina la Malinche1, la traductora de los conquistadores, la amante de Hernán Cortés, madre del primer mestizo, traidora de su pueblo2. El contenido de esas figuras, sin embargo, es parcial, y sobre él varios historiadores de la ciencia de la primera modernidad la 1. En las crónicas del siglo XVI aparece como doña Marina (Bernal Díaz del Castillo), Marina (Francisco López de Gómara) y Marina (Hernán Cortés). Aquí uso Marina, salvo en las citas de la obra de Bernal Díaz. 2. La bibliografía al respecto es extensa y copiosa; alguna de ella aparece en la sección bibliográfica de este escrito. Camilla Townsend resume los momentos en que Marina es cada una de estas figuras (Townsend, 2006). * Doctora en Historia, maestra en Filosofía de la cultura y licenciada en Filosofía. Actualmente es profesora en la Facultad de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (México). Su actual línea de investigación es «Historia y Filosofía de la Modernidad» que constituye el núcleo de sus investigaciones posteriores a su tesis doctoral sobre el concepto de modernidad en la obra de Hannah Arendt. E-mail: [email protected] El presente artículo recibió subsidio del Sistema Nacional de Investigadores (conacyt) para su desarrollo. La autora quiere manifestar su agradecimiento a Juan Pimentel Igea, Investigador Titular del Centro de Ciencias Humanas y Sociales (csic, Madrid) por las sugerencias y orientaciones a la primerísima versión de este artículo. Igualmente agradece a los evaluadores anónimos por sus comentarios y aportaciones. Fecha de recepción: 20 de febrero de 2021; fecha de aceptación: 20 de marzo de 2021.
54 Cultura Latinoam. Volumen 33, número 1, enero-junio 2021, pp. 52-77 MARINA LÓPEZ LÓPEZ colocan como uno de los mediadores culturales paradigmáticos (Kapil Raj, Peter Burke, Frances Karttunen, Stephen Greenblatt, Glen Carman). Pero, y aunque esas consideraciones se circunscriben al momento de su presencia en la historia del conocimiento del mundo, ninguno de estos autores detalla las actividades que lo convierten en tal. Ciertamente, Marina fue traductora. Como se verá en las Cartas de Relación de Hernán Cortés y las crónicas de Díaz del Cadtillo y López de Gómara, sin embargo, su traducción no consistía únicamente en trasladar palabras de un idioma a otro. Bajo esta perspectiva, la noción de Go-between propuesta en The Brokered World permite acceder al significado de la función de Marina en la conquista, en una visión que sobrepasa las elaboraciones nacionalistas, indigenistas, feministas y biográficas que abundan sobre el personaje. Como Go-between, Marina tiene un papel preponderante en la comprensión del espacio, de los reinos y de las mentalidades en un momento muy temprano del conocimiento del mundo en su sentido moderno. Por este motivo, el concepto de Go-between es aquí el eje a partir del cual se consideran las menciones de Marina en las Cartas de Cortés y en las crónicas de López de Gómara y de Bernal Díaz. Mi hipótesis es que el Go-between que fue Marina se encarna en la función que tuvo como faraute. Con este vocablo se la menciona en la crónica de López de Gómara, como lengua en las Cartas de Relación. Una palabra, ciertamente, extraña a los hispanohablantes de hoy en día. Ajena incluso para los historiadores de la traducción en español en la Edad Media. Carlos Alvar (2010), por ejemplo, lo refiere en sus notas como un término sinonímico con lengua, intérprete, traductor, trujiman, latinado, dragoman y con heraldo de guerra que, al parecer, derivó su significado del francés al castellano a finales del siglo xv. Aquí, como se verá, a través de este polisémico significado de faraute, el Go-between no es simplemente un traductor e intermediario, sino quien articula relaciones entre mundos y culturas dispares permitiendo el flujo de información haciendo posible la intercomunicación, la organización política y la convivencia entre ellos. Ciertamente, la palabra faraute es ajena al uso coloquial del lenguaje, pero la realidad es que tuvieron un papel protagónico en la expansión ibérica de la primera modernidad. Pedro Mártir de Anglería (1944) cuenta, en la primera de sus Decadas del Nuevo Mundo, que el Almirante Colón tomó como intérprete en la isla de Guanahani a un tal Diego Colón (pp. 35-44.). Pues seguramente en las nuevas tierras Luis de Torres, a quien llevó Colón consigo, «que avia bivido con el Adelantado de Murcia y avía sido judío, y sabía diz que ebraico y caldeo
55 THE FARAUTE OF HERNÁN CORTÉS. A GO-BETWEEN IN THE CONQUEST OF MÉXICO y aun algo de arávigo», no era capaz de propiciar la comunicación (Varela, 1982, p. 50) con la «gente destas tierras» que «no me entienden ni yo ni otro que yo tenga á ellos» (Fernández de Navarrete, 1853, 1, p. 221). Marina fue la lengua de Hernán Cortés, su faraute según López de Gómara, un Go-between que interconectó el mundo en las primeras etapas de su configuración global. El faraute Cortesiano El lugar de los farautes en el proceso de la conquista de México es predominante en el camino de Hernán Cortés. Un camino que no comenzó con él. Le antecedieron Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalba. Y según relata Cortés (2004) en su Primera Carta de Relación del 10 de julio de 1519, en el viaje del segundo, el capitán llamó a los indios que se habían dispuesto «a manera de batalla» «con una lengua e intérprete que llevaba» (pp. 8-9) y que el día en que dieron por nombre Grijalba al río con que se toparon, cinco mil indios se formaron y el capitán, desde los navios, «les habló con las lenguas y farautes que traía, rogándoles que se llegasen más cerca para que les pudiese decir la causa de su venida» (p. 9). Una vez comenzada la expedición de Cortés, encontraron tres indios que les dieron noticia de que el cacique de Cozumel había mandado a su gente ir a la isla de Yucatán, por no saber con qué voluntad venían los españoles: Y el dicho Fernando Cortés hablándoles por medio de una lengua o faraute que llevaba, les dijo que no iban a hacerles mal ni daño alguno, sino para les amonestar y atraer para que viniesen en conocimiento de nuestra santa fe católica y para que fuesen vasallos de vuestras majestades y les sirviesen y obedeciesen como lo hacen todos los indios y gente de estas partes que están pobladas de españoles. (pp. 11-12) En otras palabras, las lenguas y farautes transmitían las conciliaciones de la conquista. Unos eran indios y otros españoles, como Jerónimo de Aguilar, quien desde su rescate de entre los mayas, donde estuvo cautivo por varios años, formó parte del grupo de lenguas y farautes: «el capitán les habló con la lengua y faraute que llevábamos y con el dicho Jerónimo de Aguilar, que había, como dicho es de suso, estado cautivo en Yucatán, que entendía muy bien y hablaba la lengua de aquella tierra» (Cortés, 2004, p. 15). En la relación de Hernán Cortés eran los indios quienes daban informaciones y expresaban
56 Cultura Latinoam. Volumen 33, número 1, enero-junio 2021, pp. 52-77 MARINA LÓPEZ LÓPEZ claramente sus demandas a los conquistadores: «dijeron al capitán que ellos le traían aquello porque se fuese y les dejase sus tierras como antes solían estar y que no les hiciese mal ni daño alguno» (p. 16). Si había un diálogo entre las partes, las lenguas y farautes mediaban en los conciertos que mantuvieron las clases gobernantes indias y el cabildo castellano, fundado desde la llegada de las huestes a las costas del Golfo de México. Si se continúa la lectura de la Primera carta puede verse el lugar de las lenguas y farautes. La primera vez que Hernán Cortés encontraba a un grupo de indios o de principales y caciques se dirigía a ellos con las lenguas y farautes; después las negociaciones corrían por cuenta de Cortés aparentemente sin la mediación de nadie. Más allá del primer encuentro, en el texto de la Primera relación de Cortés, el lugar de las lenguas y farautes es el mismo que el del capitán de la armada. El mediador se diluye entre los interlocutores que son agentes negociantes en el camino cortesiano para extender los dominios del emperador Carlos v, ganar vasallos y rescatar oro. Que no haya diferencia entre las lenguas y farautes y Hernán Cortés, ni siquiera con Jerónimo de Aguilar que era uno de los suyos, es significativo, pues bien podría suponerse que en el caso de las lenguas y farautes indios, a quienes se estaba conquistando, tuvieran el papel de esclavos o gente sumisa al poder europeo ¿Pero ese era también el caso de Aguilar? Si no eran esclavos, sino la voz del capitán general, ¿qué tipo de existencia era la de estas lenguas y farautes en la empresa de la conquista? Averiguar al respecto no es importante porque se les mencione en las Cartas de Relación. Lo es también porque en el contenido de los textos cortesianos aparecen al lado de embajadores y mensajeros, figuras que no resultan del todo extrañas, aunque tampoco mejor conocidas. En la Segunda Carta, Cortés se refiere a aquellos que continuamente enviaba a Moctezuma y de quienes recibió alguna información del gran señor. Por ejemplo, cuando mandó a los embajadores de Moctezuma que le vinieron a encontrar cerca de Tlaxcala, en Churultecal, de donde era un indio que robó el oro de un español y a quienes dijo que si dentro de tres días no venía ante él una embajada digna del Emperador Carlos v ofreciéndose como vasallos, iría sobre ellos y les destruiría la ciudad como a rebeldes. Sobre estos embajadores no se dice si sabían la lengua, o si intervenía alguien más, pero mantenían la comunicación entre Cortés y Moctezuma. En la misma Segunda Carta, Cortés perfila un poco más la imagen de las lenguas y farautes frente a embajadores y emisarios. Dice el conquistador: «Yo hice tomar uno dellos discimuladamente, que los
57 THE FARAUTE OF HERNÁN CORTÉS. A GO-BETWEEN IN THE CONQUEST OF MÉXICO otros no lo vieron, y apárteme con él y con las lenguas y amedréntele para que me dijese la verdad» (Cortés, 2004, p. 49) sobre si se preparaba una emboscada contra los españoles. Al final le cortó las manos y mandó decir a Sintegal, el cacique indio con quien mantenía entonces las conversaciones «que de noche y de día y cuando él viniese, verían quién éramos». En respuesta, Sintegal mandó emisarios que se infiltraron en el campamento de Cortés con el pretexto de pedir perdón por el yerro pasado de atacar a los españoles y ofrecerles de comer. Si bien la línea que separa las funciones de embajadores y farautes es muy delgada, los segundos tenían una finalidad primordial en los conciertos. Ellos estaban en ambos frentes para transmitir mensajes incluso entre emisarios y embajadores que podían quedar cautivos. Entre las lenguas y farautes, que no eran mensajeros ni embajadores, se menciona a Aguilar y a dos indios, Julianillo y Melchorejo, que aparecen en la Primera carta y son, seguramente, quienes hablaron por Juan de Grijalba en el río que lleva su nombre. Junto a ellos hay una lengua más de quien saber su identidad debemos a la osadía, a la desmesura, a la sinceridad o al diáfano apego a la realidad del conquistador que relató su existencia. Al regreso de la embajada que Cortés envió a Moctezuma, refiriendo el estado de rebeldía en que se encontraban los indios, escribe al Emperador: Y estando perplejo en esto, a la lengua que yo tengo, que es una india de esta tierra, que hube en Potonchán, que es el río grande que ya en la primera relación a vuestra majestad hice memoria, le dijo otra natural de esta ciudad [de Churultecal], cómo muy cerquita de ahí estaba mucha gente de Moctezuma junta, y que los de la ciudad tenían fuera sus mujeres e hijos y toda la ropa, y que había de dar sobre nosotros para no matar a todos, y si ella se quería salvar que se fuese con ellos que ella la guarecería; la cual lo dijo a aquel Jerónimo de Aguilar, lengua que yo hube en Yucatán de que así mismo a vuestra alteza hube escrito y me lo hizo saber. (Cortés, 2004, p. 49)3 En las Cartas de Cortés no se dice más acerca de las lenguas y farautes ni se cuenta la historia de la «india de esta tierra». Pero sí se dice su nombre. Cortés lo registró, por primera vez en la historia del mundo, en la Quinta carta, mientras describía al Emperador las peripecías de su viaje a la Hibueras, a donde le acompañó su india lengua: «aquella lengua que con él hablaba, que es Marina» (Cortés, 2004, p. 269). 3. Las cursivas son mías.
58 Cultura Latinoam. Volumen 33, número 1, enero-junio 2021, pp. 52-77 MARINA LÓPEZ LÓPEZ La historia de la india, sin embargo, está en las crónicas posteriores. Sus datos biográficos se detallan en la Historia verdadera de la conquista de Nueva España de Bernal Diaz del Castillo. Una historia que surgió como testimonio verdadero de quien participó en la empresa (Mendiola, 2003, pp. 115-247; Rose-Fuggle, 1991, pp. 77-78)4; tosca, según su autor, frente a la Historia de la conquista de México de Francisco López de Gómara, quien también refiere la historia de Marina, el faraute de Hernán Cortés, aunque nunca estuvo en las Indias5. En descargo de esa acusación quizás pueda decirse que seguramente leyó relaciones de otros conquistadores. Como la de Andrés de Tapia (1522), donde el acompañante de Cortés cuenta el episodio del regalo de las veinte mujeres, el mismo que Cortés menciona y que Bernal Díaz haría celebre, entre las cuales «al pasar ciertos indios, una dellas les habló, por manera que sabía dos lenguas, y nuestro español intérprete la entendía» (de Tápia, 1980, p. 581). Marina, la «india de esta tierra» En la Historia verdadera, Bernal Díaz (1955) cuenta la condición de esclava en que Marina pasó a manos de los castellanos. En el capítulo xxxvi el soldado describe cómo llegaron los caciques y calachones del río Grijalba y del regalo que llevaron: además de presentes de oro y otros obsequios «no fue nada todo este presente en comparación de veinte mujeres, y entre ellas una muy excelente mujer que se dijo doña Marina, que así se llamó después de vuelta cristiana» (p. 54)6. Las mujeres fueron de gran contento para Cortés y los suyos, pero esta doña Marina lo fue en grado sumo porque «era gran cacica e hija de grandes caciques y señora de vasallos, y bien se le parecía en su persona». Cortés las repartió entre los capitanes y Marina fue cedida a Alonso Hernández Puerto Carrero, su segundo al mando y primo del conde de Medellín (pp. 54-55). 4. Pese a lo propuesto por ambos autores, la importancia de la narrativa bernaldiana está en que dice aquello que Hernán Cortés calla. 5. La opinión general de los estudiosos de las crónicas es que López de Gómara fue capellán de Hernán Cortés y la Historia de la conquista de México un trabajo por encargo. Sin embargo, los trabajos de Ma. del Carmen Martínez Martínez y la biografía de Nora Edith Jiménez (ambos referidos en la sección bibliográfica de este escrito) dejan claro que no fue capellán y que apenas tuvo proximidad con la familia de los marqueses del Valle. 6. Los estudios acerca de la verdad de la historia de Bernal Díaz abundan (Iglesia, 1980, pp. 151-158; Pérez Martínez, 1991, pp. 67-87).
59 THE FARAUTE OF HERNÁN CORTÉS. A GO-BETWEEN IN THE CONQUEST OF MÉXICO En el capítulo xxxvii, Díaz del Castillo (1955) detalla el origen de la india advirtiendo cortésmente que quiere «decir lo de doña Marina». En su niñez comenzó su imparable camino entre más de dos realidades. Fue hija de caciques, cuando niña murió el padre y la madre se casó con un mozo, de quien tuvo un hijo varón a quien querían dejar el cacicazgo. Marina fue muerta en la hija de una esclava y, en realidad, dada a los de Tabasco por los de Xicalango y, finalmente, a Cortés, quien la tenía en gran estima porque «en todas las guerras de la Nueva España y Tlaxcala y México fue tan excelente mujer y buena lengua, como adelante diré, a esta causa la traía siempre Cortés consigo» (p. 57). La importancia de la relación que hace Díaz del Castillo no está únicamente en si era hija de caciques. Trascendental es que apunte el que haya sido «buena lengua» en «todas las guerras de la Nueva España», pues significa que desempeñaba actividades en las estrategías bélicas de la conquista. Sabía la lengua de Guazacualco y la de México, que era el náhuatl, y la de Tabasco, que era el maya, y de ambas decía todo a Jerónimo de Aguilar, quien sabía el maya de Yucatán y Tabasco y lo declaraba en castellano. La relevancia de Marina era de tal magnitud que, dice Bernal Díaz, «he querido declarar esto porque sin ir doña Marina no podíamos entender la lengua de la Nueva España y México» (p. 57). En su relato, el soldado descubre una dinámica comunicativa entre las lenguas a quienes Cortés se refiere en sus Cartas de Relación: Aguilar y la «india de esta tierra». Pero también declara que Marina hizo posible el entendimiento con los indios y la distingue de los emisarios: «los mensajeros que ahora enviábamos les habló doña Marina y Jerónimo de Aguilar que vengan luego de paz, que si no vienen dentro de dos días les iremos a matar y destruir sus tierras, e iremos a buscarlos a su ciudad» (Díaz del Castillo, 1955, p. 107). Después, en el episodio que Cortés también cuenta en la Segunda Carta, donde una vieja fue a buscar a su lengua durante la emboscada de Cholula para informar lo que sucedería, Marina dijo a Aguilar los planes de los cholultecas de traicionar y matar a los castellanos. Cortés mandó traer a la vieja, preguntó una vez más por los propósitos de los indios y se apresuró a amonestarlos: «Y como estaba a caballo y doña Marina junto a él, comenzó a decir a los caciques…» (pp. 133-140). Esta imagen es esclarecedora del lugar de Marina entre los conquistadores, pues en la carta cortesiana parece que ella sólo avisó de la emboscada. Aquí, además de transmitir la traición a Aguilar, Marina hizo sonar las palabras que Hernán Cortés dirigía a los indios, a caballo, y Marina junto a él.
60 Cultura Latinoam. Volumen 33, número 1, enero-junio 2021, pp. 52-77 MARINA LÓPEZ LÓPEZ Marina fue, pues, en palabras de Cortés, lengua; no un emisario o un embajador, según se desprende de las palabras de Bernal Díaz. Participó en todas las guerras y estuvo al lado del conquistador en los conciertos con los indios. Pero hay una faceta más que describe Díaz del Castillo (1955). Durante el apresamiento de Moctezuma, dice, «llevó consigo Cortés cinco capitanes, que fueron Pedro de Alvarado, y Gonzalo de Sandoval, Juan Velázquez de León, y Francisco de Lugo y Alonso de Avila, y a mí, y con nuestras lenguas doña Marina y Aguilar» (p. 168)7. Marina formó parte de los consejos que acompañaban a Cortés en todo momento. Si ese era el lugar de la india, ¿qué significaba ser la lengua y faraute de los castellanos durante el proceso de conquista de la Nueva España? ¿Su tarea consistía en hablar en un idioma u otro? Si era apenas hablar y hacer entender, ¿por qué Marina formaba parte de los consejos y presenciaba las conversaciones con Moctezuma y los caciques y grandes señores que Cortés y los suyos encontraron en su camino de la conquista, si además ahí estaba Jerónimo de Aguilar? Sobre el tema nada más relata Bernal Díaz. Falta mirar qué dice López de Gómara. La conquista de México contiene las gestas de Cortés, supuestamente por ser una crónica cuyo destinatario sería el heredero del conquistador, don Martín Cortés, el segundo marqués del Valle (Lanyon, 2003). Pero es aquí donde hay una huella mucho más clara del lugar de las lenguas y farautes en la ruta del Capitán general. Frívolo es adivinar si son importantes porque alguien se lo dijo al cronista. Relevante es que, al mencionarlos, apunta hacía realidades que están en las crónicas, aunque no se miren. En la crónica gomariana el primero de los farautes que aparece es Melchorejo, quien fue llevado por Francisco Hernández de Córdoba en su expedición por Yucatán. López de Gómara (1987) señala la primordial necesidad de Cortés de un faraute que llevara una carta a los barbudos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, que tenía cautivos un gran señor de Yucatán (pp. 56-59). El cronista también menciona el episodio del regalo de las veinte mujeres que hizo Tabasco cuando quedó amigo de los castellanos. Marina, no obstante, no aparece sino hasta los tratos mantenidos con los embajadores de Moctezuma. El intercambio de regalos se hizo sin intérprete porque 7. Si es verdad o no que Bernal Díaz estuvo en el consejo aquí no se discute. Ramón Iglesia esclarece que era, como el resto de los conquistadores, un pedigüeño inconforme con las mercedes recibidas de la Corona. Si la Información de méritos y servicios, que después fue la Historia verdadera, tenía como fin conseguir mayores beneficios y para ello le fue necesario a Bernal Díaz acrecentar su importancia en la conquista es otro asunto (Iglesia, 1980, pp. 151-158).
67 THE FARAUTE OF HERNÁN CORTÉS. A GO-BETWEEN IN THE CONQUEST OF MÉXICO de la llamada «retórica de la conquista» (Carman, 2006), y tampoco lo fueron las funciones que cumplía su lengua, Marina. Particular es que haya sido una india. Porque, según la descripción de Delaunay, el puesto de faraute era propio de la nobleza y Marina no era uno de los hijosdalgo que acompañaban a Cortés. Quizás si se consdiera el testimonio de Bernal Díaz, para quien era «gran cacica», se podría deducir su nombramiento. Pero también, Bernal Díaz certifica que era una esclava que le fue asignada a uno de los hijosdalgo de la empresa. Marina no era, sin embargo, faraute por el amancebamiento con el castellano sino por sus dotes como hablante del maya, del náhuatl y, andado el tiempo, del castellano. En su descripción, Delaunay refiere el ceremonial de investidura de los reyes de armas, de los farautes y de los proseguidores, que era «por recomendación»: «el príncipe bautiza con el vino que traen los farautes». Dice, además, que «se le debe dar nombramiento o título de Provincia sujeta a su Principe». Ciertamente, en el Nuevo Mundo no se tenía noción de dónde se encontraban las huestes cortesianas ¿Cómo se podría nombrar a Marina con el título de una de las Provincias que tendría más tarde la Nueva España? Interesante habría sido que alguno de los cronistas —Bernal Díaz, cuya crónica es la Historia verdadera— describiera el ceremonial de investidura en faraute de la «india de esta tierra», pero no lo hacen. Algo parecido, sin embargo, cuenta el soldado cuando dice el nombre que le dieron al bautizar a las veinte esclavas. Un nombre cristiano, sin duda, fue la manera más legítima que se tuvo a mano para integrarla, primero, a la compañía de la conquista y, después, al consejo del conquistador, y la llamaron Marina. En las Cartas y en las crónicas no hay tampoco referencias a los lugares que tenían los hijosdalgo en los conciertos entre Cortés y los indios. No se describe la posición de reyes de armas ni de proseguidores. Pero es seguramente fácil imaginar que sobre esa estructura se posaban héroe y comparsas. Ciertamente, el manuscrito de Delaunay es posterior en más de un siglo al momento en que apareció la india lengua y faraute de Hernán Cortés. Sin embargo, coincide con las definiciones de los distintos diccionarios y, además, al describir su origen como rey de armas más viejo de la casa de Borgoña, Pedro Alberto Delaunay alude a la descripción de las funciones y oficios de la casa de los Reyes Católicos. El Libro de la cámara real del príncipe Don Juan, oficios de su casa y servicio ordinario (1548), de Gonzalo Fernández de Oviedo, es un material más próximo a la casa materna de Carlos v. Fernández de Oviedo (2006) dice que entre los oficiales de la casa del príncipe don
68 Cultura Latinoam. Volumen 33, número 1, enero-junio 2021, pp. 52-77 MARINA LÓPEZ LÓPEZ Juan había unos reyes de armas. Estos reyes de armas van con sus cotas reales vestidas, delante del rey e del prínçipe, en los tiempos de fiestas, e entradas de çibdades e villas, e en los abtos e cortes que requieren solemnidad. E pregonan e declaran en alta boz la voluntad real, quando declara a un cavallero por alevoso o traidor. Con un rey de armas embía el rey a desafiar a otro rey o se declarar por su enemigo. (p. 153) Sigue en el libro un listado de los nombres de reyes de armas: Castilla, Aragón, León, Granada, Navarra, Napoles, Sicilia, Mallorca, Valencia, Toledo, Sevilla (Fernández de Oviedo, 2006, p. 154). En esta descripción, los reyes de armas se identifican con los farautes, como en el manuscrito de Delaunay, lo cual sugiere que eran lo uno y lo otro: heraldos de guerra y traductores reales. Dice cómo vestían y en qué momentos aparecían en los cortejos, eran portavoces de la voluntad del monarca, hacían de emisarios en los desafíos del rey y tenían libertad de su oficio para ir y volver en sus embajadas de las huestes de los enemigos. Estos oficiales estaban en la casa de los reyes católicos, pero su historia es anterior y de ello es testigo Delaunay quien dice —transcribo literalmente— «Orden en las armas Carlo Magno. Hernán Mexia ordenó y señaló doze oficiales que llamanos Reyes de Armas que los riguiessen y gobernassen y dice que esto tuvo su origen de mas atrás desde el tiempo de Julio Cesar y de Romulo y dura hasta los nuestros». En Heraldos y reyes de armas en la Corte de España, Alfonso de Ceballos-Escalera (1993) resume la historia de estos oficiales en las cortes españolas desde la Edad Media. Son figuras importadas de las cortes allende los Pirineos y llegaron a las Cortes hispánicas a través de los reinos de Navarra y Aragón. El autor describe las funciones de los reyes de armas no sin reconocer las dificultades de estudiar la monarquía castellano-leonesa porque era excesivamente transhumante y careció de un archivo hasta formarse el de Simancas entre 1540 y 1545. Sin embargo, se tiene noticia de que en 1367 Don Enrique de Trastámara hizo cellar sus cartas y se las envío por medio de su heraldo a Eduardo, príncipe de Gales (p. 66). De Ceballos-Escalera dice algo más. Los heraldos y reyes de armas, en las cortes castellana y aragonesa del siglo xv, desempeñaban indistintamente funciones de emisarios, embajadores y notarios (pp. 69-73). El manuscrito de Delaunay, como se vio, también refiere las diversas actividades que cumplían los farautes y reyes de armas. Además, los heraldos y dependientes de un príncipe medieval siempre estaban unidos a su persona,
69 THE FARAUTE OF HERNÁN CORTÉS. A GO-BETWEEN IN THE CONQUEST OF MÉXICO es decir, a su reino, y no a la dignidad o cargo público que ostentaran temporalmente (p. 63). En otras palabras, eran la persona del príncipe y no individuos que actuaban de manera independiente, o al menos no formalmente. El cuadro de definición de los farautes, de reyes de armas y heraldos, es ahora mucho más claro. ¿Y no es, además, también más precisa la relación que existe entre estas figuras y las lenguas y farautes de Hernán Cortés en sus Cartas de Relación y en las crónicas aquí citadas? ¿No es indicativa la común atribución del seudónimo Malinche (malinxe, como dice López de Gómara)14 a Marina si ella era heraldo, faraute y lengua de Hernán Cortés, puesto que estaba unida a su persona como los heraldos y reyes de armas con sus príncipes, a través de su voz? Marina era una india que transmitía mensajes de negociaciones bélicas entre Hernán Cortés, los indios, los caciques y el emperador Moctezuma. Fue el intermediario en el proceso castellano de ganar territorios al conjunto de pueblos mexicanos. El agente que propició el nacimiento de unas formas de organización política que tenía entre sus objetivos imperiales la expansión territorial, propagar la fe católica y rescatar oro. Y todas estas actividades implicaban el conocimiento de las estructuras políticas, sociales, religiosas y mentales del mundo al que pertenecía. Marina la Malinche fue, por tanto, el Go-between de la conquista de México. La incognita, y seguramente el aspecto más rico de este episodio de la historia de occidente, es saber cómo adquirió, si lo hizo, el saber necesario sobre el mundo de los conquistadores: ¿cómo consiguió sobrellevar el peso de ambas fuerzas culturales? Ambas cuestiones, pese a su capital importancia en este momento del escrito, lo sobrepasan. La característica especial del Go-between en la conquista de México no es que haya sido lengua y faraute y secretaria de Hernán Cortés. Ella, y el resto de intermediarios mencionados en los distintos documentos de la época, representa el paso de unas formas de organización tenida como medieval a un orden mucho más abarcante que la realidad geográfica, espacial y cultural europea. Es un agente a caballo entre varios idiomas, dimensiones espaciales y realidades culturales. La lejanía entre las tierras de lo que sería la Nueva España y el Viejo Mundo complica y enriquece la figura de este Go-between, el faraute de la conquista. Porque si del manuscrito de Delaunay 14. Cortés «envió mensajeros por todas las ciudades que están en el camino, haciéndoles saber que iba, y rogándoles tuviesen qué comer y abiertos los caminos. Todos ellos se alegraron mucho de que por su tierra pasase Malinxe, pues así le llamaban, porque le tenían en grandísima estimación…» (López de Gómara, 1987, pp. 389-390).
70 Cultura Latinoam. Volumen 33, número 1, enero-junio 2021, pp. 52-77 MARINA LÓPEZ LÓPEZ se colige que estas figuras formaban parte de las Cortes europeas, aquellos reyes de armas y farautes actuaban en el contexto en que se originaron. Carlos Alvar (2010) avisa de su existencia y la sinonimia de que eran sujetos reyes de armas, farautes y otros «intermediarios de la comunicación oral». Entre ellos estaban los latinados, moros que sabían latín y los trujimanes, cuyo origen de la palabra es árabe, que eran los traductores de las lenguas orientales (p. 364). Como Luis de Torres que acompañó a Colón y sabía árabe. El contexto de estas figuras se restringía al mundo mediterráneo y seguramente al universo oriental más próximo. La «india de esta tierra», lengua y faraute de Hernán Cortés, se sitúa en la coyuntura de dos espacios distantes y dos épocas que ahora se distinguen nítidamente: la Edad Media y el Renacimiento, cuyo apogeo se vivía en toda Europa15. Vista de este modo, la figura y funciones de Marina revelan más de cuanto los cronistas transmiten y los diccionarios definen. Ella encarnó la lengua y faraute con todos los atributos, sinónimos, tareas y privilegios que describe Delaunay, que indica Fernández de Oviedo y que incluye Carlos Alvar en sus menciones a los «intermediarios de la comunicación oral». En el contenido de las Cartas de Relación, cuando el Capitán general hablaba a los caciques e indios «por modo de los farautes» son ellos quienes tienen el papel protagónico en los conciertos. Para decir a los indios cuanto los conquistadores querían, o para informar a los conquistadores las demandas de los indios. Era la voz del faraute, de la lengua india o castellana, el sonido a través del que circulaba la información que haría acequible el mundo del otro lado del Atlántico. Según las palabras de Díaz del Castillo, cuando dice que al lado del conquistador a caballo estaba Marina, en la imagen descrita se representa el séquito del rey que describe Fernández de Oviedo, y Marina era la voz y el rostro que llevaba las insignias reales y disfrutaba de libertad para ir y volver del real de los contendientes, unos agentes que indudablemente antes de ceder, avanzar o retroceder buscaban la victoria16. 15. Esta convivencia de las épocas no es vista como una unidad; pese a ello, esta es mi convicción y apoyo mi postura en la sugerente descripción que hace Anna Lannyon en su libro sobre Martín Cortés (Lanyon, 2003, pp. ix-x). Al respecto, la bibliografía es copiosísima. 16. Imágenes visuales de Marina y el séquito cortesiano hay varias. Las láminas del Lienzo de Tlaxcala, aunque muy posteriores, ilustran todo el proceso de la conquista. No he hecho uso de estas imágenes por no ser la representación visual de Marina el objetivo de este artículo. El conjunto de esas imágenes puede verse en la más reciente edición de la Descripción de la Provincia de Tlaxcala. Muñoz Camargo, D. (2000). Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala, San Luis Potosí: El Colegio de San Luis-Gobierno del Estado de Tlaxcala.
71 THE FARAUTE OF HERNÁN CORTÉS. A GO-BETWEEN IN THE CONQUEST OF MÉXICO Marina, un Go-between en la conquista de México Marina ha sido identificada por varios historiadores como uno de los Go-betweens, si no es que el más representativo, de la conquista de México. Sus consideraciones son importantes aquí porque permiten hacer una distinción más entre la «india de esta tierra» como faraute de Hernán Cortés y otros Go-betweens del momento. Glen Carman (2006) la menciona como faraute: “in her new role she both serves and wields power as Cortés’s ‘faraute y secretaria’, the second position being no less important than the first, since it is an ‘oficio de mucha confianza’ (Covarrubias 931)” (p. 121), y es esta mención un punto de partida para desprenderla de los prejuicios a través de los cuales se ha querido estudiar su presencia en la conquista de México. En “The Renaissance Translator as Go-Between”, Peter Burke (2005) distingue seis tipos de intermediarios: mercaderes, diplomáticos, maestros, misioneros, habitantes de regiones fronterizas y desplazados (pp. 17-31). Marina, según el autor, pertenece al sexto tipo (people out of place) junto a los desertores y los renegados que salieron del Islam, los «cristianos nuevos», judíos conversos que interpretaban para los portugueses en el Sur de Asía: “Deserters were important, people who changed sides, like Dona Marina, “La Malinche”, who went over to Cortes” (p. 23). Ni secretaria ni faraute, ni lengua, sino quien «cambió de bando» y pudo entonces participar como intérprete entre ambos mundos. Y comparte con los desertores del momento un estatus liminal. Seguramente junto a Luis de Torres su figura resultaría aún más real que frente a los indios y principales del Nuevo Mundo. Pero, por otra parte, no fue exclusivamente traductora, el traductor renacentista, tal como lo entiende Burke, era un letrado y no quien intepretaba oralmente. Uno más es Stephen Greenblatt (1992), para quien Marina es el intermediario de la conquista por excelencia. Sin ella, dice, no habría sido posible la conquista tal como fue. Y Cortés no tenía otra opción que confiar en ella o hundirse en la oscuridad (p. 145)17. Greenblatt la coloca como una de las armas tecnológicas con las que contaban los conquistadores en su camino imperial. Pero le atribuye una voluntad de la cual no es seguro que pudiera gozar: una joven regalada como esclava, pese a tener en sus manos el poder de mentir o disuadir al enemigo, quizás no podía tener la osadía de engañar 17. “She could have chosen to tell him virtually anything, and the skeptical Cortés have been forced to believe her or remain in the dark”.
72 Cultura Latinoam. Volumen 33, número 1, enero-junio 2021, pp. 52-77 MARINA LÓPEZ LÓPEZ a los conquistadores para obtener un final diferente a lo que fue. El poder de Marina se restringía a su condición de lengua y faraute, con las atribuciones que esta figura tenía en los cortejos reales en la península ibérica. Kapil Raj (2016), por su parte, en uno de sus escritos más sugerentes sobre la importancia de los Go-betweens en los distintos procesos de circulación del conocimiento más allá de Europa, menciona a una María que tuvo una función determinante en el proceso de la conquista de México como Go-between. Deduzco que esa María es la «india de esta tierra» de las Cartas de Relación, la Doña Marina de la Historia verdadera, pues dice Raj: «the fabled doña Maria, also known as Malintzin or la Malinche» (p. 42). Si esta Doña Maria es la lengua y faraute de Hernán Cortés, la traductora del Renacimiento de Peter Burke, el arma tecnológica con que contaban los españoles de Stephen Greenblatt, la secretaria y faraute que, como recuerda Glen Carman, está en la crónica de López de Gómara, entonces Marina es un Go-between sin precedentes. Pero lo es, como se ha visto aquí, entre los heraldos de guerra medievales, los traductores renacentistas y los intermediarios en los encuentros interculturales, de la política y la organización imperial en un momento decisivo de la historia de occidente: el final de la Edad Media, en el florecer del Renacimiento europeo, en el origen de la Modernidad. Basada en la genérica tipología de los mediadores culturales de Greenblatt, Alida Metcalf (2005) propone tres tipos de Go-between: 1) físico-biológico: hombres y mujeres que trajeron enfermedades, plantas y animales, y entre ellos hubo marineros, capitanes, tripulantes, misioneros, etcétera; 2) transaccionistas: intérpretes, negociantes y disidentes culturales. En este grupo coloca a Marina y a otros mestizos que tenían, dice, privilegios en la América española y las posesiones portuguesas; 3) representacionales, quienes escribieron, dibujaron, construyeron mapas y produjeron documentos relativos al Nuevo Mundo. En esta tipología, en realidad simmeliana, no caben ni el turista ni el extranjero. Ni tampoco la vaga idea del intermediario que podemos ser todos en diversos momentos de nuestra vida, como el historiador entre el pasado y el presente (Ginzburg y Höfele, 2005, pp. 121-138). Marina fue un faraute de quien se dejó de tener noticias después del viaje a las Hibueras en 1524. Su posición de privilegio, si es que la tenía, derivó de sus actividades al lado del conquistador como tal faraute. Saber, como he indicado, qué pensaba, qué sabía y cómo hizo para aprender forma parte su mundo interior. Averiguarlo es un desafío del cual Camila Townsend (2016) ya ha avanzado el ca-
73 THE FARAUTE OF HERNÁN CORTÉS. A GO-BETWEEN IN THE CONQUEST OF MÉXICO mino. Si se consigue dar con su voz y con su pensamiento se tendrá, entonces, un verdadero espacio de comprensión de los modos en que conoció y transmitió cuanto conoció de su mundo y del ajeno. Sin embargo, hacer notar sus funciones en la estructura de la conquista de México es un avance importante en ese empeño. Las lenguas y farautes, como Go-betweens, son intérpretes cuya necesaria presencia para obtener información sobre el Nuevo Mundo fue mucho más temprana que cualquier otra mediación intercultural. Cristóbal Colón lo constata en su confesión a los monarcas de que «no sabía la lengua» al llegar al Caribe. En las Cartas de Relación se les menciona muchas veces como intérprete o «lengua y faraute» y muchas veces no se dicen sus nombres (Valdeon, 2014). Esa condición de anónimos es quizá uno de los motivos por los cuales su presencia en la historiografía sobre el Nuevo Mundo pasa casi desapercibida (Mundy, 1996; Gruzinski, 2005)18. Ese conjunto de mediadores está compuesto por personajes volátiles, aunque no secundarios, como Melchorejo, Julianillo, Aguilar. Que no es el caso de la «india de esta tierra» cuyo nombre y funciones están en los documentos de la época (Martinell Grife, 1992, pp. 153-161)19. Marina es el primer Gobetween de la era global al que alude la definición de los editores de The Brokered World. Go-betweens and Global Intelligence, 1770-1820, porque ese Go-between anudó el mundo que empezaba a ensancharse en las primeras décadas del siglo xvi. Referencias Fuentes primarias Cortés, H. (2004). Cartas y documentos. México: Porrúa. Díaz del Castillo, B. (1955). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México: Porrúa. Delaunay, P. (Manuscrito, bne, signatura: mss/18634/56). Del oficio de los Reyes de Armas, de los farautes y proseguidores, de su origen antigüedad, de sus privilegios y de las principales cerimonias empleos y funciones en los cuales se ocupan. 18. Cuando se habla de intermediarios en el mundo colonial americano es más común encontrarlos como pintores y amanuences. 19. La lista puede extenderse muchísimo si se considera la Nueva España y el reino del Perú en etapas posteriores.
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