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Dinámicas cognitivas de la complejidad poética y lingüística del concepto "TIEMPO". Modelización conceptual en el texto de T.S. Eliot."The Waste Land" (1992)

Martín Dueñas, Adan Rafael

Abstract

Programa de doctorado: Nuevas perspectivas cognitivas en los estudios de lengua, literatura, y traducción. Tesis doctoral europea

Full text

DINÁMICAS COGNITIVAS DE LA COMPLEJIDAD POÉTICA Y LINGÜÍSTICA DEL CONCEPTO TIEMPO. MODELIZACIÓN CONCEPTUAL EN EL TEXTO DE T. S. ELIOT “THE WASTE LAND” (1922) Autor Adán Martín Dueñas Directora Juana Teresa Guerra de la Torre Las Palmas de Gran Canaria 2014 Anexo I ', D. JOSÉ ISERN GONZÁLEZ SECRETARIO DEL DEPARTAMENTO DE FILOLOGíA MODERNA DE LA UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, CERTIFICA, Que el Consejo de Doctores del Departamento en su sesión de fecha 09 de enero de 2014 tomó el acuerdo de dar el consentimiento para su tramitación, a la tesis doctoral titulada .,DINÁMICAS COGNITIVAS DE LA COMPLEJIDAD POÉTICA Y LINGÜíSTICA DEL CONCEPTO TIEMPO. MODELIZACIÓN CONCEPTUAL EN EL TEXTO DE T. S. ELIOT "THE WASTE LAND" (1922) presentada por el doctorando D. ADÁN MARTíN DUENAS y dirigida por la Doctora Da. JUANA TERESA GUERRA DE LA TORRE. Y para que así conste, y a efectos de lo previsto en el Arto 6 del Reglamento para la elaboración, defensa, tribunal y evaluación de tesis doctorales de la Universidad de Las Palmas de Gran canaria, firmo la presente en Las Palr"4as de Gran canaria, a nueve de enero de dos mil catorce. Anexo ll UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Departamento/lnstituto/Facultad : Departamento de Filología Moderna / Facultad de Filología Programa de doctorado: Nuevas perspectivas cognitivas en los estudios de lengua, literatura y traducción Título de la Tesis Dinámicas cognitivas de la complejidad poética y lingüística del concepto TtEMpo. Modelización conceptual en el texto de T. S. Eliot "The Waste Land" (1922) Tesis Doctoral presentada por D. Adán Martín Dueñas Dirigida por la Dra. Da. Juana Teresa Guerra de la Torre Codirigida por el Dria. D/Da. El/la Codirectorla El/la Doctorando/a, (firma) Las Palmas dg Gran Canaria, a ,# de 2tu-€r/t34tr de20/8 El/la Director/a, Departamento de Filología Moderna TESIS DOCTORAL EUROPEA Dinámicas cognitivas de la complejidad poética y lingüística del concepto TIEMPO. Modelización conceptual en el texto de T. S. Eliot “The Waste Land” (1922) Adán Martín Dueñas Directora de Tesis: Juana Teresa Guerra de la Torre Programa de doctorado: Nuevas perspectivas cognitivas en los estudios de lengua, literatura y traducción (2006/2008) Las Palmas de Gran Canaria 2014 2 3 4 5 AGRADECIMIENTOS El desarrollo de esta tesis ha sido posible gracias a una Beca-Contrato de Formación de Personal Docente e Investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. La investigación que presento aquí también ha sido financiada en parte a través de dos proyectos nacionales de investigación del Ministerio de Educación y Ciencia (Referencia HUM2005-08221-C02-02/FILO) y del posterior Ministerio de Ciencia e Innovación (Ref. FFI2010-18358/FILO), así como por un proyecto regional de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información (Ref. SolSub200801000234). Igualmente, agradezco a esta última las dos ayudas para estancias de investigación en Estados Unidos e Inglaterra, así como a la European Society for the Study of English, que me concedió una beca de movilidad en Gales. Me siento agradecido por la acogida recibida y por la eficacia de las universidades en donde realicé estas estancias. Ahora quisiera centrarme en las personas, dando las gracias a Juani Guerra, directora de esta tesis, sobre todo por confiar en mí y en mi proyecto desde el momento que la conocí y por haberme ofrecido un itinerario formativo de calidad en el programa de doctorado, con profesores expertos en la materia de quienes he aprendido tanto. Le agradezco el haberme dedicado tiempo, guiando esta investigación y animándome siempre a integrar nuevos enfoques creativos que han enriquecido el trabajo resultante. Gracias a su entusiasmo he podido desarrollar mi carrera investigadora y aprovechar oportunidades que nunca pensé que se me presentarían. 12 Waste Land” (1922) del escritor Thomas Stearns Eliot. Hay que partir de la base de que los humanos manejamos múltiples modelos o construcciones para hablar del tiempo. Aunque existe homogeneidad en la percepción del tiempo, sin embargo, no existe uniformidad por la que debamos organizar cognitivamente la experiencia del tiempo con los mismos parámetros. La peculiaridad o especificidad de cada grupo lingüístico se manifiesta en la estructura sintáctica y léxico-semántica de la lengua. Por tanto, en consonancia con las últimas investigaciones en el panorama cognitivista, la relevancia y necesidad de esta tesis está justificada por el descubrimiento de nuevos patrones de conceptualización no ordinarios que hemos atestiguado en el corpus de trabajo. El capítulo 1 consta de un recorrido por las configuraciones simbólicas y lingüísticas de la temporalidad y por la fenomenología del tiempo desde una perspectiva histórica para poder entender, a nivel general, qué concepciones han existido en la historia de la humanidad y así contrastarlas con las conceptualizaciones que se desgajarán del repositorio de datos lingüísticos en el corpus analítico. En el capítulo 2 de este trabajo, el foco está en la Ciencia Cognitiva como paradigma interdisciplinar. Aquí presentaremos un árbol jerárquico para situar nuestro espacio de trabajo dentro de lo cognitivo. Nuestra misma investigación es transversal, ya que exploramos el fenómeno cognitivo de la anomalía conceptual y lingüística de la realidad del tiempo en tres niveles, en términos de cognición biocultural, enganche forma-significado y proceso comunicativo. Los ejemplos que analizaremos son indicios de dinámicas cognitivas complejas que en un futuro podrían inspeccionarse desde otras ramas de la ciencia cognitiva. En el capítulo 3, concentraremos la atención en otro paradigma que tiene bastante armonía teórica con el cognitivo. Nos referimos al de las Ciencias de la 13 Complejidad. Detallaremos las características de los sistemas dinámicos complejos en un estilo compatible en su aplicación a la lengua y los textos, siguiendo sobre todo las líneas de la caología en España, desarrollada por autores que hoy día se dedican a los estudios cognitivos del lenguaje. El capítulo 4 cumple una utilidad primordial en el trabajo puesto que cimenta el estado de la cuestión. Inicialmente, se expondrá el conocimiento científico existente en Neurobiología y Lingüística Cognitivas sobre percepción y cognición del tiempo. De manera más centrada en la Lingüística y Psicología Cognitiva, el capítulo prosigue con una revisión histórica desde las primeras incursiones en la conceptualización del tiempo (principalmente referidas al inglés por ser la lengua de los fundadores de la escuela cognitiva), que contiene los principales modelos de configuración temporal basados en la metáfora conceptual TIME IS SPACE. En este capítulo intentaremos determinar las relaciones entre las etapas perceptivas y las etapas conceptuales en la organización cognitiva del tiempo. Desde esta visión, podremos empezar a verificar si el tiempo puede operar lingüística y conceptualmente en inglés como dominio fuente a partir del análisis del corpus. Si el tiempo se configura como dominio primario de la experiencia, entonces parece sensato aducir que se activen expansiones metafóricas creativas a partir de tal concepto. El hecho de que el tiempo se localice en un espacio conceptual no tan distante de la percepción nos llevará a problematizar la supuesta irreversibilidad de las metáforas. El capítulo 5 clausurará ese repaso histórico de cómo ha sido abordado el tiempo en Lingüística y Psicología Cognitiva pero llegando hasta los más recientes estudios, que concuerdan con el nuestro en el sentido de que se identifican aspectos nuevos de la complejidad en la construcción conceptual de tiempo. Este capítulo tiene una función 14 preparatoria a los originales recursos conceptualizadores que proponemos con respecto al tiempo en el corpus que nos interesa. En el capítulo 6, el énfasis estará en el instrumento metodológico. Para nuestro cometido, se hace imprescindible realizar una presentación metodológica de los Modelos Cognitivos Idealizados (en sus últimas versiones) que emplearemos durante el análisis y la discusión de nuestros resultados. La complejidad oculta de la organización conceptual de tiempo en el corpus nos llevará a que, para un entendimiento total de las expresiones temporales estudiadas, necesitaremos un modelo de integración conceptual que incluya mucho más que una metáfora o una metonimia conceptual. Comenzaremos con estas dos junto a los esquemas de imagen. Para los ejemplos con un incremento en la complejidad, precisaremos más bien de un modelo combinado del tiempo que incorpore varios constructos cognitivos simultáneamente, como observaremos en las metaftonimias o en nuestros blends finales. El capítulo tendrá carácter anticipatorio al análisis de mapas conceptuales. Explicaremos el funcionamiento de las herramientas metodológicas con evidencias lingüísticas que provienen del corpus, para facilitar la entrada a intricados modelos de cognición temporal en base a los cuales se construyen dominios meta que no son TIEMPO (al estar éste ubicado en el dominio fuente en los enunciados que sondearemos). Por último, el capítulo 7 desplegará el corpus lingüístico de trabajo. Esta tesis, como reza su propio título, tratará el análisis cognitivo del texto “The Waste Land” (1922) de T. S. Eliot. Para emprender el estudio, se ha clasificado el corpus textual de tal forma que hemos aislado el material lingüístico más representativo y que enlaza con el concepto TIME, aunque sin restringir nuestra selección a la palabra time. Este séptimo capítulo contendrá los diagramas o mapas conceptuales que muestran las dinámicas complejas de conceptuación de la temporalidad desde el 15 dominio fuente. A partir de las acotaciones léxicas efectuadas, se examinarán dichos datos a partir del marco teórico más avanzado de los Modelos Cognitivos Idealizados, incluyendo modelizaciones de interacción (metaftonimia) e integración conceptual (blending). Es en este apartado donde podremos determinar las mecánicas conceptuales creativas que construyen conceptos desde la arquitectura y organización cognitiva de los patrones temporales. La discusión de las nuevas líneas de conceptualización, que es el grueso del trabajo, se abordará con un enfoque alternante, de modo que sea transparente nuestra hipótesis relativa a una innovadora forma de considerar el tiempo desde la perspectiva del dominio origen, contrastándola con ejemplos convencionalizados del tiempo como dominio de destino. La separación de las expresiones léxicas temporales (time, hour, weekend, April, spring, winter…) como unidades nucleicas ayudará al lector a comprender la localización del elemento temporal en estas dos zonas, prototípicamente en el dominio meta (según la Lingüística Cognitiva) pero de manera más interesante e inédita, en el dominio fuente. Lo que proponemos en un cuestionamiento importante en la dirección de la proyección conceptual, por lo que esperamos cumplir las expectativas propuestas en el trabajo. Invitamos ahora al lector a adentrarse en nuestro fascinante estudio, que delineará estas novedosas estrategias de organización cognitiva del tiempo de las que hemos estado hablando. 16 CAPÍTULO 1: MORFOLOGÍA DE LA CONCEPTUALIZACIÓN DEL TIEMPO 1.1. ¿Qué es el tiempo? El tiempo es el concepto más abstracto y misterioso de la evolución humana y, por tanto, no resulta fácil contestar a la pregunta “¿Qué es el tiempo?”, planteamiento que muchos ensayos y trabajos de investigación intentan responder. A lo largo de la historia de la humanidad, el tiempo ha sido abordado desde múltiples disciplinas, principalmente por físicos y filósofos y últimamente por psicólogos y lingüistas cognitivos. Para comenzar, es fundamental subrayar que esta pregunta busca definir la naturaleza de tan complejo fenómeno como es el tiempo, clasificado como “un símbolo de altísimo nivel de abstracción” por el sociólogo Elias (1989: 45), lo cual nosotros debatiremos en profundidad en esta tesis. La caracterización del tiempo como abstracto proviene de que, desde el punto de vista ontológico, no está claro hasta qué punto este fenómeno tiene “realidad” o no. Opuestamente, algunos autores conciben el tiempo como una ilusión y un constructo humano, eliminando toda suerte de objetividad en este concepto. El tiempo, por lo tanto, no tiene una concepción unitaria. En esta tesis, nuestra intención es determinar el funcionamiento cognitivo de esta categoría conceptual construida a partir de la experiencia del tiempo como fenómeno de la naturaleza humana desde el nivel biológico al cultural y especialmente cómo está rentabilizado lingüísticamente en un texto que definiremos más adelante. A modo de introducción, los siguientes apartados tratarán sobre la representación del tiempo, para lo cual dividiremos la discusión en dos partes. Primero, queremos plantear cómo se ha 17 representado y entendido el concepto de tiempo en la historia de las culturas. En una segunda fase, que nos toca más directamente, se explicará la representación del tiempo en el plano lingüístico desde la óptica de las Teorías Cognitivas del Lenguaje, ya que consideramos que la lengua y la cognición humana se encuentran estrechamente relacionadas. La ventaja del paradigma cognitivo en cuanto a la investigación del tiempo es que incorpora el aspecto experiencial del tiempo y su representación léxica. El estudio del material lingüístico que empleamos en las lenguas para conceptualizar el tiempo iluminará los procesos de construcción de la categoría TIEMPO. Metodológicamente, necesitamos hacer esta diferenciación en dos partes dado que, a partir del siglo XX, no se trata de qué pensamos del tiempo fenomenológicamente sino de cómo lo hemos experimentado bioculturalmente, cuestión en la que han incidido las Teorías Cognitivas a finales del siglo XX. Desde antiguo se ha teorizado sobre lo que es el tiempo como concepto y como dimensión, es decir, se “describía” el tiempo. Ahora no se trata tanto de cómo lo concebimos de forma abstracta sino de cómo percibimos el fenómeno complejo de la temporalidad (sensorialmente, introspectivamente). En cierto sentido, dicha separación responde a las dos vertientes que Park (1980) propone de manera numérica para la temporalidad: (i) el Tiempo 1, el estudiado por la Física, observable y medible objetivamente, es decir, el tiempo mecánico, y (ii) el Tiempo 2, que subyace en la conciencia y la experiencia subjetiva humana, el tiempo vivido o durée que llama el filósofo Henri Bergson (1889). El presente trabajo de investigación se centra sobre todo en este “Tiempo 2” porque pretendemos estudiar la “arquitectura” conceptual del tiempo, es decir, el funcionamiento de la categoría que entendemos como tiempo en los sistemas de cognición humana, tal y como dicho concepto ha sido representado y fosilizado lingüísticamente en el texto, o sea, en la lengua producida en los textos. 18 Partiremos entonces de la afirmación de Sinha (2007: 1287): “language can best be made sense of by recognizing that it is structurally and functionally continuous with, motivated by, and emergent from non-linguistic cognitive processes” (citado en Guerra et al 2009). La Lingüística Cognitiva comprende el lenguaje como una vía de explorar la mente. Por supuesto, el lenguaje es un instrumento para expresar ideas, pero la novedad del paradigma cognitivista es que el lenguaje se concibe ahora como una habilidad cognitiva capaz de interactuar con los procesos generales de razonamiento. La lengua es una facultad cognitiva con capacidad de crear conceptos y significados a partir de otros recursos cognitivos como el de la percepción (Lakoff y Johnson 1980). Como dice Rohrer (2005), el lenguaje es una más de las habilidades cognitivas “de alto orden”, engarzada con el resto de las operaciones cognitivas y perceptivas que tienen raíz en el cerebro humano. Los fundamentos constructivistas de la Poética, las herramientas analíticas de la Lingüística y ambos en el conjunto de las Teorías Cognitivas nos permitirán, por consiguiente, diseccionar el material textual en aras de acercarnos a la evolución conceptual del TIEMPO en lengua inglesa. Desde esta óptica, el ejercicio que realizamos en esta tesis es cuasipaleontológico, ya que el texto se comporta como un fósil de la evolución de la mente humana y de la cultura (es decir, como un “méntil”, en palabras de Guerra 2009a, 2010). A través de este procedimiento, los textos se convierten en materiales susceptibles de exploración científica. Igual que un técnico en un laboratorio analiza sustancias químicas o investiga la conducta de ciertas bacterias, nuestro propósito en este trabajo es escudriñar científicamente el componente lingüístico del texto. Este modus operandi ensambla interdisciplinarmente Poética y Lingüística Cognitivas, pero también evoca las técnicas de la Filología, disciplina de procedencia del autor de esta tesis. Etimológicamente, filología proviene del griego filo- (‘amor, estudio, ciencia’) y 19 -logos (‘palabra, discurso’). Buscamos escrutar los fenómenos lingüísticos para, ulteriormente, reconocer la maquinaria conceptual que subyace al artificio lingüístico del texto. Esta reconceptualización de la Filología viene a robustecer las aspiraciones de Guerra (1998: 57) y es consistente con la nueva alianza entre las Ciencias Naturales y las Humanas, que da a la Filología la prominencia científica que se le ha negado en tantas ocasiones por parte de otras disciplinas. En definitiva, a la luz de estas nuevas técnicas de la Poética Cognitiva, la Lingüística Cognitiva y la Filología, este trabajo analiza las construcciones específicas que contribuyen a la formación de la categoría TIEMPO tal y como se encuentran representadas y afianzadas en el texto inglés “The Waste Land”, del autor Thomas Stearns Eliot. Sin embargo, como advertimos anteriormente, necesitamos realizar una revisión panorámica e histórica de cómo se ha concebido este concepto tan complejo desde los inicios de la vida humana. 1.2. Representaciones simbólicas del tiempo A lo largo de la historia de la humanidad, el tiempo ha sido pensado y representado por los pueblos de maneras diversas. Prácticamente todas las civilizaciones han intentado comprender qué es el tiempo de un modo u otro. En opinión de Whitrow (1972: 1), el hombre primitivo ya tenía una cierta consciencia del tiempo. El tiempo se caracterizaba como un elemento discontinuo, es decir, no se contemplaba como una dimensión lineal. Para el hombre primitivo, igual que el espacio podía segmentarse, el tiempo se diseccionaba en “eventos” que ocurrían cíclicamente. Según Lamb (2008), la especie humana necesitó desde sus orígenes parámetros que le sirvieran para discernir el concepto de tiempo, fundamental para la vida cotidiana 20 y para la subsistencia. El homínido cazador se regía por los ciclos migratorios de los animales para obtener la comida. El agricultor-recolector, en su caso, se guiaba de los ciclos estacionales y de los cambios en el “tiempo” atmosférico para garantizar la pervivencia de sus cultivos. El homo se vio obligado a desarrollar una conciencia o reconocimiento de la dimensión temporal. No importaba si el tiempo tenía un comienzo o un fin, ya que lo esencial era conocer los ciclos temporales que regían el entorno para poder así sobrevivir. En los comienzos de la civilización, las calibraciones temporales surgieron por la observación de los astros (Mainzer 2002: 2-5). La cultura babilónica desarrolló un calendario lunar, mientras que en el antiguo Egipto, el calendario era solar. La repetición de los eventos temporales dio lugar a una concepción del tiempo como ciclo (o círculo). En vez de un tiempo único y absoluto, por lo tanto, las primeras culturas prestaron mayor atención a los diferentes “tiempos” (estaciones o épocas) que se sucedían en la historia. Lizcano (1992), por ejemplo, señala que en el imaginario chino, el tiempo (y el espacio) se conciben como una característica interna a los fenómenos de la realidad, hasta el extremo de que cada objeto del mundo busca su lugar en el espacio y su acontecer en el tiempo. Asimismo, Guerra (1992), desde el punto de vista dinámico del paradigma caológico, destaca que existe una multiplicidad de tiempos en vez de un solo tiempo, percibidos como “tiempos encontrados” según describe Prigogine (1988). La visión estática del tiempo en tanto que múltiple subsistió hasta bien entrada la Edad Media. En la cristiandad, por necesidad de dictaminar los momentos de oración, se decretaron las horas canónicas. Los días estaban litúrgicamente divididos en horas canónicas, y cada hora era la señal indicativa de un oficio religioso. 21 Whitrow (1972) comenta que en la cultura precolombina de los mayas cada día se ve como una unidad discreta. Las divisiones del tiempo se representan como una carga portada por un ser divino. Esta carga simboliza los periodos temporales concretos. Al final de cada día, un peón pasaba la carga a otro peón. Sin embargo, nunca se consideró que existiera una “sucesión” o “continuidad” entre un tiempo y otro, sino que más bien se trataba de una sustitución de un punto cronológico por otro. Digamos que no existía una linealidad en el concepto de tiempo. Los eventos se sucedían de manera cíclica en un sistema que podríamos denominar “simple” en una escala de complejidad (Guerra 2001) Los mayas fueron buenos astrónomos y se interesaron expresamente por el concepto de tiempo. Como se vierte en el documental “Do You Know What Time It Is” del físico Cox (2008), los mismos templos simbolizaban las manifestaciones del tiempo, ya que el edificio se entendía como la representación visual del paso del tiempo. En la cultura maya, el discernimiento del tiempo era a partir de los ciclos temporales, regidos por los ritmos diarios y la rotación de los astros celestes. De acuerdo al calendario maya, hay eras o ciclos temporales. De hecho, una profecía maya predijo que el final de un ciclo llegaría el 21 de diciembre de 2012, fecha del solsticio de invierno en el hemisferio norte. Según explica McFarland (2008), muchos entendieron esta fecha apocalípticamente, como si ese día se tratara del fin de los tiempos. Sin embargo, debemos recordar, el “tiempo” maya es cíclico, por lo que el mundo no termina, sino que simplemente pasa a otra era dentro de ese tiempo cíclico. Los antiguos griegos heredaron de los pueblos orientales la concepción circular del tiempo basada en los movimientos astronómicos. De acuerdo con Whitrow (1985: 300), la característica principal de este modelo es que los astros y cuerpos celestiales ni evolucionan ni cambian, sino que simplemente se mueven de posición. Whitrow (1972: 28 las que separamos el tiempo (presente, pasado y futuro) se manifiestan, dependiendo de la lengua en cuestión, a través de morfemas (como es el caso del español) y/o a través de partículas auxiliares (como, por ejemplo, would en inglés). El tiempo (time) se solidifica lingüísticamente como “tiempo verbal” (tense). Aunque, en rasgos generales, el tiempo se divide en tres esferas, cada lengua, a posteriori, categoriza y divide estas esferas en diferentes “tiempos verbales”. En palabras de Whitrow (1985: 303), el hombre ha superado la concepción del tiempo como un “eterno presente”, y ha sido capaz de discernir sobre las subdivisiones del tiempo, que se manifiestan verbalmente en las lenguas del mundo. Además, la conciencia de diferentes tiempos sobrepasa, en muchas ocasiones, a la categorización humana del espacio, lo cual implica que, a veces, podemos matizar muy nítidamente la deixis del tiempo verbal (incluso creando situaciones temporales imaginarias). El paradigma verbal del latín, por ejemplo, distingue varios tiempos (presente, pasado o pretérito y futuro), aunque cada una de estas categorías contiene una variante perfectiva (que indica una acción completada) y otra imperfectiva (que sirve para señalar la duratividad de la acción). Lo cual quiere decir que el verbo ofrece posibilidades de significación muy amplias. En las lenguas románicas, el paradigma latino se ha conservado en gran medida. En otras lenguas no romances, como el inglés, la conjugación verbal prácticamente no existe. Las terminaciones verbales son mínimas y se han reducido a la -s de tercera persona de singular del tiempo presente, -ed para indicar pasado y participio, y, por último, -ing, para el gerundio. No existe ni siquiera una desinencia propia para el futuro, sino que el inglés depende de verbos auxiliares-modales para formar el “tiempo” futuro (will pero también, y a veces, más comúnmente may, might, etc.). 29 En algunas gramáticas, por tradicionalismo, se ha intentado adscribir elementos latinizantes a lenguas carentes de una plena flexión verbal. Por ejemplo, Crystal (2002: 106-107) comenta cómo algunos lingüistas han equiparado el sistema verbal inglés al paradigma latino, insinuando, por ejemplo, que existe un “conditional tense” formado con la partícula modal would. Según Crystal (2002), muchos manuales de enseñanza de inglés a extranjeros aún siguen clasificando los tiempos de esta forma. Como vemos, la modalidad lingüística se produce por las relaciones entre el tiempo verbal (lingüístico) y el tiempo exterior. Aunque ya hemos explicado en páginas anteriores que los griegos, en líneas generales, estaban influenciados por la concepción cíclica del tiempo de las culturas orientales, una de las contribuciones de Aristóteles la encontramos en su novedosa partición del tiempo y formulación de la primera teoría de la modalidad (Mainzer 2002: 11). Aristóteles afirma que el tiempo tiene un carácter bifurcativo. Las relaciones entre los eventos que suceden en el presente podrían construir no sólo uno, sino múltiples posibilidades de futuros “alternativos”, de entre los cuales finalmente uno sería realizado. Por tanto, la teoría de la modalidad, entre otros principios, establece que las categorías del tiempo “externo” presente, pasado y futuro pueden representarse lingüísticamente mediante una casuística de tiempos verbales. Este principio no sólo se aplica al latín o las lenguas neorromanas, sino que es igualmente válido en el resto de las lenguas del mundo. De hecho, en muchas ocasiones, la deixis del tiempo lingüístico no es la que esperaríamos naturalmente. A veces, un presente verbal puede referirse al pasado, como en los usos del presente histórico. O bien, en los casos de cortesía lingüística (Tyler y Evans 2001; Dancygier y Vandelanotte 2009), para expresar metafóricamente un distanciamiento social entre los interlocutores (por ejemplo, en inglés I wondered if you were free this evening). Otro caso análogo es que en inglés el 30 denominado present simple rara vez alude al presente instantáneo, sino que para referirnos al ahora hemos de usar el present continuous o progressive. Guerra (1992), da cuenta de este fenómeno cuando postula a nivel general que “la estructura gramatical de un texto no puede proporcionar las cualidades que normalmente se le asignan porque depende de, y es desecha por el nivel tropológico o figurativo del texto”. En definitiva, estamos de acuerdo con esta figuratividad implícita del sistema conceptual de la temporalidad, es decir, en que no hay una conexión directa o determinista entre el tiempo lingüístico y el tiempo referencial externo que vivimos. Además de lo puramente morfosintáctico o gramatical, el concepto de tiempo también está representado en el plano léxico-semántico del lenguaje. Sin embargo, es un hecho común que el tiempo se construye indirectamente, por vía de un lexicón espacial. Nuestra concepción del tiempo está determinada por palabras o expresiones relativas a otros dominios de la experiencia humana, como el de espacio o distancia, fenómenos más cercanos. Por ejemplo, en el enunciado de lunes a viernes, el hispanohablante “recicla” las preposiciones espaciales para referirse de un intervalo temporal. Existe una proyección de la estructura topológica del espacio hacia el dominio del tiempo. De aquí que digamos, en este trabajo, que la relación espacio/tiempo es eminentemente metafórica. En líneas generales, hablamos de lo que no existe en términos de lo que existe. Estas aparentes incoherencias son un ejemplo de lo que llamaremos, a la luz de la Poética Cognitiva y las Teorías del Caos, “formas informes de sentido” (Guerra 1992: 61, Thom 1972). Estas formas informes son estructuras lingüísticas que producen cierto efecto de extrañamiento lingüístico y/o conceptual, pero que son asimiladas cognitivamente en favor de la construcción de sentido. Por ejemplo, en lo relativo al 31 concepto de tiempo, que caracterizaremos como forma informe de construcción del sentido “duración” a lo largo de este trabajo, Klein (2005) escribe lo siguiente: A ojos de un físico, nuestra conciencia realiza de continuo operaciones imposibles, puesto que hace que coexistan, en torno al instante presente, fragmentos del pasado y del futuro, que el tiempo físico no presenta jamás a un tiempo. Tal como lo percibimos, no puede concebirse el paso del tiempo más que mediante el recurso a este extraño maridaje, que tiene lugar en nuestra conciencia, entre elementos separados según una secuencia, y solidarios, sin embargo, en apariencia. (Klein 2005: 143) Aproximadamente, las formas informes serían como los equivalentes lingüísticos de los “objetos imposibles” (por ejemplo, del artista Escher) en teoría de la percepción (Guerra 2013). Con las formas informes, naturales en todo tipo de comunicación humana, obligamos a nuestro cerebro a procesar cognitivamente y asignar o buscar sentido a una serie de presuntas incoherencias. Aunque sin mencionar la terminología técnica y teórica de las formas informes en Poética y Lingüística (iniciada desde Guerra 1992), el cognitivista Steen (2009) expone cómo en numerosísimas ocasiones, predominantemente por la aparición de expresiones metafóricas, el lenguaje se compone de elementos extraños y formas lingüísticas incongruentes que, pese a amenazar la coherencia del texto, se resuelven fácilmente y de manera inconsciente en el marco de los procesos cognitivos de razonamiento. Esta discordancias lingüísticas, como decimos, no dejan en ningún momento (aunque sea indirectamente) de construir significado y, a menudo, constituyen la única opción para crear un determinado sentido, como demostraría el formalismo 32 ruso en la Teoría Poética. Por ejemplo, resultaría difícil elaborar un discurso sobre concepto AMOR en términos propios sin recurrir a otras experiencias más conocidas y experimentadas motosensorialmente como la del VIAJE (de ahí la metáfora archiconocida en Lingüística Cognitiva EL AMOR ES UN VIAJE, a través de la cual los elementos integrantes del dominio del viaje y del camino se proyectan hacia el dominio conceptual de las relaciones amorosas). O sea, que en ocasiones no hay otra alternativa más que hablar figurativamente. 1.4. La fenomenología del tiempo En este último apartado de nuestro capítulo, analizaremos el tiempo en cuanto fenómeno de la realidad. De manera concreta, consideramos la interfaz entre el tiempo y el espacio ya que ambos fenómenos se encuentran estrechamente conectados y a menudo tal conexión los hace prácticamente interdependientes. El tiempo, como decimos, está muy relacionado con el espacio y las representaciones temporales suelen estar fundamentadas en una base espacial. El paradigma cognitivo con el que trabajaremos en esta tesis da cuenta de esta presunción. En líneas generales, el tiempo se ha considerado abstracto mientras que el espacio, al referirse a nuestra relación con el mundo (que es una estructura tridimensional), se ha pensado como concreto. A simple vista, el espacio resulta ser más “real” puesto que es ontogenéticamente anterior al tiempo y es visible. De aquí podríamos deducir que el tiempo es dependiente del espacio. Sin embargo, si le damos la vuelta a esta frase, la propuesta no parece tan desproporcionada, ya que es inviable percibir una entidad alojada en el espacio a menos que esta dimensión espacial persista temporalmente. 33 Comúnmente se oye hablar de “espacialización del tiempo” para explicar cómo el tiempo está sometido al espacio. No obstante, para Tyler (1995), en ocasiones, lo que se ha presentado en los círculos cognitivistas como espacial se torna primordialmente temporal. Por ejemplo, en las representaciones (metafóricas) del tipo TIME IS A CHANGER (Lakoff y Turner 1989), en las que el tiempo actúa como un agente (personal o no) de cambio y en donde raramente se atisba la componente espacial. O, del mismo modo, las personificaciones del tiempo serían espaciales sólo porque una persona ocupa una zona concreta del todo que llamamos espacio. Incluso la metáfora del tiempo como movimiento nos lleva a un circulo vicioso en cuya raíz está siempre el tiempo. Es verdad que el movimiento se efectúa en un plano espacial por medio de un cambio, pero ¿no es el tiempo un prerrequisito de ese cambio o ese movimiento? Si no existiese el tiempo, no podríamos hablar de cambio ni desplazamiento. Por último, es discutible que las concepciones cíclicas del tiempo se engranen principalmente en el espacio ya que la mismísima noción de periodicidad evoca, de manera más cercana, patrones de índole cronológica y no tanto recurrencias espaciales. En resumen, y a la vista de estos ejemplos, podemos adivinar que aquella presunta espacialización de la que hablábamos se está convirtiendo más bien en una “temporalización” (o “dinamización”) del espacio (Guerra 1992). Sirva esta discusión como primera panorámica de cuestiones estructurales básicamente dinámicas que acentuaremos más adelante en el trabajo. Por ahora, es justo insistir en que esta problemática se debe, en parte, a que ni siquiera está claro qué son esencialmente las dimensiones espacial y temporal. Ante esta problemática encontramos dos posturas opuestas. Para unos, tiempo y espacio son entidades abstractas. Para otros, ambos pueden definirse como elementos concretos. En 34 otras palabras, ¿podrían tiempo y espacio clasificarse como “conceptos” o como “perceptos”? Antes de proseguir, es conveniente dilucidar brevemente la diferencia entre estos dos términos técnicos, puesto que es la base que sustenta la argumentación que sigue en los próximos apartados. Según resumen Evans y Green (2006: 7), existen varias fases o niveles de representación desde lo preconceptual a la verbalización o forma lingüística. Primero encontramos el objeto real en el mundo, que funciona como un estímulo. La segunda etapa consiste en la percepción de dicha realidad (el “percepto”). A partir de este percepto se configura el “concepto”. El concepto es la estructura mental que podemos manejar cognitivamente. En el siguiente paso, se asigna el significado conceptual a una forma lingüística o lexicalización. Parece difícil determinar qué tipo de realidad óntica tienen el tiempo y el espacio (si es que la tienen) en la primera fase inmediatamente anterior a la percepción. Tiempo y espacio son conceptos con los que nuestra mente opera con relativa facilidad, pero es complicado discriminar cómo estos dos fenómenos tienen su correlato en el mundo observable. Pese a que podemos “sentir” el paso de las horas, los días, los años, etc., no hay ningún ente en el mundo exterior que podamos aprehender absolutamente como el Tiempo. El tiempo parece ser el resultado externo de la percepción. Lakoff y Johnson (1999) y Gibson (1975) se inclinan a pensar que el tiempo deriva de la comparación entre eventos. En opinión de Gibson (1975: 300), el tiempo no se puede distinguir perceptivamente. En cambio, sí se pueden diferenciar los eventos, por lo que es este reconocimiento de eventos lo que produce la experiencia (que no esencia) del tiempo: The feeling of now is nevertheless often strongly experienced, and we often speak of the present moment. Whence comes this compelling experience? I suggest it comes from proprioception, that is, from the perception of the body of 35 the observer himself as distinguished from his environment. It comes particulary from locomotion, and very largely from the visual perception of the locomotion of the observer through the environment. (Gibson 1975: 300) Según este psicólogo, reconocemos el momento presente por su relación o proyección desde el dominio de la espacialidad. Lo que configura el tiempo es la percepción de las relaciones entre cuerpo, espacio y movimiento. La experiencia corpórea de la co-locación de un sujeto con el espacio y, posteriormente, la autoconciencia de movimiento en el espacio produce, en parte por vía de la cognición visual, la percepción de las esferas de presente, pasado y futuro. Cada localización o punto en el espacio se mapea al dominio del tiempo (el “atrás” se corresponde con el “antes”, el “aquí” con el “ahora”, y “delante” con “futuro”). En cualquier caso, a nivel neurobiológico, los humanos estamos bioprogramados para sentir y discernir los fenómenos de la duración o la simultaneidad. Este hecho ha sido confirmado no solamente por la investigación neurológica. También la psicología cognitiva ha señalado que el tiempo guarda una relación muy estrecha con la experiencia y la percepción (por ejemplo, en las afirmaciones de Gibson 1975 comentadas arriba). Percibimos el ahora, aunque la esfera del presente de alguna manera integra tanto los esquemas mentales pasados registrados en la memoria a largo plazo cuanto una proyección hacia el futuro, en forma de expectativas y modificaciones actitudinales. Evans (2004) concluye que el tiempo emerge no sólo de la comparación de eventos externos sino también de nuestra experiencia personal y corpórea del mismo. Desde el prisma de la fenomenología, para Merleau-Ponty (1962: 411-412), el tiempo únicamente existe en cuanto relación del sujeto con aquél. El tiempo no se compone 36 intrínsecamente de eventos. Es el observador quien realiza la partición de la temporalidad en términos de eventos. Según este autor, nuestra conciencia es la que forja y construye el tiempo, de lo que se deduce que el tiempo forma parte de nuestra dimensión interior. Las categorizaciones del tiempo en presente, pasado y futuro son producto de nuestra interacción con tan compleja realidad, son particiones que nos permiten operar con las esferas del presente, el pasado y el futuro, aunque el flujo de una esfera a otra se produce por el cambio. El tiempo, entonces, tiene existencia óntica por mi situacionalidad. De hecho, Merleau-Ponty (1962: 420) amplía esta hipótesis relacionista a otros dominios, como el movimiento y el espacio. Para que haya movimiento, son necesarios puntos de referencia desde los cuales o hacia los cuales se desarrolla la direccionalidad. Y en cuanto al espacio, los objetos que el ser humano como individuo percibe tienen una orientación canónica por nuestra relación con aquellos. En lo referente a la dimensión espacial, también es complicado discernir hasta qué punto existe algo llamado espacio. Sabemos que las cosas del mundo están situadas físicamente en eso que conocemos como “espacio”. De hecho, los objetos están separados por una distancia o “espacio” intermedio. Parece existir una cierta circularidad que nos impide vislumbrar cuál es la “realidad” del espacio. Entonces, ¿qué es el espacio? ¿El “hueco” entre los objetos del mundo? Si el espacio es un vacío, entonces no puede tener existencia óntica. Esta conceptualización del espacio como un vacío lleva a Gibson (1975) a afirmar que en absoluto podemos percibir el espacio, así que no existe un espacio abstracto como tal, sino lo que él llama superficies¸ que son el producto de la interfaz entre las sustancias y el medio. Este autor explica que nuestros órganos visuales tienen una serie de restricciones. Por ejemplo, el humano puede percibir el horizonte, pero nunca podrá visualizar más allá de aquél. Del mismo modo, 37 por la ubicación de los ojos en el eje frontal, nos resulta imposible apreciar lo que se encuentra localizado detrás de nosotros (a no ser que giremos el cuerpo, con lo cual perderíamos la percepción de lo que antes estaba delante). Igualmente, los objetos que existen en el mundo son normalmente opacos, por lo que tampoco podríamos percibir ópticamente aquellos objetos que quedan ocultos tras los primeros. Sería entonces dudoso afirmar llanamente que el espacio puede ser percibido. Hay que matizar que no puede ser percibido en su totalidad. En cuanto al dominio de la temporalidad, Gibson (1975) expone que tampoco el tiempo puede existir perceptualmente, y que lo único que somos capaces de percibir son los eventos, el movimiento y el cambio. En su opinión, sería discutible declarar que existe una “percepción del tiempo”. Para Gibson (1975: 299), tanto el tiempo como el espacio se articulan entonces como “conceptos”, aunque no existen en el mundo como “perceptos”: “Time and space are concepts, abstracted from the percepts of events and surfaces. They are not perceived, and they are not prerequisite to perceiving”. Es decir, según este autor, el tiempo y el espacio podrían estructurarse cognitivamente, aunque no perceptivamente. Tiempo y espacio podrían entenderse como “relaciones funcionales” entre estados (Guerra 2009a, Llinás 2003). De acuerdo a la caracterización de Gibson (1975), las realidades que se perciben no son los fenómenos de tiempo y espacio, sino los cambios y movimientos de los objetos que sí existen ontológicamente en el mundo externo. Son estos objetos dinámicos (en movimiento) los que actúan como perceptos, a partir de los cuales construimos una imagen mental que se convierte en sendos conceptos de tiempo y espacio. Como reseñamos anteriormente, hay dos fases que suelen confundirse por la rapidez en los procesos de conceptualización. Según Mandler (1992), por un lado existe la percepción y, en una segunda etapa, la concepción (o, más técnicamente, 44 entramado de las ciencias cognitivas. En este trabajo, una de las áreas en donde nos enmarcamos es la Lingüística, concretamente, la Lingüística Cognitiva. Con respecto a la Psicología, es de ésta de donde proviene el calificativo de “cognitivo”. La cognición tiene que ver con un sistema mental y cerebral, por lo que ha sido tema de estudio prioritario para la psicología (que, etimológicamente, significa “estudio de la mente”). No obstante, hoy en día debemos indicar que el cognitivismo no está limitado exclusivamente a la Psicología, porque no se dedica exclusivamente al análisis del comportamiento humano. Más bien, se centra en investigar el comportamiento de la mente, pero tampoco el cognitivismo analiza de manera mentalista la actividad puramente técnica, procedimental, lógica o matemática del cerebro humano. Según Gibbs (1996), la Lingüística Cognitiva, en particular, viene a añadir el soporte lingüístico para encontrar las relaciones entre la enunciación, la arquitectura de los conceptos en la mente y la experiencia corporeizada de la realidad. La Ciencia Cognitiva, en nuestra opinión, podría definirse como el estudio de las capacidades intelectivas y procesos de raciocinio que autorizan la adquisición, formación y manejo de cualquier tipo de conocimiento. Para lograr tal objetivo, necesita nutrirse de investigaciones procedentes de otras actividades científicas. Como decimos, la ciencia cognitiva actual debe entenderse como una estructura abierta desde un enfoque multidisplinario2, en donde múltiples ciencias contribuyen, cada una desde su seno, a la comprensión del funcionamiento de la mente. El problema es que tendemos a pensar que las disciplinas modernas exploran objetos de estudio nítidamente dibujados, lo cual no deja de ser una ilusión. Por ejemplo, la misma lengua, como objeto de 2 A modo de reflexión, me gustaría justificar el empleo de los adjetivos “multidisciplinario” e “interdisciplinario”. El prefijo interen interdisciplinario implica relación, interacción y contacto. La particular multidenota un entramado o un todo compuesto por varios elementos. Si usamos “interdisciplinario”, deducimos que existen ramas que, a pesar de ser distantes, convergen y están integradas por su objeto de examen. Al utilizar “multidisciplinario”, imaginamos la ciencia cognitiva como un marco único dividido en sub-áreas. Ambas matizaciones son válidas para entender la empresa cognitivista, por lo que usamos los dos calificativos en la argumentación. 45 observación científica, se estudia de modo pragmático desde diferentes especialidades (Fonética, Fonología, Morfología, Sintaxis, Lexicología, Semántica…) que, lejos de ser campos autosuficientes, son interdependientes en sus cuestiones de análisis. 2.2. El dilema metateórico de las Ciencias Cognitivas Una reflexión fundamental inherente a este trabajo toca la cuestión de la metateoría. Esta investigación estudia, a nivel teórico y de manera consciente, procesos que, en sí, son inconscientes. Las Teorías Cognitivas, paradigma donde se encuadra este trabajo, exploran la manera en que pensamos y construimos la realidad. Un problema inevitable como consecuencia de lo anterior, es que, al formular una teoría, se están activando en efecto los mismos mecanismos cognitivos que pretendemos inspeccionar. Este dilema metateórico ha sido advertido por Bernárdez (1995: 99) en su aplicación a los estudios lingüísticos: “[E]l lenguaje, entendido en esta forma, implica que lo que se comunica por medio de los mensajes lingüísticos (los textos) es (en principio) idéntico a los procesos que tienen lugar en el cerebro del productor del mensaje: los procesos, en consecuencia, producen mensajes para informar sobre sí mismos”. Nuestro propósito en esta investigación consiste generalmente en examinar los fenómenos cognitivos activados por el material lingüístico verbalizado en textos. Estos fenómenos se enmarcan en una dinámica de complejidad conceptual, por lo que el esfuerzo debe ser mayor. No olvidemos que cuando teorizamos (generamos una teoría) de cara a explicar nuestro objeto de estudio (la arquitectura de un concepto concreto), operamos mentalmente con una serie de procesos conceptuales. Es decir, el medio por el que hipotetizamos es el mismo fenómeno en el cual estamos indagando. Por este motivo, parece producirse aquí una complicación metateórica, que deberemos ir 46 salvando a lo largo de esta investigación. Aparte de encontrarla en Ciencias Cognitivas, ésta es una paradoja común también en Poética y Lingüística, como notó Jakobson (1985 [1956]) en su artículo “Metalanguage as a linguistic problem”. En Lingüística, tanto el fenómeno de estudio como el medio de explicación del objeto de análisis son el lenguaje y la lengua respectivamente, igual que ocurre en las Teorías Cognitivas (al indagar en los procesos de cognición humana se están simultaneando en la mente del analista mecanismos conceptuales parejos). Por otro lado, la novedad de este estudio cognitivo es que tiene que ver con las dinámicas de construcción conceptual. Es fundamental tener en cuenta con relación a esto último que los procesos de conceptualización son esencialmente dinámicos y no estáticos. Como tales, son sistemas complejos adaptativos (Guerra 1992, 2001; Bernárdez 1995). Esta misma naturaleza dinámica de los procesos conceptualizadores podría dificultar el análisis. En otras palabras, a la hora de describir el diseño cognitivo de un cierto concepto, nos podríamos encontrar con el inconveniente de que pasarán inadvertidas ciertas operaciones de carácter dinámico. La razón de ello es precisamente que nuestra disertación se configura directamente como resultado de estas dinámicas. Esto quiere decir que, en ocasiones, casi de manera imprescindible, habrá que distanciarse de los objetos de estudio, volviendo atrás y prestando atención a las dinámicas que han generado nuestro propio discurso metateórico. Nos proponemos, entonces, estudiar no tanto las estructuras conceptuales, sino los “estructurandos” (structurings) (Guerra 1992, 2001, 2013), es decir, los procesos u operaciones conceptualizadoras que se llevan a cabo “en línea” cuando organizamos cognitivamente los conceptos. El desarrollo de esta investigación permitirá así reubicar viejos conceptos, como la concepción saussuriana del signo. Con la nueva perspectiva que enmarcará el presente trabajo, pasamos del estructuralismo (cuyo fin último es el 47 análisis de la estructura) al cognitivismo (donde lo esencial son los estructurandos). La actual tesis retoma, por lo tanto, las aspiraciones de Guerra (1992: 226): “Es sólo un primer paso a dar pero creemos que con mucho futuro, y en todo caso es otra opción en muchos ámbitos como por ejemplos en el de la crítica literaria: frente a la estructura «estática» núcleo de las distintas tendencias del estructuralismo y del posestructuralismo, este nuevo conocimiento nos otorga la posibilidad de estudiar la estructura «dinámica». A estas últimas estructuras las denominaremos estructurandos”. Asimismo, esta nueva forma de ver el trabajo en Lingüística responde a la consideración de la lengua en cuanto proceso (y no estado), lo cual engancha con la visión caológica de Bernárdez (1995: 92-93) de que “[e]l lenguaje es dinámico y su aspecto estático es meramente secundario. Es un proceso, analizable en procesos, y no un mero estado”. 2.3. La interdisciplinariedad en el paradigma cognitivo El trabajo en cuestión se incluye en el paradigma de las Teorías Cognitivas de Segunda Generación. El denominado “giro cognitivo” (o Primera Revolución Cognitiva) acentuó la importancia del estudio de los fenómenos asociados a la actividad mental humana en respuesta a los modelos de aprendizaje y procesamiento de la información de corte behaviorista (Sinha 2007). Los Estudios Cognitivos del Lenguaje en particular, zona en la que este trabajo se inscribe prioritariamente, recogen la herencia de la primera generación de ciencias 48 cognitivas, lo cual permite una nueva visión de lo que es el lenguaje y las lenguas. La cognición deja de entenderse desde la perspectiva objetivista (Lakoff 1987: 183) como si fuera un acto exclusivamente computacional de manipulación de signos. Al contrario, el significado no es atomísticamente la suma de los símbolos, es decir, que no se desprende directamente de la mecanicidad de una combinatoria de unidades. Bajo este nuevo enfoque cognitivo, se realza la creatividad del símbolo en su interacción con el locutor, ya que el individuo participa experiencialmente (Lakoff 1987) en el acto lingüístico y en la construcción de conceptos e imágenes. Continuando con la definición de lo que es el Cognitivismo a rasgos más generales, podríamos afirmar que las Teorías Cognitivas, a su vez, se insertan en el espacio de las Teorías de la Complejidad (Guerra 2001). Como hemos señalado en secciones anteriores, la teoría cognitiva profundiza en los procesos complejos derivados de las dinámicas conceptuales. En este aspecto se integra dentro de la Teoría del Caos, en el sentido de que se trataría de explicar procesos dinámicos aleatorios que paradójicamente se configuran de manera ordenada (Guerra 1992, 2001, 2004). Podríamos alegar que las Teorías Cognitivas y las Teorías del Caos, sin vincularse ni institucional ni disciplinarmente, convergen en la investigación del mismo objeto: la dinámica de fenómenos naturales complejos. El afianzamiento biológico de las estructuras socioculturales de significado hace de la conceptualización un fenómeno natural humano que existe en tanto y cuanto interactúa con el entorno (Guerra 2006). En cualquier caso, ambas perspectivas se encuadran en el paradigma de las Teorías de la Complejidad. En este trabajo, estudiaremos concretamente la noción de TIEMPO en el contexto de las Teorías Cognitivas del Lenguaje y, por ende, de las Teorías de la Complejidad. 49 El conjunto de las teorías cognitivas se denomina en los círculos científicos Ciencia Cognitiva (o Ciencias Cognitivas). La Ciencia Cognitiva se presenta en este momento como un nuevo paradigma surgido en la década de los 70 en donde confluyen campos que tocan ramas de conocimiento tradicionalmente separadas. La ciencia cognitiva se constituye entonces como categoría superordinada (Guerra 2013) que sirve de punto de engranaje entre las Humanidades y las Ciencias Naturales, al incluir en una misma red de investigación áreas como la neurociencia, la (neuro)psicología (siendo estas dos las más prominentes), la antropología, la filosofía, la poética, la lingüística, la inteligencia artificial, entre otras más distantes como la física o la matemática. De ahí que, en muchas ocasiones, se hable también de Ciencias Cognitivas (en plural), dado el carácter primordialmente interdisciplinar del enfoque. De hecho, es posible que no pudiéramos hablar de ciencias cognitivas si eliminásemos esta perspectiva interdisciplinaria. La proliferación en los últimos años de departamentos universitarios de base interdisciplinar es buena prueba de la validez teórica de las Ciencias Cognitivas (citemos, por ejemplo, el Departamento de Ciencia Cognitiva en la Universidad de California-San Diego o el Instituto Tecnológico de Massachusetts o MIT). Con esta metodología, todas las disciplinas integrantes del paradigma pueden beneficiarse de los resultados de sus ramas hermanas. Anteriormente, cada objeto de estudio era explorado de manera aislada y exclusiva, lo cual impedía a los investigadores enriquecerse con los avances científicos que otras teorías ya habían formulado sobre los mismos temas. La separación clásica entre Ciencias Naturales y Ciencias Humanas se ha debido principalmente a que las Ciencias Naturales han operado con un método claro mientras que las Ciencias Sociales se han centrado con más empeño en el objeto de estudio, considerando irrelevante el factor metodológico (Guerra et al 2009, Guerra 2010). La 50 ventaja del paradigma cognitivo es, en efecto, que hay una convergencia de disciplinas humanísticas (Geisteswissenschaften) y naturales (Naturwissenschaften). Ya en la historia de la ciencia se han iniciado algunos conatos de confluencia, especialmente a partir de teóricos del caos como Prigogine y Stengers (1979) con su título La Nouvelle Alliance (citado en Guerra 1992). Esta conciliación pasó al terreno de la Poética (nuestro espacio) no en términos lingüísticos sino literarios y hermenéuticos con Hayles (1991) en Chaos and Order: Complex Dynamics in Literature and Science. Y al terreno de la Sociología con Balandier (1988) en Le désordre. En Lingüística ha sido más desarrollada la Teoría de Catástrofes por autores como Thom (1972), Petitot (1985), Østergaard (1997), López García (1989) o Bernárdez (1994a). Precisamente las ciencias humanas que más se han desarrollado son la Sociología y la Psicología porque los estudiosos han visto la necesidad de un método. ¿Y por qué urge un método para ambas disciplinas? La respuesta es que la primera estudia la dinámica de las sociedades y la segunda la dinámica del individuo. Vuelve en este punto la referencia a la dinámica “en vivo”, a aquellos elementos “en marcha”. Pero hay que hacer hincapié en que la lengua (o mejor, las expresiones lingüísticas) también son producto de dinámicas (conceptuales, en este caso), así que no es de extrañar que necesitemos de un método para analizar tan complejo objeto de estudio. Se hace cada vez más lógica esta recategorización de la Lingüística. De hecho, la Lingüística Cognitiva de hoy se encuentra cada vez más en la línea de lo social (Bernárdez 2005, 2007, 2008) y de los estudios psicológicos (Sinha 2007). La instauración de métodos y modelos en el ámbito de los estudios lingüísticos surgió especialmente a partir del generativismo, del cual proceden originalmente las actuales teorías cognitivas. El generativismo chomskiano fue pionero en dotar a la Lingüística de un status científico, por lo que en su momento era necesario traer 51 principios, métodos y modelos para describir esta nueva ciencia, como explica Bernárdez (1995: 18): “La «cientifización» de la lingüística llevó aparejado, como es sabido, el desarrollo de modelos formales explicativos del lenguaje, modelos de base inevitablemente lógica y matemática”. La Ciencia, por consiguiente, se definiría como la formalización del estudio de un objeto de cualquier índole (simple o complejo), es decir, que la ciencia es el cuerpo de abstracción máximo válido para entender los fenómenos de la naturaleza (Bernárdez 1995: 51). Por esta razón, la palabra clave es “método” o también “modelo(s)”. En fin, vamos a transportar un método de construcción sociocultural de base biológica invidual a las Ciencias Humanas, lo cual comporta la unión lógica de las Ciencias Sociales y las Ciencias Naturales. El nuevo paradigma cognitiva impulsa aquí la nueva alianza entre las dos culturas por la que apostaron Prigogine y Stengers (1979) hace medio siglo y por la que hoy trabajan centros de investigación en el panoranama internacional. Una alianza aún hoy no aceptada en todos los ámbitos de las ciencias del conocimiento, en opinión de Bernárdez (1995: 54): “[…] parece que la aproximación de la lingüística […] a las ciencias naturales, y más concretamente a los métodos de las ciencias físicas, chocó con una idea de «humanismo lingüístico» que impedía cualquier roce con «las ciencias»”. 2.4. La Poética como disciplina abarcadora Llegados a este punto y una vez aceptada la imperiosa necesidad de método, traigamos a colación el objeto de estudio. Las ciencias cognitivas están interesadas en la naturaleza misma de la mente humana, es decir, en el análisis y explicación de fenómenos tales como la cognición (de ahí el calificativo de ciencia “cognitiva”), la 52 percepción, el razonamiento, el aprendizaje, el procesamiento lingüístico, etc. El presente trabajo concierne a este último aspecto de la cognición humana, y se enmarca en una subdisciplina del paradigma científico-cognitivo, la Poética Cognitiva o, más concretamente, la Poética Sociocognitiva, ya que consideraremos en gran medida el componente sociocultural. La Poética, que está entre las más complejas aproximaciones constructivistas al conocimiento en la historia de las Humanidades, permitirá descubrir los intricados procesos de conceptualización, es decir, las sofisticadas dinámicas de construcción de conocimiento del mundo y la conformación de categorías y conceptos. Nosotros centramos aquí nuestra atención en las formas informes (estructuras autoorganizativas de orden irregular) y en la autoorganización en sí misma (como proceso evolutivo de base biocultural), lo cual delimita una dinámica que se ha definido en caología como “caos determinista” (Guerra 1992, 2013). Dentro de la Poética Sociocognitiva, entendida por tanto como disciplina abarcadora, nos interesa la Lingüística Cognitiva, pues consideramos que ésta proporciona los recursos técnicos modelizadores para estudiar los mecanismos de representación de significado, partiendo desde el nivel lingüístico hacia las estructuras conceptuales que guiarán nuestro estudio de los “estructurandos” cognitivos del tiempo en el corpus. Esta interdependencia entre lo poético y lo lingüístico no es totalmente nueva y, de hecho, la Poética tradicional siempre ha estado muy cerca de disciplinas humanísticas como la Filosofía y la Lingüística. La prestigiosa asociación PALA (Poetics and Linguistics Association) o el Formalismo Ruso dan buena cuenta de esta situación. Ruiz de Mendoza (1997) y Cuenca y Hilferty (1999) escriben que la Lingüística Cognitiva nace a partir de una desmembración del grupo teórico de Chomsky. Los padres fundadores de esta corriente lingüística, George Lakoff, Charles Fillmore y 53 Ronald Langacker fueron en su día discípulos de Chomsky. Sin embargo, ya desde un primer momento, estos investigadores se posicionaron muy claramente en la Semántica Generativa, muy en especial Lakoff, cuyos títulos antes de la aparición de la Lingüística Cognitiva solían incluir referencias al incipiente generativismo semántico, por ejemplo, “Toward Generative Semantics” (Lakoff 1971) y “On Generative Semantics” (1976 [1963]). El enfoque cognitivo en la Lingüística aparece como una respuesta a los postulados de Chomsky en relación a la mente y el lenguaje. El modelo generativotransformacional de Chomsky proponía la existencia de un módulo cognitivo especializado en el lenguaje. Para los generativistas, este módulo mental, consistente en reglas formales abstractas que carecían de conexión alguna con el significado, era autónomo y totalmente diferenciado de otras destrezas cognitivas necesarias para la realización de otras tareas no lingüísticas. El cognitivismo ha cancelado toda posibilidad de autonomismo lingüístico. El lenguaje es obviamente un instrumento para expresar ideas, pero la novedad es que éste se concibe como habilidad cognitiva que interactúa con los demás procesos de raciocinio, principio básico que recopilan al comienzo de su libro Croft y Cruse (2004: 2): The first hypothesis is that language is not an autonomous cognitive faculty. The basic corollaries of this hypothesis are that the representation of linguistic knowledge is essentially the same as the representation of other conceptual structures, and that the processes in which that knowledge is used are not fundamentally different from cognitive abilities that human beings use outside the domain of language. Croft y Cruse (2004: 2) 60 composicionalidad es algo sensato en los estudios lingüísticos, puesto que con un número limitado de símbolos podemos construir un gran abanico de potenciales significados. La misma Encyclopedia of the Cognitives Sciences valora esta necesidad en su entrada para el término compositionality (Krifka 2001: 152): “In some form, compositionality is a virtually necessary principle, given the fact that natural languages can express an infinity of meanings and can be learned by humans with finite resources”. Sin embargo, el peligro de este postulado está en su variante “fuerte”, como el mismo autor advierte: “In its strict version, this claim is clearly wrong, and defenders of compositionality have to account for the context sensitivity of intepretation in one way or other” (Krifka 2001: 152). El problema de la Semántica clásica es que comulga con la versión rígida de la composicionalidad. Aplicado en sentido riguroso, las Teorías Cognitivas no pueden aceptar el principio de composicionalidad4, porque se refutaría el aspecto innovador y creativo de los procesos de conceptualización. Para los estudios lingüísticos tradicionales, sólo la Pragmática podía entonces explicar aquel significado “extra” y emergente que no reproduce ni mantiene los sentidos particulares de las palabras. En ciencia cognitiva, la semántica y la pragmática se encuentran en el mismo eje, pues ambas tienen que ver con la construcción de significados, sean estos convencionalizados o derivados del discurso en marcha. Ya algunos autores previos al cognitivismo habían insistido en que a veces no es necesario separar lo semántico y atribuible al significado canónico de las palabras frente a lo pragmático y nacido del lenguaje en uso. En Lingüística del Texto, Bernárdez (1995) por ejemplo cita y se suma a Itkonen (1983: 51) en este sentido, que afirma que “no parece tener sentido el distinguir en forma semejante entre el significado «abstracto» de 4 No debemos confundir la composicionalidad con la “composición” de la Teoría de Integración Conceptual (Fauconnier y Turner 2002). En esta teoría, la composición es uno de los procesos que permiten la yuxtaposición y consiguiente proyección de elementos de un espacio mental a otro. 61 un discurso y su enunciación «concreta», porque en principio los discursos siempre se enuncian”. En esta tesis, por lo tanto, reinterpretaremos cognitivamente la noción de composicionalidad, en la línea de Lakoff (1987: 465): “the meaning of the whole construction is motivated by the meanings of the parts, but is not computable from them”. En el presente trabajo, reconoceremos las emergencias de significado derivadas de los atributos conceptuales identificables en el léxico del TIEMPO para poder así manejar un modelo cognitivamente adecuado y metodológicamente preciso. Trabajaremos los significados formados creativamente y rentabilizados en las lexicalizaciones temporales del corpus. Las aproximaciones tradicionales a la semántica se han visto enclaustradas en el denominado “mito del objetivismo” (Lakoff y Johnson 1980: 199). Los semantistas clásicos han heredado la polaridad forma/significado del estructuralismo y siempre han intentando perfilar el referente objetivo de los significantes. Si aplicamos esta concepción a la temporalidad, tema de estudio de esta tesis, es muy difícil percibir el “significado” del TIEMPO sólo a partir de los ítems léxicos, porque el tiempo, en la línea fenomenológica y filosófica de Bergson a principios del siglo XX, no tiene una referencia objetiva física en el mundo exterior (el tiempo es más una experiencia que se vive en abstracto y no algo que digamos puede ser identificable objetivísticamente). Transcribamos el cuestionamiento de Lakoff (1987: 318), que nos puede ayudar a comprender esta nueva empresa del significado: “Are concepts disembodied abstractions? Or do they exist only by virtue of being embodied in a being who uses them in thinking?” En términos objetivistas, todos los significados posibles serían canónicos, estarían totalmente “descorporeizados” (disembodied) de cualquier hablante y serían ajenos a la cognición humana. Las palabras encerrarían (objetivamente) un 62 significado literal, por lo que no cabría lugar para las extensiones conceptuales figurativas y creativas (metafóricas, metonímicas, imaginísticas) del significado. Lo que equivale a decir que el significado discursivo, contextualizado, basado analógicamente en otros conceptos, aquel significado que es nuevo, creativo, emergente, no calibrable en términos de verdadero/falso, real/ficticio, traspasaría con mucho el horizonte objetivista. El paradigma cognitivo, en este sentido, viene a aportar una nueva perspectiva al lenguaje. El significado, desde un prisma cognitivista, no es independiente del uso (Lakoff y Johnson 1980: 201). En efecto, se actualiza en el mismo discurso. Las palabras no son “contenedores” llenos de significado. Por supuesto, aquellas contienen algo de información básica, pero muchos significados emergen de manera eficaz en la conversación humana. Saeed (1997) pone el ejemplo del pronombre he en inglés. Como unidad léxica, tiene un significado convencionalizado (semántico) ‘male entity referred to by the speaker, not the speaker and not the interlocutor’. Sin embargo, el significado real y situado contextualmente (pragmáticamente) del pronombre se construye online, en el discurso en marcha, que permitirá trazar su referente en el mundo externo. El mismo Saeed (1997), aunque en sus ejemplos dispone una separación, se percata de que, stricto sensu, es difícil desgajar lo pragmático de lo semántico, lo cual engarza con la propuesta de la Lingüística Cognitiva: The semantics/pragmatics distinction seems then to be a useful one. The problems with it emerge when we get down to detail: precisely which phenomena are semantic and which pragmatic? [...] [M]uch of meaning seems to depend on context: it is often difficult, for example, to identify a meaning for a word that does not depend on the context of its use. (Saeed 1997: 18) 63 De aquí se desprende que el significado siempre está localizado y situado en un contexto comunicativo específico (Zlatev 2002), por lo que la información pragmática (que nosotros etiquetamos como semántica en el sentido amplio del término) encauzaría las dinámicas distribuidas (Hutchins 1995) y sinérgicas (Bernárdez 2007) de construcción de significado. Es decir, las palabras dejan de ser meros recipientes de información y, en la óptica cognitivista, parecen tener potencial suficiente para generar gran cantidad de conocimiento contextual. Dicho de otro modo, las formas lingüísticas (en nuestro caso, las referidas al concepto de temporalidad) son capaces de propulsar múltiples construcciones conceptuales. Lo cual quiere decir que las palabras no portan significado per se, aunque intuitivamente, por nuestra misma percepción de la rapidez con que se efectúa la construcción de significado, creamos que se asigna un significado concreto a cada palabra. Como prefiguraron Lakoff y Johnson (1980: 11), esta forma de concebir las palabras se debe a una metáfora presente en la metateoría, en el lenguaje de la Lingüística: “[T]he LINGUISTIC EXPRESSIONS ARE CONTAINERS FOR MEANINGS aspect of the metaphor entails that words and sentences have meanings in themselves, independent of any context or speaker”. La Semántica Cognitiva no diferencia entre etapas puramente semánticas y puramente pragmáticas. De hecho, Fauconnier (1997: 5) critica que en Lingüística y Filosofía siempre se ha intentado aislar la Semántica de la Pragmática, estudiando así los significados como desalojados de su situación comunicativa. A esta visión se suma Marmaridou (2000: 26), quien reivindica que “this neat compartmentalization of meaning into these two levels (semantic and pragmatic) cannot always be maintained”. En Semántica Cognitiva, las técnicas de conceptuación que entran en funcionamiento 64 son las mismas a la hora de elaborar contenidos semánticos, pragmáticos e incluso significados más complejos (Fauconnier 1997: 5). Concretamente en el marco de esta propuesta, podemos argüir que el TIEMPO, en una teoría semántica tradicional, sería algo incognoscible, pues objetivamente el tiempo no puede autorreferirse lingüísticamente por sus propios medios ni tampoco tiene un referente en el mundo observable externo (como explica Evans 2004: 4 en torno al problema metafísico del tiempo). Para la Lingüística Cognitiva, en cambio, el TIEMPO, fenómeno y concepto de alta complejidad puede ser cognoscible y analizado en su organización cognitiva, poética y lingüística. Nos interesa el lenguaje en uso, es decir, lo que significan los hablantes cuando utilizan ciertas palabras y ciertas oraciones en un lenguaje en uso situado, y cómo los destinatarios aprehenden este significado. La gran contribución de los estudios cognitivos a las ciencias del lenguaje es, por tanto, enseñar la problematicidad del concepto de significado, que ahora puede estudiarse en (Léxico-)Semántica Cognitiva en tanto y cuanto entra en correlación con la lengua, la cognición y la comunicación. Siguiendo a Fauconnier (1997), el posible beneficio del cognitivismo tiene que ver con una mayor conciencia de que la lengua es un espejo de lo que está invisible en el nivel prelingüístico y conceptual. 2.5. La Poética en contraste con la Hermenéutica Asumiendo la historia de la Poética tradicional (Dolezel 1997), nos gustaría incidir en por qué hemos colocado a la Poética Cognitiva en la Figura 1 directamente entre Ciencia Cognitiva y Lingüística Cognitiva. Hasta la fecha, Poética se ha entendido como sinónimo de Estudios Literarios (o Estudios Literarios Cognitivos, en el mejor de los casos) (Emmott 1997; Crane y Richardson 1999; Semino y Culpeper 2002; Freeman 65 2006, 2007). No obstante, para discutir nuestra (re)definición de Poética, debemos situarnos en la línea epistemológica de Roman Jakobson, uno de cuyos títulos más significativos es precisamente Linguistics and Poetics (Jakobson 1960). La obra de Jakobson, que citaremos a menudo en este apartado por su compatibilidad con nuestra argumentación, viene, de forma bastante innovadora y casi por primera vez, a acentuar los nexos entre Poética, Lingüística y Estudios Literarios: I have been asked for summary remarks about poetics in its relation to linguistics. Poetics deals primarily with the question, What makes a verbal message a work of art? Because the main subject of poetics is the differentia specifica of verbal art in relation to other arts and in relation to other kinds of verbal behavior, poetics is entitled to the leading place in literary studies. Poetics deals with problems of verbal structure, just as the analysis of painting is concerned with pictorial structure. Since linguistics is the global science of verbal structure, poetics may be regarded as an integral part of linguistics. (Jakobson 1960) Nosotros entendemos “poética” etimológicamente, sinérgicamente en su historicidad, y no necesariamente como sinónimo de Estudios Literarios (Guerra et al 2009, Guerra 2010). En griego, poiesis significaba “creación, fabricación”, por lo que la “acción” (o el “hacer”) cobra máxima importancia. Mediante la lengua, los hablantes tienen la capacidad de “hacer” cosas, esto es, de “hacer sentido”, de producir significados mientras realizan la función de comunicarse (Guerra 2013). El término “poética” guarda una relación también con el constructo teórico “enacción” (enaction) de Varela et al (1991). La enacción en ciencia cognitiva se extiende principalmente a los 66 mecanismos de organización de significado y de conocimiento del mundo. La enacción es todo conocimiento procedente de la acción, en este caso, acción conceptual u operaciones perceptivo-cognitivas previas a la representación5 lingüística. Un equivalente terminológico de “poética” sería quizás “poiética”, que recoge la idea del “hacer” y se acerca más al significado griego original de “creación”. Del mismo modo, el uso de “poiética” anula la confusión de la nueva poética con la Poética tradicional, esta última dedicada al análisis de textos literarios (Freeman 2006). No obstante, preferimos “poética” por consonancia con otros autores del paradigma cognitivo que se han decantado desde los orígenes de la Teoría Cognitiva por esta denominación (por ejemplo, Cognitive Poetics de Reuven Tsur (1983), que acuñó por primera vez el nombre y que ha ido perfilándolo desde hace décadas hasta publicar en 2008 la versión revisada de su trabajo de 1992 Towards a Theory of Cognitive Poetics). Respetamos la elección del término poética también por uniformidad con otros autores que han ido consolidando esta denominación, por ejemplo, Lakoff y Turner (1989) y Turner (1996). El impacto de la poética también se ha comprobado a través de publicaciones como Cognitive Poetics: An Introduction (Stockwell 2002) y Cognitive Poetics In Practice (Gavins y Steen 2003), que, de hecho, incluyen el término en sus títulos. Por consiguiente, quizá exceptuando a Tsur, que ha trabajado en Poética desde antes del nacimiento del cognitivismo lingüístico (usando entonces técnicas diferentes pero llegando a los mismos resultados según detallan Gavins y Steen 2003), en líneas generales, la Poética Cognitiva comparte la metodología y los modelos con la Lingüística Cognitiva. Entre estos aspectos encontramos la energía integradora del paradigma, que rompe con las separaciones entre significado léxico y enciclopédico, 5 En narratología poética modernista, de acuerdo con Guerra (comunicación personal), más que representación, se habla de presentación, ya que el conocimiento del mundo se presenta y se organiza online en aras de la construcción de significado. 67 Semántica y Pragmática, Lengua y Literatura (Freeman 2006), etc. Del cognitivismo lingüístico la Poética importa también no sólo la teoría de la metáfora conceptual sino los principios de categorización, prototipicidad, esquemas de conocimiento e integración conceptual, y cualquier tipo de interacción tal y como se mapean en las dinámicas cognitivas de construcción de significado y conocimiento del mundo. La Poética Sociocognitiva, que incluye el estudio específico del ingrediente social de la cognición, puede definirse como la dinámica de sistemas interactivos de construcción de significados (y, en último término, de construcción de conocimiento del mundo, como hemos ido exponiendo hasta ahora) (Guerra 2010: 17). Aunque esta definición ampliada no está oficializada, añadimos este comentario porque en Poética y Lingüística Cognitivas, podemos estudiar dos aspectos a nivel metodológico. Por un lado, el significado construido, es decir, la estructura conceptual resultante de las dinámicas conceptuales. Por el otro lado, tenemos los procesos constructores de conocimiento del mundo (es decir, la conceptualización). Estos procesos, que recordamos son dinámicos en el sentido técnico de las Teorías de la Complejdad sobre fenómenos evolutivos (Guerra 1992), son objeto fundamental de estudio de la Poética Cognitiva, mientras que el significado es connatural a la investigación en materia semántica y lingüística, lo cual autoriza nuestro complemento a la definición de Poética. Esta reflexión se asemeja a la declaración de que la Poética Cognitiva “focuses on processes, not product” (Freeman 2002). Por eso, como anunciábamos más atrás en este trabajo, tiene sentido hablar de “estructurandos” como alternativa a “estructuras” (Guerra 1992: 374; 2001). Ahora bien, la Poética está en contraste con la Hermenéutica, que es, según Ricœur (1965), “la théorie des règles qui président à une exégèse, c’est-à-dire à l’interprétation d’un texte singulier ou d’un ensemble de signes susceptible d’être 68 considéré comme un texte”, por poner un ejemplo de definición. La hermenéutica se ha preocupado por establecer las líneas guía de lectura e interpretación de textos, arrinconando toda suerte de mecanismos que previamente han suscitado la construcción de sentido. Con mucha razón reclama Ferraris (2000) en su Historia de la hermenéutica que el origen etimológico de la palabra “hermenéutica” tiene que ver más con el hecho de ‘transmitir un recado’ que con ‘interpretar algo’. En mitología clásica Hermes era el mensajero de los dioses. No obstante, incluso esta concepción inicial de hermenéutica lo que busca es traer “el” significado, o sea, transportar el significado autoritativo por excelencia estipulado por el locutor del mensaje. En resumen, el problema de la hermenéutica es su excesivo empeño por imponer la lectura correcta y unívoca del texto, algo válido para proteger la autoridad de los textos bíblicos y códigos legislativos (para lo que sirvió la hermenéutica originariamente), pero un enfoque poco viable para el texto altamente creativo, abierto como el artístico. La Poética debería ir más allá de lo meramente interpretacional hasta alcanzar la construcción de conocimiento del mundo, tal como reivindica Freeman (2006: 406): “[C]ognitive poetics includes not just interpretation from the reader’s perspective, but creativity and cultural-historical knowledge of the writer too”. Para nosotros aquí, entra en juego cualquier tipo de entorno físico y no físico con el que el texto interactúa (contexto y co-texto). El teórico Jonathan Culler (1997: 61) declara que la poética “starts with attested meanings or effects and asks how they are achieved”. El “cómo” (y no el “qué”) es lo que se vuelve prioritario. Recordemos que Jakobson (1960) fijaba como eje de la Poética el interrogante “What makes a verbal message a work of art?”. Principalmente, la diferencia entre los enfoques hermenéutico y poético radica en la pregunta de partida (Guerra et al 2009). Mientras que la hermenéutica se interesa por la pregunta ¿qué 69 significa este texto?, en poética la clave es ¿cuáles son los mecanismos que posibilitan que este texto signifique algo? (Guerra 1998, Guerra et al 2009) o, más brevemente, ¿cómo significa este texto? Retomando lo anterior, la distinción fundamental está en el “qué” frente al “cómo”. A simple vista, ¿qué significa este texto? busca el objeto semántico último, mientras que ¿cómo significa este texto? pretende iluminar los mecanismos internos orientados a la construcción de sentido. En esta línea, Dancygier y Vandelanotte (2009: 379) entienden que una de las prioridades de la poética (cognitiva) es la búsqueda de interrelaciones entre la forma (es decir, lo lingüístico) y el significado (lo conceptual) desde las dinámicas prelingüísticas y preconceptuales. Puesto que nuestro análisis en esta investigación concierne a la noción de TIEMPO desde el nivel lexemático, nos proponemos acercarnos a la conceptualización a partir de las lexicalizaciones específicas del concepto de TIEMPO. En efecto, los significados no proceden de la mera unión entre los símbolos lingüísticos y sus referentes (si es que tienen uno) en el mundo real. Con la aplicación de la perspectiva cognitiva (que trasciende la visión composicional clásica hasta incorporar sujeto y contexto en el proceso de construcción de significado), partimos de la hipótesis de que la conceptualización no sólo debería derivarse de las palabras, sintagmas u operadores, sino que los procesos conceptualizadores podrían forjar significados totalmente nuevos. Estudiaremos los mecanismos que incrementan la significación, es decir, que permiten las posibilidades de significados tal y como aparecen reflejados en el material lingüístico-textual de que disponemos. Todos los investigadores cognitivos que estudian lengua han buscado explicar estas estructuras nuevas de significado no desgajables de lo puramente compositivo. Este significado nuevo ha sido abordado en las distintas teorías cognitivas con diferentes denominaciones, por ejemplo, el significado “emergente” del que hablan 76 CAPÍTULO 3: EL PARADIGMA DE LA COMPLEJIDAD Y SU COMPATIBILIDAD CON LOS ESTUDIOS COGNITIVOS Desde el capítulo anterior, informábamos de que este trabajo se alberga en el marco de las Teorías de la Complejidad y de que, en concreto, procuraremos establecer lazos entre estas teorías y el paradigma cognitivista, como ya han sugerido, entre otros autores, López García (1980), Guerra (1992), Bernárdez (1994a, 1995) o Romano (2001), quienes han trabajado las distintas vertientes teóricas de la complejidad (estructuras disipativas de Prigogine 1984, teorías de catástrofes de Thom 1972, etc.). Muchos de los principios básicos de las ciencias de lo complejo encuentran su correlato en conceptos propuestos en el seno del cognitivismo, por ejemplo, en Guerra (2001) pero también desde Hayles (1991) hasta los actuales desarrollos, en particular en el marco de la SLSA (Society for Literature, Science, and the Arts). En este capítulo, nos proponemos describir aquellos puntos de vista procedentes de las Teorías del Caos que pudieran aplicarse en un estudio cognitivo del lenguaje y de los conceptos construidos por vía de aquel. En la historia de las Ciencias Lingüísticas, los hechos de lenguaje han sido abordados desde las Teorías de la Complejidad de manera muy dispersa. Por eso no podemos hablar de una “Lingüística Caótica” ni de “Lingüística de la Complejidad” como ramas consolidadas de las ciencias del lenguaje. Bernárdez (1994a) y Romano (2001), por su parte, sí hablan de “Lingüística Catastrofista”, aunque sólo como etiqueta ad hoc que no ha sido institucionalizada. En cambio, “Poética de la Complejidad” aparece ya desde principios del siglo XX categorizada de modo genérico como en Modernist Poetics of Complexity, prefigurando (en las Humanidades tradicionales) lo 77 que un siglo después correlaciona Poetics of Complexity desde un punto de vista sistémico. Guerra (1992: 322), por ejemplo, cataloga a Eliot como “uno de los primeros poetas de la complejidad”. El pionero en importar modelos caóticos en los estudios del lenguaje fue René Thom (1972), en Francia. Después de éste, su discípulo Petitot (1985, 1989...), quien se ocupó de trazar vínculos entre los actos de percepción y categorización de la realidad y su reflejo lingüístico. En Alemania, Wildgen (1981a, 1981b, 1982 y publicaciones sucesivas), por su parte, funda la “Semántica Catastrofista”, que recupera las propuestas de Thom reevaluándolas desde una lectura semántica. En Dinamarca, conviene destacar a los semióticos cognitivos Brandt (1989, 1992) y Østergaard (1997) que, aunando caos y cognitivismo, estudian las morfodinámicas del significado desde sus primeros trabajos. Es preciso también mencionar a Hayles (1991), en Estados Unidos, que ha unido las líneas de lo complejo, lo narratológico y lo científico-tecnológico, justificando lo cognitivo en su aplicación a la literatura. Por último, en España, los autores que han bebido de las aportaciones de la tendencia catastrofista son, especialmente, López García (1989), Bernárdez (1994a, 1994b, 1995, 1996, 1997, etc.), Marín-Arrese (1999) y Romano (1994), la mayoría de ellos, como Brandt, investigadores que trabajan paralelamente en el paradigma cognitivista, por lo que queda patente la convergencia de ambos enfoques, que hasta el momento se ha estudiado en exclusiva en Europa. Por su parte, Guerra (1992) se basa en las estructuras disipativas de Ilya Prigogine (1984), aproximación que estará más cerca de nuestra concepción central de la lengua y los textos con mayor grado de 78 complejidad (por ejemplo, los vanguardistas como “The Waste Land”) considerándolos sistemas autoorganizativos. Resumiendo, la Teoría del Caos se basa en fenómenos o sistemas con las siguientes características: son complejos, no lineales, caóticos, dinámicos, difusos, abiertos y sensibles a las condiciones iniciales. La Lingüística y la Poética (Cognitivas) que nosotros hacemos6 presumen que todos estos rasgos se podrían aplicar a la organización del lenguaje (Bernárdez 1995, Romano 2001, Beckner et al 2009). La discusión que comenzamos ahora intenta desglosar esta caracterización del lenguaje como sistema caológico. 3.1. La sensibilidad del lenguaje a las condiciones iniciales Desde el punto de vista cognitivo, la expresión lingüística de determinadas imágenes mentales responde a parámetros de conceptualización a partir de la experiencia corporeizada del individuo en su entorno, algo de lo que sólo hemos sido conscientes en los últimos siglos. Por ejemplo, como explica Guerra (en su docencia universitaria en Filología Inglesa), hasta el siglo XVI, las entidades abstractas se conceptualizan y se representan fuera de la experiencia real. Los conceptos y su expresión material por vía lingüística se presentan de forma idealizada en obras como Utopía de Tomás Moro o la República de Platón. Cuando acaba el Medievo, todo tiene que ver con el orden: el orden lingüístico, el orden en la monarquía, el orden jerárquico social, etcétera. La experiencia enactivada (Varela et al 1991) de la realidad humana (individual y/o colectiva) sólo empieza a verbalizarse a partir de los autores del siglo XVIII que 6 A veces a lo largo del trabajo, el lector encontrará la mención “enfoque caótico-cognitivo”, aunque sin ninguna intención de oficializar una corriente, ya que, por ahora, a nosotros nos interesa esta perspectiva en cuanto yuxtaposición y cooperación de lo cognitivo y lo caológico. 79 convergen en el empiricista británico John Locke, en especial, tal y como se constata en An Essay Concerning Human Understanding (1690). Este filósofo, como médico que también fue, “disecciona” la mente humana, construye lo que el humano es ontológicamente y emplea, por primera vez, la palabra “conciencia”, del latín conscientia, ‘conocimiento-con’, es decir, conocimiento “compartido con” y divulgado a los demás por vía de su incrustación en el texto, en la lengua. Locke visualiza el lenguaje como un deíctico de las conceptualizaciones internas y de las ideas que se encuentran albergadas en la psique humana. A partir de entonces entramos en una nueva época, gracias a que los prosistas se atreven a materializar en el texto y en la lengua la expresión del yo interior, del yo corporeizado de la experiencia humana de percepción y cognición real del mundo. Esta experiencia psicológica, en términos de caos, se configura como una “forma informe de sentido” (Guerra 1992, 2013). Pero ¿cómo es posible que haya sentido sin formas?, cuestión que se plantea Lvóvskaya (1997) y que aborda Lema (2009: 226). Una respuesta preliminar es que la lengua es una actividad de base biológica y consiste en un medio que tenemos para conocer. La vivencia personal de las experiencias (su corporeización) aparece manifestada en el lenguaje, como canal de exteriorización de las emociones. El hecho de que el lenguaje pueda actuar como sistema caótico no conlleva una anarquía en su organización. Existen reglas en el lenguaje y en las lenguas y, como hemos anotado, se produce significado (y sentido), aunque por la naturaleza del contexto previo del hablante, el uso de una u otra formación lingüística y conceptual dependerá de la realidad a presentar. El uso inapropiado (pero querido) de determinadas estructuras lingüísticas constituiría, en última instancia y casi icónicamente, la complejidad de las experiencias que el hablante desea comunicar. 80 En referencia al texto, Bernárdez (1995: 134) expone cómo las condiciones iniciales (llámense para nosotros contexto, situación, co-texto…) dan lugar a diferentes estructuras: “Lo cierto es, pues, que no habrá dos textos iguales porque no hay dos contextos exactamente iguales. Una variación (incluso mínima) en el contexto tendrá como consecuencia textos (superficiales) muy diferentes. Es el fenómeno que hemos visto en las ciencias «del caos» como sensibilidad a las condiciones iniciales”. El lenguaje, desde esta perspectiva, responde a una serie de “condiciones iniciales”, es decir, la manera de expresar lingüísticamente la experiencia varía (es sensible) según la naturaleza de aquel reconocimiento del ser. Locke (1690) es revolucionario por excelencia en este sentido, porque lo primordial para él no es el qué sino el cómo construimos el mundo. Se descubre que los significados se pueden construir analógicamente y son deícticos de la realidad interna del individuo. La lengua, por tanto deja de ser un instrumento para transmitir información, pues no es lo mismo información que significado, como revela Guerra (2010: 17): In my view, the main error in Literary Studies (also connected to the body/mind Descartes’ error as stated in Damasio (1994)) has been so far the mistaking of meaning as information consequently turning what is a highly complex open adaptative human phenomenon (the dynamic text) made up essentially of affordances and emergencies of meaning, into a closed system made up of engrossed information as if the artful text were a sort of ideological and emoticonic computer. The main turn in Cognitive Theories of language that will contribute advances to Literary Studies from Cognitive Poetics is that they study meaning 81 construction and knowledge of the world construction and not just slanting (positively entropic) information construction. (Guerra 2010: 17) En la misma línea, Bernárdez (1995) hace hincapié en esta separación cuando afirma lo siguiente: En la comunicación lingüística, el proceso se complica porque no existe un solo proceso de transmisión de información: tenemos la transmisión de los «contenidos mentales» […] a forma lingüística, a continuación la transmisión de los elementos lingüísticos, y la «traducción» de los elementos lingüísticos en «contenidos mentales». (Bernárdez 1995: 135) Por ejemplo, un ordenador construye información, pero no significado, al no poder interactuar con el contexto. La lengua humana sí puede crear significado, por medio de “artificios” (Guerra 1993, 2013), artificios que se organizan en interacción entre el productor y el medio conforme a la experiencia del emisor, como afirma Bernárdez (1994a: 188) al decir que “la (percepción de la) realidad es responsable de la estructuración lingüística”. En resumen, las condiciones iniciales de una conceptualización impulsan una serie de “formas informes” (Thom 1972), porque vienen a (re)presentar la realidad experiencial del hablante (Guerra 1992). Aunque en su ensayo Locke (1690) no menciona el aspecto constructivo de las formas informes, por la complejidad y carácter caótico de esta experiencia, el hablante se ve obligado a crear un artificio, producto de una manipulación del elemento lingüístico para acercarse más a la representación. Pero no se trata tanto de buscar el decorum con frases grandilocuentes, sino que la realidad, 82 lo verdaderamente real, está en el individuo, en su comportamiento psicológico. Esta estrategia compositiva de la lengua natural es la que utiliza el cubismo en el arte visual con elaboraciones y compresiones más desfamiliarizadas, en donde se alteran las dimensiones para representar y aproximarse más a la percepción (Guerra 2010, 2013). 3.2. El lenguaje como sistema caótico no-lineal El lenguaje, como vamos aprendiendo en la exposición, se perfila como sistema irregular e impredecible. Digamos que el origen de esta irregularidad en las nuevas teorías cognitivas del lenguaje es el realismo experiencial (Lakoff 1987), aunque el cuestionamiento no es quizá sobre qué es lo real sino sobre cómo se estructura lo real en su elevada complejidad dinámica. Estamos explicando que, en tanto sistema complejo, el lenguaje es abierto por lo que las estructuras lingüísticas, para representar la realidad, son susceptibles de ser modificadas artificiosamente. Esta es la visión de los enfoques caológico-cognitivos, por ejemplo, de Bernárdez (1995: 139): “El estudio lingüístico textual, así como el lingüístico-cognitivo del que aquél formaría parte, representa una aproximación a la «realidad», frente al «lenguaje de laboratorio» de los modelos lingüísticos formales”. Las “realidades” interiores son asemejables a los objetos imposibles que estudian las teorías de la percepción, así que para ser absolutamente reales en el habla, el usuario de una lengua necesita muchas veces romper la gramática (Guerra 2010, 2013). Nos vemos obligados a construir el significado con pura ficción estructural, con fragmentariedad lingüística y conceptual para conseguir la realidad. Esta figuratividad del lenguaje se encuentra formulada en Lingüística Cognitiva, y el ejemplo más claro de esto lo tenemos en la metáfora, por ejemplo, con respecto al dominio conceptual de 83 TIEMPO. Al no tener estructura para este concepto no-físico tan complejo, el hablante de una lengua necesita usar la topología de otro dominio físico (como el ESPACIO) para poder articular el primero. Las categorías y los conceptos más complejos de la humanidad, que son discontinuos y con límites difusos, se representan en el lenguaje también con estructuras discontinuas, con formas de conceptualización extrañas o ajenas a la naturaleza y terminología propia de tales conceptos. Como demostró ampliamente el formalismo ruso, el lenguaje se presenta como un artificio para poder ser real. Lo mismo sostiene Bernárdez (1995: 108) al hablar de los prototipos semánticos y decir que “el significado de una palabra varía, aunque sea mínimamente, en cada ocasión en que se utiliza”. Cuando hablamos, no hablamos como gramáticos sino que usamos el lenguaje como estrategia de representación de conceptos y categorías de la realidad. Para el adecuado despliegue de nuestra condición de hablantes, a veces ni siquiera hace falta tener un dominio técnico de la gramática. El funcionamiento caótico del lenguaje alcanza su máxima potencia precisamente cuando conseguimos cierta conciencia lingüística. Pero la conquista de esta conciencia, de este reconocimiento de que existe una lengua manipulable artificiosamente sólo se consigue mediante un “impacto” de ruptura lingüística. A grandes rasgos, al niño, o incluso al hablante cotidiano, que suponemos inconsciente, el uso de la lengua no le provoca ningún shock, porque no encuentra déficit entre la lengua y los significados y conceptos que desea construir. En esta situación, el habla cumple sus funciones denominativas y referenciales de manera fácil. A veces formamos una realidad tan compacta con el lenguaje que no nos damos cuenta de que este es algo diferente. 84 Pero el lenguaje es algo que permite comunicar multiplicidad de significados y esa natural identificación con el lenguaje tiene que romperse para poder adquirir conciencia de la lengua manipulable, pues la estructura lingüística en todos sus niveles es lo único que tenemos para llegar a comunicar no sólo prototipos sino también sus variantes semánticas que del mismo modo forman parte de la lengua (Bernárdez 1995: 109). Lo que en principio nos hace constatar que no existe tal identidad natural es que hay gente a la que no entendemos. Al reconocer aquellos ruidos y articulaciones fónicas extrañas, se constata que el lenguaje no es natural, se descubre que el lenguaje es convencional. Se quiebra entonces la identidad natural del lenguaje, porque las variantes de un concepto pueden representarse lingüísticamente con otro sistema comunicativo diferente (llámese idioma en este ejemplo). Aun en estados de inconsciencia, el niño usa el lenguaje pero además juega con él (Tomasello 2003, 2008). Diríamos que el lenguaje permitiera algo más y diera más de sí, lo mismo que ocurre con nuestro propio cuerpo en otros juegos. Va más allá de la necesidad, de lo utilitario y funcional comunicativamente hablando. El rendimiento del poder lingüístico, que no sólo satisface unas necesidades designativas o comunicativas, deja abierta la posibilidad del juego (Wittgenstein 1953). La conciencia de que se puede manipular la lengua artificiosamente nace de la experiencia de las deficiencias, como si el hablante experimentara en el lenguaje una resistencia. Por ejemplo, podemos tener conciencia cuando hay malentendidos (hay una experiencia de limitación), en donde el resultado traumático es el concepto de lenguaje como prisión. La experiencia viva de los límites del lenguaje podría hacer que viéramos el lenguaje como un techo que nos impide crecer, un obstáculo. Por este motivo, el poeta (o el mismo usuario de una lengua), en un deseo de apreciar originalmente las cosas que el lenguaje contraría, se ve obligado a transgredir el reglamento ordinario, a deformar caóticamente la estructura 85 lingüística convencional (creando formas informes de sentido), a emplear formaciones malapropísticas, porque quiere ir más allá del lenguaje lineal. Una lengua, por tanto, como cualquier otra especie biológica (Dennett 1992), resulta ser no-lineal, en un sistema que a veces no es cohesivo. Lo paradójico es que este desorden resulta ser fuente de orden, técnicamente “neguentrópico”, postulado básico de las Teorías de la Complejidad (Guerra 1992). Por ejemplo, en multitud de ocasiones no hay cohesión textual o lingüística en las formas, aunque sí se produce coherencia (sí hay sentido). La coherencia es un fenómeno mental que tiene que ver con los significados, con cómo la gente entiende el lenguaje, como concluye Bernárdez (2003: 14) en su aporte desde la Lingüística del Texto: “la coherencia sólo existe en términos de su encaje en el mundo conceptual del receptor. Es decir, no «está» en el texto mismo”. Es lo que calificamos de “adaptativo” cuando hablamos de sistemas complejos. La coherencia se diferencia de la cohesión en que la segunda es un fenómeno textual, lingüístico. La cohesión implica los recursos semánticos que conectan los enunciados. No tiene que ver con el qué significa la producción lingüística ni con el cómo se construye este significado. Por eso en el lenguaje puede existir un non-sequitur, una falta de linealidad léxica o sintáctica, y aun así ser posible la coherencia y la construcción de sentido. Este fenómeno ha sido apuntado por diversos autores. Según Bernárdez (1995: 131), “[l]o cierto es que un texto puede ser texto, o coherente, sin ser cohesivo, y que un texto cohesivo puede no ser coherente”. La existencia de coherencia en ausencia de marcadores cohesivos ha sido analizada, de hecho, por Guerra (1992), en su discusión de nuestro mismo corpus desde la perspectiva del caos. En su explicación de los niveles compositivos del poema “The Waste Land”, se argumenta que: 92 comunicar un plural, la mente del emisor andaluz debe ordenar a los órganos de fonación una determinada posición. Algo similar sucede en los casos de ambigüedad léxica, en donde el sistema lingüístico mismo encuentra un remedio corrector a través de la información pragmática. Las disonancias se resuelven a la luz de la situación comunicativa así como del co-texto. O también, el lenguaje es un aparato autorregulador cuando la comunidad de hablantes experimenta nuevas situaciones sociales sin correspondencia léxica para las que tiene que crear etiquetas lingüísticas nuevas. Otra prueba es que las realizaciones lingüísticas que proferimos son a menudo no cohesivas (aunque no por ende incoherentes como decía Bernárdez 1995). Pongamos un ejemplo (nuestro pero muy común en cualquier conversación cotidiana en inglés) para aclarar este punto. Imaginemos un pequeño diálogo como éste: (1) – Do you have the time? – Half past. A simple vista, parece haber cierto grado de no-conectividad entre la pregunta coloquial Do you have the time? y una posible respuesta Half past. Donde esperaríamos sintácticamente una respuesta afirmativa o negativa del tipo sí o no, damos con una frase nominal incompleta. Aparentemente, aquí hay dos problemas. Primero, la interrogativa es lo que se conoce en inglés como Yes/No question, una pregunta cuya contestación debería ser, si nos ceñimos a las normas de la gramática, una partícula corta positiva (yes) o negativa (no). La respuesta que ha sido pronunciada por el interlocutor (Half past) no se adhiere a ninguna de estas dos alternativas. El segundo obstáculo es que el sintagma nominal con que se ha contestado está truncado. Le falta 93 especificar la hora (half past one, half past two). No obstante, estos dos presuntos problemas no lo son tal en el acto comunicativo, puesto que se sobreentiende la hora por contexto, y porque la información requerida ha sido entregada al hablante por otros medios distintos a los que stricto sensu mandaría la gramática. En conclusión, el lenguaje es una estructura compleja e impredecible, que no se rige por aquellas máximas idealistas de cooperación que proponía Grice (1978). En el discurso lingüístico encontramos ficción, fragmentariedad, inconexión, oscuridad semántica, empobrecimiento, ausencia de calidad en la información, indeterminación, etc. pero con todo, el lenguaje mismo subsana estos déficits en aras de una construcción efectiva de significados y sentidos. Esta es la dinámica de las formas informes de sentido de Guerra (1992), estructurandos poéticos a todos los niveles de composición (“literaria” y “no literaria”) en continua interacción semántica con el entorno experiencial que rentabilizamos mediante la expresión lingüística en textos. En nuevos entornos, estas lexicalizaciones se dinamizarán creando al azar y por necesidad bucles de retroalimentación que son los que dan al sistema su capacidad de autorregeneración. Por ello les llamamos sistemas autoorganizativos (Prigogine y Stengers 1979; Guerra 1992, 1995; Hayles 1991). El enfoque caótico-cognitivo que desarrollamos en Poética Cognitiva quiere dar respuesta a esta fragmentariedad del material lingüístico que así y todo crea significados nuevos y produce sentido y coherencia, por lo que se cumple la premisa de Bernárdez (1995: 81), de que “[c]onvendría más intentar buscar una explicación al indeterminismo y la complejidad (dos caras de la misma moneda) del texto y, al mismo tiempo, al hecho real de que los hablantes son capaces de producir y comprender textos complejos”. El lenguaje, como vemos, reúne los rasgos de los sistemas complejos. Nos sumamos, por lo tanto, a Bernárdez (2001), que alega que UNA LENGUA ES UN 94 ORGANISMO COMPLEJO AUTORREGULADO, fundamento teórico de la tesis doctoral realizada por Guerra (1992) sobre complejidad y autorregulación en la poética del tiempo en T. S. Eliot. En definitiva, el lenguaje, por sí solo, tiene una capacidad reparativa y contribuye a una comunicación exitosa pese a los “ruidos” lingüísticos7. 3.4. El lenguaje como sistema dinámico adaptativo El texto es producto de la lengua en uso y variable según las condiciones iniciales en las que se enmarca su producción. Según Bernárdez (1994a: 186), una teoría lingüística inspirada en la caología “considera la motivación de las estructuras lingüísticas en la naturaleza y su percepción y categorización por el ser humano”. Continúa Bernárdez (1994a: 187) explicando que “[l]a realidad está formada por estados y procesos o, en los términos de la TC [Teoría de Catástrofes], por formas, dotadas de la propiedad de estabilidad estructural, y transiciones bruscas entre formas, denominadas catástrofes”. Por lo tanto, si la realidad, aparte de estados, contiene procesos dinámicos, parece razonable asumir que el lenguaje, que propende a representar la casuística de la realidad, sea también dinámico y deba adaptarse a los cambios (graduales o violentos) de la realidad representada. En un nivel general, no debemos olvidar que la evolución de las lenguas se debe intrínsecamente a su dinamicidad y a su capacidad de adaptación a las necesidades comunicativas y a las nuevas circunstancias extrínsecas. Como advierte Bernárdez (1995: 138), el lenguaje es dinámico “porque el factor «tiempo» es fundamental”. Lo cierto es que pecaríamos de idealismo si creyéramos que una lengua es un bloque inmóvil y pétreo que no sufre variaciones. Sobre las lenguas actúan una serie de agentes 7 Precisamente White (1991) calificó el “ruido” como elemento constructor de orden en la narrativa del posmodernismo dentro el paradigma de la complejidad. 95 externos. Primero existe una fuerza que se encarga de unificar, cohesionar, autoorganizar el sistema lingüístico de modo que la intercomunicación entre los hablantes sea posible. Es un fenómeno de convergencia. La segunda fuerza se refiere al efecto contrapuesto, que impulsa a las lenguas a diversificarse, por motivos varios: históricos, geográficos, estilísticos y sociológicos. Las variaciones lingüísticas son inevitables, puesto que son connaturales a la lengua. Pese a la aparente regularidad que a veces percibimos existen procesos de cambio que se dan diacrónicamente pero también sincrónicamente. Bybee (2010) ha resaltado recientemente estas dos vertientes del lenguaje y las lenguas: Language is also a phenomenon that exhibits apparent structure and regularity of patterning while at the same time showing considerable variation at all levels: language differ from one another while still being patently shaped by the same principles; comparable constructions in different languages serve similar functions and are based on similar principles, yet differ from one another in specifiable ways; utterances within a language differ from one another while still exhibiting the same structural patterns; language change over times, but in fairly regular ways. Thus it follows that a theory of language could reasonably be focused on the dynamic processes that create languages and give them both their structure and their variance. En resumidas cuentas, el destino de las lenguas es éste, que viven bajo la tensión de esta lucha entre fuerzas. Cuando el equilibrio y la estabilidad estructural entre las fuerzas se rompen catastróficamente, ya no es factible la comunicación, por lo cual, se 96 produce una fragmentación lingüística dentro de la lengua para dar lugar a idiomas diferentes. En un nivel más microscópico, digamos que hablar una lengua no es usar unas estructuras siempre de un modo prescrito e invariable. Hablar español, francés, inglés... no es más que postular una abstracción, una convención ideal. Es el lenguaje en uso el que permite la construcción de sentido y la actualización online de los significados. Efectivamente, tal y como recuerda Bernárdez (1995: 92), “[e]l lenguaje debe considerarse a partir de la realidad de su uso y no de la hipótesis de la existencia de unas estructuras independientes de aquél”. El significado (en este trabajo, el significado de TIME en inglés tal y como aparece representado en el sistema conceptual del poema “The Waste Land”) procederá no tanto del sentido atomizado en componentes que constituirían el dictionary meaning o sentido “canónico” de las unidades léxicas de una serie de enunciados. Muy al contrario, los significados se atribuirán a la combinación exponencial (y no puramente sumativa), relevante y motivada (y por tanto creativa) de los elementos constitutivos del texto/discurso. La significación del todo sobrepasa los significados individuales de las partes. Se supera así la versión estricta del principio de composicionalidad que comentábamos en el capítulo anterior, y en base al cual el significado global de un enunciado provenía exclusivamente de la simple adición de las palabras integrantes de aquél. Gracias a que el lenguaje es dinámico, se producen las emergencias de nuevos significados y formas de conceptualización inéditas, precisamente porque los conceptos tienen límites borrosos y están abiertos a desviaciones que se alejan del significado nuclear y prototípico que a veces atribuimos a las formas lingüísticas. Se trataría, en términos de Guerra (1992: 241), de una “emergencia del orden a partir del desorden”. 97 3.5. El lenguaje como sistema abierto La conjunción de todas las características previas contribuye a la visión del lenguaje como estructura abierta. El lenguaje es dinámico, por lo que puede comportarse de maneras múltiples que son impredecibles. Además, como sistema caótico, será sensible a las condiciones iniciales, que determinarán un comportamiento u otro. La lengua, como decíamos al principio, se puede manipular artificiosamente, lo cual corrobora que, aun con una cantidad limitada de recursos lingüísticos, podemos crear un sinfín de mensajes. En este sentido, por ejemplo, aprender a hablar, como ha evidenciado Tomasello (2003, 2008) no es reproducir frases sino aprehender la creatividad de la expresión lingüística, articular y adaptar los juegos y relaciones constructivas. El ser humano no es un mero repetidor de oraciones aprendidas, sino que la capacidad de comunicación (y más estrictamente, la facultad del lenguaje) se consigue al captar la creatividad, la generatividad de la lengua. Idealmente, podemos producir infinitud de secuencias oracionales, combinando unos elementos (que son finitos) con otros. Por lo tanto, diremos que el hombre tiene una capacidad innata de producir multitud de enunciados con un sistema limitado de signos. El lenguaje, pues, tiene una estructura abierta. Una oración, desde el punto de vista teórico, es infinita, pues puede agrandarse. Pueden agregársele infinidad de elementos. Esta tendencia también se aplica a nivel más macroestructural, a nivel textual por ejemplo, o incluso al conjunto de la lengua, como expone Bernárdez (1995: 26): “[d]ado cualquier número de oraciones siempre podemos añadir una más”. 98 Todo esto se debe a la noción de “recursividad” que mencionaron los gramáticos generativistas. El lenguaje es recursivo, es creativo. Por ello, hablar de creatividad es semejante a hablar de estructura abierta del lenguaje; por ejemplo, una lengua puede crear nuevos términos para aquello que sea necesario (neologismos). En este sentido, el lenguaje está sujeto a un gran número de influencias externas (lo que llamábamos condiciones iniciales) y su organización está de alguna forma determinada por dichas condiciones, de acuerdo a lo que expresa Bernárdez (1995: 138): La comunicación lingüística depende siempre de factores externos: como es sabido, la estructura de un texto no depende solamente de la gramática de la lengua, sino también, y fundamentalmente, de las características del productor, el receptor, el medio, la situación comunicativa, etc. El autor opone estas afirmaciones a la concepción que tenían los conductistas en el panorama lingüístico-filosófico. El behaviorismo de Bloomfield se basaba en un materialismo o mecanicismo robótico, en virtud del cual a un estímulo le corresponde una única respuesta. Esto implicaría que la variación del comportamiento humano no difiere sustancialmente de la conducta animal. Sólo se trataría de una mayor complejidad, pero en el fondo hay un estímulo y una respuesta. Esto, en el cognitivismo, no es así, puesto que un linguohablante es capaz de crear un enunciado nunca antes almacenado. A un estímulo, un interlocutor podría responder de formas diferentes, lo cual ilustra esta propensión hacia la creatividad. En efecto, el ser humano posee un mecanismo creador influido por muchas circunstancias, y no actúa instintivamente y siempre del mismo modo, así que las “condiciones iniciales” en las que se enmarca el hablante (situación comunicativa y 99 lingüística, co-texto, etc.) propiciarán el carácter abierto del lenguaje. El lenguaje es abierto y creativo porque a priori no podemos hacer un pronóstico de las estructuras emergentes de significado creadas por el material lingüístico. En definitiva, los nuevos significados activados por la lengua en uso responderán creativamente a las condiciones iniciales de la situación contextual y lingüística que rodea al acto comunicativo. 3.6. Reflexiones de cara al trabajo del corpus Con respecto a todo este nuevo paradigma de la caología, la dinámica de la complejidad de T. S. Eliot quedó demostrada en la tesis doctoral de Guerra (1992). Nosotros, en este trabajo, retomamos el texto de “The Waste Land” desde la perspectiva cognitivista en su compatibilidad con el enfoque de la complejidad. A lo largo de este capítulo, el lector se habrá percatado de que hemos avanzado algunas alusiones al texto objeto de estudio. Hemos querido dar estas pinceladas dentro de una visión panorámica sobre las características de los sistemas complejos puesto que en el análisis de corpus que efectuaremos serán útiles estos modelos teóricos para explicar el funcionamiento cognitivo de la temporalidad en el poema. Por ejemplo, tendremos en cuenta antes de iniciar el mapa conceptual las condiciones iniciales de significado en lo referente a la conceptualización del tiempo. De igual modo, se observará en los fragmentos del corpus el modo en que la arquitectura cognitiva del tiempo es “no-lineal” por las anomalías en la construcción del concepto (inversiones en los patrones temporales). Asimismo, confirmaremos el carácter “abierto” de las representaciones temporales en el poema de Eliot. Concretamente, veremos cómo las conceptualizaciones del tiempo a las que hacemos referencia están de algún modo determinadas por la apertura (intertextual) de las 100 estructuras lingüísticas a otros textos anteriores a “The Waste Land” (Guerra 1992). También nos ha interesado introducir la noción de “fractalidad”, pues la observación de las proyecciones conceptuales iluminará una semejanza a nivel interno (un despliegue fractal) en los niveles de composición del texto que producirá el nuevo significado. En definitiva, hemos necesitado identificar de antemano las aportaciones de la Teorías de la Complejidad a la Lingüística para después integrarlas compatiblemente con el mapeo cognitivo, lo cual nos ayudará a buscar los patrones temporales que participan desde el dominio origen en aras a la construcción de elementos semánticos emergentes en el corpus de trabajo. 101 CAPÍTULO 4: BASES TEÓRICO-DESCRIPTIVAS EN EL ESTUDIO COGNITIVO DEL TIEMPO 4.1. Lengua y concepto En secciones previas, hemos constatado como axioma propio del paradigma cognitivista que el lenguaje y la cognición van de la mano en el proceso comunicativo. El conocimiento que tenemos del mundo (de las personas, los entornos, los objetos…) se activa online (en línea), lo que implica que, con la marcha del discurso, los conceptos se organizan rápidamente en el cerebro a través de una mecánica de adaptación continua hasta conseguir el significado deseado. Dicho de otro modo, la conceptualización y la construcción de significados se realizan en el mismo momento del acto de habla y son procesos activados por determinados usos de la lengua. En el análisis de corpus que realizamos, vamos de lo lingüístico a lo conceptual. Es cierto que la mente humana opera a gran velocidad y resulta complicado separar los niveles de procesamiento pero, aun así, nos podemos dejar engañar y debemos siempre recordar la separación entre lexicalización y concepto, la polaridad entre la forma lingüística y el concepto representado por vía lingüística. Este corpus en particular, y la Literatura, a nivel más general, pueden enseñarnos la evolución de los conceptos, pues la Literatura está en el origen de los procesos organizadores de la cognición humana. En esto consiste la gran afirmación de Turner (1996), en que usamos ficción para construir la realidad. En el metalenguaje de la Lingüística Cognitiva, los dominios conceptuales se escriben con letra versal8, en un intento de simbolizar la abstracción del concepto y con 8 Siguiendo la convención en Lingüística Cognitiva, se transcriben en versales los conceptos, dominios conceptuales, así como las metáforas o metonimias. 108 A continuación, nos proponemos repasar cuáles son las bases biológicas del tiempo en Ciencia Cognitiva (primero en Neurociencia y después en Lingüística), para determinar así cuáles son las condiciones iniciales que guiarán las complejas construcciones del significado del tiempo en lengua inglesa que pretendemos describir en esta tesis. 4.3.1. Cognición corporeizada: el enraizamiento de los procesos cognitivos temporales 4.3.1.1. Bases neurobiológicas del TIEMPO desde la perspectiva de la Neurociencia Cognitiva Los procesos percepto-cognitivos del tiempo están muy relacionados con la noción de embodiment (en español, “corporeización” o también “incorporación”) lanzada desde los círculos cognitivistas (Lakoff 1987, Varela et al 1991, Lakoff y Johnson 1999). ¿Pero qué quiere decir que la cognición está corporeizada10? Que en los procesos de conceptualización entra en escena la conciencia de nuestro cuerpo y que éste contribuye a la construcción de sentido. En la MIT Encyclopedia of the Cognitive Sciences, encontramos el siguiente comentario, que define lo que en ciencia cognitiva se entiende por corporeización (Smith 2001: 770): “[C]ognition is [...] embodied [...] in that material aspects of agents’ bodies are taken to be both pragmatically and theoretically significant”. Por su parte, Bernárdez (2005) resume: “Embodiment means that cognition cannot function without the physical reality of the body, which is then open to the environment”. Sólo si 10 En algunos países hispanos también se ha traducido como “cognición encarnada”. 109 aceptamos la cognición corporeizada, cobra sentido el hablar de nuestras vivencias y experiencias del tiempo a nivel corpóreo. Por ejemplo, Núñez y Sweetser (2006) analizan las expresiones temporales del aymara, que se configuran en gran medida a partir de la espacialidad del cuerpo. Entremos con más detalle en qué consisten las relaciones entre el fenómeno llamado tiempo y nuestra experiencia corporal humana de éste, que determinarán los procesos de organización cognitiva del concepto de tiempo. Según una visión naive de la temporalidad, el tiempo es un elemento misterioso que no puede ser percibido. No obstante, el tiempo, si bien a veces inapreciable, puede ser detectado por el sistema cognitivo humano. ¿Cuáles serían entonces las bases neurobiológicas y experienciales del tiempo? a) El envejecimiento: Claramente observamos los efectos del TIEMPO sobre el cuerpo (principalmente el proceso de envejecimiento por la aparición de arrugas y la pérdida de funcionalidad en los órganos vitales). Necesitamos recurrir a la genética para comprender por qué el ser humano puede llegar a la ancianidad. El desarrollo embrionario es determinista en el sentido literal de la palabra. A partir del nacimiento de un ser, no son los genes los que determinan, sino que el desarrollo está en constante interacción con el medio. Es decir, humanos y animales están genéticamente programados hasta la reproducción. Digamos que, a partir de la reproducción, la naturaleza pierde el control. El humano es posiblemente el único ser vivo que llega a la vejez. Los casos de envejecimiento en el mundo animal son escasos (los chimpancés son una de las excepciones). Esto tiene que ver con la selección natural. Los seres humanos son los más adaptados al envejecimiento, ya que existe, por medio de la familia y la sociedad, una protección y un fomento de la vitalidad. En cambio, los animales no logran 110 sobrevivir al cambio en el entorno y, si sobreviven, son apartados por sus grupos al no ser capaces de desarrollar sus funciones vitales. Esto parece implicar que sólo el hombre puede experimentar biológicamente y es consciente del paso del TIEMPO por vía del envejecimiento. b) La duratividad y el paso del tiempo. Los humanos percibimos el tiempo a través del cambio. En este caso, entran en juego los mecanismos de atención. El aburrimiento produce una sensación de ralentización cronológica (prestamos demasiada atención al tiempo) mientras que la diversión provoca en nosotros el efecto contrario (Flaherty 1999). La fundamentación cognitiva del tiempo no abarca solamente lo consciente sino también aquellos mecanismos fisiológicos internos relativos a la temporalidad y no percibidos conscientemente. Estos son, entre otros: el reloj biológico de la célula humana, la integración cíclica del sueño y el despertar por vía de los ritmos circadianos o la sincronización automática del parpadeo o de la respiración. El tiempo, en estos casos, aparece monitorizado por otras estructuras cerebrales que funcionan distribuidamente junto con la zona hipocámpica. El “ritmómetro” humano y la representación de la dimensión temporal se controlan en el cerebelo y en los ganglios basales (situados en la base del cerebro). En concreto, una sustancia importantísima que regula la percepción del tiempo es la dopamina. Los niveles de dopamina descienden en la vejez, lo cual produce que la percepción y cognición temporal de los ancianos sea más defectuosa. c) El concepto de tiempo en el cerebro: Según la Neurociencia, el concepto de tiempo está unido al de espacio en el cerebro. Una de las estructuras cerebrales implicadas en la cognición del TIEMPO es el área hipocámpica, parte primitiva de la corteza cerebral donde se localizan los mecanismos de orientación espaciotemporal y en 111 donde también se inician los procesos de memoria y aprendizaje. La memoria, por tanto, entra en correlación con la dimensión temporal. Russell (1948, citado por Correa et al 2006) explica que nuestra estimación cronológica a partir del reloj es posible porque hemos memorizado a corto plazo la posición de las manecillas del reloj y hemos percibido el cambio. La neuropsicología experimental se ha dedicado últimamente a la conceptualización del tiempo por parte de los animales (Eagleman et al 2005). Un ratón por ejemplo, tiene una cierta noción del tiempo y para su supervivencia, necesita un sistema sensible al cálculo de las coordenadas temporo-espaciales (Correa et al 2006). Sin embargo, el concepto que un animal tiene del tiempo es muchísimo más simplificado que el de un humano. Un caso similar lo encontramos en los bebés. Es improbable que alguien se acuerde de su nacimiento o de lo que le sucedió de pequeño. El neonato, digámoslo así, no tiene “conceptos” conformados cognitivamente. Sólo con el paso de los años, sus conceptualizaciones serán más ricas y sofisticadas (Hofstadter 2001). Los animales, como los humanos en primeras fases de desarrollo, carecen de categorías netamente configuradas y, concretamente, son poco hábiles en sus calibraciones temporales. 4.3.1.2. Bases neurobiológicas del TIEMPO desde la perspectiva de la Lingüística Cognitiva Monográficamente, los trabajos de Evans (2004 y, muy recientemente, 2013) se han dedicado en profundidad a la exploración del TIEMPO. Contrariamente a lo que cabría esperar, Evans (2004) no desarrolla los Modelos Cognitivos Idealizados (MCIs) que traza Lakoff (1987) en su argumentación. Su aparato teórico-descriptivo parte de la 112 idea de “sentido” (sense). Cada sentido consiste en una concepción concreta del lexema time en inglés. Su investigación, por tanto, no versa sobre metaforizaciones del tiempo propiamente dichas. Más bien, Evans pretende exponer una nueva red radial del tiempo basada en las experiencias humanas de la temporalidad. Entre estas experiencias del tiempo, que se subsumen bajo el término de Evans (2004) cognición temporal11, encajarían, por ejemplo: el discernimiento sobre la magnitud y la duración temporal, la periodicidad, la sensación de prolongamiento y acortamiento en nuestra experiencia humana del tiempo (que Flaherty 1999 denomina protracted duration y temporal compression, respectivamente), la comparación perceptual de eventos (Gibson 1975), el reconocimiento de las esferas temporales (presente, pasado y futuro), etc. Este trabajo de Evans nos ha conducido a plantearnos las siguientes preguntas: ¿Sería posible mapear esa fase hipotética previa a los procesos preconceptuales que modelizan las teorías de Lakoff y que Evans llama “cognición temporal” mediante un estudio cognitivo del léxico temporal en cuestión? ¿Estaría la construcción del significado de TIEMPO como concepto más abstracto en el ser humano enraizada fundacionalmente en esa fase de percepción previa a la conceptualización? ¿Bastaría con el modelo de proyección conceptual metafórica tal y como lo conocemos a partir de Lakoff (1987), o necesitaríamos de un modelo bastante más desarrollado? Si así fuera, tendríamos dos zonas principales unidas por otra intermedia con estructura parcial entre sistema perceptivo y sistema cognitivo en el continuo de fundamentación cognitiva y conceptual del TIEMPO: una primera (con más organización 11 Según Evans (2004: 6), la cognición temporal se definiría como “that aspect which concerns the mental function responsible for temporal (and temporally-framed) experience such as, for instance, perceptual processing at the pre-conceptual level (prior to re-presentation in conceptual structure), as well as the organisation and structuring of temporal concepts (= re-presentations) at the conceptual level, i.e., within the conceptual system”. Nuestra traducción: “ese aspecto relacionado con la función mental que se encarga de la experiencia temporal (y enmarcada termporalmente), por ejemplo, el procesamiento perceptivo a nivel preconceptual (previo a la re-presentación en la estructura conceptual), así como la organización y estructuración de los conceptos temporales (= re-presentaciones) a nivel conceptual, es decir, dentro del sistema conceptual”. 113 perceptiva que cognitiva), la que Evans llama “cognición temporal”, en donde encontraríamos una interfaz que explicaría la existencia metafórica del TIEMPO como dominio fuente; y otra segunda zona ya estructurada conceptualmente (que es la que se tomaría de otro dominio conceptual corporeizado, como casi siempre el ESPACIO, para constituirse con significado y configurarse lingüísticamente). De ahí que comúnmente oigamos expresiones del tipo Nos vemos dentro de una hora o en inglés in an hour, donde una las partículas espaciales (dentro, in) construyen significados de temporalidad. Esta hipótesis nos lleva a la siguiente reflexión. Si esta interfaz resulta ser aquella en donde se constituye el tiempo como dominio origen, es decir, corporeizado pero no a través de otro dominio, ¿qué tipo de anclaje neurofisiológico-sociocognitivo tendría aquí el tiempo con respecto al observador? Nuestra primera idea es que podría funcionar como los hacen las interfaces en los continuos de organización formal en los sistemas poéticos complejos (Guerra 1992). Y de ser así, nuestra siguiente pregunta sería: ¿Puede ser el tiempo como dominio origen producto de una interfaz entre el movimiento contextual (que es el que produce la percepción) y el espacio preconceptual del dominio meta? Así, nosotros valoramos la idea del MOVIMIENTO como interfaz que permite que el tiempo pueda actuar como dominio origen de proyecciones conceptuales en una perspectiva en que el tiempo podría funcionar como estructura disipativa que existe sólo por el entorno. Según Rivano (1997), para que se manifieste el fenómeno del MOVIMIENTO se necesitaría como prerrequisito la noción de tiempo, pues es imposible discernir sobre el movimiento sin el tiempo. Asimismo, también Lakoff y Johnson (1999: 139) o Geck (2000) recuerdan que, en Física, el movimiento se configura en virtud del tiempo, lo cual entroncaría con nuestra hipótesis de la disponibilidad del 114 concepto de TIEMPO como dominio de partida. De hecho, las proyecciones más comunes del tiempo se sustentan en relaciones con el dominio del movimiento. Las metáforas aventuradas inicialmente por Fillmore (1975 [1971]), Clark (1973) o Traugott (1978) y que hoy reconocemos como ego-moving y time-moving están enraizadas necesariamente en el concepto del movimiento. Sin movimiento, sea de un sujeto que recorre el tiempo (ego-moving12) o de la línea temporal para acercarse al yo (time-moving13), no sería posible entender ninguna de estas dinámicas de conceptualización temporal. La interrelación entre tiempo y movimiento es de suma importancia en estas construcciones metafóricas, una de las cuales (time-moving) tiene mucho que ver con el “movimiento ficticio” o fictive motion de Talmy (1996). Este fenómeno permite, cognitiva y figurativamente, recrear el esquema de un camino y asignar movimiento a un objeto que se desplaza por aquel. En la metáfora time-moving (por ejemplo, del enunciado Christmas is approaching us), la operación cognitiva consiste en simular el movimiento del evento temporal hacia el observador, que actúa de punto de referencia. Como vemos, los dominios de TIEMPO y MOVIMIENTO (en el ESPACIO) son conceptualmente muy próximos y están en lo más primitivo de las dinámicas conceptuales que nos interesan, que son aquellas más cercanas a la experiencia de la corporeización. De la clasificación semasiológica que Evans (2004) desarrolla del TIEMPO en términos de senses se deduce que la organización cognitiva del TIEMPO está preconceptualmente corporeizada, ya que cada “sentido” equivale a una experiencia que podríamos decir “sentida” del tiempo (Duration Sense, Moment Sense, etc.) y que en la última fase de verbalización lingüística, produce las distintas lecturas semánticas del 12 Por ejemplo, “Nos acercamos a la Navidad”. 13 Como en “Se acerca la Navidad”. 115 término time. Según él, la experiencia temporal está siempre presente de una forma u otra, aunque sea a un nivel bajo de procesamiento. La cognición temporal aparece como algo integrado con otros procesos cognitivos pero la lengua servirá para desvelar la naturaleza compleja del tiempo, especialmente en forma de modelos cognitivos. De este modo, el tiempo es el punto de partida o el prerrequisito para las operaciones conceptuales activadas por los MCIs por vía lingüística. En otras palabras, las metáforas o metonimias derivadas se considerarían expansiones ulteriores de los sentidos básicos del concepto de TIEMPO. En consecuencia, quizá Evans es un autor cercano a nuestra propuesta en este sentido, ya que examina el tiempo como un fenómeno perceptivo-cognitivo previo al inicio de la conceptualización y, por tanto, en nuestra opinión, viable para funcionar como dominio de partida de proyecciones conceptuales sucesivas. Paradójicamente, mientras que muchos cognitivistas han catalogado al tiempo de concepto abstracto, Langacker (1987), por su parte, incluye el TIEMPO como dominio básico de experiencia en su distinción entre dominios “básicos” (basic) frente a dominios “abstractos” (abstract). Para aquel, un dominio básico es el estructurado desde la percepción sensorial y motriz, o bien desde la experiencia subjetiva e introspectiva. El concepto de TIEMPO, en su opinión, está en su lista de dominios básicos puesto que su base preconceptual es la conciencia temporal. Para Langacker (1987), un tanto al estilo kantiano, los dominios básicos están entre lo más primario de las conceptualizaciones humanas. Luego el tiempo no parece derivar tanto del espacio (Langacker 1987: 148149): The experience of time certainly suggests itself as a primitive dimension of cognitive representation. The fact that we often conceive and speak of time in 116 spatial terms only shows the utility of such metaphor for higher-level conceptualization. It does not imply that the experience of time is reducible to a purely spatial one; if anything, the opposite would seem more plausible. I incline to agree with Givón (1979, ch. 8) that time is in some sense more fundamental than space: the conception of spatial relationships involves scanning, which requires processing time, and our notions of spatial extension are intimately bound up with time-extended physical actions (e.g. movement and the manipulation of objects). Esto entronca con el engaño de la “espacialización del tiempo” que menciona Guerra (1992) y que invade, en gran medida, los primeros estudios cognitivos sobre la arquitectura conceptual del TIEMPO. En esta reflexión de Langacker (1987), por un lado, volvemos a ver la alusión al movimiento como estructura previa a la temporalidad, en pro de una “dinamización del espacio” (Guerra 1992) pues, para este autor, el espacio implica sobre todo tiempo y movimiento. Por otro, la cita de Langacker (1987) parece sustentar nuestra tesis del TIEMPO como posible dominio fuente, al ser un dominio básico que impregna la cognición espacial y motora (real o simulada como en fictive motion) y que, por tanto, podría participar en los procesos de construcción de otros significados. O sea, que a la luz de Langacker, no sólo serían válidas las metáforas en las que el TIEMPO se construye “como si” fuera ESPACIO, sino que también podríamos encontrar proyecciones de otros dominios a partir del TIEMPO, puesto que éste está estructurado perceptual y cognitivamente incluso casi como precondición del ESPACIO, de acuerdo a la anterior digresión que leemos de Langacker (1987). 117 Al igual que Evans (2004) y estos autores que aquí hemos mencionado, la existencia de una cognición de corte “temporal” que interactúa con las demás capacidades cognitivas es bastante razonable, creemos. Partamos de la idea de que los humanos estamos neurobiológicamente equipados con una cognición de tipo visual. A partir de las expresiones relativas al dominio de la visión, podemos crear extensiones a otros campos conceptuales (por ejemplo, las metáforas CONOCER ES VER y ENTENDER ES VER14). Nuestro sistema cognitivo también posee un componente espacial y orientacional, lo cual a su vez permite metaforizaciones desde el dominio conceptual del ESPACIO y la DISTANCIA. Por último, disponemos asimismo de detectores motosensoriales en el sistema cognitivo humano, y por ello es posible proyectar la noción de movimiento hacia otros dominios (por ejemplo, LA ACCIÓN ES MOVIMIENTO), llegando incluso al curioso fenómeno, como advertíamos antes, de adscribir moción a elementos que por naturaleza son inmóviles (Talmy 1996). En cuanto al tiempo, fenomenológicamente hablando, aquél emana de la percepción de periodicidad y comparación de eventos. En línea con esta teoría de Evans, y suponiendo que existe una cognición temporal, ¿por qué no podemos utilizar nuestro sistema cognitivo temporal para desarrollar proyecciones conceptuales desde el dominio de TIEMPO? Esto, lógicamente, en último término, nos llevaría a preguntarnos qué tipo de dimensión es la temporal, y hasta qué punto se relacionan los componentes del trinomio espacio-movimientotiempo. 14 Por ejemplo, en el enunciado No veo claras tus explicaciones (en español) o en I see what you mean (inglés). 124 Como resultado de todas las publicaciones citadas de Lakoff y sus colaboradores, se establece en última instancia que la comprensión del concepto de TIEMPO viene determinada por palabras o expresiones relacionadas a otros dominios de la experiencia, como el ESPACIO, la DISTANCIA y el MOVIMIENTO, fenómenos más cercanos al ser humano. La estructura topológica del ESPACIO se proyecta, entonces, sobre la arquitectura conceptual del dominio TIEMPO. En definitivas cuentas, podemos inferir que existen dos bloques de metáforas enraizadas en los dominios del MOVIMIENTO y/o del ESPACIO: Primero, un bloque con base en el observador (por ahora sin nombre), que luego Evans (2004) denominará ego-based model, Núñez y Sweetser (2006), Ego-Reference Point o Ego-RP, Sinha et al (2011), ego-relative temporal motion construction, y Faller y Cuéllar (2003), en castellano, modelo deíctico del tiempo. Esta conceptualización egocéntrica se divide en dos variantes, en función de cuál es el elemento en movimiento. Si el tiempo es dinámico y el observador está parado, entonces, se trata del submodelo MOVING-OBSERVER (o MOVING-EGO o EGO-MOVING). En cambio, si el observador se mueve en una línea del tiempo estática, estamos ante el submodelo MOVING-TIME (o TIME-MOVING). El segundo bloque de metáforas es una también una contribución de Lakoff y Jonhson (1999). Este (supra)modelo pone en relación los elementos del tiempo (TIME ORIENTATION). Este modelo se denominará alternativamente time-based model o complex temporal sequence model en Evans (2004), Time-Reference Point o Time-RP en Núñez y Sweetser (2006), positional time construction (Sinha et al 2011) o, en español, modelo relativo del tiempo (Faller y Cuéllar 2003). 125 La clasificación que realizan Lakoff y Johnson (1999) es de fundamental relevancia, especialmente por el reconocimiento de un nuevo modelo temporal con base puramente relacional (TIME ORIENTATION), activado por enunciados del tipo: (4) El domingo sigue al sábado. (5) El sábado precede al domingo. Este es el único caso que no incorpora al observador, por lo que los puntos temporales (domingo y sábado, para hacer referencia a los enunciados propuestos) se conceptualizan en términos de ANTERIORIDAD/POSTERIORIDAD. No aparece el “ahora”, ni alusión alguna a los conceptos de pasado o futuro. Sencillamente, los eventos están delante o detrás en relación a otros eventos, y no respecto de un individuo ni de un punto presente, que ni siquiera se verbaliza lingüísticamente. Paralelamente, existen enunciados en los que el ahora temporal está fusionado con el punto de vista del sujeto observador. Por ejemplo, si decimos Christmas is here, se sobreentiende que la Navidad está (co-locada conmigo) aquí y ahora. Podríamos decir que el deíctico evoca e incluye metonímicamente al observador. Finalmente, es necesario destacar que esta división no deja de ser fruto de una decisión metodológica. El tiempo sigue siendo un elemento complejo y abierto, difícil de describir, hasta tal punto que en ocasiones no está del todo claro qué modelo de los mencionados entra en funcionamiento, interpretación a la que han llegado una serie de experimentos psicolingüísticos. McGlone y Harding (1998) explican que la situación comunicativa podría influir en la comprensión del hablante, que optaría definitivamente por una perspectiva timemoving o ego-moving en virtud del contexto previo. Por ejemplo, la frase que analiza 126 Borodistky (2000), The meeting originally scheduled for next Wednesday has been moved forward two days, que en español sería “[...] se ha adelantado dos días”, podría interpretarse como que la reunión se ha cambiado al lunes (aplicando el modelo TIMEMOVING) o que se ha pospuesto al viernes (aplicando la metáfora EGO-MOVING). Otro caso similar lo encontramos en Núñez y Sweetser (2006), quienes proponen que, al menos en inglés, tenemos ambigüedades producidas por la preposición ahead of (‘delante de’). Esto sucede en locuciones del tipo twenty minutes ahead of one o’clock, que potencialmente marcaría las 12:40 (en donde los veinte minutos están delante, es decir, antes de la una), o, por el contrario, las 13:20 horas, en donde los veinte minutos están “por delante de”, “más hacia delante de” la una. En fin, según estos trabajos empíricos, todo dependerá (utilizando terminología propia de las Teorías del Caos) de las condiciones iniciales de las producciones lingüísticas en cuestión, del contexto previo en el que se circunscriben dichos actos comunicativos. 4.4.5. El tiempo como modelo combinado Para nuestro objetivo en esta investigación, aunque aplicaremos los modelos metafóricos mencionados, partiremos también de la propuesta de Pérez Hernández (2001: 268), en donde parece presentarse un esquema del tiempo sistemáticamente más elaborado y completo que en Lakoff y Johnson (1999), al considerarse el TIEMPO en inglés como un cluster model (Lakoff 1987: 74) o modelo cognitivo combinado. Como ya hemos ido hablando a lo largo del trabajo, el tiempo es un concepto complejo, por lo 127 que es razonable que necesitemos un modelo más sofisticado para explicar su red de potenciales significados16. En Pérez Hernández (2001), la red radial de TIEMPO en lengua inglesa reordena las metáforas propuestas por los autores anteriores y consiste fundamentalmente en cuatro modelos cognitivos básicos de base metafórica, TIME IS SPACE, TIME IS AN OBJECT, TIME IS A CONTAINER y TIME IS A FORCE, que funcionarían de forma parecida en español: EL TIEMPO ES ESPACIO, EL TIEMPO ES UN OBJETO, EL TIEMPO ES UN CONTENEDOR y EL TIEMPO ES UNA FUERZA. A partir de estos modelos básicos se configuran numerosas concepciones específicas del tiempo como DINERO, MOVIMIENTO, CAMINO, etc. En la siguiente tabla, presentamos la colección de metáforas temporales de Pérez Hernández (2001): 16 Lakoff (1987: 74) explica el funcionamiento de los modelos combinados en relación al concepto de mother en inglés. De acuerdo a este autor, el concepto de madre engloba una serie de submodelos cognitivos, a saber: (a) el modelo de nacimiento (una madre es quien da a luz); (b) el modelo genético (la madre provee de material genético a la criatura); (c) el modelo de educación y crianza (la madre nutre e instruye); (d) el modelo marital o matrimonial (la esposa de un padre es la madre) y (e) el modelo genealógico (nuestro ascendiente femenino más inmediato es la madre). 128 1.- TIME IS SPACE 1.1.- TIME IS A LOCATION (A POINT IN SPACE): at that time. 1.1.1.- TIME IS A LANDMARK: reach better times. 1.2.- TIME IS A PATH (ONE-DIMENSIONAL SPACE): a long weekend. 1.2.1.- TIME IS A HOLE, A TUNNEL: Monday through Friday. 1.3.- TIME IS AN AREA (TWO-DIMENSIONAL SPACE): arrive on time. 1.3.1.- TIME IS A LANDSCAPE: the horizon of time. 2.- TIME IS AN OBJECT: need time. 2.1.- TIME IS A POSSESSION: have time 2.1.1.- TIME IS A POSITIVE POSSESSION: have a good time. 2.1.1.- TIME IS A RESOURCE: lack of time. 2.1.1.1.- TIME IS MONEY: waste time. 2.1.1.2.- TIME IS A COMMODITY: It cost me an hour. 2.1.2.- TIME IS A NEGATIVE POSSESSION: have a harsh time. 2.2.- TIME IS A MOVING OBJECT: Time flies. 2.2.1.- TIME IS A MOVING OBJECT COMING TOWARDS YOU: Christmas is approaching. 2.2.2.- TIME IS A MOVING OBJECT GOING AWAY FROM YOU: Time flies away. 2.2.3.- TIME IS A MOVING OBJECT FOLLOWING YOU (A PURSUER): Time will catch up with us. 2.2.4.- TIME IS A MOVING OBJECT WHICH IS BEING FOLLOWED BY SOMEONE (A COMPETITOR): We lost track of the time. 2.2.5.- TIME IS A MOVING OBJECT ALONG WHICH YOU MOVE: move with the times. 3.- TIME IS A CONTAINER (A THREE-DIMENSIONAL SPACE): arrive in time. 4.- TIME IS A FORCE: the pressure of time. 4.1.- TIME IS A CHANGER: Time will make you forget. 4.1.- TIME IS A HEALER: Time will cure the wound. Tabla 1: Recopilación de metáforas temporales El listado de la Tabla 1 es un buen repertorio de metáforas temporales en inglés (que realmente funcionan de manera análoga en español). El tiempo, repetimos, es un concepto de alta complejidad y, por tanto, propenso a establecer proyecciones con otras 129 categorías. El grado de detalle de esta autora nos proporciona un magnífico punto de partida para el examen de las estructuras conceptuales que pretendemos efectuar. 4.5. Organización perceptiva: ¿Qué es un dominio fuente? 4.5.1. ¿Puede ser el TIEMPO dominio fuente? A pesar de estos estudios realizados hasta el momento, la conceptualización del TIEMPO sigue siendo uno de los aspectos que menos se ha estudiado formalmente con base en las Ciencias Cognitivas. Se sabe mucho del ESPACIO o del MOVIMIENTO gracias a los estudios inaugurales de las Teorías Cognitivas pero pocos han abordado un análisis cognitivista profundo sobre la temporalidad (Alverson 1994, Radden 1997, Yu 1998, Lakoff y Johnson 1999). Sólo en los últimos años se ha empezado a investigar con densidad la naturaleza conceptual del tiempo monográficamente en libros e importantes artículos en revistas desde el ámbito de la Psicología y la Lingüística Cognitivas (Boroditsky 2000, Gentner 2001, Evans 2004, Núñez y Sweetser 2006, Sinha 2011, Núñez et al 2012, Evans 2013, Bernárdez 2013, por citar algunos). Dichos estudios y los expuestos en este recorrido histórico hasta ahora tienen una característica en común. Todos los catálogos de metáforas anteriores (EL TIEMPO ES ESPACIO, EL TIEMPO ES UN OBJETO, etcétera) demuestran que el TIEMPO en lengua inglesa funciona como dominio meta. En otras palabras, nos servimos de dominios cognitivos (fuente) para comprender la temporalidad (meta). La novedad de este trabajo (y nuestra hipótesis) es que el TIEMPO puede proyectarse como punto de origen hacia otros dominios conceptuales en el proceso de construcción de significado. 130 Para ilustrar el fenómeno en esta tesis, nos serviremos del poema “The Waste Land” de T. S. Eliot como corpus científico. Este texto es el corpus lingüístico donde hemos constatado que esta inversión conceptual en la posición del dominio TIEMPO hacia el dominio de partida es posible. Por ejemplo, en nuestro texto encontramos el siguiente enunciado en mayúsculas (sic) que elabora conceptualmente el dominio de TIEMPO: (6) HURRY UP PLEASE IT’S TIME. En el corpus, el enunciado aparece de forma recurrente entre los párrafos al estilo de un estribillo. La escena se ubica en un pub londinense donde se oye al camarero repetir el aviso it’s time adviertiendo de que es la última oportunidad para las comandas de bebidas. En el dominio fuente encontramos pues los patrones temporales de los horarios del bar. Esta estructura, que, como decimos tiene carácter temporal, se traslada metafóricamente hacia un dominio meta. Ese dominio de destino es el de la vida humana. La existencia para los personajes de “The Waste Land” es un sinsentido y es necesario un cambio de actitud hacia la vida. Esta idea de CAMBIO proviene conceptualmente del uso en el texto del ítem léxico time. Es decir, que utilizando un vocablo del lexicón temporal, parece viable generar significados ulteriores, como en este caso concreto. Éste es uno de los ejemplos de la participación del TIEMPO desde el dominio fuente. Lo retomaremos con mayor detalle en el capítulo de proyecciones conceptuales. En el paradigma cognitivista, no muchos autores se han interesado por esta concepción del TIEMPO como dominio base de operaciones cognitivas sucesivas. Las referencias a este tipo de conceptualización en los estudios sobre Lingüística Cognitiva 131 son, en realidad, anecdóticas. Lakoff y Johnson (1999: 152) citan de soslayo expresiones del tipo San Francisco is half an hour from Berkeley (‘San Francisco está a media hora de Berkeley’), en donde la distancia espacial se conceptualiza a través de una locución temporal. Pérez Hernández (2001) y Casasanto y Boroditsky (2008) también mencionan de pasada este fenómeno, aunque lo califican como infrecuente. Este es un ejemplo de la importancia que dábamos en el capítulo anterior a las condiciones iniciales de los sistemas complejos y de la sensibilidad de estos a las mismas. Este tipo de enunciado es bastante usual en la lengua corriente, tanto en inglés como en español (Vivo a cinco minutos de la escuela, Mi apartamento está a un momento del aeropuerto, etc.) aunque San Francisco is half an hour from Berkeley es el único caso analizado por los investigadores cognitivos. La construcción San Francisco is half an hour from Berkeley ha sido discutida por diferentes autores, que discrepan en la manera de identificar la operación conceptual subyacente. Para algunos analistas, la temporalización del espacio es producto de la reversibilidad de la metáfora EL TIEMPO ES ESPACIO (que en esta ocasión pasaría a ser EL ESPACIO ES TIEMPO). No obstante, y dada la presuposición de que las metáforas no suelen ser reversibles (Jäkel 1999, Kövecses 2002), se ha propuesto por otro lado que se trataría más bien de una metonimia (esta es la posición que nosotros adoptamos). Mediante esta operación conceptual, el tiempo que se tarda en recorrer una distancia representa metonímicamente a la distancia. En cualquier caso, la operación tomaría el TIEMPO como dominio fuente tanto para la metáfora como para la metonimia. El dilema entre metáfora y metonimia es secundario pues, técnicamente hablando, el punto de partida de la proyección es desde 132 el TIEMPO como dominio origen en esta nueva concepción que proponemos en este trabajo. Así, en este enunciado observamos cómo el concepto de tiempo se comporta como un conjunto abierto, ya que es necesario complementar la noción de duración con otros elementos y otras categorías de significado. Por ejemplo, la categoría MEDIO DE TRANSPORTE o, más ampliamente, el concepto de TRÁNSITO, que integra duración y desplazamiento. En el enunciado en cuestión se elide el medio de locomoción, por lo que no sólo la cognición corporeizada es necesaria para entender correctamente el mensaje. Debemos avanzar hasta la cognición situada y distribuida socioculturalmente (Bernárdez 2007). Lógicamente, se está empleando una medida temporal para significar la distancia, ya que parece que la duración del viaje es una experiencia más familiar y cotidiana que el cálculo de la distancia interurbana entre San Francisco y Berkeley. Por la cultura comprendemos que el viaje se realizará en vehículo público o privado, seguramente en un coche particular por la cultura automovilística reinante en Estados Unidos. Sea como sea, es fundamental la integración de los conceptos de TIEMPO y TRANSPORTE para un total entendimiento de la oración San Francisco is half an hour from Berkeley. Es decir, el concepto TRANSPORTE actúa como participante en la configuración del tiempo como dominio fuente. Como decíamos, este es un ejemplo de un dominio fuente con carácter abierto. La situacionalidad comunicativa obliga a los interlocutores a agregar un espacio conceptual más. En definitiva, parece que esta conceptualización no está restringida a aquel tipo de frases. De hecho, encontramos algunos ejemplos asociados a esta conceptualización alternativa donde el TIEMPO es dominio fuente, por ejemplo, la medición de la distancia astronómica en años-luz, que muy a menudo puede incluso reelaborarse conceptualmente desde el tiempo y el espacio para expresar el concepto de 133 DIVERGENCIA. El ejemplo lo tenemos en Lakoff y Núñez (2000), quienes proponen el enunciado Our opinions on politics are light-years apart. Aquí podemos observar una proyección interesante, a partir de la cual se construye la DIFERENCIA a partir de la DISTANCIA FÍSICA. Sin embargo, a esta operación le precede otra proyección, en donde el TIEMPO (lexicalizado en el morfema years) aparece como el origen que posibilita el resto de los mapeos. En la misma línea de trabajo, las publicaciones recientes del autor de esta tesis han dado cuenta de esta anomalía conceptual del TIEMPO como dominio origen en el uso de una especie de abreviaciones numéricas temporales (Martín, Guerra y Lema 2007; Martín y Guerra 2010) en referencia a sucesos significativos históricamente (en inglés 9/11 para referirse a un evento concreto, a un ataque terrorista, o en español, 23-F que alude a un golpe de estado ocurrido en España el 23 de febrero de 1981). 140 “metáforas muertas” o “convencionales” (Lakoff y Johnson 1980, Lakoff 1987) incrustadas en la morfología interna de algunas palabras. Véase, por ejemplo, que en castellano las palabras delante y antes están relacionadas etimológicamente (lo cual se refleja morfológicamente). En el español de México es normal decir A mí me toca hablar en frente de ti con significado temporal para indicar que “a mí me toca hablar antes que a ti”. Este fenómeno se da en inglés también, en el cual, la preposición before contiene el morfema -fore, relacionado semánticamente con front. Una morfología similar se encuentra en francés (avant), italiano (avanti), que proceden del latín ab + ante. También en las lenguas modernas podemos encontrarnos con la proyección FUTURO-ATRÁS. La preposición after en inglés contiene un morfema aft, de referencia espacial. Lo curioso es que, en inglés, aft significa la parte trasera de un barco (popa). Otra muestra de ello la tenemos en la familia léxica de posterior (posteridad, posterioridad) en español y en sus cognados en otras lenguas occidentales. Si decimos en fechas posteriores, entendemos que se trata de eventos futuros, aunque las fechas posteriores serían (en su sentido originario) los momentos que están “detrás” (antes) del día actual. En definitiva, ninguna de estas formaciones léxicas nos sorprende pues se trata de expresiones plenamente afianzadas cuyo significado originario ya no es transparente. El usuario de estas lenguas ya no es consciente del sentido espacial de las expresiones, por lo que esta extraña proyección conceptual no se aprecia. Se trataría, por tanto, de formas informes caóticas en origen que han alcanzado ya un alto grado de estabilidad. 141 5.2.2. El chino mandarín El chino mandarín es una de las lenguas que no tiende a emplear un punto deíctico personal. En palabras de Evans (2004), esto no supone ninguna novedad, ya que el mandarín, como las lenguas indoeuropeas, emplea el modelo Time-RP. Esto implica que en la concepción del tiempo no interviene el yo. Más bien, los eventos se estructuran a partir de una plantilla cronológica de carácter secuencial. Los eventos pueden relacionarse entre sí dentro de esta secuencia, sin necesidad de acudir a la idea de un agente/paciente personal. El mandarín, no obstante, es más interesante por su concepción particular del tiempo en un eje vertical. Recordemos, por un lado, que la escritura china es vertical. Por otro lado, según Radden (2003), esta visión tal vez esté influenciada por la relevancia del río Yangtsé, que en su parte occidental discurre de norte a sur. El entorno juega un rol importantísimo en la construcción conceptual del mundo y en los sistemas cognitivos de la cultura en cuestión. Bernárdez (1979, 2004a, 2004b) lo demuestra en sus estudios lingüísticos sobre lenguas amerindias como el cayapa y el quechua. En estas lenguas, por ejemplo, los vocablos sobre el cuerpo dependen en gran medida de marcos de referencia espacial, lo cual confirma que existe una relación muy estrecha entre localización (o percepción del entorno) y expresión lingüística en las distintas culturas del mundo. En chino, las partículas espaciales shàng (“arriba”, “superior”) y xià (“abajo”, “inferior”) se metaforizan hacia el dominio del tiempo y, en su proyección, pasan a significar “antes” y “después”, respectivamente. Yu (1998) comenta que esta dinámica conceptual está corporeizada por medio de una correlación experiencial. El cuerpo 142 humano, al contrario que el de los animales, está erguido en el plano vertical, por lo que el chino, en este caso, categorizaría la parte superior (la cabeza) en el eje frontal. Yu (1998) precisa que no sólo el chino presenta esta conceptualización verticalizada, sino que, aunque sea de forma más esporádica, la idea de un “tiempo vertical” se filtra en algunos idiomas occidentales. La diferencia radica en que, en mandarín, la concepción verticalizada está más explotada a nivel lingüístico que en otras lenguas. Por ejemplo, al hablar de la transmisión de conocimiento a las generaciones más jóvenes, en inglés se puede emplear la partícula down (“abajo”) en expresiones como pass down from generation to generation, precisamente por esta visualización del árbol de familia como una estructura verticalizada (en español podemos hablar de nuestros “ascendientes” y “descendientes”, donde se adivina la concepción vertical en el plano léxico. Comparablemente, para referirnos a eventos futuros conviven los sinónimos forthcoming (que refleja lingüísticamente el concepto horizontal del tiempo) y upcoming (en donde lo futuro se conceptualiza arriba17). Lakoff y Johnson (1980) explica que, en ocasiones, el futuro se metaforiza a partir del esquema imaginístico ARRIBA, lo que resulta en la proyección FUTURE IS UP. No obstante, los mismos autores proponen una versión sofisticada de dicha metáfora, enunciada como FORESEEABLE FUTURE EVENTS ARE UP (AND AHEAD), que verifica el doblete upcoming/forthcoming, y cuyo anclaje material es que, cuando nos acercamos a los objetos, estos parecen físicamente más grandes (y, por tanto, más altos) que en la lejanía. La noción de VERTICALIDAD, por tanto, es connatural a nuestra capacidad cognitiva, pero digamos que 17 Esta conceptualización difiere de la tendencia general del chino mandarín, en donde el futuro está abajo (no arriba). También es diferente al significado construido por down en pass down from generation to generation, porque las generaciones futuras están situadas abajo. En cualquier caso, la visión del tiempo es verticalizada. 143 algunas lenguas recurren de manera más exhaustiva y regular a este esquema imaginístico. En todo caso, esta forma de construir el tiempo en vertical nos resulta inteligible diagramáticamente si pensamos en cómo la sociedad moderna representa el tiempo por medio de calendarios y agendas. Por ejemplo, en un calendario, las semanas están ordenadas de arriba a abajo. O en una agenda, las horas más tempranas se localizan en la parte superior de la hoja, mientras que las horas de la tarde están situadas abajo. Además, según sigue explicando Yu (1998: 112), este tipo de “tiempo vertical” se manifiesta gráficamente en los árboles genealógicos. Visualmente, el tiempo también se representa verticalizado con fines icónicos. Mitchell (2006), en su trabajo sobre las diferentes representaciones gráficas de la temporalidad, cuenta que los geólogos, para plasmar en el papel las diferentes capas sedimentarias de la tierra que se han acumulado durante el tiempo, suelen elegir el eje vertical, que ilustra más claramente la sucesión de los periodos temporales. Volviendo a la discusión del mandarín, tampoco hay que olvidar que esta lengua también maneja otros modelos del tiempo que resultan más familiares a los hablantes de lenguas occidentales. De hecho, Yu (1998: 113) afirma que el elenco de metáforas temporales del chino se parece considerablemente al del inglés (metáforas como TIME MOVES o TIME IS A MOVING OBJECT están documentadas en ambas lenguas). La peculiaridad del modelo vertical de temporalidad es que está más sistematizado (conceptual y lingüísticamente) en el chino y, por tanto, se acude a él con más frecuencia en el discurso. Esta presunción es compatible con los resultados de los experimentos de Boroditsky (2001). Los hablantes de mandarín confían de manera más sólida en una conceptualización vertical y les resulta más natural visualizar una línea 144 temporal vertical a partir de la cual organizar los eventos, sin desestimar el otro modelo de naturaleza vertical. 5.2.3. El yupno Otra conceptualización novedosa del tiempo y el espacio que no se basa en el modelo egocéntrico la encontramos en los últimos estudios realizados por Núñez y su equipo sobre la cultura yupno, en las montañas remotas de Papúa Nueva Guinea (Núñez et al 2012). Los yupno conciben el tiempo a partir de la espacialidad, pero sus patrones de referencia espaciales son principalmente topográficos, dadas las características geofísicas del medio en donde viven. Según expone Senft (1997: 155), el Valle Yupno se extiende, en dirección al este, desde el origen del río Yupno (del cual toma su nombre) hasta la desembocadura de las aguas en el mar. Los yupno conciben su mundo como un territorio de forma ovalada y con el río Yupno como epicentro. Digamos que el microcosmos yupno esta segmentado en cuatro zonas: osoden (“arriba de la montaña”), omoden (“en la parte inferior de las montañas”), ngwimeden (“hacia el río, río abajo”) y ngwisiden (“hacia arriba alejándose del río”). Por lo tanto, la lengua yupno, en su repertorio lingüístico, no hace otra cosa más que comunicar la visión tan especial que los hablantes perciben de su hábitat. Cada cultura perspectiviza un aspecto concreto de la realidad, lo cual conforma una “visión del mundo” o worldview característica (Dirven y Verspoor 1998), que después se transfiere a la estructura lingüística. Lengua, cognición y cultura son, por tantos, tres elementos que entran en correlación. 145 De acuerdo a las explicaciones de Senft (1997: 156), lo interesante de este sistema cognitivo orientacional del yupno es que tiene naturaleza absoluta (extrínseca), es decir, no es relativo a la posición del hablante. Las instrucciones que un habitante yupno nos dará si le preguntamos dónde está un lugar x estarán impregnadas de referencias a los cuadrantes del valle (osoden, omoden, ngwimeden y ngwisiden), independientemente de la posición física de los interlocutores. Como segunda estrategia, los yupno podrían introducir algún topónimo como refuerzo deíctico para dar direcciones y sólo muy esporádicamente bajo circunstancias muy especiales entraría en escena el “yo” como punto de referencia. En resumen, este es un tercer modelo cognitivo del espacio alternativo a los dos que ya hemos mencionado con anterioridad (Ego-RP y Time-RP). Aquí el espacio es extrínseco, es decir, no es inherente a los objetos ni tampoco está fundado en el punto de vista del observador. Este sistema espacial es el que usamos con los puntos cardinales, más o menos afianzado en las lenguas occidentales según los hábitos de orientación en cada cultura. Por ejemplo, para el transporte entre lugares distantes, sí se suelen utilizar las coordenadas norte, sur, este y oeste. En las autopistas de Estados Unidos, es fundamental que el conductor conozca en qué dirección viaja. De hecho, la misma codificación de las carreteras revela si discurren en dirección norte-sur (numeración impar como en la Interestatal 5) o este-oeste (numeración par, como en la Interestatal 8). Otro ejemplo de este modelo cognitivo del espacio lo encontramos en los mapas de trenes y metros, en donde las líneas se bifurcan en ramales dirigidos hacia los distintos puntos cardinales. Para la locomoción en distancias más cortas, por el contrario, nos parece menos común oír a alguien que dijera “La panadería está al norte del teatro”, a no ser que el trazado urbano siga un esquema basado en los puntos cardinales empleando una deixis geocéntrica con marcos de referencia espacial absoluta. 146 En conclusión, el espacio topográfico se explota lingüística y conceptualmente en determinados contextos. Sin embargo, es infrecuente que este tipo de espacio se proyecte metafóricamente hacia el dominio de la temporalidad18 en las lenguas y culturas occidentales que conocemos. La contribución de Núñez et al (2010) es precisamente el descubrimiento de esta proyección atípica: In Yupno language there are some lexical items that point to the fact that its speakers might use geocentric frames of reference to construe temporal relations. For example, the word omoropmo, meaning “downhill”, is used as part of an expression meaning “some years ago”. Here, we investigate the spontaneous gesture production of Yupno speakers while talking about time, and provide what is, to our knowledge, the first documented case of geocentric construals of deictic time categories (past, present, future). (Núñez et al 2010) En yupno, el tiempo parece que sí se proyecta desde esta dimensión geográfica, concretamente desde esa concepción tan atípica del espacio topográfico. Lo que es más, el sistema de coordenadas está inclinado. El microcosmos de los yupno se extiende desde lo alto (que coincidiría con las montañas del oeste) hacia abajo (el este) siguiendo el curso del río. De hecho, las casas yupno copian la distribución del valle (con estructura ovalada, y con un fogón rectilíneo que recorre toda la habitación) (Woodward y Lewis 1998: 435), por lo que la visión del mundo es similar tanto en el ámbito doméstico como en el exterior de las casas. La espacialización de la vivienda, entonces, reproduce el micromundo yupno. 18 Como explica Evans (2004: 259) en referencia al enunciado inglés *We’re just south of Christmas, que es agramatical en inglés ya que el tiempo, en esta lengua, no se define a partir de esa peculiaridad del dominio espacial. 147 Un ejemplo lingüístico que apunta a dicha conceptualización es el lexema osoden, que es polisémico. En el plano espacial geográfico, osoden significa “colina arriba, encima de la montaña” (donde nace el río Yupno). En su aplicación al tiempo por vía metafórica, osoden quiere decir “mañana, el día siguiente”. Estos datos son aún preliminares y habrá que esperar a resultados más definitivos, pero lo que sí es cierto es que las características de la dimensión espacial ejercen una fuerte influencia sobre las distintas conceptualizaciones del tiempo de las culturas específicas. Es fundamental recordar lo que Lakoff (1987: 310) explica sobre las capacidades conceptualizadoras del humano en contraste con los sistemas conceptuales que se moldean a partir de la experiencia corporeizada del entorno. Como argumentamos antes con respecto al esquema imaginístico de la verticalidad en el chino mandarín, las habilidades de conceptualización son las mismas en la especie humana. No obstante, cada comunidad lingüístico-cultural construye conceptos diferentes a partir de las mismas experiencias (Bernárdez 2013). Volviendo al ejemplo de los yupno, el entorno se percibe de la misma forma para un integrante de la sociedad yupno que para un no-miembro. El entorno natural y orográfico del valle es idéntico para alguien no perteneciente a dicha comunidad. Sin embargo, los yupno, por el hecho de haber estado aislados en las montañas, han forjado un sistema conceptual específico, es decir, han construido conceptos (o conceptualizaciones) directamente conectadas con su experiencia del medio que les rodea. Como apunta Bernárdez (2006: 29) en su artículo sobre la lengua cayapa, la construcción de conceptos e imágenes obedece en mucho a parámetros socioculturales: Conceptualización que es mucho más cultural y menos sujeta a principios “universales” de lo que podríamos pensar en primera instancia, y que en 148 bastantes casos se aleja de lo que sería la supuesta “realidad percibida” del cuerpo. (Bernárdez 2006: 29) Lakoff (1987: 310) aclara que la experiencia corpórea (y cultural) sólo “motivaría” el sistema conceptual propio de la cultura. En este sentido, no hay un determinismo que obligue a la experiencia a crear un sistema conceptual concreto, sino más bien una indeterminación con ciertas tendencias dinámicas motivadas (Guerra 1992). De este modo, la conciencia de la existencia de un cuerpo y de una mente corporeizada, puede ayudarnos a entender: [...] cómo se conceptualiza el cuerpo mismo, como elemento de la percepción inmediata del ser humano, tanto de uno mismo como de los demás, cómo se engarza en la conceptualización del mundo “exterior al cuerpo”, etcétera. (Bernárdez 2006: 29) En lo más profundo de este singular fenómeno está la teoría de la “mente extendida” (Clark y Chalmers 1998), que quiere decir que la cognición supera con creces los límites de la cabeza y el cuerpo hasta incluir el entorno, la situación, el contexto, etc. Estudios anteriores, como el de Casad (1982) (citado por Lakoff 1987: 310) y Casad y Langacker (1985) ya habían enfatizado los nexos entre la experiencia de un determinado espacio topográfico y la construcción de conceptos: [F]or the Cora, who live in the mountains of Mexico, basic hill shape (top, slope, bottom) is a highly structured and fundamental aspect of their constant experience. It is not only conceptualized, but it has been 149 conventionalized and has become part of the grammar of Cora (Casad 1982). Cora speakers may have the same conceptualizing capacity as we do, but they have a different system, which appears to arise from a different kind of fundamental experience with space. (Lakoff 1987: 310) Es sustancial recalcar que este tipo de metáforas orientacionales geocéntricas no sólo entrañan la experiencia humana de la percepción y la corporeización (la capacidad sensorimotora del habitante yupno). También entran en juego las consideraciones sociocontextuales y culturales, que se trasmiten socialmente de generación en generación. Las proyecciones que se ordenan a través de la metáfora las heredamos por el mero hecho de aprender la lengua materna y de vivir en sociedad. Se trata de una activación de la “cognición sinérgica” o “sociohistórica” tal y como la describe Bernárdez (2007). El hecho diferencial yupno de la topografía es una experiencia arraigada en la cultura yupno que aparece convencionalizada lingüísticamente. Todo ello implica que las diferentes conceptualizaciones del tiempo y del espacio de civilizaciones que nos parecerían exóticas están plenamente justificadas y, de hecho, no es complicado entender por qué se han construido tales conceptos. Un ejemplo claro de ello es la concepción del tiempo en aymara: el futuro está detrás y el pasado está delante de nosotros. Ciertamente, la concepción aymara y la occidental son contrarias, pero ambas tienen su razón de ser. El sistema conceptual temporal aymara esconde su lógica interna: el futuro es incierto e invisible, por lo que es coherente que se sitúe detrás del individuo. El pasado se puede rememorar, como si pasara en una pantalla delante de los ojos, lo cual es compatible con la idea de que el pasado esté en el eje frontal. 252 cuerpo y la del exterior. El frío, en cambio, es un ataque a la vida. La yuxtaposición, incluso a nivel construccional, de los vocablos winter y warm representan el significado emergente del blend. En resumen, desde el punto de vista analítico y metodológico, el blending puede dar cuenta de las varias anomalías encontradas. Primero, en un nivel más general, que el tiempo es dominio de partida (input1) en la proyección LIFE IS TIME. Segundo, que se humaniza una época del año (April) por la característica de cruel y permite un significado emergente no de REGENERATION como en la antigua metaftonimia que veíamos sino de simple SURVIVAL. Y tercero, que en el blend se ha producido una alteración del grupo de metáforas convencionales por correlación LIFE IS HEAT y DEATH IS COLD. Para concluir este apartado, el siguiente diagrama ilustrará los elementos de la nueva proyección derivada por una integración conceptual: 253 Figura 20: Integración conceptual de April y winter Blended space Agent 1: April Means 1: cruelty Violence in the perpetuation of life SURVIVAL Agent 2: winter Effect 2: warmth Absence of pain as memories are hidden WELLBEING Input2 HUMAN NATURE Undergoer: body Agent 1: human being Means 1: cruelty Effect 1: providing life Agent 2: passing of time Means 2: forgetting Effect 2: warmth Input1 NON-HUMAN NATURE (VEGETATION) Undergoer: land Agent 1: April Means 1: spring rain Effect 1: fertilizing Agent 2: winter Means 2: freeze & snow Effect 2: destroying life Generic space ORGANIC Undergoer Agent 1 Means 1 Effect 1 Agent 2 Means 2 Effect 2 254 La novedad de este análisis radica principalmente en que tanto la Crítica Literaria como la Lingüística Cognitiva han evaluado el tiempo como un concepto abstracto. Para nosotros, sin embargo, el tiempo (en su vertiente más mecánica) es una dimensión concreta en la que se enraíza la conceptualización de una entidad más abstracta que es LIFE. 7.7.2. El blend del pub Finalmente, nos gustaría rescatar otro de los ejemplos que ya habíamos anunciado en el capítulo metodológico de esta tesis, porque de nuevo demuestra cómo se puede encontrar un patrón temporal en el input (fuente) de un blend. Se trata de: (30) HURRY UP PLEASE IT’S TIME Este enunciado se inserta en la sección “A Game of Chess” del poema de Eliot y aparece intercalado repetidamente entre el texto a modo de estribillo (cinco veces para ser exactos). En el marco del poema, el emisor de Hurry up please it’s time es un camarero avisando que se acerca la hora (legal) de cerrar el bar. La escena consiste en dos señoras londinenses que se encuentran en un bar charlando sobre la vida de una tercera persona (Lil) y juzgando las relaciones de ésta con su marido (Albert). En el fragmento, se cuentan las desgracias de esta pareja. Albert va a regresar del ejército esperando un cambio físico en su mujer a quien había dado dinero para invertirlo en una dentadura pero la encontrará igual que siempre. Por su parte, Lil protesta que la culpa de su fealdad la tiene la medicación que toma y se excusa en que su marido la seguirá 255 queriendo. En resumen, las señoras se lamentan de la ausencia de cambio en la vida de su amiga común Lil. En ese enunciado, la hora de cierre de un bar (enmarcada en el concepto de TIEMPO) funciona como dominio fuente a partir del cual se construye un dominio meta. Literalmente, it’s time es el anuncio prototípico que escucharíamos en un pub británico antes de la hora oficial de cierre (a las 23:00 horas). En el contexto de nuestro corpus, el significado construido es un impasse en la vida humana, una ausencia total de cambio posible representado por la vida personal de Lil. Esta proyección se podría enunciar mediante una metáfora LIFE IS TIME (LA VIDA ES EL TIEMPO), que rentabiliza una estructura de tiempo como dominio fuente. Incluso a nivel de construcción, la repetición del estribillo comunica acción y movimiento, lo cual coincide conceptualmente con el significado expresado a nivel léxico-semántico y que contrarresta la estaticidad del discurso de las señoras. A las intervenciones de estas mujeres, que proyectan vaciedad en el concepto de vida, la expresión Hurry up please it’s time aporta dinamismo. Paralelamente, la partícula up de la construcción temporal hurry up también la consideramos como una estructura que participa en el proceso de conceptualización de ese nuevo significado de cambio, acción y movimiento. El significado que expresa up proviene del esquema de imagen de VERTICALIDAD. Si estamos afirmando que el significado construido es cambio y acción, entonces es lógico pensar que, corporalmente, es más probable que una persona esté activa en posición vertical y que el movimiento se produzca una vez erguido el cuerpo. La estructura temporal hurry up, por lo tanto, dispara una proyección conceptual que ulteriormente comunica CAMBIO y MOVIMIENTO. Las mujeres están sentadas, conversando y tomando sus consumiciones, lo cual representa conceptualmente una falta de movimiento o actividad. 256 Finalmente, tras la última aparición de Hurry up please it’s time siguen tres líneas en las que la despedida Good night (o Goonight) se repite diez veces: (31) Goonight Bill. Goonight Lou. Goonight May. Goonight. Ta ta. Goonight. Goonight. Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night. De nuevo se está empleando el tiempo “mecánico” como base de extensiones figurativas de sentido. La segmentación del tiempo en unidades es un fenómeno que se aprovecha cognitivamente para construir el significado de VIDA. Anteriormente, habíamos visto como estructuras temporales: la hora de cierre del bar (time), perteneciente al marco temporal de un horario de apertura y cierre de un establecimiento; la expresión hurry up, que proviene esquemáticamente de la noción de VERTICALIDAD a partir de la cual puede iniciarse un cambio y un movimiento. Ahora observamos cómo otro ítem léxico (good night) se aprovecha para representar el concepto de VIDA (HUMANA). Nuevamente una unidad de tiempo mecánico, el ciclo día/noche, configura cognitivamente y proporciona el esqueleto conceptual al dominio meta de la VIDA. Es decir, a nivel muy genérico esto se podría enunciar como una correspondencia VIDA ES TIEMPO, donde VIDA es el concepto construido fictivamente a partir de proyecciones con elementos de índole cronológica (23:00, night…). A continuación, el diagrama viene a ilustrar la explicación. En este caso, al ser mayor el grado de complejidad de la operación, emplearemos el modelo de integración conceptual (blending) de Fauconnier y Turner (2002). En el primer espacio (input1) se colocan las estructuras temporales que hemos mencionado antes, en el marco temporal de los horarios de un pub inglés. El segundo espacio (input2) se compone de los 257 elementos que configuran el concepto a construir (VIDA). En el espacio combinado o blend, la expresión Hurry up it’s time comunica la necesidad de ACCIÓN, de un CAMBIO de dirección en la vida de un individuo. Figura 21: Integración conceptual de it’s time En este blend, las relaciones vitales (Fauconnier y Turner 2002), es decir, las conexiones que surgen entre los elementos participantes de la conceptualización pueden clasificarse de la siguiente forma. Blended space hurry up goodnight the end of life Emergent meaning: ACTION, MOVEMENT, CHANGE Input2 HUMAN LIFE the world human being living passing of life a stage of life life opportunities the end of life Input1 PUB OPENING HOURS pub ladies drinking and speaking passing of time it’s time (23:00) hurry up goodnight 258 El espacio físico del pub se comprime en el segundo input para significar el mundo en que vivimos. Los roles de las personas que aparecen en los varios espacios mentales difieren en términos de “valor” (value). En el input1 los sujetos son las señoras del bar mientras que en el input2 la referencia deíctica es al ser humano en un plano más genérico. La actividad prototípica en el bar es beber y hablar; en la vida, la actividad sería el mismo hecho de vivir. El paso de los minutos y las horas en el pub se corresponde con el transcurrir de la vida en el segundo espacio mental, etc. Pero lo más importante es la compresión de la relación vital de tiempo activada por los enunciados analizados (hurry up please it’s time, goodnight). Perceptivamente, en nuestra experiencia cotidiana del tiempo, podemos calcular y medir las horas para saber a qué hora cierra el bar. También podemos distinguir el día de la noche y por eso utilizamos saludos y despedidas del tipo goodnight. La experiencia del dominio del tiempo a nivel perceptual y mecánico se ha rentabilizado y comprimido para representar la VIDA en un nivel más elevado. En concreto, la utilización de las frases it’s time y goodnight configuran conceptualmente el dominio de la VIDA y son indicativos de la necesidad de CAMBIO (que es el significado emergente construido en esta particular conceptualización entre TIEMPO y VIDA). Como habíamos reparado a lo largo de la tesis, nosotros reinterpretamos el término técnico de “dominio fuente” como sinónimo de “punto de partida”, no necesariamente como parte integrante de una metáfora conceptual. Es decir, en este trabajo se ha entendido el dominio fuente como un conjunto de límites abiertos, por lo que siempre y cuando una estructura temporal sirva como armazón de apoyo para construir un significado figurativo, nosotros lo clasificamos como parte de un dominio origen de naturaleza abierta, sin importar si metodológicamente el análisis cognitivo se efectúa con una metáfora, una metonimia, un blend, etc. En el caso anterior, las 259 estructuras temporales pertenecían al primer input del proceso de integración conceptual. El fenómeno conceptual manifestado en it’s time, que antes hemos desarrollado analíticamente mediante una interacción conceptual, puede también explicarse mediante la noción de enrichment o enriquecimiento originaria de la Teoría de la Relevancia (Sperber y Wilson 1995) pero que Ruiz de Mendoza (1999) rescata para lo cognitivo acentuando el valor comunicativo de la metonimia en la producción de implicaturas. En el contexto del bar, gritar it’s time es una evidencia, es comunicar algo irrelevante o impreciso, en principio. Sin embargo, si consideramos it’s time como parte de un todo, puede completarse con información relativa al dominio meta. Literalmente, it’s time no añade nada, pues en la escena del pub, it’s time es un mero recordatorio de la hora en que hay que cerrar el local, un simple aviso de que son las once de la noche. Sin embargo, hemos concluido que it’s time expresa un uso figurativo del lenguaje. En el escenario del bar y dentro del dominio fuente del TIEMPO (previamente a la operación conceptual propiamente dicha), it’s time podría significar it’s time to close the pub mientras que, trasladado el anuncio al contexto del dominio meta (la VIDA), se puede enriquecer la expresión generando una explicatura del tipo it’s time for action, it’s time for a change in life, lo cual concuerda plenamente con la conclusión que antes alcanzamos al analizar la misma estructura en términos de integración conceptual. En definitiva, el uso figurativo (y no literal) de la palabra time sostiene nuestra hipótesis de que el concepto de la TEMPORALIDAD puede también funcionar como plataforma desde la cual crear extensiones de significado, por lo que se constata la posición del concepto como dominio fuente de carácter abierto tal y como lo postulamos en esta tesis. Importa poco entonces qué tipo de proyección se practica (metáfora, blending, enriquecimiento por metonimia…) puesto que el fenómeno que 260 nosotros estudiamos es el grado de explotación de formas temporales de cara a fabricar cognitivamente conceptos ajenos al simple sentido “mecánico” de la TEMPORALIDAD. 261 CONCLUSIONES El trabajo presentado aquí ha incidido en ejemplos de morfología conceptual extraña, es decir, en concepciones atípicas donde el concepto de tiempo activa nuevas estructuras que en ocasiones están lejos de ser catalogadas como puramente temporales. Las aproximaciones teórico-descriptivas que se han divulgado hasta la actualidad acerca de la organización cognitiva del tiempo no han reparado en las rutas alternativas de construcción conceptual de tiempo, en parte por carecer de textos indicativos de tales concepciones. Esta anómala construcción de tiempo se debe a que efectivamente el tiempo es una experiencia corporeizada. Esta percepción de tiempo a través del cambio (en nuestro organismo, en los eventos que nos rodean, etc.) y de nuestra vivencia del mundo actúa como condición inicial para un ulterior ordenamiento a nivel más conceptual. Desde nuestro punto de vista, la relación vital del hombre con el tiempo mecánico, que forma parte de su cotidianeidad, así como la vivencia del paso del tiempo y la experimentación en nuestro cuerpo de cambio es lo que ha permitido que el tiempo se sitúe en el dominio fuente, que está más cerca de la percepción que el dominio meta. Dicha estructuración del tiempo, en esta progresión desde el nivel perceptual al cognitivo, puede generar conceptualizaciones específicas (innovadoras) derivadas, por un lado, de conocimiento proposicional sobre el mundo (por ejemplo, en forma de frames), y, por otro lado, de modelos imago-esquemáticos, metafóricos, metonímicos o con ambas bases concurrentemente, a partir de los cuales hemos desarrollado nuestros mapeos. En este trabajo hemos llegado a formular un modelo integrado del tiempo. De hecho, el haber posicionado la temporalidad en el dominio fuente nos ha facultado a 268 Bernárdez, E. 2005. “Social cognition: variation, language, and culture in a cognitive linguistic typology”. En Ruiz de Mendoza Ibáñez, F. J. y Peña Cervel, S. (eds.). Cognitive Linguistics. Internal dynamics and interdisciplinary interaction. Berlín/Nueva York: Mouton de Gruyter, 191-222. Bernárdez, E. 2006. “Cómo mirar una parte del mundo: el vocabulario del cuerpo en una lengua amerindia”. Caplletra 40: 29-51. Bernárdez, E. 2007. “Synergy in the construction of meaning”. En Fabiszak, M. (ed.) Language and Meaning. Frankfurt am Main: Peter Lang, 15-37. Bernárdez, E. 2008. “Collective Cognition and Individual Activity: Variation, Language, and Culture”. En Frank, R.; Dirven, R.; Ziemke, T. y Bernárdez, E. (eds.) Body, Language, and Mind, Vol. II: Sociocultural Situatedness. Nueva York: Mouton de Gruyter, 137-166. 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Eliot (1922) INTRODUCTION The conceptualization of time is undoubtedly a complex phenomenon explored by so many authors from diverse fields. The representations of time through language, gestures, or images largely depend on patterns of perception and also of cognitive organization of the concept. In this thesis we intend to analyze the conceptual structure of temporality in an alternative way different from how cognitive research has examined the issue of time. Our work will deal with anomalous linguistic and conceptual constructions of time. We will conduct this approach to the concept from the theoretical and methodological perspective of Cognitive Poetics and Linguistics, in order to contribute knowledge to the cognitive modellings of time which have been traditionally delimited in the cognitive paradigm. The initial hypothesis is a possibility that the conceptual domain of TIME participates in a conceptual projection from the source domain of the cognitive operation. As a matter of fact, in the framework of many fields and also within Cognitivism, time has been catalogued as one of the most complex concepts throughout the history of humankind, which has given rise to a profusion of studies. Yet, never before had the research focused on the complex phenomenon of time operating from the source domain of a conceptual projection. The originality of this work, therefore, will consist in the description of a new atypical conceptualizing scheme in the cognitive study of language. The research will 290 be performed through a number of temporal lexicalizations taken from the poem “The Waste Land” (1922), by the writer Thomas Stearns Eliot. We have to agree that humans manage multiple models or constructions to speak about time. Nevertheless, although we can find homogeneity in the perception of time, there is not uniformity through which we should organize the experience of time cognitively under the same parameters. The peculiarity or specificity of each linguistic community becomes manifest in the syntactic and lexico-semantic structure of language. In accordance with the latest research in the cognitive panorama, the relevance and necessity of this dissertation is justified by the discovery of new non-ordinary conceptualization patterns that are attested in the corpus analyzed. Chapter 1 is an evaluation of the symbolic and linguistic configurations of temporality and also of the phenomenology of time. We will review what conceptions of time have existed in the history of humankind so that we can contrast them with the construals that we have found in our repository of linguistic data. In Chapter 2, the stress is on Cognitive Science as an interdisciplinary paradigm. Here we present a hierarchy in order to situate our research within the cognitive framework. Our research is transversal in itself, because we explore the cognitive phenomenon of the conceptual and linguistic anomaly of the reality of time in three levels, in terms of biocultural cognition, form-meaning pairing and communicative processes. The examples that we will examine are indicators of complex conceptual dynamics which could be inspected from other branches of Cognitive Science in the future. In Chapter 3, we pay attention to another paradigm which shows a certain theoretical harmony with the cognitive one. We refer to Complexity Sciences. We will account for the features of complex dynamics systems, which can compatibly apply to 291 language and texts. Overall, we will follow the lines of Chaos Theories in Spain, which have been developed by authors who today devote themselves to the cognitive study of language. Chapter 4 performs a chief role in this dissertation because it gives form to the state of the art. Initially, existent scientific knowledge about perception and cognition of time in Cognitive Neurobiology and Linguistics will be shown. More specifically in Cognitive Psychology and Linguistics, the chapter continues with a historical review of the first incursions into the conceptualization of time (mainly referring to English as it is the language of the founders of Cognitive Linguistics). This section contains the main models of temporal configuration based on the conceptual metaphor TIME IS SPACE. In this chapter we intend to determine the relationship between the perceptual stages and the conceptual stages in the cognitive organization of time. From this point of view, we will be able to verify whether time can linguistically and conceptually operate as source domain in the light of the corpus analysis. If time can be configured as a primary domain of experience, then it seems sensible to acknowledge that creative metaphorical expansions of the concept may be activated. The fact that time can be located in a conceptual space not distant from perception will lead us to problematize the assumed irreversibility of metaphor. Chapter 5 will close this historical review of how time has been examined in Cognitive Psychology and Linguistics. We will arrive at the most recent studies, which concur with us in the sense that new aspects are identified as regards the complexity of the conceptual construction of time. This chapter accomplishes a preparatory function for the original conceptualizing resources that we propose in the analysis of time in our corpus. 292 In Chapter 6, the emphasis is on the methodological instruments. For our goal, it will be essential to offer a methodological introduction to the area of Idealized Cognitive Models (specially their latest versions), which we will use in the analysis and discussion of our findings. The hidden complexity of the conceptual organization of time in the corpus will make it necessary to use conceptual integration models which will include much more than a metaphor or a metonymy. We will start with these two together with image schema. For the examples which show an increasing degree of complexity, we will need a combined model of time which can incorporate various cognitive constructs simultaneously, as we will observe in the proposed metaphtonymies and blends. The chapter will be an anticipation of the analysis of conceptual maps. We will explain the functioning of the methodological tools through linguistic evidence from the corpus, as an opening towards intricate models of temporal cognition on the basis of which we can construct target domains which are not TIME (because this one will be situated in the source domain in the utterances that we survey). At last, Chapter 7 will display the linguistic corpus. This thesis, just as the title says, will deal with the cognitive analysis of the text “The Waste Land” (1922) by T. S. Eliot. To achieve our objective, we have arranged the textual corpus in such a way that we have isolated the most representative linguistic material which liaises with the concept of time. The search, however, is not limited to the word time. This final chapter contains the diagrams or conceptual maps which exhibit the complex dynamics of time conceptualizations from the source domain. Through the selected material, the data will be examined in accordance with the most up-to-date Idealized Cognitive Models, including formats of interaction (metaphtonymy) and conceptual integration (blending). It is in this section that we will be able to determine 293 the creative conceptual strategies that serve to construct a concept on the basis of the cognitive architecture of temporal patterns. The discussion of new suggested lines of conceptualization, which is the most substantial part of this enterprise, will be presented in an alternate manner. Thus our hypothesis about an innovative way of considering time from the perspective of the source domain will become more transparent because it will be contrasted against conventionalized examples of time as the target domain. The separation of temporal lexical expressions (time, hour, weekend, April, spring, winter…) as nucleic units will help the reader to better understand the positioning of the temporal element in these two zones, prototypically in the target domain (according to Cognitive Linguistics) but more interestingly in the source domain. What we propose is an important questioning of the direction in the conceptual mapping. Now we would like to invite the reader to go deeper into this fascinating study which will delineate those novel strategies of cognitive organization of time that we have mentioned above. 300 CHAPTER 2.- THE NEW PARADIGM OF COGNITIVE SCIENCES 2.1.- Cognitive Studies This dissertation is within the framework of Cognitive Studies of Language, so before going on, it seems useful to refine what we understand by cognition, as it is an open term dealt with from different angles. “Cognition” embraces the whole of human capacities which regulate reasoning processes, problem solving, meaning and knowledge construction, image and concept shaping, and language planning, among other tasks of the human mind. The term “cognition” has been used to name the paradigm of “Cognitive Science”. Cognitivism is a recent scientific drift which is also difficult to describe. Not by chance is Cognitive Science often pluralized, given that it is a network of interconnected scientific areas, old and new. Modern Cognitive Science should be identified as an open structure with a multidisciplinary approach, where multiple sciences contribute to the understanding of the working of human mind. 2.2.- The metatheoretical dilemma of Cognitive Sciences Our aim in this research generally involves examining the cognitive phenomena activated via the linguistic material verbalized in texts so, in a theoretical and conscious manner, this dissertation explores processes that are unconscious in themselves. Cognitive Theories, the paradigm where we can locate this research, inspect the way we think and construe reality. 301 There is a paradox in Cognitive Sciences which can be found in Poetics and Linguistics as well. Jakobson (1985 [1956]) named it in his paper “Metalanguage as a linguistic problem”. In Linguistic Sciences, language is both the object of study and the means. A similar thing happens in Cognitive Theories in general because, during the task of the analyst, s/he is experiencing the same conceptual mechanisms that are being investigated. The novelty of this cognitive study is that it has to do with the dynamics of conceptual construction. We must take into account that conceptualization processes are essentially dynamic, and not static. They are like adaptive complex systems in Chaos Theories (Guerra 1992, 2001; Bernárdez 1995). Then we would like to explore not really the conceptual structures but the “structurings” (Guerra 1992, 2001, 2013), i.e. the on-line conceptualizing operations performed while concepts are cognitively arranged. 2.3.- Interdisciplinarity in the cognitive paradigm This dissertation is framed in the paradigm of Second Generation Cognitive Theories, which rely on the “cognitive turn” and inherit new visions on language and meaning. In Cognitive Theories, meaning is not an atomistic addition of language symbols. In the cognitivist direction, the creativity of the sign is a fundamental principle. Lakoff (1987) acknowledged that the individual participates experientially in the language act and in the construction of concepts and images. Nowadays, Cognitive Science arises as a new paradigm where different areas of knowledge traditionally separated converge. Cognitive Science therefore appears as a superordinate category (Guerra 2013) which serves as a point of union between the 302 Humanities and the Natural Sciences, owing to the fact that it includes in the same network of study such fields as neuroscience, (neuro)psychology, anthropology, philosophy, poetics, linguistics, artificial intelligence, among many others. Hence that we often speak of Cognitive Sciences (in plural), on account of the primarily multidisciplinary facet of this approach. In fact, it would not be possible to speak of cognitive sciences if we were to take out this interdisciplinary perspective. Under this methodology, all disciplines integrating the cognitive paradigm are likely to benefit from the results obtained in their sister branches. Before the emergence of the cognitive approach, it was the case that each object of study was explored in an isolated way, which prevented researchers to enrich their work with the scientific advances that other theories had already formulated about the same topics. The separation between Natural Sciences and Human Sciences is chiefly due to the fact that Natural Sciences have operated with a clear method whereas Social Sciences have concentrated more intensely on the object of study and have seen the methodological factor as a minor aspect (Guerra et al 2009, Guerra 2010). Some attempts of confluence are noticeable especially thanks to theorists from Chaos Sciences like Prigogine & Stengers (1979) with their book La Nouvelle Alliance. This conciliation entered the field of Poetics in literary and hermeneutical terms with Hayles’s (1991) Chaos and Order: Complex Dynamics in Literature and Science. In Linguistics, the bond has been vindicated from the area of Catastrophe Theory, mainly by authors like Thom (1972), Petitot (1985), Østergaard (1997), López García (1989) or Bernárdez (1994a). Furthermore, the borrowing of principles, methods and models from Natural Sciences into language studies came into sight with Generativism, which tried to grant a scientific status to Linguistics and from where the modern Cognitive Theories evolved. 303 2.4.- Poetics as an all-encompassing discipline This research is a contribution to Cognitive Poetics, a subdiscipline of the Cognitive Science paradigm. Poetics, which is among the most complex constructivist approaches to knowledge in the history of the Humanities, will help to discover the intricacy of conceptualization processes, namely the sophisticated dynamics of knowledge of the world construction and the shaping of categories and concepts. As we have already anticipated, we focus on formless forms, self-organizing structures of irregular order (Guerra 1992, 2013). Within Cognitive Poetics, understood as a comprehensive discipline, we are interested in Cognitive Linguistics, given that it provides the modelling techniques to study the mechanisms of meaning representation, from the linguistic level to the conceptual structures which will guide us through the “structurings” of time in the corpus. Cognitive Linguistics somehow emerges from a disaggregation of the theoretical followers of Noam Chomsky. The founding fathers of this linguistic approach, George Lakoff, Charles Fillmore and Ronald Langacker were once disciples of Chomsky. However, from the very first moment, these researchers, especially Lakoff, placed themselves in the Generative Semantics group. The cognitive-linguistic approach emerges as a response to Chomsky’s tenets in relation to mind and language. The Generative Model initiated by Chomsky proposed the existence of a cognitive module specialised in language. For generative theorists, this mental module, consisting largely of abstract formal rules devoid of connection with meaning, was autonomous. This means that this cerebral unit was totally 304 independent of other cognitive faculties necessary for the performance of non-linguistic tasks. The Cognitive Linguistics paradigm, by contrast, considers the structure of language as a mirror which would ultimately reveal the interaction between all the general processes of human cognition, thus eradicating Chomskyan autonomist presumption (Croft & Cruse 2004: 2). This implies that language possesses a conceptual basis and, in turn, the study of language might shed some light upon the cognitive architecture of the brain. In the same way, meaning construction is a central axis for cognitive linguists, to such an extent that grammar is able to produce meaning. To put it briefly, the linguistic sign becomes a symbol oriented to the generation of meaning. Therefore, with the resources of Linguistics, Cognitive Poetics explains the processes of meaning construction (the “structurings”) and those of construction of world knowledge. Let us remember that Cognitive Linguistics does not conceive cognition as a simply computational activity operating with pre-existing symbols. On the contrary, this branch of Linguistics examines the creative side of cognitive actions, capable of producing completely new elements which do not derive from the sole combination of symbols. This entails that imagination and figurative language are highly important in conceptualization processes, since they allow us to categorize (metaphorically, figuratively) and think about the abstract in terms of the concrete (Lakoff & Johnson 1980, Fauconnier 1985, Lakoff 1987). A fundamental related notion is that of experience, the philosophical principle of cognitive-linguistic theory. Cognitive Linguistics is interested in the relationship between language, mind and socio-physical experience. That is to say, cognitive processes, thought, and in general our conceptual system, are grounded on our 305 experiences as embodied beings and social subjects. As a result, knowledge construction ulteriorly stems from the perceptual mechanisms available to humans. Language, in conclusion, reveals the structure of these experiences at the conceptual level. The elaborated language in the text we analyze is a lens through which we can examine the cognitive phenomena underlying the conceptual construction of the human experience of TEMPORALITY. We want to explore in detail the architecture of TIME in English in the light of a text which synergically modified the meaning of time in subsequent artistic creation with a reflex on the cultural reality of the early 20th century England and in general of Western civilization. This text (T. S. Eliot’s “The Waste Land”) is our object of study, our “fossil” (Guerra 2009a, 2010). Our enterprise will be initiated from the perspective of Cognitive LexicoSemantics. This framework seems valuable as it will make it possible to isolate lexical samples connected with TIME in the corpus which will be examined afterwards. The proposed hierarchy for Cognitive Poetics is clarified in the following figure, adapted partly from Martín & Guerra (2009). 306 Cognitive Sciences Cognitive Poetics (Cognitive Sociopoetics) Cognitive Linguistics Cognitive Semantics Cognitive Semiotics Cognitive Lexico-Semantics Figure 1: Subdisciplines of Cognitive Science The diagram shows the disciplinary levels of our research. Tangentially, Semiotics has been added, as we believe that we can cognitively study any type of sign (linguistic or non-linguistic) as can be deduced from the work conducted in the Centre for Semiotics in Aarhus (Denmark) and also from the cognitive-linguistic research on visual language (Forceville 1996) and gesticulation (Núñez & Sweetser 2006). Pragmatics does not appear in the figure because, for Cognitive Linguistics, there is not a division between Semantics and Pragmatics, as the emphasis is laid on meaning construction, be it lexematically attributable or inferable from contextual information. In traditional Semantics, time would be something unknowable as time cannot self-refer linguistically through its own means and also it does not have an external 307 counterpart (Evans 2004). Thankfully in the area of Cognitive Linguistics, time, as a phenomenon and high-complexity concept, can be analyzed in terms of its cognitive, poetic and linguistic organization. 2.5.- Poetics and Hermeneutics In Figure 1, we put Cognitive Poetics between Cognitive Science and Cognitive Linguistics. Up to date, Poetics has been understood synonymously with Literary Studies (or at best Cognitive Literary Studies) (Emmott 1997; Crane & Richardson 1999; Semino & Culpeper 2002; Freeman 2006, 2007). Nevertheless, to discuss our (re)definition of Poetics, we have to place ourselves in the epistemological track proposed by Roman Jakobson, especially in the line of his Linguistics and Poetics (Jakobson 1960). We understand “poetics” etymologically, synergically in its historicity, and not automatically as a synonym of Literary Studies (Guerra et al 2009, Guerra 2010). In Greek, poiesis means ‘creation, fabrication’, so the idea of ‘action’ (and ‘doing’) is extremely important. Through language, speakers are able to “do” things, that is, to “make sense”, to produce meaning while we perform the job of communication (Guerra 2013). We have chosen the name “poetics” for the sake of consistency with other cognitive authors, for example, Reuven Tsur who coined the term in his Cognitive Poetics (Tsur 1983). Except for this scholar, Cognitive Poetics shares the methodology and models of Cognitive Linguistics (Gavins & Steens 2003). The integrative energy of the cognitive paradigm has broken with the dichotomies lexical/encyclopaedic meaning, Semantics/Pragmatics and Language/Literature (Freeman 2006). 308 Significantly, Poetics contrasts with Hermeneutics. The latter has been preoccupied with the systematization of reading parameters for text interpretation, discarding all types of mechanisms that arise during the meaning-construction process. Poetics, according to Culler (1997), “starts with attested meanings or effects and asks how they are achieved”. The “how” (and not the “what”) is prioritized. Let us not forget that Jakobson (1960) wondered “What makes a verbal message a work of art?” The main difference between Hermeneutics and Poetics is the initial question (Guerra et al 2009). While Hermeneutics concerns the question what does this text mean?, in Poetics the key question is how does this text mean? (Guerra 1998, Guerra et al 2009) because Poetics can cast light on the internal mechanisms addressed to the construction of meaning. In this fashion, Dancygier & Vandelanotte (2009: 379) acknowledge that one of the priorities of (cognitive) poetics is the search for interconnections between (linguistic) form and (conceptual) meaning on the basis of prelinguistic and preconceptual dynamics. In addition, Poetics is displayed as a useful framework to study texts of any type or genre from a biocultural angle. Traditionally, Poetics has been associated with the analytic observation of artistic speeches (above all poems and lyrical production) whereas texts uttered in ordinary language have been reserved for Linguistics and its applied branches (Discourse Analysis, Text Linguistics, etc.). For us, the only difference between natural and artistic language is the degree of conceptual complexity produced by the linguistic artifice (Guerra 2013). 309 2.6.- The framework of Idealized Cognitive Models The last step in this hierarchical revision is the determination of the models that we use in our approach. The tools that we will use are Idealized Cognitive Models (ICMs), developed by the linguist George Lakoff (1987) and later extended by other authors which we will mention in the next chapters. This framework will be applied to the linguistic examples from the English text “The Waste Land” (1922), by Eliot, in order to understand the variations and conceptual operations of meaning and knowledge construction beneath this set of lexical structures. 316 name for practical reasons. Consequently, language is open and creative because we cannot envisage the emergent structures activated through the linguistic material. 3.6.- Reflections before the corpus-driven work The complex dynamics of “The Waste Land” was evidenced by Guerra (1992) in terms of Chaos Theories. Our research retakes the text but now in a cognitive direction that plausibly connects with Complexity Theories. Before starting the conceptual mappings, it will be necessary to determine the initial conditions concerning the construal of time. Equally, we will see how the cognitive architecture in the corpus is “non-linear” owing to the anomalies detected (mainly inversions in temporal patterns). In the same way, we will support the “open” character the temporal representations in Eliot, for which we will use integration models to illustrate the intertextual connections with other instances of language. The idea of “fractality” will be also introduced, since the observation of conceptual projections will uncover internal resemblances in the levels of composition which in turn produce the new meanings. In conclusion, we have identified the contributions from Complexity Theories to insert them compatibly in the cognitive mappings, which will elucidate the temporal patterns participating from the source domain of cognitive operations. 317 CHAPTER 4: THEORETICAL AND DESCRIPTIVE BASES OF THE COGNITIVE STUDY OF TIME 4.1.- Language and concept We have seen that language and cognition go together in the communicative process. The knowledge that we have of the world (of people, of our milieu, of objects...) is activated online, which implies that in ongoing discourse, concepts are rapidly organized in the brain through a process of continual adaptation towards final meaning construction. This corpus in particular and Literature more generally can reveal the evolution of concepts, given that literature is at the basis of the processes which organize human cognition (Turner 1996). In the metalanguage of Cognitive Linguistics, conceptual domains are written with small capital letters, in an attempt to symbolize the concept abstraction and because we need to differentiate them from lexical representations. In our corpus, the object of study is the functioning of TIME as activated in the poem “The Waste Land”, which does not entail that we will exclusively focus on the word time but on all other possible lexicalizations of the concept. 4.2.- Domains as open spaces Since Lakoff & Johnson (1980) and Lakoff (1987), the source domain (and also the target domain) has been analyzed as closed sets, largely because Conceptual Metaphor Theory has laid on the tenets and diagrammatic styles of Sets Theory. This 318 notation disagrees with how systems are conceived in the complexity paradigm. In the previous chapter, we had introduced the features of complex systems and one of the keys in that direction is the framework of dissipative structures (Prigogine 1984). Categories and concepts, as explained above, have been understood as closed spaces when really they have an intrinsic dynamism that makes them open. Let us think of propositional models like frames (Fillmore 1985). How much information could be added to a frame? Also, for example, scripts (Schank & Abelson 1977) or scenarios (Thornburg & Panther 1997), the more dynamic versions of frames, which we cannot consider as hermetic, bearing in mind their own nature. Lakoff (1987: 288) himself asserts: “Categories (in general) are understood in terms of CONTAINER schemas”. And also: “Conceptual domains (in particular, the source and target domains) are understood as being set off from one another within CONTAINER schemas”. We suggest that these sets should be (and are in fact) open. Ungerer & Schmid (1996: 22-23) refer to the fuzzy boundaries of conceptual categories and insist that there are “transitions”. The most abstract concepts (like that of time) will require a deeper analysis in order to determine the variable meanings which result from different initial conditions. For us, it will be important to discover the transitions between the different domains which participate in the (metaphoric, metonymic) construal of time, both in a sourcetarget direction and also in the target-source direction, something that we illustrate in the conceptual mappings chapter. The open character also becomes known from Conceptual Integration Theory (Fauconnier y Turner 1994, 1996, 1998, 2002), because in the blend other domains or spaces called “inputs” converge, making emergent structures possible. Even before 319 blending, Fauconnier (1985) had dealt with “mental spaces” as open and dynamic structures where speakers construe information in the ongoing linguistic act. In the cognitive paradigm too, the assumed hermeticity of concepts was superseded by Fuzzy Sets Theory, which entered the area of Linguistics as Prototype Theory (Rosch & Mervis 1975, Rosch et al 1976), which emphasized the intersection between concepts. In the following sections we present a critical review of the study of time to better understand what a “source domain” is in the light of our chaotic-cognitive approach. 4.3.- Initial conditions of meaning related to the construal of TIME Time, as a phenomenon and as a concept, is something complex. Its structure is difficult to describe and is adjacent to what we have named a “formless form” (Guerra 1992). Formless forms, because of their irregular and chaotic structure, are closer to perception than to cognition. Our hypothesis is that, if time can be perceived qua a formless form, then it is likely to activate complex conceptualization processes. In this dissertation about the construal of time in Eliot’s text, what we try to find are confirmations of a high-complexity dynamic mechanism lexicalized in language, a project in the realm of Cognitive Poetics. 320 4.3.1.- Embodied cognition: the grounding of temporal cognitive processes 4.3.1.1.- Neurobiological bases of TIME from the perspective of Cognitive Neuroscience Perceptual and cognitive processes of time are strongly linked to the notion of embodiment (Lakoff 1987, Varela et al 1991, Lakoff & Johnson 1999). The awareness that we have a body comes into scene during conceptualization. According to a naïve view of temporality, time is deemed a mysterious element that cannot be perceived. However, time, albeit inappreciable, can be detected by humans, so in this section we want to explore the neurobiological and experiential grounding of time. Firstly, we have to speak about aging. We humans clearly observe the effects of time upon the body. Due to natural selection, humans are perhaps the only beings who reach old age. Cases of this in animals are incidental (except for chimpanzees). Secondly, we can feel duration and experience the passing of time. Humans perceive time through change. Attention mechanisms are of great importance in this discernment of time. Flaherty (1999), for example, notes that we calibrate duration in different manners, depending whether we are bored or we are having fun. The consideration of the neural fundaments of time incorporates not only the conscious but also those internal physiological phenomena related to temporality and not perceived consciously, such as the biological clock of the human cell, or the cyclical wake/sleep integration. Thirdly, according to Neuroscience, one of the brain structures linked to the concept of time is the hypocampic area in the cerebral cortex. Experimental 321 Neuropsychology has concentrated on time conceptualization in animals (Eagleman et al 2005). In the same line, Hofstadter (2001) has discussed this topic in relation to newborns. Animals, like babies in their earliest developmental stages, lack categories and are not good at temporal calibration. 4.3.1.2.- Neurobiological bases of TIME from the perspective of Cognitive Linguistics Monographically, Evans’s work (2004 and very recently 2013) is considerably devoted to the exploration of time. Contrary to expectations, in his argumentation, Evans will not develop the Idealized Cognitive Models or ICMs anticipated by Lakoff (1987). Evans’s theoretical and descriptive apparatus starts from the idea of sense. Each of these senses consists of a specific conception of the lexeme time in English. His research, therefore, does not touch upon the metaphorisations of time. Quite the reverse, Evans intends to plan out a new radial network of time which is more based on the human distinct experiences of temporality. Among these experiences of time, subsumed under his term temporal cognition, one could find the discernment about temporal magnitude and duration, periodicity, commonplace sensations of temporal expansion or shortening (Flaherty 1999), perceptual event-comparison (Gibson 1975), the recognition of temporal spheres (present, past and future), and so on. Evans’s project has led us to formulate the following questions: Would it be possible to map this stage previous to the preconceptual processes that Lakoff modelizes and that Evans calls “temporal cognition” by means of a study of a corpus? Would the meaning construction of TIME be foundationally grounded in this perceptual 322 stage? Would Lakoff’s Conceptual Metaphor theory be sufficient or would we need a more sophisticated model? If this stage existed, we would find two main zones in the conceptual system joined by an intermediate one with partial structure from both in the continuum of cognitive and then conceptual grounding of TIME: (i) a first zone (organised perceptually rather than cognitively), an interface which would explain the metaphorical existence of TIME as source domain and which would roughly correspond to Evans’s temporal cognition; and (ii) a second zone, already conceptually structured, in which time acquires a semantic configuration deriving from other conceptual domains. This premise leads us to the following reflection. If this interface without relational reference turns out to be the one in which time is constituted as source domain, i.e., embodied but not through another domain, what kind of neurophysiological and socio-cognitive anchoring would TIME have in relation to the observer? Our intuition is that TIME might function as the interfaces do in the context of complex poetic systems (Guerra 1992). If this were the case, another question would be: Could TIME as source domain be the output of an interface between contextual movement (which produces perception) and the preconceptual space of the target domain? We mainly value the idea of MOVEMENT as the interface allowing time to act as the source domain of conceptual mappings. According to Rivano (1997), for the phenomenon of MOTION to become manifest, the notion of TIME is a pre-requisite, given that it is impossible to discern movement without time. Equally, Geck (2000) also reminds that, in Physics, movement is arranged on the basis of time, an assumption which seems to be compatible with our hypothesis about the availability of TIME as source domain. In fact, the commonest projections of time are radically grounded in 323 motion. The metaphors of Fillmore (1975 [1971]), Clark (1973) or Traugott (1978) that today we know as ego-moving and time-moving could not be understood if we do not bring into play the idea of movement. Hence, we can deduce that the semasiological classification of time developed as in Evans (2004) is preconceptually embodied as each “sense” equates a “felt experience of time” (Duration Sense, Moment Sense, etc.), so this fact would be a prerequisite for the conceptual operations activated by ICMs. In other words, the metaphors and metonymies derived from these operations would be ulterior expansions of the basic senses of the concept of TIME. Consequently, Evans may be the author closer to our proposal in this sense, since he examines time as a perceptual-cognitive phenomenon previous to conceptualisations, and therefore ready to work as a source domain of successive conceptual mappings. Paradoxically, whereas many cognitive scholars have judged time as an abstract concept, Langacker (1987) includes temporality as a basic domain of experience in his classification of “basic” vs. “abstract” domains because time is structured from sensorimotor perception and also from subjective and introspective experience. This contributes to the idea of “dynamization of space” which we proposed in previous chapter. According to the research conducted by these authors, it may seem reasonable to think about the existence of a “temporal cognition”. For example, humans are neurobiologically equipped with visual cognition. From expressions relating to the domain of vision, we can create extensions towards other conceptual domains (e.g. the KNOWING IS SEEING metaphor). Our cognitive system also possesses a spatial and orientational components which in turn instantiates metaphors from the domains of SPACE and DISTANCE. At last, moto-sensorial detectors are available in the human cognitive system, 324 and this makes it possible to project the notion of MOVEMENT onto other domains (for example, ACTION IS MOVEMENT), even allowing us to ascribe motion to elements that, by nature, are immobile (fictive motion, in terms of Talmy 1996). In line with Evans’s theory, and assuming that there is a temporal cognitive, why could we not use our temporal cognitive system in order to develop conceptual projections from the domain of temporality? This would eventually lead us to wonder what type of dimension time is, and what the relationships in the space-time-motion trichotomy are like. The work exhibited in this dissertation will clarify these questions by the examination of the corpus from a selection of linguistic structures which are illustrative of the cognitive complexity of time. 4.4.- Cognitive organization: TIME as target domain The earliest studies on temporality from the theoretical approach offered by Cognitive Linguistics (mainly: Lakoff & Johnson 1980, Lakoff 1987, Lakoff & Turner 1989, Lakoff & Johnson 1999) and the most recent developments in the same direction (Evans 2004, Núñez & Sweetser 2006, Sinha 2011, Núñez et al 2012, etc.) show that the basic category TIME may activate multiple connections with other cognitive domains (for example, TIME as a metaphor of SPACE). Our conceptual structure of TIME is based on other structures coming from different concepts which are projected onto the former, thus shaping radial networks (Lakoff, 1987). Therefore, time is essentially a central category within a lattice of interconnected categories. Then, TIME would exist conceptually as a target domain, i.e. in the meaning-organisation processes, other domains would be projected onto it. In this 325 work, we inspect a gathering of utterances which, for the first time, might reveal the possibility that time would act as a source domain of conceptual projections. This will allow us to scientifically describe a novel conceptualisation process with a high degree of complexity. Now we intend to give a bibliographical review of those studies that have dealt with time in Cognitive Linguistics. Generally, time has been regarded as an imprecise or abstract concept so, in order to fully understand temporality, it is reasonable to assume that we make an integrated use of other categories that seem more concrete and familiar to us. 4.4.1.- First steps in the cognitive study of time The first incursions into the complexity of the concept of TIME in language are attributable to the linguist Fillmore (1975 [1971]) and to the psychologist Clark (1973), who differentiated between the two classical cognitive models of time, anchored in the embodied experience of the domains of SPACE and MOTION: (i) one in which the canonical observer moves through time (e.g. We are approaching Christmas), and (ii) another one in which the observer is stationary with regard to the passing of time (Christmas is approaching). This distinction is crucial and announces the metaphorical patterns of time that will be later developed by cognitive linguists and psychologists with the names of EGO-MOVING and TIME-MOVING (Lakoff & Johnson 1980; Gentner & Imai 1992; McGlone & Harding 1998; Gentner 2001; Gentner, Imai & Borodistky 2002). In the field of Cognitive Linguistics proper, the studies on the concept of time (Lakoff & Johnson 1980, Lakoff 1987, Lakoff & Turner 1989, Lakoff & Johnson 1999) 332 In the same line, previous publications of the author of this dissertation have accounted for the conceptual anomaly of time as the source domain in the use of numeric abbreviations (Martín, Guerra & Lema 2007; Martín & Guerra 2010) in reference to historically significant events (in English 9/11 refers to an event, in particular a terrorist attack; in Spanish, 23-F alludes to a coup d’état carried out in Spain on February 23rd, 1981). 333 CHAPTER 5: CULTURE-SPECIFIC MODELLINGS OF TIME IN DIFFERENT LANGUAGES 5.1.- Cognitive models of time and their projections onto time Time is often constructed from the conceptual domain of space, so the formal elements of the spatial dimension are transposed to the domain of temporality. There are basically two cognitive models for space. The first model has to do with intrinsic space, i.e. with the inherent orientation in the spatial configuration of an object (Dirven & Verspoor 1998 mention an automobile, which per se has a front part and a back part. The deictic orientation in the arrangement of the world’s objects also belongs to this model. Anchoring a reference point in a certain object we can array the rest of the entities. The second model introduces a subject or observer, who imposes a perspective in the cosmovision. In this spatial model, the ego is the reference point by virtue of which the rest of the objects are disposed. These two models for space have a counterpart in the understanding of time, called Time Reference Point (Time-RP) and Ego-centered or Ego Reference Point (EgoRP). Most languages use the Ego-RP model. For example, when we speak about the present, we establish a deictic centre (the temporal “now”) which coincides spatiotemporally with our location in a setting (which motivates the expression “the here and now”). In addition, the elaboration of such temporal concepts as FUTURE and PAST take the individual as the point of reference. Spatial orientation and locomotion are grounded 334 in a front/back dichotomy. Our organs of sight are located in the frontal axis, so we conceptualize the future as being in front of us and the past as being behind us. Movement is also a motivating factor. For example, when we perceive an object from the distance, we intuit that we will reach it when we advance in space (but also in time). There is another model of time which is transversal and determined by left/right coordinates. For instance, Sinha et al (2011) speak of this when they write His birthday is this side of Christmas. This “lateral” conceptualization of time resides in cognitive artefacts like calendars and becomes more evident in gesticulation. Empirical research in the field of Cognitive Psychology has explained that we usually imagine a line which is perpendicular to our body where we situate events chronologically from left to right (Torralbo, Santiago & Lupiáñez 2006; Santiago, Lupiáñez, Pérez & Funes 2007; Ulrich & Maienborn 2010) or from right to left in the case of Semitic languages as the writing system is different (Tversky, Kugelmass & Winter 1991). 5.2.- Complex atypical construals of time and space 5.2.1.- Aymara Humans manage multiple construals to talk about time. However, not all of us employ the same cognitive models of time. Other cultures use alternative patterns to express the notion of time, and this peculiarity is implemented and manifested through the syntactic and lexico-semantic structure of language. An example of culture-specific conceptualization is that of the language of the Aymara Amerindian peoples, reported in Núñez et al (1997) and more recently in Núñez & Sweetser (2006). The Aymara live in the Andean regions of Chile, Peru and Bolivia and, in their mode of thinking about 335 time, past events are in front of the ego (not behind, as is the general tendency). This conceptualization is not arbitrary and is based on the metaphor KNOWING IS SEEING. In Aymara, the past is in front of the observer as it is known, whereas the future is at the back as it is enigmatic. This counter-universal conceptualizing pattern is not exclusive of Aymara speakers. Other languages share the same cognitive model. For instance, in Maori, the particle mua means “in front” but also “before” or “previously”. The antonym is muri which, in its spatial sense, means “behind” but also “future” talking about time. This is also the case in some pre-Hellenic languages, where the root opimeant “behind” and also “after”. Etymology also gives us further examples of this anomalous construction by means of which we map the concept of PAST with that of FRONT. In English, the word before contains the suffix -fore, semantically related to front. A similar morphological pattern is seen in avant (French), avanti (Italian) or antes (Spanish), which derive from Latin ab + ante and where there is a conceptual connection between the notions of PASTNESS and FRONTALITY. 5.2.2.- Mandarin Chinese Mandarin Chinese is another language where we find a peculiar conception of time. For Mandarin speakers, time is conceptualized in the vertical axis. Some authors claim that this cosmovision may be due to the relevance of the Yangtze River, which flows from north to south in its Western side. As we will see later in the case of the Yupno, the environment plays a vital role in the conceptual construction of the world and can have an impact on the cognitive systems of the language/culture in question. In Chinese, the spatial words shàng (“up”) and xià (“down”) are used to talk about time 336 and mean “before” and “after”, correspondingly. Yu (1998) states that this conceptual dynamics is embodied by means of an experiential correlation. The human body, unlike the animal body, is erect in the vertical axis and this can motivate the cognitive pattern. In any case, Yu (1998) recognizes that other languages and communicative codes also exploit this vertical model. For instance, in English we can use down to speak about the future in expressions like pass down from generation to generation. Or we also have pictures of family trees where ancestors are located in the upper position while the lower parts refer to future members. Contrary to this, we can refer to future events as upcoming events, whereby future times come from above. The notion of VERTICALITY is then connatural to our cognitive capacity, but some languages employ this pattern more regularly than others. Contrastive studies have been carried out by the cognitive psychologist Boroditsky (2001). 5.2.3.- Yupno Another novel conception of space and time not based on egocentric models can be found in the Yupno culture, a community living in the remote mountains of Papua New Guinea. This study has shown a culture that uses space/time metaphors in an unusual way. The Yupno conceptualize time on the basis of their singular geophysical environment, the Yupno Valley. Núñez et al (2012) have found linguistic evidence of a geocentric frame of reference that maps onto time. The cognitive model is not based on the ego, but on the surrounding topography (then it has an absolute or extrinsic nature). According to Senft (1997: 155), the Yupno Valley is conceived as an oval territory which takes the river as the epicentre. The Yupno microcosm comprises four zones: 337 osoden (“uphill”), omoden (“downhill”), ngwimeden (“down the river”) y ngwisiden (“up the river”). The word osoden (“uphill”), which refers to a spatial characteristic of the Yupno microworld, metaphorically means “tomorrow, the following day”. It truly entails a totally new cognitive model which communicates a special worldview (Dirven & Verspoor 1998). 5.2.4.- Hausa Another “exotic” metaphorical model of time is that of the Hausa. In this language, we have a kind of hybrid pattern. Hausa speakers produce utterances of the type Monday is in back of/after Tuesday or Tuesday is in front of/before Monday. In principle, it could be a Time-RP model, as events are arrayed in a temporal sequence. However, this sequence has a direction, and it is a (backstage) ego that imposes the arrangement of the events. In the documented examples, the observer does not appear in the temporal scene as a participant and is not even verbalized linguistically (so in theory it cannot be an Ego-RP metaphor). Nonetheless, the viewpoint is extrinsically stipulated by the ego, and the inherent orientation of the person is transferred to the temporal points of the sequence. Again, it is difficult to distinguish whether this cosmovision responds to one or the other model, but we mention it here as an example of the idiosyncrasy of time conceptualization patterns. 338 5.2.5.- Amondawa We have ratified that there is a strong cultural determination around the cognitive construction of a concept. In relation to this, we can also mention the Amondawa linguistic community in the western area of Amazonia in Brazil and who have been visited by Sinha et al (2011). In Amondawa we cannot find a metaphorical transfer of space or locomotion onto time, despite the fact that they have a huge number of resources to speak about spatiality. In contrast, they have imported the elements of the day/night cycle as well as the names of seasons and their subparts. Time intervals are lexicalized from the word kuara (‘sun’), which structurally organizes temporality and guides social activity. For example, Pojiwete means “when we start work” while Apehyiahim is “no more intense work”, to cite a few cases. Another issue in the modelling of time is based on onomastic systems. Members of the Amondawa tribe change their names to represent their life stage and social position in the group. This field study has contributed to the exploration of time in a valuable way, because it questions the universality of the TIME IS SPACE metaphor. 5.2.3.- Recent research Bernárdez (2013) critically reviews Amerindian languages like Aymara, Navajo or Quechua, insisting on the importance of ancestors in the construal of time, which are coded in language as frames of chronological (and narrative) reference. 339 Finally, El-Arbaoui (2013) has contributed new knowledge thanks to his study of Berber poems (izran) uttered by Riffian women. In the Tamazight culture of North Africa, time is not constructed as such. Berber people use the word swass (“day”) to represent time generically. Temporal terms, like in Amondawa, are based on the social activities that regulate human life, and also on temperature and sun/rain periods. Additionally, the work has discovered a novel conceptualization which equates day and night as negative entities. The intensity of daylight in the desert has motivated a new meaning through which the day (swass) has a negative value. 5.3.- Recapitulations Each language perspectivizes a particular aspect of reality, which is a sign of the cultural load lying behind linguistic expression. In this review of diverse models of time, we have confirmed that, despite a uniform time perception, the conceptual organization of time varies. Our corpus will substantiate this hypothesis in the sense that alternative constructions of time are possible (in our case, having time in the source domain). 340 CHAPTER 6.- RESEARCH METHODOLOGY IN THE FRAMEWORK OF COGNITIVE THEORIES OF LANGUAGE 6.1.- Mission of this work Our mission is to describe and illustrate some novel aspects of the conceptual complexity of the cognitive models of TIME in a poem of the author Thomas Stearns Eliot. The research that we will conduct focuses on atypical conceptual constructions in certain temporal lexicalizations. These lexicalizations give linguistic evidence of the activation of an intricate cognitive process whereby the concept of TIME is able to construct meanings alien to the notion of temporality. 6.2.- Choice of a corpus as material of study The absence of material when theorizing about language has been an issue in Linguistics. Linguistic research has often relied on invented examples which are just the fruit of the analyst’s introspection (Brandt & Brandt 2005: 245). In our case, the methodological instrument that permeates the whole project and that is common to the consecution of all the objectives outlined is the linguistic corpus. The research questions will be tested against a repository of examples of language in use, represented in what is known in Linguistics as a corpus. In the project, the research hypothesis on the conceptual complexity of time will be subject to examination against the linguistic data. 341 The corpus will serve as a database of the temporal lexicalizations that are the object of study. We will concentrate on the conceptual architecture of time as represented and fossilized linguistically in the selected corpus (Guerra 2009a, 2010). For the consecution of this goal, this research starts by identifying the lexicalizations associated with the conceptual domain of time. That is to say, we will localize illustrative examples related to the construction of the concept of time (directly or indirectly). After that, the rest of the procedure is analytical. We will discuss why these expressions have been used and what cognitive operations or conceptual projections are triggered in such complex construal of time that we find in the poem “The Waste Land”. To be exact, this exercise involves the discrimination of those figurative uses of language conducive to a peculiar conceptualization through which time can be configured as the source domain of conceptual mappings. 6.3.- Tools: Idealized Cognitive Models The methodological tools that we employ for this analysis are the Idealized Cognitive Models (ICMs). The promoter of ICMs was Lakoff (1987). More recent scholars have refined this framework and the number of ICMs has increased now to embrace combinatory versions of two or more models. Therefore, to answer for the figurative uses of the concept of time, our methodology will be based not only on Conceptual Metaphor Theory, but also, if necessary, on the theoretical expansions promoted by Fauconnier & Turner (2002), Barcelona (2000), Ruiz de Mendoza & Otal (1999, Ruiz de Mendoza & Otal 2002, Ruiz de Mendoza & Peña 2005), Bernárdez 348 6.3.5.- Conceptual Integration Theory: Blending The last model that we use for more complex cases is conceptual integration or blending (Fauconnier & Turner 1994, 1996, 1998, 2002), which shows an increase in the number of spaces participating in the projection. Figure 5: Conceptual integration This model entails two inputs which topologically remind us of the source and target domains. The generic space reflects the shared structure. Finally, the blend creatively combines the inputs and generates emergent meaning. Blending also involves three articulating principles: composition, completion and elaboration. Through composition, we establish projections between input1 and input2. In the completion stage, knowledge is added to the inputs by means of propositional frames and cognitivecultural models. Finally, elaboration embraces the generation of trajectories which make input1 generic space input2 blend 349 it possible to create new meaning (the “emergent structure” of Fauconnier & Turner 2002). In an introductory manner, we will briefly analyze one example from our corpus where we find the temporal word hour: (28) And each man fixed his eyes before his feet Flowed up the hill and down King William Street To where Saint Mary Woolnoth kept the hours With a dead sound on the final stroke of nine This blending is a juxtaposition of the two meaning possibilities of the time expression nine. The number can refer to the ninth hour in the original Jewish timekeeping system, which the Greeks and Romans borrowed. In that system, nine referred to 03:00 PM because the hours of the day were counted from dawn to twilight. The death of Jesus Christ took place at the ninth hour. In the modern system, the passing from one day to another is marked by midnight, so nine hours after that means 09:00 AM, which is the time at which workers travel to their offices. In the blended space, the emergent meaning is that contemporary people experience suffering and do not find a sense in their life. 350 Figure 6: Conceptual integration of nine 6.4.- Delineation of the term “domain” A central tenet in Cognitive Linguistics is that we need to organize our vision of the world. That is why we draw imaginary frontiers to define concepts and categories (Rosch & Mervis 1975, Rosch et al 1976). Categorization and conceptualization processes are carried out through figurativity (some concepts are understood in terms of others). A domain is, according to Lakoff & Johnson (1980), “any coherent organization of experience”. Blended space The ninth hour, for the contemporary world, is the time when the lifeless crowds of workers travel to their offices and feel the boredom of their daily routine Input2 LIFE OF MODERN MAN Time: nine (09:00 AM) Event: beginning of a time period, beginning of the working day Destination: the office Emotion: apathy of office goers Input1 LIFE OF JESUS CHRIST Time: the ninth hour (03:00 PM) Event: end of a time period (death) Destination: the Cross Emotion: suffering to death 351 6.4.1.- The source domain As said by Lakoff (1987), a source domain is “a concept that is metaphorically used to provide the means of understanding another concept”. Let us examine the following expression: (29) The new motorway will save time. In this temporal metaphor, what we find is a linguistic reference to the domain of money (save). The enunciated domain is the source domain. The domain of MONEY is there as a “glossary” in order to provide structural or topological support to the understanding of temporality. Lakoff (1987) only uses the technical term “source domain” in metaphoric projections. Nonetheless, Ruiz de Mendoza (1999) applies the term to metonymy as well. In this dissertation we will follow this decision. For us the source domain is, as we have just seen, what gives us the vocabulary related to embodied experience, through metaphor or through metonymy. Finally, we also use the word “source domain” in the description of conceptual integration models. 6.4.2.- Concrete domains and abstract domains Lakoff’s (1987) Conceptual Metaphor Theory has insinuated that mappings usually trigger from a concrete domain towards an abstract domain. This is a matter that needs some consideration because what happens with those concepts which are 352 perceived as abstract but that are used in speech with a concrete reference? For instance, in Spanish: (30) No hay ni un alma en la calle. [There is not a soul in the street] (31) No hay Dios que lo aguante. [There is not a God to abide him] (32) Suiza es un paraíso fiscal. [Switzerland is a fiscal paradise] (33) Esta cocina es el infierno. [This kitchen is hell] In these cases, soul, God, paradise and hell (intangible realities and then likely to be abstract domains) give access to the concept of PERSON. In other situations, we often find not one concrete and one abstract domain but two concrete domains (e.g. PEOPLE ARE ANIMALS / ANIMALS ARE PEOPLE). Or also, to mention a time example, we can reproduce the utterance discussed in Kövecses (2002: 145), whereby an abstract numeric notation refers to a specific entity. (34) The 8:40 has arrived. Here the temporal (numeric) expression does not denote the concept of time. The meaning construction process goes beyond the mere communication of temporality and refers to transport. It metonymically designates the train scheduled for that time. In conclusion, we have our reservations about the concrete/abstract dichotomy. If the limits between what is concrete and what is abstract are not clear and the projections can appear in either direction, then we understand that there is not an obstacle here for our hypothesis. 353 6.4.3.- The matter of domain reversibility in conceptual projections The previous discussion can lead us to question the “principle of unidirectionality (Lakoff 1993) assumed implicitly in Cognitive Linguistics. This means that conceptual operations are nonreversible. However, as we had already seen in other examples above, sometimes it is easy to find reversible metaphoric systems. Zinken (2007) mentions two metaphors which just have an inversion in the domains: SOCIETIES ARE LIVING ORGANISMS and ORGANISMS ARE LIVING SOCIETIES, depending on what concept we want to understand in terms of the other concept. Evans & Green (2006) explain the English metaphors PEOPLE ARE MACHINES and MACHINES ARE PEOPLE. In addition, we had already examined the expression San Francisco is half an hour from Berkeley (Lakoff y Johnson 1999: 152) which, instead of the prototypical TIME IS SPACE metaphor in which SPACE is the source domain, it is an operation in which TIME is the source domain. 354 CHAPTER 7: TEXTUAL CORPUS. MAP OF CONCEPTUAL PROJECTIONS 7.1.- Selection of lexical elements in the corpus In the following sections we will outline how time can linguistically and conceptually appears as the source domain in the English text “The Waste Land”. Subsequently, in this project, we will expand the radial network of time, applying the notions of metaphor, metonymy and blending among other constructs in the light of Cognitive Poetics and Linguistics, which will substantiate the hypothesis that TIME can generate emergent meanings not studied by now. We present a selection of structures and diagrams according to the initial hypothesis, based on examples which illustrate the participation of time from the source domain of the mapping (in contrast with the prototypical metaphorical systems where time is in the often in the other part of the projection). This method will start with the identification of a number of words and expressions connected directly or indirectly with the concept of time, taken from “The Waste Land” (1922), by the Anglo-American writer Thomas Stearns Eliot. Some of these words are: time, April, winter, hour, summer as well as other spatial phrases with temporal meaning (e.g. land). We will concentrate on figurative uses of language. The analysis will follow an alternating method. First we survey the examples that show a prototypical conception and then we move onto utterances which represent the reverse projection in a comparative and contrastive style. 355 7.2.- Metonymies of time in the target domain In the following fragment from the corpus we observe a confluence of TIME and SPACE, connected metonymically. (31) Summer surprised us, coming over the Starnbergersee With a shower of rain; we stopped in the colonnade, And went on in sunlight, into the Hofgarten, And drank coffee, and talked for an hour. Summer is here connected with leisure and memories and episodes of happier times. There is a union between the temporal and the spatial. The temporal unit is summer. However, it appears in combination with toponyms, which act as locative metonymies but also temporal. Within the conceptual domain activated by summer we can subsume the references to a shower of rain, sunlight and the settings where people can enjoy themselves (Starnbergersee y Hofgarten). The toponyms are the key that guides conceptualization and in Eliot’s text, they play a metonymic role. Metonymy, by definition, is a one-correspondence mapping. That is to say, the conceptual projection is one while in metaphor we could find a number of mappings from the source to the target. In any case, we also have “metonymic chains” or “double/triple metonymies” (Ruiz de Mendoza 1999, Ruiz de Mendoza & Otal 2002, Ruiz de Mendoza & Díez 2003), which are a sign of the increasing complexity in the conceptualizacion process. This implies that the target domain of a metonymy can do the job of a source domain in the second metonymy. 356 Toponyms are prone to generate multiple metonymies. Ruiz de Mendoza & Otal (2002) recall this by mentioning the locative Wall Street: (32) Wall Street reached their second highest level today. Wall Street here is a figurative use of language because it does not refer to the street but to the New York Stock Exchange, as the picture shows: Figure 7: Locative metonymy of Wall Street The metonymic projection is PLACE FOR INSTITUTION. Let us now look at another example which activates a double metonymy: (33) Wall Street is in panic. Here the domain of the institution, which in the first metonymy operated as the target concept, now becomes the origin of a second conceptual projection, given that the lexicalization Wall Street alludes to the staff in the Stock Market. The metonymy is Wall Street New York Stock Exchange 357 double. It can be enunciated as PLACE FOR INSTITUTION FOR PEOPLE RELATED TO THE INSTITUTION (Ruiz de Mendoza & Otal 2002) and is exhibited as follows: Figure 8: Double locative metonymy of Wall Street A locative, which in principle should refer to a clear-cut place, is deictically efficient usually in literal uses of language. According to Tsur (2003), deixis has to do with abstractions. In our poem, metonymy helps to refer to diffuse entities. In “The Waste Land”, toponyms are complex in this sense and, as noted by Miller (1977) point to abstract concepts: Possibly Munich’s Starnbergersee and Hofgarten are closer to the actual experience: the rain shower and sunlight are all suggestive of happiness and fruition and fulfillment, not only in nature but personally and creatively. Starnbergersee is a big lake in the southwest of Munich (Germany). It was a very popular holiday resort in the early 20th century. Eliot himself visited the place in August 1911, where he met with Countess Larisch. In some way, the target concept is, Wall Street New York Stock Exchange people 364 Firstly, a capital name used in a weakly metonymic sense in a relatively poor context lends itself to a whole range of interpretations, like any other place name. It could refer to a salient event taking place in the location specified, e.g. Paris or a prepositional phrase with this name, such as after Paris or in Paris used in 2003 or around that time in the sports context, could be used to refer to the World Athletics Championships 2003. In a different context, Paris might be used to refer to the domain of fashion. A sentence such as Paris was really appalling will hardly in that context be understood as referring to designers only. It will also include the reference to the fashions shows, clothes, etc. But it may also be used to refer to just clothes. We can say that cognitively these toponyms act as space builders (Fauconnier 1985, 1997), or even time builders, as they are used as constructors of temporal frames. Having said this, let us now retake the fragment where city toponyms appear in “The Waste Land” which we reproduce again: (37) What is the city over the mountains Cracks and reforms and burst in the violet air Falling towers Jerusalem Athens Alexandria Vienna London Unreal The vocabulary used here is spatial in two forms. First, we have the image schema of verticality UP/DOWN), lexicalized by over (the mountains) and by falling in 365 falling towers. Then we have locatives referring to city names. Yet, we have to separate the cities which pertain to old civilizations (Jerusalem, Athens, Alexandria) and the modern cities (Vienna, London). All these settings (old and more recent) are centres which suggest a splendorous past which contrast with decay. Ancient settings include Athens or Alexandria. The more modern cities, Vienna and London, are capitals of two defunct empires, the Austro-Hungarian Empire and the British Empire. From this conceptual information the three elements of the mapping emerge. The image schemas UP/DOWN activate by figurative extension the magnificence (over the mountains) and collapse (falling towers) of these famous capitals. The second space is that of PAST, represented by names of old locations. The third space is that of PRESENT, visible through the references to modern-day cities. The metaphtonymy is as follows: Figure 13: Time metaphtonymy through locatives To sum up, initially, we find a conceptual metonymic process which results in a particular conceptualisation of spacetime by means of which we activate a PLACE FOR EVENT metonymy, or more specifically, PLACE FOR SINGULAR EVENT IN HISTORY. This Target domain THE PRESENT The contemporary world and the life of modern people are also subject to constant fluctuations and to the problem of degeneration Source domain THE PAST Jerusalem, Athens, Alexandria rise and fall 366 process is an instantiations of a target-in-source metonymy (Ruiz de Mendoza & Otal 2002), whereby the matrix domain is reduced to refer to a salient subdomain (the evolution from grandeur to socio-political and cultural decay). The second mapping goes from the locatives Jerusalem, Athens, Alexandria to the conceptual dimension of past. Next, we can find the metaphorical connection of the present with the past. They bring together past events with modern-day existence and the life of present people, which function as target domains. The dynamics is complex and involves two kinds of cognitive operations. The metonymy reflects the PLACE FOR EVENT relationship. After that, the information can be used as a source domain for a further analogically-based metaphorical mapping (about life in the modern world). What we see here is an operation of medium complexity which we classify as metaphtonymy and where the time element is both in the target and source domains. 7.4.- Metonymies of time in the source domain and in the target domain In this section we look at a couple of metonymies topologically similar but which are divergent in two ways, first in the lexical material and second, in the mapping direction: (38) [Mr Eugenides] Asked me in demotic French To luncheon at the Cannon Street Hotel Followed by a weekend at the Metropole 367 We are concerned with two lexical items: luncheon and weekend. The first lexicalization, luncheon, is a term which denotes an action. This is a source-in-target metonymy. In the co-text surrounding the word we note that it is preceded by to, a particle that produces infinitives in English. This is a process of conversion or categorical modification through which the noun luncheon has been transformed into a verb. The recategorization of luncheon is motivated and is coherent with our proposed metonymy ACTION FOR TIME. In this operation luncheon, which designates an action, performs by conceptual contiguity a role of access point towards the concept of TIME in which the activity of eating the midday meal occurs. Figure 14: Metonymy of luncheon The other example (weekend) displays the reverse phenomenon. Here the projection stems from the TIME structure to go metonymically into the actions framed in that temporal interval. By mentioning weekend we access the conceptual construction of the activities typical of a weekend. In the terminology suggested by Ruiz de Mendoza (1999) this is an instance of target-in-source metonymy. TIME luncheon TIME ACTION 368 Figure 15: Metonymy of weekend This metonymic analysis is compatible with the process that the pragmatists Sperber & Wilson (1995) have labelled as enrichment and which Ruiz de Mendoza (1999) has integrated in his theory. Weekend is only a partial structure of the meaning construed in terms of value. Resituating this in “The Waste Land” we have to activate the encyclopaedic and experiential knowledge about the frame of weekends, normally associated with travel, outings and rest. The comparison between the two metonymies explores can be graphically displayed in the following diagram: weekend ACTION TIME ACTION 369 Figure 16: Metonimies of time as source and target domain Again, these are two construals which demonstrate the alternation of TIME either in the target domain or in the source, which could be explained in terms of reversibility, as we had predicted in Chapter 6. The two mappings differ structurally from each other but both together give coherence at the conceptual level in this part of the poem. TIME luncheon weekend ACTION TIME ACTION TIME ACTION 370 7.5.- Metaphors of time in the target domain In this section, we begin from the title itself of the poem, “The Waste Land” where we can discern that the author is using a spatial term to evoke not only the physical space where the action takes place, but also the feeling of society in a particular period, that of postwar England which in turn is (metonymically) abstracted to represent human history at a more universal or sublime level. What is the connection between space and life and why is a locative term used to communicate a feature of life? The answer is that literary texts are full of singular uses of language because they tend to construct the most complex concepts of human reality. This means that the more complex the human experience we want to represent as a target concept is, the more intricate is the linguistic structure that activates such conceptualization. Spatial elements (and sometimes temporal) act in the source domain to create a superior concept, that of the HISTORY or LIFE of man. The title of Eliot’s poem reflects the two directions of the conceptualization processes that we see in the entire poem. The noun land is a spatial term which will be mapped onto the domain of TIME. The adjective waste conveys the negative evaluation that dramatically transforms the perception of time. In itself, the title of the poem is an example of SPACE/TIME metaphor. The lexical unit land is part of the source domain of SPACE and the meaning construed in the target domain is that of TIME. Land is not only the physical location where the action of the poem takes place, but it metaphorically evokes the time frame of the 20th century, that is to say, modern existence, the concept of LIFE, after all. However, as said earlier, the word land is modified by the lexical unit waste, which adds the negative connotation and builds up the concept of DEATH and DESOLATION. 371 This construal is also present in other occurrences of the word. For instance in Lilacs out of the dead land or in Shall I at least set my lands in order, where the word land relates to a person’s desolated existence which needs to be regenerated (set in order, also a spatial expression). The following diagram shows the metaphorical mechanism. Physical organization (geology/geophysics) Non-physical Figure 17: Metaphor in the poem title Decidedly, the title metaphor may not be new but we do need to say that literary criticism has pointed to TIME as the topic par excellence in Eliot’s production. In the metalanguage of metaphor, “topic” is also the name of the target domain, which would mean that literary theory has described time as the target concept of the metaphor. For the critics, “The Waste Land” is a poem “about” time, but in our view, elaborating the concept of time to develop the meaning of LIFE. The innovation in this projection is not the metaphor as such but the identification of the domains that participate in the conceptualization, given that the Target domain LIFE life of a person death (sterility and deterioration) prepare for change Source domain SPACE land waste, (set) in order 372 stylistic studies on T. S. Eliot (Gish 1981, Sharma 1985, Longenbach 1987) have emphasized the concept of TIME as the domain to be explained when the mapping direction in most of our examples is just the opposite. Our aim is that this dissertation can correct or complement these dominant views, formalizing them with cognitive models. 7.6.- Metaphtonymy of time in the source domain One of the central notions in “The Waste Land” is the cycle of seasons. Not by chance does the poem evoke temporality from the very beginning. However, the originality is that it mentions the concept of time, but from the perspective of the source domain of a projection which in turn constructs, by metaphtonymic extension, another domain. This operation will be based upon the inaugural line of the poem: (39) April is the cruellest month, [breeding] If we check the Longman Dictionary of Contemporary English, the entry for April is “the fourth month of the year, between March and May”. Nevertheless, the meaning of that lexical unit in our poem is much more complex that a simple chronological sense. April conceptually connotes the period of spring. Spring conventionally takes place in March and stretches to May. April then is an integral part of springtime, so this is a metonymy. In the classification proposed, it is a source-in-target metonymic process. An entity (April) has been used as a representative of a higher superordinate category (spring): 373 Figure 18: Temporal metonymy of April In the opening of “The Waste Land”, Eliot intertextually connects with Chaucer as he is quoting the preface of “The Canterbury Tales” which we transcribe here in Modern English: (40) When April with his showers sweet with fruit The drought of March has pierced unto the root And bathed each vein with liquor that has power To generate therein and sire the flower; In accordance with literary hermeneutics (e.g. Sharma 1985, Ellmann 1987), in Chaucer’s poem, the month of April has a positive connotation. It is in this period when the atmosphere changes radically and nature arises again after the cold winter. Then we agree that the underlying operation here is a metaphor (which before comes from a metonymy), but what is the motivation of the metaphor? Grady (1999) has proposed two types of metaphors resulting from different motivating factors, “resemblance metaphors” and “correlation metaphors”. If we apply spring April subdomain and source matrix and target 380 this frame, winter is prototypically associated with (covering) snow, which is the means through which winter displays (means2). The normal effect of winter, of snow and of freezing is the destruction of nature and of all kinds of vegetal life (destroying life). The second input (target or input2) consists of HUMAN NATURE. The knowledge evoked finds counterparts in the second mental space, but in a special way. This is so because the relationship betweeen the two inputs is governed by the principle of compression (Fauconnier & Turner 2002). In this complicated conceptual operation, time is compressed. This phenomenon makes it possible that the cycle of seasons (input1) can be a reflection, in reductionist terms, of life and human experience (input2). The elements which appear in the target input are the following. First, the individual or the protagonist of the vital cycle is a human organism, i.e. (human) body, which accomplishes the function of patient or undergoer in input2 (let us remember that in input1 the patient was the land). According to Eliot, modern man is desperate and needs a “regeneration”, a transformation or life change. This regeneration has to start from the self, in the form of desires or aspirations. Therefore, human being would act as agent1. The element of cruelty is the painful means (means1) due to which we can have an improvement in the LIFE of the individual, so in this way it is included in the diagram (effect1). Eliot constructs the human feature of the “cruel” in relation to the temporal of April creatively to generate the emergent structure that we will see later on. In the second input, we also have two agents, analogically with the first input. The agent2 is the passing of time which helps us to bury events in the past. For T. S. Eliot, memory and desire are conceptually equivalent to past and future. The word memory makes us compare unconsciously the present with the past, confronting what it was and what it is now (the sociopolitical atmosphere in prewar Europe and the 381 depressive feeling of the postwar society). It is the notion of memory which allows us to join past and present. The passing of time helps us to “store” remembrances, to forget about them in the present and conceal the past’s sufferings. This will be the means2 in the second input. The correspondences between the two inputs are represented in the generic space of the conceptual integration network. It is here where we have the common elements shared by the two frames that are being composed. In both spaces there is a patient (undergoer), two agents (agent1 y agent2) who perform two actions (means1 and means2) and produce consequences (effect1 and effect2). The principal ingredient shared by the two inputs is the “organic” aspect, which is valid for HUMAN NATURE and for NONHUMAN NATURE in the generic blend. The blended space has permitted the union of two temporal events into one and has caused the new conception of April. Through a complex cognitive model, we can understand the life of a person as the “image” of the seasonal cycle. That is to say, the TIME conceptual element is employed as domain (or input) which licenses the conceptualization of HUMAN LIFE. In the utterance a temporal compression can be found. HUMAN LIFE is scalarly reduced to a simpler conceptual unit, the timeframe of a year where the cycle of seasons is inserted. This process is called scaling (Fauconnier & Turner 2002), so the vital relation of time between the inputs has become, or technically speaking, has compressed into scaled time. Eliot, therefore, presents an interesting conceptual network, a union of two fundamental dimensions of human experience: mechanical time which affects the vegetal and natural world and the life of a human organism. Through the spatial reference to the dead land, the writer constructs, as a projection in the target domain, the 382 extended meaning that time leads a life of moral sterility and is trapped in a period of crisis and confusion. The cyclic temporal perception is then projected onto life, which has to do with experiential time. The beginning of “The Waste Land” is not an aseptic reference to the seasons, but there is a semantic reclassification of April and winter. At the macro-structural level, the general meaning of the poem is that of depression and despair, and there is a constant fluctuation between the concepts of life and time and the concept of death. To represent those concepts, Eliot has exploited the cycle of the seasons, using temporal nouns like April, spring or winter. However, the novelty of the conceptualization is that the meanings evoked by those words are far from the prototypical senses of spring and winter. The uniqueness in our data is that the construal of these time lexicalizations substantially differs from the conventional metaphors that we would expect to find (DEATH IS WINTER and BIRTH IS SPRING). There is an anomalous conception of time produced by the most immediate linguistic context in which the time words are uttered. April collocates with cruellest while the word winter is accompanied by warm. This is completely the opposite that we would predict and so are examples of atypical constructions of time. The month of April, which prototypically constructs the exultation of nature and man, by its oxymoronic assembling with the adjective cruel(lest) paradoxically designates a time of suffering and impotence. The winter is mapped to a scene where ignorance is emphasized because it allows people to forget about past problems. The “warmth” of the winter, as an emergent structure in the corpus, is conceptually associated with the comfort of the indifference towards past afflictions. The earth is a metaphor for past memories. The covering snow hides human sorrow. 383 Figuratively, the inhabitants of “The Waste Land” seem to find a refuge in the winter season because only there can they hide their anguish. The lexicalization of life in “A little life with dried tubers” belongs to the target domain, because the concept that Eliot elaborates in the HUMAN NATURE space is the universal of HUMAN LIFE. With the references to the dried tubers, the author points to the emptiness of human life. Visually, the components of the blend would be the following: 384 Figure 20: Conceptual integration of April and winter Blended space Agent 1: April Means 1: cruelty Violence in the perpetuation of life SURVIVAL Agent 2: winter Effect 2: warmth Absence of pain as memories are hidden WELLBEING Input2 HUMAN NATURE Undergoer: body Agent 1: human being Means 1: cruelty Effect 1: providing life Agent 2: passing of time Means 2: forgetting Effect 2: warmth Input1 NON-HUMAN NATURE (VEGETATION) Undergoer: land Agent 1: April Means 1: spring rain Effect 1: fertilizing Agent 2: winter Means 2: freeze & snow Effect 2: destroying life Generic space ORGANIC Undergoer Agent 1 Means 1 Effect 1 Agent 2 Means 2 Effect 2 385 To sum up, in this section, we have managed to recognize three main anomalies in the meaning trajectories of the poem. First, in a general way, we have the functioning of time as the basis for meaning construction in the input1. Second, a time segment (April) is humanized with the feature of “cruelty” and it allows the production of a meaning which is not REGENERATION as in the former metaphtonymy but instead a mere SURVIVAL. In the third place, we observe the association between heat (warm) and winter represented in “Winter kept us warm”. This brings about an alteration of the metaphoric system that cancels the metaphors LIFE IS HEAT and DEATH IS COLD, conflations which are grounded in the experience of temperature. This analysis has serious implications for Literary Criticism and Cognitive Linguistics, which have judged time as an abstract concept. For us, time (even in its mechanic form) is a concrete dimension where the conceptualization of a more abstract concept (LIFE) can be anchored. 7.7.2.- The blend of the pub Finally, we would like to retake one example that we had examined in the methodological chapter of this thesis as evidence that we can find temporal patterns in the source (input1) of a blend: (30) HURRY UP PLEASE IT’S TIME This utterance comes from the section “A Game of Chess” in Eliot’s poem and appears repeatedly as a sort of chorus (five times to be exact). In the frame of the poem, 386 the utterer of Hurry up please it’s time is a barman who announces the (legal) closing time of the pub. In the pub are two women who speak about the life of a third party (Lil) and her relationship with her husband (Albert). In the fragment, the misfortunes of this married couple are recounted. Albert will come back from the army expecting a physical change in his wife, to whom he had been given money to buy new teeth. Lil complains that her ugliness is the result of her medication and excuses herself by saying that Albert will always love her. In this phrase the closing time of the bar is the source domain from which we can construct a target concept. Literally, it’s time is the typical announcement heard in an English pub before the official closing time (11:00 PM). In context, the meaning it constructs is that of an impasse in human existence, a total absence of change, mirrored in Lil’s personal life. Modern people should find a solution to their moral sterility before it is too late. This mapping could be enunciated with a metaphor LIFE IS TIME, which recruits a time structure in the source domain. Even at the constructional level, the recurrence of the sentence communicates action and movement, which conceptually coincides with the expressed meaning lexicosemantically and which contraposes the static character of the ladies’ speech. What is more, as a consequence of the image schema of verticality, the adverb up in hurry up is a structure that participates in the conceptualization of this new meaning of CHANGE, ACTION and MOVEMENT. Finally, after the five instances of Hurry up please it’s time Eliot introduces three lines in which the farewell Good night (or Goonight) is repeated ten times: (32) Goonight Bill. Goonight Lou. Goonight May. Goonight. Ta ta. Goonight. Goonight. 387 Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night. Once again, we utilize “mechanic” time as the basis for further figurative extensions. The segmentation of time in smaller units is a phenomenon that we recruit cognitively to construct the meaning of LIFE. Previously we had seen as temporal structures the closing time of a bar and the expression hurry up. Now we observe how another lexical item (good night) is taken to represent (HUMAN) LIFE. Let us look at a diagram to appreciate the blending operation. In the first space (input1) we lay the aforementioned temporal structures in the timeframe of the opening hours of a British pub. The second space (input2) is composed of the elements which configure the concept of LIFE. In the blended space, the expression Hurry up please it’s time communicates the need for ACTION and CHANGE in the life of an individual. 388 Figure 21: Conceptual integration in it’s time In this blend, the following vital relations (Fauconnier & Turner 2002) can be made out. The physical space of the pub is compressed in the second input in order to signify the world in which we live. The roles of the people appearing in the various mental spaces differ in terms of value. In the input1 the subjects are two ladies in a bar while in the input2 the deictic reference is to human being in a more generic sense. The regular activity in the pub is drinking and talking; in life, the activity is the fact of living itself. The passing of minutes and hours in the pub corresponds to the ongoing nature of life in the second mental space, and so forth. Blended space hurry up goodnight the end of life Emergent meaning: ACTION, MOVEMENT, CHANGE Input2 HUMAN LIFE the world human being living passing of life a stage of life life opportunities the end of life Input1 PUB OPENING HOURS pub ladies drinking and speaking passing of time it’s time (23:00) hurry up goodnight 389 However, the most important thing is the compression of the vital relation of time activated in the proposed utterances. Perceptually, in our daily experience of time, we can calculate and measure time in order to get to know what time bars close. Furthermore, we can distinguish day and night so we are able to use greetings and farewells like goodnight. The experience of the time domain at the perceptual and mechanical level has been recruited and compressed to design LIFE in a more sublime level. As a complement to the description in terms of blending, the conceptual phenomenon manifest in it’s time can also be accounted for with the theory of enrichment (Sperber & Wilson 1995, Ruiz de Mendoza 1999). In the scenario of the pub and within the source domain, it’s time could be an abbreviated form of it’s time to close the pub while it’s time uttered in the target domain could be enriched, which would generate the explicatures it’s time for action or it’s time for a change in life, which is the emergent meaning in the blend. This fully agrees with the conclusion we have come after the analysis with blending theory. The figurative (non-literal) use of the word time in this expression upholds our hypothesis that temporality can act as a platform from which meaning extensions are possible. The type of operation (blending, metaphor, enrichment by metonymy) is a secondary matter – more importantly, what we see here is the position of time as a source domain whose structure can be used to fabricate other concepts cognitively.