Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las Cantigas de Santa María
Abstract
Ante la precaria historiografía en español sobre la construcción naval medieval y la escasa iconografía disponible, los códices miniados de las Cantigas de Santa María constituyen una fuente excepcional para aproximarse al asunto. No obstante, la mayor parte de los barcos aludidos y representados en ellas pertenecen a solo una de las dos grandes tradiciones navales ibéricas entonces en presencia, la mediterránea. Aquí se pretende mostrar de la manera más completa posible el complejo panorama de la gran diversidad de tipologías navales existentes en los puertos de la Península Ibérica durante el siglo XIII.
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Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las Cantigas de Santa María José Luis Casado Soto Museo Marítimo del Cantábrico Resumen: Ante la precaria historiografía en español sobre la construcción naval medieval y la escasa iconografía disponible, los códices miniados de las Cantigas de Santa María constituyen una fuente excepcional para aproximarse al asunto. No obstante, la mayor parte de los barcos aludidos y representados en ellas pertenecen a solo una de las dos grandes tradiciones navales ibéricas entonces en presencia, la mediterránea. Aquí se pretende mostrar de la manera más completa posible el complejo panorama de la gran diversidad de tipologías navales existentes en los puertos de la Península Ibérica durante el siglo XIII. Palabras clave: barcos medievales, barcos ibéricos, construcción naval, tipologías navales, iconografía de barcos. Abstract: When we consider how little has been written in Spanish relating to medieval ship building and how few images exist, the coloured miniatures found in the Cantigas de Santa María constitute an exceptional source of information. However, the majority of the ships depicted in the Cantigas represent only one of the great Iberian naval traditions of the times, namely that of the Mediterranean. This study aims to offer a more complete picture of the great variety of ships to be found in the ports of the Iberian Peninsula in the 13th century. Key words: medieval ships, Iberian ships, shipbuilding, naval typologies, iconography of ships. I. Algo sobre el estado de la cuestión Recientemente y en otros lugares hemos tenido ocasión de exponer, no sólo la considerable escasez que caracteriza al acervo iconográfico naval hispano para el periodo medieval, sino también la rareza de estudios rigurosos al respecto1. A diferencia de lo ocurrido hasta el presente en otros países europeos, hasta tiempos muy recientes resultan extremadamente exiguos en España los 1 José Luis Casado Soto, “Los barcos de las Cantigas y sus diversas funciones”, en Alfonso X El Sabio 1221-1284. Las Cantigas de Santa María, Testimonio Compañía Editorial, 2011, II, 269-304; del mismo “Construcción naval y navegación”, en L. García Ballester, (Director), Historia de la
192 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto trabajos sobre el hecho histórico y tecnológico de la construcción naval. El fenómeno es tanto más contradictorio y significativo si tenemos en consideración que la Península Ibérica desempeñó durante las edades Media y Moderna un papel preponderante y de primera línea en la actividad marítima del viejo y los nuevos mundos, gracias al dominio que consiguieron, tanto sus hombres de mar como los barcos que fueron capaces de fabricar para moverse sobre las olas; en primera instancia, por los mares y los océanos europeos y, más adelante, sobre las masas de agua que cubren la mayor parte del planeta Tierra. Es posible que una de las causas de tal estado de la cuestión derive precisamente de la precariedad de las fuentes iconográficas hispanas al respecto, por la consiguiente falta de estímulo que haya podido provocar en los potenciales estudiosos a la hora de emprender trabajos de investigación sobre este asunto. Sea como fuere, el hecho es que tal desentendimiento ha corrido paralelo con el de la falta de interés en España respecto a la búsqueda y estudio de referencias significativas entre las fuentes escritas castello-leonesas, portuguesas y aragonesas disponibles para el estudio de la actividad marítima medieval2. Como ya se destacó en el trabajo citado, los códices de las Cantigas de Santa María de AlfonsoX constituyen la excepción más destacada en tan árido paisaje, ya que en los mismos concurre una rica y expresiva documentación naval, tanto de índole iconográfica como textual. En el presente trabajo procederemos a ensayar una reconstrucción del panorama conformado por las diferentes clases de barcos que posibilitaron la actividad marítima protagonizada por los hombres de mar de la Península Ibérica en el siglo XIII, y especialmente los castellano-leoneses, precisamente en el periodo en que la llamada “Reconquista” tuvo la virtud de proyectar a las gentes de las comunidades de mareantes del país, hasta entonces confinadas en las costas del mar Cantábrico, hacia el Atlántico sur de la antigua Hispania y hacia el Mediterráneo. Tal aproximación se intentará llevar a cabo procurando integrar la información que proporcionan las imágenes con la de los textos disponibles, tanto en los propios códices de las Cantigas como en la documentación, literatura e imágenes contemporáneas a las mismas. ciencia y de la técnica en la Corona de Castilla, II, Edad Media 2, Junta de Castilla y León, Valladolid, 2002, 433-501. 2 Una panorámica europea sobre el asunto en Michel Mollat (ed), Les sources de l’Histoire Maritime en Europe, du Moyen Age au XVIIIe siècle, París, 1962; para España, Rolf Eberenz, Schiffe an den Künsten der Pyrenäenhalbinsel, Frankfurt M., 1975, y Elisa Ferreira Priegue, Galicia en el comercio marítimo medieval, Fundación Barrié de la Maza, La Coruña, 1988, 5-14. Para el Levante hispano, sigue vigente la obra de Antonio Capmani, Memorias históricas sobre la marina, comercio y artes de la antigua ciudad de Barcelona, 4 vols. Madrid, 1779-92.
193 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... II. Barcos y actividad marítima en las Cantigas de Santa María Como es bien sabido, son dos los códices mandados realizar por el rey AlfonsoX en la fase definitiva de su gran proyecto respecto a las Cantigas; el “rico” conservado en la biblioteca del monasterio de El Escorial (Ms. T-I-1) y el incompleto que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Florencia (Ms. B.R. 20). Entre los dos, contienen 22 cantigas con asunto marítimo y protagonismo de barcos, instrumento tecnológico que aparece representado en un total de 75 viñetas. Tales cantigas con asunto naval son las siguientes3: Códice rico de El Escorial IX, Escenario, Cerdeña. Denominación, nave. Imágenes, naves XVb, Escenario, romero a Jerusalén. Denominación, nave y batel. Imágenes, naves y bateles XVb, Escenario, Bizancio. Denominación, nave y batel. Imágenes, naves y bateles XXXIII, Escenario, romero a Acre. Denominación, nave y batel. Imágenes, naves y bateles XXXVb, Escenario, Leon de Ródano. Denominación, nave y galeas. Imágenes, nave y galeas XXXVI, Escenario, al mar de Bretaña. Denominación, nave. Imágenes, nave cantábrica LXVa, Escenario, Roma Alejandría. Denominación, nave. Imágenes, nave XCV, Escenario, en Portugal. Denominación, galeas y barcas. Imágenes, galeas CXI, Escenario, río de París. Denominación, barco. Imágenes, barco CXII, Escenario, Collioure. Denominación, nave y batel. Imágenes, naves y bateles CXVa, Escenario, Roma Siria. Denominación, nave. Imágenes, naves CLXXII, Escenario, Acre. Denominación, nave y batel. Imágenes, naves y bateles CLXXVI, Escenario, Mallorca. (Barcos menores) CLXXXIII, Escenario, Faro en Algarve. (Barcos de pesca) CXCIII, Escenario, a Túnez. Denominación, nave. Imágenes, naves 3 El número de la cantiga va en negrita, sigue el ámbito geográfico en que se desarrolla la acción protagonizada por los barcos, la denominación tipológica que se les asigna y las embarcaciones representadas.
194 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto Códice de Florencia 6, Escenario, monasterio de Francia. Denominación, barqueta pequeña. Imágenes. 16, Escenario, la mar. Denominación, nave. Imágenes, naves 26, Escenario, Coria de Sevilla. Denominación, nave. Imágenes, naves 46, Escenario, Marruecos-Montpellier. Denominación, nave. Imágenes, naves 53, Escenario, Rocamadur en gran mar de España. Denominación, nave. Imágenes, naves 64bis, Escenario, Marsella. Denominación, galea. Imágenes, galeas. 81, Escenario, Guadiana. (barco menor) En los estudios que se han llevado a cabo sobre estos códices únicamente se apreciaron tres tipologías, la nave comercial, la galea de guerra y el batel. Sin embargo, la atenta lectura de los textos de las ventidós cantigas en que intervienen embarcaciones proporciona algunos más, ya que aparecen consignadas las que denominan nave, batel, barco, barqueta y galea. En nuestro estudio de las imágenes reseñado en la primera nota de este trabajo, pretendemos haber demostrado que en el conjunto de viñetas con representaciones de barcos existentes en los dos códices se pueden distinguir, cuando menos, ocho tipologías suficientemente bien diferenciadas. Dispuestas de mayor a menor, serían las siguientes: entre los barcos mancos (los propulsados preponderantemente mediante la fuerza del viento), la carraca, la nave mediterránea, la nave atlántica y la barca; entre los leños (los movidos prioritariamente por la fuerza del brazo de los remeros), la galea, la saetía y el barco, además del batel de servicio, utilizado como auxiliar por ambas ramas tipológicas definidas según la mecánica funcional. En el mismo trabajo citado se afirma que los códices alfonsíes que nos ocupan recogen solamente una parte limitada de la rica realidad naval presente por aquellos años en las costas castellanas, destacando la más que notoria casi total ausencia de los tipos de barcos procedentes del Norte. Establecida esta necesaria relativización de la fuente, a pesar de su destacada riqueza, intentaremos acercarnos a pergeñar un panorama lo más completo posible de la diversidad de tipologías navales presentes entonces en las aguas ibéricas. III. Barcos de las flotas peninsulares en la segunda mitad del siglo XIII Detrás de las genéricas denominaciones de “naves” y de “galeas”, que son las que aparecen con mayor frecuencia en las fuentes medievales, se ocultaba
195 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... una realidad tecnológica mucho más compleja, compuesta por variadas tipologías claramente diferenciadas entre si, tanto por las tradiciones constructivas de procedencia como por las diferentes funciones a las que estaban destinadas, lo que, a su vez, condicionaba el tamaño relativo de las unidades. Tres eran entonces las funciones básicas de los barcos: la pesca, el comercio y la guerra, así como dos los ámbitos de donde procedían los buques castellanos: las riberas del mar Cantábrico, únicas costas de los reinos de Castilla y de León hasta casi la mitad del siglo XIII, y los litorales de Murcia y de Andalucía, incorporados a la corona desde 1245 y 1248 en adelante; dos realidades geográficas flanqueadas por los también reinos marítimos de Portugal al Oeste y de Aragón al Este. La tradición constructiva naval del Atlántico se fundamentaba, en última instancia, en la herramienta que seguía condicionando la metodología de sus labras, el hacha, mientras que la referencia tecnológica del Mediterráneo era la sierra. De ello derivaba la estructura básica de los buques de ambos ámbitos. Fuerte forro con la tablazón superpuesta (tingladillo) y ligera armazón en el Norte, consistente estructura con forro más ligero, de tracas besando “a tope”, en el Sur. Velas cuadras (rectangulares) y espadilla lateral en el Atlántico, velamen latino (triangular) y dos gobernalles en las costas meridionales y mediterráneas (figs. 1 y 2). Como ya indicamos más arriba, sorprende que en la fuente de información más rica de que disponemos para el siglo XIII, desde el punto de vista iconográfico naval, la de las Cantigas de Santa María, salvo tres excepciones, Figura 1. Representación esquemática de un astillero cantábrico llamada Biblia de Pamplona (1197). Calco del autor. Figura 2. Potro y sierra para deshilar las tracas de un barco. Grabado francés del siglo XVIII
196 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto brillen por su ausencia las representaciones de barcos del Atlántico; aquellos que habían protagonizado la incorporación de los litorales sureños a la corona de Castilla unos treinta años antes de la confección de los códices en cuestión; barcos masivamente presentes entonces sobre las aguas del río de Sevilla, ciudad portuaria donde al parecer se confeccionó la obra, a cuyas riberas atracaban en promiscuidad con los propios de la zona. La lectura de los textos de las Cantigas explica el fenómeno, ya que el asunto de la mayoría de los poemas se desarrolla en el Mediterráneo; solamente el argumento de tres cantigas con barcos menores (XCV, CXI, CLXXXIII) y otra con una nao (XXXVI) discurren en el Atlántico Viene a cuento aquí el transcribir, el muy esclarecedor texto de la Primera Crónica General del propio AlfonsoX, en que describe de dónde venían los barcos de altura que frecuentaban el río de Sevilla en las décadas que siguieron a la conquista cristiana de la ciudad, es decir, en los tiempos en que se estaban confeccionando los códices marianos. Se han destacado en negrita los lugares de procedencia atlánticos: El navío del mar viene por el río (de Sevilla) todos los días; de las naves et de las galeas et de los otros navíos de la mar, fasta dentro a los muros, apuertan allí con todas mercaderías de todas partes del mundo: de Taniar, de Çepta, de Tunez de Bogia, dAlexandría, de Jenua, de Portogal, de Inglaterra, de Pisa, Lombardía, de Burdel, de Bayona, de Cezilia, de Gasconna, de Catalonna, dAragón, et aun de Françia et aun de otras partes dallen mar, de tierra de cristianos et de moros, de muchos logares que muchas vezes y acaesçen4 (fig. 3). La ausencia de referencia a los puertos cantábricos solo puede interpretarse porque consideraban a sus embarcaciones como propias. Pero las preguntas son: ¿Cuáles eran los tipos de barcos que sostenían esa deslumbrantemente dinámica actividad? y ¿Cómo eran? Las fuentes documentales latinas hispanas apenas distinguen entre dos clases de embarcaciones, las dedicadas al comercio, “nave”, y las construidas para la guerra, “galea”5. Raramente aparece el término “barca” o el de “pinaza”6. Más estimulante es la realidad ya romanceada del siglo XIII, especialmente gracias a 4 Alfonso X El Sabio, Primera Crónica General de España, 3 vols., Ramón Menéndez Pidal (ed.), Madrid, 1955, II, 789a. 5 José Ángel García de Cortázar, Vizcaya en el siglo XV, Bilbao, 1966; Beatriz Caunedo del Potro, Mercaderes castellanos en el Golfo de Vizcaya, 1475-1492, Madrid, 1984. Además, tal ocurre en los textos de las crónicas latinas, la Historia Compostelana, el articulado de los fueros, etc. 6 Ambos en el fuero de Bayona de Galicia (1201), Ermelindo Portela Silva, La región del obispado de Tuy en los siglos XII a XV. Una sociedad en la expansión y la crisis, Santiago, 1976, pp. 176-177; “barca” también en el fuero de San Vicente de la Barquera (1210), Gonzalo Martínez Díez,
197 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... las obras alfonsíes, pero también a otros textos jurídicos, económicos, históricos y literarios. Los testimonios escritos en romance a lo largo de esa centuria ponen de manifiesto una diversificación tipológica muy estimable, confirmada por las referencias que contemporáneamente comienzan a aparecer en los registros extranjeros que consignan la presencia de barcos castellanos. Entre los testimonios documentales disponibles, destacan dos textos de muy distinta naturaleza, si bien ambos también procedentes de la segunda mitad del siglo XIII, cuya virtualidad consiste en que nos permiten ensayar una aproximación “Fueros locales en el territorio de la provincia de Santander”. Anuario de Historia del Derecho, XLVI Madrid, 1976, 599. Figura 3. Ámbitos de dominio y actuación marítima de las diferentes monarquías ibéricas desde el siglo XIII. Elaboración propia.
198 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto panorámica a la compleja diversidad y cuantía de buques presentes en aguas peninsulares. Uno de ellos es el código jurídico de las Partidas de AlfonsoX el Sabio, confeccionado y redactado entre los años 1256 y 12637; el otro se contiene en una concordia ajustada entre el concejo de Lisboa y los maestres, mercaderes y mareantes de la flota castellana presente en aquel puerto en enero de 1297 que habían protagonizado un encuentro violento con los hombres de mar locales8. Aunque los textos de las Partidas sobre barcos, especialmente los de laII y la V, han sido citados y reproducidos con frecuencia, esto no siempre se ha hecho con rigor9. La enumeración sistematizada de los diferentes tipos de barcos usados en el reino que hizo el legislador, aparece agrupada según el sistema de propulsión predominante; concretamente, distingue entre los que se valían preferentemente de la fuerza del viento de los que se movían sobre todo mediante el esfuerzo de sangre que impulsaba los remos. No obstante, esta fuente no indica de ninguna manera cuales de las tipologías citadas procedían de los litorales cristianos, por tanto con las características diferenciales propias de las costas norteñas, de las habituales en el Sur y de los venidos del Este, es decir de los usados por los musulmanes andaluces y por los demás ámbitos del Mediterráneo, o lo que es lo mismo, no distingue a cual de las dos grandes tradiciones constructivas europeas pertenecían unos y otros. En un intento de superar este inconveniente, ya procedimos en otro lugar a la reordenación con mayor detalle de las diferentes clases de barcos relacionados en Las Partidas10. En primer lugar, conviene distinguir entre los términos genéricos y los específicos con que aparecen las referencias a los barcos; el término genérico usado sistemáticamente en las Partidas para señalar a cualquier vaso flotante es el de “navío”; concretamente aparece escrito en noventa y una ocasiones, repartidas por mitad entre los dos títulos dedicados por completo en este código a los barcos. El redactado y sus contextos no dejan lugar a dudas 7 Alfonso X, Las Siete Partidas del rey Alfonso X el Sabio, cotejadas con varios códices antiguos, 3 vols., ed. Real Academia de la Historia, Madrid, 1807 II, Partida II, tit. XXIV. “De la guerra que se face por la mar” y III, Partida V, Tít. IX: “De los navios et del pecio dellos”. 8 J. M. Silva Marques, Descobrimentos portugueses, documentos para a sua historia..., 4 vols. y suplementos, Lisboa, 1944, supl. I, 21-25. 9 Por ejemplo, la utilización de versiones editadas entre los siglos XVI y XVIII, con transcripciones poco rigurosas y abundantemente interpoladas, ha inducido a algunos autores al error de aceptar la ucronía que supone la presencia de carabelas y balleneres en Castilla en tan temprana fecha, por ejemplo, Gervasio Artiñano, La arquitectura naval española (en madera). Bosquejo de sus condiciones y rasgos de su evolución, Madrid, 1920, (nota 37), 264; José Ángel García de Cortázar, y otros, Vizcaya en la Edad Media, 4 vols. San Sebastián, II, 124. 10 José Luis Casado Soto, “Construcción naval y…” (nota 1), 433-501.
199 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... respecto a que tal palabra abarcaba entonces tanto a las embarcaciones dedicadas a la guerra como al comercio o a cualquier otro uso, siempre que utilizaran alternativamente remos y velas11. También destacan con claridad otros dos términos genéricos, “naves” y “leños”, aplicados a otros tantos subgrupos. El primero de ellos, “nave”, se refiere a barcos mercantes de estimable tamaño, aunque en ocasiones pudieran participar en formaciones de armadas o aparezcan como “naves armadas en corso”; el segundo término, “leño”, se aplica a barcos de remos específicamente fabricados para el desempeño de funciones bélicas “navíos que son guerreros”12. Los tipos de diferentes barcos consignados son agrupados en el código bajo las palabras indicadas y son: en el término “nave”, las “carracas..., carracones et buzos,... naos,... cocas,... et haloques et barcas”; en el de “leños” están las “galeras..., galeotas, taridas, saetías y zabras”. Los primeros eran barcos de mayor bordo y prioritariamente veleros, mientras que los segundos preferentemente remeros y, en consecuencia, más largos, rasos y ligeros13. Aunque el documento aluda también a la existencia de otras embarcaciones menores, únicamente cita por su nombre a los “barcos”, relacionándolos con el servicio a los mercantes mayores englobados dentro del término nave14. El alto valor de la concordia lisboeta reside en ser el único registro procedente del siglo XIII conocido sobre la composición de una de las flotas comerciales cantábricas, concretamente la que acudía con regularidad al estuario de la capital portuguesa. Su especial relevancia reside en dos razones; una es el alto número de barcos castellanos en él consignados, concretamente treinta y nueve; la otra, porque todos ellos, además de su nombre, aparecen con el calificativo de una tipología específica, con un puerto de procedencia y con el acompañamiento del nombre de su maestre y del de parte de la tripulación. Tan afortunadas circunstancias convierten a este escrito en un complemento excelente 11 “Mas non dicen a otros navíos, sinon a aquellos que han velas et rimos”, Partida II, tít. XXIV, ley VII. 12 La palabra “nave” aparece dos veces en la Partida II (guerra) y en treinta y cuatro ocasiones en la V (comercio). Respecto a la palabra “leño”, en la II se le relaciona primero con las galeras “armada de algunas galeas o de leños corrientes”, y más adelante se especifica cuales eran éstos, calificándolos de “galeas menores” y enumerando a continuación las diversas tipologías de las mismas, Partida II, tít. XXIV, Ley I y VII. 13 Aunque las “taridas” aparezcan en las dos clasificaciones, en realidad eran de la familia de los de boga como medio de propulsión, Eberenz, Schiffe…., 1975, (nota 2), 271-277. Lo mismo puede decirse de los leños, según ya se ha explicado. 14 Para que “vaciasen algunas mercancías de la nave et las metiesen en barcos o en otros navíos pequeños... a las entradas de los puertos o de los ríos... porque son muy cargados y las entradas son secas o con angostura”, Partida V, tít. IX, ley VIII.
206 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto construcción autóctona cristiana de este tipo de buques, tanto en las riberas del Cantábrico como en Sevilla. Dice la Crónica General que Fernando III ordenó en 1247 a “Remón Bonifaz, un ome de Burgos”, que volviese al Norte “apriesa, que fuese guisar naves et galeas, et la maior flota que podiese et la meior guisada, et que veniese con ella para Sevilla”. A pesar de la inferioridad numérica, las unidades navales cristianas lograron imponerse a las musulmanas, lo que dice mucho de su calidad estructural, marinera y guerrera31. Ya entrada la centuria siguiente, se comprueba que algunos puertos del Cantábrico, como Santander o Bayona de Galicia, contribuían al esfuerzo bélico con galeras construidas para el real servicio a costa de sus vecinos32. Hecho corroborado y ampliado como práctica normalizada por otro documento de 1352, donde se comprueba que por lo menos tres de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar, Castro Urdiales, Laredo y Santander, estaban obligadas en tiempo de guerra a servir al Rey con otras tantas galeras construidas en sus respectivos puertos y a su costa33. Las condiciones del mar en el Atlántico difieren bastante de las que rigen en el Mediterráneo. Por ello, aunque las galeras fabricadas en el Sur siguieron más ajustadas a los patrones mediterráneos, las labradas en los puertos del Cantábrico, tuvieron que adaptarse a las más duras características de las aguas atlánticas, reforzando la 31 Et las naues et las galeas que Remon Bonifaz traye eran fasta treze, et las de los moros de treynta arriba; esto sin los baxeles menudos, de toda parte auie asaz”, Ramón Menéndez Pidal, (ed.), Primera Crónica General de España, 3 vols., Madrid, 1977; entre las páginas 748 y 761 del tomo II se describen con detalle las acciones navales ocurridas entre agosto de 1247 y noviembre de 1248, cuando la ciudad capituló. 32 Santander logró de Alfonso XI en 1336 una importante exención “porque avían fecho muy gran costa de una galea que fisieron, e nos an de dar, e la tenían presta e endereçada”, José Luis Casado Soto, “Reconstrucción de las Reales Atarazanas de Galeras de Santander”, Anuario del Instituto de Estudios Marítimos ‘Juan de la Cosa’, V (1987), 62; en la confirmación de los privilegios de Bayona de 1337 se dice que “las galeas que oviesen de dar a la flota del Rey fuesen de sesenta remos e de más non”, H. Ramos, Crónicas históricas de la villa de Bayona, Madrid, 1925, 38. 33 “E quando el rey había guerra con moros... e mandaba fazer armada de galeas en la marisma de Castiella, en Castro et en Santander e en Laredo... (cada una de ellas) lo servían con una galea de sesenta remos trincada, e con sesenta omes...”, Gonzalo Martínez Díez, Libro Becerro de las Behetrías de Castilla, 3 vols., Valladolid, 1981, II, 181, 568 y 569. Figura 11. Barco representado en el sello concejil de San Vicente de la Barquera, 1282 y 1295. Archivo Municipal de Nájera. Calco del autor.
207 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... estructura y elevando las bordas. Cabría pensar que la previsible menor eslora supondría un número menor de remos por banda, pero las fuentes hablan reiteradamente de galeras norteñas de 60 remos, lo que hace 30 por cada borda. Su eslora sería más corta sólo si fueran birremes. Las mejores representaciones de galeras del siglo XIII ibéricas son las que aparecen en las Cantigas y en una viga de artesonado de Teruel34. Pinaza. En principio fue una pequeña embarcación de pesca con la que también se practicó el comercio de cabotaje, pero de uso tan generalizado que con su nombre se llegó a calificar a la totalidad de las flotas de esa naturaleza en los puertos cantábricos durante la Baja Edad Media35. Hoy en día se descarta el origen meridional del tipo, atribuido por estudiosos del siglo XIX a barcos de pino, a partir de citas clásicas; la documentación demuestra inequívocamente que era un barco propio de las aguas atlánticas, con presencia abundante desde el Norte de Portugal hasta las costas del Canal de la Mancha36. Como acabamos de ver, las citas más antiguas conocidas de pinazas se sitúan en Galicia a comienzos del siglo XIII. Precisamente son de poco más tarde unas cuantas referencias castellanas que identifican a la pinaza con la galera, sin duda por su común propulsión a remo37. Aunque Bernard sugiriera un posible origen gascón del tipo, las alusiones más antiguas conservadas son prácticamente contemporáneas a lo largo de todo el Cantábrico, tal como señaló Ferreira38. De Galicia proceden las únicas sucintas descripciones sobre la morfología de estos barcos, consistentes en los escuetos predicados “de duas proas” y “pinaza de dos vicos”39. Esa característica coincide plenamente con la iconografía 34 Concretamente las galeas se encuentran en las cantigas XXXVb y XCV del códice de El Escorial, así como la 64bis del de Florencia. La viga de artesonado turolense se conserva en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. 35 Así en el fuero de Bayona (1201) o en los de Pontevedra, Padrón y Noya mediada la misma centuria, Elisa Ferreira, Galicia en el Comercio... (nota 2), 261-262; en las ordenanzas de pescadores de San Vicente de la Barquera de 1330, Valentín Sainz Díaz, Notas históricas sobre la villa de San Vicente de la Barquera, Santander, 1973, 209-210; en las de Bermeo de 1353, J. A. Pérez, Las ordenanzas de la cofradía de Pescadores de San Pedro de Bermeo, 1353, Bermeo 1953; en las de Luarca de 1468, M. J. Suárez Álvarez, “El nobilisimo gremio de navegantes de Luarca. Ordenanzas de 1469”, Asturiensia Medievalia, 2 (1975), 239-258; etc. 36 Jacques Bernard, Navires et gents de mer a Bordeaux (1400-1550), 3 vols, París, 1968, 261-271. 37 “Non se sy le dizian galea o pinaza”, Gonzalo de Berceo, Veintitrés milagros, Nuevo manuscrito de la R.A.H., Revista de Filología Española, anejo 10, Madrid, 1929, 88; en cuanto a, galeas de la carta puebla de Plencia (1299), por el contexto parecen aludir a los barcos de pesca y balleneros del lugar, J. R. Iturriza, Historia General... (nota 42), 212-213. 38 Rolf Eberenz, Schiffe... (nota 2), 252-256. 39 Elisa Ferreira, Galicia y el comercio..., (nota 2), 262, donde informa que todavía hoy en la ria de Arosa la palabra “bico” es sinónimo de proa.
208 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto procedente del otro extremo del Cantábrico, la contenida en los sellos de Bermeo y de Fuenterrabía (1297), en que efectivamente aparecen representadas sendas embarcaciones, una con patrón y probablemente cuatro remeros y la otra con patrón y tres, ambas dedicadas a la captura de la ballena40. El casco de las dos embarcaciones se muestra largo y estrecho, con pronunciado lanzamiento en las dos rodas, que se prolongan desmesuradamente en curva hacia arriba. La fuerte incisión con que está marcada la tablazón indica un forro a tingladillo. Ya dijimos que la documentación relaciona a las pinazas tanto con la pesca como con el acarreo, pero son más abundantes y generales las citas que las vinculan con la primera de esas actividades. De hacia 1240 es una cita literaria tan explícita como la recogida en las cuartetas del Libro de Apolonio: “Vió un ome bueno que andaba pescando, cabo de huna pinaça sus redes adobando”41. Los tamaños de las embarcaciones incluidas bajo este nombre debieron de ser muy variados; un documento de Ribadeo de 1258 distingue entre las menores y las mayores de seis toneles; en 1353 los de Bermeo establecieron que ninguna fuera menor de “dieciocho codos del codo menor”, es decir, de diez metros de eslora42; en 1490 los pescadores de San Vicente de la Barquera prohíben engolfarse en alta mar a las “pinazas besugueras” que no tuvieran de doce codos de quilla en adelante, es decir, casi siete metros, mientras que las que pretendieran marear en invierno debían “de tener forzadamente quince codos de quilla llana y no menos”, de lo que resultan unos ocho metros y medio43; cifras que, con los lanzamientos de roda y de codaste, coinciden más o menos con los diez metros de las de Bermeo. Las pinazas se adaptaban a la práctica del comercio de cabotaje aumentándoles el franco bordo o “mareaje”, mediante el suplemento de facas o borlingas, es decir, más hiladas de tablas de quita y pon sobre las bordas44. Parece que las dedicadas al comercio se hicieron cada vez mayores, distanciándose de las que seguían practicando fundamentalmente la pesca45. No obstante la utilización de 40 El de Bermeo en el Archivo General de Navarra, Sec. Comptos, cajón 4, nº 105; el de Fuenterrabía en Archives Nationales, París, Y-615, nº 94. 41 Biblioteca de Autores Españoles, LVII, Madrid, 1952, 287. 42 Los codos utilizados en los astilleros del Cantábrico en el siglo XVI eran dos, el menor o de Castilla = 0,5572 m y el mayor o de ribera = 0,5746, J. L. Casado Soto, Los barcos españoles del siglo XVI y la Gran Armada de 1588, Madrid, 1988, 60-67. Para las ordenanzas, véase nota 32. 43 Valentín Saíz Díaz, Notas históricas... (nota 32), 535. 44 Dicen al respecto las ordenanzas de Bermeo: “hayan de llevar y lleven las pinazas que anduvieren en la costa dos mareajes fornecidos, seiendo con burlingas de dos o tres bornes, y las que andan sin burlingas, un mareaje y medio fornecidos”, J. A. Pérez Las ordenanzas..., (nota 32) 47. 45 “E luego don Tello fuyó a Vizcaya e llegó a Bermeo, e... entró en las pinazas de pescar e fuese para un lugar cerca de Bayona”, Pero López de Ayala, Crónica del rey don Pedro Primero, BAE,
209 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... velas sobre mástiles abatibles, el modo de propulsión preponderante en la familia de las pinazas siguió siendo el de los remos, incluso en las de mayor porte46. Las fuentes portuguesas agrupan a las pinazas con las carabelas y barcas de pesca desde la temprana fecha de 125547. Por lo que respecta a la iconografía de las pinazas del siglo XIII, a las imágenes de los sellos de Fuenterrabía y Bermeo, ya reseñadas, habría que añadir las que aparecen en la cantiga CLXXXIII de El Escorial y en la 6 del códice de Florencia (figs. 12 a 15). Barco. Pequeña embarcación del ámbito atlántico y de propulsión rémica que, según las referencias más antiguas, aparece vinculada a la pesca y navegación interior por ríos y estuarios. En las fuentes portuguesas se consigna desde el siglo X y en las castellanas desde el XII48. La cantiga 81 del códice de Florencia, en que se representa un barco de pasaje fluvial, quizás pueda adscribirse a esta tipología (figs. 16 y 17). Batel. Embarcación menor propulsada a remo, aunque podía arbolar una vela sobre palo abatible, que se utilizaba como auxiliar de los barcos de mayor LXVI, Madrid, 1953, 483. 46 En 1422 “vino el preboste de Deva... con grandes pinazas de remos e desembarcaron en una alvorada en Vaquio”, Lope García de Salazar, Bienandanzas e fortunas, 4 vols., Bilbao, 1955, IV, 198. 47 J. M. Silva Marques, Descobrimentos… (nota 8), 255. 48 Rolf Eberenz, Schiffe... (nota 2), 46-49. Figura 12. Pinaza o barco de pesca atlántico en la cantiga CLXXXIII del códice de El Escorial. Figura 13. Pinaza o barco atlántico en la cantiga 6 del códice de Florencia.
210 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto porte, tanto comerciales como guerreros. Con ellas se efectuaba el barqueo entre los buques fondeados y las riberas, además de ayudar en la maniobra por aguas estrechas, remolcar en las calmas y para ir delante comprobando la profundidad en puertos con poco calado. Aparece reseñada en las fuentes documentales castellanas y portuguesas desde el siglo XIII49, así como profusamente citado y representado en los dos códices de las Cantigas de Santa María, aunque sólo en su versión mediterránea, ya que los del Atlántico se diferenciaban de estos por tener la doble roda simétrica y el forro a tilgladillo. 49 Rolf Eberenz, Schiffe... (nota 2), 56-61. Figura 16. Barco de pasaje en el códice de la Biblioteca Nacional de Florencia, Ms. Rr 20, cantiga 81, 103v-6. Figura 14. Pinaza ballenera en el sello del concejo de Fuenterrabía, 1297. Archivos Nacionales de Francia, París. Calco del autor. Figura 15. Pinaza ballenera en el sello del concejo de Bermeo, 1297. Archivo General de Navarra, Sección de Comptos. Pamplona. Calco del autor.
211 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... V. Barcos del Sur y del Este Son las embarcaciones de este ámbito geográfico las que merecieron la atención abrumadoramente prioritaria de los que confeccionaron los códices de las Cantigas. De mayor a menor, la flota correspondiente a estas costas estaba formada, cuando menos, por las siguientes tipologías: Carraca. El mayor de los buques mercantes, su denominación aparece en casi la totalidad de las ocasiones asociado a grandes buques veleros de alto bordo propios de las repúblicas medievales italianas, tanto en las fuentes castellanas como en las portuguesas50. En otro lugar ya demostramos que esto siguió siendo así durante el último tercio del siglo XV y en el XVI, donde también se puso en evidencia que su porte medio doblaba con creces al de las naves castellanas contemporáneas51. Aunque la palabra carraca no aparezca describiendo a barco alguno en las Cantigas, dado que trece de las “naves” representadas arbolan dos mástiles52, algo característico de los mayores entre los mercantes, entendemos que permiten adscribirlos directamente al tipo carraca, entendiendo aquí el término nave como genérico de barco mercante. Desde luego su aspecto las vincula inequívocamente a los barcos mediterráneos, tanto por el fuerte arrufo (cubierta curvada hacia arriba por los extremos, hecho acusado en las Cantigas 50 Rolf Eberenz, Schiffe..., (nota 2), 1975, 92-98. 51 José Luis Casado Soto, “Los barcos del Atlántico ibérico en el siglo de los descubrimientos. Aproximación a la definición de su perfil tipológico”, en Andalucía, América y el Mar, Sevilla, 1991, 127-133. 52 Concretamente las cantigas IX, XVb, XXIII, XXVb, LXVa, CXII, CXVa, CLXXII, CXCIII de El Escorial y las 16, 46 y 53 del de Florencia. Figura 17. Pinaza pequeña o batel atlántico en el códice de la Crónica Troyana de la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander.
212 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto por la distorsión de la eslora) como por la galería o carroza de popa que abraza a la tribuna, o tillado sobreelevado a la cubierta, que defiende a los dos gobernalles o timones laterales, de forma semejante a como se ve en las galeras. Todo ello abunda en la indicación de gran tamaño, impresión acusada por el robusto refuerzo de la base de los mástiles, así como la presencia en uno de ellos de sendos escobenes para el paso de los cables que aferran las anclas mayores53. Otro elemento que corrobora la posible condición de carracas para estas naves mediterráneas es la alta proporción entre las mismas dedicadas transporte de peregrinos a Oriente desde Italia o Grecia54. Todos los mástiles cuentan con el cesto para el vigía o “gata” cerca de su perilla, que también servía para tirar flechas, piedras o cal al enemigo en los malos encuentros. Las raras apariciones del diminutivo “carracón” en la documentación española y portuguesa califica siempre a barcos de genoveses o de moros (figs. 18 y 19). Nave. En el Sur y en el Mediterráneo, era el segundo buque mercante en tamaño, por detrás de la carraca. Durante el periodo que nos ocupa se diferenciaban de esas últimas, además de en el tamaño, en que únicamente arbolaban un mástil. Por lo demás eran muy semejantes, con la misma asimetría entre branques, los dos gobernalles y la carroza de popa. Al igual que las naos 53 Cantiga 16 del códice de Florencia. 54 Cantigas XVb, XXXIII, LXVa, CXVa y CLXXII del códice de El Escorial. Figura 18. Gran nave mediterránea o carraca de dos palos en el códice de la Biblioteca Nacional de Florencia, Ms. Rr 20, cantiga 16, 18r-4. Figura 19. Carraca participando en acción de guerra.en las Cantigas. Códice de la Biblioteca Nacional de Florencia, Ms. Rr 20, cantiga 46, 59v-1
213 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... norteñas, podían formar parte de las armadas aprestadas en tiempo de guerra. Aunque se citan con profusión en la crónica de Jaime I, la historiografía catalana sobre barcos medievales se ocupa de los de los siglos posteriores55. Las representaciones de naos meridionales de las Cantigas se complementan con las del Lapidario y con pinturas como las del retablo de Santa Úrsula en la iglesia de San Francisco de Palma de Mallorca o las de la citada viga de artesonado de Teruel (fig. 20). Galea. Embarcación originalmente de procedencia mediterránea, era la mayor de la familia de buques diseñados para la guerra denominada de las “fustas” o “leños”. Los cascos de estos buques representados en las Cantigas muestran un arrufo considerable, acusado especialmente en el extremo de popa, en cuya curva se cobija una tribuna descubierta, flanqueada por dos prominentes adornos en forma de cuernos. Los timones laterales, llamados “gobiernos” en el sigloXIII, aquí salen de orificios practicados en el casco bajo la tribuna, al igual que los remos, dispuestos en un solo orden. Aunque en este siglo ya se había generalizado la cubierta corrida, como confirman las cuentas de SanchoIV. En cuanto al número de mástiles que arbolan, en las de las Cantigas siempre 55 Marcel Pujol, La construcció naval a Catalunya a l’Edat Mitjana, Base Editorial, Barcelona, 2012; Guillem Morro Veny, La marina catalana a mitjan segle XIV, Museo Maritimo de Barcelona, 2005; Albert Estrada Rius, La Drassana Reial de Barcelona a l’Edat Mitjana, Museo Marítimo de Barcelona, 2004; José María Madurell y Marimon, “Antiguas construcciones de naves (1316-1740)”, Hispania Revista Española de Historia, (Madrid, 1968), 108, 159-195 y 109, 357-391. Figura 20. Carracas y bateles mediterráneos en al retablo de Santa Úrsula en la iglesia de San Francisco de Palma de Mallorca
214 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES José Luis caSado Soto es sólo uno y en candela, es decir, recto, que aparece a palo seco con la vela arriada cuando la galera marcha a boga56, o cruzando vela cuadra (E-8) cuando lo hace con el viento. Nada indica la existencia de “postizas”, estructuras proyectadas fuera de las bordas para apoyo de los remos en su función de palanca, aditamento posiblemente posterior. De las tres cantigas con “galeas”, una es de cristianos y las otras dos de moros, sin que se aprecien diferencias significativas entre ellas; todas tres con gente de guerra. Una vez tomada Sevilla a los almohades, el rey Fernando III mandó en 1251 a Roy García de Santander preparar una gran expedición contra Salé, al otro lado del Estrecho, para lo que “galeas et baxeles mandaba fazer e labrar a gran priesa, et guisar naves”, operación frustrada en el último momento por la muerte al monarca57. Ello no fue obstáculo para que su hijo AlfonsoX concluyera con celeridad la reconstrucción de las Atarazanas de Sevilla en 1252, donde inmediatamente se procedió a la construcción de diez galeras que, en agosto del año siguiente, perfectamente aprestadas, se entregaron a sus respectivos cómitres; galeras a las que pronto se añadieron otras seis58. Formalizada entonces la institución del Almirantazgo, fue ella la encargada de controlar el mantenimiento y operatividad de la armada permanente de galeras constituida en aguas del Guadalquivir59. El desastre y destrucción de efectivos ocurrido ante Algeciras en 1278 obligó al Rey a recurrir de nuevo al Norte para reconstruir su armada60, además de volver a la vieja práctica de alquilar galeras genovesas. No tenemos otra iconografía contemporánea que la descrita en el epígrafe dedicado a las galeras del Norte (figs. 21 y 22). Saetía. Era la segunda embarcación por tamaño de la familia de las fustas. De menor eslora y más sutil que la galera no sólo se la documenta en 56 Cantigas XXXVb de El Escorial y 64bis del de Florencia. 57 Ramón Menéndez Pidal (ed.), Primera Crónica…(nota 28), cap. 1.131, 770. 58 Cada galera la entregó el Rey “fecha e guisada de quanto pertenece a galea, e nos la avemos de tener, e de rogoardar, e de renovar, e de refazer cuemo siempre esta esta galea, sana e guisada... e avemos de fazer de nuevo cada siete años”, Antonio Ballesteros, Sevilla en el siglo XIII, Madrid, 1913, doc. 69. 59 Juan M. Bello León y Alejandro Martín Perera, Las atarazanas de Sevilla a finales de la Edad Media, Anexos Medievalismo, 2012; Pablo Emilio Pérez-Mallaína, “Las Reales Atarazanas de Sevilla, 1252-1493. Un astillero medieval en el extremo occidental de Europa”, en David González Cruz (coord.), Descubridores de América. Colón, los marinos y los puertos, Silex Universidad, Madrid, 2012, 349-367. 60 A tal fin logró también el permiso del rey de Inglaterra para hacer algunas galeras contra sarracenos en Bayona, por tanto del tipo de las cantábricas, según documentos de 1278 y 1280 publicados por Cesáreo Fernández Duro, La Marina de Castilla. Desde su origen y pugna con la de Inglaterra hasta la refundición en la Armada Española, Madrid, 1893, 385-386.
215 Alcanate VIII [2012-2013], [191 - 219] VIII SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES Panorama tipológico de los barcos ibéricos en la época de las... las formaciones de armada, sino también y especialmente como instrumento con que los moros practicaban el corso. Como todos los buques diseñados para ser propulsados prioritariamente a remo requerían poco calado y corta altura de bordas, mayor longitud (eslora) respecto a la anchura (manga) y, en consecuencia, el menor peso posible, a fin de optimizar el esfuerzo de los remeros; máxime cuando se trataba de barcos que demandaban un gran número de hombres en proporción a su tamaño, para lograr desplazarlos a velocidad suficiente durante el tiempo y la distancia que los hicieran realmente operativos. Figura 21. Galeras en la cantiga XXXV del códice de El Escorial, Ms. T-I-1, 53r-1. Figura 22. Galera de mediado el siglo XIII en una viga procedente de Teruel, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.