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Metáforas de la globalización: una mirada europea

Fuentes Aragonés, Juan Francisco

Abstract

El artículo hace, primero, un breve recorrido por la idea de globalización, mucho antes de expresarse a través del término actual, como conciencia de una realidad orgánicamente articulada, que ha alcanzado los últimos confines del mundo conocido. Pese a los remotos antecedentes del fenómeno y de la existencia de una “primera globalización” a finales del siglo XIX, la explosión del uso del término se produjo a finales del XX, por la confluencia de una serie de factores señalados en el artículo. Fue entonces también cuando surgió todo un repertorio de metáforas que explican un fenómeno difícil de conceptualizar. El artículo hace hincapié en un conjunto de imágenes –el globo terráqueo, el barco, la anatomía humana, la hamburguesa...– que han servido para representar la globalización desde Europa y a menudo para combatirla como expresión del poder americano en un mundo deshumanizado.

Full text

Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 Metáforas de la globalización: una mirada europea1 Metaphors of Globalization: a European Perspective Juan Francisco Fuentes Aragonés2 Universidad Complutense de Madrid (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3656-6554 Recibido: 21-06-2024 Aceptado: 09-07-2024 Resumen El artículo hace, primero, un breve recorrido por la idea de globalización, mucho antes de expresarse a través del término actual, como conciencia de una realidad orgánicamente articulada, que ha alcanzado los últimos confines del mundo conocido. Pese a los remotos antecedentes del fenómeno y de la existencia de una “primera globalización” a finales del siglo XIX, la explosión del uso del término se produjo a finales del XX, por la confluencia de una serie de factores señalados en el artículo. Fue entonces también cuando surgió todo un repertorio de metáforas que explican un fenómeno difícil de conceptualizar. El artículo hace hincapié en un conjunto de imágenes –el globo terráqueo, el barco, la anatomía humana, la hamburguesa…– que han servido para representar la globalización desde Europa y a menudo para combatirla como expresión del poder americano en un mundo deshumanizado. Palabras-clave: Globalización, metáfora, concepto, Europa, Siglo XX, imágenes, Estados Unidos. Abstract The article first takes a brief look at the idea of globalization, long before the current term was used, as an awareness of an organically articulated reality that has reached the farthest corners of the known world. Despite the remote antecedents of the phenomenon and the existence of an "early globalization" at 1 Este artículo forma parte de los resultados el proyecto PID2020-116323-GB-I00 (MICINN). 2 ([email protected]). Miembro de la Real Academia de la Historia. El lector puede encontrar información sobre méritos y publicaciones aquí: https://dialnet.unirioja.es/servlet/ autor?codigo=223596. 12 Juan Francisco Fuentes Aragonés Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 the end of the 19th century, the onset in the use of the term occurred at the end of the 20th century, due to the confluence of a series of factors mentioned in the article. It was also then that a whole repertoire of metaphors emerged to explain a phenomenon that is difficult to conceptualize. The article emphasizes a set of images – the globe, the ship, the human anatomy, the hamburger... – that have been used to represent globalization from Europe and often to combat it as an expression of American power in a dehumanized world. Keywords: Globalization, metaphor, concepts, Europe, 20th century, images, United States. The map of the world ceases to be a blank Charles Darwin: The Beagle Record (1839) “Globalización” (globalization, mondialisation, Globalisierung, глобализация, etc.) es el término con el que desde finales del siglo XX se conoce un fenómeno vislumbrado ya por las antiguas civilizaciones, cuando, al entrar en contacto unas con otras, ampliaban su horizonte histórico y geográfico y tomaban conciencia de su antagonismo, pero también de sus relaciones de interdependencia dentro de un marco común. Cuando esto ocurría, el mundo se les representaba como un todo orgánicamente articulado. El historiador griego Polibio dio testimonio de ello en el siglo II a. C. al referirse en su libro Historias a las guerras entre Cartago y Roma y a la expansión de esta última, como consecuencia de su victoria, por el Mediterráneo y más allá: “En épocas anteriores a estas sucedía que los acontecimientos del mundo estaban como dispersos (…). Pero a partir de esta época la historia se convierte en algo orgánico, los hechos de Italia y los de África se entrelazan con los de Asia y con los de Grecia, y todos ellos acaban por hacer referencia a un único final” (Polibio, 1986: 31-32). La sensación de que el mundo civilizado alcanzaba los últimos confines fue especialmente poderosa con el descubrimiento de la redondez del planeta y la colonización de América. Se entiende que, en palabras escritas por Montaigne a finales del siglo XVI, “los geógrafos de estos tiempos” creyeran firmemente que “a partir de ahora todo está descubierto y visto” (2021: II, 859). Esta afirmación, como la anterior cita de Polibio, muestra hasta qué punto el adanismo –“esta época”, “estos tiempos”, “a partir de ahora”– resulta inseparable de la idea de globalización, en la que se funden un tiempo acelerado y un espacio plenamente sometido a la acción civilizatoria del hombre. Algo posterior al testimonio de Montaigne es el poema en el que el escritor español, 13 Metáforas de la globalización: una mirada europea Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 afincado en Nueva España, Bernardo de Balbuena canta la grandeza de México como destino de mil riquezas que le envían “el chino ardiente y el flamenco helado” (Balbuena, 1604: 97). “El orbe encadenado” será la metáfora que sirva al poeta para representar las conexiones internas de ese mundo por el que fluyen plata, oro, seda y curiosidades sin cuento, si bien la potencia que gobierna tanta riqueza “es sola una, / desde do nace a do se esconde el día” (ibid.). Expresada con una u otra imagen o palabra, se impone la impresión, que anticipa la metáfora contemporánea de la globalización, de que el mundo ha completado su proceso de integración material y espiritual y que en el interior de ese espacio circulan todo tipo de gentes, ideas y mercancías. Será frecuente creer que, pese a su apariencia caótica, el planeta está regido por una fuerza hegemónica, como la monarquía universal española, o que aspira a serlo y a extender sobre el globo terráqueo su manto protector. La iconografía de las monarquías española y portuguesa del siglo XVI, según aparece en el cuadro de George Wezeler Atlas sostiene la esfera armilar (c. 1530) o en el tapiz Hércules sostiene la esfera celeste, a partir de un cartón atribuido a Bernard van Orley (c. 1530-1535), es una muestra inequívoca de su vocación universal y de la fuerza simbólica del globo como representación de la Tierra o del universo. El ciclo de los grandes imperios, con sus rivalidades y sus vaivenes, irá desplazando el centro del mundo según los cambiantes flujos de poder. Lo mismo puede decirse de acontecimientos históricos que harán de un país o una ciudad el escenario de un gran cambio de alcance mundial, como ocurrirá con París a partir de 1789. “Capital del Globo” (cit. Pestel y Ihalainen, 2022: 42) la llama aquel mismo año el prusiano Anacharsis Cloots, que se titula a sí mismo “orateur du genre humain” y al que cabe considerar el principal exponente de la vocación ecuménica de la Francia revolucionaria. “El Universo”, escribirá Cloots en 1792, “formará un Estado de individuos unidos (…), la República universal” (cit. ibid.). Las referencias al efecto emancipador que el proceso revolucionario tendrá sobre “le globe entier” serán frecuentes en la fase álgida de la Revolución (véase, por ejemplo, AAPP, Convention Nationale, 24-XI-1793 au 5-XII-1793, 8: “Le soleil a éclairé à la fois les deux pôles et successivement le globe entier, le même jour où, pour la première fois, a brillé dans toute sa pureté, sur la nation française, le flambeau de la liberté qui doit un jour éclairer tout le genre humain”; también, este himno cantado en la comuna de Beurre en una fiesta cívica celebrada el 20 de nivoso del año II [9-I-1794]: “Amis, l’Europe nous contemple! / Hymne de gloire à l’Éternel. / Le globe entier, voilà son temple”; AAPP, sesión del 11 de marzo de 1794). El siglo XIX ofreció multitud de razones para creer que la civilización moderna había llegado definitivamente a todos los rincones del planeta. “The map of the world ceases to be a blank”, escribió Charles Darwin en 1839 al dar la vuelta al mundo en el Beagle (The Beagle Record [1979]: 385). Mapas, 14 Juan Francisco Fuentes Aragonés Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 globos terráqueos y mapamundis serán la expresión cartográfica, en dos o en tres dimensiones, de un mundo sometido finalmente al dominio del hombre blanco mediante los viajes transoceánicos, el comercio y el colonialismo y divulgado a través de textos, dibujos y fotografías que revelan sus misterios más recónditos. Las exposiciones universales –la primera de ellas, celebrada en Londres en 1851– serán el gran escaparate de la sociedad industrial en el que se pueden disfrutar los últimos logros del progreso, por haberlos producido la metrópoli o por haberlos traído desde lejanas tierras recién conquistadas. Al mismo tiempo, surgen expresiones que complementan o cuestionan los frutos del colonialismo liberal. La idea de fraternidad y libertad universal, el adjetivo “internacional”, acuñado por Jeremy Benthan en 1789 (Pestel y Ihalainen, 2022: 48), o el término “cosmopolita”, de uso creciente desde principios del siglo XIX en Alemania, Gran Bretaña y Holanda (ibid., 53-55), revelan tanto la necesidad de humanizar los procesos de integración/expansión del mundo moderno, como la suspicacia de algunas potencias ante la tendencia expansionista de sus competidoras. El lema con el que en 1848 terminaba El manifiesto comunista de Marx y Engels, “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, expresaba la voluntad de sustituir a la burguesía como clase universal creadora de un mundo “a su imagen y semejanza”. La disputa no era sobre la conveniencia o no de mantener y culminar ese proceso universalista, sino sobre su naturaleza, su liderazgo y sus formas de representación, haciendo más o menos hincapié en los símbolos materiales, sociales o tecnológicos de eso que mucho tiempo después se llamó “la primera globalización” a caballo entre los siglos XIX y XX (véase, por ejemplo, O’Rourke y Williamson, 1999). Faltaba todavía un cuarto de siglo para el cambio de centuria cuando Julio Verne publicó por entregas en la revista Le Temps, a finales de 1872, su novela La vuelta al mundo en 80 días, la gran metáfora literaria de un mundo transformado –y acelerado– por la revolución industrial, el colonialismo, las nuevas formas de comunicación y transporte y las grandes obras de la ingeniería moderna, como el canal de Suez, uno de los escenarios de la novela. Las aventuras de Philéas Fogg y su criado Passepartout presentan un catálogo exhaustivo de los modernos avances de la globalización decimonónica (Mouthon, 2012), que permiten acortar el tiempo y las distancias y disfrutar de los contrastes entre la civilización occidental y los lugares y pueblos más exóticos y primitivos. El contacto con ellos y su incorporación a la cultura popular, por ejemplo, de los indios norteamericanos, protagonistas de novelas, viñetas de prensa y muy pronto de películas sobre el “salvaje Oeste”, agudizan, por contraste, la percepción de un tiempo en plena aceleración. Atrás quedan indefectiblemente los más refractarios al progreso, víctimas de la great acceleration que caracteriza a la modernidad y a la globalización (Steffen et al., 2004; Bouton, 2022, y 15 Metáforas de la globalización: una mirada europea Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 Fernández Sebastián, 2024: 205), también a finales del siglo XIX. Fueron buenos tiempos para los sectores acomodados de las sociedades occidentales, que vivieron hasta 1914 con la sensación de que el planeta entero y sus riquezas estaban a su disposición, sin que ello entrañara riesgo alguno para el statu quo mundial. Era, dirá Stefan Zweig en frase muy recordada, “la edad de oro de la seguridad” (Zweig, 2001: 17), en la que se daba de forma natural la circunstancia, insólita tras la Gran Guerra, de que “cruzábamos despreocupadamente de un país a otro sin pasaporte ni papeles” (Zweig, 2021: 435). Símbolo de la primera globalización serán los grandes trasatlánticos que surcaban el océano en las décadas interseculares, cargados de emigrantes europeos y de miembros de las clases altas de uno y otro lado del Atlántico en un viaje al pasado o al futuro, según su destino fuera el Viejo o el Nuevo Continente. De ahí el impacto del hundimiento del Titanic en 1912, no solo por el drama humano de la muerte de 1.500 pasajeros, sino como catástrofe que presagiaba el fin de ese mundo pletórico de principios del siglo XX. Incluso después de que la Primera Guerra Mundial, la Revolución rusa y el auge de los totalitarismos acabaran con el espejismo de la Belle époque, en 1932 el propio Zweig se reafirmaba en la idea de que “nuestra unidad humana es indestructible”, aunque esta visión antropocéntrica del mundo moderno se viera unas páginas después corregida por el protagonismo que él mismo atribuía al “intelecto tecnológico del siglo” (2022: 65 y 83). Si el gran escritor austriaco parecía bascular entre una concepción idealista de la globalización y una explicación técnica de su origen y desarrollo, al político español Francesc Cambó le sorprendía poco antes que la humanidad siguiera en aquel momento dos tendencias contrapuestas, pues mientras las modernas máquinas y la rapidez de las comunicaciones estaban, según él, destruyendo las genuinas formas de vida de cada pueblo y “esparciendo por encima de todo el planeta una apariencia de unidad”, las “personalidades nacionales” se iban acentuando cada día hasta constituir el eje de los principales problemas políticos y económicos (Cambó, 1929: 11). En otras palabras, la “apariencia de unidad” creada por la tendencia unificadora del siglo XX provocaba, de rechazo, el desarrollo de los nacionalismos como refugio político ante las incertidumbres del siglo XX. Si en el periodo de entreguerras la ola nacionalista, pese al esfuerzo de la Sociedad de Naciones por contenerla, se impuso claramente a los proyectos globalizadores, sobre todo tras el crac del 29 y la vuelta al proteccionismo, la Guerra Fría instauró un sistema bipolar Este/Oeste, comunismo/capitalismo, contrario por definición a la evolución del planeta hacia una realidad compartida. El imaginario de la época reflejó la pulsión competitiva de las grandes potencias, puesta de manifiesto en la carrera de armamentos o en la carrera espacial, y recordó a la humanidad su división en bloques antagónicos, separados por barreras infranqueables. La metáfora del “telón de acero”, la 16 Juan Francisco Fuentes Aragonés Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 construcción del muro de Berlín o la división de Vietnam y Corea en dos Estados irreconciliables eran buena prueba de ello. No faltaron, sin embargo, instituciones y rituales de integración y cooperación tan importantes como la Organización de Naciones Unidas o la celebración de los Juegos Olímpicos, desde su reanudación en 1948, con una participación que crecía incesantemente, a medida que la descolonización iba incrementando el número de Estados independientes. La emisión televisiva de los Juegos Olímpicos de 1964, celebrados en Tokio, supuso asimismo un notable avance hacia una percepción global del mundo. El mismo fenómeno que acortaba o suprimía el tiempo y las distancias entre países y continentes creaba una ilusión de inmediatez entre los acontecimientos y su vivencia por la humanidad, por remoto que fuera el lugar en que se producían. La retransmisión por Mundovisión, el 25 de junio de 1967, de un programa titulado “Our World”, emitido simultáneamente en veinticuatro países, consagrará a la televisión, al menos de momento, como símbolo y artífice de la “aldea global” (global village), según la expresión acuñada por Marshall McLuhan a principios de los años sesenta. El protagonismo de la BBC en el origen del proyecto y el hecho de que la mayoría de los países participantes fueran europeos hicieron de “Our World” una muestra efímera de una globalización eurocéntrica, pronto arrumbada por el reforzamiento del liderazgo de Estados Unidos en la evolución geopolítica y tecnológica de las últimas décadas del siglo. Aunque el término “globalization” venía siendo utilizado esporádicamente por la prensa norteamericana desde los años setenta y, sobre todo, ochenta (Fuentes y Fernández Sebastián, 2008: 29-31), la gran eclosión del concepto y su definitiva consolidación en Europa, visible en el aumento exponencial de su uso, se producirán a mediados de los noventa. Confluían tres factores fundamentales que permiten entender su importancia a partir de entonces: la caída del muro de Berlín y, con ella, el fin de la bipolaridad; el triunfo de la economía de mercado a escala planetaria y la generalización de internet. El mundo se convirtió más que nunca en un espacio, tanto físico como inmaterial, integrado, por el que circulaban mercancías, capitales, noticias, ideas y personas con una libertad y a una velocidad sin precedentes. Como en otros momentos de fuerte crecimiento del mercado mundial, las metáforas de tipo biológico o anatómico, como la famosa “mano invisible” de Adam Smith en el siglo XVIII, sirvieron a menudo para hacer comprensible su funcionamiento. La del “flujo” (flow), referida al movimiento continuo de información, riqueza, poder o migrantes, será especialmente propicia para representar la nueva (pos)modernidad “líquida” (Bauman, 2000), en la que todo fluía con rapidez inusitada. Otras expresiones, como network (red), web (telaraña), node (nódulo) y sus derivados (network society, social networks o human webs), describirán aspectos específicos de la base tecnológica de la globalización. Imperó la analogía con el reino animal 17 Metáforas de la globalización: una mirada europea Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 o con el cuerpo humano, como en cierta definición apócrifa de internet: “the nervous system of the 21st century” (cit. Fernández Sebastián, 2024: 204). Si la caída del muro de Berlín hizo creer que la democracia se convertiría en “the only game in town” (Di Palma, 1990: 113), por ser el único sistema político compatible con la globalización, los primeros años del siglo XXI trajeron una doble decepción sobre el nuevo orden mundial de la post-Guerra Fría. El número de regímenes democráticos alcanzaba un umbral infranqueable, lejos de las predicciones más optimistas, en tanto que el llamado “terrorismo global” actuaba en los escenarios más dispares, aprovechando las ventajas de las nuevas tecnologías y la falta de un sistema de seguridad y gobernanza eficaz en la llamada Pax americana. El mundo se volvía mucho más impredecible y, según los detractores de la globalización, más desigual e injusto. La visión más crítica incidirá en la existencia de un lado oscuro con una influencia perniciosa en la vida real de la gente. El dark side of globalization (Heine y Thakur eds., 2011) compendiaba las consecuencias de la distopía creada por las nuevas tecnologías, desde internet hasta las redes sociales; un mundo turbio de crimen organizado, teorías conspirativas, mercado negro y violencia surgido de una interconectividad sin límites ni reglas. Es la versión apocalíptica de la globalización, un fenómeno crecientemente cuestionado en el siglo XXI, que planteaba serios problemas de interpretación. El recurso a las metáforas, y en particular, como otras veces, a las anatómicas, ha permitido dar una respuesta, al menos tentativa, a los interrogantes que dejan las insuficiencias del discurso racionalista para abordar el fenómeno. Un especialista ha valorado sus pros y sus contras a partir del diverso significado de la mano humana, cerrada, vacía o abierta: “Closed fist, empty hand or open hand?” (Kornprobst, 2008). Su trabajo se publicaba en un libro ilustrado en la cubierta con un globo terráqueo, del que se mostraba el hemisferio occidental, formado por varias manos entrelazadas, con los continentes y los océanos pintados sobre ellas. El simbolismo de la mano parece retrotraernos al arte paleolítico y plantear la tensión dialéctica, típica de la globalización, entre lo global y lo local, entre la amplitud sin precedentes que ha alcanzado el horizonte humano y la nostalgia de la caverna protectora. Metáfora del homo faber y de la pulsión tecnológica de la humanidad, la mano puede serlo también de la vieja idea de fraternidad universal. En su ambivalencia radica su importante aportación a la iconografía de la globalización, humanizándola o denunciándola a gusto del consumidor. De los discursos en torno a ella en la Europa del siglo XXI parecen colegirse varias conclusiones. La primera tiene que ver con la americanización de la sociedad y el rechazo que provoca. No en vano, uno de los símbolos de esta interpretación del fenómeno suele ser la marca McDonald’s (Kincheloe, 2002), con sus 40.000 restaurantes en todo el mundo –de ellos, más de 8.000 en 18 Juan Francisco Fuentes Aragonés Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 Europa–, identificada por medio de su nombre, de su logotipo y en ocasiones simplemente de un bocadillo de hamburguesa, jugando con la asociación de ideas que sugiere la analogía entre la simetría y las redondeces del bocadillo y la silueta del planeta tierra, también redondo, simétrico y achatado por los polos. Puede que esa similitud explique la prevalencia de la hamburguesa sobre la Coca-Cola como paradigma de la globalización, entendida como apoteosis de la cultura de masas norteamericana. No es de extrañar por ello que las marcas de fast food, y en particular McDonald’s, se hayan convertido en blanco de los ataques de algunos grupos antiglobalización y antiamericanos, como el liderado en Francia por José Bové, responsable en agosto de 1999 del desmantelamiento en Millau (Francia) de un restaurante de la franquicia, “symbole de l’impérialisme économique américain” (“L’INA éclaire l’actu”, web del Institut National de l’Audiovisuel, 17-VII-2020). Lo anterior vale como ejemplo asimismo de la revalorización que ha experimentado lo simbólico en la era de la posmodernidad y la globalización, dos fenómenos estrechamente relacionados, que han puesto en crisis las viejas certidumbres de la cultura ilustrada y liberal y favorecido el desarrollo de un imaginario lleno de claves ocultas. Más de un siglo después de que Max Weber vaticinara el “desencantamiento” del mundo (Entzauberung), es decir, la definitiva superación de las reminiscencias mágicas del Antiguo Régimen y la plena “intelectualización” (Intellektualisierung) de la vida moderna, la apariencia caótica de la globalización lleva a buscar formas suplementarias de interpretación de una realidad compleja y enigmática. El desplazamiento del eje discursivo de la izquierda fuera de su ámbito tradicional, la lucha de clases y la emancipación de los trabajadores, ha supuesto asimismo una reformulación de su compromiso social, ajustado a los nuevos problemas de la globalización. La destinataria de su mensaje reivindicativo no sería ya una menguante clase obrera industrial, sino un conjunto heterogéneo de colectivos, más la población inmigrante, víctima del desarraigo provocado por la economía global y su impacto en el clima, sobre todo en el Tercer Mundo, y por las guerras que se derivan del nuevo (des)orden mundial. Dar visibilidad a sus efectos más perniciosos será objetivo fundamental de los movimientos autoproclamados “altermundistas”, expresión de un nuevo internacionalismo, muy distinto del que Marx predicara en el siglo XIX, y de un voluntarismo patente en su lema: “Another world is possible” (“Otro mundo es posible”). Visibilizar la realidad virtual creada por la globalización y sus efectos en la vida cotidiana es una de las razones del interés de sus críticos en dotarla de una iconografía específica. Las manifestaciones contra las cumbres del G8, grupo que incluye a los ocho países más ricos del mundo, suelen ser una buena ocasión para exhibirla. Las celebradas en Génova en 2001 y 2021 tuvieron un fuerte impacto mediático por algunas escenas violentas –en la primera de ellas 19 Metáforas de la globalización: una mirada europea Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 11-23. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.01 hubo incluso un muerto entre los manifestantes por un disparo de la policía– y por un amplio repertorio de imágenes y eslóganes, a veces vagamente sesentayochistas, representativos del espíritu del movimiento. “Voi la malattia, Noi la cura” (“Vosotros [sois] la enfermedad, nosotros la curación”), podía leerse en una pancarta de 2021, ilustrada por la silueta de cuatro personas que acudían a salvar el planeta. Hubo en esta última convocatoria proliferación de pancartas y banderas rojas –alguna con la hoz y el martillo– y de lemas en italiano e inglés (“Another world is still possible”), consagrado también como la lingua franca del altermundismo. Es frecuente asimismo la caricaturización de los principales líderes mundiales como cabezas visibles del sistema y responsables de los males que ocasiona. Ponerle cara al mal y sacarlo del escondite de su anonimato era precisamente el propósito de los activistas cubiertos con caretas de Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y Barack Obama que protagonizaron una protesta frente al Consejo de Estado francés, en París, en septiembre de 2009 (fotos de Jacques Demarthon, Getty Images). Si la estética antiglobalización recupera, como se ha visto, parte de la vieja simbología de la izquierda –la hoz y el martillo, retratos de Lenin y Che Guevara, puños cerrados, frecuente uso del rojo…–, las ilustraciones de prensa juegan con las inagotables posibilidades expresivas del planeta, generalmente víctima de la voracidad y la acción depredadora del capitalismo, pero escenario también de la lucha contra el sistema, como ocurría ya en un célebre cartel bolchevique de 1919 en el que Lenin barría la faz de la tierra de autócratas y burgueses, una imagen recuperada por algunos movimientos de izquierda radical un siglo después (“El espejo leninista del cartel de la CUP para el referéndum”, La Vanguardia, 10-VIII-2017). Asociada habitualmente con el poder económico y militar de Estados Unidos, la globalización inspiraba una viñeta del dibujante noruego Wilfred Hildonen en la que un cowboy con el logo de la OTAN y la bandera estadounidense en el sombrero se dispone a engullir un bocadillo en el que el mundo hace las veces de hamburguesa (https:// www.cartoonstock.com/). En otra viñeta del mismo artista, la tierra aparece completamente americanizada, bajo el sombrero vaquero y la bandera yanqui, a la vista de unos extraterrestres que se acercan en una nave espacial buscando un lugar para colonizar: “That one is already colonized” (ibid.). Mientras la representación positiva o neutra de la globalización hace hincapié en la imagen del planeta, en la conectividad y en los flujos de información y riqueza que circulan por él, a veces con presencia humana en forma de manos, cuerpos o siluetas, la más negativa lo muestra como víctima de un sistema que lo destruye y que, directa o indirectamente, aparece vinculado al poder americano. Una y otra coinciden en la incontestable supremacía del globo terráqueo como símbolo. Cabría decir que, como en otros muchos casos, no es el concepto el que genera la metáfora como complemento expresivo,