La construcción antropológica de la religión. Etnografía de una localidad manchega (Mónica Cornejo Valle): (reseña)
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Manuela Cantón AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana. www.aibr.org Volumen 5, Número 1. Enero-Abril 2010. Pp. 152-155 Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. ISSN: 1695-9752 152 Reseña Mónica Cornejo Valle La construcción antropológica de la religión. Etnografía de una localidad manchega Ministerio de Cultura Año: 2008 ISBN: 978-84-8181-373-9 Número de páginas: 266 LA RELIGIÓN COMO OBSERVATORIO Manuela Cantón, Universidad de Sevilla La antropología de la religión va dejando de presentar esa sintomatología que llevó a Clifford Geertz, hace ya tres décadas, a oficializar su lenta convalecencia. No estaría de más preguntarse, en cualquier caso, hasta qué punto la propuesta de la religión como sistema cultural a él debida y la consiguiente desatención al juego de las interacciones sociales, o el trabajo sobre los símbolos en dos tiempos, no ha demorado aún más el proceso de recuperación. Somos muchos los antropólogos que de un modo u otro hemos confiado largo tiempo en esa definición, en palabras de Mónica Cornejo, “tan generosa existencialmente”. Mientras tanto, la sociología de la religión fue ganando ventaja en los nuevos escenarios urbanos y entre las religiones emergentes, los Nuevos Movimientos Religiosos o las formas locales de sistemas religiosos reticulares y globalizados. La antropología se ha sumado después, sin apenas reflexionar sobre el equipaje de llegada y sobre el ambiguo reavivamiento de un campo, el de la antropología de la religión, siempre mirado de reojo y más propenso a contraer, padecer y multiplicar hasta el coma todos los padecimientos endémicos de la disciplina. Uno de los efectos de esa presencia de una sociología, siempre más ambiciosa, en contextos en los que la secularización no hacía prever las nuevas transformaciones del campo religioso, es que quienes nos adentramos en esos escenarios desde la antropología acabamos inevitablemente enredados en la ya larga historia del desmentido a tesis de la secularización. Pese a que podría haber prescindido cómodamente de toda esta problemática rápidamente esbozada, este libro también se ocupa de ella. La autora es una antropóloga joven, pero cuando vuelvo sobre el delicado y complejo andamiaje intelectual de su obra me cuesta identificar los síntomas de esa juventud. Tal vez se reconozcan en la frescura y hasta el descaro con el que afronta viejos problemas del veterano campo de la antropología de la religión, o en la soltura con la que dialoga con la tradición disciplinar, o en la vitalidad que
Reseña AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana. www.aibr.org Volumen 5, Número 1. Enero-Abril 2010. Pp. 152-155 Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. ISSN: 1695-9752 153 parece inverosímil al tratar de abrirse paso en una realidad social como la del catolicismo parroquial manchego de Noblejas y cómo vadea lo que podría acabar convertido en una monografía de comunidad con todo su tedio y toda su, muchas veces menospreciada, grandeza. También sorprende la soltura con la que esta obra hace alarde de un sentido justo de la introspección disciplinar al estilo postmoderno y a la vez reivindica una antropología de factura clásica que efectivamente hable de los otros, de lo que grupos e individuos reales hacen y dicen. Y al mismo tiempo estamos ante una obra que es, a fin de cuentas, también una suerte de post-monografía de comunidad. Lo que se nos muestra en La construcción antropológica de la religión es una antropología de la religión extraordinariamente consistente y robusta, casi reivindicativa de su veteranía, sus fragilidades y sus logros. El libro de Mónica Cornejo habla de la exploración etnográfica y teórica de la vida cotidiana en Noblejas, un pueblo manchego “a diez minutos de Aranjuez”, y lo hace desde la compleja imbricación de la estructura social y el sistema religioso. Un caso “poco original”, en palabras de la autora, que acaba seduciendo por su espléndido abordaje. Aunque centrado en el examen de las relaciones que los noblejanos sostienen con el sistema simbólico y el entramado social que la religión tiende sobre ellos, la autora no olvida en ningún momento la complejidad sutil de ese campo de minas epistemológico en que consiste la construcción teórica de una antropología de la religión. Se muestra convencida de que viejos problemas, anticipados hace ya un siglo, como el propio problema definicional (¿tan pasado de moda?) no han de ser abandonados sin más a su suerte. De hecho no pueden serlo porque se trata de esa clase de problemas que no se superan ni se resuelven, simplemente se posponen. Y hasta puede que no deban ser superados ni resueltos, aunque esto sólo sirva para no cancelar la reflexión. El tono y el rigor con el que se rescata y vuelve sobre esos viejos problemas, pospuestos, mal resueltos, volteados, abandonados, desahuciados, reanimados y puestos a caminar de nuevo, marcan sin duda el vigor de las aportaciones que podemos seguir haciendo. En un campo como el de la antropología de la religión, sobre el que siempre planean las sombras geertzianas de los ateos de aldea y de los predicadores de aldea, la rabia iluminista de quienes siguen sin explicarse el fenomenal engaño existencial, ideológico, intelectual, político, en el que persisten los millones de creyentes del mundo y la condescendencia empalagosa de quienes tienen algo que hacer con la religión y lo quieren hacer fuera de las iglesias, Mónica Cornejo decidió (o decidieron por ella, a la vista los resultados resulta anecdótico) tomar una “aldea” toledana como observatorio desde el que trabajar entre ateos, predicadores, curas y aojadores, visionarios y blasfemos, profetas reprobados, creyentes que no van a misa, quienes ven muertos y quienes sólo creen que otros los ven, liturgias complejas y desvaídas y santos modestos de probada eficacia,
Manuela Cantón AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana. www.aibr.org Volumen 5, Número 1. Enero-Abril 2010. Pp. 152-155 Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. ISSN: 1695-9752 154 dejándoles hablar y luego levantando ella misma la voz para dejar claro que renuncia al atrincheramiento teologizante, fenomenológico, cognitivista, existencialista o para-religioso. La autora aborda la contemplación de la vida social noblejana desde la religión convertida en observatorio con elegancia, rotundidad y despliegue de recursos para la minuciosa indagación etnográfica sobre los múltiples contextos sociales en los que la práctica admitidamente religiosa se vuelve parte de la cotidianeidad hasta confundirse con ella, y se enhebra con la racionalidad instrumental de maneras más o menos inesperadas. Con ello muestra algo relevante: la investigación antropológica de la religión no es más excepcional ni más inmanejable que el tratamiento de las prácticas económicas, políticas, terapéuticas, festivas y otras. De hecho, lo que llamamos admitidamente religión nunca cae muy lejos de ninguna otra expresión de la vida social, es sencillamente parte indisociable de ella. Hasta qué punto este modo de observar la religión nos devuelve una vez más a Durkheim lo demuestra el análisis crítico del legado durkheimiano que despliega la autora, y su toma de postura a favor de un estructural-funcionalismo crítico. Y es el acertado tratamiento de ese legado durkheimiano el que le conduce a despojar la religión del exceso de trascendencia que tantas veces ha trastornado su análisis, y a regalarnos afirmaciones desafiantes como la que sigue: “la sensibilidad mística es una excepción, a veces una excepción bastante ridícula (…) el homo religiosus no parece tan preocupado por la experiencia espiritual como por el compromiso social que comportan las relaciones con lo sagrado” (2008: 13). Leyendo el libro tiene el lector la impresión de que Mónica Cornejo se va despreocupando al ritmo de sus despreocupados informantes y que acaso es esa destrascendentalización de la religión lo que le lleva a eludir argumentadamente el debate en torno a qué es o no es religión, rehusando tomar partido en el fatigoso problema definicional, entendiendo la religión desde lo admitidamente religioso y tomándola como un observatorio, un ejercicio de perspectiva, un ángulo insólito desde el que observar la sociedad noblejana. O una celosía para ver la sociedad a su través. La religión como perspectiva y el perspectivismo como apuesta teórica. Un matrimonio desde luego mal avenido (perspectivismo y estructural-funcionalismo) en cuya convivencia pacífica ella cree. Claro que no cedemos la definición de lo admitidamente económico a quienes recaudan impuestos, invierten en bolsa o menudean en los mercados ambulantes. Y claro que por fuera de lo admitidamente religioso pueden caer y de hecho caen prácticas que no dudaríamos en calificar de religiosas, aunque vengan marcadas por la provocación, la disidencia, el escepticismo, el ateísmo u otras tantas maneras de mostrar intereses religiosos más o menos explícitos, del derecho o del revés, en el cada vez más desdibujado campo de la religión. Tan claro como que, aún siendo efectivamente provocador, sigue mereciendo inapelablemente la pena arriesgar que la religión puede ser antes un
Reseña AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana. www.aibr.org Volumen 5, Número 1. Enero-Abril 2010. Pp. 152-155 Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. ISSN: 1695-9752 155 observatorio y una excusa que una dimensión irreductible de la cultura. Ya no creemos en esferas autónomas ni en sustancias subyacentes (hacía falta mucha fe), y hace décadas que condonamos la pena a los constructivismos, seguros de que el juego social de las perspectivas y la atención a los recovecos de la construcción intersubjetiva del orden colectivo iba a iluminar zonas de la vida social que el cálculo estructural y positivista dejaba a oscuras. Es igual; inspirándose en Jack Goody, la autora afirma ya desde las primeras páginas que “…tan difícil es trabajar con definiciones como sin ellas, y la única elección que el investigador de la religión puede hacer realmente es si anticipa o pospone la declaración de un compromiso etnocéntrico previsible” (p.14). Esa firmeza en la toma de postura intelectual impregna todo el trabajo, se despliega en el encadenado de capítulos que siguen al marco teórico y a la metodología (Noblejas, Prácticas religiosas y proceso social, Convivir con lo sagrado, Ritual) y desaguan en la excelente reflexión previa a las conclusiones: Cisma y continuidad en la sociedad secular, en la que entran en escena kikos noblejanos y apariciones marianas, a competir en un campo religioso católico-parroquial ciertamente ajeno a psicofonías neocatecumenales o excesos videntes, pero ávido de “por si acasos”. Es decir, estamos ante un trabajo de una estructura coherente e inteligible, con una sólida articulación de las partes y una textura narrativa sorprendente e impecable y, por tanto, extremadamente rara en una disciplina como la nuestra, que oscila entre el tono envarado de neutralismo positivista y el ejercicio esteticista que olvida el rigor, cuando no se burla de él, a cambio de casi nada. La reflexión metodológica acaba siendo la antítesis del clásico reduccionismo que limita la metodología a un decálogo de prescripciones técnicas, esa caída a veces inconsciente en el hiperempirismo y en la creencia en sus virtualidades mágicas. No hay esa clase de fe en el trabajo de Mónica Cornejo. La toma de postura es más bien reflexiva en el sentido de Pierre Bourdieu, y de ahí que el entramado metodológico esté en todo caso atravesado por una teoría muy cuidada, meditada. Con todo, el marco teórico y la abundancia de referencias bibliográficas no resultan asfixiantes ni caen en los habituales excesos academicistas. La teoría entra en un diálogo complejo y continuo, porque no es abandonado en ningún momento, con el propio proyecto de construcción del objeto. Y como cualquier lector lo bastante atento, informado e inquieto podrá comprobar, se trata de un diálogo que no se apaga cuando finaliza la lectura, sino que deja imaginar las voces que se siguen escuchando al cerrar el libro. Puede que entre todas estas razones se encuentren aquellas que llevaron a conceder a Mónica Cornejo el Premio de Investigación Cultural “Marqués de Lozoya” 2007, por esta esplendida muestra de la mejor antropología.