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Tucídides y la tiranía de los Pisistrátidas

Iriarte Asarta, Unai

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TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS Junto a la Historia de Heródoto y La Constitución de los atenienses de A ristóteles, la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides se erige como una de las tres fuentes escritas más importantes que nos permiten ahondar en el conocimiento de la tiranía de los Pisistrátidas. El excurso sobre la tiranía arcaica ateniense del libro VI de Tucídides, que es la principal digresión del autor sobre este tema, debe ser enmarcado cronológicamente, como muy temprano, en torno al 415 a.C.1, apenas un siglo después del asesinato de H iparco a manos de Harmodio y Aristogitón, y, como muy tarde, en los primeros años del siglo IV2. Antes de comenzar a analizar aquello que Tucídides nos transmite sobre los Pisistrátidas, consideramos conveniente dejar claro que no nos creemos los más indicados para tratar en el presente trabajo los diferentes aspectos de enfoque, estilo o lenguaje, pues han sido abordados por otros muchos y, sin duda, de más dilatada trayectoria investigadora. Lo que sí pretendemos es conocer cuáles fueron las razones que llevaron a Tucídides a hablar de la tiranía de los Pisistrátidas y cómo de cierta puede ser la información que nos narra. Dicho de otra forma, el objetivo es doble: saber qué dice sobre este sistema de * El presente trabajo ha contado con la financiación del VI PPIT de la Universidad de S evilla. Me gustaría agradecer a los profesores César Fornis y Christian Wendt sus consejos para la elaboración de las páginas siguientes. 1. A partir de ahora, y salvo que se especifique lo contrario, todas las fechas deberán considerarse a.C. Asimismo, las citas textuales extraídas de Tucídides corresponden a la traducción de Torres Esbarranch en la Editorial Gredos. 2. Tucídides moriría a finales del siglo V o inicios del IV. En III 116 no se menciona la erupción del Etna del 396, lo que indicaría una muerte anterior a dicho acontecimiento (cf. Hornblower 1987: 4, 144). UNAI IRIARTE Universidad de Sevilla * UNAI IRIARTE66 gobierno unipersonal en Atenas y conocer las razones por las que escribe sobre el mismo. 1. LA TIRANÍA DE LOS PISITRÁTIDAS EN TUCÍDIDES El número de referencias a los Pisistrátidas dentro de la obra de Tucídides es relativamente escaso a pesar de ser una de las fuentes principales para asomarnos a este período de la historia de Atenas. Del total de ocho libros que componen su Historia de la Guerra del Peloponeso, tan solo menciona a Pisístrato en cinco ocasiones (I 20.2; III 104.1; VI 53.3, 54.2-3 (bis)), mientras que a H ipias e Hiparco lo hace únicamente en el excurso del libro VI (54-59) y de manera puntual en un pasaje al inicio de la obra (I 20.2)3. La primera vez en la que el historiador ateniense se refiere a Pisístrato y a sus hijos es en el libro I. Poco antes de mencionar explícitamente a los tiranos atenienses, cuenta en la “Arqueología” (I 13.1) su visión sobre los orígenes de la tiranía en Grecia: Al hacerse Grecia más poderosa y dedicarse todavía más que antes a la adquisición de riquezas, en la mayoría de las ciudades se establecieron tiranías con el aumento de los ingresos (antes había monarquías hereditarias con prerrogativas delimitadas), y Grecia se puso a equipar flotas y a vivir más de cara al mar. Se nos señala, pues, que la causa principal de la aparición de las tiranías en la antigua Grecia tiene que ver con, por un lado, el aumento de los ingresos4 y, por otro, con la presencia de flotas y de un sistema de vida orientado al mar, en clara alusión al comercio. Puede que no ande muy alejado de la realidad, pero no deja de ser también una simplificación5. Atenas pasó a ser una tiranía después de otras poleis como Corinto, más avanzadas a nivel económico6. Una de las bases de apoyo principales de los tiranos son los más pobres. Sin de sigualdad económica no existiría la necesidad de aupar al poder a un tirano que solventase dicha situación. 3. No es mayor, sin embargo, el número de referencias que hace sobre otros tiranos. No parece que sea este un tema que le genere cierto interés (cf. Dreher 2016: 88-92). 4. Gomme 1950: 121, seguido por Hornblower 1992: 42, observa que este aumento de los ingresos también pudo llevarse a cabo gracias al establecimiento de un fuerte poder centralizado. Por tanto, la riqueza era a su vez causa y efecto de la tiranía. Cawkwell 1995: 83 cree que para Tucídides los tiranos eran esencialmente hombres ricos. 5. Dreher 2016: 97 nos recuerda que esta conexión no es directa, sino a partir de una mejora anterior del poder económico y militar. 6. También Plácido 2017: 19 observa que durante el arcaísmo griego las tiranías se sucedieron en aquellas poleis más estructuradas. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 67 Asimismo, por lo que respecta a la flota, «y a vivir más de cara al mar», según van Wees estaríamos ante la consideración por parte del historiador ateniense de las naves como herramienta de progreso7, una visión que lleva a Tucídides a considerar más adelante a Atenas como la mayor potencia del Egeo en el siglo V8. Siguiendo con Tucídides, tras este primer análisis etiológico añade (I 17) algunas de las características principales de los tiranos, alegando que serían personas que solo se preocupaban de ellos mismos y de sus familias, pues apenas arriesgaban, o lo que es lo mismo, no entraban en guerra. Esta inacción lleva a Tucídides a considerar que de las tiranías griegas no existe, por tanto, «nada notable» que mencionar. Es posible que esta sea una de las razones por la que las alusiones a los Pisistrátidas se vean tan limitadas dentro de la propia obra, que se centra en la guerra entre Esparta y Atenas (431-404). Las menciones a los Pisistrátidas son puntuales, casi anecdóticas como veremos, y los tiranos atenienses únicamente adquieren cierto protagonismo en el excurso del libro VI que narra el asesinato de Hiparco9. No es menos verdad, por otro lado, tal y como observa Dreher, que de todos los tiranos que menciona, Tucídides tan solo realiza un juicio específico sobre los Pisistrátidas10. El historiador ateniense destaca con especial interés el caso particular de su polis de origen ya en el libro I. Tucídides hace referencia en un primer momento a la tiranía de los Pisistrátidas, pero no para analizarla como régimen político. Entre una de sus múltiples razones está el mostrar un ejemplo de cómo sus contemporáneos, entre los que incluye de manera explícita a sus conciudadanos, no se informan de su propia historia, sino que acostumbran a dar por buena la primera versión que reciben, sin contrastarla (20). Esta acusación queda un tanto en el aire, sintéticamente expuesta, ya que en este punto de la obra Tucídides tan solo pretende explicar al lector su metodología. La alusión a Hipias e Hiparco en este pasaje del libro I debe ser interpretada como una declaración de intenciones de su excurso del libro VI en particular, e 7. Van Wees 2017: 43. Ya antes puede percibirse una opinión en este sentido en Gomme 1950: 121, quien establece una conexión entre las tiranías y naves de mayor tamaño; cf. también Hornblower 1992: 42. 8. Para Loraux 1980: 68-69, Tucídides “compraba” ya en la “Arqueología” una visión de progreso de la Historia, de evolución continua, aunque no necesariamente vinculada de manera única a la flota. 9. Tucídides, como cualquier historiador, elige qué hitos destacar dentro de su obra. Presenta, sin ir más lejos, algunas omisiones en su narración de la Pentecontecia (cf. Loraux 1980: 68; Hornblower 1987: 35-37). En este periodo, tal y como señala Sancho 2017: 241, es T ucídides el que, frente a Helánico, elige otros hitos significativos que transmitir a su audiencia. Y lo mismo sucede cuando se refiere a la tiranía de los Pisistrátidas, rebajando la importancia de actos como el de los tiranicidas (p. 249). En III 90.1 él mismo se expresa también al respecto sobre lo que va a contar de Sicilia, al decir que de lo acaecido allí se limitará a narrar «solo las acciones más dignas de mención». 10. Dreher 2016: 93. UNAI IRIARTE68 indirectamente de su obra completa en general: deben contrastarse los hechos históricos que se nos transmiten. En los libros siguientes Tucídides nos aporta dos aspectos muy concretos que podemos atribuir a la tiranía de Pisístrato (561/0-527): el embellecimiento de la polis (II 15) y la purificación de Delos (III 104). Respecto al primer punto, atribuye a los tiranos la construcción de la fuente Eneacruno, que estaría situada en el área sur de la acrópolis, cerca de otras construcciones como el templo dedicado a Zeus Olímpico, el altar de Apolo Pitio, el de la Tierra y el de Dioniso de Limnas. De estas cuatro obras, sin embargo, únicamente el O lympieion y el altar a Apolo Pitio remiten a la época de los tiranos11, y este último es posterior a la tiranía de Pisístrato. En cuanto a la purificación de D elos, T ucídides (III 104.1) cuenta que los atenienses habrían decidido emprender esta acción en el año 426 por recomendación de un oráculo. Es en ese contexto en el que recuerda que la última vez que esta isla había sido purificada fue con Pisístrato, aunque entonces no se hizo de manera total, sino que se limitó a la zona visible desde el santuario de Apolo. La última mención a P isístrato por parte de Tucídides se produce en el libro VI (54.2), al inicio del excurso de la tiranía de Hipias, en la que señala que murió anciano12. A partir de este pasaje Tucídides desarrolla, ya sí, un excurso largo (VI 54-59) sobre un episodio muy concreto de la tiranía de los Pisistrátidas, el asesinato de Hiparco a manos de Harmodio y Aristogitón. Desde el inicio desmiente que los tiranicidas hubieran realizado este acto pretendiendo el derrocamiento de la tiranía, sino que se trataba de una cuestión meramente sexual (54.1)13. El eros se constituye en este episodio (aunque también está presente en el conjunto de la obra) como un elemento fundamental, el cual explica, a ojos del historiador, las incongruencias en el comportamiento de los seres humanos, que acaban desencadenando un destino fatal14. Después de que Hiparco fuese rechazado dos veces y tras humillar a la hermana de Harmodio para escarmentarlo, los futuros tiranicidas decidieron emprender una conjura para 11. Sobre las obras arquitectónicas de los tiranos atenienses, ver Angiolillo 1997. 12. Arist. Ath. Pol. 17.1 especifica que la causa de la muerte fue una enfermedad. 13. Hornblower 2008: 436. Asimismo, aprovecha este excurso para defender que Hipias era el mayor de los hijos de Pisístrato y que por tanto él era el tirano, no Hiparco (54.2). 14. Para Connor 1984: 178-179, el eros es el responsable de la conspiración de los tiranicidas. Forde 1989: 34 n. 27 llega a contar hasta cuatro referencias al eros en la digresión, en VI 54 (x2), 57 y 59. Para Loraux 1985: 16-18, aunque el eros es un elemento fundamental en el excurso pisistrátida de Tucídides, su presencia contrasta con su ausencia en el resto de su obra, pues solo hace referencia explícita en otras cuatro ocasiones más. A pesar de ello, las pasiones humanas en Tucídides dan para todo un estudio aparte. Es la pasión la que hace que los melios estén dispuestos a morir defendiendo su isla. También es la que anima a los atenienses a ir a Sicilia, lo que supone la pérdida de la guerra. Los ejemplos a lo largo de la obra son numerosísimos, por mucho que las menciones al eros no sean explícitas. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 69 vengarse de él15. Su objetivo parece ser asesinar a Hipias, a quien pretendían matar no por ser el tirano, sino por ser el hermano de Hiparco. Cuando finalmente llegó el día señalado, Harmodio y Aristogitón vieron a uno de sus conjurados hablando con Hipias, por lo que creyeron que los estaba delatando y, queriendo tomar venganza, decidieron ir a por Hiparco (57.1-2). Lo encontraron cerca del ágora, donde lo mataron (57.3). Harmodio murió también durante esta acción, mientras que Hipias, enterado de lo sucedido, decidió reunir a sus guardias y registrarlos para saber si había más personas involucradas (58). Como consecuencia del asesinato de Hiparco, Hipias decidió cambiar su forma de gobernar, haciéndolo a partir de entonces de una manera mucho más violenta (59.1). Asimismo, y ante el temor de verse derrocado como tirano, decidió llevar a cabo una alianza con Ayántides, tirano de Lámpsaco, con quien casó a su hija (59.3). La tiranía se mantendría vigente en Atenas cuatro años más, hasta que después de la intervención de los lacedemonios y de los A lcmeónidas Hipias tomase la decisión de huir a Lámpsaco y, desde allí, a la corte del rey Darío (59.4). La última mención a este tirano por T ucídides se produce en este mismo pasaje, cuando recuerda que el primogénito de P isístrato regresaría años más tarde, ya viejo y al lado de los medos, a Maratón16. Dentro de este excurso Tucídides también valora en términos generales la tiranía de los Pisistrátidas. Dice que gobernaron sin despertar odios, que dieron pruebas de virtud y de inteligencia y que, además, y de nuevo insiste, embellecieron la polis y sufragaron algunos de los sacrificios de los templos (54.4). Entre estos elementos embellecedores destacan los altares dedicados a los Doce Dioses y a Apolo Pitio por parte de Pisístrato, el hijo de Hipias (54.6). Sabiendo pues qué puntos de la tiranía de los Pisistrátidas aborda T ucídides, procedamos a continuación a un análisis pormenorizado de algunas de sus afirmaciones con el fin de ahondar en la veracidad de las mismas y discernir cómo de acertado estuvo el historiador en sus investigaciones y en la reconstrucción de los hechos. 15. La humillación a la hermana de Harmodio tendría que ver también con algún aspecto sexual, probablemente la insinuación de que no era virgen. El insulto de Hiparco solo se podía saldar con la venganza de los varones de la familia, cuyo honor había sido dañado también por este trato (cf. Lavelle 1986b: 321). 16. Hipias asistiría también a una reunión de la Liga del Peloponeso invitado por los espartanos, que pretendían reponerlo en el poder en Atenas en virtud de sus lazos de xenia. Esta incursión al final no se lleva a cabo, pues los corintos, tras un extenso discurso, se muestran contrarios a instaurar un régimen tiránico, recordando lo mal que les fue a ellos con este tipo de gobierno (cf. Hdt. V 91-93). Esta asamblea de la Liga debió de llevarse a cabo en algún momento entre el 505 y el 501 (cf. Ste. Croix 1972: 116, 118). UNAI IRIARTE70 2. HIPIAS, TIRANO E HIJO MAYOR DE PISÍSTRATO. EXCURSO DENTRO DEL EXCURSO La primera de las afirmaciones que merece ser analizada con mayor detenimiento tiene que ver con la consideración por parte de Tucídides de que Hipias era el hijo mayor de Pisístrato. El historiador ateniense ofrece a este respecto tres pruebas que él considera fundamentales para demostrarlo: 1. «Lo sostengo porque lo sé con más exactitud que otros gracias a los informes que han llegado a mis oídos» (VI 55.1). A pesar de que una de las críticas primeras que hemos observado en Tucídides es a la tradición oral (akoe), paradójicamente es uno de los argumentos que esgrime para defender su postura. Esta afirmación puede ser refutada con cierta soltura, pues la alusión a informantes orales no necesariamente tiene por qué probar una versión mejor a la tradicional. Esta frase podría considerarse también como una de tantas en las que el historiador ateniense se erige a sí mismo como figura de autoridad17. Hornblower piensa que aquí se estaría refiriendo a conversaciones que quizá habría podido tener en Quíos con algunos miembros de la familia de los P isistrátidas, pero lamentablemente en este último sentido no se puede sino especular18. 2. «Solo él [Hipias] tuvo hijos» (ibid.). En esta ocasión remite a la estela adikias (ἡ στήλη ἀδικίας), una estela que habría sido erigida en la acrópolis de Atenas «en memoria de la iniquidad de los tiranos» en la que se leería no solo que ni Tésalo ni Hiparco carecían de hijos, mientras que Hipias tenía cinco (ibid.), sino que, además, su nombre estaba inscrito el primero, justo después del nombre de Pisístrato (55.2). En este caso el historiador ateniense sí aporta una prueba diferente a su(s) fuente(s) oral(es) anterior(es). Su uso de un epígrafe sí sirve como herramienta de autoridad histórica. Asimismo, no solo alude a esta estela, también la analiza. Considera que el hecho de que el nombre de Hipias se encuentre en una posición cercana a la de su padre responde a motivos cronológicos concretos19. 17. Loraux 1986: 143 comprobó cómo desde el inicio de su obra Tucídides se mostraba a sí mismo y ante el lector con cierta autoridad cuando manifestaba que era él quien había escrito la Historia de la guerra del Peloponeso. Es esta autopercepción del propio Tucídides lo que le hace esgrimir como verídico el argumento de que sus informes son mejores que los de los demás. Esta postura no es diferente a la que Hornblower 1987: 19 observa en Heródoto, cuando este dice que va a hablar de lo que él sabe, o en los poetas que sentenciaban que “sus” versiones de los mitos eran mejores que las de los demás. 18. Hornblower 1987: 77. 19. Para Stahl 1966: 4-5 no sería tanto el hecho de que Hipias tuviera hijos como que no se señalen los de Hiparco y Tésalo lo que dota en parte de razón al silogismo tucidídeo. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 71 3. «Hipias no hubiera podido ejercer de inmediato la tiranía sin dificultades si Hiparco hubiera muerto mientras estaba en el poder y él se hubiera erigido en tirano el mismo día» (55.3). En este último caso Tucídides está realizando una valoración personal sobre los hechos acaecidos después de la muerte de Hiparco. Esta deducción de la forma de proceder de Hipias tras el asesinato de su hermano, más propia de un historiador que de un cronista, puede ser válida para defender su visión de que Hipias era el tirano, pero no demuestra que fuera el mayor de los hijos. Una vez conocidos estos tres argumentos de Tucídides sobre la primogenitura de Hipias, debemos tener en cuenta, en primer lugar, que se ha producido una premisa: considerar que Hipias era el tirano por ser el mayor. Conviene recordar que en el ejercicio de la tiranía existen diferentes motivaciones de carácter personal20. Así pues, podría darse el caso de que Tucídides sí que tenga razón al afirmar que Hipias era el tirano, pero ello no implica que tuviese que ser el mayor de los hermanos. Para empezar, no existe ninguna fuente antigua que testimonie que Hipias era mayor que Hiparco. El único que lo señala es Tucídides. Ni siquiera Heródoto, otra de las fuentes principales para conocer la tiranía de los Pisistrátidas, dice nada al respecto. El de Halicarnaso sentencia (I 61.3) que Pisístrato decidió regresar a Atenas de nuevo porque, tras debatirlo con sus hijos, consideró mejor la postura de Hipias de recuperar la tiranía. En este sentido, podemos saber al menos que, siendo o no Hipias el mayor, sí que podría considerarse el más ambicioso en términos políticos si, como se sobreentiende, la postura de Hiparco y de Tésalo debía de ser diferente de la de su hermano. La segunda de las pruebas que Tucídides da para demostrar que Hipias era mayor que Hiparco tiene que ver con el hecho de que este segundo no tuviese hijos. Esta deducción no supone per se una razón por la cual Hiparco, que como se desprende del excurso estaba más interesado en ciertos affairs con hombres que en la formación de una familia, fuera el menor. Sin embargo, se ha podido documentar21, aunque Tucídides no lo menciona, que Hiparco habría contraído matrimonio con una joven llamada Fía. A este respecto, pues, sí existe una razón que Tucídides incluye en su excurso (VI 54.6) pero no relaciona de manera explícita con la primogenitura de Hipias, aunque la prueba, 20. Sin ir más lejos, al considerar al mayor no demasiado inteligente, Periandro ofreció la tiranía a su hijo menor, Licofrón, quien no tenía intención alguna de convertirse tirano. Tuvo que ir su hermana a buscarlo a Corcira para tratar de convencerlo (cf. Hdt. III 50-53). Incluso a pesar de la muerte de Licofrón, su hermano mayor no le sucedió en la tiranía, sino que lo haría su primo Psamético (Arist. Pol. 1315b25-29). 21. Clidemo, FGrH 323 F 15. Según Jacoby 1954: 71, el padre de Fía habría sido uno de los seguidores de Pisístrato, aunque ya habría fallecido cuando su hija regresó a Atenas junto al tirano disfrazada de Atenea. UNAI IRIARTE72 y es el hecho de que el hijo de este recibiese el nombre de Pisístrato. Es bastante común que en la sociedad griega antigua el primogénito ponga a su hijo el mismo nombre que llevaba su padre, y el hijo lo repita con su propia descendencia. Ocurre en el caso de los Pisistrátidas, pero también lo vemos, sin ir más lejos, en el de los Alcmeónidas, sobre todo con el caso de Megacles I y su nieto Megacles II22. Llegados a este punto, queda preguntarse por qué Hiparco habría sido considerado en el siglo V como el tirano. El historiador ateniense argumenta que la razón por la que creían que lo era se habría debido al infortunio que sufrió (VI 55.4). Tucídides no profundiza, sin embargo, en que los atenienses pensarían que era el tirano, no tanto por el infortunio en sí, como por el culto profesado a los tiranicidas, a quienes se atribuía la responsabilidad del fin de la tiranía en Atenas23. Además, es interesante plantear la hipótesis de Barceló, quien considera que Hiparco habría sido considerado el tirano como consecuencia del comportamiento de Hipias tras su muerte; así, el hermano menor pasaría a identificarse con el periodo de tiranía anterior al 514, un momento de la historia caracterizado por el mecenazgo y apogeo cultural ateniense, en claro contraste con el despotismo posterior de Hipias24. 3. EL CULTO A LOS TIRANICIDAS Y LA CUESTIÓN LACEDEMONIA A grandes rasgos una de las creencias populares más aceptadas por los atenienses durante el periodo de democracia era la de que los tiranicidas se habían rebelado contra los tiranos y de que de esta forma habían conseguido la libertad y la instauración de su sistema político a finales del siglo VI25. Los tira22. Generalmente era el segundo hijo quien recibía el nombre del abuelo materno. Sin embargo, existen casos como el de Clístenes de Sición y Clístenes de Atenas, quien a pesar de ser el nieto mayor adopta dicho nombre, quizá como prueba de 1) la importancia que su abuelo materno había tenido y 2) porque Megacles, su padre, pretendía evocar su historia con dicho tirano, ya que se remitía a su victoria frente a otros pretendientes en el agon por la mano de A garista, lo cual le dotaba de prestigio. 23. Forde 1989: 35 cree que Hiparco fue elevado a la categoría de tirano con el fin de magnificar el acto de los tiranicidas. En este sentido, consideramos que esta construcción de Hiparco como tirano tuvo que ser posterior e implicar importantes intereses del demos, que no deseaba deber nada ni a los Alcmeónidas ni a los espartanos, como veremos en el apartado siguiente. 24. Barceló 2006: 58, que añade que sería así cómo empezaría a conformarse el primer mito de la democracia ateniense, a partir de esta atribución de la tiranía a Hiparco. 25. Bowra 1961: 421, seguido por White 1995: 3, señala que en el pedestal de las estatuas pondría «Una gran luz llegó a Atenas, cuando Harmodio y Aristogitón mataron a Hiparco». Day 1985: 28 sostiene que este epigrama se habría perdido, pero que, sin embargo, se conservan varios fragmentos de copias romanas que pretenderían imitar este grupo escultórico, con el epigrama del pedestal incluido, y no el de Antenor, que es posterior. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 73 nicidas se convirtieron para los atenienses en héroes a los que incluso rendían culto en sus tumbas en agradecimiento por su acción contra Hiparco26, mientras que en el ágora se situaba el grupo escultórico que los representaba y que encarnaba la defensa de la libertad ciudadana27. Sus estatuas se convirtieron en un símbolo de la polis y de la democracia hasta tal punto que, cuando en el año 480 Jerjes llegó a Atenas, decidió tomar el grupo escultórico de los tiranicidas y llevárselo a Persia28. En definitiva, la mayoría de los atenienses parecía (o quería) ignorar el papel de Esparta y de los Alcmeónidas y otorgaba el honor de la acción únicamente a Harmodio y Aristogitón. Según McGlew, esta falsa creencia de su historia pasada habría sido deliberada y no fruto de una confusión29; piensa también que este acto daría confianza a los atenienses sobre sus líderes políticos30. Lo cierto es que, como Tucídides manifiesta en varias ocasiones (I 18; VI 53.3, 59.4), y ya antes lo había hecho Heródoto (V 62-64), no fueron H armodio y Aristogitón quienes pusieron fin a la tiranía de los Pisistrátidas, que duró todavía cuatro años más, sino los Alcmeónidas y, sobre todo, los lacedemonios. Es en estas afirmaciones de ambos historiadores donde radica lo que hemos convenido en llamar “la cuestión lacedemonia”. Se trata de una verdad que, al parecer, era accesible a los estudiosos del siglo V pero que, sin embargo, el 26. Esta heroización de los tiranicidas parece dar respuesta, según McGlew 1993: 155, a la crítica herodotea acerca de la pasividad de los atenienses frente a los Pisistrátidas. Sin embargo, creemos que este culto habría surgido con anterioridad a la obra de Heródoto, a mediados del siglo V, pues las estatuas fueron colocadas en el ágora a principios del mismo, lo cual, si bien es cierto que no implicaba necesariamente un culto, sí refleja ya entonces cierto reconocimiento popular y, por tanto, cierta devoción. 27. Barceló 2006: 63. 28. Arist. Rhet. 1368a18-19. El fin de Jerjes sería apropiarse de esa imagen de eleutheria e isonomia atenienses que proyectaba la estatua de los tiranicidas. Por esta misma razón Alejandro Magno la devolvería de nuevo a Atenas un siglo y medio después (Arr. An. III 16.18; Val. Max. II 10.1 dice que fue Seleuco y Paus. I 8.1 que fue Antíoco). Untersteiner 1976: 15-17 cree que las estatuas de los tiranicidas de Antenor serían destruidas en uno de los dos saqueos de Atenas y que, por tanto, el grupo escultórico que vuelve durante el helenismo era una copia. S obre esta obra y su simbolismo, ver Azoulay 2014, passim, esp. 29-54. 29. McGlew 1993: 151-152. Hunter 1973-1974: 131 n. 3 afirma, siguiendo a Stahl 1966: 1-11, que la leyenda de los tiranicidas se conformaría debido a que las causas y consecuencias del acto fueron algo confusas. Sancho Rocher 2017: 249 habla de una tradición popular «contradictoria e inconexa». 30. McGlew 1993: 156. Esta afirmación es más una hipótesis indemostrable que un hecho constatable. Untersteiner 1976: 25 pensaba que no tenía por qué existir una contradicción en la veneración de Harmodio y Aristogitón y el reconocimiento del papel de Esparta y de los Alcmeónidas en el derrocamiento de los tiranos; pensaba que los atenienses podrían haber honrado a los tiranicidas en el siglo V no por saber que eran los responsables de la abolición de la tiranía sino por, al menos, haber intentado derrocar a los tiranos. Por nuestra parte, creemos que dicho autor desoye a Tucídides, que sí manifiesta que el demos creía que había expulsado a los tiranos. No solo eso, también estaba equivocado en considerar a Hiparco como tal. UNAI IRIARTE80 Trasciende, entonces, un paralelismo entre la actitud de Hipias y la de A lcibíades, lo cual sería otra razón por la que Tucídides podría haber remitido a los tiranos atenienses. Estos dos personajes son conocidamente ambiciosos y en la historiografía antigua se refleja ya su interés en sí mismos y por el poder. Asimismo, Alcibíades, al igual que Hipias, se unió al enemigo tras su fuga51. En sendos casos, además, lo hicieron con el peor enemigo que tenía Atenas en dicho momento: Persia a inicios del siglo V y Esparta a finales52. Como bien observa Plácido, es un siglo más tarde cuando un Alcmeónida, Alcibíades, y los espartanos ponen en peligro, de nuevo, el sistema político ateniense, aunque en esta ocasión sea la democracia53. Tucídides muestra cómo la historia se repite, cómo Alcibíades, que ha sido llamado a Atenas para dar explicaciones, huirá de sus responsabilidades cambiando de bando ante la inseguridad que se le presenta en su polis de origen. Pero también regresará: al igual que el tirano ateniense, Alcibíades intentará volver a Atenas de nuevo. En este sentido, para Sancho, con quien coincidimos, el historiador ateniense sugiere que en realidad no había una trama golpista oligárquica ni tiránica54. Tucídides habla pues de la tiranía, de hecho, para poner como ejemplo de qué manera la gente común, el demos, desconoce ciertos aspectos, o lo que es lo mismo, lo mal que la mayoría sabía lo ocurrido. Esta autora va más allá y considera que Tucídides observaba en estos actos de sospecha infundada y de investigaciones indiscriminadas a ciudadanos el origen de la stasis que se declaró luego en el 411 y que llevaría al fin de la democracia. También Meyer cree que la intención real de Tucídides con este excurso era aleccionar en cierta medida a los atenienses, aunque de otra forma. Piensa que la comparativa no debe establecerse tanto entre una relación entre el pasado (la tiranía de los Pisistrátidas) y el presente (el asunto de las hermas y los misterios) como entre el presente y el futuro. Para Meyer Tucídides tiene como ambición con este excurso que el demos trate de buscar la verdad en los asuntos públicos, igual que él lo ha hecho al averiguar quién era el tirano, quién el mayor de los hermanos o, incluso, la verdadera razón por la que murió H iparco55. A esta autora le da la impresión de que para Tucídides, mientras que Harmo51. Momigliano 1971: 32; Rawlings III 1981: 112; Sancho Rocher 2017: 250. Tanto el excurso de Hipias (VI 59.4) como el de Alcibíades (VI 61.7) terminan narrando que ambos personajes encuentran un refugio donde sentirse a salvo. 52. Connor 1984: 180 observa que, en cierta medida, Tucídides está anticipando en el excurso pisistrátida la futura colaboración de Alcibíades con los lacedemonios; Barceló 2006: 59. 53. Plácido 1989: 162. Momigliano 1971: 33 hablaba también de este pavor que los atenienses tenían, un temor nutrito dalla consapevolezza che il colpo di Armodio era a suo tempo fallito, y sabiéndose solo rescatados por los espartanos. 54. Sancho Rocher 2017: 248-249. 55. Meyer 2008: 33-34. Como bien observa Sancho Rocher 2017: 249, Tucídides rebaja la importancia del acto de los tiranicidas, que no mataron al tirano real. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 81 dio y sobre todo Aristogitón (que se siente dañado pero no lo ha sido tanto) actuaron de manera desproporcionada, Hiparco no lo hizo56. Se produce así la muerte injusta de Hiparco, pues el plan inicial era dar muerte a Hipias para vengarse del agravio a la hermana de Harmodio57. Es cierto que existe este agravio inicial, igual que está el hecho de que los misterios de E leusis fueron profanados y las hermas mutiladas, pero son actos que no implican violencia física. Así pues, podemos llegar a plantearnos que, incluso en última instancia, el hecho de que la tiranía de Hipias se agravase fue debido a un exceso perpetrado por parte de una facción del demos para con uno de sus conciudadanos58. En un simple análisis contrafactual, cabría destacar que si no se hubiera producido el asesinato de Hiparco, Hipias no habría actuado como lo hizo después. Tucídides no exculpa el comportamiento del tirano, solo lo explica, pero advierte a su audiencia de lo sucedido un siglo atrás porque piensa necesario avisar a sus lectores de que en situaciones extremas es importante actuar con precaución. Por nuestra parte, y a pesar de que pudiera ser cierto que Tucídides pretendiera transmitir con el excurso de los Pisistrátidas una llamada de atención con perspectivas de futuro (como aconsejar que se actuara con precaución), creemos que no deja de existir por ello toda una serie de similitudes que nos obligan a seguir estudiando el relato del pasado y ponerlo en relación con la situación de Atenas en ese 415 que se nos narra en la trama principal. Es cierto que existe una crítica a los actos no cavilados, que culminan con la muerte de Hiparco, que es el Pisistrátida que precisamente tuvo más fama de pensador. En este mismo sentido, sin embargo, también se debe insistir en que a lo largo del excurso Tucídides critica también de fondo la ignorancia no solo de los tiranicidas, sino también de los atenienses. Fue una sospecha infundada lo que llevó a Harmodio y a Aristogitón a creer que habían sido delatados tras ver que uno de los conspiradores estaba manteniendo una conversación con Hipias (I 57.3). Si no hubieran pensado que les traicionaban primero, no habrían asesinado a Hiparco. Tucídides está denunciando que, en parte presa del miedo y fruto del desconocimiento, el demos actúa de la misma forma en la que en su momento, y por las mismas circunstancias, lo hizo Hipias. Pero el demos se comporta igual que Harmodio y Aristogitón también: con precipitación, lo cual provocó entonces y provoca en ese momento una mayor división que la que se pretende evitar59. Fruto del miedo y de la desesperación se llega 56. Meyer 2008: 18 considera que el lenguaje usado por Tucídides refleja que para él la respuesta de Aristogitón era desproporcionada con respecto a lo que la situación demandaba. 57. Meyer 2008: 18. 58. No solo por Harmodio y Aristogitón, sino también por el resto de hoplitas que fueron encontrados con puñales. 59. Connor 1984: 179. UNAI IRIARTE82 a la muerte de Hiparco, que representaba la templanza y la moderación, pues estando él presente el periodo de tiranía de los Pisistrátidas era incluso identificado como la edad de Cronos (Arist. Ath. Pol. 16.7). Asimismo, la ignorancia de los atenienses es un aspecto clave a tener en cuenta a la hora de analizar la razón de ser del excurso pisistrátida. Tucídides critica esa ignorancia de sus conciudadanos en el libro I cuando sentencia lo mal que la mayor parte de los atenienses conoce lo ocurrido con Hiparco. En el libro VI vuelve a reprender a su pueblo, por su actuación en el asunto de las hermas y de los misterios. Por hacer llamar a Alcibíades sin pruebas, como consecuencia de su ignorancia sobre quiénes fueron los culpables de la profanación y de las mutilaciones de los ídolos. De la misma forma que antes, en el inicio del mismo libro (1.1), también cuenta sobre Sicilia que la mayor parte de los atenienses «ignoraba la extensión de la isla y el número de sus habitantes, griegos y bárbaros, así como que acometían una guerra de importancia escasamente inferior a la de la guerra contra los peloponesios». La ignorancia de los atenienses se constituye como un elemento común del libro VI, que explica el fracaso de la expedición a Sicilia y la gestión del asunto de los misterios y las hermas. Una ignorancia que a Tucídides le recuerda que los atenienses no solo no saben sobre los demás, sino tampoco sobre su propia historia. Si sus conciudadanos hubiesen conocido el verdadero final de la tiranía de los P isistrátidas, y las razones que motivaron el asesinato de Hiparco, no habrían tenido miedo de una conspiración tiránica u oligárquica por el caso de las hermas y la profanación de los misterios en el 415. Y si esto no hubiese ocurrido, tampoco habría sido llamado Alcibíades de regreso y no se hubiesen producido todos los acontecimientos que siguieron. Al margen de estos paralelismos y similitudes entre las actuaciones de los tiranicidas y el demos o entre la forma de actuar de Hipias y de Alcibíades con respecto a su propia polis al pasarse al bando enemigo, que nos permiten comprender el contexto en el que se inserta el excurso pisistrátida, existen algunos autores que creen haber detectado otra serie de paralelismos en la obra tucidídea entre los pasajes dedicados al fin de la tiranía en Atenas y otros acontecimientos o personajes. Esta tradición de paralelismos empezó con Schadewalt en 1929, quien observaba similitudes de comportamiento entre la locura del demos, que cambia el gobierno a peor y lleva en cierta medida a sus líderes, Hipias y Alcibíades, a la huida y posterior violencia contra su polis de origen60. Pearson, por su parte, observa un paralelismo entre el asesinato de Hiparco y la mutilación de las hermas61. Considera que, aunque el acto no fuera político, pues sería más una acción de vandalismo que una conspiración oligárquica, se 60. Schadewalt 1929: 84-94, citado por Meyer 2008: 14. 61. Pearson 1949: 188. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 83 creó una impresión de que sí lo era, y ello conllevó importantes episodios de terror que condujeron al demos a algunas extralimitaciones. Rawlings III cree que la razón de ser del excurso pisistrátida no es tan solo una crítica al demos y a sus comportamientos, o a la actitud de los atenienses de dejarse llevar por sospechas infundadas, que provoca que traten a sus líderes políticos de una manera negligente, como hace al comparar (de manera estructural al menos) dentro de la obra a Temístocles y Alcibíades, sino que se trataría también de una cuestión clasista. Para este historiador americano existen importantes connotaciones en el discurso tucidídeo sobre los orígenes de las críticas en el año 415 por los asuntos de los misterios y las hermas que deben ser tenidos en cuenta. Sobre este tema, el hijo de Oloro comenta, como vimos, que «arrestaban y ponían en prisión a ciudadanos absolutamente honrados, dando crédito a hombres de escasa honestidad, pensando que era más conveniente examinar la cuestión a fondo y encontrar la verdad que permitir que alguien que, a pesar de su fama de honradez, hubiera sido objeto de acusación, se sustrajera a la investigación por la mala reputación del denunciante» (VI 53.2; las cursivas son mías). Al empezar a hablar de Harmodio y Aristogitón también menciona su condición de ciudadanos normales, comunes («Harmodio era entonces un espléndido joven (…) y Aristogitón, un ciudadano de clase media»: VI 54.3). Para Rawlings III, Tucídides está minusvalorando la posición de estos Gerifeos. Es más, a diferencia de Heródoto (V 59-61), Tucídides no profundiza en los orígenes de los tiranicidas. La tiranía de los Pisistrátidas es, para Tucídides, positiva para los ciudadanos de Atenas, pues los tiranos «dieron pruebas de su virtud e inteligencia durante mucho tiempo» (VI 54.5). Hiparco pretendía seducir a Harmodio y Aristogitón temía su dynamis por ser de un estatus inferior62. De esta forma, y siguiendo de nuevo a Rawlings III, es después de que Hiparco insulte de manera clasista a la hermana de Harmodio, considerándola indigna de ser canéfora en el festival de las Panateneas, cuando Aristogitón decide intervenir63. Así las cosas, para Rawlings III está claro que el fin del excurso pisistrátida es mostrar cómo los tiranicidas, gente que para Tucídides son de una estatus inferior, provocaron lo contrario a lo que pretendían: transformaron en cruel una tiranía relativamente benévola, causaron la muerte e injusticias de manera desmedida a quienes no se la merecían, y terminaron provocando la intervención extranjera en la polis de Atenas. Pueden apreciarse, pues, las similitudes que se establecerían con la manera en la que los atenienses pretendían solucionar el asunto de los misterios y de las hermas en el 415. El demos sospechaba de Alcibíades, algo 62. Rawlings III 1981: 106-107. 63. Ibid. UNAI IRIARTE84 que para Tucídides sería incorrecto, como era lo que se sabía sobre el asesinato de Hiparco64. En esta misma línea de similitudes y paralelismos con personajes, Hunter desarrolló una comparativa entre la forma de actuar de Harmodio y Aristogitón por miedo, y la de Demóstenes en el libro IV (27-39), que decide intervenir en la isla de Esfacteria65. Forde, por su parte, ha querido ver también un cierto paralelismo no solo entre el eros de los tiranicidas y el de los atenienses que querían conquistar Sicilia, sino también entre el eros privado de los tiranicidas y su repercusión en el eros de la esfera pública, en la misma línea que algunos autores anteriores66. Para Hornblower y Petre el excurso pisistrátida está incluido en la obra porque Tucídides tiene la intención de posicionarse de manera clara sobre un tema polémico en la Atenas de finales del siglo V, el del tiranicidio67. Al presentar este acto como un crimen pasional, no como un acto político68, Tucídides se está posicionando en un debate de actualidad política en el que existirían dos corrientes contrapuestas, una que defendía el tiranicidio, que sería un acto legitimado en sí mismo siempre que fuera en defensa de la democracia, y otra que lo criticaba, pues debían ser las propias instituciones de la polis quienes fueran capaces de hacer frente a cualquier intento de tiranía. Por último, nos gustaría dejar claro que, a pesar de que en este apartado hemos señalado algunos de los paralelismos y similitudes más importantes entre diferentes partes de la obra de Tucídides y el excurso pisistrátida, no creemos, por otro lado, que todos ellos tengan la misma validez. Es cierto, como señala Foucault, que una manera de construir el conocimiento es a través del establecimiento de similitudes entre realidades diversas69. Sin embargo, también pensamos que ir a la búsqueda deliberada de estas similitudes puede re64. Se han plasmado aquí algunos de los puntos principales de la argumentación, pero para profundizar más, ver Rawlings III 1981. Es probable que las valoraciones de Tucídides tengan más que ver con el prestigio de los ciudadanos que con la “clase social” a la que estos pertenecieran. Lo que preocupa a Aristogitón es su dynamis, su influencia y poder, no su riqueza. 65. Hunter 1973-1974: 124. 66. Forde 1989: 35-39. También (p. 95) sucede a la inversa, Hiparco utiliza su influencia pública para intervenir en la dinámica privada de los futuros tiranicidas al insultar a la hermana de Harmodio. Entre otros autores anteriores: Münch 1935: 71-72; Pearson 1949: 186-189; Stahl 1966: 1-11; Connor 1984: 176-180. 67. Hornblower 1987: 84; Petre 1997: 1216, 1221-1224 añade como pruebas en su defensa sobre la importancia del debate del tiranicidio en Atenas el decreto de Demofante del 410, que negaba la naturaleza impura de asesinar a un tirano, y la ley del mismo año, a la que se refería Hiperides (c. Filippid. fr. XXI 3 apud Untersteiner 1976: 23), que prohibía hablar mal de Harmodio y Aristogitón. 68. Petre 1997: 1220 defiende que para Tucídides el asesinato de Hiparco era un crimen. También cree que era una cuestión privada Forsdyke 2009: 238. 69. Foucault 2002: 19-27. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 85 percutir en nuestro propio conocimiento. Es decir, en este caso, aunque no es falso que existen semejanzas entre la actitud de los tiranicidas y Demóstenes, ello no implicaría necesariamente que Tucídides escribiera el excurso con este fin. Debemos, pues, tener en cuenta que estableciendo diferentes paralelismos en función de un mismo acontecimiento o comportamiento humano (como cuando hemos abordado el tema de la ignorancia, el odio o el miedo), aunque a veces resulta útil para demostrar las similitudes entre momentos distintos, también lleva a generalizaciones en detrimento del particularismo histórico. Cada uno de los autores ha realizado sus aportaciones al debate. Desgraciadamente, resulta imposible saber con exactitud en qué pensaba Tucídides al insertar el excurso de los Pisistrátidas en su libro VI y queda en mano de cada uno decidir cuál de las motivaciones convence más. 6. LOS EPÍGRAFES COMO EVIDENCIA HISTÓRICA: EL CASO DEL EXCURSO VI 54-59 Es mucho lo que se ha escrito sobre la metodología empleada por Tucídides a la hora de escribir su obra y en este artículo nos sería imposible abordar un tema tan complejo y amplio por cuestiones de espacio70. Sin embargo, nos gustaría centrarnos, aunque fuera de manera breve, en un aspecto concreto de la metodología utilizada por Tucídides a la hora de elaborar el excurso de los P isistrátidas: su empleo de epígrafes. Hornblower observó que Tucídides se sirve de la epigrafía a la hora de abordar acontecimientos que se ven lejanos en el tiempo71. Esta postura, sin embargo, tuvo que ser matizada posteriormente debido a que no encontramos su uso en la “Arqueología” o sobre la historia temprana de Sicilia, ante lo que alegó que, en el caso del excurso pisistrátida al menos, la presencia de epígrafes tiene que ver con que se trata de una narración lenta y que la finalidad sería transmitir un hecho mejor que Heródoto72. 70. Existen a este respecto numerosas obras con comentarios de todo tipo. Veyne 1987: 31 criticaba la ausencia de citas en Tucídides, pues el historiador ateniense se limita a asumir su responsabilidad. Guzmán Guerra 2014: 20 cree que lo haga porque podría poner en peligro sus contactos en el bando peloponesio. Crane 1998: 151 critica el reduccionismo tucidídeo en su método, que en ocasiones, como por ejemplo en el caso de los factores que permiten la aparición de tiranías (I 13), minimiza la importancia de aspectos que sí son relevantes. Meyer 2008: 28 comentó los peligros de la akoe, de la tradición oral, que es la que lleva a los atenienses, incluso dentro de la propia obra, a querer invadir Sicilia. También han escrito recientemente sobre la metodología de Tucídides Forsdyke 2017, que se deja fascinar por el modo en el que el historiador ateniense combina de una forma brillante una metodología rigurosa y un estilo literario propio, y Sancho Rocher 2017: 235-238, que comenta la manera en la que trabaja la tradición, los indicios y las pruebas. 71. Hornblower 1987: 89. 72. Hornblower 2009: 447. UNAI IRIARTE86 Sean cuales fueran las razones que llevaron a Tucídides a hacer uso de la epigrafía, lo cierto es que tiene una importancia capital en el excurso. El historiador italiano Zizza comprobó que de los ocho epígrafes mencionados en toda la obra tucidídea73, tres de ellos se encuentran presentes en VI 54-5974. Esta proporción presenta, en sus propias palabras, una anomalia nel modo di lavorare proprio di Tucidide. El historiador ateniense, aunque utiliza fuentes orales, las cuales como vimos siguen constituyendo gran parte del material empleado, a diferencia de Heródoto se sirve de una documentación epigráfica que le ayuda a reconstruir el pasado de manera independiente y, a veces, incluso para contrastar la tradición oral75. Tucídides afirma en el excurso de los Pisistrátidas algo que iba en contra de la versión oficial de la historia ateniense, esto es, que Hiparco era el tirano y el mayor de los hijos. Para demostrar que esta tradición es falsa recurre, como vimos, no solo a sus propios informantes orales, sino también al estudio de varios epígrafes, que es lo que no había intentado Heródoto76, lo que se explica por la obligación de disponer de pruebas contundentes que permitieran contrarrestar la versión oficial imperante en Atenas: que los tiranicidas mataron a Hiparco y que era el hermano mayor de Hipias y el tirano de la polis, liberando así a los atenienses77. 73. Zizza 1999: 3, 18 inicialmente vio 5; más adelante (Zizza 2007: 228 n. 47) reconoció que en realidad eran ocho. 74. Se incluye el contenido de dos de los epígrafes de manera explícita en el propio excurso. 75. Las correcciones de Tucídides en su excurso van más allá de las del historiador jonio (cf. Lang 1954: 398). Según Zizza 1999: 16-17, 22, en Heródoto los epígrafes no añaden, sino que complementan si acaso, y de manera parcial, una información; se encargan sobre todo de actuar como pruebas de una confirmación parcial de lo dicho por el de Halicarnaso. Se trataría de un uso más formal que sustancial (a excepción del que utiliza para demostrar su tesis del origen fenicio del alfabeto griego). 76. Connor 1984: 176-177 parece minusvalorar la importancia que elementos como los epígrafes tienen en la construcción del discurso histórico, pues para él la digresión pisistrátida en Tucídides solo es una versión renovada de la de el de Halicarnaso. 77. Zizza 1999: 18, 21. Esta “versión oficial” de la historia ateniense ha sido en ciertas ocasiones vinculada a Helánico y su Historia del Ática. No es falso que Tucídides conocía a este autor, tal y como demuestra su mención en I 97.2, pero en dicho caso lo hace para criticar su narración y cronología de la Pentecontecia. Hornblower 2008: 439 plantea, sin embargo, que en el caso del excurso de los Pisistrátidas también es probable que cuando Tucídides dice que «yo explicaré detalladamente para demostrar que ni los demás ni los propios atenienses ofrecen una información precisa respecto a sus tiranos y a lo sucedido» (la cursiva es mía) se estuviese refiriendo a este historiador. Lamentamos que no se trate más que de una especulación, pues no existe prueba alguna al respecto que avale dicha hipótesis. Sí es más probable que trate de mejorar la versión herodotea, que no incidía en el aspecto sexual ni trataba el asunto como una cuestión privada. Y, asimismo, también Heródoto encajaría en la categoría de “otros” al ser de Halicarnaso. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 87 Las tres inscripciones que encontramos mencionadas de manera directa o indirecta, por orden de aparición, en el excurso pisistrátida son tres: la del altar de Apolo Pitio (VI 54.7), la de la estela adikias de la acrópolis (55.1) y la del epitafio de Arquedica (59.3). a. Altar de Apolo Pitio Tucídides (VI 54.6) nos cuenta que con el nombramiento de Pisístrato el Joven, el hijo de Hipias, como arconte de Atenas, este habría decidido erigir un altar a Apolo en el santuario de Apolo Pitio. Añade, sin embargo, que con la ampliación del ágora desapareció la inscripción, pero también que sigue conservándose, con caracteres borrosos (ἀμυδροῖς), la dedicatoria que el hijo y nieto de tiranos habría realizado, y que dice así (54.7): μνῆμα τόδ᾽ ἧς ἀρχῆς Πεισίστρατος Ἱππίου υἱός θῆκεν Ἀπόλλωνος Πυθίου ἐν τεμένει. Este recuerdo de su magistratura, Pisístrato, hijo de Hipias, lo erigió en el santuario de Apolo Pitio. Este epígrafe se ha podido documentar (IG I3 948)78 y, respaldando a nuestro historiador ateniense, su versión original no difiere mucho (salvo en aspectos relacionados con la adopción fonética del siglo V). Uno de los principales problemas con esta inscripción, ampliamente comentado, tiene que ver con la percepción de lo que para Tucídides son caracteres borrosos, es decir, con su empleo de la palabra ἀμυδροῖς79. Esta valoración se debería a la pérdida de color que habría sufrido la inscripción después de más de cien años desde que fuera dedicada, puesto que a día de hoy, en pleno siglo XXI, puede seguir leyéndose con facilidad y no encontramos la piedra sumamente desgastada80. Otro de los aspectos que merecen mención tiene que ver con el término arche. Spahn, que ha realizado recientemente un estudio en relación a este término en Tucídides, observa que este epígrafe sería el primero de todos los que se han podido documentar hasta la fecha en el que se muestre el carácter 78. Fue encontrado en 1877 dividido en dos fragmentos en la zona sur del Iliso por el arqueólogo Koumanoudis (cf. Travlos 1971: 100; Lavelle 1989: 207; Zizza 1999: 15). 79. Hornblower 1987: 90; Zizza 1999: 15. Lavelle 1989: 208 recuerda una vieja teoría de Szanto 1881 mediante la cual se plantea que también es posible que las letras pudieran haber sido consideradas arcaicas para Tucídides y de ahí su dificultad en la lectura. 80. Es la opinión más aceptada: Meiggs y Lewis 1969: 20; Hornblower 1987: 90-91; 2008: 446; Lavelle 1989: 208; Zizza 1999: 15; Spahn 2016: 71. UNAI IRIARTE88 político del concepto81. Para este autor la arche adquiere en el epígrafe del altar dos significados políticos. Por un lado, refleja una posición de primacía y de liderazgo por la cual se ocupa el cargo (el arcontado en este caso) y, por otro lado, define una posición de primacía basada en la tiranía, implicando cierta dominación, lo que explicaría la posición de preeminencia de los hijos de H ipias frente a Hiparco82. Tucídides utiliza este epígrafe con el fin de mostrar a su audiencia que no simplemente habla de oídas, sino que se ha tomado la molestia personal de consultar otras fuentes no orales. Ahora bien, en este caso queda abierta una cuestión de fondo. Si el libro VI fue escrito poco después del fracaso en Sicilia, esto es, en torno al 413, ¿cómo tuvo acceso Tucídides al epígrafe? Recordemos que el historiador ateniense estuvo exiliado durante veinte años, esto es, desde el 424 hasta el 404. Por tanto, las posibilidades que existen son cuatro. La primera, que tuviera escrito el excurso con anterioridad, lo cual parece poco probable si tenemos en cuenta cuáles son los fines por los que decide escribir esta digresión. La segunda, que se supiera de memoria la inscripción, lo que resultaría admirable, teniendo en cuenta que era una simple dedicatoria e incluso la inscripción había desaparecido de una zona preeminente (VI 54.7), por lo que carecía de importancia83. Y en tercer y cuarto lugar que, o bien contara con informantes que le hicieran llegar dicha dedicatoria, o bien escribiese el excurso pisistrátida después de regresar a Atenas en el 404. Lamentablemente resulta imposible saber con seguridad cuál de estas dos opciones es la correcta, aunque resulta lógico pensar que después de su exilio Tucídides tendría otros aspectos más importantes de su obra que realizar, como los libros V y VIII, en vez de centrarse en este excurso, por lo que la opción de que tuviera informantes desde Atenas que le transmitiesen el contenido del mismo parece tener más peso. b. Estela adikias En el caso del siguiente epígrafe que el historiador ateniense menciona, su función dentro de la narrativa no tiene tanto que ver con una confirmación de un pasaje anterior, sino que se introduce como un elemento que prueba la 81. Spahn 2016: 71. Está presente en la literatura anterior, sobre todo en Homero y Hesíodo, pero significando «comienzo», «origen» y «causa» (p. 59). 82. Spahn 2016: 69-70. No debe confundirse dicha “dominación” con una percepción peyorativa de Tucídides sobre el término arche, ya que solo se hace patente dicha connotación cuando viene asociado con la violencia (bia). En realidad se trata de un término bien estimado, tal y como se puede desprender de su uso en este altar. 83. El altar habría sido también apartado en tiempos de Tucídides. Según nos transmite Lavelle 1989: 212, debía de ser incluso un lugar donde se defecara. TUCÍDIDES Y LA TIRANÍA DE LOS PISISTRÁTIDAS 89 contrariedad de parte de la versión oficial de la Historia de Atenas. Tucídides sabe que el análisis que él mismo realiza sobre la estela adikias es la prueba, y no sus palabras, de que Hipias era el mayor de los hermanos y, por tanto, el tirano de Atenas. Desgraciadamente este epígrafe no ha sido encontrado, por lo que desconocemos, al margen de los datos que nos proporciona Tucídides, la disposición de lo inscrito en él. Tucídides señala que Hipias sería el hijo mayor de Pisístrato porque en dicha estela era el único que tenía hijos (VI 55.1) y porque su nombre estaba colocado inmediatamente después del de su padre (55.2). Como ya vimos, el historiador ateniense piensa que la posición de los nombres obedece a motivos cronológicos, sin que tenga que ser necesariamente así84. Por lo que respecta a la forma en la que nos transmite la inscripción, coincidimos de nuevo con Zizza en que el hecho de que el historiador ateniense no haya transcrito el epígrafe por completo no tiene por qué ser considerado como un ejemplo de que haya prestado una atención superficial al mismo, sino que debe ser reconocido como un ejemplo de madurez y coherencia85. No incluye una transcripción completa porque no le es de utilidad para sus argumentaciones. Lo importante para él era la posición que ocupaba Hipias y los hijos que él tenía y sus hermanos no, independientemente del nombre de cada uno de ellos. Es posible, no solo ya en la acrópolis, que durante la tiranía de los Pisistrátidas era un lugar relativamente tranquilo y descuidado86, sino también que en el resto de la polis existieran otras muchas inscripciones que o bien no se han encontrado o bien después del derrocamiento de Hipias, y con el cambio de régimen político, se hubiesen decidido borrar de manera deliberada87. También hay que tener en cuenta que el arcaísmo griego es un periodo de un menor hábito epigráfico, por lo que es posible que tampoco existieran muchos ejemplos de carácter público como los citados88. Gomme, Andrewes y Dover piensan que la estela adikias debió de haber sido de bronce, al igual que otras tantas relacionadas con el exilio de traidores y familias enteras en otros luga84. Zizza 1999: 11, siguiendo a Beloch 1920: 313, cree que esta estela no tendría por qué reproducirse como un árbol genealógico. Este autor (pp. 312-313) se muestra bastante crítico con Tucídides, a quien resta credibilidad. 85. Zizza 1999: 11. 86. Frost 1985: 66, y es seguido también por Sancisi-Weerbenburg 2000b: 83. 87. Stroud 1978: 98 pone de ejemplo cómo Cleómenes, sin ir más lejos, se llevó algunos de los textos oraculares que estarían escritos en papiro. Después de su éxito en el derrocamiento de Hipias, decidió regresar a Esparta con todos aquellos oráculos, los cuales le serían de utilidad para justificar una nueva expedición a Atenas en el año 504, la cual, sin embargo, no terminó llevándose a cabo (cf. Fornis 2016: 104). Lavelle 1989: 210-211 también comenta la presencia de una especie de damnatio memoriae en Atenas que se aplicaría post mortem o post exilem de algunas de sus personalidades principales. 88. Sancisi-Weerdenburg 2000b: 82.83. UNAI IRIARTE96 en su libro I), a la toma de decisiones no reflexionadas, como la expedición a Sicilia, que provocó la derrota de Atenas en la Guerra del Peloponeso. Uno de los puntos fuertes del excurso pisistrátida es el trabajo epigráfico que Tucídides realiza. Emplea las inscripciones de manera generosa, las analiza y extrae de ellas conclusiones propias de un historiador con el objetivo de poner en jaque (y con éxito) la tradición oral que rige la historia oficial de A tenas. Finalmente, y a pesar de este esfuerzo, continúa quedando una cuestión abierta, que es si la causa por la que se produjo la muerte de Hiparco respondía a motivos políticos o sexuales. Las pruebas que Tucídides aporta parecen indicar que se trata del segundo caso, aunque existen algunos puntos contradictorios, como la actuación de Hipias, que deberían haber sido aclarados por el propio historiador ateniense con el fin de dotar de una mayor coherencia su excurso. A pesar de ello, debemos reconocer a Tucídides el mérito de ser la mejor fuente que existe para conocer el acontecimiento que describe, el asesinato de Hiparco y el papel jugado por Harmodio y Aristogitón en él. Las motivaciones políticas no son más convincentes que las sexuales para explicar que Hiparco fuera asesinado. Es obvio que Hiparco gozaba de cierta influencia política, pero no era el tirano, como demuestra Tucídides. Lo irracional, lo pasional, en definitiva, lo erótico, sí proporciona paradójicamente un relato más coherente a la hora de explicar el asesinato del hermano menor de Hipias, el que sí era el verdadero tirano de Atenas en 514. Y sería precisamente este segundo relato el que parecería más coherente también a los atenienses del siglo IV, como deja claro ya Aristóteles en su Política (1312b26-38; 1315a), al avisar en más de una ocasión de que una de las causas principales de la caída de las tiranías, como la de los Pisistrátidas, es la ira, provocada a veces por el agravio a los demás o a sus parientes. BIBLIOGRAFÍA ANGIOLILLO, S. 1997: Arte e Cultura nell’Atene di Pisistrato e dei Pisistratidi. ‘ο ἐπὶ Κρόνου βίος, Bari. AZOULAY, V. 2014: Les Tyrannicides d’Athènes. 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