Boto Arnau, Guillermo, (2005): Paquiro ante la Historia, Chiclana, Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Chiclana. Prólogo de Rafael Cabrera Bonet, pág. 436 [Reseña]
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Habría que abrir esta reseña con las palabras con que inicia su magnífico prólogo Rafael Cabrera Bonet, saludando la aparición, a los doscientos años del nacimiento de Francisco Montes, de la primera biografía completa del torero de Chiclana. Y a renglón seguido recordar el refrán de que «nunca es tarde si la dicha es buena», que con toda justicia puede aplicarse a este caso. Y la recensión podría cerrarse, finalmente, remitiendo al lector al resto de lo escrito por el prologuista, que es una precisa y ponderada valoración de los muchos Revista de Estudios Taurinos N.º 21, Sevilla, 2006, págs. 227-230 Fig. n.ª 65.- Boto Arnau, Guillermo, (2005): Paquiro ante la Historia, Chiclana, Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Chiclana. Prólogo de Rafael Cabrera Bonet, pág. 436.
Carlos Martínez Shaw 228 méritos que reúne la obra de Guillermo Boto, quien ya nos había ofrecido otra aportación de primera magnitud con su reciente trabajo sobre Cádiz y el origen del toreo a pie. El libro, en efecto, se propone, de entrada, superar esas aproximaciones, carentes de rigor científico (sin una investigación previa, sin una verificación de los documentos utilizados, sin un tratamiento coherente de los testimonios manejados) y limitadas a la exposición deshilvanada de una serie de anécdotas más o menos plausibles, que han sido moneda de uso corriente entre los escritores que se han asomado a la historia de los hechos taurinos. Aquí, por el contrario, el autor pone a contribución una serie de fuentes sometidas a la pertinente crítica y de una extraordinaria variedad y riqueza, con lo que las afirmaciones avanzadas quedan siempre bien fundamentadas y las conclusiones obtenidas resultan siempre convincentes. Y si este es el primer requisito de todo trabajo histórico serio, el segundo es el conocimiento del estado de la cuestión para deslindar los hechos bien establecidos de aquellos sobre los que todavía no existe una definitiva certeza, así como para deslindar los episodios intrascendentes de aquellos que son realmente relevantes para definir lo esencial de una figura o de una época. También aquí la reconstrucción de la biografía de Paquiro se mueve, en un equilibrio admirable, entre la pintura del marco en que se desenvuelve la vida del torero y el análisis de los principales factores que determinan la trascendencia de su contribución a la historia de la fiesta. En el primer caso, el autor empieza por una sobria pero elegante descripción de la Chiclana de fines del Antiguo Régimen para salpicar después su relato de oportunas pinceladas sobre los ambientes aristocráticos o populares frecuentados por el torero, manifiestos, por un lado, en las numerosas referencias a la familia real y en los muchos títulos nobiliarios que circulan por las páginas del libro y, por otro, en las repetidas alusiones
tanto a su Chiclana natal como a los albergues y las tabernas donde descansara de sus andanzas por las plazas de toros de toda España. En ese contexto, tal vez deban resaltarse sus contactos con el mundo del flamenco, al que debió ser aficionado, como parece demostrar la anécdota que le ocurriera con el gran cantaor Francisco Ortega, El Fillo. En el plano de las cuestiones más significativas, algunas de ellas todavía objeto de debate, el autor se muestra muy seguro de sus fuentes y de la prudencia de sus juicios. Así, se pronuncia con autoridad sobre todas las materias mayores que deben incluirse en cualquier aproximación general a la vida y la obra de Francisco Montes. Si su análisis del paso de Paquiro por la Escuela de Tauromaquia de Sevilla es modélico, también lo es la atribución al torero de la invención del traje de luces en algún momento de la primera mitad del año 1833. Por su parte, la presentación de la Tauromaquia no sólo incluye el comentario atinado sobre su contenido o la valoración de su importancia para el futuro de la fiesta, sino que vuelve a rechazar la atribución del texto a Santos López Pelegrín Abenamar, en favor de la autoría de Manuel Rancés Hidalgo, siguiendo la senda de Diego Ruiz Morales. La trayectoria taurina del diestro se matiza paso a paso, certificando tanto su rutilante triunfo de 1831 en Madrid (cuando inició la revolución necesaria señalada por Rafael Cabrera), como su declive tras el canto del cisne de los festejos conmemorativos de las bodas reales de 1846, hasta llegar a su última cogida y a su muerte en Chiclana en 1851, a causa de esas fiebres malignas imposibles de identificar pero sobre las que el autor avanza la hipótesis de ponerlas en relación con un brote de tifus o con una septicemia. Finalmente, también sale Guillermo Boto airoso de ese desafío definitivo que es la valoración de la aportación de su biografiado a la historia de los toros, tal como se había planteado desde el propio título de su obra. Coincidiendo con los últimos Recensiones de libros 229
especialistas que se han ocupado del torero de Chiclana. el autor, que exonera a Paquiro del recurrente reproche de una deficiente ejecución de la suerte de matar (que si bien se dio en las primeras corridas, fue un defecto del que se corrigió enseguida), pone de relieve sus muchas virtudes: la dignificación de la profesión de torero, la imposición de los rituales básicos que han perdurado en la fiesta hasta hoy, su control permanente de la lidia, su presencia llenando el ruedo, su consideración hacia los subalternos y, ¿cómo no?, la maestría de su toreo, ordenado, imaginativo, generoso, valiente, elegante, artístico, que le convirtieron en un príncipe de la fiesta, en un torero de cartel, en el Napoleón de los toreros. En suma, Guillermo Boto ha escrito la biografía de referencia del máximo representante del toreo romántico. Una biografía documentada y razonada, que se beneficia de una edición tan sobria como cuidada, enriquecida por una soberbia serie de ilustraciones, entre las que naturalmente se incluyen los numerosos retratos que, debidos a los pinceles de Palmaroli, Cavanna, Cortellini, Lucas, Elbo, Gutiérrez de la Vega o Cabral Bejarano, inmortalizaron la figura del maestro de Chiclana, sin duda uno de los grandes nombres de la historia de la tauromaquia. Carlos Martínez Shaw Fundación de Estudios Taurinos Carlos Martínez Shaw 230