scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Contestación al discurso pronunciado por el Excmo. Sr. D. Manuel González Jiménez en el acto de su toma de posesión como académico de número

Comellas García-Llera, José Luis

Full text

CONTESTACIÓN AL DISCURSO PRONUNCIADO POR EL EXCMO. SR. D. MANUEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ EN EL ACTO DE SU TOMA DE POSESIÓN COMO ACADÉMICO DE NÚMERO Por JOSÉ LUIS COMELLAS GARCÍA-LLERA Siempre es un motivo de since ra , profunda , reno va da satisfacciün, poder recibir en el seno de nuestra Academia a un nuevo miembro de número. Esta vieja institución, a lo largo de los dos siglos y medio de su historia, se ha ido reno van do pa so a paso. generaciém a generación. para ir adquiriendo sangre nu eva y espíritus nuevos, sin perder por ello, en virtud de su raig~1mhre, de sus reglamentos , de la seriedad de sus responsables. un ápice de su intención y su espíritu fundacional; esa intenci(m y ese espíritu que ha recordado, al comienzo de su discurso, el nuevo académico. Los tiempos y los hombres cambiamos. lo fundam ental p ermanece. y al mismo tiempo que permanece se renu eva. porqu<: es ley de vida renovarse o morir; y un símbolo de es ta permanencia y de esta renovación es la lenta. progr esiva, bien pensada sustituci<'>n de los que ya han pasado por los que vienen. con el fin de que la vida académica se prolongue más alb de nos otros mismos en la aventura, siempre vieja y siempre nueva , de nuestro tránsito por el camino a través de l sucede r se de las hojas del calendario y de bs p{1ginas de la historia. Pero si es un motivo de alegría para todos el ingreso de un nu evo acad ém ico, m ~ '.is ti ene que serlo para qu i en os habla el de un muy querido compañero , que fue en otro tiempo alumno de la entonces Facultad de Filosofía y Letras, h oy 52 DISCURSO DE CONTES TA CIÓN Facultad de Geografía e Historia, de nuestra Universidad Hispalense. Debe ser un signo de la capacidad e.le sup e ració n e.le nuestro s alumnos , y también , cómo no , del paso ele los años por la piel e.le este viejo profesor, el hecho de que varios académicos de esta casa hayan si do alumnos míos: uno de ellos, por cierto, y permítasemc recordarlo tan siquiera en un inciso, fallecido trágicamente hace no muchas semanas, y cuyo nombre sigue golpeando una y otra vez en mi ya larga memoria de universitario. P ero r etornando al t ema que me ha traído aquí es te día, constituye un hecho que no puede ent raña r para mí sino una suer te de orgullo socrático, el ser consciente de cómo los discípulos igualan y supe ran al maestro: como ya lo han superado varios de ellos, pues que la vida ha de s er continua superació n. Y, cé>mo no, igua lmente debo m anifesta r mi agradecimiento y alegría ante el hecho de que por decisión e.le nuestro Director y, Jo sé también , por deseo personal de l int eresado , me haya correspondido pronunciar la contestación reglamentaria al discurso de D. Manuel Gonzále7. Jiménez en este día tan importante para él. y para nuestra propia Academia. Una contestaciém que debe ser , además del acostumb rado , breve comentario a su discurso, bienvenida al nuevo académico , y pr ese ntaci ón e.le su persona y de sus méritos ante esta Corporación. Es cierto que tocios los miembros que, obra de madurada elección, ingresan en es ta casa no necesitan presentación alguna, y que precisamente por esa no n ecesidad de una presentación han sido elegidos; pero la co ntesta ción a un discurso permite una glosa más personal, m(ts amigable , má s profundamente humana de un académico a quien todos , de una manera u otra, ya conocemos por su autoridad y sus méritos profesionales. Conocí a Manuel González Jiménez en el curso 1965-66, par a mí el tercero ele mi vida sevillana, para él el úitimo de su carrera. Se me apar ecía e ntonces como un muchacho serio, r eposado, dotado de una ex cel ente y bien organizada cabeza que le permitía ir sie mpr e a lo fundamental, y por end e - algo que por desgracia no es tan frecuente entre los estudiantesdistinguir con facilidad innata lo fundamental de lo acces ori o. No era de los que buscan un protagonismo innecesario , ni de JOSÉ LUIS COMELLAS GARCÍA -LLERA los que inte rrump en una clase por razones nimias; pero todas sus intervenciones, no frecuentes, siempre oportunas, resultaban estar hien pensadas, eran observacion es de peso que r ecaían invariablemente en el cen tro de la cuestión. Por ello, disfruté también leyendo sus exám en es, limpiamente redactados , sin una palabra de más ni una de menos. Result aba así un al umno sólido, ma cizo -macizo en el sen tido de que no se encont raban hu ecos en su discurso-, y diríase que brillante, si no fuera por su no menos innata sencillez, por su saber buir de lo retórico y de lo innecesariamente decorado: pero que poseía una inteligente facultad que le hacía capaz de lucir sus conocim ient os con una claridad y un orden tan precisos como si llevase un guión escr ito en la cabeza. Cualidades, imuidas en un primer momento de contacto. que no han hecho sino confirmarse a lo largo de treinta y tres años ele convivencia universitaria. Luego supe que había nacido en Carrnona, un a ciudad que no llegué a conocer en toda su rica y atractiva personalidad, hasta que un día Manuel González, poco después de su licenciatura, me ll evó a sus rincones más enca ntadores, me enriq u eció con detalles de una milenaria historia qu e sólo el afincamienco en el terruño y el cariño pueden captar en toda la riqueza de sus matices; me hizo co nocer la belleza de sus monumentos y l os más significativos rasgos de su pasado. Nunca llegué a saber, en cambio , quizá porque a él mismo le cuesra medirlo también, hasta qué grado la vivencia ele Carmona y sus larguísimos recuerdos Je impulsaron a estudiar historia, y una vez historiador, le empujaron a ese delicioso rincón del espacio y del tiempo que es la Andalucía occidental y c ristiana de la Baja Edad Media. Si Carmona y las circunstancias de la vida le llevaron por un camino que él en un principio , según me ha dicho , no podía prev er, los resultados están a la vista, porque hoy Manuel González es una primerísima auto ridad , reconocida en dos continentes , sobre temas andaluces , y especialmente bajoandaluces , de los siglos XIII, XIV y XV. Licenciado en Filosofía y Letras en 1966, se graduó al año siguiente con el Premio Extraordinario de Licenciatura, y se 54 DISCURSO DE CONTESTACIÓN - ---- - -- doctoró en 1972, con una tesis que le valió igual mente el Premio Extraordinario de Doctorado . Su brillantísimo expediente universitario no dejó de ob ligarle por eso a recorrer todos los pasos c..le un largo camino hasta su feliz conclusión en l os más altos grados del honor académico : Ayudante de Clases Prácticas 0966-69). Profesor Adjunto Interino 0969 - 74), Profesor Adjunto Numerario después de brillante oposición 0975-77), y también por oposici(m Profesor Agregado de Universidad. Era la plaza en j uego la <le La Laguna, y en Canarias permaneció Manue l González el curso 1977-78, durante el cual realiz() una meritoria labor plasmada en Jos buenos recuerdos que dej6 su paso por aquella unive rsidad islena, y unos amigos que aún siguen tratándole con cu i no y respeto. En 1978 regresó a Sevilla. y en 1979 accedí<> a la Cátedra de Historia Medieval, que hoy sigue desempeñando . Aque l mismo año fue elegido Director del Departamento de Historia Medieval. para el cual fue reelegido en 1988, en 1993 y en 1997 : una continu idad que es buen espejo de su prestigio profesional y de su sabt:r hacer. En 1981 fue nombrado vicerrector de nuestra Universidad. cargo que desempeñó con inteligencia y eficacia, pero también con esa senci ll ez elegante y esa accesibilidad de que ha hecho gala siempre. Y con la misma elegancia con que aceptó y desempei\() el puesto , terminado el periodo de su mandato. se reintegró a l as tarea s habituales del Departamento y de la Cátedra. en una labor doc enre e investigadora que a lo largo de los ai'los ha sido reconocida y agradecida por todos. Porque , permitidme que os lo diga también, el acierto de Manuel González Jiménez en la gestión, en la docencia y en la dire cciém de trabajos de i nvestigación, suscita no solo reconocimiento sino un sentimiento especial de gratit ud . Así es el profesor que da, que entrega, que regala, el fruto de su estudio y de su saber con generosidad a man os ll enas, sin exigir nada a cambio. De su tarea como historiador de primera l ínea de la Sevilla bajomedieval da fe el premio "Ciudad de Sevilla" que le fue otorgado en 1984. También recibió el premio ofrecido por la Diputación a través de ··Archivo Hispal ense' ', el Prernio "Jesús JOSÉ LUIS COMELLAS GARCÍA-LLERA 55 -- - ---- ··- - --- - - ----- -- ----- de las Cuevas'" del Instituto de Estudios Gaditanos, y ot ros galardones que prueban la extensión de sus estudios a diversos escenar ios de Andalucía Occidental. Pero también pueden dar buen test imoni o de su trabajo lo s nuevos profesores medievalistas que han salido de su cát edra, los nuevos maestros que cubren hoy puestos en centros de enseñanza y de investigación, prolongando, mús a ll á de su persona. las lecciones que un día recibieron. Y es que la obra realizada a lo l argo de su vida académica por Manuel González Jirnénez no tiene fácil parang ón: y el hecho de que no exagero podría qu edar demostrado si se me permitiera proceder aquí tan solo a Ja lectura del título de las obras que tiene publicadas, lec tura que , si no fallan mis cálculos, duraría treinta y cinco minutos, el doble del tiempo que me ha siclo asignado. Libros, capí tulos en grandes colecciones, obras en colaboración, monografías, artículos de revista. ponencias y comunicaciones a congresos nacionales e internacionales, notas diversas en publicaciones científicas, ediciones críticas .. ... . Un ingente volumen de trabajo se extiende sobre los más diversos temas -Reconquista, repoblación, historia de ciuda de s, municipios y señoríos, instituciones y regimientos, problemas social es y económ icos, guerras internas, convivencias y disidencias ent re religiones y culturasy los más diversos escenarios, comenzando por la Carmona natal, y extendiéndose largamente a Sevilla. y más tarde a su comarca, a todo el Bajo Guadalquivir, a Cádiz y la conflictiva región del Estrecho, a la Alta Andalucía cristiana, para terminar en la conquista de Gr an ada , com o culminación de un proceso secular que abre las puertas, con aires de nueva amanecida, a los tiempos modernos. Manuel González Jiménez, como maestro entre los medievalistas, domina esa técnica que requiere el estudio de una edad enorme y delicada , en que cada dato, cada documento , cada letra de ca da palabra de cada docum e nto puede adquirir de pronto un valor incalculable, pero que no ha de aceptarse incondicionalmente a pies juntillas si de antemano no se ha exam inado la autenticidad de la fuente, si no se ha sometido el último detalle al esca lpelo y al bisturí de 56 DISCURSO DE CONTESTACIÓN -- - -- ----- --- - la crítica, que han de ser manejados con la precisión y la delicadeza del cirujano para hacer de e ll os un ins trumen to útil de descubrimiento y de co nstatación. Y ha de recomponer luego rodas las piezas, todas las teselas sueltas de un inmenso mosaico que solo cuando ha sido posible colocarlas en ord en se nos ofrecen en su pl eno sentido, y suponen un nuevo , tal vez decisivo, fogonazo que se añade a la luz de la Historia. De esta manera, el estudio exhaustivo de las fuentes, su crítica rigurosa, la capacidad para obtener fruto <le documento s de toda índole, la excelente construcción o r econstr uc ción historiográfica del tema e legido , y por último. pero no menos importante , Ja clari dad y amen idad de la l ectura , han h echo de Manuel González Jiménez una de las primeras autoridades, si no la primera, del actual me dievalismo andaluz , y le han depara do un prestigio internacional. que queda demostrado por su pr ese ncia en instituciones medievalistas de España. Portugal, Estados Unidos o Argentina. Manuel González es asimismo miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia. de la Academia Po1tuguesa de la Historia y de la Real Academia de Alfonso X el Sabio de Murcia : un nombre , este de Alfonso X. tan li gado a su labor y que ho y ha querid o recordarnos expresamente en su discurso. Obra ingente, decía hace unos instantes. Si queremos numerarla, porque la de numerar es tarea nüs rápida que la de enumerar , nos e ncontramos , a la hora de repasar sus publicaciones, con un elenco de nada menos que doscientos setenta títulos: una cifra que nos llena primero de perplejidad y enseguida de admiración, cuan do no de nobl e envidia. Y de esos do scientos setenta títulos , las tres cuartas partes corresponden a trabajos de in vestigación realizados con posterioridad a 1979, es decir, al logro de su condición de catedrático universitario. ¿Démde están los motivos de esa l eyenda, que tantas veces hemos tenid o que soportar , según la cual un catedrático es un exinvestigador?. ¿Dónde es tá la de que la mayo ría de los trabajos se realizan con el fin de hacer méritos ante la perspectiva de un concurso o una oposición?. A Manuel González su conqu istada cátedra le ha impulsado a trabajar con más ahínco que nunca. Y algo más increíble todavía: JOSÉ LUlS COMELLAS GARCÍA -LLERA 57 --- - ------- - - la mitad de ese número asombroso de publicaciones han visto la luz en la última década , 1990-1999. He aquí un hombre que tr<tbaja cada vez más intensamente; no solo con más exp eriencia investigadora y con más inteligente factura, que son cualidades que se decantan con el paso de los años, sino con más entusiasmo , con más incansable afán. ¿Qué duda cabe de que podemos esperar todavía mucho más?. Lo cierto es que tenemos que agradecerle tantos pasos imp011antes, algunos decisivos, en el conocimi ento de tres siglos de historia andaluza en general y sevillana en paiticular. lJltimamente, dos obras maestras, la segunda versión, cuidadosamente revisada, de su biografía de Alfonso X, un libro informado como pocos y al mismo tiempo de gratísima lectura, y la edición crítica de la Crónica General de l gran monarca . alarde de erudición y de paciente análisis del contenido, son el broche alfonsino de muchos años de trabajo sobre la figura del Rey Sabio, al que desde la lectura del discurso del nu e vo académico podemos conocer y valorar todavía con más fundamento. Sigo conociendo a Manuel González Jiménez , después de tr e inta y tres a11.os de convivencia universitaria . En mi reconocimien to interior continúa siendo el mismo hombre sereno e inteligentement e equilibrado que conocí cuando era alumno; entero y enterizo, como fabricado de una pieza, pero al mismo tiempo sensible. abierto y cordial. Ha mantenido con fidelidad su gen io y figura, entonces maduro como estudiante, hoy todavía juvenil y activo como gran maestro de quienes necesitan de su saber o de su consejo. Pero Manuel Gonzúlez, profundamente humano , gusta t ambién de la familia, de Jos amigos, de la naturaleza, del arte, y muy es p ecialmente de la música, qu e es la principal de sus aficiones; el divino arte de la música, cuya sublime vivencia tantos de los que estamos aquí compa11imos: una música que Manuel Gonzá l ez conoce con fina sensibilidad, que interpre ta, que escucha con placer, y quizá sobre todo que vive intensamente, o, como a tantos, le ay ud a a vivir. ¿Y su mú sic o pref erido? ¡Qué otro podía ser sino Juan Sebastián Bach, maestro del equilibrio, de la lógica perfecta, de la sabia disposición de unas cosas con otras. de la armonía universal, disciplinada y gozosamente 58 DISCURSO DE CONTESTACIÓN sumergida en las reglas de la razón supre ma! Cuando un día Manuel Gon zález me reveló cuál era su compositor favorito, c reo que le comprendí mejor que nunca. Hoy nos ha deleit ado con un espléndido discurso, brillante, preciso, sin adornos innecesarios pero con tod os los elementos útiles al caso, sobr e una figura que le ha atraído s iempr e, de s de sus primeros momentos de investiga dor hasta las últimas obras a que acabo de aludir, aparecidas hace pocas semanas. Alfonso X fue un rey sevillano, si no de nacimiento, que no pudo serlo, sí de devoción, de vivencia, de cultura y de mue1te. Nos ha presentado el profesor González Jiménez un Alfonso X enamorado de Sevilla, y de todo lo sevillano; por su alta sensibili dad artística, pero también por respeto a la ciudad de sus amores, hizo lo que pocos monarcas de su tiempo hubieran siclo capaces de hacer: conservar y hacer conservar todo s l os recuerdos del pa sado sevillano. ¿Cuántas veces, aun en tiempos no mu y lejan os , se rompió con el pasado por s er pasado, y más aún si se trataba de un pasado enem i go y vencido? Pues Alfonso X ordenó conservar todos los ed ifi cios de Sevilla, e impidió que sus antiguos moradores se llevaran ni una piedra, ni una teja, porque el alma de una c iudad se encierra en su historia, es lo que es y lo que fue. Sin ir más lejos, ¿n o es verdad que queda fuera de nuestra capacidad de imaginación figurarnos una Sev ill a sin su Giralda?. Cómo ten emos que agradecer al hijo del conquistador que impidiera derribar la torre por obra de aquellos qu e ya no podían servirse de ella para anunciar la llamada a la oración. Y gracias a su expreso mandato de co nservar sin mengua todas las Sevillas anteriores, Alfonso X nos ha legado una ciudad que posee el don de ser muchas ciudades al mismo tiempo, y encuentra en su propia multiplicidad unifi cada por un no sabemos qué, lo sevillano, la gracia de todos los siglos y de todas l as culturas. Y Alfonso X fue, en cierto modo, el primer monarca medieval que tuvo una corte habitual, justamente, y por muchos años, en Sevilla, de su er te que, sin desdoro del viejo To l edo imperial, puede figurar nuestra c iudad co mo la prim era corte semipermanente y cumplidame nte organizada de Castilla, en JOSÉ LUIS COMELLAS GARCÍA-LLERA 59 una época en que era frecuente que el monarca se des pl azara de una ciudad a otra. Re pobl ó, legisló, coordinó, mon tó un ord ena miento municipal que i ba a ser modelo más tarde para todas las ciudades del reino. Pero don Alfonso fu e al mismo tiempo un hom bre que se ocupó del sa ber , ese saber multifacético que fue, tocios lo reconocemos, el adorno supremo de su memoria, más qu e el gobi erno o la política. Y he aquí que Sevilla no solo compartió con Toledo la co ndición de cap ital cultural de Es paña , sino que Manuel González Jimén ez no s ha dem os trado que aquí co mpu so o hi zo componer mu chas de sus obras su puestam e nte tol ed anas . De este mo do ha dejado m ás claros los motivos de ese amor mutuo entre Alfonso X y Sevilla, la ciudad que, sea cu al fu ere el origen de su emb lema, no le dejó nun ca, ni en sus más difíciles momentos. Es t oy seguro de que el nu evo acad émico va a enriquecer con s us interv enc i ones el saber que siempre disting uió a esta casa; y sé que su presencia entre nosotros es un motivo de co ngratulación para todos. Qu e tambi én para él sea nue stra Academia lu gar de rico intercambio de conoce res .