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Demonología en el Renacimiento

Ramírez Jaramillo, Julio

Abstract

El objetivo es explicitar la teoría mágica renacentista y cómo esta entronca con el desarrollo de disciplinas modernas tales como la Psicología. Se tomará como eje las figuras de los demonios, así como las clasificaciones que se hacen de los mismos, y ejemplo claro de figuras mediadoras entre la mente consciente e inconsciente. Al tiempo, se intentará que el bagaje histórico sea completo, tomando a los principales autores renacentistas, así como a los que suscitarán sus líneas de pensamiento.

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Demonología en el Renacimiento Trabajo de Fin de Grado – Filosofía / Curso 2018 – 2019 / 10-6-2019 Alumno: Julio Ramírez Jaramillo Tutor: José Antonio Antón Pacheco FACULTAD DE FILOSOFÍA Universidad de Sevilla 1 Índice. Resumen, objetivos y metodología. 1. Introducción - Magia en el Renacimiento. 2. Angelología y Demonología. 2.1. Sobre los Ángeles. 2.2. Sobre los Demonios. 3. Taxonomía infernal. 3.1. La jerarquía de Jámblico. 3.2. Las seis especies de Miguel Psellos. 3.3. Contexto Renacentista. 3.3.2. Clasificación de Giordano Bruno. 3.3.3. Los demonios de Agrippa. 4. La importancia de la Demonología renacentista 4.1. Trithemius de Würzburg 5. Sobre el sexo de los demonios. 6. Conclusiones. Bibliografía. 2 Resumen. El objetivo es explicitar la teoría mágica renacentista y cómo esta entronca con el desarrollo de disciplinas modernas tales como la Psicología. Se tomará como eje las figuras de los demonios, así como las clasificaciones que se hacen de los mismos, y ejemplo claro de figuras mediadoras entre la mente consciente e inconsciente. Al tiempo, se intentará que el bagaje histórico sea completo, tomando a los principales autores renacentistas, así como a los que suscitarán sus líneas de pensamiento. Palabras clave: Magia, Renacimiento, Demonología, demonios, ángeles, taxonomías, angelología, íncubos, súcubos, Jámblico, Psellos, Agripa, Giordano Bruno, Inquisición, teúrgia. Abstract. The aim of this work is explaining the Renaissance magical theory and how it connects with the development of modern disciplines such as Psychology. The figures of the devils, together with the classifications that are made of them, will be taken as the axis, and like a clear example of mediating figures between the conscious and the unconscious mind. At the same time, we will try to make the historical baggage complete, taking into account the main Renaissance authors, as well as those who will arouse their lines of thought. Keywords: Magic, Renaissance, Demonology, demons, angels, taxonomies, angelology, incubi, succubi, Iamblichus, Psellos, Agrippa, Giordano Bruno, Inquisition, theurgy. Objetivos y metodología El presente trabajo se centra en el estudio de la disciplina de la Demonología, concretamente en el periodo histórico conocido como el Renacimiento. Su objetivo es explicitar tanto las relaciones entre el pensamiento neoplatónico, y por ende, la influencia del Platonismo, como las que mantiene con la literatura escatológica y la teología medieval. Además, se tratará de esclarecer el papel de la Demonología dentro de la Magia Renacentista así como sus aplicaciones y orígenes. Para estudiar este bloque teórico he tomado como referencias, de cara al contexto histórico y cultural, “Eros y Magia en el Renacimiento”, de Ioan P. Culianu, un exhaustivo trabajo de recopilación histórica en cuanto a la magia renacentista se refiere, además del libro “Satan’s Rethoric”, de Armando Maggi, libro que realiza un recorrido sistemático a través de los manuales inquisitoriales, tratando, por supuesto, el Malleus Maleficarum, así como bestiarios 3 demoníacos y manuales para exorcistas, como son el Thesaurus Exorcismorum y el Compendium Maleficarum. Antes de entrar con la siguiente cuestión será preciso explicitar lo que se entiende por demonio, pues son múltiples las posturas al respecto, y el origen del concepto. También haré mención a otras entidades presentes en distintas culturas que bien podrían cumplir dicho papel. Se pretende, asimismo, elaborar una recopilación taxonómica de los tipos, clasificaciones, jerarquías, lenguajes y modos de ser de las criaturas que pueblan esta disciplina. Dichas clasificaciones son múltiples y variadas, tantas como autores en cuestión, por nombrar algunos, los referentes principales serán Giordano Bruno, Agrippa, Miguel Psellos y Jámblico. Además de su clasificación, indagaré en lo que estos autores conocen como composición demoníaca, y cómo esto trata de ser hilado metafísicamente con conceptos como materia y forma en Giordano Bruno, también explicitaré lo escrito por ellos y otros pensadores renacentistas, sobre el lenguaje de los demonios. Finalmente, antes de ofrecer las conclusiones del trabajo, se tratará la confluencia de espacios, como estas realidades, que diríamos míticas, entran en trabazón con la realidad, que diríamos fáctica. Se tratará la teoría metafísica de Giordano Bruno, que sienta las bases de su teoría mágica y, para terminar, hablaré de algunas aplicaciones llevadas a la práctica, tanto de la disciplina de la Demonología como de ciertos aspectos de la Magia Renacentista. Huelga decir que, debido a la extensión programada para este tipo de trabajo no podré profundizar, quizás, lo suficiente y con la extensión que me gustaría. Sin embargo, no es otro mi objetivo a largo plazo que el desarrollo de esta línea de trabajo. Como justificación del presente trabajo expondré que lo que conocemos como demonios en nuestra cultura, (término ya muy desacralizado y vaciado de sentido) son agentes encargados de la acción, o el ejercicio del mal en el mundo. Esta idea aparece presente en muchas culturas a lo largo de los siglos, la idea de un mal externo y corpóreo, y me parece digna de análisis al ser una raíz común a múltiples paradigmas religiosos. También me parece más que reseñable el hecho de que los exorcismos se practiquen en culturas muy dispares, con distintos sistemas de creencias que los sustentan y contra distintas entidades que parecen producir un efecto similar en los afectados. Este denominador común no es más que uno de la gran cantidad de interconexiones que parece haber entre distintos sistemas de creencias y, al ser el objeto del presente trabajo, trataré de iluminar la cuestión en la medida de lo posible. 4 1. Introducción -Magia en el Renacimiento Antes de entrar en materia, debemos tener en cuenta que la idea de Magia que tenemos actualmente es muy distinta de lo que se entendía por Magia en la Edad Media y, sobretodo, en el Renacimiento. Parece ser que un abismo separa nuestras técnicas modernas de conocer y manipular el mundo de lo que anteriormente se daba por válido, e incluso instrumentalmente útil. La noción que tenemos sobre la Magia deriva, fundamentalmente, de la idea Moderna o Ilustrada de la Magia como un “conjunto de recetas y métodos provenientes de un concepto primitivo de Naturaleza”. 1 Ciertamente, el método que aquí entendemos como mágico difiere ampliamente de lo que conocemos como Ciencias de la Naturaleza. Parece ser que el método científico deja de lado todas estas consideraciones sobre la Naturaleza y que la Magia debería ser, ciertamente, algo anclado en el pasado, un pensamiento precursor de las respuestas “racionales” sobre los fenómenos del mundo. Pero como dice Culianu: “Sin embargo, si la magia ha seguido existiendo, riéndose de cuantos creían que ya llevaba tiempo desaparecida, no ha sido gracias a estos intentos. Más bien son las ciencias psicológicas y sociales las que derivan directamente de ella.” 2 Si esto es así no es porque la magia derive de principios ocultos o sobrenaturales, sino que son estos nuestro prejuicios sobre la disciplina, lo que los autores renacentistas, como Giordano Bruno, entienden por Magia es un método de control sobre el individuo (el mago, en primer lugar y en segundo, el resto del mundo), y los medios de comunicación, basado en el conocimiento de las pulsiones eróticas tanto personales como colectivas. 3 Esta Magia que se basa en la manipulación de fantasmas, es pues, una ciencia de la mente dirigida, en primer lugar, a la imaginación humana, donde trata de suscitar impresiones persistentes. Vemos un claro precedente de la Psicología (sobre todo del Psicoanálisis) y los medios de manipulación de masas. La acción del mago no va dirigida a soliviantar la Naturaleza, produciendo cambios fantásticos y sobrenaturales, sino al dominio y control de la psique humana, tanto al propio como al ajeno. El conocimiento profundo en base al que el mago opera no es otro que el conocimiento de las psique de sus coetáneos y la suya propia, la adecuación de los fantasmas a la imaginación será muy relevante esta visión de cara a tratar el Ars Memoriae o Arte de la Memoria, por el cual la mente del mago se convierte mnemotécnicamente en un palacio mental; donde distribuye estos 1 Eros y Magia en el Renacimiento – Ioan P. Culianu P21. 2 Íbid. P22. 3 Íbid. 5 fantasmas, objetos de la imaginación, de modo que puede generar una representación donde la información se haya comprendida, pudiendo hacer extensión de esta en cualquier momento. Se suele subrayar que el cambio del paradigma que llamaríamos mágico, a un paradigma del orden científico, se corresponde con un paso “lógico” o “racional”, donde se sobreentiende una cierta idea de progreso disciplinar. Sin embargo esto no tiene muchos visos de realidad, el cambio de paradigma parece responder más bien a prohibiciones y persecuciones que contribuyeron a cambiar el modo en el que el investigador accedía a la realidad y las justificaciones de dichos accesos. El caballo de batalla de los partidarios del método científico suele estar constituido por la madera del “valor de uso” o la “utilidad instrumental”, obviando por completo que ciertamente estas prácticas tenían un valor de uso y eran de amplia aplicación. Igual que hoy en día no dudaríamos del tratamiento prescrito por nuestro médico, en el Renacimiento nadie dudaba del que podría recomendar un hiatromante o cualquier otro versado en estas artes de control y manipulación. Por no mencionar la importancia de la astrología y la alquimia para el desarrollo de las ciencias modernas y sus aplicaciones médicas. Obviamente los cambios producidos por el desarrollo científico son más que notables, sin embargo, pese a que parecemos haber ganado enormemente en tecnología y conocimiento “práctico” o más bien predictivo del mundo, hemos perdido notoriamente la capacidad para lidiar con nuestros propios fantasmas y los de los demás. Parece que se ha invertido, enormemente, la relación entre lo conocido a nivel consciente e inconsciente. Sobra decir, que dentro de la Magia se conocían y eran estudiadas numerosas formas de aplicación de la misma, por enumerar algunas, entre las más conocidas se encuentran: La Magia Erótica, la cual versa sobre la manipulación de los principios de afinidad y atracción, pese a lo que el nombre pueda sugerir, no va enfocada a fines hedonistas, sino que parte de la concepción de que existen fuerzas de atracción y repulsión, alterables o empleables, en función de los efectos que el mago desee conseguir. La Magia Pneumática, el principio que actúa en esta forma de entender la Magia no tiene lugar fuera del sujeto, como es en el caso de la Magia Erótica, cuyas fuerzas actuantes se encuentran en la Naturaleza. En este caso es el mago quien emplea energías internas, procedentes de su motor pneumático, con el fin de manipular los fantasmas de su propia psique –y la ajenapartiendo de sí mismo. Opera aquí un fuerte principio del alma como una unidad espiritual capaz de proveer, mediante el buen empleo de la misma, al taumaturgo de ciertas energías. La Magia Intersubjetiva, esta podría ser la más parecida a lo que hoy entendemos como Psicología. El principio de la misma es, en primer lugar, el padecimiento de los fantasmas por el propio mago, de tal modo que fija las alteraciones que estas evocaciones internas le suscitan. 6 Esto tiene un doble objetivo: impedir –o identificar cuándo se dala manipulación externa y facilitar la manipulación de los demás. Entendemos dos grados dentro de esta forma de magia, en primer lugar el grado intrasubjetivo y el intersubjetivo. La Demonomagia, o Demonología, que es la forma de teoría mágica a estudiar en el presente trabajo, versa sobre la manipulación de agentes que, en cierto modo, encarnan potencias (naturales o sobrenaturales) capaces de actuar sobre el mundo físico. Dichas entidades parecen tener un lenguaje específico, así como una composición bastante difusa, tanto en su materia como en su forma. Hecho curioso a destacar es que mientras que para algunos autores estos seres son inherentemente malignos, otros parecen distinguir entre tipos de demonio más proclives al Mal, así como otros más neutrales o que incluso aportan beneficios – sin perjuicio alguno - a quien sabe tratar con ellos. La contribución de Giordano Bruno a este campo permitirá desarrollar ampliamente la mnemotécnica, y la de Trithemius aportará enormemente al campo de la criptografía en su Steganographia. Existe una gruesa, aunque difusa, línea que separa a los demonólogos medievales de los renacentistas, en la Edad Media por la homogeneización del paradigma que declara a estas entidades como impías, mientras que, en el Renacimiento, parece haber una tendencia fuerte a la re-paganización de estas entidades, devolviéndoles un poco a su forma originaria en tradiciones anteriores y desestigmatizando el empleo de esta disciplina. Esto será tratado con más profundidad en el siguiente capítulo. Además de las formas de magia anteriormente mencionadas, cabe citar la clasificación de Giordano Bruno, porque me parece una de las más precisas y también me resulta interesante que su disposición jerárquica va acorde a lo que el Canon eclesiástico consideraba como más herético o censurable. Esta clasificación podemos encontrarla en su obra De Magia, en el capítulo III, (págs. 397 – 400), será expuesta y desglosada más abajo. En primer lugar, el Nolano distingue entre tres modos de obrar: a través de medios naturales, medios matemáticos, o medios supra, extra o transnaturales. El primer modo de obrar está asociado a un tipo de magia que es inherentemente positiva, y es el menos reprobable desde la Institución Eclesiástica, dentro de este modo Giordano distingue la Sapientia, la Magia Naturalis (Medicina y Chymia) y la Praestigiatoria. La segunda forma de magia, a saber, la magia Mathematica u Oculta Philosophia, como también la llama nuestro autor, carece de positividad o negatividad intrínseca, sino que este bien o mal que esta magia pueda causar depende del empleo de la misma. Su objetivo es la intermediación a través de signos o sigilos (en el caso de la Demonología) de carácter matemático, destinados a establecer correspondencias entre la materia a la que se les liga y la esencia con la que se encuentran en geométrica correspondencia. Un claro de ejemplo de esto sería la creación de talismanes 7 alineados con ciertas esferas celestes. Finalmente, el tercer bloque mágico está compuesto por la Magia Desperatorum (que será denominada Demonología), la Theourgia 4 , Necromantia, el Maleficium y, por último, la Divinatio o Prophetia. Este último bloque se corresponde con las formas de magia más perseguidas y peor vistas por la sociedad, su empleo se asociaba a energías inherentemente malignas, aunque son muchos los autores que defienden que esto depende de su empleo, como es el caso de Ficino. Tanto la Demonología como la Theourgia emplean la invocación de entidades supraterrenales, la primera asociada a entes malignos o neutros y la segunda a seres bondadosos. La Necromantia es la clásica y conocida adivinación a través de los muertos, sea esto poniéndose en contacto con las almas difuntas o mediante la adivinación de las vísceras. El penúltimo tipo sería la magia ponzoñosa, destinada a generar envenenamientos y maldiciones. Por último está la magia adivinatoria, cuya clasificación generará gran polémica durante la época. Vamos a entrar en lo que para Giordano Bruno eran los distintos tipos de magos, “pues tantos son los significados de magia cuantos son los magos” 5 . Este recorrido pretende recabar las enumeraciones de Giordano Bruno sobre la materia, como se dijo anteriormente. En una primera instancia, por mago se entiende la figura del sabio, así como lo eran los Druidas galos, los Trimegistos egipcios, Cabalistas entre los hebreos, Gymnosofistas en India, Magos en Persia, Sophy en Grecia, etcétera. 6 Otra acepción equivale a quienes son hacedores de maravillas mediante la sola aplicación de los activos y los pasivos 7 , ejemplos de estos serían los alquimistas y médicos. A esta suerte de magia se la conoce como Magia Natural, aunque no propiamente. En tercer lugar, cuando, añadiendo tales circunstancias, que aparecen obres de una naturaleza e inteligencia superiores, mediantes apariciones de esta especie que mueven a la admiración, nos referimos a la Fantasmagórica. 8 Siguiendo esta lista, cuando se obra por virtud de antipatía y simpatía, generando movimientos, atracciones, repulsiones, transmutaciones… que remiten al espíritu o alma que hay en las cosas, entonces para el Nolano, esta es la verdadera Magia Natural. 9 En quinto lugar, cuando intervienen sellos, palabras, figuras, caracteres o letras como elementos mediadores o focales, estaríamos hablando de una magia intermedia entre la extranatural y la 4 Será tratada con mayor profundidad, así como su relación con la demonomagia en el punto 3.2. Sobre los Demonios. 5 Mundo, Magia, Memoria – Giordano Bruno (fragmentos). P225. 6 Íbid – p225 7 Íbid. P 226. 8 Íbid. 9 Íbid. 8 sobrenatural. A esta forma de magia, Giordano Bruno la llama Magia Matemática, o, filosofía oculta. 10 En sexta posición encontramos el culto o invocación a inteligencias y eficientes externos, por supuesto la máxima del mago en este caso es “Dios obra sobre los dioses”. Sin embargo, nos dice el Nolano, que la práctica de esta forma de magia hace a uno vasija e instrumento de entidades externas. Giordano le da el nombre de la magia de los desesperados. Esta magia al obrar sobre demonios, el único modo de constricción posible se da mediante el culto y la adoración, mediante el ponerse a su servicio. Sin embargo, cuando se recurre al conjuro y la adjuración, estamos hablando de magia transnatural, metafísica, o también conocida como theurgia. De esta rama Jámblico nos dice “entre los actos que ordinariamente se ejecutan en la teúrgia, unos tienen una causa inefable y superior a la razón; otros, como símbolos, están consagrados eternamente a los seres superiores; otros conservan alguna otra imagen, como también precisamente la naturaleza generadora modela imitativamente unas fonnas visibles de conceptos invisibles” 11 En Séptima instancia, se distingue la adjuración o invocación de las almas de los difuntos, para por sus cadáveres y partes del mismo, recibir, adivinar y conocer algún oráculo sobre las cosas ausentes y futuras 12 , esta es la nigromancia, así llamada por su materia y finalidad. A quien Agrippa, en su occulta philosophia, le dedica este pasaje: “Sunt adhuc propietates post mortem remanentes; ac de his dicunt Platonici, quod res in quibus minus mergitur idea materiale, in his adhuc postquam mortuae sunt & defunctae fuerint, id quod immorale est, mirabilia operari non cessat” 13 También señala el nolano, que en caso de no disponer del cadáver, el oráculo puede lograrse mediante un energouméno, que convocará los hechos por la invocación del espíritu que habita en sus entrañas” 14 , en ese caso hablamos del mago Phytónico. En octavo puesto, distingue a quien hace empleo de componentes materiales (generalmente fungibles) tales como indumentaria, excrementos, residuos, huellas, o cualquier otra que haya mantenido una comunicación con la persona a afectar por contacto. Y esto se aplica con el objetivo de desatar, atar y debilitar, tenemos al mago, y la magia, maléfica. Si su meta es la perdición última del individuo – séase la muertese les llama emponzoñadores. En noveno lugar, tenemos a todos los llamados magos por el empleo de cualquier tipo de adivinación, sin importar su forma: sea geomancia, piromancia, hidromancia, o 10 Íbid. p227 11 Sobre los misterios egipcios – Jámblico. Trad E. A. Ramos Jurado. Lib I – 11. P62 12 Op. cit. M.M.M. – G.B. p227 13 De occulta philosophia – Agrippa. Lib I Cap CXXI. 14 Op. Cit. M.M.M. p227 15 estos son conocidos como ángeles de la destrucción o Mal’akê habbalah. Encontrándose la morada principal de estos seres en el Norte de la Tierra. Antes de pasar a comentar otras visiones respecto a la naturaleza y origen de estos seres, indaguemos un poco en el surgimiento de Demonología o demonomagia. “¿Quién no conoce esas cohortes de demonios del cristianismo, cuya actividad más benigna consistía en ejecutar continuamente los dictados de la naturaleza sobre quienes tenían el orgullo de creerse por encima de ella?” 29 El arte medieval y renacentista da cuenta de estos demonios, representacionalmente, de múltiples formas y maneras, atribuyéndoles aspectos de lo más repugnantes, pertenecientes al mundo animal; saurios acorazados, oficios, octópodos, decápodos y braquiópodos. Formas que, en cierto modo, adelantan los descubrimientos paleontológicos. 30 Según decían, los discípulos de los Oráculos Caldeos eran capaces de traer a su presencia a ciertas entidades numinosas, particularmente a la diosa Hécate y a las almas de los héroes y filósofos, como por ejemplo Platón. Dicha invocación precedía a la autophaneia, o manifestación de dichos dioses. Los teúrgos, en dichas prácticas, blandían con frecuencia un disco de oro, incrustado de caracteres místicos y con un zafiro en el centro, tal instrumento teúrgico era conocido como Iynx, y será utilizado aún por Proclo, uno de los últimos neoplatónicos como foco durante las invocaciones. “El teúrgo da órdenes a los poderes cósmicos merced a la fuerza de los símbolos inefables, no como un hombre ni como quien se sirve de un alma humana, sino, como si estuviera ya en el rango de los dioses, recurre a amenazas superiores a su propia esencia, no con la intención de hacer todo cuanto afirma, sino enseñando con el empleo de estas palabras cuánto, cuán grande y qué poder tiene por su unión con los dioses, otorgado por el conocimiento de los símbolos inefables.” 31 Los caracteres mágicos que poblaban tal artefacto representaban, o trataban, los mismos símbolos que, habiendo sido sembrados por el intelecto supremo del mundo durante su creación, podían ser empleados como atractores simpáticos, durante la invocación. También podían ser pronunciados en fórmulas solemnes. 32 Estas figuras (o diagramas) se consideraban, que apelaban al character inscrito en el alma, consistente en una combinación de símbolos y de la letra griega X. 29 Op. Cit. E.M.R. – I.P. Culianu. P195 30 Íbid. 31 Op. Cit. Sb Mist Egipc – Jamb. Lib VI – 6. P193 32 Op. Cit. E.M.R. – I. P. Culianu. P196 16 Cada uno de los héroes, filósofos, dioses, o cualquiera de estas entidades numinosas tenía su símbolo, o diagrama psíquico (entiéndase como “del alma”), el cual actuaba de foco en las invocaciones teúrgicas. Además de los dioses, héroes y personajes anteriormente mencionados, existían otras criaturas, según los Caldeos, que poblaban el mundo natural, a veces haciéndose visibles al ojo humano 33 . Hablamos, por supuesto de los demonios, los cuales podían ser buenos o malos –al menos según la tradición originaria - . En una primera instancia, los platónicos Plutarco de Queronea, así como Apuleyo de Madaura y, adicionalmente, los neoplatónicos como Porfirio y Jámblico, distinguían entre dos clases de demonios: los residentes en las zonas supraterrestres y las almas humanas descarnadas, las cuales se transformaban en demonio durante mil años, para volver a sumirse en el ciclo de la metensomatosis. 34 Con respecto a esta última categoría, la de almas descarnadas, sería muy interesante analizar el concepto de strigoi, presente en la mitología de Europa del Este, o el de Dybbuk, en la escatología hebrea. Según estos autores, la Naturaleza o phisis, se encuentra poblada en la zona sublunar por demonios correspondientes a los cuatro elementos: aéreos, ígneos, acuáticos y terrestres, responsables de calamidades cósmicas y pasiones individuales 35 , dichos seres mostraban, generalmente, formas animales. “Del seno de la tierra saltan perros ctónicos (chthonioi kynes), que jamás muestran signos verídicos a un mortal” 36 El jefe de los demonios malignos era Hades, señor de las cohortes infernales, a las cuales se les intentaba hacer frente con sacrificios de plantas, las cuales servían para la purificación del alma, y de piedras (mnizouris). Así mismo, también se empleaban amuletos, filacterias y estatuillas, junto con un montón más de fetiches y reliquias. Estas piedras y sacrificios parecen servir para atraer los favores de los demonios benignos, los que residen en las alturas del espacio sublunar. Aparecen también, en la literatura rabínica, remedios de orden profiláctico, “los espíritus de la suciedad (bat mèleh) se alejan lavándose las manos, (…) ojos, nariz, boca y orejas no deben tocarse con las manos sucias” 37 . 33 “El linaje de los demonios, mi buen amigo, no es incorpóreo: vive con cuerpo entre cuerpos (…) al cuerpo sutil que escapa a la vista y al tacto tienen a bien unos y otros llamarlos incorpóreos (…) el cuerpo demoníaco es sombrío, tenebroso y triste a la vista” – Opusculos – Miguel Psellos. Eds. Clásicas Madrid. Trad Jaime Curbera Costello. Sobre la actividad de los Demonios, cap VII pp 88-89. 34 Op. Cit. E.M.R. – I.P.C. pp 196-197 35 Op. Cit. E.M.R. – I.P.C. p 197 36 Oráculos Caldeos – Trad Des Places. P102. 37 Op. Cit. A.L.R.S. – C. G. R. p51 17 Las fuentes principales de la Demonología serán traducidas por Masilio Ficino al latín. Por enumerar algunas: Tratados de Porfirio como “Sobre los sacrificios, dioses y demonios”, de Jámblico “Sobre los misterios de Egipto”, Proclo “Sobre el alma y el demonio”, así como de Miguel Psellos “Sobre los Demonios.” 38 Según nos dice Porfirio, hay multitud de demonios, algunos de los cuales reciben culto público –al igual que otros diosesmientras que a otros se les profesa culto secreto. Además existen demonios que, ignorados por los hombres, pueden fácilmente ejercer su acción sobre ellos. En lo que respecta a los demonios de la Tierra, los que viven en lo más bajo de la esfera sublunar, se busca, al menos, obtener al menos su indiferencia, al ser sus acciones extremadamente perniciosas cuando se enfurecen. Es en estos casos donde no retroceden ante ninguna maldad, sea obrando mediante la provocación de funestas fantasías en la mente humana, o recurriendo a la violencia de los fenómenos físicos, séase, huracanes, terremotos, destrucción de las cosechas… Los neoplatónicos distinguían los demonios benéficos, habitantes de las alturas del orbe sublunar, de los maléficos, los cuales habitan cerca de la tierra. Sin embargo, para el platónico cristiano Miguel Psellos, todos los demonios, sin distinción, son malignos. 39 Presentando una marcada distinción entre los ángeles, criaturas de cuerpos luminosos y radiantes, y los demonios, de cuerpos sombríos y sutiles. Guardan semejanza – al igual que los ángeles - con los hombres, pues igual que éstos se reproducen, comen, beben y mueren. Por otra parte, la literatura rabínica hace referencia a ciertos demonios “benignos”: “Algunos amoraítas de Babilonia emplearon a los ṧᶱdîm como amigos, recibiendo instrucción provechosa de ellos. Los bautizaron con nombres familiares como José y Jonatán. También los magos de Egipto aprovechaban su ayuda para efectuar milagros, porque todo sortilegio es obra de los demonios, aunque estos no puedan crear, sólo transformar las cosas existentes.” 40 Parece ser, según las fuentes originarias que, en efecto, aparecen dotados de cuerpo –como ya hemos mencionado en el fragmento de Sobre la actividad de los Demoniosque parecen ser mortales y tienen necesidad de ser alimentados. Puesto que su cuerpo es una sustancia vaporosa y sutil, se deleitan con el olor de la carne, la sangre y las fumigaciones. Según los Oráculos Caldeos, es por esto por lo que acuden en manada a los lugares donde se sacrifican animales. También frecuentan lugares como los desiertos, cementerios 41 , ruinas y campos de batalla, 38 Op. Cit. E.M.R. – I.P.C. p197 39 “… no me dijeron más que los demonios se hacen amigos íntimos de quienes han probado sus excrementos (…) y es que nada resulta más agradable a los espíritus rebeldes que el hombre, al que envidian por estar honrado con una imagen divina [el alma], caiga en tal desvarío.” – Op. Cit. Opusculos – M.P. pp84 - 85 40 Op. Cit. A.L.R.S. – C.G.R. p52 41 Mt 12₄₃ 18 especialmente lugares que producen un especial terror en los humanos. Las zonas sépticas y pantanosas, así como los retretes 42 ejercen sobre ellos particular atracción. 43 También se les encuentra, sobre todo, de noche, pues la luz del sol les molesta, de ahí un dicho muy curioso, en la literatura rabínica, que es “nunca debe saludarse a nadie en la oscuridad, pues podría ser cualquier espíritu maligno” 44 . En dicha literatura se desaconseja, encarecidamente, el salir a dar paseos durante la noche, o la madrugada, antes del canto del gallo. Sobre todo las noches del miércoles y el sábado donde, parece ser, las actividades demoníacas se multiplican. 45 Al parecer existen personas, siguiendo el hilo rabínico, que parecen estar especialmente expuestas a las incursiones de los demonios: inválidos, padrinos de bodas, las novias, así como los que están de luto y los discípulos de los sabios durante la noche 46 , siendo tentados estos por sentimiento de vanagloria y ansias de inmortalidad. 4748 Entre otras cosas. El número de estos seres, independientemente de la mitología en la que se encuentren, parece ser elevadísimo. “Cada uno de nosotros, tiene mil demonios a su izquierda y dos miríadas a su derecha” 49 . Debemos tener en cuenta que muchos de estos demonios son, en realidad, personificaciones de enfermedades, como son el caso de ben nᶱfîlîm (la epilepsia) 50 , sanwerîm (la ceguera) 51 , eshatá (la fiebre) 52 , etcétera. 53 Esta idea de que los demonios producen enfermedades, será retomada por Miguel Psellos en sus Opúsculos (Sobre los Demonios y Sobre la Actividad de los Demonios), así como por Giordano Bruno, quien irá más lejos al asociar a los demonios a ciertas ideas que imperan en un determinado periodo de la historia. Al tener estos seres una vivencia de la temporalidad, bastante particular (en la que ya entraremos), se adscriben a determinados periodos –o ciclosde la Historia, propagando infaustos pensamientos e ideales. 42 Entendamos que en este contexto, “retrete” no hace referencia al sumidero donde depositamos nuestras excreciones, sino al lugar habilitado para la penitencia y martirio donde los devotos purgaban su alma mediante castigos corporales. 43 P. Yeb. 15d 44 P. Ta’an. 65b 45 Pes. 112b. 46 Parece que las incursiones nocturnas por parte de los demonios era de lo más habitual en el panorama. A esto le dedicaremos un apartado en Sobre el sexo de los Demonios, tratando el fenómeno del íncubo o súcubo. 47 Sab. 151b. 48 Un claro ejemplo de esto, aunque no aplica en lo concerniente a “discípulo”, es el archiconocido mito de Fausto. 49 Cfr. Sal. 91₇ “caerán a tu lado mil y a tu derecho diez mil” 50 Br 44b 51 Pes 112a 52 Sab 66b 53 Op. Cit. A.L.R.S. – C. G. R. p51 19 3. Taxonomía Infernal. Múltiples son las categorías y jerarquías en las que –y por las queson definidos y compendiados los demonios. Voy a centrarme en aquellas jerarquías que clasifican en base a su composición, comportamiento, deseos, manifestaciones, así como acciones, por no remitirme a los interminables bestiarios medievales, cargados de seres, que pese a ser presentados como demonios, muchos de los cuales no son más que dioses de anteriores cultos paganos, que son1 asumidos como seres infernales por el Cristianismo imperante. Adelanto que las taxonomías que aquí van a recogerse pertenecen a las clasificaciones de Jámblico primeramente, por apreciar el contraste con las fuentes originales. La siguiente que presentaré es fruto de Miguel Psellos, cuya demonología es, fundamentalmente, herencia de los comentarios de Proclo a los Oráculos Caldeos, así como de fuentes neoplatónicas como Porfirio, Jámblico y Olimpiodoro. No olvidemos, también, que en todas estas fuentes –como ya ha sido comentado anteriormentetienen sus raíces las traducciones de Ficino. Después de presentar lo que es la base de la demonología, en Jámblico y los Caldeos, y cómo eso se recibirá en el contexto medieval, llegamos a su estado en el Renacimiento. Los autores a exponer para ilustrar tal periodo serán Ficino, Agrippa y Giordano Bruno 3.1. La jerarquía de Jámblico La demonología de Jámblico puede encontrarse en su obra Iamblichus, De mysteriis aegyptorum¸ traducida como Los misterios egipcios; el objetivo de la obra era dar una respuesta a los interrogantes planteados por Porfirio a Anebo en sus cartas. La datación de la obra la sitúa a finales del siglo XV, periodo durante el cual, en el paradigma esotérico, la corriente egipcia causaba furor. Para el autor existe una jerarquía de entidades que va desde el ser humano hasta los dioses celestes, al contrario que en otros sistemas de creencias, los demonios aquí no tienen un papel inherentemente maligno, si bien es cierto que los espíritus malignos son llamados daemones, no todos sufren inclinación al mal. “es preciso atribuir a los dioses y a los buenos démones sólo lo bello y lo justo, mientras que lo injusto y vergonzoso lo llevan a cabo los démones por naturaleza perversos.” 54 Dicha jerarquía de seres va desde los Dioses Hipercelestes, situados por encima de todo, siendo éstos seres inaprehensibles para el intelecto. Les siguen las Almas de los Astros, estos son, los Dioses Celestes. Les siguen las figuras de Arcángeles y Ángeles y a estos los Demonios. 54 Op. Cit. Sb Mist Egipc – Jamb. Lib IV – 7. P159 20 Encontramos si seguimos descendiendo en la escala a los Principados y Héroes. Por último estarían los Príncipes y las Almas Descarnadas, antes de llegar a los seres materiales. Sobre esta jerarquía nuestro autor nos dice: “uniformes son las apariciones de los dioses, las de los démones variadas, las de los ángeles más simples que las de los démones, pero inferiores a las de los dioses, las de los arcángeles más cercanas a las causas divinas, las de los arcontes, si te parece que ellos son los señores del mundo que administran los elementos sublunares, son variadas, pero dispuestas en orden, pero si te parece que ellos son los que presiden la materia, ellas serán más variadas, pero más imperfectas que aquéllas, las de las almas son apariciones de todas clases. Además, las de los dioses tienen un brillo hermoso para la vista, las de los arcángeles son a la vez más solemnes y tranquilas, más dulces son las de los ángeles, las de los démones son terribles las de los héroes, aunque han sido omitidas en tu pregunta, démosle una respuesta movidos por la verdad, esto es, que son más tranquilas que las de los démones; las de los arcontes, si ejercen su actividad en el mundo, causan espanto, y, si son materiales, son perjudiciales y tristes para quienes las ven; las de las almas se asemejan un poco a las de los héroes, salvo que son inferiores a ellas.” 55 Vemos que el autor nos ofrece una jerarquía de seres inmateriales, la cual define el papel de dichos seres con respecto a los otros, con una cierta continuidad, y su subordinación a los entes superiores. Centrándonos en la demonología, y siguiendo a los Oráculos Caldeos, el autor distingue entre demonios benignos, los que cumplen con su función encargados de las almas 56 , y los malignos, o rebeldes, que arremeten contra el ser humano. En cuanto a su naturaleza nos dice que son seres que no están sometidos al tiempo 57 y la corrupción, puesto que todo esto serían accidentes de la materia, lacra de la que un ser incorpóreo 58 está libre. “Digo, pues, que los démones son creados en virtud de los poderes generadores y creadores de los dioses en el extremo más lejano de la procesión y de los últimos confines, los héroes en virtud de las razones vitales de los seres divinos, y los primeros y perfectos grados de las almas tienen su origen y se dividen a partir de ellos.” 59 55 Íbid. Lib II – 5. p91 56 “A los démones hay que adscribirles poderes fecundantes, que presiden la naturaleza y la ligazón de las almas con los cuerpos” – íbid. Lib II – 1. P83 57 “Un primer punto de extrañeza evidente es si los démones son engendrables y corruptibles; la segunda, aún más terrible que la primera, si a ellos, que son anteriores, se les hace proceder de lo que es posterior; pues los démones preexisten sin duda al alma y a los poderes corpóreos.” – Íbid. Lib III – 22. P136 58 Pese a que Jámblico sostiene la tésis de que el demonio es un ser carente de materia, no parece decidirse de todo sobre la cuestión: “ni siquiera ha sido definido esto, si los dérnones poseen cuerpos o se sirven de ellos o los contienen o sólo son lo mismo que un cuerpo.” – Íbid. Lib I – 16. P71 59 Íbidem. 21 Al contrario que en otras demonologías, el autor se limita a exponer someramente la existencia de demonios asociados a los cuatro elementos. Si establece algún tipo de relaciones jerárquicas entre ellos es prácticamente nula. Parece que su único elemento de distinción –aparte de la composición elementales su inteligencia. Algo que será reconducido por Psellos. Para el autor las relaciones del mago con el demonio deben limitarse a apaciguar a estos, cuando sea necesario, y no hacer tratos con ellos. Desaconseja el uso de la demonomagia y recomienda la theurgia como herramienta de salvaguarda y protección. “Los que tienen trato con los démones engañadores y causantes de intemperancia combaten indudablemente a los teúrgos, pues éstos expulsan y destruyen por completo todo espíritu malvado, y extirpan totalmente toda maldad y toda pasión, se da una participación pura de los bienes en los puros, y desde arriba por el fuego son ellos llenos de la verdad” 60 La demonología presente en la obra de Jámblico asentará las bases que, añadidas a las traducciones –más o menos personalesde los Oráculos Caldeos, iniciarán la erupción de los ríos de tinta por parte de los Neoplatónicos en torno a esta cuestión. Con el paso del tiempo, y la ortodoxia de los autores, estas figuras pasarán de daimon, a daemon, adquiriendo connotaciones esencialmente malignas. 3.2. Las seis especies de Miguel Psellos. Como mencioné al inicio de este capítulo, existe una problemática de cara a abordar la demonología de Miguel Psellos, y esta radica en las fuentes empleadas. Para algunos historiadores como K. Svoboda, su demonología es esencialmente de carácter libresco, teniendo fuentes neoplatónicas de Porfirio, Jámblico, así como Proclo y Olimpiodoro. El investigador J. Bidez llega a la misma conclusión, con la salvedad de que para él, son los comentarios de Proclo a los Oráculos Caldeos lo que verdaderamente fundamente la teoría de Psellos. Para el autor P. Joannou, esta demonolgía pselliana es de carácter popular, esto es, que recogió las fuentes de su tiempo, no de lecturas. Sea como fuere, lo que es reseñable es la intelectualización de la tradición anterior, pagana, que hace Psellos, integrándola en el paradigma cristiano. De este modo queda armonizada la creencia tradicional en estas criaturas sobrenaturales, con los comentarios de Proclo y la adaptación que éste hace de los Oráculos. Busca establecer un orden en el caótico bestiario que era la demonología tradicional, cuyas clases de demonios apenas si estaban separadas en cuanto a elementos. Armonizando la 60 Íbid. Lib III – 31. P151 22 experiencia de la posesión con distintos órdenes de demonios, y atribuyendo la irracionalidad de dicho fenómeno a la irracionalidad característica del pueblo infernal. Antes de entrar en divisiones; mientras que para Jámblico, el único modo de tratar con demonios, séase, de practicar la demonomagia, era ofreciéndoles sacrificios 61 , para Psellos es mediante un pacto el modo en el cual el demonomago accede al poder de los demonios. Comienza a aparecer la idea del pacto infernal, según este, el mago compromete su alma a cambio del servicio de los demonios, cuando en realidad son éstos quienes se sirven de él. Se matiene la idea ya vista en los Oráculos de un señor infernal, en este caso, Psellos lo llama Satanael 62 , sin embargo, sí que es cierto, que los demonios irán perdiendo autonomía. Esto se ve claramente cuando, gradualmente, irán dejando de ser “agentes” de las fuerzas naturales, pasando por actuar sometidos a un demonio mayor y, finalmente, en la teología cristiana, actuando únicamente con el permiso divino. En cuanto a su naturaleza, al contrario que en Jámblico, poseen un cuerpo y están formados por materia, si bien es esta sutil. “El linaje de los demonios (…) no es incorpóreo: vive con cuerpos entre cuerpos” 63 . Psellos, además, pródigo en su descripción añade sobre su cuerpo que es “sombrío, tenebroso y triste a la vista, despojado de una luz que una vez le era propia” 64 . Al tener corporeidad puede, fácilmente, ser afectados por otros cuerpos, de ahí que para enfrentarse a estos seres la tradición siempre ha hecho uso de objetos, más o menos sagrados, tales como agua bendita, símbolos religiosos, espadas, dagas, agujas, y un largo etcétera. Esta corporeidad que padecen, es muy característica. Son invisibles a la vista, si bien pueden manifestarse alterando los elementos que les son propios, de este modo pueden transformar sus cuerpos, si bien no permanentemente, esto depende de su grado en la jerarquía a exponer. “Al ser sus cuerpos dúctiles flexibles, son capaces de tomar cualquier apariencia (…) dado que su cuerpo no es tan sólido como para retenerlas, ninguna la conservan permanentemente” 65 En cuanto a otros accidentes de la sustancia, como son el sexo y el género, pese a poder adoptar cualquier forma, no tienen por naturaleza separación entre machos y hembras. 66 Y pese a carecer de órganos excretores, parecen excretar corrupción “órganos de excreción (…) no tienen: es de ellos mismos de donde surge la excreción.” 67 . En cuanto a su alimentación, por 61 “las amenazas que acompañan a los sacrificios no son proferidas contra los dioses sino contra los démones”Íbid. P25. 62 “los peores de ellos [de entre los adoradores], en su impiedad, se apartan del [dios] celeste y tan sólo aceptan al terrestre, a Satanael” – Opúsculos – Miguel Psellos. Trad. J. Curbera Costello.. P81 63 Op. Cit. Op – M. P. p88 64 Íbid. P89 65 Íbid. Pp102 - 103 66 Íbid. P102 67 Íbid. P90 23 otra parte, parece que sólo las especies materiales –las más bajastienen necesidad de realizarla. “…se alimentan por aspiración, como el aire que hay en arterias y nervios (…) Pero esto tan sólo lo hacen las especies materiales (…), la lucífuga, acuática y subterránea.” 68 Sobre los seis grupos de demonios: “El primero es el ígneo, el cual se mueve por el aire que está encima de nosotros; el segundo, también anda por el aire y le llaman aéreo; el tercero es terrestre; el cuarto es el acuático y marino; el quinto el subterráneo y el sexto, finalmente, es el llamado lucífugo. De las especies citadas, la acuática ahoga a los que van por las aguas; la subterránea y la lucífuga se introducen en las entrañas y producen asfixia, epilepsia e incluso demencia en los hombres; pero los aéreos y terrestres son los más temibles y astutos de todos, ya que buscan y engañan disimuladamente las mentes de los hombres, produciéndoles inusitados y crueles sufrimientos.” 69 Las seis especies se dividen en dos tipos, el primero comprende a los que presentan una corporeidad más sutil, y el segundo se refiere a los materiales, la especie más baja. Procederemos a enumerar las seis y enunciar sus características. Leliurios, estos demonios son los asociados al elemento del fuego, también conocidos como ígneos, se mueven por el aire y no suelen mezclarse con los mortales. Son la especie más imaginativa y la que con más certeza puede aventurar el futuro. Aéreos, esta especie engloba también a los demonios etéreos, el autor no realiza distinción entre ambos tipos. Son seres orgullosos, mentirosos y que gustan de jactarse ante los mortales que subordinan. Pese a ser los segundos más pacíficos no son en absoluto de fiar. Estas dos primeras especies son las sutiles, y sus afecciones al ser humano se dan en la memoria. Son más ligeros que el resto y tienen más facilidad para alterar su aspecto, así como para confundir y engañar a los mortales, al superarlos en astucia. Terrestres, no son bruta animalia, pero tampoco parecen ser particularmente intelectuales. Tanto esta especia como la acuática adoptan apariencias condicionados por el entorno. Acuáticos, un tipo de demonio muy extendido en el folclore de la época, debido a la gran cantidad de naufragios y catástrofes navales, la gente achacaba estos infortunios a toda clase de seres acuáticos y sobrenaturales que pasarán a la mitología como demonios. Subterráneos, les caracteriza una gran violencia, pero al parecer, poca fuerza para ejercerla. Sobre ellos cuenta Psellos: “En los sacrificios [a los demonios aéreos] pedíamos que ninguno de los subterráneos se deslizara a nuestro lado, porque si, taimadamente, alguno lo hubiera 68 Íbid. P91 69 Íbid. Pp92-93 24 hecho, para asustarnos comenzaba a lanzarnos piedras. Y es que apedrear a cuantos se encuentra (con tiros muy flojos) es propio de los subterráneos” 70 Lucífugos o misophaes, esta es la última de las especies de demonios. Según el autor, carecen prácticamente de sensibilidad, y rehúyen la luz. Las últimas cuatro especie pertenecen a las conocidas como materiales, estas obran directamente sobre el cuerpo de los mortales, no influyen en el alma, actúan buscando el calor de los seres vivos 71 – de ahí que a veces atacan a animales – achacándoseles ciertas enfermedades. “Ni por odio, ni por deseo de hacerles mal se lanzan sobre los animales, sino porque buscan el calor” 72 Uno de los elementos que hace hilvanar la tradición de corte más pagano con la ortodoxa, es la cuestión del lenguaje. Comienza a aparecer la cuestión, tanto del lenguaje angélico, como del lenguaje infernal. Sobre éste último nos dice Psellos: “[Los demonios] se acercan a nuestro espíritu imaginativo, y espíritus como son ellos, nos susurran palabras sobre sensaciones y placeres, no con voces estridentes ni ruidosas, sino instigadas por ellos sin ruido alguno” 73 Este lenguaje infernal no se articularía sobre otro lenguaje que no fuera el del sujeto interpelado, de este modo no existe un lenguaje infernal propio, según el autor, sino que estos seres “orquestan” elementos presentes en el imaginario del receptor para conformar tentaciones, pasiones y, en resumen, intentar manipularlo. La actuación del demonio es, ciertamente, parasitaria y, al menos de cara a la comunicación, inclinada siempre a la manipulación. Como mencionamos anteriormente estos seres comienzan a revestirse cada vez más con capas de malignidad y oprobio. El mismo lenguaje de la criatura es un retorcer el logos, según autores como Santo Tomás, esta privación es parte de la condena divina a la que están sometidos. 3.3. Contexto Renacentista. Pese a la demonización de los demonios, valga la redundancia, y al negro manto que cubrió la demonología durante la Edad Media – negro manto, que por otra parte resultó prolífico -, la cuestión parece ser cíclica. Puesto que será en el Renacimiento, sobre todo con autores como Giordano Bruno, Ficcino y Agrippa, cuando la idea se invierta. Especialmente en Giordano Bruno, y por extensión en Agrippa, ya la figura de los demonios no se corresponde con entes esencialmente malignos. 70 Íbid. P107 71 Íbid. Pp 95-96 72 Íbid. P95 73 Íbidem. 31 complexiones accidentales o de sujetos añadidos al cuerpo, ocasiona el predominio del espíritu furioso, al que se puede quitar del medio, ya por el encantamiento retórico y la persuasión del amigo o del médico, de manera que se restablezca el espíritu invadido” 103 Muchas de las técnicas conocidas como mágicas, heredadas por nuestra tradición desde la malinterpretación, no tienen otro objetivo que el dotar al individuo de un conocimiento más profundo de su psique y la de sus coetáneos. En un primer lugar el mago identifica y reconoce a estos demonios que le suscitan pasiones, en un segundo lugar sabe cómo lidiar con ellos – aunque sea a través de metáforas y disfraces – para evadirse de dicha afección. “La función de la fantasía es ciertamente acoger y contener, componer y dividir las especies aportadas por los sentidos, ello sucede de dos maneras: por una parte, en virtud del arbitrio o elección del que imagina (…) [y] por otra parte, fuera del arbitrio o elección.” 104 Las signaturas que cifran el mundo aparecen representadas de múltiples formas, en un contexto cuasi holístico en el que todo remite a todo, es en esta red –o trabazóndel lenguaje, donde el mago debe hacerse cópula y aunar lo material con lo espiritual. Este proceso no es más que el adscribir una profundidad constitutiva a la realidad material, que permite el desarrollo de procesos psicológicos sin que estos tengan que estar sometidos a procedimientos rígidos del orden racional. Vemos un entroncamiento con lo que para Nietzsche serán los mitofemas, esas mínimas unidades de narración mitológica, destinadas a hacer accesible un conocimiento que no se asienta en la Verdad objetiva, sino en una verdad provisional destinada a hacer más llevadera, manejable o vital la existencia del individuo. Podemos ver que no sólo lo material aparece regido por el principio de pragmatividad, sino que esto también es extrapolable a las ideas. Ciertamente, la utilidad no tiene por qué ser medida en parámetros de funcionamiento visible desde el exterior, también puede repercutir a nivel individual aunque su función sea la de pintar la existencia de un color más tolerable. A día de hoy, cuando ya todo paradigma es más que comercializable, estando incluso sometidos a las modas, no viene de más recordar la contingencia de los mitofemas que componen y estructuran nuestras sociedades, los cuales son apropiables –al modo heideggeriano-, modificables o, incluso, pueden ser pasados por alto. Esta magia, de la que nos hemos ido ocupando, es una ciencia del imaginario; su objetivo es la exploración y manipulación de este imaginario con medios propios y según la voluntad del operario. El máximo exponente de esta forma de concepción mágica se alcanza en la obra de 103 Íbid. P275 104 Íbid. P272 32 Giordano Bruno, para quien “la magia es un método de control sobre el individuo y los medios de comunicación, basada en el conocimiento profundo de las pulsiones eróticas personales y colectivas” 105 . Claramente un antepasado de la psicología aplicada y la psicología de masas, así como del psicoanálisis. 4.1. Trithemius de Würzburg El abad Trithemius tal vez sea una de las figuras más curiosas dentro del panorama mágico renacentista. Por un lado era un abad seguidor de los métodos decretados por el Malleus maleficarum, incluso “declarándose preocupado por el escaso número de inquisidores y de jueces que se ocupaban de crímenes tan graves y numerosos como los que perpetraban las brujas.” 106 . Por otra parte era una figura de peso entre los brujos renacentistas, siendo la nigromancia su especialidad. “Cuenta Lercheimer que el emperador Maximiliano, que lamentaba la muerte de su esposa María, hija de Carlos de Borgoña, rogó a Trithemius que invocara su espectro para poder verla por última vez.” 107 “Lutero conoce esta historia, a la que añade detalles muy interesantes. Según éste, el emperador no se habría limitado a deleitarse con la visión fugaz de su esposa, sino que también habría recibido la visita de otros espectros célebres, como los de Alejandro y julio César.” 108 La explicación a las obras nigrománticas de Trithemius la dará George Wilin en 1728, según este autor, el abad conocía los principios de la camera obscura, así como diversos juegos de espejos que le permitían engañar a la concurrencia. Agrippa, discípulo del abad, dejará recogido en sus textos la elaboración de dicha cámara obscura por parte de su maestro. De Trithemius se tienen dos perfiles, por un lado el de brujo, creador de una obra particularmente abstrusa titulada Steganographia - sobre la que hablaremos más adelante – y, por otro, el de “«poeta célebre, un orador muy inventivo, un filósofo sutil, un matemático muy ingenioso, un historiador perfecto y un gran teólogo”, palabras de su biógrafo Ernest Heidel de Worms, que le dedicó una defensa y una apología en 1676. 109 El resto de sus escritos son una serie de noventa opúsculos, estando una parte muy amplia de ellos reservada a la brujería y las supersticiones vulgares, en contra de las cuales el autor se declaraba. Y, sin embargo, parece mantener una posición doble al respecto de la magia, siendo 105 Op. Cit. E.M.M. – I.P.C p22 106 Ibid. P218 107 Íbidem 108 Íbid. P 218 109 Íbid. P219 33 otra serie de opúsculos recomendaciones y remedios de carácter mágico. Además una enorme parte de sus esfuerzos la invirtió en proveerse de una buena biblioteca de libros prohibidos, Retomando la Steganographia, la primera vez que se le hace referencia es en una carta que el autor dirige a un amigo donde habla de una obra, compuesta de cuatro libros, según la cual hasta un plebeyo podría aprender latín en dos horas. Los dos primeros libros iban dedicados a la criptografía, el tercero proponía un método acelerado de aprendizaje de lenguas, y el último trataba sobre otros procedimientos criptosemánticos, así como otros temas velados. En 1504 Trithemius enseñará el manuscrito a Charles Bouelles, quien se forja una opinión muy desfavorable del mismo y así se lo comunica al obispo de Cahors. Según la carta que le dirige al obispo, fechada en 1509, la obra de Trithemius no era más que una farragosa aglomeración de conjuros demoníacos. De esto resulta que el abad tiene que defenderse de las acusaciones formuladas y su libro resultó dañado, llegando a quemar el manuscrito en Heidelberg y acabando su obra incompleta. Con respecto a la lectura que realizó Bouelles, decir que la primera parte del libro – que es a la que tuvo acceso – es un “ludibrium, una farsa cuya intención es la de inducir a error al lector, de tal manera que todo el mundo podría disponer de las claves de la criptografía y ya nadie podría utilizarlas con seguridad.” 110 . Sin embargo, parece que esto pasará por alto en los años sucesivos a la publicación del libro en 1606. Numerosas opiniones abiertamente en contra de la obra de Trithemius, pero sobre todo la del erudito jesuita Del Rio, llevan a la inclusión de la Steganographia en el Index librorum prohibitorum en 1609. No será hasta la lectura de “Carainuel, el primer intérprete serio de la criptografia tríthemiana, que reconoce como tal y descarga de toda acusación de demonomagia. Caramuel señala que los «conjuros» demoníacos no son otra cosa que textos cifrados, mientras que los nombres de los demonios representan el código de los mensajes respectivos.” 111 De este modo, los “nombres demoníacos”, que encabezan cada mensaje, no son más que la clave para descifrar dichos fragmentos. Siendo la obra de Trithemius el mayor exponente en criptografía moderna. Los siguientes libros están dedicados a permutaciones alfabéticas, códigos latinos, series de sustitución criptográfica, etcétera. En lo que al tercer libro de la Steganographia se refiere, esta interpretación no cabe del todo. En primer lugar, el estado del tercer libro son fragmentos, muchos de ellos inconexos e inacabados. Donde lo dicho por el autor parece tomar otros derroteros más oscuros. Sin embargo, esto no hace más que añadir argamasa a su doble arquetipo de mago y lingüista. 110 Íbid. P225 111 Íbidem 34 “Es Paul Grillandi quien nos ofrece una explicación indirecta del motivo por el cual Trithemius jamás terminó este tercer libro, o -lo que es más probable todavíapor qué quemó en Heidelberg toda la continuación de su Steganographia. Según Grillandi”, todas las operaciones mágicas que invocan la ayuda de un demonio ad modum imperíí no son heréticas, sino sólo sacrílegas. Por el contrario, la adivinación del futuro es siempre herétíca. Distinciones de este tipo debían de circular ya en tiempos de Trithemius y éste, experto en ocultismo, no debía de ignorarlas en absoluto. Para no caer en el pecado de herejía, destruyó la última parte del manuscrito autógrafo de la Steganographia, que debía, lógicamente, de referirse a la adivinación” 112 5. Sobre el sexo de los demonios. Son ampliamente conocidos los debates teológicos, medievales y renacentistas, que incluso pervivirán hasta el siglo XVIII sobre el sexo de los ángeles, y no iba a ser menos con la cuestión de los ángeles caídos. La doctrina de los íncubos y súcubos, dará lugar a grandes lagos de tinta hasta la entrada de la Modernidad, incluso perviven, a día de hoy, los relatos de esta índole. 113 Según el autor Marcos de Queronea, pese a que los demonios puedan afectar a la posesión de los órganos genitales masculinos, son de naturaleza femenina 114 . Para los especialistas en brujería de los siglos XV hasta el XVII es obscura la cuestión de si los demonios pueden o no emitir semen y engendrar, aunque parece que para algunos tratados oficiales como el Malleus Maleficarum ostenta esa idea. Aunque para los inquisidores responsables del tratado, pese a que los demonios puedan influir en la concepción, es siempre de modo externo y artificial. “… puede argumentarse que los demonios tienen su papel en esa gestación, no como causa esencial, sino como causa secundaria y artificial, para que se ocupan de entrometerse en el proceso de la copulación y la concepción normales, pues obtienen semen humano y ellos mismos lo trasladan.” 115 Esta es la opinión más extendida, también compartida por el inquisidor de Carcasona, Jean Vineti, según la cual los demonios son considerados transexuales. Esto es, realizan en forma de súcubo el acto de la extracción del semen del macho, para después, en forma de íncubo, depositarlo –ya alterado por su naturaleza demoníaca – en la hembra. “Pierre Naudé, autor de una Déciamation contre l'Erreur exécrable des Maiçficiers, Sorciers (París 1578) está 112 Íbid. P226 113 Curiosamente, aparecen relatos actuales de tales fenómenos en la obra Summa Daemoniaca de A. Fortea. 114 Íbid. P200 115 Malleus Maleficarum Lib I – Cap III 35 convencido de que casi todas las brujas tienen íncubos y los brujos súcubos “ 116 . Si abundan y proliferan historias de algún tipo durante la época dorada de la Inquisición, son los relatos de comercio carnal con los demonios. Al respecto de si tales comercios terminaban resultando fructíferos, la opinión de la época está claramente dividida. Por un lado, en muchos textos oficiales podemos encontrar la siguiente opinión “engendrar un niño es un acto de un cuerpo vivo, pero los demonios no pueden dar vida a los cuerpos que adoptan, porque la vida, en términos formales, sólo procede del alma, y el acto de engendrar es el de los órganos físicos que poseen vida corporal. Por lo tanto, los cuerpos que se adoptan de esa manera no pueden engendrar ni procrear.” 117 Por otro lado tenemos la opinión contraria, encontramos su principal motor en Del Rio, quien considera que los demonios sí que pueden engendrar gracias a las relaciones que mantienen con las desdichadas que seducen 118 “En los procesos verbales judiciales podemos leer confesiones de brujas que (…), manteniendo un execrable comercio con este Espíritu impurísimo (…) a pesar de que no siempre se deleitaban con el efecto de estas detestables depravaciones: a menudo, fruto de esta relación odiosa y sodomítica, habían parido niños con vida” 119 Parece que los apologistas inquisitoriales no dejaban de informar a la población sobre este tipo de relaciones que brujos y brujas mantenían con los demonios, siendo numerosísimas las publicaciones y referencias a este respecto. Son innumerables los estragos con los que los demonios parecen asediar al orden físico y moral. Sobre la cohabitación con demonios e intercambios amorosos con ellos, a día de hoy parece que la cuestión está bastante clara. Estas visiones compartidas –y extendidasentre los practicantes de la demonofilia, se caracterizan por compartir ciertas fórmulas mágicas, que no eran más que preparados alucinógenos que, correctamente aplicados, inducían a la sensación de vuelo. Y debido al modo de aplicación – a través de la zona genitaly, generalmente, a horcajadas sobre un palo, es entendible que la alucinación tomase esos derroteros eróticos. O, en palabras de Culianu: “Dentro del conjunto de las prácticas de brujería, la importancia del palo de escoba resulta indudable. Diversas fuentes nos informan de que era éste el que se untaba con pomada, y vemos, en numerosos grabados del siglo XVI, brujas desnudas despegando sobre su palo de escoba. Los extractos de las solanáceas se caracterizan justamente porque son absorbidos por la piel y penetran en el organismo, donde se vuelven inmediatamente activos. Las zonas más sensibles del cuerpo son precisamente la vulva en las 116 Op. Cit. E.M.R. – I.P.C. p201 117 Op. Cit. M.M. – Lib I – Cap III 118 Op. Cir. E.M.R. – I.P.C. p202 119 Íbidem. 36 mujeres y las axilas, lo cual explica el uso en apariencia incongruente de las baculariae. La hipótesis de que los brujos «clásicos››, cuya existencia se encuentra atestiguada por lo menos desde el siglo X, eran en realidad una combinación de farmacéuticos empíricos y de drogadictos no es nueva en absoluto. La farmacología actual la ha elevado al rango de certeza y los antropólogos han terminado por aceptarla de forma casi unánime” 120 . Aunque, sin embargo, como también señala el autor, la uniformidad de los medios no explica la uniformidad de las alucinaciones. “… podemos concluir: los brujos «clásicos›› eran marginales de ambos sexos que provocaban, con alucinógenos, el acceso al inconsciente. Lo que experimentaban bajo la influencia de las drogas lo consideraban como real, imaginando haber ejecutado ciertas acciones estereotipadas.” 121 Con esto parece ser que hay tres maneras de hacer acudir a los demonios, siendo la primera la mediación farmacológica más el marco teórico que sustenta la aparición de tales seres. La segunda, la imaginación mediante procedimientos mnemotécnicos –de tal suerte sería la demonología Brunianay, finalmente, la enfermedad mental. Sobre esto último, son sobrados los casos conocidos, el de Alexis Vincent Charles Berbiguier de Terreneuve de Thym, más conocido como La Peste de los Duendes, o el del doctor Ludwig Staudenmaier. “La brujería utiliza alucinógenos para forzar la experiencia de una realidad distinta a la de cada día; el enfermo mental es arrastrado a su pesar en medio de sus fantasmas. El mago es el único que utiliza técnicas del todo conscientes para invocar y dominar a sus espíritus auxiliares. En su caso, la invención de un demonio equivale a su entrada en la existencia” 122 6. Conclusiones. Como se ha mencionado a lo largo de este trabajo, la idea que tenemos de la magia clásica está más bien motivada por prejuicios que por estudios de la misma. Queda más que claro que el objetivo de esta magia no es el operar mediante el manejo de fuerzas ocultas, para transmutar la realidad. Sino que busca partir de un conocimiento profundo del individuo para permitirle a este operar con su propio sentido interno. La figura del mago ha sido vista siempre como un loco que afirma poseer dones sobrehumanos, cuando no es más que un sabio que busca un acceso a la realidad que le permita mediar entre lo que sus sentidos perciben y su razón busca. Hablamos de la integración de un sistema espiritual 120 Íbid. P206 121 Íbidem. 122 Íbid. Pp209-210 37 en una mentalidad pragmática, cuyo fin no es otro que lo práctico de la manipulación y el control de uno mismo y los que le rodean. Lejos de estas figuras revestidas de sombras, los magos buscaban operar en su imaginación, en su producción y gestión de fantasmas o demonios. Lo fundamental de la demonología es cómo esto puede apreciarse íntegramente. Siendo estos seres malignos, externalizados en formas aberrantes y sobrenaturales, nuestras propias pasiones, pulsiones, instintos, presentes en nosotros mismos, monstruos que nos llevan por la sinrazón. El objetivo de esta demonomagia es el control y la supeditación de estas pulsiones mediante vínculos mágicos, donde la sugestión tiene un papel central. Nos resulta más que claro, por lo menos a día de hoy, que el relato de lo que el mundo es depende mucho de las categorías que conforman la lente con la que el observador accede a dicho mundo. La percepción no es limpia y cristalina, el ojo no actúa como una cámara, sino que en toda visión hay una pre-visión, un modo de adoptar esa percepción. El objetivo de los sistemas mágicos es garantizar un marco teórico flexible, no enteramente sometido al control de la razón, que busca dar cuenta de la generalidad de las percepciones. Aunque sea revistiendo y disfrazando a éstas de seres sobrenaturales. Esta forma de acceso a la realidad es la que “invita al mago a mudar de piel, a hacer, como quería Rimbaud, un “alma monstruosa”. El mago se hace transparente nadería que, sin embargo y por ello, puede tener todo, vestirse de todo. La metafísica del ser deja el lugar a la prestidigitación del tener” 123 , en palabras de Gómez de Liaño. El motivo de este trabajo no es hacer ninguna apología de las –mal llamadasciencias ocultas, sino realizar un recorrido sobre lo que es realmente la Magia, con el objetivo de desmitificar la visión que de ella se tiene –y se ha tenido-. Reitero, que con estas artes no se busca obrar ningún milagro que no sea el de conocerse a uno mismo, partiendo de uno y auxiliado por los demás. 123 Op. Cit. M.M.M. – G.B. p215 38 Bibliografía Agrippa, Cornelius. Agrippa, Filosofía oculta. Magia natural. Trad. Pastor, Bárbara. Ed Alianza Editorial. (Madrid) 1992. Bruno, Giordano, De imaginum. Trad. y ed. GATTO, Ezequiel. Ed Cactus. (Buenos Aires) 2014. Bruno, Giordano, Mundo, Magia, Memoria. Ed y Trad Gómez de Liaño Ignacio. Ed Taurus. (Barcelona) 1987 Culianu, Ioan P, Eros y Magia en el Renacimiento. Ed Siruela. (Madrid) 1999 Des Places, trad y ed. Oracles Chaldaïques. Ed. 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