De cuando yo escribía versos
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tdanuel mejvi ysolano De cuando yo escribía Precio del ejemplar: UT?fl peseta. 5oteres, impresor. --REQUENA 1910
Es propiedad del autor. Queda hecho el depósito exigido por la ley. Prohibida la reproducción.
o° \0&*A o*t° ñmis amigos de siempre ypaisanos, Pedro, Serafín yJoaquín Alvarez Quintero. EL AUTOR.
Recorre calles yplazas El hombre del organillo, Conduciendo el instrumento En un carro pequeñito. ¿Quien os pensáis que transporta Tantos melodiosos trinos, Tantas notas suspirantes? Por escarnio del Destino Lo más antifilarmónico Del universo: un borrico. Mandolinata, Gran Vía, Cádiz, tangos infinitos, Polkas, aires nacionales... Todo lleva el organillo. Donde el jumento se pára Brota luego un torbellino
—6~ De alegría, que sumerje Al alma en dulce deliquio. Algún alma soñadora Voló, tal vez, al oirlo, Por las regiones sublimes Dó mora el arte divinó, Sin reparar en la estampa Del melancólico asnillo, Que aguanta aquel aguacero . De notas, con heroísmo. Cuando en la verde pradera Bailotea sin juicio La juventud bulliciosa Al compás del organillo, Yhay en los ojos amores, Lanzan los labios suspiros, Yse mezclan con la música Risas ypicantes dichos, Con las orejas caídas Piensa él paciente borrico, En aquel campo, cubierto De verde musgo tupido, Ypor el hartazgo llora Su brutal epicurismo.
7 Yo no sé por qué razón, Cuando encuentro un organillo Conducido mansamente Por pacienciudo borrico, Me acuerdo de D. Quijote Siempre áSancho Panza unido; Del corazón colocado Junto al estómago activo; De los poetas que buscan Sustento, vendiendo libros. Epigrama... químico Ni los médicos más sabios hallan modo de explicar esta epidemia de labios malos, que sufre el lugar. Mas, lo que nadie se explica, bien el droguero lo entiende, pués, no en vano mixtifica los afeites que te vende.
«V* .»$>f $.y. y,:ppf# ^4; IES TARDE! Antes que los años den ámis cabellos *. el color que ostentan los montes excelsos; antes que en mi mente muera el sacro fuego que en el alma engendra nobles pensamientos; antes que, robado su vigor al cuerpo, de helado egoísmo se blinde mi pecho; mientras la firmeza del pulso conservo, ymi voz no pierde frescura en su acento, ven áverme,' amiga;
15 ven, yrenovemos las horas felices, gloria de otros tiempos. Ven, que ya dispuesta la mesa tenemos en la fresca umbría de lozano huerto. Ya en claros cristales preparados tengo los vinos que aprecias como predilectos. Frutas aromosas, manjares soberbios que irán sazonados com mimos ybesos, tendrás ámi mesa; ven, pues, ygocemos, antes que nos robe las fuerzas el tiempo. Yo daré al olvido t•/•.f-- tus infieles yerros, tu falaz conducta, mis rudos tormentos. Seré el de otras veces... Mas, ¿podré, de nuevo, sentir átu lado
16 mi antiguo denuedo? La picante salsa del amor travieso son las ilusiones, yestas ¡ay! ya huyeron. SIN RESCATE Mírala, corazón: ésa es la ingrata que responde átu afán con su desvío; ésa, la que te roba el albedrío ycon puñales de odio te maltrata. ¿Que es muy bella? ¡Cuán cierto! No arrebata con mayor seducción Luzbel impío..., ,Mírala con desdén, corazón mío; yacrece la aversión con que te mata! ¿Desdén? ¡no puede ser! Imán de amores tienen sus ojos, yatracción su boca, ycadena de encantos su cintura. ¡Cautivo corazón, por más que llores, tu destino es gemir tras esa roca, áella sujeto con argolla dura!
T-ADION i ¿Cómo? ¿Que la perdone? Si pudiera la perdonara yo; pero... ¡no puedo! Entre mi amor yel suyo se levanta la sombra de un fatal remordimiento, que la salud me roba poco ápoco, dándome la apariencia de un espectro. ¡No sabes lo cruel que es esa fiera! ¡A mí me causa repugnancia ymiedo! Hallarás bien extraño que un amor como el mío, tan intenso, se haya trocado en odio; pues, te juro que la quiero olvidar... yla aborrezco. Nos unió la pasión. Ella es hermosa, como la realidad de árabe sueño;
38 belleza que subyuga, que arrebata; de ojos grandes, rasgados ymuy negros ylabios donde bulle palpitando nidada de suspiros yde besos. Yo entonces estudiaba la historia de latinos yde helenos, ycreía en amores yheroísmos. Mi juvenil cerebro albergaba las formas intangibles de Leandros yHeros: era todo varón un Alcibíades; toda mujer Lucrecia, óSafo al menos. Hoy varié de opinión: hallo que el hombre fue malo en todos tiempos; miro las aguas del Eurotas sucias, el arpa eolia sepultada en cieno, rotos los vasos múrinos yrotas las ánforas etruscas, yel Falerno manchando en asqueroso vomiiorium las togas de raquíticos mancebos. II Pero... voy al asunto. Aquella noche gozaba en un extremo del jardín con mi cíprida, la gloria que se puede gozar en lo terreno.
19 Afavor de las sombras, mi adorada, aprovechando el sueño de su padre, buscaba mis caricias. Amis pies dormitaba Leal, el perro áquien debí la vida de mi madre... Pero, roto el silencio por cercano rumor, ella recela que somos descubiertos yámí se abraza con temblor nervioso cubriéndome de lágrimas ybesos. ¡Figúrate áLeal, que vió un peligro! Gracias mil áque pude yo cogerlo éimpedir que ladrara, amordazando al valiente animal con mi pañuelo. Luchaba el pobrecillo por soltarse, luchaba yo también por contenerlo, yella ámi oído:—¡Mátalel decía. ¡Yo la miraba con asombro necio!... —¡Mátale!—repetía—¡por mi honra! Yyo, como un idiota, obedeciendo ál magnetismo de sus negros ojos, apretaba mis dedos en la garganta de sedosas lanas... ¡Traición éingratitud! Al ir muriendo, clavaba en mí la víctima sus ojos conun mudoestupor...que aun meda miedo.
—20 » Salí después de alli como insensato, y... ¡lo dicho!... no vuelvo. III Ella sé que me espera; mas, te digo que cuando por la calle me la encuentro, soberbia en su hermosura soberana, me asaltan horrorosos pensamientos. Asir su cabellera de azabache, yalrededor de su nevado cuello formar dogal de muerte con las trenzas que yo cubriera de candentes besos. ¡Arrancar ¡vive Dios! ásus pupilas la mirada angustiosa de mi perro! CANTAR Cántame la copla aquella donde dices que eres mía, que tengo tristona el alma ycon eso se me alivia.
Saltó nerviosa del crugiente lecho, Recogióse el cabello como pudo, Ycon el pié desnudo, Ydesnudo también el niveo pecho, Avanzó cautelosa Através de las sombras, fugitivas Ante los rayos de la casta diosa, Que entraban por las góticas ojivas. Una mano extendida le servía Para no tropezar: con la otra mano En pliegues la camisa recogía Que, libertada del corsé tirano, Por los hombros yespalda se escurría. ¡Hombros yespaldas mórbidos, redondos, Blancos como la espuma de los mares, Donde se destacaban los lunares Abultados yblondos. Así llegó áuna puerta
22 Por cuyos intersticios se filtraba Una luz medio muerta: ¡Cuál palpitó su corazón entonces! Y¡cómo con las manes se apretaba Las sienes, dó sentía golpeando Cien martillos de bronce! Con cautela mayor, con mayor miedo, Sin respirar, muy quedo, La puerta fué empujando, Yal fin pudo pisar la blanda alfombra De una estancia, más triste que una huesa, Donde lánguida luz desde una mesa Vacilante luchaba con la sombra. En un lecho de rojos cortinajes Se encontraba el herido Desmayado quizás, tal vez dormido, Yblancos cual los nítidos encajes Que rodeaban su cuello enflaquecido. Ella se acercó al lecho: con el alma, Que por los ojos escapar quería, Contempló el rostro aquel dó parecía Reinar la muerte con su eterna calma. Aquellos labios rojos Eran cárdenos ahora; aquel aliento. Débil, casi apagado; las pestañas De negruras extrañas...
Ay! olvidó la joven un momento Ese honor maldecido Al que tienen que ser las niñas fieles, Yansiosa se inclinó sobre el heridc: ¡Era el grupo de Pí iquis yCupido! ¡Un cuadro celestial digno de Apeles! ¡Diana yEndimión que se ha dormido! Entre los ecos vagos de la noche Se oyó un ruido sonoro Como cascada de oro Que, al caer, hiere diamantino broche. ¡Qué beso! Fue un derroche De pasión que escapaba de una boca! Desespero de amor, y, al par, reproche De los celos de un alma casi loca. Después huyó de allí como espantada, Yálos piés de su lecho arrodillada Rompió en un llanto amargo Que vino áterminar en un letargo. En las ricas imágenes del sueño Ella se figuraba ser paloma Que batía sus alas prisionera Sobre la frente del amado dueño. Pero sonaba súbito estallido, Y, cual mueble minado de carcoma, Con tremendo ruido
30 ¡Bah! ¡ni al diablo se le ocurre! Pero es lo cierto, hija mía, que ya la fiesta me aburre. Cuéntame, en cambio, tu historia. ¡Vamos, sí!... ¡Tú, sin malicia!... Un ricachón... ¿la codicia de tu madre?... ¡Vejestorio.! ¡Si es muy perra la avaricia! Las madres, las madres malas, hunden en el lodazal al ángel, rompen sus galas, y, ya podridas sus galas, lo mandan al hospital. Ytú, que pudiste ser una apreciable mujer, madre de familia honrada, ¿qué eres? mueble de placer, que sin el placer no es nada. ¡Ay, Pepa! ¡Cuál se preludia nuestra amistad en un són! Amí también me repudia esa sociedad que estudia poco ónada el corazón. Yo también llevo en el fondo del pecho una espina, Pepa... ¡Más vino! ¡más! ¡Si es que escondo
31 mis penas aquí, en lo hondo, para que nadie las sepa! Tu madre, al ponerte precio, te hizo el corazón pedazos: ¡y aún te escupe el mundo necio! ¿el mundo? ¡Yo lo desprecio! ¡Ven, pecadora, ámis brazos! Soñando está la niña que yo adoro. ¿Cómo sabré turbar su arrobamiento, dando ámi voz, con dulce sentimiento, inflexiones melódicas que ignoro? ¿Cómo la llamaré?... Voces del coro que canta junto áDios, dadme un acento para llegar áun alma por quien siento de ternuras sin fin rico tesoro. ¿Cómo la llamaré? Corazoncito, niña de perlas, matinal lucero, deliquio del placer, ángel bendito, sol, cifra yclave del amor primero, cordera, sangre mía, luz... despierta, que impaciente el Amor llama átu puerta.
Hoy recuerda Baltasara, después de tanto pecar, las dulzuras del hogar, que tan niña abandonara. Hoy vino el remordimiento con su más agudo harpón, áherir aquel corazón refractario al sentimiento. Día de pesadas horas en que un calor bochornoso crispa el sistema nervioso de las bellas pecadoras. Con lentísima torpeza marca el reloj los momentos, que son siglos de tormentos yde dolor de cabeza.
¿Adonde i’ué aquella infancia de recuerdos tan amenos? ¿aquellos tiempos, tan llenos de bucólica fragancia? ¿Qué será de aquella gloria de madre, áquien adoraba? ¿Y la abuela, que contaba junto al hogar una historia? ¿Y el primer traje de largo... las amigas... yel cariño del primer novio... aquel niño? ¡Oh, recuerdo más amargo! ¡Ser buena junto áun esposo^ que adivinara sus gustos; madre de niños robustos; alma de un hogar dichoso...! Por felicidad tan pura, con el corazón trocara la graciosa Baltasara su codiciada hermosura. Entorna los celestiales ojos, con dulce indolencia,... yahora piensa en la licencia, en impuras bacanales... en el palpitante beso que en su cuello alabastrino
estampara un libertino con voluptuoso embeleso; en brocado valiosos, en diamantes yen encajes, en lujosos carruajes, en hombres ricos yhermosos. Sonríe con picardía ydice con displicencia: —¡Si volviera ámi inocencia... otra vez lo mismo haría! CANTALES' No refresques mi memoria con cosidas que ya fueron; mira que siento enfriarse la voluntad que te tengo. Ni cuando me veas muriendo implores perdón de mí; que he de morir maldiciendo la hora que te conocí.
En todo el esplendor de tu hermosura yen plena juventud, ángel querido, buscas en la clausura de un monasterio soledad yolvido. Tus ojos seductores, pregoneros del fuego de tu alma; tus labios tentadores, para el beso traidor incitadores, ytu cuerpo, gentil como la palma, serán robados pronto ála estulticia de tantos amadores que en poseerte cifran su codicia. Con lágrimas yruegos, ni aun tus ancianos padres han podido desterrar de tu pecho empedernido
tus propósitos ciegos. Dime, puesto que el claustro ha de hacer suyos los encantos que robas álos tuyos: ¿Son tristes desengaños de amores desgraciados los motivos que en lo mejor de tus floridos años te hacen huir del trato de los vivos? Nó: con cien hombres fuiste desdeñosa. ¿Logró en tu corazón el sentimiento del amor hacia Dios vehemencia tanta que puedes competir en ardimiento con Teresa la Santa? Nó: fuiste siempre tibia religiosa. ¿Quizá...? Pero, ya sé; tiemblas que llegue de tus hechizos la temprana fuga; tiemblas ver presto tu hermosura ajada; yde tu cuerpo, ardiente enamorada, antes que al tiempo plegue trazar tan solo la menor arruga en tu tez adorada, te ocultas para siempre. De este modo vivirás en recuerdo tan hermosa, con esa juventud esplendorosa donde todo es amor ygracias todo... Así, áNatura faltas con agravio... • i... ytodo vanidad!—que dijo el Sabio.
P05T MIBILfl... Ya pasó la tormenta; . ya de nuevo el sol brilla, yhay mieles en los labios yluz en las pupilas. En sus galas más puras los cielos se extasían, las flores son joyeles, los valles pedrerías... Oh! ¿quién dirá que somos los que hace poco huían buscando en las cavernas refugio ásus desdichas? ¡Qué espanto nuestras almas! ¡Qué terror, qué agonía, cuando furiosamente las aguas descendían, i
38 destruyendo los bosques en que el placer anida! Mas ya, nena, olvidados los sustos yfatigas, torna Amor por las flechas que arrojara en su huida. Y, pues cesó el peligro yha vuelto la alegría, destrozos reparemos con besos ycaricias. POSTRES Viendo el diablo que sus artes me hallaron en guardia siempre, se ha encarnado en tu persona... ¡y va áconseguir perderme!
REMEDIO Luchando con un amor Que me trae ámal traer Yme inspira una mujer De mérito superior; Cansado ya del desvío De mi adorado tormento, Consulté mi sentimiento Con un grande amigo mío Que en amorosas fatigas Tiene fama de muy ducho, Yque ha padecido mucho Por mujeriles intrigas. Ala venta de la Pava Llevéle, y, sentados ya, Le referí de pé ápá
46 iba ádarse la tímida pareja prueba de amor cual las que oyó la reja de Capuletto en época remota, cuando feroz bramido resonó cerca, yespantoso toro, con bestial resoplido, heló el fuego de aquellos corazones: el ósculo sonoro descendió, por encanto, álos talones. —¡Oh piés! ¿para qué os quiero? —dijo entonces la hermosa;— yen tanto que el galante caballero por la encina trepaba, ella la falda azul se remangaba, yponía los piés en polvorosa. Dice bien el amargo excepticismo: Ni hay amor, ni hay virtud, ni hay heroísmo.
G'/IIIVS En las verdes orillas del Betis celebrado, florecen esas rosas amarillas con que adorna mi niña su tocado. Yo, todas las mañanas cuando el alba despunta, me desvelo, yvenciendo perezas ygalbanas, corro áorillas del Betis, con anhelo, para cortar las rosas más galanas Cuando aún|están sus hojas temblorosas salpicadas de trémulo rocío, voy escogiendo aquellas más hermosas; y, ¡qué desorden el de tantas rosas bajando al fondo del sombrero mío! Con el sombrero lleno ygrandes prisas en busca de mi amada voy corriendo, yuna áuna le doy rosas, diciendo frases que son pagadas con sonrisas.
43 —¡Toma!, — yal par un beso;— ésta te la pondrás en tu cintura, que es todo mi embeleso, ymira que mi amor va en ella preso, yenfermo está mi amor de un mal sin cura. —Éstas,—ybeso al canto,— préndelas en tus trenzas; pero, advierte que el que te quiere tanto sufrirá, al verlas realzar tu encanto, fatiguitas de muerte. —Yésta,—la única roja,— de mi loca pasión es el emblema; colócala en tu sene; si te quema, es porque guarda, entre una yotra hoja, ruegos, quejas, suspiros... ¡un poema! Así cubro de rosas aquel talle donde juegan las Gracias, yasí envío ayes que evitan que mi pecho estalle, yevaporan las gotas de rocío que trajeron las flores desde el valle. Mas, ¡ay, mis rosas puras! ¡Cómo ignorar que al día venidero que sigue átal escena de venturas, marchitas yrevueltas con basuras, se las lleva en su carro el basurero!
¥^ ¥ -Y- ¥Y¥-YY- -YYYY<• +YY¥¥-Y -Y Y- ¥¥»¥¥¥¥¥¥¥¥ ¿Y si luego resulta que no lray cielo? ,(BARTRINA) Ya sé yo que tu orgullo es tan crecido, Que por tu orgullo sólo Despreciaras al mismo dios Cupido, Que con las formas plásticas de Apolo Te ofreciera un amor no bendecido. ¡Y haces bien, voto ámil! Una señora, Nieta ilustre de tanto ilustre abuelo, Debe parecer hielo, Aunque en sus venas cunda abrasadora La lava que conmueve al Mongibelo. Yaunque sienta bullir en su cabeza La tentación que hacia el abismo empuja, Con la atracción fatal de lo prohibido, Debe ocultar al mundo con firmeza
-50 - O El ansia eterna de gozar que estruja Su corazón en desigual latido. De aquí la hipocondría que te mata Ynace de una fuente: el egoísmo Que tiene por hermano el fanatismo Yla franqueza por rival innata. También sé que en la atmósfera sombría Que has ido en torno tuyo condensando Con olores de tumba ysacristía, Baja un rayo de luz de vez en cuando. Que átu alma altanera Descienden los efluvios tentadores Del tibio sol que rompe en primavera El botón de las flores; Yque sabes soñar charlas de amores Escuchadas en tiempo ya perdido Yllenas de incidentes seductores Que relegar no puedes al olvido. ¿Qué poderosas trabas Te privaron de goces conyugales? La pobreza del hombre áquien amabas, Las conveniencias rígidas sociales. Yhoy que, borrando locas ilusiones, Con otras ilusiones aún más locas, Por tu amado, ya de otra, te dislocas,
51 Alentando ese amor ¿qué te propones? Según tu confesor, Dios nos destina En otra vida la fruición divina De deseos acá no realizados; Yhaces bien en forjar sueños dorados Sin contar con la duda de Bartrina. Con la rodilla izquierda sobre el lecho ytocando la alfombra el pié derecho, la sorprendió el relámpago azulado, dejando en su semblante retratado todo el pavor que acongojó su pecho. Yo, que paso las horas vigilante al pié de la ventana de mi amante, bendije aquella luz inesperada que descubrió ámi atónita mirada sus tornátiles formas un instante. Otra vez la tiniebla me la roba yaun la luz del relámpago me arroba: yen tanto que ella fervorosa reza, yo pido áDios descargue en mi cabeza rayos que alumbren su celeste alcoba.
NOSTALGIA Aesta firme playa me arojó el naufragio, ybesé la arena cuando me vi salvo. Tras los angustiosos peligros pasados, bonancibles días para mí brillaron. Renació la calma; vientos perfumados orean mi frente, yme dan regalo apacibles bosques que encuentro al acaso, Mas ¿la vida es esto? ¿Cual arroyo manso se pasa la vida
53 sin gloria, sin algo que deje del hombre luminoso rastro. Amí, si recuerdo los tiempos pasados, me invaden nostalgias que me dán espanto. Una voz muy honda me grita áintervalos: “¡La calma atrofia! ¡se vive luchando! ¡Si se estanca el agua se corrompe al cabo! Yestoy por dar voces, ysalir buscando, cual los caballeros en siglos lejanos, luchas yemociones. ¡Armas ycaballo! p-
¡GENERAL! ¡Bravo, mi General! Asma yreüma yciertos alifafes que rae callo, botín de cien victorias, recogido en las lides de Amor, año tras año, yla atezada piel más que rugosa, yel vellón que os blanquea por mostacho, no os impiden poner los ojos niños con una terquedad que causa pasmo, en Lesbia, la muchacha pudibunda que aun no cumplió los diecinueve Mayos, en Lesbia, pobre, delicada, hermosa, que aprisiona su cuerpo, modelado al gusto de los griegos, en aéreo cendal, que siendo cual la espuma blanco, toma, al rozar desnudas morbideces, el matiz de la rosa nacarado.
Aunla sángrese enciende en vuestras venas yos doy el parabién; llámense áengaño aquellos que en el mundo gustan sólo de mortificaciones ytrabajos; los que ven un castigo en otra vida. ¡Vos nó, mi general! Con seco labio ycrispación de nervios, imploráis de la hermosa deidad lúbrico halago. ¿Lesbia no cede? La muchacha es lista, yaunque erigió en su pecho un santuario al Amor, cual lo pintan los poetas, ysueña con un mozo fino yguapo, ella ve que la vida es prosa pura yque es llave del mundo el oro mágico. Así finge rubores inocentes para irritar deseos excitados, ámodo del ladrón que se persigna antes del robo que inspiró el diablo. Pero ya os seguirá con sus desdenes al bosque umbrío do retoza Erato, yos podréis coronar de mirto yrosas. Engañando el placer en vuestros brazos, Lesbia verá cumplida su codicia: vos, tal vez, General, tengáis, en pago de una imprudencia, los funestos dones que reserva Afrodita al viejo sátiro.
ñVÜltfERñ ! Te casaste, Marcela, con Gil Rosas, áquien no profesabas otro afecto que el que engendra en mujeres vanidosas el oro, que hace al hombre más perfecto. Ydespreciaste ájuan, un pobre mozo que te hacía gemir enamorada, yque al verte casada, sintió en su corazón el alborozo de quien salvo se ve de una celada. Tú entonces no pudiste prever que era vivir con quien no quieres el suplicio más triste con que atormenta el diablo álas mujeres.
—G3 - Éignorando de Tántalo la historia, no vino átu memoria el perenne martirio que aporta presenciar dichas que brinda, áotra mujer más linda, el hombre que se adora con delirio. Hoy, que ya satisfecho con creces viste tu soberbio orgullo, arrancar quieres del hastiado pecho el vil corazón tuyo que la impotente envidia te ha deshecho. Hoy destrozan tus dientes con coraje el valioso encaje de la rica almohada de tu lecho, donde no has escuchado ese murmullo de amantes frases, de misterios llenas, interrumpido por el dulce beso que imprimen con extático embeleso labios de fuego en cutis de azucenas. Ycomo quieres ser esposa honrada, vives átu martirio condenada, maldiciendo la estúpida torpeza que te hizo posponer la dicha ansiada al mentido oropel de la riqueza. Mas si piensas que Dios, áquien provocas, ha de premiar tu conyugal pureza
G4 con el reino del cielo, te equivocas. Adúltera ideal, Dios es testigo de que goza tu mente con deleites que forjas en tu anhelo, yhas de llevar el infernal castigo de la mujer de Hutin, ófrancamente, no hay justicia en el cielo. EN Eíi MUEli DE ¡Abre paso, niña! ¡abre paso, alma! que llegan al muelle los pobres soldados que ála guerra marchan. Que ála guerra marchan tal vez para siempre; yaquí dejan novias quizás tan queridas como tú lo eres.
i¿. 0^0^0^¡0%0%k0^0^0%0^ Para el soberbio que al humilde ofende, tengo en mi corazón algo de piedra: si es fuerte yamenaza, no me arredra; ysi insulta, la sangre se me enciende. Odio feroz me inspira quien pretende dominar sin razón; odio, quien medra vejando al infeliz, como la hiedra que ahoga el tronco por el cual asciende. Así en estos mis bríos juveniles batallar suelen, con violencia insana, las protestas más bravas ycerriles. Pero te veo átí, morena mía, ypor ser tú despótica ytirana, bendigo con placer la tiranía.
Por árida planicie llena de abrojos, un tropel de mujeres va caminando, silenciosas ytristes, bajos los ojos, el semblante sereno, con pausa andando. Van descalzas, yvisten burdos sayales ytocas deslumbrantes por su blancura; yrevuelven miserias, llantos ymales, como quien busca perlas en la basura. Por opuestos caminos, otras mujeres como locas se agitan, dando álos vientos gritos en los que invocan queridos séres, yora son maldiciones, ora lamentos. Vuelven de Cuba aquéllas: en la batalla, dieron cura al herido yal muerto tierra: las otras... ¡en sus pechos la pena estalla,
67 porque lloran al hijo, que fué ála guerra! Mientras aquellas buscan el hogar frío, llevando álos que sufren la paz del fuerte, buscan éstas, yencuentran sólo el vacío, que ha dejado en sus almas pujos de muerte. Por fin, en el comedio de la llanura, frente áfrente se encuentra uno áotro bando, yaquéllas miran áéstas con gran dulzura, yéstas miran áaquéllas, siempre llorando. Yen tanto que con frases de un mismo cuño recomiendan las sores calma yconsuelo, - las madres verdaderas crispan el puño con aire de amenaza, mirando al cielo. EN EL PASEO Arturo.—¡El coche del duquecito Ernesto.— Y él guía; ¡soberbio tronco! Ambos.—¡Adiós, ilustre Faetontel El Duque.—¡Adiós, insigne fae... tontos!
¡MISERIAS! ¡Mariquilla, Mariquilla! ¡Ah, si te viera tu padre cruzar con ese desgarro ámedia noche la calle! ¡Ah, si tu padre te viera, Mariquilla de los Angeles, con arreboles postizos ymiradas fulminantes! Tu padre, pobre artesano, con más honradez que nadie, que en tí puso sus delicias: ¡él te criaba para ángel! ¿Quién te ha dado esos zarcillos, yese alfiler de brillantes, yese abanico de plumas, yese vaporoso traje? ¿De dónde sedas costosas? ¿de dónde ricos encajes,
G9 yzapatitos de raso, ymedias color de carne? Mal me huele, Mariquilla, esa estela tan suave del opoponax más fino, que va dejando tu talle. ¡Quién me diera, pobre niña! el verte cual eras antes, hermosa sin pretensiones, vistiendo pobres percales, con el rubor en la frente, la modestia en el semblante, picados los finos dedos por las agujas infames! Vuelve, vuelve, criatura, que todavía no es tarde, átus trabajos de obrera: vualve al puerto, frágil nave, primero que se avergüence de tal engendro tu padre, ese artesano muy pobre, pero honrado como nadie. —Mi padre consiente, lila. ¡Si quien me manda es mi padre porque lo estoy manteniendo de lo que pesco en la calle!
WffYY¥¥-YYYYYYYH-Y YYYY Y YYYYY* YYYYYY¥; jíirvcma Me siento en él umbral de mi cabaña, esperando áque pase la fortuna, yme pongo ásoñar, mientras la luna campos ymares adormidos baña. ¿Cómo habrá de venir? ¿Bajo la extraña visión de algún azar, ótras moruna forma de hada, rica cual ninguna, de henchido seno que el amor entraña?... ¡Oh, cuerpo mío, en la pereza, inerme! ¡Alma, que en sueños, languideces, yertal Mira que átu alredor no todo duerme, yhasta en el mar, tan sosegado ahora, yhasta en la noche, que parece muerta, la vida, que es Trabajo, se elabora.
Luz, aromas; la caída de una tarde deliciosa, yuna mujer muy hermosa con elegancia vestida. Rústico banco de piedra sirve ála dama de asiento, junto áun olmo corpulento yun enrejado de hiedra. Pura fuente cristalina salpica el menudo césped murmurando de algún huésped cuya visita -adivina. Crujen de pronto cien hojas que alguien muy cerquita huella: las mejillas de la bella, de blancas se vuelven rojas.
Todos los egoistas de la tierra* llevaron su hacecillo de sarmientos para engrosar así la horrible pira que había de tostar nuestros dos cuerpos. En las estrechas calles yen la plaza se agolpaba la gente para vernos, ámí, gozoso por llevarte al lado, yáti temblando bajo el duro peso de la vergüenza, que átu faz sacaba sus carmines más bellos. Desnuda, congojosa ysugestiva cual Friné ante los griegos, te pusieron al lado de este amante que, atado con crueldad áduro leño, renegaba de aquellas ligaduras, con las penas de Tántalo gimiendo. Yen tanto que las llamas de la hoguera estrechaban su cerco, ylos troncos crugían yatronaban los aullidos del pueblo, yo rompí mis cordeles yal fin hice de aquel lecho de brasas, nupcial lecho; yáti abrazado, niña, locamente, bendije tu suplicio ymis tormentos, cuando volaban nuestras almas libres ¡entre caricias, lágrimas ybesos!
®v^? (2?®) (2?®) (25®) Qazmoña Eres casada, Juana, yte sonrojas al leve asomo de carnal deseo, y, cual virgen castísima, te enojas si un momento te arrojas ágozar los placeres de Himeneo. ¡Mogigata! ¿tú piensas que los labios que besan con fruición un crucifijo, ylos ojos que creen no hacer agravios al pudor, contemplando con deleite las formas humanales del Dios Hijo, no ofenden áese Dios cuando se niegan ála satisfacción de un apetito que por ser natural, es más bendito que las aberraciones que te ciegan? Amargando tus goces con escrúpulos nimios que te asustan,
80 si riendas das ála pasión abyecta, piensas que tus acciones no se ajustan al ideal de la mujer perfecta; yen tu necia soberbia, desconoces que es sólo el egoísmo mezclado con gran dosis de cinismo, la virtud culminante de tu secta. ¿Tú por mujer cristiana pasar quieres? ¡Mujeres como tú no son mujeres! La menor exigencia de un esposo entusiasta se te antoja el pecado, que mancha la conciencia; una frase atrevida te acongoja, aunque sea dicha con ardiente acento en el recinto santo, impenetrable, del nupcial aposento, donde te juzgas de impudor culpable... ¡Ay de tí! Refrenando el placer tierno áque se ha de rendir feudo preciso, te has creado un infierno de lo que hacer pudiste un paraíso.
0% 0%0%9i1SiMiii iPIEDADI ¡Jesús, dulce Jesús! ¡Oh, qué tormento pone en tus ojos la angustiada muerte! ¡Cuál en tu rostro lívido se advierte la huella del horrible sufrimiento! ¡Jesús, dulce Jesús! Ya el movimiento de tu pecho cesó; ya se convierte la contracción en rigidez inerte, helado en tu garganta el ronco aliento. Yo soy nuevo Longinos que te niega, y, blandiendo feroz la impía lanza, demando luz para mi mente ciega. Tu redentora sangre no me alcanza... el milagro que espero, jamás llega... (...¡y se me va acabando la esperanza!)
GOIiHUPTA Ya álas ramas del árbol, los amores no trepan, cual solían, tan gallardo con su venda ysu aljaba; ni hieren ya sus dardos al corro juvenil, que entre las flores ála inocente danza se entregaba: que hoy llevan los despiertos cupidillos, ómanos pedigüeñas, óbolsillos. Locusta asalta al viajero inerme, yal brutal sensualismo lo encamina, guiándole al burdel, donde se aduerme sobre pingos del vicio, Mesalina. Perdió el misterio la sagrada selva cuya atracción mayor era el misterio; yVenus,—no la impúdica, la casta,
—83 - la que en Citares tuvo santuario,— en placer solitario endulza su forzoso cautiverio. De las brumas del Elba, de la región áRoma tan nefasta, no avanzará otra vez el aguerrido robusto enjambre que la vida lleva. Está el árbol podrido, yhoy, ¿de dónde sacar la savia nueva que vuelva al tronco su vigor perdido? AYES DEL ALMA Si por aquí pasara rozagante con la esbeltez de Hebe, vistiendo telas caras, elegante, graciosa, sensual, fina, incitante, los lábios rojos yla tez de nieve... ¡cobarde corazón! haz por seguirla, yten luego valor para pedirla... aquellos veinte duros que me debe.
Mes ydespués Tú encarnas la ilusión que perseguía mi corazón febril, máscara hermosa; tú, con tu cuerpo de arrogante diosa; tú, con tu distinción clásica, fria... ¡Quítate el antifaz!... Mi fantasía te soñó así: de nacarada rosa cutis ylabios: luz esplendorosa en los ojos, que ciega, que estravía. ¡Oh, ven acá!... La bestia te desea: pero te guarda el alma cien secretos de ternuras, de afanes, en sus bodas. ¡Tremole Amor su misteriosa tea. velando los rincones más discretos!!! ¡Vete!., ¡fuera de aquí!.. Por fin ¡cual todas!
J)e vuelta —¡Arrea, Diego! Tus ínulas mal han comido esta noche; si apenas anda este coche, que parece un carretón. ¡Dame el látigo!... Mis gritos tal vez les infundan fuerzas;... ¡Eh, Serrana!¡no te tuerzas! Voluntario, ¡voto áBriós! ¡Arre, Calesera! ¡Más coraje, Chival que allá abajito me espera la mujer que me cautiva. Diez años hace ya, Diego, que no visito la tierra que los recuerdos encierra
8G de mi feliz juventud; mira si tendré ya ganas de ver aquel campanario... ¿Qué sucede, Voluntario? Serrana,¡por Belcebúi ¡Arre, Calesera! ¡más coraje, Chiva! que allá abajito me espera la mujer que me cautiva. ¡Cuál se ensanchan los pulmones al aspirar este ambiente! ¡Ay! con el gozo que siente mi corazón, va áestallar: Mira, Diego, los trigales agitados por la brisa... ¡Voluntario,más aprisa! Serrana,¿vamos allá? /Arre, Calesera! ¡más coraje, Chiva! que allá abajito me espera la mujer que me cautiva. Cada rincón, cada mata, con un recuerdo me arredra; mira allí la cruz de piedra, la fuente en el valle aquel; allá el castillo arruinado;
87 más lejos, mi humilde casa... Voluntario,¿qué te pasa? ¿Tropiezas?... Por vida de... ¡Arre, Calesera! ¡más coraje, Chiva! que allá abajito me espera la mujer que me cautiva. Aquellas blancas paredes, ¿no son las del Cementerio? ¡Oh, qué imponente yqué serio el campo de la Verdad! Allí el cuerpo de mi madre halló reducido espacio... Diego lleva más despacio... tus muías: ¡quiero rezar!... ¡Para, Calesera ! ¡más despacio, Chiva ! ¡y que espere, si es que espera, la mujer que me cautiva!
94 con impudez manifiesta, entrando ála luz del día en casas de vil ralea? Ya cuentas en este mundo inviernos por primaveras, ¿y has de llevar la batuta en escandalosas juergas, con mujeres que te limpian el bolsillo yla vergüenza? Tú te pierdes, Juan Ramírez, ypara que no te pierdas, te voy ádar los consejos que me dicta mi experiencia. Sigue el camino trillado que te trazó tu soberbia; ilusiona, sí, áese mundo que se paga de apariencias. Muchos golpes en el pecho, ylos vicios bajo cuerda, yála vejez no abandones los hábitos de prudencia, que temo que te conozcan si te aflojas la careta.
SORPRESA DE OTOÑO ..‘.¡Y por tumba el baúl!... ¡Ah, mi ropilla! ¡trajecito de invierno, traje mío! ¿por qué te abandoné todo un estío, existiendo en el mundo la polilla? Precoces agujeros, con mancilla te abrió en los poros mi destino impío, que zaranda te vuelve cuando el frío saluda ya con su primer cosquilla. ¡Adiós, por siempre, pantalón cuitado; yadiós, chaquet, que antaño te arrugaste ála presión de un brazo torneado! ¡Y adiós, tú, miserable chalequillo, que en toda tu existencia na lograste ni un duro de una vez en el bolsillo!
ALGUNAS PALABRAS Señora Crítica: Con poquísimo trabajo, encontrará V., en las precedentes composiciones, versos flojos, versos duros, consonantes engañosos, asonancias, ripios, etc., etc. Señora Crítica: No pretendo escalar la cumbre del Parnaso: si colecciono estas poesías, es, principalmente,por darme el gustazo de no morirme sin ver mi nombre impreso en la cubierta de un libro mío;y, después, porque yendo ya para viejo, me place ahora que lleguen ámí estos desahogos de mi juventud. Es como si en la casa vetusta se abriese una ventana para dar paso, al aliento de la Primavera. Sea V. benévola, señora Crítica, yayúdeme á agotar la edición del presente librito. He dicho.