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'Pájaros en vuelo a Simorg', transferencias y metamorfosis textual en un relato de Juan Goyrisolo: <<Las virtudes del pájaro>>.

Ruíz Lagos, Manuel

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CAUCE, Revista de Filología y su Didáctica, n.° 11, 1988 / pgs. 45 - 104 PÁJAROS EN VUELO A SIMORG TRANSFERENCIAS Y METAMORFOSIS TEXTUAL EN UN RELATO DE JUAN GOYTISOLO: «LAS VIRTUDES DEL PAJARO SOLITARIO» MANUEL RUIZ LAGOS * Universidad de Sevilla "El ojo del sentido externo es como la palma de la mano, la totalidad del objeto no se puede asir con la palma. El mar en sí es una cosa, la espuma otra; deja la espuma, y mira el mar con tus ojos." Jalalud-Din Rumi. La aparición, que no otra cosa —y damos al vocablo toda su significación clásica de «manifestación»—, del último relato poemático de Juan Goytisolo —Las virtudes del pájaro solitario— sorprende a cierta crítica y, a su vez, por reflejo mimético, tiende a crear un estado de opinión inquieto en cierto lector que cuestiona la viabilidad de dicho discurso en un momento literario como el actual. El fenómeno parece natural y coherente porque la aparente polémica la engendra el propio discurso en sí, creado desde una perspectiva de literariedad y crítica literaria. Este nuevo texto supone —sin duda— el producto más elaborado de su creador y un esfuerzo ingente para hacer de la literatura una unidad autónoma, con vida por sí misma, generándose sobre sus propias palabras y transfiriendo en ellas la convergencia personal que el narrautor asume de su propia experiencia como ser humano, lector y escritor. Algo complejo, simbiótico, integrador, experiencia totalizadora, nada más lejano a un «experimento de discurso». Tradicionalmente, todo nuevo discurso de Goytisolo se concibe, —según le gusta decir—, como «un campo de maniobras», una página en blanco sobre la que se realiza una nueva experimentación que —a su vez— desarrolla una elaborada teoría literaria. En este sentido, desde Señas de identidad hasta hoy nos encontramos con una serie de materialidades literarias que encadenan procesos automáticos, existiendo entre ellos la natural unidad y la consiguiente metamorfosis. Pero, en cualquier caso, y —aun Dr. Catedrático de Literatura de la Escuela Universitaria de Magisterio de Sevilla. 45 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... cuando este fenómeno pueda escapar a quien no esté iniciado en el juego— la anterior creación, —los textos precedentes de años previos—, recobran autonomía y presencia de tal foma que se convierten en algo parecido a «personajes en busca de su autor», están y estarán presentes porque viven dentro del discurso unitario del autor. Hace unos años, en una famosa entrevista realizada por Julio Ortega1, Goytisolo hablaba de posibilidades imprevisibles o «proliferantes» en el diseño de la arquitectura del libro y —ciertamente— al asumir tal palabra aportaba una de las claves fundamentales de su proyecto literario. La unidad totalizadora de su discurso global, en especial desde Señas de identidad, se asemeja a una estructura de caja china en la que cada pieza superpuesta se separara milimétricamente de la inmediata anterior. Su margen de originalidad resulta siempre sorprendente y ese «más difícil» todavía surge inesperadamente. Esta actitud que él mismo subrayó como «suicida» o «harakiri de posibilidades expresivas», responde a una dura exigencia ética y estética: «en la que el escritor se encuentra en un callejón sin salida y no puede hacer otra cosa que darse de cabeza contra el muro o bien saltar por encima de él con el riesgo de romperse igualmente la crisma»2. Sobre el presupuesto de favorecer: «una lectura crítica a nivel de texto en sí y sus relaciones con el Corpus literario de la lengua», la utilización de una intertextualidad, realizada sobre el pat-rimonio literario español e, incluso, ajeno al mismo, aboca a una serie de implicaciones de exclusivo orden literario-cultural: el discurso de Goytisolo se mueve con exquisita preferencia en el único espacio creado por la propia literatura. La naturaleza, pues, o materialidad de dicho discurso tiende a imbricarse en el propio «discurso literario hispano» o, como dijo a propósito de la elaboración de Don Julián: «...la lista de plagios que figura al final del libro puede resolver para el erudito el problema de las fuentes; pero el problema real no es un problema de fuentes sino el de las funciones que les atribuyo, el empleo libérrimo que hago de ellas. Mi enfoque me permite entablar un diálogo intertextual con autores que admiro o parodiar e infectar el estilo de quienes me parecen poco respetables... Este nomadismo intelectual o trashumancia de ideas me emparenta sin duda con la nueva narrativa hispanoamericana, mucho más libre que la española en sus relaciones con el pasado...»3. La asunción del patrimonio textual, —que se materializa en un supraespacio mental—, se lleva a cabo ante una exigencia totalizadora del arte que «refleje la situa1. J. Goytisolo, «Entrevista» de Julio Ortega, en Disidencias, pág. 289 ss. Barcelona, 1977. 2. J. Goytisolo, entrevista cit. pág. 318. «La lucha creativa entre el crítico que practica la ficción y el novelista que teoriza no coinciden». Esta frase admonitoria de Goytisolo nos permitirá liberarnos, como lectores, y sólo guiarnos en el análisis por el texto que se ofrece. En cualquier caso, la dualidad creador-teórico de la literatura será un problema latente y ya planteado por el autor dialécticamente en: «El novelista: ¿crítico practicante o teorizador de fortuna?, en Contracorrientes, págs. 49-59, Barcelona, 1985. 3. J. Goytisolo, entrevista cit. pág. 293. 46 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... ción del hombre del siglo XX enfrentado a una herencia cultural de decenas de siglos, obligado a tener en cuenta la existencia e influjo de ese musée imaginaire de que habla Malraux»4. La unidad, aparentemente fragmentaria del discurso total de Goytisolo —al menos desde Señas de identidad hasta hoy—, en su día, exigirá replantearse la hipótesis de un análisis de texto macroestructural, totalizador, requerirá diseccionar una saga/corpus literario que inició un proceso no detenido y que, en ocasiones, vuelve sobre sí mismo. La autonomía de su personal discurso previo comienza a presentarse como reelaboración intertextual propia, lo cual no es sorprendente si recordamos que la actitud del escritor —evito decir novelista— es esencialmente poética. La realidad poemática del macrotexto de Goytisolo se repite, igualmente, en el relato unitario en donde «el paralelismo repetitivo intratextual» —tal como señala J. M. Martín— «confiere a la novela un estatuto semiótico especial. El paralelismo repetitivo intratextual tendría la misma función que en poesía tienen las series homonímicas, o sea, la de poner en relación dos episodios por el parecido de sus significantes, logrando que el área común de estos últimos agote todas sus posibilidades significativas en su actualización en dos o más contextos diferentes...»5. Se detecta u observa, ante una relectura comparada, el mismo fenómeno que señaló Emir Rodríguez Monegal sobre Severo Sarduy: «no hay tales metamorfosis del protagonista o de sus acólitos, hay sólo metamorfosis del texto: un texto que se vuelve sobre sí mismo (como una cobra) para citarse, parodiarse, criticarse, morderse la cola, formando una estructura perfectamente circular en cuyo centro sólo es advertible la ausencia de sujeto. Las máscaras de que se vale el protagonista... son apenas eso: representación de una representación que sólo existe a nivel de discurso»6. Esta autonomía discursiva, transformada ya en corpus literario, es la que obliga al propio escritor a glosara otros o a sí mismo, una metamorfosis textual a la que bien podríamos denominar glosarismo generativo, mudejarismo constructivo. €1 texto existe, uno y vario, propio o ajeno, su realidad en el dato de conciencia es tan constatable —sea verosímil o inverosímil— como cualquier otro objeto material, es cuestión de tomarlo y de usarlo con una determinada función. Este ejercicio de interiorización del patrimonio del corpus literario es —ciertamente— una reivindicación de la literatura como núcleo generativo de realidad, actitudes y mentalidades, pero exige, sin duda, por parte del lector/relector la decisión de compartir el hábil ejercicio intelectual, someterse a una disciplina de búsqueda, participación o complicidad con el autor. De este modo, la literatura deja de ser espacio ajeno, distante, 4. J. Goytisolo, entrevista cit. pág. 292. 5. J. M. Martín, «Construcción poética de la destrucción», Anthropos, págs. 75-80, núm. 60-61, 1986. 6. E. Rodríguez Monegal, «La metamorfosis del texto», en Severo Sarduy, Fundamentos, Madrid, 1976. Cit. por J. Goytisolo, «El lenguaje del cuerpo» en Disidencias, pág. 189. 47 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... para transmutarse en territorio recreativo donde, incluso, el reducto de misterio que el texto pueda esconder en sí provoca infinitas posibilidades de comprensión y lectura que ya no son exclusivas de su creador. Como acertadamente ha escrito J. M. Martín: «...Los textos, siendo involucrados en la narración, están adquiriendo un estatuto de realidad que los acerca más a la materialidad de un objeto cualquiera que a la convencionalidad de la ficción. Se les extrae del contexto literario, social, histórico, etc., en que surgieron, de manera que privados del marco que los incluye en la esfera de lo ficticio, hemos de verlos como si se trataran de objetos reales. Lo real, según Lacan7, es todo aquello con lo que tenemos un contacto directo sin la mediación de las coordenadas espaciotemporales; en nuestro caso serían las coordenadas contextúales. De hecho, la sensación que suscitan en el lector estos textos descontextualizados, faltos del marco de sus coordenadas e insertos sin más en el relato, es la de hallarse ante una técnica de collage, ante un objeto semiótico hecho de objetos que de por sí ya tenían una existencia antes de su reutilización y que comunican a la estructura general de la obra su propio estatuto de realidad de ser lo real...»8. Sin embargo, como «toda obra literaria obedece en principio a dos coordenadas: la de la realidad histórico-social en que surge y la de las leyes evolutivas de su propio género»9, la objetivación de un corpus textual elegido por parte del escritor, en este caso Juan Goytisolo, da lugar a una respuesta literaria a la que denominaremos transferencia textual. La «apropiación», por ejemplo, del discurso de Blanco White, su interiorización, tal como aparecerá en Las virtudes del pájaro solitario, es reconocida como caso paradigmático por el propio autor: «...La única literatura que me interesa actualmente —escribe— es la que se sitúa fuera de las etiquetas de novela, ensayo, poema, etc. Al redactar mi trabajo sobre Blanco White he trazado, por ejemplo, una especie de autobiografía, me he apropiado de él, lo he fundido en mi propio mito... mi parentesco con éste es posible porque nuestra relación con España es idéntica...»10. El fenómeno, por supuesto, no es aislado y otros casos comentados, como las transferencias textuales de Ibn Turmeda, Ch. de Foucauld, T. E. Lawrence en la elaboración de Juan sin Tierra o las anteriores de Fr. Luis, Lope o Cervantes en Don Julián o, incluso, las de Pope en Makbara reafirmarían la tesis11. Sin embargo, convendría hacer una pequeña clarificación y distinción. No siempre la transferencia textual supone, a su vez, una transferencia de identidad o de comportamiento. La correlación y semejanza entre la textuaiidad y el comportamiento ocurren 7. J. Lacan, «Fonction et champ de la parole et du langage en psychanalyse», en Ecrlts, págs. 237-323, París, 1966. 8. J. M. Martin, art. cit. págs. 75-80. 9. J. Goytisolo, «La novela española contemporánea», en Disidencias, ed. clt. pág. 164. 10. J. Goytlsolo, entrevista cit. págs. 295-96. 11. J. Lázaro, La novela de Juan Goytlsolo, pág. 198 y ss. Madrid, 1984. 48 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... cuando la identificación del autor asume la palabra y la actitud moral del precedente hecho/persona literarios, tal como sucede en el caso emblemático de Blanco. En otras circunstancias, el texto puede ser —como le agrada decir— «sodomizado», travestido, o vuelto del revés como un calcetín. La postura de sátira, ironía o sarcasmo adoptaría, sin duda, esta reconversión de la transferencia textual. A veces, el proceso de creación puede complicarse más. Esto ocurre cuando al material exclusivamente literario se le añade la transferencia ¡cónica. En otra ocasión señalábamos a esta última como soporte creacional del recuerdo, imágenes perdurables, impresoras de mentalidades y comportamientos. La transferencia ¡cónica asume materiales de lo vivido real y de lo vivido ficticio, tal como puede suceder con la vivencia motivadora de secuencias cinematográficas que se fijan en el espacio cultural-literario del autor con la misma fuerza que la presencia de un clásico12. Se suele olvidar con frecuencia la relación de intimidad que Goytisolo —quizás calladamente— ha mantenido con el universo de la cinematografía: «...Un relato destinado en sus orígenes a servir de base al futuro guión de una película protagonizada por Lucía Bosé que por diversas razones no llegó a realizarse... un guión cinematográfico para ICAIC cubano... la proyección de un documental de Paolo Brunatto y J. Esteba Grewe que servía de ilustración a la edición italiana de Campos de Níjar...»13, o el actual rodaje para televisión de una serie sobre la cultura islámica, son indicios muy claros de la incorporación de este otro espacio al discurso goytisoiiano. «...Yo mismo —dirá—, aunque mi formación sea mucho más literaria que cinematográfica, he incluido en el repertorio de referencias culturales de mis últimos libros algunas películas... la relación intertextual no se limita a la literatura, es mucho más amplia: el mundo de los clásicos es sustituido por el cine...»14. Y es que, sin duda, se omite decir que Goytisolo se siente a sí mismo como un contemplador, básica actitud de la que se genera su especial arte literario. Del mismo modo que la transferencia textual da lugar a una metamorfosis del texto —proceso de glosarismo generador—, similar circunstancia ocurre cuando se desarrollan imágenes, transferencias ¡cónicas, provocándose —entonces— una metamorfosis ¡cónica: «...En Juan sin Tierra —dirá— las referencias cinematográficas desempeñan un papel muy importante en la medida en que el tú interpelado se confunde sucesivamente con los protagonistas de King-Kong, Locura de amor y Lawrence de Arabia. Y, por cierto, al atravesar el territorio sirio, Lawrence sueña en el personaje del Estilista que Buñuel retrató en Simón del desierto...»15. 12. M. Ruiz Lagos, La atracción del Sur. Estudios literarios sobre Juan Goytisolo, Universidad de Sevilla, 1988. 13. J. Goytisolo, entrevista oit. págs. 342-43. 14. J. Goytisolo, entrevista cit. págs. 314-25. 15. J. Goytisolo, entrevista cit. pág. 325. 49 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... La complejidad de la combinatoria goytisoliana obliga —como dice J. García Gabaldón— «a la ¡dea de la escritura en palimpsesto, como estrategia fundamental dei texto» y «exige una lectura en palimpsesto, un lector activo y atento, dispuesto a descifrar las reglas del juego propuesto, a dejarse llevar por la lectura, suspender la noción de realidad, dejarse invadir por la ficción y penetrar en el mundo de la fantasía propuesto por Goytisolo...»16. A la hora de tratar de interpretar esta teorética que crea una nueva dinámica circular dis/contra/curso literario, uno se siente tentado, para fundamentar tal ciencia, a recurrir —de nuevo—, para profundizar en los conceptos de transferencia y metamorfosis textual (glosarismo generativo) a una más correcta interpretación del concepto de mimesis. ¿Cabría decir aquí que toda transferencia, en especial las textuales e ¡cónicas, se alejarían de la idea de imitación generalizada y se inclinarían por la noción de representación concentrada o comprehensiva? Un lúcido trabajo de A. Díaz-Tejera17 sobre la precisión del concepto de mimesis en Aristóteles, quizás nos pudiera ayudar a la hora de desentrañar el complejo entramado —mudejarismo constructivo— de Goytisolo. A partir de tales supuestos, las transferencias en cuanto imitación «volverían a producir —representación— artísticamente, mediante el lenguaje y el ritmo», y lo harían de un modo comprehensivo, con una gran dosis de abstracción y tendencia a lo universal, «recortando y seleccionando» la cadena fluida del acontecer humano. La autonomía del corpus literario se convertiría así en una naturaleza paralela, cultural, posible de ser imitada, de tal forma que —siguiendo la norma aristotélica— el imitador-transferente cumpliría fielmente el precepto clásico incluido en La Política: «los que imitan, imitan hombres que actúan». En este sentido, tal como argumenta J. M. Martín: «...La imitación de la realidad ha sido considerada siempre como el principio básico de la novela realista, ya que de su puesta en práctica se deduce un coherente sentido de verosimilitud. Todo ello se asienta sobre la falacia de que los textos así producidos estén revestidos de la motivación externa, paradigmática, de ser reflejo fiel de las cosas, cuando la verdad es que la única motivación que la aplicación del mencionado concepto confiere a los textos es la interna al género, la propia de su peculiar código de verosimilitud. He llegado a este planteamiento a través de la constatación del hecho de que el principio de imitar la realidad puede ser la clave tanto del código realista, llamémosle así, como del fenómeno intertextual, basado contrariamente al otro, en la imitación de un hecho ficticio... Esto quiere decir que toda novela entre cuyos planteamientos generativos figure el citado fenómeno, es una no16. J. García Gabaldón, «El futuro ya existe», en Quimera n? 73 págs. 52-53. 17. A. Díaz-Tejera, «Precisión al concepto de mimesis en Aristóteles», Serta Phllologlca, Vol. Colectivo, págs. 18081. Madrid, 1983. 50 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... vela que trata de entenderse a sí misma, por medio de su acercamiento a la explicación del hecho literario, de la literariedad..,»18. Y claro es que —desde una perspectiva intertextual— ¿quién podría decir —en el caso concreto de San Juan de la Cruz, objeto de Las virtudes del pájaro solitario— en dónde está el hombre, si en su historicidad o en su palabra viva? Se asume el verbo pues es el que «existió en el principio». La metaforización de «comer la palabra», devorar el libro, ante la apremiante persecución o ante la necesidad de encontrarse, se convertiría así en la tesis fundamental de Las virtudes del pájaro solitario. La destrucción que de su propio Tratado: «rasgando papeles, comiéndose unos y haciendo desaparecer otros»—19 realizó San Juan ante la persecución de los Calzados, se metaforiza en la interiorización de su palabra, aniquilación y recreación de un nuevo «tratado» en Juan Goytisolo. Sería ésta una auténtica transferencia textual y moral. El Fr. Juan del pájaro solitario, reconvertido en el narrautor, se pregunta agobiado: «¿habían recuperado y recompuesto en tu casita dé la Encarnación los fragmentos del Tratado de las propiedades del pájaro solitario que no tuviste tiempo de engullir y te limitaste a rasgar, para desperdigarlos en menudos pedazos?»20. El paralelismo simbólico con la transferencia textual bíblica e ¡cónica del séptimo Ángel del Apocalipsis —del otro San Juan Evangelista— explicaría, definitivamente, la profunda significación que da Goytisolo al libro «generado» o «recreado»: «Fuíme hacia el ángel diciendo que me diese el librito. El me respondió: Toma y cómelo, y amargará tu vientre, mas en tu boca será dulce como la miel. Tomé el librito de mano del ángel y me puse a comerlo, y era en mi boca como miel dulce; pero cuando lo hube comido sentí amargadas mis entrañas...»21. De esta forma, el concepto de transferencia fija los límites de la propia literariedad. Mimesis o comprehensión, metamorfosis o glosario, la asunción de una estética sugiere una ética que identifica al escritor con una más universal posición ante la vida, sin atenerse a ninguna temporalidad, haciendo norma de una total acroma que le sumerge en su realidad. El final del texto es revelador. Con la hiél en los labios, el Fr. Juan auténtico y el recreado: «sólo tuvo tiempo de copiar aprisa sus versos 18. J. M. Martin, art. cit. pág. 80. 19. Crisógono de Jesús, Vida de San Juan de la Cruz, pág. 142, Madrid, 1982. 20. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, pág. 86, Ed. Seix Barral, Biblioteca Breve, Barcelona, 1987. 21. S.Juan, Apocalipsis, 10/9.10. Sagrada Biblia, Ed. E. Nácar, A. Colunga, Madrid, 1960. Una referencia semejante, a propósito del relato Paisajes, se incluye en el ensayo de Annie Perrin, «El Apocalipsis según Juan», en Anthropos, págs. 68-74, núm. 60-61, 1986. 51 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... en soledad vivía y en soledad ha puesto ya su nido y en soledad la guía a solas su querido también en soledad de amor herido antes de volar con las demás aves y cerrar definitivamente las páginas del libro ya compuesto...»22. PARA UNA HUIDIZA TEORÍA DEL AGOBIO El narrautor siempre echa mano de una buena teoría. A veces, decide caminar al centro del universo mundo, recordando en el itinerario de las calles de la medina la nómina del nomenclátor de los horrores de la humanidad y, otras, se contenta gozoso con hacer camino al andar. Pero tantas disyuntivas obligadas terminan por demostrar que pocas veces descubre dónde ha de reposar o alojarse y, entonces, le queda la opción de volar, lo cual no significa que esté a salvo del peligro porque —en cualquier momento— la flecha puede darle alcance. Todo no es sino huir del agobio. Se repite el filme, se transmutan y transfieren personas y sucesos y viene a suceder que todas las historias —reales o inverosímiles— son como gotas de agua, vista una, se puede uno imaginar el mar. Únicamente, propietario de un espacio y —quizás— de un tiempo, recobra una realidad que le llegó tal cual y, en el deseo de comprenderla, se pregunta por su secreto legado. En el peor de los casos, inventa o recurre a la memoria para sentirse seguro y ella —«madre de las Musas»— se funde en una especie de espejo «en el que el juicio —su riguroso hermano, que diría Thomas Hobbes— se dedica a un grave y exhaustivo examen de todas las partes de la Naturaleza y a dar a conocer mediante las Letras su orden, causas, usos, diferencias y semejanzas... a efectuar un viaje no muy largo, puesto que a sí misma se recorre...» «...El recuerdo de un recuerdo de un recuerdo, ¿es todavía recuerdo? —se pregunta Goytisolo—. Enterrado en los estratos más profundos del olvido, ¿cómo y por qué medios ha logrado abrirse paso a la luz e imponer una imagen dudosa a través de filtros, embudos, acumulaciones de material muerto, mecanismos mentales dormidos e inertes, todo ese magma viscoso y oscuro en el que nuestra lábil memoria infantil parece enviscarse y se borra definitivamente...»23. 22. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit. pág. 170. 23. J. Goytisolo, «El Contemplador», Culturas, XI, Diario 16,15/3/1987. 52 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... Y, entonces, ocurre que cuando quiere contar una verdad todo aparece «como en un sueño dentro de un sueño dentro de un sueño»24, a pesar de que «la sorda marea de voces» pugne por fijarnos radicalmente en otra realidad. Experiencia huidiza del agobio la que narra Goytisolo en Las virtudes del pájaro solitario, discurso literario reiterado de una historia personal medio velada en Señas de identidad, descubierta en Juan sin Tierra, travestida en Paisajes después de la batalla, poetizada en Makbara y, ahora, narrada ¡n vitro, cultivada en la atmósfera aséptica del laboratorio, aislada en la campana de cristal, provocando sensaciones olfativas de alcohol y yodo, presta a ser liofilizada, detenida e inquietante como pintura del Bosco, simulación escénica en múltiple espacio acrónico en donde conviven los agobios de la era renacentista, cuando Aldonza, la lozana andaluza, volaba a la ínsula de Lípari y las inquietantes miasmas del asfixiante balneario de la lejana Crimea —habitáculo, celda/célula capsulada—; donde Juan de la Cruz o Juan Goytisolo pugnan por encontrar su reino interior. Volar hacia Simorg, superar la angustia del vacío, del reino del amor y muerte en el que la vieja dama, la sembradora de cizaña, cobra su inexorable estipendio. Hoy es ayer y siempre igual. Liberarse o iluminarse, aceptar la ortodoxia o prostituirse en la marginación, elegir el improperio del malamati o la aparente victoria. Observar como niño, en el jardín de las delicias, a Doña Urraca o a Don Blas; ser un tránsfuga en el espacio inverosímil de la lozana andaluza; sufrir la caída —la presentida en los viejos libros de añejas lecturas—, pulsar la escoria magmática del centro advertido y posarse —finalmente—, «sicut paser solitarius in tecto»25, de cara al céfiro, «siempre vuelto el pico donde viene el aire... hacia donde viene el espíritu de amor»26. Sumar, definitivamente, vida y escritura, buscar los orígenes de una realidad presentida y realizar «el más difícil todavía» de una nueva experiencia; glosar en un texto único los anteriores, hacer de todo lo escrito uno solo y singular libro, refundir la memoria escrita en una última palabra que, cual testamento, anule la voluntad anterior y fije, en el tiempo, por encima de todos los discursos, un solo argumento. METAMORFOSIS TEXTUAL O GLOSARISMO GENERATIVO Aun cuando el texto de Goytisolo se sumerja en las interferencias de espacios temporales distantes —fundidos en absoluta acronía— por la transposición de la realidad y el ensueño, el centro nómada de la argumentación —referente móvil del lector— se sitúa en la exposición autobiográfica de su propio descubrimiento. 24. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. clt. pág. 77. 25. David, Salmo, 102 (V. 101.8), Sagrada Biblia, ed. cit. pág. 650. 26. S. Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, Ed. L. Ruano de la Iglesia, Canc. 13-14.24, pág. 487, Madrid, 1982. 53 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... cuanto tiempo falta para que te extingas tú tu rebeldía desemboca aquí tu rebeldía morirá contigo...»40. La puesta en escena del suicidio del tío Néstor refiere, fielmente, imágenes y espacios —que* nos hemos permitido subrayar— evocados en el balneario de Crimea de la nueva novela. Se repiten las balconadas, un mar plácido —casi lago suizo—, jardinería y atrezzo decadente, arquitectura efímera y artificial, sol otoñal y gélido que más parece cartón de decorado que triste realidad, perennes hortensias reales que renacen o se marchitan simbólicamente. La fusión de persistentes espacios vividos cristaliza en el relato a través del insomnio y metamorfosis onírica del recreado personaje del joven señor mayor. Hay, sin embargo, una marcada diferencia en el desenlace de la historia que se ofrece en Las virtudes del pájaro solitario. La constante preocupación de un final destructivo y demoledor que subyace en el término del fabulado relato del tío Néstor —alter ego del escritor—, aquí se libera en el descubrimiento del sendero sufí. El pájaro solitario, unido a otros, inicia su vuelo por los valles de Ibn-AI-Farid hacia las maravillosas moradas donde habita Simorg, simbólico y alternativo territorio donde es posible encontrarse a sí mismo. La recuperación de la imagen familiar de su tío abuelo Ramón Vives Pastor figura como una causa expiatoria en sus textos autobiográficos y aun cuando gravitaba, como hemos visto, en Señas de identidad —ahora—, refuerza su presencia con un singular homenaje. Esta clara conciencia y voluntad reivindicativa aparecen recogidas en el relato de Coto vedado: «...La obra y memoria de Ramón Vives —dice— sufrieron un daño irreparable en aquella atmósfera familiar traumatizada por el desastre de la guerra en unos años de vertical saludo e imperial lenguaje, apego a las normas religiosas y esencias perennes, chivo expiatorio de unas circunstancias en las que su simple mención resultaba molesta y las abandonaba inermes al capricho de un niño lego e irresponsable. La desdichada contribución mía a su segunda muerte me abruma hoy de sonrojo y tristeza... Los escasos elementos de que dispongo para configurar su historia y carácter lo convierten en uno de los raros antecesores que intuyo próximos y con quienes siento una afinidad moral más allá de los impuestos y aleatorios lazos de sangre, afinidad teñida, en su caso, de remordimiento y melancolía. La palabra anulada y hecha trizas por m( siendo niño me ha contaminado tal vez sin saberlo para brotar insidiosa en cuanto he escrito y escribo. Sea cierta o no, la idea de esa posible transmigración me consuela de mi acto irreparable, transmutándolo sutilmente si no en una palingenesia, en una forma discreta de sobrevida...»41. Aunque para nosotros es contundente este caso de retractatio literaria, familiar, 40. J. Goytisolo, Señas de Identidad, ed. oit. págs. 345-49. 41. J. Goytisolo, Coto vedado, ed. cit. págs. 32-33. 60 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... emocional y política, Goytisolo ha querido preservar —con su habitual recato— la propia Identidad fabulada de su creación literaria: «El narrador —dice— Identificado con San Juan, se identifica también con ese sefior mayor que ha estado encerrado en el infierno, que ha tenido acceso al Infierno de una biblioteca en un momento de intensa persecución Ideológica. Se puede suponer que este señor mayor ha vivido una experiencia paralela a la experiencia de San Juan vivida por el narrador. Ha buscado un camino alejado de la ideología oficial, ha querido aplicar a su manera una serie de principios y ha chocado con la incomprensión de sus correligionarios y luego con la gente que los fusila, que en este caso son los franquistas en la guerra civil...»42. SI la traslación figurativa o glosa de la imagen de su antecesor parece en algún momento dif uminarse en sus contornos, el fenómeno ocurre porque —a nuestro juicio— en la recreación novelada Interfiere un fundido de otro personaje similar —evocado en su viaje a la URSS— y que al situarse —históricamente— en el famoso balneario de Crimea, ahora, tenia necesariamente que aparecer. De él se habla asi En ios reinos de taifa: «Un hombre de aspecto ameno y distinguido, tocado con un panamá y vestido sencillamente de blanco, viene del brazo de su esposa en sentido opuesto y, al cruzarse con nosotros, saluda con una breve inclinación de cabeza. Su talante y modales discretos —en los antfpodas de los de los demás huéspedes de la residencia— intrigan y avivan nuestra curiosidad. Al reunimos con Vidas, nos enteramos de que se trata de un conocido traductor del francés y castellano, entre cuyas versiones figuran nada menos que el Quijote y la obra de Rebeláis... El día en que alguien mencione en Moscú su pasado encarcelamiento por Stalin aclararemos al fin los motivos de la cautela...»43. Curiosamente, al evitar el nombre de esta singular persona en la autobiografía, Goytisolo nos va a provocar la duda de su verídica identidad. ¿Existió en realidad? ¿Adelantó —premonitoriamente— su existencia fundiéndolo en la imagen de su ascendiente reivindicado? En cualquier caso, técnicamente, al glosar la memoria del pasado, se impone la verosimilitud literaria en la creación por encima del mero dato biológico o realista. A la hora de valorar la recurrencia textual del autor, exorcizador de su y nuestro pasado histórico —plasmado en estos personajes que le son entrañables y en otros a los que detesta, como Don Blas o Dona Urraca—, no procede, pues, como algún crítico ha señalado —pensamos que muy discutiblemente—, en «saber si la mitología hispánica aquí puesta en solfa nuevamente continúa teniendo vigencia en los actuales tramos del desa42. J. Goytisolo, «Regreso al origen», declaraciones recogidas por M. Riera, en Quimera, 73; pág. 40, Barcelona, 1988. 43. J. Goytisolo, En los reinos da taifa, ed. clt. págs. 280-1. 61 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... nono capitalista. Dicho en otros términos, si conserva, más allá de pintoresquismos aislados, su valor de superestructura de un conjunto de Intereses o si, por el contrario, ha dejado de tener vigencia y no pasa de ser un mero tópico. La segunda cuestión estriba en considerar si el centrifugado de la materia narrativa y la Iteración manierista del estilo son estéticamente eficaces»44. Situarse en esta perspectiva —legitima, por supuesto— supone discutir o desconocer la posicionalidad que el propio autor ha elegido y que se entiende en la asunción dialéctica de un pasado vivido y recreado y en una estética genetiana de «maldita» provocación. Si no advertimos al lector de la función que aquí desempeña una particular concepción teorética del arte, tal como hicimos al principio, incurriríamos en un pecado de inadvertencia. Recientemente, declaraba el propio novelista sobre este glosarlsmo circular o metamorfosis textual, elegida retórica y temáticamente: «...Tenemos una deuda permanente con los formalistas rusos, que es la de revelar que toda obra literaria importante lleva su propia teoría incorporada, contiene sus propias claves. El Quijote es un ejemplo claro, y Trlstam Shandy... En cuanto al regreso del que hablas citaré una frase genial de Gaudf: la originalidad es la vuelta a los orígenes. Lo fundamental es volver a las raices, radicalizarse, aumentar cada día la relación con el árbol de nuestra literatura...»45. Y hay que dar por supuesto —asi lo entiende el autor— que su propio legado literario, singularizado por cada relato escrito, es patrimonio que se autodetermlna, que se hace a si mismo soberano en su discurso totalizador generativo. Companera de viaje de la experiencia transmutada del joven señor mayor, Juan Qoytisolo decide no desprenderse de otra presencia fantasmal del pasado: ella, mezcla simbiótica de ascendiente próxima y de la propia madre. El narrador ha elegido de su árbol genealógico los que Intuye seres marginales y transgresores y ambos actúan en el nuevo relato como tutores presenciales y narrativos de la historia revivida. En un alarde de combinatoria de perfecta acronfa, la vivencia musical del plano de su tía Consuelo le conduce a los salones novelados de la Dona intemporal del pájaro aolltarlo y reivindica en aquélla su actitud de impotencia, de inconformidad discreta, su celado secreto de sexualidad contrariada: «...(es la melodía que tocaba ella cuando viuda, solitaria, apestada se encerraba en el salón de los bajos de la casa en busca de una grata y protectora zona de sombra, huyendo de la presencia recriminatoria de la familia?). 44. M. Garda-Posadas, El libro de la semana: «Las virtudes del pájaro solitario», ABC (Literario), Vil, 30/1/1988. 45. J. Goytísolo, «Regreso al origen», entrevista clt. pág. 39. 62 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... no lo sabes ni puedes saberlo, absorto, todo oídos en la ejecución musical de una pieza cuya partitura conoces de memoria, piano misteriosamente transportado a la abolida querencia de la Doña... misericordiosamente enajenada, sólo la música, el piano, las notas melancólicas del piano, la ejecución diaria de temas obsesivos, feliz a su manera durante la interpretación de la Sonata, ha variado de repertorio como si su necesidad de volver a él no le acuciara como otras tardes, pobrecilla, la oís?... escuchaban el piano, las notas melódicas del piano, la Sonata interpretada por ella, apagada, remota, casi inaudible tras la membrana protectora de la burbuja? tocaba, tocaba expresamente para mí? quiero oiría, suéltenme de una vez!'... la veía, no obstante la veía, en su fiesta de sonidos y luces, delicadeza de imágenes luminosas y acústicas, subía hacia ella y el brillo multiforme y centelleo de los blancos ofuscaba mi vista a cada nueva etapa de la ascensión, una virtud informante esclarecía y acendraba sus rasgos con la mayor intensidad del resplandor de las esferas circulares sucesivas nocturno viaje delprofeta?, secreta escala del santo?, puente irreal, refulgente y diáfano? su rostro era de llama viva...»46. La referencia biográfica, ahora literaturizada en Las virtudes, aparece recogida en Coto vedado. Al igual que en el caso de su ascendiente Ramón Vives, esta imagen femenina críptica, prohibida, conocedora de un mundo celado para el joven señor mayor, reprimida por una sociedad burguesa rigorista, forma —también— parte de la reivindicación glosadora de las frustraciones y carencias infantiles de Goytisolo. «La misma aura de misterio —escribe— envuelve la vida y personalidad de mi tía Consuelo. Hermana menor de mi madre y agraciada también con una luminosa belleza, la expresión de su rostro, captada en numerosas fotografías, revela una fragilidad e indefensión disfrazadas apenas de recato y dulzura. Aficionada al violín —del que tomó cursos de interpretación hasta manejarlo con maestría—, compuso un delicado poema sobre Maurice Ravel, publicado en la revista «Mirador», que el abuelo guardaba celosamente entre sus papeles. Sus discos de Bach, Mozart, Schubert, Brahms, Debussy, conservados en un álbum que, después de la guerra, pasó a nuestras manos, me pusieron en contacto por primera vez con el reino .sereno de la música; pero, aunque murió cuando yo había cumplido los nueve años, no llegué a verla nunca... 46. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit. págs. 130, 138, 149-50. 63 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... ...enviudó sin hijos. Este matrimonio efímero y la índole de la afección que acabó con su esposo no eran evocados jamás en el círculo de mi familia... ...tía Consuelo había perdido gradualmente el juicio: cuando empecé a abrir los ojos y registrar lo que ocurría a mi alrededor, no aparecía por casa y se hallaba ya, muy probablemente, internada en un sanatorio. Durante la guerra civil fue recogida por sus padres... Allí, los bombardeos de la aviación franquista, sirenas, terror, carestía barrieron sus últimos vestigios de lucidez. Concluido el conflicto, la encerraron de nuevo y murió poco después de una enfermedad cuya naturaleza desconozco... una dolencia vergonzosa e incurable?...»47. Mientras que en la metamorfosis textual del pájaro solitario este personaje aparece transformado en la iluminación de su ascensión sufí, sacada al escenario del mundo asambleario y variopinto de los pájaros sufridores —subiendo como Mahoma hacia el mundo de las esferas—, en la versión primera de Señas de identidad se perfila —preferentemente— como testimonio y víctima de la represión, locura aceptada que la situaba en la galería de los mártires propios del santoral goytisoliano: «...Ayer quiso tocar el piano... —Sí, la Pavana para una infanta muerta de Ravel... ...Estuvo más de una hora en el piano y después merendó con buen apetito... Avanzaban por una amplia alameda de castaños de Indias... Afloró de , improviso a su memoria simultáneamente a la aparición de una anciana de aspecto cadavérico, vestida con un delantal de paño burdo, que avanzaba en dirección a ellos majestuosa, irreal y sonámbula en medio de la desolación vegetal del otoño... Sus ojos eran azules como el azul transparente del cuadro y el viento alborotaba el cabello entre las mallas de su redecilla...»48. La técnica aplicada por el escritor a este nuevo relato Impone, necesariamente, al lector un movimiento cognoscitivo doble, convergente y divergente. Se le obliga a efectuar un auténtico montaje/desmontaje —decoupage— del guión, plagado de transferencias/interferencias intertextuales, unas situadas en la historia —(lo que se cuenta)—, referencias a hechos autobiográficos, y otras situadas en el plano del relato, construidas con su particular modo de entender lo verosímil. El novelista, al emplear lo que hemos llamado glosarlsmo generativo o metamorfosis textual, da paso a la creación de un macroslstema narrativo — contlnuum— que preten47. J. Goytisolo, Coto vedado, ed. cit. págs. 33-4. 48. J. Goytisolo, Señas de Identidad, ed. cit. págs. 53-4. 64 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... de dar unidad circular a su proceso creativo iniciado en Señas y cerrado, por ahora, en Las virtudes del pájaro solitario. Imitando, quizás, la técnica medieval, el modelo de «caja china» por el que narrautor de una historia provoca otra, crea —también— él una concatenación mental en el lector/colaborador, inmerso en su texto total. El juego estético de apoyar lo inverosímilreal literario en los propios textos autobiográficos induce una lectura en perspectiva y en profundidad que, perfilando o recreando textos anteriores, clarifica y explica la verdad del narrautor. De todas formas y sobre estas transferencias realizadas, tal como ocurrió en la elaboración de Don Julián, también, en esta ocasión: «el relato principal está centrado en la búsqueda de una identidad por parte del protagonista, tratando de entenderse a sí mismo a través del acercamiento a una figura legendaria»49. Pero ello no es más que un homenaje o motivación complementaria para incitar o provocar en la mente del lector el juego dialéctico de la lucha eterna del ser humano, siempre repetidor en el tiempo de una misma crónica. La metamorfosis textual en este primer espacio de ensueño que es, en verdad, la presencia impactante del mundo de la infancia, introduce en las distintas secuencias otros referentes ligados al mundo opresivo de la contienda civil española. Fundiendo recuerdos, territorios y tiempos reaparece encubierta, también, la imagen familiar del personaje posible de María Boi, conocido ya en la saga de Señas y merecedor de abundantes líneas en Coto vedado, ahora tras la combinatoria retórica y satírica de una «buena pájara»: «había salido con el propósito de respirar, tomar unas bocanadas de aire nocturno, averiguar el destino y vicisitudes de las demás familias decentes... las turbas prendían fuego a las iglesias, santas imágenes eran destrozadas, cadáveres de sacerdotes fusilados yacían en las aceras, la atmósfera estaba llena de humo, el aire se había vuelto irrespirable, escondíamos en casa a dos monjitas de clausura y llevaba en el bolso, apretándola contra el pecho, una cajita de obleas consagradas que un alma piadosa había logrado salvar del tabernáculo antes de que la chusma irrumpiera en la parroquia, arrojara la santa custodia al suelo y la pisoteara con saña...»50. En Señas de identidad la escena es protagonizada por la señorita Lourdes y el narrautor la describe de esta manera: «...Habías juntado las manos como en las estampas que ilustraban el libro y, vencida su débil resistencia, la señorita Lourdes te había atraído ha49. J. M. Martin, art. cit. pág. 75. 50. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit. pág. 145. 65 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... cia ella entre sollozos y te había anunciado con voz trémula la llegada del Anti-Cristo... La expedición fue decidida allí mismo. Exaltada y vibrante de entusiasmo la señorita Lourdes sollozaba frente al altarito, te abrazaba, imploraba el perdón de Dios... ...te habías hincado de hinojos junto al sagrario pintado de purpurina, con el diminuto copón de juguete en las manos, viviendo anticipadamente tu gloriosa carrera de santo aureolado de luz divina... ...Aquella noche no habíais dormido ninguno de los dos, abrazado tú al ciborio como San Tarsicio, arrodillada ella ante el Niño Jesús, implorando la absolución de Dios y arrepintiéndose de sus pecados...»51. La exposición autobiográfica de Coto vedado aporta, incluso, el escenario familiar de la secuencia y, ante tal descripción, ya poco se puede dudar de la transferencia absoluta que se hace del mismo al nuevo espacio del balneario de Crimea y a la mente confusa y enferma del joven-señor-mayor: «...las iglesias ardían unas tras otras como en la época del Imperio Romano. Desde el cenador del jardín, contemplábamos el camión de «los rojos» estacionado junto a Santa Cecilia, la densa columna de humo que se extendía sobre el minúsculo edificio blanco... La señorita María sollozaba: ella, cuya lectura predilecta era un manual de piedad compuesto por biografías de niños santos, acariciaba quizás en sus adentros la exaltadora posibilidad de un martirio cercano... A pesar de que el desarrollo de este lance presenta en mi memoria opacidades y huecos, recuerdo bien el momento en que, desaparecidos los autores de la incursión, nos aventuramos a la era a ver los destrozos. La estatua de mármol de la Virgen, obra de Mariano Benlliure, había sido derribada del altar y yacía fuera con la cabeza partida a golpes de maza. En una fogata, ardían todavía, amontonados, diferentes objetos litúrgicos...»52. En cualquier caso, no está en nuestro ánimo intentar trazar un glosarismo inflexible que pretenda identificar a los personajes vividos «en la vida real» con los transformados en la vida de la literatura. Ello sería imposible y, además, impropio. Las transferencias que se efectúan y las intertextualidades que se provocan son múltiples y complejas, funden vivencias, forman parte de una realidad pero —a su vez— realidad novelada, concebida como familienroman «para paliar un desengaño o resguardarse de una agresión». Esta defensa psicológica fue señalada por el propio Goytisolo: «...cuando un niño descubre que sus padres son seres normales y corrientes, se forja una novela familiar a 51. J. Goytisolo, Señas de Identidad, ed. cit. págs. 26-7. 52. J. Goytisolo, Coto vedado, ed. cit. págs. 54-5. CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... fin de compensar de algún modo con la imaginación la cruel decepción que acompaña su ingreso en la vida: inventa a sus anchas una familia fuera de lo común, lo mismo en sus virtudes que en sus defectos, en la que poder guarecerse de la intemperie de su descubrimiento y amortiguar así el choque producido por la irrupción deprimente de lo real. Esta novela familiar elaborada en un entorno inhospitalario e ingrato sería el germen de todas las ficciones desenvueltas más tarde por el escritor: la almendra de la que brotaría el árbol de su obra futura. Si la literatura, como dijo Pavese, es «una defensa contra las ofensas de la vida», el primer acto defensivo del niño neurótico prefiguraría la totalidad de su constelación novelesca: una especie de clave recóndita de su herida y la tentación de bregar con ella de cara a su eventual curación...»^3. Y es cierto que, aunque todo su proceso creador —desde Juegos de manos a Señas de identidad— se dirige a una depuración de lo «novelesco» vital, estos fantasmas persisten porque son inseparables de sus experiencias de auto-conocimiento. Sin embargo, el proceso de acumulación no impide la fusión de identidades paralelas o semejantes. Las imágenes remotas se interponen con las recientes, las similitudes de lo que se vivió en un espacio histórico no deja de superponerse a otros territorios —espacios posteriores— en donde la vida parece complacerse en autorrepetirse. Las damas del cenador del jardín de infancia se transponen en las «pájaras» cubanas, ambiguas y duales; con las kighisas y yacutas, disciplinadas y obedientes a la voz del Padre Patrón; y hasta el entorno mínimo —un macetón de hortensias— viaja por el océano o se traslada y repite en las coordenadas de Crimea. Para mayor complicación, las imágenes provocadas por relatos leídos o visionados en el cinematógrafo se incorporan a la intertextualidad interior —transferencia ¡cónica—, provocando una verdadera alucinación de montaje secuencial vivido y escrito. De ahí que la figura omnipresente del señor mayor sea, en verdad, polisugerente y poligenerante. Suma datos del parentesco próxjmo y solapa, también, la propia figura paterna que en un movimiento de espiral hasta se confunde con el propio narrautor. Este Fr. Juan de la Cruz, alter ego de Juan Goytisolo, que sufre y padece en la celdilla capsular de su UVI particular, transpira, sin duda, el fundido de fondo de la experiencia paterna. Hagamos, finalmente, al caso, otra corta referencia a Coto vedado: «Mi hermana Marta cumplía ahora las penosas funciones de enfermera y atendía a mi padre con paciencia y aplicación. El olor acre de la pieza, la cánula y algodones manchados, la escupidera, el orinal, el tarro de pus creaban en cambio para mí alrededor del enfermo un círculo difícil de franquear. Al acostarme, rozaba furtivamente con los labios la mano flaca que me tendía y, en la medida de lo posible, procuraba evitar sus efusiones y 53. J. Goytisolo, Coto vedado, ed. cit. págs. 232-33. 67 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... abrazos... Las pruebas a las que había sido sometido mi padre sobrepasaban el límite y no merecían una actitud de rechazo como la mía...»54. Estructuralmente, el glosario familiar de Goytisolo está en función, se supedita, como dijimos antes, al hecho de su nuevo nacimiento/descubrimiento —«en un medio social y cultural impropios»— de la «ígnita realidad del centro». El recuerdo —imagen creativa secuenclal— que le conduce a presentir su centro se repite inexorablemente, como si jugara al escondite entre máscaras del pasado y del presente. Se prevee como punto cero de su viaje particular a Simorg, al fin y al cabo —como en el texto persa—, a encontrarse a sí mismo, recorriendo «valles» en los que reconoce «rostros». El análisis intertextual y retractual es sorprendente. Partamos del fragmento básico de Coto vedado, magnífico ejemplo de metamorfosis textual de una transferencia ¡cónica: «El terror casi sagrado que te imponía en la pubertad la foto de los dos mozallones trabados en el abrazo, casi coyunda, de la lucha turca te abruma de nuevo en el duermevela de tu noche en el Varadero con esa fuerza impregnadora que, aun discontinua y soterrada, aflorará un día a la superficie y arramblará con aefensas y diques en virtud de la ley Ineludible que, según dice bellamente Ibn Hazm, «destruye lo más recio, desata lo más consistente, derriba lo más sólido, disloca lo más firme, se aposenta en lo más hondo del corazón y torna lícito lo vedado...»55. El dato noticioso, impreslvo, icónico y sustentador de Coto vedado, se reelabora como proceso literario-vital en el propio discurso autobiográfico, situándose ya en el nivel de palabra/ensueño onírico: «apropiación gradual, paso a paso, de la escatología mental presentida: imágenes marciales de fuerza y vasallaje, miembros duramente trabados, nítidos fucilazos, sutilizada dicha: sufrimiento, beatitud, entrega afines a la experiencia mística del poeta que confieren a la busca del núcleo germinal, infusible una discreta aureola de santidad. Abrupto descubrimiento: ser sólo corteza, desconocer la ígnita realidad del centro: sondear cautamente la entraña de la que brota a borbollones el magma de escorias, materias abrasadas: cráter orgiástico, de lava seminal, escurridiza: plétora, sed inexhausta, densidad esencial...»56. El fragmento precedente de Coto vedado se constituye en algo premonitorio —«experiencia mística»—, que se transfiere y, nuevamente, se desdobla en Las virtudes del pá54. J. Goytisolo, Coto vedado, ed. cit. págs. 71. 55. J. Goytisolo, Coto vedado, ed. cit. págs. 226. 56. J. Goytisolo, Coto vedado, ed. cit. págs. 230. 68 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... jaro solitario. La intertextualidad del nuevo o «proliferado» discurso provoca, en primer lugar, una transferencia ¡cónica de infancia —la lucha turca—, planteada como suceso ambiguo metafórico que induce a sospechar el laberinto de su interno mundo erótico y la agonía por salir de la «noche oscura». La transferencia de identidad en la personalidad histórica de Fr. Juan de la Cruz —«yo me he acercado a San Juan a través de los poetas sufís. Mi apropiación islámica de San Juan es desde luego muy personal y discutible»57—, desde su particular perspectiva, se acomoda, pues, sin ninguna dificultad. La transferencia ¡cónica reaparece de esta manera en el «generado» discurso del pájaro solitario: «basta mudar de postura... para percibir el olor inconfundible de sus cuerpos lubricados, brazos sarmentosos, músculos de suave y tersa dureza... ruda trabazón del abrazo, sinuosa coyunda de enamorados... dos jayanes ungidos hasta el borde de los robustos calzones de cuero... anhelo de posesión compartida... alquimia, dilación, calor, goce, luz anonadamiento»58. La metamorfosis textual de la palabra recreado, de San Juan de la Cruz, interfiriendo en el estado oníripo del narrautor, se hace —finalmente— reiterativa: «yo: abrupto descubrimiento, ser sólo la corteza, desconocer la ígnea realidad del Centro... yo: ardor, ardor, aleteos bruscos del corazón, movimientos y brincos de los sentidos, inflamación amorosa, éxtasis, derretimiento... yo: disolución, apretura, aniquilación de la luz, viaje nocturno, intuición unitaria, estoy quieto, arrobado, suspenso mientras con una candela prende un fuego lenitivo a mi pecho... 59 quédeme y olvídeme, digo...» . La metamorfosis textual cierra un proceso iniciado en Señas y se proyecta a nuevas experiencias futuras, como si se tratase de un unitario y magno poema. EL COLOQUIO DE LOS LIBROS: SEGUNDO VIAJE HETERODOXO A UNA LIBRERÍA INFERNAL El mundo vivencial literario de Las virtudes del pájaro solitario reagrupa en torno a su narrautor otra serie de personajes funcionales que, —en cierto sentido—, contribuyen a 57. J. Goytisolo, Declaraciones, a M. Riera, art. cit. pág. 38. 58. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit. págs. 61. 59. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., págs. 95-6. 69 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... plantadas con la retórica fiambre de un piadoso manual de divulgación!...»72. La metamorfosis y paráfrasis con el texto de Blanco, —Segundo viajo del caballero irlandés en busca de religión—, es asombrosa. Al igual que el antecedente personaje literario buscaba unas fuentes destruidas por la ortodoxia de turno, Goytísolo confiesa solapadamente su viaje al mundo feliz de la URSS y alude, sin máscara, al papel desempeñado por la disidencia. Su experiencia, —sobre el terreno—, con escritores, con el mundo de la cultura del país soviético ya fue denunciada En los reinos de taifa y —noveladamente vivida— en el relato urbano de Paisajes, tal como en otra ocasión expusimos73. Toda la puesta en escena de estas secuencias, los telones de fondo de glorietas con barandillas de hortensias, —transferidas de imágenes de infancia—, playas habitadas por aparentes zombis extraterrestres, fingidos marcianos terrícolas, soles estáticos de cartón piedra, tendrán sus acotaciones En los reinos de taifa. Imaginación que vuela y compara situaciones opresivas en España o en la URSS, de distinto color, pero paralelas en su concepción dogmática. Hagamos una simple prueba de transposición textual, glosarismo generativo evidente, lúcido y creador. Leamos en elsiguiente fragmento de Las virtudes: «...los atardeceres se prolongaban, el sol había Interrumpido en apariencia su ilusiono movimiento orbital y, desde hacía un trecho, parecía condecorar el borde superior de los pinos y abetos contiguos a la balaustrada, disco rubicundo de sospechosa ingravidez teñía el paisaje de destemplada tonalidad naranja... el césped en el que los playeros saboreaban la exquisitez de la pórroga con manos pedigüeñas, ansiosas de atesorar su mentirosa dádiva, las gafas ahumadas con sus monturas de colores vivos y las cyranescas narices de plástico acentuaban el hieratismo y ritualidad de la escena, eran colegas zombis actores aborígenes de una isla remota e inexplorada?... los enfocaste con los prismáticos y recorriste uno a uno, con creciente aprensión, sus rostros espesos, impenetrables y refractarios, sus gafas especulares de diseño mudable y estrafalario, las narices de plástico de obsceno y desmesurado grosor...»74. 72. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit. págs. 120,109-10. La alusión parece referirse a su última experiencia de militancia marxista. Cfr. J. Semprúm, Autobiografía de Federico Sánchez, Barcelona, 1977. 73. M. Rulz Lagos, La atracción del Sur, ed. cit., Sevilla, 1988. 74. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., págs. 63-64. 76 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... En gran medida, este discurso narrativo del pájaro solitario sigue el mismo recorrido que el texto autobiográfico que veremos seguidamente. Tanto en la novela como en la vida real, el hilo conductor conecta sobre la temática de la libertad yla tolerancia, creatividad, independencia y función social del escritor y de la obra literaria. Provocar en este escenario un congreso de escritores no es sino un buen pretexto para dialogar en profundidad. Que, entre bastidores, actúen el Archimandrita Blanco y su fámulo, el Kirghis de pijama cebrado o el profesor Ben Sida, acompañados por la dama de larga boquilla, es casi una obligación como huéspedes que son, fingidos o recreados, del mundo interior de Goytisolo. Que, por otra parte, la secuencia mezcle en su aspecto creacional un flash de personajes como Don Blas, Doña Urraca o las viejas damas del jardín paterno, parece normal cuando en el montaje literario se viene utilizando, habitualmente, el fundido superpuesto de espacios temporales distintos pero vividos y asumidos en rabiosa y permanente actualidad. «...Caminaremos —escribe En los reinos de taifa— un rato por el parque, objeto de una discreta curiosidad de los demás huéspedes... Los escritores allí reunidos presentan un aspecto escasamente intelectual y a menudo Inquietante: matrimonios corpulentos, de rostro hermético, inescrutable, en shorts y sandalias... Me asomo con mis pares, a una orilla rocosa, cubierta de una uniforme multitud de bañistas gruesos, desnudos, desangelados. Mas que campo de concentración de nudistas, el lugar parece una colonia de pingüinos de vientre prominente, gafas chillonas, sandalias de caucho... El espectáculo evoca a la vez estampas del Bosco y de Doré. ...permanecen inmóviles en la orilla, brazos tendidos al sol en ademán de entrega o adoración, con sus narices y anteojeras de plástico. ¿Limbo, pesadilla, alucinación, anticipo de una futura sociedad extraterrestre de selenitas y marcianos?...»75. La transferencia Goytisolo/Blanco, rememorada en un balneario de Crimea, —evidentemente, travestido este último de «obispo» cismático—, no podía soslayar el debate continuo del narrautor entre opresión y libertad. Por otra parte, la inverosimilitud del anacronismo siempre será asumida como un proceso válido en la creatividad literaria. Entre otras cuestiones, la simple presencia de Blanco, provoca y subraya la presentación de una serie de valores que ya se hablan advertido en el análisis crítico de su personalidad, al editar y comentar su obra inglesa. Su transferencia es, pues, emblemática: 75. J. Goytisolo, En los reinos de taifa, ed. cit., págs. 277-79. 77 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... «En el punto donde la crítica de Blanco Whíte da mayormente en el clavo —dirá— es al tratar de la exigua libertad de pensamiento poético que embaraza a gran número de nuestras composiciones... Los poetas castellanos, observa Blanco, rara vez dicen lo qué quieren sino lo que pueden... El placer de las ficciones que nos transportaban a un universo imaginario, agrega, es natural al hombre y no puede arrancarse de su alma sino con violencia. El Santo Oficio observaba con creciente desconfianza la literatura imaginativa y podemos preguntarnos si su designio no era, como se huele Blanco, extirpar de la mente humana el don de evocar mundos invisibles y «convertirnos en una especie de seres de cal y canto, en quienes sólo hiciese mella e impresión un martillo...»76 La estancia en el balneario de Crimea, tan cerca del Helesponto, exilio ovidiano, —visión provocada sagazmente por la dama de la boquilla77—, da lugar a toda una encuesta de preguntas sobre escritor y cultura, libertad y represión que, en gran medida, son las que se reproducen en los diálogos inacabados —inverosímiles— de la biblioteca infierno del pájaro solitario. «...Para aliviar la pesadez del ambiente, —comentará en su viaje real a la URSS—, me veo obligado a hacer preguntas... Las respuestas son minuciosas, mecánicas, aburridas y al interrumpirse la traducción y arreciar el silencio empujan de nuevo a la inanidad, la extravagancia gratuita: ¿En qué fecha inauguraron la biblioteca? ¿De cuántos volúmenes consta? ¿Qué clases de obras gozan la preferencia del público?..,»rb. La Identificación transferencial en Blanco —Archimandrita—, personaje vital, encuentro fundamental, diríamos casi kadir y maestro en la biografía goytisoliana, establece con perfección el enlace acrónico entre opresión hispánica provocada por un Santo Oficio, —aniquilador de las alegres pájaras emplumadas de la Doña y entelerizador del propio Juan de la Cruz en su celdilla capsular de la prisión toledana—, con los nuevos sistemas «desintoxícadores» y aséptica red hospitalaria del terror del SIDA. Profeta del mudejarismo, intérprete de la historia de España «como resultado de la convivencia y desgarradura seculares de españoles de casta hebrea, musulmana y cristiana», era —obligadamente— un seguro y fijo invitado en este símposium Inverosímil del pájaro solitario. OTROS DUENDES UN PIADOSO FÁMULO La tertulia literaria que parece nuclear el Archimandrita se completa con otros tres asistentes curiosos, unidos, a nuestro parecer, por un profundo sentido del humor: el Kir76. J. M.* Blanco Whíte, Obra inglesa, ed. cit., págs. 59, 61, 63. 77. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 55. 78. J. Goytisolo, En los reinos de taifa, ed. cit., pág. 260. 78 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... guis de pijama cebrado, el/la Seminarista-fámulo y el profesor Ben Sida. Salvo en los casos del Kirguis y del fámulo, personajes que ya hicieron una breve aparición en su anterior relato Paisajes, el tercero es novedoso y, ciertamente, críptico. Deliberadamente, no ayuda en demasía el narrautor a descubrir la intimidad y sentido sibilino de ellos, mas bien, parece jugar a la complicidad con aquellos que puedan seguir ciertas pistas. El anacronismo del trío le permite aparecer y desaparecer en secuencias distintas y, en el caso del fámulo, travestirse en la Seminarista del burdei de la Doña que sucumbe en aras de la ortodoxia contrarreformista. Pero no desviaremos el tema hacia el sentido de la transmutación que, al fin y al cabo, sucede a casi todos los personajes y es recurso, —juegos de máscaras—, que sirve para fundir y homologar los tiempos, sexos y espacios. Aún sometidos al agobio opresivo del clima narrativo, estos tres personajes parecen guiñar el ojo al lector, algo pretenden al establecer la burla como mínima venganza contra el férreo sistema ortodoxo, aunque no siempre consigan su objetivo. El/la Seminarista-fámulo, eterno acompañante del prior griego-Archimandrita, surgiendo y escapándose siempre con la agilidad de un ratón, entre líneas de secuencias inverosímiles nos muestra su figura: «...un seminarista de aspecto piadoso, acompañante o fámulo del Archimandrita... ...comentarios socorridos sobre la belleza y emoción de la homilía del prelado entreverados con críticas venenosas al seminarista del prior griego por sus falsetes de doncella y uso chocante de ligas rosas... ...el Archimandrita te vuelve bruscamente la espalda y el seminarista vibra con languidez sus pestañas, no le basta saber lo ocurrido al señor del sombrero de paja?... ...el Archimandrita y su fámulo cayeron uno tras otro en las redes de su justicia, habían pillado al seminarista en la cámara oscura de una alhama y, sometido a tortura, un testigo afirmó haberlo oído exclamar en su gozoso derretimiento «porqué no vendrá el Turco y ganará esta tierra para que cada uno viva como quiera?»79, frase que, admitida por él, ante la amenaza de la inmersión repetida en una tinaja, determinó su rigurosa condena...»80. Hemos de confesar que situar la personalidad que pudiera encubrirse tras el personaje del/a Seminarista nos había lanzado, en un principio, a las tesis más atrevidas. ¿Acaso Goytisolo imaginó la posible aventura de un oscuro escritor?. Ninguna razón, sin 79. Esta transferencia textual procede citada par M. Menéndez Pelayo en Historia de los heterodoxos españoles, t. II, pág. 542, Madrid, 1880. Hace referencia al proceso de los alumbrados de Llerena. 80. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., págs. 50, 67, 88. 79 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... sólido aval científico, podría sostener nuestra hipótesis. Sin embargo, si había algo que deberíamos mantener como probabilidad: la figura del fámulo estaba incondicionalmente ligada a la personalidad del Archimandrita-Blanco e, incluso, su apariencia andrógina y su ambivalencia sexual quizás pretendiera Insinuar alguna ambigua relación entre ambos. Para nosotros, no cabía duda de que Goytisolo, aún dentro del pesado clima del agobio, acogía a este Invitado como un pequeño perturbador en la propia vida del complejo «obispo» cismático. Transfería la memoria histórica y, —probablemente autobiográfica—, de la institución del fámulo escolar, servidor, —(¿acaso sirviente con la misma carga destructiva que la revelada por Dirk Bogarde en su antológico filme?)—, joven mantenido por falso pudor de una hipócrita caridad en una comunidad docente. La detenida lectura de los textos que un día tradujera y estudiara el escritor de la obra inglesa del sevillano, sin duda, podría Indicar una hipótesis, lanzada, por supuesto, con todas las cautelas. Sobre el uso de dos palabras en su descripción: fámulo y piadoso, hemos de montar nuestra operación. En su detallada y psicoanalítica autobiografía, Blanco presta puntual atención a los años de su formación y muy, en especial, al círculo de amigos con los que convivió y compartió sus deseos insatisfechos y hasta su hipócrita fe religiosa, mundo académico y religioso teñido de una extraña luz inquietante. El primer texto nos ha de servir para fijar el término fámulo como adherente consustancial en la adolescencia de Blanco: «...Entre mis compañeros de estudio había un joven que desempeñaba el humilde menester de fámulo —tal es el nombre que recibe una clase de alumnos, bastante parecida a la de los servitors de Oxford— y cuyo amo era un caballero muy bien relacionado, natural de Osuna, que había estudiado derecho civil y canónico en la universidad de dicha ciudad. Don Manuel M? de Arjona, recién elegido becario del Colegio Mayor, tenía en esta época veintiún años y sus talentos eran de primer orden... Concibió la idea magnánima de instruir el entendimiento de algunos estudiantes mediante la lectura y conversación... quiso que el fámulo señalara, entre sus condiscípulos, los dos o tres más aplicados, y les ofreciera la mencionada asistencia. Fui escogido junto con otros dos y nos presentamos en casa de nuestro tutor voluntario, cuyos modales amistosos ganaron mi corazón... Durante ese tiempo llegué a cobrar tal afecto a Arjona y el me concedió de tan buena gana el privilegio de un trato frecuente, que todos los ratos libres 80 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... de que disponía los pasaba en sus aposentos. Como mi nuevo amigo tenía reputación de ser sumamente piadoso, mis padres aprobaron con simpatía nuestra creciente intimidad...» 1. - >. El fragmento precedente manifiesta cómo la institución del fámulo piadoso aparece íntimamente ligada a la etapa de formación de Blanco e incluso —deja insinuar un tipo de relación curiosa en la Sevilla de la época. Un fámulo inseparable del canónigo hispalense sugiere al lector una dualidad que, más adelante, se encargará de perfilar con detalles el propio Blanco. En este espacio adolescente, según se traduce del capítulo segundo de la Autobiografía del andaluz, hay un personaje real muy presente en su vivencia. Al cabo de los años, solapado con hechos imborrables que lo ligan al afecto materno y al cariño enfermizo por su hermana monja, sobresale especialmente de entre sus recuerdos. Se trata de su compañero Eduardo Adrián Vácquer. Un fámulo inseparable que, dentro de la ficción de Las virtudes, lleva al propio Blanco a los límites del juego dual y polivalente del que Goytisolo parece impregnar a todas sus criaturas. «...Los avatares de su promoción eclesiástica —dirá— nos valen el admirable pasaje de las oposiciones a la canonjía de la Capilla Real de Sevilla que lo enfrentaron a su examigo Eduardo Vácquer, un personaje de dimensiones novelescas grandiosas, cuyo destino y final trágico recuerdan, o, por mejor decir, anticipan el de William Wilson, el protagonista epónimo del relato de Poe...»82. El desdichado final del/a Seminarista recoge con precisión una historia heterodoxa, mezcla de vanidad intelectual y sexo, en un inexorable mundo impregnado de una falsa religiosidad hipócrita. Que Goytisolo, según nuestra hipótesis, haya querido desarrollar o, mejor, insinuar esta peripecia vital junto a la de su admirado Blanco no deja de significar un cierto toque de humor negro que tiende a humanizar más al sevillano. Que haya realizado una transferencia indirecta al propio relato de Poe, sugiriendo la idea del doble como la conciencia del héroe que puede ser autodestruida, tal como señaló Borges, es otra posibilidad que queda por contrastar83. En verdad, Vácquer aparece en la vida de Blanco con la misma violencia con que el/a Seminarista surge en el relato goytisoliano: «La Seminarista, entró así... enturbantada con la toalla, adelantando su jeta de hiena con aire provocativo, ojos nimbados de khol, manos en las caderas, parecía que iba a comerse el mundo, arrebatarle el novio a la otra, arañarla como una rabanera...» 4. ~ 81. J. M." Blanco Whlte, «Autobiografía», Obra Inglesa, ed. cit., págs. 111-12. 82. J. M? Blanco White, Obra inglesa, prólogo, ed. cit. pág. 19. Sobre la entidad histórica de este personaje, véase M. Ruiz Lagos, Ilustrados y Reformadores en la Baja Andalucía, Madrid, 1974. 83. J. L. Borges, El libro de los seres Imaginarlos, pág. 73, Barcelona, 1982. 84. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 22 81 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... Su propia muerte, descrita con el perfeccionismo estilista de la pintura del Bosco, se produce en los mismos términos en que el canónigo hispalense vio y narró el último ajusticiamiento de la Inquisición en Sevilla: «Recuerdo muy bien la última persona que fue quemada por hereje en mi ciudad natal, Sevilla. Era una infeliz ciega. Tenía yo entonces unos ocho años, y vi los haces de leña, sobre barriles de brea y alquitrán, en donde fue reducida a cenizas...»85. La memoria de Blanco, alterada aquí con otras vivencias personales, podría permitir a Goytisolo esbozar una posible novelización de uno de sus personajes favoritos: «...pero una curiosidad más fuerte que mi temor me impulsaba a escoltarla a la estaca en donde sería pasto de las llamas, presenciar extasiada sus convulsiones y aullidos, insultarla, insultarla aún mientras se fundía ante fifi mí en una masa hedionda y achicharrada!...» . En cualquier caso, nos parece más evidente subrayar, en esta ocasión, para ilustrar la posible transferencia, algunas de las descripciones con que el propio pseifdoArchimandrita sevillano se refirió, en su momento, al fámulo Vácquer, creando las posibilidades lectoras de una crónica ambigua: «Don E.V. hizo su aparición en la Universidad de Sevilla el mismo año en que empecé mis cursos de teología. Era oriundo de Cádiz... Su aspecto era atrayente; su conversación, viva; sus modales, los de un hombre de mundo; su estilo de vida, ostentoso y elegante... Es evidente que V. abrigó fuertes celos de mí desde el momento en que nos educamos juntos. Pero, como nada podía ser más sincero que mi admiración por él, los efectos de su envidia se rebalsaron por espacio de algunos años... Cuando creamos nuestros cursos privados de literatura clásica en el domicilio de Arjona, V. fue invitado a ellos... Mientras yo llegué a ser el mejor amigo de Arjona, V. continuó siendo una mera relación... Mientras V. descendía gradualmente en la consideración de los demás, mi amistad por él me cegaba a todos sus defectos. En el primer período de nuestro trato le había presentado a mi familia, y sus maneras insinuantes le granjearon el afecto de mi madre... Aproveché la oportunidad para persuadir a mi madre de que le permitiera compartir mi habitación y utilizar mi cuarto de estudio. Por espacio de varios meses viví con él como si hubiera sido mi hermano; pero esta intimi85. J. M.« Blanco White. Obra Inglesa, ed. cit., pág. 122. 86. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 29. 82 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... dad contribuyó sólo a agravar el mal que, desde el principio de nuestra relación, se había adueñado de su espíritu... Su primer objetivo fue privarme del amor de mi madre, por medio de toda clase de tergiversaciones y falsedades, so color de velar por mi seguridad espiritual... No había uno solo de mis amigos a quien no hubiera calumniado en secreto a fin de acaparar para sí el afecto de mi madre... Mi hermana menor, una muchacha tímida, educada en un convento y con escaso conocimiento del mundo, vivía en casa y, a pesar de su extraña modestia y el sentido moral estricto que revelaban sus palabras y acciones, V. concibió el proyecto de atentar a su virtud... Su final fue verdaderamente triste. Agobiado con dificultades pecuniarias, víctima de sus vehementes pasiones e incapaz de reprimirlas en consideración al deber, se envolvió día a día en nuevos problemas. Su conducta acabó por ofender a sus feligreses, para quienes no era ningún secreto que vivía en términos de gran intimidad con la mujer del sacristán. Sin amigos, sin medios de subsistencia decentes, continuó su miserable existencia durante poco más de un año, al cabo de lo cual unas fiebres violentas pusiefi7 ron un brusco fin a su vida...» . Esta tormentosa amistad de adolescencia, recordada con tanta precisión por Blanco, podría provocar, —sin duda—, que, a la hora de su novelización, Goytisolo apuntara a unos escollos vivenciaies con los que el propio narrautor parece identificarse. El episodio que descubre el falso discurso elaborado por Vácquer, provocador del sarcasmo de la élite sevillana, parece estar insinuado en el texto del pájaro solitario antes aludido: «comentarios socorridos sobre la belleza y emoción de la homilía del prelado entreverado con críticas venenosas al seminarista del prior griego por sus falsetes de doncella y uso chocante de ligas rosas...»88. Hay, incluso, más. En la secuencia central que ha servido para presentar definitivamente a Blanco, cuando el narrador inquiere del sevillano algún dato sobre el trágico fin del fámulo seminarista, la respuesta del Archimandrita es evasiva, críptica y, en cierto sentido, su actitud parece eludir una responsabilidad moral de la que —quizás— no se sienta totalmente eximido: «...cuando mi fámulo quiso desafiar el Edicto y salió a la calle el seminarista? digo según mis recuerdos, tenía entendido que 87. J. M? Blanco Whlte, Obra Inglesa, ed. cit., págs. 147-53. 8B. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 67. 83 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... nunca se separa de mí! no había perecido abrasado? El Archimandrita ha fijado un cigarrillo filipino en su boquilla de ámbar, lo enciende sin prisas y exhala una bocanada de humo antes de responder con un leve enronquecimiento en la voz se confunde usted amigo mío, el hecho que menciona no ha ocurrido todavía, no advierte acaso que estoy hablando con el aún joven señor mayor?...»89. Para nosotros, la historia posible del fámulo Vácquer es un quiebro de Goytisolo, sonrisa burlona, a la seriedad, cierta y verdadera, de la agónica conciencia del pseudoArchimandrita Blanco. Cuando, interesado por este esbozo apasionante de su nuevo relato, preguntamos al propio autor, nos respondió amablemente: «Puede que el fámulo de B. W. haya rondado mi imaginación. Este personaje aparece en Paisajes —es uno de los Maricas Rojos, pa90 rodia de cierto escritorzuelo español de cuyo nombre no quiero acordarme...» . EL HIJO DE LA DUEÑA Quizás, de todos los contertulios que frecuentan el infierno de la «biblioteca del frío», —congresista insólito y estudioso sanjuanista—, Ben Sida, sea el personaje más literario de todos. Nace —evidentemente— de la necesidad del narrautor por establecer el contacto doctrinario sufí con la mística del poeta castellano. Supone cubrir el espacio no aclarado de las relaciones de la poética del Cántico Espiritual con unas específicas fuentes islámicas —todavía— no establecidas. Es, sin duda, un personaje culturalista, surgido de la puesta en escena de las teorías de Luce López-Baralt a quien el novelista agradece públicamente las fuentes que procura a sus trabajos: «...El oscuro personaje que era el maestro de árabe —dice la investigadora— adquiere de repente el siniestro nombre de Ibn Sida y defiende enérgicamente, desde la casa de reposo de escritores, los dislates literario-místicos de San Juan de la Cruz y sus profundas coincidencias con la literatura de los místicos del Islam... El San Juan ficcionalizado de la novela tiene, aparentemente, bastante que ocultar: mantiene un furtivo intercambio epistolar de temas poéticos y místicos comprometedo89. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed cit., pág. 117. 90. Carta de J. Goytisolo a M. Ruiz Lagos, Marraquesch, 21/4/1988. 84 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... res con el misterioso Ibn Sida. La fluctuación constante de las personas gramaticales asociará e identificará constantemente a estos dos personajes de la novela: San Juan y el alter-ego del autor que delira en su lecho»91. Es evidente que el personaje Ben Sida está en el meollo del texto. En la tesis del relato, a cierta distancia de la pajarera del mundo agobiante de la Doña Lozana o del siniestro balneario de los novísimos malditos del SIDA, simboliza la posibilidad de un «vuelo de pájaros» hacia Simorg, trasunto del relato persa de Farid Uddin Attar. Relacionar a Ben Sida con el iluminismo o con los alumbrados, encadena inexorablemente su figura con el espacio narrativo de la Doña/Calancha, heroína superadora de la muerte negra y madonna galante en los mundos decadentes y placenteros de los salones del segundo imperio. La Doña contemporánea del Santo, burladora del Santo Oficio, transmigra en cientos de transmutaciones hasta llegar, vieja y caduca, a los tiempos recios del SIDA: «...mientras componías y recitabas tu poema esotérico y te entregabas al baile giróvago de los otomanos, nuestros ardientes celadores la juzgaron y salió en acto público con una candela negra en la mano, azotada por calles y plazas en castigo y escarnio de sus confabulaciones y abominable comercio! corrida, expuesta a las iras del pueblo, huyó del país para quitarse la infamia y, después de ejercer sus seducciones maduras con los sarracenos, se acomodó a la sombra luciferina del Voltaire en un antro de aguas, 92 aires, ardores y miedos de la noche...» . Paradigma de doctrina sufí, la auténtica Beata iluminada de Baeza recorre, en el relato, un proceso iniciático de autodestrucción y renacimiento. La historia de la Doña/Calancha, —que glosa casi literalmente la investigación erudita de Crisógono de Jesús—, es de capital importancia y, sin duda, en ella se apoya Goytisolo para insinuar su atrevida hipótesis de la relación sufí-iluminista. El P. Crisógono de Jesús, al narrar este episodio de Juana la Calancha, —en la novela se le llama Francisca—, nunca —por otra parte— totalmente resuelto por la investigación, escribe: «...Juana Calancha es una beata con gran fama de santidad. Se le atribuyen milagros, revelaciones y arrobamientos... Apenas entrada en el convento, comienza a arrobarse, a veces con detrimento de los oficios que tiene que desempeñar... Al poco tiempo, una noche, cerca de las once, la madre Catalina de Jesús entiende una voz que le dice: "Vela, que hay bien que velar". Y prestando atención, oye a la ventana de Juana Calancha voces confusas e ininteligibles; toma su lamparilla encendida y va a la celda de la monja de 91. L López-Baralt, «Inesperado encuentro», Quimera, n? 73, págs. 58-9. 92. J. Goytisolo, las virtudes de pájaro solitario, ed. cit., págs. 153-4. Este magnífico episodio del relato se nos antoja auténtico planto, similar al que dedicara Juan Ruiz a «Trotaconventos». 85 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... prensible a quienes le rodean y juzgan chiflado, le reconforta en su empre8a...»111. En cualquier caso, el glosarismo goytisollano también está presente en la recreación de Kirghis. Personaje, en parte fruto de su recuerdo infantil, remodelado en lo que él denomina «saga/novela» familiar, rememora las viejas lecturas exóticas de sus primeros años, detalladas ampliamente en Coto vedado. El mundo inverosímil e insólito de los kirghises, entrevisto en las láminas ajadas de volúmenes de amarillas enciclopedias, ya presentó este toque de humor y fantasía onírica en el discurso de Señas de identidad: «...Alvaro se recluía voluntariamente en el piso para meditar con aprensiva lucidez acerca de la debilidad de Occidente... comparando el bajo índice de natalidad francesa... a la multiplicación veloz de los kirghises, con sus mujeres que parían a lomo de caballo y cuyo alimento primordial, según el tío Eulogio, consistía en varios kilogramos diarios de carne cruda... Más de una vez, la vieja y abnegada sirvienta del tío... irrumpía en sus sueños gritando «Señorito, los kirghises» y Alvaro se despertaba en el blanco y fantasmal dormitorio del colegio con la frente orillada de sudor y el pulso desacompasado...»112. La exclamación del mal sueño de la infancia sigue viva en el pájaro solitario. La genial secuencia en la que el/la Archimandrita oficia la procesión oferente con su coro de arrepentidas termina en igual disposición: «...son kirghisas!, había gritado horrorizada la Archimandrita explosión, accidente o fuga radiactiva, lo cierto era que dosis mortales de celsio, yodo, rutenio y estroncio contaminaban el aire que respirábamos, había que seguir atentamente las instrucciones, tomar las pastillas que nos ofrecían, disponerse a viajar, evacuar aquel refugio falaz...»113. La imagen de Kirghis, aun cuando se ha culturizado y remodelado en un instrumento de denuncia literaria, sigue conservando algo inquietante de rostro perseguidor e impe111. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 126. La tabulación del personaje de Kirghis mezcla dos realidades nacionales de la URSS: Yakutla y Kirguizia. En el juego literario, las máscaras de yacutos y kirghises se intercambian. Para el dato erudito, anotamos: «La comunidad even soviética tiene en total unas 12.000 almas, 8.000 esparcidas por la región de Magadan y 4.000 en Yakutia... Los yakut, otra de las minorías étnicas soviéticas, son, con sus 328.000 censados, el mayor grupo de la familia altaica y también la nacionalidad titular de Yakutla...» (Yakutla, «El País Semanal», Madrid, 24.04.1988). Asimismo: «Los pueblos indígenas de Siberla Oriental y del Extremo Oriente soviético pertenecen a la rama septentrional del tronco mongol (ev nkos, evenos, yakutos, nanayos y otros). Los pueblos de Asia Central y los de Kazajia (turkmenos, tadzhikos, uzbekos, kirghises y otros) poseen características intermedias entre la raza europeide y la mongoloide...» (L Dróbizheva. M. Kim, URSS: una gran familia de pueblos, pág. 5, Moscú, 1980). 112. J. Goytisolo, Señas de Identidad, ed. cit., págs. 37-8. 113. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit.. págs. 40-1. 92 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... netrable, de terror ascentral que ahuyenta al ave sutil incolora hacia la búsqueda de una ínsula amena, repitiendo el mismo sonsonete que la Lozana: «Haré como hace la Paz, que huye a las islas, y como no la buscan, duerme quieta y sin fastidio...»114. Siempre, en el fondo, el deseo de superación de miedos de infancia: «Los sudores fríos y las palpitaciones cedían el paso, entonces, a balsámicos sueños de dicha y euforia en una isla paradisíaca, lejos de los kirghises y sus mujeres, a la sombre de unas potencias familiares condescendientes y amigas, secular garantía de un orden sereno y perdurable...»115. PANDORA O LA MUERTE QUE SIEMBRA LA CIZAÑA Todo el relato de Las virtudes del pájaro solitario posee una unidad de tensión o de agobio. La huida interior hacia la nada se traduce en el plano individual y en el colectivo, de modo que la posible fuga de este narrador-ave incolora se constituye en enseñanza general de una historia que bien pudo ocurrir en el pretérito bíblico o en el futuro presente de la era cósmica. Pero en cualquier caso, se quiera o no, siempre pende sobre nosotros la espada profética, el «Mane, Thecel, Fares». Sentado como Aldonza en su sueño de la peña de Martos, el autor medita: «tiempos aquéllos de anchura mental y física, espacio concebido especialmente para la dicha... ameno jardín de delicias... babilonia sabrosa...»11". En el desarrollo narrativo de la estructura, del relato, Goytisolo se sirve, en esta ocasión, de un poderoso elemento visual, transferencia ¡cónica, que interrelaciona pintura con literatura de modo muy puntual. Conocíamos los frecuentes soportes que la imagen cinematográfica supuso en su construcción fabuladora, tal es el caso de Ángel protagonista de Makbara o alusiones musicales que, en cierta medida, despertaban la memoria nostálgica o anhelante del lector. Ahora, para invocar el paso destructivo de la muerte sobre el espacio feliz, babilónico, —individual o colectivo—, aprovecha la interrelación sugerente de una pintura, sumamente simbólica, inquietante y orweiiiana. El dato aparece revelador: «...La sembradora de cizaña había agotado su carga de muñecas... las imágenes de muerte y destrucción parecían revigorizarla, su aspecto, figura, desproporción de miembros, capa, greñas, sombrero eran exactamente los de la perversa heroina del cuadro...» . 114. F. Delicado, Retrato de la lozana andaluza, pág. 419, Ed.-B. M. Damiani, G. Allegra, Madrid, 1975. 115. J. Goytisolo, Señas de Identidad, ed. cit., págs. 38-39. 116. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 15. 117. J. Goytisolo, Las virtudes del pá|aro solitario, ed. cit., pág. 17. 93 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... La imagen apocalíptica de la muerte sembrando la cizaña cubre, casi completamente, la unidad secuenciai primera y se va completando con otras pinceladas en fragmentos posteriores. El espectro destructor se diseña del modo siguiente: «...(los gigantescos zapatones o zuecos de aldeana) vimos surgir sus piernas zancudas e interminables, el Inverosímil pantalón de espantapájaros ceñido a su espectral silueta de títere movido por invisibles cuerdecillas o alambres túnica suelta sobre sus extremidades filiformes, bolsas o refajos con docenas de muñecas, una capa flotante de color lila y rosa en la que se envolvía como en una bandera el rostro la cabeza, su cabeza al fin, recatada no sólo por el velo tupido de las greñas sino también por un vasto sombrero de alas de murciélago, negro, rigurosamente negro, siniestro aterrador, estatua viva del Commendatore, una verdadera aparición...»118. Esta «plaga final del milenio», esta «aparecida», adefesio o espantapájaro, ejecutadora, entre otros, del castigo del SIDA se apoya, sin duda, en la transferencia ¡cónica del 119 lienzo de Félicien Rops «La mort qui séme la zizanie» . Por si existiera alguna duda que, de inmediato; desaparecería en una simple constatación con el lienzo, el narrautor dirá en la secuencia, aludiendo a la presencia del cuadro en la propia crisis de enfermedad/caída/iluminación: «...(cómo diablos, me pregunto, había podido el artista presentir su irrupción desde una distancia de casi ochenta años?)... por qué habían puesto precisamente allí la reproducción del cuadro? elaborado en vernis mou por artista de poderes visionarios, su malignidad, en apariencia discreta contaminaba insidiosamente la pieza, embebía su atmósfera de una suave y ponzoñosa inquietud qué significado atribuir a aquella alegoría de la parca sembrando la cizaña colgada en la pared de tu cuarto, a tres metros escasos de la cabecera del lecho en el que, después de tu inexplicable catda, permanecías en un estado febril y confuso, tratando en vano de aquietar los nervios?...»120. La contraposición Ángel de la Muerte frente a Ángel de la Vida, de la delicia, nos plantea otros problemas estéticos a la hora de preguntarnos el por qué de la elección de este soporte visual. 118. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., págs. 9-11. 119. Turín, Col. E. Colombotto Rosso. 120. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., págs. 17 y 71. 94 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... Para clarificar la lectura, surge la necesidad de averiguar la intencionalidad de tal pintura, expresión angustiosa de! alma compleja de Félicien Rops. Como en todo texto goytisoliano, la dualidad es omnipresente de modo que muerte y vida no son sino caras distintas de la misma moneda. La muerte pictórica que aquí, —incluso—, ha sido connotada musicalmente con una alusión a la estatua viva del Comendador donjuanesco de Mozart121, —¿acaso una referencia a la secuencia cinematográfica del Amadeus de Milos Forman?—, envuelve en su presentación la complejidad del mito de Pandora, desarrollado y complicado en la modernidad con el tópico literario de la mujer fatal. Todos estos seres proteicos, teatrales y ambiguos del relato, desde la Doña Calancha, el/la Seminarista, el/la Archimandrita o, simplemente, el/ella IJevan en sí mismos el germen de la destrucción y, en la propia asunción de la dicha, preveen y aceptan la aparición final del milenio, la aceptación de la plaga inexorable. La misma disposición figurativa de la imagen de la Muerte, sembrando la-cizaña entre sus criaturas, no es sino transposición iconográfica de la temática de Pandora. Digamos, también, en principio, que esta configuración no es novedosa en Goytisolo. Si apurásemos el análisis, veríamos que ya en el Ángel de Makbara, —transmutación de la imagen fatalista de Mariene Dietrich—, alentaba ese hálito de ángel exterminador 122 que, ahora, asume el adefesio de F. Rops . Tal es el peso de esta presencia ¡cónica que —pensamos— no es posible deslindar dicha figuración de la Muerte con una idea muy determinada del amor y el placer. El sentido profundo del mito de Pandora pervive como eje axial del relato. El concepto de tentación y de «mal hermoso.» que ella significa,. traduce, —sustancialmente—, la relación dicha/sexo/amor en la trama novelesca. Aquí, también, tal como narra Hesíodo: «Antes de ella la raza de los hombres vivía en la Tierra libre de todo mal, de la pesada fatiga y de las dolorosas enfermedades que traen la muerte a los hombres. Pero la mujer Pandora, al levantar con sus propias manos la gran tapa de la vasija que las contenía, soltó y derramó sobre los hombres las mayores miserias... Desde entonces, hay entre los hombres innumerables desgracias y la Tierra y el mar están llenos de males...»123. El «mal hermoso», el nakovdaxov que estima Panofsky determinante en el mito, será —también— el «aire denso» que envuelve al tiempo narrativo del relato. La relación del tema clásico con el peculiar sentimiento de la dicha y la felicidad sentidos por el pintor Félicen Rops, genera el principio de que el amor es consustancial con 121. En varias ocasiones, en Señas de Identidad el novelista señaló su preferencia por el réquiem de Mozart. 122. M. Rulz Lagos, «Makbara: viaje errático ai centrodel universo-mundo», Cauce, n.° 10, págs. 127-167, Universidad de Sevilla, 1987. 123. Heslodo, Los trabajos y los días, 90/100. Citado por D. y E. Panofsky en La caja de Pandora (Aspectos cambiantes de un símbolo mítico), pág. 17, Barcelona, 1974. 95 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... la destructiva Muerte. La conciencia de la fugacidad del tiempo hace apurar la copa y el desconocimiento del momento final otorga a la dicha una temporalidad suave y etérea, tanto más placentera cuanto más consciente se es de su caducidad: «...El amor de las mujeres —escribió F. Rops— contiene, como la caja de Pandora, todos los dolores de la vida, pero están envueltos en hojas doradas y están tan llenos de aromas y colores que uno nunca debe quejarse de haber abierto la caja. Los aromas mantienen alejada la vejez y conservan hasta sus últimos momentos su fuerza original. Toda felicidad se hace pagar, y yo muero un poco por estos dulces y delicados aromas que se elevan de la maligna caja, y a pesar de ello, mi mano, a la que la vejez ya hace temblar, encuentra aún la fuerza para girar llaves prohibidas. ¡Qué son la vida, la fama, el arte! Todo lo doy por las horas benditas en las que mi cabeza descansaba en noches de verano sobre un pecho moldeado por el vaso del rey de Thule, como éste ahora también desaparecido...»124. Este espíritu de Pandora que impregna todas las secuencias del relato nos permite valorar la persistencia del trasfondo clásico. La dualidad-ambigüedad de la temática sexo-amor nos acerca a la interpretación que Boccaccio dio al mito: «El —subraya Panofsky— parece pensar en Pandora como en un hombre, o al menos como en un hermafrodita, y la llama en una frase Pandorus como «todo pleno de amargura»...» La propia iconografía de Pandora se complica, —tradicionalmente—, con la simbología de la Esperanza en lo relativo a las figuraciones de pájaros. Hemos de advertir que, si de por sí, el lienzo de Rops distribuye a sus pequeñas criaturas como aves volátiles desprendidas de un regazo de delantal, también Goytisolo denomina a la extraña Aparecida como «espantapájaros». El ave proclamaría —sin duda— la esperanza y el adefesio la expresión de su destrucción. Bastaría un simple recorrido por la iconografía de Pandora para apreciar como constante su vinculación con el mundo de los pájaros, símbolos éstos de esperanza y libertad. Cualquier referencia a los Emblemata de Alciato o a representaciones señeras como las de Rosso Fiorentino, Gourbin, Callot, Serwouters o Flaxman serían buenos ejemplos y claros Indicativos como antecedentes del lienzo de Rops. La evolución contemporánea e ¡cónica del mito enreda las cosas pero es, ah(, en donde su relación se hace más positiva con el texto de Goytisolo y con la persistencia de un clima «pandoriano» que interrelaciona a seres humanos, angustia vital, destrucción del ecosistema y anhelo de huida hacia otro espacio alternativo. Quizás, la clave del problema esté en la transformación de identificación que sufre el mito, esto es, pasar de ser simplemente «el mal hermoso» de la mujer, a un referente de 124. Citado en F. Wedekind, Lulú, prólogo de K. Kraus, pág. 5, Barcelona, 1980. 125. E. Panofsky, op. oit., pág. 23. 96 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... sexualidad generalizada, a significar el espíritu de la eroticidad. La denominación de la «mujer fatal» que, sin duda, puede ser encontrada en las secuencias del relato, —la Doña Calancha, la Seminarista, la Archimandrita—, se reconvierte en una atmósfera demoniaca, en una presencia diluida que se filtra porosa en todo el espacio narrativo. El adefesio de Rops descubre la faz tétrica de la decrepitud y decadencia, pero provoca con sus insinuaciones y —a través de esa voz que narra la desgracia del mundosemblantes alternativos, sugeridores de otros rostros femeninos como los pintados por el mismo o por Dante Gabriel Rossetti, imágenes, «voluptuosamente sentimentales, sentimentalmente voluptuosas, embellecidas por esa superabundancia de cabellos que son la misma rúbrica de la concepción prerrafaelista de la belleza, que hipnotizan al observador con una mirada profunda de sus ojos ensombrecidos, mientras, espasmódicamente, dejan abierta la tapa de una preciosa caja pequeña de la que escapan los espíritus malignos en una humeante nube...»126. Son instantáneas de Babel o Babilonia, de Eva Prima Pandora, Roma Prima Pandora o Lutetia Nova Pandora, cabaret de Berlín o casa de té de Hiroshima. «Literalmente flasheadas por la irrupción... el Mane, Thecel, Fares trazado en el muro de aquella babilonia sabrosa por mano aleve y furtiva», haría trinar a los pájaros: ¿Cuál fue el final, Pandora? ¿Fue acaso tuyo el acto que liberó las fuerzas desatadas?127. BREVE REFERENCIA A SIMORG: LECTURA SUFl DE SAN JUAN DE LA CRUZ A estas alturas del comentario no representaría ninguna originalidad señalar el débito y la intertextualidad que Las virtudes del pájaro solitario presenta con la obra propia de San Juan de la Cruz y con el esfuerzo crítico y erudito por reinventar su manuscrito perdido del Tratado del pájaro solitario. El fenómeno apocalíptico y simbólico de la asunción de un libro profético y secreto se desarrolla aquí, por parte de Goytisolo, con mayor amplitud que en Paisajes128. El designado narrautor recibe, así, de un poder externo a él, el conocimiento de una verdad que —apenas— puede revelar: «...hemos recompuesto los papeles que destruíste, dice el prior, no sabes que la obstrucción de la justicia es un crimen e incurre en castigos muy 126. E. Panofsky, op. cit., págs. 133-34. 127. D. G. Rossetti, Poems, Boston, pág. 272, reimp. de F. G. Stephens, Londres, 1894. 128. Cfr. Annie Perrin, «El apocalipsis según Juan», Anthropos, n.° 60/61, pág. 68, Barcelona, 1986. 97 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... graves?, buscábamos tu Tratado de las propiedades del pájaro solitario y no hemos dado con él, te lo tragaste entero como afirman los testigos?...»129. Goytisolo conduce a su alter ego místico a una situación límite milenarista e interpreta en él una actitud peculiar y casi heterodoxa dentro de la tradición ascético-mística. El propio misterio de algunos aspectos de la obra sanjuanista le ayuda ampliamente. Por otra parte, el relato biográfico del santo, retomado y glosado del P. Crisógono de Jesús, le permite diseñar una tesis versus Asín Palacios: no hemos de hablar, pues, tanto del Islam cristianizado como de un fenómeno inverso, producto de una filtración cultural. Trasladado Fr. Juan a la cárcel celular de los Calzados, la imagen que nos proyecta de su persona el narrautor sugiere apostar en él por una actitud ética similar a la de los malamatis del sufismo: «...habían descerrajado el pasador clavija a clavija en vista de que no abrían dándole tiempo de rasgar sus papeles y engullir los de mayor peligro, ya voy, ya voy, luego, luego, mientras los frailes se agolpaban a la puerta... vestido con una burda zamarra hasta las rodillas, sin hábito ni capilla ni escapulario, no era aquel grotesco disfraz el más adecuado a sus deseos de zaherir la farsa de un mundo irremisiblemente condenado al desastre?...»130. Crisógono de Jesús aportará los demás ingredientes para esta visión: «Fr. Juan pasa los días y las noches interminables solo, medio emparedado, en la oscuridad de su celdilla. No tiene ropa para mudarse. Cuando a los cuatro o cinco meses llegan los asfixiantes calores del estío toledano, la cárcel se hace insoportable. Al pobre descalzo le comen, a la vez, el hambre, la calentura y los insectos. La tuniquilla interior con que entró, y que no le permiten cambiar ni lavar, se le va cayendo a pedazos, medio podrida en el cuerpo... Una oscuridad de noche envuelve su espíritu, noche más oscura que esta otra, sin luna y sin estrellas, en que yace su cuerpo...»131. Colocado, así, literariamente Fr. Juan en el amplio espectro de una diluida tradición sufí, su «cierta provocadora actitud» de silenciosa protesta ante los ortodoxos Padres del Paño se configura como la propia de un malamatí: «...Los sufíes —escribe Goytisolo— interiorizan la revelación coránica, rechazan la interpretación puramente jurídica de la sharia, reviven como Al 129. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 94. 130. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., págs. 79-B1. Los textos glosados aparecen en la biografía de Crisógono de Jesús, Vida de San Juan de la Cruz, págs. 141 y ss., Madrid, 1982. 131. Crisógono de Jesús, op. cit., págs. 155-6. 98 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... Basthami o Ibn Arabl la ascensión nocturna del profeta a los cielos, con gran escándalo de doctores y canonistas. La propagación de sus doctrinas a partir del siglo IX de la era cristiana con el ejemplo y palabra de Nuri, Chibll y Husein ibn Mansur al Hallax originó nuevas y variadas corrientes místicas, aglutinadas más tarde en cofradías, como la de los malamatis y bektachis otomanos (siglo XIV). Los primeros, por ejemplo, evitaban cualquier manifestación de piedad y adoptaban una conducta exterior destinada a atraer sobre ellos la malama o censura de sus conciudadanos: de este modo domeñaban su orgullo, mantenían su piedad secreta, acendraban silenciosamente sus ideales de perfección... Cuando Ibn Arabí elabora su doctrina de la santidad sitúa muy significativamente a los malamatis en la categoría de los siervos de Alá...»132. En este sentido, la descripción detallada que de la circunstancia ambiental del Santo en el noviciado de la Reforma, en Pastrana, traza su biógrafo el P. Crisógono de Jesús, ofrece una confusa situación, expresiva de una marginalidad provocada: «...Las extraordinarias penitencias de los Padres del yermo son emuladas y superadas con exceso. A veces hay detalles absurdos, con su parte de tragedia: se desnudan las espaldas de un novicio y se le azota hasta que con su oración logre hace bajar fuego del cielo... Así se conocerá si es perfecto. Otras veces, despojados del hábito y vestidos de harapos, los hace subir al monte, cortar leña, traerla en haces sobre los hombros y llegarse hasta la villa para venderlos en la plaza pública. Pero no vale entregarlo al primer postor; deben pedir sumas elevadas, para que la venta sea más difícil y el novicio aguante asf impertinencias y malas caras de los compradores. Algunos lo soportan con mansa docilidad. Otros celebran festivamente el lado ridículo de ciertas prácticas...»133. . Fascinado por la compleja estructura y belleza del Cántico Espiritual, Goytisclo decide profundizar en la peculiaridad insular de Fr. Juan de la Cruz, en la de su palabra y en la de su propia existencia: «La ambigüedad y polivalencia de lenguaje —dice—, incongruencias verbales, versos descoyuntados, modificaciones súbitas de paisaje, rupturas en el desarrollo argumental y ordenación cronológica que distinguen el poema son, desde luego, radicalmente nuevos en e\ ámbito de la poesía del Siglo de Oro... Al adoptar una posición tan extrema tocante al lenguaje, San Juan rompía con todas las normas y criterios no sólo de la hermenéutica occidental, sino también de la hebraica, pero su tesitura cuenta con numerosos precedentes en el campo de la fascinadora mística sufí.- Los lectores de Ibn Arabí e Ibn Al-Farid y de sus exégetas posteriores estamos familiarizados 132. J. Goytisolo, «Romerías en Marruecos», en El País Semanal, 28.02.1988, pág. 39. 133. Crisógono de Jesús, op. cit., pág. 101. Aspectos muy especiales de la reforma carmelitana, enjuiciada como estrategia de una disidencia, pueden verse en: L. Kolakowski, Cristianos sin iglesia: la conciencia religiosa y el vínculo confesional en el siglo XVII. pág. 252, Madrid, 1983. 99 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... con este rechazo de una clave única y propensión a multiplicar y enriquecer los sentidos de un poema mediante un flujo continuo de interpretaciones a menudo arbitrarias y opuestas...»134. Al efectuar su transferencia de identidad en la aventura propia del místico —«sus ojos, al cruzarse con los míos, expresaron por vez primera desamparo y perplejidad...»135—, Goytisolo ha querido preservar la similitud de la experiencia marginal, libertaria, no limitada por ninguna ortodoxia. Parece indicar que Fr. Juan cruza, como pájaro solitario, el mismo sendero que otros han de recorrer en similar empresa de liberación. Para él, no hay dudas en cuanto al origen del conocimiento poético del santo. Lo que para Colín P. Thompson —esencialmente— «pertenece a la tradición mística heredada»136, para el narrautor se enlaza con la doctrina sufí. Los interrogantes del texto son decisivos: «...en la alucinación verbal de mis poemas místicos no se transparentaban imágenes eróticas de manifiesto carácter profano?, conocía el Intérprete de los deseos y su manera de transmitir el trance amoroso del poeta en una lengua sutil y enigmática?, había leído la poesía de Ibn al F.arid y los comentarios de sus glosadores?... sabía que Mawlana y sus derviches aspiraban a arrancar asimismo a las almas de su letargo mediante la danza, prendían en la sama la ¡lama suavísima de su incendio, predicaban la fusión íntima de conocimiento y amor?...»137. En otra ocasión dijimos y —ahora— subrayamos que el escritor, recurriendo al desdoblamiento del ensueño/pesadilla/enfermedad —aquí en la transferencia textual de San Juan—, da salida a la situación límite en que se encuentra. Más que de ensueño hablaríamos de «epifanía del éxtasis». Los márgenes de lo erótico se funden —¿quizás apuntando a una solución?— en un panteísmo universal que le brinda la mística de Jalalud-Din-Rumi. Pero ¿qué significa la aparente asimilación terminal del esoterlsmo estético sufí en el último vuelo de Goytisolo?. Sin duda alguna, no una adscripción a una determinada doctrina sino la metáforización en su propia persona, —en su existencia—, de la idea de camino, vagabundeo o errancia que !a mística sufí describe para el ser humano, viajero (sallk) que avanza en lentas «etapas» o jornadas (macamat) a lo largo de un «sendero» (taricat) hacia una meta que culmina en la unión e identificación con la realidad (fana fl'l Haqq). 134. J. Goytisolo, «San Juan de la Cruz», Culturas, Diarlo 16, 9.11.1986. 135. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 82. 136. C. P. Thompson, El poeta y el místico (Un estudio sobre «El Cántico Espiritual» de San Juan de la Cruz), S. Lorenzo de El Escorial, Madrid, 1985. 137. J. Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 92. 100 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ... Etapas y estados de un gnosticismo que podrían asimilarse con las de su texto biográfico: conciencia de la realidad-una; viaje hacia el nacimiento; pérdida, confusión y acronla-sincronla del recuerdo; evasión de la cárcel corporal, purificación y transmutación por la pasión espiritual. La absorción en el éxtasis o fana es el fin de la peregrinación. En lo sucesivo, para el sufí, —también para el narrautor—, cesa toda relación entre él y el mundo. Sumergido en la unidad, no conoce ya ni ley ni religión, ni forma alguna de ser contingente. Tal como dijera San Juan de la Cruz: «Ya por aquf no hay camino, que para él justo no hay ley». La identidad buscada, —ética y estéticamente—, se diluye en el universo, marca un proceso sin retorno, circular. El fenómeno se materializa en la unicidad entre escritor y texto. Es él —«soy yo»— como proclama Mawlana. Si en Paisajes la solución se apuntaba clara, en Las virtudes el escritor ha sido poéticamente más explícito. Apoyado en la interpretación mística alegórica del pájaro solitario persa, Slmorg, nos ofrece toda una teoría sanjuanista al tiempo que la clarificación de una etapa más en su historia vivida. El enigma descubierto del pájaro solitario del Cántico Espiritual glosa toda una situación y una trayectoria. El ave incolora del relato, en la noche sosegada «recibe una avisal y oscura inteligencia divina». Convocado a la asamblea de pájaros, —enjaulado alegóricamente con canarios, palomas, mirlos, colibrís, papagayos, periquitos, guacamayos, gorriones y pinzones—, figuras símbolos de infinitos kirghises, variopintos profesores, archimandritas griegos, seminaristas locos, damas parlantes aquejadas del «mal hermoso», «ve el entendimiento levantado con extraña novedad y —después de un largo sueño— abre los 1 *38 ojos a la luz que no esperaba..,» . El pájaro solitario que —desde el comienzo del relato—, ha gravitado levemente co139 mo artilugio de atrezzo en escenario de vodevil , acude a la asamblea convocada por la abubilla coránica. Palpa su cuerpo y se siente transferido: «mi sobriedad, adustez y tonos apagados eran los del pajarillo descrito en el Tratado...»140. El exótico pájaro sanjuanista, protagonista del hipotético Tratado perdido, ha servido de pretexto para desarrollar la alegoría asamblearia de aves humanizadas. ¿De cómo San Juan de la Cruz llegó a usar un símil tan peculiar y específico de la mística sufí?, es problema de la exégesis del poeta, resuelto por la investigación de L. López-Baralt. Para nuestro estudio es el dato iluminador de una transferencia personal y poética que implica sobre el transferente la asunción de una tesis cultural híbrida, rneteca y heterodoxa. 138. S. Juan de la Cruz, El Cántico Espiritual, ed. cit., Canc. 13-14, 24, pág/486. 139. En algunos momentos, la escenografía del pájaro solitario recuer )31), de J. Strenberg. . . 140. J. Goytlsolo, Las virtudes del pájaro solitario, ed. cit., pág. 168.' 139. En algunos momentos, la escenografía del pájaro solitario recuerda planos cinematográficos del Ángel Azul (1931), de J. Strenberg. . . 101 CAUCE. Núm. 11. RUÍZ LAGOS, Manuel. Pájaros en vuelo a Simorg, transferencias y ...