Full text
Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56. http://www.teocripsi.com/ojs/ (ISSN: 2116-3480) 40 Barreras y propuestas para una práctica psicológica radical Barriers and proposals for a radical psychological practice Vicente Manzano-Arrondo Universidad de Sevilla (España) Resumen La ciencia psicológica ha sido construida a partir de bases positivistas. Uno de los efectos ha sido la amplia brecha existente entre el desarrollo de la psicología y los problemas estructurales de la sociedad. De este modo, la academia ha trabajado siguiendo su propio interés o el interés de los grupos de poder que conforman las referencias hegemónicas. Así pues, la psicología rara vez se enfrenta a las causas estructurales de los problemas psicológicos individuales. Este déficit se añade a otro en el ejercicio de la profesión. La academia no suele abordar los problemas cotidianos que surgen en la práctica. De este modo, los profesionales de la psicología arrastran las limitaciones de una ciencia tuerta, y se ven en la obligación de trabajar, sin buenas guías, con las consecuencias individuales de la injusticia global. Este documento tiene como objetivo proporcionar algunas pautas para el trabajo profesional que se ocupa de las causas estructurales, desde una perspectiva psicológica. A partir del análisis de la llamada "crisis económica", esta propuesta plantea cuatro saltos conceptuales (enfocar a culpables; ir más allá de los individuos; abordar la dinámica estructural; denunciar) y tres niveles de acción (trabajo con las personas; activismo psicológico; creación de organizaciones psicológicos que promueven liberación). Palabras clave: psicología radical, psicología de la liberación, profesión de la psicología, activismo. Abstract Psychological science has been built from positivist bases. One effect has been the wide gap between the development of psychology and the structural problems of society. Thus, the academy has worked following its own interest or the interest of the power groups that make up the hegemonic references. Therefore, psychology rarely faces the structural causes of individual psychological problems. This shortfall is added to another, in the practice of the profession. The Academy does not usually address the everyday problems that arise in practice. Thus, practitioners of psychology drag the problems of a one-eyed science, and are forced to work with the individual consequences of global injustice, without good guides. This paper aims to provide some guidelines for professional work that addresses the structural causes, from a
Manzano-Arrondo 41 Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 psychological perspective. From analysis of called “economic crisis”, this proposal raises four conceptual leaps (focus on the guilty; go beyond individuals; address the structural dynamics; denounce) and three levels of action (working with individuals; psychological activism; building of psychological organizations which promote liberation). Key words: radical psychology, liberation psychology, profession of psychology; activism. Introducción La necesidad de una psicología radical ha sido y sigue siendo defendida desde enfoques diversos, si bien con la misma motivación: dirigir con claridad la vocación psicológica hacia la construcción de justicia y bienestar (Prilleltensky, 2004; Manzano-Arrondo, 2011); considerar las relaciones de fuerza y de ideologías ocultas (Vázquez, 2004), en términos de desequilibrios de poder (Apfelbaum, 1989; Angelique, 2008); o bien denunciar directamente el papel de mantenimiento del status quo que caracteriza el trabajo disciplinar de la psicología (Flores, 2011; Marvakis, 2011; Pavón-Cuéllar, 2012). Estas invitaciones a una psicología comprometida con los problemas mundanos que afectan especialmente a los más débiles, corre el peligro de agotarse en el campo de la reflexión teórica (Christens y Perkins, 2008). De hecho, Cabruja (2003) advierte que la psicología, del mismo modo que hacen otras ciencias –McCloskey (1993) se refiere a lo mismo en relación a la economía– puede ser observada como narradora de cuentos o de historias que enfocan la atención de sus miembros. A modo de remedio, Martín-Baró (1986) propone la conexión local con los oprimidos, Manzano-Arrondo (2012b) la ética de objetivos, Montero (2005) las praxis de liberación, o Prilleltensky (2008) la validez psicopolítica. Este trabajo manifiesta una preocupación fundamental por la práctica de la psicología, lo que aconseja centrar la atención en el ejercicio de la profesión. Quienes la ejercen cara a cara con las personas, cuentan con una fuerte impronta científico-teórica adquirida durante la formación académica, a la vez que matizan, enriquecen y en ocasiones se alejan de tal impronta, como resultado de la práctica profesional prolongada. Con todo ello, es habitual construir hábitos de mirada y costumbres prácticas que dificultan la concreción de una psicología radical. Para colaborar en una dirección claramente comprometida en el ejercicio de la profesión, este trabajo plantea algunas posibilidades concretas que las y los profesionales de la psicología pueden asumir como parte fundamental de su práctica cotidiana. Con esta motivación, el documento propone una metáfora inicial que pretende provocar y resituar. Sigue con una visión rápida sobre la relación entre ciencia y profesión. Aterriza en un análisis crítico sobre el papel que está ejerciendo la psicología en esta época llamada de crisis, sugiriendo saltos conceptuales. Y finaliza con tres propuestas que implican tanto un cambio de mirada como un quehacer específico
42 Barreras y propuestas para una práctica psicológica radical Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 cotidiano. En todo ello no existe el ánimo de someter a juicio a la psicología en su completud, sino de estimular y sugerir, hasta un nivel que acerque la práctica de la profesión hacia una psicología que, entre un conjunto de posibilidades alternativas admisibles, he preferido calificar de radical. Una metáfora planetaria En una conferencia, el ponente toma la palabra tras ser presentado al auditorio, y comienza: “Mientras me dirigía a este escenario, alguien me ha comunicado que perdió en la sala una bolsa de basura de 14 Kg. No creo que pase desapercibida. ¿La ven ustedes? Miren con detenimiento, por favor. La persona que me preguntó por ella se encontraba muy aturdida por la pérdida”. La situación es ficticia, pero no resulta difícil imaginar la sorpresa en el público: alguien valora una bolsa de basura, y además se plantea visibilizar desechos, cuando lo habitual es ocultarlos o prescindir de ellos cuanto antes. Según la publicación anual del Banco Mundial sobre este asunto, cada año se producen 1300 millones de toneladas de desechos sólidos en el planeta (Hoornweg y Bhada-Tata, 2012). 14 Kg es aproximadamente la basura sólida que genera por término medio un habitante cualquiera en una semana. Si cada cual de quienes asistían a la sala ficticia de la supuesta conferencia hubieran llegado con la basura generada durante el último mes, el espacio delimitado por las cuatro paredes del recinto sería posiblemente insuficiente para tanta mercancía. No obstante y a pesar de la existencia real de los desechos, ¿dónde están? ¿Dónde se han perdido? La basura es una metáfora difícil de mejorar para entender una parte fundamental de lo que hemos concebido como progreso. Implica, entre otros aspectos, invisibilizar los procesos; es decir, no ver de dónde vienen las cosas ni hacia dónde van, lo que supone ignorar el papel de la conducta individual y colectiva en todo ello. Conforme mayor es el grado de progreso de una sociedad, no solo es mayor su capacidad para generar desechos, sino también su ignorancia en torno a lo que ocurre con ellos. En Gomorra (Savino, 2008), se añade un poco de luz sobre los milagros de la invisibilidad: la mafia italiana adquiere grandes y viejas embarcaciones, las abarrota de basura y las echa a pique en alta mar. Las denuncias sobre el conflicto de la piratería somalí abordan a su vez otro fuerte desequilibrio: los mares del tercer mundo son objeto de un intercambio desproporcionado, vaciándose de peces que se consumen en el primero y obteniendo a cambio vertidos incontrolados (ManzanoArrondo, 2009). Como consecuencia de la investigación que realizan sobre este asunto, Martin et al. (2012) describen las operaciones occidentales en la zona como hipócritas, irresponsables y condenables. La metáfora de la basura no solo llama la atención sobre la invisibilidad de los procesos, sino también de los desequilibrios. El informe mencionado del Banco Mundial señala, por ejemplo, que los habitantes
Manzano-Arrondo 43 Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 del Sur de Asia son responsables de 0,45 Kg per cápita y día, mientras que son 2,2 Kg los que surgen de la zona OCDE. La basura no solo es un desecho en sí misma, sino que parece ensuciar cuanto toca, lo que refuerza el beneplácito por invisibilizarla. Ragusnik vive en el planeta Elsevere. Como en cualquier otro lugar en el que exista actividad humana, se generan desechos continuamente. Del mismo modo que lo hicieron sus antepasados, Ragusnik gestiona la recepción y aprovechamiento de toda la basura del globo. Un día decide hacer huelga si el resto de sus congéneres no asume tratarle a él y a su familia como iguales. Hay que negociar. Así que requieren la intermediación del extranjero Lamorak, de tal forma que nadie en Elsevere se vea en la desagradable situación de dialogar con la casta de los manipuladores de desperdicios. El visitante lleva a cabo su misión y descubre, tras el éxito, que nadie en Elsevere quiere despedirse de él. Lamorak ha sido psicológicamente contaminado. Este relato, Esquirol, escrito en 1957 por el genio de la ficción, Isaac Asimov, muestra una de las dos tragedias asociadas al oficio de basurero: su profesión es tan necesaria como devaluada e incluso despreciada. La segunda tragedia se sustenta en que ocurra lo que ocurra en su quehacer, no es una buena noticia, pues o bien el sector cuenta con un futuro garantizado, lo que muestra la existencia de una sociedad dañina; o bien, una transformación socioambientalmente respetuosa implicaría la mala noticia de una quiebra laboral. En cierta medida, la práctica de la psicología guarda similitudes con el oficio de basurero. La gestión de los desechos cumple una función social inestimable, que permite a las personas llevar una vida ecológicamente irresponsable sin sufrir a corto plazo las consecuencias visibles de este comportamiento. Como ocurre con quienes acarrean los contenedores de basura cada noche, la psicología transita por la tragedia de las profesiones de los desechos: vive de mantener esta dinámica, exonerando a los culpables de las consecuencias de sus actos. La basura toma la forma de una patología conductual, cognitiva, psicoanalítica... cuyas entrañas se hunden en un funcionamiento social enfermo. La psicología se encarga de recoger las consecuencias y hundirlas en alta mar, de tal forma que las estructuras en funcionamiento puedan seguir ejecutándose sin la posibilidad de remordimiento. Ojos que no ven... La metáfora puede ser exprimida dejando comparativamente mejor librado al oficio de basurero, pues este aparece únicamente cuando ya se ha generado el desecho. La psicología, por el contrario, es capaz de intervenir antes, participando activamente en los procesos que mantienen, cuando no provocan, estas dinámicas. Así, colabora con las profesiones que conjuntamente hacen de esta sociedad una colectividad enferma (Martín-Baró, 1986), una fábrica de necesidades y deseos condenados a la frustración (Galeano, 2001); y lo hace reforzando el orden establecido (Marvakis, 2011) mediante una excelente ejecución de su trabajo (Pavón-Cuéllar, 2012), que consiste en desentenderse de la
44 Barreras y propuestas para una práctica psicológica radical Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 dominación hegemónica a través de un enfoque pragmático e instrumentalista (Flores, 2011). Como ocurre en la metáfora, la psicología ejerce su profesión ocupando el lugar que le corresponde en la cadena de acontecimientos que mantienen un progreso dañino y desequilibrado. Ciencia y profesión La profesión de la psicología mantiene con la ciencia psicológica una relación de divorcio amistoso, en la que existe una influencia desequilibrada a la vez que tránsitos paralelos. Los estudios de psicología permiten a quienes los cursan ejercer su ocupación laboral con una alta dosis de ciencia. No obstante, con la práctica de la profesión, va tomando mayor protagonismo una suerte de saber aplicado no transmitido. La experiencia curte al profesional de forma íntima. Este conocimiento aplicado, acumulado y valioso no es atractivo para la academia, es decir, no nutre la ciencia psicológica. Esta ciencia, como cualquier otra, está únicamente interesada en dos fuentes de conocimiento. Por un lado, la reflexión, el ensayo, la síntesis o la revisión que utiliza como única materia prima los contenidos teóricos. Por otro, datos empíricos, pero no provenientes de las prácticas profesionales, sino generados ad hoc a través de observaciones, encuestas, experimentos y otros procedimientos científicamente admitidos cuyo objetivo directo no es solucionar problemas de la cotidianidad profesional sino incrementar el corpus de conocimiento científico. Como resultado de estas dinámicas, ciencia y profesión caminan por senderos que habitualmente solo se comunican cuando quienes ejercerán el oficio en el futuro se forman académicamente en el presente. Tal funcionamiento tiene varias consecuencias interesantes a los objetivos de este documento. Por un lado, refuerzan la impronta científica positivista que sigue caracterizando los estudios de psicología. Por otro, dificulta el camino de vuelta, desde la cotidianidad hacia la academia, que podría bañar con ciertas dosis de humildad la prepotencia científica al uso y abrir la esperanza de un cambio de enfoque para la academia. Una de las consecuencias de la impronta positivista en la formación académica de la profesión es la traducción del individualismo metodológico en individualismo profesional. El individualismo metodológico establece que sea cual fuere el problema que se aborde, puede hacerse desde una perspectiva individual, es decir, atendiendo al individuo como origen y destino de cualquier proceso (Evers y Lakomski, 2013; Noguera, 2003). Como consecuencia, la práctica de la psicología se individualiza en, al menos, dos sentidos. Primero, se aborda cualquier problema psicológico como un ente que habita en el individuo y que, por tanto, requiere trabajar únicamente con este para aterrizar en la solución.
Manzano-Arrondo 45 Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 Aunque se asumen habitualmente condicionantes contextuales (relaciones familiares, laborales, etc.), el profesional de la psicología tiene muy claro que los contextos caen fuera de su ámbito de actuación y que frente a sí tiene a la unidad de trabajo. Segundo, es anecdótico que existan agrupaciones, colectivos u organizaciones de profesionales de la psicología sin motivación corporativista. El individualismo se extiende, por tanto, a la concepción del propio oficio, de tal forma que las organizaciones tienen una función de auto-defensa o reivindicación profesional. El individualismo metodológico se ve complementado con fuerza por los filtros de individuación (Manzano-Arrondo, 2012a). Un filtro de individuación es un proceso mediante el que un problema colectivo, comunitario, ambiental o planetario se reduce psicológicamente a la esfera individual. Así, el problema del paro se observa como un asunto de emprendimiento individual; el deterioro medioambiental se corrige a través de cambios de hábitos dentro del hogar; la opresión estructural sobre las personas llamadas discapacitadas se traduce en un asunto precisamente de discapacidad individual; el estrés provocado por un estilo de vida esclavo, es abordado mediante una conveniente medicación individual; etc. A nivel psicológico (académico y profesional), las personas no son receptoras de los problemas de la sociedad sino que constituyen sistemas cerrados y, por tanto, hay que actuar sobre ellas para corregirlos. Un hombre gasta rápida e impetuosamente el poco dinero que ingresa por un trabajo en el que es sistemáticamente explotado. Descarga el primer ímpetu de rabia sobre sí mismo, concibiéndose un fracasado, en contraste con los modelos de éxito que observa por los medios de comunicación. No obstante, el desahogo más impactante tiene lugar en el único lugar donde no encuentra resistencia para ello: maltrata a su esposa y a sus hijos. Llega a mi consulta angustiado. Llora. Siente que es un ser despreciable, que daña a quienes tiene el deber de proteger. Tiene ideas suicidas y bebe progresivamente más alcohol. En esta situación, ¿cuál ha de ser mi papel como psicólogo? ¿Ayudar a esta persona a rebelarse en su puesto de trabajo, luchando por condiciones laborales dignas? ¿Implicarle con otras personas, en algún movimiento que emancipe a los hombres respecto a su masculinidad esclavizante? ¿Guiarle para amar visiblemente a quienes le rodean? ¿Dialogar con él para, a través de la terapia más conveniente, ayudarle a aceptarse y quererse a sí mismo, a superar sus traumas y a seguir o no con las mismas conductas pero esta vez con un nivel aceptable de bienestar psicológico? ¿Quizá llamar a la policía, en cuanto el cliente abandone la consulta, considerando el gesto como única acción socialmente comprometida a mi alcance? A través de las dinámicas mencionadas, resulta sorprendente que haya en la profesión de la psicología quienes echen de menos un papel más estructural para su quehacer, un cometido más orientado hacia la obstrucción de la fábrica que suministra desechos humanos,
46 Barreras y propuestas para una práctica psicológica radical Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 rebelándose frente a la función de persona especializada en la basura conductual. Y llegó la crisis Hace ya tiempo que se denuncia una o varias situaciones de crisis que afectan principalmente a la civilización occidental y a su implementación a gran escala, emergiendo desde el funcionamiento sistémico (Apple, 2011). Boff (2001) denuncia tres crisis planetarias – social, laboral y ecológica– y propone la ética del cuidado como solución (Boff, 2012). McClam y Flores-Scott (2011) hablan de crisis socioecológica o de sostenibilidad. Se trata de una crisis ética para Bean y Bernardi (2007); de Estado, para Petrella (1997); de valores, para Camps (2002); de civilización, para Morin et al. (2001); de democracia, para Chomsky (2001); de capitalismo salvaje, para Martínez (2012); etc. Sin embargo, el nombre crisis en la actualidad está fuertemente asociado con los apellidos económica o financiera, caracterizada por una reacción en cadena que en términos simplificados comienza con la explosión de la burbuja inmobiliaria y aterriza en la disminución de producto interior bruto y la generación de altas cuotas de desempleo. Una crisis es una oportunidad para el cambio. Esta oportunidad puede verse frustrada, pues toda crisis tiene resultados inciertos y pueden derivar incluso en una profundización de los funcionamientos dañinos (Holloway, 2002). Para evitar esta involución, es necesario que las crisis vengan acompañadas por una reacción humana que se sumerja en los procesos para transformarlos, de tal forma que finalmente toda solución pasa a través de las crisis (Kumashiro, 2000). Durante su eclosión, se hacen evidentes funcionamientos que habían permanecido invisibilizados y que apuntan a un claro desajuste entre aquello que está en crisis y sus dinámicas de relación interna y contextual. Siguiendo a Wagensberg (1985), el fenómeno puede ser interpretado como consecuencia de una simplificación del organismo en un contexto con mayor nivel de complejidad. En 2010 recibí una invitación para impartir una conferencia sobre los efectos psicológicos de la crisis. El propio título ya muestra un sesgo muy claro en el papel adjudicado a la psicología en este asunto: se ocupa de las consecuencias, no de las causas. La intervención provocó sorpresa en el público. El auditorio esperaba a un profesional que listara un conjunto de patologías psicológicas a nivel individual en clave estadística, al estilo de “aumento en el consumo de ansiolíticos y anti-depresivos, tasas de suicidio, trastornos de la personalidad, etc.”. La estadística es una herramienta curiosa que permite la sensación de que hablamos de grupos cuando no hemos salido de las unidades elementales. En lugar de abordar los fenómenos en su escala estructural, la estadística permite saciar la necesidad de conocer un conjunto, contando unidades. Aunque también la disciplina estadística es mucho más que esto, es esto lo que se espera habitualmente de ella.
Manzano-Arrondo 47 Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 El papel de la psicología respecto al asunto de la crisis podría ser de otro modo. Las inquietudes que se espera saciar con ella podrían surgir de un salto de dimensión, o más de uno. Así, por ejemplo: Salto 1: desenfocado. Focalizar el interés en las víctimas o receptores de los efectos es loable. Pero viene acompañado de un elemento evitable: la invisibilización de los verdugos. La psicología podría encargarse de responder a preguntas del tipo: ¿cómo una persona llega a encontrar satisfacción en la profesión de broker? ¿Qué explica el comportamiento de un profesional de la política en su connivencia con el poder financiero? ¿Cómo se articulan los procesos psicológicos que subyacen a la tasación de valores en las agencias de calificación? ¿Qué motivaciones, percepción de la realidad, dinámicas identitarias... caracterizan a quienes juegan en los mercados de la economía no productiva? ¿Qué procesos conductuales sustentan la responsabilidad difusa? Salto 2: desindividuación. La psicología sabe también de comportamiento grupal. Dinámicas como la presión de grupo, la cohesión de grupo, el grupo de referencia, etc. pueden añadir algo de luz a inquietudes del tipo ¿cómo se forman y qué dinámicas caracterizan las relaciones grupales entre políticos y financieros? ¿Qué fenómenos grupales explican el comportamiento de los medios de comunicación a la hora de dar forma a las noticias sobre la crisis? ¿Qué efectos tiene la identidad de grupo en la conducta de los profesionales de la política? Salto 3: atención a las dinámicas estructurales. El comportamiento individual, como el grupal, se instala en contextos sociales complejos en los que los aspectos culturales, los imaginarios colectivos, los procesos de socialización, etc. constituyen grandes guías para la eclosión de conductas concretas. El análisis de estas dinámicas y estructuras en clave psicológica explica en buena medida los fenómenos asociados a la crisis: ¿cómo han asumido las personas de forma tan acrítica su papel pasivo en una sociedad concebida como un gran sistema de mercado? ¿Qué mecanismos de nivel macro explican el fatalismo, la desidia y la conformidad a nivel micro, y cómo estos refuerzan a aquellos? ¿Qué dinámicas psicológicas han alimentado la sentencia de que vivimos en el mejor de los mundos posibles gracias al triunfo del capitalismo? Salto 4: denuncia. La propia existencia de la crisis, sus causas y las medidas políticas que se ofrecen como estrategias para superar la situación, son comúnmente aceptadas por razones de naturaleza psicológica, más que de índole económica. Un análisis crítico de los discursos en juego muestra recursos psicológicos potentes: ¿qué papel está teniendo la gestión del miedo en todo ello? ¿Cómo se alimenta la alienación frente a la incertidumbre? ¿Qué explica el éxito de estrategias propias de una situación de
48 Barreras y propuestas para una práctica psicológica radical Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 guerra donde se adoptan un “estado de excepción” encaminado a vencer a un enemigo impersonal? Estos cuatro saltos sugeridos, como más aun las cuestiones abiertas, no constituyen un compendio exhaustivo de posibilidades, sino una provocación sensiblemente incompleta. Como he señalado al inicio de este trabajo, la psicología ha sido confinada a una posición de salvaguarda del sistema. No se espera de ella que intervenga en la fábrica de los desechos, sino que se limite a procesarlos e invisibilizarlos. La crisis debería contagiar a la psicología, provocando también en ella una mutación de identidad y de prácticas. En este sentido, una crisis es una buena noticia, constituye el anuncio de que tenemos la oportunidad de hacer las cosas mejor. “La crisis es una esperanza. Es el momento en que los cimientos se mueven y tenemos la oportunidad de orientar el edificio.” (Manzano-Arrondo, 2012b, p. 77). Mover el edificio psicológico es una proeza porque corre el peligro de asentarse en el vacío. Quienes practican la psicología cara a cara con la gente de carne y hueso no han recibido una formación adecuada para esta función en su experiencia universitaria. No la han recibido porque la psicología como ciencia no se ocupa de estos asuntos sino de los focos que justifican el estado actual de las cosas. Propuestas Analizar cómo está funcionando la práctica mayoritaria de la psicología, aislando conductas y percepciones concretas, es ya una propuesta de acción. La identificación de unos problemas en lugar de otros es una apuesta por centrar la atención en ellos y no en los otros. De los párrafos previos pueden deducirse propuestas de acción concretas como: visibilizar el comportamiento de los verdugos, ocuparse de los procesos grupales que refuerzan este funcionamiento social nocivo, añadir luz sobre las dinámicas estructurales que alimentan y son alimentadas, y denunciar los discursos que subyacen a todo ello. Estas propuestas pueden ser observadas como acciones descriptivas. La psicología podría hacer más. El siguiente esquema es un intento de organizar diferentes actuaciones en la psicología como profesión y como ciencia, ampliando la acción descriptiva o explicativa. Micro-actuación La impronta dominante en la práctica de la psicología lleva a focalizar el trabajo en el individuo. Esta labor puede llevarse a cabo con enfoques muy diferentes. El best-seller Tus zonas erróneas (Dyer, 2001) muestra con claridad el prisma habitual: quiérete, acéptate, valórate, líbrate de la culpa... En esta misma línea se sitúan corrientes de éxito como la psicología positiva, que consigue dar un aire actual a ideas ya muy antiguas sobre los secretos de la felicidad (Fernández, 2008). El intento es aceptable, pues trabaja por el bienestar del individuo. Pero lo hace
Manzano-Arrondo 55 Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 Martin, L.P., de Fortuny, T. y Bohigas, X. (2012). Piratería en Somalia: ¿Excusa u oportunidad geopolítica? Barcelona: Centre d'Estudis per la Pau J.M.Delàs - Justícia i Pau. Martínez, J. (2012). Enseñar en la universidad pública. Sujeto, conocimiento y poder en la Educación Superior. Revista Aula de Encuentro, Núm. especial, 39-52. Marvakis, A. (2011). La psicología (crítica) permanentemente en la encrucijada: sirvientes del poder y herramientas para la emancipación. Teoría y crítica de la psicología 1, 122-130. McClam, Sh. y Flores-Scott, E. M. (2011). Transdisciplinary teaching and research: what is possible in higher education? Teaching in Higher Education 17(2), 231-243. McCloskey, D.M. (1993). Si eres tan listo. La narrativa de los expertos en economía. Madrid: Alianza Editorial. Montero, M. (2005). Para una ética de la liberación: la liberación del otro en la psicología. En N. Portillo, M. Gaborit y J.M. Cruz (Eds.), Psicología social en la posguerra: teoría y aplicaciones desde El Salvador (pp. 410-435). San Salvador: UCA Ediciones. Morin, E. (1995). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa. Noguera, J. A. (2003). ¿Quién teme al individualismo metodológico? Un análisis de sus implicaciones para la teoría social. Papers, 69, 101-132. Paloma, V. y Manzano-Arrondo, V. (2011). The role of organizations in liberation psychology: applications to the study of migrations. Psychosocial Intervention, 20(3), 309-318. Pavón-Cuéllar, D. (2012). Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación. Teoría y crítica de la psicología 2, 202-209. Prilleltensky, I. (2004). Validez psicopolítica: el próximo reto para la psicología comunitaria. En M. Montero (Comps.), Introducción a la psicología comunitaria. Desarrollo, conceptos y procesos [pp. 13-32]. Buenos Aires: Paidós. Prilleltensky, I. (2008). The role of power in wellness, oppression, and liberation: The promise of psychopolitical validity. Journal of Community Psychology, 36, 116-136. Prilleltensky, I. y Fox, D. R. (2007). Psychological literacy for wellness and justice. Journal of Community Psychology, 35, 793-805. Robak, R. W. y Nagda, P. R. (2011). Psychological needs: a study of what makes life satisfying. North American Journal of Psychology, 13(1), 75-86. Saviano, R. (2008). Gomorra. Barcelona: Labutxaca.
56 Barreras y propuestas para una práctica psicológica radical Teoría y Crítica de la Psicología 5 (2015), 40–56 Vázquez, C. (2004). Refortalecimiento: un debate con el empowerment. Revista Interamericana de Psicología, 38, 41-51. Vilar, S. (1997). La nueva racionalidad. Comprender la complejidad con métodos transdisciplinarios. Barcelona: Kairos. Wagensberg, J. (1985). Ideas sobre la complejidad del mundo. Barcelona: Tusquets Editores. Watts, R.J., Griffith, D. M. y Abdul-Adil, J. (1999). Sociopolitical development as an antidote for oppression - theory and action. American Journal of Community Psychology, 27(2), 255-271. __________________________________________ Fecha de recepción: 20 de septiembre 2014 Fecha de aceptación: 3 de febrero 2015