Pensamientos e imágenes de la arquitectura de la incontinencia
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- 69 - INTRODUCCIÓN La arquitectura popular en Bolivia ha logrado una insólita notoriedad por el fenómeno conocido como cholets. En ese rumbo se destaca un creador, el alteño Freddy Mamani Silvestre, que viaja por todo el planeta llevando su trabajo como ningún otro creador en la historia de la arquitectura boliviana. Con una aceptación, mezcla entre curiosidad antropológica y condescendencia eurocentrista, este autor tiene un sitial en las redes sociales, en prensa especializada, y en algunos sitios académicos. Por tal razón, es importante ir desbrozando el camino para el entendimiento de este fenómeno que se gestó en un largo proceso desde mediados del siglo pasado en Bolivia. Los buenos intentos académicos para interpretar esta tendencia boliviana son pocos en comparación a su bulla mediática; PENSAMIENTOS E IMÁGENES DE LA ARQUITECTURA DE LA INCONTINENCIA Carlos Villagómez podemos citar: Freddy Mamani Silvestre de Elisabetta Andreoli y Ligia D’Andrea de 2014; Arquitecturas emergentes en El Alto de Randolph Cárdenas de 2010; Arquitectura emergente de Yolanda Salazar de 2016; y artículos personales que están publicados en La Paz Imaginada de 2007 y Ensayos de arquitectura en La Paz de 2009 como en otras publicaciones. Por el interés que representa el tema en los parágrafos siguientes anotaremos nueve conceptos, contrastantes como un collage, que se entremezclan con imágenes para ir por fuera de los rumbos convencionales de la historiografía arquitectónica, relacionando este fenómeno de resistencia plebeya con arte, cultura, ciudad y sociedad. En suma, son recursos espontáneos como el propio objeto de estudio ya que la aproximación arquitectónica de la academia no podrá ir más allá de sus marcadas fronteras culturales. ASTRAGALO, 24 (2018) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 2469-0503 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2018.i24.05 Arquitecto Profesor UNSA La Paz Bolivia
PENSAMIENTOS E IMÁGENES DE LA ARQUITECTURA DE LA INCONTINENCIA - 70 - LA ESTÉTICA POPULAR DE LA PAZ Y EL ALTO EN EL CONTEXTO SOCIAL Y FÍSICO. En sus paisajes arquitectónicos, la ciudad de La Paz fue durante siglos el reflejo de una sociedad de castas excluyentes que determinaron su trazo de acuerdo a influencias eurocentristas aunque superpuestas con tintes locales en cada estadio de su formación urbana. Ese inconsistente equilibrio entre una sociedad y ciudad excluyentes sufre en los años cincuenta del siglo XX, un cambio que renueva, pero también pervierte el orden urbano. En un marco de influencias arrolladoras que vienen con una tardía modernidad, La Paz incorpora en sus estructuras urbanas a los indígenas migrantes del campo y comienza a enfrentar nuevos fenómenos en una ciudad confusa y abigarrada. En ese marco, y a partir de los años setenta del siglo pasado, se gesta en la ciudad una arquitectura de rasgos confusos y delirantes que comienzan a germinar en la pendiente oeste donde radican los comerciantes y contrabandistas de la nueva burguesía popular. La llamada burguesía chola transforma el perfil urbano de esa zona y densifica la masa urbana con un estilo peculiar, mezcla de influencias de occidentales y orientales con rasgos nativos, gestando un mestizaje arquitectónico inédito. Sin un lenguaje discernible ni organizado, los edificios de la estética chola son una mezcla delirante de colores y detalles que se intensifican con la incorporación irracional y ilustración 1 Interior Cholet. Ciudad de El Alto. Bolivia. Fotografía Jaime Cisneros
Carlos Villagómez - 71 - profusa de carteles y anuncios comerciales. El caos que ese escenario arquitectónico presenta es vital y perversamente vivificante. El habitante de esas zonas se enorgullece y se ufana de esa manera de presentar su mundo perceptual en esas calles plagadas de movimientos, sonidos y olores. La teatralidad urbana es de ahí en adelante barroca y aymara. Difícil de interpretar, la estética chola esta tomando poco a poco todo el escenario urbano rebasa sus fronteras originales y ya es, a principios de este siglo, la estética de La Paz y El Alto, por encima de los pocos ejemplos de formato occidental. Ahora estas ciudades tienen un particular imaginario mestizo. Esta representación del mundo interior paceño tiene ahora otros medios de expresión: la manera de enunciar y presentar los contenidos de los medios audiovisuales, la gráfica de lo comercial, la música chicha y un arquitectura de incontinencia formal y cromática, son algunos de los medios que busca esta sociedad irresoluta como una nueva forma de hacer ciudad. La Paz, en casi todas sus zonas es más que simple arquitectura y forma urbana, es casi toda ella, un soporte para todo tipo mensajes que expresan el carácter eminentemente terciario de nuestra base económica, donde la mayor fuerza laboral esta ocupada en el comercio formal e informal o en los servicios prestados al ilustración 2 Cholets. Ciudad de El Alto. Bolivia. Fotografía JC ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
PENSAMIENTOS E IMÁGENES DE LA ARQUITECTURA DE LA INCONTINENCIA - 72 - aparato estatal. Con una normativa municipal que ha sido rebasada, las ciudades de La Paz y El Alto presentan un mensaje polifacético e impreciso, un collage interminable de expresión urbana. Pareciera que tenemos una necesidad interior, una pulsión natural de expresar todo sin dejar nada a la sutileza o a la interpretación sugerente. En esas ciudades, en estos tiempos milenaristas, se han superado el edificio cartel de Venturi (Robert Venturi, 1972) o la era del vacío de Lipovestky (Gilles Lipovetsky, 2006). Son ciudades andinas de la incontinencia expresiva. Sin comprender ni digerir a plenitud la modernidad occidental, La Paz entró de lleno en una posmodernidad delirante y como tal, esta nueva formación social es un proyecto inacabado e incomprensible. Con él, la estética que la acompaña en el nuevo siglo es la expresión de los nuevos movimientos sociales de las mayores ciudades indígenas de América Latina. Y aunque se resistan algunos grupos nostálgicos de la ciudad liberal de principios del siglo XX, la estética chola es quizás el motor más dinámico que impulsa los nuevos imaginarios urbanos. Si estos son el resultado de una ensoñación colectiva o de una pesadilla futurista no podemos saberlo; pero su marcha es imparable y está socialmente garantizada: tiene poder económico, es la mayor representación cultural urbana y desde más de una década tiene poder político. Tiene en suma, el trípode que sustenta cualquier movimiento estético con singulares proyecciones. Las bases de esta revolución plebeya de la arquitectura tienen una estructura social de soporte en una cultura viva con un nuevo actor en la sociedad paceña: el mestizo urbano. Por otra parte, la profusión del desarrollo de la estética chola ha formado un paisaje cultural en los términos establecidos por la Unesco. Es decir, es una realidad más que pintoresca o epidérmica. Quizá debemos reformular los cuestionamientos hacia: ¿Llegó el momento de una revolución de cuajo, donde el lenguaje histórico de la arquitectura está siendo estructuralmente alterado? En lo construido por esa casta emergente podemos rescatar algunas modalidades o modos de hacer esa arquitectura. Todas las decisiones son concertadas y discutidas en un intercambio verbal constante y redundante, tan particular a una sociedad del coloquio y el asambleísmo. La costumbre de dialogar ad infinitum es patrimonio de una sociedad ágrafa de tradición oral antes que escrita. Y dentro de ese marco, de extrema cortesía, se determinan los parámetros de diseños funcionales, formales e incluso tecnológicos. Los comitentes no permiten espacios desperdiciados ni ninguna otra licencia arquitectónica que vaya en detrimento de su sentido de explotación comercial del espacio. Esa mezquindad se trueca en una delirante necesidad de expresividad cromática y del detalle cuyas raíces son múltiples y con un patrón fijo: la perversidad en la apropiación de los estilos. Ya sea para relatar sus origines rurales o por la simple manifestación de su presencia en la sociedad urbana, los comitentes buscan la manipulación estilística de cualquier origen: posmodernidad, modernidad, clasicismo o cualquier categoría en un delirio entomológico a lo Charles Jencks. Nada está ilustración 3 Ciudad de La Paz. Bolivia. Fotografía Carlos Villagómez
Carlos Villagómez - 73 - prohibido. Y en ese libertinaje estético el lugar del gremio de arquitectos convencionales está en entredicho. El mercado de productos en esta ciudad está inundado por la industria asiática y con poca participación de la industria de la construcción local. Lo que lleva a suponer que, este modo de hacer arquitectura, tiene su materialidad condicionada por la figuración extrema del Oriente. En otros términos, con la revolución plebeya y su arquitectura incontinente el péndulo de nuestra historiografía arquitectónica se encuentra en la vaivén extremo de un colectivo social y cultural emergente. LA SOCIEDAD DE LA INCONTINENCIA CONTRA LA NORMA Y EL CANON Una tarea pendiente para la sociología, la antropología o, si se prefiere, para las ciencias ocultas es saber porqué nuestro desarrollo urbano y arquitectónico es tan bizarro. En tiempos milenaristas no bastan las aproximaciones filomarxistas o de la ciencia urbanística. Es preciso adentrar en nuestro ethos y, desde ahí, palpar nuestros más profundos atavismos. Uno de ellos es la inescrutable voluntad de no seguir las reglas. Hace poco se perdió del paisaje urbano de la ciudad de El Alto una elocuente gigantografía de esa voluntad levantisca que decía: El ilustración 4 Ciudad de La Paz. Bolivia. Fotografía CV ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
PENSAMIENTOS E IMÁGENES DE LA ARQUITECTURA DE LA INCONTINENCIA - 74 - aymara es más grande que el sistema. Y sí que lo es. Esa frase resumía todas las formas de sublevación y sedición que tenemos en contra de las reglas, las normas o los cánones. En esta ciudad nadie quiere ser normado, controlado, fiscalizado, intervenido o verificado. Dos muestras de esa insurrección al orden es la desobediencia a las normas municipales y a cualquier canon estético. De la mixtura entre ambos nace el paisaje urbano tan desvergonzado que tenemos. La revuelta contra el canon estético occidental es un ejercicio de hace muchos años atrás. Recordemos al alcalde de la ciudad de La Paz Salmón de la Barra; a la constructora Ormachea; al padre Obermaier y, últimamente, al reconocido creador alteño Mamani Silvestre. Todos ellos abanderados de esa voluntad anticolonial que busca otra expresión arquitectónica y urbana de esta sociedad desbordada. Si eso está bien o está mal concebido no interesa en estos días. Vivimos los tiempos de una sublevación popular, de una resistencia al canon occidental contra todo precepto estético. Quizás esta sea nuestra manera de ser felices. Quizás sea nuestra forma de hacer ciudad y comunidad urbana. O quizás seamos el laboratorio universal de inéditas experiencias urbanas en la historia de la humanidad. LA ARQUITECTURA Y LA INCONTINENCIA FESTIVA El día después de la entrada folklórica del Señor del Gran Poder que se realiza por el mes de junio en la ciudad de La Paz se consuma un after party potente y sugestivo. En un coletazo de la fiesta paceña que es más delirante que la misma celebración. En zona de Chijini la conocen como la Diana y comienza al despuntar el alba después ilustración 5 Morenada. Diana 2018. Ciudad de La Paz. Bolivia. Fotografía CV
Carlos Villagómez - 75 - de la sorprendente entrada. En la luz tenue y fría de la madrugada ese pedazo de ciudad popular esta despierta y parece contemplar a la ciudad que duerme. Allí, la fiesta continúa en la avenida Eduardo Abaroa donde se reúnen las fraternidades de las danzas pesadas (la Morenada) para continuarla o para demostrar a todos que se puede resistir con intensa devoción la libación que aguanta la incontinencia festiva. Poco a poco se escenifica esta fiesta privada, que se realiza con todos los vecinos del barrio donde nació esta expresión plena de la paceñidad. Se ordenan las sillas, los puestos de comida, los letreros de baños públicos y las barricadas de cajones de cerveza para marcar la ruta. Son cuadras de un teatro urbano erigido entre opulentos edificios de arquitectura popular, algunos cholets con vistosos salones de fiesta que se llaman: el Brindys Palace, el Kory Inti, el Inti Pacha o el Gigante Ananay. A lo largo de este trayecto se bebe y come como heliogábalos un interminable menú popular: caldo de pollo, chicharrón, fricase, sajta, thimpu o jakhonta. Se goza sin miramientos porque ya están instalados en su casa; ya pasó la representación mayor y ya se cumplió con toda la ciudad. Ahora toca divertirse en la intimidad de la familia del Gran Poder bailando hacia el templo, vestidos como corresponde, ellos con terno, chaleco y corbata, y ellas con polleras radiantes y enjoyadas a placer. Este acontecimiento tiene un espacio de campanillas: presencias ensimismado el paso de las fraternidades bajo el puente Abaroa. Bajo la penumbra elíptica truenan las bandas y las matracas, las polleras de las fraternas giran brillando y contrastando en exceso, y como agua eufórica de una contenida presa, salen lanzados hacia la calle Gallardo y el templo en honor al Jesús del Gran Poder. En el interior del templo se oculta la imagen tricéfala de la Santísima Trinidad. ilustración 6 Baile de los Chutas. Ciudad de La Paz. Bolivia. Fotografía CV ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
PENSAMIENTOS E IMÁGENES DE LA ARQUITECTURA DE LA INCONTINENCIA - 76 - Afuera, esta nueva clase dirigente paceña, muestra altiva otra trinidad de poderes: el cultural, el político y el económico. En este milenio manda un nueva clase, popular y auténtica, que desplazó en sólo dos generaciones a la burguesía criolla. Y, muy temprano en la mañana de la Diana 2013, ese nuevo señorío nos cantó una morenada que es todo un hit de la ironía: plata tengo, oro tengo, pero no me da la gana de cancelarte… EL HORROR VACUI ANDINO Tenemos una manera de expresarnos que es exuberante, pletórica, excesiva y grandilocuente. Todo lo llenamos, todo lo atiborramos, todo lo atestamos. No podemos ver una superficie vacía que inmediatamente la rellenamos o la coloreamos. El vacío nos angustia, nos oprime el alma. Tenemos el síndrome llamado, en latín, horror vacui: el temor al vacío. Somos la sociedad de la incontinencia expresiva. En nuestras obras artísticas se nota esa tendencia a la exageración formal, a utilizar demasiados elementos, con una mixtura de colores encendidos, cargando todo el espacio. El diseño paradigmático de nuestro horror vacui es el escudo nacional que tiene todas las alegorías posibles del reino animal y vegetal, del fragor de la guerra y todo lo que paso por la mente del republicano que, en el siglo ilustración 7 Morenada 2013. Fiesta de Gran Poder. Ciudad de El Alto. Bolivia. Fotografía CV
Carlos Villagómez - 77 - XIX, tuvo la responsabilidad de concebirlo. Paralelo a ese sancocho patrio, tenemos hoy en día las invitaciones que circulan entre los fraternos del Gran Poder, todo un ramillete plurimulticultural de imágenes colorinches. Llegamos a esta condición por un proceso largo y tortuoso de aculturación que arribó de occidente (el barroco español a rajatabla), que se mezcló con un ancestro cultural que tenía (y tiene aún) una particular vertiente asiática. Con ello construimos hoy en día nuestra ciudad y su arquitectura. No concebimos minimalismos asépticos que nacen de creencias zen, luteranas o calvinistas y edificamos la ciudad sin dar un respiro a la mirada: edificios por doquier, casitas y casonas amontonadas aquí y acullá, letreritos y gigantografías tapando toda la naturaleza posible, mercados y puestitos comerciales en todos los espacios públicos posibles, etc. Todo está lleno, colmado y sobresaturado en esta ciudad. No se libra ni la limpidez del cielo paceño, lo llenamos de cables, de llamativos teleféricos y de otros despojos que lanzamos por el aire. Es nuestra marca estética y está indeleble en nuestra genética: es el horror vacui andino. Pero nuestras incontinencias expresivas no terminan ahí. La sociedad del exceso busca renovarse con avances tecnológicos que, en nuestras manos, dan pavor: las gigantografías y las luces led. Cuando llega la noche y pensamos que con la oscuridad podemos descansar un poco de semejante carnaval visual, se prenden las luces led de la Casa del Pueblo que mando a construir Evo Morales por encima de consideraciones patrimoniales. El edificio estatal, que simboliza este proceso político, brilla en la Plaza Murillo como un casino de Las Vegas. Ironías aparte, es imperativo insistir que esta expresión desmedida nace de nuestra mezcla religiosa que muchos llaman sincretismo. Producto de la amalgama entre lo ancestral y lo churrigueresco español nace este inveterado horror al vacío que es tan lejano a la austeridad visual del ser calvinista y luterano que, a los andinos urbanizados, nos aburre soberanamente. ilustración 8 Ciudad de El Alto. Bolivia. Fotografía CV ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
PENSAMIENTOS E IMÁGENES DE LA ARQUITECTURA DE LA INCONTINENCIA - 84 - ¿será ésta la exultante carnalidad arquitectónica que nos represente en el siglo XXI? LA ARQUITECTURA INCONTINENTE COMO DELITO Los llamados cholets son motivo de ácidas criticas por parte del gremio de arquitectos oficialista y de las facultades de arquitectura en el país. Por ello, se deben ensayar reflexiones para entender ambos procesos (entre la coherencia formal occidental y la incontinencia popular) que en la actualidad parecen colisionar sin visos de un entendimiento mutuo. Los arquitectos del oficialismo académico somos adictos a los dogmas y con ellos juzgamos lapidariamente a la arquitectura popular. Ejercemos un oficio indeterminado que tiene más zonas grises que certezas en una sociedad pluricultural; por ello, el dogma se torna vital. La historia de la arquitectura está llena de héroes que desplegaron su arte contra viento y marea defendiéndolo con el recurso de la palabra, arropando sus proyectos con un dogma a modo de manto santo. Y ese necesidad de prescribir dogmas se hizo mas patente a principios del siglo XX en la gloriosa época moderna de la arquitectura. Con textos de Le Corbusier o Gropius, los arquitectos del mundo decidimos cambiar el rumbo de la arquitectura hacia una estilo más técnico, más funcional y tan limpio como un quirófano. ilustración 14 Cholets. Ciudad de El Alto. Bolivia. Fotografía JC
Carlos Villagómez - 85 - Pero, en esa dirección, los arquitectos nos fuimos separando del mundo real, nos fuimos distanciando del ser humano cotidiano y sencillo. Y para transitar ese desapego nos prendimos a nuevos dogmas, a otras palabras divinas, que nos permitan cumplir la tarea mesiánica de educar al mundo sobre lo que es bueno y es bello. De esos credos el más preciado y recurrido es una ponencia del año 1908 que presentó el arquitecto austríaco Adolf Loos: Ornamento y Delito. En ese ensayo, Loos avivaba el fuego de la estética de la modernidad: Como el ornamento ya no pertenece orgánicamente a nuestra civilización, tampoco es ya expresión de ella. El ornamento que se crea hoy ya no tiene ninguna relación con nosotros ni con nada humano; es decir, no tiene relación alguna con la actual ordenación del mundo; y denigraba los detalles de la arquitectura clásica: El ornamento no es sólo símbolo de un tiempo ya pasado. Es un signo de degeneración estética y moral. Sin duda, una postura tajante de alguien que no desea concertar con otros. Hoy en día, en el gremio de arquitectos en Bolivia ese ensayo suena como imperativo religioso (soy el camino, la verdad y la vida) o como arenga prusiana. Loos decía sin temores: Predico para el aristócrata. ¿Qué diría Loos de un cholet? Extrañamente, y cien años después, ese dogma luterano-calvinista convoca a los arquitectos de esta parte andina, que viven los actuales momentos de convulsión, y todavía no perciben el cambio cultural de esta sociedad. En tiempos de múltiples modernidades, de pluriculturalidades y de declaraciones culturales inclusivas (como las cartas de la Unesco), el gremio sigue obnubilado por ese austríaco que promovía la asepsia arquitectónica total, la blancura inmaculada sin firuletes, pero que en vida fue políticamente incorrecto, mujeriego empedernido y pedófilo enjuiciado. Olvidando sus límpidas prédicas, Adolf Loos terminó sus días postrado en una silla de ruedas persiguiendo a una enfermera. REFERENCIAS Andreoli,E.-D´Andrea,L., Arquitectura andina de Bolivia: la obra de Freddy Mamani Silvestre, EA, La Paz, 2014.Disponible en ISSU. Cárdenas, R. et al, Arquitecturas emergentes de El Alto, PIEB, La Paz, 2010. Eco, U., Historia de la Fealdad, Lumen, Barcelona, 2004. Lipovetzky, G., La era del vacio, Anagrama, Barcelona, 2006. Oros, V., Alasitas: donde crecen las illas, MNEFFBCB, LA Paz, 2017. Salazar, Y., Arquitecturas emergentes, Plural, La Paz, 2016. Venturi, R. et al, Learning from Las Vegas, MIT Press, 1972. Villagómez, C., La Paz imaginada, Andres Bello , La Paz, 2007. Villagómez, C., Ensayos sobre arquitectura en La Paz, GMLP, La Paz, 2009. ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
PENSAMIENTOS E IMÁGENES DE LA ARQUITECTURA DE LA INCONTINENCIA - 86 - ilustración 15 Interior Cholet. Ciudad de El Alto. Bolivia. Fotografía JC