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Estudio y edición del "Prólogo" al "Discurso de los tufos" de Bartolomé Jiménez Patón (a propósito de Francisco de Cabrera y la polémica gongorina)

Osuna Cabezas, María José

Abstract

En este trabajo se estudia y edita el Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón, escrito por Francisco de Cabrera. El estudio y edición de este texto permiten aportar más datos sobre el autor y establecer interesantes relaciones personales y literarias entre diversos participantes en la polémica gongorina: Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Tomás Tamayo de Vargas, Francisco de Cascales, Gutierre Marqués de Careaga y el propio Cabrera.

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403 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón (a propósito de Francisco de Cabrera y la polémica gongorina)1 María José osuna Cabezas Universidad de Sevilla Título: Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón (a propósito de Francisco de Cabrera y la polémica gongorina). Title: Study and Edition of the Preface to the Discurso de los tufos, by Bartolomé Jiménez Patón (in relation to Francisco de Cabrera and the ‘Góngora Polemic’). Resumen: En este trabajo se estudia y edita el Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón, escrito por Francisco de Cabrera. El estudio y edición de este texto permiten aportar más datos sobre el autor y establecer interesantes relaciones personales y literarias entre diversos participantes en la polémica gongorina: Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Tomás Tamayo de Vargas, Francisco de Cascales, Gutierre Marqués de Careaga y el propio Cabrera. Abstract: In this work, it is analysed and published the prologue to Bartolomé Jiménez Patón´s Discurso de los tufos, written by Francisco de Cabrera. The study and edition of this text can provide additional about the author and establish interesting literary and personal relationships among diverse participants in the gongoresque controversy: Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Tomás Tamayo de Vargas, Francisco de Cascales, Gutierre Marqués de Careaga and Cabrera himself. Palabras clave: Polémica gongorina, Francisco de Cabrera, Discurso de los tufos. Key words: Gongoresque controversy, Francisco de Cabrera, Discurso de los tufos. Fecha de recepción: 14/9/2014. Date of Receipt: 14/9/2014. Fecha de aceptación: 28/10/2014. Date of Approval: 28/10/2014. 1 El presente artículo forma parte del plan de trabajo del Proyecto I+D+i El canon de la lítidca áurea: constitución, transmisión e historiografía (III), FFI 2011-27449, del Ministerio de Ciencia e Innovación. 404 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... 1. Introducción Durante el reinado de Felipe IV, y con la anuencia del Conde Duque de Olivares, se propician una serie de reformas políticas encaminadas a poner freno al progresivo deterioro que estaba sufriendo la nación. Para este fin se crea la Junta Grande de Reformación, que se marca varios objetivos: mejorar las costumbres, reprimir el lujo y reformar lo tocante a los vicios, abusos y cohechos presentes en la sociedad del momento. Así, se empezó proponiendo la reforma de los cuellos y se continuó con reformas que atacaban los excesos en los trajes y adornos y con censuras contra la moda de los copetes2 y guedejas3 en los hombres. Todo esto se materializó fundamentalmente en dos prohibiciones. La primera de ellas, por pregón de 13 de abril de 1639, prohibía que [...] ninguna mujer, de cualquier estado y calidad que sea, pueda traer ni traiga guardainfante4, ni otro instrumento ni traje semejante, excepto las mujeres que con licencia de las Justicias públicamente son malas de sus personas y ganan por ello; a las cuales solamente se les permite el uso de los guardainfantes, para que los puedan traer libremente y sin pena alguna5. La segunda de ellas se promulga el 13 de abril del mismo año de 1639 y viene a ordenar que “ningún hombre pueda traer copete o jaulilla6, ni 2 copete: “cierta porción de pelo, que se levanta encima de la frente más alto que lo demás, de figura redonda o prolongada, que unas veces es natural y otras postizo” (Aut.). 3 guedeja: “el cabello que cae de la cabeza a las sienes, de la parte de adelante” (Aut.). 4 guardainfante: “cierto artificio muy hueco, hecho de alambres con cintas, que se ponían las mujeres en la cintura, y sobre él se ponían la basquiña” (Aut.). 5 Rafael González Cañal, “El lujo y la ociosidad durante la privanza de Olivares: Bartolomé Jiménez Patón y la polémica sobre el guardainfante y las guedejas”, Criticón, 53 (1991), pp. 71-96 (p. 74). 6 jaulilla: “un adorno para la cabeza hecho a manera de red” (Aut.). 405 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... guedejas con crespo u otro rizo en el cabello, el cual no pueda pasar de la oreja”7. Con carácter previo a estas pragmáticas, se había creado un caldo de cultivo propicio para estas reformas a través de la publicación de diversos textos que reclamaban una intervención política clara. Entre ellos, cabe destacar los siguientes: - Nueva Premática de reformación contra los abusos de los afeites8, calzado, guedejas, guardainfantes, lenguaje crítico, moños, trajes y exceso en el uso del tabaco, de fray Tomás Ramón. Zaragoza, Diego Dormer, 1635. - Discurso contra males trajes y adornos lascivos. A Felipe IV, el mayor Señor del Orbe y a sus supremos Consejos de Justicia y Estado. Rogación en detestación de los grandes abusos en los trajes y adornos nuevamente introducidos en España, de Alonso Carranza. Madrid, María de Quiñones, a costa de Pedro Coello, 1636. - Memorial en defensa de las mujeres de España y de los vestidos y adornos de que usan, del Licenciado Arias Gonzalo. Lisboa, Antonio Álvarez, 1636. Se trata de un texto en respuesta del anterior. - Invectiva en discursos apologéticos. Contra el abuso público de las guedejas, de Gutierre Marqués de Careaga. Madrid, María de Quiñones, a costa de Pedro Coello, 1637. - Reforma de trajes, de fray Hernando de Talavera, e ilustradas por Bartolomé Jiménez Patón. Baeza, Juan de la Cuesta, 1638. - Discurso de los tufos, copetes y calvas, de Bartolomé Jiménez Patón. Baeza, Juan de la Cuesta, 1639, aunque escrito entre los años 16241625. González Cañal9 ha estudiado los principales argumentos que se repiten en estos textos y en otros escritos de moralistas y religiosos del siglo XVII y de siglos anteriores. Dichos argumentos pueden resumirse en los siguientes: 7 Rafael González Cañal, op. cit., p. 74. 8 afeite: “el aderezo o adobo que se pone a alguna cosa, para que parezca bien, y particularmente el que se ponen las mujeres para desmentir sus defectos, y parecer hermosas” (Aut.). 9 Rafael González Cañal, op. cit., pp. 71-96. 406 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... - Los vestidos y adornos se relacionan con el pecado. - Si todo el mundo tiene acceso al lujo y a las galas, se puede generar una confusión social, llegándose así a la indistinción de clases. Además, puede conducir incluso a una confusión entre los sexos. - La preocupación por los adornos es síntoma de una sociedad ociosa. Así, la nobleza española no está preocupada por asuntos militares, sino por cuestiones que contribuyen a su decadencia y a su afeminación. - La inversión en lujo acarrea también un problema de índole económica, pues el gasto aumenta y esto repercute en las haciendas. 2. Discurso De los tufos, copetes y calvas En este contexto histórico y literario hay que situar el Discurso de los tufos, copetes y calvas de Bartolomé Jiménez Patón. La obra se estructura de la siguiente manera: - Portada. Aquí Patón se presenta como Maestro, Escribano del Santo Oficio y Correo Mayor del Campo de Montiel y Catedrático de Elocuencia. Asimismo, dirige el libro al Príncipe de las Eternidades Jesús Nazareno, Rey de Reyes y Señor de Señores. - Aprobación de don Tomás Tamayo de Vargas, coronista del Rey Señor Nuestro, otorgada en Madrid, en 12 de julio de 1628. - Suma del Privilegio, por diez años, despachada ante Juan Laso de la Vega, en Madrid, el 20 de agosto de 1628. - Tasa, dada por Francisco de Arrieta, Escribano de Cámara del Rey, en Madrid, el 28 de marzo de 1639. - Fe del Corrector, dada por el Licenciado Murcia de la Llana, en Madrid, el 10 de marzo de 1639. - Aprobaciones y licencias del Licenciado Abad Ferrezuelo y fray Tomás de Contreras, fechadas respectivamente en Villanueva de los Infantes, el 23 y el 29 de noviembre de 1627. - Carta Al Doctor don Gutierre Marqués de Careaga, señor de la casa solariega de Careaga, Alcalde de las guardas de Castilla y caballería de España, escrita en Villanueva de los Infantes el 8 de enero de 1638. No olvidemos que en el mismo año de 1638 el Marqués de Careaga 407 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... había dado a conocer un texto con una temática muy similar a la obra de Patón: Invectiva en discursos apologéticos. Contra el abuso público de las guedejas. - Prólogo del Padre fray Francisco de Cabrera, predicador de la Orden de San Agustín, natural de la ciudad de Antequera, a don Jerónimo Antonio de Medinilla y Porres, caballero del hábito de Santiago, señor de las villas de Bocos y Remolino y Rozas, caballerizo del Rey señor nuestro, y su corregidor en la provincia y ciudad de Córdoba. Está datado en Antequera, a 2 de mayo de 1637. - Dedicatoria al Príncipe de las Eternidades Jesús Nazareno, Rey de Reyes y Señor de Señores. - Discurso de los tufos, copetes y calvas10. - Satisfacción a cierta objeción que se opuso de un lugar de los Cantares. Se trata de un texto dirigido a los que mostraron alguna oposición o inconveniente a la publicación de la obra. - Protesta de la fe católica, por el Maestro Bartolomé Jiménez Patón. Quizás por problemas para imprimir algunas de sus obras, Patón se vio obligado a firmar este texto el 16 de febrero de 1625 y a incluirlo también aquí. En él se somete a la voluntad de la Iglesia y declara la veracidad de su sentimiento religioso. Para mayor autenticidad, lo firma ante distintos miembros de la Inquisición de Villanueva de los Infantes, entre los que se encuentra su amigo Ballesteros Saavedra. - Al Excelentísimo señor don Gaspar de Guzmán, conde, duque, gran canciller. Don Francisco de Quevedo Villegas, caballero de la Orden de Santiago, señor de la villa de la Torre de Juan Abad, deseoso de la reformación de los trajes y ejercicios de la nobleza española. Se trata de la famosa Epístola satírica y censoria de Quevedo, publicada por primera vez en este texto de Patón11. - El licenciado Francisco de Cascales, regente de la Cátedra de san Fulgencio en la ciudad de Murcia. Se trata de un elogio de Cascales a la obra de Patón, fechado en 1633. 10 Para un resumen de los principales argumentos que maneja Patón, véase Rafael González Cañal, op. cit., pp. 88-90. 11 Para más datos, véanse los siguientes trabajos: Abraham Madroñal, “Un fragmento oculto de Quevedo en el Discurso de los tufos, de B. Jiménez Patón”, Perinola: Revista de Investigación Quevediana, 12 (2008), pp. 335-340, y Abraham Madroñal, Humanismo y filología en el Siglo de Oro: en torno a la obra de Bartolomé Jiménez Patón, Madrid, Iberoamericana, Frankfurt am Main, Vervuert, 2009, pp. 118-139. 408 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... - Al maestro Bartolomé Jiménez Patón, salud y todo bien, en su estudio de Villanueva de los Infantes. Es una carta escrita por Lope de Vega en Madrid, el 5 de noviembre de 1627. 3. Francisco de Cabrera y la polémica gongorina De todos los autores que intervienen en el Discurso de los tufos, sin duda el que más nos interesa es Francisco de Cabrera, al que venimos atribuyéndole en distintos trabajos la paternidad de uno de los textos más interesantes de la polémica gongorina: Soledad primera, ilustrada y defendida12, que se incluye dentro de lo que se ha dado en llamar textos en respuestas al Antídoto de Jáuregui, entre los que se encuentran, además del nuestro, los siguientes: las notas marginales puestas al Antídoto por Díaz de Rivas, Francisco de Amaya, Sebastián de Herrera y Rojas, y otros13; las décimas anónimas “Antídoto ha intitulado”14; el Antiantídoto de Amaya15; el “papel” del alférez Estrada16; Anti-Jáuregui del licenciado D. Luis de la 12 María José Osuna Cabezas, Góngora vindicado: Soledad primera, ilustrada y defendida, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2009, pp. 29-33; “Francisco de Cabrera en el contexto de la polémica gongorina”, en Rumbos del hispanismo en el umbral del cincuentenario de la Asociación Internacional de Hispanistas, coord. Patrizia Botta, Vol. III: Siglo de Oro (prosa y poesía), ed. María Luisa Cerrón Puga, Roma, Bagatto Libri, 2012, pp. 438-444; y “La polémica gongorina: respuestas al Antídoto de Jáuregui”, Etiópicas: Revista de Letras Renacentistas, 10 (2014), pp. 189-207. 13 Para más datos, véase Robert Jammes, “L´ Antidote de Jáuregui annoté par les amis de Góngora”, Bulletin Hispanique, LXIV (1962), pp. 193-215. 14 Fueron publicadas por Eunice Joiner Gates, Documentos gongorinos, México, Colegio de México, 1960, p. 152. 15 Este texto, considerado la primera reacción al Antídoto, se ha perdido. Para más datos, véase el número XXI del Catálogo de Robert Jammes (ed.), Luis de Góngora, Soledades, Madrid, Castalia, 1994, pp. 634-637. 16 Conocemos la existencia de este texto solo por la mención que se hace de él en el Anti-Jáuregui del licenciado D. Luis de la Carrera, publicado por Miguel Artigas, Don Luis de Góngora y Argote: Biografía y estudio crítico, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1925, p. 569: “y aquí bien pienso que V.m. dijera «banastos” o «cestos», cosa tan ordinaria como en sus Rimas «piltrafa», «gatafa», «dizque», «quizque» y «morro»; sin los que remito al Papel del alférez Estrada en defensa de D. Luis de Góngora”. 409 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... Carrera17; el Examen del “Antídoto” de Francisco Fernández de Córdoba, abad de Rute18; la “nota de cierto advertente”19, que redactará también un Opúsculo contra el “Antídoto”20; las Anotaciones y defensas de Pedro Díaz de Rivas, así como sus Discursos apologéticos21; las Décimas del Padre Luis de Guzmán contra las sofisterías del “Antídoto”22; la Soledad primera, ilustrada y defendida; y, como dice Jammes, “todo lo que no nos ha llegado, cuya existencia ignoramos”23. Cuando editamos este texto de la polémica gongorina, Soledad primera, ilustrada y defendida, nos encontramos con diversos problemas. Uno de ellos fue establecer la autoría, porque el manuscrito donde se inserta este texto es, en principio, anónimo. No obstante, del testimonio se pueden extraer algunos datos sobre su posible autor: - Es de Antequera: en los ff. 63r-63v, dice: “[...] y no la merece menor [estimación] la traducción que della hizo el licenciado Luis 17 Puede leerse en Miguel Artigas, ibídem, pp. 587-605. Para más datos, véase Robert Jammes (ed.), op. cit., pp. 656-658. 18 Es, sin duda, el texto más importante de todos los que respondieron al Antídoto. Fue publicado por Miguel Artigas, op. cit., pp. 400-467. Para otros datos, cf. el número XXIV del Catálogo de Robert Jammes (ed.), op. cit., pp. 645-649. No olvidemos que Francisco Fernández de Córdoba había escrito antes también Apología por una décima del autor de las “Soledades”, texto muy breve limitado a la palabra “apologizar”, que había sido utilizada por Góngora en una de las composiciones que escribe en su defensa y que Jáuregui había censurado. Para más datos, véase el número XX del Catálogo de Robert Jammes (ed.), ibídem, p. 634. Asimismo, para la lectura del texto, véase la edición de Eunice Joiner Gates, op. cit., pp. 144-151. 19 Fue publicada por Eunice Joiner Gates, ibídem, p. 143. 20 Es un texto breve, publicado por Miguel Artigas, op. cit., pp. 395-399. Para más datos, sobre todo los referentes a su posible autor y fecha, cf. el número XXXVII del Catálogo de Robert Jammes (ed.), op. cit., pp. 671-672. 21 Para el primer texto, véase el número XXV y para el segundo el XXVI del Catálogo de Robert Jammes (ed.), ibídem, pp. 650-656. 22 Este texto ha sido estudiado y editado por María José Osuna Cabezas, “Décimas del Padre Fray Luis de Guzmán contra las sofisterías del Antídoto (Estudio y edición)”, Calíope: Journal of the Society for Renaissance and Baroque Hispanic Society, 14, 2 (2008), pp. 27-43. 23 Robert Jammes (ed.), op. cit., p. 621. 410 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... Martín(ez) [sic] de la Plaça, elegante espíritu de Antequera, dulcísima patria mía”24. - Es poeta o, al menos, aficionado a la poesía, ya que en el f. 64r pone un soneto, compuesto por él mismo, dedicado a Cartago, y hecho a imitación del estilo de Góngora25. - Manifiesta su deseo de comentar a Claudiano en el f. 111v: “Querrá Dios que algún día tengamos ocio para cumplir un deseo de ver un buen escrito sobre tan fértil obra”26. - Es amigo de Francisco de Amaya, al que en repetidas ocasiones le da las gracias por haber compartido con él información sobre el significado de algunos versos de las Soledades o por haberle aportado referencias interesantes al respecto27. Por este motivo, Blecua dice que tal vez nuestro autor pudo estudiar en Salamanca, donde conocería a Amaya28. Nosotros no estamos de acuerdo, pues fácilmente se pudieron conocer en Antequera, de donde era también Amaya y donde pasaba los veranos. Precisamente en Antequera comenzó a escribir su Antiantídoto29. - Conoció a Góngora, tal y como se desprende de estas palabras: “[...] el sentido es que el estambre que hilaren las Parcas sea plata cardada por la felicidad que les desea, y así me dijo el mismo don Luis que era éste su pensamiento”30 (f. 125v, al comentar el v. 898 de la Soledad primera). Basándose solo en estos datos, Jammes señala: “[...] sospecho que el autor [...] podría ser el padre Francisco de Cabrera”31. Siguiendo esta sospecha, 24 María José Osuna Cabezas, Góngora vindicado: Soledad primera, ilustrada y defendida, p. 235. 25 Puede leerse el soneto en María José Osuna Cabezas, ibídem, p. 237. 26 Ibídem, p. 339. 27 Cf. los ff. 32v, 46v, 55r, 70r-70v y 93r-93v: María José Osuna Cabezas, Góngora vindicado, pp. 158, 195, 217, 252-253 y 302. 28 Cf. José Manuel Blecua, “Una nueva defensa e ilustración de la Soledad primera”, en Hommage to John M. Hill: in memoriam, Indiana, University, 1868, pp. 113-122. Reeditado en Sobre poesía de la Edad de Oro (ensayos y notas eruditas), Madrid, Gredos, 1970, pp. 213-233 (p. 214). 29 Para más datos, véase Robert Jammes (ed.), op. cit., p. 636. 30 María José Osuna Cabezas, Góngora vindicado: Soledad primera, ilustrada y defendida, p. 367. 31 Robert Jammes (ed.), op. cit., p. 658. 411 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... comenzamos a interesarnos por quién era este Francisco de Cabrera. Algunos datos encontrados sobre él se recogieron en el estudio que precedía a la edición del texto32 que venimos mencionando y otros datos los hemos ido aportando en trabajos sucesivos33. La primera información importante es que este Francisco de Cabrera es citado en la lista de autores que defendieron a Góngora, publicada por Ryan, quien indica: Don Francisco de Cabrera (1589-1649). Natural de Antequera, Agustino, y según Nicolás Antonio, cultivó con fruto la poesía, así en latín como en castellano. Su única obra impresa que se ha conservado es Remedios espirituales y corporales para curar y preservar el mal de peste..., 1649. De sus Ilustraciones de Góngora no se encuentra nada34. Merece la pena que reproduzcamos también todo el pasaje que le dedica Nicolás Antonio, porque matiza y aumenta lo recogido en el párrafo anterior: Natural de Antequera, de la Orden de San Agustín, hombre culto tanto en las letras sagradas como en las profanas, escribió con acierto poesías en latín y en castellano, era además aficionado a los estudios genealógicos, de cuya materia tratan sus Stemmata, o Iconismi familiarum Baeticae illustrium Ponciorum et Cordobarum y también algunos otros de ciertos nobles, que sus conciudadanos guardan en sus casas. Pero solo publicó: Remedios espirituales y corporales para curar y preservar el mal de peste. Se publicó en 1649, en folio. Dejó escrita en fichas una obra histórica de mayor envergadura, que D. Francisco del Real y Cabrera, nieto de un hermano o de una hermana del autor, creemos que aún no ha publicado. Se trata de: La historia de la ciudad 32 María José Osuna Cabezas, Góngora vindicado: Soledad primera, ilustrada y defendida, pp. 29-33. 33 María José Osuna Cabezas, “Francisco de Cabrera en el contexto de la polémica gongorina”, pp. 438-444 y “La polémica gongorina: respuestas al Antídoto de Jáuregui”, pp. 189-207. 34 Hewson A. Ryan, «Una bibliografía gongorina del siglo XVII», Boletín de la Real Academia Española, 33 (1953), pp. 427-467 (pp. 451-452). 418 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... Al Maestro Bartolomé Jiménez Patón, salud y todo bien, en su estudio de Villanueva de los Infantes. Señor mío, yo he pasado este Discurso de v.m. con notable gusto; porque hablando ingenuamente, y abstrayéndome de todo amor y lisonja, y aún del respeto y veneración que debo a v.m., es de lo mejor que ha escrito, y yo he visto de otra pluma, y tanto más lo agradezco cuanto la materia es peregrina. Enfado han dado a muchos doctos nobles, y hombres de severidad española estos melindres, donde mejor se usaran las armas, y con más reputación. Pero no será acertado, por agradar a pocos, disgustar a muchos; que ha llegado (en este lugar particularmente) la insolencia a usar los hombres moldes, rizos, aguas, aceites, labores para el cabello, que no los pensó Mesalina, ni la famosa ramera de Corinto. Mas dicen que sobre aquellos afeites caen cuanto es necesario las armas, como sobre antes duros, y lo creo, si da licencia Cipión, cuando temió que se afeminaban los soldados en el ocio. Harto daría yo por verle impreso, y pues v.m. no ha de pretender sino enseñar, publique este trabajo que será lucidísimo entre los muchos estudiosos con que honra la patria, la erudición a sus discípulos; y a mí que me precio tanto en serlo, y que amo a v.m. como debo, y ruego a nuestro Señor alargue su vida veinte siglos, que en todo e por ventura no hallará quien le iguale, ni aun quien le imite. De Madrid, noviembre, 5 de 1627. Capellán y discípulo de v.m., Lope de Vega Carpio (fol. 66v). Encontramos otro escrito de Lope inserto en otra obra de Patón; al final del Perfecto predicador, podemos leer: El libro del predicador he visto y queda conmigo en tal predicamento que si su doctrina se pusiese en práctica, aun en esta santa Iglesia (con ser la prima de España y aun de la cristiandad después de la de Roma), veríamos reformada la predicación. Es obra cual de su ingenio, y aunque a la inorancia [sic] del mío no se le puede pedir voto y parecer, osaré a lo menos afirmar que será de grande utilidad para muchos y estimado de todos, como también lo sienten amigos a quien lo he mostrado, principalmente el señor doctor don Rodrigo de Castro y Bobadilla, hermano del conde de Lemos, arcediano de Alcaraz, y el señor don Francisco Idiáquez, ambos canónigos desta santa iglesia, y el maestro Josef de Valdivieso, capellán 419 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... mozárabe y del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo. Todos dan por voto muy grandes alabanzas, aunque ningunas lo son por deberse a tan honrado trabajo y cuanto a la honra que se le hace a nuestra nación bastante se descubre en la Apología, que por ser tan conforme a mi opinión quiero decir menos de lo bien que me ha parecido. Y porque uno de los pocos que en este siglo saben, tengo en más veneración que la multitud de ricos que el mundo precia, estimo en mucho la memoria que vuesa merced tiene de mí y en más el ser Lucilo de tal Séneca, que con los Alejandros deste tiempo ser Efestión. El señor don Fernando está a caballo y aguarda, y el Cielo se pone a llover, esto impide el ser más largo; él lo sea en dar a sus trabajos lo que merecen y le guarde para que el mundo coja el fruto y España este y la honra. De Toledo y de setiembre, 23 de 1607. Lope de Vega Carpio54. Estos textos tan elogiosos se complementan con otros testimonios que Lope dedicó a Patón, igualmente llenos de admiración y lisonjas55. Sirvan como ejemplos los versos que aparecen en el Laurel de Apolo56 y la Jerusa54 Bartolomé Jiménez Patón, Perfecto Predicador, en Baeza, en Casa de Mariana de Montiya, 1612. Citamos por la reciente edición de Abraham Madroñal, Humanismo y filología en el Siglo de Oro, pp. 275-276. 55 Cf. con dos trabajos de Juan Manuel Rozas, “Lope de Vega y los escritos ciudadrealeños elogiados en el Laurel de Apolo”, en Cuadernos de Estudios Manchegos. Tomo XII, Ciudad Real, CSIC, 1962, pp. 75-87, y “El lopismo de Jiménez Patón. Góngora y Lope en la Elocuencia española en Arte”, Revista de Literatura, XXI (enero-junio de 1962), pp. 35-54. Ambos trabajos fueron reeditados en Juan Manuel Rozas, Estudios sobre Lope de Vega, Madrid, Cátedra, 1990, pp. 389-400 y 445-465. 56 “De hoy más, porque la envidia no se atreva, / pues Jiménez Patón enseña y prueba / que están en su Retórica difusas, / llámese “Villanueva de las Musas”, / y no “de los Infantes” Villanueva. / Las figuras confusas / antes de su elocuencia, / con el sol de su ingenio y de su ciencia / tan claros manifiestan sus secretos / que le deben colores y concetos / cuantas plumas escriben, / y en la docta región de Apolo viven. / La elocuencia española, / que fluctuaba entre una y otra ola, / puerto agradezca a su valiente pluma, / pues en cualquiera suma / del que no sabe le hallará la nave, / y para saber más el que más sabe” (IV, versos 469-486). Cf. Lope de Vega, Laurel de Apolo, ed. Antonio Carreño, Madrid, Cátedra, 2007, pp. 289-290. 420 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... lén conquistada57, así como las palabras que le dirige en la Epístola a don Francisco de Herrera Maldonado58. Por su parte, Jiménez Patón tampoco ocultó nunca su inclinación por Lope de Vega, llegando a proclamar que solo la obra de Lope le hubiera bastado para ejemplificar su Elocuencia española en arte59: No sea odioso el ejemplificar tan a menudo con las obras deste autor tan singular. Que certifico que el ejemplo que en otro hallo, que no lo pongo de él, y que ni siquiera ejemplificar todos los preceptos de retórica en él solo [podía], que tiene ejemplos para todo. Donde, aunque mucho lo que ha escripto, se muestra ser bueno y cuidadoso; y sin causa le ha murmurado quien dice que no guarda artificio ni preceptos retóricos, porque es en ellos tan universal como he dicho, y como lo da a entender en la satisfacción que dirigió a don Juan Arguijo60. Este intercambio de testimonios laudatorios supone, en palabras de Juan Manuel Rozas, una muestra de “cómo [se] asesoraban, y se hacían propaganda a la vez, mutuamente, Jiménez Patón y Lope”61. Por otra parte, estos textos laudatorios responden a una relación personal, que podría remontarse a cuando ambos estudiaban con los jesuitas en Madrid, y 57 “[...] y la nueva retórica divina / de Jiménez Patón, a quien la fama / con una letra más Platón le llama” (Libro XIX, estrofa 90). Cf. Lope de Vega, Poesía, III: Jerusalén conquistada. Epopeya trágica, ed. Antonio Carreño, Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 2003, p. 791. 58 “Allí nos acusó de barbarismo / gente ciega vulgar, y que profana / lo que llamó Patón culteranismo”. Como indica Jaume Garau, “Editar a Bartolomé Jiménez Patón (A propósito de una edición reciente)”, Criticón, 111-112 (2011), pp. 273-285 (p. 278), “luminosas páginas dedica Madroñal a estudiar la atribución al maestro [Patón] de la voz culteranismo, atribución efectuada por Lope de Vega en La Circe (1624). Tal neologismo, formado a semejanza de la palabra luteranismo (herejía que tanto combatió el propio Patón en El virtuoso discreto), tenía también el matiz de secta y, en consecuencia, una clara intención despectiva, como en la definición que recoge nuestro primer diccionario académico”. Las páginas a las que alude Jaume Garau pueden leerse en Abraham Madroñal, Humanismo y filología en el Siglo de Oro, pp. 82-95. 59 Para más datos sobre la presencia de Lope en la Elocuencia, cf. Abraham Madroñal, ibídem, pp. 96-105. 60 Bartolomé Jiménez Patón, Elocuencia española en arte, edición, introducción y notas de Francisco J. Martín, Barcelona, Puvill Libros S.A., 1993, p. 188. 61 Juan Manuel Rozas, op. cit., p. 397. 421 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... que habría sido consolidada quizás en Toledo entre las fechas de 1604 a 161062. Otra relación interesante que se puede señalar entre los autores que intervienen, de manera directa o indirecta, en la elaboración del Discurso de los tufos es la que se establece con Gutierre Marqués de Careaga. Si tenemos en cuenta que este había publicado, con anterioridad a Patón, un documento con una temática muy similar –Invectiva en discursos apologéticos. Contra el abuso público de las guedejas–, es comprensible que Patón le dedicase uno de los textos preliminares. Nos interesa destacar ahora que Careaga aparece citado como uno de los defensores de Góngora en la lista de “Autores ilustres y célebres que han comentado, apoyado, loado y citado las poesías de don Luis de Góngora” que reprodujo Ryan63. Y efectivamente lo elogió, entre otros lugares, en su obra La poesía defendida y difinida, Montalbán alabado, que data de 1639, es decir, del mismo año en el que salía a la luz el Discurso de los tufos. También hay que destacar la presencia en el Discurso de los tufos de Tomás Tamayo de Vargas, quien aprueba el texto con fecha de 12 de julio de 1628. Tamayo de Vargas es bien conocido por los estudiosos de la polémica gongorina, por la relación tan estrecha que mantuvo con muchos de los defensores del poeta cordobés y por haber sido uno de los que escribieron un parecer sobre el Polifemo y las Soledades. Este parecer se ha perdido, pero hubo de ser positivo, si tenemos en cuenta las palabras de agradecimiento que le dirige Góngora en carta de 18 de junio de 1614: Ha hecho vuesa merced en mis obligaciones tal ejecución con su carta, que ni aun palabras me ha dejado con que significar la merced que he recibido: acójome al silencio como a templo de fallidos, de adonde casi por señas ofrezco de pagar en admiración lo que contraje por fe. Pensaba antes que le debía a mi curiosidad el haber solicitado el servicio de vuesa merced, mas ya con lo que vuesa merced me ha escrito de lo que me ha favorecido y patrocinado, se ha hecho deuda al efecto; reconocerela siempre y muy firmada de mi nombre suplicándole a 62 Cf. y amplíese con Abraham Madroñal Durán, “Aportaciones al estudio del maestro Jiménez Patón (dos obras inéditas y casi desconocidas), Criticón, 59 (1993), pp. 83-97 (pp. 83-87), y Abraham Madroñal, Humanismo y filología en el Siglo de Oro, pp. 25-30. 63 Hewson A. Ryan, op. cit., pp. 430 y 458-459. 422 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... vuesa merced me tenga muy en su gracia, me honre, me enseñe y, enseñado, me defienda de tanto crítico, de tanto pedante como ha dejado la inundación gramática de este Egipto moderno. El trabajo que vuesa merced tomó en calificar mi ignorancia le diera por pena, si no la tuviera yo, y cuidado de verme desvanecido64. Por último, hay que mencionar a Francisco de Cascales, que interviene en el Discurso de los tufos elogiando a Jiménez Patón con un texto fechado en 1633. Como es consabido, Francisco de Cascales es el autor de unas Cartas filológicas donde arremete contra Góngora y establece la fórmula bíblica que opone al Góngora de las poesías breves al de los poemas extensos: de “príncipe de la luz” pasó a “príncipe de las tinieblas”; dicotomía que serviría de pauta a la crítica durante casi tres siglos65. Esta telaraña de relaciones que hemos establecido entre Jiménez Patón y Francisco de Cabrera con Quevedo, Lope, Gutierre Marqués de Careaga, Tamayo de Vargas y Francisco de Cascales nos permite identificar claramente a un grupo de defensores de Góngora y a un grupo de opositores. Entre los primeros se encuentran Tamayo de Vargas, Gutierre Marqués de Careaga y el propio Francisco de Cabrera. Entre los segundos sobresalen, también de forma evidente, Quevedo66, Lope67, Francisco 64 Cf. María José Osuna Cabezas, Las Soledades caminan hacia la corte: primera fase de la polémica gongorina, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2008, p. 152. 65 Cf. Robert Jammes (ed.), op. cit., pp. 663-664. En la actualidad, Margherita Mulas (Università di Ferrara) ultima la edición crítica de estas Cartas bajo la dirección de Rafael Bonilla Cerezo. 66 La enemistad entre Góngora y Quevedo es comúnmente conocida. Sin embargo, cuando se deja a un lado los poemas satíricos que ambos se dirigieron, se comprueba que la participación de Quevedo en la polémica gongorina fue mínima y tardía: Aguja de navegar cultos, con la receta para hacer “Soledades” en un día, panfleto compuesto en 1625, pero publicado en 1631 en el Libro de todas las cosas y otras mucho más; y La culta latiniparla, catecisma de vocablos para instruir a las mujeres cultas y hembrilatinas, de 1629 (Cf. Robert Jammes, ed., op. cit., pp. 676-677 y pp. 682-684). Quizás, la historia de la literatura y los libros escolares han magnificado la rivalidad entre el madrileño y el cordobés. 67 Emilio Orozco dedicó un interesante y ameno libro a las relaciones entre Góngora y Lope con el significativo título de Lope y Góngora frente a frente, Madrid, Gredos, 1973. Para la intervención de Lope en los primeros momentos de la polémica, véase María José Osuna Cabezas, Las Soledades caminan hacia la corte, pp. 73-110. 423 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... de Cascales y Jiménez Patón68, aunque es cierto que la mayoría de ellos mantuvieron, en muchas ocasiones, una actitud ambigua ante los versos del cordobés y prefirieron atacar a los continuadores de Góngora y no directamente a don Luis. 4. Edición del prólogo al Discurso De los tufos69 Prólogo del Padre fray Francisco de Cabrera, predicador de la Orden de San Agustín, natural de la ciudad de Antequera, a don Jerónimo Antonio de Medinilla y Porres, caballero del hábito de Santiago, señor de las villas de Bocos y Remolino y Rozas, caballerizo del Rey señor nuestro, y su corregidor en la provincia y ciudad de Córdoba70. Claudiano71 dijo que las acciones de los reyes son espejo para componer las de los vasallos; y con ser verdad tan cierta que no solo Platón, pero las divinas letras la habían dicho antes, por hallarla confirmada con la experiencia constante, por nuestros pecados en nuestros tiempos y nuestra patria España padece excepción, ¡dolor grande! Sus majestades72 68 Para la actitud de Jiménez Patón hacia Góngora, cf. Abraham Madroñal, Humanismo y filología en el Siglo de Oro, pp. 82-95, y Marina Maquieira, “Un aspecto de la polémica gongorina: la lengua de las Soledades y el Polifemo como discutido criterio de corrección”, Quaderns de Filologia. Estudis Lingüítics, XIII (2008), pp. 135-156. 69 Hemos manejado fundamentalmente el ejemplar conservado en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. En cuanto a los criterios de edición, hemos optado por la modernización, si bien mantenemos la fórmula v. m. 70 Efectivamente, don Jerónimo Antonio de Medinilla y Porres fue honrado con el hábito de Santiago por Felipe III en el año 1614, fue señor de las villas de Bocos, Remolino y Rozas y sirvió al rey como caballerizo de palacio y después como corregidor de Villanueva de los Infantes (1632) y partidos de Montiel, Baylía de Caravaca y Valderricote, siendo nombrado con posterioridad gobernador de Murcia y corregidor y justicia mayor de Córdoba. Cf. Gonzalo Díaz Díaz, Hombres y documentos de la filosofía española, Madrid, Instituto “Luis Vives” de Filosofía, 1995, vol. 5, p. 383. 71 Como se ha dicho, Claudiano es uno de los autores más citados en la Soledad primera, ilustrada y defendida. 72 Hace referencia a Felipe IV, rey de España desde 1621 hasta 1640. Durante los primeros años de su reinado compartió la responsabilidad de la monarquía con don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares. En el momento en que se escribe 424 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... (que Dios nos guarde muchos años), con cristiano deseo de reformar este abuso del ocioso cabello y ociosa curiosidad en el superfluo adorno y el de los indecentes, lascivos y soberbios trajes, salieron y salen con tal reformación73 que en los príncipes bien considerados y sus casas y sus señores cuerdos se conoció la obediencia fiel y el aficionado afecto de agradar a su señor en la prontitud con que imitaron tan modesta acción, pero en los casi todos chusma inconsiderada, incierto y profano vulgo, no ha hecho enmienda, antes se han emperrado con obstinada liviandad, así hombres como mujeres, no obstante que el cielo se declara ofendido con los castigos graves y prolijos de hambre, pestilencia y guerra. Solía Dios castigar nuestras culpas con una de estas tres plagas74, ahora nos las envía juntas todas, argumento cierto de que nuestros pecados son muchos y grandes. La famosa victoria de las Navas de Tolosa75, dicen muchos, se la concedió Dios al rey don Alonso, no solo por la devoción de la Santa Cruz, este prólogo, Felipe IV está casado con Isabel de Borbón, hija de Enrique IV de Francia. 73 Alude a una serie de prohibiciones y reformas que emanaron fundamentalmente de la Junta Grande de Reformación, creada por Felipe IV, con la anuencia del Conde-Duque de Olivares, y que tenía como objetivo primordial poner freno al progresivo deterioro que estaba sufriendo la nación. Algunas de esas prohibiciones y reformas hacían referencia precisamente a determinados peinados y vestimentas que se habían puesto de moda en la época. Para más datos, vid. el primer apartado de este trabajo. 74 Entre otros lugares, aparece recogida esta idea en el Antiguo testamento, Ezequiel, 14:21: “Esto dice el Señor: he enviado en contra de Jerusalén a mis cuatro terribles castigos: la espada, el hambre, las fieras feroces y la peste, porque quiero acabar con hombres y animales”. De esta profecía se harán eco distintos textos literarios como Las Coplas de Mingo Revulgo, donde Gil Arribato advierte al pueblo que, si no cambia de comportamiento, vendrán “las tres rabiosas lobas”, es decir, el hambre, la pestilencia y la guerra: “Yo soñé esta trasnochada, / de que estoy estremuloso, / que no raso, ni velloso, / quedará de esta vegada: / Echa, échate a dormir, / que en lo que puedo sentir, / según andan estas cosas, / asmo que las tres rabiosas / lobas habrán de venir” (Copla XXIV). Así, la Copla XXV estará dedicada al hambre, la XXVI a la guerra y la XXVII a la peste. Cf. Las Coplas de Mingo Revulgo, ed., estudio preliminar y notas de Vivana Brodey, Madison, Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1986, pp. 242-243. 75 En la batalla de las Navas de Tolosa, acontecida el 16 de julio de 1212, se enfrentaron los cristianos castellanos, bajo las órdenes de Alfonso VIII de Castilla, aragoneses, 425 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... pero también por mediante la predicación de fray Félix y fray Juan de la Mata, primeros religiosos de la Santísima Trinidad76. Se extirparon todos los vicios, especialmente el del abuso de trajes y galas mujeriles, así en el cabello como en cualquier vicioso y afectado aseo, porque aunque algunas naciones ha hecho gala estudiada y cuidadosa del cabello, las que han sido no han tenido buen nombre entre las otras, si bien algunas la han usado con el exceso que nuestros españoles hoy. con Pedro II de Aragón al frente y navarros con Sancho VII de Navarra contra el ejército del califa almohade Muhammad an-Nasir en las cercanías de la localidad jienense de Santa Elena. Alfonso VIII, en ocasión de esta batalla, solicitó al Papa Inocencio III apoyo para favorecer la participación del resto de los reinos cristianos de la Península Ibérica. Asimismo, reclamó la predicación de una cruzada por la cristiandad prometiendo el perdón de los pecados a los que participaran en ella. Para conseguir sus objetivos, el rey contó con la intercesión del arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada. 76 Se refiere a San Félix de Valois y a Juan de Mata, ambos fundadores de la Orden Trinitaria. Diego de Colmenares relata así la llegada de esta Orden en el año 1204: “En veinte y seis de noviembre de este año [1204] llegaron a nuestra ciudad fray Esteban Menelao, fray Rodrigo de Peñalva, fray Guillelmo Escoto y fray Juan Enrico, de la religión de la Santísima Trinidad, fundada por fray Juan de la Mata y fray Féliz de Valois, nobles y santísimos franceses, y confirmada por Inocencio tercero año mil y ciento y noventa y ocho en diez y siete de diciembre. Venían los religiosos a fundar convento en nuestra ciudad por orden de su patriarca fray Juan de Mata, que habiendo fundado el convento de Burgos, quedaba con el rey don Alonso, del cual traían cartas para nuestro obispo y ciudad, que los recibió gustosa, y en cuatro de diciembre les dio sitio a propósito para la hospitalidad que profesan, junta con la redención de los cautivos, en el mismo camino real que de Castilla la Vieja entre en nuestra ciudad, cuya gran población duraba entonces en aquel valle, entre el río y nuevo templo de la Vera Cruz, cien pasos al oriente de la devota ermita de nuestra Señora de Fuencisla, donde estuvieron trecientos y cincuenta y ocho años hasta que trasladaron su convento a la parte oriental de la ciudad, como escribiremos año 1566”. Cf. Diego de Colmenares, Historia de la insigne ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla, en Segovia, por Diego Díez impresor, a costa de su autor, 1637, pp. 169-170. 426 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... Los alemanes antiguos lo dejaban criar largo y lo ataban a las espaldas. Los çitas77 [sic] lo esparcían sobre ellas, como los partos78. Entre los gitanos tenían por caso de menosvaler el cabello rubio (porque allí todo es moreno y lo rubio raro contingente) y esto así en hombres como en mujeres, y a los que teñían el cabello tenían por indignos de oficios honrosos. Los agrigentinos79 se teñían el cabello azul, en testimonio de agradecidos a los que dieron muerte al tirano Falaris80, representando en este color el celo que les movió a la libertad de la patria81. Los dacos, de Dinamarca, se raían las cabezas a navaja y en medio de ella se dejaban un copete82 muy alto y lo tenían por grandísima honra, al modo de lo que en nuestros tiempos hacen algunos turcos y bárbaros indianos, y lo hacían los de Libia, Cirene y Pentápolis83, pero los riseos se raían toda la cabeza, así hembras como varones, y tenían por infame al que veían con copete. 77 Hace referencia a los habitantes de los pueblos escitas, nombre dado en la Antigüedad a los miembros de un pueblo, o conjunto de pueblos, de origen iranio. Las noticias que tenemos de los escitas son la que nos proporcionan distintos libros de la antigüedad greco-latina: la Historia de Heródoto, la Geografía de Estrabón y el poema de Ovidio Epístola desde el Ponto. Según estas fuentes, los escitas tenían largas cabelleras desaliñadas y barbas. Además, los hombres adornaban, sobre todo durante las batallas, sus cabezas con gorros que solían exhibir cornamentas, fundamentalmente de ciervo. 78 Los partos fueron los fundadores del Imperio de Partia, situado en la actual Irán, en el siglo III a.C. En su origen pertenecieron a los pueblos escitas. 79 Los agrigentinos son los naturales de Agrigento, ciudad italiana, descendiente de la antigua ciudad griega de Acragante. 80 Hacia el año 570 a. C. Acragante fue sometida a la tiranía de Falaris, que la convirtió en una de las ciudades más poderosas del momento. Sin embargo, Falaris sería derrocado y asesinado en una revuelta popular encabezada por Telémaco. 81 Al parecer, los acompañantes de Falaris acostumbraban a llevar el cabello azul y a vestir prendas de ese mismo color. 82 “Cierta porción de pelo, que se levanta encima de la frente, más alto que lo demás, de figura redonda o prolongada, que unas veces es natural y otras postizo” (Aut.). 83 Alude a la Pentápolis libia, ubicada en la provincia romana de Libia Superior, en el noroeste de la actual Cirenaica. Comprendía las siguientes ciudades: Cirene (actual Shahat), Berenice (actual Bengasi), Arsínoe (actual Tocra), Apolonia de Cirene (actual Susah) y Ptolemaida (actual Al-Aguriya). 427 Creneida, 2 (2014). www.creneida.com. issn 2340-8960 María José Osuna Cabezas, Estudio y edición del Prólogo al Discurso de los tufos de Bartolomé Jiménez Patón... Los de Argos84 fueron demasiadamente curiosos en el adorno del cabello, levantando copetes y ensortijando guedejas85 y, no contentos con esta afeminación, le adornaban con muchas joyas de oro y pedrería, especialmente cuando iban a la guerra. Sucedió que, en una batalla que tuvieron con los espartas o lacedemonios86, fueron los de Argos vencidos, porque con la codicia del tesoro que llevaban sobre sus cabezas peleaban los contrarios valerosamente y tanto que no dejaron uno vivo, con que los argiros que habían quedado en su patria, no solo se hallaron lastimados, pero muy corridos y afrentados y luego mandaron, con gravísimas penas, que de allí adelante ninguno usase de copete ni cabello enrizado ni compuesto, condenando el tal adorno por el daño experimentado y declarando que ninguno de los que tal gala usan son buenos para la guerra, porque, como dijo Estobeo, aunque tienen alguna apariencia de hombre, los ánimos y fuerzas son mujeriles, como de capados; así lo escribe Herodoto. Y si el cartaginés Aníbal87 (gran soldado) introdujo en su ejército, y él lo usó en persona, cabello largo fue por ganar la gracia de los franceses y por tenerlos de su parte contra los romanos, pero, en alcanzando la celebrada victoria de Cannas88, lo reformó en todos. Además, que los franceses no traían largo el cabello por afeminación, antes por valentía y ferocidad como nuestros antiguos españoles, como también Pirro, rey de 84 Habitantes de Argos, ciudad griega del Peloponeso. 85 guedejas: “el cabello que cae de la cabeza a las sienes, de la parte de adelante” (Aut.). 86 Las luchas entre Argos y Esparta o Lacedemonia fueron continuadas y estaban provocadas, sobre todo, por los deseos de ambos pueblos de quedarse con la zona de Cinuria o Tireátide, fronteriza entre Lacedemonia y Argólide. Una de estas batallas fue la de los Campeones, hacia 545 a.C., que, según cuenta Herodoto, fue librada entre trescientos argivos y trescientos espartanos seleccionados. Cf. Herodoto, Los nueve libros de la Historia, Libro I, LXXXII, Buenos Aires, Tecnibook Ediciones, 2011, pp. 17-18. 87 Como es consabido, Aníbal fue un destacado general cartaginés. 88 La batalla de Cannas se produjo el 2 de agosto del año 216 a.C. En ella se enfrentaron el ejército púnico, encabezado por Aníbal, y las tropas romanas, lideradas por los cónsules Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, en el marco de la Segunda Guerra Púnica. Venció el bando cartaginés.