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MANUEL RUI SOSA Z UNA LEYENDA DEL BALOMPIÉUNA LEYENDA DEL BALOMPIÉ Z UNA LEYENDA DEL BALOMPIÉ Z
Sevilla es un punto preponderante en la geografía histórica del fútbol. El Guadalquivir bañó de balompié las orillas de la ciudad hispalense forjando leyendas que subrayaron las memorias futbolísticas. fue uno de los que Manuel Ruiz Sosa rotuló su nombre en mayúsculas. La verdadera definición de fútbol añejo es aquella que se caracterizaba por un rudo corazón que batallaba cada partido por el amor al escudo y a la pelota. Sin pretensiones, libres de intereses comerciales, una lucha en el barro por un sentimiento de gratitud y pasión donde entraba en juego la irracionalidad, justo lo que ahora le otorga una notable diferencialidad temporal al deporte rey. El 10 de abril de 1937, nació en Coria del Río, característico municipio sevillano, uno de los mayores ejemplos del sentir futbolero de antaño, aquel día nació una gema, una futura estrella, que estaba por deslumbrar a su país con ese balón que traía pegado al pecho y a los pies. Manuel Ruiz Sosa llegaba al mundo con la intencionalidad de forjar un futuro laboral en la naútica porque veía enrevesado -era y sigue siendo complicadolo que finalmente determinó su vida y la de todos los que siguen el balompié. Sus comienzos se dataron en el equipo de su pueblo, en aquella cantera que tildaron como “la Baracaldo del Sur” por su incansable sembrado de jugadores de una calidad sinigual. Desde los escalafones inferiores del conjunto amarillo, el por Carmen Castejón Ruiz
Su debut en primera división fue con 19 años en el club de su vida, el Sevilla Sevilla a través de Alconero y Campanal, quisieron hacerse de inmediato con “la perla de Coria”, así lo denominaron los medios más importantes del país Se forjó en la cantera sevillista para saltar al primer equipo en la temporada 1955/56 con una temprana y asombrosa edad, Ruiz Sosa tenía 19 años cuando comenzó a jugar en Primera División y con el equipo de su corazón. El más idílico sueño de los mortales. Ramón Sánchez-Pizjuán, presidente del club SÁNCHEZ-PIZJUÁN SU MÁXIMO FAN sevillista, no escondió la predilección que sentía por el coriano desde mucho antes de enfundarse la elástica blanca en la máxima categoría nacional. Manuel, en 1993 para el Diario16 confesó: “Don Ramón fue el mayor admirador que yo tuve. Él quiso que yo estuviera en el primer equipo aunque era aún juvenil y recuerdo que el día de mi debut vino muy temprano a la concentración para desearme suerte, a pesar de que había llegado de madrugada de cazar”. “Manolito”, que es como lo solían llamar 2 Su debut en primera divisón fue con 19 años en el club de su vida, el Sevilla SÁNCHEZ-PIZJUÁN, SU MÁXIMO FAN acaparaba todas las miradas. En un encuentro disputado en el que era el estrenado estadio del C. F. Barcelona, hubo un chaval que tal fue el despliegue de fuerza y técnica en sus intervenciones, que a la vez componían un estilo de juego marcado, que llamó la atención de todos los presentes. Helenio Herrera, al término del partido, quiso compartir su fascinación con aquellos que se desplazaron desde Sevilla: “La mayor sorpresa para mí, es el hallazgo de Ruiz Sosa”. A lo que, uno de los interlocutores, le respondió: “Será hallazgo para usted, pero a los que le hemos visto en
De izquierda a derecha de las dos páginas. La primera imagen es una de las pertenecientes a sus comienzos en el Sevilla. Tal y como la segunda, incluso se aprecia la misma elástica. El apunte sobre la imagen es un recorte de la Colección “Ídolos del Deporte”, de Prensa Gráfica S. A., Madrid. En la tercera, se encuentra Ruiz Sosa junto a Achucarro, la mejor línea media del momento y una de las mejores de la historia del Sevilla. Sobre la cuarta y última fotografía, Manuel Ruiz Sosa sale cortándole el paso al rival en un Athletic de Bilbao - Sevilla. 3 el juvenil sevillista nunca nos ha extrañado que Ruiz Sosa fuera figura en el fútbol español”. Un sinfín de halagos iban cubriendo de rosas rojas y blancas las actuaciones de Manuel sobre el terreno de juego. Su primera titularidad en el conjunto rojiblanco, fue con 19 años donde manifestó una tranquilidad admirable, ¡parecía que la naturalidad de la grandeza la llevase consigo! Todos los medios de comunicación destacaban esa cualidad, un jugador tan bravo acompañado de una desbordante personalidad, pudo mantener la honesta ilusión bajo su camiseta y pese a su corta edad, realizó un conjunto de acciones que dejó un cómputo general a la altura de lo que ya era, un profesional del deporte rey. Le bastaron tres partidos consecutivos para consolidar su puesto y hacerse hueco como pieza insustituible en el equipo e inamovible en todos los onces titulares de todas las competiciones que combatía. No todos los futbolistas pueden decir que su nombre se encuentra entre los que jugaron en la inauguración del que es el mayor patrimonio sevillista, el emblemático Estadio Ramón SánchezPizjuán. Pese a no ser de la forma que se hubiese soñado, puesto que se empató en un amistoso inaugural frente al Real Jaén (3-3) y le siguió una temporada inestable, en la siguiente, la reactivación del conjunto nervionense de la mano del entrenador Luis Miró, obtuvo resultados por la precisión y regularidad de Manuel Ruiz Sosa. El coriano supo manejar los pespuntes que quedaban por coser y se armó con el equipo a la espalda cuando pesaban los minutos para hacer desaparecer cualquier resquemor arrastrado de la anterior temporada. Así, siguió forjando la vitalidad que le otorgaba al club de Nervión, destacando la exhibición que mostró en el triunfo en el campo del Betis, su eterno rival (1-4). Ese partido, jugado el 06/03/1960 en la jornada veinticinco, no solo fue un punto de inflexión para la actitud del equipo, sino que colocaba al Sevilla en el cuarto puesto -que es donde terminó el ejercicio-, arrebatándoselo al Betis que era el que lo ocupaba hasta el momento. El vendaval en Heliópolis fue gracias a los tantos de Ruiz Sosa, Antoniet, Pereda y Szalay. El entusiasmo era perceptible y la casta que le echaba Manolito a los encuentros frente a los de verde, eran aún más dichosos. Cargó con bastantes derbis ganados que los disfrutaba como nadie. Por supuesto, siendo titular indiscutible, su presencia no se podía debatir. Pero el gol, que verdaderamente determinó un hito en la historia del club fue ante el Tenerife en los cuartos de final de la Copa del Generalísimo (actual Copa del Rey). Se mantuvo el empate (1-1) en el Heliodoro Rodríguez y con la ausencia de tantos (0-0) en el Sánchez-Pizjuán. La eliminatoria estaba abierta y se asignó el Metropolitano como lugar para el obligado desempate. Se jugó dos días después. Llovía a mares, el terreno estaba totalmente encharcado y la pesadez influía en acciones coherentes que proporcionaran ritmo al partido. Es entonces, en el minuto setenta, cuando Ruiz Sosa coge el balón y a 40 metros de distancia lanzó un tiro directo durísimo que consiguió que el esférico se marchara al fondo de las mallas. Decisivo gol que le permitió pasar de ronda, donde se le ganó al Valencia (5-2 en el total) en la semifinal y pudo llevar al equipo de su alma a la final de un título nacional ante el Real Madrid. ESTADIO SÁN C HEZ-PIZJUÁN ABRE SUS PUERTAS
El pase a la final, además de darle acceso a la misma, le daba derecho a jugar la Recopa, ya que su rival en la finalísima iba a ser el Real Madrid, que había ganado el título de Liga Las alineaciones para tan señalado acontecimiento que se dio ante cien mil espectadores en el Bernabéu fueron: SEVILLA C. F.: Mut; Juan Manuel, Campanal, Luque; Ruiz Sosa, Achucarro; Mateos, Moya, J. L. Areta, Diéguez y Agüero REAL MADRID: Araquistain; Marquitos, Santa María, Miera; Isidro, Pachín; J. Tejada, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento La primera mitad del encuentro dotó de color sevillista por conseguir tapar las acciones de las estrellas del Madrid. Aunque no fue suficiente para que se adelantaran en el marcador, el partido se marchó al descanso con un empate a cero. Ya en la segunda parte, donde se palpaba lo determinativo en el aire, llegaron los tres goles globales de la final. Primero, se adelantó el Sevilla con un tanto de Diéguez en el minuto 49. Se mantuvo el dominio sevillista con gran optimismo hasta el minuto 78 que se pitó la pena máxima a favor de los madrileños en un cruce limpio entre Campanal y Gento. Puskas marcó el gol que dejaba tablas en el marcador de nuevo. Sin embargo, llegó una oportunidad de oro tres minutos después, puesto que el colegiado gallego decretó penal favorable al conjunto de Antonio Barrios. Mateos, con una cabezonería que resaltaba y recordaba un enfadado Ruiz Sosa al cabo de los años, se dirigió a la portería con el afán de ser él quien lo lanzara. El tiro fue cuanto menos férreo y el cabreo en la plantilla sevillista con Manolito en cabeza, fue descomunal: “Si hubiera dejado a Diéguez... mira que se lo dijimos, maldita sea”. La indignación estaba más que justificada porque si le perdonas al Madrid, acaba ocurriendo lo que pasó. A falta de dos minutos de la finalización del choque, Puskas aprovechó una ocasión tras un saque de falta que le dio el triunfo definitivo a los de la capital. El deseo de Ruiz Sosa por levantar un título con el equipo de sus amores, se marchó... y estuvo tan cerca... FINAL DE COPA ANTE EL REAL MADRID EN 1962 Aquel equipo se preparaba para la andadura por el Mundial de Chile y nos dejó grandes destellos de calidad en un conjunto de futbolistas irrepetible. Ganó contra Argentina (2-0) en un amistoso en el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán y contra Marruecos (0-1) en fases clasificatorias oficiales en el Marcel Cerdan (Casablanca) en la ida y EspañaMarruecos (3-2) en la vuelta en el Bernabéu, entre otros partidos. Ruiz Sosa derrochaba clase y una visión de juego adelantada que ya hizo que, estando en el Sevilla, el Real Madrid, el Barcelona y el Valencia quisieran ficharlo. El Sevilla usó el derecho de retención y permaneció en el club varias temporadas más. 4 Ruiz Sosa, internacional con l Selección Española absoluta El 26 de octubre de 196 0 , Rui z S osa debuta con la selecci ó n espa ñ ola A, la absoluta, tras haber disputado varios choques en la sub-21. El debut tan deseado no pudo tener un escenario mejor, el partido donde se estrenó Manolito fue en el mítico estadio londinense de W embley frente a la Selección de Inglaterra. Ese encuentro y el que se dio ante Austria no fueron gratamente satisfactorios pero de nuevo, lo destacable era la exhibición del coriano, que estuvo sobresaliente. Compartió vestuario con Di Stéfano, jugador al que admiraba en su niñez, Gento, Puskas, Luis Suárez y Del Sol, gran amigo suyo, entre otros. El 26 de octubre de 196 0 ,
5 De pie, de izq. a dcha.: Manolín, Santín, Campanal II, Valero, Ruiz Sosa, Achucarro y Mut Agachados, de izq. a dcha.: Agüero , Diéguez, Antoniet, Pereda y Szalay.
Su Fichaje por el Atlético de Madrid En la temporada 1964/65 Manuel Ruiz Sosa recaló en las filas del Atlético de Madrid. El Sevilla no tuvo opción de poder retenerlo como había hecho a lo largo de las ocho temporadas que jugó en Nervión. Esta difícil decisión fue tomada debido a la crisis ecónomica que comenzaba a experimentar a causa de la construcción del nuevo Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán. En la casa sevillista se tuvo que prescindir del pilar fundamental, del cimiento inalterable, de aquel sevillista que sostenía al equipo y eso no le sentó nada bien a la afición hispalense. Así pues, dejó que se marchase a cambio de un buen traspaso que pudiera estabilizar las arcas financieras del tan necesitado club. En Madrid, debutó en Liga ante el Betis el 13/09, siendo titula como atlético. El fútbol, su fútbol, le había dado de nuevo la oportunidad de conseguir un título de esa envergadura, tenía al alcance una revancha con el balón por lo que pudo ser y no fue en el equipo de su vida, el Sevilla. El rival en la finalísima era el Zaragoza de los “cinco magníficos”. Ruiz Sosa, que fue titular, regaló otra actuación impecable digna de los mejores paladares futbolísticos. El Atlético de Madrid se proclamó campeón de la Copa del Generalísimo por un gol a cero y nuestro protagonista, comienza a vivir uno de sus mejores momentos a nivel profesional. Tal lo siente así, que el coriano abraza un idilio esperanzador de recuperar un puesto 6 y ganándole a su rival preferido con un 2-1. En el Atleti encontró sensaciones y formó junto a Glaría una compenetración exquisita. La campaña desarrollada en Liga fue tan provechosa, que tuvieron hasta las dos últimas jornadas opción de alzarse con el título. El Real Madrid fue quien lo obtuvo finalmente. No obstante, los rojiblancos madrileños se desquitaron de ese infortunio en la Copa del Generalísimo frente al club blanco, el eterno rival. En la ida, el Atleti perdió en el Bernabéu por 1-0. Sin embargo, la vuelta en casa fue lo más similar a un ciclón imparable, eliminaron al Madrid tras un contundente 4-0. Vencieron a la Real Sociedad y al Valencia también para apuntarse a la que sería la primera final de Ruiz Sosa
en la selección. Con Glaría configura una de las mejores líneas medias de España y en la temporada 1965/66 consigue su segundo título nacional, uno más que ansiado y cotizado, deportivamente hablando, a lo largo de su historia por su complejidad. El Atlético de Madrid se vuelve a declarar campeón, esta vez de La Liga. La felicidad de Manolito era plena y el orgullo de los de su pueblo, de su querida Coria natal, así como de los sevillistas que lo admiraban, era inabarcable. Los niños corianos tenían un referente, un ídolo de masas. Y razones de peso lo justificaban e incluso a día de hoy, ya que el único internacional absoluto nacido en Coria del Río fue -y sigue siendoManuel Ruiz Sosa. El ejemplo por excelencia Lástima que ese ascenso moral y regocijo profesional, recibiese una brusca sorpresa. Manolito ya pasó por una dura lesión estando en el Sevilla que le obligó a parar, aunque momentáneamente. Dicha lesión ocurrió precisamente en el choque de España contra Marruecos. Ahora, tras la consecución de los dos títulos y con la mente puesta en rescatar la plaza que el destino del fútbol y las inoportunas lesiones que trae a veces consigo, le arrebató de la selección, de nuevo, le CAMPEONES DE LA COPA DEL GENERALÍSIMO 1964/65 CAMPEONES DE LA LIGA 1965/66 7 llega un revés. En un entrenamiento del Atleti, al disputar un balón con Luis Aragonés, queda lesionado. Poco a poco fue perdiendo minutos en el equipo por la dureza de la lesión y su sueño de volver a vestir los colores nacionales se esfumaron. “Me lesioné en bastantes ocasiones porque nunca he sido un jugador que esconda el bulto”, declaraba Ruiz Sosa. No obstante, estuvo dos temporadas más en el Club Atlético de Madrid, su temperamento no le permitía estar como suplente pero su rodilla le gritaba que parase. En la 68/69 fue traspasado al Granada C.F. donde actúa una temporada más en Primera División hasta que necesitó ir a quirófano. Ahí decició dar por finalizada su carrera.
Pese a no poder seguir en activo como futbolista por causas de salud, Ruiz Sosa decide seguir ligado a lo que es su vida, el fútbol. Se formó para comenzar su andadura en los banquillos, aunque su experiencia profesional y sus conocimientos propios innatos, le hacían más que capaz. Sus compañeros siempre destacaron su sabiduría y una visión de juego aventajada. Tal es así, que Antonio Valencia, subdirector de MARCA y referente en el periodismo deportivo de los sesenta, afirmaba que “Ruiz Sosa era tan necesario como el balón en el campo”. Y eso se demostró, entre otras ocasiones, cuando en 1959, siendo jugador del Sevilla, este mismo diario deportivo español otorgó el ‘Trofeo Patricio Arabolaza’ a Manuel Ruiz Sosa. Premio que se le entregaba al futbolista español que fuese el máximo representante de la “Furia Española” en los terrenos de juego. Sus aptitudes lo retornaron con mayor edad, 45 años, a Granada para tomar como revancha su corto paso por el club nazarí como futbolista. Y así fue, firmó su nombre en la historia, que, además, actualmente 8 De futbolista se encuentra -doblementeescrito en la puerta del Nuevo Los Cármenes. Ascendió al conjunto granadino a Segunda División en la 1982/83, tras proclamarse campeón después de haber estado líder durante toda la temporada. Repitió etapa en la 1987/88. Además del Granada CF, entrenó al Real Oviedo, Algeciras CF, Lérida, A ENTRENADOR Córdoba CF, Villena, Linares CF, CD Alcoyano, RSD Alcalá de Madrid, filiales del Atlético de Madrid, UD Almería y Sevilla Fútbol Club. Así como Real Jaén, donde plasmó su sapiencia en las páginas más señaladas de la historia del club, puesto que ascendió al equipo. Lo cogió en Tercera División y estuvo a un suspiro de meterlo en Primera. Permaneció en tierras jiennenses durante cuatro etapas en diferentes temporadas. En 1993, el que fue uno de sus íntimos amigos y compañero en el Atleti, Luis Aragonés, llega al ban q uillo del primer e q uipo del Sevilla de la mano de M anuel Ruiz Sosa como segundo entrenador. En 1995, Luis se marchó y M anolito continuó en el banquillo sevillista, esta vez junto a Toni O liveira. U na vez pasada esa temporada, Ruiz Sosa se adentra en la cantera del club de su vida. Dirigió a un Sevilla Atlético en apuros y, hasta el fin de sus días, estuvo en la secretaría técnica que conformaba el primer equipo junto a M onchi -que daba sus primeros pasos como Director Deportivo-, Pablo B lanco, Pepe Alfaro y J uan Carlos Á lvarez. Toda una vida ligada al fútbol, con una agudeza visual impactante, un temperamento desmedido, una personalidad arrolladora, señalado a veces por polémico debido a su transparente y directa sinceridad. Fue un profesional que hacía ruido por el camino donde anduviese y, sobre todo, una persona que honraba las letras que componen el balompié. Conocer su forma de sentir crea añoranza de un fútbol romántico, sin beneficios ni intereses individuales, justo el que hoy se ha extraviado. Vivir a todo corazón observando a través del esférico es Manuel Ruiz Sosa.