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¿Puede la filosofía ayudarnos a resolver los conflictos personales? Caso práctico de intervención terapéutica a través de la orientación filosófica

Moreno Cutiño, Carlota

Abstract

La Orientación Filosófica, mediante su intervención tiene como objetivo el hacer aparecer la eseidad del conflicto que padece el existente. Es por ello, que en el presente estudio me dispongo a plasmar la forma que tiene la OrFi de aplicar la filosofía para la resolución de los problemas relacionados con la vida diaria. Para ello, ha sido necesario llevar a cabo una serie de sesiones prácticas, para conocer el estado afectivo en que se encuentra el existente (determinación existencial afectiva), ya que es desde este, desde donde orienta toda su actividad cotidiana. Se establece para ello una relación entre el existente y el orientador filosófico en el que se da un intercambio existencial, dado que este último trata de ofrecerle al otro la posibilidad, esto es, en un lugar y un espacio determinado, el orientador filosófico se ocupa de la pre-ocupacion del existente, de aquello que le impide ocuparse, con la finalidad de que este vuelva a retomar su vida tal y como la conocía antes de la vivencia de determinada crisis. Para la aplicación de la Filosofía en el ámbito de la terapia se ha utilizado como base la analítica existenciaria de Heidegger.

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UNIVERSIDAD DE SEVILLA GRADO EN FILOSOFÍA ¿PUEDE LA FILOSOFÍA AYUDARNOS A RESOLVER LOS CONFLICTOS PERSONALES? CASO PRÁCTICO DE INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA A TRAVÉS DE LA ORIENTACIÓN FILOSÓFICA Trabajo de Fin de Grado Carlota Moreno Cutiño Tutor: Prof. José Ordóñez García Dpto. Estética e Historia de la Filosofía Facultad de Filosofía 2 Resumen La Orientación Filosófica, mediante su intervención tiene como objetivo el hacer aparecer la eseidad del conflicto que padece el existente. Es por ello, que en el presente estudio me dispongo a plasmar la forma que tiene la OrFi de aplicar la filosofía para la resolución de los problemas relacionados con la vida diaria. Para ello, ha sido necesario llevar a cabo una serie de sesiones prácticas, para conocer el estado afectivo en que se encuentra el existente (determinación existencial afectiva), ya que es desde este, desde donde orienta toda su actividad cotidiana. Se establece para ello una relación entre el existente y el orientador filosófico en el que se da un intercambio existencial, dado que este último trata de ofrecerle al otro la posibilidad, esto es, en un lugar y un espacio determinado, el orientador filosófico se ocupa de la pre-ocupacion del existente, de aquello que le impide ocuparse, con la finalidad de que este vuelva a retomar su vida tal y como la conocía antes de la vivencia de determinada crisis. Para la aplicación de la Filosofía en el ámbito de la terapia se ha utilizado como base la analítica existenciaria de Heidegger. Palabras clave: Orientación Filosófica, afectividad, existencia, posibilidad, Dasein Abstract Philosophical Orientation, through its intervention, aims to bring forth the essence of the conflict that the existing being suffers. Therefore, in this study, I am set to illustrate the way in which PhiloOr applies philosophy to resolve problems related to everyday life. To achieve this, it has been necessary to carry out a series of practical sessions to understand the affective state in which the existing being finds itself (affective existential determination), as it is from said state that the existing being directs all its daily activities. A relationship is established between the existing being and the philosophical counselor, involving an existential exchange. The counselor seeks to offer the other person the possibility, within a specific time and space, to address the existing being's preoccupation, the obstacles preventing them from occupying themselves, so that they can resume their life as 3 they knew it before experiencing a particular crisis. The application of philosophy in the realm of therapy has been based on Heidegger's existential analysis. Keywords: Philosophical Orientation, affectivity, existence, possibility, Dasein. 4 ÍNDICE Introducción ....................................................................................................................... 5 1. Sesiones de intervención terapéuticas ............................................................................ 6 2. Aplicación terapéutica de la orientación filosófica ........................................................ 14 2.1. Vivencia de la pérdida como paso de la necesidad a la posibilidad ........................... 15 2.2. De lo entrañable a lo extraño: ocultación como método de protección ...................... 19 2.3. De la moral común a la ética propia ........................................................................... 22 2.4. Sabiduría vivencial: angustia y tristeza como métodos de aprendizaje ...................... 30 3. Conclusión ..................................................................................................................... 36 4. Bibliografía .................................................................................................................... 37 5 Introducción No hay respuesta que esté más allá de uno mismo, y es el orientador filosófico, con su saber preguntar, el que lleva al existente a las respuestas de sus conflictos inherentes. Cuando nos ponemos frente al existente nos damos de cara con su determinada manera de encontrarse en el mundo. Es por ello, que el conocimiento que aborda la Orientación Filosófica es el que concierne al existente y, por ende, a su modo de encontrarse con la existencia, esto es, con los otros, y todo lo que conlleva la relación en la que se deriva. El orientador filosófico trata con la afectividad del otro, para intentar reconducir ese estado afectivo que le provoca malestar. Por todo ello, la OrFi se trata de una filosofía aplicada a la práctica, con vocación terapéutica. “Una filosofía cuyo objetivo consiste en ayudar a resolver los conflictos relacionados con la vida diaria, con la vida en común”. 1 Este modo de ejercer el filosofar pretende ayudar a resolver los conflictos personales y en tanto que son personales, lo que a uno le puede venir bien no tiene que servirle del mismo modo al otro, dado que la manera de experimentar lo sucedido no es igual para todos (afectivamente generalizable), no a todos nos afecta lo mismo de la misma forma. Es en el cómo se expresan los problemas, donde tenemos que incidir para entender el estado afectivo en el que el existente se encuentra. Y lo importante de aquello que expresa no es tanto, lo que dice sino, lo que hay intrínseco en ello, cuáles son sus convicciones, sus gustos, sus creencias, … y es desde aquí desde donde se expresa, y desde donde se ponen en juego ciertas falacias. El horizonte de trabajo de la OrFi es la posibilidad, cuyo objetivo es el mostrarnos una nueva forma de comprender el conflicto que se está padeciendo. Hacer tomar conciencia de que el mismo conflicto no solo se puede pensar de otras maneras, sino que también se puede vivir de otras formas. Para que se abra esta posibilidad, esta nueva manera de enfocarlo, es necesario que el referente del conflicto se despliegue ontológicamente. Se pone de manifiesto con ello que, el sufrimiento en el que se ve inmerso el existente se debe a que no es capaz de abrirse a la posibilidad, a esta forma distinta de comprender y de vivir lo que le está ocurriendo. Para ello, esta práctica filosófica se pregunta por el cómo y no por el qué, es decir, cómo ocurre y no qué es lo que ocurre, por qué se da lo que se da. Siendo desde ahí, desde, como ya hemos dicho, ese despliegue ontológico del indicador formal, de ese “existenciario” 1 Ordóñez García, J. (2021): «Conceptos fundamentales de la orientación filosófica». Revista Do Nesef, vol. 10, nº 1, Universidade Federal do Paraná (Brasil), p. 59. 6 específico, el que se produzca un desvelamiento de una manera distinta de vivenciar el conflicto. Por tanto, no se trata de hacer metafísica, sino hermenéutica de la facticidad, desplegar aquello que se da en cuanto se da. El orientador se ocupa de lo que le ocurre a aquel o aquella que tiene enfrente, de ese o esa existente que tiene un modo afectivo de encontrarse y que va a expresar aquello que no le hace pasar página, su conflicto interior que lo tiene en una situación emocional no deseada, que le condiciona y orienta toda su actividad cotidiana, su día a día, y que le hace tomar unas decisiones a raíz de las posibilidades concretas que se le despliegan por su condición afectiva. Algo le ha acontecido al margen de su voluntad y se halla ocupado/a en eso, todo su ser está ahí, se encuentra invadido/a por una determinada afectividad de la que quiere salir pero no sabe cómo. 1. Sesiones de intervención terapéutica En este caso concreto, la existente toma como punto de partida de su conflicto la muerte de su abuela. Significa este acontecimiento para ella un antes y un después en su existencia y por tanto, en su afectividad. Antes de contar este suceso hace un despliegue de aquellos miembros que componen su núcleo familiar, al que pertenece: su padre, su madre, su hermana y su prima, remarcando la existencia de esta última. Esta es hija de su tía, la hermana de su madre. Su tía murió meses antes que su abuela a causa de su alcoholismo. Sus padres se hicieron cargo de esta niña, la cual tiene ciertos problemas físicos y cognitivos a causa de la adición de su madre. La adición de su tía fue determinante en su estructura familiar, dado que convivieron con ella hasta que el alcohol se la llevó para. siempre. La situación que se vivía en casa de su abuela le hacía permanecer en un estado de alerta constante, ya que su tía era una persona impredecible y en cualquier momento podía hacer algo que pusiese su vida o la de otros en peligro. Y esto, ya que la existente muchas veces no se encontraba junto a ellas (su tía y su abuela), le hacía estar en estado de alerta permanente. Dicho estado fue la base para experimentar la angustia. Angustia ante la imposibilidad de hacer algo para solucionar la situación y no ser más que una espectadora más. La existente soportaba este tipo de situaciones debido al amor que sentía por su abuela, esto es, podía llegar a soportar el malestar que le provocaba su tía porque el amor hacia su abuela era mayor. Podía permitirse experimentar situaciones violentas en las que incluso, en ocasiones, su vida corría peligro, 7 pero sabía que estaba junto a su abuela y que con su presencia podía ayudarla de alguna manera, por lo que no solo estaba con ella, sino que también le ayudaba a sobrellevar el infierno que era la convivencia con su tía. Había cierto equilibrio que permitía que la situación de convivencia, que tanta angustia le provocaba, pudiese repetirse constantemente. Este amor que sentía por ella era debido a que la consideraba una madre, para ella fue su madre. Tenía un vínculo con ella que no tenía con su madre, a pesar de que ésta en ningún momento dejó de atenderla, no era por eso, que creó ese vínculo hacia su abuela. Expresa la existente que, desde el primer día que se quedó en casa de ella a dormir, ya no quiso separarse más, y aprovechaba la mínima ocasión para pedirle a los padres que la llevaran junto a su abuela. Sintió desde muy pequeña que su hogar estaba junto a ella. He aquí la diferencia entre maternidad y maternalidad. Su madre cumplía la función biológica de maternidad, pero la que cubrió la maternalidad fue su abuela. Ella representaba el modelo de madre que le hubiese gustado tener, esa madre ideal. Hay algo que tenía su abuela y de lo que carecía su madre y tenía que ver con la maternalidad. Por ello, fue tan impactante su muerte, porque había perdido a una madre, no a una abuela; se había quedado huérfana, sin figura materna. Es por ello que la pérdida de esta le causó un tremendo sufrimiento, que siguió arrastrando durante años y que expresó desde un primer momento en la sesión como un conflicto que todavía seguía latente. Seguía siendo motivo de lágrimas el hablar del vínculo con su abuela y su traumático fallecimiento. Tras la muerte de su tía, enferma su abuela y en pocos meses esta también fallece. La existente considera que la muerte de su tía es una muerte “justa”, porque ha sido ella misma la que la ha provocado. Sin embargo, la muerte de su abuela la considera del todo “injusta”, porque, como lo entiende ella, no se merecía morir, dado que le tocaba, después de tantos años de angustia y malestar por la adicción de su hija, volver a la tranquilidad y a poder disfrutar de su familia. Sin embargo, esta no fue la situación que se vivió, sino que sus últimos meses de vida fueron de pura experiencia con su enfermedad. Desde el primer momento en que le detectaron dicha enfermedad, la existente sabía que era cuestión de tiempo que la muerte llamase a su puerta. Estuvo en un estado de evasión absoluta durante la enfermedad de esta, porque no era capaz de asimilar que la iba a perder, que en un tiempo ya no podría estar junto a ella. Se evadía como método de defensa, así se protegía ante el inmenso sufrimiento que le provocaba su futura ausencia, puesto que no era capaz de imaginarse una vida sin ella. Procuraba desentenderse de la realidad de su vida para evitar la aparición del sufrimiento. Temía lo que se intuía y no quería ser consciente de ello, porque no lograba imaginar que eso pudiese llegar a suceder. Estuvo desinhibida durante varios meses 8 hasta que inevitablemente llegó el momento de hacer frente a la situación, tomar conciencia de la temporalidad. Estuvo en el momento del fallecimiento de su abuela, junto a ella, las dos solas y fue ella quien escuchó su último respiro. Ante la vivencia directa de su fallecimiento, por un lado, se genera en la existente un estado de tranquilidad porque se ha confirmado lo que se temía y no hay que seguir ya en la expectativa, y por otro, está la experiencia de la pérdida que tiene su temporalidad. De la pérdida obtiene el recuerdo, aquellos de cuando estaba viva. Estos, hasta cierto tiempo producen malestar porque su ausencia sigue causando mucho sufrimiento, pero es, cuando dejamos al tiempo actuar, cuando se da que estos mismos recuerdos ya no producen este tipo de sensaciones negativas, sino que son recordados con toda normalidad. Manifiesta que la relación con su abuela, y su posterior fallecimiento fue determinante para sus futuras relaciones personales. Padeció la experiencia tan fuerte con el desapego, que provocó que la reacción contraria fuera igual de fuerte. Siente un enorme apego por sus seres queridos, aquellas personas que forman parte de su vida y con las que comparte esta, pero en el momento en el que la otra persona se aleja, no siente tristeza por su pérdida, sino que se deshace por completo del vínculo que tiene con esta. Esto es debido a que el apego por su abuela era tan fuerte que al perderla fue un sufrimiento terrible el que experimentó y el que le hizo querer evitar a toda costa volver a experimentarlo. Después de aquella experiencia ningún tipo de apego le iba a hacer padecer un sufrimiento semejante, ya nadie podía equiparar el sentimiento hacia su abuela y, por ende, el sufrimiento por su pérdida. Ahora toda pérdida derivaba en un inmediato y completo desapego, sin sufrimiento alguno: “ya he perdido a la persona que más me importaba, perder al resto me es indiferente, no me causa dolor”, así lo expresa la existente. Sin embargo, esto lo vivencia como algo negativo. No quiere sentir ese desapego absoluto por las personas que se han ido pero que han formado parte muy importante de su vida. Con estas personas ha sentido un enorme apego emocional que inmediatamente desaparece en cuanto vivencia su ausencia. Todo ese lazo de unión se desvanece para quedarse solo en un bonito recuerdo, que, a la vez, también desaparece al poco. La existente desea vivir de forma más duradera ese sentimiento de pérdida porque cree que al llegar tan rápido al desapego, no le está dando la importancia que merece a aquella persona que ha sido parte tan importante de su desarrolla vital, e inclusive en muchas ocasiones, que han sido parte de su cotidianidad. Sin embargo, a pesar de sentir este completo desapego por aquellos que ya no están, cuando forman parte de su vida, siente una absoluta responsabilidad hacia estos, cree que es necesaria. Siente que ella no necesita a los demás pero que ellos sí que la necesitan a ella. Se 9 hace responsable del otro, su “salvadora”. Sus relaciones personales las vive muy intensamente, involucrándose por completo con el otro. Se identifica así con su abuela, su referente. Esta daba su vida por los demás, estaba ahí para cuando el otro necesitase de ella, sin esperar nada a cambio y llegando incluso a límites en el cuidado del otro que le afectaron incluso a su salud física. Cuidaba más del otro que de sí misma y fue claro ejemplo de ello, el cuidado que esta ejerció sobre su hija durante toda su adicción. Así lo expresa la existente. La existente, sin darse cuenta, comenzó a tener las mismas actitudes que su abuela, comenzó a responsabilizarse del cuidado del otro. Sin embargo, y a pesar de haberse involucrado por completo en ese otro, en cuanto este se alejaba de su vida, que no era ella la que lo echaba, daba paso a la indiferencia absoluta por esta persona. Esa responsabilidad desaparecía y el recordarla no suscitaba en ella nada. Se siente responsable de los demás, pero cuando se produce la separación, se deshace de ese vínculo afectivo y comienza inmediatamente su adaptación a su nuevo momento vital que está por comenzar sin esa persona ya presente. De nuevo vivencia los dos extremos. Entiende que aquellos que se van ya no vuelven, entonces no hay más remedio que “cortar” ese vínculo sentimental que le unía al otro, para de esta forma, no padecer su pérdida, no sufrir por su ausencia. Cuando los demás se desapegan y se ve forzada a asumirlo, opta por lo que menos le haga sufrir y esto es el desapegarse por completo y de manera instantánea. No soporta la pérdida y el desapego es la reacción ante la imposibilidad de que el otro se mantenga dentro de ella, con ella. Fue consciente de que su problemática afectiva estaba determinada por su estructura familiar, pudiendo expresar en la sesión el que uno de sus mayores temores (miedos) era el decepcionar a sus padres: “me escondo para no mostrarme por el miedo a decepcionarlos”, así lo expresa. Si se esconde, lo que evita es que la vean, sin embargo, pueden sus padres llegar a saber lo que ha ocurrido. Este ocultamiento de los actos que comete, a lo que da lugar precisamente es a que se vea oculta su persona en sí, su yo, manifestándose solo, y que ellos puedan percibir, su papel como hija, porque actuando, somos, nos conformamos como personas. El cómo actúa dice quién es. Pero esta forma de actuar suya no siente que sea válida para sus padres. Expresa que ya ha vivido muchas situaciones en las que su forma de actuar se ha visto tachada de mal comportamiento, de una mala forma de llevar su vida. Por tanto, para no enfrentarse a sus padres, lo que ella es, como existente, como yo, queda cubierto por un velo, mostrándose ante ellos como la hija que desean tener. Aparecen dos formas de comportarse, como “la existente” y como hija. Con relación a sus padres, es su hija, no “la existente”. La decepción hace que se vea oculta “la existente” y que aparezca la hija. Expresa que a sus padres solo les muestra esa parte de ella con la que sí que están 16 Dicha anticipación de la muerte nos hace tomar consciencia de que ninguna de las otras posibilidades es para siempre, que todas poseen una duración determinada. Esto hace que pueda desarrollarse más allá de cada una de estas y no aferrarse a ninguna, sino introducirlas dentro de su proyecto, asumiéndolas como posibilidades propias. Es esta anticipación de la muerte lo que posibilita posibilidades y por ende constituye al Dasein como un todo auténtico, y es así porque este se relaciona con el mundo en términos de posibilidades. De ahí la importancia de esta reiterada anticipación de la muerte, el saber de esta, porque es la que hace que podamos desarrollar una existencia auténtica, porque ya nos sabemos apropiar de las cosas en su verdadera esencia de posibilidades. Es a partir de esta pérdida, que comienza a experimentar un gran desapego por aquellas personas que se van de su vida. Siente que si, la persona que creía más necesaria en su vida, ya no está y debe continuar viviendo sin ella, con el resto ocurre lo mismo. Al igual que forman parte de su vivir, también dejan de hacerlo, solo están presentes durante un periodo de tiempo, pero este al igual que comienza, también termina; tienen durabilidad. Podemos decir que el conflicto se centra en la necesidad. La existente sufre, porque al considerar necesaria a su abuela, su pérdida conlleva la pérdida de alguien que era necesaria en su vida. Desarrolló una necesidad sobre ella y al perderla fue invadida por una terrible sensación de vacío interior y soledad que le producía absoluto sufrimiento. La continuidad de su determinada forma de existencia se ve irrumpida por un acontecimiento que no contemplaba y que además no quería contemplarlo porque le provocaba un inherente malestar. Aquello que consideraba constante y permanente, ya no lo es, irrumpe el devenir y le deja sin esa persona que tanta relevancia tenía en su vida y, sobre todo, en su cotidianidad. La necesidad, que el existente sostiene con su deseo y su voluntad y que, por tanto, responde al ámbito de lo afectivo, no puede evitar que algo ocurra. Del devenir es de lo que intenta protegerse la existente, pero este cae encima de ella y no puede hacer otra cosa que aceptarlo. Algo que necesariamente debía de ser así, el que su abuela debía de continuar junto a ella para seguir ejerciendo esa maternalidad, parece que se interrumpe por la llegada de la enfermedad y posteriormente el fallecimiento. Ha hecho de alguien una necesidad para su vida, sin tener en cuenta que no solo las personas, sino que todo tiene duración, caducidad. Todo antes o después, termina. Lleva a cabo la existente el secuestro moral de su abuela con el fin de seguir ella misma sintiéndose segura. Esta produce en ella cierto estado de bienestar y protección que no quiere perder. Sin embargo, sin poder hacer nada ante ello, la pérdida de este estado afectivo, deviene y la lleva de vuelta a ese origen desde donde se da la apertura de la posibilidad, aquello que puede ser pero que antes no era capaz de contemplar. Convierte 17 entonces a la otra persona en un objeto, porque se está relacionado con ella por medio de la necesidad, de tal forma que no hace otra cosa que objetualizarla, quitándole aquello que intrínsecamente le pertenece, simplificándola a un utensilio de la necesidad, arrebatándole su autonomía. Se convierte su abuela en una necesidad porque sobre ella se produce su arrojo, sobre ella se ubica su condición de arrojada, dado que algo de ella hay en su abuela, por lo que esta es una proyección suya. De tal forma que su abuela se hace representante de su existencia, y esto le quita del todo su autonomía. Necesidad y autonomía se contraponen porque no se puede ser un existente autónomo si se considera que el otro es una representación propia o lo considera como tal. Es por tanto un existente dependiente, depende de ese otro para su existencia, este la conforma. Al haber hecho de su abuela un lugar seguro, un sitio en el que habitar, ha perdido de vista la libertad, y es que necesita de ella, de su abuela pero no de su libertad, por lo que se convierte en una presa de esta. Sin embargo, esta necesidad se camufla de amor, un amor incondicional que está por encima de todo y de todos. El contenido de esta necesidad, que manifiesta la existente, será lo que indique hacia dónde debe abrirse esa nueva posibilidad. Pasamos, por tanto, de la necesidad a la posibilidad. Experimentar la posibilidad nos retorna a la apertura originaria de la existencia, esa vuelta al momento en el que pudimos tomar otra alternativa para seguir nuestro camino, aquella que en su momento rechazamos pero que ahora se abre de nuevo para nosotros, para que podamos experimentar esa otra opción que con anterioridad denegamos. Tras la pérdida de su necesidad, tras la irrupción del devenir, se produce la apertura de esas posibilidades, que antes no había contemplado porque no concebía que aquello que consideraba tan necesario podía llegar a desaparecer. La existente se encuentra, sin que ella sea consciente, conque la necesidad se ha transformado en posibilidad. Su abuela, al fallecer, lo que hace es mostrar su verdadera alteridad, su durabilidad, el que es un ser finito y mortal. Aprende, con ello, que no todo se puede conformar a su deseo, a su moral y menos cuando se trata de la vida de otra persona. No puede hacer de su vida una necesidad. En la moral están inscritos este tipo de comportamientos, de actitudes hacia lo externo y, por ello, se trata de que pueda encaminarse esta hacia la ética, que es el regreso a la posibilidad, y deje de lado la moral, donde habita la necesidad. Cuando esta desaparece porque la finitud así lo ha querido, entonces regresa al momento en el que dejó otras alternativas, porque el estar con su abuela le era más placentero en aquel momento. Una vez que esta ya no está, puede volver a escoger, como ya hemos dicho, determinadas alternativas que antes rechazó. 18 El que se dé esta situación de necesidad viene a causa de la condición abierta de todo existente. En esta se encuentra el vacío del mundo, vacío que regresa cuando vivenciamos una crisis. Es en este estado, en el que se encuentra el existente, cuando se posibilita la inscripción de una necesidad a la que el existente se ve forzado, ya que simplemente escoge aquello que más le place sin tener experiencia de ello, puesto que se da como puramente abierto, pero que, a la vez, y que es por lo que se elige, su elección le ingresa en un mundo, y queda seducida por este. Es así como se pasa de la mera posibilidad, que era su elección, a obtener el carácter de necesario. Aquello que está experimentando la existente, lo que está padeciendo, esos afectos en los que se ve envuelta, son reales en cuanto que, para ella, lo son y se trabaja desde ahí, desde su afectividad misma en esos momentos, sin quitarle validez a lo que está experimentando. El modo que tiene esta de ver las cosas, el mundo como su representación, produce en ella un determinado estado afectivo, y es desde este, desde donde se relaciona con los otros. Desde ese estado afectivo en el que esta se ve sumergida, se trata de que pase por ese duelo que conlleva la muerte de un ser tan querido, para dar continuación a la aceptación de su pérdida y su consecuente retorno a la apertura originaria de la existencia, a experimentar de nuevo la posibilidad. Sin ella saberlo, se encuentra ante un nuevo inicio. Eso que está vivenciando como algo terrible, invadida completamente por el sufrimiento, es también la posibilidad de un nuevo comienzo, un poder emprender aquellos proyectos que dejó apartados por pasar más tiempo con su abuela, aquello que quiso hacer pero que, por las causas más diversas, se quedaron en ese cajón que consideró que abriría en algún otro momento. Ahora es ese momento, y es “un dejar actuar lo que siempre estuvo a nuestro lado como mera posibilidad”. 3 Expone Heidegger, que las cosas se les dan al Dasein siempre provistas de una función, esto quiere decir, de un significado. Es por ello, que en ese ser-en-el-mundo está implícito el tener intimidad con una totalidad de significados. Estos significados, que tienen para nosotros las cosas, son los posibles usos para nuestros fines. El mundo se nos da, por tanto, teniendo de antemano unos ciertos prejuicios, que guían el descubrimiento de las cosas. Con esto, hacemos alusión a que el Dasein dispone desde el comienzo de un conocimiento completo y concluso del mundo. Este nunca se presenta como un lienzo en blanco en el que se van grabando las distintas imágenes y conceptos del mundo, sino que tiene ya una precomprensión de este, y no es algo limitado, sino que constituye la posibilidad misma de 3 Ordóñez García, J.: Orientación Filosófica: Conceptos fundamentales. Obra inédita cedida por el autor, p. 35 19 encontrarlo. No podemos deshacernos de esta precomprensión del mundo porque esto es lo que implica ser-en-el-mundo. El conocimiento es entonces la articulación de una comprensión originaria, denominada interpretación, en la que las cosas ya están descubiertas. Esta interpretación alude a que es constitutiva y originaria la relación que el Dasein tiene con el mundo que lo circunda. Es debido a que el existente es, ante todo, poder ser, el que todas las estructuras de su existencia posean este carácter de apertura y de posibilidad. Retomamos de nuevo la posibilidad, poder ser, y encuentra las cosas en tanto que las inserta en su poder ser y las entiende como posibilidades abiertas. Como proyecto es la forma en la que el Dasein está en el mundo. Heidegger hace alusión a lo que él denomina, el “término medio”, considerado como el conjunto de los modos de ser reales o posibles del hombre, como una especie de promedio estadístico de las maneras en los que los existentes se determinan en el mundo. Dicho “término medio” es el problema de no aislar una de las posibilidades en detrimento de otras. El modo de ser medio y cotidiano del hombre, del cual Heidegger decide partir, se presenta ante todo como ser en el mundo. El Dasein entendiendo este término en el sentido de existencia (transcendencia) situada (en el mundo). 2.2. De lo entrañable a lo extraño: ocultación como método de protección La existente se encuentra ahora en un estado de desprotección, porque no es su abuela a la que ha perdido, sino a la que ella consideraba como una madre. Esta es la que le proporcionaba esa seguridad, es junto a ella, gracias a lo que esta le daba, el que le hacía sentir protegida. Ahora esa seguridad ya no la tiene y no es junto a sus padres donde puede volver a encontrar esa seguridad, sino todo lo contrario, estos le transmiten intranquilidad, se siente insegura junto a ellos. Ese miedo a decepcionar es, en el fondo, el que junto a sus padres no se siente a salvo, sino intranquila, insegura en su propio hogar. Es para lograr la seguridad el que se oculta. Donde habita no era un lugar seguro para esta, porque ahí tenía que ocultarse, presentarse como un yo fragmentado. Fuera de la convivencia con sus padres, es donde encuentra un refugio donde sí que puede expresarse tal y como es, sin máscaras y sin miedo a ser juzgada. Este estado afectivo, con el que carga la existente, se debe a que durante la preadolescencia se produce una grieta en la relación con sus padres, a causa de algo que no 20 recuerda pero que determinó el tipo de relación que tendrían a partir de ahí. Durante toda su infancia, sus padres habían sido su gran apoyo en ese proceso por el que estaba pasando en relación con su forma de sentirse, a sus gustos y a sus ideas. Ella recurría sin temor a estos para sentirse que estaba acompañada y que, aunque fuera distinta a las demás chicas, era igual de querida que su hermana. Sentía que su casa era un lugar seguro donde poder ser lo que quisiera sin tener que reprimirse. Estos fomentaban también la libre expresión de su hija. Sin embargo, se produce este quiebre y la relación comienza a cambiar. Se produce una modificación en lo familiar y esta comienza a estar inquieta, ya no se siente igual de cómoda junto a ellos, se ha producido una irrupción, y esta es la de la temporalidad, y lo que le era completamente familiar y entrañable, ahora se convierte en extraño y le provoca esa sensación de inseguridad. Aquello que sentía conocer, que pensaba que no podía ser modificado y que era impenetrable, esta es, la relación con sus padres y el cómo se sentía junto a ellos, se derrumba, se rompe con la cotidianidad establecida y comienza a sentirse junto a ellos de manera muy diferente. Este sentimiento de “lo hogareño” pasa a convertirse en extrañeza, siente desconfianza de aquellos que habían sido sus pilares fundamentales. Este sentimiento de comodidad, seguridad que le transmitían sus padres, es resultado de la codificación afectiva que establece con ellos, y es por ello el que sienta incomodidad cuando el vínculo que tenía cambia. Se produce una modificación de la afectividad; ya el modo de encontrarse y de sentirse junto a ellos no es el mismo y, por ende, el lugar que habita junto a ellos, tampoco. Deja de sentir su hogar como ese refugio que durante años le dio cobijo y amparo, para dar paso a sentir extraño cada rincón de ese habitáculo. Esa inseguridad, que ella siente ante la presencia de sus padres, le viene a causa de que siente que para sus padres es una inútil, dado que estos la siguen tratando, en muchas ocasiones, como aquella niña que se equivocaba y no sabía hacer las cosas bien, aquella que todavía era completamente inmadura. Siguen instalados en esa concepción de su hija, en aquellas acciones que la caracterizan cuando todavía era una adolescente. Hablamos, por tanto, de esa comoidad, aquella que aparece en la acción, aquel modo de actuar que, por repetirse en las mismas o parecidas circunstancias, imprime en ella, en la existente, una calificación: la de ser una persona inútil, torpe, despistada. Ella misma se ha considerado así durante mucho tiempo, hasta que se ha dado cuenta de que esta cualidad con la que ella se identificaba, no es más que aquello que dicen sus padres que es, es un préstamo de estos, pero no es realmente propio. Al hacer el trabajo de la resignificación subjetiva se dio cuenta de cómo era, aquello que se ha dado ella misma y aquello que era simplemente un préstamo del 21 otro. Toma conciencia de esto, pero sus padres siguen viéndola del mismo modo, aunque con los años haya demostrado que su manera de actuar ya no es la misma. Sin embargo, aquí entra en juego la noción de esteidad, que reconoce que no hay ser sino estar; el tiempo como horizonte de posibilidad. Lo afectivo se da durante un período de tiempo, tiene una durabilidad. Por tanto, la forma de medir nuestro estado afectivo depende del tiempo que dure, de cuándo aparece y cuándo desaparece. La existente expresa que, las acciones que ella quiere emprender en su vida, o que ha emprendido, están muy distanciadas de aquellas que sus padres quieren que lleve a cabo. He aquí donde se pone de manifiesto los prejuicios morales de sus padres como fuente de su sufrimiento. Expresa, que estos piensan que las que ellos quieren para la vida de su hija son las realmente válidas y sensatas. Conforme a esto, a lo que respecta a las acciones y a su viabilidad, es necesario analizar si estas son sensatas o insensatas. Aquello que quiero hacer, si puedo, debo y es posible, entonces es una acción sensata, al igual que si, al contrario; no quiero cometerla, no debo y encima me es imposible, también sería del todo sensata el no llevarla a cabo. Para llegar a esto es necesario que la existente conozca sus capacidades físicas e intelectuales porque así podrá reconocer aquello que tenemos y que no, y, por ende, hasta dónde podemos llegar, actuando siempre desde la racionalidad. Podemos ver entonces que el querer puede ser sensato o insensato. Sin embargo, hay que saber diferenciar el querer del deseo. La existente puede desear, como ha expresado, ser la mejor en toda actividad que realice, pero al pronto se topa con que, en una de las actividades físicas que practica y que, por el momento, era reconocida como la mejor en la misma, llega otra chica que la supera con creces, a causa de sus cualidades físicas. Esto le hizo sentirse inferior, porque alguien era mejor que ella, y no podía hacer nada para cambiarlo. Se veía incapaz de aceptar esto y en lugar de asimilar que no todo deseo se puede cumplir, decidió dejar aquella actividad deportiva, porque para ella había fracasado. Fue por medio de la experiencia, de la constatación empírica de su realidad física, el que descubrió hasta dónde podía llegar y, en consecuencia, las limitaciones de sus deseos. Remitiéndonos a Heidegger, este postula que, el Dasein, en su estar-en-el-mundo, trae consigo una tonalidad afectiva en la que se encuentra. A este existenciario lo denomina, Befindlichkeit que, traducido al castellano, significa “disposicionalidad”, y esta remite al modo de encontrarnos, de sentirnos. Por tanto, las cosas están provistas también de una valencia emotiva. Es la afectividad misma ya una especie de precompresión, más originaria incluso que la comprensión misma, y la situación afectiva en la que se encuentra el Dasein hace posible el que se pueda dar el encuentro con las cosas en el plano afectivo. Toda 22 relación específica con las cosas individuales se da gracias a la disposicionalidad, porque esta abre al Dasein el mundo en su totalidad. Primero se da esta precomprensión afectiva del mundo, vinculada a una disposicionalidad determinada, para luego poder dar paso a la compresión e interpretación del mismo. Nuestro estar abiertos al mundo es lo que posibilita el que las cosas se nos den de un modo determinado, lo cual escapa a nuestra voluntad. La disposicionalidad con la que vengo al mundo no depende de mí; nuestro modo de captar y comprender el mundo tiene unos fundamentos que no elegimos. Esta disposicionalidad es, además, lo más individual y cambiante que tiene cada uno. En lo que respecta a la diferencia de deseos que se da entre la existente y sus padres, es de absoluta relevancia que esta, aunque sea por medio de la ocultación, acaba llevando a cabo lo que tiene que ver con su querer, con su ética propia, y no la moral impuesta por sus padres. Entra aquí en lucha la ética y la moral, entre el querer de uno y el deber de otros. Durante un tiempo, la existente pudo aunar las dos instancias, pero llegó un punto en el que tomó conciencia de que había interiorizado tan a fondo el deber de sus padres, su voluntad, que ya creía que era su propio querer. Había convertido la moral de los otros, su deber, en su querer, su ética. Estuvo viviendo como absolutamente propio el querer ajeno, se encontraba inmersa en la moral familiar. Aquí no estaba haciendo el papel de hija, sino que se sentía como tal, sus padres eran su referente a seguir y para ello era necesario acatar el deber que a esta le impusieron. Sin embargo, se produce cierta quiebra en dicha relación, en la que comienza la existente a reconocer su hogar como un lugar extraño, lo familiar deja de ser entrañable para convertirse en extraño. 2.3. De la moral común a la ética propia La existente se ve inmersa en el deseo del otro, en aquellas expectativas que tiene el otro sobre sí; en su caso, las expectativas que tienen sus padres sobre ella. Ya la reconocen en una serie de comportamientos, de tal forma que así la identifican. Esta tendría que seguir actuando como siempre, como se había previsto. Actúa en función de las expectativas que tienen sus padres. Lo que en su momento hizo, repercute en ella, convirtiéndose en su “modo de ser”, aquel comportamiento que se ajustaba a las expectativas de estos y que debe, así, manifestarse siempre de la misma forma. Por tanto, hablamos de un “ser para otro”. Ella no es un para sí misma, sino que se comporta con ellos, como estos desean que ella sea, como viene siendo, y lo que le hace estar a su disposición. Sus padres le han obligado a ser de una 23 cierta manera y esto se ha convertido en un deber, por lo que, si no actúa como ellos esperan, entonces está desobedeciendo. Se trata de que la existente esté a disposición de sus padres, a su deseo. Es por ello, que el deber que tiene es el de cumplir los deseos de estos, y no los suyos. Su identidad no la construye, sino que consiste en la disponibilidad que tiene hacia sus padres, el deber de cumplir los deseos de estos. Llega un momento en el que toma conciencia de que no está llevando las riendas de su vida, que no la está configurando según su voluntad. Decide entonces que, si quiere construirla conforme a su querer y su deseo, sin que estos la estén constantemente juzgando, es necesario mostrarles, solamente, esa hija que desean tener, ponerse la máscara de “hija de sus padres”, para quitársela cuando estos ya no estén presentes. Sin embargo, no es del todo así, porque como ella expresa, en cada decisión que toma, los tiene presentes, dado que sabe que tiene que seguir rindiéndoles cuentas de lo que va sucediendo en su vida, porque todavía vive bajo su techo. Se plantea, si es pertinente o no compartirla con ellos, y si debe ocultarles esa parte de ella. Sus padres configuran lo que ella es, de forma directa o indirecta. Hasta que no salga de su casa, no va a dejar de ser “su hija” y, por tanto, ejerciendo como tal, siempre a su disposición. Puede evidenciar que se va forjando como un constructo de sus padres, y que esto hacía que ocupase un sitio en el que no se sentía a gusto, porque no estaba siendo ella. Su ética, que es singular, de ella misma, estaba desencajando con la moral común, y esta primera se vio desplazada, para dar paso a instalarse en los deseos de los otros. Aquí es donde entra la posibilidad como forma de reconstrucción, reelaborar toda esa multitud que en ella habita, y reelaborar aquello que había depositado en el otro. El Dasein es aquel que abre y funda el mundo, pero este, a su vez, es lanzado a esta apertura, la cual no le pertenece como algo de lo que pueda disponer. A esta estructura lanzada es lo que Heidegger denomina afectividad de la existencia, que es sinónimo del estado-de-yecto, aquel en el que uno se encuentra sin haberlo elegido, esa apertura al mundo que no ha escogido y que pone de manifiesto la preestructura (Vorstruktur) que constituye al Dasein. Este estado-de-yecto es la afectividad del dasein, que, como ya hemos dicho, atestigua mediante la disposicionalidad y la compresión el que este posea cierto modo global de relacionarse con el mundo y comprenderlo. Hasta emotivamente tiene el Dasein una compresión del mundo debido a que este se encuentra inmerso en él bajo ciertas ideas, que se respiran en el ambiente social en el que vive. La totalidad de instrumentos que conforman el mundo son empleados a raíz de que ve en los otros cómo estos los emplean. Esa condición de caída, en ese estado-de-yecto, que caracteriza al Dasein, hace que este se vea inmerso en una 24 existencia inauténtica, en el mundo del “se”, se encuentra entregado a ese estado interpretativo, en la mentalidad del se, que atiende a los problemas con la moral, y que es opuesta a la ética propia. Esto aclara la idea de que, como venimos diciendo de forma reiterada, el Dasein está en el mundo junto con otros, que es un estar-con, y esta tendencia a estar junto a otros es lo que provoca en este el que comprenda las cosas según la opinión común, y no bajo su propio criterio, ese anónimo se (que enmascara) de la mentalidad pública, ese se piensa, se dice. La problemática está en que, al encontrarse el Dasein ante todo en estado-de-yecto en el mundo del “se” hace que su existencia sea del todo inauténtica. Heidegger hace alusión con esto a esa caída o condición de yecta en la que se encuentra el Dasein y que lo constituye. Esto conlleva el que siempre se encuentra entregado a ese estado interpretativo, esto es, y como venimos diciendo, a esa mentalidad del “se”. Es necesario salir de ese “se dice” para decir por uno mismo: “digo”. La existencia inauténtica conlleva esto, el imponerse una determinada moral y actuar siempre desde ahí, y nunca por uno mismo, sino siempre desde lo que los otros dictan. Esta inautenticidad produce la incapacidad de llegar a la verdad en sí de las cosas, incapacidad de abrirse a estas, sino que se mantiene en las opiniones comunes, y por ende no es capaz de proyectarse a su posibilidad más propia, no se apropia de sí, vive inmerso en lo que se va haciendo, en lo que comúnmente se hace, dejando de lado toda individualidad, toda posibilidad más propia del existente de ser él su proyecto. La autenticidad la entiende Heidegger como aquello que es más propio del Dasein, el apropiarse de sí y dejar de lado esta moral común que nos encaminada a llevar una vida impropia, que no nos pertenece y que no hemos elegido. Entiende la autenticidad como apropiación, esto es, relacionarse directamente con la cosa, incluirla dentro de su proyecto. Obtener en este encuentro que hace el Dasein con ella, un conocimiento verdadero de esta, lo que conlleva, y esto es importante aclarar, ciertas responsabilidades. El Dasein se encuentra arrojado al mundo y es por ello, que en este estar arrojada, de la existente, el espacio en el que se ve arrojada en un espacio que posibilita sus acciones, es ahora un existente espaciado. Este parte de un lugar que no ha escogido, que le es impropio, no deseado, para dar paso a vislumbrar el horizonte y encontrar el sitio que desea, aquello que le era propio a raíz de lo impropio, aquello que le fue dado por el deseo. Así es como la existente, como “anarco”, encuentra su arco. En el momento en el que la existente comienza su propio camino, el que ya su casa se le hace extraña, para construir ese arco, es necesario el abandono de la casa materna, salir del hogar, de “la curvatura y la clave del otro” 4 . 4 Ordóñez García, J: Orientación Filosófica: Conceptos fundamentales. Obra inédita cedida por el autor, p. 41 25 Abandona ese arco en el que creció, ese que en algún momento le fue entrañable (aunque según expresa ella, fue poco el tiempo que así lo sintió), para emprender su propio camino e ir creando su propio arco, convirtiéndose en extraño aquello que durante un tiempo le fue familiar. Esta conversión de lo familiar en extraño es el paso que debe dar la existente para convertirse en el anarco, para constituirse como tal, porque es así como se constituye el exsistente, pasando del arco al an-arco. Esta es su tarea, dado que, si no lleva a cabo este abandono de la casa materna, se ve inmersa en un arco que le es ajeno, no estaría viviendo su vida, sino la que su familia le tiene estipulada para ella, estaría renunciando a la condición originaria de an-arco y dejaría de lado la oportunidad de ser ella. No sería dueña de su propia vida, sino que estaría viviendo la de otro. Es necesaria para la conformación del ex-sistente salir fuera del hogar y formar el suyo, el de la existente conforme a su deseo, no el deseo de sus padres, aunque esto pueda suponer una ruptura, una crisis de la estructura familiar. El paso definitivo para pasar de ser su hija, la hija de sus padres, o como la conciben estos, “nuestra niña”, para convertirse en una mujer, una que lleva las riendas de su vida y que decide bajo su criterio lo que con esta quiere hacer. Tomar sus propias decisiones sin el yugo de sus padres. La existente sigue teniendo presente a sus padres en cada decisión que toma, porque todavía sigue viviendo bajo su arco, el arco que sus padres han conformado, con un orden establecido. Cuando abandone la casa materna, cuando lo familiar ya no le sea entrañable sino extraño, entonces es cuando se quitará el yugo de sus padres, porque hasta que siga permaneciendo bajo su techo, sigue viviendo bajo sus normas. De ahí la importancia de abandonar el arco ajeno, para conformar como an-arco, su propio arco. La existente intenta planificarse con el fin de dar con las pautas que la lleven a una forma concreta de ocupar el mundo, pero en ese intento de ocupación entra en juego el otro, que también forma parte del mundo y que está inserto en nuestra cotidianidad. La intervención de estos en la construcción de nuestra esencia es tanto inevitable como necesaria, y hay que tener en cuenta, que el otro, al igual que yo, está en el mundo con una disposición afectiva concreta, que puede ser del todo diferente a la mía. Es por ello, que se trata de un imposible, debido a esta cadena relacional en la que el existente se ve inmerso, el poder establecer una esencia, porque no estamos solos en el mundo, sino que en nuestra planificación entra a participar el otro, que es ajeno a nuestra afectividad, y que, como ya hemos dicho, viene con una disposición afectiva determinada. Ella misma expresa que el fenómeno más significativo de su vida ha sido la pérdida de la que sentía como una madre, este ha sido el de mayor calado afectivo. Hecho que 32 Primero fue la relación con su tía, que le derivó a un estado de angustia ante la imposibilidad de resolver la situación familiar, para pasar después a padecer una profunda tristeza por la pérdida de su abuela. Sin la intervención de estas dos mujeres, no hubieran podido darse los distintos temples afectivos. En la relación con su tía esta angustia desapareció cuando esta finalmente falleció, porque esta misma persona, que era la causante de dicho estado, al irse, se lo llevó también. La angustia le sobrevino a causa de la relación con su tía, las situaciones conflictivas que experimentaba a causa de la presencia de esta y sus derivados comportamientos. Era ella la que le provocaba dicho estado afectivo. Sin esta, esta angustia con la que convivió durante muchos años, no se habría dado. De ahí la importancia que tiene el otro en mi temple anímico, la angustia sólo puede darse en el ser-con, en el ser con su tía. Por otro lado, esta profunda tristeza que padecía a raíz de la muerte de su abuela solo podía desaparecer, si se la dejaba estar el tiempo que fuera necesario. Solo por medio de la paciencia esta situación cambiaría, solo era cuestión de tiempo que la tristeza dejara de formar parte de su existencia. Pero es tras esta tristeza, que acontece la soledad. De nuevo se ve sumergida en un estado de angustia absoluta, donde ya no es un ser-con, sino que desaparece el otro para darse de frente consigo misma en un estado de desocupación. La angustia se revela como miedo a nada, miedo “a la nada”, a diferencia del miedo, que hace referencia siempre a algo. La existente no se siente amenazada por algo en particular, sino que es la existencia misma. Este miedo a la angustia, miedo de nada, la coloca frente a su propia trascendencia, frente a la existencia como tal y frente a su propia posibilidad. A raíz de esta nada del ente, Heidegger descubre la relación originaria entre el ser y el tiempo y es que el existente es aquel cuyo ser es el tiempo y es en la angustia cuando se vivencia la temporalidad, esta es la que regresa en tanto que el existente se encuentra solo consigo mismo y aunque sin una ocupación, afectado anímicamente. Experimenta, por tanto, la verdadera temporalidad porque se ha visto desocupado, no había nada que lo entretuviese, ya no había ese ser-con, sino que estaba solo consigo mismo y por ende aparece la contingencia. La existencia de ese otro, su abuela, que tan inmersa estaba en su cotidianidad, que tanto tiempo de su vida ocupaba, desaparece. Ya ese tiempo no se puede invertir en lo que venía haciendo durante años, ahora se encuentra desocupada, ya no la tiene a ella para ocupar ese tiempo, y entonces el tiempo se le echa encima, los minutos comienzan a pesarle y en lugar del transcurrir de las horas, padece la pesadez del tiempo. 33 Entonces es aquí donde la OrFi debe de intervenir con el cómo del método, pasar de esa reacción afectiva natural que la existente está padeciendo ante su conflictiva situación, a la reflexión, esto es: del cómo reactivo al cómo reflexivo. Es en el afecto mismo donde se da el método, porque es en este estado en el que la existente se encuentra donde tiene lugar la vía de resolución, puesto que se produce una resignificación, esto es, cambia el afecto. Hay que hacer un despliegue del contenido emocional del afecto que padece para poder llegar al afecto contrario, este que deja zanjado el afecto primario. Debemos hacernos con el significado, la significación que tiene para ella dicho afecto para que pueda acontecer la temporalidad y darnos paso al surgimiento de la posibilidad. Es la temporalidad la que hay que dejar actuar, dejar que esta siga su curso para que pueda permitirse llegar al imperativo de su posibilidad. Es, por tanto, que, para que se dé un cambio de afectividad en la existente, es necesario que esta se tome el proceso por el que está pasando con paciencia, vivir la temporalidad tal y como se da, el dejar sentir lo que siente, tal y como lo siente y hasta que este dure. El método para lo afectivo no es más que la propia vivencia y es por ello que la paciencia es el mejor remedio contra la pérdida. Este no es un método sino una actitud y esta necesariamente necesita del pensar, de la capacidad reflexiva. Este fenómeno existencial en el que la existente se ve inmersa está ligado a la temporalidad y es en el despliegue ontológicoexistencial narrativo donde tiene lugar el método como tal, la resolución del conflicto. La existente se ha encontrado con la tristeza y la angustia, cuyo origen no está en el interior de esta, sino que le han acontecido al margen de su voluntad. Han devenido a causa de su reacción ante determinada situación, en la que se produce la irrupción de una vivencia antes ausente. Se encuentra con lo dado, con lo que le adviene, y esta composición afectiva del encontrarse puede ser considerada como una experiencia fenomenológica, fáctica. La tristeza o la angustia no las siente como algo ajeno, sino que la describe como un estar; la existente estaba triste, estaba angustiada; acontece así en la existente, experimenta estos estados afectivos desde dentro de estos, sumergida en ellos, aquellos que se dan, tal y como se me dan. Se topa de frente y ajena a su voluntad, con la temporalidad. Esta vivencia afectiva es lo que ha provocado en ella el que tenga la experiencia hermenéutica de la temporalidad, e intenta luchar contra esta, contra lo que le constituye, aquello que ella es, porque quiere que las circunstancias estén a su merced, que sea la voluntad la que decida lo que acontece en su vida, cosa que es del todo imposible. Estamos atravesados por el tiempo, esto es lo que somos, y nuestra voluntad es siempre posterior a la facticidad de la temporalidad. La 34 temporalidad es lo que le constituye y es ella la que decide cómo gestionarla, qué hacer con ella. No quería que su abuela muriera, como es evidente, no quería la irrupción de la temporalidad, no quería que ese estado de felicidad y alegría se acabase, quería vivir permanentemente ahí, sin que el tiempo siguiera su curso natural. Deseaba que este se parara y la dejara en aquellos momentos donde se sentía plena, acompañada y querida. Sin embargo, la vida le ha demostrado que no es así como funciona. Hay algo que está por encima de su deseo, de su voluntad más férrea, y es la temporalidad, siendo esta misma aquello que no queremos que acontezca, la que es capaz de sacarla de ese estado afectivo en el que se encuentra inmersa y del que quiere salir. Es por ello, que “la temporalidad es el método. El método es la temporalidad”. 10 Expresa, que con respecto a la situación con su tía, experiencia lo que es vivir permanentemente en estado de alerta. Se encuentra inquieta porque no sabe qué va a suceder, no sabe la situación que se puede dar ese día en casa de su abuela. Permanece a la espera, donde la temporalidad juega su papel natural. Sin embargo, con la enfermedad de su abuela, no se encuentra en este estado, porque sabe lo que va a ocurrir, es cuestión de tiempo que la muerte acontezca. Es por eso que se encuentra nerviosa, pero no inquieta. Sí, es cierto que se encuentra a la espera, pero de algo que sabe con total certeza que va a ocurrir; se encuentra a la espera de la muerte, pero no la suya, sino aquella que le es ajena, pero que le hace tomar conciencia de la temporalidad. Aquello que le es dado es el tiempo, y que lo vive como espera de la muerte, una vez que ha sido consciente de que esta realmente sí que llega. Ahora sí que se encuentra inquieta, porque sabe lo que le va a acontecer en su vida. Está inquieta ante la llegada de la muerte, de ahí que lo más originario en ella, y en sí en el individuo, sea la inquietud. Sabe cómo es, pero lo procura olvidar, anestesiando la existencia, alejándose de ella, para intentar vivir en la atemporalidad, cosa que es imposible pero que, por todos los medios, intenta. La experiencia tan cercana con la muerte, la muerte de la que para ella era su madre, le hace concienciarse de esa fantasía en la que había vivido toda su vida, aquella en la que la muerte no iba con ella ni con sus seres queridos, ese pensamiento erróneo de que podría esquivarla. Pero cómo se va a esquivar aquello que es la única certeza que tenemos, nada más venir al mundo: que al igual que aparecemos en él, del mismo modo desaparecemos. La existente, experimentó cuando era pequeña, la superficialidad que caracterizó a la conformación de su identidad, que esta precisa solo de semejanza y no de diferencia, lo que 10 Ordóñez García, J,: «Ya lo sé pero no pienso en ello (cómo hacer con lo inquietante, qué hacer con lo inquietante)», en Moreno Márquez, C. (2021): En torno a la inquietud. Barcelona: Herder, p. 170. 35 se es, viene de fuera, es un fenómeno situacional. Ella quería ser como sus referentes masculinos, pero no deseaba crear su propia identidad, sino que quería aquello que el otro poseía, “quería ser como él”. Esto es lo que genera el contexto dictatorial en el nos vemos sumergidos. La cultura es la que crea esta identidad homogeneizadora, estableciendo una determinada visión del mundo. Así es como nos moldean, como nos hacen ser de una forma concreta, un “parecernos a”, en lugar de lo que realmente tendría que ser, el “quiero ser”. La existente admite las impresiones que vienen de fuera, y estas quedan grabadas en ella. Es por medio de esta “elaboración cultural”, por medio de esos modelos eidéticos, que son modelos ya establecidos, como comienza a construir su identidad. Estas figuras representaban para ella una serie de características que deseaba tener, y es por medio de verlas en el otro, el que las quiera para sí. Culturalmente fueron establecidos los cánones de masculinidad, aquellas cualidades que determinaban la masculinidad en el hombre. Dichas cualidades eran las que sobre ella habían generado una serie de impresiones y que posteriormente habían sido para estas dignas de su deseo. Esta era una niña, y como tal no tenía identidad, sino afectos y estados anímicos. Más adelante, cuando ya comienza a conformarse como existente autónomo, sigue presente este “quiero ser como” y es aquí donde entra en juego su relación con los hombres. Sigue presente el pensamiento de que estos tienen algo que ella quiere, asocia ciertas características fisonómicas a un cierto estado, determinada posición social. Estos hombres poseen cierto poder y este es el que desea. Siente que se lo han quitado. Inconscientemente así lo ve y es por ello que acaba relacionándose con hombres con una masculinidad muy marcada. Quiere estar junto a ellos para dominarlos, y así sentirse con el poder, saber que está por encima de estos. Parece que de primeras esta no lo tiene, no es capaz de poseerlo y es, en cierto aspecto, debido a su complejidad física. Sin embargo, quiere demostrarles que lo que se ve desde fuera, no determina lo que hay dentro. Es por ello, que quiere junto a ella, en lo que respecta a sus relaciones amorosas, un hombre que represente estas características: fuerte, corpulento, con rasgos bien marcados, pero que no sea demasiado grande, en lo que a la altura respecta. Que haya un equilibrio entre ambos, alguien que sea grande pero no con demasiada estatura, puesto que ella entonces se vería muy reducida, demasiado pequeña junto a él, y eso no le gusta en absoluto. Expresa, que si para alcanzar el poder se tiene que posicionar por encima de su pareja, así lo va a hacer. Va a conseguir que este se enamore de ella para darle el poder de hacer con él lo que quiera, siente que se sitúa en una posición de superioridad, y esto es lo que desea. Quiere ser como ese hombre que representa el poder. Cuando era niña quería ser como ellos, 36 y por esto incluso llegó a cambiar físicamente, y ahora quiere tener lo que, para ella, según sus creencias y convicciones, estos poseen. Es por esto que siempre aspira a más, ser la mejor siempre. Sin embargo, expresa que esto ya no es así desde hace unos años, desde que tomó conciencia de ello, ya no necesita ser la mejor en todo lo que haga, pero sí que fue así durante gran parte de su vida. Este complejo de inferioridad que ha arrastrado durante años le ha hecho sentir que se tenía que colocar por encima del otro, porque si no era así, este iba a acabar por acomplejarle más aún y no le iba a dar el lugar que se merecía. Ciertos prejuicios hacia ella por su complexión física han determinado la mirada externa en ocasiones y eso es lo que ella no ha podido tolerar, el que se la reduzca a lo que físicamente es. De ahí, que siempre ha estado luchando por conseguir algo que creía que le habían arrebatado, el poder estar a la altura del resto, el ser igual de válida para determinadas acciones, y no sentirse menos que los hombres que la miran desde arriba. De nuevo, aquí, se pone de manifiesto la importancia que tiene el otro sobre ella, este ser siempre un ser-con. La presencia del otro es innegable, ya que es desde la percepción que tiene el otro sobre ella, el que esta lleva a cabo ciertas acciones. Todo este bagaje de la existente, este camino que ha recorrido a lo largo de su vida, le ha otorgado cierta sabiduría: ese saber viviendo. Es al final de la terapia, que toma conciencia de lo contingente que es la existencia, asume que la mejor de las opciones es experimentar las distintas posibilidades que la vida nos pone por delante y dejar de lado el otorgarle ese carácter de necesario a la gente que forma parte de su cotidianidad. Como expresa al principio de las sesiones, la pérdida de su abuela ha significado un antes y un después en su vida, y desde ese momento comienza a habitar más en su soledad, a reconciliarse consigo misma. La OrFi le ha puesto frente a quien ella es, y esto le ha servido para tomar conciencia del desde dónde estaba construyendo su vida y por ende, hacia dónde quiere encaminarla, disfrutando siempre de las posibilidades del camino. 3. Conclusión Debido a determinados acontecimientos relacionados con la vida familiar, la existente se ha visto sumergida en un estado de malestar ajeno a su voluntad. Irrumpe la temporalidad y la deja des-ocupada. Ya no hay un ser-con, en su caso, ya no está presente su abuela y entonces vivencia una crisis en la que le inunda una profunda tristeza y soledad, contenidos 37 fenoménicos de la pre-ocupación, siendo esta misma la que le impide a la existente, volver a ocuparse, volver al ajetreo de la vida cotidiana, a todas aquellas cosas de las que había aprendido a disfrutar. Es por medio de la Orientación Filosófica, de su labor práctica, el que la existente logra cambiar la tonalidad afectiva en la que se encuentra para darse una nueva oportunidad, abrirse a la posibilidad (entenderla esta como algo positivo), porque “la temporalidad regala la contingencia a todos los conflictos y ofrece nuevas formas de vivir lo mismo”, 11 ser capaz de ver ese conflicto, que está atravesando, desde otra perspectiva donde, en lugar de haber tristeza, puede haber oportunidad, y desde ahí reconducir su existencia. 4. Bibliografía Ordóñez García, J. (2022): Orientación Filosófica: Conceptos fundamentales. Obra inédita cedida por el autor. Sevilla Ordóñez García, J. (2021):Conceptos fundamentales de la orientación filosófica. Revista Do Nesef V.10 - N.1, p. 58-70 Ordóñez García, J. Moreno Márquez, C. De Bravo Delorme, A. Garrido Periñán, J.J. Gilabert Bello, F. Medina Anzano, S. De Mingo Rodríguez, A. Delamarre, A. Brencio, F. (2016): “La Orientación Filosófica (OrFi): una aplicación de la Filosofía en la intervención terapéutica” en La Filosofía como terapia en la sociedad actual: Desafíos filosóficos de nuestro tiempo. Sevilla: Fénix, p. 109-126 Ordóñez García, J., “Ya lo sé pero no pienso en ello (cómo hacer con lo inquietante, qué hacer con lo inquietante)”, en Moreno Márquez, C. (2021): En torno a la inquietud. Barcelona: Herder Ordóñez García, J. (2015): Los conflictos: fuente de conocimiento, vía de aprendizaje. Liber Factory, p. 215-243. 11 Ordóñez García, J. (2021): «Conceptos fundamentales de la orientación filosófica». Revista Do Nesef, vol. 10, nº 1, Universidade Federal do Paraná (Brasil), p. 65. 38 Ordóñez García, J. (2008): Lo que queda de uno. Conocimiento, hermenéutica e ironía. Fenix Editorial, p. 173-209 Vattimo, G. (2002): Introducción a Heidegger. Barcelona: Gedisa. Ordóñez-García, J: Temples ordinarios y actitud filosófica: Heidegger como facticidad en Ayala-Colqui, J. Horneffer, R. Constante, A. (2022): Sentido, verdad e historia del ser en Martin Heidegger. São Paulo: Pimenta Cultural, p. 630-652 Ordoñez-García, J (2016): De lo sido para lo que estoy siendo. Revista Internacional de Filosofía Iberoamericana y Teoría social, Nº72 , p.88-93