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Chronica Nova, 46, 2020, 497-499FRANCO LLOPIS, Borja y MORENO DÍAZ DEL CAMPO, Francisco J., Pintando al converso. La imagen del morisco en la península ibérica (1492-1614). Madrid, Cátedra, 2019, 479 pp. ISBN: 978-84-376-4036-5 [Reseña]

Pérez García, Rafael Mauricio

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Chronica Nova, 46, 2020, 497-499 FRANCO LLOPIS, Borja y MORENO DÍAZ DEL CAMPO, Francisco J., Pintando al converso. La imagen del morisco en la península ibérica (1492-1614). Madrid, Cátedra, 2019, 479 pp. ISBN: 978-84-376-4036-5. La historia de los moriscos y los estudios sobre alteridad y representación se cuentan entre las sendas historiográficas más fecundamente transitadas en las últimas décadas. En el cruce de ambas nace esta obra, verdadero modelo de trabajo interdisciplinar, posible solo gracias al buen hacer conjunto de sus autores, un historiador del arte como Borja Franco Llopis y un historiador como Francisco J. Moreno Díaz del Campo. Es, sin duda, una muestra excelente del enorme potencial que esconde el trabajo en equipo, también para una disciplina como la Historia en la que sigue predominando una llamativa atomización de la investigación. A lo largo de sus 479 páginas organizadas en tres partes y ocho capítulos, Llopis y Moreno repasan minuciosa y sistemáticamente las imágenes históricas e historiográficas de los moriscos, barriendo un gigantesco abanico de fuentes textuales y visuales en una enorme, continua e incansable discusión historiográfica que convierte a este libro en un necesario y nuevo punto de partida para los estudios históricos y culturales sobre los moriscos. Insisto, se trata de una obra de inexcusable lectura para los moriscólogos y para los historiadores de la España del Siglo de Oro en general, pues en ella sus autores han tenido el coraje y la energía de enfrentar y confrontar las bien nutridas producciones historiográficas que se han preocupado de la temática, incluyendo el hispanismo anglosajón y el francés. La seriedad del trabajo se pone de manifiesto desde el comienzo de la parte primera (La alteridad sobre el papel), que contiene un extenso capítulo primero que ocupa las páginas 21 a 107 y que, bajo el título Pintando al converso: cuestiones preliminares, lleva a cabo una seria, necesaria y profesional revisión conceptual acerca de una amplia serie de términos que han inundado la producción historiógrafica y han servido, con mayor o menor éxito, para enmarcar los análisis, a saber, raza y racismo, identidad, representación y realidad, asimilación e integración, estereotipo, arquetipo, orientalismo, maurofilia y maurofobia, morisco, etc. Sin cesiones a los fáciles discursos del poder político o mediático que hoy con frecuencia embarran el campo del trabajo histórico, los autores realizan una seria propuesta metodológica basada en el estudio de las fuentes documentales e iconográficas desde su historicidad, atendiendo cuidadosamente tanto a la cronología y a la coyuntura como a la naturaleza de cada una de ellas. Los capítulos 2 a 5, contenidos en la parte segunda del libro, El morisco descrito, rescatan las imágenes del morisco contenidas principalmente en las fuentes textuales. Un largo capítulo 2 (Imágenes literarias del morisco. Una aproximación, págs. 111-204), repasa la literatura de viajes, las relaciones topográficas, las descripciones realizadas por visitantes extranjeros, las nove- 498 BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA Chronica Nova, 46, 2020, 497-499 las y los romances moriscos, así como las crónicas de la guerra de Granada. Todo este ingente material permite recuperar un sinfín de imágenes del morisco y una rica informaci y la danzadas y cada una de estas fuenteste en aras de comprender el sentido risca y su valor como fuente” (paen Wijngaerde) ón acerca de los elementos utilizados para representarlo, siendo analizado en la comprensión de la dialéctica ya clásica entre maurofilia y maurofobia que permite plantear la pregunta clave acerca de “la historicidad de la literatura morisca y su valor como fuente”. El aspecto físico de los moriscos, su vestuario y calzado, el idioma, la música y la danza, el recurso al color, la representación de lo femenino y lo masculino y un sinfín de aspectos son analizados progresivamente en un intento de comprender el sentido último de todas y cada una de estas fuentes. El capítulo 3 (El morisco real: aproximaciones a su aspecto físico) plantea un interesante contraste entre la imagen del morisco “observado por sus contemporáneos” (a partir de testimonios incluidos en sermones, textos e imágenes debidos a viajeros extranjeros, o las opiniones vertidas por los apologistas de la expulsión o por autores que van desde Pedro de Valencia a Cervantes o Antonio de Sosa) y la ofrecida por ellos mismos en la literatura aljamiada, con la que se puede reconstruir a partir de las descripciones de unos tres mil individuos de origen granadino descritos en diversos padrones de moriscos elaborados en Castilla entre 1570 y 1610. Aunque las imágenes ofrecidas no son siempre las mismas, e incluso existen indicaciones acerca del color de la piel (blanca u oscura o morena) que no son siempre concordantes, el análisis sistemático y comparativo de las fuentes narrativas e iconográficas con las documentales permite a los autores concluir prudentemente que “con toda probabilidad, los rasgos físicos de los descendientes de moros no debieron diferenciarse mucho de los que presentaron sus vecinos cristianos-viejos, al menos por lo que sabemos hasta ahora”. Similar ejercicio de contraste entre las fuentes literarias e iconográficas con las documentales se realiza en el capítulo 4 (Vistiendo al converso: moriscos a la cristiana, cristianos viejos a la mora) para tratar de saber cómo vistieron los moriscos. Para ello se sitúa el vestido en su contexto legislativo general y en el marco religioso y sociocultural específico de la minoría. Asimismo, se atiende a las formas de vestir existentes en el resto de la sociedad para tratar de identificar diferencias, similitudes y procesos de cambio, y, mediante el estudio sistemático de la cultura material y de la vestimenta conocida gracias a los inventarios de bienes y las cartas de dotes y arras, se explica un poliédrico proceso de transformación que se prolongó durante todo el Quinientos y que, según el sexo, el nivel socioecónomico, el territorio y la coyuntura, entre otros factores, incidió de forma clara en el vestido y en la imagen exterior de los moriscos, hasta llegar así a “un morisco que no parece morisco”. Como explican los autores, el «morisco vestido» y su complemento del «morisco descrito» funcionarán en BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA 499 Chronica Nova, 46, 2020, 497-499 adelante como alter ego “de aquellos otros [...] que se construyeron para ser exhibidos en retablos, grabados y relieves”. La parte segunda de la obra se cierra con un capítulo quinto dedicado al estudio de Los moriscos en las fiestas y en el arte efímero, construido fundamentalmente sobre el material textual que ofrecen las relaciones de festividades relacionadas con la monarquía (entradas en ciudades, victorias militares, túmulos funerarios, etc.), la Iglesia (celebraciones de canonizaciones o religiosas de diversa índole) o los calendarios y ocasiones de carácter local. El análisis minucioso de este ingente material, incluso de los silencios que contiene, permite a los autores dibujar la imagen del morisco en relación con la de turcos, norteafricanos y musulmanes en general, así como su evolución en el tiempo y el carácter diferencial de ésta en función del territorio y la cronología, concluyéndose el valor propagandístico y político de este material y la ausencia de “problemas «raciales» o étnicos de representación”. La parte tercera de la obra, El morisco representado, gira hacia la iconografía del morisco en los relieves de la Capilla Real de Granada y la serie de lienzos de la expulsión de la Fundación Bancaja (capítulo 6), la relación entre las imágenes sobre moriscos y turcos en la segunda revuelta de las Alpujarras, recurriendo especialmente a los grabados de Francisco Heylan contenidos en la Historia eclesiástica de Granada de Justino Antolínez de Burgos (capítulo 7), y la figura del “morisco oculto” o representado simbólicamente, estudiado a través de la tabla de Los desposorios místicos del Venerable Agnesio y otra que representa a San Esteban acusado de blasfemo, ambas de Juan de Juanes (capítulo 8). El libro, que se abre con un prólogo firmado por dos especialistas como José María Perceval y Luis F. Bernabé Pons, y cuenta con 43 fotografías que permiten seguir puntualmente el razonamiento de los autores, se cierra con una amplia y útil bibliografía que, sin embargo, no recoge mucho de lo utilizado y citado en sus más de 1.400 notas a pie de página. Verdadera enciclopedia de la moriscología, el resultado final de esta obra es, a nuestro juicio, enriquecedor y positivo, pues muestra de manera sistemática y analítica la pluralidad de representaciones existentes sobre los moriscos y su carácter cambiante con el tiempo y el espacio, reflejo de un mundo complejo que en absoluto se corresponde con la imagen terriblemente simple y ahistórica que tantas veces se ha ofrecido de la España en la que transcurrió la historia de los moriscos. Rafael M. Pérez García