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Arco de Izco, Fernando del, ántólogo, 2017: II Parnaso manolestista. 600 nuevos poemas 600 dedicados a Manolete a los 70 años de su muerte y 100 de su nacimiento [Reseña]

Reyes Cano, Rogelio

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Revista de Estudios Taurinos N.º 41, Sevilla, 2017, págs. 363-366 omo es bien conocido, la cogida y muerte de Manolete en Linares en agosto de 1947 produjeron en la España del momento un enorme impacto emocional sólo comparable a los que suscitaron en el pasado los mismos finales trágicos de otras primeras figuras del toreo también muertas en la plaza como Pepe Illo, El Espartero o José Gómez Gallito. A esa conmoción pública contribuyeron Fig. n.º 64.- Arco de Izco, Fernando del (Antólogo)(2011): II Parnaso manoletista. 600 nuevos poemas 600 dedicados a Manolete (a los 70 años de su muerte y 100 de su nacimiento). Baeza, Grupo M & T impresores, 571 páginas. C también, sin duda, algunos rasgos caracteriológicos del diestro cordobés –su seriedad, su contención verbal, su talante tímido y silencioso…–y sobre todo una concepción muy personal del toreo basada en la impasibilidad, la quietud , la cercanía a los terrenos del toro y la decisión a la hora de ejecutar la suerte suprema, un conjunto de cualidades que daban a su figura un sello muy distintivo y un aire de solemnidad y de misterio, un dramatismo particularmente atractivo, casi fatalista, muy diferente al modo de comportarse en los ruedos de otros toreros de su tiempo como Pepe Luis Vázquez y Carlos Arruza, con los que alternó repetidamente en los ruedos. El trágico final a manos del miureño “Islero” no hizo sino acrecentar con la muerte ese dramatismo consustancial a su persona elevándolo a la dimensión trágica que consuma la heroificación del personaje. En aquel verano de la larga postguerra la fatal noticia conmovió a los españoles con extraordinaria fuerza y suscitó una oleada de admiración póstuma al héroe popular inmolado en el último sacrificio. Sólo en ese contexto puede entenderse el elevado número de composiciones literarias, y muy en especial de poemas , que la figura de Manolete suscitó en su día y en cierto modo ha seguido suscitando a pesar de los años transcurridos desde aquella tragedia. Como subrayó el poeta Antonio Murciano en su libro El arte y la muerte de Manolete en la poesía española (Sevilla, Guadalquivir Ediciones, 1997), «de todos los toreros –ya en las plazas azules del recuerdo–Manolete ha sido quien acapara más literatura, más poesía, más arte plástico y cinematográfico y teatral que todos los toreros que le siguieron”. Si bien es cierto que su calidad poética no va por lo general en consonancia con esa asombrosa cantidad de textos, muchos de ellos anónimos o de autores poco significativos, que han cantado al califa cordobés, llama la atención la riqueza y variedad de enfoques y de formas que tales manifestaciones literarias muestran. Rogelio Reyes Cano 364 De recogerlas y darlas a conocer ya se ocupó en el año 2006 Fernando del Arco de Izco, escritor, editor de la revista taurina Caireles y seguidor entusiasta de Manolete desde sus años juveniles. Natural del pueblo navarro de Arróniz , se afincó desde niño en Barcelona, donde mantiene firme la llama de la afición a la fiesta en medio de los ataques e incomprensiones por los que atraviesa en estos momentos. Todo un ejemplo casi en solitario de lucha y de fidelidad a unas convicciones que sigue manteniendo a través de la mencionada revista y de publicaciones de tema taurino como la que ahora nos ocupa. En el citado año Fernando del Arco publicó un I Parnaso manoletista, libro en el que recopilaba ochocientos poemas dedicados a Manolete, obra de quinientos autores de la más variada procedencia. En esa antología, junto a escritores de escaso relieve, figuraban otros de mucha más entidad en el mundo de la poesía de nuestro tiempo, como Manuel Altolaguirre, José Bergamín, Jean Cocteau, Gerardo Diego, Agustín de Foxá, Pedro Garfias, Manuel Machado o Francisco Umbral. Ahora, en este segundo Parnaso, y en conmemoración del centenario del nacimiento del torero cordobés y los setenta años de su muerte en Linares, completa esa nómina con seiscientos poemas nuevos hasta un total de mil cuatrocientos tres textos, tanto en lengua española, incluidos algunos de Hispanoamérica, como en francés, portugués e italiano convenientemente traducidos. El libro, dividido en dieciocho capítulos más un anexo, un índice onomástico, otro numérico y un epílogo, distingue entre los poemas escritos con anterioridad a la cogida y muerte del diestro, los compuestos con posterioridad a la tragedia, los “poemas escritos por sacerdotes”, los que se escribieron con motivo del 50º aniversario de Linares y entre 1998 y 2015, los dedicados al toro “Islero”, al mausoleo de Manolete en Córdoba, a las esculturas y pinturas del diestro, a su madre doña Angustias y a su novia Lupe Sino, al cine, la música, cantables y pasodoRecensiones de libros 365 bles, a los premios de poesía “Manolete”, etc. Dado que en el primer Parnaso manoletista se incluyeron los textos de los poetas más significados, en esta segunda entrega son ya pocos los autores conocidos y muchos los de escritores más entusiastas que profesionales y bastantes los de aire popular y anónimos. No obstante, hay nombres del todo familiares en el ámbito de la poesía de nuestro tiempo, como Jean Cocteau, Adriano del Valle, Antonio Murciano, Ángel García López, Manuel Gahete, Luis López Anglada o Benítez Carrasco. Hay que destacar la sostenida y paciente labor de localización, recolección y anotación de tan amplio material llevada a cabo por el antólogo, quien señala en cada caso la procedencia de cada texto, en su mayoría extraídos de libros y revistas no siempre fáciles de encontrar o inéditos proporcionados por sus mismos autores, y los ilumina con notas aclaratorias a pie de página. La obra está además muy bien ilustrada con numerosos dibujos y fotografías. Una meritoria labor editorial que a los aficionados al mundo taurino les proporciona esa curiosa y sorprendentemente extensa reacción poética a una de las figuras con más personalidad de toda la historia del toreo. Rogelio Reyes Cano Fundación de Estudios Taurinos Rogelio Reyes Cano 366