scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Saskia Sassen. Inmigrantes y ciudadanos. De las migraciones masivas a la Europa fortaleza.[Reseña]

Pascual Domínguez, Antonio

Full text

• RESEÑAS • • 239 • Antonio Pascual Domínguez Saskia Sassen. Inmigrantes y ciudadanos. De las migraciones masivas a la Europa fortaleza. Editorial Siglo XXI, Madrid, 2013 (251 páginas). En el libro que nos ocupa la autora, Saskia Sassen, prestigiosa socióloga de nivel internacional galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2013, se sumerge en la difícil tarea de mostrarnos que la historia de la construcción de Europa es la historia de sus movimientos migratorios, aunque muchas veces esta afirmación se erige como una verdad olvidada o ignorada cuando tratamos sobre este fenómeno. Nos encontramos ante una de las ideas principales del texto y uno de los pilares fundamentales sobre el que se desarrollan las tesis del mismo: no podemos entender el concepto de Europa tal como hoy lo conocemos sin tener en cuenta que en su evolución y desarrollo las migraciones de trabajadores y refugiados han jugado un papel fundamental. Por tanto, es necesario que entendamos y comprendamos la inmigración y «reconozcamos cómo, por qué y cuando los gobiernos, actores, medios de comunicación y ciudadanos participan en este proceso» (p. 29). Precisamente a dicha tarea nos coadyuva este libro; a entender la inmigración y sus causas, sus consecuencias, su evolución, los actores involucrados y los protagonistas particulares. Protagonistas sobre los cuales la autora lleva a cabo una diferenciación, que mantendrá a lo largo del libro, entre la categoría de inmigrantes (laborales en su mayoría) y la de refugiados o exiliados (políticos, religiosos, económicos, etc). A través del claro ejercicio de explicación y exposición que realiza Sassen, utilizando tanto datos estadísticos, referencias teóricas y ejemplos históricos en una equilibrada composición entre lo cuantitativo y lo cualitativo, trata de cambiar la “imaginería” o las percepciones (demonizadas) que asocian las migraciones con la idea de una “invasión masiva” o con concepciones relacionadas con la desesperación, la pobreza, el hambre o la penuria. Nos guía por el recorrido histórico de la inmigración y su evolución (en base a contextos económicos, políticos y sociales cambiantes) desde las migraciones del siglo XVIII hasta las actuales, revelando como la inmigración se ha ido articulando y adaptando al permanente cambio de estos contextos marcados por diferentes hitos que han influido en mayor o menor medida en el desarrollo de los movimientos migratorios y en las posiciones y actitudes de los diferentes actores involucrados en ellos. Este recorrido comienza gracias a los datos recogidos por los funcionarios del censo napoleónico, desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, en los cuales se reproduce un intento de compilación de los datos sobre los movimientos temporales o estacionales de trabajadores, que en su mayor parte tenían un carácter cíclico o de ida y vuelta, y las migraciones de carácter más permanente, usualmente protagonizadas por la categoría de los refugiados o exiliados (capítulo segundo). Nos situamos en un periodo histórico en el cual «los migrantes circulaban con mayor facilidad que las mercancías» (p. 37) y en el que «la emigración era más amenazadora que la inmigración para las naciones necesitadas, mientras que la inmigración era una bendición para todas ellas» (p. 43). En un contexto de relativa paz en el continente europeo se dieron las condiciones necesarias para un crecimiento económico y demográfico estable pero que aumentó las desigualdades sociales y la pobreza entre las diferentes regiones, haciendo que las migraciones entre las mismas cobraran especial relevancia tanto para la supervivencia de la población en las regiones pobres Anduli • Nº 14 - 2015 • 239-242• ISSN 16960270 • Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/anduli.2015.i14.17 • Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 14 - 2015 • 240 • como para el indispensable aumento de la mano de obra en la regiones ricas y en desarrollo. Sistemas de migraciones articulados en torno a ciertas regiones, como la del mar del Norte (los “Hollandgänger), nos sirven de ejemplo empírico del fenómeno migratorio en este periodo. Ya en el siglo XIX asistimos a un cambio histórico radical con las revoluciones de 1848 (capítulo tercero). Estas tuvieron especial incidencia en la categoría de los refugiados o exiliados, ya que incrementaron significativamente su número y produjeron el desdibujamiento de la propia categoría como consecuencia del nuevo orden económico capitalista, caracterizado por el proceso de Revolución Industrial y el desarrollo exponencial del sistema fabril y los nuevos medios de transporte. Estos no solo afectaron al desplazamiento de mercancías sino que también tuvieron una importante repercusión en la movilidad de los trabadores y en la propia estructura de las migraciones en este periodo. De este modo las migraciones cubrían mayores distancias (aumentaron significativamente las migraciones transatlánticas), las que se producían estacionalmente se hicieron menos estables y dejaron de ser cíclicas y la migración hacia las zonas rurales dejo paso a la migración hacia las ciudades (y las nuevas oportunidades aparejadas a su crecimiento) y hacia los ferrocarriles. Además, la expansión de los imperios coloniales y la formación de nuevos Estados propiciaron, de manera limitada, que las migraciones no solo fueran por supervivencia sino también para hacer carrera, es decir, en búsqueda de una movilidad social ascendente (que muy pocos conseguían). Para profundizar mejor en todos estos cambios en la dinámica de las migraciones la autora nos relata en el capítulo cuarto el papel que desempeñaron diferentes Estados-nación en estas nuevas pautas migratorias, así como las relaciones que se establecieron entre estos dos actores. Establece como sujetos de estudio tres países europeos, Alemania, Francia e Italia, cada uno con unas características y tendencias propias: en el primero predominaba la inmigración temporal en un contexto de desintegración de la economía rural y un marcado crecimiento basado en la industrialización; en el segundo, Francia, predominaba la inmigración permanente en un contexto de equilibrio entre la economía rural y la urbana; finalmente, en Italia, predominaba la emigración masiva, tanto intraeuropea como extraeuropea, en un contexto de desarrollo industrial y reorganización de la agricultura que provocaron fuertes desigualdades sociales. En el capítulo quinto la autora se centra en la historia de esa segunda categoría de sujetos de los fenómenos migratorios: los refugiados. Para ello, usa como hilo narrativo dos hechos históricos que suponen un antes y un después en la evolución de los flujos de refugiados, su regulación y control por parte de los estados: la Primera y la Segunda Guerra Mundial. En las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial el impacto de los flujos de refugiados era mínimo en los distintos estados europeos, al igual que la regulación y el control que estos ejercían; los flujos masivos de refugiados eran puntuales y principalmente localizados en las regiones del este de Europa. Sin embargo, con el estallido de la Primera Guerra Mundial el panorama sufrió un giro copernicano. Los flujos masivos de refugiados se generalizan por toda Europa y los estados se ven abocados a actuar y regular los mismos de manera férrea ante la imposibilidad de asumir su número (9,5 millones en la década posterior), dando lugar a las primeras crisis de refugiados. La concepción del refugiado se estigmatiza en estos territorios en los que son identificados como extranjeros y forasteros, incluso por parte de la propia autoridad estatal, pudiendo ser apartados de la sociedad nacional y civil. A esto contribuyó el proceso de consolidación del Estado-nación y las fronteras así como el surgimiento y avance de los nacionalismos identitarios • RESEÑAS • • 241 • e independentistas. Con el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial estos flujos no solo no se redujeron sino que aumentaron enormemente y surgieron algunos nuevos (principalmente judíos e italianos) debido al auge de los fascismos y los totalitarismos en algunos países como Alemania o Italia. Pese a que en un primer momento los estados mantuvieron una posición tolerante y unos controles relativamente laxos, la aparición de la crisis económica de los años 30 volvió a cambiar las tornas y la admisión de refugiados fue objeto de numerosas restricciones, trabas burocráticas y airados debates (principalmente en Francia). Tras la Segunda Guerra Mundial (capítulo sexto) el paisaje de devastación y destrucción se extendía por toda Europa y el número de refugiados que dejaba (60 millones) era diez veces mayor al que provocó la Primera Guerra Mundial y el periodo de entreguerras, a lo que hemos de sumar el proceso de descolonización que generó numerosos repatriados que volvían a la capital tras su paso por las colonias. Dado el precedente podría parecer que el sistema de estados europeos no podría soportar este aumento exponencial de las migraciones. Sin embargo, la reconstrucción de los países y la necesidad de mano de obra para la misma facilitaron la absorción de estos nuevos flujos y transformaron la percepción que venían arrastrando de épocas anteriores: de la invasión a la demanda y la aceptación. Esta situación duró, al igual que sucedió en la Primera Guerra Mundial, hasta la siguiente crisis económica, la del petróleo en los años 70. De idéntica manera el ciclo volvió a cambiar, los Estados europeos cerraron sus fronteras a las migraciones y los sentimientos antiinmigratorios y de invasión volvieron a surgir. Posteriormente, en la década de los 80 y los 90, nos encontramos con nuevas pautas migratorias provocadas por la desaparición del bloque soviético, por la transformación de algunos de los países emisores de mano de obra en receptores de la misma (como Italia, España o Portugal) y por el desarrollo de la Unión Europea y sus políticas. Además, el cierre de la inmigración laboral y el endurecimiento de las políticas de asilo generaron un nuevo tipo de inmigración, la ilegal, que hoy día sigue siendo un importante problema para todos los Estados europeos, especialmente para aquellos que constituyen la frontera de la propia UE. Finalmente, llegando a su término la década de los 90, la autora nos indica que «la combinación de tres procesos ha iniciado una nueva era crucial en materia de migraciones: 1) la expansión de la geografía de las migraciones; 2) la transformación de lo que se consideraba mera mano de obra en comunidades inmigrantes o étnicas; y 3) la aplicación de las disposiciones de Maastricht para la UE» (p. 142). En conclusión, todo este recorrido histórico por el que nos guía Sassen es resultado de un gran esfuerzo de síntesis y recopilación de los datos perdidos y las cifras oscuras que encierra este fenómeno («ese otro aspecto menos conocido de la historia del Estado y las relaciones interestatales europeas» según ella) bajo un marcado objetivo que se desarrolla de forma extensa en el último capítulo de este libro: comprender la inmigración y las políticas que se ocupan de ella. Los dos siglos de migraciones de los que hemos sido testigos han de servirnos para despejar dudas y desterrar mitos sobre la inmigración y sus causas, aún más si cabe en el contexto actual de crisis económica y financiera que, al igual que en otras crisis que ya hemos visto, ha conllevado un nuevo endurecimiento de las políticas migratorias en la mayor parte de los países europeos así como el avance de los partidos antiinmigrantes de extrema derecha y de las ideas que llevan asociadas. La defensa que tenemos frente a esto (una vez leído el libro) son numerosos argumentos para rebatir y unas bases objetivas a las que aferrarnos: las migraciones que se han venido produciendo desde el siglo XVIII en el continente europeo no son procesos aleatorios, desestructurados o espontáneos, sino justamente al contrario, son fenómenos altamente organizados y Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 14 - 2015 • 242 • limitados tanto geográfica como temporalmente, con una estructura bien definida en la que hemos de tener en cuenta numerosos factores junto a la propia trascendencia del fenómeno migratorio y su inclusión en las estructuras sociales, económicas y políticas de los estados. Entender estos rasgos es esencial para elaborar una buena y razonable política migratoria, tanto a nivel europeo como estatal. Y para ello, además de comprender nuestra historia de las migraciones, hemos de aceptarla sin distorsión alguna y tener presente que, aunque en ocasiones se abogue por la “fortaleza europea”, las migraciones son parte integrante de la historia europea, tanto de nuestro pasado, presente y futuro.