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La cultura del toro

Cabrera Bonet, Rafael

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Otros testimonios 2. LA CULTURA DEL TORO a cultura del toro, la crianza del toro de lidia, tiene más de un milenio en España. Las fiestas de toros, ancladas secularmente en valores antropocéntricos, afianzadas en nuestra cultura cristiano-greco-romana, han fundamentado la creación de una meta-raza, raza de razas, que es lo que representa la raza de lidia actual. Las bases, los cimientos de esta meta-raza, hay que asentarlos en el medievo español, tal y como el profesor Gonzalo Santonja ha demostrado al encontrar a un ganadero que criaba reses bravas en Wamba (Valladolid) en el siglo XIII. A lo largo de los siglos XVI y XVII determinadas vacadas se van especializando en la crianza de este tipo de reses, y en el siglo de las luces surgen con fuerza los principales troncos (y muchos más secundarios o casi extintos en la actualidad) que conforman el actual panorama del toro de lidia contemporáneo. Ganaderías que llamamos fundacionales y de las que descenderán la enorme mayoría de las vacadas actuales. El toro de lidia aporta así un importantísimo caudal histórico; caudal al que debemos sumar su crianza culturalmente tradicional, en explotación extensiva, lejos del manejo intensivo de pequeños cercados, cebo forzado y búsqueda de la mayor rentabilidad. El toro pace hasta edades que resultan impensables en razas vacunas de carne o leche, libre en la dehesa, uno de los tres ecosistemas más ricos en biodiversidad del planeta. Infinidad de seres vivos, plantas, animales vertebrados e invertebrados, hongos, comparten ese hábitat privilegiado, potenciado y favorecido por una especie –la vacuna– que no destruye su suelo y condiciones, L 297 Tertulia Internacional de Juegos y Ritos Táuricos 298 sino que lo potencia y enriquece; la dehesa es un tesoro medioambiental que, sólo en España, dedica unas trescientas mil hectáreas a la crianza del toro bravo. Al toro se le cuida y mima en ese espacio singular, se le atiende sanitariamente, se le compensa, cuando es necesario hacerlo, con los suplementos alimenticios oportunos de cara a su protección y mejor crianza; al igual que con otras razas de bóvidos, se selecciona a la búsqueda de sus mejores cualidades, pero lejos de aquellas, tras la lidia, se le da la oportunidad de vivir si su comportamiento es extraordinario, indultándolo en la plaza. Raza de razas, que según el profesor Javier Cañón, es otro de los tesoros del toro de lidia, verdadero patrimonio genético y cultural de nuestro país. Entre dos encastes, de los reconocidos por nuestra legislación (RD 60/2001), hay más diferencias genéticas que entre otras dos razas de vacuno europeo sean éstas cuales quieran. Su diversidad genética, por tanto, nos obligaría a hablar de docena y media –cuando menos– de razas dedicadas a la lidia, e integradas en esta meta-raza del toro bravo. Riqueza excepcional, digna del mayor aprecio y que en cualquier lugar del mundo civilizado sería objeto de estudios, cuidados y atenciones sin cuento. Pero, destaquemos que detrás de todo ello está el hombre, ese hombre que ha sabido forjar una cultura en su derredor: toda una forma de vida en aquellos que se encargan de su crianza y cuidados, de una riqueza comportamental, lingüística, de tradiciones y técnicas sin igual, nuevo tesoro antropológico en esta nuestra sociedad cada vez más despersonalizada, desculturizada y globalizada. El toro bravo y el hombre, simbiosis y enfrentamiento, raíces ancestrales que se hunden hasta el momento en que el ser humano tomó conciencia de sí mismo, y se vio con cualidades capaces de ponerse por encima de la propia naturaleza indómita y agresiva. Rafael Cabrera Bonet. Escritor