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Luis Toro, el amigo

Manzano Martos, Rafael

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LUIS TORO, EL AMIGO POR RAFAEL MANZANO MARTOS Conocí a Luis Toro hace veinticinco años en un encuentro casual. a la orilla del mar gaditano, cuando la calma largamente contenida del levante estaba a punto de saltar en azo te cálido y despiadado sobre los espejos de sal y de calina que irradian en mil reflejos la salada claridad de Cádiz. ¿Muc ho calor por Sevilla? Porque yo le he visto -me di jo-- con Joaquín Romero por el Alcázar ... Vengo huyendo del levante de Ta rifa para refugiarme bajo la lona de mi toldo en mi jardín del Patio de Banderas. ' Era ineludible la alusión a Joaquín, el amigo común y querido, que ignorante e i nv isible, actuaba de presentador. Es, me dijo, un am igo y un poeta adorable pero reconozca, que entre escritores, pues yo tam _bién soy aficionado a la pluma, uno inquilino y el otro arrendador las relaciones a veces se tornen difíciles. ¡Quién me iba a decir entonces que años después heredaría del inolvidable «Poeta de Sevilla» j unto con la Tenencia de alcaidía de los Reales Alcázares aquella difícil relación humana del inquilino con su casero, trocada en entrañable amistad por la caballerosidad en fin de aquel gran hidalgo del Patio de Banderas que fue Luis Toro Buiza. Quería evocar hoy para vosotros algo de la personalidad de Luis Toro, enmarcándola en ese prodigioso escenario de luz y color que es el sevilla no Patio de Banderas. Porque e-xisten seres humano s, la mayoría, cuya existencia no es sino un mero transitar por un ento rno urbano, mientras que otros a fuerza de vivir y revivir su paisaje arraigan en él, se identifican con su suelo y se constituyen en piedras angulares, en fragmentos arquitectónicos, en trozos vivientes de la ciudad misma. 6 RAFAEL MA N ZANO MARTOS Nue stro querido compañero y director de la Academia, el profesor Morales Padr ón, escri bió , hace no mu chos años, desde el obs er vatorio excepcional en que vivió durante una breve t emporada aquellos lugares, una inédita y secreta «Biografía del Patio de Banderas». Nunca llegué a poder violar el secreto arcano de aquel teatro de un pequeño mund o en el que como último llegado podía descifrar desde una más lejana per spec tiva las claves y significad os de la variopinta colección de seres que const ituimo s la pequeña soc ie - dad que tiene el raro pri vi legio de vivir entre los muros ve n erab le s de los Reales Alcázares de la Ciu dad de Sevilla. Por la pluma secreta de Morales Padrón desfilaríamos l os más significativos personajes y arquetipos de aquel paraje arrastrando nuestros cotidianos vicios y virtudes, dand o sin duda n ues - tro específico color a aquel venerable fondo arquitectónico y urbano. C omo en las litografías románticas, el paisaje quedaba ilus trado con sus propias figuras, dibujadas a veces por especialistas en captar tipos y formas populares, en marcar el color de los trajes v vestimentas de los majos, viandantes y t orero s, en un deseo de ~ap t ar lo mue bl e y lo inmueble del pa isaje mismo, el conten ido y el continente, la ilusión fugaz y el colorido de la Andalucía romántic a. Y, sin sa be rlo, podría jurar que en esta visión casi a vuelo de pájaro de es te rincón ur ban o, verdadero corazón de Sevilla, la figura humana de Luis Toro representó al hidalgo viejo de aquella comunidad. Pero, ¿ Cómo podríamos definir, o al menos aproximar lo que es un hi dalgo sevillano? ¿Cómo encaja la imagen de l hidalgo, forjada en tierras no rteñas, con los par ámetros sureños y específicos de la sevillani dad? Creo qu e será más fácil proceder a la inversa y definir has ta el punt o en que lo conocimos la figura in olvi dabl e de Luis Toro. Aristócrata y caballero, militar por vocación y disciplina un poco campero y aficionado a la ca ballería y a las artes de la jineta, entusiasta y teórico de la tauro maqui a, y apasionado investigad or y biblió fil o, a más de fino literato. P orque todas y cad a una de estas comp on entes, par ámetros esenciales de la vida de Luis Toro constituven connotaciones diferenciales de su sev ill anidad. . LUIS TORO. EL AMIGO 7 Sevilla, desde Fernando Villalón hasta Manuel Halcón pasando por Joaquín Romero ha dado el prototipo del poeta vinculado a la tierra y al agro. La connotación del aristócrata aficionado a las letras y a la bibliófila está descrita en Sevilla desde sus monarcas medievales hasta el Conde Duque de Olivares, y alcanzó su representación más caracterizada en los días de la Ilustración, con los marqueses de la Grañina, de Caltajar y de Vallehermoso, y con los Condes de Malaspina y del Aguila. El coleccionismo del Duque de Montpensier y la bibliofília del Duque de T'Serclais, nos dan la medida de la persistencia de esta tradición literaria y científica en la nobleza sevi ll ana del siglo pasado. Y a esta condición aristocrática cabe sumar la de los militares y marinos eruditos como un Tomás de Guzmán, un Dome - zain, un Antonio Ulloa, o un Cayetano Vald és por citar sólo los del siglo de las luces. El arte de la jineta y la tauromaquia están vinculados a la aristocracia hispalense institucionalmente desde la fundación <l e su Real Maestranza de Caballería en 1725. Luis Toro ha sido el más reciente erudito e investigador del arte de la caballería v de los toros. En la primaverade 1944 organizaba en el Salón Colón del Excmo. Ayuntamiento una magna exposición del libro y el grabado equestre. Allí concurrieron códices rarísimos y ejemplares únicos de las más variadas procedencias. Como en tantas ocasiones problemas municipales impiaieron la publicación de un catálogo, amorosamente trabajado por Luis Toro, que aún permanece inédito y que supone la más rica recopilación bibliográfica que existe sobre las artes del caballo y de la equitac ión. Un año después, en la primavera de 1945 se celebraba en el Pabellón Mudéjar de la Plaza de América otra brillante exposición, ahora del Arte del Toreo. Tampoco cuajó ague! esfuerzo en un catálogo que perpetuase la rica aportación científica, pero dos años despu és veía la luz la magna publicación de Luis Toro «Sevilla en el Arte del Toreo», que une a su interés historiográfico la cuidada elegancia de su publicación. Y es que Luis Toro fue un excepcional amante del libro, un apasionado bibliófilo, que dio nueva vida a la Sociedad de Bibliófilos Sevillanos fundada por el Duqu e de T'Serclais, y que reunió en torno a sí una cuidadísima biblioteca, algunos de cuyos fondos. 8 RAfAEL MANZANO MARTOS especialmente los relativos a las artes equestres, constituyen la base fundamental de la rica librería de la Real Maestranza de Caballería. Junto a esta vena coleccionista y bibliográfica supo aunar los esfuerzos de otros eruditos sevillanos en la fructífera etapa en que asumió la grave responsabilidad de la dirección de Archivo Hispalense. Quisiera, finalmente, evocar la figura de Luis Toro en su marco doméstico, recortada en un rincón de la umbrosa bibliot ec a asomada a un jardín de su casa del Patio de Banderas. Vivió entre los muros de un viejo palacio almohade, uno de los más antiguos e inexplorados de los ric;o s entresijos arqueológicos del Alcázar. Bajo los artesonados medievales, semiocultos por ligeras molduras isabelinas, la casa, labráda en torno a dos amplios jardines, constituye la más bella estampa que subsis te de una casa sevillana del Romanticismo. Porque la trascendencia de la arquitectura sevillana radica en eso; en qu e bajo sus renovadas capas de cal están los cimientos de la Roma andaluza, y l os mur os viejos de los abadíes y de la severa regla almohade, y l os caprichos cistercienses del Rey Sabio, y una columna ge no vesa semioculta del taller de los Aprile de Carona. Y sobre todo ello, esas sazonadas gotas de perfumado romanticismo, de ai re húmedo con olor de jar - dín decimonónico. Glicinias y madreselvas, auras de jazmín y de nardo en torno a la altiva araucaria. Así fu e el marco vital de Luis Toro . En la vieja casa, carpinterías de cedro traídas del cortijo de Car mon a, estampas y lit og rafías decimonónicas, un exquisi to reloj imperio sobre la cómoda isabelina de caoba de Cuba, y presidie ndo , los retratos familiares, Esquiveles o Cabra! Bejarano. Un mundo soñado, mantenido amorosamente por la dulce femeneidad de Magdalena y sus hijas. En este «paisaje con figuras» de la ciudad que desaparece día a día, he qu eri do dejaros en el de ho y, en estos apresurados trazos, la imagen qu e ya es historia de Lui s Toro en su ambiente, y en su jardín del Patio de Banderas, e incorporarlo para siempre a la nómina de los poetas y literatos que ilustraron con su pluma ese ete rno enclave de nuestr as letras que han sido en su historia de los Reales Alcázares de la Ciudad de Sevilla.