Toros en Cuba: por qué desaparecieron las corridas de toros de Cuba
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Revista de Estudios Taurinos N.º 52, Sevilla, 2023, págs. 2757 TOROS EN CUBA: POR QUÉ DESAPARECIERON LAS CORRIDAS DE TOROS DE CUBA José Luis Rodríguez Peral* I.INTRODUCCIÓN El año 1900 delimita la historia de la tauromaquia en Cuba. Hasta entonces se celebraron corridas de toros de manera regular. Después, salvo rarísimas excep ciones1, desaparecieron. Con la aparición del nacionalismo surgen ideas y grupos sociales que proponen nuevas formas de comportamiento para la futura sociedad. Los modelos excluyen prácticas que consideran nocivas, como las corridas de toros y las peleas de gallos. Hábitos que estiman dañinos para la nueva Cuba. Terminada la guerra, las nuevas élites de Cuba se construyen sobre esos grupos sociales. La permanencia en el tiempo de las corridas de toros sólo es posible si una superestructura las financia o existe una afición que las sostiene. La prohibición y el conjunto de políticas que, tendentes al desarraigo de las corridas de toros, dictaron las autoridades norteamericanas durante la ocupación, fueron la puesta en práctica del ideario nacionalista contra las corridas de toros, y por ende contra la afición taurina. E * Investigador sobre la Tauromaquia, autor de Antonio Bienvenida. El Arte del Toreo, 2016, Madrid, Ediciones Rubeo. 1Corridas ilegales o alegales, charlotadas y corridas light, sin picadores, sin banderillas y sin muerte.
José Luis Rodríguez Peral 28 Es necesario comenzar admitiendo la dificultad de obtener noticias de una actividad prohibida y borrada del mapa hace más de 120 años. En un viaje a Cuba, el autor no pudo localizar a nadie que le hablara de los toros en Cuba. Solamente un librero de viejo, que exponía en su puesto un par de tomos del Cossio, se comprometió a buscar alguna publicación sobre la tauromaquia cubana. Se ha de reconocer que la mayoría de las fuentes consultadas son antitaurinas y en menor número neutrales. Con estos limitados medios, se aspira a realizar un recorrido por la tauromaquia en Cuba. Desde la introducción de las corridas, tras la conquista, hasta la prohibición definitiva en 1959. Se repasará la época de esplendor, la coexistencia con los nacionalistas, su supervivencia y su prohibición final. Los intentos de restauración, la mojigata aprobación de Fulgencio Batista, que se quedó en agua de borrajas y la prohibición definitiva por la dictadura castrista. Se revisará la utilización de la economía, o por mejor decir del turismo, para justificar los intentos de restauración de las corridas. Finalmente, se establecerán algunas hipótesis sobre lo que pudo suceder con la afición taurina y con el fin de las corridas de toros. II.- LAS CORRIDAS DE TOROS EN EL NUEVO MUNDO El alanceo de toros, y el toreo a pie figuran entre las primeras actividades lúdicas que introdujeron los españoles en el Nuevo Mundo. Implantados en todo aquel territorio se mantuvieron exuberantes durante más de trescientos años. Entonces, ¿cómo se explican las diferencias que existen en el arraigo de la tauromaquia? Divergencias que van desde una aceptación similar a la existente en España en unos países, hasta la desaparición e incluso la prohibición en otros.
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... 29 En Hispanoamérica, promovidas por las autoridades civiles y religiosas españolas y por los ricos criollos españo listas, las corridas de toros gozaron y padecieron situaciones similares. Disfrutaron primero de un periodo de esplendor. Superaron las dificultades y prohibiciones que en diferentes momentos les impusieron la Iglesia y la Monarquía. Se enfrentaron al antitaurinismo (por españolista) de los movi mientos y partidos nacionalistas. Sobrevivieron a las guerras de independencia. En Cuba, además, tuvieron que coexistir con los protectorados de los EE. UU. Una vez proclamadas las independencias, debieron convivir con el antiespañolismo imperante y resistir las acometidas de los movimientos ani malistas. En resumen, partiendo y compartiendo experiencias similares, llegaron a finales muy diferentes. Un gran vigor en unos casos. La desaparición en otros. En países como Méjico, Colombia, Venezuela o Perú, cuya normativa inicial fue copia del Reglamento de La Habana, no sólo existe una fuerte tradición taurina, sino que han realiza do importantes contribuciones a la tauromaquia. Han aportado ganaderías históricas como la Atenco, en Méjico, resultado del cruce de vacas navarras y toros criollos salvajes; la Mondoñedo en Colombia, que apostó por el cruce de toros de Santa Coloma y Veragua con vacas cuneras y lla neras; la Cruz de Hierro en Venezuela que estuvo formada por toros de encaste Saltillo. En algún momento se habló de refrescar las ganaderías españolas con sangre de ganaderías americanas. Han dado también primeras figuras del toreo, como Carlos Arruza o Silverio Pérez de Méjico, los hermanos Girón de Venezuela, Cesar Rincón de Colombia, o Andrés Roca Rey del Perú. En otros países, como Cuba, Argentina, El Salvador, Nicaragua o Paraguay, con iguales o similares antecedente, tras la independencia, las corridas de toros fueron perdiendo arraigo
José Luis Rodríguez Peral paulatinamente, hasta desaparecer e incluso ser prohibidas. En Nicaragua existe un espectáculo con moruchos, más parecido a un rodeo que a una corrida de toros. III.- LAS CORRIDAS DE TOROS EN CUBA El Cossio señala que en 1538 se celebró una corrida de toros en Santiago de Cuba, según relato del Inca Garcilaso en su obra La Florida (Santainés Cirés, 1961). Tomaremos este año como punto de partida, por más que fray Bartolomé de las Casas, de modo poco preciso, data la primera corrida de toros en el Corpus Christi del año 1513 o 1514, o que Gerardo Castellano sitúe la primera corrida en Santiago de Cuba en el año 1515 (Riaño San Marful, 2002). Desde entonces se celebraron corridas en La Habana, Santiago de Cuba, Cienfuegos, Pinar del Río, Matanzas, Sancti Spiritus y Trinidad, por citar solamente las ciudades o villas más importantes. Desde el asentamiento de los españoles en la Isla se celebraron corridas de toros. Con regularidad desde 1555. En aquellos primeros años los Cabildos estaban obligados a costear las celebraciones, que casi siempre formaban parte de fiestas religiosas o de exaltación de las autoridades españolas. Como en todas partes, los toros comienzan corriéndose en las plazas mayores. Progresivamente se construyen plazas de toros, más o menos permanentes, a lo largo y ancho de la Isla. Sólo en La Habana llegaron a construirse siete. También la Iglesia dictó normativa antitaurina en Cuba. Influido por las prohibiciones y condenas de varios papas, el Sínodo de Santiago de Cuba de 1681 redactó una constitución que prohibió correr toros bajo pena de excomunión mayor. Sínodos y Municipalidades van emitiendo normas en cuanto a celebraciones, prohibiciones, organización y financiación. El 22 de mayo de 1817, el Presidente Gobernador y Capitán General aprueba un Reglamento Oficial para el desarro30
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... 31 llo de los festejos taurinos en la Plaza de Toros de La Habana que sólo contemplaba el Orden Público. En 1847 en Málaga y en 1848 en Cádiz aparecen los pri meros reglamentos que también regulan los componentes tauri nos de las corridas. En 1852 se aprueba el Reglamento de Madrid, que se considera el primer reglamento del toreo moder no. En 1854 la Jefatura Principal de la Policía aprueba el Reglamento para las funciones de toros en la Isla de Cuba, lla mado de La Habana. Inspirado en los reglamentos de Málaga, Cádiz y Madrid, estuvo vigente hasta 1868 y consolidó en la América Española la reglamentación moderna de las corridas de toros. Queda patente la importancia que la tauromaquia cubana tuvo en el Nuevo Mundo. En 1868 no pudo torear en La Habana Curro Cúchares, por que allí enfermó y murió de Fiebre Amarilla. Lidiaron otros toreros de gran prestigio como Paco Frascuelo en 1884, Luis Mazzantini, Fig. n.º 2. Una de las pocas imágenes que se tiene de las corridas de toros en Cuba, Aguafuerte 190 x 260 mm. Anónimo. Col. Real Maestranza de Caballería de Sevilla.
José Luis Rodríguez Peral 32 que llegó a ser aclamado como un auténtico ídolo, en 1886, Guerrita (Rafael Guerra) en 1887 y también otros matadores de menor renombre como Fabrilo (Julio Aparici Pascual), Fernando Gómez El Gallo (el padre de Gallito y Rafael El Gallo) o Currito Cúchares. No pudo torear Rafael El Gallo. Y así llegamos al hundimiento del acorazado Maine el 15 de febrero de 1898. Según informó el diario El Toreo, dos días antes se había celebrado en la Plaza de Toros de Regla, en La Habana, una corrida a beneficio de la cuadrilla de Mazzantini. Doce días después, en la misma plaza, se lidió otra corrida a beneficio del propio Mazzantini. Es probable que alguno de los mandos y marineros de la US Navy asistieran a las corridas, por lo menos a la primera. A finales de 1917 o principios de 1918 Juan Belmonte toreó clandestinamente en Cuba. Cuenta Belmonte. «Cerca de La Habana hay una placita de toros que se utiliza para encerrar al ganado que llevan al matadero […] supo de mi estancia en Cuba un asturiano […] que rabiaba por verme tore ar […] me propuso que a la mañana siguiente fuéramos a la pla cita […] para que de ocultis soltasen unos novillos de los que iban al matadero, a ver si alguno quería envestir. Toreé lo mejor que pude aquellos toretes mansos […] ¡He visto torear a Belmonte! gritaba [el aficionado asturiano] al regreso. ¡Abajo la Sociedad Protectora de Animales! ¡Muera su vieja presidenta! ¡Viva Belmonte!» (Chaves Nogales, 2011). La última “corrida” de la que se tiene noticia se celebró el 31 de agosto de 1947 en el Gran Estadio del Cerro. Ante más de 80.000 espectadores torearon Silverio Pérez y Armillita (Fermín Espinosa Saucedo). Fue una corrida sin tercio de varas, ni ban derillas ni suerte suprema. (Habana Radio) En resumen, las corridas de toros eran espectáculos con un fortísimo sesgo español, fuertemente promocionadas por las ins tituciones españolas o españolistas, que a menudo conmemora
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... ban efemérides políticas o religiosas propias de la población española. También que la tauromaquia cubana tuvo gran importancia en Hispanoamérica, al menos en cuanto a la reglamentación se refiere. IV.- LA DESAPARICIÓN DE LAS CORRIDAS DE TOROS No se han encontrado razones taurinas que expliquen la desaparición de las corridas, debieron ser otras las causas que la motivaron. Quizás las tres afirmaciones que se incluyen a continuación puedan dar una idea del estado de cosas que la provocó. Los cubanos perciben que las corridas son espectáculos bárbaros y sangrientos y, por tanto, ni civilizados ni modernos. (Santiago Prado Pérez de Peñamil, autor). Los toros constituyen una indiscutible expresión de los cánones hispanos. (José Varona, filósofo) Es posible que el gusto cubano por el beisbol (frente a las corridas de toros) no estuviera vinculado tan solo a la atracción que ejercía ese deporte en sí, sino que representaba una elección cultural, de implicaciones políticas. (Jorge Ibarra, historiador). V.- LAS BASES DE LA PROHIBICIÓN Todo está en la historia. Los planteamientos del nacionalismo cubano contra las corridas son sensiblemente similares a la actividades de los nacionalistas catalanes y vascos en la España de nuestros días, con el objetivo de prohibir los toros en tanto que seña de identidad española. Estrategia que ha obtenido un éxito total en Barcelona y que ha sido afortunadamente derrotada en Bilbao, San Sebastián o Vitoria V.I.El Movimiento Nacionalista Hacia 1847, veinte años antes de que se iniciara la Guerra de los Diez Años, comienza un movimiento nacionalista con un mensaje que poco a poco va penetrando en la población y en las 33
José Luis Rodríguez Peral 34 élites criollas. Se consolidan grupos sociales que proponen, diseñan y tratan de que se asuman e implanten nuevos modelos de comportamiento para la nueva sociedad. En ese relato deberían ser extirpadas algunas prácticas lúdicas, aunque hubieran formado parte de la cultura popular o de la tradición. Las corridas de toros y, en menor medida, las peleas de gallos encabezaban la lista de esos espectáculos bárbaros. Según ese ideario las corridas de toros no tenían en cuenta las peculiaridades de los cubanos. No presentaban rasgo alguno que permitiera identificarlas como un relato “no español”. Toros, toreros y plazas de toros eran símbolos extranjeros. Por el contrario, gallos, galleros y vallas, que inicialmente fueron denostados con tanto afán como las corridas, se van abriendo paso en el relato independentista, que llega a afirmar que el primer grito de independencia se dio en el curso de una riña de gallos. Este antitaurinismo se confirma en algunas disposiciones legales anteriores a la prohibición. Por ejemplo, aunque corridas y riñas siguieran celebrándose, los Juzgados Correccionales establecidos en 1899 fueron un medio para la represión de las corridas de toros y las lidias de gallos. Un medio para imponer en la Isla lo que consideraban una sociedad modelo. Desde el comienzo de la ocupación, las autoridades norteamericanas, gran parte de los intelectuales y, en menor medida, de la sociedad cubana, se emplearon a fondo para reglamentar y limpiar los hábitos declarados nocivos. Consideran que las plazas de toros son lugares donde se pregona la pertenencia de la Isla a España. Reviven recuerdos coloniales y ensalzan la dominación contra la que se sublevó el pueblo cubano. V.II.El Nacionalismo y los Toros La propaganda nacionalista afirmaba que las autoridades españolas apoyaban y dirigían las corridas a los españoles, que
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... las convertían en una imposición en la vida cotidiana, que no eran espectáculos para los cubanos. Aunque se hubieran celebrado corridas durante más de tres siglos no reconocían la tauromaquia como perteneciente a la tradición cubana. Consideraban las corridas de toros fiestas extranjeras. Probablemente la intoxicación sea el modelo que explica mejor la estrategia nacionalista para eliminar de la Isla cualquier vestigio de las tradiciones españolas. En el caso de la tauromaquia, para erradicar las corridas de toros y la afición que las sustentaba. Desde antes de la Guerra de Independencia los nacionalistas comienzan a introducir lentamente en la Isla tres toxinas, el antiespañolismo, la brutalidad hispana y el maltrato a los animales. Venenos que, según decían, eran ingredientes imprescindibles en las dos principales actividades lúdicas que establecieron los españoles: las corridas de toros y las “peleas de gallos”. Mantienen la dosis tóxica en niveles moderados hasta que durante el primer Protectorado los norteamericanos prohíben ambas actividades. Bajo esta cobertura aumentan las dosis venenosas. Poco después los propios nacionalistas suministran una antitoxina a los aficionados a las peleas de gallos, “la cubanidad de las vallas de gallos”. A los aficionados a los toros, no sólo no se les distribuye el antídoto, sino que se mantiene la dosis intoxicante, que actúa sobre un público prácticamente sin defensas e incapaz de reaccionar ante los diferentes intentos de restauración de la tauromaquia. A finales de 1951 el Club Taurino de La Habana, el Canal de televisión Toros en La Habana y unos cuantos canales mas, facilitan dosis del antídoto antitaurino, que permiten que un buen número de cubanos despierte y reivindique públicamente su afición y sus derechos. Ya era tarde. La mayoría de la población estaba irremediablemente intoxicada. Así las cosas, el castrismo añade una nueva toxina, aún más poderosa, el carácter contrarrevolucionario de la Fiesta, que 35
José Luis Rodríguez Peral 42 Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, El Bando de la Piedad y el diario La Discusión inician una nueva ofensiva institucional y popular contra la celebración de las futuras corridas. Se celebraron tres corridas6que consiguieron animar a los pro taurinos. Llegaron a convocar manifestaciones, al parecer con gran asistencia. Dichas demostraciones llegaron hasta el Congreso donde se presentó oficialmente una demanda de legalización. Una vez más se frustraron las esperanzas de los aficionados. – 1947. Nuevo intento, esta vez protagonizado por el empresario Luis Quiñones que contrata a dos toreros mejicanos de renombre internacional Silverio Pérez y Armillita, (Fermín Espinosa). Cuando los toreros llegaron a la Isla se reprodujeron los enfrentamientos entre partidarios y detractores de las corridas. El Diputado Rivero Setién presenta un proyecto de aprobación de las corridas. La prensa se divide, aunque las posiciones contrarias al Proyecto de Ley son mayoritarias. Incluso el hispanófilo Diario de la Marina, que ha sido citado reiteradamente, cedió sus páginas a posiciones pro españolas, aunque contrarias a las corridas. En el debate, aparecieron voces de aficionados que criticaban el toreo bufo y las corridas falsas. – 1948. Un año después el empresario Luis Quiñones insiste. Contrata al torero José Gómez, Sevillanito con una cuadrilla dedicada a las charlotadas. Paralelamente aparece otro torero, Eduardo Ferrera, Chiva, con intención de torear a la española. En la primera corrida Chiva sufrió una cornada y un banderillero tuvo que matar al toro. Al día siguiente apareció en las portadas de todos los diarios la imagen del toro muerto. La polémica popular estaba servida. 6No me consta si formaba parte del espectáculo o eran un anexo al mismo, como la que entonces se llamaba “parte seria”, en la que un novillero lidiaba un novillo según las reglas de la tauromaquia.
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... A finales del año, el senador Federico Casas presenta un nuevo proyecto de ley para la legalización de las corridas com pletas. Nuevo fracaso. – Noviembre de 1951. Se crea el “Club Taurino de La Habana” y se inician acciones coordinadas que forman una auténtica estrategia global, para conseguir la aprobación de sus corridas de manera integral, anticipándose posibles trabas de las autoridades locales como las características de las plazas de toros y su gestión, los toreros, la publicidad y propaganda, etc. Contemplaban la tauromaquia en su conjunto. Los Toros en la Televisión. Eduardo Pagés, español afin cado en Cuba,7promovió una serie de actividades destinas a dinamizar a la afición taurina. Por ejemplo, durante tres días consecutivos torearon “las señoritas toreras” en el estadio de la capital, aunque la acción más relevante fue, sin duda, conseguir que el 12 de noviembre de 1951 el Canal 4 de televisión comen zara a programar el espacio Toros en La Habana. Parece impor tante señalar que el programa era patrocinado por Libby’s, una firma de productos de alimentación de gran consumo, lo que per mite pensar que el estigma de lo taurino había desaparecido, o cuando menos se había moderado. Cada lunes, en horario de máxima audiencia, Toros en La Habana retransmitía la corrida que se había lidiado en la Monumental de Méjico un día antes. Progresivamente se incorporaron a las retransmisiones hasta cuatro canales más, llegando incluso a realizar las retransmisiones en dos canales simultáneamente. Parecía que esta vez las aguas fluían a favor de los tauri nos. La Comisión de Turismo de La Habana realizó una encues 43 7Sobrino de Eduardo Pagés Cubiña, que era el empresario de la Maestranza de Sevilla y “creador” como apoderado de los principales espectácu los cómicotaurinomusicales que se han citado anteriormente.
José Luis Rodríguez Peral ta que, al parecer, puso de manifiesto el interés de algunos sectores de la Isla por las corridas de toros. Pero nuevamente el Bando de la Piedad y los consabidos sectores de la intelectualidad contrarios a las corridas consiguieron enfriar el ambiente pro taurino. Nueva frustración. VI.III.Golpe de Estado y Dictadura de Fulgencio Batista8 – Mayo de 1952. Pagés estrena en el canal 6 un nuevo programa taurino: Toros en España que fue emitido ininterrumpidamente hasta 1957. – Septiembre de 1952. Se discute en el Consejo de Ministros una Propuesta de Ley para aprobar las corridas de toros en su integridad. – Enero de 1953. Desde el Canal 4 se promociona la vuelta de las corridas de toros a Cuba. – Marzo de 1954. Eduardo Pagés presenta y anima en el Canal 11 un programa llamado “El Club Taurino de La Habana”, un espacio de tertulia que se emitía antes de la corrida de toros del día. Se publican artículos periodísticos bajo el título TOROS para, en coordinación con el canal de televisión, difundir los diferentes aspectos de la tauromaquia, incluso su historia, promover el debate sobre su legalización y aportar a la opinión pública réplicas a los escritos antitaurinos. El ambiente parecía más equilibrado, llegando a celebrarse una mesa redonda entre partidarios y detractores de la Fiesta en la televisión. En el debate, frente a cada avance de las posiciones pro se presenta una contraofensiva de las posiciones anti. Ante lo que consideraban una mejor posición relativa de los favorables a las 44 8El 10 de marzo de 1952, Fulgencio Batista, que fue Presidente constitucional entre los años 1940 y 1944, con el apoyo del ejército da un golpe de estado tras el que instaura un dictadura que se mantendría hasta el triunfo de las tropas revolucionarias el día de Año Nuevo de 1959.
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... corridas, el Presidente del X Congreso de Historia envía una carta al dictador, en la que manifestaba que el restablecimiento de las corridas de toros en Cuba representaría un regreso moral a los días aciagos de la Colonia. – Enero de 1955. Parece que durante este periodo la acti vidad legislativa estuvo prácticamente paralizada, y con ella el Proyecto de Ley que nos ocupa, hasta que en 1955, uno de los primeros DecretosLey que se votan es la Aprobación de las corridas de toros en la Isla de Pinos. Se aprueban bajo la cober tura del interés turístico y ordenando destinar un porcentaje de los futuros beneficios a la sociedad ONRI dedicada a la rehabi litación de los inválidos. En 1958 no se había concretado ni des arrollado la Ley. VI.IV.Y en eso llegó Fidel9 Forma parte del imaginario revolucionario de los primeros días que Raúl Castro y el Che Guevara congeniaron en Méjico y que a ambos les gustaban las corridas. Llegaron a proponer tore ar para recaudar fondos para el movimiento. Un proyecto que Fidel Castro abortó de raíz. También se cuenta que Polo (Leopoldo Cintra Frías) uno de los guerrilleros que se alzaron en Sierra Maestra en 1957 vio torear en el actual municipio de Bartolomé Masó, provincia de Granma, a un tal Luar, apodo con el que al parecer toreaba Raúl Castro. También forma parte de la leyenda algún trasteo del Che antes de partir para Bolivia, del que existe evidencia fotográfica. (Barredo, 2017). No consta evidencia gráfica de Luar (Raúl Castro) torean do. Existe documentación gráfica de que en 1959 el Che visitó la plaza de toros de Vista Alegre (Carabanchel, Madrid) propie 45 9Este periodo se inicia el 1 de enero de 1959 con la victoria de las tropas revolucionarias comandadas por el Che Guevara y la salida de Batista de la Isla hasta nuestros días. El título está tomado de la canción homónima de Carlos Puebla.
José Luis Rodríguez Peral dad de Luis Miguel Dominguín que gestionaba su hermano Domingo, miembro activo del Partido Comunista de España; y que en septiembre de ese año asistió a una corrida de toros en Las Ventas, imagen que inmortalizó el fotógrafo taurino Botán. Respecto al trasteo que el Che realizó en la finca San Andrés, Pinar del Río, puede encontrarse tres fotografías consultando la página web incluida en la bibliografía. El diario Revolución, órgano oficial del movimiento 26 de julio, al principio osciló entre la aceptación y el rechazo de las corridas. Publicó tanto opiniones favorables en la línea del Club Taurino de La Habana como contrarias. Siendo Fidel Castro Primer Ministro, los antitaurinos le remiten una carta exponiéndole todos los intentos de recuperación de las corridas habidos desde 1900. Parece que esta vez no causó el efecto que esperaban y que incluso Fidel Castro habló de realizar una encuesta sobre la aceptación de las corridas por el pueblo y su eventual impacto en el turismo. El 28 de marzo de 1959 el diario Revolución publicó el artículo “Los toros: una escuela contra revolucionaria”, que convence a Castro y pone fin al debate. Ni Luar (Raúl Castro) ni el Che, los dos “aficionados revolucionarios”, osaron enfrentarse al líder supremo, y las corridas de toros fueron definitivamente proscritas. VII.- ES LA ECONOMÍA IDIOTA10 Aun considerando la existencia de infraestructuras públicas permanentes donde se realizaba el espectáculo, la organización, la importación de los toros y los honorarios de los toreros hacen que las corridas de toros sean espectáculos caros. Por otra 46 10 Frase acuñada en 1992 por James Carville, que fue consejero áulico del Presidente Bill Clinton. En la campaña electoral de las elecciones de 1993 Bill Clinton la empleó públicamente contra Bush Padre.
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... parte, los costes asociados a las políticas de Reconcentración Rural de Weyler (1896-7), a la Guerra de la Independencia (1895-8) y al bloqueo norteamericano (1898) dejan a Cuba totalmente empobrecida. Esta lamentable situación podría explicar en parte la decadencia de un espectáculo caro. Por el contrario, las riña de gallos no precisan de instalaciones permanentes y no tienen más costes que la adquisición o cría, la manutención y el entrenamiento de los gallos, lo que hace que las riñas de gallos sean espectáculos muchísimo más asequibles. 47 Fig. n.º 3.- El Che en la plaza de toros de Las Ventas, Madrid, 1959. Apud Wikimedia Commons. Solo en dos de los intentos de restauración de las corridas, los de febrero de 1900 y de finales de 1951, las propuestas no se argumentan en base a razones económicas. El primero pretende celebrar el Aniversario de la Revolución. El segundo invoca la tauromaquia sin ambages. El resto se basa en razones económicas, concretamente en los beneficios que aportaría a la Isla el turismo que, procedente de Florida, acudiría en masa a presenciar las corridas de toros, como ya hacían en las plazas del norte de Méjico. Incluso Fidel
José Luis Rodríguez Peral Castro en los primeros tiempos postrevolucionarios, antes de consolidar definitivamente la prohibición, propuso realizar encuestas que corroboraran estas ideas, aunque afirmaba que prefería que los turistas acudieran a la llamada de la naturaleza y la cultura. Cuando las propuestas no se fundamentan en la economía, se puede suponer su contenido leyendo lo que contra ellas escribieron los antitaurinos, especialmente el Bando de la Piedad. VII.IArgumentos Se hacen varios intentos para lograr buenos soportes publicitarios. Contratan a una primera figura del toreo español, Rafael, El Gallo, a dos toreros mejicanos de gran renombre, Silverio Pérez y Armillita, al matador norteamericano Sidney Franklyn. El Yanki, hasta a un músico cubano, El Negro Aquilino, para dirigir los espectáculos cómico-taurino-musicales, las charlotadas. Se estimaban grandes ingresos procedentes del turismo yanqui, pero no se consideraban en absoluto los que podrían aportar los espectadores cubanos. Se solía ofrecer a las autoridades destinar parte de los beneficios, incluso de los ingresos brutos, a destinos sociales como Pensiones, el Plan Desayuno Escolar, etc. Uno de los proponentes ofrecía construir una plaza de toros dotadas de todos los recursos, que a los treinta años revertiría al Estado. VII.II.Contra argumentos Además de considerar a la tauromaquia como una fiesta bárbara y española, los antitaurinos, también ofrecieron contra argumentos económicos que: Velan por la productividad. Los Veteranos de la Independencia consideraban que «si el toreo empezara y terminara en la plaza no estaría mal, pero entre corrida y corrida no tienen los aficionados otro tema de conversación […] la mesa del taller 48
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... va siendo sustituida poco a poco por la mesa del café de barrio […] y muchos hombres que con su trabajo podrían ser fértiles a la sociedad en la que viven se convierten, a la sombra de la afición, en unos desocupados con quienes los Judgados Correccionales tienen después trato continuo». Velan por el ahorro. «Como secuela inevitable de la cele bración de las corridas de toros, se destruiría en no pocos indi viduos el hábito del ahorro. […] Muchos hogares carecerían sin duda de lo más indispensable para las atenciones de la vida, teniendo que sufrir incontables privaciones, por haber dilapida do sus mantenedores […] los recursos que les hubieran servido para subsistir, ellos y sus familiares, durante varios días». El argumento anterior se contradice con este otro, «si se res tauraran las corridas los cubanos nos quedaríamos, como siempre, mirando llegar los toros desde la barrera, pues nos faltará dinero para pagar la entrada en la plaza. Desde esta perspectiva, no pare ce que tengan importancia los males que les acechaban». Velan por la “limpieza” de los fondos destinados a pagar las pensiones. «Los Veteranos de la Independencia prefirieron el pago irregular de las pensiones. A los Veteranos debe pagárseles de las fuentes más limpias de la República […] y no de lo que contribuya a encenagar la República». Velan por la Balanza de Pagos. «Hay rumores de que los orígenes de la campaña a favor de las corridas de toros no obe dece a otra causa que el interés de los ganaderos de España para que se abra este mercado, porque su ganado cada vez tiene menos valor en aquella península». En otro momento se argumenta que los beneficios econó micos de las corridas de toros irían fundamentalmente a los tau rinos españoles (empresarios, ganaderos, toreros, banderilleros, picadores…). Por el contrario, los beneficios económicos de otros espectáculos cine, teatro, música, beisbol, futbol, balon cesto, etc., irían a manos de los cubanos. 49
José Luis Rodríguez Peral El componente español de las corridas no permitió tener en cuenta la existencia de toreros cubanos como Andrés Pérez o José Marrero, Cheché de la Habana y empresarios taurinos, también cubanos, que gestionaron plazas de toros en La Habana e incluso en Méjico. VIII.- LA AFICIÓN TAURINA Hasta 1890 se celebraban regularmente corridas de toros en Cuba. Incluso durante la Guerra de la Independencia (18951898) los diarios cubanos informaban sobre la celebración sobre corridas celebradas en ciudades y pueblos. Terminada la guerra, hasta finales de 1898 los diarios comunicaban y publicitaban las corridas, lo que hace suponer que existiría un público interesado en tal información, una parte del cual podría ser considerado aficionados. Posteriormente se comprueba en periódicos y revistas el empeño de caracterizar las plazas de toros como crisol de los vicios españoles y las vallas galleras como custodias de la virtud cubana. A partir de la legislación antitaurina se apagan los medios y se produce un mutismo total. ¿Cómo se explica tanta indiferencia, incluso tanta complacencia de los diarios de la Isla? Tampoco, incluso considerando la intoxicación nacionalista, es fácilmente comprensible la falta de reacción de ese grupo de ciudadanos interesados. De esa afición que al parecer existía. ¿Es posible construir una hipótesis que permita explicar tales comportamientos? Lo que se ha sido calificado como público interesado y afición estaba formado básicamente por españoles. Por ejemplo, en el año 1898, cuando Cuba logra su “independencia” había en la región de Santiago de Cuba 960.000 españoles y en 1877 la población española representaba el 49% de la total (Pérez Dionisio). ¿Quiénes asistían a las corridas de toros? Extranjeros de visita en Cuba se sorprendían de la baja asistencia de criollos y 50
Toros en Cuba: Por qué desaparecieron las corridas de toros en Cuba... cubanos a las corridas de toros en comparación con su asistencia a las peleas de gallos. Entre los llamados “cubanos blancos”, la mayoría estaban por la independencia como los negros; por contra los que tenían cierta posición y riqueza consideraban que su estatus solo estaría asegurado bajo el paraguas de España, por más que los años anteriores a la guerra hubieran sufrido prácticas discriminatorias. (Cruz Leal). Ciertamente el público de las corridas de toros estaba formado principalmente por los españoles y los criollos acomodados. Adicionalmente, durante el último tercio del siglo XIX, y mucho más tras la llegada de los norteamericanos al final de la Guerra de Independencia las corridas pierden popularidad ante el beisbol, una diversión mucho más barata que se constituyó en un importante aglutinador del pueblo. Rápidamente adoptado por las clases pudientes y sectores de las clases populares lo convirtieron en el símbolo del patriotismo nacionalista cubano y del anticolonialismo español. Este deporte llegará a convertirse en el deporte nacional. Con esta composición del público interesado por las corridas parece razonable considerar que los diarios, los españoles y los cubanos blancos hispanófilos debieron guardar silencio tras la instalación en las instituciones del país de las tesis de los independentistas y las políticas de los gobiernos norteamericanos, no atreviéndose a defender un espectáculo considerado, no sólo bárbaro, sino sobre todo español. El Diario de la Marina, principal periódico hispanófilo, guarda silencio hasta el intento de restauración de 1914 y la afición hasta 1934, momentos en los que supusieron que manifestarse públicamente a favor de los toros había dejado de tener graves consecuencias. ¿Cómo se explica esta actitud de la prensa pro española? No se comprende la postura de la opinión popular, ni siquiera de la población española, y menos aún de los aficionados, que parece no se sintieron concernidos. Quizás motivada por razones de supervi51