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Estrategias argumentativas en los discursos de Cicerón

Alcedo Ortiz, María

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1 ESTRATEGIAS ARGUMENTATIVAS EN LOS DISCURSOS DE CICERÓN Autora: MARÍA ALCEDO ORTIZ Tutor: Francisco J. Salguero Lamillar Trabajo de Fin de Grado Doble grado en Filología Hispánica y Clásica Facultad de Filología Universidad de Sevilla Sevilla, 2023 2 ÍNDICE 1. Introducción: objeto de estudio y metodología. ........................................................ 3 2. Marco teórico: la argumentación............................................................................... 4 2.1 Argumentar: ¿convencer, persuadir, manipular? ............................................... 5 3. Estrategias persuasivas: Mecanismos lingüísticos de la persuasión ......................... 7 3.1 Fuerza y suficiencia argumentativa, escalaridad, orientación y mecanismos sintácticos. ..................................................................................................................... 7 3.2 Figura del emisor: polifonía, diafonía y enunciados parentéticos. ........................ 9 3.3 Figura del receptor: la cortesía. ............................................................................. 9 3.4 Uso del topos como garante argumentativo. ....................................................... 10 3.5 La ironía ............................................................................................................... 10 3.6 Tematización y focalización: enfatización argumentativa .................................. 10 3.7 Fuente: argumentos de autoridad y falacias ........................................................ 11 3.8 Léxico y argumentación ...................................................................................... 12 4. Oratio in L. Catilinam prima .................................................................................. 13 5. Pro A. Licinio Archia poeta oratio ......................................................................... 19 6. M. Antonium oratio Philippica tertia ...................................................................... 25 7. Conclusión ............................................................................................................... 29 8. Bibliografía.............................................................................................................. 30 3 1. Introducción: objeto de estudio y metodología. La argumentación es una dimensión del lenguaje que despierta interés en filólogos, lingüistas y especialistas del campo de las humanidades debido en gran parte a su estrecha relación con las estructuras cognitivas y los procesos mentales. Y es que realmente resulta difícil definir y categorizar el fenómeno. Con los años, y sobre todo, desde el auge de la Pragmática y de las Teorías de la Recepción, su estudio se ha desplazado hacia las dimensiones ilocutiva y perlocutiva del lenguaje, pero antes, la atención se centraba exclusivamente en analizar qué tipo de argumentos usaba el orador y cómo defendía su postura. Jean-Claude Anscombre y Oswald Ducrot son los primeros en hablar de la persuasión en el terreno de la argumentación: “On parle généralement— remarque banale—pour exercer une influence: consoler, persuader, convaincre, faire agir, ennuyer ou embarraser.” 1 (1983:7) Añaden que incluso con nuestras palabras podemos llegar a ejercer una influencia de la que no somos conscientes, como cuando consolamos o aconsejamos a alguien. Este razonamiento los lleva a deducir que la argumentación es algo intrínseco a todo acto de habla, porque entienden que todo acto de habla conlleva una finalidad. Este trabajo se centra en la persuasión dentro del campo de la argumentación. Mi intención no es formular ni aportar nada nuevo al marco teórico de esta materia, sino aplicar mecanismos persuasivos ya estudiados sobre una serie de textos. Cuando comencé el trabajo de fin de grado, tenía claro que quería hacerlo sobre la argumentación, en parte porque desde que inicié la carrera, muchos profesores me comentaron que aún había varios aspectos sin estudiar. Sin embargo, mi sorpresa fue descubrir que esta es una materia muy trabajada, no solo en el plano microestructural, también a nivel semántico, pragmático, discursivo, social y cognitivo. Podemos encontrar estudios relevantes desde los mismos años 70, y asistimos a una auténtica proliferación desde la década de los 90. Por ello, decidí aprovechar mi formación en latín y griego para aunar ambos campos y sacar partido a mi doble titulación. He aprovechado las estrategias argumentativas y persuasivas que Catalina Fuentes, docente y catedrática de nuestra universidad, ha recopilado en su manual Mecanismos lingüísticos de la persuasión y las he puesto en práctica sobre discursos de uno de los mayores oradores que ha dado la historia: Cicerón. Interesa sobre todo ver cómo se dan 1 “Hablamos generalmente—una observación banal—para ejercer una influencia: consolar, persuadir, convencer, incitar, molestar o avergonzar”. (Mi traducción) 4 estos mecanismos en una lengua distinta al castellano y distinta a cualquier otra lengua moderna como es el latín. Y analizar si los mecanismos persuasivos de aquella época difieren mucho o son parecidos a los que observamos en el panorama actual. Respecto a los textos, he escogido fragmentos extensos de tres discursos muy conocidos: las Catilinarias, las Filípicas y el Pro Archia poeta. He tratado de elegir partes que reúnan muchos fenómenos potenciales para que el comentario sea dinámico y provechoso. He seguido los modelos de comentario del manual de Catalina Fuentes porque, pese a ser una monografía, analiza exhaustivamente cada uno de los ejemplos. La dificultad recaía en encontrar fragmentos que incluyeran una buena cantidad de estrategias, pero dado que la base de la oratoria latina es la mouere, y que Cicerón es un experto en ello, prácticamente cualquier discurso es bueno para encontrar fenómenos. 2. Marco teórico: la argumentación La argumentación es una dimensión del lenguaje basada en una relación entre una conclusión (C) y uno o varios argumentos (A) 2 . También requiere de un contexto previo en el que pueda insertarse la comunicación, lo que en lingüística se denomina topos. Me quedo con tres ideas de Salvador Gutiérrez Ordóñez para desarrollar el marco teórico: “el papel de la argumentación es ofrecer las razones que conducen a una conclusión determinada”, “la argumentación posee una finalidad perlocutiva” y “los límites del argumento no coinciden necesariamente con los del enunciado” (1996:94). Estas características nacen de la síntesis de las investigaciones de Anscombre y Ducrot (teoría semántica lingüística), Sorin Stati (funciones argumentativas), María Victoria Escandell (argumentos y conclusión) y sobre todo, de Frans H. van Eemeren, Rob Grootendorst y Tjark Kruger, quienes resaltan el poder persuasivo de la argumentación. Sobre la primera idea, Anscombre y Ducrot ya aludían al requisito de que todo argumento pronunciado o conjunto de argumentos deben estar al servicio de la conclusión. No tienen por qué ser los más lógicos ni demostrables, lo que premia es que sean los más efectivos. Así, tenemos un argumento (A, según su terminología) orientado en provocar una conclusión concreta (C) en un receptor (B). De esta manera, el sistema argumentativo se trataría de un tipo de relación discursiva. Para potenciar el argumento, no solo se requiere de fuerza semántica, también es imprescindible una estructura 2 Vincenzo Lo Cascio decía que una argumentación que no se apoya en argumentos no puede considerarse una argumentación (1998:34). 5 informativa que detone la inferencia. Ducrot defendía la existencia de elementos lingüísticos especializados en llevar a cabo el acto de argumentar, elementos capaces de marcar la diferencia entre una valoración positiva o negativa. En lo relativo a la fuerza perlocutiva, ya expusimos en la introducción que otra de las características del acto argumentativo es provocar una reacción concreta en el receptor. Para ello, el emisor deberá incluso ajustar la estructura de su discurso, para que se adapte de la mejor forma posible al perfil de su alocutor. Fuentes dice: “la organización de la información es un fenómeno que surge de la adecuación de la intención del hablante a las necesidades del oyente” (2002:232). Deben elegirse cuidadosamente las estructuras, las palabras, el tono y el registro a utilizar teniendo siempre en mente a qué persona o grupo de personas va dirigido el mensaje. Esto era algo que los oradores de la antigüedad controlaban con maestría, y de hecho, en Cicerón tenemos el privilegio (gracias a los textos conservados) de ver cómo modula los discursos en función del alocutario. Acerca del tercer punto, Van Eemeren, Grootendorst y Kruger decían que la relación argumentativa se establece entre enunciados. Sin embargo, cuando analizamos textos argumentativos, vemos que hay veces donde un argumento se compone de un grupo de enunciados, veces donde un mismo enunciado recoge una tesis y su antítesis, y veces en las que la reacción inferencial se produce sin que la conclusión o sin que los argumentos estén explícitos. Esto demuestra que la relación argumentativa se define por entidades abstractas más complejas y por tanto, los límites del argumento no tienen por qué coincidir forzosamente con los límites del enunciado. Esto activa otra característica: es el contexto el que determina los límites del enunciado argumentativo. Fuentes demuestra numerosas veces en sus manuales como un mismo texto, solo con la modificación del contexto, puede adquirir o no dimensión argumentativa. 2.1 Argumentar: ¿convencer, persuadir, manipular? Una de las definiciones de argumentación que da Catalina Fuentes es la siguiente: “la argumentación es uno de los medios que los hablantes disponemos para convencer, para persuadir, o para manipular” (2007:16). Para Vincenzo Lo Cascio (1998:47) todo acto de habla de carácter argumentativo busca convencer tanto al emisor como al receptor de la validez de su tesis. Estamos por tanto ante un acto comunicativo cuyo 6 objetivo final no es la comunicación, sino provocar una reacción en el receptor. Y es en este momento cuando entramos al terreno de la persuasión o del convencimiento. Ya en la Edad Antigua, los intelectuales eran conscientes de la posibilidad de convencer a un auditorio por medio de las palabras, poder del que era digno el buen orador. El buen orador se destaca, no solo por la calidad y grado de veracidad de sus argumentos, sino por dirigir estos hacia la razón y los sentimientos: “Aristóteles consideraba que no podían existir argumentos válidos si no tenían un mínimo de credibilidad, si no estaban basados en hechos lógicos y si no conseguían conmover al auditorio”. (Fernández Ulloa y López Ruiz, 2020:199). La oratoria latina pone un énfasis especial en el receptor, con quién se intenta conectar por medio de la emoción. La técnica para despertar los sentimientos y las emociones del receptor (pathos) recibía el nombre de mouere en la terminología clásica. Von Albrecht versa que tal uso continuo de la apelación emocional conforma un vínculo unificador que hace que cada sección de la oración sea parte integral del proceso persuasivo 3 . Sin embargo, el elemento emotivo siempre se ajustará en función del tema y del tono del discurso, además del tipo de auditorio. No obstante, debemos alejar el convencimiento y la persuasión del último tipo de efecto: la manipulación. El matiz diferente es que la tercera no se trata de una acción legítima, sino que nace de la violación del principio de calidad. Todo orador que pronuncie un discurso frente a un auditorio debe asegurar que sus intervenciones son sinceras y debe comprometer la validez de su tesis. Repasemos los aspectos que caracterizan a la argumentación. Siempre se vincula a la realización de un acto enunciativo, pues siempre es necesario que haya un receptor sobre el cual influir. No se requieren elementos concretos para determinar el tono argumentativo (a veces el contexto dota a una palabra o a un elemento de carga argumentativa), la clave es que ese elemento sea capaz de “poner en marcha las operaciones inferenciales necesarias” (Fuentes, 2007:15). La argumentación parte del principio de calidad, es decir, asegura al hablante que todos los argumentos y conclusiones declarados son verídicos y, cuando dichos límites se flanquean, entramos en el terreno de la manipulación. Los argumentos siguen el principio de orientación, deben encaminarse hacia una determinada conclusión; y despiertan en el emisor el 3 “Such continuous use of emotional appeal is […] a unifying link making each section of the oration an integral part of the process of persuasion” (2019: 84). 7 principio de suficiencia, ya que el locutor es consciente de si un argumento es suficiente o no para convencer. Por ese motivo, es capaz de elegir y descartar qué razonamientos utilizará en su alocución. 3. Estrategias persuasivas: Mecanismos lingüísticos de la persuasión Para que el acto argumentativo sea un éxito, los argumentos deben ser capaces de respaldar la conclusión. A cuentas de lograr esto, hay toda una lógica en relación con la dispositio: cómo conectar los argumentos, en qué orden ubicarlos, qué modalidad emplear, cuándo es necesario atenuar, cuándo remarcar, qué elementos dejar explícitos, cuáles implícitos, hacer uso o no de la cortesía, etc. A continuación, expondremos los mecanismos persuasivos del manual de Catalina Fuentes más frecuentes en los fragmentos de Cicerón. 3.1 Fuerza y suficiencia argumentativa, escalaridad, orientación y mecanismos sintácticos. Catalina Fuentes (2002:71-73) enumera tres aspectos que determinan la ilocución de un discurso argumentativo: la dimensión argumentativa, las operaciones argumentativas y los mecanismos sintácticos. Sin embargo, considero que los elementos que describe en la dimensión y en las operaciones argumentativas son similares, por ello he preferido desglosarlo en fuerza argumentativa, escala argumentativa y suficiencia argumentativa, además de los mecanismos sintácticos. Para que los argumentos y la conclusión sean efectivos deben causar impacto en la audiencia. Aquí es donde entra en juego la fuerza argumentativa. La mejor forma para resaltar un enunciado es por medio del énfasis, aunque atenuarlo o dejarlo implícito también puede funcionar. Fuentes enumera los siguientes medios: utilizar conectores de fuerza argumentativa del tipo además, de hecho, pero; operadores argumentativos a modo de operadores realizantes (incluso, hasta, ni siquiera, al menos, sólo, por tanto— este enlaza el argumento a la conclusión—), mecanismos enfáticos como es que, adverbios de reafirmación del tipo claro, es lógico, desde luego, evidentemente, ciertamente; y utilizar parentéticas del tipo y esto es lo más grave. Emplear recursos como la acumulatio, la reiteración, la ejemplificación, la comparación o la interrogación retórica también confieren fuerza al enunciado porque lo destacan frente al discurso meramente narrativo o expositivo. 8 La fuerza argumentativa conlleva posicionar lo destacado en el punto más alto o más bajo de una escala. Para resaltar algo, es necesario incluir elementos de menos valor sobre los que realizar el contraste. Por eso decimos que los argumentos y las conclusiones también se disponen en una organización escalar, lo que llamamos escala argumentativa. En los textos veremos como Cicerón aprovecha la escala para enumerar los hechos lógicos, disponiéndolos en una digresión desde una menor a una mayor gravedad. La reiteración y los apoyos modales enunciativos ayudan a identificar los extremos de la escala, y cómo acompañan a elementos que se presuponen en el punto más alto (o más bajo), dan a entender que el resto de la secuencia tiene un grado inferior de importancia. Para evaluar un enunciado no son solo necesarias las nociones de escalaridad y de fuerza. Recordemos que el hablante tiene su propio juicio y sabe cuándo un enunciado le satisface como argumento o como conclusión (principio de suficiencia). Fuentes liga la suficiencia argumentativa a los llamados modificadores realizantes, desrealizantes y sobrerealizantes que tienen la capacidad de alterar la relevancia argumentativa de un enunciado. No tienen una forma concreta, pueden ser desde adjetivos y adverbios que califiquen al núcleo, hasta elementos sintácticos, morfemas gramaticales y derivativos, conectores y modificadores o incluso el topos. El emisor juega con estos modificadores cuando cree que la orientación o la fuerza argumentativa de una proposición no es suficiente. Con “mecanismos sintácticos”, Fuentes refiere a los elementos sintácticos, semánticos y gramaticales que alteran el discurso argumentativo, tales como morfemas, léxico de tipo evaluativo, conectores y operadores argumentativos y discursivos. Es decir, los elementos en bruto, no el efecto que causan. No quería terminar este apartado sin comentar la orientación. Aquellos enunciados que se encaminen hacia una misma conclusión se considerarán coorientados; en cambio, los que lleven a distintas conclusiones serán antiorientados. Ducrot ya decía sobre los argumentos en 1980 que siempre incluyen marcas enunciativas que los enlazan a los argumentos siguientes, logrando de este modo encaminar el discurso hacia la conclusión. 4 4 “Le thème central de la théorie argumentative est que les sens d’un énoncé contient une allusion à son éventuelle continuation” (1980:11). 9 3.2 Figura del emisor: polifonía, diafonía y enunciados parentéticos. La figura del emisor nos servirá para analizar la polifonía, la diafonía y los enunciados parentéticos. Como en este caso estamos analizando orationes, Cicerón actuará como el sujeto empírico y el locutor de sus discursos, ya que el orador es el responsable principal de las consecuencias que tenga su intervención. Sin embargo, ello no exime que pueda hacer uso de enunciadores externos, que tienen la ventaja de asumir la responsabilidad de lo enunciado. Cuando esto ocurre, hablamos de polifonía. Existen varias formas de utilizar la voz de otros como apoyo o como contraposición. Las fuentes de autoridad o la impersonalidad son dos de ellas. La impersonalidad está ligada al concepto de indeterminación por lo que es posible no especificar un agente concreto. La impersonalidad se marca mediante sujetos del tipo alguien, cierta gente, todo el mundo, la gente, uno, todos; mediante la construcción con se (también se incluyen las pasivas con se) o el uso de expresiones en 3ª persona del plural y expresiones en 2ª persona del singular (el sujeto empírico protege su imagen tras un tú inclusivo que también protege al interlocutor). Otra manera es hacer uso de la reafirmación. Según Fuentes, los modalizadores de reafirmación del tipo claro, lógico, por supuesto, desde luego, evidentemente, ciertamente, tendrían también un valor polifónico porque consiguen diluir el enunciador en favor de «la comunidad», apuntan a una generalidad, a lo “lógicamente” admitido, y no a un pensamiento individual del hablante. El dialogismo es un caso especial de polifonía, que sobre todo veremos en el comentario de la tercera filípica. Consiste en partir de una cita textual u oral para establecer sobre ella la propia contraargumentación. Este es un mecanismo muy utilizado en política, porque consigue restar fidelidad a la cita utilizada en favor del discurso propio. Los enunciados parentéticos son una estrategia polifónica peculiar, porque provocan el desdoblamiento del propio locutor. Su función es supraoracional, pero causan un efecto focalizador, motivo por el que resultan bastante útiles en la argumentación (pueden aclarar, justificar o modificar la orientación de un argumento; expresar ironía o establecer el marco argumentativo). 3.3 Figura del receptor: la cortesía. El receptor es una figura crucial en la comunicación, pero resulta especialmente importante en la argumentación. Todos los mecanismos lingüísticos que despliega el emisor están orientados a convencer y a persuadir al receptor para que acepte sus opiniones y conclusiones. Detrás de ello hay toda una táctica. La forma de tratamiento 16 hombres honrados”). Esta enumeración refiere a hechos anteriores al discurso que Cicerón utiliza como argumentos para conseguir despertar alguna empatía en Catilina (mouerunt). Se disponen de manera escalar, de modo que cada hecho es más grave que el anterior: primero señala la protección de la ciudad y termina con la ofensa directa al Senado, lo que supone un atentado contra el propio gobierno. Los argumentos se coorientan gracias a la repetición anafórica del adverbio nihil, que refuerza argumentativamente el enunciado y funciona como realizante. Cicerón emplea nihil en lugar de nonne, ya no solo porque sea la forma reforzada de la negación, sino porque anticipa una respuesta positiva, limitando así la respuesta de la pregunta retórica a una sola posibilidad, no dejando margen para la ambigüedad. En este primer epígrafe vemos una mezcla peculiar por tratar de conmover pero también, de amenazar a Catilina. La siguiente interrogación también busca acercarse al lado más sensible del conjurador mediante predicados de percepción (non sentis, non vides). Puede que más que acercarse a su sensibilidad, Cicerón tratara de despertar su lado más lógico. Sin embargo, con la última interrogación del primer epígrafe Cicerón vuelve a las amenazas: Quid proxima, quid superiore nocte egeris, ubi fueris, quos convocaveris, quid consilii ceperis, quem nostrum ignorare arbitraris? La interrogación es irónica: “¿Crees que alguno de los nuestros ignora lo siguiente que harás, lo que hiciste la otra noche, a dónde fuiste, a quiénes convocaste y qué planes tramaste?”. La ironía es un recurso muy frecuente en sus discursos porque le permite ridiculizar a su adversario y quedar por encima de él intelectual y moralmente. Todos los enunciados comienzan con un pronombre relativo que da ese toque reiterativo y paralelístico. La interjección O tempora, o mores! conecta los dos epígrafes. No parece tratarse de ningún refrán de la época, más bien, una expresión de creación propia, como sugiere Dyck (2008:66). Estas dos palabras, tempora (“tiempo pasado”) y mores (“costumbres”), parecen representar implícitamente la idea de una moralidad existente en el pasado, pero perdida en la actualidad. Ubica la frase justo antes del epígrafe destinado al Senado y justo después de los enunciados dirigidos a Catilina, como dando a entender que aunque la moralidad se haya perdido debido a personas como él, el Senado sigue siendo una institución respetable. No hay ninguna marca que antioriente los dos sentidos, la inferencia es muy sutil. En el segundo epígrafe el alocutario cambia: ya no se dirige a Catilina, sino al Senado. La autoridad del Senado se refleja en los enunciados Senatus haec intellegit y 17 Consul videt. Sin embargo, el ritmo se interrumpe al llegar a hic tamen vivit. Tamen, adverbio adversativo, actúa como conector de carácter opositivo e introduce un argumento antiorientado: a pesar de todo lo expuesto, Catilina vive. En tono irónico, Cicerón manifiesta su incredulidad acerca de que el conjurador siga en libertad, a pesar de todas las fechorías que ha cometido. No le importa exponer públicamente al Senado si con ello consigue erradicar al criminal. Tras la oración, Cicerón repite el verbo en forma de pregunta (vivit?), un recurso típico del diálogo y de la expresión oral que utiliza aquí para dar énfasis. Le siguen la fórmula adverbial immo vero (immo tiene valor adversativo y vero aporta una valoración de tipo cuantitativa) y el operador argumentativo etiam (“incluso”), con los que Cicerón introduce una nueva enumeración de los actos que Catilina estaba cometiendo en el Senado. Las tres descripciones de su comportamiento forman un crescendo que escala hasta llegar al último enunciado, de carácter más macabro y demoledor pero, por otro parte, de carga más sugestiva (“anota y designa con la mirada a quién de nosotros le espera la muerte”). En contraste con las tres acciones, destacan los actos del nos, introducido por autem, un adverbio de cambio de tercio (“en cambio”, “por otro lado”): Nos autem fortes viri satis facere rei publicae videmur, si istius furorem ac tela vitemus, “Nosotros, en cambio, hombres fuertes, creemos satisfacer a la República si evitamos su furor y su espada”. La oración, a pesar de incluir el calificativo fortis viri, realmente busca atacar la actuación de los hombres del Senado, que no hacen nada por detener esta crisis. Sin embargo, el añadir un sujeto en primera persona del plural (nos) y no en tercera del plural, merma casi por completo el tono invectivo. A nivel sintáctico observamos alteraciones muy interesantes: tematizaciones de carácter enfático como Ad mortem, Catilina o el sintagma unum quemque nostrum, reservado al final de la oración notat et designat oculis ad caedem unum quemque nostrum (“anota y designa con la mirada a quien de nosotros le espera la muerte”). Otro cambio de orden lo vemos en furor iste tuus, en la segunda interrogación del primer epígrafe, que no se encuentra en anástrofe como sería lo esperable en la gramática latina, sino que aparece como un bloque, causando que el enclítico nos se desplace hasta la cuarta posición. Con este tipo de alteraciones, se consigue concentrar la atención del oyente en el contenido semántico del sintagma. Cicerón concentra la ironía del texto en el plano semántico, como ya adelantábamos en la teoría. Intenta conseguir la respuesta deseada en el receptor 18 caracterizando de manera peyorativa al adversario y ensalzando los atributos del auditorio. De esta manera, busca dejar claro quién es el enemigo y aumentar así las probabilidades de éxito. Identifica a Catilina con sustantivos negativos como furor (podríamos traducirlo por “locura”), audacia (“audacia”), tela (“espada”) y pestem (“destrucción”); y no lo hace solo en ese fragmento, sino que sigue este hilo a lo largo de todos los discursos que conforman las Catilinarias. Esto creará todo un ideario posterior en torno a la figura del conjurador 10 . En contraste, caracteriza a los hombres del Senado como fortis viri. Fortis era uno de los adjetivos más honorables que se podían dedicar a un hombre en esta época, pues no solo hacía referencia a su fuerza, también a su valía y honradez. 10 Salustio, Bellum Catilinae, 5, 1-4: L. Catilina, nobili genere natus, fuit magna vi et animi et corporis, sed ingenio malo pravoque. [...] Animus audax, subdolus, varius, cuius rei lubet simulator ac dissimulator, alieni adpetens, sui profusus, ardens in cupiditatibus; satis eloquentiae, sapientiae parum. (Edición de TheLatinLibrary https://www.thelatinlibrary.com/sall.1.html) “L. Catilina, nacido en una familia noble, tenía un cuerpo y un ánimo fuertes, pero un ingenio malvado y perverso […]. De ánimo audaz, traicionero, caprichoso, algo de lo que le gusta fingir y disimular, buscando el de otro, desbordante de sí mismo, ardiente en deseos; mucha elocuencia, poca sabiduría”. (Mi traducción) 19 5. Pro A. Licinio Archia poeta oratio Hunc ego non diligam, non admirer, non omni ratione defendendum putem? 11 Atque sic a summis hominibus eruditissimisque accepimus, ceterarum rerum studia et doctrina et praeceptis et arte constare, poetam natura ipsa ualere et mentis uiribus excitari et quasi diuino quodam spiritu inflari. Qua re suo iure noster ille Ennius ‘sanctos’ appellat poetas, quod quasi deorum aliquo dono atque munere commendati nobis esse uideantur. [19] Sit igitur, iudices, sanctum apud uos, humanissimos homines, hoc poetae nomen, quod nulla umquam barbaria uiolauit. Saxa et solitudines uoci repondent, bestiae saepe immanes cantu flectuntur atque consistunt. Nos, instituti rebus optimis, non poetarum uoce moueamur? Homerum Colophonii ciuem esse dicunt suum, Chii suum uindicant, Salaminii repetunt, Smyrnaei uero suum esse confirmant, itaque etiam delubrum eius in oppido dedicauerunt. Permulti alii praeterea pugnant inter se atque contendunt. Ergo illi alienum, quia poeta fuit, post mortem etiam expetunt: nos hunc uiuum, qui et uoluntate et legibus noster est, repudiabimus, praesertim cum omne olim studium atque omne ingenium contulerit Archias ad populi Romani gloriam laudemque celebrandam? (Edición de Albertus Curtis Clark, 1956). 11 En otras versiones Hunc ego non diligam? Non admirer? Non omni ratione defendendum putem! ¿Cómo no voy a quererlo, ni admirarlo, ni a defenderlo con todas mis fuerzas? Aprendimos de los hombres más elevados y eruditos que el estudio de las cosas requiere de conocimientos, preceptos y artes; en cambio al poeta le vale solo su naturaleza, se eleva con la fuerza de su mente y se infla como por algún soplo divino. De ahí que con razón nuestro Ennio en persona llamara «sagrados» a los poetas, porque parecen ser una especie de regalo o gracia encomendados a nosotros por los dioses. [19] Así pues, jueces, que sea sagrado para vosotros, hombres benévolos, este nombre de poeta, que jamás deshonraron los pueblos incivilizados. Las piedras y los desiertos responden a una voz, las enormes bestias a menudo se dan la vuelta y se detienen con un canto. ¿Cómo a nosotros, educados en las mejores artes, no nos va a emocionar la voz de un poeta? Los de Colofón dicen que Homero era su conciudadano, los de Quíos lo reivindicaban como suyo, los de Salamina lo pretenden, los de Esmirna aseguran que les pertenece, razón por la que incluso le dedicaron un santuario en la ciudad. Todos ellos, además, se enfrentan entre sí y rivalizan. Y aunque es extranjero, solo porque fue poeta lo buscan incluso después de la muerte. En cambio, nosotros a este, que está vivo, y que es de los nuestros según la ley y su propia voluntad, ¿lo repudiaremos, a pesar de que centró todo su esfuerzo y talento en cantar el honor y la gloria del pueblo romano? (Mi traducción). 20 Con el nombre de Pro Archia poeta se conoce este discurso en defensa del poeta Aulo Licinio Arquias, acusado de carecer de la ciudadanía romana a pesar de haber llevado una vida como ciudadano romano. Originario de Grecia, llevaba muchos años viviendo en Roma bajo el amparo de la casa de los Lúculo. Con la instauración en el 62 a.C de la lex Papia, que perseguía a los usurpadores de la ciudadanía, un tal Gracio acusa a Arquias de estafa. Lo más probable es que detrás de esta acusación se ocultase un ataque político indirecto a su benefactor Lucio Licinio Lúculo, gran amigo del poeta. Cicerón, que venía de recibir honores gracias a los sucesos con Catilina, acepta la defensa, en parte, porque Arquias venía componiendo desde hace unos meses un poema en elogio de las represalias contra el conjurador, algo que favorecía a Cicerón. No existen evidencias de cuál fue el desenlace del juicio. El discurso resulta bastante peculiar, no tiene la formalidad ni el tratamiento de datos de un discurso jurídico, más bien recuerda al género epidíctico o demostrativo 12 . De hecho, el mismo Cicerón se disculpa desde el exordio y advierte de este novo genere dicendi. Más que una defensa política a Arquias, elabora una defensa a la dignidad de la humanitas y a la cultura literaria, las cuales permiten, no solo enriquecer la erudición de los hombres, también elevar su moralidad. Aspirar a ser un hombre de letras supone aspirar a la plenitud de los ideales que conforman al ser humano, y por tanto, los que conforman a un ciudadano. Esta idea es clave, porque Cicerón no solo se valdrá de argumentos lógicos para defender el caso, utilizará también el pathos como invectiva. La naturaleza peculiar de su cliente es la que le permite desviarse de lo jurídico para ofrecer una brillante laudatio al oficio de las letras. En lugar de persuadir a los jueces con llorosas peroratas, hipérboles y frases lapidarias cambiará su estrategia, buscando la suavidad, la fluidez y un tono vibrante en su lenguaje, adecuándose a un estilo más elegante, más propio de su cliente. Mi intención era analizar la declaración de cierre de la defensa, pero considero que la estructura argumentativa que Cicerón pone en práctica en este fragmento es mucho más interesante. Pertenece a la última parte de la argumentatio; Álvaro d’Ors Pérez-Peix en su estudio sobre el Pro Archia lo clasifica como parte de la extra causam. Antes de iniciar el comentario, recordemos en qué consistía el topos. El topos, también conocido como garante argumentativo, relación argumentativa o ley de paso, se 12 Aristóteles estableció tres géneros discursivos: el género deliberativo para la asamblea, el género forense para el tribunal y el género epidíctico para las ceremonias. La finalidad del último era el elogio. 21 trata de una creencia conocida por la comunidad, incluidos el locutor y su alocutario, que permite encadenar un argumento a una conclusión. Cicerón utilizará el garante argumentativo para construir una relación lógica proposicional. Expliquemos esto. Si leemos el pasaje, podemos descomponer su contenido en tres ideas principales: 1. Los poetas son sagrados; 2. Los pueblos incivilizados no desprecian a los poetas; 3. Arquias es un poeta vivo. Llamaremos a estas ideas «premisas». Probar que estas premisas son verdaderas permitirá demostrar que la conclusión extraída también es verdadera. Por ello, Cicerón se centrará en demostrar la autenticidad de cada una de ellas, para lo que usará el garante argumentativo. Todo el fragmento se encadena argumentativamente hacia la misma conclusión: demostrar por qué Arquias es un buen ciudadano. Comenzamos con la primera premisa: los poetas son sagrados. Esto nos lleva a uno de los detalles más interesantes del Pro Archia y que todos los comentarios recalcan: la defensa de la humanitas. Cicerón no pasa por alto la condición de poeta de su cliente y organiza la defensa para vender esta faceta a la audiencia. La humanitas fue un concepto muy popular en los círculos intelectuales de la época debido al auge que tuvo en Roma la labor poética. Aulo Gelio en sus Noctes Atticae llegó a decir que quienes desean y cultivan el conocimiento y las artes son las personas más “humanas” 13 . Los poetas estaban tan bien considerados que se pensaba que eran individuos superiores, inspirados quizá por la divinidad, como Cicerón hace constar: poetam natura ipsa ualere et mentis uiribus excitari et quasi diuino quodam spiritu inflari (“Al poeta le vale solo su naturaleza, se eleva con la fuerza de su mente y se infla como por algún soplo divino”). Platón es el primero que describe una imagen semejante: “En efecto, todos los buenos poetas épicos recitan todos esos bellos poemas no por un arte, sino porque están inspirados y poseídos por un Dios”. (Ión, 533e, traducción de María Isabel Flisfisch). Aunque la intención original del griego era burlarse de los poetas, en Roma se acogió con sentido literal. La sociedad latina era mucho menos crítica con el oficio poético y valoraba las ventajas que tenía para la ciudad, hecho que Cicerón aprovechará como garante para la primera premisa. De hecho, para inclinar aún más la balanza, usa a Ennio como fuente, quien consideraba a los poetas «sanctos». Culmina la primera premisa con una exhortación directa al jurado: Sit igitur, iudices, sanctum apud 13 …quas qui sinceriter cupiunt appetuntque, hi sunt vel maxime humanissimi; huius enim scientiae cura et disciplina ex universis animantibus uni homini data est idcirco humanitas appellata est. (Aulo Gelio (125/130), Noctes Atticae, XIII, 17). “Quienes desean sinceramente y se cultivan en estas artes son los más humanos, pues el cuidado y dedicación a esta ciencia sólo al hombre le ha sido concedido de entre todos los vivientes y, por eso, la llamamos humanidad” (Mi traducción). 22 uos, humanissimos homines, hoc poetae nomen (“Así pues, jueces, que sea sagrado para vosotros, hombres benévolos, este nombre de poeta”). El verbo principal en subjuntivo (sit) es una forma educada de dar un mandato o una orden. Los atributos del poeta se suceden en asíndeton y están organizados en una escala ascendente desde la naturaleza hasta la inspiración divina. Atque sic refuerza al verbo accepimus haciendo al predicado más destacable para el lector, para luego contrastar los tres ablativos que describen el carácter técnico de studia con las caracterizaciones del poeta, y así darle un énfasis positivo. Nótese que Ennius va reforzado con el deíctico enfático ille, que enfatiza su persona, algo parecido a “el mismo Ennio” en castellano. Continuamos con la siguiente premisa: “Los pueblos incivilizados no desprecian a los poetas”. La encontramos a partir del epígrafe 19 y se conecta con el final de la primera premisa. La transición, más allá de marcarse con el operador igitur, se efectúa mediante la repetición del término sanctum, que Cicerón ya no utiliza en esta ocasión con valor metafórico. Que el sintagma sanctum apud vos anteceda a la cláusula adulativa humanissimos homines tiene intención enfática. Tampoco los animales ni los seres irracionales resultan inmunes a los encantos de la poesía: Saxa et solitudines uoci repondent, bestiae saepe immanes cantu flectuntur atque consistunt (“Las piedras y los desiertos responden a la voz, las enormes bestias a menudo se dan la vuelta y se detienen con un canto”). Estos pasajes encierran un significado implícito, ya que ambos son referencias directas a dos mitos muy conocidos: el de Anfión, cuya lira elevó las piedras de los muros de Tebas; y el de Orfeo, quien amansaba a las fieras con su música. Dos referencias mitológicas de saber general que Cicerón aprovecha también como fuente. Siguiendo con la segunda premisa, Cicerón hace explícito un listado de pueblos que pelearon por demostrar la ciudadanía de Homero. Todos los lugares mencionados son casos reales de ciudades extranjeras que se disputaron la ciudadanía del autor en el pasado, como enumera Álvaro d’Ors Pérez-Peix (1940:48) . Podríamos considerarlo como otro argumento de autoridad, ya que cuenta con respaldo verídico. La relación lógica que se busca enlazar es la siguiente: si unos pueblos inferiores al nuestro son capaces de alabar a un poeta, cómo no vamos a hacerlo nosotros. Destacamos dos aspectos de esta premisa: en primer lugar, la barbarie que define Cicerón guarda un contraste implícito, pues a pesar de su inferioridad, son seres sensibles a los encantos de la poesía; y en segundo, la utilización de mitos como 23 argumentos de autoridad en una intervención pública, que de nuevo demuestra por qué Cicerón se disculpó antes de la ponencia. Respecto a la sintaxis, la oración está moldeada en gran estilo, ya que las tres proposiciones (la de saxa et solitudines, la de bestiae y la introducida por nos) se exponen de manera paratáctica y en asíndeton, y los sujetos de las dos primeras se oponen al sujeto de la tercera en una progresión tripartita de sujetos inanimados hacia sujetos animados. La parentética instituti rebus optimis resulta esencial para realzar la intensidad de lo que demanda Cicerón: que toda la humanidad debe reconocer y saber valorar el poder sobrenatural e irresistible de la poesía. El cambio de una oración declarativa a una interrogativa es efectivo. El catálogo de patrias se construye con oraciones breves e independientes en las que solo la primera tiene una construcción subordinada. Justo en esta primera oración, el posesivo suum se desplaza elegantemente para marcar énfasis y cadencia. Sintácticamente, las cuatro oraciones tienen estructuras paralelas que logran un efecto enfático, sobre todo por los predicados, cuyos significados van reafirmando y expandiendo la misma noción logrando un efecto de amplificación. Cicerón concibió toda esta parte como una unidad, cuyo movimiento está marcado por los operadores vero (“realmente”), itaque (“de modo”) y praeterea (“además”). La falta de un intrincado entretejido sintáctico a favor de expresiones paratácticas más marcadas no es un signo de composición superficial; al contrario, busca evocar de la manera más fuerte la veneración que otros pueblos presentan hacia los poetas. Cicerón no busca una periodicidad ornamental, sino más bien un mensaje claro, directo y fuerte. Veamos la tercera y última premisa: “Arquias es un poeta vivo”. La relación lógica de esta premisa es la más clara, ya que Cicerón la expone directamente a la audiencia: Ergo illi alienum, quia poeta fuit, post mortem etiam expetunt; nos hunc uiuum, […] repudiabimus. (“Por tanto ellos, aunque es extranjero, solo porque fue poeta lo buscan incluso después de la muerte; en cambio, nosotros a este, que está vivo […] lo repudiaremos”). Es clave que Arquias esté vivo porque de este modo puede contribuir a la comunidad. Recordemos que Arquias había comenzado un poema que trataba la represión contra Catilina, y estas recopilaciones historiográficas eran muy útiles para el Imperio, interesado en compilar sus hazañas más emblemáticas. Cicerón es un genio, porque concentra el plan de la defensa en vincular la humanitas a la civitas siguiendo el razonamiento lógico. Si la humanitas es algo que 24 beneficia a la comunidad, entonces aquel que se entregue a ella será un buen ciudadano. Al ser una conexión lógica, es razonablemente irrefutable, y ello convierte a su cliente en inocente. La lógica no es la única herramienta crucial en el discurso. Las laudationes son vitales para evitar el rechazo de su audiencia: humanissimos homines (“hombres benévolos”), nos, instituti rebus optimis, (“a nosotros, educados en las mejores artes”) y ad populi Romani gloriam (“a la gloria del pueblo romano”). Cicerón creía firmemente que los elogios y los honores podían influir en las acciones de otros. También el elemento emocional, que aparece al comienzo del fragmento: “¿Cómo no voy a quererlo, ni admirarlo, ni a defenderlo con todas mis fuerzas?”. Cicerón trata de extender su visión personal (argumentum ad hominem) a la audiencia. La condición de poeta de su cliente no es el único motivo de por qué el orador decide emplear el pathos como invectiva. Lo hace, también, para restar importancia a los posibles contraargumentos que puedan incriminar a Arquias. En la primera parte de la argumentatio (epígrafes 4-11), Cicerón presentó los argumentos lógicos: que Arquias tenía la ciudadanía en varias ciudades aliadas de Roma, que su residencia estaba en Roma y que nunca se presentó al censo por hallarse en el extranjero. Sin embargo, estos argumentos tenían una serie de vacíos que su adversario podía aprovechar para contraatacar. Como Cicerón sabe de esta inconsistencia, ello explicaría por qué se decanta por una última parte argumentativa más encaminada a lo emocional. El tono del fragmento es sincero y entusiasta y el movimiento del discurso se intensifica progresivamente. Según Harold C. Gotoff, Cicerón hace uso de una variedad de tonos que van desde la dicción “media”, la cual da encanto y ornamentación, a un estilo casi epidíctico pasando por una dicción más elevada que transmite intensidad y entusiasmo 14 . 14 “… we find the audience treated to a variety of tones, ranging from a "middle" diction that lends charm and ornamentation to the exposition, to a self-consciously ornamental, almost epideictic style, to occasional flights into a more elevated diction reflecting the intensity of the speaker's enthusiasm”. (1979:174) 25 6. M. Antonium oratio Philippica tertia [19] Sed quid fecit ipse? Cum tot edicta proposuisset, edixit, ut adesset senatus frequens a.d. VIII Kalendas Decembres: eo die ipse non adfuit. At quo modo edixit? Haec sunt, ut opinor, verba in extremo: 'Si quis non adfuerit, hunc existimare omnes poterunt et interitus mei et perditissimorum consiliorum auctorem fuisse.' Quae sunt perdita consilia? An ea, quae pertinent ad libertatem populi Romani recuperandam? Quorum consiliorum Caesari me auctorem et hortatorem et esse et fuisse fateor. Quamquam ille non eguit consilio cuiusquam, sed tamen currentem, ut dicitur, incitavi. Nam interitus quidem tui quis bonus non esset auctor, cum in eo salus et vita optimi cuiusque, libertas populi Romani dignitasque consisteret? [20] Sed cum tam atroci edicto nos concitavisset, cur ipse non adfuit? Num putatis aliqua re tristi ac severa? Vino atque epulis retentus, si illae epulae potius quam popinae nominandae sunt, diem edicti obire neglexit, in ante diem quartum Kalendas Decembres distulit. (Edición de Quetglas 1994b:79-80). [19] ¿En cambio qué hizo él? Una vez expuso tantos edictos, anunció una reunión el 24 de noviembre para que acudiera el mayor número de senadores; pero aquel día él no acudió. ¿Y de qué manera la anunció? Creo que terminaba con estas palabras: «Si algún senador no acudiera, todos podéis considerarle autor de mi ruina y de los más perniciosos proyectos.» ¿Cuáles son estos proyectos perniciosos? ¿No son acaso los que se encaminan a que el pueblo romano recupere su libertad? En ese caso, de tales proyectos confieso ser y haber sido yo el autor y el incentivador de César. Que aunque él no necesite incitaciones, he estimulado, como se dice, su acertada inclinación. ¿Por tanto, qué buen ciudadano no querrá ser autor de tu ruina, cuando de ella dependen la salvación y la vida de los mejores y la libertad y dignidad del pueblo romano? [20] Pero después de habernos convocado con un edicto tan atroz, ¿por qué no vino él? ¿Acaso pensáis que por alguna causa desafortunada y grave? Retenido por el vino y los banquetes, si merece el nombre de banquetes y no el de orgía, no se preocupó de ir el día de la reunión y la aplazó hasta el 28 de noviembre. (Mi traducción)