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Examen del curso de instituciones teológicas del Arzobispado de Leon, conocidas bajo el nombre de Teología Lugdunense, condenadas solemnemente por decreto de la Santa Silla Apostólica de 17 de diciembre de 1792 : precédenle unas notas históricas... y se añade por apéndice la reimpresion mas correcta y aumentada de las observaciones publicadas en Madrid...

Martínez Dávila, Francisco

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es ZN. EXAMEN : E DEL CURSO “DE INSTITUCIONES TEOLÓGICAS DEL ARZOBISPADO DE LEON, CONOCIDAS BAJO EL NOMBRE / DE TEOLOGIA LUGDUNENSE, -CONDENADAS SOLEMNEMENTE POR DECRETO - DELASANTA SILLA APOSTÓLICA DE 17 DE DICIEMBRE DE 1792» PRECÉDENLE unas Notas históricas muy interesantes, y se añade por Apéndice la reimpresion mas correcta y aumentada de las Observaciones publicadas en Madrid el año pasado sobre dicha Teología, OFICINA DE DON FRANCISCO MARTINEZ DÁVILA, impresor de Cámara de S. M, 1325. | MADRID: b / se , e E, PA A o a A LS ADE E A Y AN 1 ADVERTENCIA DEL EDITOR. 23 E des ansiosa solicitud con que los Reformadores procuraron extender en los últimos tiempos la Teología dicha de Leon, ósea Lugdunense, en todas partes, y el empeño que tuvieron en pro-. ponerla por texto en sus planes de estudios, exigian que los buenos hiciesen ver los errores políticos y teológicos en que abundaba, para que los incautos se precaviesen de su lectura. Han sido muy oportunas unas Observaciones publicadas en el año anterior, donde descubiertos sus errados principios, se ha= cian notar en sus consecuencias la destruccion de la Religion, y la ruina de las Monarquías; y habiendo ahora llegado á nuestras manos el presente lu- Minoso Exámen, creemos hacer un servicio 4 Dios én publicarlo, como lo hacemos estimulados de personas celosas; El estilo es claro y perceptible: ya di- vidido el Exdmem en dos partes, y cada una de ellas distribuida en artículos. Precédenle unas Notas históricas no menos interesantes para que se vean los manejos de una secta hipócrita. Quiera Dios que produzca los bue= nos efectos que se desean. Al mismo tiempo juzgamos conveniente añadir por Apéndice la reimpresion de dichas Obsereaciones enmendadas y aumentadas. Una Teología solemnemente condenada por la Santa Silla y por todos los Obispos de Francia, Italia y Alemania, y muy alabada por los Protestantes y sábios del dia,mo puede engañar ya mas que á los. que quieren el en- —gaño y se obstinan en él, NOTAS HISTÓRICAS sobre la Teología de Leon, conocida en España bajo el título de Lugdunense, y sobre su protector Mr. de Montacet, arzobispo de Leon. OBJETO DE ESTAS NOTAS. Tesco estas Notas para que ayuden á desengañar á las personas de buena fé, que habiendo leido con gusto la Teología de Leon, y encantadas del método y estilo de esta obra tan claro como elegante, no han tenido motivos de sospechar de su doctrina viéndola concordada con las aprobaciones ordinarias, recomendada y propuesta públicamente á una gran diócesi por un Prelado, cuyos escritos en favor de la Religion y contra los incrédulos le habian hecho recomendable, sobre todogen las tierras distantes, á los amigos de esta misma Religion: como natural de la misma diócesi, educado , partidario y confidente de aquellos que han coniribuido á la composicion y publicacion de esia Teología , yo puedo dar y daré noticias tan ciertas como interesantes por lo tocante £ la persona de Montacet , de quien es importante que formen una justa idéa , sin añadir sobre lo que era entonces notorio en su arzobispado y en to. da la Francia. Por lo que hace á la historia me. nos conocida de los ardides y supercherías que se han empleado para sorprender la aprobacion de un doctor de la Sorbona, la contaré delante de Dios con la mayor franqueza y fidelidad de que soy capáz , cual me la contó en aquel tiem= po la persona misma que se jactaba de haberlas inventado y puesto en ejecucion , es á saber, Mr. Darles, cura por desgracia muy célebre en la diócesis de Leon, contidente y favorito de Mr. de Montacet , escogido desde luego por este Preladu para reemplazar en su seminario de san Cárlos los profesores católicos que habia expelido , y proveido despues en él los beneficios mas píngues de la: diócesi, en recompensa del furor que mostró en combatir el primero en esta escuela contra la doctrina antigua, y enarbolar en ella el estandarte de la novedad. La confianza que hizo de mí este sectario» y el conocimiento que me dió de la ¡mala fé y de los manejos diabolicos del partido, es una de las cosas que mas han contribuido , á Dios las graa cias, á hacerme conocer el espíritu verdadero de la secta , y á desprenderme de ella. Yo espero que la publicacion de este descubrimiento producirá el mismo efecto en las personas sinceras y francas, que situadas á una larga distan= cia no podian sospechar tanto artificio y mentira, no pudiendo ver mas que la autoridad aparente de la aprobacion; y los elogios que acompañan á esta obra de las tinieblas : 7 IDEA é Mr. de Montacet , arzobispo de Leon , primado de las Gaulas , y Protector de la Teología. Mr. de Montacet, de una familia bastante distinguida de la Gascuña , comenzó sus estudios eclesiásticos en el seminario de san Sulpicio de París, de donde se hizo excluir. Despues de haber acabado sus estudios pasó en calidad de Vicario general á hacer los ensayos de su ministerio, y formarse con el archisjansenista Mr. de Fitz de James, obispo de Soisons. Supo apro. vecharse de las lecciones de tan gran maestro, y sobre todo de su recomendacion para con el partido parlamentario, la quele valió el obispado de Autun, donde continuó en ganar la estima. cion y favor de este partido, edificándole con «sus instrucciones pastorales, cuyos principios fueron muy del gusto de la secta, y merecieron sus aplausos y elogios. Cuando murió el Cardenal de Tenzin, arzobispo de Leon, Mr. de Montacet se halló por los derechos de la Silla administrador de esta Iglesia primacial en lo es= piritual y en lo temporal, y por consiguiente juez del arzobispado de París, resultas de la primacia. Mr. de Beaumont, que gobernaba entonces esta Iglesia de la Capital con la pru. encia, celo y firmeza que le acarrearon el hon. r0s0 aborrecimiento de los novadores, y le ga. naron con los Católicos el sobrenombre del Ata. nasio de su siglo; Mr. de Beaumont, digo, aca- - baba de fulminar las censuras para abatir la 8 altanería orgullosa de una comunidad de reli. giosas de París , que extraviadas y seducidas por los:sectarios se obstinaban en no conocer la voz de su Pastor en las instrucciones y exhortaciones paternales que las habia dirigido, y la de toda la Iglesia en la constitucion Unigenttus, con otras decisiones, á las que rehusaban terca. - mente someterse. Instruidas estas religiosas de las suposiciones de Mr. de Montacer , y de las esperanzas que habia concebido de él el partido, recurrieron á él, y apelaron de la sentencia de su Prelado al tribunal de la Primada. Mr. de Montacet supo aprovecharse de una ocasion tan preciosa para asegurar el favor parlamentario; justificó perfectamente la opinion favorable que se habia concebido de él; condenó a Mr. de Beaumont; libró á las religiosas de la pretendida vejacion que habian sufrido, y consiguió el título de la silla de que habia sido administra. dor con tanta destreza. | Hecho arzobispo de Leon y primado de las Gaulas , se declaró Mr. de Montacet protector tan celoso como poderoso del partido á quien era deudor de su elevacion , y de quien espera=. ba todavía nuevos favores. Levantó desde luego el entredicho con el que sus predecesores habian ereido deber sujetar las comunidades de esta diócesi que se habian mostrado tenáces en la res elion contra las decisiones de la Iglesia y constituciones apostólicas relativas al Janse= nismo. Volvió á abrir las escuelas que la mala doctrina de los profesores habia hecho cerrar en los 9 ES cata precedentes, estableciendo otras nuevas en favor de la nueva doctrina, y Persi- —guiendo ó destruyendo á los que no podia seducir y corromper. Así, por ejemplo, viendo que le era imposible mudar la enseñanza é introducir sus novedades en las escuelas del se» minario de san Sulpicio, toma el partido de estorbar á sus diocesanos el frecuentarlas , mos= trando el mas constante desprecio á todos los que hubiesen recibido en ellas su educacion eclesiástica , al mismo tiempo que obligaba frecuentar las de el Oratorio, san José, élc. cuya enseñanza era conforme á sus principios, Í | | j | Ñ . Y colmando de favores á los que salian de éstas». Inutilizó él mismo, y aun destruyó enteramente el seminario y las escuelas de los clérigos de la Iglesia primada, rehusando ordenar Á todos los de esta Iglesia que no habian hecho sus estudios en las otras escuelas. Expelió tambien los profesores ortodoxos de su seminario diocesano de san Cárlos , reemplazáudolos por Maese tros jóvenes, tan faltos regularmente de ciencia como de costumbres , cuyo inayor mérito con= sistia en mostrar un celo ardiente por la doctri-. na de Monseñor, y un alto desprecio de la Santa Sede y de las autoridades mas respetables de la Iglesia : acogió , protegió, honró, Y Se llamó á los extrangeros, ya seculares yd IC8U- lares, cuyos sentimientos hubieran sido causa de que sus respectivos Obispos les hubieran puesto entredicho ó los hubieran suspendido: cuales eran entre otros los Padres Lambert, Causanel, Doboucher, á quienes en lo sucesivo se / 8 46 | bian introducido en la diócesi de Mendé ; per “su Obispo advirtió bien presto el daño por la reclamaciones de su clero, y por las inquietudes, que comenzaron á excitarse , y no tardó en pro hibir su estudio. : En fin, el año de 1791 fué denunciada á la asamblea de el clero de Francia, y éste se ocupaba sériamente en su censura, cuando vino un ministro á mandar en el nombre del Rey, que se suspendiese este negocio, y que se evitase todo estrepito , asegurando que la córte tomaria medidas suaves , que atendiendo á la persona de Mr. de Montacet, no remediarian con menos efi= cácia los efectos perniciosos que podria producir esta Teología. Se sabe posteriormente que la Santa Sede la condenó en 1792, y que el Santo Padre la ha hecho poner en el índice de Roma ; y el empeño de los reformadores de España en proponerla por texto de lectura confirma cuanto se lleva dicho : si á esto se añade la triste experiencia de que las diócesis de Francia donde se enseñaba la teología por este curso, fueron las que mas abunda. ron de eclesiásticos juramentados , creo que sin temeridad podremos poner ésta entre las pruebas de que los Jansenistas han sido siempre Jacobinos, Hoy se hallan severamente proscritas y desa terradas de todas las escuelas y seminarios de Francia, así como de los demas reinos católicos, ln ME A A a tc ASP 17 EXÁMEN DEL CURSO DE TEOLOGÍA DEL ARZOBISPADO DE LEON. AAA Y AAA INTRODUCCION. 1. L, mismo que parece debia sernos un grande impedimento en la empresa que tomamos, nos sirve del mas poderoso estímulo para empeñarnos en ella. Vamos á declararnos abiertamente contra un curso de teología, y á mani- —festar que no solo es inutil, sino perjudicialísimo, y aun sospechoso de muchas heregías, sin: embargo de verse aplaudido y recomendado por un grande número de maestros, y leido y estu- -diado por una muchedumbre acalorada de discípulos; porque en lugar de causarnos espanto los aplausos que dan á la obra que hemos de vituperar , nos llena de compasion el verlos cor- Ter tan gozosos como inadvertidos en pos de una falsa y engañosa guia, que los conduce al precipicio. Muchos son los que siguen este camino sin advertir sus peligros, fiados ciegamente en las voces de aquellos que, ó por malicia ó por Amor á la novedad, se le recomiendan, y faltos luces para advertir los lazos por donde caminan. Otros, y éstos tal vez no son pocos, cono» ciendo estos lazos no los huyen, porque los aman, bien hallados en la senda torcida de la iniquidad. Por tal tenemos á la Teología Lugdu- 2 18 ] mense, ó del arzobispo de Leon, que es la que nos proponemos combatir, Los que penetrando sus máximas», y el fin á que se dirigen, la recomiendan , no podrán menos de dar 4 nuestro fa. ¡vor el voto secreto de su conciencia, cuando la - converzamos de Jansenismo, y solo exteriormente procurarán ocultar ó hacer menos horroroso este monstruo, que vamos á descubrir, Al verle á las luces de la verdad y del desengaño los que inadvertidos la estudian, serán tambien de nuestro parecer , y aprovecharán el desengaño. Por lo cual ya intericr ya exteriormente serán á favor de esta obra los que parece nos deberian em. barazar el emprenderla. os 2. Ni somos los únicos que hemos llegado á conocer la malicia de la Teología Lugdunense, ni nos queremos atribuir la gloria de ser los pri. meros en descubrir á este enemigo oculto y disfra. zado. Muchos varones sensatos miran con dolor la estimación que se hace de esta obra peligrosa y la confianza que se dispensa á quien á «culó de ilustrar la juventud , solo intenta seducirla. Acaso eutre éstos ha sobresalido el Catedrático de Prima de Teología de una universidad del reino, que bien instruido en las artes y disfraces del Jansenismo, penetró muy á fondo los de esta Teología; y Sin embargo que sus muchas ocu= paciones y quebrantada salud le embarazaban el. tomar la pluma para descubrirlas, se vió pre cisado á hacerlo en Su escrito dirigido al Rector de otra universidad, para atajar el fuego que esta obra iba fomentando en ella. Pero habiéndola trabajado muy de prisa por urgir entonces el A A A A A A . 19: el remedio, no pudo hacerlo con el órden y cla. ridad que exige un manifiesto desengano. Ved, pues, lo que nosotros, que nos gloriamos de discípulos de tan sábio y santo maestro, intentamos en este escrito; á saber, aclarar , ordenar y aun epilogar las observaciones que nuestro catedrático hizo sobre la Teología Lugdunense, para que sea mas comodo y conveniente el desengaño. Así, pues, los materiales de esta obra serán todos suyos, á excepcion de algunos po-: cos que añadiremos segun lo exigan las circunstancias. Esta obra se reducirá 4 dos puntos princiales. Pa . : E Primero: Que no es acreedora á la grande esti mación que se le da la Teología Lugdunense. Segundo: Que en ella se enseña disfrazado el Jansenismo. 20 | PARTE PRIMERA, ——— O AR ARTÍCULO PRIMERO. No justifican al curso Eugdunense las aprobaciones que le preceden, -3 “Al primer paso que damos para privar á la Teología Lugdunense de la Cstimacion que injustamente se ha grangeado, saldrán 4 contradecirnos en el juicio de los que se pagan mucho de exterioridades, los pareceres de los teo. logos y censor regio que la aprueban, y el exá. men y correcciones de los maestros que la han exáminado, Tal vez con todo este aparato se habrá propuesto el Lugdunense poner al primer paso al que quiera vituperarle en la precision de pasar por la nota de atrevido y temerario. Pero la verdad, superior á toda autoridad , manifes. tará que no lo somos eu clamar contra quien ha sabido ganar tantas recomendaciones, Si no pro. bamos lo que hemos propuesto, lluevan en hora buena sobre nosotros dictérios y baldones por nuestro atrevimiento; pero si desempeñamos feliz. mente nuestra empresa, entonces deberá ceder 4 la razon la mas eminente autoridad, Fuera de esto las aprobaciones de muchos doctores, aun de la Sorbona (Polit. sec. P. 2,P. 2.) dadas á varias obras de Jansenistas, ¿han impedido á ésta el que las repruebe, y á la Iglesia el que las cargue de ana. témas : No examinamos ahora la estimacion que por sí merezcan los personages que han aprobado la Teología Lugdunense, pues este exámen o ds 21 Pudiera ser odioso y peligroso; pero no ighora- Mos las vivas diligencias que en todo tiempo han echo los Jansenistas por cubrir sus errores, con la capa de autorizadas aprobaciones Digalo si Ro la Iglesia de Utrech tantas veces excomulgada por la Silla Apostólica, con las inumerables cartas:con que ha inundado el orbe cristiano repetidas veces, queriendo oponer á las censuras de Roma la comunion de las demas iglesias, que en ¡vano ha solicitado. De esta industria ha podido tambien valerse el Lugdunense, ó para dar este salvo conducto al Jansenismo, si cs que lo ensefa , así como los Jansenistas se lo quieren pro- -porcionar con la pretendida autoridad de san Agustin, 6 por conciliarse estimacion y hacer un papel respetable en la república literaria, que es el partido mejor que por ahora le podemos conceder, 4. Aun pudieramos añadir , (Polit. sec. P. 1,2 m. 3) que siendo uno de los principales caracteres del Jansenismo el disimulo, sus disfraces é hipoeresía le concilia la estimacion de muchos inadvertidos , y habiéndose extendido por todas par= tes de un modo que causa admiracion , noes de extrañar que halle amigos que le protejan. Si uno ú otro, óámbas á dos cosas habrán sucedido con la obra del Lugdunense, se verá despues cuando Se le convenza de Jansenismo: pues por ahora tratamos solo de probar que no es obra tan aprecia. * Como muchos atolondrados imaginan: y que por ella no ha amanecido una nueya luz en la república de las letras. 22 | j SAR TÍCULO. MA Son insuficientes las razones que el Arzobispo alega Para la publicacion de su curso. : “5... Seesfuerza mucho el Arzobispo de Leon en el mandato Pastoral, pág. 3 usque ad 7, con que á manera de Prólogo recomienda su nuevo curso, en multiplicar motivos, que dice le han precisado ,4 publicarle. Pero todos están eludidos con solo oponerle el compendio que trabajó Pedro Collet, en el que los jóvenes tienen un curso Proporcionado, de estilo puro, y ageno de las sutilezas puramante escolásticas ; en él encuentran la edifia ¿cacion, y cuanto han de menester para su pera «fecta enseñanza, El Arzobispo de Leon no podia menos de tener noticia de él segun la erudicion . que afecta , y por la grande estimacion que Colot se ha grangeado en Francia y fuera de ella y con. mucha razon , porque él solo ha consegui. do el fin quese han propuesto un sin número de compendios. Ni puede ponerle en el número - delos casuistas lapsos , pues fuera de las materias que hacen relacion á su sistema, es bien cierto que ni el Arzobispo, ni todos los de su partido ¿discurren con mayor estrechéz ni zelo que Collet. 1.6. Este ademas, aunque lleva opiniones con. trarias á las que se sostienen en el curso Lugdn. - hense, nada calla relativo á ellas: dice lo que ha en favor y en contrario, esfuerza sus pruebas; “Pero no propone con menos fuerza y sencilléz los argumentos que les Opone. Todo esto falta al Curso Lugdunense; cuyo silencio en muchas materias , principalmente en las relativas á Janse= s“. «A A e a ti ATA PRADA tl tc a A Sn TICA AAA AT CTA ca cc A AS AAA A rr tiza nio, nosolo priva á la juventud , cuya instruccion afecta buscar, de la que es sumamente Necesaria, sino que le hace muy sospechoso, CO= mo despues probaremos de intento , manifestan- - do lo insabsistente de las excusas con queintentan justificarlo; y cuyos rodeos y artificios no se componen bien con la ingenuidad y sencilléz, que son el carácter de la verdad. 7. Al reflexionar ésto, de que es preciso que: de convencido cualquiera que sin pasion y con solas medianas luces emprenda el cotejo de Colet y el Lugdunense, no puede menos de maravillarse de ver, que sin embargo de ser aquél tan superior á éste, se defienda, y aplauda con tanto empeño , queriendo sostener sus doctrinas y propagar su estudio con un valor que ya lle. ga á formar partido. Este calor en unos será so» lamente un efecto regular del amor propio , que hace que se sostenga con empeño lo que una vez se ha aprendido , y pone mil pretextos para eludir cualquiera desengaño. Pero en otros dá mus cho que recelar de que.en el Lugdunense sostienen las máximas de un partido fav.rito , en que estando muy interesados , les hace tomar tanto ardor su defensa y propagacion. ARTÍCULO JUL Las artes de que usa el Lugdunense le convencen de poca sinceridad. I 8. Hemos tachado de poca sinceridad al Lug. dunense , y no queremos se nos crea sobre nues. tra palabra, ni usamos de la autoridad y satis- 24 do con seguridad lo que es falso ó dudoso, Quien lea con reflexion y sin pasion su obra, notará muchos artificios, de los cuales no necesita la verdad , y usa para disfrazarse la hipocresía. Advertirá, sientra á observarla con algun recelo ó precaucion, por cuya falta no lo han no. tado muchos que le leen con entera confianza, un arte en prevenir los ánimos, y captar la benevolencia de los lectores. Arte en antjo; par ocultamente lo que es preciso que se le eche en cara. Arte en prevenir la salida , y esta tal, que deje avergozado al que quiera contradecirle. Arte en decir lo cierto, y enlazarle diestramente con lo incierto Ó falso. Arte en insinuar lo peligroso, con tal habilidad , que no excite la mas Pequeña sospecha. Arte en abrazario á la deshilada, co. mo solemos decir, y en confirmarlo con disimu. lo , y como quien nada hace. Arte en dejar sali das á sus doctrinas , para que el lector bien ina tencionado se las conceda, siendo necesario. Arte En poner armas y precauciones secretas, que hagan á diestro y siniestro, segun la cualidad y disposiciones de los lectores. Arte finalmente so. bre todas las artes de que se vale en el silencio que observa en no nombrar el partido que sigue, y en sostener sus doctrinas. Este último por sí > solo le hacen muy Sospechoso de Jansenismo, Co. mo despues se manifestará; y tambien los dos anteriores , pues segun la política secreta del Janse= másmo uno de sus medios, y es el sexto, es el tratar de diverso modo á las personas que tengan diferentes disposiciones de espíritu, facción propia del partido que sigue, afirman. | | : . 25 9. Pero no avanzando á tanto por ahora, es menester que se confiese , que tanta multitud de artes acreditan al Lugdunense de poco ingénuo. Porque á quien sostiene la verdad , bastan las luces de ésta para persuadirla, y solo echa mano de los medios que enseña una buena lógica, de los artificios de la retórica , y de la dulzura de la elocuencia, ARTÍCULO 1v. La poca fidelidad del Lugdunense en las citas le tacha de poco verdadero. -10. He aquí otra prueba mas convincente de la poca sinceridad , y aun verdad del Lugdunense , tomada de las citas que hace de varias autoridades con ninguna exactitud ni fidelidad. Esta falta es comun á otros autores, á quienes no por ella se debe tachar de poco ingénuo. Pero como el Lugdunense , segun sus apasionados, es un hombre en quien no cabe malicia, su poca fidelidad en las citas le hace sospechoso. 11, Queriendo negar en Dios la voluntad antecedente con los fines, que anotaremos despues, cita en la pág. 108 á Bañez; pero no explica, que éste sostiene problemáticamente las dos sentencias sobre este punto , respondiendo á Unos y á otros argumentos, y que la voluntad que niega en Dios, siguiendo la sentencia más probable, es aquella que se entiende con el nom. bre de welcidad, la que dice, que basta que se ponga en Dios eminenter, Todo esto calla, por. que á él solo le acomodaba excluir con la pre- 1 32 : S E | do con que se hace, no desaprueban la pri méra sentencia bien entendida : No propo otra mejor el Lugdunense 5; 3 pues por qué def en el ánimo del Lector varios recelos de ellas ¿Por qué la desprecia contra la autoridad de sal Agustin y santo Tomás, sino para dejar sin Luí á sus discípulos, á quienes debia ilustrar en ul punto tan delicado * Porque la razon en quí se funda dicha sentencia no alcance á explical enteramente la contraccion del pecado, no basta; porque lo mismo sucede con ella en los demaí misterios, en los que no alcanza á manifestarlo$ claramente, sino á declarar su congruencia , y dar razon de sus efectos. slo e b b 1 1 ] 1 : ] | | ARTÍCULO VI Se examina la biblioteca qe propone el Lugdunenst 4 sus discípulos. A Á 23. La biblioteca que el Lugdunense propo* ne á sus discípulos le convence tambien de por ca ingenuidad , por no decir de conocida y res finada malicia. Propone en ella mas de ciel obras , cuyo veneno es conocido, y así en España muchas de ellas están enteramente condes. nadas, Otras tachadas , y otras detenidas hasta ser examinadas con diligencia. Ya se teme que se le ha de tachar por esta biblioteca 5 y previ-! niendo la salida , dice en la nota segunda que él no aprueba todo lo que hay en los escritos que cita, siendo algunos de hereges; y que por: tanto se lean con cautela. Esto se compone ma) con la nota primera , €n la que dice, que su bis 1 ] 83 blioteca es selecta, y de los autores de mas nombre, Porque si las máximas que muchos Contie, nen son peligrosas, ya no es selecta para la ins- . truccion de la juventud, que puede encontrar igual enseñanza en otros autores, que nada tienen de sospechosos. ; Pues por qué no propone á éstos, y no solo omite, sino tacha á los demas para que no se lean ? Véase aquí verifica— do lo que antes deciamos , que algunos con po» ca sinceridad edifican con una mano, y destruyen con otra, Esto sucede con la nota primera y segunda. o : 24. Dice que la biblioteca la propone para que usen de ella los ya medianamente instruidos en la teología. Y que la instruccion que en sus cursos les proporciona, los pondrá en estado de discernir lo malo y lo bueno de los auto. «es que propone, cuando para conocer los dis. fraces de muchos es necesario una instruccion cumplida, y un talento despejado. ¿No seria mejor que de cada uno en particular hiciera su crítica, diciendo : v, gr.: éste es herege: en tal tratado aprovecha : en el otro debe leerse con cautela; y así de los demas respectivamente? Es- to ademas de ahorrar mucho tiempo á la juventud , excusándola el trabajo de leer lo que des. Pues ha de desaprobar, la desviaba del peligro de que entrando á leer las obras peligrosas sin la Competente instruccion , por su innata curio. sidad, quedase ya seducida en la prueba que debe hacer para seguir ó desechar, 25: - Ommitimos la reflexion que pudieramos «hacer sobre que no desecharán muchas obras pe- y : 34 ligrosas los jóvenes que hubieren quedado im buidos del curso Lugdunense, por hallarlas muy! conformes con los principios de éste. El afianzar éstos con la lectura de aquéllas es lo que inten. ta el Arzobispo, y que las semillas que esparce. en los ánimos de los jóvenes en su curso, crez= can y arraiguen con el estudio de la biblioteca, “Esto quiere, y no la verdadera instruccion d la juventud. ARTÍQULO: Vii... Crítica del Lugdunense por las ediciones de que se vale. .y: pic RDA 26. Semejantes á la biblioteca son varias edi ciones de autores sanos que cita en el cuerpo de. la obra. Es parte de la erudicion del dia el citar las ediciones de los autores. No se puede Degar que esto es útil, y algunas veces necesario , como cuándo en las últimas se ha variado el órden: de los tratados ó volúmenes. Pero tambien es cierto que las nuevas ediciones, principalmente. de santos Padres son un lazo peligroso para sembrarse en ellas las heregías con tanto mas disi.. mulo, cuanto procuran cubrirse con la capa de su autoridad. Esto sucede unas veces viciando | el texto de los santos: Padres , con pretexto de muchas traducciones. (Poli“sec. p. 2: pe 3. ) Así lo hiciéron'los Jansenistas en la traduccion de unos Í sermones de san Bernardo á la "lengua francesa, ! impresos en 1663. En eb serimon 20 dice el Santo hablando de saw Pedro: Erat bene instructus , sed. parum adjutus. Y los Jansenistas tradujeron: No. Í j E E ' 35 le faltaba conocimiento; pero le faltaban socorros, Estas últimas palabras atribuyen á san Bernardo una de las cinco proposiciones condenadas. En el sermon 30 hacen tambien decir al mismo san- to Padre: Que el mandamiento de caridad. in actu es imposible de cumplirse , invirtiendo en la traduccion las palabras del original, 27, Este artificio de injerir heregías en las nuevas ediciones de los autores sanos , se hace mas comunmente en las notas, adiciones , sinopsis , fragmentos , apendices y disertaciones for= madas sobre los originales. En prueba de esto véase la confesion del secretario de Quesnel Arnaldo José de Brigo de la causa Quesneliana pág. 435, donde cita á san Agustin ,san Ba. silio, san Ambrosio y san Leon, y constará la fecha de estos artificios. En los sermones de san Leon impresos en Venecia en 1748, en la sinopsis del sermon 19, pág. 7 se dice; Omnia Precepta continet charitas, qua homo d bestia discer aitur. En la del sermon 30, pág. 14 se hallan estas palabras ; Petrum et Paulum Petro consocia. tum , duo preclara divini seminis esse germina ::: in Petro et Paulo an aliquid diversum? He aquí Que en el resúmen de los sermones de san Leon Se le atribuyen dos heregías : pues si sola la caridad nos distingue de los brutos; ¿qué le que. da al que de ella carece mas que cupiditas Ó con. cuPiscencia brutal? Si la autoridad de san Pablo fué enteramente igual á la de san Pedro, ya tenemos Apoyado con san Leon el delirio de Bar. cos de duplici capite, y los demas que le son con. siguientes. En la edicion de san Agustin tama ts 36 ¡ bien de Venecia, y del mismo año ha habido ar». te y atrevimiento para introducir una sinopsis de Arnaldo llena de veneno. Aun pudieran aña. dirse otros ejemplares ; pero bastan los dichos para manifestar que las ediciones nuevas son car pa de muchos yerros. 28. ¿Y no son varias de estas viciadas de las que se vale el Arzobispo en su Teología? ¿Es es- to desviar á la juventud de los tropiezos? No; es. sí por el contrario ponérselos disimulados para que se asegure mejor la caída. A este fin no si. gue el rumbo que otros autores (Masdeu en su obra , Piquer en su filosofía ) , dando razon all principio de su curso de las ediciones de que: usará; porque habia el peligro de que se lla= mase la atencion , viendo como en un punto de vista tantos autores sospechosos, y otros modernos y posteriores al orígen de los errores de los Jansenistas. Era mas disimulado el lazo , citán= dolas en el cuerpo de la obra para que no fue» sen conocidas las ediciones sospechosas á vuelta. de otras sanas. | 37 PARTE SEGUNDA. Se convence de Jansenista al Arzobispo de Leon en su Curso de Teología. ——_—_— NI INTRODUCCION. 1. Y, queda insinuado en la primera parteel fin, cuya demostracion emprendemos en esta segunda. Al leer los apasionados del Lugdunense las insinuaciones que no hemos podido menos de hacer hasta aquí de las sospechas que dá de Jansenismo, se irritarán contra nosotros, calumniándonos de mordáces y mal intencionados. Habremos de sufrir con paciencia sus dictérios con la esperanza de qué llegarán á desengañarse de que no lo somos, por el conjunto de argumentos que se ván á hacer. En hora buena que algunos por sí solos no convenzan nuestro intento por las salidas y respuestas que podrán oponérseles ¿ pero el conjunto de todos no podrá menos de formar demostracion que convenza á quien esté con deseo de desengañarse , de que el Lugdunense es un fino Jansenista , tanto mas temible , cuanto mas disimulado. 2, Cualquiera que esté medianamente versa. do en la historia del Jansenismo sabe muy bien Que uno de sus principales artificios es la hipo. Cresta y disimulo: con lo que han conseguido, y consiguen por nuestra desgracia hacer á la Igle. si2 Una guerra tanto mas fatal, cuanto es mas peligroso el amigo falso que el enemigo mani- 38 S fiesto. Cor: esta máxima, siendo lo sustancial de Jansenismo el Calvinismo , le han quitado las proposiciones que 4 primera vista horrorizan á los Católicos , siguiendo y enseñando con disi. mulo aquellas que aparentan menos novedad, y. son, para decirlo así, menos perceptibles al vul. go de los Cristianos. Con el mismo fin de permanecer ocultos, se empeñan en mantenerse en. la comunion de la Iglesia, por mas que ésta los declare por excomulgados, cismáticos y here= ges. ¿ Quién al leer la historia verdadera de la Iglesia de Utrech no se pasma al ver la obstina= cion, que así debe llamarse , de aquellos malva-, dos obispos y presbíteros en querer estar unidos 4 la Iglesia Romana , cuando ésta no los reconoce, y los desecha de:sí con inumerables censuras? Siguiendo adelante con el disimulo quieren:cubrir sus máximas peligrosas con la capa de la autoridad de san Agustin; no las declaran abier. 1amente 4 gente sospechosa , sino con terminos oscuros, y por explicarnos así, de dos caras para atenerse á aquella que les acomode, segun el efecto que obren en los oyentes ó lectores las rimeras insinuaciones: las van insinuando con mucha cautela para irsatrayendo la curiosidad de los amigos de novedades, é irlos empeñando poco á poco en Su partido: y las gradúan de im. portantísimas para reformar la doctrina relajada de la Iglesia, como ellos se explican, gloriándose delos mas celosos reformadores. De estos y otros medios se:valen los Jansenistas para que cunda SA veneno sin notarse, como mas largamente puede verse en la política secreta del Jansenismo ento- AAA | 39 da la primera parte, y principalmente en los tres primeros medios. 3. Noes muy fácil, á la verdad penetrar unos disfraces tan disimulados; y he aquí l2 Causa de que el Lugdunense, que es uno de los Jansenistas mas expertos en éstos artificios , nO sea conocido. Y como á ellos añade la erudicion que afecta, el espíritu de novedad que inspira, y la elocuencia con que sabroséa á los lectorés, ha logrado la estimacion que se le tributa , sin embargo de ser un terrible enemigo de la sana doctrina y de la Iglesia, Con estos encantos ha conseguido triunfar de los que incautos se han entregado á su lectura sin el menor recelo, al modo que el hipócrita seduce al pueblo que solo atiende á sus exterioridades ruidosas , no examinando , sino suponiendo el fondo verdadero de su virtud, 4. No podemos negar al Lugdunense la que él reputará gloria, y nosotros debemos apelli. dar la mas infelíz desgracia, de haber conseguido todo el fin que;se propuso. en la. publicacion de su Teología , que fué no instruir , sino seducir á la juventud. No han dejado los Jansenistas piedra por mover para llevar adelante sus malvados intentos , y extenderlos en toda clase de personas. Han procurado seducir á los pueblos con catecismos , 4 las mugeres con escritos Teves , satíricos y brillantes; 4 los piadosos con ibros de devocion , y á los que emprenden Ta Cáttera de las letras con escritos proporciona. os 4 Su profesion. Para engañar á éstos escri. bió Jansenio su Augustinus , y el abad de san | ) | 40 OS ; Ciran , Juan de Verger, su Teología familiar Pero ni uno n1 otro eran á propósito para sedus, cir á la Juventud estudiosa , porque aquél por: abrazar solamente lo tocante á la gracia, y ésta por su demasiada brevedad, no eran cursos pro= porcionados para que en ella se estudiase la Teolcgía , segun el estilo de las escuelas. Pues ved que para remediar esta falta compone ó publica el Arzobispo de Leon con tan felíz , ó mas bien infelíz suceso, su curso de Teología, que en va. rias universidades y colegios llega por los manes jos de la secta á ser substituido á la venerable Suma de santo Tomás , ó á los cursos de sus sá= bios comentadores. Lloren los sábios y piadosos esta desgracia mientras nosotros nos esforzamos y contribuimos, en la parte que podemos, á procurar remediarla , manifestando que el Lugdunense es un refinado Jansenista, que,como tal siembra con disimulo en los ánimos de los jóvenes las semillas del Jansenismo, ARTICULO PRIMERO. Las alabanzas que Pedro Tamburini dá 4 1a Teolo. gía Lugdunense, la hace sospechosa de Jansenismo. 5. La estimacion que los Jansenistas han procurado ganarse, ha sido uno de los medios de que se han valido para extender sus doctrinas. (Pol, sec. p, 2. m.) Ya insinuamos algo de esto en el número 7 de la primera parte, Para conseguir aque- Ma se alaban unos á Otros mútuamente con unos elogios tan desmedidos, que dan bien á entender que son apasionados: y emprenden del mismo E] ¿ , 41 modo su defensa , como lo acreditan un sin núero de apologías , muchas de ellas con nomres Supuestos y de personages respetables. De Este principio queremos inferir que las alaban- 245 que Pedro Tamburini dá en sus Prelecciones la Teología Lugdunense es un vehemente iñdicio de ser esta obra Janseniana. 6. Creemos que no habrá quien ponga en duda que Tamburini es uno de los mas obstinados Jansenistas. El fué como el alma secreta del concilio de Pistoya , que con tanta desvergiien- Za quiso apoyar el Jansenismo con sus decretos: él el que renovó allí estas turbulencias, y dese pues eu Roma : él el que no pudiendo observar por su genio fogoso y arrojado el disimulo que caracteriza al Jansenismo , le enseña con tanta desvergiienza en sus obras. Ahora bien, ¿qué Juicio podremos formar de las alabanzas con que ensalza al Lugdunense, asegurando que su curso es el mejor que se ha escrito, y el que conduce con seguridad al conocimiento de mu= chas verdades y dogmas oscurecidos por las calamidades de los tiempos (1)? Algun interés obliga á Tamburini á empeñarse así en las alabanzas del Lugdunense. No le ensalzaria de este modo si le fuera contrario , como lo debe ser Cualquiera católico á los Jansenistas. No le re. 1 (1) ¿Qué diferencia hay entre estas palabras Y la prime- "e DroPosicion condenada en la Bula 4uctorem fdei, á saber: » <le eM estos úíltimos siglos se ha esparcido un general »» OSCUTCCIMi-nto sobre las verdades de mas grave momento 9» QUE Pertenecen 4 la Religion, y son la base de la fé y de la moral de la : 7) A? a doctrina de Jesucristo ?** ninguna : pues censura es de Herética, % : pues su 48 hemos de venir á parar al otro extremo, á saber: que la historia del Jansenismo con sus proposis ciones, sus condenaciones y artificios para elu» dirlas, no conducen á la instruccion de la juyen. tud. Si el Lugdunense y sus adoradores abrazan este €xtremo, y se dan por satisfechos Con que le abrazaremos: 3queremos testimonio mas au= téntico de su Jansenismo ? ;Necesitarémos de hacer nuevos argumentos para convencerle de seguidor de.esta heregía , que es lo que en estas observaciones Intentamos ? 147. Bien notorio es que los Jansenistas que antes de la condenacion de las cinco proposicio. nes las seguian y enseñaban en nombre de su Maestro ; luego que las condenó la Silla Apostólica como de Jansenio , se empeñaron en afirmar que no lo eran, y que no se contenian en su _Augustinus : declaró solemnemente la Santa Sede lo contrario, y hallándose atajados los Jansenis. tas se valieron del recurso que decia; que el sen. tido de las cinco proposiciones condenadas no era el que tenian en el libro de Jansenio. Fun= dados y obstinados en estos principios, á pesar de las contrarias declaraciones de la Silla Apostólica, dicen que el Jansenismo es una fábula, que es invencion de los Molinistas que han se» ducido á la Curia Romana», que condenándolo los Sumos Pontífices han azotado al aire y Otros dictérios semejantes. ¿3 Pues no dice.otro tanto quien afirma que la historia del Jansenismo no conduce á la instruccion de la juventud ? Porque sila enseñanza que proporciona la Teología á los Jóvenes es de las verdades reveladas , y todo lo 49 concerniente á ellas , y aquella puede ser cumplida sin tener noticia del Jansenismo , se infiere con evidencia que éste no tiene relacion alguna con las verdades sagradas; que la Iglesia, á quien toca declarar y proponer éstas , ha hecho muy mal en tratar tan mal á Jansenio en su 4u- gustinus, POr nO ser necesario ésto para sostener aquéllas, y Otras consecuencias semejantes. Volviendo pues al principio:, repetimos que el silencio de la Teología del Lugdunense sobre Jansenio la convence ó de Janseniana ó de incompleta , y falta en un puato esencialísimo. ARTÍCULO 1V. Exáminagse á otras luces el silencio del Lugdunense sobre Jansenio, y la condenacion de sus proposiciones 5 eludiendo una respuesta con que intentarán justificar lo. 18. Los que, por decirlo así, idolatran en el Lugdunense, intentarán justificar su silencio sobre Jansenio, buscando un medio con que eludir el diléma formado en el artículo antecedente: Yá se lo insinúa su maestro en el prólogo pág. 8, cuando previniendo que se le habia de echar en Cara que omitia varias cosas que se hallan en Otros cursos de Teología proporcionados tam. bien á la juventud, dice: Ez sole questiones resccte sunt, que nullam , vel remotissimam habent cum revelatione cognationem , que mentem nan Cua riosttate pascerent; que teste experientia inflamandis potius quam illustrandis animis idonee sunt, nec proinde sine periculo ventilari di Tres cosas ' MU | contiene esta salida ó respuesta , prevenida con astucia por el Lugdunense. Si él y sus discípu— los colocan la historia y condenacion de Janse. nio en la clase de las dos primeras cuestiones, no huyen, sino que vuelven á caer en el extrez mo dE argumento del artículo anterior. La salida de ella han de confesar, que el Lugdunense no hablando de Jansenio, priva á la juventud de unas noticias que le son muy necesarias; pero que esta falta puede justificarse por haberse cometido con la prevencion de evitar el peligro de que los jóvenes se acalorasen al leer aquella historia y la condenación de sus proposiciones, ¡Bella salida! Examinémosla despacio, para hacer patente al mundo la hipocresía de estos malvados. 49. En primer lugar dice el Lugdunense que entre otras ha omitido tambien las cuestio= nes, que mas que para ilustrar sirven para acalorar. Pregunto: ¿y son de esta clase las cues. tiones sobre Jansenio y sus proposiciones? ;Sirven solo para acalorar los ánimos y no para instruir á los entendimientos de lo que deben saber? En tal caso reincidiremos en el extremo de que no pertenecen á las verdades reveladas. Luego la salida del Lugdunense en toda su Cxtension no comprende á las cuestiones de Jansenio; y así se ha de limitar á decir que aunque la noticia de estas es importantísima , se ha omitido por el amor á la paz. ¡Ah hipocritas tanto mas rapaces cuanto apareceis mas mansos ! 20. Cuando no pueden evitarse dos peligros, ues está en la tercera parte: y valiéndose. $1 el menor debe sacrificarse al mayor segun todas las leyes de la caridad y de la prudencia. Concedamos por ahora que en las cuestiones sobre las proposiciones de fansenio haya dos peligros, el de acalorar los ánimos, si se habla de ellas, y el de privar á la juventud de unas noticias esencialísimas, Si se omite su historia. Ahora bien, ¿cuál de estos dos peligros es el mayor? En primer lugar, en el acaloramiento ó no hay peligro Ó noes necesario, esto es, que deba seguir= se necesariamente de la relacion de la historia de Jansenio. No hay peligro en el acaloramien- to, siempre que éste quede dentro de los términos de un zelo discreto, de que es menester se revísta cualquiera, al ver la obstinacion de los Jansenistas contra las solemnes y repetidas condenaciones de la Iglesia: antes este acaloramiena to conducirá mucho para perseguir de todos modos á estos enemigos endurecidos, huir de ellos, abominarlos, examinar sus astucias y descubrirlas. Pero demos que el zelo traspase los límites de la discrecion, y rompa los vínculos de la caridad con ódios y dictérios. En primer lugar, esto no será efecto regular y necesario de las noticias que un curso de Teología dé á la juventud sobre la historia de Jansenio, sino un efec- to del calor no moderado de la juventud; á cuyo €Xtremo tampoco llegará sino cuando encuentre enemigos obsiinados que quieran contradecirle en lo que debe sostener con todas sus fuerzas, siendo en tal caso la culpa principalmente de aquel que le haga impacientar con su dureza y obstinación. En segundo lugar, las consecuen. 52 | cias del acaloramiento tan temido, aunque muy casual, serán algunas faltas de caridad. - 21. Ahora bien, cuál peligro será mayor, ¿el ue por acaloramiento un jóven diga algunos dictérios á un Jansenista, y que extienda el ódio, que no debe tener, á sus errores hasta su rsóna, y quetraspase los límites de la moderacion Cristiana, por saber la historia de Jansenio: óel que por ignorarla tropieze en sus errores sin conocerlos, los abrace sin advertirlos, y luego que los conozca el amor proprio le empeñie en sostenerlos? Bien claro es que este peligro sobrepuja con muchosinconvenientes al primero, ; Pues cuál es la prudencia del Lugdunense en evitar éste á costa de aquél? ¿En querer mas que sus discípulos por falta de luces tropiezen, caiganen errores y heregías, y pierdan su fé, su esperanza y su caridad, que el que se acaloren, y cometan algunas faltas contra esta última vir. tud ? ¿Por qué no ha imitado el Lugdunense la prudencia de la santa Iglesia, que sin embargo de ver el acaloramiento y empeño de los partidariosen defender á Jansenio y sus proposiciones, no ha disimulado con silencio, sino manifestado con repetidos decretos el error para que se conozca y abomine? Esta conducta debiera haber observado, manifestando con todas sus señas al Jansenismo; y el no hacerlo así es prueba de po. ca prudencia, ó lo que es mas seguro, de refina. da malicia. Sí, porque no calla la historia del ansenismo con el fin que pretexta de evitar el acaloramiento, sino con el perverso de no manifestar el monstruoso ídolo que adora, y al que TE quiere aficionar la juventud. Véase esto con claz ridad para que no se tenga por juicio temerario, ARTÍCULO y. Se manifiesta la contradiccion del Lugdunense en su silencion. sobre Jansenio, cotejado con la que practia ca en otros puntos y lo que enseña; y se convence su malicia. 22 Si pareció al Lugdunense un peligro que debia evitar á toda costa el acaloramiento y turbaciones que podian resultar de describir la historia de Jansenio, y hablar de la condenacion de sus proposiciones, 3 por qué no le gobernó el mismo principio para callar sobre Lutero y Cal. vino, que tambien tienen tantos apasionados? ¿Cómo no observó la misma conducta del silen. cio-en el misterio de la inmaculada Concepcion, que tan divididas y acaloradas ha tenido á las . escuelas de Santo Tomás y Escoto? ¿Cómo no caz lla, sino por el contrario se ensangrienta contra los Congruistas y Molinistas, sin perder ocasion de llenarlos de oprobios ?. Esta desigualdad ma= nifiesta bien la pasion del Lugdunense hácia el Jansenismo , y contra las sentencias que le contradicen. Y principalmente si se observa la des. igualdad de las materias en que habla sin temer el acaloramiento , y en que calla por recelarle como dice: pues la Concepcion no es verdad de fé definida por la Iglesia, ni las sentencias que contradicen los Congruistas y Molinistas; pero sí lo son las contrarias á las proposiciones de Jansenio. Añadamos á estas contradicciones prac« 54 ticas del Lugdunense, la que hay entre su silencio sobre Jansenio y su misma doctrina. 23 Haciendo distincion en la pig. 10 del mandato de dos clases de verdades, unas revela. das y definidas, y otras reveladas pero no de. finidas, de la cual hablaremos despues, dice de estas Últimas : Qui eas feliciter norunt..... ¡llas mas jori studio defendant necesse est, quo vehementius impugnantur. Si el Lugdunense está tan léjos en estas palabras de evitar el calor de la disputa, que ántes por el contrario le persuade y le enciende aun en aquellas verdades que no están definidas, ¿cómo teme tanto al acaloramiento que puede originarse de hablar de las proposiciones de Jansenio, cuya condenacion está tantas ve-= ces y tan solemnemente definida por la Iglesia ? Confesemos, pues, que el acaloramiento es un pretexto ridículo con que se cubre el Lugdunense para no hablar de Jansenio, del que no se vale en otras ocasiones mas oportunas, y sí en ésta , porque así le acomoda para sus intentos. 24 ¿Y cuáles son éstos? no solo el no des=, viar, sino meter á sus discípulos en medio de los errores del Jansenismo. Así lo hace no hablando de esta heregía, para que sus discípulos, que en su obra juzgan haber adquirido todas las noticias convenientes acerca de las verdades reve. ladas, cuando lean otros en que se trata de la historia verdadera del Jansenismo y de la con enacion de las cinco proposiciones, las reciban con sospecha, y suscriban á otras en que se trata Ansenismo como una fábula ó fantasma que 2 asustado á la Curia Romana; no dando á la | 5. juventud luces para que conózca esta heregía, y remitiéndola por su biblioteca y otras Citas á los autores que la enseñan; no descubriendo el monstruo para no espantar, y soltando algunos silvos de él para ir acostumbrando á ellos los 0i- dos de los jóvenes; sembrando las sentencias que . mas se acercan al Jansenismo, para que arrimándose á él poco á poco los incautos, nO se espanten por la novedad ; empeñando á la juventud en algunas máximas peligrosas, para que acalorados luego para sostenerlas avancen hasta el extremo del Jansenismo. De este modo in- .tenta el Lugdunense que el error vaya cundiendo en las tinieblas; y desde do «oculto tira sus saetas para herir á la sencilléz del corazon de la juventud. 3 ARTICULO VL El Lugdunense no niega su Jansenismo, sino que lo justifica. ? 25 Porque no avanzáramos nuestro juicio á tanto como hemos insinuado, nos concederian gustosos los ciegos seguidores del Lugdunense, que su obra es muy defectuosa por la omision de todo lo perteneciente á Jansenio, y que tuvo muy poca prudencia en dejarse sorprender, y asustar tanto por el acaloramiento que pudiera Producir el referirlo. Así lo confesarian á su pesar, con tal que nosotros por otra parte les con. cedieramos que pudiera andar en manos de los JÓvVenes5 pues con esto siempre conseguia el fin de seducir la sencilléz de éstos incautos con las máximas nuevas y peligrosas de su Teología. 56 Humillándose así para triunfar, semejantes al reo que con las lágrimas y las mas solemnes pro. testas engaña al juez,. para poder salir de las cadenas que aprisionan, y continuar con mas. exceso sus latrocinios y turbulencias. Pero lejos de poder accederá sus deseos, nos vemos obligados á, inculcarnos en que la Teología Lugdu-, nense respira Jansenismo, y que por tanto no solo debe ser desterrada de las escuelas públicas, . sino aun de los bufetes particulares con una. solemne condenacion. Esto lo sabe el Lugdunense mejor que sus discípulos, y así no piensa en. negar -su Jansenismo, sino en ocultarle, y en disculparle con disimulo y de antemano por si se lo llegan á conocer: no trata de negar su cul. pa, sino de disculparla y justificarla. 26 A este fin prevenido que se le habia de echar en cara que era seguidor de Jansenio, y de su precursor Bayo, previene la salida en las. pág. 9 y 10 de su mandato. “Distingue dos géameros de verdades: unas no solo reveladas, si- »no propuestas tambien á los fieles para que las. »crean ; otras contenidas en la revelacion , pero »que no ha legado aun á proponer á nuestra fé »ó creencia universe ecclesie consensus, Hay mu- »cha diferencia, dice, entre unas y otras. Las wdel primer órden ninguno las puede contrade- »cir ni negar pertinazmente sin hacerse reo de »heregía. Pero las otras se tienen de otro modo: »No pierden por cierto la nobleza de su origen, »AUnque las oscurezcan las tinieblas de las disn. »putas , ni dejan de pertenecer á la revelacion y. 1 la doctrina de la Iglesia. Los que por su felici.. REESE : 57 dad las conocen, es menester que las defiendan con tanto mayor ardor, cuanto es mayor el »empeño de impugnarlas: con lo que irán pre- »parando el camino al juicio solemne , ¡por me» »dio del cual lleguen algun dia á ser restituiadas á su esplendor y primera autoridad. Pero »mientras tanto los teólogos y fieles que ó las vignoran,óÓ las contradicen, nada pierden del »nombre de católicos, siempre que tengan su »ánimo dispuesto para obedecer con docilidad »»al juicio de la Iglesia, luego que defina sobre nestas controversias,” 27 Como el carácter principal del Lugdunensé, segun ya hemos notado muchas veces, y debe tenerse delante siempre para leer su obra, es. el disimulo, con el que ó se oculta, ó solo se descubre con disfraces, no hace la aplicacion de la doctrina general que hemos copiado. No nos dice en particular qué verdades son aquellas que, aunque son reveladas no están aún definidas, sin embargo de ser tan importantes, que es felicidad el conocerlas, segun el mismo asegura. Llamar con tanto estudio la atencion á unas verdades por la felicidad que trae su noticia, y no señalarlas, ¿qué otra cosa es, que como solemos decir, tirar la piedra y esconder la mano? Si son tan importantes, ¿por qué no las pone delante con distincion y especificacion á los jóvenes, para que las estudien con mas ánsia con la esperanza de ser felices? (Esto lo hizo T amburini en sus Pre lec.). Porque esto seria descubrir el monstruo, y horrorizar; y al Arzobispo solo le conviene ir. le asomando poco á poco, excitando la cu- 64 ' cion, dice en la pág. 17 del mismo tomo 3, abusando de san Agustin: Ex eodem sine dilectione nihil est operis boni: y no habla del mérito como se vé en el número 40 al fin de la misma página, En la 15, cubierto con el mismo Doctor, asegu- - ra; Donum Dei proprie, quid nisi charitas intelligenda est? En la misma página dice, tergiversando al mismo Santo: Cum vere fit opus , legis charitate fit, non timore , que charitas est gratia Novi Testamenti. En la pag. 16. Gratiam, dice, proprie dictam , gratiam Novi Testamenti in dilectione es charitate ú Deo inspirata presertim consistere: y últimamente para abreviar, en la pág. 18 concluye: Nonne manifestum est veram Christi gratiam presertim consistere in sancte dilectionis inspiratione ? ; --37. De todo lo cual se infiere, lo uno que es cierto lo que arriba asentamos en el núm. 34 diciendo que el Lugdunense sostiene que los pre. ceptos deben cumplirse con órden á Dios, ó con imperio de la caridad. Lo otro, que si sin caridad no hay obra buena, no hay don de Dios, no hay gracia de Cristo ni del Nuevo Testamento, se sigue que sin la caridad no hay auxilio alguno; y siendo con la caridad eficáz y sanante, no hay gracia alguna que no sea eficáz, y ninguna su. ficiente. Adviértase tambien de paso los nombres que aplica á la gracia llamándola de Cristo, del Nuevo Testamento , y con dileccion , que son las mismas de que se valen los Jansenistas para entender debajo de ella sola eficáz. Confiérase todo Esto con las palabras de Arnaldo en la sinopsis introducida á continuacion del libro de san - » A A € Agustin de correptione et gratia, pag 962. Ib. 65 maxime notandum est, ad solvendam difficultatem de casu Adam Sanctum Augustinum gratiam sufficientem in subsidium advocare , cur ergo eadem solutione non utitur in solvenda dif ficultate de non perseverantibus fidelibus? Nisi quía recte judicavit nullam jam amplius esse gratie 1bl1 sufficienti locum, quia sani hominis adjutorium est non medicinale quo jam homo multis profundisque vulneribus confossus indiges Christi salvatoris auxilio: y se verá la uniformidad de palabras y pensamientos. 38. La tercera proposicion de Jansenio es: Ad merendum et demerendum in statu nature lapse non requiritur in homine libertas d neccessitate, sed sufficit libertas ú coactiones : El Lugdunense cn el tom. 5, pág. 477 y siguientes establece su conclusion relativa á esto, diciendo: Ad merendum et demerendum non sufficis libertas d coactione , sed requiritur libertas a qualibet neccessitate. Parece que no puede haber cosa mas contradietoria á la proposicion de Jausenio; pero no quiere el Lugdunense decir tanto como aparece. Para convencernos sigamos sus palabras, 39. En la pág. 478, despues de varias autoridades que alega, discurre así: Atqui juxta laudatos patres sine libertate , que omnem necessitatem ita excludat ut homo possig bonum. operari vel non Operari nemo remuneratione , Wc. En la pág. si. guiente añade: Nec sufficit libertas 4 coactione, sive mon satis est ut sit voluntarias. En la pág, 479 dice: Atqui actus ex aliqua facti neccessitate nec possnt nec debent homini dial si quidem corum »= 66 mon est Dominus. Y añade la autoridad de san Agustin: Hoc quisque habere in potestate dicitur quod. si wult facic, simon vult , non facit. De todo lo cual se sigue que los correctivos esenciales con que quiere que se entienda su proposición el Lugduneuse son: que possit bo. num operari, vel non operari: que non sabis est ut sit voluntarius : que requiritur libertas a qualibes necessitate proprié dicta: que unusquisque Dominus est et in potestate habere dicitur quod si vult facit, si non vult, non facit, a ] 40. Segun estos principios, dicen los Jansenistas que el hombre no tiene necesidad propia» ente tal cuando puede obrar y no obrar, y cuando es señor de sus acciones : lo cual segun ellos se verifica cuando el hombre si quiere obra, y sino no obra. En virtud de ello, Jansenio, Arnaldo, Quesnel, y demás Jansenistas aseguran que el impulso ó delectacion victriz, aunque tan poderosa , no deja al hombre sin poder ó potestad absoluta, segun llaman, aunque falte la relativa: con cuya potestad absoluta se veri. fica si-vult facit, si non vult, non facit: se excluye el mere voluntarium , y la necesidad propiamente tal. Necesario y muy necesario es el amor que Dios se tiene á sí mismo; y con todo de él decia Jausenio: Deum amare se si vult , non amare si “non vult, y añadia con san Agustin : Mud nos habere in potestate (adeoque in libertate) dicimur, quod cum volumus facimus. De este modo quitando la necesidad relativa en los actos. necesarios, dejaba la absoluta, y no solo voluntariedad, sido tambien libertad de espontaneidad, que aun- : | 67 que lleva necesidad no es propiamente tal. De este modo sostiene Jansenio su tercera proposicion ; y la sigue con disimulo el Lugdunense, cuando sosteniendo que para merecer ó desmerecer, se necesita libertad de necesitate. Explica luego que para que ésta se verifique, basta que dé una potencia absoluta aunque no relativa, que se explica con aquellas palabras comunes al partido: si vult facit, si non vult non facit; por= que entonces no hay necesidad propiamente tal. 41. Mas clarameute se explica en la pág. 484, en que confirma nuestro modo de pensar (cotéjese lo que enseña sobre la libertad del cristiano ): quantumcumque enim, dice, delectatione , sive terrena si. we calesth alsiciatur voluntas , ad bonun aliquod pro» sequendum in ea semper remanet vera illius deseren= di potentia, y luego: Quantacumgue ergo suavitate ad bonum aliquod eligendum invitetur , es alliciatur anima , ad illud tamen amplectendum nulla necessitate proprié dicta trahitur: y la razon es, dice, porque solo el sumo bien puede saciar'nuestra capacidad, y fijar nuestra incoustancia. Que en suma es venirá apurar á la necesidad adventicia y mudable propia de los dos amores de Jansenio y Bayo, que quitando la potencia relativa , deja la absoluta : y por no llevar consigo la inmutabilidad , no es segun ellos necesidad propiamen» te tal. - Ñ 42. Delo dicho sobre el modo de suscribir el Lugdunense á la segunda y tercera proposicion de Jansenio , Se infiere que siga la cuarta del mismo, en que dice: Semipelagiani admittebant gratie interioris necossitatem , ad singulos actus, 68 etiam ad inittum fidet, et in hoc errant heretici, quod wellent e4m gratiam talem esse, cui Posset Vos Luntas humana resistere vel obtemperare. 43. Es la quinta proposición: Semipelagianym st diczre Christum pro omnibus omnino hominibus mortuum esse aut sanguinem eJudisse. Consiguiente Jansenio á este principio herético dice: que no hay en Dios voluntad antece= dente y sincera de salvar á todos los hombres, y que así no á todos se dán los auxilios suficientes para que se salven, los cuales segun los teólo= gos católicos se confieren «n virtud de la volun= tad antecedente: y dán un verdadero poder, y potestad próxima para ejecutar los mandamientos. Veamos , pues, como siente el Lugdunense en este punto. : 44. Enel tomo 2, pág. 86 y siguientes trata la cuestion: An sit in Deo voluntas sincera sal - wandi omnes? Para negar en Dios esta voluntad procede con el mayor artificio, En la distincion de la voluntad antecedente ya hay un lazo para que acabar con la cuestion en su origen por de. cirlo así; pues segun ella la voluntad anteceden. te no puede ser de beneplácito; y por consi. guiente no será propiamente tal, sino metafóricamente Ó de signo, En la pág. 89 divide á la voluntad en absoluta y condicional; y añade en nombre de otros teólogos para cubrirse él, que esta voluntad condicional es aquella de que se verifica: Deus vult omnes homines salvos fieri, para decir luego en la pág. 90: Voluntas ¡gibur conditionalis et inefficas imbecillitatis argumentuw £ib) ac. proindée in Deo cadere non porest. En la 69 pág. 91 se prepara diciendo: alij contra de ommipotenti Deo dignius eos sentire putant, We. para sacar esta conclusion : Voluntas Dei proprie dicta semper est efficax : que no lo siendo la antecedente abrá de ser solo de signo , metafórica y metafísica para quitarla así á Dios aun como ineficáz, como lo hace en la pág, 95. En este punto se sostiene falsamente con una autoridad de $. Agus- - tin, como ya observamos en el art. 2 de esta segunda parte. Abusa tambien de la autoridad de Santo Tomás, Bañez y Zumel, segun que de intento vimos en el art. 4 de la primera parte. De este modo embrolla el Lugdunense su doctrina, para negar en Dios la voluntad sincera de salvar á todos. q 45. Sáquese el espíritu de toda su doctrina desde la pig. 86 hasta la 110, y se hallará en resumen : que la voluntad antecedente, segun que tiene por obje:o la salud eterna en sí misma, uo se puede llamar propia y verdadera voluntad, y de beneplácito: que el ponerla condicional, é ineficáz bajo de la misma consideracion es imperfeccion en Dios; que el buscar la con= sideracion de la naturaleza secundum se, ó abstraida de las circunstancias es reflexion metafísica, y ni aun así se halla propiamente en Dios. Luego bajo de esta consideracion de ningun mo» do admite en Dios la voluntad antecedente de salvar á los hombres , sino de un modo metafísi. CO , impropio ó de signo. > 46. Resta, pues, solo lo que dice en la página 106, como resulta de cuanto hasta aquí ha dicho, y es: Ex his Theologis et aliis, QuOos preter= 70. mittimus liquet voluntatem' antecedentem esse quideny voluntatem propris dictum es beneplaciti, sed QUA nus versatur non circa ipsum salutem > Al circa quedam ausxilia; que totidem sunt salutis adminicula, et omnibus plura vel pauciora conferuntur. Quien lea esto en el Lugdunense,. juzgará que admite en Dios voluntad antecedente en el sentido que acaba de decir, y que confiesa que en virtud de ella á todos se conceden auxilios suficientes para salvarse. Pero está muy léjos de ello , como se acredita por su doctrina contraria entera mente, y contenida en este mismo tomo, en la pág. 394 y siguientes. DAVOS 47. Examina allí esta cuestion: An Christus pro omnibus mortuus fuerit, Cúbrese aquí con la doctrina católica hasta referir la quinta proposicion:de Jansenio, ¿pero com la cautela de no prevenirnos que es suya, y pasa á estassegunda cuestiouú : Utrum Christus pro omnibus eo sensu mor. tuus sit, ut quod cjus mortis meritum omnibus nullo excepto aplicetur? Y qué ;contiesa aquí lo que in< sinuó hablando de la voluntad antecedente ses gun que tiene por objeto los auxilios + No, que aquí destruye lo que pareció edificar allí. Cubriéndose con la autoridad de san Prudencio, dice; que el Santo declaró á Eneas, obispo electo de París, que no podia consentir en su consa= gracion, sino confesaba sanguinem D. N, Josue Christi pro omnibus hominibús ex toto mundo in cum credentibus fusum, non .autem pro dllis, qui nun— quam in cum crediderunt , neque hodie credunt, nun- Quamque credituri sunt. Despues infiere de otras Autoridades; illi non existimant omnibus ef singulis 71 applicari mortis Christi meritum, qui non, alios ipsius participes agnoscunt quam fideles: atqui docet Ss. Patres meritum. mortis Christi ad solos fideles pervmez rez ergo we. Aun añade mas en su cuarta razoll concebida en estos términos: Si gratia Christi 0mM- nibus es singulis non detur , certum est mortis Christi meritum omnibus non applicari; atqui gratia Christi omnibus non confertur , va gr. infantibus sine baptismo morientibus ; ergo tc. Ya vimos en el art. 4, de la primera parte como abusa para sostener €S» ta su doctrina del Concilio; y concluyamos abo- «ra, que el Lugdunense de ningun modo admite en Dios la voluntad antecedente de: salvar á to- «dos los hombres, pues la niega aquí en el sentido en que pareció confesarla antes. Cotéjese esto con lo que dijimos arriba.en los núms. 35, 36 y :37; y de ello y todo lo observado en este artículo resulcará la perfecta uniformidad que hay entre la docirina del Lugdunense y de Jansenio. ARTÍCULO VIII. Convéncese al Lugdunense de Jansenista por seguir con entera uniformidad las máximas de Quesnel,, de gefe célebre del Jansentsmo. 43. Es menester que haga violencia á su razon y experiencia, quien leyendo las máximas del Lugdunense, y cotejándolas con las proposi- - ciones de Quesnel, condenadas por la famosa bula Unigenitus, se niegue á confesar que halla en ellas la mas constante uniformidad , no solo en las sentencias, sino aun en las palabras, cuya imitacion, que solo dá lugar en varias pro- 72 posiciones, Ó algunas variaciones accidentales, como son decir por activa lo que dijo Quesnel £ por pasida ó al contrario, ó en otras alteraciones: precisamente gramaticales , dá bien Á entender la aficion que tenia á las máximas de este heresiar= ca, y no le perinitió usar de tanto disimulo, como usó para seguir las proposiciones de Jansenio. 49. Máxima fué del malvado Lutero : Quodomnia precepta tenemur decharitate adimplere: alias impletio ipsa est peccatum. De este principio resul= ta: que careciendo de la caridad los infieles y los cristianos pecadores, todas sus obras son pecados, porque aunque cn ellas puede proponer= se un fin honesto, no pueden ordenarlas á Dios autor de la gracia como á último fin: que la distincion de amor de Dios como autor de la naturaleza y de la gracia es vana y sin fundamcn- to; que no hay mas amores que amor de Dios ' como último fin y autor de la gracia, que es la caridad que justifica, y amor cupiditatis , priacipio de nuestra perdicion (1): que la atricion (1) Por donde quiera siempre la misma adhesión á las doctrinas reprobadas, el mismo lenguage de los enemigos de la [glesia; no parece sino que habla á cada paso por su boca el sirudo de Pistoya: véanse las proposiciones 23 y 24 de las condenadas, Proposicion 23. “La doctrina del Sinodo de os dos amores de la concupiscencia dominante, y de la caridad do-= minante, que afirma que el hombre sin gracia está bajo la servidumbre del pecado , y que en éste estado por el general influjo de la concupiscencia dominante, iuficiona y corrompe todas sus acciones.” En cuanto insinúa que en el hombre, cuando está bajo la servidambre , ó lo que es lo mismo en el estado del pecado, destituido de aquella: gracia con que se libra de la esclavitud del pecado , y se constituye hijo de Dios, de tal modo domina la concupiscencia, que todas las acciones del hombre por su general influjo son inficio= Pa con que el pecador se esfuerza para justificarse es pecado: y que el principio de cualquiera obra buena por pequeña que sea es la caridad. De donde avanzando un poco mas resulta : que fuera de la Iglesia de Dios no se concede gracia alguna; porque sieado la primera la caridad presupone la fé: que la fé y esperanza del pecador son virtudes fantásticas é incapaces de producir acto alguno bueno por falta de cari. dad: que las gracias actuáles son debidas al estado de la naturaleza sana, y repugnan á la naturaleza lapsa ó caidas : $0 Todos estos monstrúos nacen de aquel principio de Lutero, que tanto agradó á los Jansenistas , y ponderaa con su maldita hipocresía como los mas celosos de la gloria de Dios con el fin sacrílego de destruirla. Estos malvados hipócritas cubiertos así con pieles de ovejas son lobos carniceros. Bajo el velo de caridad no ennadas y corrompidas, ó que todas las obras que se hacen antes de Ja justificacion, de cualquiera manera que se hagan, son pecados; como si en todos sus actos sirviese el pecador á la concupiscencia dominante. Falsa, pernicizia y que induce al error condenado como herético por el Tridentino, Y otra vez condenado en Bayo , art. 40. Prop. 24. “Mas por da parte que se advierte que no se Ponen afectos algunos impresos por la naturaleza y por sá Mismos laudables, que medien entre la concapiscencia y caridad dominantes, los cuales juntamente con el amor de Ja enawventuranza, y la natural propension «1 bien, quedaron como los sltimos lineamientos y religuids de la imágen de Dios (Ex S. Aug. de Spir. et lit. cap. 28). Como si entre el amor divino que nos conduce al reino de la Gloria y el amor humano ilícito reprobado., no se diese un amor humano lícito , Que Do es reprensible. (4x So. Aug. seri. 340 de Charit. Edit. Maur.). Falsa, condenada ya antes de ahura. Ñ 30 qua Christum a mortuis suscitavit., ut dicit Apostolus. Us sciatis que sit supereminens magnitudo virtutis ejus in-mos , qui credimus secundum operationom potentie virtutis ejus , quam operatus est in Christo suscitans illum á mortuis. Ibidem y. de v. 15, 20, cd A Porro quid efficaciós , quid. potentius illa virtute qua Christum vite reddit. Ergo non minus effica- .Citer non minus potenter in mobis agit, ut credentes NOS , suisque preceptis obtemperantes efficias, Antes en la pág. 131 , en confirmacion del simil que pone de la creacion , dice tomando las palabras de san Pablo: Induite novum hominem, quí secundum Deum creatus est in justitia. Ibid. cap. 4, v. 24, et longe ante dixerat Psaltes Regins, cor mundum crea in me Domine. Psal, 50. Obsérvese que el Lugdunense va hablando de la gracia no solo en sí , segun que es la misma voluntad de Dios, ó el mismo Dios, como se explica , sino de su operacion y efectos que obra en nosotros , los que si son como en la creacion ó resurreccion sin cooperación alguna de nuestra parte, queda inútil enteramente nuestro libre alvedrío. | Retlexiónese un poco sobre estos principios, y se verá la conexion que tienen con el deismo. Los deistas niegan toda gracia sobrenatural, y dicen que el hombre no tiene obligacion de dar culto á Dios. Los Jansenistas , y de ellos Quesnel y el Lugdunense, solo admiten una gracia, que haciéndolo ella todo, si nos falta , ni po-: dremos , ni deberemos reconocer, ni adorar á los. ii a in a NA AAA EE A as 81 Los deistas dicen que Dios no dá precepto al. guno á los hombres, sino que los deja en sus Manos á la fortuna y á los hados. Los Jansenistas admiten sola una gracia, que si se dá es imposible no cumplir los mandamientos , y si falta, es imposible cumplirlos ; en cuyo caso es lo mismo que si no se dieran ó impusieran, | 56. Véanse pues la perfecta uniformidad de las máximas del Lugdunense , y aun de sus pa-. labras con las del malvado apóstata Pascual - Quesnel, sin otra diferencia que en la de enseñar aquél como Teólogo dogmático y escolástico, lo que éste escribió con el sobrescrito de Místico en sus Reflexiones morales. ¿Será pues amigo de la Iglesia, que tan solemnemente condenó á Quesnel y sus proposiciones, el que tenga aficion al Lug. dunense, que tanto estudio pone en propagarlas? 57. Igual cotejo se pudiera hacer entre el Lugdunense y Bayo, que fué el precursor de Jansenio en las prop. 27,28 , 30, 34, 35, 36, 37,38 y 61; principalmente refiriendo la doctrina que dá en la 3.* disert. de gratía con el trat. la Disert. 2.2 de actibus humanis art. 2, d pagina 535 hasta la 557 del tom. 5. Y para quitar toda duda en el cotejo, Y Cualquiera dificultad en las evasiones con que Procuran eludir la razon estos hipócritas, Véase á Collet tom. £ de su Teología moral, sec. 2, ca- Pit 3, pág. 83, 84, y desde la 91 hasta la 103, y í Soto en su obra de Natura et Gratia, lib, ¿E cap. 19, hasta el 22, y lib. 3%, cap. 3. k 82 : ARTÍCULO IX. Insinuacion de, otros lugares sospechosos del Lugdunense , en especial sobre el ministro extraordina» rio de la Confirmación. 53. Dejamos á un lado lo que el Lugdunense enseña sobre el estado de la naturaleza pura, y las consecuencias que de ello se originan. Omitimos lo de la estabilidad de la justicia, y no nos paramos á examinar si en ello imita al diácono Paris, el san Esteban que los blasfemos llaman de esta secta, Tambien lo de indulgencias y lo de la gerarquía eclesiástica, que hiere y destruye , cuando parece la exalta como Sancirano en su Pedro Aurelio. Pero no pode mos, pasar en silencio un rasgo temerario que se halla en el tom. 3, tratando del ministro extraordinario de la Confirmacion. > 59. Despues de asentar lo que dicen comun» mente los autores fundados en la doctrina de san= to Tomás, lo reviste luego con arte y disimulo, para venir á concluir: que el presbítero que sin licencia del Pontífice ni de la Iglesia administrase la Confirmacion, aunque pecaria, haria válido sacramento, porque no dejaba de ser presbitero : y lo parifica fraudulentámente con la : comparacion del lego en el Bautismo y del presa bítero y Obispo degradados en la Eucaristía y Orden, que conferirian válidamente : unde cum caractere , dice , Christique voluntate ¿1 habeát , ut confirmare possit , etiam si igitur illud ministerium extra Ecctesio , aut Summit Pontificis licentiá Usurparet , ratum nihilominus esset illud sacra= | e : 83 mentum (1). Véase á Belarmino tom. 3 de sus controversias; lib. 2, cap. 12, y se verá qué fuentestan turbias son las que han dado al Lugdunense esta doctrina. Y reflexiónese un poca para advertir que lo que intenta con esto el Lugdunense es promover la máxima del Jansenismo, que quiere trastornar la-gerarquía eclesiástica, ensalzando á los Obispos para deprimir al Papa, y 4 los párrocos ó pastores que llaman de segundo órden , para disminuir la autoridad de los Obispos ; fundando así la autoridad de los (1) Cotéjese toda esta doctrina com. la condenada .en las proposiciones siguientes del Sínodo de Pistoya, y se verá. la misma tendencia , el mismo espíritu, las mismas Eo lo e 2 a e” ei da AS . AA do Mo: E! Prop. q.“ a doctrina del Sínodo con la que confiesa francamente que está persuadido 4 que el Obispo ha recibido de Cristo todos los derechos necesarios para el buen régimen de su diócesis. ” es Como si para el buen régimen de cualquiera diócesis no fuesen necesarios preceptos y disposiciones superiores que tocan á la fé y á las costumbres, 6.4 la disciplina general, cuyo derecho reside en el Sumo Pontífice y en los Concilios generales para toda la Iglesia. Cismática , G lo menos er- PR O Prop. 7. “* Tambien en exhortar al Obispo á proseguir con vigilancia la mas perfecta constitucion de la disciplina eclesiástica , y ésto Contra todas las contrarias costumbres», €xenciones y reservaciones que se oponen+-al buen órden de la diócesis, -á la mayor gloria de Dios, y á la mayor edificacion de los fieles, ” «Por cuanto Supone que le eslícito al Obispo por su pro- Pio juicio y arbitrio establecer y decretar en contrario de AS Costumbres , exenciones , reservaciones que se observan, yi Sea en la Iglesia. universal, 9 ya en cada una de las Provincias, sin el permiso é intervencion de la potestad geráTQuica superior » por la que se introdujeron ó se repro» baron» ó tienen fuerza de loy. [aducttva al cisma y á la desa truocion del gobierno gerádrquico y ertónca. > Prop, 8, “Tambien el decir que se halla persuadido á que 34 unos sobre las ruinas de los otros , para envolverlo al fin tado en la mayor confusion. Lo mis. - mo ejecutan con la autoridad civil y eclesiásti.. ca, ponderando aquélla para acabar con ésta, y dar al caboen tierra con las dos. CONCEUSION. 57. He aquí el mal olor que de sí despide la obra de Teología del Arzobispo de Econ, que con tanto entusiásmo se ha abrazado, y con tan- to acaloramiento se sostiene: cuando por el conlos derechos del Obispo recibidos de Jesucristo para el gobierno de su Iglesia , ni pueden ser alterados ni impedidos en su efecto 5 y que cuando acaeciere que el ejercicio de estos derechos hubiese sído interrumpido por cualquier causa, Puede siempre el Obispo, y debe volver á sus derechos primordiales siempre que lo pida el mayor bien de su Iglesia. ?? En cuanto dá á entender que el ejercicio de los derechos episcopales por ninguna potestad superior puede ser estorbado ó coartado mientras que el Obispo por su propio juicio tenga ésto por menos conveniente al mayor bien de su Iglesia. Inductiva 4 cisma y á la destruccion del gobierno gerárquico, errónea, Prop. 9. ““La doctrina que establece que la reforma de los abusos acerca de la disciplina eclesiástica depende , y se debe establecer en los Sínodos diocesanos con igual derecho por el Obispo y los párrocos, y que sin la libertad de la decision será indebida la sujecion á las insinnaciones y mandatos de los Obispos.” Falsa, temeraria, lesiva de la autoridad episcopal , destructiva del gobierno gerárquico, y que favorece á la heregía de Arrio renovada por Calvino. Prop. 10. “Tambien la doctrina por laque los párrocos y demas sacerdotes congregados en el Sínodo se dán juntamen= te con el Obispo por Jueces de la fé, y 41 mismo tiempo se dá 4 entender que el juicio en las causas de la fé les compete á ellos por derecho propio, y mo como quiera, sino recibido en virtud/de su misma ordenación.” Falsa, temera= ria, destruciiva del órden gerárquico, suversiva de la fir=' Meza de las definiciones y juécios dogmáticos de la Iglesia, E 10 ménos errónca, A 85 “ trario la hacen acreedora del comun desprecio las exorbitantes alabanzas con que así Su 2utOr, como otros, ó incautos Ó apasionados le recomiendan, sin embargo de la ninguna necesida Que habia de publicarla: los artificios que €l ella se descubren poco conformes á la sencilléz de un verdadero maestro : la poca fidelidad con que cita á varios autores, haciéndoles hablar contra su intencion ó contra su mismo sentido Ó fuera del intento con que escribieron : la pasion que manifiesta contra varias máximas recibidas de todos los Católicos; y el peligro á que expone á la juventud con su biblioteca de autores sospechosos ó conocidamente perniciosos , y las ediciones peligrosas de autores sanos, en que se ha corrompido su doctrina. | 61. Cualquiera de estos defectos, y mucho mas todos juntos , arguyen de ignorancia grosera ó de pasion maliciosa á los que aplauden á la obra del Arzobispo; y la hacen digna de la execracion pública y del anatéma los elogios con que la aplauden y ensalzan los enemigos de la Iglesia declarados, cual lo es Pedro Tamburini, alma infernal del concilio de Pistoya, condenado ya y reprobado por la Silla Apostólica: el modo vergonzoso con que quiere apoyar sus máximas peligrosas con la autoridad del gran Padre de la Iglesia San Agustin: su silencio sobre Jansenio, y la condenacion de sus proposiciones, que no admitiendo excusa, dá á enten— der.su pasion hácia esta secta, la que le hace no negarla , sino esforzarse en justificarla : el disimulo con que ya insinuando el Jansenismo en el 36 | corazon de los jóvenes, y la desvergiienza con que sia rebozo sostiene el quesnelismo “y cuanto tiene relacion con su maldito sistema , Que es el le camino real para llegar al deismo en breve tiempo. ; > de] 1,62. Esto y mucho mas observará en la Teo= logía Lugdunense cualquiera persona de media. nas luces que la exámine sin pasion , y cou prevencion de los disfraces del Jansenismo , de que puede instruirse ya en la obra intitulada verdad del Concilio de Burgofonte , en que se arregló este malvado sistéma, para establecer el deismo so. bre las ruinas de la Religion Católica, ya en la politica secreta del Jansenismo impresa en francés, que es un tomito de pocas páginas; y ya por si estas obras no puede-haberlas á la mano, por ser raras, en la carta encíclica de los discípulos de san Agustin, con cuyo nombre se disfrazan los Jansenistas , que inserta el continuador de la histo. “ria eclesiistica de Fleuri en el tom. 77, 63. Ya dejamos prevenido que el conjunto de circunstancias relativas al Jansenismo , que se descubren en el Lugdunense, hacen una ple- , na probanza de que es seguidor de esta secta, É intenta ser maestro de ella en su Teología. Pero demos que no sea una prueba tan grande y cumplida como decimos: si una semiplena pro. banza es bastante para proceder coutra el suge. to de quien resulta”, ¿no serán bastantes las sos. pechas que el Lugdunense induce de Jansenismo Para desviar la vista y la aficion de su 'obra'to- . mo peligrosa? Amád en hora buená, jóvenes in- * cantos; el peligro que en ella ee 0s'deúlta , pero : | 87 sabed que en él perecereis. A vuestra conciencia apelo en testimonio de esta verdad. ;No es Cier- to yue por la lectura del Lugdunense no solo ho mirais con aversión las máximas peligrosas relativas al Jansenismo, sino que por el contrario experimentais una aficion tácita á toda su doctrina? Pues espantaos de veros tan cercanos del precip:cio en que podeis perecer lastimosamente. 64. Pero no es necesario que recurramos al conjunto de reflexiones que hemos hecho sobre toda la obra del Lugdunense, para convencerla de Jansenista. Insistimos en publicarle por tal, por el silencio que observa sobre Jansenio, y la condenacion de sus proposiciones, y por lo que habla conducente al sistéma: y para que no se nos trate de ligereza en el juicio formado sobre estos dos principios, oigase hablar al Cardenal Gotti en su Teología tom. 1, , trat. 4, q. 3, dub. 141, núm. 7, enel fin. “Caute propterea legendi sunt qui de aliquo erwrore vel heresi suspecti , illius heresis, vel illius nuutorum historias narrant, diminuti enim solent vesse in his, que contra se militant, effusi autem vin his, que sibi favent, “et plerumque sibi solum »favorabilia plus nimio extollunt eb aliqua falsa »commiscent.” pd A Pero si no basta la autoridad de este juicio- SO autor por ser moderno ,- oigase al erudito lelchor Cano, que'antes de nacer la heregía el Jansenismo dijo hablando de la historia de Usebio Cesariense (lib. 11, cap. 6, pág. mihi 116 ) “Ex erimur sane hereticos secta. sue »non dogmata “soluin” dc precepta, sed res etiam 38 »gestas accimodare. Immo vero torquere atque adeo »fingere ut sectam undique et comprobasse, et ornas- »se videantur::: Hinc cum in Sinodi Nicene men— ntionem incidig dogma fidei quo damnatus est »Árius astute dissimulavit, in paschatis questio= »nem repente digressus. Sed ne Arii quidem um- »quam in historia sua meminit, callide hominis »memoriam preteriens, quem sinodi auctoritate obru- »tus laudare non est ausus, amicitiz lege constricmáis noluit vituperare.... Itaque ex unguibus leonem »agnosces, hoc est, ex laude et vituperatione, Luvteranum ( Arrianum, Jansenistam).” Valiéndose de esta regla el Íllmo. Bossuet, conoció y descubrió á varios hereges como se vé en su historia de las variaciones. 65. ¿Seremos, pues, temerarios, y podremos . ser tenidos por apasionados en juzgar de Jansenista al Arzobispo de Leon, cuando nada dice de tantas constituciones pontifícias con que han sido condenadas las proposiciones de Janse= nio, ni aun siquiera le nombra en los séis tomos de su Teología ¿ ¿No nos sobrará razon para tenerle por amigo de Jansenio, y asegurar que ho pudiendo vituperarle á título de tal, ni alabarle sin perder desvergonzadamente el respeto á la Silla Apostólica, tomó el arbis trio ingenioso de evitar los dos extremos con su profundo silencio, y de recomendar disimuladamente las obras en que se puede beber su doc, trina en su biblioteca y en otras citas de su curso? ¿No nos ratificará en nuestro juicio el ver el estudiado artificio de acomodar varias doctri, 11384 la secta de Jansenio, esto es ir disponiendo 89 por ellas el paso para el Jansenismo ; y no solo las doctrinas sino tambien varios hechos? 66. Este artificio del Lugdunense lo hemos apuntado ya alguna vez en el discurso de estas observaciones , pero principalmente se deja ver en el tom. 5, pág. 541 y siguientes cuando habla de las censuras sobre la apología de los Casuistas del P. Pirot, de la autoridad de Gondrin Arzobispo de Sens, del juicio de los Obispos de Beauvais, y de la aprobacion, aunque negativa, de los teólogos de Lovayna: proponiendolo todo como cosa en que nada hay que advertir ni re- Poner, porque conduce al Jansenismo. Del mismo modo ó con el mismo fin excusa las proposiciones de Bayo, diciendo que fueron condenadas por su acrimonía, no obstante que declararon lo con. trario solemnemente las universidades de Lovayna y Duai. Véase, pues, si las señas con que Eusebio Cesariense fué conocido por Arriano sirven tambien para descubrir en el Lugdunense Un Jansenista, 67. : ¿Y es posible que su Teología á título de erudicion , buen gusto, destierro del Peripato y preocupaciones añejas, no solo se lea, sino que Públicamente se enseñe en las escuelas + ¿Será ra- 201 que por impugnarla nosotros seamos tratados con los nombres ridículos de escolásticos fastidiosos, bárbaros y ultramontanos? ¿Será justo que se estime en mas la erudición que la doctri. na de la Iglesia, y que el sostenerla se repute por preocupacion añeja, barbarismo, máxima ultramontana y acaloramiento de escuela ? ¿En España aplaudido un lenguage tan parecido á el 96 ¿20 pi na duda , no puede decidirse por la misma Iglesia dispersa : así como no se pueden resolver las dudas civiles suscitadas en el reino por el reino mismo : se ha de establecer un juez infalible, ó un tribunal que en ella decida; bien sea el Romano Pontífice , bien sea el Concilio general. Apartándose el Autor en el artículo citado de esta doctrina católica , forma un sisiéma eXtra=. vagante y raro, acomodado á los errados fines que se propuso. Confunde el supremo Juez de las controversias con la Iglesia universal , y aplica á ésta los sagrados textos , que hablan solamente de aquél. Con esta confusion prepara la materia, para reducir despues la infalibilidad de la Iglesia á un corto número de pastores ; siguiendo en ésto á Lutero, Calvino y todos los prorestantes. E E IV. El Autor enel mismo tol. oy art; citado en el número anterior, fol. 453 cn la rescabida MARA A NAAA Ri puesta al argumento 3.” niega (absolute) á la si- > nagoga la nota ó propiedad de infalible, La sinagoga y la Iglesia, dice san Agustin, no son dos esposas de Cristo, sino una sola, la cual durante la predicacion de Jesucristo, repudiabatur quo ad statum imperfectionis legalium, et assumebatur sub ornamento gratiarum. Orat. contra Judeos, cap. 3.” Si en este estado de senectud y decrepitéz hubiera errado la sinagoga , no Ocur: re dificultad ó inconveniente ¿ porque ya principiaba , y ya existia, 2unque no acabada de formar la nueva Iglesia de Cristo : mas hacerla absolutamente falible, se opone á los textos cit2- dos por el Autor. Deut. 17, 8, ct 9, Matth. 23, 97 2, ct 3, no es decente á la esposa de Cristo, que le creía futuro, ni confronta con la voluntad y providencia de Dios; porque quedarian por Imuchos siglos los fieles sin una regla fija , firme y cierta de su fé y de su creencia. Ésta ha sido una digresion. Volvamos al sistéma de. ., V, El Autor en el mismo tom, 4f.%art, 3, fol. 463. Propositio 1. Ad infallibilem Ecclesie de-, finitionem requiritur moralis pastorum universitas,. sive unanimitas. La prueba: Ecce vobiscum sum 9. Atqui non ad majorem partem , verum ad pastorum univorsitatemhec verba spectant. Interpretando poco despues las palabras de Vicencio Liryn. dice: Non quod alicubi, aut d majori precise episcoporum parte creditur (en las pruebas confunde las confe-, rencias preparatorias con las decisiones concilia. res ). Folio 469 en la respuesta á la objecion ses, gunda: * Licet precise definiri non possit qaalis, obsistentium pastorum numerus moralem universita.- tem, et unanimitatem toilat, nihilominus certum.esse, potest , pro: variis rerum circumstantids., quandonam. adsit , vel absit unanimitas illa moralis. Fol, 472. Quapropter, si nonnulli ctiam numero, pauciores y 4 pluribus dissentiant: audiendi sunt, nec quidquam constituendum (Aquí vuelve á confundir las conferencias preparatorias con las decia siones conciliares ). Art. 4, fol. 478. Propositio. Consensus pastorum per orbem dispersorum moraliter unanimis, 11 dis que _ad fidem., et ad mores pertinent , est infallibilis Fol. 479. 5.2 Necesse est ut agnoscatur in Ec. clesia Judex . supremus infallibilis, vivens, spirans, semper vivens, et subsistens , qui exortas de religiaa 98 : a j $ me controversias decretorio judicio definire possit::: dici etiam non potest judicem illum esse solum concilium generale quod rarissime celebratur. ] Ya aquí se descubren algun tanto las verdaderas intenciones del Autor: aparenta catolicismo , mas in floribus latet anguis. La infalibilidad de la Iglesia, Ó universal, consiste en que en ella se crea quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est. En este cuerpo , como dice el Autor, es necesario un Juez supremo, infalible, que viva , que respire , que viva siempre y subsista. Está bien. ¿Y quién es este Juez su= premo? ¿será el Papa? De ningun modo, res. ponde el Autor (despues lo veremos); porque el Papa es tan falible como cualquier otro Obis.» po. ¿Será el concilio general? No es suficiente, dice el Autor; porque rarissime celebratur. ¿Serán todos ó el mayor número de Obispos unidos con su gefe? Tampoco, dice el Autor; porque las promesas de Jesucristo non ad majorem partem, verúm ad pastorum universitatem spectat: y puede ser verdad , no lo que a majori episcoporum parte creditur , sino lo que cree el menor número, luego (infiero) luego la verdadera Iglesia ha podido y puede permanecer (mejor diría ocultarse) en un corto número de pastores ( pastores los llama y no Obispos , porque como veremos, esto tambien conduce á sus designios ). Enseña pues el Autor, y defiende uno de los principales fundamentos sobre que pretende sostenerse la heregía luterana. Preguntemos tambien al Autor, ¿cuándo co- Noceremos que la moral unanimidad está de par- 99 te de este número menor ó del otro mayor número de pastores? Responde, que aunque esto no se puede definir precisamente » Certum esse potest pro variis rerum circunstantiis. Preguntémosle mas, ¿ y qué criterio deberemos seguir, qué principios, qué reglas se establecen para discernir en las vas rias circunstancias que pueden ocurrir , en los casos y en las cosas, sobre que se susciten dudas ó controversias? ¿Qué estrella nos debe iluminar y con seguridad guiarnos y conducirnos á este corto número de pastores, dichosos y únicos adoradores del Dios verdadero, en los cuales encon= tremos depusitada cierta y seguramente la verdad - de nuestra fé y de la moral cristiana? El Autor se desentiende, porque notuvo á bien explicarse abiertamente. Mas de sus principios se deduce con evidencia, que será preciso acudir al espíritu privado. No deja otro. recurso, ¿Y podrá pretender mas el mas acérrimo protestante? De todo resul. ta, lo primero, que la Iglesia puede ocultarse, y aun llegar á tal grado de defeccion, que ven= ga á ser invisible: lo segundo, que esta Iglesia pudo conservarse en los cuatro Obispos (apelan. tes) adictos al Jansenismo; y á esto parece se ordenan todos los conatos del Autor: lo tercero, que esta Iglesia, en la cruel revolucion de la Francia , ha podido tambien conservarse en los cuatro Obispos prevaricadores, con algunos cu. ras juramentados contra el voto unánime del mayor número de Obispos, y aun de la lelesia universal unida á su cabeza el Romano Pontífice, Dice tambien el Autor, que si algunos di. sienten O piensan de otro modo se les debe Oir, 100 y que sin su asenso nada se puede resolver ni constitucionar , nec guidquam constituendum, De esta doctrina. se sigue forzosamente que jímas llegará el caso de resolverse, ni de sancionarse cosa alguna, porque en un concilio general, donde concurren tantos Obispos , y donde como veremos, dice el Autor, que pueden concurrir con voto decisivo los párrocos, y aun los legos en ciertas materias ; en una Asamblea tan numerosa, ¿cómo pueden faltar algunos que se opongan y contradigan ? Nada, nada se resol. verá jamás: y esto es lo que pretende el Autor. Esta su doctrina se opone diametralmente á la que enseñaron los Padres, y se ha practicado en todos los concilios ecuménicos. Bastará ale= gar dos testimonios: el Efesino, act. 5. Perabsurdum est ducentorum ct decem sanctorum episcoporum synodo, quibws et universa occidentalium sanctorum episcoporum multitudo , et per 1psos reliquus totus . A BEE ES ASAS terrarum orbis consentit, triginta tantum numero se opponere. El 2.2 Constantinopolitano 5.2 general, collar, 6. In conciliis non unius vel alterius inter= locutione attendi oportere; sed hec que communiter ab omnibus , vel amplioribus definitur. VI. El Autor en el mismo tom. 1, fol. 469, en el argumento 3. concluye diciendo, que la Iglesia male sentientes cum recte sentientibus continet, Aquí comienza el Autor á ensanchar el seno de la santa Iglesia en términos que abrace y que encierre en sí todas las sectas y todas las heregías , y las deje existir impunemente, Reservareos el exámen de estos putos para cuando € A | | i 101 Autor se declare mas en los números 3,23 y 24. VIT. El Autor en el mismo tom, 1. disert. 5.2 de Conciliis, cap. 1, fol. 475. Concilium recté definitur , legitima pastorum , es maxime episcoporum congregatio UC, : : Aunque el Autor cuando explica esta definicion, no explica la yoz pastorum, y aunque cuando en el cap. 3.” trata de los que tienen vo- to en los concilios, nada dice de los párrocos, ni aun de los Obispos, solo sí de los legos, en los términos que despues veremos: atendiendo á su empeño en trastornar la gerarquía, á su costumbre de tirar la china , como se suele decir, y esconder la mano, y á que su silencio no es casual, sino de industria y con reflexion; es preciso creer, que quiso dar voto decisivo y ha. cer jueces de la fé á los pastores del segundo orden, Ó párrocos. La preferencia que hace de los Obispos, et maxime episcoporum., supone, que antes habla tambien de otros pastores inferiores, Este dictámen del Autor se opone á la Escritura: Act. 20, 23. Spiritus Sanctus posuit episcopos rege= re Ecclesiam Det , se opone á la antigua disciplina, superfluos foras mittite: Synodus episcoporum est, non clericorum : dijeron los Obispos de Egipto en el concilio 1.” Efesino: se opone en fin á la dis. ciplina posterior: Opinionem quorundam qui ausi sunt asserere , preter episcopos , quosdam etiam alios habere wocem decisivam in concilio provinciali, ut erroneam judicamus. Concilio 5." Camer, ap. Labb, tom. 23, col. 201. Y lo mismo se determinó en dos concilios provinciales de Burdeos, ; Con cuánto mayor fundamento se deben excluir los 102 párrocos de los concilios generales en calidad de jueces, Q jure? | VIT. Et Autor en el mismo tomo 1.* fol. 478. At inquis, si tot requirantur conditiones , ut concilium veré sit EEcumenicum , ¿ quo pacto constare potorit an tale sit, ebutrum leges ille in eo celebrando fuerint observate? Resp. utrum concilium aliquod sit vere UEcumericum , non posse certo nobis constare, nisi ex unanimi Ecclesiarum consensu , eb approbatione: tot enim, tamque difficiles ea de re moveri possunt questiones , ut vix, aut ne vix quidem extricari queant; alii querent, W%c.: y continúa defendiendo que ningun concilio se ha de tener tanqudm CEcumenicum::; donzc Ecclesia approbatio, et consensus accesertt. en Defiende el Autor la infalibilidad del conci. lio general ; mas aquí enseña el medio y el modo de eludir y de burlarse de su autoridad , haciéndola depender de la aprobacion y consentimiento de la Iglesia dispersa. Mientras no se junta concilio, no reconoce tribunal visible y permanente que pueda condenar los errores $ cuando se junta el concilio, tampoco lo reconoce; pues dice, que se ha de esperar á que su legitimidad se declare y se aprucbe por el consentimiento unánime de las iglesias ó de la Iglesia dispersa. ¿Y qué entiende aquí por Iglesia ? ¿to: dos los fieles? ¿los pastores aun en menor número? Si entiende lo primero, pone en la Iglesia el gobierno democrático con Ilirico protestante. Si dice lo segundo, pone el aristocrático con Calvino y Brencio, Y entienda lo uno ó entienda lo otro, ¿cuántos siglos deberán pasarse, 103 mientras la Iglesia dispersa toma conocimiento, examina las actas del concilio, se informa del motivo de su convocacion, del número de los concurrentes , de la libertad que tuvieron para Votar de la unanimidad, 8tc. 8. ? IX, El Autor en el mismo tom. 1, cap. 5, art. 1, fol, 498, defiende la infalibilidad del Concilio general, y fol. 500 dice, 4.2 Vel concilium PEcumenicum in dijudicandis fidei questiont-. bus ab errore immune est, vel nullum est in Ecclesia tribunal finiendis controversiis, et veritati d mendacio , sine erroris periculo, secernende idoneum::: ne quicquam etiam confugias ad Ecclesia disperse judicium: si enim ab erroris periculo tuta non sit con=- ciliorum generalium auctoritas, in quibus tamen questiones dirimende , et facilius et accuratius ad tradi. tionis regulam exiguntur, diligentiusque excutiuntur, ¿quis infallibilitatis privilegium Ecclesie disperse poterit adscribere, quod congregate denegat? Necesse igitur ertt, ut questiones incerte , et sine judice semper mancant, Folio 512, art. 4 , prueba que el concilio tiene su autoridad de Jesucristo, y en el siguiente lo prueba 2.” por cuanto del concilio al pueblo no hay apelacion. Este autor destruye con una mano lo que con la otra edifica , ó mas bien podremos quizá decir , que con sus sofísticos circunloquios se empeña en forjar una nueva y falsa Iglesia, des. truyendo, si le fuera posible, la una santa, ca. tólica y apostólica de Jesucristo. Dijo en el nú. mero precedente, que la legitimidad de los COn» cilios no puede constarnos ciertamente , SINO por 104 | j la aprobacion y unánime consentimiento de las iglesias Ó de la Iglesia dispersa. Luego mientras esta aprobacion no se verifique , ni las decisio- . nes del concilio tienen fuerza para obligar, ni estamos obligados á obedecerlas. ¿Qué otro efec= to podria producir una formal y rigorosa apes lacion £ Por una parte el Autor niega esta ape= lacion, y por otra parte la establece y la sostiene en ambos efectos devolutivo y suspensivo, Y si, como dice, ninguno podrá atribuir á la Iglesia dispersa el privilegio de la infalibilidad, que lo niegue á la congregada, ¿cómo nos podremos asegurar de la legitimidad de ésta (el concilio) por el juicio y aprobacion de aquélla ¿ Por no admitir en el Romano Pontífice la autoridad de aprobar y confirmar los concilios , usa de tantos rodéos inconsiguientes el Autor. De toda su doctrina en este núm, y los anteriores, se deduce por una ilacion legítima la consecuencia misma que el Autor pretende, ó aparenta querer evitar, necesso igitur erit, ut questiones incerte, et sine judice semper maneant. Tambien se deduce que en et concilio de Trento se debió conceder á los Luteranos aquella condicion que entre otras pidieron , de que fuera lícito y permitido retirarse y conservar cada cual su doctrina aun despues de haber sido reprobada por el concilio. X. El Autor en el mismo tom. 1. fol. 483, Propositio. Principes Christiani, intra regni, vel imperii sui fines , convocari concilium jubere possunt, cum id postulant regai , vel Ecclesie pax, ct tran» quillizas. Probatur 1.2 Principes Christiant sunt Ec cieste defensores We. | pel dl di is a bo cid E. 105 Fol. 486. Neque enim Principes sunt Episcoporim oves in rebus que non sunt mere spirituales:::: atqui conciliorum convocatio mon est mere spirtualis, Cap, 3, fol 486. (es errata de la imprenta, corríjase 489 ). Pone la proposicion de que los legos no tienen jus suffragii definitivi , ubi de rebus fidei , et mere spiritualibus agitur. Fol. 515. Propositio 1.2 Fidei definitiones ab Ecclesia proposite , per se , citra Principis approbationem vim habent obligandi. Propositio 2.2 Concilio» rum , etlam gencralium: decreta circa disciplinam sine Principum approbatione non obligant in iis que eorum auctoritatt subjiciuntur. Todos debemos reconocer la potestad de los Príncipes, como dimanada de Dios. Prov. 8,15, debemos defenderla como buenos vasallos y obedecerla. Roman. 13,1, 4. Pet. 2, 13. Es un precepto divino. Mas no podemos ni debemos reconocer en ella otros límites que los que el mismo Dios le ha fijado, No así el autor que ó por una baja adulacion , ó por encontrar proteccion en dos potentados, la extiende y amplía en términos que deja casi aniquilada la autoridad , la potestad y jurisdiccion eclesiástica. Dice lo primero , que el Príncipe puede convocar ó mandar que se JUnte concilio por cuanio esta convocacion nO es meramente espiritual ; ni en es- Dm Judo Ec oia, ás ato o Bend e concede, si en la asanoe tratar solamente de negocios secUa ares. Mas esta junta y hablando con propiedac, no es ni debe llamarse concilio ; porque este es 112 so, dice el Autor, sus determinaciones no obligan sio la aprobacion de los Príncipes: por consiguiente , cuando los Príncipes quieran podrá el Papa ser obedecido. ¿Sobre las materias de fé? En éstas, dice el Autor, no es el Papa infalible: puede errar como cualquier otro Obispo: se debe esperar hasta la determinacion de un Juez infalible. No deja pues al Romano Pontífice otra jurisdiccion , que respecto de aquellos, que de grado, y por su buena voluntad, lo quieran obedecer. Consiguiente á esta doctrina, dice XIL £l Autor, en el mismo tomo 1, fol, 558. Sequitur 2.2 licitas ,immo necesarias esse aliquando appellationes d Romano Pontífice ad Concilium gene= rale, Aquí habla el Autor como Jansenista apelante: y este es otro esfuerzo suyo, para privar á la Iglesia de un supremo Juez de las controversias. De su asercion, entendida como la entiende el Autor, sin aquellas limitaciones, con que la defienden los moderados defensores de las liber= tades de la Iglesia Galicana: de su asercion, digo, se sigue con evidencia , que condenado un herege por su Obispo, ó por un Concilio Proyina cial , 6 Nacional, apela al Papa: condenado por éste , apela al fúturo concilio general: congregado éste despues de algunos siglos, es tambien condenado el herege; mas él , instruido por el Autor , y aferrado á su doctrina, toma guarida, y se defiende con el unánime consentimiento de la Iglesia dispersa , cuyo dictámen , dice, Y $e lo notamos en el núm, 8., se debe esperar, dice el Autor. ¿Sobre la disciplina ? En este ca. 113. porque á ella pertenece examinar y decidir , si el Concilio fué, ó no fué Ecuménico y legítimo. ¿ Cuándo, y por qué camino podremos averiguar y certificarnos del juicio y consentimiento uNná- - nime de la Iglesia dispersa ? ¿ Cuántos siglos no deben pasarse en tantas apelaciones y demandas! Por consiguiente las causas se hacen intermina. bles ; los errores sin remedio; los hereges sin Í7e- no y sin correccion, Nada de esto inquieta al Autor, porque dice, y se notó ya en el núm. 6., que la Iglesia male sentientes cum recté sentientibus continet. Todos los hereges quiere que se conser=- ven y abriguen en el seno de tan buena madre. XII. El Autor en el mismo tom, 1.9, fol. 603. Resp. negmaj. ut enim jurisdictio Episcopalis , licet a Deo immediate fluxerit, circumscribi, 3 etiam alz. quando penitús auferri possit, sufficit Christum eam ita contulisse , ut tamen Ecclesie obnoxiam esse volueri. Y poco despues: Quemadmodum autem plures vel puuciores Ecclesia potest alicubi committere , stc ay justis de causis potest eos penitús substrahere. Aquí enseña el Autor, que la Iglesia:;: ¿Qué Iglesia? No el Papa, no los Obispos, no los Parrocos; porque habla de una iglesia diferente de todos esos sus Ministros; habla del pueblo: enseña , digo, que esta iglesia , plebeya, por decirlo así, Ó popular, puede coartar, Ó cebir á ciertos límites la jurisdiccion de los Obispos: que Puede privarlos de ella enteramente : y que puede encargarla, Ó concederla y 4 pocos, 0 á mu- Chos, segun lo juzgue conveniente. ¿Y noescs. to hacer los Pastores dependientes de sus ovejas? ¿ No es esto entregar los Superiores al arbitrio 8 AS 114 | | de los súbditos? ¿No es esto introducir en la Tgle. sia el gobierno democrático? ¿No es esto poner en'manos del Pueblo la autoridad de las llaves, el cual concede á los Pastores el desnudo y mero ejercicio de ellas , dependiente siempre de la vo=. luntad y arbitrio del mismo pueblo ¿ Pongamos práctico el pensamiento del Autor. Quiere decir, que el pueblo diputa con superior autoridad al señor don Pedro para Obispo ó Párroco: si el señor don Pedro pretendiere imponer al pueblo con su autoridad y enseñanza, el pueblo inme- -diatamente quita las llaves al señor don Pedro, “y se las entrega al señor don Pablo del modo que mejor le parece: le prescribe tales y tales actos del culto exterior á Dios; y le obliga á que disponga todo lo perteneciente á disciplina; y aun en algun caso , per accidens , Ó ab extrinseco, las materias que pertenecen á la fé, si se le antoja, del modo que pueda mejor combinarse con la felicidad, con la armonía, y con la paz del Estado. Este es el sistema del Autor puesto en práctica; práctica y sistemas adoptados en 'nuestros dias por el pueblo Francés; pero prácticas y sistema evidentemente subversivos de lá gerarquía que Jesucristo estableció en su Iglesia, Atendido todo el contexto del Autor, 'no nos queda duda de que es suyo el sistena propues. to, y ya censurado: mas cediendo por un mo. mento á su ambigliedad voluntaria , y de industria, haremos otra reflexion. Si el Autor entiende aquí por Iglesia los Obispos principalmente; esto es , si quiere decir, que la Iglesia dispersa, que el pueblo, á quien hace principal depositario de rd cnica s 115 las llaves, se explica y obra por los Obispos, 24n en'aquel menor número en que se dice se puede conservar la verdad, estableciendo por Consiguiente en la Iglesia un gobierno aristocrático, en este caso, Ó considera los Obispos unidos y juntos en Concilio, y este medio no es suficiente, porque los Concilios ,'como él dice, rarissime celebrantur; Ó los considera dispersos: y en este caso le preguntaremos con San Gerónimo: responde mihi: 5 Ad Alexandrinum Episcopum , Palestina quid pertines ? Epist. ad Pammach, : XIV. ElAutor, en el mismo tom, 1.* fol. 605. obj. 6. lle Episcopus jurisdictionem confert, qui cos r Bullas instituit, Sc. Resp. neg. maj. 1.2 Quia ec. per Bullas facta instisutio, non ita necesaria est, ub sine ca nullus esse possis verus Episcopus, Lajtet anguis, Es verdad que las Bulasno siem- * pre se han usado, ni son absolutamente necesa. rias parala institucion de los Obispos: mas siempre ha sido necesario el consentimiento tácito por lo menos del Romano Pontífice. Es verdad que sin Bulas será verdadero Obispo el que haya sido ordenado por Obispos verdaderos: mas ordenado sin Bulas, 0 sin el consentimiento , al menos tácito, del Romano Pontífice, sería un verdadero Obispo cismático, intruso, ilegítimo, é ilícita su: consagracion. El Autor debió expresar todo esto, para proceder conforme á las disposiciones de Je- SuCristo: pasce OVES MPAs. Joan. 21. 16. pasce agnos ¿Mmeos. ibi vers, 15. 19 fict unum ovile, 1% unus pas. tor. Joan.10. f6. Dejó de expresarse, y con su si. lencio abrió la puerta á las elecciones y consa. graciones cismáticas de los Ovispos intrusos y reij 116 : volucionarios de la Francia: y dejó abierta esa misma puerta, para que se intenten, y se resutlvan semejantes atentados. Concluimos cón el tomo primero. Aunque en lo restante de su obra parece que el Autor pre= tende edificar la Iglesia con su moral severa y rígida; en el primer tomo asesta los tiros al fundamento, como se ha demostrado, para arruinar: la de un golpe, si fuera posible. Pasemos á los demas tomos: ninguno se encuentra limpio: en todos ocurren tropiezos. XV. El Autor, tom, 2.9, tract, de Incarnat.,, fol. 398. Queres 2.2 Utrum Christus pro omnibus eo sensu mortuus sit, quod ejus mortis meritum, omnibus , nullo excepto applicetur. Resp. eo sensu dici non posse Christum pro omnibus esse mortuuwm. Prob. 1. ex Scriptura. Christus, inquit Apostolus , semel oblatus est ad multorum exhaurienda peccata. Hebr, 9. 23. Hic est sanguis meus novi testamenti, ait Christus , qui pro multis effundetur, in remissionem peccatorum. Matt. 26, 28. Atqui istis in locis Chrisa tus dicitur mortuus , non pro omnibus , sed pro mul. tis: ergo. Praeterea habemus accessum per fidem in gratiam istam , in qua stamus , 1% gloriamur. Rom. 5, 2. ergo infideles non sunt gratie divine participes, nec perinde ipsis applicatur meritum mortis Christi, La cuestion, prout jacety es adiáfora. Otros Teólogos Católicos defienden el aserto; pero con menos generalidad, y con pruebas mas claras, y menas expuestas á ser entendidas en un sentido , reprobado. La aplicacion que el Autor hace del texto de San Pablo ad Rom. 5, 2. parece incluye la proposicion 32 de Quésnel. El Autor pretende SE a Ta Rs Dd IAARIGNAA, y 117 probar, que no todos participan del mérito de la muerte de Cristo, por cuanto no todos participan de aquella gracia, á la cual se asciende por la fé, yen la cual stamus, 19% gloriamur. Esta gracia, en que permanecemos, ó estamos con permanencia, y nos gloriamos, parece peculiar de los predestinados, y por consiguiente estos $0- los participarán del mérito de la muerte de Jesucristo: y ya es ésta la citada proposicion condenada: Jesus Christus semorti tradidit ad liberan - dum pro semper suo sanguine primogenitos , id est, electos de manu Angeli exterminatoris. Por lo ménos el Autor infiere del citado texto, que de la gracia no participamos sino por la fé: y como carecen de fé los infieles , concluye : Ergo infideles non sunt grativ divine participes, nec perinde ¿psis applicatur meritum mortis Christi. Esta su fal. sa interpretacion del sagradotexto, y la conclusion que deduce, incluyen con evidencia, y aun - expresan las siguientes proposiciones condenadas de Quesnel. La 26; Nulle dantuy gratie nisi per par de 27. Fides est prima gratia, W% fons omnium aliarum. La 29: Extra Ecclesiam nulla conceditur gratia. Y tambien la condenada por Alejandro VII, año de 1690, Pagani, Judei, Heretici, aliique hujus generis, mublum omninó accipiung a Jesu Christo influxum, 8tc. El aserto pues podrá sostenerse con mejores pruebas. Vetati sunt dú Spiritu Sancto loqui in Asia verbum Dei. Aci, 16, 6, 'Tentabant ire in Bithiniam, 19 non permissit eos Sp. ritus Jesu. Ibid, vers. 7. Curavimus -Babilonem V . , non est sanata;. derclinquamus cam. Jerem. 34, 9 pe 4 . bo . He podrá, digo, sostener el aserto con estas prue 118 bas, y coartándose á algunos infieles. El Autor, interpretando mal las pruebas que propone, las extendió á todos los infieles, y se precipitó en las proposiciones condenadas. “XVI El Autor, tom 3, tract. de Gratia, Disert, 3, desde el fo!.21, refiere los errores contra Ja Gracia, de los Gentiles , de los Judíos, de los Pelagianos , de los Semipelagianos. Mas guarda un profundo silencio, no habla una palabra de los errores contra la gracia de Lutero, de Calvi: no, de Jansenio, de Bayo, de Quesnel. -, - ¡Misterioso silencio! Ya se dijo en el núm. 1,9 en qué opinion estaba el Autor de esta Teología. Ya lo notamos en el núm. anterior, como. sin embozo se manifiesta secuaz de Pascual Quesnel. Y en el presente núm, en el silencio con que oculta los errores modernos contra la gracia, y con que conserva , cuanto le-es posible, el honor de sus corífeos, Jansenio, Bayo y Quesnel , se insinúa adicto y su partidario. Ésta sospecha se aumen. ta , si observamos su moral rígido, carácter de los Jansenistas; el ningun uso que hace de las Bulas que condenan aquellos errores ; su poco, 6 ningun aprecio de los Romanos Pontífices. En ' efecto, leyendo sus tratados, de Voluntate Dei, de Incarnatione , de Gratia y otros, en muchos pun. tos parece leerse á Bayo y Quesnel; y, casi en” los mismos términos, muchas de sus proposiciones condenadas. Al menos su silencio aquí notado parece suficiente pará quese lea con precau- Cion su tratado de Gratia, y los-otros que con éste tienen conexion. Yo ño'me considero suficien= te pira descubrir-las verdaderas ideas del Autor a A ES ER ción A A A e e AA Se y 119 en una materia tan obscura, tan delicada, y queno he podido leer con la competente reflexion, Solamente pondré dos reparos que de paso me han ocurrido. —XVIL El Autor, en el mismo tom. 3.2 fol. 188. Queres 2.” Quenam actualis gratia proprie dici queat sufficiens. Respondeo solam gratiam efficacem hos nomen sibi proprie vindicare. 0 Aquí no reconoce el Autor otra gracia que merezca el nombre de suficiente, sino la gracia eficáz. A esta gracia eficáz, Como defiende el Autor, nunca se resiste: luego, en su sistema, á ninguna gracia interior bay resistencia. Y véase aquí la proposicion 2.* de Jansenio: Interiori gratie in statu nature Lapse nunquam resistitur. Y la 16 de Quesnel: Nulle sunt illecebre , que non cedant illecebris gratie , quia mihil resistit ommipo» tenti. Es verdad que el Autor explica despues algun género de resistencia : mas esta resistencia, que él admite, 6 es á las gracias exteriores, Ó es ¿algunos movimientos interiores, que no pro- A de la gracia. Por consiguiente, siempre viene 4 enseñar, que á-la gracia interior nunca se resiste. .-: : E xXVHIL El Autor en el mismo tom. 3. fol, 196. Propositio. De gratia Christi non digne sentit, aa cam putat omnibus hominibus dari. iendo comunísima entre los teólogos esco. lásticos la sentencia de queá ninguno niega Dios la gracia, ó auxilios suficientes, parece se exce. dió el Autor en la ceosura con que los tilda. Co. mo esta su proposicion dice órden á su doctrina ya citada en el núm. 15, queda ya notada con los 120 mismos reparos y reflexiones. Solamente añadiremos, que esta su proposicion parece coincidir con la 5.* de Jansenio: Semipelagianum est dicere, Christum pro omnibus omnino hominibus mortuum esse, dut sanguinem fudisse. Porque aunque Jansenio no distingue la preparacion del mérito, y oferta al Eterno Padre por la“salud de todos los hombres, de la colacion efectiva, ó aplicacion á todos , y el Autor habla de esto segundo : omnibus hominibus dari: convinando sus doctrinas, y en atencion á la consecuencia que saca, y vimos en el núm. 15. de que Christus dicitur mortuus non pro omnibus, sed pro multis, parece que siente del mismo modo que Jansenio ; y solo mudó la censura de éste en la de non digne sentit. XIX, El Autor, tom. 4 ” Disert. 7. de Poenitentia , cap. 3. fol, 430. Queres 3." an possit Episcopus approbationem quoad tempus , locum, 1 pera sonas restringere. Resp. id potest juxta edictum ye= gium an. 1695 , art. XL Aunque compete ciertamente á los Obispos la facultad, ó autoridad de aprobar los confesores, el Autor los priva de este derecho, y el de limi= tar, ó restringir la aprobacion á cierto lugar, tiempo y personas. Se desentiende, ó no hace aprecio de lo que disponen las leyes Eclesiásticas: Trident. sess. 23, cap, 15. Clemen. X Bull. Sue perna magni Patrisfamiltas. Sac. Concil, Interp. 2, Juli 1687. De todo esto se desentiende; y , estando únicamente á la Pragmática Real, hace dependiente de ella la autoridad de los Obispos; y atribuye al Príncipe cierta potestad sobre las co» sas Cspirituales: confirmando aquí, y declarando 121 abiertamente lo que ya le notamos en el núm. 1.2 ] El Autor, en el mismo tom. 4.2 Appendix de Indulgentiis, cap. 1, fol. 440. Juxta mentem - Ecclesie definiri potest (indulgentia ) remissio aliqua .. Pene temporalis , WC, Fol. 441. Propositio. Indulgentia non est totius Pene temporalis relaxatio. Fol 468, cap. 8. Quotuplex sit indulgentia::: plenaria dicitur, non quod omnem tollat satisfaciendi obligationem, sed eo sensu quod de pena post remissam culpa exolvenda auferat quidquid auferri. potest ab Ecclesia. Dice, que la indulgencia plenaria no es remision de toda la pena, sino remision de lo que auferri potest ab Ecclesia. Luego la Iglesia no tiene poder para extraer de su tesoro, donde conserva las infinitas satisfacciones de Jesucristo y las superabundantes de los Santos, y aplicarlas con tanta plenitud , que llegueá remitir toda la pena. Ésta sentencia, opuesta á la comun de los teólogos, se opone tambien á la Escritura. El Autor mismo, con todos los teólogos , prueba la potestad que tiene la Iglesia para conceder indulgencias de aquellas palabras del Salvador, Matth. 16, 19. Quodcumgue ligaveris super terram, erit ligatum et in coclis, et quodcumque solveris sua Per terram, erit solutum et in colis. Quodcumque; cualquiera cosa que, ó todo lo que: ésta es una proposicion universal, y en ella estriba el dog= ma católico de la potestad que tiene la Iglesia para perdonar los pecados, todos , todos ; sin que haya uno que sea irremisible, Luego dedu. ciéndose del mismo principio la potestad que Y 128 es ciertamente la sinagoga de Satanás. XXIV. El autor, paulo post , en el mismo ci. tado fol. 471. Unde sequitur nihil esse mali quod tolerarí non debeat ,. potius quam sese ab Ecclesia segregare. Prescindende unitatis , inquit Augustinus, nulla unquam justa potest esse necessitas. Ide circo quecumque sit pastorum , sive in moribus, sive ¿in doctrina perversitas , Ipsorum. communioni constanter adherendum est, donec vel ipsimet sese ab Ecclesia sejunxerint , vel ab ea fuerint per supe= riorum sententiam segregati, : Quiere el Autor , abusando de la autoridad de san Agustin , que los súbditos permanezcan Constantemente unidos y obedientes á sus Papas (Obispos ó párrocos ), aun cuando su doctrina esté inficionada con cualquiera género de perver= sidad : que es decir, aun cuando su doctrina sea falsa , errónea , cismática , herética , 8ic. por. que todo esto se comprende en la generalidad con que habla el Autor, sive in doctrina perver. sitas. No es católica esta su doctrina. Lo contrario enseña el Apóstol expresamente, Rogo autem vos fratres , us observetis cos., qui dissensiones, et offendicula preter doctrinam , quam vos didicistis, faciunt , es dechmate ab ¡ilis. Rom, 16, 17. San Gerónimo nos quiere sufridos (:cuánto menos, unidos y obedi entes?) aun cuando ocurre una mera sospecha de here gía: In suspicione hereseos molo quemquam esse patientem, Epist. 61. Ni con el dulce cebo de la obediencia, quiere san Agustin, nos dejemos engañar : Cavete in obedientia , fra: tres met, sub ipsa potest latere fel draconis sub spe= c1e mellis , lupus in pelle ovina, Serm. 6 ad Frat. ' : | 129 in cremo, Si la doctrina de los Pastores fuere per= versa ó herética, ya están separados de la Iglesia, como dijimos ¿ yA 10 Se les debe comunicar , ni obedecer. Y si para dejar de comunicarlos y 0b£= decerlos se debe esperar , que ab ea fuerint per. superiorum sententiam segregati , ¿cuándo llegará este caso en el sistéma del Autor? Jamás; porque con sus apelaciones , ó formales , ó equivalentes , eludirán cualquier sentencia de los superiores, como lo tenemos evidenciado en los nú= meros 8, 9 y 12. Entre tanto quiere el Autor, que las ovejas estén unidas con sus Pastores, y éstos con la Iglesia , con ¿urisdiccion ,.8tc. 8tc. : Quién no ve que éste es un error manifiestos Estos son mis reparos sobre la citada obra de Teología , llamada del Arzobispo de Leon. Y para que estos mis reparos puedan percibirse de una ojeada , por decirlo así , reasumamos todo lo dicho, reduciéndolo á cierto número de proposiciones , censurables en mi juicio, El Autor sospechoso del Jansenismo, número 1 y 16, ó enseña expresamente, ó de los principios que enseña se deduce que 2 1. La sinagoga no fué infalible, pudo errar. Núm. 4. | | 2. Los hereges ocultos son verdaderos miei. bros de la Iglesia. Núm. 2. 3. Los hereges públicos y manifiestos son verdaderos miembros de la Iglesia. Núm. 6, 23 AAA ] 4. El herege formal no es cismático. Núm, 23. $. Los súbditos deben permanecer colista; temente unidos á sus Pastores hereges. Núm, 24, 6. La Iglesia puede conservarse En ¿lmá: 130 nor número de Pastores , sin union Á su cabeza» Noi 7. La Iglesia dispersa es el último juez supremo infalible de todas las controversias. Númer. 3 EAS ES 8. La facultad de resolver las controversias viene en fin á recaer en el espíritu privado. Nú- MA cs z 9, La Iglesia puede llegar á ser invisible. Núm. $, E 10.. En la Iglesia nada se puede establecer mientras haya algunos que disientan y contra= digan. Núm. $. 11. En la Iglesia son interminables las cuestiones ó controversias, Núm. 9, 12. La Iglesia no tiene poder para conceder indulgencias por las cuales se remita toda la pena. Núm. 20. e - 13. Los párrocos, 4 jure, tienen voto decisivo en los concilios. Núm. 7. | 14. ' Los legos tienen voto decisivo en los concilios, cuando las cosas que se tratan no son meramente espirituales, Núm. 10. 15. Elconcilio general no se debe tener por legítimo hasta que lo apruebe la Iglesia dispersa. Núm. $. 16. Delconcilio á la Iglesia dispersa se puede hacer una apelacion equivalente. Núm. 8, 9, y 10. 17. Los Príncipes en el distrito de sus estádos pueden convocar concilios. Núm, 10. _18, Los Príncipes tienen dominio sobre toda5 JE cosas mixtas de espirituales y temporales: um. 10, : 19. La autoridad de los Obispos no se eX” 131 tiende á 1as cosas mixtas de espirituales y temporales. Núm. 10. 20. Las determinaciones de los concilios Pertenecientes 4 la disciplina no obligan sin la aprobacion de los Príncipes. Núm. 10. -21. Sinla aprobacion de los Príncipes; en algun caso pueden no obligar las determinacio= nes de la Iglesia en materias espirituales y dog- Máticas. Núm 10. ES 22. Los Príncipes lícita y válidamente pueden alterar todo lo perteneciente á4 la disciplida eclesiástica, y al culto exterior. Núm. 7 y 10. 23. El pueblo tiene autoridad de establecer muchos ó pocos Pastores; de suspenderlos y ampliarlos, Ó restringirles las facultades. Núm. 12, 24, La primacía del Papa es en el órden; y su jurisdiccion es subalterna y pedánea. Núme= ros 11 y 12. 25. “La jurisdiccion universal del Papa es respecto de los que quieren obedecerle. Números 11 y 12. E 26. Será verdadero y legítimo Obispo el or=" denado sia Bulas, y sin el consentimiento, al menos tácito, del Romano Pontífice. Núm. 14 - 27. Los Obispos tienen potestad ordinaria para dispensar en los impedimentos dirimentes del matrimonio. Núm, 21. ieias 28. La autoridad de los Obispos para dar y restringir las licencias de confesar depende de la autoridad regia. Núm. 19. 2.29, Jesucristo no murió por todos los hom. tes, sino por muchos. Núm. 15 y 18. 30, Jesucristo murió solamente por los Pre. | | . / destinados. Núm, 15. 1 132 31. Los infieles no participan de la gracia, ni' reciben influjo de la muerte de Jesucristo. Núm. 15, 32. Ak gracia interior nunca se resiste, Núm. 17, ES .33. Los Bularios no son parte del Derecho Canónico. Núm. 22. 34, El Derecho Canónico no es de algun mo» mento, si no está conforme con las antiguas Cos» cumbres de las iglesias particulares de cada Estado, y con las ordenanzas de sus respectivos. Príncipes. Núm. 22. 35. La autoridad de los Reyes se extiende á: poder formar leyes canónicas y eclesiásticas, Núm. 22, Estas son las proposiciones que expresamente enseña el Autor, ó se deducen por una ilacion legítima, ya de los principios que enseña, ya de su yoluntuario silencio, y ya dela conexion , Ó enlace de todo su sistema. Miradas con reflexion estas relexiones Teológicas del Padre Vallart, la” Constitucion del clero revolucionario de Fran“ cia, y el Sínodo de Pistoya de Monseñor Rixi, parece poderse decir , que son tres obras, Ó tres' piezas fabricadas en “ura misma oficina, y aun vaciadas en un mismo molde. Y habiendo ya sido condenadas las dos últimas por nuestro Santísi. mo Padre Pio VI, parece que aquella es tambien' condenable. Es verdad (lo conozco y lo confieso), es verdad que, con alguna probabilidad extrínseca , se defienden in abstracto algunas de las sobredichas proposiciones: mas in. concreto , y respective; esto es, consideradas con la conexion, órden y enlace que tienen en el sistema del ¿utgl parece ser todas censurables, | 133 Este es mi dictámen, amigo mio: el de V. será para mí preferible, en atencion á sus notorias ventajas en literatura y crítica. Esperamos nO obstante la decision de los Superiores; pero entre tanto cautelémonos, y prosiga V. mandando con satisfaccion en cuanto guste servirse de mi insuficiencia. | Deeste Convento del Carmen de Castroel Rio, á 13 de Noviembre de 1799. M. Fr. J. C. Sin nombre de Autor, y sin su noticia , se imprimió este opúsculo en Baeza , en la oficina: de don Agustin de Doblas, año de 1802. La impresion se hizo por una copia incompleta y muymendosa, sacada furtivamente, y salió con los mismos defectos, que deben corregirse por este original. Nota al Núm. 22. No ignora el Autor que las Decretales de los Papas no son de fé católica (pues noignoramos las doctrinas de nuestro Antonio Agustin , y dell célebre Berardi); y si habla con bastante dureza, tratando de cismático al que no las admita, fue ocasionado de la demasía del Lugdunense, que con tanta generalidad dice: Nullíus apudnos esse momenti, 8tc, 134 Juicio que han hecho hombres doctos y virtuosos sobre la Teología del Lugdunense , que se añade á -das'Observaciones de un muestro de Teología - : sobre la doctrina del dicho Autor. ¿El Dustrísimo Señor Velez en el tom 1.? Apología del Altar, cap. 18, pig. 424 dá por censurables yarias proposiciones de la Teología Lugdunease, y son las siguientes: : Tom. 1. pág. 463, subre la infalibilidad de la Iglesia: pág. 471 y siguiente, sobre la distin. cion quehace de los dogmas de la fé: pág. 475, sobre la difinicion que dá del Concilio. cn Tom..2,9, pág. 99, 105, 106, 107, 108, sobre la voluntad de Dios eu salvar á todos los hombres. E Tom. 3.9, 73,76, 90,92, 133, 140, 141, 143, 148, 153, 181, 188, 190, 192, 193, 194, 196, 201,202, sobre la gracia. suficiente y eficáz, Tom. 4.9, sobre la facultad de los Obispos enrestringir las licencias de confesar en los confe. sores, pág. 26. Véase la obra impresa en Roma año de 1793: El Jansenismo «enmascarado ú observaciones s0- bre la Teología de Leon. - Es Copia del lugar cit. del Lllmo. Señor Velez. En la Coleccion Eclesiástica Española, tom. 4.2, pág. 82, el señor Obispo de Vich (en la respuesta que dió á la representacion que hizo á las Mamadas Córtes el señor Arzobispo de Valencia, que remitió un ejemplar á cada uno de los Obis- Pos) dice entre otras Cosas; “ Nada hallo que rectificar , solamente me parece convendría de- : 135 cir alguna cosa sobre loslibros que en el plan de estudios para las universidades se han seña-= lado para los estudios eclesiásticos. La Teología de Lyon es un Jansenista, el Cavalario es per- “verso, y otros que se señalan no son mejores: Es privaviva de los Obispos: la enseñanza religiosa , y señalar los libros por los cuales se ha: de dar. Esto me parece que falta en la Kepresentacion.” : : Ved aquíel juicio decisivo deun sábio y Ven. Obispo, que murio mártir por Su fortaleza religiosa en resistir á las órdenes antieclesiásticas de los revolucionarios, Y que cumplió en sí lo que rometió cuando consultaba á Monseñor Nuncio Apostólico sobre lo que debia observar, para no faltar á los juramentos que habia hecho en su consagracion de defender los derechos de la Iglesia, cuando con tanta propiedad se aplicaba aquellas palabras del Apóstol: paratus sum el in carcerem, et in mortem ire. Y es de observar, que aunque cuando avisa á su cohermano el señor Arzobispo de Valencia lo que le parecia añadir á su representacion, usa de la voz dudosa : me parece; siguiendo el aviso de san Bernardo cuando dice: sink tue af firmationes , vel negationes dubitationes sale condite : pero cuando trata de censurar la Teología del Lugdunense dice absoluta y decisivamente: es un Jasenista: pues en tal caso sigue el consejo de san Francisco de Sales cuando dice en la introduccion 4 la Vida Devota: caridad es gritar al lobo cuando va tras de las ovejas, pues entonces es claro quese seguiria gravísimo dañoen no señalar claramente el camino que lleva: ó el ejemplo de 136 San Vicente de Paul cuando desacreditó abiertamente la conducta del famoso Jansenista Sancyran, Abad de Puerto Real, que queria sembrar doctrinas contrarias á las de la Iglesia. | En el tom, VI de la misma coleccion Ecle- _siástica Española , pág. 229 dice lo siguiente: *" ¿Podremos callar cuando vemos que se pone wen las manos á los jóvenes destinados al Saaw cerdocio el curso de Leon, obra desterrada de alos Seminarios de ltalia, de Francia, y de la aw» que el ilustre Bergier, uno de los mas sábios y mas grandes apologistas de la Religion , dice: »Ningun escritor fue mas hábil en forjar sofis- »mas, en jugar sobre equívocos , en torcer el asentido de los pasages de la santa Escritura , y »»en desyiar las consecuencias de un argumento?” En tiempos mas felices esta obra habria sido notada con las mismas censuras que las de Jan- “senio, y Quesnel ,á quienes ha copiado (1). ¡ Ah! ¿cómo responderemos un dia al Sobe'. rano Pastor de las almas , si miramos en silencio que los jóvenes se empapan del veneno fatal con que infectarán á los pueblos? En fin, el curso (1) Bergier. Diction. Theo]. verbo Salud , impr. de Lieja de 1792. Sin embargo esta era la obra recomendada á nuestros jóvenes, mandada estudiar en Universidades y Colegios», y preconizada con los mayores elogios por nuestros reformadores: sabido es que las diócesis de Francia donde se daba este curso fueron las que mas abundaron en eclesiásticos ju- «ramentados ; sabidos los amaños que se usaron para Su publicacion; sabida su fraudulencia en citar las impresiones formadas por los sectarios; ella fué censurada unos treinta años há por la Inquisicion de Roma, y puesta en el índice de los libros prohibidos , y excluida de todo uso para la enseñanza por circular del Supremo Consejo , expedida en 27 de octubre de 1818. Esto bastaba para que fuese asiguada po! texto por nuestros reformadores, ...P_——— A 139 Lugdunense en las cuestiones sobre la autoridad de los Romanos Pontífices y Concilios generales enseña una doctrina contraria á la de la Igle- “sia de España ; y £sto solo debia ser motivo sufi. ciénte para desecharla , pues es propia para dividir los sentimientos, y no para uniformarlos; para favorecer un cisma, y no para fomentar la unidad. de Esto es copiado á la letra de la exposicion del Señor Obispo de Lérida á las Córtes sobre los Seminarios Conciliares, COn la nota que acome paña de los Editores de la Coleccion Eclesiástica Española. | RS Lo cual debia ser suficiente para detestar las Instituciones Teológicas del Lugdunense ; pero será bien añadir todavía otras reflexiones del mismo Señor Obispo de Lérida. En el tom. 9 de la misma Coleccion Eclesiás - tica en la pág. 98, empieza la contestacion del se» ñor Obispo de Lérida 4 la circular de la direccion general de estudios á 16 de enero de 1822, “dice entre otras cosas lo siguiente: « Las instituciones Teológicas de Leon , que segun aseguran se intenta señalar en las universidades, están muy léjos de merecer mi confianza. Sin ánImo de ofender á nadie, y sin espíritu sistemático ni de partido haré algunas obser= vaciones breves en YA asunto de tanta tráscell» dencia, omitiendo Otras cosas notables, por no ser molesto. En el tom. Ad infallibilem ralis Pastorum mino equívoco ¡.9 de la primera impresion dice; Ecclesie definitionem requiritur mo» universitas , sive unanimitas. El tér. de Pastores, de ds usa el Autor