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Reseña de la obra de Annie Leonard “Historia de las cosas” (FCE, 2010)

Navarro Reyes, Jesús

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THE VARIOUS AND SHIFTING POSITIONS OF THE PHILOSOPHER 221 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA/ REVIEWS Argumentos de Razón Técnica, nº 14 2011, pp. 213-220 ANTONIO CALLEJA LÓPEZ – FEDERICA LUCIVERO Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 213-220 222 PARENTE, D.: Del órgano al artefacto. Acerca de la dimensión biocultural de la técnica, La Plata, Edulp, 2010. 263 pp. Las cuestiones concernientes al significado de “técnica” han tenido, a lo largo de la historia y más tematizada en este último siglo, diferentes sentidos. Podría decirse que, contemporáneamente, las cuestiones de la técnica se han complejizado cada vez más. Las causas de ello son varias. En primer lugar desde una concepción filosóficaantropológica, se trata de compensar ciertos desequilibrios que ha generado la técnica entendida según el contexto. Esta definición que ha sido trabajada por la teoría sustancialista, considera que son los aspectos culturales y políticos los que han degenerado los problemas y avances actuales de la técnica. Pero fundamentalmente las cuestiones e interrogatorios de un “porqué” el hombre necesita de ciertos instrumentos para sobrevivir. En éste sentido, la llamada “teoría sustancialista” de la técnica, intenta superar la dicotomía artificial/natural desde una concepción política que implica incluir las discusiones ciudadanas y democráticas en torno a los desarrollos tecnológicos. Por otra parte, la teoría instrumentalista refiere al tratamiento del objeto técnico como exterior u objetivado, en donde se buscan compensaciones de tipo biologicistas, tal como el concepto tan trabajado a lo largo del libro, que es el de prótesis. Aquí deberíamos detenernos ya que el trabajo de Parente propone, desde el nivel II de instrumentalización compensar las cuestiones protésicas con las éticopolíticas y que esto último se entienda como un horizonte de sentido que conforma lo primero. Los niveles de instrumentalidad comprenden en primer lugar, o “nivel 0”, la capacidad en todos los seres vivos de supervivencia. Esto significa, crear medios u objetos cuyo fin sea la de sobrevivir. El “nivel I” tiene como característica general la capacidad humana para resolver problemas por medio de la fabricación de útiles que, mediante el uso, definen su función. El “nivel II”, en el cual Parente se detiene, implica pensar a los objetos técnicos de forma estratégica, es decir, un objeto “diseñado como práctica colectiva enmarcada en una cultura” (2010: 201). La razón, o una de las razones por medio de la cual el autor detalla el nivel de instrumentalidad II es la necesidad de pensar a la tecnología en términos culturales. Ello se debe a que tanto la concepción protésica como la de compensación, han considerado las condiciones de posibilidad biológicas para la aparición de la técnica y por ende, han deslegitimado el aspecto social de tal surgimiento. Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 224 Otra de las razones es la de cómo se han entendido en el contexto biologicista, los artefactos. Pues se han comprendido como objetos manipulables justamente por haberse entendido como objetos que nada tienen que ver con el hombre y que en consecuencia, tienen su propia dinámica independientemente de quien intervenga. Esto, y Parente lo menciona continuamente en su texto, no implica desdeñar o abolir el significado biológico técnico de los artefactos, sino más bien complementarlo con la dimensión éticopolítica como así reconocer el rol activo de los agentes que producen y usan los artefactos por ellos creados. Pero no sólo es el significado práctico de la técnica lo que da lugar a críticas acerca de lo que se entiende por ella, sino que la redefinición semántica del concepto “técnica” es otra de las consideraciones sujeta a crítica en el ámbito de la filosofía de la técnica. Ello se debe no a estar al margen de todo avance tecnológico por ser “dañino”, sino entender éste avance desde su valor cultural y simbólico. El presente estudio y siguiendo con la dimensión cultural que el trabajo de Parente propone, tiene como instrumento reconciliar tanto el significado semántico de la técnica como se sus dimensiones éticas, estéticas y políticas. Entender que la técnica o su definición es producto históricamente de desequilibrios y equilibrios semánticos y prácticos, justifica un exhaustivo análisis acerca de lo que se entiende por ejemplo por “sistemas técnicos” o “tecnología”. Estos conceptos son de hecho, producto de entender semánticamente a la técnica como tal. Desde el punto de vista práctico, el surgimiento de las instituciones legales han contribuido a las consideraciones también semánticas de la técnica. Un ejemplo de ello es que lo tecnológico se asocia con la agresividad o violencia que incluso, ha llevado a catástrofes como guerras y descontroles sociales. El acento en este sentido, se pone en el artefacto usado y creado para “destruir” pero no en el agente, sistema de agentes o intenciones morales y políticas que intervienen en la creación de objetos técnicos. Así pues, desde el contexto actual de cómo se entiende la técnica, es necesario romper los esquemas o prejuicios acerca de los usos de objetos técnicos y volver a moldear una concepción crítica acerca de cómo se comprende y bajo qué términos y circunstancias políticas, a la técnica. El libro recorre toda esta concepción. Esta divido en cuatro capítulos; el primero de ellos, narra la concepción protésica de la técnica como efecto compensador de la naturaleza. El segundo, trabaja las cuestiones de la técnica desde la teoría instrumentalista poniendo de relieve la figura del instrumento Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 225 comprendiéndolo como un esquema de “problema/solución”. El tercero trabaja las ideas de la teoría sustancialista de la técnica, especialmente desde las concepciones de Heidegger y Winner, para finalmente compensar estos dos modelos que Parente propone unir. Pues no quedarse solamente en la categoría instrumentalista de la técnica sino complementarla con la sustancialista. En éste sentido la propuesta de Parente es que sólo desde la “instrumentalidad del nivel II” es posible redefinir el concepto de técnica y así integrar tanto los aspectos biológicos y culturales. Desde éste punto de vista, la concepción instrumentalista se ha visto superada por los planteos resolutivos que pretendía desde el punto de vista de la técnica. De hecho, el libro muestra que toda concepción biologicista necesitó recurrir a la esfera de lo cultural para redefinirse. Los aportes del trabajo de Parente presentan pues, varios aspectos importantes. En primer lugar, la intervención de los aspectos éticos y políticos en el concepto de lo técnico como modelo protésico de compensación. En segundo lugar, la dimensión cultural con la que trabaja el concepto de “técnica” entendiéndola como la indagación acerca de cómo es posible “abrir mundos” en la pregunta “para qué” hablar en términos de problema/ solución. Y en tercer lugar, la convergencia que establece entre el objeto técnico y el ámbito interpretable del mismo, es decir, cómo se entiende lo que se define por “técnica” y bajo qué contexto se modela su significado. Estos aportes permiten entender, desde el lúcido trabajo del autor, cómo es posible manejarnos en un mundo en donde la técnica siempre tiende a una supuesta “resolución” social. Es decir, la técnica y los objetos o producciones técnicas, se inclinan más a resolver que a destruir, a compensar que a desequilibrar. Sin embargo, y tal como Parente lo trabaja en su texto, no debería entenderse a la técnica, ni a los artefactos técnicos en éste sentido, sino que debería comprenderse como efecto de una serie de desequilibrios provenientes de otros significados históricos que se han legitimado como tal. El libro pues, presenta estas dificultades, soluciones semánticas y prácticas del concepto “técnica” proponiendo una novedosa forma de pensarla desde una esfera biocultural. En éste sentido Parente es un especializado en el tema y como producto de su trabajo de tesis doctoral, ha concluido este profundo análisis que merece ser estudiado y trabajado críticamente. Así, resulta necesario pensar desde una perspectiva filosófica a la técnica y no incentivando o no su desarrollo, sino pensándola para nuestras sociedades actuales y futuras desde su Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 226 fundamento. En este sentido, es necesario leer uno de los pocos trabajos que en Argentina se ha realizado en lo que concierne a la “filosofía de la técnica” y que es el trabajo de Diego Parente. Una disciplina recientemente trabajada y disciplinada en el ámbito de la filosofía, ayudaría claramente a pensar a la técnica no desde un punto de vista canónico, sino desde todas sus variables, posibilidades y problemas. CATALINA NORA BARRIO Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina GONZÁLEZ R.-ARNÁIZ, G.: Ciberhumanismus. Una ética para el habitante de la sociedad tecnológica, CICTES-DOSS, MadridSevilla, 2010. 260 pp. En contra del apresurado final de las humanidades, quedan cuestiones especialmente relevantes y urgentes que contestar también en este siglo. Y desde luego el tenso conflicto entre lo, así llamado de forma genérica como “humanismo” y la igualmente generalizada “tecnología”, está muy lejos de haberse resuelto. Por ello Ciberhumanismus es un libro que no se conforma sólo con un recorrido histórico más o menos erudito sobre algunas cuestiones filosóficas, sino que pone encima de la mesa un problema que, dicho orteguianamente, se enfrenta al “tema de nuestro tiempo”. Lo ciber o cyber es así la quintaesencia del cambio tecnológico, algo que todo el mundo entiende vagamente cuál sea su significado pero que está lejos de comprender realmente en sus últimas consecuencias. Lo ciber abre así todo un territorio nuevo donde la vida cotidiana se transforma; donde tanto lo político (Winner) como lo ético (González Arnaiz) han de ser cuidadosamente reformulados para evitar sorpresas desagradables. Tal como indica la propia tradición filosófica el humanismus (sin el cyber) es también, y en muchos sentidos, la tarea perdida de la filosofía en los dos últimos siglos, o así lo afirmaba radicalmente Heidegger (Carta al humanismo) y continúa sosteniendo, de forma confusa, algunos de sus epígonos como Peter Sloterdijk (Normas para el parque humano). En medio nacen tendencias celebratorias de este fin del hombre y sinsentido del humanismo que apuestan por una mejora radical de lo humano a través de la tecnología. Periclitado el humanismo parece que solo queda sitio para el transhumanismo y el posthumanismo. La cuestión que trata este libro es así de plena actualidad. Tal como aparece indicado en el prólogo, el objetivo reside en ver en qué términos podemos hablar de nuevo de lo humano en una sociedad tecnológica. Y Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 227 para ello Arnaiz reconstruye una descripción de la sociedad y sus relaciones con la ciencia y la tecnología desde el punto de vista histórico para continuar con el análisis de una sociedad que ya se define esencial y radicalmente como tecnológica. Las dos últimas partes, tanto el capítulo cuarto como el apéndice, proponen la posibilidad de reconstruir un ciberhumanismo como forma de identificar las pautas para guiarse en este mundo globalizado y virtualizado. Insistimos, el tema del libro es de extrema importancia y reclama un lugar central en la discusión filosófica actual. Desvela también los déficits que provienen tanto de la perspectiva humanista como de la tecnológica. Y concluye con la reconstrucción moral de ambos dos. El planteamiento de Arnaiz se alinea así con una crítica, en sentido de análisis, de la tecnología a la que se puede alinear con otros autores. Sin caer en una fácil tecnofobia también evita los cantos de sirena propios de transhumanistas radicales y tecnófilos. Hace cierta la frase de Wittgenstein “el mundo tal como me lo encontré” y por ello intenta orientar el discurso hacia una alternativa real. En el libro se aprecian ciertos posicionamientos realmente importantes. En la discusión sobre la “cibercultura” se nota que el peso del análisis recae antes en lo humanístico que en lo tecnológico. Esto es complemente correcto aunque olvidado con frecuencia: la tecnología no tiene un carácter reflexivo capaz de dar cuenta de las propiedades éticas y morales de sus constructos. De hecho cuando los tecnólogos quieren reflexionar sobre sus propias obras tienen que cruzar una línea que los convierte en proto o cripto filósofos. Un caso claro es el de Richard Stallman, quien en su cruzada por el software libre ha de acudir a términos éticos y políticos que no se encuentran en ninguno de los enunciados tecnológicos. Hablar de libertad, de abierto (open) refiere antes a una cualidad moral y ética que a un software determinado. No es casual que se ligue la idea de lo “open” a la sociedad abierta popperiana o que el bien como idea regulativa kantiana sea una magnífica herramienta para explicar la importancia de los nuevos comunales electrónicos. Siguiendo a Carl Mitcham, Arnaiz acepta que los dos modos de pensamiento -tecnocientífico y humanísticono son simétricos. El humanístico tiene una capacidad de autorreflexión que no tiene el tecnocientífico. También el análisis de lo posthumano tiene ligazón con quizás uno de los libros más inteligentes sobre cibercultura, el de Kathleen Hayles, How We Became Post-Humans, en donde se trata de explicar lo posthumano alejado de las teorías extravagantes Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 228 de Hans Moravec o Marvin Minsky. La cibercultura es una parte, no hay que olvidarlo, de algo mayor que de forma quizás un tanto difusa pero no por ello menos cierta, se puede llamar cultura humana. Olvidar este hecho lleva a los excesos de la vida virtual, de una pseudo religiosidad que en otra parte hemos calificado como tecnohermética. Este desequilibrio señala sin duda un problema. Aunque algunos científicos y tecnólogos han intentado suplir el déficit de reflexiones éticas, políticas y religiosas sobre el hecho tecnológico, por lo general el resultado ha sido más bien pobre y muy poco satisfactorio por no decir que en ocasiones se ha rozado el ridículo. Por ejemplo, la idea de Tipler de la inmortalidad del alma como modelo computacional del universo entraría en esta última clasificación. Despojados de una tradición de pensamiento que durante más de 3000 años ha conformado nuestra cultura es difícil no caer en errores básicos. No entender correctamente la razón instrumental, tal como señala Arnaiz, nos conduce a ideas y reflexiones muy difíciles de aceptar. Y si lo dicho es cierto entonces sí existe una tarea por realizar, una necesidad de dotar de sentido, más allá de la pura practicidad, que los “humanistas” no deberían abandonar. En la tradición humanística este abandono ha sido tomado en parte por las ciencias sociales, tales como la sociología de la ciencia, el programa fuerte y otras escuelas cuyo sentido, nos dicen, consiste en describir antes que prescribir cómo se desarrolla el proceso tecnocientífico. Cualquier normatividad parece molestar profundamente a los académicos de este campo. Hablar de ética está prohibido. Esta elección no se encuentra exenta de peligros y de insatisfacciones. En primer lugar se establece una cesura insalvable entre activismo y academia, un problema que los estudios CTS han arrastrado en las últimas décadas. El activismo o la militancia se presenta así como una actitud quijotesca porque al fin y a la postre no tiene un respaldo teórico fuerte. Pero por otra parte crece la insatisfacción ante el resultado académico que parece convertirse en un producto de “consumo propio” con apenas incidencia en la sociedad. Los problemas tecnológicos crecen por doquier en este siglo, desde los vertidos en el Golfo de México a la catástrofe nuclear de Fukushima y nadie parece dispuesto a aceptar un determinismo tecnológico, una impotencia ante el control del cambio tecnosocial. Por ello uno de los padres de los microanálisis de la tecnociencia Wiebe Bijkers afirmaba no hace tanto la necesidad de dar una respuesta ética y política a los análisis de su escuela. Esta necesidad tiene un principio básico que es Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 229 el que Arnaiz indica, la necesidad de reconstruir un humanismo, un ciberhumanismo, que permita dar apoyo teórico a las decisiones y oriente en la acción. Luchando contra esa determinación naturalizada del mercado y de la tecnociencia, este libro permite abrir una puerta hacia una perspectiva diferente, hacia una reformulación de lo humano en unos tiempos de incertidumbre como los que nos toca vivir. ANDONI ALONSO PUELLES Universidad Complutense de Madrid PICKERING, A. The Cybernetic Brain: Sketches of Another Future. Chicago University Press, Chicago, 2010. 526 pp. Hay diversas historias de la cibernética, acaso tantas como analistas o representantes de la misma. La monumental obra de Andrew Pickering The Cybernetic Brain: Sketches of Another Future es un ejemplo de ello. Autor reconocido en el área de los Estudios de Ciencia y Tecnología por obras como Constructing Quarks o la clásica The Mangle of Practice, en la obra que nos ocupa Pickering elabora una original revisión historiográfica de la cibernética, centrada en la trayectoria de la misma en Inglaterra y emancipada de la destacada figura de Norbert Wiener. Desde un punto de vista filosófico, la originalidad de su imagen de la cibernética se pone particularmente de relieve al compararla con la propuesta por Martin Heidegger hace cuatro décadas, en textos como El final de la filosofía y la tarea del pensar o en su entrevista a Der Spiegel. Para el pensador alemán, la cibernética se era, principalmente, “la teoría para dirigir la posible planificación y organización del trabajo humano”. “Teoría”, a su vez, no era en este caso más que otro modo de referirse al “carácter operacional y modélico del pensar representantecalculador” (Heidegger, 1966, p. 80). Heidegger percibió la cibernética como conspicua expresión del presente, como síntoma de la elevación de lo técnico al estatus de modelo del pensar y operar –o del pensar en tanto que operaren nuestro tiempo. A sus ojos, la cibernética estaba llamada a ser la nueva “ciencia fundamental” y a ocupar el lugar tradicionalmente reservado a la filosofía. El tiempo de esta última, de la filosofía en tanto ciencia primera, en tanto que metafísica, se habría consumido al consumarse la reflexión teorética como acción cibernética, o, dicho de otro modo, al revelarse el deseo Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 236 proyectos cibernéticos aparecen en sus páginas con voz propia, cargados con sus estructuras, identidades y conflictos, a veces indiferentes, en su plenitud, a los esquemas con los que el autor trata de encauzarlos hacia el lector y, a través de éste, hacia el futuro y el pasado. Por concluir con una vuelta a Heidegger, cabe señalar que The cybernetic brain se caracteriza por mostrar y apuntar, por tratar de revelar y rememorar una constelación del ser diferente de aquella que nos legó la modernidad. En este sentido, la cibernética no sería una consumación del pasado metafísico y de la técnica presente sino un espacio abierto a otras ontologías que pudieran surgir por ellos. Incluso cuando la orientación del apuntar resulta imprecisa, nos hace conscientes de la existencia de un espacio, de una distancia y un horizonte -o una multitud de ellossiempre que, como advierte el proverbio chino, no quedemos cautivos del dedo que apunta. Esta obra es el índice con el que Pickering ha intentado explorar y apuntar en dirección a otras ontologías, iluminando con ello el perfil de aquéllas en que cada día, inadvertidamente, nos movemos. ANTONIO CALLEJA LÓPEZ Universidad de Exeter, UK MOLINUEVO, J.L.: Retorno a la imagen. Estética del cine en la modernidad melancólica, Archipiélagos, Salamanca,2010. 232 pp. Este libro integra un conjunto de análisis y reflexiones sobre Cine, Teoría del Cine, Crítica, Estética y Filosofía. En palabras de su autor, trata de “miradas contaminadas, movimientos en falso e identidades borrosas documentadas en imágenes poéticas de la modernidad melancólica”, una descripción que desde el prólogo permite saber a qué se enfrenta el lector. La obra se estructura sobre dos partes diferenciadas. La primera, la introducción, está compuesta por dos capítulos: ‘Retornos a las fuentes contaminadas’, ‘Imágenes con/sin historias. Espacios de tiempos’; y la segunda, por tres: ‘Miradas’, ‘Movimientos en falso’ e ‘Identidades borrosas’; y todos ellos se corresponden con un enfoque ensayístico de planteamientos cinematográficos en los que el autor recapacita sobre la imagen desde y en esta era tecnológica. De un modo asistemático y, en ocasiones, sobresaliente, el lector encontrará imbricados en estas páginas aspectos de psicología social e individual, psicoanalíticos, religiosos, filosóficos, artísticos y, fundamentalmente, cinematográficos. Porque esta obra habla de Cine, todo lo demás que en ella queda recogido, como la Literatura, el Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 237 Arte, la Fotografía son aposiciones, una circunstancia que evidencian tanto las imágenes como el lenguaje cinematográfico del texto. Éste, en cualquier caso, potencia la necesidad de re-examinar la imagen como soporte de la expresión del ser humano y, en consecuencia, invita a su contemplación como medio de aproximación a la condición humana. Una tarea siempre compleja y ahora multiplicada por la tecnología. Las confusas y engañosas apreciaciones de las que trata la obra corresponden a diversos ámbitos -la literatura, la pintura, la filosofía y la fotografía, entre ellosque han vinculado el cine al concepto de ‘tiempo’ y olvidado el de ‘espacio’, frente a los cuales reivindica lo que podría denominarse el ‘espacioimagen’. De ahí que José Luis Molinuevo trate de ‘retornar’ a las imágenes originarias, a las propias obras, y a sus protagonistas -directores, creadorespara buscar un modo mejor de “interpretación” del cine, de su estética, de su cultura, de su teoría. Pero no se trata de una sistemática hermenéutica. La intención, como subraya su autor, es mostrar las películas más que explicarlas y revelar el papel que las nuevas tecnologías han desempeñado en su evolución e interpretación; fundamentalmente, la que atribuye al cine la pretensión de detener el tiempo atrapándolo en imágenes. Una atribución con la que el autor no está de acuerdo. Sería más exacto, desde su óptica, decir que “se trata de un tiempo hecho espacio en la imagen” (pág. 12)2. El autor aboga, pues, por pasar de una cultura o época donde se oían los diálogos –en clave existencialistaa ver las imágenes y su diálogo. Imágenes que sustentan y son que las expresan los sentimientos, los ritmos, motivo por el que, para él, no haya tristeza en la revisión del cine de la modernidad sino más bien una cierta “alegría” por la metamorfosis vitalista de esas imágenes. ¿Por qué entonces aparece denominado este tiempo como modernidad melancólica? Porque han desaparecido las utopías, porque se alude a la supuesta muerte del cine de entretenimiento, porque se lamenta la sobredosis de imágenes causada por las nuevas tecnologías y su correlativa nueva cultura, porque es consciente de la imposibilidad, a veces, de ser contemporáneos de su tiempo. De la larga lista de factores que se apuntan y que incluso podría ampliarse, la conclusión a la que se llega, sin embargo, es una: El retor2 Las páginas del texto disponible en Internet no están numeradas, por lo que la numeración aquí apuntada es obra de quien esto escribe. En la correlación de páginas se han incluido únicamente las que tienen texto, es decir, sin contar ninguna página como separación entre apartados o capítulos. Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 238 no a las imágenes que propugna el autor es una vuelta a la experiencia estética, y esas imágenes sitúan, pues, este análisis en los límites de una filosofía que “perdió el tren de la imagen”, de una literatura que es ahora “decididamente visual” y de un cine que “rechaza el concepto, evita explicarse y reclama ser percibido en la inmediatez de la emoción y el sentimiento” (pp.12-13). ‘Retorno a la imagen. Estética del cine en la modernidad melancólica’ no es de fácil lectura. No es preciso ser un cinéfilo para leer este texto, pero sí se requiere estar dispuesto a dejarse llevar [por las imágenes], a pensar las imágenes y en imágenes. Obviamente, conocer al menos parte de los aproximadamente dos centenares de películas que cita facilita su comprensión. Los fotogramas que acompañan a la obra, aunque ayudan, no son suficientes para extraer el máximo partido posible del libro de Molinuevo, donde el Arte, la Fotografía y el sonido se conjugan en un ambicioso proyecto. Él mismo admite que se ha editado aun estando a la espera de nuevos soportes digitales que permitan una “experiencia poliestética” (pág. 14), mientras, en esta obra ‘conviven’, los Cranberries, el ‘Adagio para el concierto de oboe’ de Marcello, Nat King Cole y Vivaldi; Houllebecq, Goethe, Murakami, Rilke y Camus; Paul Klee, Cézanne, Velázquez, Schiller, Frie, Duchamp, Bacon; Hobbes, Hegel, Schopenhauer, Ortega y Gasset y Kafka. A esta compleja y, por momentos, brillante lectura, además, contribuyen tanto su contenido, nada menos que una Filosofía y Estética del cine comprimida en apenas 200 páginas, y su forma de exponerlo. Así, se ha elaborado recopilando experiencia y experimentación e imágenes compartidas en su blog ‘pensamiento en imágenes’, y presenta un diseño desentendido en el que las páginas no están numeradas, como tampoco sus epígrafes algo todavía característico de los libros que se editan para su descarga gratuita en Internet. Estas peculiares premisas no impiden, sin embargo, percibir un hilo argumental a lo largo de las páginas a modo de desconcertante e intrigante “viaje” por esas miradas, “indagando lo que queda (y queda mucho) de esa modernidad melancólica”. Eso sí, el texto, como dice el autor, no es histórico ni tampoco nostálgico, es un ejercicio de comprensión del presente más que una prospección del futuro. En este esquema, el primer apartado se ajusta a la re-visión de esas imágenes a las que pretende retornar y que dan título a la obra. En esta sección, José Luis Molinuevo explica por qué las imágenes de obras cinematográficas y pictóricas que nutren la obra han dejado de ser Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 239 complementos para convertirse en el eje del mensaje que se comunica, tanto en el cine como en este propio libro. ‘Fata Morgana’, de Herzog, es, según admite, la cinta que, le permitió hallarse por primera vez conscientemente con la modernidad melancólica y el espejismo de lo trascendental. En las turbinas de un avión, en sus paisajes, descubre las imágenes como ‘fiesta’ de la percepción, con una condición particular: un discurso propio. Estas imágenes son cambiantes y tienen, pues, un camino propio independiente del texto. Son pues, la “única razón de su existencia”. En esta cinta, Molinuevo encuentra una “clara inspiración” en Schopenhauer y una síntesis de melancolía alegre y agridulce como la que, a su juicio, compendia la modernidad actual. El amplio bagaje filosófico y cinematográfico del autor es patente en la línea general de exposición y apreciación de la obra que estudiamos. Es lo que le permite desvelar al antihéroe existencial y sus habilidades en ‘Stalker’, de Tarkovski y una ‘rebelión’ antihegeliana en los directores de cine de tiempo lento, impulsores de un cine esencialmente de sentimientos y no de conceptos. Directores que se niegan a reducir las imágenes a palabras, en cuyas obras el acontecer es la espera misma y donde se reivindica un planteamiento oscilante del tiempo frente al planteamiento lineal. La clave para entender este planteamiento es la evidente labilidad de los sentimientos, en los que Molinuevo llega a proyectar la manifestación, como el existencialismo con el que se asocia, del malestar de la burguesía. La conocida trilogía de Antonioni compuesta por ‘La aventura’, ‘La noche’ y ‘El eclipse’ le dan pie para desarrollar en parágrafos sucesivos estos pensamientos, que enlaza magistralmente con imágenes sonoras. Así, cita el chirriante sonido ambiente de coches y de obras como un ejemplo gráfico de la oscilación disruptiva de los sentimientos, de las sensaciones. Una comparación o asociación que encuadra hábilmente con el contenido que el autor considera más destacable de esta trilogía, la descompensación entre el hombre moral y el científico y sus repercusiones en los sentimientos. En este marco, el paisaje también se descubre como un elemento decisivo, pues, como bien subraya, el origen de los sentimientos puede ser genérico, cultural o ambiental. La crisis del paisaje, consecuentemente, es la crisis de los personajes. Llegados a este punto, el autor revela una de las que considera “palabra clave”: Entre –que en ocasiones escribe en mayúsculas-. Desde su punto de vista, el cine no tiene por qué ser una secuencia Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 240 narrativa, pero sí es una secuencia sincopada con intersticios. Es donde que se cruzan los tiempos rápidos y lentos, sus correspondientes espacios, un espacio-imagen que resulta muy clarificador con su denominación Entre. De ahí la fascinación por los “seres intermedios”, las figuras extremas del goce y del sufrimiento. Son los semidioses y los dioses del momento, argumenta, la imagen de la naturaleza escindida, no unida. De ellos “se espera que sean otra cosa”, de ahí la “incomodidad” de la indecisión que configura “una particular estética de la transición intransitiva, a diferencia de la mantenida en la experiencia estética moderna” (pág. 33). Una tesis que, en cierto modo, señala a la incapacidad del pensamiento (existencial o filosófico) de alumbrar metas alcanzables. Esta actitud o percepción vivencial ha de emprender entonces un nuevo camino. La llegada de las nuevas tecnologías obligará a reflexionar sobre el espacio de otro modo –‘El desierto rojo’ de Antonioni es, a su juicio, “la manifestación primaria del lado oscuro de lo sublime tecnológico” (pág. 34)-, como espacioimagen. En la sociedad moderna los espacios cambian o se destruyen mutuamente y es complicado distinguir lo que se entiende por un espacio real de uno virtual. Los nuevos espacios proyectan también una forma distinta de ser y de estar en él. “No es el mundo proyectado desde la mirada sino la mirada como reflejo del mundo”, en palabras de Molinuevo. Es decir que se trata de una mirada ‘alienada’, de lo otro, agitada desde fuera. El decidir qué mirar se convierte, por tanto, en una opción esencial y en una de las finalidades de la “modernidad melancólica” en la que lo estético y lo moral muchas veces van de la mano. Un ejemplo de ello es el carácter decisivo que normalmente tiene la mentalidad estética imperante desde la cual se miran las imágenes. El error en la percepción resulta, pues, especialmente relevante. Un tema que se aborda en este libro con el análisis de Tokio Ga’, de Wenders, una estética entre el ser y la nada, entre la pérdida y la sobredosis de imágenes, es decir, la percepción del espacio cotidiano de nuestra civilización, dice su autor citando a Ozu. La estética del Entre, con resonancias tan diversas como ‘Pierre le fou,’ de Godard; a Ortega y Gasset hablando del espacio y el tiempo retratado por Velázquez; a Heidegger y unos árboles que impiden ver el bosque; y al racionalismo vital de María Zambrano, se desarrolla envuelta en una estética audiovisual donde la imagen sonora y la visual se someten a criterios a la vez universales y limitados por obra y gracia de la globalización. Y lo que el autor destaca precisamente es que Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 241 “lo que busca esta modernidad melancólica es la independencia estética como forma de servicio social”. Hay en el fondo la convicción de que la vida no tiene argumento. Una vida en la que las fronteras entre lo natural y lo artificial “se han borrado” a causa, entre otros motivos, del abrumador bombardeo de imágenes. Estos espacios intermedios, estos a modo de intersticios se describen y analizan en el capítulo ‘Imágenes con/sin historias. Espacios de tiempos’. La película ‘El estado de las cosas’ conduce aquí al autor a rememorar la historicidad del Dasein en Heidegger y la razón narrativa de Ortega y Gasset. Su aplicación a la teoría del cine le lleva a concluir que esta cinta da una clave sobre la nueva situación de los dos discursos tradicionales: “El de la narración e historia sería el de la inautenticidad, mientras que el de los intervalos y vacío sería el de la autenticidad. Los planteamientos existenciales se invierten, el de las historias resulta ser ahora el cine de entretenimiento” (pág. 52). De ahí que se abogue por una educación estética en imágenes, que resulta también una educación de los sentimientos o, lo que es lo mismo, una educación de la modernidad estética, con lo que ello conlleva de crítica a la industria cultural del momento, según dice Molinuevo. A todo lo cual habría de añadirse la consiguiente crítica a la educación y a la enseñanza. A la vista de esta conclusión, es fácil entender por qué emerge páginas después la necesidad de revisar toda la tradición de teoría cinematográfica que va de Bergson a Deleuze, pasando por Bazin y la tradicional división de las artes, el cine y la música como artes del tiempo. Como hemos visto, este reajuste del sentido de las imágenes conlleva un reajuste de la experiencia estética y de la vital, sin olvidar el apenas aludido trasfondo artístico. Incluso, de la experiencia social, cuanto menos, en la relación cine y sociedad. A este respecto, el texto recurre a las reflexiones de los directores que se preguntan por qué las imágenes deben tener sentido, significar algo. La vida, la historia que cuentan, sólo está ahí y ellos la muestran, pero no la explican. Y he aquí el quid de la cuestión, pues es la diferencia entre el Cine –al menos el suyoy por lo menos parte de la Literatura y la Filosofía. El surgimiento de lo sonoro –en las imágenes de tiempo lento, precisareplantea, pues la estética tradicional y el principio de narración como método audiovisual y lo hace centrándose en esos intervalos sincopados donde circula la vida y están los objetos. Se trata, así, de cine moderno en el intento de ser contemporáneo en el presente y del Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 242 inicio de “una verdadera” Teoría Crítica de la imagen. En esa estética del Entre, José Luis Molinuevo dedica un apartado especial a los denominados ‘Tiempos muertos’, donde se abordan los temas sobre los que no es habitual escribir y las imágenes que no suelen mostrarse. Los personajes que le sirven para apuntalar su tesis son presentados como antihéroes o héroes líricos no épicos y manejándose mal en sociedad. Son las figuras, dice, “del malestar estético, resultado de la crisis del idealismo, de vacío interior, miran en los viajes sin sentido, buscando estímulos que les hagan vibrar”. Son percepciones, vivencias, desarraigadas, interiormente huecas, desvalidas… En palabras del autor, “viajan en busca sensaciones, no sensacionalistas, sino que les hagan vivir, viajan esperando algo y siempre huyendo de algo”. Una descripción que evoca un paralelismo curioso, por cierto, con la propia definición que de esta obra da el autor, ese “viaje” de búsqueda –que Molinuevo intenta delimitar incluso diciendo que “En realidad, todo lo que este libro quiere plantear es el dilema que se encierra en una única secuencia. La que Wenders pudo sustraer al corte de Antonioni en ‘Más allá de las nubes’ y que muestra a Mastroianni pintando la montaña Saint Victorie de Cézanne” (pág. 13)-. De lo expuesto, resalta la relevancia de la Fotografía y el Arte en este apartado. Así, ‘Imágenes en espera’ es una imagen de ‘El final de la violencia’, de Wenders, una cita icónica del cuadro ‘Halcones de la noche’, de Hopper. Un diálogo entre diversos soportes, como cine y pintura, recogido también en el conocido rodaje de un documental de Antonio López pintando un membrillo. El tiempo, indudablemente, es determinante para ambas manifestaciones artísticas en este caso. Imágenes poéticas y meditaciones icónicas dan así paso al tema de la independencia estética y su intención artística. Esta independencia estética, según recuerda el autor, consiste en el intento de hacer visible lo visible, una meta que comparte con la Filosofía y con el creativo y religioso. Para Molinuevo, ese intento conlleva el compromiso con lo real, con la imagen, “intentando ser mejores en sentido ético, pero ayudando a crear un ethos robusto, como es –en esto síel de la modernidad melancólica”. No es, pues, un volver a reivindicar al margen de la industria sino de intentar desarrollar en ellas las creaciones propias. Como advierte el autor, se trata de un punto decisivo de la teoría que expone en este libro. Defiende una modernidad “realista, de la vida, de los objetos”. Por eso, el revisitar las imágenes pasadas no es para indagar en lo Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 243 que representan sino por el interés el de la imagen misma” No es sólo la imagen de los objetos sino la imagen como objeto la que interesa. Es la modernidad de los objetos emancipados de los sujetos” (págs. 100-101). De ahí que Molinuevo proponga un compromiso, pero desvinculando esta palabra de su acepción más difundida, la política y social, sino en cuanto compromiso con la realidad, con el lenguaje. Una postura que recuerda una primera aparición de este catedrático de Estética a las páginas de Argumentos de Razón Técnica (nº 10; 2007) con el estudio ‘Hacia un nuevo lenguaje de la ciudadanía’. Recapitulando, el ‘Intermedio’ de la obra insiste en estas teorías argumentándolas desde el examen de distintos filmes. El regreso a la añorada mirada pura coincide en su exposición con una renovación tecnológica de la que hay numerosos ejemplos en el cine. De ahí que el autor dedique a continuación un epígrafe a relatos detallados de esos que llama ‘Movimientos en falso’. Entre estos relatos destacan ‘Fitzcarraldo’ de Herzog; y ‘En el curso del tiempo’, de Wender. En su análisis, como en el resto de los muchos contenidos en esta obra, Molinuevo mira a los actores y personajes en cuanto tales, no por lo que representan. Se erigen así en las auténticas identidades “borrosas” y cambiantes de las diferentes películas, hasta el punto de que reclama para ellos una exposición que destaque su protagonismo. Mientras, él les corresponde dedicándoles el último capítulo del libro. ‘El abismo melancólico’, ‘Nosferatu’ e ‘Identidades mutantes’ son tres de las películas que examina bajo este título. La huida, la mutación y la necesidad, el dualismo cuerpo y mente, el cuerpo y el movimiento son algunos de los asuntos que se esbozan en estas páginas y de las que el autor se vale para mostrar que lo intencional se muta, desemboca en lo inintencional, en el movimiento en falso. “Si la modernidad tópica y clásica es la de la intencionalidad de los actos la melancólica lo es de la inintencionalidad de sus consecuencias”. Incluso, según su punto de visa, en la modernidad melancólica de las tecnologías, “el nuevo ser está basado en accidentes. En esa atmósfera de inintencionalidad, las acciones tienen consecuencias, pero no responsables”, afirma en este sentido (pág. 211), lo que le conduce a preguntarse si es posible una Estética sin Ética. Aun considerando la imagen como una identidad –terminal-, lo cierto es que no parece que esto sea posible. Aunque no esté respaldada suficientemente, o al menos tan profundamente como requiere, la enorme carga que estética, ética y filosófica que subyace en esta obra impiden considerar una Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 244 Estética sin Ética. No es casualidad que este laborioso texto termine con el examen de ‘Identidades neohumanas’ y la imagen ‘imaginativa’ de un libro dejado en la arena, una imagen calificada por José Luis Molinuevo como “bioestética”. Las diferentes representaciones del ser humano y la posibilidad de un transhumanismo potenciado por las ciencias y la tecnología justifican sobradamente el retorno a la imagen originaria. Después de todo lo expuesto, con sus pausas e intersticios, es llamativo que el autor subraye una palabra –Entrepara destacar el ritmo y la interrupción del discurso. La imagen es la materialización con la que los seres humanos tratamos de interiorizar ideas, ese algo abstracto de la razón. Por eso tienen esa fuerza, que muchas veces hasta llega a persuadir minimizando los procesos racionales –muchos son los estudios al respecto elaborados sobre la televisión-. Ésta es la razón también por la que hay que educar la mirada, como plantea este texto, que genera interrogantes tan importantes, diversos y estructurales al mismo tiempo que significa una experiencia estética y verdaderamente multidisciplinar. REYES GÓMEZ GONZÁLEZ Universidad de Sevilla LEONARD, A. (en colaboración con Ariane Conrad): La historia de las cosas. De cómo nuestra obsesión por las cosas está destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud. Y una visión del cambio. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2010, 390 pp. Una sencilla camiseta de algodón puede no ser un objeto tan inocente como parece. Su precio llega a ser irrisorio: 4,99 €, o incluso menos, lo cual no sólo nos exime del sentimiento de culpa por el gasto, sino que nos llena de satisfacción ante la consciencia de haber adquirido una auténtica ganga. Los estantes de las grandes superficies están llenos de ellas: cosas cuyo precio de ningún modo puede cubrir el verdadero coste en recursos naturales, diseño -tremendamente complejo en el caso de gadgets tecnológicos-, fabricación, transporte transcontinental, embalaje, distribución nacional, publicidad, y un larguísimo etcétera. ¿Cómo es posible que todo esto se nos ofrezca a precio tan irrisorio? La historia, contada desde el punto de vista de un consumidor bien acomodado del primer mundo, parece un cuento de hadas: el mejor de los mundos posibles. Desgraciadamente, habría que adoptar una perspectiva distinta para comprender cómo funciona de verdad el sistema, y hacia dónde nos conduce. Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA 245 Este cambio de perspectiva es lo que nos propone Annie Leonard en un libro valiente, original, necesario, comprometido e incómodo: ¿y si en vez de seguir contándonos nuestra autocomplacida historia de consumidores echáramos un vistazo a la historia de las cosas que consumimos? ¿De dónde proceden los materiales que las componen? ¿Qué implicaciones tiene su extracción para el medio ambiente y para las comunidades que habitan aquellos lejanos países? ¿Qué productos químicos nocivos se han empleado en esa extracción, y qué ingente cantidad de desechos contaminantes ha generado su manufactura? ¿Qué toxinas forman parte aún del producto final, y pasarán a nuestro propio organismo, o a los de nuestros hijos? ¿En qué condiciones han sido producidos estos bienes de consumo? ¿Sería posible que mantuvieran esos mismos precios con condiciones laborales dignas? ¿Cuánta polución ha generado su transporte? ¿Cuánto tiempo hemos empleado en trabajar para conseguirlos? ¿Por cuánto tiempo satisfarán nuestros deseos? ¿Y qué ocurrirá con ellos cuando ya no nos sirvan? ¿Es una verdadera solución el reciclaje, o sólo otro estúpido desperdicio de recursos y energía? Si, en lugar de seguir contándonos nuestro propio cuento de hadas, atendiéramos a esta historia de las cosas, nos daríamos cuenta de que el proceso por completo está desquiciado. Leonard, especialista originalmente en el tráfico internacional de basuras, fue siguiendo la pista durante años a nuestros productos de consumo trabajando para Greenpeace, GAIA y otras ONGs medioambientales. El fruto de su estudio lo concentró en un video minimalista, de poco más de veinte minutos, que apareció en Youtube en 2007, y que hoy es mundialmente conocido (ver www.storyofstuff.com). Tan sencillo como brillante, el documental es un verdadero hito en la historia de Internet, con más de doce millones de visitas, traducido a una docena de lenguas, y utilizado en incontables cursos para ilustrar el fracaso de la racionalidad tecnocrática moderna y el modelo occidental de sociedad consumista. Recomendarlo aquí sería quedarse corto: ver este vídeo es todo un imperativo. El libro, escrito en colaboración con Ariane Conrad, sufre un poco con el cambio de medio -sin que hayamos de acudir por ello al ajado tópico de McLuhan-; aunque el resultado también es excelente, y muy recomendable. Repite la estructura del famoso video, componiéndose de cinco capítulos que recorren el incógnito trayecto de nuestras cosas antes y después del breve lapso de tiempo que permanecen en nuestros hogares: extracción, producción, distribución, consumo y desecho. A Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA Argumentos de Razón Técnica, nº 14, 2011, pp. 223-252 252 objetivo de provocar la reflexión sobre el conflicto llevamos al consultante más allá del conflicto, otorgándoles distintas estrategias que propicien a la “reubicación existencial”, y así ver la disolución del conflicto. Contamos entre estas estrategias con el Pensamiento Creativo (cap. III); con distintas dinámicas flexibilizar la capacidad de percepción (cap. IV); o diversos métodos de toma de decisiones, como el que nos llega desde el pragmatismo de W. James (cap. V). El método de trabajo de la Filosofía Aplicada resulta llegado a este punto un haz de opciones bastante amplio que permite al orientador elegir el camino que resulta más cómodo según el problema que se le presente. Personalmente, veo en esta característica algo positivo frente a la metodología definida de la Mediación, si bien este rasgo de la Mediación la hace frente algunos problemas bastante más práctica. La aplicación de cada disciplina vendría definida por la situación en la que tenga que ser adecuadamente empleada. La Mediación y la Filosofía Aplicada tienen un hueco en la sociedad actual que cada vez se van ganando con más medallas, y este manual da fe de ello. En unas disciplinas que cada vez más piden material formativo, un libro de estas características se recibe como agua de Mayo. La gran multitud de ejemplos, cuadros resumen al final de cada capítulo, casos prácticos, y ejercicios para que el mismo lector haga el “trabajo” del consultor o del consultante hacen de Resolución de conflictos desde la Filosofía Aplicada y desde la Mediación un libro de uso común. Y pese a este carácter, su lenguaje cercano y lectura amena lo hacen válido para la simple lectura informativa. Y ya sería de buena gana que comenzaran a aparecer en esta segunda década de este tercer milenio gabinetes de orientación filosófica como ya existen de mediación, porque la mayoría de los problemas de la sociedad en sus particulares y en general tienen una sencilla solución con tan poco como la reflexión. Y si bien hay muchísima gente con problemas, también hay muchísimos otros, como atestigua este libro, que están dispuestos a ayudar. MIGUEL VARO ORTEGA Universidad de Sevilla