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Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 131 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 Abstract Social innovation in urban policies is an un-trodden path, especially in the gender urbanism issue. Feminism, as an empowering discourse, has a great importance for urban policies due to its potential in detecting and assessing the episodes of urban violence suffered by women. To support this idea, twenty-one in-depth interviews were conducted with youth women (18-26 years) divided by levels of commitment to feminism. The differences of the interviewees when identifying and explaining the dynamics of harassment and violence suffered allow us to analyze how the presence/absence of feminist discourse intervenes in the way of living aggressions in the urban context. In each group, a certain level of critical awareness is combined with the prevailing need to operate as urban agents, which gives rise to different survival strategies and risk management. Key words Empowerment; Feminism; Urban Policies; Social Innovation; Urban Harassment Resumen La innovación social en las políticas urbanas es un campo poco transitado, especialmente en relación a la ciudad desde la perspectiva de género. El feminismo, en tanto discurso empoderador, guarda una gran importancia para las políticas urbanas debido a su potencial en la detección y valoración de las dinámicas de violencia urbana sufrida por mujeres. Para apoyar esta idea, se han realizado entrevistas en profundidad a mujeres jóvenes (18-26 años) divididas por niveles de compromiso con el feminismo. Las diferencias que presentan las entrevistadas a la hora de identificar y explicar las dinámicas de acoso y violencia sufridas permiten analizar cómo la presencia/ausencia de discurso feminista interviene en la forma de vivir las agresiones en el contexto urbano. En cada grupo se conjuga un determinado nivel de conciencia crítica con la necesidad imperante de operar como agentes urbanos, lo cual da pie a distintas estrategias de supervivencia y gestión del riesgo. Palabras clave Empoderamiento; Feminismo; Políticas Urbanas; Innovación social; Acoso callejero La utilidad del feminismo. Empoderamiento y visibilización de la violencia urbana en las mujeres jóvenes The Utility of Feminism. Empowerment and Visibility of Urban Violence in Young Women Lionel S. Delgado1 Fecha de recepción: 29-03-2018 – Fecha de aceptación: 13-06-2018 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, pp. 131-148. http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 1 Doctorando de Sociología en la Universidad de Barcelona; investigador en temas de Sociología Urbana, Movilidad Juvenil, Urbanismo con Perspectiva de Género, Feminismo y Estudios sobre Masculinidades. E-mail: [email protected].
Lionel S. Delgado 132 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 Introducción Decía Naila Kabeer (1999) que es importante ligar los logros del feminismo a las prioridades de las agendas institucionales para conseguir mejores sinergias entre las administraciones y el movimiento feminista (cfr. p. 435). Esta no es una cuestión baladí: en un contexto de austeridad presupuestaria en las políticas sociales, defender el interés del feminismo defendiendo su utilidad para las políticas públicas resulta valioso para una mayor difusión de los valores de igualdad de género en la praxis política. Asimismo, centrar el discurso en las ventajas que el enfoque feminista aporta a la sociedad permite romper con los estereotipos que ven en el feminismo una lucha sectorial de “suma cero” cuyos avances suponen un retroceso para otros grupos (cfr. ob. cit., p. 436). Asimismo, “hablar su idioma” en términos de eficacia, eficiencia y mejora de las políticas públicas puede ser una buena herramienta para promover que gobierno y administraciones integren nuevos planteamientos de igualdad. Si bien a lo largo de las últimas décadas se ha conseguido implantar un enfoque de género en las políticas públicas (gender-oriented policy) en varias áreas, en las políticas urbanas aún queda mucho por recorrer. El enfoque de género en las políticas urbanas es muy reciente y, aunque se llevan planteando debates sobre este tema desde los años setenta, no adquiere la legitimidad de un tema digno hasta décadas después debido al carácter masculinizado y tradicional del campo académico del urbanismo y la arquitectura (Durán Heras, 2017).2 No obstante, en los últimos años se dará una verdadera efervescencia académica en relación al urbanismo con perspectiva de género, con abordajes desde diversas disciplinas y estudios de distintos ámbitos que revelan la potencialidad y riqueza de un tipo de enfoque urbano lleno de posibilidades.3 A su vez, el desarrollo del enfoque de la innovación social y la gobernanza urbana, haciendo hincapié en las iniciativas que surgen desde abajo para afrontar necesidades no satisfechas de los ciudadanos (cfr. Pradel Miquel y García Cabeza, 2018, p. 21), permite una lectura por la que el feminismo puede entenderse como un motor de procesos de innovación social al intervenir en la forma en la que la ciudadanía se relaciona con la ciudad. En tanto discurso que permite resignificar realidades urbanas, visibilizar desigualdades y defender un modelo de ciudad inclusiva y disfrutable para todas y todos (Muxí, Casanovas, Ciocoletto et al., 2011), la difusión de una perspectiva feminista es un elemento valioso para las políticas urbanas, entendiendo por tales algo más que políticas locales, políticas urbanísticas y políticas públicas (cfr. Blanco y Subirats, 2012, p. 18); una articulación multinivel de actores, institucionales y no institucionales, volcados hacia la solución de distintos problemas en las ciudades. Para estudiar la potencialidad del feminismo como elemento de innovación social se ha realizado un trabajo de campo en la ciudad de Zaragoza investigando la influencia del acoso callejero en la percepción urbana de mujeres jóvenes (Delgado y Aguerri, 2018). En este artículo, las entrevistas en profundidad realizadas a mujeres jóvenes (1826 años) se han dividido por niveles de cercanía al feminismo para un análisis de discurso que permita ver la relación entre la concienciación feminista y los procesos de empoderamiento relacionados con la percepción y valoración de situaciones de agresión en contextos urbanos. En el presente artículo nos centramos en el perfil de la mujer joven. Se opta por un perfil concreto porque resulta incorrecto hablar 2 Para un repaso a la historia de la relación entre arquitectura y perspectiva de género, véase: Díez Jorge, María Elena (ed.) (2015). Arquitectura y mujeres en la historia. Madrid: Síntesis. 3 La cooperativa Col·lectiu Punt 6, por ejemplo, aúna a distintas profesionales (arquitectas, sociólogas y urbanistas) trabajando sobre herramientas de análisis urbano (Muxí, Casanovas, Ciocoletto et al., 2011), la experiencia urbana de trabajadoras nocturnas (Ortiz Escalante, 2017), métodos de auditoría urbana de género (Ciocoletto, 2014), estudios concretos de vida urbana desde el género (Ciocoletto, Gutiérrez Valdivia y Ortiz Escalante, 2014), entre otros.
La utilidad del feminismo. Empoderamiento y visibilización de la violencia urbana en las mujeres jóvenes Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 133 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 de “la mujer” en general, ya que pasa por alto que las interacciones de la mujer con el entorno urbano están estructuradas por diversos ejes de desigualdad; es necesario centrarnos en un colectivo concreto para analizar el cruce de los ejes de desigualdad mencionados, siendo especialmente cuidadosos con las distintas dimensiones de la opresión, como plantea el enfoque de la interseccionalidad (McCall, 2005). Nos centramos en las mujeres jóvenes porque existe un vacío bibliográfico en los estudios sobre la vida urbana de la juventud con perspectiva de género (Rodó-de-Zárate, 2011). Para ello, el artículo se estructura en tres partes. En la primera se desarrollará el aparato teórico donde se presentarán los elementos que hilarán la lectura de las entrevistas: se argumentará sobre la importancia de la innovación social para las políticas urbanas y sobre cómo el empoderamiento femenino resulta un elemento importante a tener en cuenta. En la segunda parte se desarrollará la metodología utilizada, así como las hipótesis planteadas. Finalmente, en la tercera parte se expondrán los resultados. Se cerrará con las conclusiones que repasarán qué hipótesis se han podido ver apoyadas por los resultados y cuáles ha habido que rechazar o matizar. Innovación social y exclusión urbana de la mujer La innovación social supone la puesta en práctica de nuevas aproximaciones sociales a los problemas de exclusión (Pradel Miquel y García Cabeza, 2018). Una suerte de inteligencia pragmática ciudadana que organiza recursos para una práctica empoderadora. Según la definición de Moulaert (citado en González, Moulaert y Martinelli, 2010), la innovación social: (…) se produce cuando la movilización de las fuerzas sociales e institucionales tiene éxito en el logro de la satisfacción de las necesidades humanas previamente enajenadas, la potenciación relativa de grupos sociales previamente excluidos o silenciados a través de la creación de nuevas ‘capacidades’ y, en última instancia, cambios en las relaciones sociales y de poder existentes tendentes hacia un sistema de gobernanza más inclusiva y democrática (p. 54). Como se ve, vuelve a relacionarse innovación social con la satisfacción de necesidades no resueltas ni por el Estado ni por el Mercado. La organización social permite un proceso de empoderamiento ciudadano (Mulaert, McCallum, Mehnood et al., 2013) que no sólo hace encontrar las distintas necesidades insatisfechas en un proceso común de empoderamiento colectivo, sino que desarrolla una conciencia común sobre la naturaleza de los problemas y las formas de afrontarlos. Así, innovación social y empoderamiento se encuentran íntimamente ligados: los episodios de innovación social abren (y son alimentados por) dinámicas de empoderamiento que dotan a la ciudadanía de herramientas para dar respuesta a las necesidades no resueltas. Es un proceso de retroalimentación donde causa y consecuencia son intercambiadas de manera dinámica. No obstante, al ligar innovación social con respuestas a diversos procesos de exclusión (cfr. Pradel Miquel y García Cabeza, 2018, p. 15) no sólo deberíamos pensar en el desempleo, los problemas de vivienda, las carencias de recursos básicos o la gestión de equipamientos públicos.
Lionel S. Delgado 134 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 La exclusión urbana es también un fenómeno fundamental que afecta a grupos sociales específicos definiendo su vida social. En las distintas formas de exclusión urbana, la situación que vive la mujer en la ciudad tiene unas características muy específicas y ha necesitado un enfoque propio en el que se aborde la realidad urbana con perspectiva de género. Este enfoque ha resultado muy productivo en las últimas décadas (Sandercock y Forsyth, 1992; Coffey, 1995; Greed, 1996; Bridge y Watson, 2000; Ortiz i Guitart, 2007) echando luz sobre la especificidad de género de la experiencia de la ciudad. Se trata de abordar la situación de la mujer, no sólo desde la desigualdad basada en la cantidad de recursos poseídos (como pasa con las demandas económicas, habitacionales o de recursos básicos) sino en lo que la situación permite a las personas hacer o ser. Se trata de acercarnos más al enfoque de las capacidades (Capability Approach) desarrollado por Amartya Sen (1984; 1985) por el cual la pregunta gira en torno a las herramientas que adquieren las personas para alcanzar actos o estados valiosos. La innovación social, en este sentido, podría enfocarse desde la producción de procesos que repercutan en el desarrollo de capacidades ciudadanas para cambiar las situaciones de desigualdad (Chiappero-Martinetti, Houghton Budd y Ziegler, 2017). En este caso, podría entenderse el problema de la mujer y la ciudad como un problema de capacidades: las habilidades de la mujer para poder disfrutar de la ciudad de una manera igualitaria se ven mermados por diversos factores (objetivos y subjetivos). La vida urbana puede analizarse desde tres indicadores (Cresswell, 2010): desplazamientos físicos, representaciones y prácticas. Los más usuales son los análisis sobre desplazamientos (Díaz, 1989; MirallesGuasch, 1998; Olmo Sánchez y Maeso González, 2012), sin embargo, los movimientos están ligados también a representaciones y prácticas cotidianas. Los problemas de la mujer no son sólo de dificultades para desplazarse (responsabilidades ligadas al mercado laboral y al cuidado de personas con diversos niveles de dependencia, menor acceso a un coche privado, etc.) (Sánchez de Madariaga, 2004), sino que la percepción y las prácticas cotidianas también presentan retos: la forma en la que la mujer percibe la ciudad está atravesada por el miedo y la inseguridad (MacMillan, Nierobisz y Welsh, 2000; Pain, 2001; Fairchild y Rudman, 2008; Añover López, 2012), fruto de los casos de acoso callejero vividos en primera persona o aprendidos a través de terceros (amigos, familiares o medios de comunicación). Esto afecta a la capacidad de reapropiación de los espacios de la ciudad y, por lo tanto, a las prácticas de acción-transformación que la mujer puede llevar a cabo. Estos elementos de acción y vinculación afectiva son la clave para poder vincularse afectivamente y apropiarse de ellos (Vidal Moranta y Pol Urrutia, 2005). Sin embargo, su aparición no es espontánea: en una situación de desigualdad social, la vinculación afectiva y la accióntransformación se darán unicamente a través de un proceso de empoderamiento, entendido como el proceso de incrementar el poder personal, interpersonal o político para que los individuos, familias o comunidades puedan ponerse manos a la obra para mejorar sus situaciones (Gutiérrez, 1995). Este empoderamiento permitirá que la mujer rompa con una visión victimista de sí misma y genere procesos de innovación social que intenten dar respuesta a una necesidad de inclusión urbana sin resolver. Este proceso de empoderamiento tiene un factor cognitivo importante: según Lorraine M. Gutiérrez (1995), la conciencia crítica,
La utilidad del feminismo. Empoderamiento y visibilización de la violencia urbana en las mujeres jóvenes Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 135 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 necesaria para el proceso de empoderamiento, consta de tres procesos psicológicos: el Group Identification (identificación de áreas de experiencias comunes que construyen una noción de grupo), el Group Consciousness (comprensión de las diferencias de poder y status sociales junto a un sentimiento de privación relativa que lleva al descontento social) y el Self and Collective Efficacy (creencia en que uno es capaz de realizar cambios deseables en la propia vida). Son tres componentes cognitivos de la conciencia crítica que se pueden articular mutua o independientemente. Entre las condiciones objetivas y las prácticas sociales no siempre hay una relación directa, por eso es necesario la atención sobre los factores cognitivos, los cuales cumplen el papel de creencias subjetivas que operan como mediadoras (Alexander y Welzel, 2011) y que afectan a la valoración de determinadas prácticas. En resumidas cuentas, la legitimidad percibida y la deseabilidad de determinadas realidades son las que estimulan o frenan los procesos de empoderamiento: el nivel de contestación no es comprensible sin incluir en el análisis la forma en la que las mujeres valoran su situación y la deseabilidad del cambio. Cualquier proceso de empoderamiento estará ligado a creencias subjetivas, tanto a aquellas que hacen posible el empoderamiento como a aquellas que surgen a partir del propio empoderamiento. La mediación de determinados filtros cognitivos será, por ejemplo, la que permita que se visibilicen las dinámicas de desigualdad estructuctural, muchas veces naturalizadas o normalizadas a través de una violencia simbólica capaz de “hacer ver y de hacer creer, de confirmar o de transformar la visión del mundo” (Bourdieu, 2000, p. 71). Esta violencia simbólica actúa sobre la capacidad de la víctima para identificar una violencia como tal, reforzando la situación que la origina. Una agresión puede ser normalizada a través de varios mecanismos cognitivos, lo que influirá en la posibilidad de identificar determinadas realidades como injustas. Así, el filtro cognitivo tiene una importancia clara: permite la identificación de las situaciones de violencia como ilegítimas, lo que facilitaría la apertura de procesos de empoderamiento y episodios de innovación social. Por lo tanto, resulta fundamental para las políticas urbanas estudiar las creencias que intervienen en la forma en que la mujer percibe y se relaciona con el entorno urbano. Con este enfoque también se evita la victimización que plantea a la mujer como un receptáculo vacío de relaciones de poder: las mujeres son agentes urbanos que, si bien tienen que lidiar con un entorno agresivo, no se ven inhabilitadas como ciudadanas sino que son capaces de adaptarse y de poner en marcha estrategias de supervivencia y resistencia. Metodología e hipótesis La investigación opta por un estudio cualitativo al valorar que este tipo de aproximación consigue indagar más profundamente en los hechos “en los que los seres humanos se implican e interesan, evalúan y experimentan directamente” (Balcázar Nava, González-Arratia, Gurrola Peña et al., 2006, p. 23). Al ser adecuada para la investigación discursiva, la aproximación principal se basa en las entrevistas en profundidad semiestructuradas al permitir abrir las puertas a la vida cotidiana de la persona entrevistada y construye un canal de comunicación donde afloran recuerdos, deseos y creencias.4 4 Merece apuntar la atención prestada al proceso de entrevistas debido a ser un hombre el entrevistador. En este caso, las relaciones de poder pueden intervenir de manera significativa, por lo que el proceso debe ser muy cuidadoso. Se opta por la forma semi-estructurada de la entrevista por ofrecer una libertad considerable para facilitar la expresión emocional. Los silencios o frases sin terminar se entenderán como parte del ritmo que marcaba cada entrevistada. El papel del entrevistador se midió con cuidado, teniendo especial tacto con la comunicación corporal, la actitud positiva y la asertividad para fortalecer la confianza. Sabiendo que la entrevista podía esconder relaciones de poder inconscientes, se intentaron mitigar los efectos optando por la pasividad del entrevistador respecto al entrevistado.
Lionel S. Delgado 136 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 La selección de las entrevistadas se realizó a través de un muestreo secuencial conceptualmente construido (Glaser y Strauss, 1967; Miles y Huberman, 1994), teniendo por objetivo la saturación del discurso (Ibañez, 1997). En este caso, las entrevistas se realizaron a mujeres de nacionalidad españolas de entre 18 y 26 años residentes en la ciudad de Zaragoza, una ciudad de tamaño medio (697.895 habitantes).5 Los límites convencionales de la etapa de la juventud suele encontrarse entre los 15 y 29 (Vinuesa Angulo, 2000). En la presente investigación, la edad mínima estudiada se cambia por los 18 años, momento en el que la escuela deja de ser el espacio de encuentro e intercambio cultural para pasar a ocupar ese lugar la ciudad. La plaza, el bar, el lugar de trabajo o la universidad pasan a ser los enclaves de identidad de la juventud. Por otra parte, en lugar de 29 años se opta por los 26 ya que la categorización típica quincenal agrupa un colectivo muy heterogéneo que vive experiencias muy diversas. Se apuesta por reducir la edad superior para garantizar una mejor delimitación experiencial en el estudio. La homogeneidad relativa del grupo estudiado permite mantener fija la unidad experiencial mientras la mirada se centra en la relación entre grado de concienciación y percepción de agresiones. La apuesta por estudiar mujeres españolas se basa, por una parte, en un intento de controlar las variables que podrían intervenir en el fenómeno estudiado: la tradición de estudios de la interseccionalidad ha demostrado que los ejes de edad, clase, raza y etnia fragmentan la experiencia de las mujeres. Por ello, frente al peligro de mezclar distintos ejes y hacer menos claro el análisis (cfr. McCall, 2005, p. 1787), se opta por controlar las variables de raza, etnia y país de nacimiento en la muestra, aun cuando eso limite la generalización de las conclusiones. Pretender abordar la universalidad de la experiencia de la agresión urbana de la mujer joven sobrepasa con creces las necesarias limitaciones de un artículo como el presente. Para un estudio de vivencias específicas nos remitimos a otros trabajos según interesen la relación entre ciudad y mujeres migrantes (Pain, 2001; van Lieshout y Aarts, 2008; Ehrkamp, 2013; Sime, 2017), ciudad y jóvenes lesbianas (Rodó-de-Zárate, 2015), personas trans (Doan, 2007), trabajadoras nocturnas (Ortiz Escalante, 2017), mujeres en el entorno rural (Panelli, 2005) o mujeres sin hogar (Casey, Goudie y Reeve, 2008). Por otra parte, la apuesta por mujeres jóvenes españolas intenta rellenar un vacío en la literatura científica, al ser escasas las contribuciones centradas en mujeres españolas (Rodó-de-Zárate, 2011). No obstante, siendo conscientes de lo específico del perfil estudiado, las conclusiones no deben leerse como universales, sino como ligadas a unas vivencias específicas como son las de la mujer joven española de una ciudad de tamaño medio. A continuación, en el Cuadro 1 se detalla la relación de perfiles de las mujeres entrevistadas.6 Como se puede observar, el nivel de estudios contempla una muestra diversa: 12 de las 21 entrevistadas (57,14%) poseen estudios universitarios (7 con los estudios ya acabados) y las 9 restantes tienen un nivel de estudios diverso (Bachillerato o Educación Secundaria). El nivel de estudios se ha aceptado como un factor importante a la hora de estudiar la vinculación con el feminismo (García Jiménez, Cala Carrillo y Trigo Sánchez, 2016). Se opta por perfiles diversos ya que, al tratarse de una investigación centrada en los discursos relacionados con la ciudad, la diversidad de la muestra es importante. 5 Cifras del Padrón municipal a 1 de enero de 2017. 6 Los nombres son ficticios para garantizar el anonimato.
La utilidad del feminismo. Empoderamiento y visibilización de la violencia urbana en las mujeres jóvenes Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 137 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 En cuanto al nivel de vinculación con el feminismo, hay pocos trabajos en territorio español que estudien los niveles de vinculación cognitiva con el feminismo (ob. cit., 2016). Ante la falta de tipologías canónicas, se propone una tipología maximalista a partir de las entrevistas. En ellas se les preguntó a las mujeres por su nivel de compromiso con el feminismo. Las que negaban cualquier tipo de compromiso por omisión (“nunca me ha interesado”) o por rechazo (“demasiado radical”, “extremista”, “lo mismo que el machismo pero al revés”, etc.) son recogidas con la etiqueta “No concienciada” (6 mujeres, el 28,57%). Las mujeres que presentaban algún tipo de interés (por considerarlo “legítimo” o “necesario”) pero que tenían problemas a la hora de autodefinirse como feministas (debido a estereotipos relacionados con esta ideología, como creer que “tampoco son las formas adecuadas”, “polarizan demasiado los problemas”, etc.) son recogidas con la etiqueta de “Simpatizantes” (7 mujeres, el 33,3%). Por último, las mujeres que se autodefinían como feministas y que habían integrado parte o la totalidad del discurso feminista son recogidas con la etiqueta “Feministas” (8 mujeres, el 38,1%; 2 relacionadas con colectivos feministas de Zaragoza) diferenciando entre las que participan en algún colectivo feminista y las que no. No obstante, las trayectorias personales y la complejidad del pensamiento de cada mujer respecto al feminismo no pueden reducirse a una etiqueta. Existen muchas razones para vincularse o no al feminismo. Para profundizar en los niveles de adhesión a ideas feministas y las Nombre Edad Estudios Cercanía al feminismo ANA 25 Universidad (completo) Feminista (no colect.) ALBA 18 Bachillerato (en curso) Feminista (no colect.) BEATRIZ 26 Universidad (completo) No concienciada BLANCA 26 Universidad (en curso) Simpatizante CRISTINA 24 Universidad (completo) Simpatizante CLAUDIA 24 Universidad (en curso) Feminista (no colect.) DELIA 21 Universidad (en curso) No concienciada ELISA 19 Bachillerato (completo) Simpatizante FLOR 21 Educación Secundaria (completo) No concienciada GEMMA 24 Bachillerato (en curso) No concienciada ISABEL 23 Universidad (completo) Simpatizante JOANA 22 Educación Secundaria (completo) No concienciada LARA 24 Universidad (completo) Feminista (no colect.) MARTA 26 Universidad (completo) Feminista (colect.) NEREA 20 Bachillerato (en curso) Feminista (colect.) OLGA 23 Educación Secundaria (en curso) Feminista (no colect.) PAULA 23 Universidad (completo) Simpatizante ROCÍO 20 Educación Secundaria (completo) Feminista (no colect.) SANDRA 23 Universidad (en curso) No concienciada TERESA 25 Universidad (en curso) Simpatizante VERÓNICA 22 Bachillerato (completo) Simpatizante Cuadro 1: Relación de entrevistadas, edad, estudios y nivel de cercanía al feminismo. Fuente: Elaboración propia.
Lionel S. Delgado 138 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 reticencias para autodefinirse desde este discurso nos remitimos a varios estudios (Williams y Wittig, 1997; Burn, Aboud y Moyles, 2000; Toller, Suter y Trautman, 2004; Leaper y Brown , 2008). La pregunta de investigación que encardina la investigación es: ¿Existe relación entre la identificación y valoración de las agresiones sufridas y el nivel de vinculación con el feminismo de tal forma que se pueda entender que el feminismo permite poner en marcha procesos de empoderamiento a partir de prácticas de emancipación y enfrentamiento? De esta pregunta se desprenden una serie de hipótesis a contrastar: • H1.1: Niveles de categoría “Feminista” se relacionan con altas capacidades para identificar las situaciones de violencia y darle un sentido social y colectivo al problema evidenciando su carácter ilegítimo. • H1.2: Cuando se relaciona la concienciación con la participación en colectivos feministas, además de una capacidad de identificación, hay una creencia en la eficacia de la acción colectiva volcada al cambio. • H2: Niveles de categoría “Simpatizante” se relacionan con ciertas capacidades de identificación de situaciones de injusticia pero también con relativas incapacidades de dar dimensión colectiva y social a la identificación del problema y la solución del mismo. • H3: Niveles de categoría “No concienciada” se relacionan con niveles altos de invisibilización de las violencias sufridas (no identificadas como violencia), así como con incapacidad para percibir las situaciones de violencia percibidas como injustas y no legítimas. Los resultados se estructuran en tres niveles y en cada uno de los niveles se analiza y profundiza en el discurso de uno de los subgrupos, qué relación reconocen con el discurso feminista y cómo este discurso interviene en la forma en la que perciben y actúan en los entornos urbanos. En conjunto, los resultados expuestos arrojarán luz sobre mecanismos de percepción de violencia urbana valiosos por aportar elementos para indagar en las experiencias urbanas de mujeres jóvenes y la manera en la que los discursos de género intervienen en la forma de vivir la ciudad. No obstante, los resultados obtenidos deben ser considerados como específicos del grupo estudiado y sólo podrán ser extrapolados a otros grupos de mujeres cuando investigaciones similares aporten resultados afines. Resultados Las entrevistas partían de la idea de que los procesos de percepción y valoración del entorno no suelen ser ni plenamente conscientes ni accesibles a través de preguntas directas. La falta de costumbre de hablar de este tema haría que una pregunta directa desconcertase al interlocutor. No obstante, esta dificultad se encontró sobre todo en las mujeres más alejadas del feminismo. Las mujeres más o menos cercanas al feminismo presentaron un nivel alto de conciencia respecto a su situación urbana: hablan en términos de acoso callejero, machismo, espacios del miedo, etc. Las mujeres más alejadas del feminismo tardaron más tiempo en entender las preguntas y centrarse en el tema de la experiencia urbana. En ese sentido, varias entrevistas necesitaron un ritmo pausado donde se abordaron los temas a través de preguntas indirec-
La utilidad del feminismo. Empoderamiento y visibilización de la violencia urbana en las mujeres jóvenes Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 139 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 tas: infancia, relación con los vecinos, adolescencia y primeras noches fuera de casa. De esta forma se consiguió crear una situación de confianza donde la entrevistada se encuentra segura en el papel de experta y se relaja al ver la facilidad de las preguntas. Poco a poco, las preguntas se van dirigiendo hacia las formas en la que la persona entrevistada valora el entorno, las experiencias más significativas en la ciudad, los malos recuerdos y su visión del feminismo. Este tipo de aproximación consiguió establecer un buen clima conversacional, facilitar los testimonios personales y colaborar en la rememoración. Respecto a las experiencias de las entrevistadas, la totalidad de las mujeres presentaron valoraciones negativas relacionadas con algunos espacios y situaciones similares. Todas habían sufrido distintos niveles de agresiones que iban desde agresiones más “sutiles” como las miradas lascivas, mencionadas por todas las entrevistadas, hasta intentos de violación, relatados por tres de las entrevistadas. La similitud de experiencias sufridas permitirá afinar el análisis de la relación entre nivel de identificación y valoración de las experiencias. Resulta necesario aclarar que, salvo en los casos que se especifique, cuando se habla de agresiones se hace referencia a las agresiones más cotidianas (piropos y vulgaridades, miradas lascivas, silbidos, bloquear el paso para iniciar conversación, etc.) y no tanto a las agresiones más graves como intentos de violación. El feminismo como factor de visibilización: las “gafas moradas” Como se ha dicho más arriba, las mujeres entrevistadas que se identificaban como feministas han mostrado mayor fluidez a la hora de hablar sobre el tema de la experiencia urbana. Esto se muestra en la facilidad para identificar tanto los espacios donde se siente miedo como las razones por las que se siente. Esto se debía a que, a diferencia de las otras entrevistadas, las que se identificaban con el feminismo habían encontrado espacios donde hablar de sus experiencias: grupos feministas, redes sociales, etc. La falta de comunicación respecto a estas experiencias hace que se invisibilicen, lo que refuerza una violencia simbólica que da legitimidad a los contenidos impuestos. Como dice Marta: “si no lo hablas no sabes que es violencia”. Al encontrar formas de expresar las experiencias sufridas, las mujeres feministas pueden verbalizar cómo se sienten y comenzar procesos de empoderamiento. Para las mujeres que participan en colectivos feministas éstos son muy valiosos por los círculos de confianza que generan. Nerea, por ejemplo, aprecia mucho haber podido “conseguir un espacio de cuidado con tus amigas” ya que “deja hablar estas cosas y ver que todas tenemos mucho en común”. Aunque las que no forman parte de un colectivo también han encontrado espacios para hablar (con amigas, como Alba, Claudia y Lara; o con la familia, como Rocío), el colectivo ha significado para Marta y Nerea un verdadero apoyo y espacio de retroalimentación del discurso. Esto supone un importante elemento de desarrollo de la conciencia crítica necesaria para el empoderamiento (cfr. Gutiérrez, 1995, p. 230): poder identificar áreas de experiencias comunes fomenta la aparición de una “conciencia de grupo”. A partir de esta concienciación las mujeres pueden darle un sentido social que contextualiza lo vivido y, así, la mayoría de las mujeres feministas entrevistadas se refieren a
Lionel S. Delgado 146 Hábitat y Sociedad (issn 2173-125X), n.º 11, noviembre de 2018, Universidad de Sevilla, pp. 131-148 http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.08 Referencias Alexander, A. y Welzel, C. (2011). Empowering Women: The Role of Emancipative Beliefs. European Sociological Review, 27(3), 364-384. Añover López, M. (2012). Los espacios “del miedo”, ciudad y género. Experiencias y percepciones en Zaragoza. Geographicalia, 61, 25-45. Balcázar Nava, P., González-Arratia, N. I., Gurrola Peña, G. M. et al. (2006). Investigación cualitativa. Ciudad de México: Universidad Autónoma del Estado de México. Bandura, A. (1982). Self-efficacy mechanism in human agency. American psychologist, 37(2), 122-147. Berguer, P. L. (1989). Introducción a la sociología: Una perspectiva humanística. México: Limusa. Blanco, I. y Subirats, J. (2012). Políticas urbanas en España: dinámicas de transformación y retos ante la crisis. Geopolítica(s), 3(1), 15-33. Bourdieu, P. (2000). 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