El encabalgamiento en los sonetos de Ancia, poemario de Blas de Otero
Abstract
El presente trabajo es un análisis exhaustivo del encabalgamiento en los sonetos de Ancia (1958), poemario de Blas de Otero (1916-1979). Se analiza, pues, un fenómeno estilístico muy concreto en una forma poemática de gran tradición con el fin de observar el uso específico y original que el autor hace de este y, de una forma más general, plantear una vez más qué es y cómo funciona el encabalgamiento.
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ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 EL ENCABALGAMIENTO EN LOS SONETOS DE ANCIA, POEMARIO DE BLAS DE OTERO José L. Nogales-Baena Universidad de Sevilla Resumen: El presente trabajo es un análisis exhaustivo del encabalgamiento en los sonetos de Ancia (1958), poemario de Blas de Otero (1916-1979). Se analiza, pues, un fenómeno estilístico muy concreto en una forma poemática de gran tradición con el fin de observar el uso específico y original que el autor hace de este y, de una forma más general, plantear una vez más qué es y cómo funciona el encabalgamiento. Palabras claves: encabalgamiento, Blas de Otero, soneto, rima, ritmo. Abstract: This essay offers an exhaustive analysis of the enjambment in the sonnets of Ancia (1958), Blas de Otero´s collection. Therefore, an extremely specific stylistic phenomenon is analyzed in a poetic form from a long tradition, in order to focus on the concrete and original use that the author make of it and tackle general issues regarding enjambment, its definitions and its uses. Keywords: enjambment, Blas de Otero, sonnet, rhyme, rhythm. 1. INTRODUCCIÓN* Como es sabido, existen ya estudios muy especializados sobre la obra de Blas de Otero y, en especial, sobra su denominada “primera etapa” o “poesía existencialista”1. Muchos críticos y estudiosos han comentado la fuerza expresiva de los encabalgamientos en su poesía, así como su uso innovador en las formas clásicas. El presente trabajo no aspira, por tanto, a hacer un gran * Me es indispensable agradecer aquí la incalculable e incondicional ayuda que, con amistad y cátedra, me brindó don Rogelio Reyes Cano para preparar este primer artículo. He de añadir, además, que este trabajo es fruto de una Beca de Colaboración del Ministerio de Educación (Orden EDU/1868/2011, curso 2011-2012), gracias a la cual me inicié en la investigación. 1 Véanse, entre otros: Alarcos 1997; y García Carcedo 1995. Una bibliografía muy completa y actualizada sobre Blas de Otero puede encontrarse en: Lanz 2008. Si en las siguientes páginas no se menciona la tesis doctoral de Sabina de la Cruz, Contribución a la edición crítica de la obra de Blas de Otero (1983), ni aparece en nuestra bibliografía, se debe única y exclusivamente a que no hemos podido conseguir dicho texto.
96 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 aporte interpretativo sobre el tema, sino, más bien, a compilar parte de lo ya escrito y a utilizar los sonetos oterianos como muestrario de los distintos encabalgamientos posibles y sus efectos expresivos. Se plantean a su vez, a partir de este corpus de cuarenta poemas, problemas de definición y clasificación del encabalgamiento, pues, aunque existen también estudios especializados sobre el tema, las definiciones y tipologías de este fenómeno estilístico siguen siendo en muchos casos contradictorias. Además, la polémica sobre si en el encabalgamiento ha de tenerse en cuenta el sentido o no, parece seguir abierta –tal vez no en la teoría, pero sí en la práctica–, y así se demostrará a lo largo de este artículo con diferentes ejemplos. Mª Luz García Parra, en su libro El ritmo en Cántico de Jorge Guillén (1993), trató de zanjar el problema con breves pero elocuentes palabras: lo único que habría de tenerse en cuenta es la cohesión estrecha entre los elementos separados, y lo fundamental, aparte del metro y la sintaxis, sería la entonación (1993: 2933). Sin embargo, estudios casi coetáneos, como el de García-Page Sánchez, seguían defendiendo que había casos en que el desajuste no era tan sólo entre la métrica y la sintaxis, sino también de “carácter semántico” (1991: 614). El presente trabajo ha tenido en cuenta la posibilidad de que el sentido forme parte de las características del encabalgamiento, lo cual se ve reflejado en la tipología establecida. Se ha tomado como referencia, aun así, la clasificación que Antonio Quilis estableció en Estructura del encabalgamiento en la métrica española (1964), obra fundamental que han seguido la mayoría de los autores, pero a la cual no han dejado de hacérsele añadidos. A su vez, ha sido imprescindible para este estudio el libro de José Enrique Martínez, La voz entrecortada de los versos (2010), el cual hemos seguimos muy de cerca. 2. TIPOLOGÍA DE LOS ENCABALGAMIENTOS En Estructura del encabalgamiento en la métrica española, basándose en experimentos de fonética, Quilis funda la noción de sirrema, grupo inseparable de palabras que la norma de la lengua no permite separar con un descanso, tales son: 1) Sustantivo y adjetivo; 2) Sustantivo y complemento determinativo; 3) Adverbio y verbo, adjetivo o adverbio; 4) Pronombre átono, preposición, conjunción, artículo más el elemento que sigue; 5) Tiempos compuestos de los verbos y perífrasis verbales; 6) Palabras que se construyen con preposición más el término que introducen (1964: 77-78). Así pues, Quilis nombra tres tipos de encabalgamientos según los elementos escindidos: 1) Encabalgamiento léxico: cuando se divide una palabra, que es una unidad de sentido, de significación, rigurosamente única2. 2) Encabalgamiento sirremático: la escisión de un sirrema. 3) Encabalgamiento oracional: cuando 2 Este encabalgamiento es conocido por la mayoría de los autores como tmesis. Véase, por ejemplo, Baehr 1989:45.
El encabalgamiento en los sonetos de Ancia 97 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 se separan el antecedente y el pronombre de una oración adjetiva específica, hallándose el antecedente de la oración adjetiva en el verso encabalgante, inmediatamente antes de la pausa versal, y el relativo en el verso encabalgado, tras la pausa (1964: 87). Pero, además, es frecuente encontrarse con las relaciones sujeto/verbo y verbo/ complemento directo, que escindidas por las pausas métricas, según Quilis, no crearían una pausa anómala a la estructura interna de la lengua y serían, pues, “susceptibles de una fácil escisión” (1964: 184). Kurt Spang plantea la noción de enlace métrico para designar esta “cohesión entre partes de la oración que no lleguen a la estrecha fusión de los elementos de una palabra y de un sirrema, pero que no dejan de notarse como más vinculados que otros” (1993: 41-43); es decir, por el sentido. El presente trabajo ha contabilizado este tipo de “enlaces métricos” como encabalgamientos, ampliando así los tipos de Quilis. Nos basamos para ello en el sentido –y no nos ceñimos, por tanto, tan solo a la fonética–, pues sin dejar de ser una ruptura sintáctica, aunque pudiese realizarse la pausa, la oración quedaría incompleta “de sentido” y el lector tendería a buscar la unidad que falta precipitándose en la lectura hacia el verso siguiente; acortando, por tanto, la teórica pausa posible. También de Kurt Spang es la idea del encabalgamiento dilatado, espaciado o a distancia, que indicaría un “fenómeno curioso todavía no estudiado” en el que los elementos escindidos, por lo general pertenecientes a un sirrema, se hallan separados por un verso o incluso dos no directamente relacionados (a menudo, estos versos, entre paréntesis). Sin embargo, al ser la pausa difícil de percibir, añade que son encabalgamientos más visuales que auditivos (1993: 41-43). Otro tipo de encabalgamiento que tenemos en cuenta y que tampoco se encuentra en Quilis, pero que sí añade José Enrique Martínez, al igual que el anterior, es el que Oldřich Bělič denomina oculto, encubierto o hiperbático, “cuando los elementos encabalgados de un sirrema se hallan afectados por hipérbaton, separada por hipérbaton la unidad de las palabras que forman el sirrema” (Citamos por Martínez 36). También divide Quilis las clases de encabalgamientos según el tipo de pausa métrica a la que no se ajustan, con lo que tendríamos: 1) Encabalgamiento versal, el que coincide con la pausa final del verso; y 2) Encabalgamiento medial, el que coincide con la pausa intermedia del verso compuesto, la cesura (1964: 85-86). A los que nosotros hemos añadido uno más: 3) Encabalgamiento estrófico (el que coincide con la pausa estrófica), que no está en Quilis ni en ninguno de los manuales que hemos manejado, pero que nos parece coherente en tanto que en cualquier tratado sobre el tema se diferencia entre pausa versal y pausa estrófica, y con más razón cuando este es uno de los encabalgamientos que encontraremos en Blas de Otero con cierta frecuencia entre los cuartetos y los
98 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 tercetos de los sonetos3. De hecho, aunque Pilar García Carcedo no lo nombra en su introducción teórica, sí habla, precisamente en el análisis de “Ciegamente”, uno de los sonetos de Ancia, de “rupturista encabalgamiento estrófico” (137). Por último, existe también la clásica división de Dámaso Alonso según la longitud del verso encabalgado. 1) Encabalgamiento abrupto: cuando “el sentido se prolonga de un verso a otro, pero se quiebra súbitamente en el segundo”, antes de la quinta o sexta sílaba en el endecasílabo; aunque para concretar nosotros hemos contado hasta la cuarta. 2) Encabalgamiento suave: cuando “el sentido prolongado, también de un verso a otro, sigue fluyendo ligadamente en el segundo hasta la terminación del endecasílabo” (71), o bien, más allá de las sílabas indicadas supra. 2.1 Braquistiquio y antibraquistiquio Además de las pausas métricas, existen las propias de la lengua, debidas a la sintaxis o a la necesidad de destacar el sentido de alguna palabra: la pausa interna, que “no se debe confundir con la pausa entre hemistiquios” y “es más breve aún que la versal” (Spang 1993: 44). Con respecto a estas pausas internas introduce Antonio Quilis las nociones de braquistiquio y antibraquistiquio, que define como “la estructuración pausal más breve del grupo melódico castellano”. Con “breve” se refiere en este contexto a la extensión: “no llega a cuatro tiempos” (1985: 86). Es, por tanto, una parte reducida del verso que queda marcada por dos pausas –no forzosamente marcadas por la puntuación–: el braquistiquio entre una pausa versal y otra interna, y el antibraquistiquio entre una interna y otra versal. Así, el braquistiquio no debe confundirse con el encabalgamiento, aunque puede producirse a un mismo tiempo y dar lugar al encabalgamiento abrupto. De hecho, su efecto expresivo es prácticamente el mismo: “es un corte, una pausa breve, que, como tal, ya supone el interés del poeta por poner alguna cosa de relieve” (1964: 122). “Braquistiquio y antibraquistiquio vienen a llenar en el verso una función vocativa; […] y resulta tanto más expresivo cuanto más corto sea, […] lo que se pierde en longitud del período se gana en riqueza de tono, y por ende en vivencia, en expresividad” (Id. 127). 3. LOS SONETOS DE ANCIA El soneto es forma importantísima en Blas de Otero. Vehículo continuo de expresión en su obra, lo utilizó durante toda su producción literaria, por lo que se puede afirmar, junto a Sabina de la Cruz, la gran cantidad y calidad de estos 3 El soneto, construcción arquitectural que aparece vinculada en su origen al esquema del razonamiento silogístico de la escolástica, se considera a lo largo de todo este trabajo como en su fórmula clásica, compuesto por cuatro estrofas: dos cuartetos y dos tercetos.
El encabalgamiento en los sonetos de Ancia 99 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 en su conjunto: “en soneto están escritos algunos de sus mejores poemas. En cuanto a cantidad, las cifras son elocuentes...” (1977: XII y ss.). Ancia (1958) consta de un total de noventa poemas de los cuales cuarenta son sonetos. A su vez, diecisiete pertenecían originariamente a Ángel fieramente humano4 (1950), libro constituido por treinta y cuatro poemas; y otros trece a Redoble de conciencia5 (1951), que constaba a su vez de veintidós poemas en total. Tan sólo un soneto de los libros anteriores quedó excluido de Ancia, el titulado “Salmo por el hombre de hoy” (1950: 66), exclusión que bien pudo deberse a la falta de correspondencia entre la temática de este soneto –explícita en el propio título, pues un salmo es una alabanza a Dios– y la actitud progresivamente más escéptica del propio poeta. Estos sonetos se reorganizan en Ancia, mezclándose con los “nuevos” y dividiéndose por temáticas, aunque todos ellos pertenecen en realidad a su primera época y se caracterizan, en general, “por la pasión tumultuosa, a duras penas contenida en los límites del soneto” (Cruz 1977: XIV)6. En cuanto a la rima, todos los cuartetos, a excepción de tres poemas, presentan la disposición ABBA. En los tercetos las dos combinaciones más comunes son CDC EDE y CDC DCD, lo que coincide a grandes rasgos con la totalidad de sus sonetos, cuyos tres modelos más frecuentes son: CDC EDE, CDE CDE y CDC DCD –véase la tabla elaborada por Gianni Spallone (1985)–. Con todo, la variedad de combinaciones es muy amplia. De hecho, Juan José Lanz afirma que “Blas de Otero es un gran experimentador de la rima dentro de los sonetos” y que “tal experimentación lo acerca a los intentos de renovación que llevaron a cabo los modernistas” (218); lo que, por otra parte, está en consonancia con la tesis doctoral de Lucía Montejo, quien ya constató las huellas de este movimiento en su obra (1998). El siguiente es un cuadro resumen de las rimas en los tercetos para todos los sonetos de cuartetos ABBA ABBA: Rima Cantidad (porcentajes) Título 1 CDC EDE 10 (25%) Tú, que hieres Muerte en el mar Poderoso silencio Cara a cara Pido vivir Tierra firme 4 En lo sucesivo AFH. 5 En lo sucesivo RC. 6 Véase: García Carcedo 1995: 86-91, 173-174. Aportamos al final un apéndice con los índices comparados de los libros donde puede verse la nueva ordenación y el cambio de títulos de los poemas.
100 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 Venus Sumida sed Ni él ni tú Y el verso se hizo hombre (primera parte) 2. CDC DCD 9 (22´5%) Es a la inmensa mayoría Estos sonetos Mar Adentro Excede Ímpetu Mudos Epitasis Ecce Homo Mira 3. CCD EDE 6 (15%) Soledad Postrer ruido Mademoiselle Isabel Brisa sumida Sombras le avisaron Digo vivir 4. CDE CDE 5 (12´5%) Aldea ¡Eternidad, hora ensanchada Lástima Un relámpago apenas Ciegamente 5. CCD EED 3 (7´5%) Basta Gritando no morir Música tuya 6. CCD CDC 1 (2´5%) Voz de lo negro 7. CDC CDC 2 (5%) La Tierra Hombre 8. CAD CAD 1 (2´5%) No Fuera de la tabla anterior quedan: “Vivo y mortal”, con rima ABBA CDDC EEF GGF; ...Tántalo en fugitiva fuente de oro, ABBA ACCA DDE FDF; e “Y el verso se hizo hombre” (segunda parte), ABBA CDDC EFE GFG. Más adelante intentaremos comprobar qué funciones desempeñan las rimas en combinación con los encabalgamientos. De momento, merece la pena señalar también que la poesía de Otero utiliza todo tipo de recursos fónicos
El encabalgamiento en los sonetos de Ancia 101 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 expresivos: aliteraciones, reduplicaciones, rimas internas, rimas en eco, etc7. Por lo que existen, además, casos especiales de rimas entre los cuartetos y los tercetos. Por ejemplo, en “Gritando no morir” riman en asonante A con B y D con E respectivamente; en “No”, una de las rimas consonantes se perpetúa en los tercetos. 3.1. El encabalgamiento en los sonetos: datos estadísticos según la tipología establecida Una vez realizado el recuento, las cifras, grosso modo, son las siguientes: en los 520 versos con posibilidad de ser encabalgados encontramos un total de 160 encabalgamientos (el 30´76%), 15 de ellos estróficos. La separación más común es la de sustantivo/complemento determinativo, con 29 casos (el 18´13% del total de encabalgamientos). A esta le siguen la de sustantivo/adjetivo, no necesariamente en ese orden, con 25 casos (el 15´63%); la de palabras que se construyen con preposición más el término que introducen (23, el 14´38%); la polémica separación verbo/sujeto, que nosotros hemos considerado encabalgamiento (23 también); y la de verbo/complemento directo (20, el 12´5%). A partir de aquí las cifras descienden: 17 encabalgamientos del tipo adverbio con el elemento al que acompaña (10´63%); 11 oracionales (6´88%); 8 encabalgamientos de pronombre átono, preposición, conjunción o artículo más el elemento que les sigue (5%); 3 en los que se han separado los tiempos verbales compuestos o las perífrasis verbales; y un único caso de encabalgamiento léxico o tmesis. De todos ellos, 78 son abruptos y 82, suaves. Los datos pueden compararse a su vez con los de otros estudios similares. Así, el de Almela Pérez Ramos sobre toda la poesía de Pedro Salinas (1981), o los de José Enrique Martínez sobre la poesía de Elena Martín Vivaldi y los Sonetos espirituales y Estío de Juan Ramón Jiménez (2010: 42-96), si bien, como dice este último estudioso, “no pueden extraerse conclusiones precipitadas, pues las estadísticas en sí mismas no implican nada” (45). Es evidente, sin embargo, que al igual que en los tres estudios mencionados, los encabalgamientos más comunes en los sonetos son los de sustantivo/complemento determinativo y sustantivo/ adjetivo –sin contar las relaciones verbo/sujeto o verbo/complemento directo, que ninguno de estos autores ha considerado–, por lo que habrá que concluir con Martínez que o bien la escisión de esos sirremas no se siente demasiado anómala o bien es la que proporciona mayores beneficios estilísticos (44-45). Por otro lado, es necesario hacer unas precisiones en cuanto a la clasificación realizada, pues una cosa es establecer una tipología y otra, llevar a cabo una 7 Véase al respecto: Alonso Gutiérrez 1997: 554-562; y García Carcedo 1995. Además, y aunque no es este el lugar, un comentario más exhaustivo de las rimas de los sonetos debería analizar los casos de rima intensa (Baehr 1989: 69), frecuentes en Blas de Otero; rimas ampliadas como en “Postrer ruido” (48), donde “derrumbamiento” rima con “pensamiento”; y rimas complejas y en síntesis (Pardo 2010), que señalaremos llegado el momento (v. n. 37).
102 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 separación rigurosa en la lengua, en la poesía, de los elementos escindidos en los versos. Lo cierto es que, llevados a la práctica los planteamientos teóricos, nos encontramos con una serie de problemas que obligan o a la ampliación de la tipología o a incluir en ella otros elementos. Por ejemplo, la separación adjetivo/complemento del adjetivo la cuenta Enrique Martínez con la de sustantivo/complemento determinativo (44); nosotros, sin embargo, como palabras construidas con su preposición más el elemento que introducen, pues según la RAE en estos grupos adjetivales “la preposición que los encabeza suele estar regida por el adjetivo” (1006). Son ejemplos de lo anterior los siguientes: “...a los que luchan contra Dios, deshechos / de un solo golpe en su tiniebla honda”8, “... esta rosa redonda, reclinada / en el espacio, rosa volteada / por las manos de Dios...”9, “Gritaré como grita Dios: hundido / en el silencio horrible de la vida...”10. En el mismo grupo –aunque la decisión puede estar sujeta a controversia– hemos incluido esa serie de “frases hechas”, “clichés” o “muletillas” con “significado en bloque” de las que hablaba Alarcos (69). Son éstas fórmulas que Otero retoca constantemente, jugando con el lenguaje, para formar lo que bien podrían llamarse “locuciones poéticas”. En los versos siguientes, por ejemplo, el “llamar a voces” pasa a ser “llamar a golpes” y por analogía y en paralelismo obtenemos “amar a besos”: “Arrebatadamente, desgarrando / mi soledad mortal, te voy llamando / a golpes de silencio... [...] / Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo / a golpes de agonía. Ven. No quieres. / Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo // a besos de ansiedad y de agonía...”11. Algo similar sucede en “Pediría vivir, si me viniesen / con cielos”12, donde la popular expresión “venir con cuentos” ha sido transformada en “venir con cielos”. Otro problema es el que presentan las locuciones verbales en aquellas ocasiones en que siguen a un verbo, sustantivo o adjetivo en posición encabalgada. Acogiéndonos una vez más al criterio de la RAE, que las define como “expresiones fijas, constituidas por varias palabras, que equivalen a un adverbio” (2374), se han incluido varios de estos encabalgamientos en el grupo adverbio/verbo, adjetivo o adverbio. Un ejemplo: “Poetas: perseguid el verso ese, / asidlo bien, blandidlo, y que restalle / a ras del hombre...”13 Pero en cualquier caso los problemas anteriores pueden solucionarse de alguna forma dentro de la tipología establecida. El problema es mayor –e irresoluble– cuando nos encontramos con casos que de ninguna forma cuadran dentro de ella, aunque todos los estudiosos los han considerado y analizado siempre como encabalgamientos, igual que nosotros; lo que confirma los problemas que ya 8 “Es a la inmensa mayoría”, 25. La cursiva es nuestra. Para los ejemplos damos, en todos los casos, el título del poema y el número de página de la primera edición (1958). 9 “La tierra”, 29. La cursiva es nuestra. 10 “¡Eternidad, hora ensanchada”, 46. La cursiva es nuestra. 11 “Tú, que hieres”, 35. 12 “Pido vivir”, 51. 13 “Y el verso se hizo hombre” (primera parte), 71. La cursiva es nuestra.
El encabalgamiento en los sonetos de Ancia 103 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 adelantábamos en la introducción sobre las distintas tipologías, las cuestiones teóricas y sus usos en la práctica. Nos referimos al grupo verbo / adjetivo y, en concreto, al cuarteto siguiente, donde aparecen dos casos de encabalgamientos en forma de verbo y predicativo: “Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte / despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo / oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando / solo. Arañando sombras para verte”14. Estos son dos de los encabalgamientos más comentados por la crítica y en ningún caso se ha cuestionado la categoría de ambos como tales15. Junto al caso anterior, habría que citar también aquel en que la relación verbo/ adjetivo es de verbo y atributo; tal vez más cuestionable, pero aceptado también, por lo general, como encabalgamiento. Véase, entre otros, el siguiente ejemplo, donde además hay hipérbaton: “... y yo también, oh Dios, oscura llama / soy, en el árbol de tu sombra pura”16. Otra relación compleja es aquella en que aparecen dos sustantivos en aposición, caso de otro de los sonetos más famosos de Blas de Otero, “Mademoiselle Isabel” (87), donde encontramos “princesa / promesa” e “Isabel / Isabel”. Si considerásemos que el segundo elemento actúa especificando al primero, podría reconducirse el par “princesa / promesa” al grupo sustantivo/adjetivo; aunque no lo hemos hecho y, por tanto, no consta en el recuento17. “Isabel / Isabel” es una geminación en posición de anadiplosis en la que se ha eliminado la pausa gráfica, lo cual, en principio, no implica una relación sintáctica entre los dos sustantivos –ni semántica, a no ser la del refuerzo vocativo– y, por ende, tampoco encabalgamiento. Finalmente, hemos seguido una vez más el criterio de la RAE al introducir formas verbales de infinitivo o gerundio en el recuento de los grupos verbo/ sujeto o verbo/complemento directo cuando hemos considerado que funcionaban como tales18: “...arboladura mía / halando hacia la muerte a remo y vela”19, por ejemplo. Por todo lo anterior, no estimamos que los 36 tipos de encabalgamiento que distingue Ramón Almela Pérez en su citado estudio sobre Pedro Salinas sean “fácilmente reconducibles al esquema de Quilis” (Martínez 39). Si bien es cierto que la mayoría lo son, cabría la posibilidad de ampliar aún más ese esquema, realizando quizás nuevos experimentos que replanteen otra vez la noción de encabalgamiento; pero sin llegar tampoco a una postura tan abierta como la 14 “Hombre”, 34. La cursiva es nuestra. 15 Véanse, entre otros: Alonso Gutiérrez 1997: 549; García-Page Sánchez 614-616; Gómez 1997; Lanz 286-287. 16 “Soledad”, 32. 17 Véase el capítulo de las aposiciones específicas en la Nueva gramática de la lengua española, 12.13 (RAE 2009: 875 y ss.). El tema es complejo. 18 Para los infinitivos véase el capítulo 26.2 de la Nueva gramática de la lengua española, para el gerundio, el 27.1d (RAE 2009: 1963 y ss.; 2038). 19 “Mar adentro”, 36.
110 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 silencio...”27; “Pero viene un mal viento, un golpe frío / de las manos de Dios”28; “Sé que hay estrella, luminosos mares / de fuego”29; “Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo / a golpes de agonía”30; “Morir, soñar...un desvanecimiento / verdadero desvae el alma”31; etc. Casos todos de giros inesperados del sentido o sorpresivos que conducen al lector, en última instancia, a una relectura y reinterpretación del texto. El encabalgamiento, además, parece compartir algunas características expresivas con el hipérbaton. Ambos se basan en la desautomatización del lenguaje, tratan de producir extrañamiento a través de la sintaxis, y focalizan o retardan la aparición de los elementos en el poema, creando con ello un cierto tipo de tensión, de espera, en el lector. Así, algunas veces el efecto producido por el hipérbaton puede ser el mismo que el del encabalgamiento. En ocasiones, los dos recursos actúan también conjuntamente, dando lugar al encabalgamiento hiperbático32, como sucede en los conocidos versos “Estos sonetos son las que yo entrego / plumas de luz al aire en desvarío”33. El procedimiento no es nuevo, y podrían encontrarse con facilidad varios ejemplos similares en la poesía del barroco –de donde es probable, de hecho, que lo aprendiera Blas de Otero–, si bien la novedad consiste aquí en haber desplazado el hipérbaton, escindiendo la unidad artículo/sustantivo (las plumas), en lugar de sustantivo/demostrativo como se había hecho tradicionalmente. Véanse, entre otros, los archiconocidos versos de Rodrigo Caro: “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora / campos de soledad”. Encabalgamientos menos frecuentes serían aquellos que Kurt Spang denominaba “dilatados”, de los que hemos contado hasta cinco casos, aunque no parecen tener un efecto expresivo tan marcado como los hasta ahora señalados, si no es más o menos el de, parecido de nuevo al hipérbaton, retardar por medio de algunas unidades la aparición de otras: “que nadie –el sordo mar, los vientos vanos– / descifra”34; “… un desvanecimiento / verdadero desvae el alma: acoso / –no sé, acaso– de un Ser tan misterioso”35; “un verso en pie –ahí está el detalle– / que hasta diese la mano y escupiese”36. Otro tipo de encabalgamiento es aquel en que se separa una partícula átona del elemento al que acompaña. Enrique Martínez ha escrito al respecto: 27 “Poderoso silencio”, 42. 28 “La tierra”, 29. 29 “Vivo y mortal”, 30. 30 “Tú, que hieres”, 35. 31 “Postrer ruido”, 48. 32 Véase el punto 2 del presente estudio: “Tipología de los encabalgamientos”. 33 “Estos sonetos”, 31. 34 “Mudos”, 45. 35 “Postrer ruido”, 48. 36 “Y el verso se hizo hombre 1”, 123. Los otros dos ejemplos de encabalgamientos dilatados en “Mudos”, 45.
El encabalgamiento en los sonetos de Ancia 111 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 El encabalgamiento más violento es el originado por la presencia a fin de versos de términos átonos, de muy escaso cuerpo fónico y textual (las, por, y, que, etc.) que producen sorprendentes parejas de rima, con la peculiaridad de convertir convencionalmente en tónicas las partículas átonas. (135) Encontramos en los sonetos de Blas de Otero este tipo de encabalgamientos, pero con el acierto, en nuestra opinión, de que esa partícula nunca se ha hecho tónica, sino que se ha adherido a la tónica anterior para formar la rima. Se crea, por tanto, el efecto desmembrador en el lenguaje, pero no el anómalo y antifónico de convertir en tónica una partícula átona por naturaleza. Los ejemplos son, a su vez, casos de las poco frecuentes rimas complejas y rimas en síntesis37: me arrojo en tu silencio, a tientas ando…Me apartas, pegas con tu brazo fuerte contra mi fe. No finjas defenderte: ¿No ves que tanta fiebre está enfermándome?38 … Es más que en cielos, es en la tierra, aquí, con cal y huesos, iba diciendo, y permitid que hasta lo escriba, donde –vuelvo a decir: Si me viniesen…39 No sin temblor, sí con vaivén de vela alada, insignemente sollozante: brial latido de tirante tela. Línea movida, elipse vacilante. Íntimo sismo, mirabel que ve la alta delicia de marfil silbante.40 Por último, debe observarse cómo algunos de los usos que Blas de Otero hace de los encabalgamientos pueden haber derivado de la lectura de sus poetas predilectos41. Entre ellos se cuentan Fray Luis de León o Juan Ramón Jiménez, de quienes se han hecho, además, dos estudios sobre el tema: el de Ricardo 37 La rima compleja consiste en “descomponer en varias palabras los sonidos de una rima anterior”, la rima en síntesis se produce “cuando una palabra reúne sonidos separados en verso anterior” (Pardo 2010: 162-166). 38 “Cara a cara”, 44. La cursiva es nuestra. 39 “Pido vivir”, 51. La cursiva es nuestra. 40 “Mira”, 88. La cursiva es nuestra. 41 Según Juan Frau, en la poesía de Blas de Otero “puede hablarse incluso de una intertextualidad métrica en la que el ritmo tiene calidad de cita y constituye la presencia efectiva del poema de otros textos ajenos y anteriores” (122). Ángel González, por su parte, escribió: “Sólo su actividad de lector fervoroso puede explicar la masiva apropiación, sin expolio ni plagio, de sintagmas y fórmulas expresivas pertenecientes al mundo de otros poetas. Y digo sin expolio ni plagio porque lo que de otros hay en su obra no procede –como hoy es tan frecuente– de los libros, sino de la
112 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 Senabre, “El encabalgamiento en la poesía de Fray Luis de León” (1998: 119134), y el de José Enrique Martínez sobre Sonetos espirituales y Estío (2010: 5783). Ambos poetas influyeron bastante en su poesía y de los dos tomó rasgos, usos y citas (Montejo 1988: 384-392, 507-528). El único encabalgamiento léxico que encontramos en los sonetos –“Digo vivir, vivir a pulso; airada- / mente morir, citar desde el estribo”42 – puede ser entendido, en este sentido, como un tributo o recuerdo consciente de los tan citados y polémicos versos de la Vida retirada de Fray Luis43: Y mientras miserablemente se están los otros abrasando en sed insaciable del no durable mando, tendido yo a la sombra esté cantando. El encabalgamiento “sorpresa” del que hablamos antes, tiene también precedentes en Fray Luis, según Senabre, que cita los versos siguientes de la oda “¡Oh ya seguro puerto...!”: “Techo pajizo, adonde / jamás hizo morada el enemigo / cuidado...”. Y comenta: “aunque el rejet descubre que el término enemigo es un atributo de cuidado, lo cierto es que la interrupción del verso ha sugerido al lector que la palabra es aquí un sustantivo...” (129). Este uso se encuentra también en Juan Ramón, así como el que consiste en otorgar un mayor énfasis al adjetivo colocándolo al final de un verso encabalgado en una posición adjetivo/sustantivo, que se da también en ambos autores y lo encontramos de nuevo en Otero: “¿Qué tiene del pasado / tiempo sino dolor?” (Oda “De la Magdalena”, Fray Luis); “... despide el ruiseñor las amorosas / noches” (“Esperanza”, J.J. Jiménez); “Alto cielo tallado: luminoso / cristal donde la rosa se quebranta” (“Aldea”, 33). De igual modo, los encabalgamientos con unidades átonas a final de verso de los que hablamos antes fueron muy propagados por los modernistas, quienes, en general, también dejaron huella en su poesía. Enrique Martínez ha escrito: En una breve cala en una antología de poesía modernista [...], se hallan, por un lado, casos de fin de verso en una partícula tónica de relación; así, en distintos poetas (Lugones, Herrera y Reissig, Villaespesa, Juan Ramón Jiménez) se reitera la rima una / luna, producto de un encabalgamiento sirremático ciertamente forzado. (135) lectura. No es en el momento de la escritura cuando Blas de Otero se apodera de lo que incorpora; en realidad, ya lo había hecho suyo mucho antes” (73). 42 “Digo vivir”, 157. 43 La polémica histórica sobre los admiradores y detractores de estos versos puede leerse en Quilis 1968: 1-52.
El encabalgamiento en los sonetos de Ancia 113 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 Pues bien, exactamente un caso similar podemos encontrar en uno de los sonetos del autor bilbaíno y, precisamente, en uno de los de mayor corte modernista, “Venus” (89): “Así, disimulante en istmo y luna / iluminada, casi de oro y nieve; / entredormida y desmayando, leve, / los dedos bellos entre otra y una // columna unidas, sin asir ninguna...” (la cursiva es nuestra). CONCLUSIONES En cuanto al plano teórico se refiere, parece que el encabalgamiento seguirá necesitando aún de mayor reflexión. Es evidente que, si bien la tipología de Antonio Quilis parecía ser definitiva hace ya más de cincuenta años, diferentes estudiosos han seguido añadiéndole terminología hasta nuestros días y sigue teniendo aún hoy, y en la práctica, huecos por cubrir: como los sustantivos en aposición o las formas verbo/adjetivo que hemos analizado. Además de esto, habría que poner en cuestión el encabalgamiento como mero desajuste de la sintaxis y el metro, pues como se ha visto, en ese desajuste cuenta, en ocasiones, plenamente la semántica, y es utilizado así mismo como figura expresiva y duplicidad de lecturas. Es en esta última cuestión –en la del encabalgamiento como desajuste no meramente sintáctico, sino también semántico–, en la que tendría cabida el aceptar también, definitivamente, las escisiones sujeto/verbo y verbo/complemento directo como encabalgamientos más allá de los efectos expresivos, nulos o mínimos, que puedan conseguir según se usen; bien sea este uso intencionado o no, se entiende. En cuanto al uso que Blas Otero hace del encabalgamiento en sus sonetos, el análisis estadístico demuestra que es un hecho el que lo utilice de forma constante y sistemática; mientras que el estudio de sus efectos expresivos parece demostrar que no es aleatorio o casual, sino buscado y trabajado en combinación constante junto a la rima y el ritmo, las rupturas sintácticas y otros muchos procedimientos poéticos, como método formal de expresión en su poesía. Este recurso es, por tanto, uno de los rasgos más originales de sus sonetos junto a las rimas. El autor lo usa en un molde cerrado de larga tradición clásica, el soneto, y consigue resquebrajar la estructura desde dentro, sin romperla, deconstruyéndola. Por todo ello, el uso del encabalgamiento se convierte en una marca de identidad en la poesía de Blas de Otero desde sus inicios, y sigue siéndolo en su producción posterior. Lo cual da idea, a su vez, de la concepción que tuvo sobre la creación artística desde sus primeros libros, concebida como un todo, como una lucha entre la adecuación verba/res que ha de solucionarse a cada instante de la manera más cuidada y completa posible. Este quehacer con la forma, con el soneto, será una constante en toda su obra. Poemas posteriores como “Alberto Sánchez”, “Crónica de una juventud” o “Hagamos que el soneto se extienda” (Otero 1977: 76, 79, 133) dan plena muestra de ello y de la intensidad con que pervive el encabalgamiento como fenómeno expresivo. No es arriesgado
114 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 afirmar que piezas ulteriores como esas, que acabarán en ocasiones por deshacer completamente el endecasílabo, nazcan del uso temprano, exclusivo y diferente, de este recurso en los sonetos analizados. No obstante, y como ya es sabido, el encabalgamiento, en cuanto a método expresivo, ha sido usado desde antiguo, y hemos podido comprobar también cómo fue utilizado por dos de los poetas predilectos del autor bilbaíno: Fray Luis de León y Juan Ramón Jiménez. El que Blas de Otero utilice formas similares de encabalgamientos a las de estos autores, consciente o inconscientemente, vendría a demostrarnos en cualquier caso, una vez más, hasta que punto fue heredero de unas tradiciones poéticas anteriores, clasicismo y modernismo, que estaban obsesivamente preocupadas por la forma. BIBLIOGRAFÍA Alarcos Llorach, E., Blas de Otero, Oviedo, Nobel, 1997. Almela Pérez, R., “Formas del encabalgamiento en Pedro Salinas”, Revista de literatura, 85 (1981) 155-165. Alonso, D., Poesía española: ensayo de métodos y límites estilístico. Madrid, Gredos, 1950. Alonso Gutiérrez, L. M., “La poesía de Blas de Otero: Ancia, poemario de la angustia”, Revista de literatura, 118 (1997) 533-578. Baehr, R., Manual de Versificación Española. Madrid, Gredos, 1989. De la Cruz, S., “Los sonetos de Blas de Otero”, en B. de Otero, Todos mis sonetos, Madrid, Turner, 1977, pp. XXI-XXIII. —, “Introducción”, en B. de Otero, Expresión y reunión, Madrid, Alianza, 1981, pp. 9-48. —, “Análisis del discurso poético en un soneto de Ángel fieramente humano”, en B. de Otero, Verso y prosa, Madrid, Cátedra, 1996, pp. 121-134. Frau, J., “Blas de Otero: métrica y poética”, Rhythmica, 1 (2003) 87-124. García Carcedo, P., El ritmo en la poesía de Blas de Otero, Madrid, Universidad Complutense, 1995. García-Page Sánchez, M., “En torno al encabalgamiento. Pausa virtual y duplicidad de lecturas”, Revista de literatura, 106 (1991) 595-618. García Parra, M. L., El ritmo en Cántico de Jorge Guillén, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1993. Gómez Torrego, L., “Comentario de un soneto de Blas de Otero”, en J. L. García Barrientos y E. Torre (coords.), Comentarios de textos literarios hispánico: homenaje a Miguel Ángel Garrido Gallardo, Madrid, Síntesis, 1997, pp. 235-245. González, A., “La intertextualidad en la obra de Blas de Otero”, en J. A. Ascunce (ed.), Al amor de Blas de Otero: actas de las II jornadas internacionales de literatura, Bilbao, Universidad de Deusto, 1986, pp. 63-75. Jauralde Pou, P., “Introducción”, en B. de Otero, en B. de Otero, Antología Poética, Madrid, Castalia, 2007, pp. 7-55. Lanz, J. J., Alas de cadenas, estudios sobre Blas de Otero, Sevilla, Renacimiento, 2008. Martínez, J. E., La voz entrecortada de los versos. Nuevos estudios sobre el encabalgamiento, Barcelona, Davinci, 2010
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116 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 APÉNDICE: índices comparados de AFH, RC y Ancia A la derecha se encuentra el número de página correspondiente a la primera edición y, entre paréntesis, una segunda cifra que enumera los poemas, ausente, por supuesto, en el original. Se añade además, en el índice de Ancia, otro número en negritas para recuento de los sonetos, a la izquierda y entre paréntesis. Ángel Fieramente Humano (AFH) (Ínsula, Madrid,1950) Lo eterno 13 (01) 1. DESAMOR Desamor 17 (02) Mademoiselle Isabelle 19 (03) Música Tuya 20 (04) ... Tántalo en fugitiva fuente de oro 21 (05) Un relámpago apenas 22 (06) Ciegamente 23 (07) Luego 24 (08) En un charco 25 (09) 2. HOMBRE Entonces y además 31 (10) Igual que vosotros 33 (11) Vértigo 35 (12) Hombre 37 (13) Vivo y mortal 38 (14) Los muertos 39 (15) No puede 40 (16) Mortal 41 (17) Ímpetu 42 (18) Hombre en desgracia 43 (19) Mientras tanto 45 (20) Canto primero 49 (21) A Eugenio de Nora 51 (22) Puertas cerradas 53 (23) Canción 55 (24) Crecida 56 (25)
El encabalgamiento en los sonetos de Ancia 117 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 3. PODEROSO SILENCIO Estos sonetos 61 (26) Poderoso silencio 62 (27) Tú, que hieres 63 (28) Mortales 64 (29) La Tierra 65 (30) Salmo por el hombre de hoy 66 (31) Serena verdad 67 (32) FINAL Final 73 (33) El ser 75 (34) Redoble de Conciencia (RC) (Instituto de estudios hispanoamericanos, Barcelona, 1951) ESTOS POEMAS [1947-1950] Es a la inmensa mayoría 13 (01) 1 I. Voz de lo negro 19 (02) Basta 20 (03) Mar adentro 21 (04) Muerte en el mar 22 (05) Tierra 23 (06) Lástima 24 (07) Mudos 25 (08) Postrer Ruido 26 (09) Gritando no morir 27 (10) II. A punto de caer 31 (11) El claustro de las sombras 32 (12) 2 I. Cuerpo tuyo 37 (13) Es inútil 38 (14) Ni él ni tú 39 (15)
118 José L. Nogales-Baena ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 II. Tabla rasa 43 (16) 3 I. Que cada uno aporte lo que sepa 49 (17) Plañid así 51 (18) Mundo 52 (19) II. Hijos de la tierra 57 (20) Aren en paz 59 (21) FINAL Digo vivir 65 (22) Ancia (A.P. Editor, Barcelona, 1958) Libro, página, número y título anterior. (01) Es a la inmensa mayoría 25 (01) RC 13 (01) 1 (02) La Tierra 29 (02) AFH 65 (30) (03) Vivo y mortal 30 (03) AFH 38 (14) (04) Estos sonetos 31 (04) AFH 61 (26) (05) Soledad 32 (05) AFH 64 (29) Mortales (06) Aldea 33 (06) AFH 39 (15) Los muertos (07) Hombre 34 (07) AFH 37 (13) (08) Tú, que hieres 35 (08) AFH 63 (28) (09) Mar adentro 36 (09) RC 21 (04) (10) Muerte en el mar 37 (10) RC 22 (05) (11) Basta 38 (11) RC 20 (03) (12) No 39 (12) AFH 41 (17) Mortal (13) Excede 40 (13) AFH 40 (16) No puede (14) Ímpetu 41 (14) AFH 42 (18) (15) Poderoso silencio 42 (15) AFH 62 (27) (16) Voz de lo negro 43 (16) RC 19 (02) (17) Cara a cara 44 (17) (18) Mudos 45 (18) RC 25 (08) (19) ¡Eternidad, hora ensanchada 46 (19)
El encabalgamiento en los sonetos de Ancia 119 ISSN 1132-0265 Philologia Hispalensis 27/1-2 (2013) 95-121 (20) Lástima 47 (20) RC 24 (07) (21) Postrer ruido 48 (21) RC 26 (09) (22) Epitasis 49 (22) (23) Gritando no morir 50 (23) RC 27 (10) (24) Pido vivir 51 (24) (25) Ecce homo 52 (25) (26) T ierra fir me 53 (26) La tierra 54 (27) AFH 13 (1) Lo eterno Igual que vosotros 56 (28) AFH 33 (11) Mientras tanto 58 (29) AFH 45 (20) Entonces y además 59 (30) AFH 31 (10) Vértigo 61 (31) AFH 35 (12) Serena verdad 63 (32) AFH 67 (32) A punto de caer 66 (33) RC 31 (11) Encuesta 67 (34) Cap. 10 Lib., II 69 (35) El claustro de las sombras 71 (36) RC 32 (12) Cantil 72 (37) Hombre en desgracia 73 (38) AFH 43 (19) Tierra 75 (39) RC 23 (06) Hoja nueva 76 (40) Seguro 77 (41) ¿Termina? Nace 78 (42) AFH 73 (33) Final Cita al margen 80 (43) Relato 81 (44) El ser 83 (45) AFH 75 (34) 2 (27) Mademoiselle Isabel 87 (46) AFH 19 (03) (28) Mira 88 (47) (29) Venus 89 (48) (30) Brisa sumida 90 (49) RC 37 (13) Cuerpo tuyo (31) Música tuya 91 (50) AFH 20 (04) (32) ...Tántalo en fugitiva fuente de oro 92 (51) AFH 21 (05) (33) Un relámpago apenas 93 (52) AFH 22 (06) (34) Ciegamente 94 (53) AFH 23 (07)