scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La modernidad incumplida: la quiebra de una gran ilusión

Márquez Pedrosa, Francisco Javier

Abstract

La tesis por compendio de publicaciones presentada por Francisco Márquez Pedrosa, "La modernidad incumplida: la quiebra de una gran ilusión", recoge un conjunto de capítulos de libros y artículos, que registran un período representado por el ciclo que recorre la cultura burguesa. Desde su inicio, con la caída del sistema feudal y la formación del sistema económico capitalista, hasta nuestros días, es el período donde entendemos se hace comprensible la modernidad, más allá de cualquier operación de clasificación estilística o asignación nominal. Este marco comprensivo tiene un campo de verificación vinculado al territorio andaluz, donde se intenta recorrer, mediante catas temáticas concretas, el ciclo cultural burgués, desde el siglo XV hasta el XX. Existen incursiones en la geografía europea, ante la necesidad de tener una referencia fiable en el marco del alojamiento masivo y la intervención urbana durante el período de las vanguardias históricas. Se aborda también, el problema de la vivienda colectiva en los años 50' en Sevilla. Para finalmente concluir con una reflexión sobre algunas de las cuestiones contemporáneas más relevantes en la arquitectura de principios del siglo XXI, como son los problemas de la intervención en el patrimonio arquitectónico y la adecuación del instrumental disciplinar para poderse enfrentar con ciertas garantías a la crisis sistémica actual. El material reunido en el presente trabajo constituye una base suficiente para poder llegar a conclusiones relevantes en el entendimiento de la Modernidad.

Full text

Tesis doctoral LA MODERNIDAD INCUMPLIDA la quiebra de una gran ilusión Autor. Francisco Márquez Pedrosa Director de Tesis. Dr. Víctor Pérez Escolano Catedrático del departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas Diciembre de 2015 Autor. Francisco Márquez Pedrosa Director de Tesis. Dr. Víctor Pérez Escolano Catedrático del departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas Escuela Técnica Superior de Arquitectura Universidad de Sevilla Diciembre de 2015 Ilustración de portada: "Angelus Novus". Paul Klee. Adquirido posteriormente por el filósofo Walter Benjamin. Museo de Israel, Jerusalén.            Tesisdoctoral LA MODERNIDAD INCUMPLIDA la quiebra de una gran ilusión  Autor. Francisco Márquez Pedrosa Director de Tesis. Dr. Víctor Pérez Escolano Catedrático del departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas Diciembre de 2015  “Hay un cuadro de Klee que se llama “Angelus Novus”. En él, se representa a un ángel que parece estar a punto de alejarse de algo en lo que fija su mirada. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incasablemente ruina sobre ruina, arrojándola a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irresistiblemente hacía el futuro, al cual da la espalda, mientras que montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.” BENJAMIN, W. “Sobre el concepto de Historia”. Tesis IX, 1942. “Lo que Benjamin tiene en mientes es la idea bien profana de que el universalismo ético ha de tomar también en serio la injusticia ya sucedida y a todas luces irreversible; de que se da una solidaridad entre los nacidos después y los que le han precedido, una solidaridad con todos los que por la mano del hombre han sido heridos alguna vez en su integridad corporal o personal; y que esa solidaridad sólo puede testimoniarse y generarse por la memoria. Aquí la fuerza liberadora del recuerdo no se refiere, a la disolución del poder del pasado sobre el presente sino al pago de una deuda que la actualidad tiene contraída con el pasado.” HABERMAS, J. "El discurso filosófico de la modernidad", 1985. Índice de contenidos 7 Índice 1. Introducción. ....................................................................................... 11 2. Objetivos. ............................................................................................ 19 3.1.1. Arquitectura (en Andalucía). ............................................................. 21 Arquitectura (en Andalucía) .................................................................... 21 La conciencia del territorio ...................................................................... 22 La construcción territorial romana ........................................................... 28 El control del territorio en Al-Andalus ....................................................... 34 Reestructuración territorial y renovación urbana ........................................ 37 Los intentos de una nueva articulación territorial ....................................... 44 La especialización territorial .................................................................... 47 Territorialización regional y descentralización ............................................ 53 Desarticulación-desequilibrio territorial y desregulación urbana ................... 57 Sectorialización y los intentos de construcción de un modelo territorial. ....... 62 3.1.2. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía. .............................................................................................................. 68 3.2.1. Tres lecciones sobre la arquitectura de la Ilustración ........................... 87 Ilustración y Modernidad ........................................................................ 87 De la utopía del lenguaje a la utopía de la forma ....................................... 89 Arquitectura y/o Revolución .................................................................... 91 3.2.2. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII ................................ 93 Olavide y Andalucía ............................................................................... 96 Nuevas Poblaciones en Baja Andalucía ....................................................106 Luisiana ..............................................................................................113 Carlota ................................................................................................114 Fuente Palmera ....................................................................................116 Bibliografía ..........................................................................................137 3.2.3. La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña. .............................................................................................................138 Sevilla .................................................................................................142 Las nuevas poblaciones de Sierra Morena y la Campiña .............................144 Conclusiones ........................................................................................153 Bibliografía ..........................................................................................154 Índice de contenidos 8 3.2.4. Historia urbana de la ciudad. Evolución del plano ...............................155 Introducción ........................................................................................155 1. Enclave polinuclear ...........................................................................158 2. 1730-1775. Enclave militar ................................................................159 3. 1775-1790. Consolidación urbana .......................................................161 4. 1790-1823. Crisis y nuevos tejidos .....................................................163 5. 1823-1868. Especialización urbana y equipamientos .............................165 6. 1868-1900. Clases y localizaciones .....................................................166 3.2.5. La casa en San Fernando en los siglos XVIII y XIX .............................169 La casa en el tiempo de la Ilustración......................................................169 La casa en el tiempo del Liberalismo .......................................................178 3.2.6. La Sevilla de Richard Ford. La mirada sobre su territorio. ....................181 Bibliografía ..........................................................................................194 3.3.1. Habitar moderno. Mies versus Häring. ..............................................195 Bibliografía ..........................................................................................204 3.3.2. Producción de nuevos tejidos urbanos en las vanguardias y su capacidad de promover alojamiento para las nuevas culturas urbanas: Frankfurt, Berlín, Dessau. .................................................................................................205 Bibliografía ..........................................................................................216 3.3.3. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y 1965. .....................................................217 Territorios rurales .................................................................................223 Territorios de la ultra-periferia. Los sectores populares..............................223 Territorio de los sectores acomodados. Los “ensanches” de Nervión y Los Remedios ............................................................................................226 Territorios intermedios. La clase media en la periferia inmediata ................229 Territorios consolidados en reconstrucción para los sectores acomodados ....230 Territorios de la ultra-periferia. Los sectores populares. Los grandes conjuntos residenciales ........................................................................................231 Árbol Gordo. 460 viviendas. 1953. .......................................................231 Candelaria. 1124 viviendas. 1954. .......................................................232 Pío XII. 2047 viviendas. 1956..............................................................239 ICOVESA. Jerez de la Frontera. 810 viviendas. 1956. .............................244 ENE. 196 viviendas 1957. ...................................................................246 SACA. 294 viviendas. 1958. ................................................................248 Índice de contenidos 9 Los Pajaritos. 1.125 viviendas. 1958. ...................................................250 Virgen del Carmen. 805 viviendas. 1959. ..............................................253 M-148 y 149 en Los Remedios. 182+113 viviendas. 1959. ......................257 Torreblanca. 1.080 viviendas. 1960. ....................................................260 San Jerónimo. 1.656 viviendas. 1961. ..................................................263 Elcano. 512 viviendas 1961. ................................................................265 La Cruz. Lora del Río. 1.040 viviendas. 1962. ........................................266 Carretera de Alcalá. 376 viviendas. 1962. .............................................268 M-150 López de Gomara II. 128 viviendas. 1964 ...................................270 Territorios rurales .................................................................................271 Los Toreros. Alcalá de Guadaira. 306 viviendas. 1960. ...........................271 La Rehoya. Osuna. 143 viviendas. 1961. ..............................................273 El Pantano. Morón de la Frontera. 349 viviendas. 1961. ..........................275 Territorio de los privilegiados. Los “ensanches” de Nervión y Los Remedios. .......................................................................................................277 Evolución de un tipo para la clase media de renta limitada en la periferia. ...299 Territorios consolidados en reconstrucción para las clases acomodadas. ......307 Conclusiones ........................................................................................318 3.4.1. Relación entre arquitectura y patrimonio. Estrategias de intervención. ..321 3.5.1. El proyecto arquitectónico como tarea investigadora en la arquitectura .331 3.5.2. La modernidad incumplida ..............................................................338 4. Discusión. ...........................................................................................347 5. Conclusiones. ......................................................................................383 Introducción 16 la intensa actitud crítica de los intelectuales, ante la deriva liberal que va a desatar la primera revolución industrial y los graves problemas migratorios y de las transformaciones urbanas y territoriales. El caso español y su secular atraso con respecto al centro del sistema queda expuesto con toda diafanidad en los dibujos y escritos de Richard Ford. Un lustro después, en el marco de la celebración del Bicentenario de las Cortes de Cádiz, ganamos el concurso, que dotaba una beca de investigación, para la realización de la "Guía de Arquitectura de San Fernando. Siglo XIX." Texto sobre el cual pudimos hacer converger experiencia profesional 26 y experiencia docente e investigadora, produciéndose, desde un trabajo en equipo, unos resultados que cubrían tanto el ámbito divulgador como el investigador. En los apartados de la "Historia urbana de la ciudad. Evolución del plano", 27 se puede verificar la pertinencia de una investigación desde el instrumental específicamente arquitectónico, con la elaboración de planimetría realizada "ex novo", y la actualización de la información, recogiendo tanto fuentes documentales gráficas como escritas, así como la plasmación de algunos proyectos que no consiguieron ser realizados pero su simple formulación llegó a tener un impacto fácilmente rastreable en la ciudad. El siguiente apartado de la Guía, "La arquitectura doméstica en San Fernando", 28 nos permitió abordar una cuestión sobre la que teníamos interés en dilucidar, la aparición de tipos edificatorios en San Fernando que hasta ese momento sólo se había planteado desde lo visibilista 29 y de meras descripciones del interior, cuando la intuición, que luego se confirmó, iba más allá de esas elementales apreciaciones para profundizar en las singulares condiciones, que en el solar de la nueva ciudad, se estaban produciendo al calor de las inversiones militares y que respondía al intento de establecer una estrategia de dimensión territorial de escala continental. Alcanzando el final del ciclo cultural de la modernidad, es decir nuestra contemporaneidad, se presentan tres artículos. Los dos primeros intentan posicionarse sobre la comprensión plural del periodo de las vanguardias históricas. Se abordan dos situaciones que son nucleares en la comprensión de ese momento: la primera, 30 referida al proceder de los arquitectos en referencia al instrumental configurador, para ello elegimos dos arquitectos que nos puedan aproximar a ese estado de pluralidad de los distintos posicionamientos, Mies y Häring, y sus realizaciones en el ámbito de la casa. La segunda, 31 adopta una escala mayor para poder entender los procesos urbanos y las estrategias 26 Rehabilitación del Teatro de Las Cortes, 1999 y Proyecto para la rehabilitación del Ayuntamiento de San Fernando, 2010. 27 San Fernando. Guía de Arquitectura del Siglo XIX. pp 51 a 75. 28 San Fernando. Guía de Arquitectura del Siglo XIX. pp 76-97. 29 Lo evidente de las fachadas con varias entradas. 30 Habitar moderno. Mies versus Häring, incluido como capítulo 3.3.1 de la presente tesis. Producto de la investigación asociada al montaje del programa en 2007 de la asignatura de Vanguardias, Alojamiento de Masas y Nuevas Culturas Urbanas, y de la ponencia presentada en la Universidad de Tella, Buenos Aires en septiembre de 2009. 31 Producción de nuevos tejidos urbanos en las vanguardias y su capacidad de promover alojamiento para las nuevas culturas urbanas: Frankfurt, Berlín, Dessau, incluido como capítulo 3.3.2 de la presente tesis. Su génesis es paralela a la del capítulo anterior. Introducción 17 territoriales que se ponen en juego por parte de la vanguardia arquitectónica y su relación con el universo político y sindical. El tercer artículo, intenta verificar las conceptualizaciones que surgen de los dos anteriores, en el ámbito andaluz y más concretamente sevillano, al estudiar a dos arquitectos Fernando y Joaquín Barquín, 32 sobre los que pivota gran parte de la experiencia que se desarrolla sobre la vivienda colectiva en la Sevilla de los años 50´y 60´, cuando la España franquista abandona la época de la Autarquía y se incorpora al desarrollismo imperante a partir de los pactos con la Santa Sede y los Estados Unidos. Con este grupo de artículos reseñados se intenta abarcar, hasta el momento, la totalidad del "ciclo cultural que recorre la cultura burguesa" para así poder tener presente el conjunto de realizaciones que conforma la modernidad. No obstante, no acaba aquí el esfuerzo investigador por aclarar las producciones y los efectos que ha desarrollado la arquitectura moderna en nuestra cultura, sino que se ha visto ampliado con la elaboración de una serie de textos, más teóricos, que han pretendido profundizar en la validez de los instrumentos disciplinares en nuestro presente. Sobre todo, el más específico, el proyecto. Esta investigación se ha realizado en un ámbito extremadamente relevante en nuestro presente y que exige al instrumental de la disciplina arquitectónica un esfuerzo radical por plantear propuestas coherentes y racionales más allá del juego formal. Este ámbito es el de la intervención en el patrimonio arquitectónico. Dos artículos abordan esta temática, y tienen una permanente deuda con la intervención realizada en 1992 en el seminario de Arquitectura y Patrimonio, "Relación entre arquitectura y patrimonio. Estrategias de intervención” 33 y "Nuevas estrategias rehabilitadoras en la intervención de las arquitecturas construidas", 34 ambos comparten un núcleo común de argumentación, pero dirigen su esfuerzo hacia objetivos distintos. Si el primero se sitúa, en el ya largo debate sobre si la intervención en el patrimonio es una prolongación de la propia obra a rehabilitar, o si es un elemento ajeno que termina violentando al objeto intervenido, para optar por un replanteamiento de los conceptos de tiempo, memoria y pasado, y con ello poder adentrarnos en estrategias capaces de generar un nuevo sentido de la intervención, desde el rigor de la investigación, que sirva de soporte a la acción creativa de la modificación propuesta. El segundo, aborda un problema que sobreviene a la crisis actual y el exceso de arquitectura construida, que inexorablemente llevará a la profesión a construir sobre lo construido y que se anuncia como un proceso capaz de borrar todo vestigio de la cultura arquitectónica de nuestro presente. 32 "una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia entre 1953 y 1965".Capítulo del libro "Fernando Barquín y Barón-Joaquín Barquín y Barón. Arquitectos. Imágenes de sus archivos en los fondos FIDAS" 33 Seminario Proyectar la Memoria II. IPCE. Nájera, publicado en 2015. 34 5º Jornadas Internacionales IAU -Investigación sobre Arquitectura y Urbanismo-. Las Palmas De Gran Canarias. Octubre 2013. Introducción 18 Este trabajo, realizado en los últimos años, nos ha llevado a un posicionamiento sobre lo que debe ser la investigación en arquitectura, más allá de las disciplinas que se utilizan para resolver la falta de trabajos capaces de elaborar una investigación realizada desde el instrumental específico de la arquitectura. Estos posicionamientos vieron la luz en las II Jornadas IUA 35 y en el Seminario de investigación de Arquitectura y Pensamiento, 36 y quieren dejar evidencia de cuál es la orientación que pretenden adquirir nuestras investigaciones, siempre apoyadas en la materialidad del objeto arquitectónico y su instrumental disciplinar. 37 Entendemos, por tanto, que está suficientemente justificada la presentación, para su evaluación, del conjunto de trabajos publicados por el doctorando, en el sentido que están íntimamente relacionados con el proyecto de tesis doctoral, cuyo objetivo principal residía en el esclarecimiento de lo que se entiende por modernidad y su devenir hasta la situación actual, tal como se ha expuesto en este apartado. 35 Segundas Jornadas sobre Investigación en Arquitectura y Urbanismo. Escuela de Arquitectura del Vallés. Septiembre de 2006. 36 Cuarto Seminario de Investigación ARQUITECTURA Y PENSAMIENTO. 2013-2014. ENERO-MAYO. La Ilusión de la Duración de la Arquitectura. Sesión 27 de Febrero. 37 Cartografías, los instrumentos gráficos y su evolución digital, los procedimientos de configuración formal de la arquitectura y del urbanismo... Objetivos 19 2. Objetivos. A lo largo de la historiografía sobre la modernidad en la arquitectura, han existido y existen varios posicionamientos sobre cuál es la matriz comprensiva y el periodo temporal donde se produce. De igual manera existen interpretaciones sobre el devenir de la modernidad y su situación presente; concluida, 38 agotada, superada, inacabada. 39 El objetivo es poner de relieve las distintas posiciones y producir una confrontación-comprobación en determinados momentos de la historia andaluza sobre el proceso que sigue la cultura arquitectónica y sus realizaciones con respecto a la modernidad. La matriz comprensiva, en este caso, tiene su campo de verificación en el ámbito del territorio andaluz, para lo cual utilizaremos el material presentado, que es el resultado de un proyecto de investigación de mayor alcance, tal como se ha expuesto en el apartado primero referente a la justificación. No obstante, la propia modalidad de Tesis por compendio de publicaciones nos sitúa en un lugar poco usual de lo que sería una tesis convencional, ya que los objetivos en vez de ser una guía para el desarrollo de un determinado discurso, se han ido desvelando poco a poco en cada una de las investigaciones parciales presentadas. Se trata de analizar, en determinados momentos históricos, cómo la producción arquitectónica se ha situado en relación con los procesos hegemónicos, en la cultura arquitectónica, urbana y territorial en Andalucía, y establecer cuál es el marco de sus proposiciones, intentando comprender el contexto histórico donde se han producido. Este análisis se desarrollará en las diferentes investigaciones, no sólo desde el ámbito documental, sino a partir de: - la espacialización del conocimiento, utilizando cartografías contemporáneas con la instrumentación disciplinar de que disponemos para operar actualmente en el territorio -Sistemas de Información Geográfica-, como base para redibujar las cartografías y planimetrías históricas sobre las mismas, y abrir la reflexión sobre las relaciones que se hacen patente, entre las diferentes escalas de la urbanización, y entre los nuevos planteamientos y las condiciones preexistentes. - La puesta en escala de las propuestas, su inserción en planimetrías y cartografías de precisión, ha de permitir en primera instancia extraer los estándares urbanísticos de las propuestas, para su comparación con los de otros tiempos, con los de otras operaciones, e incluso para detectar las diferencias 38 Por parte de los representantes del pensamiento neoconservador. 39 DAL CO, F. Dilucidaciones. Buenos Aires 1990. Prólogo, "sino una racionalidad no colonizada permitirá la aglutinación según Habermas". Liernur. Objetivos 20 entre las intenciones iniciales, las normas reguladoras y la realidad de lo finalmente construido. - el desvelamiento de las intenciones, dificultades y relaciones entre diferentes actores que se encuentran en los procesos proyectuales, a través de la indagación de las diferencias entre propuestas, de las que se conserva documentación gráfica, y de su contraste con el correlato de acontecimientos organizados en el tiempo. - la producción de diagramas en los que contextualizar las operaciones en estudio, con las transformaciones urbanas desarrolladas en el mismo ámbito por otras instancias para facilitar procesos de conceptualización. - la puesta en relación de las nuevas cartografías, con los análisis en paralelo de edificaciones carentes de documentación, sin hacer distinciones entre arquitectura singular y arquitectura menor. - el contraste entre la instrumentación desplegada en el desarrollo de las propuestas y el estado más avanzado de la disciplina en ese momento. - el desvelamiento de las relaciones entre trabajo intelectual y los agentes que intervienen de manera directa e indirecta en el proceso (administraciones, agentes tecnológicos, asociaciones, usuarios...) Definir arquitectónicamente el arco temporal que recorre la modernidad en Andalucía y comparar sus proposiciones en torno a la historización de determinadas cuestiones que también se están produciendo en Europa. 40 A partir de la comparación, intentaremos sistematizar aquellos conceptos e ideas para tener presente el abanico de su argumentario, y poder entender con claridad los planteamientos expuestos. Criticar los diferentes planteamientos para poder establecer un posicionamiento propio que pretenda ser lo más esclarecedor sobre el entendimiento del proceso que recorre la modernidad en Andalucía, y explorar el devenir del instrumental disciplinar y su eficacia de cara a las tareas que el territorio andaluz reclama, sobre todo las referentes a la intervención en el patrimonio arquitectónico. 41 40 En este punto parecía imprescindible acometer una aproximación, en el tema de la vivienda colectiva, a la experiencia de la vanguardia europea. Artículos de Mies vs Haring –capítulo 3.3.1. de esta tesis-, y Alojamiento colectivo: Frankfurt, Berlín, Dessau –capítulo 3.3.2-. 41 LAN, estudio de arquitectura, Hacer Arquitectura pp. 75-90, en la colección Cuadernos, nº IV, Arquitectura y Patrimonio. 1992. MARQUEZ, F y CASCALES, J. Relación entre arquitectura y patrimonio. Estrategias de intervención, en Proyectar la Memoria II. Ed. Rueda. 2015. Arquitectura (en Andalucía) 21 3.1.1. Arquitectura (en Andalucía). El encargo por parte de la editorial C&T de redactar la voz arquitectura para la Enciclopedia General de Andalucía, supuso un esfuerzo más allá de las dedicaciones usuales en la práctica docente y profesional como arquitecto. No es un texto, que se rija por la cronología exhaustiva, ni por las compartimentaciones temáticas, ni por las identificaciones filológicas, sino un ensayo inspirado en la ilusión de producir un acercamiento a la inevitable territorialización de los productos arquitectónicos y su relación con los acontecimientos que resultan estructurantes de un determinado período, para articular una compresión más amplia, que los manuales al uso capaces de circunscribir la arquitectura a los edificios monumentales y sus características visuales. Arquitectura (en Andalucía) Resultaría incorrecto, cuando no pretencioso, intentar tener una comprensión totalizante de la arquitectura a lo largo del tiempo histórico. De igual manera, pretender esclarecer la existencia de una arquitectura andaluza, supone resolver un problema de dimensiones científicas que excede el ámbito de esta aportación, y que debería convocar otras instancias disciplinares al debate sobre la existencia de una identidad autóctona históricamente construida y culturalmente consolidada. La tarea que parece asumible, -más allá de cualquier actitud nostálgica de identificar determinada época pasada donde la hegemonía cultural, política y militar irradiaba influencia sobre los pueblos y territorios adyacentes-, es aquella que intenta esclarecer la constelación de acontecimientos, que sobre el territorio de lo que hoy entendemos por Andalucía, se han producido y han configurado históricamente su paisaje. Sería conveniente advertir que por “arquitectura” entendemos una producción históricamente determinada, que no siempre se percibe de la misma manera, ni se produce con los mismos objetivos, ni tampoco se refiere al mismo ámbito de las realizaciones materiales, ni es construida y promovida por los mismos agentes. Nuestra orientación intenta superar la comprensión de la arquitectura como una entidad objetual y de relevancia institucional, ya sea de edificios o conjuntos de edificios más o menos importantes, para ampliarla no sólo a los ámbitos de la sociabilidad de los establecimientos humanos, sino también al conocimiento de la arquitectura como una actividad cuyo destino es construir el mundo, en el sentido que construye la forma que hace habitable, desde una cosmovisión históricamente determinada. Arquitectura (en Andalucía) 22 Atribuimos a la arquitectura, en su devenir histórico, la tarea de construir el mundo independiente de quién tiene la atribución de realizarla, y entendiendo esta construcción como configuración de una concreta organización del territorio, a partir de la cual se pone de manifiesto una imagen, un paisaje, en el que el mundo se hace comprensible y habitable. Por tanto, territorio, ciudad y edificios, así como el contexto cultural y político de las realizaciones, son los elementos desde los que organizar, en su sentido más amplio, una correcta comprensión de lo que es hoy la arquitectura. La conciencia del territorio Los primeros vestigios humanos en el territorio que hoy conocemos como Andalucía, están sometidos a la polémica de sí es verosímil una penetración de las iniciales poblaciones africanas por el Estrecho de Gibraltar, o si por el contrario la única vía posible de aparición de los primeros pobladores, es a través de la expansión por Europa Central vía Oriente Medio. De igual manera pertenece a la polémica, la aceptación la aparición de restos humanos en el yacimiento de Orce en Granada (1.000.000 a. C.), lo cual situaría la primera presencia humana en la Península Ibérica en Andalucía, frente a los restos reconocidos de Atapuerca en Burgos (800.000 a. C.) Lo que sí podemos constatar es la aparición de yacimientos en la zona occidental de la provincia y Bahía de Cádiz caracterizada por los bifaces de sílex en El Aculadero y Conil, y de restos de la industria de los cantos trabajados en Vejer. Son estos yacimientos los que dan pábulo al salto de los pobladores africanos del Estrecho de Gibraltar. Junto a estos yacimientos hay que señalar los descubrimientos en La Solana y Baza, en Granada. A este primer período del Paleolítico Inferior (1.000.000 -125.000 a. C.), donde tiene lugar sucesivas y grandes glaciaciones, le corresponde a Sierra Nevada ser la zona de glaciación del Sur Peninsular, ya que parece posible que existieran nieves perpetuas a partir de los 1.600 m de altitud. Apareciendo sucesivamente clima sub-ártico en los períodos de glaciación y desértico y sub-tropical y con una intensa pluviosidad en los períodos interglaciares. En este territorio de difícil habitabilidad, nos encontramos unas poblaciones agrupadas en pequeñas hordas, dedicadas a la caza y la recolección, nómadas por su necesidad de ir tras las manadas para poder alimentarse y sirviéndose de los accidentes geográficos y cuevas cerca de los manantiales y ríos, como lugar de asentamientos provisionales y estacionales. Costa Occidental de Cádiz y Huelva, Valle del Guadalquivir con las localizaciones de Carmona, Hernán del Valle y Puente Mocho, así como Sierra Nevada con La Solana del Zamborino, Baza y Cúllar, configuran los lugares de los yacimientos que confirman los asentamientos del homo erectus (picántropos) hasta ahora conocidos. Arquitectura (en Andalucía) 23 La paulatina sofisticación en las tareas de la talla de la piedra y la aparición del homo sapiens nearderthalensis da lugar al periodo Musteriense (125.000 – 35.000 a. C.) Paleolítico Medio, y constituye un mundo de gran complejidad, variedad y multiforme, coincidiendo los asentamientos en los entornos anteriores pero algo desplazados al Este. La Laguna de la Janda en Cádiz y las cuevas del Diablo y de Gorham en Gibraltar, así como las cuevas de Carigüela y la cueva de Zájara en Almería, consolidan y confirman en el territorio andaluz las áreas de los asentamientos primigenios del cordón costero occidental y oriental, del valle del Guadalquivir y de las proximidades de Sierra Nevada como los enclaves poblacionales más consolidados. Los periodos siguientes, Paleolítico Superior I (35.000 – 20.000 a. C.) y Paleolítico Superior II (20.000 – 13.000 a. C.), manifiestan un panorama cultural y evolutivo muy desarrollado alcanzando un mundo espiritual complejo, con una manifestación artística de claro sentido religioso y de unas costumbres muy elaboradas ritualmente. La aparición del homo sapiens coincidente con el fin de las glaciaciones permite compatibilizar los agrupamientos no sólo en cuevas sino también al aire libre. La mejora climática desplaza la caza hacia el norte y al avanzar en el periodo Paleolítico Superior III (13.000 – 8.000 a. C.), se desarrollan nuevos métodos de captura de alimentos sobre todo en la pesca, incorporando una nueva industria cuya materia prima es el hueso, que va sustituyendo a la piedra, sin abandonar los trabajos en sílex, estableciendo un proceso de microlitización de los útiles. Estas transformaciones indican un grado de especialización en la cultura de la caza que unido a la mejora del clima, provoca un desplazamiento de las grandes manadas hacia el Norte peninsular donde se producirá un mayor desarrollo y una mayor concentración de cuevas pintadas, entre las que se encuentra la Cueva de Altamira (Cantabria), mientras que en el Sur Peninsular, la aparición de cuevas pintadas es más esporádica, resaltando los ejemplos de las cuevas de La Pileta en Benaojan y Nerja, ambas en Málaga. Este deambular, determinado por los movimientos migratorios de las manadas, de los pequeños grupos nómadas, se producen asentamientos aprovechando accidentes geográfico y cuevas naturales, pero estos enclaves no se pueden entender sólo desde la necesidad de abrigo y de defensa de los depredadores, sino que suponen una determinada apropiación del entorno natural estableciendo una identificación con el lugar como depositario, no sólo de la actividad doméstica, sino del conjunto de manifestaciones que demuestran un alto desarrollo de la vida espiritual e intelectual y por tanto un grado de conciencia del territorio como entorno habitable. El Neolítico supone el paso de una economía depredadora basada en la recolección, la caza y la pesca a otra economía productiva, basada en la agricultura y la ganadería; el cambio tecnológico que produce la pulimentación del sílex como componente de las herramientas para las tareas agrícolas; y la Arquitectura (en Andalucía) 24 aparición de una cerámica, que representó la introducción de la cocina del hervido. En el primer periodo, Neolítico I (6.000 – 4.500 a. C.), se desarrolla una “cultura de cerámica impresa e incisa”. Los yacimientos más interesantes del Sur peninsular están localizados en la cueva de Nerja (Málaga), en las cuevas de Los Murciélagos de Zuheros (Córdoba) y La Carigüela (Granada). Posteriormente el Neolítico II (4.500 – 3.000 a. C.) supone la consolidación en el sureste peninsular de la “Cultura de Almería”. Interesa resaltar de esta cultura que si bien sus primeros asentamientos se producen en cuevas, pronto se pasa a localizar en las riberas de los ríos poblados formados por pequeños grupos de cabañas. La aparición de la metalurgia en el Mediterráneo oriental y su posterior expansión al oeste, no hace otra cosa que consolidar el desarrollo agrícola y pastoril, necesitando nuevos territorios y núcleos preurbanos que tienen como base fundacional los poblados primarios de las comunidades agrícolas iniciales. Las tierras con yacimientos mineros se convierten en focos de desarrollo de una incipiente cultura urbana que establece una supremacía territorial, promoviendo una desigualdad que terminará generando nuevos elementos diferenciales en la escala social y una especialización de ciertas zonas del territorio vinculados a la existencia y explotación de minerales, principalmente cobre. Será en la “Cultura de los Millares”, correspondiente a la Edad de Bronce I (3.000 – 2.200 a. C.), ubicada en la zona del este meridional de la Península, donde más claramente se dan las condiciones anteriormente expuestas. Dos cuestiones importantísimas aparecen ligadas a esta cultura, el megalitismo y la aparición de vaso campaniforme. Las construcciones megalíticas son de varios tipos, dependiendo del tamaño, de las peculiaridades formales, tanto en planta como en sección, y de sus métodos constructivos. Los dólmenes, como se les llama a estas construcciones megalíticas, destinadas a los enterramientos y ritos funerarios, pueden clasificarse según los tipos siguientes: de caja, constituido por una especie de cámara con una gran losa como cubierta, de pequeñas dimensiones y estructura simplificada; de corredor, cuando a la cámara anterior se le añade una entrada en forma de corredor; y de galería cuando la construcción son dos paredes aproximadamente paralelas y no se puede distinguir el corredor de la cámara. El destino de estas construcciones era acoger el ritual funerario, pero en este caso los enterramientos eran colectivos frente a los individuales, o de pareja, que fueron típicos del Neolítico. Con respecto al sur peninsular deberíamos destacar en la zona occidental, los dólmenes de Viera, de una sola sala al final de un corredor, y el de Romeral, que aporta como singularidad la forma de cubrir las dos salas con una falsa cúpula rematada con una gran losa, ambos pertenecen al tipo corredor y están localizados, junto con el de Menga que es del tipo de galería, en Antequera Arquitectura (en Andalucía) 25 (Málaga), a los que hay que añadir el dolmen de Matarrubilla (Sevilla) y Pozuelo (Huelva). Y en la zona oriental los dólmenes del área de los Millares (Almería) y el poblado del Cerro de la Virgen en Orce (Granada). Coetánea con la aparición de las construcciones megalíticas y el contacto con las culturas orientales que venían en busca de metales, surge otro fenómeno cultural, asociado a la metalurgia del bronce, el vaso campaniforme. A parte de la polémica de su origen, lo que nos interesa resaltar es la localización de un foco de difusión a toda la Península en el valle del Guadalquivir (Carmona), junto con los Millares, que es otra de las localizaciones relevantes, y sumados a los importantes yacimientos de mineral en la zona, dan origen a la “Cultura del Argar”, la más importante que se desarrolla en la península en la Edad de Bronce II (2.500 – 1.500 a. C.) y que extiende su hegemonía en un largo período hasta la Edad de Bronce III (1.500 – 900 a. C.) durante el cual se produce la llegada de los pueblos célticos a la Península. Las consecuencias inmediatas que produjo el cambio de una economía depredadora a una economía productiva suponen el aumento y desarrollo de los poblados y la evolución de la arquitectura y de la organización de los asentamientos, que establecen una utilización del espacio propio de las sociedades agrícolas, mostrando una evolución tanto desde el punto de vista tecnológico como social. La morfología y la distribución de estos asentamientos, relacionados con la aparición de nuevas formas económicas con base en las tareas agrícolas, promueven un mayor sedentarismo y estabilidad en las poblaciones. El sedentarismo es el elemento más novedoso y significativo que conlleva el habitar agro-pastoril, aunque no se excluye la posibilidad de poblados provisionales entre los cazadores-recolectores, la verdadera sedentarización se produce con la aparición de nuevas fuerzas productivas. Una explotación más intensiva de los recursos desde la nueva orientación económica necesita un medio físico más diversificado en las proximidades de los asentamientos, lo que promueve campamentos de mayores dimensiones y por lo tanto un mayor esfuerzo organizativo del espacio que sirve de localización a las edificaciones que forman parte de él, y promueven en definitiva un mayor esfuerzo arquitectónico. No obstante, podemos plantear algunas precisiones referentes a la manera en cómo se producen los asentamientos y cómo se adquiere una cierta conciencia del territorio. El problema de la habitación, se resuelve aprovechando los accidentes geográficos, lugares de abrigo y estribaciones dominantes, y en la medida que se desarrollan las sociedades se establece un proceso que va de la cabaña hasta la casa. A las comunidades cazadoras-recolectoras le correspondería un tipo de habitación de pequeñas cabañas circulares con cimientos de piedra o cavados en el terreno, por ejemplo los yacimientos encontrados en la zona de Huelva tipo silos, de fosos cavados en el terreno y rodeados de zanjas, llamados “papauvas”, Arquitectura (en Andalucía) 32 porticado y ornamentado pasa a convertirse en el siglo IV en vertedero, a despoblarse, e incluso a ser soporte de enterramientos. Pero la tesis de una progresiva degeneración lineal de las grandes urbs romanas está actualmente pendiente de matizaciones tras la reciente aparición del Palatium más grande, hasta el momento excavado en el imperio, en el paraje de Cercadilla a las afueras de Corduba en dirección Noroeste. Fechado a finales del siglo III se trata de un complejo de diferentes salas radiales articuladas por un criptopórtico -galería semicircular semienterradade 150 m de longitud. La mayoría de las ciudades adquieren un fuerte carácter rural dependiente de la agricultura, que, en el caso de centros urbanos de mayor importancia, juegan el papel de mercado regional de su territorio adyacente. Los grandes propietarios de tierras dejan la ciudad y se van a vivir al campo reforzándose el fenómeno, que ya al final del imperio romano origina los grandes establecimientos agrarios: las villae rusticae, que aparte de las más conocidas de Ecija y Torrox, tienen un gran desarrollo en las zonas de Carmona, Lora del Río, Alcalá del Río y Sevilla, pero sobre todo en el área de Los Alcores, donde se dan grandes superficies agrarias de cultivo, en las que existen instalaciones y construcciones espaciosas, cercanas a pozos y que generan a cierta distancia, pero relacionada con la villae, pequeñas aglomeraciones residenciales. A finales del siglo IV se producen sucesivos acontecimientos, como son los movimientos sociales que enfrentándose al patriciado romano ocuparon el noreste de Hispania, las incursiones de los pueblos bereberes del norte de África en la Bética, la presión de los pueblos desplazados hacia el sur por la invasión de los hunos, y finalmente suevos, vándalos y alanos irrumpen en Hispania por Roncesvalles y se reparten el territorio hispano sin apenas esfuerzo bélico. Se desconoce con exactitud los movimientos y asentamientos de estos pueblos en los primeros y confusos años de la ocupación, pero el resultado final es que los vándalos asdingos, después de desplazar a los vándalos silingos, se establecieron en la Bética. Los visigodos llegan hasta el Sur, bajando por la costa de Levante y al no poder pasar a África, vuelven sobre sus pasos y se establecen en el Suroeste de Francia. Son los Suevos los primeros en establecer un reino de cierta estabilidad que correspondía territorialmente a las provincias romanas de Gallaecia, Lusitania y Bética, quedando la mitad peninsular hasta el Este como territorio romano de facto, estableciéndose un pacto entre romanos y visigodos para frenar el avance de los suevos, que termina por consolidar, después de los enfrentamientos, una zona ocupada por godos (Campus Gothorum) en la meseta noroeste de la península. Los reinos germánicos, agricultores y ganaderos fueron efímeros a escala histórica. Las tierras que ocuparon sufrieron retrocesos demográficos, las ciudades se despoblaron y las formas culturales hispano-romanas fueron desaparecieron. Arquitectura (en Andalucía) 33 La condición de nómadas de los pueblos germánicos que ocuparon la Península tiene como consecuencia el que no existan nuevos asentamientos, ni obras de infraestructura que resaltar, su base es el campamento y viven del pastoreo y del saqueo. Los intentos expansionistas de los suevos hacia el Este traen como reacción la ocupación por parte de los visigodos del centro y sur peninsular, primero, y con posterioridad del Este, llegándose, una vez recuperadas las zonas costeras del sur ocupadas por Bizancio, a la unificación peninsular bajo el poder visigodo. La organización territorial resultante de esta unificación toma como modelo la establecida por los romanos, siendo la Bética la única que sufre una nueva división en dos partes: la occidental pasa a ser Hispalis y la oriental toma el nombre originario de la Bética. El siguiente escalón organizativo se le asigna a determinados enclaves urbanos que tiene la responsabilidad del control de su territorium, jurisdicción tanto civil como militar. Una vez consolidado el reino visigodo, el esfuerzo principal es el de fortificar disminuyendo la permeabilidad del territorio mediante enclaves defensivos, tanto en el Estrecho de los ataques bizantinos y bereberes, como en el Norte. Produciéndose un paulatino cambio de mentalidad que supera el concepto de pertenencia germano -clan, tribu-, para asumir el concepto de territorialidad heredero de la construcción territorial hispano-romana. Pero esta asunción de la construcción territorial hispano-romana tiene una variante importante con respecto a la anterior, que drenaba sus vías de comunicación hacia la centralidad de Roma. Los visigodos usan las vías romanas cuando les interesa. Pero la nueva centralidad política de Toledo configura un nuevo eje peninsular, que partiendo de Gades, ya en plena decadencia, y coincidiendo con la vía Augusta pasa por Hispalis y Corduba, en vez de seguir hacía Cástulo toma dirección norte directa hacia Toledo, Zaragoza y Tarragona. Se pasa de un modelo de vías en abanico y convergentes hacia el Este, a un modelo de centralidad con Toledo como referencia. A lo que hay que añadir un hecho de gran relevancia, como es la legislación que se promueve sobre las calzadas romanas, que establece la obligatoriedad de espacios libres a ambos lados de las rutas con el objetivo del que caminante pudiera descansar, así como la facultad de los viajeros de destruir todo tipo de cercados que impidieran su desplazamiento, o que se pudiera utilizar los márgenes del camino para forraje de los animales. Este nuevo eje, que Torres Balbás llamará “la ruta axial de al-Andalus”, cuyo interés estaba en reforzar la centralidad política de Toledo, y potenciar el auge de la navegación fluvial y el modelo de comunidades rurales que debió seguir un esquema de autosuficiencia, disminuyendo las intensas comunicaciones anteriores en el territorio hispano que derivará con el tiempo en una organización de áreas regionales. Arquitectura (en Andalucía) 34 El control del territorio en Al-Andalus Más allá de las polémicas de si la invasión árabe obedecía a los apoyos de parte de la nobleza visigoda contra Rodrigo, o era un plan previsto de antemano, lo cierto es que se caracterizó por su rapidez, audacia y facilidad. En muy poco tiempo casi toda la Península queda en manos árabes, excepto la cornisa cantábrica en el Norte. Todo el territorio conquistado recibe el nombre de alÁndalus. Al-Ándalus desarrolla una civilización eminentemente urbana vinculada a una economía mercantil, estando el mundo rural y su gran capacidad productiva supeditada al abastecimiento de las grandes ciudades y al comercio exterior. Los musulmanes se asentaron inicialmente en las ciudades preexistentes, las cuales se ampliaron, fortificaron, y dotaron de nuevos recintos palaciegos y renovado equipamiento, restituyendo parte del alto grado de construcción y ocupación del territorio romano que paulatinamente se había debilitado con la presencia de los pueblos germánicos en la península. La organización del territorio se establece, principalmente, desde el aspecto de la dominación y control, con enclaves que impiden la penetración del enemigo. Son las plazas fuertes, los castillos y demás elementos defensivos con el apoyo de las ciudades amuralladas quienes estructuran y controlan el territorio y ejercen el dominio desde su presencia. Se genera una manera peculiar de relación entre el medio físico y las realizaciones defensivas conocida como las marcas: zona fronteriza, de circunscripción militar en permanente estado de alerta y guerra, que con el avance de los reinos cristianos va desplazándose hacia el Sur, constituyendo una estructura territorial lineal de asentamientos fortificados y comunicados. El sistema de asentamientos y de enclaves defensivos se realiza de forma diferente a ambos lados de la frontera. Del lado cristiano, el territorio se organiza en tres ámbitos con un triple sistema de asentamientos: villas base de abastecimiento -Jerez, Sevilla, Carmona, Ecija, Córdoba, Jaén, Úbeda, Baeza, Segura, etc, en el valle del Guadalquivir, plazas fuertes en segunda línea, y torres y castillos en primera línea. Esta jerarquía de asentamientos no se produce del lado nazarí, donde estructura poblacional y militar coincide en los mismos enclaves. La cordillera Subbética y sus valles circundantes establecerán durante cerca de 250 años la última frontera del reino nazarí. Complementaria a las marcas, circunscripciones territoriales fronterizas, existen las coras que son circunscripciones territoriales internas asimilables a provincias. Esta dualidad de organización territorial es coherente con la necesidad existente de control. La propia diversidad de clanes bereberes, sirios, yemeníes, y otros, que se asientan en la Península plantea un reparto del propio territorio de alAndalus. Los bereberes ocuparán generalmente las coras de las sierras, quedándose los clanes árabes con las coras más fértiles de los valles, lo que dará lugar a un territorio en altamente urbanizado y, como anteriormente hemos Arquitectura (en Andalucía) 35 planteado, con una importante capacidad agraria, tanto para el abastecimiento como para el comercio, que junto a la actividad mercantil constituían la base de la economía andalusí. Los musulmanes localizan la actividad comercial y mercantil en las antiguas ciudades romanas, que amplían, renombran y dotan de los elementos característicos de su cultura urbana: la medina en el centro, donde están ubicadas la mezquita mayor, el zoco, los baños, a partir de la cual los arrabales crecen unos al lado del otro, con la peculiar característica de su autosuficiencia urbana al contar con mezquita, mercado y baños cada uno de ellos, definiendo una de las características de la ciudad musulmana -su construcción por agregación, que dota a la imagen urbana de una supuesta falta de regularidad al no evidenciarse su orden interno-. Las edificaciones representativas de lo público cobran la importancia de convertirse en referentes y elementos de orientación en el magma indiferenciado de lo residencial, que constituye la otra cara de la moneda de la comprensión urbana musulmana, el ámbito de lo privado. La concepción de la ciudad musulmana construye una dicotomía clara entre lo público y lo privado. El espacio público donde se desarrolla la vida ciudadana, -el mercado, la mezquitatiene en el hombre la figura predominante, mientras que el espacio privado -la casaestá reservada de las miradas extrañas y domina la figura de la mujer. Sólo cuando el país es unificado por Abderramán I, el primer omeya de alÁndalus, se construye una organización propia y autónoma, desligada de las herencias visigodas anteriores, y se consolida un estado musulmán independiente, afirmado su identidad con una fundación religiosa sin precedentes, la mezquita de Córdoba. A partir de este acontecimiento y a pesar de la permanente contienda con los reinos cristianos, la cultura de al-Andalus desarrolla una capacidad sin precedentes en sus realizaciones. La mezquita mayor de Córdoba, edificada junto a la calzada romana que continuaba del puente, es inicialmente un recinto cuadrado de casi unos 80 m. de lado, que luego en sucesivas ampliaciones, realizadas por Abderramán II, alHakam II y la última por Al-Mansur b. Abi´Amir, alcanza su actual dimensión de 128 x 179 m. Constituye una de las realizaciones más deslumbrantes del poder Omeya, a lo que contribuyó el que las sucesivas ampliaciones no desvirtuaran la estructura original, manteniendo la escala de los dobles arcos de herradura superpuestos de la sala interior de rezos y la unidad de la imagen seriada de dicha sala. Abderramán III hizo construir el nuevo y monumental alminar de sección cuadrada que serviría de referencia a los igualmente famosos de Sevilla y Marrakech. El afán constructor de Abderramán III se prolongó en la ampliación del Alcázar de Córdoba y sobre todo, en cuanto tomó el título de califa, en la promoción de una nueva ciudad político-administrativa y residencia califal, Medinat al-Zahra, Arquitectura (en Andalucía) 36 situada a dos leguas de Córdoba a los pies de la sierra, edificada sobre tres plataformas escalonadas: la superior destinada a palacio del califa, la central a jardines y la inferior correspondiente al área administrativo-comercial y a la mezquita. Su esplendor duró hasta que al llegar al trono al-Mansur b. Abi ´Amir funda su propia ciudad de gobierno Medinat al-Zahira. Los almohades, a pesar de su ascetismo inicial que proscribía cualquier tipo de lujo, construyen la nueva Mezquita Mayor de Sevilla, de diecisiete naves, y de una sutileza formal que despertó admiración hasta en la cristiandad, de la que sólo queda actualmente el patio, con parte de sus altas arcadas de ladrillo, las Puertas de Perdón y de Oriente y el alminar, alarde de la construcción en ladrillo de 50,85 m. de alto, levantado en planta cuadrada con un elemento central sobre el que se desarrolla una rampa que da acceso a la parte superior de la torre, cuyo remate original fue sustituido, después de la toma de la ciudad por Fernando III, por la coronación que actualmente puede admirarse. En las edificaciones militares, los almohades, produjeron una profunda renovación sobre todo en los sistemas de flanqueo, con la aportación de las torres albarranas, elemento separado de la muralla y unida mediante un doble parapeto al recinto, cuyo ejemplo más difundido es la Torre del Oro en Sevilla. La fortaleza de Alcalá de Guadaira, con su excelente posición estratégica y compuesta de tres recintos defensivos, y la Alcazaba de Málaga, con dos murallas rodeadas de torres, son realizaciones importantes de esta renovación en las construcciones defensivas. Pero son los nazaríes en Granada quienes llevan a cabo el programa edificatorio más complejo y sofisticado sobre el cerro rocoso de la Sabica, en el lugar llamado al-Hamra -la Roja-, que empieza con las primeras defensas de Muhammad I, que aprovecha las condiciones naturales, y sigue con Muhammad II que prosiguió las obras y se le atribuye la construcción de las Torres de las Damas y de los Picos, en la cara norte. La Alambra a principios del siglo XIV había adquirido por las dimensiones de sus edificaciones la condición de una ciudad independiente del recinto urbano granadino. Muhammad II hizo construir una Mezquita y Mayor y los baños públicos, y sucesivamente los sultanes nazaríes fueron erigiendo palacios, torres, salas, patios que no hicieron sino reforzar esta condición de recinto urbano autónomo, de ciudad sobre la ciudad, en una articulación de recintos, avenidas, albercas, de inigualable precisión planimétrica. Yusuf I y Muhammad V continúan aumentado el programa, que va desde las torres de Candil, Cautiva, Machuca, y de Comares, pasando por los patios de la Alberca y de los Arrayanes, para culminar en el patio de los Leones, rodeado de las cuatro salas de Mocárabes, de los Reyes, de los Abencerrajes y de las Dos Hermanas, que a través de una sala da acceso a la alcoba-mirador de Daraxa, para culminar en la huerta-jardín del Generalife. El programa residencial constituye una de las peculiaridades más definitorias de la cultura musulmana en al-Ándalus. La casa, como ámbito por excelencia de lo Arquitectura (en Andalucía) 37 privado, basa su organización formal en el patio, que si bien es herencia del romano, niega su permeabilidad, al registrarse desde el exterior a través un vestíbulo acodado, para constituirse en centro de la vida doméstica. Alrededor se sitúan salas poco profundas con ventilación exclusiva al patio amparadas bajo la galería, que en planta alta da acceso a las estancias femeninas, último recinto de lo íntimo. Reestructuración territorial y renovación urbana A finales del siglo XV y principios del de XVI, coincidiendo con dos acontecimientos que tienen lugar en Andalucía: la toma de Granada, que establece las bases para una futura unificación de los reinos y territorios peninsulares; y la salida de Palos de Moguer de la expedición en busca de una ruta alternativa por el oeste a los países orientales; surgió en el ámbito europeo una economía-mundo, que venía a confirmar la culminación del proceso de tránsito del sistema feudal al naciente sistema capitalista. Coherente con esta situación el territorio europeo sufrirá modificaciones en su estructura, heredera del feudalismo, tendentes a funcionalizar el papel de centro en el sistema-mundo. El reino de España se constituye en la cabeza de puente de la necesaria expansión del volumen geográfico que el sistema de la economíamundo necesita como condición para su consolidación, a través de la creación de un aparato de estado relativamente fuerte. El sistema territorial feudal organizado coherentemente para economías relativamente pequeñas y relativamente autosuficientes va a sufrir una reestructuración a nivel europeo, en general, y español, en particular, tendente a consolidar una red de comunicaciones que hiciera permeable Europa al comercio creciente, base de la actividad mercantil. Sevilla será inicialmente centro de recepción y distribución de toda la actividad comercial con las Indias y se convertirá en la primera metrópoli de esta economía-mundo. Es fácil constatar que a esta reestructuración territorial le correspondió una renovación urbana sin precedentes de aquellas ciudades, que se beneficiaron de las nuevas actividades comerciales y mercantiles. Serán las ciudades del Sur peninsular, junto con las castellanas, objetivos prioritarios de esta necesaria transformación, donde el programa humanista opera como el dispositivo más eficaz, a la vez que afirma su capacidad de racionalización de los tejidos poliestratificados de la ciudad medieval. Pero no es sólo razón urbana, es también, y sobre todo ideología funcional con el nuevo sistema emergente, e instrumento que liquide cualquier vestigio del pasado medieval. Mucho más en el caso andaluz cuando al pasado medieval se le añade la constante y presente imagen de su pasado islámico. Arquitectura (en Andalucía) 38 Basta señalar algunas actuaciones emblemáticas: la primera, del itinerante rey Carlos V, para su palacio en el solar que queda tras el derribo de las caballerizas de la Alhambra, donde el arquitecto Pedro Machuca inserta su propuesta, que a pesar de la ingenuidad de su articulación con la fábrica nazarí, evidencia una renovación radical e incluso violenta de la imagen musulmana preexistente y que no sólo alcanza a lo contundente del tipo elegido, sino también al rigor con que está tratado el lenguaje arquitectónico como manifestación de la nueva y triunfante ideología humanista. La segunda también en Granada, pretende dilatar el mismo discurso a un ámbito menos simbólico en lo político, pero más relevante de cara al pueblo, al encargar a Diego de Siloé la difícil tarea de borrar todo vestigio gótico de la fundación catedralicia, de la que sale airoso mostrando una gran capacidad en el manejo de la sintaxis de los órdenes al ser capaz de transformar unas trazas góticas en un discurso de inequívoco carácter humanista, a pesar del uso desprejuiciado de los códigos y fuentes clasicistas. Esta capacidad de manejo del lenguaje clasicista en Diego de Siloé, se prolonga como capacidad de experimentación en la figura de Andrés de Vandelvira. Dos ejemplos que comparten el mismo programa, -la realización de una sacristía-, configuran una trayectoria que nos permitiría comprobar sus desprejuiciadas investigaciones: la primera en la iglesia del Salvador de Úbeda, cuyas trazas se atribuyen a Diego de Siloé y que Vandelvira termina, añadiéndole por encargo posterior, el cuerpo de la sacristía esviado del eje de la iglesia, que genera artificialmente un problema obligándolo forzar las soluciones formales. La segunda, en la Catedral de Jaén, cuya sacristía se resuelve con una estructura muraria de superposición de arcadas, en clara referencia a fuentes clasicistas. Pero será en el Hospital de Santiago de Úbeda donde Valdelvira lleve más lejos su afán experimentalista, con unas trazas desagregadas, donde patio, galería y dependencias anexas, desmesurada escalera, iglesia y sacristía, hacen de fondo de una enorme crujía de entrada en relación al resto del conjunto, jalonada por dos imponentes torres, evidenciando estar más pendiente del papel persuasivo que debe transmitir el edificio, situado a las afueras del recinto urbano, que de la unitariedad abstracta de su planteamiento planimétrico. Pero la nueva estructuración territorial que reclama la centralidad de Sevilla como sede del monopolio comercial con la Indias, concentra en esta ciudad una serie de intervenciones que son puntos de apoyo fundamentales en las trasformaciones urbanas del solar musulmán-medieval sevillano. El problema que surge de la propia organización urbana medieval basada en las collaciones, forma de reparto del solar urbano, tanto a los que intervinieron en la conquista cristiana de la ciudad, como a las órdenes militares y religiosas. Estas collaciones funcionan como partes autónomas con funcionalidad específica y jerarquizada, donde la iglesia, -antigua mezquita en la mayoría de los casos-, es centro de la organización de las actividades civiles, religiosas y mercantiles, constituyéndose en auténticos microcosmos que dotan a la ciudad de una estructura policéntrica. Arquitectura (en Andalucía) 39 Será el itinerario seguido por Carlos V en su entrada en 1526, con motivo de su boda, constituyendo un eje virtual Norte-Sur desde la Macarena, pasando por Sta. Marina, San Marcos, Santa Catalina, El Salvador, para llegar a las gradas de la Catedral, el elemento capaz de articular y jerarquizar la organización molecular y policéntrica de la ciudad musulmana-medieval, junto con el programa humanístico que vendrá apoyado por Francisco del Castillo, desde el Cabildo Catedralicio, y por un patriciado urbano enriquecido, los episodios de una renovación urbana que establecerá dos orientaciones: la primera, más funcional, respondiendo a las demandas que introduce la nueva organización el comercio y la actividad manufacturera, dotando de servicios a la ciudad, mejorando su infraestructura y creando nuevos ámbitos de relación; la segunda, más fundacional, que vincula el triunfo político-militar y religioso cristiano al lenguaje clasicista, pretendiendo liquidar con esta operación cualquier vestigio del pasado islámico. La transformación de la laguna, -antiguo brazo del río, en Alameda de Hércules realizada por el asistente Conde de Barajas, que dota a la ciudad del espacio urbano de ocio más emblemáticoy las Ordenanzas de 1527, -que contribuyen a la racionalización de intervenciones urbanas-, forman parte del programa más funcional. Pertenecen a la orientación más fundacional: la sorprendente continuidad de las superficies que consagran la unidad espacial de la Sala Capitular de la Catedral, atribuida a Francisco del Castillo; el inquietante experimentalismo espacial de Hernán Ruiz II, en la iglesia del Hospital de Las Cinco Llagas, al no llevar hasta el suelo las pilastras que soportan las cúpulas, haciéndolas descansar sobre unos capiteles-péndolas que afirman su ingravidez, aumentada con el recurso de introducir bajo la balconada del primer orden, las umbrías capillas laterales que no hacen sino reforzar con su zona de sombra la volatilidad del conjunto. Pero sobre todo, el ejercicio más emblemático de la ideología triunfante, lo realiza Hernán Ruiz II en la coronación del antiguo alminar almohade, con el cuerpo de campanas que remata la estatua del Triunfo de la Fe, popularmente El Giraldillo, alarde de conocimiento constructivo que muestra una gran capacidad de ensamblaje de los elementos del lenguaje clasicista en un programa altamente condicionado por la edificación preexistente, que se convierte en hito urbano por excelencia, constituye la referencia identitaria de la nueva ciudad. Esta supuesta identidad, entre programa de renovación urbana y proyecto imperial, fracasa por el giro impuesto por Felipe II a la política imperial, que traerá como consecuencia la transformación de la concepción territorial anterior, en virtud de la nueva centralidad, que desde ese momento, jugará Madrid como sede del poder. Las nuevas concepciones arquitectónicas que Felipe II impone son contrarias a la pluralidad de tendencias, capacidad de experimentación y originalidad que la arquitectura andaluza había puesto de manifiesto en sus realizaciones, que propiciaban los distintos poderes civiles, que a partir de ese momento quedan supeditadas a las necesidades funcionales del monopolio. Arquitectura (en Andalucía) 40 Del eje Norte-Sur que pretendía articular la organización molecular de Sevilla, se pasa a la secuencia urbana de la Aduana, Casa de la Moneda, Casa Lonja, que más allá de la transformación de la ciudad pretende imponer con su presencia y funcionalidad, el proceso de racionalización institucional del monopolio, como instrumento del poder imperial. La Casa Lonja actual Archivo de Indias; cuyas trazas prepara Juan de Herrera y construye Juan de Minjares, es, de las tres realizaciones, la que asume de manera más evidente su papel de ser imagen material de las abstractas relaciones del poder. Situada entre la Catedral y las murallas del Alcázar, surge sobre un pedestal escalonado que salva el desnivel del terreno, con cuatro fachadas idénticas, que encierran una crujía perimetral de 200 pies de lado, servida por una ancha galería y patio central. Las fachadas presentan dos alturas con un orden toscano apilastrado, y tres puertas cada una, dos alineadas con las galerías y otra central, en las esquinas y coincidiendo con las galerías, donde se duplica el apilastrado para asumir la imagen de torre, los paramentos entre las pilastras pétreas son de ladrillo rojo. En las trazas de Herrera sólo existen, en planta baja, cuatro ámbitos cerrados que se corresponden con las cuatro esquinas del edificio, el resto es un pórtico abierto, continuo y permeable en cualquier dirección. De esta forma el edificio se convierte en atrio urbano, que acota y especializa una parte de la ciudad, sin que pierda su carácter público. Para Herrera, aposentador de Felipe II, la arquitectura es una manera de conocer el mundo y no solo un conjunto de instrumentos operativos para intervenir en lo edificatorio y lo urbano. La Lonja como edificio exento, desalineado de la Catedral, se reafirma como una metáfora de la nueva ciudad, sede única y distanciada de la razón que el poder impone. Es a partir de la férrea racionalización que impone el gobierno filipino, que sin desprenderse del legado político anterior, insiste en la construcción de un imperio-mundo frente a la mayor eficacia de los pequeños estados en el seno de la naciente economía-mundo, desde donde podemos comprender las vicisitudes por las que pasa el Reino de España hasta convertirse en una potencia semiperiférica, de segunda fila, en el escenario europeo. Por tanto la ralentización del crecimiento del siglo XVII no fue resultado de la crisis del sistema mundo, sino parte del proceso de su consolidación. La cuestión es que en nuestro caso, el inexorablemente creciente lastre económico de una estructura de poder orientada a favorecer un sistema imperial suponía, a medio plazo, la imposibilidad de competir con el resto de estados europeos por la hegemonía en el ámbito de la economía-mundo capitalista. A principios del siglo XVII, cuando todavía el poder y control ideológico anterior seguía operando, la creatividad arquitectónica está todavía vinculada a la racionalidad en el manejo del lenguaje clasicista, como prueba de la condición intelectual que poseía el trabajo profesional de arquitecto. Difícilmente podríamos encontrar mejor ejemplo que el de Juan de Oviedo, que como platea Arquitectura (en Andalucía) 41 el profesor Pérez Escolano, asciende desde retablista-escultor, donde adquiere destreza y experiencia en el manejo del lenguaje y de lo efímero, hasta la de arquitecto, a partir de la oportunidad de ensayar determinados modelos para servir de experiencia en su propuesta, elegida para levantar el gran túmulo funerario de Felipe II en la Catedral de Sevilla. A partir de aquí, le surge la oportunidad de trabajar en varias propuestas conventuales, siendo la Merced, hoy Museo de Bellas Artes, con grandes alteraciones en el interior y fachada, y Sta. Clara algunos de los más interesantes a destacar. Culminada su labor profesional como ingeniero en las costas gaditanas y en el Pirineo, muere en el asalto para la toma militar en Cartagena de Indias. En el marco de las calamidades financieras y epidémicas por las que pasa Andalucía y dentro del ambiente de confrontación social y presión religiosa, se llegan a suspender las representaciones teatrales por dos veces y durante bastantes años durante este siglo. La institución religiosa se apropia del drama como representación colectiva, a través de sus múltiples y variados ceremoniales, del que puede ser un ejemplo, la vida de Miguel de Mañara, promotor del Hospital de la Caridad realizado por Bernardo Simón de Pineda, que labra sobre los muros de la Atarazanas medievales un programa iconológico perfectamente adecuado a la retórica persuasiva de la época. En la otra parte de Andalucía, Alonso Cano, en la misma línea de preservar una cierta racionalidad en el manejo del lenguaje clasicista realiza la fachada de la Catedral de Granada. De igual trascendencia serían los trabajos de Eufrasio López de Rojas para la fachada de la Catedral de Jaén, con lo que entramos de lleno en la relación fecunda que el problema de las fachadas inconclusas o mejorables, obligando desde la necesidad de experimentar nuevos elementos para poder solucionar este tipo de problema, a una nueva reelaboración de lo representativo. Portada y retablo serán el banco de prueba de las múltiples posibilidades que el lenguaje, liberado de su componente racional y sin ningún requerimiento programático ni constructivo, pueda recorrer en sus propuestas más exasperadas la acumulación decorativa, como retórica e instrumento de propaganda de lo religioso y de la fe católica. A mediados del Siglo XVII, este proceso se radicaliza entrando en un delirio decorativo, donde todo queda cubierto para que ningún vacío evidencie la pobreza de los materiales o alguna otra cuestión de mayor entidad arquitectónica. Leonardo de Figueroa en Sevilla, con una producción vastísima y prolongada en el tiempo en su dinastía, es el destinado a consolidar este discurso, donde lo decorativo entendido como retórica global se inserta en las tendencias internacionales, aunque en algunos momentos opere con su instrumental más propio que surge de la experiencia de los retablos, y que van a configurar el modelo de lo superpuesto, entendido como auténtica máscara bajo cuya capa queda oculta tanto la pobreza estructural como la de los materiales Arquitectura (en Andalucía) 48 Los últimos 300 años de monarquía absoluta se sostenía económicamente gracias a la entrada de los dineros indianos, permitiendo a la Corona mantenerse ficticiamente como gran potencia, sin tener que producir una reforma fiscal que tocara los privilegios de la nobleza y el clero. La necesidad de abordar una reforma política que permitiera la modernización del estado y el fin de los privilegios cristaliza en la Constitución que promulgan las Cortes de Cádiz, que entre otras cuestiones de gran calado como la libertad de prensa, la abolición de los señoríos y la abolición de la Inquisición, promueve una radical reorganización político-administrativa del territorio español. Desaparecen los concejos, se suprimen las antiguas divisiones de los reinos e intendencias y se crea una división territorial por provincias, con un gobernador civil a la cabeza y gobernada por una Diputación Provincial. Todo el territorio nacional queda regularizado y racionalizado, produciéndose una uniformación capaz de permitir la implantación de un modelo políticoadministrativo centralizado. Las provincias andaluzas son seis: Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada, Málaga y Cádiz, estando la actual Huelva absorbida en Sevilla y Almería en Granada. El criterio de división provincial era que la extensión fuera lo más similar posible; que la forma se regularizara en relación a criterios geográficos, cuencas de ríos, cadenas montañosas; y que su número evitara particiones excesivamente grandes. La llegada en 1814 de Fernando VII supone un inesperado retroceso político, que se inaugura con la abolición de la Constitución de 1812, lo que entre otras cuestiones deja sin efecto la división provincial propuesta, e inaugura en España un período de confrontaciones políticas y sociales que recorrerán todo el siglo XIX, y producirán una constante situación de guerra, haciendo estéril los múltiples intentos de renovación social y que paulatinamente crispará y radicalizará los discursos políticos. El retroceso que supone la paralización de las medidas organizadoras del territorio retrae a una situación anterior y bloquea el posible desarrollo económico, y como consecuencia se produce un estancamiento en las transformaciones de las ciudades andaluzas donde los cambios serán producto de la inercia de la herencia dieciochesca. La muerte de Fernando VII, a la vez que desata la guerra dinástica por los pretendientes D. Carlos frente a la menor de edad Isabel II, supone la llegada al poder de los liberales, que a pesar de sus luchas internas, moderados frente a exaltados, inician un proceso de recuperación de los avances propuestos por la Constitución que promulgaron las Cortes de Cádiz. Se recupera la división provincial, casi la misma que ha llegado hasta hoy, suprimiendo las jurisdicciones y señoríos del Antiguo Régimen, y produciendo un modelo territorial centralizado. Andalucía queda dividida en ocho provincias: Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén, Almería, Granada, Málaga y Cádiz, que servirá de base para la organización Arquitectura (en Andalucía) 49 judicial en dos demarcaciones o Audiencias Territoriales con sede en Sevilla y Granada lo que confirmará la secular división de Andalucía Occidental y Oriental. Se produce un movimiento reformista, que pretenderá con la desamortización, a parte de la necesidad de financiar la primera guerra carlista, la creación de una clase media de propietarios que sostuviera al régimen liberal. La desamortización de Mendizábal (1836-1844) creará unas condiciones, por la desafectación de bienes eclesiásticos, favorables para acometer algunas transformaciones urbanas en las ciudades andaluzas. Aunque su objetivo principal de reparto de la tierra quedará traicionado, porque la pobreza de los campesinos les impedirá el acceso a los lotes organizados a través de juntas controladas por los grandes propietarios, a los que dará acceso de forma mayoritaria y acumularán gran parte de las tierras desamortizadas, y consolidando un sistema de propiedad de la tierra, sobre todo en Andalucía, que será definitivo en la caracterización del territorio andaluz, confirmando la estructura latifundista impidiendo a la agricultura jugar el papel de acumulación primaria para el desarrollo productivo de la región. La desamortización al producir la acumulación de la tierra en pocas manos, expulsará a los arrendatarios y campesinos, e iniciarán un proceso de proletarización de los trabajadores del campo hasta convertirlos en jornaleros, mano de obra de reserva agrícola, a la espera de una contratación fundamentalmente temporera. Los jornaleros se concentraban en los enclaves rurales, los cuales alcanzarán un tamaño desproporcionado para su actividad económica, terminado por confirmar uno de los aspectos más característico de los asentamientos rurales andaluces, el gran tamaño de sus pueblos. La segunda desamortización de Madoz (1855-1868), llamada general, porque enajena no solo los bienes eclesiásticos, sino todos los amortizables, tanto los del Estado como de los municipios, tendrá su mayor repercusión en el ámbito urbano, generando un volumen de rentas urbanas que incidirá en las ciudades de manera decisiva en la promoción de nuevas intervenciones tanto públicas como privadas. Si la primera desamortización creará las bases para un periodo de expansión del sector agrario andaluz al poner en carga muchas más tierras de cultivos; la segunda desamortización permitirá un desarrollo urbano de dimensiones desconocidas hasta la fecha, que actuará tanto en el centro de las ciudades andaluzas como en su periferia. Estos dos fenómenos contribuirán a la puesta en marcha del proceso de industrialización en Andalucía, que tendrán características diversas y desigual fortuna. Los cultivos del olivar y de viñedos serán los que propicien los aumentos de las tierras de cultivo junto con los cereales, sobre la base de la concentración de la propiedad agrícola, generando una proletarización de los campesinos que se concentra en gran número en los pueblos que están en el entorno de las grandes propiedades agrarias. Los asentamientos rurales se transforman en grandes Arquitectura (en Andalucía) 50 pueblos agrícolas, como es el caso de Morón, Osuna, Lebrija, Jerez, Loja, que junto con los tipos y aumento de las tierras de cultivo producirán cambios sustanciales en el paisaje andaluz. Las nuevas rentas agrarias y urbanas, producto de las desamortizaciones, son el soporte sobre el que asienta la industrialización andaluza, una de las primeras de España, siendo Málaga el foco inicial con la instalación de la siderurgia de Marbella, que, paralelamente a la industria de transformación vitivinícola de Jerez, reclamarán el inicio de la construcción de la red ferroviaria andaluza, cuyo primer trama será el de Jerez-Los Puertos-Cádiz, buscado la salida marítima de su comercialización, para continuar el tramo Sevilla-Córdoba, quedando pendiente, a pesar de los constantes intentos por parte de los empresarios malagueños de acercar el carbón cordobés a su siderurgia, la puesta en marcha del tramo Málaga-Córdoba, el cual no se acometerá hasta la década de los sesenta, que coincidiendo con la construcción del tramo Córdoba-Manzanares completará la conexión con el centro de la red radial española. A la vez, se realiza la pequeña conexión trasversal de Utrera-Morón-Osuna. En los años siguientes se conectará un ramal desde Granada a la línea Málaga-Córdoba y se ejecutarán los ferrocarriles mineros de Huelva. Esta forma de la red ferroviaria, que se genera desde los requerimientos exclusivamente de economías parciales, adolece de capacidad articuladora del territorio andaluz, potenciando la centralidad sevillana, y relegando a la parte oriental de Andalucía a una secular dificultad de incorporación a la red de comunicaciones por ferrocarril. Pero será el sector minero el que concentre el mayor impulso de la industrialización andaluza, aunque sus beneficios no revierten sobre Andalucía, al ser, en su mayoría, concesiones estatales a empresas extrajeras, quedándose en Madrid los pagos por arrendamiento o venta y saliendo para las bolsas europeas los beneficios de la actividad extractiva. El resultado de la actividad agraria e industrial en Andalucía durante este periodo es de especialización del territorio andaluz, ya sea por los monocultivos “comarcales” del viñedo y olivar o el de la actividad minera, dando lugar a unas infraestructuras demasiado funcionales con las zonas productivas y relegando a las otras partes del territorio andaluz a una gran desarticulación, que irá incrementándose históricamente. Ligado a este proceso de especialización territorial, la segunda desamortización establece las bases de los procesos de valorización sobre los que se desarrollarán las transformaciones urbanas de las grandes ciudades andaluzas. La desamortización libera suelos urbanos suficientes para absorber las necesidades de espacio que se reclaman, tanto desde los programas para los nuevos equipamientos urbanos, como desde las necesidades residenciales de los incrementos poblacionales. Arquitectura (en Andalucía) 51 El proceso de industrialización exige nuevas y rápidas comunicaciones, siendo el ferrocarril quién asume el papel de movilidad de las mercancías en el interior, proliferando en las ciudades a donde llega el ferrocarril estaciones, edificaciones ferroviarias y trazados, que incorporan al paisaje urbano una imagen novedosa, no solo por la envergadura de las instalaciones, sino también por la incorporación de nuevos materiales a la edificación que pronto se integrarán al conjunto de la actividad edificatoria. La estación de Cádiz, hoy en desuso, o la de San Bernardo en Sevilla, sirven de ejemplo demostrativo de las posibilidades de los nuevos materiales con sus grandes estructuras de hierro y cristal para cubrir los andenes, que enseguida como hemos planteado anteriormente se transfiere a otras edificaciones, sobre todo las de carácter público. Habrá que destacar, vinculado al ferrocarril, la construcción de muelles y embarcaderos de minerales en los puertos de Huelva, que llegó a contar con cuatro y el de Almería. Vinculadas a la industrialización estarían también las edificaciones fabriles o de transformación con base agraria, donde coherentemente se reitera el uso de los nuevos materiales y de la aplicación de un criterio de sistematización y montaje de elementos, que permitan la seriación del proceso constructivo, como podríamos constatar en una parte importante de la edificación bodeguera, donde se importa modelos del extranjero, como es el caso de la bodega de La Alcubilla en Jerez, con patente del ingeniero Eiffel, o en las instalaciones de la antigua Fábrica de Tabacos de Cádiz, en el uso generalizado de sus los elementos estructurales. La otra cuestión de gran relevancia, a pesar de su concentración entorno a las explotaciones mineras, sería los nuevos asentamientos poblacionales, donde se localizan desde la viviendas para obreros y sus edificaciones complementarias - economatos, escuelas, dispensarios, hasta las viviendas de los capataces y directivos-, todo perfectamente segregado y jerarquizado. Poblados edificados por parte de las compañías para incrementar la eficacia productiva y establecer un mayor control de la mano de obra, donde el intervencionismo de la Río Tinto Company Limited no solo alcanza a sus asentamientos de las explotaciones mineras, sino que extiende su ideología antiurbana a otras intervenciones, como por ejemplo, las casas de recreo de Punta Umbría o el Barrio Obrero de Huelva. Las intervenciones urbanas, que mejoran las condiciones atrasadas de las ciudades andaluzas, se basan en las nuevas alineaciones y aperturas cuando se producen en el centro de las ciudades, y en nuevos asentamientos en la periferia, constituyendo una forma de actuación funcional con el nivel de crecimiento y modernización a escala de las economías urbanas andaluzas, que no necesitan del ensanche, como en el caso de Barcelona con el Plan Cerdá, sino de operaciones puntuales de menor escala, que tendrán mayor o menor capacidad de articularse dependiendo de lo acertado de las políticas urbanas que se promuevan y de la capacidad de los profesionales que las programen y ejecuten. Arquitectura (en Andalucía) 52 Será ejemplar la labor desempeñada en Sevilla por Balbino Marrón, responsable como arquitecto municipal de toda una constelación de intervenciones de aperturas y nuevas alineaciones en la ciudad, y aprovechando las posibilidades que le brinda las desamortizaciones y los encargos relacionados con el establecimiento en la ciudad de los Duques de Montpensier. Destacando sus intervenciones para la instalación de la estación y del entorno de la Plaza de Armas, la plaza de la Magdalena, plaza de D. Alfonso -actual San Pedro-, Plaza del Salvador, Plaza del Triunfo y sobre todo Plaza Nueva, en lo que se refiere a la apertura de espacios públicos; siendo importante la labor en el trazado de nuevas alineaciones como Alameda de Hércules o del puente nuevo de Triana, la intervención emblemática del palacio de San Telmo como residencia de los Montpensier, que en complicidad con la ordenación del Paseo Colón concibe la periferia como un universo distinto del centro urbano, pero coherente con un solo proceso ideológico, como acertadamente plantea González Cordón. Estas dos maneras de proceder en la renovación urbana, con aperturas y nuevas alineaciones en el centro y nuevos asentamientos en la periferia, de las ciudades andaluzas queda reflejado en aperturas y nuevos trazados de plazas como Candelaria, Mina y Constitución -hoy San Antonio-, en Cádiz, la plaza del Teatro y de la Cuatro Calles -hoy Constitución-, en Málaga, la apertura de la avenida del Gran Capitán y los jardines de la Merced en Córdoba; y la de la Gran Vía en Granada; a lo que habría que añadir las nuevas alineaciones del paseo de la Alameda en Cádiz; y las del murallón y paseo de ribera del río en Córdoba; y de la calle Larios en Málaga. Siendo los asentamientos periféricos más reseñables, los que tiene que ver con instalaciones fabriles o asentamientos residenciales de recreo, como en el caso del salto del río Guadalmedina que proporcionan suelos para las nuevas fábricas y los asentamientos obreros en Málaga, mientras que las residencias burguesas lo harán al otro lado de la ciudad por el camino de Vélez; o de manera similar en Cádiz, donde construcciones y fábricas de carácter militar se localizan cercano al ya existente barrio de San José, compartiendo el istmo con las casas de recreo burguesas, una vez que se construye el camino paralelo al litoral de la playa que une el nuevo cementerio con las Puertas de Tierra. Toda esta actividad de renovación urbana llevara en paralelo un programa de equipamientos urbanos de carácter civil sin precedentes en las ciudades andaluzas: mercados, como el Central de Abastos de Cádiz, que construye Juan Daura sobre trazas de Torcuato Benjumea, edificado en el solar de la antigua huerta del convento de los Descalzos, con los puestos colocados perimetralmente dejando un gran espacio central celebrativo, hoy ocupado, el del Barranco, antiguo del Pescado, en Sevilla, construido en hierro por Portillo, White y Cía., igual que el Central de Abastos de Almería de Cuértara; y teatros, como el Cervantes de Málaga de J. Cuervos y A. Campos, el Gran Capitán de Córdoba de Amadeo Rodríguez, el actual Falla de Cádiz sobre trazas de A. Morales de los Río y A. Del Castillo; así como el puente de Triana de Bernardet y Steinacher. Arquitectura (en Andalucía) 53 Referente al programa residencial, tendríamos que diferencias dos ámbitos: primero, el que se refiere a la vivienda popular, donde surgen los primeros intentos de desarrollar programas colectivos de nueva planta, aunque se sitúen en localizaciones casi residuales en la ciudad, ya sea ocupando centro de manzanas, en continuidad con la experiencia de los corrales de los siglos anteriores, pero con mejoras e incorporaciones de tipo higienistas, o realizando aperturas que habiliten nuevas fachadas como es el caso de los pasajes, como por ejemplo el pasaje González Quijano al final de la Alameda de Hércules en Sevilla; los ejemplo de casa de vecinos de Callejones Cardoso en Cádiz, el pasaje de Chinitas de Diego Clavero en Málaga. El segundo opera con bastos programas residenciales-representativos de las burguesías locales que desarrollan grandes complejos edificatorios como es el caso de la casa palacio de Manuel Moreno de Mora de Juan de la Vega en Cádiz, la Casa de las Sirenas de J. Fernández en Sevilla, y la casa palacio de Tomás Bolín de Fernando Guerrero Strachan en Málaga. Territorialización regional y descentralización La crisis que, a partir de 1898, produce la conquista de la independencia de las últimas provincias de ultramar, la inercia de una política exterior anclada en los esquemas colonialistas de Antiguo Régimen, el atraso estructural debido a la ausencia de una verdadera revolución industrial, la consolidación de un poder oligárquico, desgasta inexorablemente al sistema político español hasta límites insospechables. El bipartidismo institucionalizado por la alternancia en el poder de los conservadores y la manipulación permanente de las elecciones confirma en el poder a una oligarquía, que se sustenta en el apoyo de la iglesia, los militares de alta graduación y los grandes propietarios agrícolas, y consolida un centralismo cada vez más exacerbado en la medida que se acrecientan los conflictos institucionales con los nacionalismos y los sociales con la burguesía emprendedora y los sectores populares del campesinado y los obreros urbanos. Esta situación, que suma a un territorio excesivamente especializado en los procesos de industrialización del siglo pasado, un centralismo cada vez más asfixiante, genera movimientos de descentralización que cuenta cada vez con más apoyos, tanto desde el ámbito político, como desde el económico y que tendrá como consecuencia la puesta en crisis del modelo de crecimiento, intentando instrumentar dispositivos de gestión más regionalizados y articulados, con dispositivos capaces de establecer pautas de crecimiento en las ciudades que instituyan unas reglas de juego menos monopolizadas por parte de los sectores rentistas, representados por las oligarquías locales, y más favorecedoras de los nuevos inversores urbanos que nos son otros que la burguesía emprendedora. Arquitectura (en Andalucía) 54 Los sucesivos intentos de mejorar las condiciones de las ciudades, como son la de refundición de las anteriores ley de Ensanches y ley de Saneamiento y Reforma Interior (1920); el Estatuto Municipal (1924), que atribuye la actividad urbanística a los municipios; los debates en el XI Congreso Nacional de Arquitectos (1936), y el Congreso Municipalista de Gijón (1934),sobre los sistemas de expropiación y la necesidad de una ley nacional de urbanismo, se orientan a desarrollar toda una ideología descentralizadora que formulará la necesidad de una territorialización regional, y tendrá su expresión más avanzada en los trabajos que la Generalitat desarrollara para el Plan de Zonas del Territorio Catalán y sobre el que gravitará la influencia de la ponencia “Catalunya-Ciutat”, presentada Nicolau M. Rubió i Tuduri para el XI Congreso de Nacional de Arquitectura, celebrado en Madrid en 1926. En Andalucía, los procesos de regionalización territorial no contarán con la estructura económica ni con una base reivindicativa política tan sólida como la de Cataluña, sino que aprovechará el modelo de centralidad sevillana, que consolidó los procesos de articulación de la red ferroviaria en el siglo XIX, a lo que sumará el impulso de las obras pública que pone en marcha el periodo de la dictadura de Primo de Rivera, y el esfuerzo de la celebración, que se venía intentando desde principio de siglo, de la Exposición Iberoamericana de 1929. Centralidad que terminará confirmándose cuando el tramo Jerez-Cartagena quede inconcluso, evaporándose las posibilidades de articulación Este-Oeste de Andalucía. Pero mientras que el Plan de Distribución en Zonas del Territorio Catalán es profundamente escrupuloso con la necesidad de potenciar un modelo agrario que le garantice su propia alimentación, parece evidente que las intervenciones en las que se apoya la construcción de una cierta regionalidad basada en la centralidad sevillana, obvia la secular problemática que en Andalucía plantea la cuestión agraria. Las ciudades andaluzas siguen funcionando con la disponibilidad de suelo que la política de apertura y nuevas alineaciones anteriores le va suministrando; Cádiz va ocupando el istmo de extramuros, ya bastante consolidado, sobre todo a partir de dos hechos relevantes: la implantación en 1906 de la línea de tranvías de Cádiz-San Fernando-La Carraca, que establece una conexión interurbana y la inclusión en 1907 en la ley de Ensanches a petición del alcalde Cayetano del Toro. Sevilla va desgranando, con el telón de fondo de los sucesivos intentos de poner en pie un evento internacional, una serie de planes tendentes a reforzar su centralidad regional, que desde el Plan de Reforma de Sáez López (1895), pasando por las aportaciones del concurso de 1904, propuesto por Alejandro Guichot, a los de Aníbal González de 1909 y 1911, o el promovido por el alcalde Halcón y realizado por Sánchez-Dalp de 1912, para seguir con los de Colombí (1915) y Talavera (1917), terminando con los concursos sobre la urbanización de Triana-Los Remedios, desde los primero intentos de Zuazo (1924), hasta las últimas propuestas en el concurso de 1930 de García Mercadal y Ulargui, Arquitectura (en Andalucía) 55 coincidiendo los dos en un Estudio Previo para el Plan de Extensión e Sevilla que incluye las dos coronas de poblaciones adyacentes a Sevilla, manejando una dimensión territorial desconocida hasta entonces, y que irá chocando con los temores de la Liga de Propietarios de Fincas Urbanas de Sevilla, ante la posibilidad de ofertar de nuevos suelos, que pusiera en entre dicho su férreo monopolio sobre las rentas urbanas. Apoyado en el centralismo sevillano, se intenta generar una alternativa política autóctona que supere la gran crisis e intente articular el grado altísimo de conflictividad social. Un grupo de intelectuales enarbolan la necesidad de construir una nacionalidad andaluza. Blas Infante en 1915 desde su Ideal Andaluz pretende aglutinar una respuesta alternativa al poder central. El debate de la arquitectura en España que Vicente Lampérez, a través de su docencia en la Escuela de Arquitectura y de sus escritos, orientaba hacia la construcción de un “estilo nacional”, tenía su puntual contestación desde los planteamientos, que propugnaban una arquitectura desligada de los estilos históricos y de las ideologías pendientes de rememorar gloriosos pasados antes que atender a los problemas de la nueva sociedad española, y que representaban los arquitectos vinculados al GATEPAC y GATPAC. La insolvencia intelectual que representa la propuesta de acoger al conjunto de la producción arquitectónica bajo el lema de una “arquitectura nacional” hace que el debate adquiera contenidos defensivos por parte de la cultura dominante, que entiende que cualquier innovación pone en crisis su hegemonía, y encuentra en el retraso estructural del capitalismo español el soporte más idóneo para legitimar su actitud, modificando sus premisas, una vez fracasado los intentos de construir un “estilo nacional”, en un intento de que sean las referencias autóctonas y regionales las que den continuidad al proyecto. El debate arquitectónico que en estos años confronta tradición y modernidad, como se comprobara en la ponencia que Rucabado y Aníbal González presentan al VII Congreso Nacional de Arquitectos, convierte en operativa la alternativa de una “arquitectura nacional” exaltando los aspectos más genuinos de lo regional y lo local. En lo que respecta a Andalucía y su referente Sevilla, se trata al fin y al cabo de construir la imagen de lo que José María Izquierdo, compañero de Blas Infante en la Revista Bética, y que usaba el seudónimo de Jacinto Ilusión, llamaba la “ciudad de la gracia”. “Hay ciudades de la corte -decía Izquierdo-, ciudades del comercio, de la industria... ¿por qué no ha de haber ciudades para amar?”. O la más peregrina exaltación del Conde de las Torres de Sánchez-Dalp cuando afirmaba que “Sevilla es una ciudad hembra porque sus casas están hechas para hembras”. Estos planteamientos los podemos encontrar en un conjunto de intervenciones que aparecen en las revistas Bética y La Exposición, en la prensa diaria y, de una manera más evidente y sistemática, en las investigaciones de A. Guichot, Arquitectura (en Andalucía) 56 para quién, como recoge el profesor Pérez Escolano “el estilo arquitectónico sevillano surge de la conjunción entre unos elementos estilísticos históricos y unos elementos constructivos originales [...] el estilo sevillano es el resultado de pasar por el tamiz de las técnicas y artesanías constructivas locales y la capacidad del arquitecto, el muestrario diverso de los estilos históricos, siendo clave para él, tanto el mudejarismo como el clasicismo”. La forma de petrificar cualquier contenido de vanguardia será entender el progreso desde la reconstrucción de la continuidad histórica con aquél pasado de esplendor y grandeza que disfrutó Sevilla. A través de este mecanismo, el progreso se torna tradición y cualquier referencia a la modernidad es ajena al espíritu de la ciudad. Por tanto, progreso y tradición son una misma cosa, que se plantea como horizonte alcanzar y recuperar la pasada grandeza: la de la ciudad puerto de Indias, lugar de llegada de los fabulosos tesoros jamás soñados, encrucijada de razas, y caminos, emporio universal. Frente a la incertidumbre del presente se diseña la tranquilizadora opción del pasado, que no pretende una vuelta atrás, sino saturar la herida abierta por el espíritu moderno en el ser de la ciudad de Sevilla. Así se hace coherente el fracaso de los primeros intentos modernistas que algunos arquitectos como A. González y J. Espiau, promueven en los primeros años de ejercicio profesional, como queda patente en las casas de la calle Alfonso XII y la calle Orfila respectivamente. Estas situaciones llevan al llamado “estilo sevillano” a una indefinición en la estructura del lenguaje y que a partir de la búsqueda de su identidad estilística es capaz de admitir cualquier variante histórica, así como la combinación de sus elementos formales. Camino que realizará mediante un recorrido por la historia de la arquitectura para encontrar nuevas referencias formales, yendo del mudéjar a la “fachada blanca” pasando del plateresco al barroco, transito que pondrá entre las cuerdas a la arquitectura entendida como actividad específica, pero que le permite integrarse en el marco de unas tecnologías muy poco avanzadas propias de las características del capital andaluz, definido por una situación atrasada, que no toma como referencias las más avanzadas de otros lugares, sino que trata de integrarse en el sistema todavía artesanal de las pequeñas industrias manufactureras de la cerámica, de la forja y del ladrillo, para así buscar un acomodo entre proyecto y producción, que garantice un inmediato consumo de lo arquitectónico, más allá de cualquier polémica cultural sobre el papel de la arquitectura. Serán las expectativas que levanta la Exposición Iberoamericana las que van a prolongar este proceso más allá de sus propia capacidad propositiva, haciendo recorrer a la arquitectura andaluza y sevillana un camino contradictorio, en las que las propuestas de reconstrucción de un ideal se convierte en acción destructora de importantes monumentos del patrimonio arquitectónico sevillano. Basten los ejemplos de reforma del palacio de los Monsalves, donde Aníbal González destruyó uno de los más valiosos ejemplares de la arquitectura Arquitectura (en Andalucía) 57 doméstica sevillana del siglo XVI, o la reforma del palacio de los Duques de Medina Sidonia, de Barris, que supuso el derribo casi total de la fábrica de un edificio que llegó a despertar la envidia de Felipe II. Pero evidentemente la gran obra del “estilo sevillano” es la propia Exposición Iberoamericana Aníbal González, vencedor del concurso de 1911, desarrolla fundamentalmente en los jardines diseñados por Forestier y los terrenos del Prado de San Sebastián, con mayor fortuna y acierto organizativo, el edificiopabellón de España destinado a ser el telón de fondo que tendrá como escenario celebrativo de la exposición, la plaza de España de forma semielíptica, complementado por el complejo de plaza de América con los tres pabellones resuelto en tres estilos diferentes. Vicente Traver que sustituye a. González por los enfrentamientos con el Comisario Cruz Conde, construirá el pabellón de Sevilla y Casino de la Exposición. La Exposición Iberoamericana del 29 se convierte en simulacro de lo que acontecerá después cotidianamente. Será el banco de prueba donde los instrumentos, las inversiones, las propuestas, ensayarán y experimentarán los mecanismos de control y valorización del desarrollo urbano, a la vez que orientará hacia el Sur el desarrollo de lo que va a ser la futura ciudad. Los trabajos de Gabriel Lupiáñez para el mercado de la puerta de la Carne, la afortunada colaboración entre Juan Talavera y Antonio Delgado Roig para la Casa Lastrucci, y los primeros ejemplos de arquitectos más jóvenes que se incorporan al trabajo profesional después de la Exposición, como José Galnares, el único de los arquitectos sevillanos que estudia en Barcelona, con el edificio de oficinas en Rodríguez Jurado esquina con la avenida de la Constitución, el pequeño edificio de viviendas de Joaquín Díaz Langa en la calle Recaredo, concluyendo con la singular casa Duclós de Sert, son honrosa excepciones de una producción arquitectónica orientada en consolidar un marco perfecto para los intereses expansionistas del capital sevillano, interesado en establecer un proceso que sea capaz de incorporar el territorio como fuerza productiva, desarrollando procesos de valoración rápido y poco costosos. El golpe de estado de julio de 1936 producirá un corte cultural sin precedente en España, que nos dejará huérfanos de intelectuales y que romperá sin otra posibilidad de reconstrucción la tradición cultural española tanto en la arquitectura como en cualquier otro ámbito de la cultura. Desarticulación-desequilibrio territorial y desregulación urbana El final de la guerra, que siguió al golpe de estado de julio de 1936, dejó una España con un alto grado de destrucción material y una gran merma de sus recursos humanos, tanto en lo que se refiere a los trabajadores manuales como a los intelectuales. En lo concerniente a los profesionales arquitectos, igual que en los demás campos disciplinares, se quiebra una tradición, por la muerte o el Arquitectura (en Andalucía) 64 cabeza visible de un extenso equipo; y los promovidos por la Dirección General de Urbanismo para Écija, Lebrija, Antequera y un conjunto de ciudades medias. De igual manera, y desde las Consejerías de Salud, Política Territorialmás adelante Obras Públicas y Transportes-, Cultura y Educación, Servicios Sociales, Agricultura, Industria, se organizarán políticas sectoriales de choque, con la intención de reequilibrar territorialmente Andalucía y dotarla de los equipamientos y servicios necesarios. No es este el lugar, a pesar de lo interesante que sería, desglosar el conjunto de políticas sectoriales y el grado de éxito que tuvieron en su implementación, pero al menos citemos algunas que ya sea por su efecto cuantitativo, no exento de cualidad, y por lo relevante y novedoso de su aportación nos dé la escala de la dimensión de la tarea descentralizadora que ha significado la puesta en marcha de las autonomías en el conjunto del estado español. Por la dimensión que nos aportaba de compresión de los problemas a que nos enfrentamos, y por su capacidad de ser un factor de equilibrio del territorio, el mapa de los distritos sanitario de Andalucía, ha sido uno de las elaboraciones que ha resistido mejor el paso del tiempo y ha permitido la puesta en marcha de unos de los programas fundamentales del Servicio Andaluz de Salud, la construcción de los Centros de Atención Primarias. Unos de los primeros laboratorios donde los arquitectos andaluces han podido medirse con programas de alto contenido social, pero que muchas veces quedó sólo en un ejercicio formal, perdiéndose la oportunidad, a excepción de honrosas realizaciones como por ejemplo el Centro de Salud de San Juan del Puerto (Huelva) de E. Albarracín y Ubaldo García, de difundir al conjunto de los población que disfruta estos servicios las aportaciones las aportaciones, que históricamente la arquitectura pública contemporánea ha sido capaz de poner en valor, renovando los programas de los servicios sociales y dignificando los enclaves urbanos donde se han localizado. De igual manera y por sus efectos cuantitativos de gran alcance, los distintos programas de vivienda de la Dirección General de Arquitectura manifiestan una gran capacidad de gestión y de sensibilidad a la hora de abordar las múltiples dimensiones que el problema de la habitación comportaba para Andalucía. Destacan las primeras promociones en grandes polígonos, todavía incompletos o incumplidas las realizaciones de sus equipamientos por la nefasta política franquista, de las que podíamos destacar las intervenciones en la Barriadas de La Paz en Cádiz, entre las que cabría resaltar las realizadas por G. Vázquez Consuegra; las de menor número de viviendas pero de igual capacidad que las anteriores de dignificar la arquitectura de promoción pública en Alcalá de Guadaíra de F. Carrascal y J. M. Fernández; y las promovidas por la Empresa Pública de Suelo de F. Pozo y A. Torres en Huelva. Señalar la importancia de algunas intervenciones urbanas como realizadas en Campo de Sur (Cádiz) por A. Cabrera y O. Rodríguez, y las intervenciones en centros históricos de Mª J. Arquitectura (en Andalucía) 65 Lasaosa y R. De Torres en La Chanca de Almería. Sin dejar de mencionar la labor de la Dirección General de Infraestructura y Servicios de Transporte, que con un menor número de intervenciones genera una repercusión de alta capacidad de articulación territorial como las intervenciones en Estaciones tanto de Ferrocarril como de Autobuses entre las que podemos destacar las de Sevilla y Huelva respectivamente de A. Cruz y A. Ortiz. Tendrá especial importancia la creación del Instituto Andaluz de Patrimonio por parte de la Consejería de Cultura, que asumirá la responsabilidad de la protección, difusión y salvaguarda del patrimonio arquitectónico y mueble de Andalucía y que será en su propia sede en el Monasterio de la Cartuja, donde ensaye los criterios de intervención que después pondrá en marcha en sus distintas intervenciones, convocando para este ejercicio a J. R. y R. Sierra, G. Vázquez Consuegra y F. Torres. La Consejería de Educación, que contaba con una estructura transferida más experimentada, seguirá promoviendo sus programas para la enseñanza primaria y media de una manera mecánica y perdiendo por tanto la oportunidad de renovar, como en toda Europa se había realizado en décadas anteriores, no solo los programas de las edificaciones educativas, sino las arquitecturas que los acogían. No obstante algunos arquitectos intentan introducir nuevas concepciones, que después no tienen continuidad, como es el caso de M. Centallas en el Instituto de Bachillerato en Vícar (Almería). Las reiteradas reivindicaciones locales impulsan en el ámbito de la enseñanza universitaria el gran reto de contribuir, desde el desarrollo en cada provincia de una universidad, al incremento del equilibrio territorial andaluz, esfuerzo que por extenso tendrá como resultado, dado la pequeña participación del capítulo educativo en el presupuesto andaluz, el raquitismo de las realizaciones universitarias. Un elemento de la política sectorial que contribuye tanto al equilibrio territorial como a la cohesión social es la siempre pendiente reforma agraria, que no se ha desarrollada a pesar de ser una cuestión siempre presente en las reivindicaciones y la cultura política andaluza, pero al menos contamos con el excelente complejo institucional concebido por A. González Cordón como sede de la Consejería, sobre las antiguas instalaciones de almacenamiento del Ministerio de Agricultura, en Sevilla. Dos cuestiones tendríamos que señalar en este sucinto repaso de la arquitectura vinculada a las diferentes políticas sectoriales: la primera, se refiere a la falta de previsión de las corporaciones locales a la hora de dotar el suelo, donde van a implementarse las promociones de las diferentes políticas sectoriales, ofreciendo los solares peores en su localización y condición, con lo cual se resta a la intervención, su capacidad de contribuir a la construcción de la red de espacios públicos de la ciudad. Y la segunda, insiste en la dificultad de encontrar un modelo territorial capaz de acoger y potenciar el tremendo esfuerzo que desde las políticas sectoriales se ha realizado para resolver la desarticulación y Arquitectura (en Andalucía) 66 desequilibrio en que la que se encontraba Andalucía, quedándose en papel mojado los diferentes intentos de elaboración de un mapa “comarcal”, que permitiera avanzar en mancomunar los esfuerzos, tanto de los pequeños asentamiento, como las grandes aglomeraciones urbanas, y que la resistencia en desmantelar el poder de las diputaciones nos impide avanzar sobre modelos territoriales más coherentes y acordes con los retos que el incierto futuro nos plantea. Pero si faltaba una orientación capaz de construir un sentido territorial andaluz, un acontecimiento no previsto en los inicios de los trabajos sectoriales autonómicos, arrastrará, por el calado de sus inversiones y la repercusión de su celebración, al conjunto de inversiones estructurantes a construir un modelo territorial muy concreto y especifico, la Exposición Universal de Sevilla para 1992, sobre los terrenos de un antiguo Actur no ejecutado, pero si expropiado, y que tendrá la bondad de entrar en coherencia con el papel que Europa le asigna al territorio español y concretamente a Andalucía y Sevilla: ser cabeza de puente de distribución y almacenamiento para los nuevos mercados africanos que los futuros Estados Unidos de Europa entiende, son su expansión natural, en la competencia con el gigante americano y el emergente asiático. Todo parecía favorable, incluso el hecho de haber podido ganarle el pulso a Lisboa en principio mejor situada que Sevilla para jugar el papel de puente, pero la sorprendente e imprevista caída del régimen en la Unión Soviética y posteriormente la de los países vinculados al Pacto de Varsovia, pone al alcance de los países hegemónicos europeos centrales, no solo un mercado de mayores dimensiones, sino territorios históricos y culturalmente vinculados a Europa, con un capital humano mucho mejor preparado y unas infraestructuras, aunque obsoletas, más desarrolladas que las africanas. Evidentemente, el expansionismo europeo cambia radicalmente de orientación dejando sin perspectiva futura, lo que en principio era una situación favorable que reforzaba la centralidad sevillana a partir de la construcción del trazado de AVE y mejora de la antigua carretera NIV en autovía, quebrando las expectativas que con una gran dificultad habían empezado a desarrollarse positivamente. Los terrenos de la Isla de la Cartuja, urbanizados para servir de soporte al futuro Parque Tecnológico de la Cartuja, tiene que sufrir una rebaja de sus expectativas y asumir una lenta ocupación de dudosos usos, parque temático, nuevas ubicaciones universitarias, que todavía hoy no son capaces de rentabilizar el gran esfuerzo realizado. Por el contrario, las arquitecturas que permanecieron después del evento, en algunos casos, son capaces de evocar una esperanza de posible recuperación, a pesar de que pabellones de la calidad y coste como el de La Navegación, de G. Vázquez Consuegra siga esperando un mejor destino. Poco a poco, las instituciones, al ir ocupando los espacios y pabellones se convierten en garantes de los usos supuestamente rentables. Queda pendiente como elementos imprescindibles para culminar el proceso de articulación y de reequilibrio territorial, las dos conexiones con los arcos atlántico Arquitectura (en Andalucía) 67 y mediterráneo, el problema de la conexión Este-Oeste, que la A-92 no terminó de articular debido a las rebajas en su trazado, la grave disfunción del cordón costero mediterráneo y su desdoblamiento, la conexión rápida, con otros centros similares y capaces de potenciar fortalezas y expectativas, entre Málaga y Lisboa, que pasando por Sevilla sea capaz de sacar al elemento de le centralidad andaluza de su preponderante conexión Norte, para situarla en una red capaz de diversificar sus futuras posibilidades. A partir de este gran esfuerzo, la arquitectura, entre la inercia anterior y la incertidumbre futura, intenta buscar novedosas orientaciones refugiándose en las exploraciones foráneas, o repitiendo los éxitos confirmados en las intervenciones anteriores, una vez que parece exorcizado el rechazo, que en el pasado se tuvo por ajena, la modernidad. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 68 3.1.2. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía. La cultura arquitectónica en Andalucía a principios del siglo XX revela una escasa capacidad productiva tanto en el ámbito de la teoría como en el de la crítica. Este panorama se entiende en el marco del reducido número de arquitectos 42 en ejercicio formados en las dos únicas Escuelas de Arquitectura existentes en España, Madrid y Barcelona, y por tanto, en la inexistencia en Andalucía de una institución docente específica de la arquitectura que permitiera la aparición de intereses académicos capaces de producir, con mayor o menor fortuna, una cultura arquitectónica propia. Este vacío era coherente con el escaso desarrollo de las fuerzas productivas andaluzas, donde los procesos de racionalización de la producción edificatoria no formaban parte del interés de los agentes inmobiliarios, que operaban con un bajo perfil en la promoción de programas habitacionales para las clases medias y bajas, lo que les impedía superar el carácter manufacturero de la industria de la construcción, controlada principalmente por los maestros de obra. Desde esta perspectiva, el debate arquitectónico indisolublemente ligado a la crisis del sistema político español adquiere contenidos defensivos por parte de la cultura dominante, que entendía que cualquier innovación ponía en crisis su hegemonía. El legado historicista era un soporte disciplinar idóneo y el desarrollo de los nacionalismos la plataforma ideológica perfecta para prolongar, en el eclecticismo, la visión continuista que del discurso arquitectónico tenía la corriente historicista. El predominio de esta corriente lo ejercen: Juan Bautista Lázaro de Diego, cuya trayectoria profesional tenía un carácter marcadamente nacional, en el que empleaba con profusión el ladrillo, las composiciones neomudéjares y los motivos decorativos de inspiración medieval; José Marañón Gómez, con su remodelación del Palacio del Conde de Vistahermosa; y sobre todo el Marqués de Cubas, que proyecta su historicismo como un proceso que se orienta hacia una arquitectura “genuinamente” española. Estas actitudes serían superadas por Emilio Rodríguez Ayuso, considerado como uno de los precursores más importantes de la corriente conocida como “arquitectura española”, que trabajó profusamente el estilo neomudéjar y propugnaba soluciones arquitectónicas basadas en elementos autóctonos y del pasado histórico peninsular como respuesta a la crisis de finales del siglo XIX. 42 38 arquitectos son los que ejercen a principios del siglo XX residentes en Sevilla. VILLAR MOVELLÁN, Antonio. Arquitectura del Regionalismo en Sevilla, 1900-1935, Jerez de la Frontera (Cádiz): Excma. Diputación de Sevilla, 1979. Relación de Obras y Proyectos, pp. 492-540. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 69 Pero sería Juan de Dios de la Rada y Delgado, abogado y catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Escuela Superior Diplomática, el que armaría el entramado teórico en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, titulado Caracteres de la Arquitectura Contemporánea, asumiendo el desafío de establecer los criterios sobre los que debería desenvolverse la arquitectura española. La crisis de 1898, agravada con la pérdida de las últimas colonias, no sólo afectó al ámbito político e intelectual, sino también, a todos los ámbitos de la cultura, las ciencias y las artes. Esto traslada a la siguiente generación la responsabilidad de asumir plenamente la operatividad de la actitud ecléctica, intentando partir de unas bases más rigurosas, tanto en su orientación vernácula como historicista. El debate arquitectónico del primer tercio del siglo XX en España, se establece desde una permanente disyuntiva entre eclecticismo y vanguardia, contaminado del carácter defensivo en que está instalada la cultura dominante. No se trataba de una discusión sobre qué orientación sería la más correcta, sino sobre cómo asegurar la permanencia de los valores más propios y genuinos de la cultura española. El debate arquitectónico en España en este período se produce bajo la influencia del arquitecto e historiador Vicente Lampérez y Romea, que ejerce su hegemonía ideológica desde su cátedra de Teoría de la Arquitectura en la Escuela de Arquitectura de Madrid, como miembro de la Real Academia de Historia y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que ingresó en 1917. V. Lampérez asume como propio el planteamiento, que al final del siglo XIX hacía el Marqués de Cubas, de construir un estilo arquitectónico que estableciese las bases de lo que debería ser la arquitectura en España, bajo el ideal de la construcción de una arquitectura nacional y cristiana, como desarrolla perfectamente en sus escritos sobre La arquitectura Civil Española y sobre todo en La Historia de la Arquitectura Cristiana Española. Este pensamiento hegemónico, que se opone a cualquier planteamiento “exótico” en el sentido de foráneo, anatematiza y censura cualquier intento de establecer una experiencia arquitectónica vinculada a los planteamientos de vanguardia, al considerarla extranjerizante y por tanto rechazable en el ámbito cultural de la arquitectura en España. La decantación de este debate en contra de las ideas de vanguardia, que están alcanzando en Centro-Europa una presencia cada vez mayor promoviendo alianzas institucionales tanto públicas como privadas, abre las puertas a una actividad investigadora, que tenía sus antecedentes en el siglo anterior, en dos sentidos: de un lado, los análisis de los estilos históricos -plateresco, mudéjar, barroco, etc.-. Y de otro, los análisis de la arquitectura vernácula, intentando convertir ambas líneas en los soportes teóricos de esta actitud. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 70 No obstante, la precariedad de la producción teórica en Andalucía vinculada a la actividad específica de la arquitectura no debe confundirse con el hecho de que no existieran pronunciamientos desde otros ámbitos culturales como el periodismo, la política municipal, o la literatura exaltadora de los valores locales y regionales, capaces de aglutinar determinadas concepciones que incidirían en la producción arquitectónica, tanto o más que cualquier intento teórico o crítico producido desde el ámbito de la profesión. En Andalucía y en concreto en Sevilla, la tradición que José Gestoso consolida en las últimas décadas del siglo XIX, estableciendo una relación indisoluble entre los conocimientos históricos y la creación arquitectónica local, tanto en lo que se refiere a sus escritos, como a las obras de restauración que dirige a pesar de no ser arquitecto, recorriendo triunfante el primer tercio del siglo XX, y sirviendo de apoyo para pronunciamientos posteriores de mayor alcance propagandístico y especulativo. La continuidad de estas orientaciones se puede rastrear en un conjunto de intervenciones que aparecen en las revistas; La Exposición 43 , Bética 44 , del círculo regionalista del Ateneo Sevillano, que incorpora el ideal andaluz de Blas Infante, seguidas de Grecia 45 y Mediodía 46 , en la que se aglutina otra generación. La manifestación más celebrada desde estos planteamientos, se alcanzaría con la publicación en 1914 de Divagando por la Ciudad de la Gracia, de José María Izquierdo. Manuel Chaves Nogales publica La Ciudad en 1921, donde “analiza la complicada alma de la ciudad de Sevilla”, entendiendo la ciudad como escenario. Las investigaciones de Alejandro Guichot adquieren una dimensión más sistemática cuando publica en 1928 en Arte Hispalense; Desde Diego de Riaño hasta Aníbal González. Constitución de la Escuela de Estilo Arquitectónico Sevillano. Las aportaciones de los arquitectos sevillanos en los diferentes Congresos Nacionales de Arquitectura que se celebran durante el primer tercio del siglo XX, reflejan los posicionamientos teóricos de los profesionales andaluces dentro del debate arquitectónico que se estaba produciendo en España. En 1915, en el VI Congreso en San Sebastián, Leonardo Rucabado junto con Aníbal González presentan la ponencia Orientaciones para el resurgimiento de la Arquitectura Nacional, donde defienden la “arquitectura regionalista” como una consecuencia algo más elaborada de la ya fracasada “arquitectura nacional”. Para el siguiente, que se celebraría en Sevilla en 1917, Antonio Gómez Millán presentaba la ponencia Criterio que debe seguir el arquitecto para la urbanización y ensanche de poblaciones históricas y modos de enlazar las partes 43 Editada entre 1911 y 1922. 44 Editada entre 1913 y 1917, participan Blas Infante, Alejandro Guichot y Aníbal González. 45 Editada entre 1918 y 20, participan Rafael Cansino Assens y Rafael Lasso de la Vega. 46 Editada entre 1926 y 1933, participan Joaquín Romero Murube, Alejandro Collantes, Rafael Porlán, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Fernando Villalón e Ignacio Sánchez Mejía. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 71 antiguas y modernas, con un marcado carácter localista y autojustificativo de las operaciones, tanto arquitectónicas como urbanísticas, en lo referente a la orientación de un estilo regionalista, dando continuidad a las tesis del tándem Rucabado-González, como reafirmación de la opción por la arquitectura regionalista en la Exposición Iberoamericana. La hegemonía de los posicionamientos más conservadores tuvo contestación tanto desde los Congresos Nacionales de Arquitectos como desde las publicaciones periódicas de arquitectura, estando ambos frentes liderados por los arquitectos Teodoro Anasagasti y Leopoldo Torres Balbás. Aunque no corresponde en este texto desarrollar la labor de estos dos arquitectos y teóricos en los distintos campos de la disciplina arquitectónica, tanto en lo referente a la enseñanza, como en la defensa de una actitud decididamente moderna en el desarrollo de la actividad arquitectónica en la salvaguarda del patrimonio arquitectónico, es de destacar su actitud de superación de las intervenciones “restauradoras” vinculadas al ideario de Viollet Le-Duc, difundidas y defendidas en España por Vicente Lampérez. Torres Balbás reclamaba una actitud más respetuosa con el monumento y una intervención más rigurosa en la conservación de sus arquitecturas, que no debían ser desvirtuadas en aras de una “unidad de estilo” que termina siempre destruyendo los valores patrimoniales e históricos del edificio. Su trabajo como conservador de La Alhambra de Granada entre 1923 y 1936, aplicando sus avanzadas teorías sobre la intervención patrimonial, restituyó una imagen del conjunto palaciego llena de rigor y de una gran sensibilidad, dejando una huella indeleble en la cultura arquitectónica andaluza, hasta el punto de que no sería arriesgado afirmar, a pesar del desmantelamiento que el golpe de estado de 1936 produce de los movimientos más progresistas y de vanguardia de la arquitectura en España, la ejemplaridad de las actuaciones de Torres Balbás en La Alambra, constituyen un referente constante, tanto en lo teórico, como en el entendimiento de una práctica rigurosa en la manera de intervenir en el patrimonio arquitectónico en Andalucía. Teodoro Anasagasti también trabajó en Andalucía interviniendo: en la Casa Correos de Málaga; en el Alcázar y en el Teatro Villamarta de Jerez; en la Capilla Real y en el Carmen de Rodríguez Acosta, en Granada. En 1930 termina la Exposición Iberoamericana de Sevilla, coincidiendo con la fundación del GATEPAC y la creación de los Colegios de Arquitectos. Un año más tarde, se proclama la II República, y las propuestas de renovación de la disciplina arquitectónica en España tienen una oportunidad de poder desarrollarse y dar estatuto de realidad a las ideas más avanzadas que las últimas generaciones de arquitectos venían preconizando. Andalucía y Sevilla en concreto, no quedaron al margen de esta oportunidad, y a pesar del largo y pesado legado que la arquitectura regionalista había instalado Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 72 en la práctica arquitectónica, emergieron planteamientos teóricos y realizaciones claramente vinculadas a las opciones de vanguardia. No es baladí traer a colación el cronograma que el profesor y arquitecto José María Jiménez Ramón realiza para comparar las fechas del proyecto del Mercado de la Carne de Gabriel Lupiáñez con las tres obras que el historiador Carlos Flores 47 entiende como fundacionales de la arquitectura moderna en España: la casa Villora de Bergamín, proyectada en 1926, construida en 1927 e inaugurada en 1928; la gasolinera de Fernández Shaw y el Rincón de Goya, ambos proyectados en 1927, terminadas en el mismo año la primera, y en mayo del 1928 la segunda 48 .“Cuando se presenta el proyecto del Mercado de la Carne, en diciembre de 1926, sólo está proyectada, de las tres famosas precursoras, La Casa de Marqués de Villora. Tanto la gasolinera como el Rincón de Goya, no sólo no se habían publicado ni construido, sino que ni siquiera se habían proyectado”. No se trata de dar pábulo a ninguna polémica sobre el origen de la arquitectura moderna en España, pero sería necesario destacar el esfuerzo de J. M. Jiménez como argumento para dar solidez a la que puede ser la primera reflexión teórica, específicamente disciplinar, en lo referente a la arquitectura andaluza, que aparece en el panorama de la cultura arquitectónica sevillana, publicada en 1935 de la mano de la revista poética Hojas de Poesía 49 , con el título Estudio sobre Sevilla. La ciudad funcional, firmado por Gabriel Lupiáñez Gely. Tampoco es éste el lugar adecuado para una valoración exhaustiva del documento ni para ahondar en su similitud con la propuesta de Richard Neutra en Rush City Reformed, que él mismo cita como referencia en su escrito, o la deuda con la revista AC, donde en 1933 se publican las conclusiones del IV CIRPAC sobre La Ciudad Funcional. Tan sólo señalar dos cuestiones que parecen relevantes: la primera, se refiere a la consideración de volcar la nueva ciudad al Río Guadalquivir, al que Sevilla le ha dado históricamente la espalda en su integración con la ciudad; y la segunda, pero no menos relevante, la integración territorial de la propuesta con los núcleos del Aljarafe, recogiendo la segunda corona de Valencina, Gines, Bormujos, Mairena y Gelves, para resolver radialmente las conexiones de la primera corona con la nueva y con la ciudad existente. Este intento de insertarse en el debate arquitectónico nacional e internacional por parte de la cultura arquitectónica andaluza, o más concretamente sevillana, cuenta con más referentes, ya sean las obras del propio Lupiáñez o el hecho anecdótico de la construcción de la casa Duclós por J. L. Sert, o las obras de los arquitectos José Galnares, Delgado Roig, Arévalo Carrasco, o las apariciones puntuales de Zuazo y García Mercadal en el concurso para el barrio de Los 47 FLORES, Carlos. 1927: Primera arquitectura moderna en España. Hogar y Arquitectura, en mayo-junio de 1967, nº 70, Madrid. 48 JIMÉNEZ RAMON, José María. Arquitectura del Movimiento Moderno en Sevilla. Sevilla. Diputación Provincial de Sevilla. 1999. p. 100 49 Como suplemento en su número 1, en abril de 1935 y en un formato de 34,5 x 24,5 cm a doble página. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 73 Remedios y las viviendas de la calle Salado. Este impulso inicial quedaría desmantelado y cortado de raíz a partir del levantamiento del 36 y la larga guerra que necesitaron las fuerzas reaccionarias para imponer al país el golpe de estado que dieron los militares africanistas. De 1936 a 1939 se produce una paralización de la actividad arquitectónica, la desaparición de relevantes arquitectos como José Manuel Aizpúrua y José Torres Clavé, y el exilio de una gran parte de los arquitectos que habían participado de forma activa en la renovación de la arquitectura española 50 , lo que tuvo consecuencias más graves: la ruptura de una tradición cultural renovadora sin precedentes en la arquitectura en España. Tras la derrota de las fuerzas leales a la República y con la usurpación del poder legalmente constituido por el régimen nacional-católico, la arquitectura, los arquitectos y la cultura arquitectónica andaluza vivieron años de aislamiento y ausencia de cualquier debate cultural reseñable 51 , hasta que en 1959, a partir de los Planes de Estabilización, se establecieron unas condiciones de mayor liberalización, y aparecieron nuevos dirigentes, pertenecientes al Opus Dei, cuyo objetivo era situar a España en la esfera de influencia del nuevo desarrollismo surgido del final de la II Guerra Mundial y el inicio del antagonismo de los bloques. La situación de la arquitectura en Andalucía, aunque permitía la emergencia de algunas realizaciones de interés 52 , difícilmente fomentaba un debate crítico a la vez que se soslayaba cualquier reflexión teórica. La aparición de experiencias profesionales como la del grupo OTAISA, liderado por Felipe y Rodrigo Medina Benjumea, Luis Gómez Estern y Alfonso Toro, permitieron un caldo de cultivo y una suficiente masa crítica, desde la singularidad de la organización del estudio, para que aparecieran la necesidad de una cierta reflexión al hilo de una cuantiosa actividad profesional. Sería Luís Gómez Estern quién asumirá la tarea de ejercer una labor teórica en relación al conjunto de la actividad de la sociedad, desde su puesto de arquitecto municipal del Ayuntamiento de Sevilla, publicando el libro La Arquitectura Civil Sevillana, en colaboración con Francisco Collantes de Terán, años después de haber desarrollado las ordenanzas municipales y el catálogo de protección. Es reseñable igualmente su interés por los temas de urbanismo y jardinería que daría lugar a varias participaciones en publicaciones y congresos. A pesar de contar con arquitectos 53 y arquitecturas de interés en las décadas de los 50’-60’ en casi todo el panorama andaluz, tendríamos que lamentar su actitud de ágrafos de la arquitectura, seguramente en “malos tiempos” para la 50 FLORES, Carlos. Arquitectura Española Contemporánea. Bilbao. Editorial Aguilar. 1961. p. 181 51 FLORES, Carlos. Arquitectura Española Contemporánea. Bilbao. Editorial Aguilar. 1961. pp. 177 y 188 52 MOSQUERA ADELL, Eduardo. PEREZ CANO, María Teresa. La Vanguardia Imposible. Jerez (Cádiz). DGAV de la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía. 1990. p. 15. 53 Entre los que podríamos citar a los egresados y sus realizaciones de la generación de los años 20’: Sánchez Estévez (1921), Langle (1923), Lupiáñez (1927), de la Cuadra (1928), Delgado Roig (1929); y la siguiente generación que termina sus estudios durante la República: Galnares y Díaz Langa (1932), Rodrigo y Felipe Medina, y Gómez Estern (1934) Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 80 Habría que destacar el esfuerzo del Departamento de Proyectos de la ETSAS por promover en su seno el debate teórico en los intentos de renovación de sus enseñanzas, con los primigenios textos de A propósito de lo Otro 63 producido colectivamente por la Unidad Docente que dirigía Pepe Morales, editado por la U. de Sevilla en 1991. Dos años más tarde, Juan Luis Trillo insiste en el mismo tema con Razones poéticas en Arquitectura, editada igualmente por la U. de Sevilla. Aunque, paradójicamente, fue la organización de los talleres de verano de Aguadulce en Almería, dirigidos por G. Vázquez Consuegra, el marco formativo que a la distancia, más ha influido en el devenir de la arquitectura andaluza a partir de los 90’. En una coyuntura en la que los arquitectos del departamento de Proyectos habían transitado desde la Tendenza hacia el posmodernismo, la presencia de Álvaro Siza Vieira en estos cursos y los encargos que puntualmente comparte con algunos profesionales andaluces, trazan un vector que reintroduce fundamentos disciplinares en torno la importancia de la incardinación de la arquitectura en el lugar, la comprensión de lo vernáculo como vehículo del habitar de los sectores populares, su austeridad en uso de materiales y en la configuración formal de su arquitectura, dando lugar al nuevo código formal que se hace hegemónico en los concursos promovidos por la Junta de Andalucía, como versión devaluada del maestro portugués. El Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, dirigido desde su fundación por el arquitecto Román Fernández-Baca, edita desde 1992 la revista periódica PH, impulsada en sus primeras fases por Marcelo Martín y los Cuadernos, publicación donde queda constancia de los cursos promovidos por el propio IAPH. En ese mismo año se promueven dos cursos sobre Arquitectura y Patrimonio del que se encargan José Ramón Moreno Pérez y Félix de la Iglesia y que pretendían repensar la incierta relación entre las dos instancias que componían el título del curso. La dimensión teórica de los objetivos perseguidos, quedó patente en las intervenciones de E. Mosquera, insistiendo en la relevancia del papel de la arquitectura en los problemas patrimoniales, de LAN Estudio de Arquitectura, que se posiciona desde una dimensión ética, en un nuevo entendimiento de lo que significa el pasado y su supuesto antagónico con el futuro y la de Pepe Morales, que plantea la confrontación entre olvido y memoria, en el ámbito de las experiencias de las vanguardias artísticas 64 . En 1994, J. López de Asiain y R. González Sandino vuelven a insistir en la línea medioambiental, en la colección de Textos de Arquitectura de la ETSAS, publicando Análisis Bioclimático de la Arquitectura, con la pretensión de establecer una fundamentación de estos nuevos enfoques de lo arquitectónico. 63 Autores: LOPEZ CANTI, J. E., IGLESIA, F de la, VAZQUEZ AVELLANEDA, J.J., MORALES, J. 64 MOSQUERA ADELL, Eduardo, De la utilidad de la arquitectura para el patrimonio. MARQUEZ, F., ALBARREAL, M.J., TAVERA, B., GARAY, R., VAZQUEZ, J.J. Hacer Arquitectura. MORALES, J. La construcción del olvido. Memoria, historia, proyecto. Arquitectura y Patrimonio. Sevilla. IAPH. Consejería de cultura y medioambiente de la Junta de Andalucía. 1994. ISBN 84-87826-47-4. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 81 Años después, en 1996 aparece, en la misma colección, con un interesante prólogo de E. Mosquera, El espíritu de la tercera generación en la arquitectura sevillana de los años 60, donde J. López de Asiain ajusta cuentas con el olvido al que se ha sometido a la generación de arquitectos a la que él pertenece. Se empieza a editar Rizoma 65 , una revista aperiódica impresa en fotocopia, de carácter interdisciplinar, que tiene como objetivos el fomento de la creatividad y de la subjetividad individual y colectiva, que recoge las inquietudes de un grupo de jóvenes intelectuales malagueños sobre la problemática del territorio y la ciudad, parte de los cuales se incorporarán a la recién inaugurada ETSA de Granada. Actualmente, se edita en formato digital reconvertida en Rizoma Fundación. Pocos meses después, el colectivo Alt-q 66 edita la revista electrónica EnTeoría, vinculada al programa de Teoría de la Arquitectura impartido por Paco Márquez en la ETSA de Sevilla. A partir de estos años van a coincidir múltiples esfuerzos editoriales en un intento de consolidar las diferentes trayectorias de los colectivos interesados en el desarrollo de la teoría y la crítica arquitectónica. En 1995 se realiza el Seminario Acerca de la Casa II. Hacer vivienda en Sevilla, patrocinado por la DGAV/COPT, de la Junta de Andalucía, coordinado por P. Torres, R. González Sandino, J. R. Moreno Pérez y F. de la Iglesia, donde se van a dar cita la mayoría de los profesores e investigadores de la ETSA de Sevilla. J. R. Sierra pronuncia en la ETSA de Barcelona la conferencia Sobre el destino poético de los objetos cotidianos: En la casa del artista no adolescente no habita el diseño 67 , con prólogo de Elías Torres; un año después se publica en el catálogo de la monumental exposición La Casa en Sevilla 68 , donde aparecen recopilados todos sus artículos, que durante los años anteriores han ido viendo la luz sobre la arquitectura doméstica popular; al año siguiente, el IUCC edita Manual de Dibujo de la arquitectura. Contra la Representación 69 , donde José Ramón va a desplegar un conjunto de reflexiones con una alta dosis de confrontación con los modelos imperantes en la enseñanza del dibujo en las escuelas de arquitectura españolas. La fundación, en años anteriores del departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas, permitirá, con la aportación de la DGAV/COPT de la Junta de Andalucía, la publicación periódica de Revista de Historia y Teoría de la Arquitectura, cuya pretensión constatada la inexistencia de un vehículo académico de estudios científicos que reuniera los trabajos relativos al conocimiento histórico y teórico de la arquitectura y la ciudad, es ofrecer un 65 Compuesto por José María Romero, Alfredo Rubio, Rafael Reinoso, Eduardo Serrano y Rafael de Lacour. 66 Compuesto por Paco Márquez, María J. Albarreal, Mónica González, Juan Cascales, Antonio Romero, Carlos Infante y Mara Bravo. 67 SIERRA DELGADO, José Ramón. Sobre el destino poético de los objetos cotidianos: En la casa del artista no adolescente no habita el diseño. Barcelona. Univ. Politécnica de Cataluña. 1996. ISBN 84-7653-614-3. 68 SIERRA DELGADO, José Ramón. La Casa en Sevilla 1976-1996. Sevilla. Ed. Fundación El Monte & Electa. 1996. ISBN 84-8156-104-5. 69 SIERRA DELGADO, José Ramón. Manual del dibujo de la arquitectura, etc. Contra la representación. Sevilla. Ed. IUCC. 1997. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 82 soporte para el debate de las diferentes líneas de investigación que conviven en el departamento. Otra de las áreas de investigación promovidas por el IAPH y vinculada a la experiencia del DOCOMOMO, dio lugar en 1997, a un curso en la Universidad Internacional de Andalucía sobre La arquitectura moderna en Andalucía: un patrimonio por documentar y conservar 70 , desde donde se pretende dar estatuto patrimonial y visibilidad al legado de la arquitectura contemporánea. Al hilo de esta referencia, es importante resaltar el esfuerzo de J. M. Jiménez, en polémica con los historiadores madrileños y catalanes, por hacer emerger con claridad el esfuerzo de algunos arquitectos sevillanos por vincularse claramente a las corrientes de vanguardia, con una producción estimable de obras, conscientemente obviadas por la crítica y ejemplificada en la figura de Lupiáñez, en el texto La arquitectura del movimiento moderno en Sevilla. Tres aportaciones cruciales de Gabriel Lupiáñez Gely. Al final de esta década y de la mano de los esfuerzos por reivindicar como patrimonio las obras vinculadas a la actividad productiva andaluza, Julián Sobrino abre un interesante frente, que ya venía trabajando con publicaciones como Arquitectura Industrial en España 1839-1990 y Arquitectura de la industrial en Andalucía 71 , sobre la salvaguarda del patrimonio industrial en nuestras ciudades. Es de destacar la aparición de arquitectos andaluces en esfuerzos editoriales foráneos, como es el caso de P. Morales en su vínculo con ACTAR y su aportación en Met 1.0: Barcelona Metápolis, festival de ideas para la futura ciudad y Met 2.0, y su aportación a la elaboración del Diccionario Metápolis de Arquitectura Avanzada. La cronología de cierre del siglo XX no se corresponde con el devenir histórico de los acontecimientos, relativizando la convención de los números y delineando un arco de tiempo más amplio en el que se culmina un ciclo. El final del Siglo XX se dilata así en al menos una década, a través de una cadena de acontecimientos sin precedentes en relación con su pasado. La crisis económica sistémica, el final de la sociedad del consumo y el desmantelamiento progresivo de las conquistas del Estado del Bienestar en los países desarrollados, la constatación del peligro de la energía atómica -Chernóbil y Fukushima-, las revueltas civiles y laicas en los países árabes, pueden ser algunos hitos de referencia del final del siglo XX. En esta década, la investigación en general y en arquitectura en particular, se ha visto afectada por algunos acontecimientos que han reorientado sus esfuerzos. La apertura del Espacio Europeo de Educación Superior, conocido coloquialmente como proceso Bolonia y la coincidencia en España con la promulgación en el 70 AAVV. La arquitectura moderna en Andalucía: un patrimonio por documentar y conservar. Granada. Ed. IAPH. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. 1999. ISBN 84-8266-115-9. 71 SOBRINO SIMAL, Julián. Arquitectura Industrial en España, 1830-1990. Madrid. Cátedra. 1996. ISBN 978-84-376-1441-0, y Arquitectura de la Industria en Andalucía. Sevilla. Instituto de Fomento de Andalucía. 1998. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 83 2001 por el gobierno del PP de la LOU 72 y su reforma en el 2007 por el PSOE 73 , consolida una forma de promoción del profesorado que afecta directamente a la necesidad de publicación como forma usual de cuantificación de la investigación. Esta situación promueve la aparición, o consolidación en su caso, de las revistas “científicas” y de la publicación vinculada a cualquier evento cultural. Situación que no es ajena la enseñanza de la arquitectura, que se ve afectada, afortunadamente, en la realización del esfuerzo promocional y divulgativo, más allá de los que realizaban los habituales en estas tareas. Así, las revistas Neutra, Revista Historia y Teoría de la arquitectura, las publicaciones de la Fundación de Arquitectura Contemporánea, DA y la conversión en formato digital de Geometría, Fundación Rizoma o las exposiciones, se convierten en “objeto de deseo” de los profesores, sin distinción entre funcionarios y contratados. La Revista de Historia y Teoría de la Arquitectura nos puede servir de guía para reflejar los esfuerzos por implementar la producción teórico-crítica. No estaría de más empezar por el artículo de V. Pérez en el nº 2-3 sobre La ¿década confusa? Campos de interés teórico en la arquitectura española de los años sesenta, donde plantea los vínculos entre la práctica de la arquitectura española de esos años y la teoría, que sólo rara vez se hacen explícitos. Destacar el largo desarrollo que toma su investigación sobre la arquitectura y el territorio vinculado a los procesos de colonización durante el franquismo, que tiene su materialización en las publicaciones mixtas papel-digital de la Fundación de Arquitectura Contemporánea, en la que es acompañado en sus últimas realizaciones por Manuel Calzada. 72 La ley de Ordenación Universitaria del 2001, cambió todo el proceso de consolidación y promoción del profesorado universitario que la LRU había instalado, introduciendo una carrera docente, en la que los procesos de habilitación y oposición para cada promoción establecían un itinerario interminable de pruebas alargando la carrera docente hasta límites insoportables vitalmente. A esta situación había que añadirle que dichas pruebas estaban controladas por la Agencia Nacional Evaluación y Calidad (ANECA), que en su configuración promovió una centralización y control jerárquico de las comisiones de evaluación, llegándose a un colapso de la promoción del profesorado por la acumulación de pruebas a realizar y por la multitud de habilitaciones, que “incomprensiblemente” se dejaron desiertas. 73 La Reforma de la LOU de 2007, supuso una gran decepción para la comunidad universitaria, sobre todo después de que J.L.R. Zapatero prometiera -en la entrevista radiofónica que le realizó Iñaqui Gabilondo en el paraninfo de la Universidad de Sevilla-, la derogación de la LOU si llegaba a la presidencia del Gobierno. Promesa que incumplió, realizando una reforma de la ley que sólo aligeró el proceso de promoción haciendo de la habilitación un proceso “objetivo” pero sin desmontar toda la pirámide jerárquica que controlaba las oposiciones. La presión de los antiguos PNN “socialistas”, ya catedráticos e instalados en el poder universitario, fue determinante para que las cosas no cambiaran, dada su posición de privilegio adquirida en la reforma promovida por la derecha. Como resultado de estos procesos legislativos se han desmontado los esfuerzos democratizadores realizados en la transición para desjerarquizar la institución universitaria, con todas las consecuencias negativas que esto ha acarreado: excesiva dependencia de los jóvenes respecto a los funcionarios de más alto rango, dando lugar a una disminución del campo de libertad y del debate intelectual, factores centrales para promover la capacidad crítica que impulsa el avance del conocimiento; mantenimiento de una estructura de personal con una gran precariedad en la base, precisamente donde hay mayor capacidad de trabajar e innovar, y mayor conexión con la dinámica realidad cultural; arrinconamiento de la actividad formativa frente a una actividad investigadora, en la que se mantienen unos procesos de evaluación que priman la cantidad de subvenciones obtenidas e investigaciones desarrolladas, al margen por completo de sus resultados y de su relevancia social; y en definitiva la promoción de un sistema altamente burocratizado, donde el investigador está sometido durante toda la carrera docente a un largo proceso de pruebas -que de hecho colocan a las labores docentes en un segundo plano-, controladas por una reducida elite a escala nacional, que como en el franquismo tiene en su mano la promoción de cientos de profesores-investigadores de todo el país. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 84 En DADocumentos de Arquitectura, que durante tantos años y con tanto empeño dirige Miguel Centellas, el propio V. Pérez se emplea en aclarar el panorama de la arquitectura española a finales del siglo XX en el artículo Difusión versus Teoría publicado en el nº 59. No se puede obviar su apoyo y aportación como prologuista a las investigaciones que van viendo luz, como el texto Circunloquios y Alteraciones, para introducir el libro de P. Morales En favor de una arquitectura instalada 74 , lo que nos da pie para traer a colación su otra publicación de interés, La disolución de la estancia 75 . En el esfuerzo por renovar las enseñanzas de las materias de historia de la arquitectura, se enmarcan algunas de las tesis realizadas en los últimos años entre las que tendríamos que destacar la de Carlos García Vázquez, BerlinPotsdamer Platz: Metropoli y Arquitectura en Transición, que logra su publicación en la colección ARQUITHESIS de la Caja de Arquitectos, sin olvidar su posterior aportación crítica sobre las diferentes condiciones de la ciudad contemporánea en La Ciudad Hojaldre 76 . E. Mosquera y M. T. Pérez producen un texto exhaustivo y ameno sobre la obra primigenia de La Hoz y García de Paredes, La Cámara de Comercio e industria, Córdoba, 1950-1954. Destacaremos la participación, en este caso sólo de Eduardo en el catálogo de la exposición Paisaje urbano y memoria. La ciudad de Cádiz en el siglo XX, donde da continuidad a su investigación de la arquitectura moderna gaditana con su artículo Islas de Modernidad. Arquitectura en Cádiz: 1930-2000. En esta línea de análisis críticos y pormenorizados de edificios, no podíamos olvidarnos del despliegue editorial, de información y de esfuerzo interpretativo que hace Rafael Moneo en el libro sobre el Carmen Rodríguez Acosta 77 y por proximidad geográfica, del texto conmemorativo Manifiesto de la Alhambra. 50 años después. El monumento y la arquitectura contemporánea, con artículos de A. Isac, Juan Calatrava y V. Pérez 78 . En otro orden de tareas, son reseñables los esfuerzos expositivos y de actividades congresuales, que llevan aparejados sus catálogos, dirigidos por profesores del Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas. La Sevilla de Richard Ford 1830-1833, de la que es comisario J. Rodríguez Barberán, que trae por primera vez a Sevilla los dibujos originales de R. Ford de la colección familiar, donde participan, entre otros, los profesores del 74 MORALES SANCHEZ, José, GILES DUBOIS, Sara & GONZALEZ MARISCAL, Juan. MGM a favor de una arquitectura instalada. Madrid. Ed. Rueda. 2004. ISBN 978-84-7201-143-8 75 MORALES SANCHEZ, José. La disolución de la estancia: transformaciones domésticas 1930-1960. Madrid. Ed. Rueda. 2005. ISBN 84-7207-175-8 76 GARCIA VAZQUEZ, Carlos. La ciudad Hojaldre. Barcelona. Ed. Gustavo Gili. 2004. ISBN 84-252-1970-1. 77 MONEO VALLES, Rafael. El Carmen Rodríguez Acosta. Granada. Fundación Rodríguez Acosta. 2001. ISBN 84-6072394-1 78 AAVV. Manifiesto de la Alhambra. 50 años después. El monumento y la arquitectura contemporánea. Granada. Patronato de la Alhambra y Generalife. 2006. ISBN 84-86827-21-3. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 85 Departamento V. Pérez, J. Sobrino, el propio Javier con varios artículos y Juan Cascales y Paco Márquez 79 . J. Sobrino dirigirá el Foro de Arquitectura Industrial, en un intento de hacer visible un patrimonio extenso y de vital relevancia para la comprensión del esfuerzo histórico por industrializar Andalucía, con una participación masiva y pluridisciplinar de investigadores andaluces y foráneos, donde vuelven a darse cita un amplio número de profesores del Departamento 80 de HTCA, y donde J. Cascales cogestiona, con Arón Cohen, la mesa de Pensar en Patrimonio Industrial desde el Territorio. El COAC organiza, junto con la Fundación DOCOMOMO Ibérico, su VI Congreso dirigido por Ramón Pico y Julio Malo con una ponencia central de V. Pérez, Retórica del Progreso. Paradojas patrimoniales entre arquitectura moderna y técnica. La DGAV ha venido trabajando en un proyecto ingente de investigación coordinado por Fernando Olmedo, ubicado entre la puesta en valor del patrimonio productivo andaluz del medio rural y el análisis de las relaciones entre cultura, arquitectura y territorio. Además de los tomos provinciales, donde se ha inventariado la arquitectura dispersa de la comunidad autónoma, han editado recientemente, como remate Cortijos, haciendas y lagares en Andalucía. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias 81 , con la participación entre otros de J. R. Sierra en el capítulo Arquitecturas Corraleras. La exposición homenaje a los hermanos y arquitectos Fernando y Joaquín Barquín y Barón, organizada por el COAS y dirigida por José María Gentil y Ana Yanguas, aborda el rescate de dos profesionales olvidados, pero centrales, tanto por la escala de su producción, como por la cualidad de las líneas de intervención que pusieron en marcha frente a la magnitud de las carencias provocadas por el período autárquico. En relación al estudio de las relaciones entre ciudad y producción masiva de vivienda son esclarecedores los artículos, Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y 1965, de J. Cascales y P. Márquez donde se analiza toda la arquitectura residencial pública y privada del mayor de los Barquín y el de Fernando y Joaquín Barquín. La provincia de Cádiz, entre la vivienda social y la explosión turística de José Aladro 82 . Otra aportación original en el ámbito de la comprensión de las relaciones entre política, economía, territorio y arquitectura en un espacio-tiempo concreto de Andalucía, se produce en las Jornades Internacionals d’Urbanisme i Arquitectura de la Il-lustración, patrocinada por la Asociación Internacional de Ciudades y Entidades de la Ilustración, en Almacelles, Lleida, a través de la ponencia de J. 79 AAVV. La Sevilla de Richard Ford 1830-1833. Sevilla. Fundación El Monte. 2007. ISBN 978-84-8455-229-1. 80 Participan también; Enrique Larive, Fernando Herrera, Horacio Capel, Inmaculada Caravaca, A. Miguel Bernal, Rosario Alonso, Juan Francisco Ojeda, Víctor Pérez, Paco Daroca, Ramón Pico, Pedro Salmerón, Román Fernández-Baca, José R. Sierra… 81 Editado en Sevilla en 2010 por la COPV de la J.A. bajo la coordinación de F. Olmedo y M. Torres. 82 AAVV. Fernando y Joaquín Barquín y Barón. Sevilla. COAS-FIDAS. 2007. ISBN 978-84-935-171-6-8. Producción teórica y crítica sobre la arquitectura del siglo XX en Andalucía 86 Cascales y P. Márquez, Territorio y Paisaje en Andalucía en el siglo XVIII, donde se actualiza críticamente el proceso de implantación, dirigido por Olavide, de las Nuevas Poblaciones en la campiña andaluza. En esta línea, P. Márquez asume el encargo de realizar la voz arquitectura en la Enciclopedia de Andalucía, editada por C&T, que en su extensión original se publica también, con el título Arquitectura Andaluza, en la Revista de Historia y Teoría de la Arquitectura 6-7, que se pretendía que estuviera inicialmente dedicada a Andalucía y en la que aparecen otros artículos como ¿Un cronotopo andaluz? 144 palabras de Carlos Tapia, Apuntes para una breve historia de la Arquitectura Moderna en Andalucía de C. García Vázquez y Ampliación. Un nuevo soporte para la Arquitectura Andaluza de Francisco González de Canales, quién se vería implicado junto a Ignacio Fernández Torres y Ángel Martínez García Posadas en la dirección inicial de la revista Neutra, promovida por el COAS y que en su etapa actual dirigen Paula Álvarez, Vicent Morales y Juan Antonio Sánchez. La Revista de Historia y Teoría de la Arquitectura, acoge el esfuerzo investigador en relación a las temáticas que están desarrollando los profesores del Departamento de HTCA y en sus números podemos encontrar artículos de interés de Carmen Guerra, Mar Loren, Mariano Pérez Humanes, Plácido González, Carlos María Fernández, J. R. Moreno Pérez, y de los ya citados con anterioridad. La revista, en el mantenimiento en el tiempo de su esfuerzo editorial, se ha convertido en un referente de la producción teórica y crítica de la arquitectura en Andalucía. Seguro que se han producido olvidos imperdonables, pero un siglo es un periodo demasiado largo como para poder visualizarlo en toda su dimensión. Sin embargo no podemos eludir el avance que en las últimas décadas ha realizado la producción teórico-crítica andaluza, sin olvidarnos de la labor fundacional que los primeros arquitectos, recién egresados de la joven escuela de arquitectura de Sevilla, llevaron a cabo en el páramo cultural donde se vieron obligados a desenvolverse. Gracias a su esfuerzo y constancia, otros han podido andar ese camino con mucha más tranquilidad y sosiego. Esperemos que sepan agradecerlo y que las actitudes cainitas, de las que tan fácilmente suele hacer gala nuestra comunidad investigadora, se torne en debate intelectual, sin renunciar a la crítica desde la honestidad de cada una de las posiciones. Tres lecciones sobre la arquitectura de la Ilustración 87 3.2.1. Tres lecciones sobre la arquitectura de la Ilustración Ilustración y Modernidad Si los esfuerzos por fundar una crítica científica se concentran en aclarar las condiciones de nuestro propio presente; la modernidad, el análisis de su agotamiento y de las posibles "alternativas" que de ella se derivarían, nos sitúan hoy en la necesidad de esclarecer cuáles son sus orígenes. Sin embargo cuanto más rigurosa es nuestra búsqueda del origen de la modernidad, más remoto nos parece estar éste. En el fondo de este "retorno" por la historia de la arquitectura existe un hecho que lo hace coherente; desde la caída del sistema feudal hasta nuestros días podemos afirmar sin ninguna duda que nos encontramos en el mismo ciclo cultural. Y reconocer el carácter unitario del ciclo cultural recorrido por la cultura burguesa, es importante porque nos permite tener presente el cuadro completo de sus elaboraciones. Ya que es un hecho aceptado por la crítica, que el paso a la sociedad capitalista no se confirma históricamente como un salto revolucionario, sino que "…se dilata en un largo período histórico en que los nuevos procesos de valorización del capital se miden a través de la progresiva manifestación del trabajo productivo, fuerza de trabajo como clase obrera... " 83 . El inicio de este proceso está en la liquidación del sistema feudal y en el advenimiento, -al principio localizado geo gráficamente en el norte de Italia y luego en Inglaterra y Países Bajos-, de un modo de producción distinto y de unas estructuras de poder totalmente diferentes, que tienen su lugar en las "ciudades estados" y establecen su hegemonía a partir de modos de producción más integrados, es decir: más eficaces en el sentido de su capacidad reproductiva, liquidando progresivamente la anterior estructura social y generando, en su desarrollo, una nueva división social del trabajo, que poco a poco consolida la hegemonía de la burguesía sobre el conjunto de los demás sectores sociales productivos. En este dilatado proceso se consolidan, no sólo estructuras productivas y de poder, sino el propio sistema ideológico. La exploración sistemática del debate que se produce en el seno de la Ilustración, permite recoger, en su nivel ideológico puro, gran parte de las contradicciones que acompañan, en su desarrollo, a la modernidad. La Ilustración entendida, en su sentido más amplio, como pensamiento en continuo progreso, ha perseguido siempre como objetivo “...el quitar miedo a los 83 Colgadelli, U. "Forza lavoro e suiluppo capitalistico". Contrapiano, nº1 1969. Tres lecciones sobre la arquitectura de la Ilustración 88 hombres y convertirlos en amos de sí mismos". Desde estos presupuestos, la "época de las luces" afirma que la superioridad del hombre reside en el saber. Y el saber es poder, no conoce límites. Y lo que los ilustrados quieren aprender de la Naturaleza es la forma de utilizarla para lograr el dominio integral de ella. Y en última instancia el dominio de los propios hombres. A partir de estas premisas, aquellos dos postulados que se instauraron con la arquitectura del humanismo clasicista; “la identidad Razón-Naturaleza" y "el reconocimiento de la clasicidad como segunda y más perfecta naturaleza” 84 , comienzan a quebrarse. Y en este proceso ocurre algo que las continuas crisis desde el Renacimiento hasta el Barroco habían conseguido evitar; la liquidación de la adhesión de los procesos artísticos a procesos naturales, desmoronándose con ello todo el sostén clasicista, tanto como repertorio formal como conjunto de instrumentos disciplinares. Para los ilustrados lo más importante era derribar aquellos mitos que constituían el soporte del "Antiguo Régimen", y el más importante de aquellos mitos era la relación entre arte y naturaleza. Dos elementos contribuyen, a nivel ideológico, a este derribo. El primero, opera desde las concepciones anti-urbanas de las ideas fisiocráticas, -doctrina económica que significa el gobierno de la naturaleza y que Marx identificó como fundadora de la economía política 85 , asimilando la ciudad a un objeto "natural" liquidando con ello toda posibilidad de realizar una lectura estructural de la ciudad, y del territorio, y de desvelar la verdadera naturaleza de los procesos y mecanismos de acumulación que el capitalismo genera en la transformación de los procesos de explotación del suelo y de las rentas tanto agrícolas como urbanas. El segundo, surge de la necesidad de asegurar a la operación artística un papel funcional con esta doctrina económica, asumiendo un naturalismo, bajo el cual queden ocultos los procesos que la burguesía pone en pie para consolidar su hegemonía político-social. No es casual que en este momento a partir del cual la burguesía dimensiona "funcionalmente" sus propios métodos de producción e intercambio, el trabajo intelectual, desde su apelación a la Naturaleza, oculte el funcionamiento regresivo de un progreso, generador de nuevas desigualdades sociales y promotor de miserias individuales. Consumado el derribo del mito de la relación entre naturaleza y arte, y desde ésta matriz ideológica, la ciudad no es entendida desde sus condiciones materiales sino que asimilada a un organismo “natural”, liberando los terrenos de las “antiguas” leyes para implantar la nueva lógica; la ciudad no reclama ningún orden que oponer al desorden de las múltiples iniciativas que impone la "razón" burguesa. La "ciencia" urbana y del territorio, a punto de nacer, se constituirá como "técnica" de la explotación del suelo urbano y del territorio, “cualquier 84 Tafuri, M. "La arquitectura en la edad del humanismo". Madrid. 1978. 85 Marx, K. "18 Brumario" en Obras Escogidas. Moscú. 1968. Tres lecciones sobre la arquitectura de la Ilustración 89 proyecto de ciudad será todo lo más una utopía, nostalgia de la Forma, pensamiento que no se realiza, salto hacia atrás” 86 . El esfuerzo se concentra en negar la diferencia entre campo y ciudad, siendo uno de los elementos básicos y estructurales del desarrollo capitalista, para unificando esta diferencia asimilar los procesos de valoración de la naturaleza a los de valoración de la ciudad. Poniendo en marcha nuevas formas de acumulación, a través del fragmentarismo urbano para la readaptación del material preexistente de la ciudad "histórica". Razón y Naturaleza, deben unirse; y en este proceso de unificación el racionalismo ilustrado, abandona la responsabilidad de controlar los procesos que él mismo ha generado. En el largo período en que los antiguos procesos de producción artesanal van transformándose en nuevos procesos de producción industrial, los artistas, se transforman en intelectuales "orgánicos" de la burguesía, pero al ver se excluidos de éstos procesos, generan, a veces, una dura polémica con su misma clase. Desde esta exclusión se abre paso a uno de los rasgos más esenciales de la Ilustración: su fuerte actitud crítica. Y como bien dice Argan: "... así como la crítica social lleva a la acción en el terreno social o la crítica política a la acción política, la crítica artística conduce a la acción artística... (y). Si la crítica es el proceso mismo, o un momento esencial del proceso del arte, y es al mismo tiempo, como no puede dejar de serlo, un acto racional, ya no es posible creer que el arte es fruto de una inspiración, natural o sobrenatural" 87 . De la utopía del lenguaje a la utopía de la forma Apenas la arquitectura de la Ilustración logra definir sus "técnicas" para la construcción de la forma, -es decir: pone en pie el conjunto de instrumentos disciplinares susceptibles de ser asumidos por el colectivo de los profesionales de la arquitectura-, comienza a confirmarse la apertura de una profunda crisis en el seno de su propia disciplina. Entre 1.750 y 1.790, los arquitectos empiezan a reconocer la distancia que separa al “proyecto ilustrado” de la posibilidad de ser llevado a la práctica; el sueño por materializar la utopía se desvanece, sólo queda reconocible la “ideología”: como conjunto de ideas de lo que se habían propuesto instaurar. Confirmado el hundimiento de la utopía, la pretendida unidad y universalidad del "proyecto ilustrado" se rompe en múltiples tendencias. Y a partir de este momento todos los esfuerzos se dirigirán, desde la contribución de cada una de estas tendencias hacia el intento de su “reconstrucción” de un lado: las investigaciones arqueológicas, -fomentadas por la necesidad de asistir instrumentalmente a la consolidación de un "lenguaje universal" para la 86 Teyssot, G. ''Ilustración y arquitectura. Intento de historiografía''. Madrid. 1980. 87 Argan, G.C. "La pittura dell "Iluminismo in Inghilterra". Roma. 1963. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 96 Olavide y Andalucía En el curso de un año Pablo de Olavide va a acumular los cargos de Director del Hospicio de San Fernando (junio, 1766), Personero del Común de Madrid (enero, 1767), e Intendente de Andalucía, Asistente de Sevilla y Superintendente para las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena (junio, 1767). Esta trayectoria evidencia la premura con la que se pretenden poner en marcha las reformas, el éxito de su gestión en las primeras tareas encomendadas cerca de la Corte, y la estrecha relación y gran confianza construida con el equipo ilustrado de gobierno. Antes de entrar a analizar la operación que se le encomienda para colonizar baldíos en Sierra Morena es importante estudiar su pensamiento en torno al tema de la agricultura en Andalucía, que quedó fijado en un documento escrito unos ocho meses después de su arranque. El “Informe sobre la Ley Agraria” resulta especialmente esclarecedor de los criterios, objetivos y estrategias que se persiguen. Aunque está fechado el 20 de Marzo de 1768, como respuesta a un cuestionario enviado por Campomanes a todos los intendentes para la elaboración de una Ley Agraria, la fecha de emisión del cuestionario tan sólo un mes antes y la extensión en datos y análisis, así como la complejidad de las propuestas y estrategias planteadas, llevan a pensar -como el propio Olavide sugiere-, que se trata de una tarea apoyada en un amplio conocimiento del medio, en las ideas “económicas” contemporáneas, y bajo el asesoramiento de un cierto número de agentes. Por tanto, y dado el paralelismo argumental en muchos tramos con textos anteriores del propio Campomanes, estamos ante un documento que expresa de manera bastante transparente las posiciones en torno al problema de la tierra que tiene el equipo de gobierno ilustrado cuando formula el proyecto más ambicioso de intervención en el territorio para poner en producción baldíos en el interior de Andalucía. 91 Se desprende de la lectura del Informe que la operación que se está llevando a cabo en paralelo en Sierra Morena y en el entorno de Écija, forma parte de un conjunto de medidas más amplias destinadas a producir “indirectamente y sin violencia” una reestructuración progresiva del territorio andaluz. Frente a las propuestas que avanza el Consejo para su debate a los distintos implicados, y que están destinados a producir una racionalización integral de la agricultura mediante una nueva ley, Olavide plantea una estrategia de mayor complejidad. Él no cree, tras un análisis del territorio, la población y la producción andaluza, que se esté en disposición de promulgar una Ley Agraria. La posición de 91 En su libro El Evangelio en Triumpho o historia de un philosopho desengañado vuelve a dedicar, muchos años después de haber sido cesado, una carta completa al tema de la reforma agraria. En ésta se evidencia su interés y conocimiento, en un texto que muestra además una actualización de sus ideas, en línea de coherencia con sus trabajos en las N.P. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 97 Campomanes como legislador y miembro del gobierno es muy diferente, a pesar de las afinidades ideológicas, de la de Olavide que lleva algo más de un año batallando en el seno del poder municipal de las dos ciudades más grandes de la nación con las oligarquías locales. Conoce y experimenta diariamente la magnitud de los intereses creados y derechos adquiridos como para cometer la ingenuidad de pensar que una estructura burocrática tan frágil como la del Estado dieciochesco a una cierta distancia de la Corte, tenga la posibilidad de imponer medidas que los violenten. No entiende viable en su situación presente el establecimiento de un tamaño máximo de propiedad por labrador y la consecuente medida por tanto de “reducción de cortijos a pueblos”, con la reparcelación de sus tierras entre los vecinos. Esto no significa que no comparta estos objetivos, de hecho apoya incondicionalmente el resto, sino que percibe que unas normas como éstas, van producir un rechazo inmediato de todo el conjunto de la Ley, como de hecho sucedía en Sevilla con la mayor parte de las Órdenes dictadas por el Consejo de Castilla. Esto nos muestra a un Olavide que frente a la cultura autoritaria del despotismo ilustrado confía, desde su cercanía a la acción, mucho más en medidas inductivas, que en medidas coercitivas. Defourneax nos cuenta en su biografía cómo consciente de su nivel intelectual, juega en las tertulias que mantiene en su residencia, con los interlocutores del clero o de estamentos tradicionales, nunca argumentando en contra, sino conduciéndolos sutilmente hacia el abismo de sus propias contradicciones. La formación ilustrada le pone en disposición de formular cambios y reformas en su realidad, pero siempre en el ámbito del debate y de la racionalidad, no en el de la confrontación directa, donde creencias y subjetividades son todavía imbatibles, dado el raquitismo del estamento ilustrado. Olavide confía en que los individuos finalmente se mueven por intereses propios, y él va a dibujarles un horizonte lo suficientemente atractivo, como para que deseen moverse hacia él. A través del conocimiento que tiene de Andalucía percibe las nefastas consecuencias que puede tener en la coyuntura -como ya pasó con la ley de granos de 1765-, el desmontaje del sistema productivo existente entretanto se consolide una nueva cultura productiva, que necesitará para ser eficaz de años de implantación, en los que las necesidades inmediatas 92 pueden dar al traste con las reformas planteadas antes de que éstas tengan la oportunidad de mostrar su interés. Además Olavide es consciente del enorme alcance de las reformas y, a diferencia de quienes están lejos de la gestión, sabe que no es posible anticipar un plan o reglamento cerrado, cuando de lo que se trata es de 92 Estas necesidades inmediatas las ha vivido ya crudamente en el Concejo de Madrid, cuando se queda aislado defendiendo la eliminación de las tasas para el aceite. Ni siquiera los diputados electos por el pueblo le apoyan ante el miedo de los estragos que se pueden producir a corto plazo. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 98 instalar una nueva cultura del trabajo y una nueva relación con la tierra, donde lo que da valor y dignidad al sujeto no es ya la extensión de lo que posee, o los derechos que tiene sobre amplios territorios, sino la riqueza que es capaz de extraer de un terreno concreto, sobre el cual por contraste con la situación anterior tiene plenos derechos y garantías. Por esto Olavide opera a través de líneas de acción como las Sociedades de Amigos del País para difundir los nuevos saberes, la reforma universitaria para instalar un nuevo marco de relación con la realidad desde la racionalidad y la objetividad, o su participación en la enorme empresa de puesta en producción de alguno de los enormes baldíos de Andalucía, como experimento estratégico destinado a evidenciar el interés real obtenido con la puesta en marcha de las reformas que propone para todo el territorio. Con esto no aspira a llevar el experimento estatal a todas partes, sino que pretende inducir a otros a adoptar soluciones para las que él mismo aporta las claves dependiendo de las diferentes condiciones de partida. Por esto es tan importante la elección de los baldíos en la carretera principal del reino, por el valor de propaganda interna para estimular a otros con los grandes beneficios que aportan las nuevas prácticas, y de propaganda externa en la medida en la que España muestra su capacidad de gestión, su voluntad de adoptar las formas capitalistas de producción más avanzadas, en coincidencia con el debate que se está produciendo fuera, y su capacidad de superar su fragilidad poblacional, hecho que se percibe como causante de su pérdida de poder en Europa. Antes de configurar los tres campos estratégicos de medidas para la reforma de la agricultura, Olavide presenta en su informe un diagnóstico de los problemas generales, enuncia muy sucintamente los objetivos que se deberían perseguir y vuelve a entrar en un análisis y diagnóstico más detallado de la realidad de la agricultura y la población en Andalucía. Resume los problemas principales en la escasa proporción de suelo cultivado, que estima en un sexto del total, en la escasa población activa, y en que lo que se labra, se trabaja mal y con productividad ínfima. Denuncia el atraso productivo fundado en las técnicas de explotación utilizadas, en una precaria organización del trabajo, en la estructura inmóvil de propiedad de la tierra y en definitiva en la estructura territorial constituida por un sistema de asentamientos muy inadaptado para su puesta en carga productiva y mal conectados, dando lugar a una escasa permeabilidad a la circulación de productos y población. Igualmente denuncia que a este sistema territorial inadecuado le corresponde una estructura de grupos sociales excesivamente desequilibrada. Como ilustrado conocedor de las doctrinas de su tiempo, entiende que la desigualdad social es necesaria e imprescindible para el sostén global del sistema, pero al tiempo sabe que una desigualdad extrema bien sea porque haya una minoría muy rica o una mayoría muy pobre, conduce al colapso. De ahí que los objetivos de la reforma se dirigiesen a la creación de una clase de labradores Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 99 con más tierras y poder, como eslabón intermedio con los más ricos, y a la configuración de un sistema poblacional alternativo que permitiese acabar con la extrema pobreza de los jornaleros acercándolos a la tierra. Apropiándose del mecanismo de análisis que utiliza Cantillón cuando clasifica los tipos de poblaciones, según su economía propia y los estamentos sociales que soportan, Olavide enumera los cuatro grupos sociales que intervienen en la agricultura, y describe su actividad, su nivel de bienestar, sus problemas y sus potencialidades, volviendo a arremeter contra una red de asentamientos desequilibrada, con concentraciones excesivas y grandes intervalos vacantes, que llevan a una distancia entre lugar de trabajo y de residencia excesivo, que tensiona tremendamente los terrenos a menos de una legua del lugar incrementando los precios y abonando corruptelas, mientras que condena a gran parte del territorio a un tipo de gran explotación poco productiva y que demanda además un tipo de trabajador temporal obligado en invierno a mendigar en las grandes capitales andaluzas, que comienza a ser percibido como peligroso, y susceptible por tanto de ser recluido en hospicios. Tres son las líneas directivas en torno a las cuales se articulan conjuntos de medidas “precursoras y convenientes para que prospere la agricultura”; 93 poner las tierras en su justo valor, que se labre mejor lo que se labra y que se labre más cultivando la tierra que está inculta. Mientras que la primera línea directiva se plantea con el fin de mejorar la situación de la agricultura a corto plazo y de establecer mayor equidad y garantías con medidas que no afectan a la estructura territorial, las otras dos están articuladas para reestructurar dos tipos diferentes de realidades territoriales. La segunda línea directiva aborda toda la casuística de las medias y grandes propiedades en producción -casi el total del tercio de la superficie de Andalucía que ha estimado previamente-. En este capítulo las medidas que se toman afectan fundamentalmente a la aristocracia terrateniente y al clero, sobre todo el regular, como poseedores y gestores de los terrenos. De aquí que plantee una cierta panoplia de posibilidades, tendentes a incentivar parcelaciones, cercamientos y arrendamientos largos, pero dejando un amplio margen de libertad una vez queden garantizados unos mínimos explicitados en el primer grupo de medidas. Objetivo clave aquí para Olavide es facilitar e inducir la venta de la propiedad completa o mejor parcelada a pequeños propietarios. En la línea de las doctrinas que conoce, donde la velocidad de circulación del dinero y los productos es muy importante, ataca principalmente a una cultura de la propiedad de la tierra, que aún en la actualidad podemos percibir en algunos ámbitos rurales, donde tierra y sujeto, o mejor tierra y linaje quedan vinculados. Se pretende fomentar la 93 CARANDE 1956, Folio 218. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 100 movilidad social y consolidar el valor de la tierra como mercancía para fomentar su intercambiabilidad, entendiendo de esta forma que quien compra o posee un terreno lo hace para invertir en él y sacarle el máximo provecho, con la garantía de que siempre puede venderlo para cambiar de actividad. El tercer objetivo aborda medidas para poner en producción todo lo que sea posible de los dos tercios de tierras “incultas y desiertas”, es decir los baldíos y las dehesas. En cuanto a las segundas si bien no plantea su transformación forzosa, sí que pretende desactivar la prohibición de su “rompimiento” con la excepción de las boyales, para permitir su labranza. En cuanto a los baldíos despliega tres estrategias diferentes para introducir en la economía a los tres grupos sociales que no poseen tierras: - La venta de suertes de entre 33 y 128 Ha para las clases acomodadas o campesinos de cierto nivel para hacerlos productores propietarios. - La venta de terrenos que no excedan las 1.300 Ha con el fin de poder captar los beneficios comerciales e industriales de los burgueses de alto nivel económico, impedir que salgan del país, satisfacer sus demandas para entrar a formar parte de los terratenientes convirtiéndolos en grandes arrendatarios y empresarios agropecuarios, y al tiempo, dar la posibilidad de afincar a los braceros en parcelas, con las que puedan producir, mejorar sus condiciones de vida pagando el canon más alto previsto -un octavo de los frutos-, al propietario. Éste a cambio tendría obligación de “habilitarlos con casa, bueyes y demás instrumentos”, y de otorgarles el “dominio útil” por más de cien años, siempre que cumplan con el mantenimiento de unos mínimos de producción. - La concesión de suertes de 33 Ha a todo el que posea dos pares de bueyes, no siendo propietario de más de 13 Ha, con la obligación de pagar un octavo de canon al Estado, construir “una corraliza, un hogar y un dormitorio, en que habitar con sus ganados dentro de un año, y cercar la suerte dentro de dos”. 94 Se le garantiza la posesión si paga regularmente, impidiéndosele producir cargas sobre el terreno -al no ser propietario-, y sacar más beneficio en caso de transmisión que el que le corresponda por las mejoras producidas -cerca, casa-. Las medidas se proponen no sólo para la activación productiva y económica, sino también como vía de superación de los enormes desequilibrios poblacionales, dando la posibilidad a los más pobres de entrar a formar parte de la población activa, y a los poseedores de algún capital de entrar en el negocio de la tierra, a distintas escalas. Sólo estos dos aspectos ya suponen cambios considerables a escala territorial, puesto que habrán de fundarse multitud de pequeños asentamientos rurales, al tiempo que se generará una considerable cantidad de población dispersa, dejando a las ciudades liberadas de personas sin oficio ni labor. Pero aún queda 94 CARANDE 1956, Folio 253. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 101 una propuesta más para rentabilizar la enorme afluencia de capitales que el Estado va a percibir por la enajenación y concesión de sus baldíos, que no sólo tiene una importante repercusión territorial, sino que también contribuirá al montaje de una estructura estatal más potente en las provincias para viabilizar la gestión de todo el proyecto y sobre todo para generar una “Caja Provincial” -con doble control administrativoque permita “la construcción de caminos, regar las tierras que se puedan, hacer los ríos navegables, construir los canales posibles, establecer Academias de Agricultura práctica, con fondos suficientes para hacer experiencias, procurando introducir en su provincia los nuevos ventajosos métodos que han inventado las naciones agrícolas.” 95 Pone como objetivos concretos de inversión en Andalucía, la definitiva construcción del camino Cádiz-Madrid, la navegabilidad del Guadalquivir, y la utilización de éste, del Genil y del Corbones para ampliar la superficie de regadíos. Por último plantea una reflexión y avanza propuestas sobre ferias y mercados para garantizar la puesta en circulación de la manera más competitiva de los productos generados en el medio rural, evidenciándose así que el interés prestado al sector primario es sólo parte, aunque quizás la más relevante, de una rearticulación productiva de carácter global para todo el país y todos los sectores. El pensamiento político de Olavide es, como se puede deducir de su Informe y de El Evangelio en Triumpho…, paralelo a las ideas fisiocráticas y a lo que éstas toman de la doctrina de Cantillón, en lo referente a la Corriente Circular de la economía, la promoción de una graduada escala de grupos sociales para fomentar la circulación, y sus respectivos sistemas de asentamientos en el territorio. Por tanto no es posible leer las diferentes actuaciones del Intendente de Andalucía como ensayos para el establecimiento de sociedades ideales o utópicas, frente a la realidad de su tiempo. No son ideales ni utópicas por varias razones: Comparten todos los rasgos con las propuestas elaboradas en su Informe para su implantación a escala de toda la Nación. No son modelos a utilizar indiferenciadamente en cualquier parte, sólo bajo determinadas condiciones: deben realizarse en baldíos, y estar destinados a braceros o pelantrines -labradores sin tierras pero poseedores de yuntas de bueyes-. En otros ámbitos, o para otros grupos sociales la solución propuesta es otra. Por supuesto no son utopías porque las propias actuaciones asumen la realidad existente sin subvertirla. Lo que se plantea es un proceso de reformas sucesivas a través de incentivos, donde operaciones como la de las Nuevas Poblaciones de Andalucía o el cercamiento de los terrenos comunales de Sevilla, han de leerse como experimentos para producir un arranque de otra política territorial orientada a la puesta en producción de la mayor cantidad de superficie posible, y 95 CARANDE 1956, Folio 256. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 102 a mostrar las enormes ventajas ofrecidas tanto por las nuevas técnicas, como por la nueva forma de organización territorial. Olavide ya ha puesto en marcha como Asistente de Sevilla, en cumplimiento de la disposición de 12 de Junio de 1767 del Consejo de Castilla, 96 y en paralelo a la operación de las Nuevas Poblaciones promovidas por la Corona, parte de las propuestas que plantea en su informe, alterando para ello con permiso, los criterios de reparto entre la población. En los terrenos comunales de Sevilla ha repartido las dehesas situadas inmediatamente al sur de la ciudad entre braceros, mientras que las de Prado del Rey y Armajal (4.935Ha) a bastante distancia -hoy en la provincia de Cádiz-, se utilizan para una operación muy similar -en loteo y fundación de asentamientos-, a la que se está llevando a cabo por promoción Real, pero con la diferencia de que la población a la que va destinada son pelantrines de Sevilla. Lo que se plantea es por tanto una racionalización de los recursos de la ciudad para beneficio de sus habitantes, a un precio bastante reducido, puesto que el Concejo sólo costea el aparato burocrático de la operación. No es necesario proveer de aperos ni bueyes a los trabajadores, puesto que a los primeros se les dan parcelas muy pequeñas y no los necesitan, y los segundos ya los tienen, y tan sólo han de desplazarse a vivir a su nueva concesión y construir su casa. A pesar de lo ventajoso de la operación para la mayoría de los sujetos, esto suponía un corte radical con los tradicionales arrendamientos a grandes ganaderos. Éstos tenían tejidas desde antiguo redes de influencia y corrupción con el Concejo y por tanto con los poderes fácticos de la Ciudad que nunca la acogieron bien. Como Superintendente a cargo de la ejecución del fuero de Nuevas Poblaciones, Olavide lleva a cabo y gestiona la delimitación de baldíos (89.705Ha), parcelación y construcción de una nueva red de asentamientos en Sierra Morena desde el verano de 1767, y propone a finales de ese mismo año la extensión del experimento a baldíos (23.386Ha) no contemplados en el fuero en torno a Écija, antigua capital de convento en la Bética romana junto a Cádiz, Sevilla y Córdoba, y todavía en 1797 la séptima ciudad en población de Andalucía, hoy la número 30. El sistema de ciudades de Andalucía a finales XVIII que Olavide se plantea reestructurar viene muy marcado por los 250 años de permanencia de una frontera bastante estable, en sus rasgos generales, en la diagonal de la Comunidad Autónoma, trazada sobre el conjunto de las Sierras Subbéticas. A cada lado el sistema de asentamientos es diferente, a pesar de que ambos reinos cuentan con una densidad similar -22hab/km2 en Granada y 20hab/km2 en Andalucía-. Al Sureste se despliega una tupida red de poblaciones con aproximadamente el mismo número de asentamientos para la mitad de 96 Extensión de la R. O. de 2 de Mayo de 1766 para el reparto de propios, baldíos y terrenos concejiles en Extremadura, a Andalucía y la Mancha. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 103 superficie. En este ámbito sólo dos ciudades superan los 30.000 habitantes - Granada y Málagay otras siete suman más de 8.000. 97 En este contexto se entiende la elección en el fuero de terrenos situados en Sierra Morena. Preocupaba el despoblamiento de esta zona y en especial el ámbito por donde cruzaban los caminos que unían los dos enclaves de poder del Reino. Debe entenderse por tanto que la elección al margen del fuero de los desiertos de la Parrilla y la Monclova en plena campiña, intercalados entre Córdoba y Écija, y entre ésta y Carmona respectivamente supone además de una operación de colonización y de protección del camino, la voluntad de situarse en puntos clave, para demostrar, en un terreno de topografía más aprovechable que los de Sierra Morena, que una nueva organización de la producción y del territorio, puede superar hasta las propias condiciones adversas de partida de terreno y clima. La relevancia del experimento puede testarse en la resistencia opuesta por la oligarquía de Écija. A poco más de un año del arranque de la operación, el Consejo de Castilla se ve obligado a mandar a uno de sus fiscales, Pérez Valiente, a estudiar la situación, ante las denuncias presentadas contra Olavide y su Equipo. Su misión se interrumpe por orden del presidente a los tres meses y el desfavorable informe presentado al Consejo no es tenido en cuenta, salvándose la coyuntura por terceros informes favorables y el apoyo de 97 El rango que donde encontramos un mayor número de núcleos es el de 2000 a 5000 habitantes con 60 ciudades, seguido del de 1000 a 2000 con 48, siendo significativas también las 16 ciudades en el rango de los 5000 a 8000. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 104 Campomanes. Pero la estancia de Pérez Valiente en Andalucía, en su aproximación a los intereses de la aristocracia astigitana, crea una incertidumbre en torno a la continuidad del proyecto que desemboca en una caída de la población y de la producción, desmontándose parte de lo avanzado, e instalándose una cierta desautorización del equipo de mando en la zona. Lo cierto es que el visitador ha pasado 41 días en Écija y sólo 8 en La Carlota. Si a esto añadimos que en esta ciudad había una abundante concentración de títulos nobiliarios residenciados -unos 40y trece Grandes de España, entenderemos mejor la oposición interesada de una parte del Consejo de Castilla a la tarea de la colonización. Los enormes intereses creados contra la operación son múltiples. La mejora de las condiciones de vida de los jornaleros y pelantrines suponía, no sólo que las oligarquías locales ricas perderían su posición cuasi-monopolística en el comercio, sino que además quedaban amenazadas las tierras comunales y de propios que se autoadjudicaban y serían repartidas y por último, pero no menos importante, la dependencia de los pobres del trabajo miserable de los cortijos quedaba suspendida ante sus nuevas posibilidades. El propio Aranda en su informe al rey tras la tercera y más seria instrucción aprobada por él mismo para inspeccionar el proyecto, justifica la improvisación y sus consecuencias: “¿quién sabe si hubiera tenido efecto la empresa manejada con tanta detención y precauciones? Se hubiera dejado tiempo a que todas las oposiciones (y en particular las de las ciudades vecinas) se movilicen contra dicha empresa para hacerla fracasar”. 98 Se evidencia en este pasaje la pugna política entre el poder central del Estado y los Concejos municipales, a los que en otra iniciativa legislativa paralela se les ha obligado a contar con cuatro miembros electos por sufragio universal masculino, especialmente comisionados a supervisar la política de abastos y la gestión de propios, arbitrios y tierras concejiles. La clara vocación de la mayoría de las nuevas poblaciones por situarse en los caminos principales, como ha destacado J. Oliveras 99 , es clave porque consigue cubrir tres objetivos: a) proteger el camino, ganando para la causa a los representantes políticos de la clase mercantil; b) colocar en circulación ágilmente la producción generada, y c) muy importante para los promotores, el ya mencionado objetivo de mostrar con la máxima difusión los resultados del experimento. Olavide debía ser consciente de los enfrentamientos que le acarrearía ampliar la colonización a tierras situadas en pleno centro de la campiña andaluza. El hecho de empezar a medir y a reconocer el territorio seis meses antes de hacer la solicitud al Consejo de Castilla puede responder a una táctica para no dar tiempo a la oposición a reaccionar, acortando los plazos de la implantación, y para 98 DEFOURNEAUX 1990. 99 OLIVERAS, 1998, 104. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 105 superar las precariedades que habían tenido que soportar en Sierra Morena en los primeros momentos, al tener que simultanear prácticamente todos los procesos. Además una vez que se formaliza la petición al Consejo, se utiliza como “reclamo” la oportunidad que suponía la finca vacante de la expulsada Compañía de Jesús de San Sebastián de los Ballesteros, para aplicar el fuero de Nuevas Poblaciones en ella y en desiertos cercanos en torno al camino CádizMadrid. La cronología de los acontecimientos permite pensar en la colonización de Sierra Morena como el arranque de un proceso de reorganización territorial, en un lugar de amplio consenso, que permitía básicamente la promulgación de un fuero, que posteriormente podría ser aplicado en otros ámbitos estratégicamente más afines a los objetivos políticos del Gobierno, con gran cautela, rapidez y eficacia. De hecho se utiliza el primer invierno, tras haber acogido a los primeros colonos en La Peñuela, Santa Elena y Guarromán, para, de una parte estudiar terrenos en la campiña, y de otra armar una Ley Agraria. Estas dos tareas anteceden en sólo meses a la solicitud de colonización en el entorno de Écija, que se realiza en el arranque de la primavera, con el tiempo justo para dejarla implantada antes del otoño y para no dar margen a maniobras en contra. Estos rodeos tácticos para viabilizar un experimento tan opuesto hacia los intereses de los poderes fácticos residentes en el reino, han acabado por oscurecer históricamente los objetivos principales que se perseguían. Quizás la distancia que marcó el propio Superintendente al fijar su residencia en La Peñuela a partir de 1770, y sus esfuerzos allí para profundizar no sólo en la ejecución de sus reformas agropecuarias, sino también en la implantación de industrias, en la experimentación con nuevos cultivos, y en la introducción en Andalucía de la horticultura, con toda una importante labor de ingeniería de canales asociada, acabaron por centrar la atención de los historiadores en las primeras implantaciones hechas en Sierra Morena. Sin embargo el alto nivel de transformación del territorio y de racionalización de los asentamientos de Baja Andalucía contrasta con lo realizado en la Sierra. En primera instancia sorprende que Olavide cuide tanto la preparación y ejecución de la colonización en la campiña, y luego escoja La Peñuela para residir y profundizar en la tarea. Varios posibles motivos pudieron conducirle a actuar así. El principal, la grave crisis que sufre la operación ante la instrucción abierta en el verano de 1769. Como hemos comentado ésta acaba resolviéndose a su favor, pero el consiguiente debilitamiento de su posición y de los que le avalan en el Consejo supone un toque de atención, que unido al constante enfrentamiento con el terrible Concejo de Sevilla, le lleva a poner distancia. De la documentación rescatada por Defourneaux sabemos hoy que esta decisión supuso la detención del expediente que la inquisición local estaba ya articulando contra él. Quizá por tanto la mejor forma de salvar la colonización en la campiña fuera dirigirla desde la distancia para no provocar, ni darle más argumentos a la poderosa oligarquía Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 112 A través de la documentación de la época podemos acceder a algunas claves para entender el esquema final de poblamiento que se adopta. Cuando Olavide analiza en su Informe el sistema de ciudades de Andalucía plantea que mientras que las tierras en un radio de media legua de distancia de la ciudad son muy caras el resto casi no vale nada. Cuando propone repartir las dehesas de la ciudad de Sevilla establece la media legua como referencia para el reparto: a menos distancia pequeñas suertes para braceros, a más para pelantrines con obligación de construir casa. Por otro lado sabemos de las dificultades en los primeros años con las epidemias para atender sanitariamente a la población dispersa, y de la implicación del propio Olavide en la reparcelación y concentración de colonos en Miranda para superar los problemas acarreados por el diseminado. Cuando estudiamos la realidad final del sistema de poblamiento en las poblaciones de Baja Andalucía podemos jugar con la geometría y aparecen dibujos tan sorprendentes como los de K. Tyrakowski en Sierra Morena, pero que explican sólo una parte de la realidad, y con argumentos algo frágiles. En cambio si intentamos analizar el soporte territorial desde las preocupaciones y objetivos del momento, podemos comenzar a entenderlo algo mejor. De la misma manera que la optimización de la producción como fuente de bienestar para todos -ideología de progresoopera como guía en el reparto de las tierras, actúa también como condicionante para la definición del modelo de asentamientos. Sin embargo hay una diferencia importante. Mientras que la implantación de la retícula de suertes en la campiña es bastante independiente del soporte natural, los lugares susceptibles de constituir asentamientos deben poseer una serie de características ineludibles, que impiden un reparto geométrico de los mismos. Otra circunstancia importante que conspira contra este reparto indiferenciado, y vinculado sólo a distancias, es un hecho preexistente altamente determinante, y que además es la primera información que los agrimensores aportan; el perímetro de cada ámbito a reterritorializar y su superficie. La irregularidad, por circunstancias históricas del sistema de propiedades es un condicionante a asumir con poca capacidad de alteración. Se tiene noticia de algún que otro canje para cuadrar terrenos y conectar piezas aisladas, pero con gran dificultad y sin llegar a lograr geometrías regulares. Los sitios elegidos para los diecisiete asentamientos que han perdurado y crecido notablemente en Baja Andalucía -sólo se ha perdido uno-, comparten una serie de características que evidencian las intenciones de los ingenieros que los establecieron. Están muy próximos a alguna fuente o manantial y a una o a veces dos vaguadas, quedando la población en el punto más alto y plano del lugar, normalmente un pequeño cerro que se proyecta horizontalmente sobre la caída natural del terreno constituyendo una terraza natural. Enclaves con estas características topográficas abundan en el término de Carlota y en una parte Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 113 importante de Fuente Palmera, lo que no ocurre en Luisiana, pudiendo ser esta la causa de las pocas poblaciones fundadas allí en relación a las de los otros dos. Procederemos a analizar en principio independientemente el sistema de asentamientos de cada Población, para posteriormente comparar y extraer conclusiones. Luisiana Situado entre Écija y Carmona a 3 leguas de la primera tiene el término más pequeño (6.875Ha) y de orografía más plana. Una gran planicie sólo alterada levemente en sus extremos norte y sur por dos vaguadas, que generan un cierto desnivel. El camino Cádiz-Madrid constituye el límite sur del territorio, que se estructura mediante ocho bandas perpendiculares a éste y prácticamente paralelas a los límites del término, que lo recorren longitudinalmente a lo largo de legua y media. El núcleo principal se apoya sobre el camino en una terraza que se proyecta sobre una vaguada con preexistencias de antiguos baños romanos, justo al pie, ampliándose un octavo de legua el territorio del municipio al sur del camino para poder organizar huertos junto al arroyo y utilizar el agua del manantial para la ciudad. Se organizaron tres aldeas en el resto del espacio de las que sólo quedan dos, situadas en el eje central del término entre las bandas cuarta y quinta. Se sitúan en puntos donde este camino central de reparto cruza un arroyo, con la misma condición topográfica ya descrita: Cañada Rosal en el extremo norte, y Campillo a poco más de una legua al sur de ésta y a dos tercios de legua Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 114 aproximadamente de Luisiana. La tercera al disponerse en plena planicie sin ningún aguadero permanente cercano, no sólo ha desaparecido, sino que la propia cuadrícula parcelaria de su entorno ha quedado prácticamente perdida. El resto de los colonos ubicados lejos de estos núcleos han construido su casa en la propia suerte, en los lugares más altos. Junto a estos dos sistemas de poblamiento, de dispersión y concentración en torno a una “plaza” convive un tercero, que veremos también desplegado en Carlota. Como expusimos al tratar de la configuración del loteo, la parcelación menuda de las bandas principales, gira 90º para ofrecer el frente corto al camino y multiplicar por cuatro el número de colonos que tienen relación con él. Esta singularidad del loteo genera la práctica urbanización del camino que se encuentra jalonado de casas cada 250 varas configurando una estructura híbrida de urbanización lineal. Los tres asentamientos comparten esquema. Las dos aldeas organizan casas de entre 11 y 13 varas de fachada en torno a un espacio cuyo tamaño depende del número de unidades que se requieren. El escaso número de enclaves aptos para localizar aldeas conllevó un aumento importante de su tamaño. Carlota Situado entre Córdoba y Écija a cuatro leguas de ésta tiene el término más grande (7.979Ha) organizado en una forma de T irregular a lo largo del camino real y transversalmente recogiendo el valle del arroyo Guadalmazán en el eje y de sus afluentes Lantiscosa y Garabato que discurren por sendos valles casi paralelos. El loteo en bandas de 1000 varas de anchura se organiza como en Luisiana utilizando el camino real como espina distribuidora, transversalmente a ésta, tomando como directrices, a un lado y a otro, las marcadas por el valle central. Esta dirección se adapta con relativa facilidad al perímetro del ámbito en el tronco de la T, mientras que en las alas, su poca anchura da pie al giro del loteo que se orienta en paralelo al camino. La sede del Concejo, que también hace las funciones de subdelegación de las cuatro poblaciones se sitúa, como en el caso de Luisiana, apoyada en el camino, en un enclave que domina topográficamente las dos direcciones marcadas por el valle y el propio camino. El eje de la plaza de la iglesia se prolonga hacia el sureste como camino de reparto y directriz para la orientación de las bandas. La propia situación del templo en el eje como fondo de perspectiva, y las fuertes pendientes en su trasera impiden su proyección hacia el noroeste. El camino que estructura el loteo en este ámbito arranca en el límite del núcleo conformado por una vaguada que facilita la accesibilidad al mismo. La excesiva longitud de legua y un cuarto de este camino hasta el límite del ámbito, da lugar a la aldea de Fuencubierta a poco más de una legua de Carlota, en un enclave topográficamente muy similar a ésta. Cercanos o incluso en el propio eje de los caminos paralelos a éste, se encuentran en puntos intermedios tres aldeas de Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 115 menor entidad que la anterior en enclaves también topográficamente destacados. Garabato en una terraza asomada al arroyo al que da nombre, Petit Carlota en la cresta que separa el valle central del Guadalmazán del Lantiscosa, y Pinedas en otra terraza al otro lado del valle de éste último arroyo. La práctica totalidad de los colonos del tercio noroeste debía residir en la red configurada por estas aldeas de distancias siempre inferiores a los tres cuartos de leguas, 102 mientras que el resto de colonos hacia el sureste o habitaban dispersos en la propia suerte, en la capital o en el continuo urbano estructurado a lo largo del camino real como en Luisiana. Aunque a diferencia de ésta la importante longitud del camino en ambas direcciones de casi legua y media, junto, probablemente, con la oportunidad de un enclave topográficamente adecuado y con agua permite localizar a una legua y un tercio hacia Córdoba una aldea, Quintana, que da servicio al tercio noreste del término. La claridad y coherencia del sistema de asentamientos configurado hacia el norte contrasta con la ausencia de aldeas al sureste del camino. La menor potencia de éste ámbito cuyo límite está a tres cuartos de legua del camino, y probablemente la dificultad de encontrar aguaderos permanentes por la mayor cota, y arroyos por tanto con menos agua, pudieron inducir a la dispersión de la población. 102 En uno de los planos conservados de la época se aporta el dato de las suertes con casa construida y en construcción, no llegando a diez en el tercio noroeste. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 116 Fuente Palmera Aunque de superficie similar a Carlota (7.554Ha) se compone de cuatro regiones independientes de condición geométrica muy irregular y superficies muy diferentes, quedando sólo dos de ellas conectadas por un estrecho corredor. Según nos relata Mª I. García Cano 103 el proceso de configuración se produjo a partir del reconocimiento de los baldíos existentes y de negociaciones con algunos propietarios para intercambiar terrenos con el criterio de cuadrarlos y conectarlos en lo posible. El ámbito de mayor superficie, unas 4.500 Ha, se encuentra entre los arroyos Tamujar-Culebras, cuya cuenca queda fuera, al suroeste, y Picachos al noreste. El relativo paralelismo de estos arroyos da lugar a una superficie intermedia básicamente rectangular tan sólo deformada en su ángulo norte para incluir una estrecha lengua de terreno junto al Guadalquivir, y en su ángulo sur, donde se amplía para acompañar en un tramo al camino hacia Écija. Se trata de un terreno de pendiente muy suave hacia el noroeste, que interrumpe bruscamente el trazado del arroyo de los Picachos a su paso por el término. El resto de la planicie sólo queda perturbada por el paso de sus afluentes Horcajo y Sacedillo, y los del Tamujar; Villalón y Plata Chica. Este nivel de irrigación permite a esta 103 GARCIA, 1982, 76-79. El exhaustivo trabajo documental de esta publicación nos ha permitido llevar a la cartografía toda la información (con la corrección de algunas erratas) que ha dado lugar a los mapas temáticos que sobre la cartografía base de la Junta de Andalucía, hemos elaborado para Fuente Palmera. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 117 terraza del Guadalquivir, a diferencia de la de Luisiana, poseer una red de pequeños asentamientos más tupida. Otros dos ámbitos de perímetro irregular se encuentran a noreste y suroeste respectivamente del anterior. El primero de 1.136 Ha entre los arroyos Picachos y Guadalmazán, es el único que inicialmente no se parcela quedando como dehesa, y el segundo de 1.488 Ha, entre el arroyo Culebras y el valle río Genil, se encuentra en una meseta de suave pendiente alejada de los terrenos fértiles. El cuarto lienzo de tierra, de mucha menor entidad, se encuentra al sur de los otros en forma de franja quebrada que acompaña a cañadas preexistentes en la zona. La singularidad de esta población al margen del camino C-M, obliga en este caso a decidir tanto el trazado del camino principal de reparto a todos los caminos paralelos entre las bandas, como la ubicación del núcleo principal de la población. En las otras dos poblaciones la localización de éste quedaba prácticamente determinada por la confluencia entre las condiciones exigidas al medio para la localización de un asentamiento y su necesaria ubicación sobre el camino existente. De la correspondencia entre los responsables de la colonización, sabemos de la elección de una terraza proyectada sobre el valle del arroyo de la Plata Chica, que contaba con una fuente junto a una palmera. Su posición evidencia una voluntad de centralidad dentro del mosaico de terrenos que componen el término, aunque para ello quede muy excéntrica en relación al lienzo principal en el que se sitúa. La implantación del centro administrativo y de servicios, muestra además la intención de hacer coherentes su estructura urbana y el dispositivo de registro del territorio. Opera como intercambiador recogiendo las conexiones con otras poblaciones cercanas -Écija y Carlota-, y las del resto de las aldeas de la población. Esto se produce integrando la geometría de los ejes de la plaza con los caminos que parten en una dirección hacia Carlota y en la otra hacia Écija, al tiempo que se prolonga éste último en el interior del lienzo principal del término como eje de distribución. Su trazado ex-novo, su exacta orientación Norte, y su precisa perpendicularidad a las bandas parcelarias cada 1.000 varas, le otorgan al dibujo final del territorio de la población un nivel de abstracción y artificialidad mucho más alto que el de Luisiana y Carlota. No parece sin embargo, a la vista del plano de Ampudia y Valdés, que la orientación sea la más ajustada al perímetro del término y a su leve pendiente. Puede que precisamente la condición fundamentalmente plana de éste y la complejidad añadida por su fragmentariedad e irregularidad impulsaran, dentro de la panoplia de direcciones posibles del eje principal, la más abstracta NorteSur. La decisión de adoptar el esquema urbano como enlace de los ejes: camino desde la capital rematado con el fondo de perspectiva de la capilla, y perpendicular a éste; camino desde Écija prolongándose en continuidad como espina de reparto a las bandas de suertes, limitaba a un arco la panoplia de Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 118 orientaciones más favorables del eje principal. Este arco oscila entre la dirección Noroeste, en paralelo al valle del Tamujar, y la dirección Norte. Cualquier dirección que sobrepase a la primera en sentido anti-reloj da lugar a un eje que no da acceso a todos los caminos entre-bandas y que se sale del propio término. Y cualquier dirección fuera del arco en sentido reloj plantearía problemas a la dirección perpendicular para dirigirse hacia Carlota a través de Fuencubierta, alargando innecesariamente las conexiones con la mayoría de aldeas, y pasado un ángulo empezarían a quedar bandas inaccesibles. En principio, dada la geometría del término y su orografía, podría parecer que el paralelismo con el valle del Tamujar, podría ser el que diera lugar a un reparto más regular y racional. Pero al estar fijada la posición del núcleo principal, este camino discurriría en dos tramos importantes prácticamente pegado a los arroyos Villalón y Plata Chica. Esto supondría dos problemas: desperdiciar los mejores suelos para cultivo en infraestructura, y organizar un camino de reparto que requiere cada 1.000 varas, tras cada cruce, de un puente sobre el arroyo. Un segundo esquema podría haberse planteado trazando el eje principal como una línea recta entre Fuente Palmera y Aldea del Río, en una articulación similar a las parejas de asentamientos más distantes en las otras poblaciones, como Fuencubierta-Carlota, Quintana-Carlota o Campillos-Cañada. La accesibilidad a las aldeas sería óptima, la continuidad hacia Écija también, la regularidad del parcelario casi tan bueno con en la hipótesis previa, e incluso mejor en el lienzo de las aldeas de Fuente Carreteros y Silillos, y la orientación del eje perpendicular como camino a Carlota podría ser aceptable. Quizás la opción tomada no sea -con el instrumental que tenemos hoy-, mejor opción que ésta, pero está muy próxima en prestaciones, y desde luego cuenta con la ventaja de su facilidad de replanteo al apuntar al Norte. La orientación que se dio finalmente al loteo tenía una gran capacidad de integrar requerimientos de muy diversa índole. Por un lado se conseguía injertar de manera muy sencilla y eficaz el nuevo artificio armado por la ordenación, sobre el haz de comunicaciones preexistentes, al utilizar el eje pasante del tipo urbano planteado, como espina vertebradora de las bandas de suertes, enganchada a la conexión con Écija a tres leguas y media. Esta orientación del colector principal de comunicaciones consigue además superar la desventajosa posición excéntrica del núcleo, respecto del trozo de tierras más grande a repartir al disponerse en su diagonal. Y, por otro lado la orientación convencional de iglesia -Este-Oeste-, que en otros pueblos de Andalucía por esas mismas fechas ha producido destrozos en la trama urbana, se subvierte completamente en este caso para integrarse en el esquema territorial como elemento simbólico al final del eje que llega desde Carlota y se remata en la plaza. La coherencia entre la parrilla parcelaria y el sistema de poblamiento no se reduce al núcleo principal. Las zonas de suertes más distantes al núcleo principal dan lugar a la concentración de los colonos, bien sea en forma de aldeas de una Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 119 cierta entidad, como ocurre hacia el norte con la Aldea del Río -a 1.3 leguas-, y hacia el sureste con Fuente Carreteros -a 1.3 leguas-, o en forma de urbanización lineal a lo largo de un camino como ocurre hacia el sur en la Cañada que lleva a Écija. A estas dos aldeas se hacen corresponder los ámbitos territoriales más extensos. La primera asume en exclusiva el departamento 4º, mientras que a la segunda corresponde un porcentaje muy importante del 5º. Sólo a la cabecera municipal le corresponde una superficie parcelaria mayor. Los cinco restantes asentamientos situados en una corona intermedia equidistantes media legua entre sí y a distancias de Fuente Palmera que oscilan entre la media legua de Silillos, y algo menos de una legua de Villalón, tienen una menor asignación de colonos, lo que redunda en un tamaño urbano menor a las anteriores. Lo que comparten casi todas las aldeas, independientemente de su tamaño, es la implantación topográfica en un plano alto, junto a una o dos laderas de fuerte pendiente hacia un arroyo, en torno al cual encontramos una fuente, con abrevaderos, y, según cuentan los mayores, con lavaderos hoy desparecidos. También se puede observar una relación clara entre el tamaño del núcleo original y el número de colonos que habían de ocuparla en relación al ámbito territorial del que disponían. La presencia de Desnaux en Fuente Palmera como ingeniero a cargo de la planificación urbana, el levantamiento del mapa, y más tarde como máxima autoridad responsable de la población, hasta que es reclamado para volver a La Carolina, nos ha legado dos planos de gran valor: el del propio núcleo principal, y uno de una aldea, supuestamente tipo para todas. La construcción final de Fuente Palmera se produce con cambios significativos sobre el dibujo previo, debido a que en éste, a excepción de la iglesia, el resto de Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 120 edificios que aparecen rotulados con sus diferentes caracteres, se dibujan en cambio, como simples casas de colonos todas idénticas. Es comprensible que en el momento de construir cárcel, pósito, sede del Concejo…, cada programa demandara una respuesta específica no recogida en el plan urbanístico. Sin embargo el plano de la aldea es idéntico en esquema y medidas a la planta de Aldea del Río, y opera como referente organizativo en los casos de Fuente Carreteros, Herrería y Ventilla. La primera es prácticamente idéntica a Aldea del Río, lo cual es comprensible dada la organización territorial planteada, con la diferencia de que el eje viario sólo se proyecta en una dirección, por la implantación de una ermita en la boca calle que queda en enfrente, quedando la solución final como híbrido entre el tipo genérico de aldea y la solución de la cabecera municipal. Ventilla es como Aldea del Río pero con casas de una vara menos de fachada y con las calles paralelas de 5 en vez de 7 varas. Herrería sigue el modelo de Fuente Carreteros, con la misma pauta de reducción. Este juego cruzado de esquemas y tamaños sólo tiene explicación desde la lógica territorial. Fuente Carreteros tiene ermita desde el inicio por la excesiva lejanía a la capilla de Fuente Palmera. En este mismo sentido si Aldea del Río no la tiene, a pesar de estar a la misma distancia, es porque con la ubicación de la ermita en Herrería, que en principio es de menor entidad, se consigue dar servicio también a Peñalosa y a Villalón. Si bien a Herrería le corresponde un ámbito territorial menor, su centralidad respecto a las otras tres aldeas que distan sólo media legua cada una, la marcan como el lugar idóneo para aproximar este servicio al máximo a los colonos con el mínimo gasto en dotaciones, hecho clave para fomentar la producción, disminuyendo los tiempos empleados para moverse a entre las distintas actividades. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 121 Las tres aldeas restantes parecen estar, estructuradas según otro tipo diferente, que usando también una plaza para la concentración de las casas de colonos, se dispone con una doble simetría, utilizando sólo dos vías pasantes por puntos medios de las fachadas de la plaza. Este tipo tiene una capacidad algo menor al dibujado por Desnaux que agrupa 16 casas, por lo que probablemente se usara en aquellos emplazamientos destinados a menos de 12 casas. De hecho tanto en Silillos como en Peñalosa, no se llega a cerrar la plaza en los primeros años cuando los ingenieros están dirigiendo la operación en la población, y su crecimiento posterior desvirtúa bastante el tipo original. Este tipo que sólo se usa en tres aldeas en Fuente Palmera, es sin embargo el más utilizado en las de Carlota. Apoya el argumento de la diferencia de las razones por las que se usa este tipo el hecho territorial del pequeño número de dotaciones que corresponden estos núcleos. Para armar una hipótesis sobre la relación entre las dotaciones repartidas y el lugar de residencia de sus colonos, hemos utilizado el listado de colonos de la población en 1770, rescatado por M.I. García Cano de los archivos, y las planimetrías de la época donde aparecen las suertes enumeradas. Espacio Central (medidas en varas) eje ancho superficie tipo ancho eje vial ancho vial secundario Fuente Palmera 43 49 2107 eje+2 9v 8v Fuente Carreteros 39 39 1521 eje+2 9v 7v Ochavillos 39 39 1521 eje+2 9v 7v Herrería 35 31 1085 eje+2 9v 5v Ventilla 34 32 1088 eje+2 8v 5v Villalón 34 34 1156 cruz 8v 7v Peñalosa 30 32 960 cruz abierta 8v Silillos 33 33 1089 cruz abierta 9v Luisiana 50 48 2400 eje+2 8v 6v Campillo 51 50 2550 eje+2 8v 6v Cañada rosal 51 35 1785 eje+2 9v 6v Carlota 61 62 3782 eje+2 10v 6v Fuencubierta 42 42 1764 eje+2 10v 4v Petit-carlota 35 34 1190 cruz 9v 8v Garabato 37 34 1258 cruz 8v 8v Pinedas 46 34 1564 cruz-rect 8v 8v Quintana 36 34 1224 cruz-irreg 9v 7v Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 128 programa de necesidades articulado y de las condiciones específicas de cada término. Podríamos por tanto una vez descrito el sistema de poblamiento en cada municipio, extraer unas pautas de ordenación generalmente utilizadas, y analizar desde esta perspectiva las singularidades. En las tres poblaciones la cabecera administrativa, lugar de ubicación del pósito, de la actividad comercial y de residencia de artesanos, se localiza sobre la red de caminos preexistentes, como eslabón de enganche entre la producción agropecuaria y su comercialización. Esta condición de nodo de intercambio, produce una estructura urbana planteada como integradora del trazado del camino que la conecta a las otras ciudades, y de la relación con el sistema de bandas parceladas que se extiende en el término. Quizás sea Fuente Palmera el exponente más destacado de esta integración, quedando Luisiana menos articulada en este sentido, debido probablemente a su excentricidad y la dificultad que le plantea el soporte topográfico sobre el que se asienta. El paso del camino C-M por Luisiana y Carlota da pie a la utilización del mismo esquema organizativo. Al norte del camino, a una cierta distancia de éste en un alto se localiza la plaza con el templo cerrando la perspectiva del eje viario que la conecta con el camino. En la dirección perpendicular, dos calles salen de la plaza por los extremos. La que está más próxima al camino conduce a unas varas de distancia a un segundo espacio urbano abierto a éste. Ambas plazas tienen asignadas diferentes funciones. La primera acogía los servicios locales y residencias de las autoridades; la segunda debía operar como “vestíbulo” urbano de la población dando espacio a la posada y probablemente soporte al mercado semanal. Lo urbano no se conforma por tanto ni como una figura geométrica, ni tampoco como el germen de una trama de manzanas pensada para extenderse. Se estructura básicamente a través de la integración de los diferentes tipos arquitectónicos dictados por el programa, y su ubicación adecuada en función de su papel dentro de una escena urbana planteada para la confluencia. Si en los planos de Desnaux para los asentamientos de Fuente Palmera queda manifiesto el entendimiento de estos núcleos como entidades cerradas, no se percibe lo mismo en los casos de Luisiana y Carlota. Son pequeñas entidades rurales también planificadas para un número de colonos y una serie de edificios dotacionales determinados, y por tanto no pensadas para crecer, como evidencia el limitado soporte topográfico elegido para su asentamiento. Sin embargo están planificadas para integrar y dar servicio a todo el sistema lineal de poblamiento que se articula a lo largo del camino, dando lugar a una ingeniosa solución para el problema, que tanto preocupaba a Olavide, de la relación entre residencia, trabajo y prestación de servicios. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 129 Organización del territorio, proyecto urbano y doctrinas y políticas para la creación de riquezas se conjugan así para dar lugar a un nuevo territorio. La importancia otorgada a su puesta en carga productiva y a las infraestructuras de transporte como vehículo de circulación de dinero y mercancías, tiene su reflejo en la articulación de nuevos sistemas de poblamiento. A medida que las técnicas de explotación del territorio y de transporte vayan sofisticándose a lo largo del XIX y XX iremos asistiendo a la formalización de cada vez más propuestas en este sentido; ciudades lineales, Broadacre, Plan Obus para Argel… Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 130 Sin embargo no estamos ante un invento de los agrimensores e ingenieros militares en La Parrilla. Podemos ver tendencias de crecimiento en algunos pueblos de Sierra Morena que están pasando de ser pequeños núcleos medievales, a principios del XVIII, a tener un crecimiento importante, que se producen también muy apoyados a lo largo de los caminos y con espacios urbanos de transición con los núcleos centrales como soporte del creciente comercio intermunicipal de la época. A diferencia de las dos poblaciones urbanizadas en el camino Cádiz-Madrid, Fuente Palmera era fondo de saco, y se conectaba con Carlota hacia el Este y con Écija hacia el Sur. La ausencia por tanto de un camino de paso, marca a esta población con el carácter exclusivo de centro administrativo y de servicios de su término. Morfológicamente por tanto es más sencilla, y se reduce a un agrupamiento de edificaciones en torno a una plaza, cuyas dimensiones vienen determinadas en gran medida por el número de unidades edificatorias que la componen. El esquema es muy similar al de las plazas de Luisiana y Carlota sólo que al agrupar un menor número de construcciones tiene un menor tamaño. Aunque las edificaciones están claramente volcadas hacia el interior, por tanto con los corrales como fachada urbana, se percibe en el plano de Desnaux una preocupación por la imagen de la población hacia las entradas en el hecho de plantar con árboles los bordes visibles desde los caminos, que a su vez también se flanquean de la misma manera. Hay aquí por tanto una cierta preocupación paisajística, vinculada a la imagen que desde los caminos se tiene de la población, puesto que la espalda que no es visible no se formaliza. Es interesante además la relevancia que se le da al camino que va hacia Carlota, donde las líneas de árboles se trazan independientemente a los bordes generando espacios públicos perimetrales. Al margen de esto, los dos planos de Desnaux sólo representan a las poblaciones como resultado de la agrupación de tipos prácticamente idénticos, donde tan sólo la capilla en la cabecera da una nota diferente. Estos tipos difícilmente los podemos reconocer hoy como viviendas o casas. No llegan al nivel de sofisticación de las casas de la misma época en la Sierra de Aracena, pero sí comparten a menor escala un carácter de casa-factoría. Cuando Olavide resalta la importancia de que los labradores vivan próximos a sus tierras, argumenta que emplearán menos tiempo en desplazamientos, y que así será posible que tanto hijos como esposa puedan colaborar con el ganado, en las labores agrícolas, o bien elaborando a partir de la materia prima recogida algún tipo de producto comercializable. Cuando prescribe en su Informe lo que ha de construir el colono: “hogar, dormitorio y corraliza”, está enunciando el programa que vemos reflejado en las plantas del tipo usado. Un tipo que si bien no es original en Andalucía en la época, sí supone un salto importante respecto a las edificaciones de siglos anteriores. La gran dimensión de la fachada -entre 12 y 13 varas-, en relación al relativamente pequeño tamaño de la construcción, Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 131 además de evidenciar la ausencia de constricciones en cuanto a la cantidad de suelo, muestra la importancia de la corraliza en el programa. 104 Para que ésta tenga una dimensión suficiente para los animales asignados, la fachada tiene que ser importante. Esto supone que de toda la superficie del tipo, los espacios vinculados a la labor ocupan un porcentaje importante, sobre todo si tenemos en cuenta que el hogar al tiempo que espacio doméstico es también productivo, y que sobre la crujía edificada se ubica el doblao -doble cubierta literalmente-, que opera como almacén, pajar y secadero de frutos, al tiempo que funciona como colchón climático. Es importante esta mirada a la casa tipo de las nuevas poblaciones porque es necesario rescatarla de su condición de pieza que forma parte de una manzana para entender cómo opera morfológicamente. Cuando Desnaux dibuja los planos para los asentamientos, nunca trabaja con manzanas, ni establece una cuadrícula para ser ocupada. Nunca aparecen más de dos o tres unidades acopladas, y de hecho cuando se agrupan el resultado son alineamientos, de edificaciones con sus corrales traseros que sólo en pocos casos y tras décadas llegan a trasdosarse con otras edificaciones, puesto que esto suponía una importante dificultad para el acceso de las bestias. Lo que comparten los 15 asentamientos de Baja Andalucía -sin contar Luisiana y Carlota-, es sin duda su condición de plaza en torno a la cual se disponen las edificaciones. Pero en realidad la plaza es el resultado de decisiones que no tienen que ver con su espacio en principio, aunque acaban configurándola. En todos los caso la plaza depende en primera instancia del número de unidades productivo-residenciales que la población tiene que acoger. Si este número es inferior a 12 se organiza con dos piezas en cada cara separadas por la calle que entra en el eje, y el resto se disponen en los accesos. En el caso de tener que ubicar a más colonos el esquema cambia. Las piezas se agrupan en parejas frente a la plaza, en una dirección dos pares a cada lado del camino que entra por el eje de la plaza, mientras que en la otra un par se coloca en el eje desdoblando el viario en los extremos. Este mismo esquema se utiliza en las aldeas de Luisiana pero produciendo agrupaciones mayores. Otros factores determinantes del espacio urbano de la plaza son la presencia o no de capilla, la dimensión de fachada del tipo usado que oscila entre 12 y 13 varas, y la escala de estas edificaciones que en unos casos cuentan con doblaos algo más dimensionados que otros. La decisión del número de colonos que habían de conformar una población estaba a su vez vinculada a un factor territorial. La imposibilidad de distribuir los asentamientos con una lógica geométrica exacta de reparto y distancias, dadas las especiales condiciones que habían de tener los enclaves, unido a lo azaroso 104 OLAVIDE, 1799, tomo IV, 176, “Sobre todo haré hacer un corral grande. Esta es la pieza más importante; en que habrá abrigo para mis gallinas y pavos, habrá un establo para mis vacas; otro mayor para mis ovejas, no faltará un lugar para mis puercos; ni un grande hoyo o estercolero para echar a pudrir y dejar madurar el estiércol de mis ganados.” Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 132 del perímetro de las tierras incluidas en el proyecto, se compensa a través del tamaño de la entidad. Son mayores a nivel general, en la medida en que tienen asociado un departamento o parte de él de mayor tamaño, bien sea porque la aldea está a más de una legua de su núcleo principal, o bien porque dentro de la red de asentamientos tiene que asumir por distancias respecto a otros, o por el trazado del borde un mayor número de dotaciones. En general la mayor parte de la población o reside en alguna aldea de la red o bien en el conglomerado urbano formado por la cabecera municipal y el rosario de casas que se le acoplan a lo largo del camino. La población dispersa restante suele situarse en el espacio intermedio entre estos dos sistemas de asentamientos. Es decir nunca en los extremos más alejados del término, donde como hemos visto en los tres casos se sitúan las aldeas de mayor entidad. Hemos cubierto hasta aquí un análisis de la realidad de las Nuevas Poblaciones de Baja Andalucía desde lo territorial a escala de la región, hasta el tipo arquitectónico pasando por el hecho urbano. Esto nos coloca en disposición de reabrir algunos temas que entendemos han de revisarse y servir para un posterior debate. 1.- La cuestión de la colonización, al menos en estas poblaciones, es secundaria, y la utilización de colonos extranjeros más secundaria aún. El brillo de la historia de miles de colonos centroeuropeos dirigiéndose hacia Andalucía y las dificultades de gestión de una operación así ha tenido un protagonismo excesivo. Se ha llegado a transmitir la impresión de que el ofrecimiento de Thurriegel es el motor o al menos una clave importante de la operación. No se ha encontrado todavía evidencia documental de lo que pensaba Olavide al respecto del uso de colonos extranjeros para poblar los desiertos del interior de la nación. Pero conocemos dos cosas: que no lo aprobó cuando se planteó la oferta para Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 133 colonizar las Indias, y que entendía que la necesaria reforma agraria tendría que introducirse progresivamente a través de una reordenación territorial y de un cambio de cultura. Para la reordenación del territorio no hacían falta colonos, puesto que se trataba de redistribuir a la población existente en las ciudades como hemos visto. Quizás para introducir una nueva cultura sí necesitase de un material humano diferente, pero sólo como detonante para descarrilar las malas costumbres seculares, y mostrar nuevas posibilidades. Por tanto en el caso de asumir que los colonos extranjeros jugaban algún papel, más allá de la propaganda, este papel es exclusivamente táctico. El que gran cantidad de colonos perecieran o abandonaran no puede leerse como un fracaso, puesto que no eran lo esencial de la operación. De hecho Olavide los fue sustituyendo progresivamente por españoles, hábiles en la labor pero sin tierras, durante los años en que gestionó las poblaciones. Lo importante de la operación ha quedado oculto por la épica de la “colonización”, porque el asombro ante la cantidad de personas, hectáreas y tareas envueltas en la operación y sus dificultades en aquella época nos han impedido valorar la verdadera dimensión del intento. Olavide no tiene un plan o un proyecto global para Andalucía, pero sí tiene un conocimiento preciso de ésta y un diagnóstico de sus problemas y potencialidades. La conciencia de su realidad le impide pensar que puedan legislarse o planificarse las soluciones, aunque sí tiene claro los objetivos y las líneas directivas para arrancar procesos de cambio. A partir de aquí se lanza por múltiples vías a experimentar, desde la convicción -que luego reforzará exiliado en Francia durante la Revoluciónde que un cambio cultural no se juega en una única batalla, y ni se impone desde una élite de poder. La apuesta de cambio, tiene el objetivo de aumentar la riqueza y llevar a la población desocupada de las enormes ciudades andaluzas a los enormes desiertos, para promover el bienestar general de todos, a través de su puesta en producción. La nueva cultura tiene que ver con la centralidad del trabajo en la vida. Todos han de trabajar, y han de hacerlo todos los días, menos en las fiestas. Y además al ser esta la vía de superación de una vida miserable, ha de disfrutarse con el trabajo. Una de las grandes ventajas que Olavide encuentra en la localización de las unidades familiares junto a su terreno, es el consecuente alejamiento de los lugares del “vicio” habituales que arruinan la nueva forma de vida que pretende articularse en torno al trabajo. Si la ganadería de cucaña es oficio de holgazanes, que viven a costa del esfuerzo de los labradores que cultivan la tierra, éstos tampoco tenían, dada la distancia entre residencia y campo, una rutina de trabajo mucho mayor. Tras la sementera y sobre todo en invierno el campo quedaba prácticamente abandonado hasta la llegada de la primavera, en la cual los días de lluvia se perdían también como laborables. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 134 De cada familia trabajaba sólo el padre y muy circunstancialmente, quedando por tanto gran tiempo todos demasiado cerca del peligro de las tabernas y de una vida ociosa. El nuevo sistema poblacional está diseñado para que todos trabajen, y lo hagan además seis días a la semana. La propiedad útil libera a los humildes de la miseria pero sólo a cambio de jugar un duro papel en la cadena productiva. También por tanto se organiza un nuevo tipo de ocio funcional con los objetivos generales del proyecto. Para ello es necesario disponer un nuevo escenario de gran originalidad. Se trata de la ordenación de una alameda en el borde de la población para el paseo de los ciudadanos. Este paseo está concebido como actividad donde los ciudadanos evidencian y muestran el resultado de su trabajo, a través de sus ropas y complementos. Para amenizarlo deben disponerse en este espacio “diversos juegos, en que según su edad y gusto puedan entretenerse, como por ejemplo de pelota, de bochas, de bolos, de tirar a la barra y otros de esa especie, que al mismo tiempo los distraen de la taberna y otros vicios, y aumentan la agilidad y las fuerzas.” Es transparente que además del entretenimiento se persiguen otros fines, como estimular la competitividad e indirectamente “el amor al trabajo”, o formar a los rústicos labradores en el aseo y el aliño “para presentarse con mayor decencia; y este cuidado de limpieza, que es tan útil para la salud del cuerpo, influye mucho para suavizar la aspereza del trato humano, y afinar la natural rusticidad y grosería de los que ven poco a las gentes. Al mismo tiempo el deseo de vestirse con alguna distinción es un vivo estímulo que nos incita al trabajo, pues el sólo les puede dar los medios de obtenerlo. Y todo esto produce en los ánimos un sentimiento común de benevolencia, cortesía y atención, que se derrama en todos, que se hace general, y de que resulta lo que se llama urbanidad; calidad necesaria para que una sociedad de hombres pueda vivir con dulzura y atención recíproca: y calidad que no pueden tener los hombres groseros, que cubiertos de grasas se esconden en sus andrajos, y viven separados unos de otros, como los osos en sus cuevas.” 2.- El discurso ilustrado de Olavide es una permanente demostración de las positivas y variadas repercusiones que una gestión racional del territorio puede desplegar. El compendio normativo que propone en su Informe se jacta de su capacidad para producir riqueza, dinamizar la producción agrícola y ganadera, utilizar los recursos de esta acumulación primaria para poder desarrollar industria y comercio, mejorar las condiciones de vida de la población, aumentar la población activa al tiempo que se libra a las ciudades de la multitud de mendigos que la habitaba y en definitiva transformar integralmente el paisaje de la nación embelleciéndolo. Para el pensamiento ilustrado español un paisaje bello tiene que ver con la configuración de un nuevo paisaje artificial registrable a través de una red de canales y caminos para fomentar la circulación de las riquezas, al tiempo que compartimentado por cercas con hileras de árboles asociados, y tapizado en Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 135 forma de mosaico de cultivos, organizados según las técnicas importadas de rotación y praderas artificiales. En contra de la imagen que superficialmente puede ofrecer la estructura territorial que se intentaba construir, de potenciación de una población ruralizada, mayoritariamente dispersa en los campos, el objetivo del gobierno ilustrado es el de urbanizar el territorio. Para Olavide la estructura territorial de Andalucía sólo es explicable desde “la desgracia de las guerras interiores que sufrió la Nación con los Moros (que) obligó a que por temor de las inopinadas incursiones se abandonase la habitación de los campos, y que cada Población se reconcentrase en un punto, para no ser sorprendida y defenderse mejor” y la posterior “falta de ideas sobre economía política”. Frente a una red de ciudades de cierta entidad heredadas de una construcción territorial militar medieval, y ante el nuevo papel del saber como norte político, el reto es el de articular un nuevo sistema de poblamiento de marcada jerarquía funcional, con los objetivos de poner en producción el país, y llevar los servicios y la urbanidad hasta el último rincón, como vía para fijar la población en el medio, al tiempo que se le dota de recursos y de una cierta formación. 3.- Es importante destacar cómo quienes se embarcan en la aventura de construir su mundo, o reformarlo, operan desde campos supra-disciplinares, algo que posteriormente sólo podremos volver a contemplar en contadas ocasiones: las vanguardias de principios de siglo XX, o los recientes intentos desde las ciencias de la complejidad, o los cultural studies de superar la compartimentación del conocimiento como vía de avanzar en éste. La integración de las políticas, la transversalidad del conocimiento, la flexibilización de la planificación, la importancia de la experimentación, la racionalidad carente de homologación, están presentes en el trabajo de las Nuevas Poblaciones y reclaman nuestra atención precisamente por la dificultad que hoy tenemos ante la descoordinación de las políticas, el aislamiento disciplinar, la excesiva importancia que se otorga al cierre de un plan en relación al frecuente olvido de su gestión, el abandono a las soluciones ya ensayadas y la desconfianza ante procesos donde no podemos anticipar totalmente el resultado. Sería necesario preguntarnos, una vez desarrollada la ponencia y demostrado el alcance y materialización de las propuestas que los políticos ilustrados españoles llevaron a la práctica, por qué existe el prejuicio, difundido evidentemente por intelectuales españoles de reconocido prestigio, de que la ilustración española constituye una insignificancia histórica, ya sea por no ser más que “una secuela de doctrinas foráneas” o bien por no ser considerada una realidad “genuina”, como planteaba Menéndez Pelayo, o como se lamentaba Ortega y Gasset la “desastrosa ausencia del siglo XVIII español”. Esto ha permitido ignorar el pensamiento de la ilustración española, trayendo como nefasta consecuencia el hecho de que la identidad cultural española es previa a la Ilustración y que Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 136 ciencia, progreso, avances tecnológicos y exactitud epistemológica, no tienen cabida en nuestro ámbito cultural. La razón que impide dar estatuto de existencia al pensamiento ilustrado español, es el temor de que su reconocimiento traería inevitablemente a la escena histórica, entre otras cosas, el rasgo inequívoco de la Ilustración como actividad crítica, lo cual pondría en peligro el orden de las cosas existentes, porque, y seguramente sea lo más importante, la represión de la figura histórica de la Ilustración garantiza el ocultamiento de los elementos constituyentes de la modernidad española, cuya presencia traería como consecuencia la visualización de los esfuerzos y preocupaciones, como ha quedado patente en esta ponencia, por construir una parte de nuestra identidad histórica bajo el signo de la crítica y de la transformación social. Otro efecto de este ocultamiento de los logros del pensamiento ilustrado, tiene una consecuencia más dramática, como es la construcción de una alteridad al yo hispánico y “castizo”, afirmando que los ilustrados son los “otros”, la “otra España” como maldecía Menéndez Pelayo, refiriéndose a este territorio histórico y nombrándolo como de las “dos Españas”, -tradicionalistas vs afrancesados, aristotélicos vs novadores…-. Y esta insolvencia intelectual, se funda en el objetivo de impedir el avance y la legitimación intelectual de los intentos por desarrollar la modernidad, ya que todo progreso se legitima desde la reconstrucción de la continuidad histórica de aquel pasado de esplendor y grandeza. Es a través de este mecanismo como el progreso se torna tradición y cualquier referencia a la modernidad es ajena al espíritu español, por tanto, progreso y tradición son una misma cosa, que plantea frente a las incertidumbres del presente, instalarse en el inmovilismo que construye la tranquilizadora opción de insistir en que las cosas no cambien, y cuyo objetivo no es plantear una vuelta atrás, sino saturar la herida abierta, momentáneamente, por la modernidad, en la unidad de destino histórico de eso que venimos llamando España. Territorio y paisaje en Andalucía en el siglo XVIII 137 Bibliografía CARANDE, R. Informe de Olavide sobre la Ley Agraria, Madrid 1956 DEFOURNEAUX, M. Pablo de Olavide. El afrancesado, Sevilla, 1990 DOMÍNGUEZ, A. Carlos III y la España de la Ilustración, Madrid, 1996 FERIA, J.M. Andrades, F.J. Ruiz, Redes de Centros Históricos en Andalucía, Sevilla, 2002 GARCÍA, M.I. La colonización de Carlos III en Andalucía. Fuente Palmera 17681835, Córdoba, 1982 OLAVIDE, P. El Evangelio en Triumpho o historia de un philosopho desengañado, Madrid, 1799 OLIVERAS, J. Nuevas poblaciones en la España de la Ilustración, Barcelona, 1998 PAULA, A. de. Las nuevas poblaciones en Andalucía, California y el Río de la Plata. 1767-1810, Buenos Aires, 2000 SAMBRICIO, C. Territorio y ciudad en la España de la Ilustración, Madrid, 1991 TYRAKOVSKI, K. Principios de ordenamiento espacial al colonizar la sierra morena entre 1767 y 1835, Las nuevas poblaciones de Carlos III en Sierra Morena y Andalucía. Actas del 1º Congreso, Córdoba, 1985, pp 75-90 La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 144 trabajadores en su tiempo de ocio, mediante actividades formativas de la ciudadanía y promotoras de la sociabilidad y del consumo como el teatro y el paseo. Las nuevas poblaciones de Sierra Morena y la Campiña El proyecto de creación de Nuevas Poblaciones en Andalucía fue posible en primera instancia por la confluencia de intereses entre el sector del Consejo de Castilla vinculado al sector mercantil -comprometido con la mejora de la seguridad de la carretera Madrid-Cádiz-, y los secretarios de estado de Carlos III, promotores de reformas más amplias, tendentes a aumentar la población y su capacidad productiva, y a reducir la enorme brecha social entre las masas de jornaleros y un escuálido número de familias privilegiadas, que impedía el desarrollo de una estructura de mercado moderna, al tiempo que dibujaba en las ciudades un paisaje de masas de población muy pobre y ociosa. El análisis de las diferencias entre el texto del Fuero redactado para la colonización de Sierra Morena, y su implementación material sobre el territorio nos permite profundizar en la comprensión de los objetivos de los agentes implicados en el proceso, y abordar con mayor rigor una evaluación tanto de las directrices e intenciones emanadas del Consejo de Castilla, como de las estrategias y reformulaciones producidas en la gestión directa del proyecto en la Sierra. En el Fuero se disponía que los asentamientos –de entre 15 y 30 casasse localizasen siempre en la carretera o en sus proximidades, y que en los casos en que las distancias desde éstos a las suertes fuesen mayores a un cuarto de legua, se construyesen sus casas en las propias suertes. Entre tres y cinco poblaciones constituían el rango para formar un Concejo y compartir así iglesia, cárcel, casa consistorial, escuela de primeras letras y mercado franco semanal, optimizando las dotaciones y por tanto la inversión de la Corona en la empresa. En paralelo se establecían criterios adicionales de localización indicativos de la preocupación por las condiciones de salubridad -de cara disminuir la mortalidad y asegurar un mayor crecimiento poblacionaly de seguridad para los viajeros del camino y de los propios lugares, a través de una regulación de distancias máximas entre asentamientos. La transposición gráfica literal y abstracta de estas disposiciones da lugar a una estructura formal coherente que vincula un número de suertes concretas; dieciséis, con un asentamiento formado por idéntico número de casas, que cumple con el requisito de distancias entre poblaciones y entre casa y suerte. A su vez la agrupación de entre 3 y 5 de estas poblaciones nos permite conocer la extensión que indirectamente establecía el fuero para un Concejo, que estaría entre las 2.560 y 5.120 Ha. La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 145 Aunque todos los artículos del fuero que dan criterios numéricos concretos llevan aparejados vías de escape ante las singularidades del solar, el concepto espacial que se deduce del diagrama generado por sus directrices, es el de una articulación territorial de carácter axial, con escasa permeabilidad en la dirección perpendicular a la carretera. La realidad de las nuevas poblaciones levantadas con este fuero dista sin embargo mucho de limitarse a reflejar esta estructura territorial construida en torno a la carretera, y desarrolla alternativas a partir de las excepcionalidades que permitía una interpretación muy abierta del articulado de la ley, que nos llevan a concebir que los gestores de la colonización sobre el terreno tenían una perspectiva mucho más amplia de la empresa. Dos hechos históricos probados apuntan además en esta dirección. Por un lado la orden del Consejo de Castilla amparando el trabajo de Olavide frente a las denuncias dimanadas de la polémica visita de los inspectores del propio Consejo, pero que recordaba al Superintendente su obligación de sujetarse al Fuero y abandonar las poblaciones que estaban fuera de la carretera. Por otro lado la propia cronología del proceso colonizador, en la que Olavide envió agrimensores a los baldíos reales situados en torno a Écija antes de solicitar a Madrid el permiso para ampliar el proyecto a un nuevo solar muy diferente al de la Sierra, con la excusa de estar también en la carretera, y de demandar de una intervención del Intendente para poner en carga las propiedades que los Jesuitas tuvieron que ceder al Estado cuando fueron expulsados el año anterior, en 1767. Cuando Olavide planteó la solicitud, ya conocía los terrenos, los tenía cartografiados, y a pesar de que la planteaba amparado en la reactivación de la explotación de la mencionada finca de los Jesuitas –de cuyas casas andaluzas Olavide utilizó los muebles y enseres para equipar el proyecto de las nuevas poblaciones, con el beneplácito de sus superiores-, ésta no es más que una pequeña porción de lo que tenía previsto repartir. Esto le costó la primera gran polémica con la aristocracia astigitana que reivindicaba esos suelos como propios frente al equipo ilustrado que los consideraba baldíos reales. Aunque Olavide llegó a la península desde Perú, no es posible que desconociera que Écija -una de las ciudades mayores de Andalucía en el siglo XVIII-, se reputaba por la acumulación de un gran número de aristócratas latifundistas, muchos de los cuales eran además Grandes de España. Debía existir por tanto un interés especial en situarse en ese lugar, ubicado en el centro de la campiña andaluza, con fachada a todos los nacionales y extranjeros que viajaban entre Madrid y Cádiz, y en estrecho vecindario –rodeando de hecho-, con el colectivo probablemente más diametralmente opuesto a su concepto de territorio y sociedad. Tras un levantamiento sobre cartografía actual del sistema de asentamientos, y de la estructura de loteos agrarios que se configuró en ambos espacios andaluces, en comparación con los parámetros regulados en el Fuero podemos La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 146 extraer unas primeras conclusiones generales. Si bien la realidad de la colonización se distanció bastante del modelo territorial previsto en la letra del Fuero, tanto en la Sierra, como sobre todo en la Campiña, no se puede afirmar que Olavide traicionara los objetivos del proyecto. Más bien deducimos que en la implementación de la colonización se desplegó una estructura más compleja con el fin de alcanzar otros objetivos que no estando recogidos en el Fuero pertenecían al ideario ilustrado que compartía con Campomanes. Probablemente la única diferencia entre ambos fuera que éste legislaba en Madrid mientras que el peruano, ubicado en la primera línea de las reformas, no podía pasar por alto la realidad del territorio y de la sociedad andaluza, y estaba convencido de que una legislación agraria que cambiara sustancialmente las condiciones del campo andaluz, impuesta desde la capital nunca sería aplicada. Olavide, confiado extremadamente en sus capacidades intelectuales, explica en su Informe sobre la Ley de Reforma Agraria, que el camino del cambio se pavimentaba en la promoción de incentivos y en la adopción de medidas liberalizadoras estratégicamente diseñadas, así como, en la puesta en marcha de experimentos como el de las Nuevas Poblaciones, o el de la inversión del reparto de los suelos de propios del cabildo Sevillano, que se concibieran como laboratorios abiertos y publicitados en la mayor medida posible, para que a otros pudiera interesarles embarcarse en empresas similares. La práctica totalidad de los Nuevos Asentamientos en la Sierra y en la Campiña se asentaron en solares que comparten pautas de localización comunes, que son plenamente coherentes con los objetivos de salubridad del Fuero y que no superan el número máximo de casas previstos por población, y esto a pesar de que no hubo tiempo para terminar un plan de asentamientos con la estructura de aldeas y loteos antes de tener allí a los colonos, tal y como se había dispuesto. Frente a teorías, como la de Tyrakovski, que reduce el trabajo ilustrado de organización territorial y del sistema de poblamiento a una mera implementación de estructuras geométricas puras; hexágonos y círculos, que lo mismo operan en la escala del territorio que en la del asentamiento, entendemos que el proyecto territorial de las Nuevas Poblaciones, responde a una concepción de puesta en carga productiva del medio, a través de la aplicación los parámetros que hemos resumido anteriormente del articulado del Fuero, y de la tarea de su adecuación a las distancias obligadas por la necesidad de situar los asentamientos en pequeñas elevaciones, con agua cerca. La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 147 El criterio del Fuero que marcaba el número de poblaciones que debían conformar un Concejo fue en la práctica imposible de aplicar, como ya se dejaba intuir en su texto al abrir excepcionalidades, debido a la necesidad de encontrar un soporte adecuado para garantizar la existencia de agua, la economía y durabilidad de las construcciones, y las condiciones de salubridad. Sin embargo ante estas eventualidades se organizaron soluciones muy ingeniosas que compensaban las dificultades naturales a través de los márgenes que el propio Fuero permitía, dando lugar a estructuras territoriales reticulares más complejas, en las que invariablemente se mantenían los objetivos centrales del experimento que los ilustrados impulsaban: por un lado, organizar una sociedad nueva de pequeñas unidades familiares de campesinos independientes, con una dotación doméstica de ganado, una casa con corral, un cercado próximo para poderlo trabajar y cuidar, y una infraestructura de dotaciones que los mantuviera en el ámbito y les dificultara incluso salir, facilitándoles la colocación de su producción en el mercado, y por otro publicitarlo propagandísticamente con todos los recursos disponibles. Aunque el fuero se escribió específicamente para poblar el lienzo de Sierra Morena por el que pasaba la carretera, y por tanto los mayores esfuerzos se concentraron en este ámbito, en la campiña el equipo de Olavide tuvo la ventaja de conocer y cartografiar el soporte con algo de antelación, y de haber acumulado el año anterior la experiencia de la primera fase del despliegue en la Sierra. Esto facilitó el desarrollo de una mayor sofisticación del sistema de loteos y de asentamientos que se implementaría en las suaves lomas de los baldíos entre Sevilla y Córdoba. Mientras que en la Sierra quedaron amplias superficies en cada población sin lotear, en consonancia con el artículo 9º que preveía la existencia de montes comunales, en la campiña el loteo del territorio para cultivos fue integral. En ambos casos la estructura de las suertes es una retícula ortogonal, orientada para optimizar la circulación de bienes y personas, ya que no sólo estructura el sistema de propiedades, sino que también es base del sistema de caminos. Aunque las elaboradas cartografías de Ampudia y Valdés trasladan la imagen de un damero isótropo, hemos de tener en cuenta que se trata de levantamientos hechos más de una década después del inicio, y con el objetivo principal de catastrar las propiedades de la Corona en ese momento. En los croquis más antiguos que se conservan de la gestión de algunos departamentos, se observa que las suertes se organizan en tiras, adosadas por su lado más largo, que a su vez quedan separadas de las tiras adyacentes por caminos que dan acceso por el lado corto a todas las suertes. La orientación de la retícula perseguía disponer estas bandas de suertes adosadas de tal manera que los caminos que les daban acceso tuvieran el menor desnivel posible, mientras que se intentaba ofrecer a la carretera el mayor número de suertes posibles. En Sierra Morena esto se tradujo en la organización La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 148 de caminos paralelos a la carretera y suertes perpendiculares a ésta. Desde la carretera a los caminos secundarios había que introducir otros caminos, en un despliegue poco eficaz, salvable sólo debido al escaso número de bandas paralelas de loteo que se organizaron. El trazado de la carretera a través del fondo de los valles de la Sierra debía estar en la mente de los redactores del Fuero, que anticiparon con cierta precisión la estructura territorial axial de asentamientos y parcelaciones que se fue configuró sobre el terreno. En el primer proceso de colonización en la Sierra se hubo de dar respuesta no obstante a algunas particularidades e imprevistos que obligaron a introducir complejidad en la red de asentamientos. Sobre el terreno se optó por ubicar en la carretera sólo las poblaciones principales y algunas aldeas, mientras que la mayoría de éstas se ubicaron fuera como alternativa a la recomendación del fuero de dispersar a la población a la que le había tocado en suerte los lotes más alejados. Dependiendo de la profundidad del loteo en el territorio respecto al camino, la red de aldeas y de poblaciones dibujaba un esquema al tresbolillo, para optimizar su posición en vértices de la retícula del reparto en el caso de Guarromán y Carboneros, o se situaban en coronas, a modo de satélites respecto a su población principal en el caso de La Carolina, donde la extensión del loteo alcanzaba grandes dimensiones. Las poblaciones de Santa Elena o Montizón, ubicadas en tramos de caminos trazados en valles más encajados, se estructuraron mediante un esquema de loteo y una red de aldeas y poblaciones como traslado casi literal de la letra de la ley al territorio, con distancias siempre algo mayores a las prescritas, en torno a la media legua. La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 149 La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 150 En el segundo proceso de colonización, en la campiña, el esquema se volvería más complejo aún. En Sierra Morena la geometría operó como instrumento para el reparto de tierras a través de la retícula ortogonal, y de constelaciones de asentamientos organizados sobre sus vértices con esquemas formales configurados para optimizar las distancias entre las suertes y las aldeas, y entre éstas y las cabeceras de cada población. En la campiña se abandonaron los rígidos esquemas geométricos de las redes de asentamientos, en un intento de mejorar su ubicación. A excepción de las cabeceras que estaban ancladas a los caminos y eran generadoras de las líneas de reparto, el resto de aldeas quedaron fuera de los ejes de la retícula para localizarse en pequeñas mesetas con manantiales en sus proximidades. El número de enclaves idóneos para levantar asentamientos determinaba tanto el número de casas del mismo como el tipo utilizado. Mientras que en La Luisiana sólo se organizaron cuatro asentamientos, incluida la cabecera, en Fuentepalmera se instalaron el doble para una superficie total similar. La ausencia de enclaves adecuados para construir asentamientos en la primera población se compensaba introduciendo variaciones sobre el esquema tipo de agrupamientos de casas-corral en torno a una plaza, que permitía aumentar el número total de unidades vecinales. La informalidad geométrica de las redes de asentamientos de las poblaciones de la campiña, no supuso sin embargo un paso atrás respecto a las geometrizadas redes de la Sierra. Hay que entender estas constelaciones como el resultado del manejo de una mayor complejidad de requerimientos que anteriormente no habían sido asumidos. A pesar del peso de las condiciones geográficas a la hora de localizar y construir aldeas, estas condiciones habían de compatibilizarse con otros criterios generales novedosos respecto a las operaciones anteriores. En las poblaciones de la campiña -como en la sierra-, las cabeceras de servicio estaban en la carretera o en un camino secundario cuando ésta no pasaba por su territorio –Fuentepalmera-, y el resto de los asentamientos se organizaban de tal manera que en los lugares más apartados del término se instalaban las aldeas mayores, dotadas de algunos servicios colectivos al estar a algo más de una legua de distancia respecto a la sede central. En los espacios intermedios se levantaban aldeas de tamaño medio por lo general, mientras que a lo largo de la carretera se construyeron casas en todas las suertes que lindaban con ella. Para aumentar la densidad de estas construcciones, optimizar la circulación entre las cabeceras y las aldeas, y llevar los caminos de reparto por trazados de pendientes mínimas, se giró el loteo principal en bandas de suertes, y con ellas los caminos intermedios de reparto, para quedar prácticamente perpendicular a la carretera, que de esta manera se constituía en la espina dorsal de las poblaciones que atravesaba. Una vez organizado un primer reparto en franjas de 100 varas a lo largo de todo el término, cada una de estas se subdividía -como en la sierra-, para generar las suertes. La novedad en esta segunda etapa fue, que para promover el mayor La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 151 número de suertes y casas con frente a la carretera, el primer tramo de cada banda se loteó en perpendicular al resto, lo que permitía también absorber el pequeño esviaje del loteo principal, promovido para adecuar el sistema de caminos secundarios de reparto al sistema de arroyos y valles del término, minimizando sus pendientes. Esta preocupación por urbanizar el camino no sólo era un elemento persuasivo de seguridad, sino que también estaba fundado en la difusión propagandística del experimento, lo que resultó altamente exitoso como podemos comprobar años después, en las descripciones de viajeros como Townsend y Dalrymple. En el año que fue entre la primera fase de colonización en la sierra y la segunda en la campiña, el trabajo de organización territorial, que venía apoyándose en la geometría como instrumento principal para alcanzar los objetivos del programa, se reestructuró para integrar en el proceso las propias condiciones del soporte, para mejorar la funcionalidad de la red de comunicaciones y para manejar un abanico más amplio y normalizado de tipos de asentamientos diferentes, dependiendo del número de casas-corral en relación con su área territorial de influencia, y del nivel de dotaciones en relación con su papel funcional en la escala de asentamientos de la red. Esto no supuso el abandono del uso de la geometría como instrumento, si bien es cierto que pasaría a ser otro recurso más de los utilizados en los procesos de urbanización territorial para alcanzar objetivos más complejos. Al norte de Écija y en la confluencia del río Genil con el Guadalquivir se levantó Fuente Palmera, que por su localización apartada del Camino Real, permitió el desarrollo de un experimento bastante avanzado de reparto de tierras y creación de un nuevo sistema de asentamientos, al margen de este pesado condicionante. La publicación por M. I. García de los listados de colonos referenciados a los números de las suertes, nos ha permitido cartografiar esta documentación para poder estudiar el sistema de repartos, entender los criterios que se aplicaron y verificar el cumplimiento del Fuero y las innovaciones introducidas en su implementación. La puesta en relación de estas cartografías con la restitución de los asentamientos originales a partir de los dos planos que se conservan –el de Fuentepalmera y el de una aldea tipo-, y del plano de la población de Ampudia y Valdés, nos permitió desgranar las estrechas relaciones entre casa, asentamiento, cercados y territorio, en el trabajo desarrollado para las Jornadas de Urbanismo del Período de la Ilustración de Almacelles en 2005. Hemos intentado también diagramatizar el resultado de las estructuras territoriales armadas en la campiña, en las variantes experimentales que se desarrollaron para responder al reto de acercar la población a terrenos baldíos, para activar su productividad, llevando al mismo tiempo al campo procesos de urbanización alternativos a la ciudad compacta o al diseminado indiscriminado de la población. La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 152 El trabajo sobre el territorio no se desarrolló a partir de soluciones formales apriorísticas, sino que operó creativamente a través de la necesidad de aplicar criterios programáticos -de salubridad, seguridad, servicios, sociabilidad y productividad-, e integrarlos con las constricciones naturales del soporte y con las infraestructuras territoriales de orden superior. La urbanización del territorio andaluz en el siglo XVIII: Sierra y Campiña 153 Conclusiones El programa político subyacente en el proyecto del Fuero de las Nuevas Poblaciones pretendía transformar las condiciones de económicas, sociales y productivas del campo andaluz, creando una estructura territorial de un alto grado de urbanización que sirviese de soporte a un nuevo sector social agrario de pequeños propietarios. En 1787 la densidad de los enclaves donde se implantaron los asentamientos de las Nuevas Poblaciones era ya el doble de la media de Andalucía. Esta capacidad de habitabilidad del territorio se hizo posible gracias a la construcción de una estructura territorial compleja, que entendía el medio natural como un solar a organizar, en torno a los objetivos articuladores de una política integradora de las funciones asignadas a cada parte del reino. A estos procesos de intensa urbanización le correspondía una política de construcción de una red de intercambios e infraestructuras, sin la cual hubiera sido estéril el esfuerzo de aumentar la capacidad productiva de los nuevos territorios urbanizados. Este colosal esfuerzo de urbanización territorial supuso la puesta en carga de 150 Km² en Andalucía. A pesar del fracaso que supuso la falta de continuidad del proyecto de los fisiócratas ilustrados españoles, la realidad es que este intento consiguió aumentar el suelo cultivado, introducir nuevas técnicas en los cultivos, cambiar las concepciones que hasta ese momento se practicaban en el sistema de asentamientos, que se entendían desde parámetros más fundacionales que productivos. Consiguió también disminuir las diferencias sociales donde el proyecto se consolidó, pudiéndose todavía apreciar en nuestro presente, a pesar de los procesos de agregación de las suertes originales, el equilibrio social de la propiedad de los lugares donde se desarrolló el Fuero, y como consecuencia más relevante para el proceso de desarrollo del capitalismo español, logró introducir en el mercado a las tierras, que el sistema del mayorazgo y privilegios tenía asfixiado. El legado más relevante a destacar, sería entendimiento de la política territorial como una actividad intelectual centrada en lo productivo, abriendo una de las puertas más evidentes de entrada en la modernidad, aunque después desgraciadamente se cerrara con la traición del rey Fernando VII al esperanzador proceso de renovación que supuso la Constitución de Cádiz. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 256 concatenación de Y dando lugar a una secuencia de testeros y espacios vivideros entre ellos. Esto se hace posible mediante una ingeniosa solución de vuelta en las esquinas añadiendo otros bloques Y. La segunda línea de estas edificaciones se sustituyó por una doble tira de bloques H concatenados, dando lugar a una manzana de gran anchura. La propuesta gana calidad en la propia complejización de la solución adoptada. La primera ordenación suponía abordar una geometría del predio endiablada con una trama ortogonal que dejaba demasiados espacios sin resolver, adquiriendo excesiva importancia el vacío que quedaba al sureste de la calle este-oeste. La nueva solución del frente urbano articula una hábil ocupación de este vacío, gracias a la densificación de la primera manzana y la curvatura introducida en la calle paralela al paseo y en la secuencia de bloques H que la acompañan. Esta decisión aligera la propuesta en el resto del sector y prescinde de una de las dos calles Norte-Sur del trazado anterior. Con estos cambios se articulan escenografías específicas para cada una de las calles según su papel, se complejiza el sistema de espacios libres que estaba basculado hacia el Este, y se gana el paseo construyendo una fachada urbana para la barriada. Virgen del Carmen. Secuencia de fotomontajes de su construcción desde el NE. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 257 Lamentablemente, el tiempo no sólo no ha contribuido a compensar los déficits de partida, sino que ha agravado su aislamiento, ya que la ampliación de Dr. Fedriani se ha hecho a costa del mencionado paseo, dejando incluso la cota de la barriada hundida respecto a la nueva arteria. Y si a esto unimos, que la formalización de la otra ronda como vía rápida, ha supuesto el cierre del acceso de la calle que conectaba con ella, nos quedan 805 viviendas con sólo una placita de 1.700 m2 y una única calle de acceso y salida de dirección única. M-148 y 149 en Los Remedios. 182+113 viviendas. 1959. A finales de 1959, la promotora Almola S.L., daba un salto de escala para abordar la construcción de 182 viviendas de renta limitada y locales comerciales en la manzana 148, del ensanche de Los Remedios. Se trata probablemente de una de las operaciones residenciales de más calidad proyectadas por Fernando Barquín, y probablemente esto se deba a la singularidad de las condiciones de partida que rodeaban a este proyecto. En relación al encargo, se trataba de la primera promoción grande de la empresa creada por iniciativa del propio Barquín, y que hasta la fecha había terminado una casa de tres viviendas en el centro y tenía otra cercana de siete viviendas en obras. La falta de experiencia de la empresa le permitió trabajar con un nivel de complejidad propositiva que no volvería a poder desplegar una vez engrasa la maquinaria empresarial. Aunque el trabajo en la barriada de Pío XII había comenzado hacía ya unos años, el éxito acumulado y la enorme demanda que se producía entre la población modesta para que se desarrollaran nuevas fases, confirmaban la existencia de un amplio mercado residencial para estos niveles de renta. Hasta ese momento la promoción de vivienda se había dirigido prioritariamente a las clases medias y altas, y por iniciativa del RPCB a los más pobres. No resulta por tanto aventurado Emplazamiento de la manzana 148. Manzana 148 terminada y 149 en obras en C/Asturias. Julio 1960. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 258 plantear la hipótesis de que todos los socios de la promotora esperaban una avalancha de solicitudes para la compra de estos “pisos”. Apoya esto el hecho de que el Ministerio de Vivienda creado en 1957, había orientado toda la política del sector a hacer de cada “proletario un propietario”. La ubicación del solar en la ciudad era también singular, en el sentido de que podía venderse la operación vinculada a Los Remedios, barrio representativo en ese momento de alto nivel económico y de modernidad, aunque en realidad estaba localizado en la trasera de Triana y con frente al barrio de viviendas humildes recién construido del Tardón. Se trataba por tanto de un enclave equivalente al de Pío XII, pero en otro sector algo mejor integrado en la ciudad. Además actualmente López de Gomara es una avenida importante en la medida en que forma parte de un arco urbano de gran desarrollo, pero entonces la conexión era únicamente posible por San Jacinto, ya que el tramo hasta República Argentina era un descampado. Planta baja de la manzana 148. Julio 1960. Maqueta de la manzana 148. Vista frontal desde la C/Asturias. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 259 Se trata por tanto de un encargo difícil de encasillar territorialmente, y al que se dio una respuesta urbana y arquitectónica con gran perspectiva de futuro. La manzana en cuestión tenía cerca de doscientos metros de largo, de los que un tramo de 40 m estaba ocupado por un cine de verano que quedaba fuera de la intervención. La anchura variaba linealmente entre 20 y 35 metros. Esto indudablemente era una circunstancia que complicaba la solución ya que esta variación en 160 metros no era fácil de manejar, en la medida en que la apuesta por formalizar un frente a la futura avenida tenía que partir de asumir su alineación, sin que tampoco tuviera sentido desalinearse respecto a la calle trasera, actual Asturias integrada en el tejido compacto del arrabal trianero. El proyecto parte de explotar las contradicciones de trabajar en un solar, que es a un tiempo frente de una gran avenida, que marca la transición hacia el tejido abierto de la ciudad contemporánea y las últimas piezas de un tejido histórico compacto de manzanas y calles, y de responder a dos alineaciones dispares entre sí. La solución convencional ante estas transiciones suelen resultar agresivas, como se puede comprobar en otras intervenciones en la calle Salado. La apuesta del proyecto está en la articulación de una secuencia compleja en la que se alternan piezas construidas a la escala de la ronda, con otras a escala del arrabal. La secuencia está pautada por cuatro bloques de doble crujía de nueve plantas, cada 50 metros, colocados a 90º con respecto a la avenida. Los diecisiete metros de largo que tienen, quedan en todos los casos convenientemente retranqueados de la linde trasera. El trabajo fino de encaje está realizado en los tres ámbitos intermedios, que se edifican con piezas más compactas de cuatro plantas con soluciones diferentes para ajustarse a ambas alineaciones. En el caso de estas piezas, el retranqueo se produce en paralelo a la avenida en unos 2,5 metros, espacio en el que se aloja un pórtico, –terraza para las viviendas del 1º piso-, que va cosiendo todas las piezas y cualifica el frente de locales comerciales situados bajo las edificaciones. Manzana 148 desde C/López de Gomara. Manzana 149 desde C/Asturias. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 260 Este elaborado trabajo de implantación y construcción del paisaje urbano viene complementado por un enorme esmero en el desarrollo arquitectónico de todos sus elementos y espacios, manteniendo la sistematización y austeridad propia de una promoción de vivienda económica. La condición diferencial del bloque que hace frente con el nudo de San Jacinto le lleva a orientarlo inversamente a las demás con la fachada de estares y terrazas a noroeste. Las otras tres en la medida en que se presentan a la ciudad lateralmente, articulan las terrazas a lo largo del testero, cualificando este alzado. También hay una evolución respecto a las traseras de los bloques equivalentes de Pío XII, mediante la inclusión de un cuerpo de lavaderos volado en el tramo central pintado en otro color. El desplazamiento de las terrazas principales hacia los extremos del bloque y el rehundido de los fondos que se practica en ellas es coherente formalmente con el tratamiento de los diferentes planos de las piezas en colores distintos. En las fotografías en blanco y negro se aprecian las variaciones de matiz de distintos grises de un conjunto edificado que tuvo que ser muy impactante, hasta el punto que durante la primera década eran conocidos como los “pisos verdes”. Casi en paralelo en el tiempo, la misma promotora adquiría un solar en la calle Asturias, justo detrás del anterior, de 170 metros de largo por 18 de fondo, entre medianeras. En total se construyeron 113 viviendas en cuatro plantas, todas exteriores gracias a la utilización del tipo T abierto, de tres viviendas por planta, en una larga secuencia convenientemente plegada en los extremos con soluciones diferentes a las utilizadas con anterioridad. La asignación de un tipo tan probado en anteriores ocasiones y con un presupuesto algo más holgado, le permitió llevar la solución a cotas muy altas de calidad, construyendo en ladrillo visto el nivel inferior, abriendo terrazas corridas en todo el frente de los patios, colocando terrazas asimétricas en el testero frontal para la tercera vivienda, y utilizando una diversificada paleta de colores para los fondos de éstas, las losas voladas y los cubos alineados con las calles. Torreblanca. 1.080 viviendas. 1960. La aprobación en noviembre de 1957 del nuevo régimen de viviendas subvencionadas, en paralelo con la reorganización a nivel nacional de la política de vivienda, a través de la creación del Ministerio de la Vivienda, y la consecuente reforma de los Consejos Provinciales y Locales del Instituto Nacional de la Vivienda, fueron cambios que nos permiten aproximarnos a la deriva profesional de Fernando Barquín a partir del año 60’. Sólo en su estudio se habían proyectado algo más de 5.000 viviendas en grandes barriadas en cinco años, lo que contribuyó a que en este corto espacio de tiempo se pusiera en marcha un tejido empresarial y productivo que demandaba la ampliación del campo de negocio. Esto se hizo posible a través de la dilatación de los territorios de intervención. Todas las grandes operaciones que realizaría en adelante el Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 261 estudio Barquín, se desarrollaron en suelos distantes y desconectados de la ciudad marcando los nuevos límites del crecimiento metropolitano. La expansión se complementaba con la promoción de barriadas en los grandes pueblos de Sevilla, abriendo así un nuevo ámbito de intervención a escala provincial. En marzo de 1960 se firmó el proyecto de 1.080 viviendas subvencionadas en Torreblanca la Nueva, bajo la premisa de realojar a las 947 familias que habitaban en chabolas en el Vacie. Según A. Martín se trataba de un enclave nacido a finales del XIX, al calor de la actividad industrial en la zona y las haciendas “El Rosario” y “El Pino”, fruto de loteos especulativos de suelos. En el mes de abril el Ayuntamiento aprobó participar con seis millones de pesetas en la urbanización de las construcciones existentes en la hacienda “El Rosario” y en la de las nuevas viviendas proyectadas por RPCB, a cambio de que el propietario cediera gratuitamente el suelo necesario para el desarrollo de este nuevo polígono. En Noviembre de 1960 se concede licencia a esta primera fase que se componía de 1.008 viviendas en bloques de cuatro plantas y 72 unifamiliares adosadas, con un informe firmado por el arquitecto municipal en septiembre que ejemplifica de manera muy clara, las contradicciones con las que los profesionales tenían que convivir, en un régimen que había desarrollado la capacidad especial de favorecer los intereses de los más privilegiados, y al tiempo mejorar las Torreblanca. Ordenación general. Marzo 1960. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 262 condiciones mínimas y objetivas de vida de los más pobres, a costa de su concentración en territorios convenientemente segregados y cercanos a los enclaves productivos necesitados de mano de obra barata. En el informe -rescatado por AMG-, tras ubicar el núcleo a seis kilómetros del Tamarguillo y de describir las condiciones “lamentables” de sus autoconstrucciones continúa; “el número aproximado de habitantes de aquel sector es de unos 5.000. Su crecimiento y actual emplazamiento no se justifican más que porque ha existido en la zona un propietario que, queriendo especular con sus terrenos agrícolas, ha parcelado y vendido a familias modestas, que no han podido encontrar otra parcelación más adecuada, con precios de solares más a tono con sus posibilidades pecuniarias.” “Se presenta ahora por el RPCB un proyecto, colindante con esta barriada de 1.080 viviendas subvencionadas. Estas viviendas, sin delimitación por ninguna zona verde que impida su posterior crecimiento, continuarán aumentando como una gota de aceite, constituyendo una ciudad satélite de Sevilla, sin servicios urbanos adecuados, ya que su dotación de agua procede de un pozo cuyo caudal ha de resultar en breve insuficiente y su evacuación por tubería a un arroyo próximo resulta, a juicio del arquitecto que suscribe, no muy adecuado”. “Si las viviendas actualmente existentes tienen un cierto aspecto rural, las que ahora se proyectan, de cuatro plantas, cambian totalmente este aspecto anterior, formando ya de una manera definitiva una ciudad satélite exclusivamente residencial, donde no existen sino a distancias industrias y zonas de trabajo para los que habitan esta ciudad-dormitorio. Sería preciso resolver este grave inconveniente, procurando dar un contenido de trabajo próximo a esta población creciente.” El informe prevenía de las consecuencias que tendría una operación como ésta, ya que suponía la consolidación de un núcleo pequeño informal como ciudaddormitorio, con los consecuentes servicios que habría que prestar a gran coste, y el tejido productivo que habría que crear para darle carácter urbano autónomo. Además se puede leer una cierta preocupación por el precedente sentado al prestar apoyo público, e ir al rescate de zonas urbanizadas al margen de la ley. No obstante y a pesar de los graves inconvenientes planteados, la recomendación final de planificar tejido productivo cerca de la zona, deja traducir la escasa relevancia y la falta de compromiso de los arquitectos-urbanistas en las decisiones finales que afectan a la construcción de la ciudad. A Fernando Barquín no le queda otra opción que formar parte de la maquinaria general urbanizadora, y en este sentido, como percibe claramente el técnico municipal, plantea una ordenación tremendamente abierta y expandible en varias las direcciones una vez que el Ayuntamiento y la financiación del INV han abierto el paso asumiendo los costes iniciales y los derivados de la operación. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 263 No es posible entender los cambios de criterio introducidos en esta ordenación y en las siguientes al margen de este complejo contexto socio-político. Se abandonó la estrategia habitual que se venía utilizando en estos polígonos de vivienda social, de creación de espacios colectivos semi-abiertos a la ciudad, y de cualificación del paisaje urbano mediante la combinatoria experimental de varios tipos básicos. En Torreblanca se da el primer paso de una cierta regresión al retomar la estrategia decimonónica de cerrar las manzanas y de definir nítidamente las alineaciones de la edificación a las calles. Sólo en algunas de estas manzanas, aliado con el criterio de minimizar viario rodado, se trabajó plegando la pastilla continua de doble crujía para abrir placitas adyacentes a la calle, darle vida a ésta articulando soluciones contrapuestas en sus frentes urbanos, y de paso aumentando la capacidad residencial del polígono. A cambio de la enorme auto-restricción que debió suponer resolver toda la edificación plurifamiliar sobre la base de un único tipo –con algunas variaciones menores-, se consiguió un régimen algo más homogéneo para todos los vecinos de los bloques, que disfrutaban siempre de viviendas exteriores y de una caja de escaleras cada ocho. También el “bajo” coste de los suelos, la utilización de viviendas unifamiliares y la necesidad de construir todas las dotaciones para el asentamiento, permitió bajar la densidad a 129 viv/ha. A pesar de estas mejoras y del intento de compensación de la monotonía urbana del conjunto a través de la estrategia de los pliegues, el resultado final es más repetitivo y pobre a nivel formal, volumétrico y en el uso de los colores, que las intervenciones anteriores. Esta barriada con mucha menos densidad, con más dotaciones de barrio y tipos objetivamente mejores, a nivel de distribución que las anteriores intervenciones, es un ejemplo claro de la poca relevancia del diseño, en relación a las decisiones iniciales de implantación y a la política sistemática de concentración de la marginalidad. San Jerónimo. 1.656 viviendas. 1961. En Agosto de 1961 se firmaron los planos de ordenación general de la barriada de viviendas subvencionadas en San Jerónimo, promovida por el RPCB sobre suelos adquiridos, a un precio simbólico, al propietario del Cortijo de la Tercia del que formaban parte, justo detrás del barrio de San Jerónimo. Los suelos escogidos, de unas once hectáreas con forma de cuña alargada, lindaban al sur con la iglesia y escuelas del asentamiento autoconstruido preexistente, al Oeste con un camino paralelo al canal de Desagüe de la Tercia y al Este con la carretera a Castilblanco, detrás de la cual se localizaba un núcleo fabril vinculado al Empalme, lugar de conexión de los dos ramales ferroviarios. La desconexión de la zona con la ciudad, cuyo borde exterior estaba a unos dos kilómetros, y su ubicación al otro lado de las vías del tren, entre dos enclaves ferroviarios importantes, establecen similitudes territoriales con el polígono Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 264 proyectado unos meses antes de Torreblanca, y explica la convergencia de algunas de las soluciones empleadas. La organización general de la ordenación, como delata también la propia orientación de la planimetría, está planteada desde la intención de construir una fachada urbana a la carretera y apilar al fondo los suelos para los equipamientos, parcialmente ocluidos por tiras de edificación residencial abiertas. Interiormente el polígono se estructura a través de un viario longitudinal, paralelo en unos dos tercios de su recorrido a la carretera, para después dar dos pequeños quiebros y conectar, en uno de los vértices, con encrucijada de la carretera de La Algaba. El sistema de espacios libres públicos se resuelve de manera similar al planteamiento de Torreblanca, proyectando distintas plazas a lo largo del complejo para diversificar los enclaves. Unas se sitúan en los bordes donde no se puede llegar por las dificultades geométricas con la edificación, o por el interés de amortiguar los encuentros, mientras que las más relevantes de la barriada se desarrollan en dos espacios centrales, en el eje viario principal. El primero, con forma semicircular y el diámetro abierto a la calle, es el resultado de llevar al extremo la estrategia, que permite el tipo de doble crujía, de plegarse generando una forma continua. Frente a la solución convencional de trasdosar las edificaciones preexistentes con un bloque paralelo, se adopta el esquema original de abrir una plaza para dotar al sector sur de un importante espacio libre que sirva de vestíbulo urbano al cine de verano que existía en la zona. El segundo espacio público al que nos referimos, opera como corazón funcional y formal del complejo, y está articulado de forma muy interesante al construir el frente a la carretera a partir del recurso utilizado varias veces, de ubicar cuatro pastillas de seis plantas secuenciadas y colocadas a modo de diafragma entre San Jerónimo, ordenación general. Agosto 1961. RPCB Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 265 plaza y carretera. Se trata de una solución que funde el esquema utilizado en Pío XII frente a la avenida, con el de SACA frente a la plaza del polígono. Sin embargo, mientras que en las otras ocasiones la secuencia de los bloques estaba siempre localizada en un extremo produciendo un efecto de transición, en La Tercia las cuatro piezas ubicadas en medio de dos largos frentes de fachada continua, promueve un efecto escenográfico de gran profundidad, debido a la posición trasera de la plaza, contrastando con los dos frentes ciegos de gran longitud entre los que se encuentra. Su condición central no se debe exclusivamente a que esté en medio de todo, sino a que está conectada tanto al eje viario rodado interior, como a la carretera de manera indirecta y a la senda que está entre ambas y que recorre el polígono, conectando los espacios libres de los extremos con el central. Además la plaza rectangular es prácticamente el único espacio dotado de simetría, y de un orden ortogonal que, a medida que se proyecta contra los límites, va sufriendo deformaciones para adaptarse a las irregularidades del predio. En lo que se refiere a la utilización del doble crujía en tiras semiabiertas y en manzana cerradas como en Torreblanca, se produce un cierto avance al introducir el tipo L para formalizar de manera más coherente las esquinas. No obstante, y a excepción de la eficacia general del sistema y de la calidad particular de los espacios libres mencionados, el resto de complejo, resuelto con manzanas cerradas o casi cerradas de poca anchura, ha dado lugar a un paisaje urbano monótono y unos centros de manzana parcelados, privatizados y de imagen muy degradada. Elcano. 512 viviendas 1961. En Mayo de 1958, Fernando Barquín firmó un proyecto que, a partir de la prolongación del viario longitudinal de las 196 viviendas hacia el río, estructuraba el colegio, el complejo deportivo y el centro cívico. Aunque este proyecto no llegó a cuajar, la intención de ocupar estos suelos quedó en la memoria de la empresa y a finales de 1961 maneja un nuevo proyecto, esta vez sin equipamientos, a lo largo del mismo vial. Este proyecto debió quedar aplazado, ya que en marzo de 1962 se firma un nuevo plano del estado general de la ordenación de la zona, donde aparece recogido el proyecto del año anterior como “en previsión”. En este documento y en la breve memoria que le acompaña, se presenta un nuevo proyecto de urbanización de la prolongación del eje de la avenida de Ntra. Sra. de la Esperanza. Aunque se abandona la ambientación general de ciudad jardín de la primera ampliación, optándose por la tipología de bloque doble crujía de cuatro plantas, el mantenimiento de la misma densidad en el esquema –123 viv/Ha-, y el aumento de la altura de las edificaciones, le permite liberar mucho suelo para espacios libres y generar una promenade de interés. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 272 A esto hay que añadir la desfavorable topografía de la loma en la que habrían de situarse las viviendas, con unas afloraciones rocosas en la cima, que dada la precariedad de medios de la época tuvieron que ser sorteadas en la ordenación por las viviendas. Bda. De los Toreros Alcalá de Guadaira. Foto aérea del conjunto e imagen de una de las callessendas. Barriada de los Toreros. Alcalá de Guadaira. RPCB. Ordenación general. 1960. El norte está mal orientado. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 273 La propuesta se articula dando respuesta, por un lado, a la doble tira de casas preexistentes de la calle Alonso Gascón, hacia el Este, -que de hecho partía en dos el conjunto-, y por otro a la orografía de la parcela. A lo primero se responde trasdosando la medianería con una tira de edificación, mientras que a lo segundo, para evitar movimientos de tierra, muros de contención y pendientes excesivas en los corrales, se quiebra la geometría de calles y manzanas adaptándose a la falda de la loma. Esto no se lleva a cabo linealmente, sino que se utiliza como recurso para introducir complejidad en la escena urbana, intentando evitar la monotonía aparejada a la repetición tipológica, y aprovechando los lugares de encuentro de las tramas en puntos centrales para abrir pequeñas placitas con vistas al pueblo. No obstante el reducido tamaño de las viviendas y la ocupación privada intensiva del suelo se traducen en densidades de entorno a las 150 viv/ha, al no llevar aparejada la operación ningún tipo de equipamiento. La Rehoya. Osuna. 143 viviendas. 1961. En octubre de 1960 como consecuencia de una campaña municipal para eliminar el chabolismo, se compran terrenos en la falda de la zona monumental, muy cerca del centro del pueblo, y se encarga a Fernando Barquín el proyecto de 143 viviendas subvencionadas a través del Patronato del Hogar de Osuna. En octubre de 1961 está firmado el proyecto y en julio de 1963 la constructora Almedi recibe el certificado de fin de obras tras haber entregado 52 viviendas de unos 82 m² construidos y 91 de 63 m². A pesar de la proximidad al centro se encontraba en una ladera de fuerte pendiente con unos quince metros de desnivel, cerrada a la trama urbana por una tira de edificaciones con corral trasero al pie de la misma -apoyada en una calle a unos cinco metros más baja que la cota inferior del lote-, que dificultada su conectividad. Barriada de la Reholla. Osuna. Foto aérea. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 274 El proyecto se estructura sobre la base de un vial rodado trazado en paralelo al existente y conectado en sus extremos, fuera del sector con la ciudad y en un camino del extrarradio. En medio de esta calle principal coloca una plaza bien dimensionada que había de conectarse, mediante la expropiación de dos parcelas, con el vial inferior preexistente mediante calles escalonadas. En torno a la plaza y la calle principal se situaban “las mejores casas”, y ladera arriba, apoyado en sendas peatonales escalonadas de trazado “pintoresco”, se desarrollaba el resto de caserío. Una calle rodada recorría el perímetro de este conglomerado articulando los accesos y dando soporte a la circulación de vehículos. La obra se ejecuta según el proyecto, con pequeñas variaciones fundamentalmente provocadas por la optimización de la localización de las casas mayores, más próximas al centro del pueblo, y porque no se construyen dos de las conexiones trasversales previstas. El pintoresquismo que se declara perseguir en la memoria de ordenación, y que tiene como objetivo contextualizar una operación masiva de viviendas estandarizadas, muy pequeñas en relación a la escala de la arquitectura del XVIII en el pueblo, y construidas con tecnologías contemporáneas -bloques de hormigón y cubierta plana-, se intenta alcanzar mediante la utilización de un sistema de loteo complejo, que entrelaza dos tramas reticulares giradas entre sí. Una se articula a partir de los ejes ortogonales de la plaza orientada Barriada de la Reholla. Osuna. Ordenación general. Febrero 1961. Tramadas de azul las viviendas mayores en proyecto. Contorneados en negro las viviendas mayores construidas. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 275 aproximadamente según el eje del anfiteatro natural que forma el terreno, mientras que la otra, se gira aproximadamente unos 30º respecto a la primera para situar un grupo de parcelas en cada lateral en línea de máxima pendiente con la ladera. La complejidad del trazado se va obteniendo en la medida en que se sitúa un tercer grupo de parcelas giradas en el centro de la vaguada, lo que obliga al escalonamiento de la edificación que sigue la ortogonal de la plaza, abriendo al tiempo pequeños espacios libres similares a los de Alcalá. Este esquema priorizaba el ahorro en movimientos de tierras y muros de contención, y la planeidad de los corrales, más importantes que la accesibilidad rodada directa a las viviendas, que se reserva exclusivamente a las más caras. El Pantano. Morón de la Frontera. 349 viviendas. 1961. En paralelo al proyecto de Osuna, y trasvasando tipos y tecnología, se aborda por el RPCB el proyecto de 349 viviendas subvencionadas en la zona conocida como El Pantano, situada a las afueras de Morón, en unos suelos alejados de los caminos y carreteras de acceso al pueblo, muy por debajo de la cota de éste, y en el sentido contrario al crecimiento histórico hacia la salida Oeste, dirección Sevilla. A esto hay que añadir además, que se encontraban al otro lado de un arroyo, en terrenos llanos pero muy bajos y periódicamente inundados, y siguiendo el patrón general, en un entorno de fábricas agroindustriales, que aumentaban la desconexión y el aislamiento respecto a la población. A partir de estas condiciones tan desfavorables se generó una propuesta que una vez conectada con el núcleo del pueblo, y extendida hacia el norte sobre esquemas similares a los iniciales, se ha convertido en un tejido urbano consolidado de mayor calidad habitacional que otras intervenciones como el Rancho, polígono de edificación plurifamiliar de los 70’, o las recientes urbanizaciones de la Alameda de viviendas adosadas. El modelo de crecimiento de los años 90’ de Morón en la zona de la Alameda destinado a las clases medias, y por tanto más costeado, se ha desarrollado sobre la base de la vivienda unifamiliar adosada con unos siete metros de frente, patio delantero y trasero, una estructura viaria pensada para el tráfico rodado y unos espacios dotacionales localizados en los terrenos residuales. La densidad de vivienda puede ser aproximadamente la mitad de las 140 viv/Ha del Pantano, y sin embargo analizados uno junto a otro, los dos tejidos, armados ambos a partir de tipos unifamiliares estandarizados y repetitivos, resultan en propuestas muy diferentes, que han generado sociabilidades también distintas. En el tejido de los adosados de la Alameda las calles tienen todas dimensiones similares, habitualmente las mínimas marcada por la normativa. Estos viales y los espacios libres localizados en los bordes de las urbanizaciones no pueden ser soporte de sociabilidad, ni invitan al paseo, porque están diseñados Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 276 exclusivamente para el tránsito rodado de acceso a cada parcela. Son intervenciones concebidas desde criterios de zonificación de las actividades carentes de integración y articulación urbana. Las viviendas del Pantano han sido muy alteradas por su precariedad constructiva y reducida superficie. Se han convertido cubiertas en azoteas, construido castilletes, cerrado terrazas, añadido zócalos, falsos aleros de teja, rejas historiadas, que han deteriorado en muchos casos la imagen, pero esto no ha afectado a la sociabilidad que se ha generado en sus calles y plazas. La imposibilidad de prever en 1961 el enorme crecimiento del número de coches que se ha producido ha generado un problema de aparcamiento que ha dado lugar a la ocupación de las plazas para este fin en lo cotidiano. Pero en las fiestas aún están disponibles, y además el menudo tejido de sendas peatonales de 3,8m de anchura y la calle central de sólo 6m que conecta las dos plazas aún permite otra forma de habitar la ciudad. Barriada El Pantano. Morón de la Frontera. Situación de tipos sobre plano contemporáneo: Bloques de 4 plantas (azul). Unifamiliares con terraza (naranja) y sin terraza (verde). Locales con viviendas en planta superior (rojo). Elaboración propia. Barriada el Pantano. Morón de la Frontera. Tipo C, con locales en planta baja y viviendas en la superior. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 277 Hasta cierto punto las obras que se han desarrollado en las viviendas estaban ya en el guion del proyecto. En la memoria se explicita que se provee a los habitantes de un soporte mínimo que habrán de completar. Se ha perdido en las diferentes obras de dudosa mejora, de un lado, el contraste entre lo masivo de las fachadas en los tipos normales y la ligereza de los espacios centrales, construidos en su perímetro por un tipo especial que retranquea, dentro del marco de la fachada, toda la planta primera para habilitar una terraza; y de otro, el tratamiento especial porticado con galería continua volada en dos frentes de la placita principal. No obstante casi todos los que han cerrado la terraza han vuelto a construir un balcón, con lo que la intención de establecer una mayor intensidad de relación interior-exterior en estos espacios se ha mantenido. Territorio de los privilegiados. Los “ensanches” de Nervión y Los Remedios. En el arranque del proceso constructivo a partir de 1953 fue fundamental el papel jugado por las instituciones públicas y benéficas, que trabajaron en los primeros años en un sector abandonado por la iniciativa privada. Como se ha recordado, en los primeros años, el mayor volumen de edificación que se construyó fue el destinado a los grupos más altos de Renta Limitada para la clase media y los más privilegiados. Los inmuebles de más lujo proyectados por Fernando Barquín se concentran todos entre 1953 y 1957. El primero en el que trabajó, una vez que se reestructuró el RPCB, fue el proyecto encargado por esta institución de 40 viviendas en Felipe II. Se trataba de una promoción de viviendas de alta calidad dirigidas a familias con dinero. El objetivo era sacar rentabilidad a un solar posicionado en un sector emergente de la ciudad, como era el barrio del Porvenir, en la que se estaba configurando como su arteria principal, para invertirlo en la primera gran El Pantano. Eje central. Unifamiliares originales y alteradas. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 278 operación del RPCB que se estaba planificando en Amate. Parece ser que el objetivo de acumular capital no se consiguió, aunque los edificios sí se construyeron con un nivel de calidad alto. La parcela era un resto de escasa anchura que quedaba entre dos piezas preexistentes de viviendas del RPCB y la alineación de la nueva avenida entonces en construcción. Estas edificaciones en forma de doble T albergaban 74 viviendas y se habían promovido en el primer cuarto de siglo en pleno descampado. El nuevo proyecto se plantea, desde los primeros borradores, segregado en dos piezas, cada una de las cuales se adosa a los testeros de una de las edificaciones preexistentes para aprovechar el máximo de anchura. Esto le permite plantear dos bloques simétricos de doble crujía con 9.5m de ancho y cerca de 60m de largo, resueltos a su vez con dos cajas de escaleras y cuatro viviendas por planta. Aunque cada bloque presenta a fachada una imagen simétrica, las viviendas de los extremos resuelven su distribución interior de manera diferente, debido a la posición asimétrica de las medianerías. Edificio Oeste en Felipe II. Planta tipo. Propuesta previa. Viviendas en Felipe II. RPCB. Fotos de la época de construcción. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 279 A diferencia de los tipos de vivienda mínima de las barriadas, los tipos para estos proyectos de vivienda de lujo buscan el máximo confort. La poca anchura de la que dispone le impide utilizar el tipo L con el ala de servicio independiente del doble crujía frontal, y con accesos diferenciados como en los tipos de las viviendas de Diputación cuyas obras estaba dirigiendo en paralelo. La solución a este problema es original. Proyecta un doble sistema de comunicaciones verticales; el principal encajado en el doble crujía, proyectando hacia fuera el descansillo curvo de la escalera para habilitar espacio de acceso suficiente en cada planta, y otro exento detrás para el servicio, en el espacio de patio que se configuraba con las edificaciones preexistentes, conectado por galerías exteriores con las cocinas. De esta manera la mayor parte de la crujía trasera quedaba para la servidumbre y baños, mientras que todo el programa habitacional se alojaba en fachada, abriendo la sala y uno de los dormitorios a terrazas de unos 10 y 17 m2 respectivamente. La orientación sur de la fachada, la bondad del clima en la mayor parte del año, el hábil retranqueo de 1.5 del cerramiento que protegía la mitad de la anchura de la terraza, y el diseño ligero de las barandillas con sus correspondientes jardineras, convertían estos espacios en habitaciones cualificadas de la casa. Todas las viviendas se proyectaron en un principio con unos 120 m2 útiles sin contar terrazas, pero en el proceso de proyecto la solución final cambió, diversificándose enormemente los tipos de viviendas detrás de la tranquila homogeneidad de la fachada, y reduciéndose algo la anchura de las terrazas intermedias. Tres de las cuatro plantas se resolvieron finalmente con tres viviendas, la menor de 120 m2 en la esquina, otra de 170 m2 en medio y en la lado opuesto la mayor de unos 190 m2, que en realidad organizaba el ala de servicio a un lado de la caja de escaleras, quedando el resto para dormitorios y demás piezas nobles. En cada bloque una planta se distribuía con sólo dos viviendas de unos 240 m2 cada una. El edificio se mantiene hoy en día en estado de conservación bueno, pudiéndose apreciar incluso algo del trabajo original de policromía y de texturas en fachadas y portales de las viviendas. No obstante, el resultado original está algo transformado porque en un principio los fondos de las terrazas estaban pintados en color oscuro, muy probablemente verde. De hecho en las fotos de la época en blanco y negro, se perciben claramente las tres intensidades: fondos oscuros, frentes medios y losas de balcones, cornisas y ático en claro. Así el volumen compacto de la pieza se rompía completamente en cada franja de terrazas, cuyas losas junto a la cornisa de remate, conseguían coser los fragmentos recomponiendo la unidad. El resultado final es una arquitectura muy singular. Por el trabajo volumétrico resaltado con los colores se emparenta directamente con los trabajos berlineses de Bruno Taut cuando intentaba, a partir de los experimentos cubistas y de la influencia wrigthiana descomponer el plano de fachada añadiendo Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 280 tridimensionalidad. Pero, tanto las enormes terrazas voladas como los amplios portales con dobles diafragmas, son aportaciones propias tendentes a crear una arquitectura específica para el lugar. La urbanización de la actual calle Asunción por parte del Ayuntamiento como contrapartida a Remedios S.A. por la cesión de terrenos para el traslado de la Feria a inicios de los 50’, la disponibilidad de créditos del INV y la pulsión edificadora del entonces presidente de la Diputación Ramón de Carranza, desembocaron en la promoción por parte de esta institución de 568 viviendas para vender a funcionarios públicos. Aunque las viviendas estaban acogidas al régimen de protección de la ley de abril del 1939, pertenecían a la categoría más alta en precio y superficie. Estas cuestiones importan en la medida en que evidencian las formas y los objetivos perseguidos por la clase dirigente y el papel asignado a arquitectos en el proceso. Fernando Barquín se unió al grupo de arquitectos que las había proyectado para dirigir las obras de los bloques 5º y 6º de la manzana 164, que empezaron en 1953 sin licencia, y con dificultades para su tramitación debido a que sólo la calle Asunción estaba urbanizada en ese momento; los vuelos de las terrazas incumplían la ordenanza; y los bloques que lindaban con Virgen de Luján se excedían en dos plantas respecto al plan del ensanche. Estas irregularidades denunciadas por los técnicos en 1955 no eran subsanables al haberse finalizado la mayoría de las obras en diciembre del año anterior. No obstante ya en la ordenación se compensaba el exceso de altura aumentando la anchura de la avenida a 25 metros. Bloque 5 en E. Dato. Diputación. Planta baja. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 281 Avanzadas las construcciones en Los Remedios Fernando Barquín proyectó conjuntamente con Espiau los bloques 4, 5 y 6 que la Diputación iba a levantar en Eduardo Dato. Espiau se había encargado de ordenar el sector repartido en 6 bloques alineados a la avenida, pero afectados por la retícula ortogonal del ensanche, que en ese tramo se esviaba ligeramente de Eduardo Dato. El proyecto estructura estas tres piezas de manera que los bloques 4 y 6 se diseñan idénticos y trapezoidales, para girados 180º absorber el ángulo de las calles transversales, quedando el 5º en medio perfectamente rectangular. Los bloques presentan tipos e imagen similares a los del otro lado del río, aunque se aprecia una mayor austeridad al desaparecer la mayor parte de los elementos accesorios: remates sobre pretiles, tratamiento diferenciado del último nivel y pilastras, y quedando reducidos a sólo ladrillo y revoco los acabados paramentales. A cambio se retiran los pilares de las esquinas del volumen, Bloques 4 y 6 en E. Dato. Diputación. Planta tipo. Una experiencia arquitectónica interrumpida. Ciudad, arquitectura y residencia colectiva entre 1953 y1965 288 En este proyecto se retoman temas perdidos en la propuesta final de la m-156. De forma análoga a la propuesta de Junio de 1954 para este proyecto, Fernando Barquín no intenta ir en contra de las diferentes condiciones que existen entre la esquina y la medianería o entre un segundo piso y un quinto. Muy al contrario explota a su favor las diferencias para generar un abanico de soluciones residenciales donde elegir. En planta se prima la superficie de la vivienda de esquina por tener más fachada -230 m² útiles frente a 210 m²-, lo que a efectos de programa se traduce en una pieza más de la zona de recepción. Como compensación en la vivienda de la medianera la zona de noche tiene más superficie y se encuentra segregada en dos ámbitos; baño, un enorme vestidor y dormitorio principal en fachada y en la parte trasera los otros tres dormitorios, independizados mediante la interposición de un patio de luces y la zona de servicio. A la vivienda de la esquina se la dota de una terraza galería más amplia, acompañando a la secuencia de estancias que se desarrolla en fachada, mientras que en la otra vivienda la terraza se República Argentina nº10. República Argentina nº10. Plantas superiores y alzado. Octubre 1955. Planta tipo de propuesta definitiva. Enero 1957. [Document text truncated for crawler view.]