scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Razón e historia en L. Geymonat

Minués, Carlos

Abstract

The article stresses the rationalist attitude of L. Geymonat, integrating it within a conception of rationalism which may be termed enlightened. His thought evolves from logical-formalist to dialectic positions. In this last period, history assumes a basic role in explaining the process of scientific-technical patrimony.

Full text

RAZON E HISTORIA EN L. GEYMONAT CARLOS MINGUEZ The article stresses the rationalist attitude of L. Geymonat, integrating it within a conception of rationalism which may be termed enlightened. His thought evolves from logical-formalist to dialectic positions. In this last period, history assumes a basic role in explaining the process of scientific-technical patrimony. En el panorama cultural italiano actual, todavía representa un punto de referencia el pensamiento de Ludovico Geymonat 1• Constituye un indicio de ello el Congreso recientemente celebrado en Forlí 2, en honor del emérito profesor de Milán, donde se conjugaron la visión de conjunto sobre el proceso y evolución de la Filosofía de la Ciencia en Italia, con el desarrollo del pensamiento de L. Geymonat. Con respecto a este autor, hay que advertir las ideas constantes y las variaciones de pensamiento que en él se presentan. Entre las primeras ideas me 1. Ludovico Geymonat nació en 1908 y murió el 29 de noviembre de 1991 en Milán, donde había vivido. Fue enterrado en Cunnes, su pueblo natal. Se doctora en Filosofía y en Matemáticas. Obtiene la primera cátedra de Filosofía de la Ciencia instituida en Italia, 1956. Desarrolla una intensa vida intelectual tanto en el campo de la política como en el de la Filosofía. En 1974 se le otorga la Medalla Koyré por sus trabajos en Historia de la Ciencia y en 1985 la Accademia dei Licei le otorga el premio nacional de Filosofía. Entre sus obras, algunas de las cuales están traducidas al castellano, reseñamos: Studi per un nuovo razionalismo (1945), Galileo Galilei (1956), Filosofia e filosofia della scienza (1960), Storia del pensiero filosofico e scientifíco (1970-76 en 7 vols. reeditado posteriormente en 9 vols), Sienza e realismo (1977), Per Galileo ([1981 ), Lineamenti di filosofia della scienza (1985), Le ragioni della scienza (con G. Giorello e F. Minazzi, 1986), Filosofia, scienza e vertitii (con E. Agazzi e F. Minazzi). 2. CONVENGO: Storia e filosofia della scienza in Italia da! 1945 ad oggi, in onore di Ludovico Geymonat, 10-11maggio,1991. FRAGMENTOS DE FILOSOFIA 1 (1992) 133-148 134 Carlos Mínguez parece imprescindible subrayar el alcance de la racionalidad, cómo ofrece esta actitud ciertas matizaciones diferenciadas, conservando a pesar de ello un eje dominante que podía calificarse como de racionalidad ilustrada. En las páginas que siguen intentaré ofrecer las pautas más significativas en el despliegue de esta concepción de la racionalidad 3• 1. Si es cierto que el hombre es un animal racional, la historia de la humanidad estaría constituida por la memoria de las vicisitudes que han acontecido a la razón. No se trata de una razón pura o absoluta, sino de una razón encamada en soportes físico-biológicos y en las bases socio-culturales en las que se desenvuelve; a la vez éstas últimas origen y fruto de la vertiente privativa del hombre. En consecuencia, bien puede afirmarse que "plantear el tema de la razón es plantear la historia misma de la filosofía" 4, en cuanto uso de esa capacidad que abre las posibilidades de descubrir y transformar lo real, y de reflexionar sobre cómo este proceso se realiza. Que esta razón no aparece como pura, como un factor constante y bien delimitado en sus funciones, se advierte a partir de la reflexión sobre la misma llevada a cabo por los pensadores a lo largo de la historia; por los avatares, inseguridades, devaneos entre diversas concepciones, en ocasiones opuestas, como los historiadores nos enseñan; y las dificultades que se nos presentan para una delimitación segura de su contenido y alcance. La racionalidad, entonces, que debería desvelamos lo que las cosas son, y acaso también su sentido, más que un logro del hombre aparece como una meta que siempre se desplaza más allá, con un esquivo zafarse, a la manera como Heráclito afirmaba de la naturaleza "que se complacía en ocultarse" (DIELS 22B123). Pero en modo alguno creo que pueda entendérsela como un sueño, pues con razones nos enfrentamos y también establecemos, aunque cualquier intento de absolutizarla constituye un mito, a la manera como también constituye un mito la libertad, considerada como un valor absoluto, y que Ludovico Geymonat con tanta sencillez muestra en su ensayo aparentemente tan ingenuo y elemental que titula La Liberta 5• La parcialidad de la razón podría servir para justificar su historicidad, pero también su insuficiencia e inadecuación ante los fenómenos. Como consecuencia de esta penuria, puede entenderse la persistencia en perseguir otras instancias noracionales, que tiendan puentes cómodos para evitar penosos razonamientos, o establezcan "caminos reales" cuya existencia ya era rechazada por los matemáticos griegos, o bien que supongan intuiciones privilegiadas, inmediatamente die3. Con pequeñas modificaciones, constituye este trabajo la comunicación presentada en el Congreso de Forlí, 1991, bajo el título "11 razionalismo di Ludovico Geymonat". 4. Carlos PARIS.: "Prólogo" a Marcial Gondar et al., Antropología y racionalidad, ed. Salvora, Santiago de Compostela, 1980, p. 12. 5. Ed. RUSCONI, 1988. Trad. al español, ed. Crítica, 1991. Razón e historia en L. Geymonat 135 tadas desde pulsiones vitales o creencias, de las que derivar con facilidad toda explicación de la realidad. Si se me aceptan estos supuestos, suficientemente amplios para recabar un amplio consenso, quisiera a partir de ellos enjuiciar la obra del profesor GEYMONAT, subrayando un rasgo que me parece determinante de su trayectoria intelectual: el rescate de la razón ilustrada, enmarcándola en los parámetros de la ciencia actual. 2. Si la racionalidad en un sentido amplio, "débil", puede entenderse simplemente como la acción dirigida a un fin, y siempre que la persona entienda que las acciones realizadas o realizables son precisamente las requeridas para alcanzar dicha meta; sin embargo, en un sentido "fuerte" es utilizada para discriminar entre meras descripciones o exposiciones, más o menos analógicas, y teorías, de modo que las primeras son rechazadas por no racionales y las última·s aceptadas 6• La racionalidad débil ha sido ampliamente utilizada por las ciencias sociales (en sentido anglosajón, esto es, por la economía, antropología, sociología, etc.) y, sin llegar a la universal teleología aristotélica, se ha atribuido también al comportamiento de los seres vivos. Por el contrario, la racionalidad fuerte ha asumido a lo largo de la historia formas muy precisas, vinculadas al horizonte veritativo suficiente para una época determinada, adoptando en la historia las maneras de una metodología científica: el camino idóneo para alcanzar la verdad. GEYMONA T se encuentra desde un primer momento inserto en este segundo tipo de racionalidad. Su formación no sólo parte de las ciencias modernas, sino que, entre ellas, de las matemáticas, la más formal de las ciencias y cuyo uso convertía a cualquier tipo de conocimiento en ciencia propiamente dicha, como había ya indicado KANT 7• Es cierto que esta formación coincide con una influencia decisiva del positivismo comtiano, y la consiguiente atención a la historia, pero este hecho decisivo en su trayectoria metodológica, no perjudica en este momento nuestra perspectiva de análisis 8• Se trata, pues, de la racionalidad de las teorías científicas, fuera de las cuales nos encontramos con lenguajes imprecisos, en último término el lenguaje común, u ordinario, vehículo siempre de expresión y acercamiento a la realidad, aunque de una manera superficial e insatisfactoria. Una clara exposición de esta actitud, común al positivismo mo6. Larry BRISKMAN.: "Rationality, science and history" en AA.VV., Companion to the History of Modern Science, Routledge, London, 1990, p. 167. 7. Kant's WERKE, IV, 470.: Principios metafísicos de la ciencia de la naturaleza, Alianza Editorial, Madrid, 1989, p. 31: "en toda teoría particular de la naturaleza sólo puede haber tanta ciencia propiamente dicha como matemática se encuentra en ella". 8. La dimensión histórica de la ciencia puede advertirse ya en la primera obra publicada de L. Geymonat, ll problema della conoscenza ne/ positivismo, 1931. Un estudio al respecto en F. Minazzi, "Lo storicismo scientifico di Ludovico Geymonat" en L. Geymonat, Scienza e storia, Bertani ed. Verana, 1985, pp. 75-132. 136 Carlos Mínguez demo en general, queda claramente reflejada en un pasaje de Studi per un nuevo razionalismo 9 en el que, al margen de la crítica que realiza a la metafísica, contra la cual está específicamente redactado, señala: "la lengua de la geometría euclídea resulta racional, mientras lo contrario sucede para la lengua de la poesía" (p. 258), y a continuación explica que el motivo diferenciador entre ambos lenguajes radica en el modo de utilizarlos: a partir de proposiciones primitivas bien determinadas y según reglas precisas en el caso de la geometría, atendiendo a otros motivos que no explicita en el caso de la poesía. Pero el aspecto que deseo subrayar se indica ulteriormente, cuando afirma que también cumplen con la más estricta racionalidad tanto los sistemas físico-matemáticos de la mecánica clásica como los de la mecánica cuántica, y ello porque poseen un sistema preciso de proposiciones. "Mientras tiene sentido hablar de racionalidad, refiriéndose a un sistema preciso de proposiciones, no tiene sentido hablar de racionalidad en general, como de algo que debería semos dado en una intuición primitiva" (p. 258). El punto de vista de GEYMONAT se instala, pues, desde un principio en las ciencias, e irradia desde ellas su estructura modélica a cualesquiera otra forma de conocimiento. Del positivismo decimonónico al empirismo del siglo XX esta actitud modélica, de reducto y ejemplo de racionalidad, se mantiene, aun cuando el neo-positivismo se haga ya eco del viraje producido en las ciencias y que se manifiesta en la crisis del modelo laplaciano y en la especialización científica. Reflejo también en este último caso, de la división del trabajo, con la consiguiente proliferación de métodos, todos ellos igualmente legítimos, pero con frecuencia incomunicables al adoptar lenguajes propios. La crisis de las matemáticas y de la física, agudizadas tras el reconocimiento de que los postulados de Euclides no son verdaderos en todos los mundos posibles, las paradojas de Russell, el triunfo de la física de Einstein, no sólo desmembran la razón en sentido "fuerte", sino que basan la racionalidad en la probabilidad de las teorías w. Aquéllas que responden a un mayor número de casos son las racionales. Esta crisis, agudizada en los primeros decenios del siglo XX, en los que culmina un largo proceso que acumulaba y arrastraba elementos incompatibles con el concepto de razón dominado por la mecánica clásica, atraviesa la obra de GEYMONAT. No en vano reproduce, en una de sus obras fundamentales Ciencia y realismo (1977) un artículo dedicado a la crisis de la racionalidad científica. Sin embargo, la conciencia de esta crisis no anula ni reduce la exigencia de racionalidad en GEYMONA T. Más bien induce a superarla al adaptar una perspectiva más amplia. 9. L. GEYMONAT.: Studi per un nuovo razionalismo. Chiantore, Torino, 1945. 10. Para K.R. POPPER, la absoluta probabilidad de las leyes universales es igual a cero, La lógica de la investigación científica. Ed. Tecnos, Madrid, 1962, p. 191 y ss. Razón e historia en L. Geymonat 137 3. Además de la señalada crisis interna de la ciencia, motivada por la quiebra de sus conceptos básicos ya definidos en los Principios de NEWTON, otros factores intervienen en el debate sobre la racionalidad y en la consiguiente valoración de la misma. Una peculiar actitud social se extiende progresivamente en el siglo XX: la fe en la ciencia se erosiona. Ya no se trata sólo del viraje que se produce en los fundamentos de la mecánica clásica, aunque tuviera este hecho cierta repercusión social, ante el rechazo, por ejemplo, en la teoría de la relatividad de las nociones comunes sobre el espacio y el tiempo; sino de una creciente conciencia ante los peligros a los que puede conducir el vertiginoso desarrollo científico, sobre todo a partir de la segunda guerra mundial y la expectativa ante el peligro atómico. Junto a los programas de desarrollo científico, por imperativos políticos, al menos en los países más desarrollados, se fomentan otros dirigidos precisamente a paliar la acción devastadora de la ciencia y de la técnica. El ideal de una ciencia salvadora de la humanidad, propia del racionalismo ilustrado del siglo XVIII, que debería impregnar toda la cultura y constituir la formación más valiosa de los ciudadanos, es visto como engañoso; en su lugar se asiste, en ocasiones, a la exaltación de formas pre-ilustradas o pre-industriales de formas de vida, o al afincamiento en principios irracionales. Todavía podrían señalarse otros elementos que remueven los fondos de esa aparentemente fijada racionalidad científica: los intereses económicos y de clase resaltados por MARX y los impulsos psicológicos determinados por FREUD. No vamos a valorar todos estos factores, sino a indicar simplemente los complejos motivos de cambio que se cernían sobre la ciencia como prototipo de la racionalidad. La ciencia modifica sus métodos y pretensiones (sobre todo en las nuevas investigaciones interdisciplinares, surgidas en los límites de tradicionales campos, como puede ser la ingeniería genética, la inteligencia artificial ... ) y también cambia la filosofía de la ciencia, nacida de ella como un natural producto del esfuerzo por conocer la realidad. Ambos aspectos aparecen inseparablemente vinculados 11 • Esta conciencia de crisis, tantas veces resaltada, aparece como motor que impulsa el pensamiento de GEYMONAT, y creo que de un modo más o menos soterrado permanece incluso en sus últimos trabajos. Los logros alcanzados por el metodologismo son importantes, GEYMONAT los resalta una y otra vez, pero no suficientes para colmar una mentalidad ilustrada. Parecería un sin sentido que la nueva ciencia, superadora de la tradicional división entre mundo sublunar y supralunar, concluyera en otra división más profunda por obra y gracia de la demarcación, y de un convencionalismo que remitía en último término a una actitud relativista. 11. L. GEYMONAT.: Scienza e realismo, Feltrinelli, Milano, 1977. Trad. esp. Ed. Península, Barcelona, 1980, p. 210. 138 Carlos Mínguez El camino que recorre GEYMONAT hacia una nueva perspectiva sin duda es largo, y en manera alguna lo atraviesa aislado. Lo han transitado también los pensadores más representativos de su tiempo. Seguramente en este desarrollo interviene la asimilación teórica y práctica del marxismo 12 • Pero la investigación que se presenta como fruto primero de este viraje, Filosofía y filosofía de la ciencia (1960) 13 , tiene una lectura independientemente del marxismo y quepodría derivar de las insuficiencias del convencionalismo, de la tradición histórica presente en todos los escritos de GEYMONAT o del mismo estudio de la situación de la ciencia, cuyos cambios en el paso del siglo le hacían abandonar el ideal de inmutabilidad y entrar en el proceloso devenir histórico. Ya en la "Advertencia" preliminar se pueden encontrar ideas en este sentido. Así, aparecen como pasos imprescindibles, previos a la investigación técnica de la filosofía de la ciencia, no sólo la necesaria atención a la estructura actual de la ciencia, sino lo que parece para nuestra reflexión más importante: el que, en las nociones filosóficas implicadas por aquella estructura, se proceda libre de prejuicios, "fuera de todo esquema preconcebido (metafísico o empirista) y con referencia constante a la realidad histórica de la investigación científica". De este modo pretende GEYMONAT alcanzar la "plena autonomía" de la filosofía de la ciencia, prescindiendo por una parte de prejuicios sistemáticos (sistemas filosóficos), antañona actitud que ya encontramos en la crítica galileana a la autoridad, y por otra proporcionándole una vía de desarrollo: la historia. Existe en este planteamiento una explícita actitud historicista, que vincula "de buen grado", como dice, "con otras formas de historicismo que desde hace años estimulan mi reflexión filosófica" (p. 8), quedando así aludida, como con razón señala Emilio AGAZZI, la impronta marxista. Pero GEYMONAT inmediatamente escapa de esta vinculación próxima, para considerar otra anterior y persistente, al remitir a una tradición italiana encamada en Federigo Enriques. Ya no se atiende a una dimensión "estática" de la ciencia, sino también a una "dinámica". La racionalidad que ahora tiene que dominar este proceso ha cambiado de plano, utiliza ahora un plano normal al anterior. No desestima el convencionalismo neopositivista, que tan importantes frutos había proporcionado a la filosofía de la ciencia, pero le parece insuficiente para dar cuenta de la "aparente antinomia" entre la revisabilidad de las teorías científicas y la existencia de un auténtico progreso. El método axiomático formal queda subsumido por la 12. Así lo señalan, entre otros, Emilio AGAZZI, "Geymonat e il marxismo" en Scienza e filosofía, Garzanti, Milano, 1985, p. 25; y Ana ASTOLFI, "Appunti critici su! materialismo dia1ettico di L. Geymonat" en M. Quaranta (ed) ludovico Geymonatfilosofo della contradiziones. Ed. Sapere, Padova, 1980,p.44. 13. Filosofía e filosofía della scienza, Feltrinelli Editare, Milano, 1960. Trad. esp. Ed. Labor, Barcelona,!.ª ed. 1966, 3.ª ed. 1970. Razón e historia en L. Geymonat 139 dialéctica. El objetivo que se plantea en esta obra, como dice literalmente, consiste en "analizar el tipo de racionalidad que obra históricamente en las ciencias" (p. 25). 4. No podemos detenemos en detallar los pasos que utiliza GEYMONAT para desgranar su pensamiento, pero sí el agradecerle la claridad y la sencillez, tan difíciles de conseguir, con las que lo realiza. Así, pues, de la mano de un razonamiento rico y preciso, nos pone el autor de Filosofía y filosofía de la ciencia ante la patente consideración de que la ciencia es un hecho que no sólo acontece en la historia, sino que tiene también una historia propia; no sólo como amontonamiento de hechos, ni como florilegio de éxitos celebrados, sino como un proceso articulado, cuyas relaciones es necesario iluminar. Y solamente a través de esta historia podemos entender el fenómeno de la ciencia. Un análisis de las teorías como un conjunto cerrado puede ser muy útil, pero en todo caso siempre supeditado a la comprensión del proceso en que se halla inserto. Pero la idea de progreso, concepto tantas veces exaltado por la Ilustración, se aplica aquí exclusivamente a las ciencias. GEYMONAT repite que no hace en este momento filosofía en general, sino filosofía de la ciencia, y por lo tanto la historia que le interesa es la historia interna de la ciencia, esto es, el sucederse de las teorías en el tiempo. La anterior referencia a la Ilustración no creo que deba considerarse incidental. Por el contrario, ciertas notas genéricas, consideradas como caracteres comunes de todos los movimientos que en el Siglo de las Luces se producen, podrían advertirse también en el pensamiento de GEYMONAT. Y para comprobarlo basta acudir, en el volumen 11 de la Storia del pensiero filosofico e scientifico, al capítulo 1, dedicado a presentar unas consideraciones generales de la Ilustración. Allí se señala que la fe en la razón como instrumento válido para resolver todos los problemas del hombre, el deber de extender la cultura y de potenciar el que todos participen del "espíritu científico" y el optimismo sobre la posibilidad de mejorar la situación humana, constituyen otros tantos ideales asumidos por los ilustrados. Pero estas referencias genéricas que podrían fácilmente advertirse tanto en los escritos científicos como en los políticos de GEYMONA T, se ven reforzadas en Filosofía y filosofía de la ciencia por otras ideas que también evocan la Ilustración. La primera consiste en la separación entre el patrimonio científico y el patrimonio técnico. Todavía en el siglo XVIII se mantiene la distinción aristotélica entre ciencias teoréticas y poéticas (poietiké). Y en la Enciclopedia, en el "Discurso preliminar" de D' ALEMBERT, aparecen separadas las artes necesarias, engendradas a partir de los conocimientos directos, de aquellas en que se ejercita la razón por puro placer: la Física, la Mecánica y sobre todo la Geometría. En las Cartas a una princesa de Alemania de Leonhard EULER, al tratar de la construcción de los anteojos para el estudio de las estrellas, distingue éste entre el cálculo de la Optica y las posibilidades reales de 140 Carlos Mínguez construcción de las lentes por parte de los artesanos, para alcanzar mayor profundidad en la visión (Carta CCXVI). GEYMONAT conserva esta distinción, aún cuando paulatinamente, a lo largo del libro, cada vez ponga mayor énfasis al señalar la unidad entre ciencia y teoría. Tiene para ello bien presente la situación actual de las mismas en las que la distinción resulta artificiosa y el conocimiento de la historia ha propiciado esta conjunción. La segunda idea remite a la posición privilegiada que ocupa la ciencia en la historia y en la cultura. La ciencia actual es resultado de una única tradición, que desde los albores del siglo XVII (GALILEO puede constituir un punto de referencia paradigmático) se extiende hasta nuestros días, y sólo un hipotético cataclismo podría terminar con este proceso. Si para los hombres del XVIII la nueva ciencia representa la implantación de la racionalidad y el consiguiente abandono de prejuicios y autoridad, para GEYMONAT, rehusando establecer concepciones sobre el mundo en este momento y atendiendo sólo a la Filosofía de la Ciencia, el proceso por el que ésta discurre responde a una única tradición, frente a las diversas tradiciones que se enfrentan y en ocasiones se anulan, según afirma, en la ciencia antigua. Esta peculiar visión de la Historia de la Ciencia, que sin duda podría ser contestada sobre todo desde una "historia externa", sirve para confirmar la explícita atención de nuestro filósofo a la "historia interna", a la relación entre teorías y al desenvolvimiento de éstas. La racionalidad que ha de buscarse atañe a la historicidad de la misma ciencia. Por último, el progreso integra la tercera idea que quería resaltar. Sin duda constituye una de las ideas reguladoras más representativas de la Ilustración. Baste recordar el programa presentado por CONDORCET y no publicado hasta 1795, un año después de su muerte, titulado "Boceto de una imagen histórica del espíritu humano", escrito mientras se ocultaba de la persecución lanzada contra él por los jacobinos de ROBESPIERRE. Y la idea de progreso desempeña, en este boceto, el contexto en el que se desarrollan las grandes ideas ilustradas como libertad, igualdad, justicia social y soberanía popular 14 • También para GEYMONAT esta idea de progreso desempeña una función especial a la hora de entender el proceso de la ciencia. El progreso científico configura el eje argumental para superar el punto de vista convencionalista (p. 93). Punto de vista que asume a la hora de explicar la estructura de las teorías científicas, pero que le parece insuficiente para entender la sucesión de las teorías. Ahora bien, el rasgo más característico de este sucederse lo constituye el progreso, que como tal se nos presenta como un hecho que podemos constatar. Para hacer valer esta presencia se recurre a dos instancias: la actitud del científico, cuyo trabajo en cuanto investigador se 14. Para ampliar este concepto, R. NISBET, Historia de la idea de progreso. Ed. Gedisa, Barcelona, 1981, p. 243 (ed. original inglés, 1980). Razón e historia en L. Geymonat 141 centra en rebasar o perfeccionar los logros alcanzados con anterioridad, como el esfuerzo de Sísifo en un intento siempre de ir más allá, y por otra parte en el incremento del patrimonio técnico y del patrimonio científico. El primero muestra una sucesión de éxitos tecnológicos fácilmente confirmables; la sistemática seguida por los museos al respecto se funda precisamente en este orden de superación. El segundo en la elaboración de teorías más generales que las anteriores, el estudio de las diversas ciencias nos presenta adecuados ejemplos. Sin embargo, GEYMONAT aplica esta idea de progreso al todo de dichos patrimonios. Esto es, sólo trata del patrimonio científico y del técnico, en manera alguna de otros patrimonios culturales, y sólo considera el desarrollo general de tales patrimonios y no el proceso específico, puntual, de momentos o teorías. Pero esta idea de progreso conduce a la dialéctica como método en el que se resaltan las contradicciones para ser subsumidas, en un estudio superior. Al efecto GEYMONAT afirma que todos los cambios de la tradición científica "han tenido -salvo en pocos casos excepcionalesesta notabilísima característica: que la nueva aportación englobaba en sí las anteriores, yendo más allá de ellas" (p. 109). La confirmación de estas afirmaciones corresponde ya a la historia, tarea que GEYMONAT se cuida de realizar. Así podría parecer que el oficio del historiador ha quedo definido. Y sin duda el método es útil. Puede advertirse su valor explicativo en los estudios históricos realizados por nuestro autor, pero también puede verse cómo aparece en otros historiadores, que con toda seguridad no lo tuvieron en cuenta. Piénsese, por ejemplo, en el trabajo de KOYRE "La gravitation universelle de Kepler a Newton" 15 • Sin embargo GEYMONAT nunca propugna un uso mecánico del método dialéctico. Sus afirmaciones en este sentido son precisas: lejos de su pensamiento está la formulación de reglas absolutas: incluso se conforma con alcanzar una certeza que sea suficiente para poder proseguir la investigación. Y además, porque la experiencia del científico, como la del historiador, enseña la dureza con la que se impone el documento y la importancia que tiene el conocimiento de la capacidad y de los límites de los métodos. Incluso el método no aparece como estructura fija, sino que se modifica en el avance de la investigación. 5. En Filosofía y Filosofía de la Ciencia la racionalidad ha pasado del punto de vista axiomático formal al dialéctico, en virtud del historicismo que anima al autor, cuando estudia la dinámica de las teorías. Sin embargo, la presentación de la dialéctica aparece con cierta contención, primando, por el contrario, los análisis sobre la ciencia y los rasgos más generales que ésta presenta. De todos es bien conocido que en Ciencia y realismo (1977) aborda GEYMONAT 15. En A. KOYRE, Etudes newtoniennes. Ed. Gallimard, París, 1968, pp. 11-24.