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La práctica del espacio social como escapatoria de la ciudad psicótica Francisco Crespo García, Universidad de Sevilla, España. Resumen. La sociología, y en concreto ciertos autores enmarcables en el campo de la ecología humana, ha producido a lo largo del siglo XX un cuerpo teórico que revisa y cuestiona la manera tradicional en la que disciplinas parcelarias, como el urbanismo y la arquitectura, han entendido el fenómeno urbano. Más concretamente, la asunción de la dimensión mental de la ciudad, y cómo ésta se constituye a partir de una red inmaterial de relaciones, que en el medio urbano tienden, en virtud de la movilidad, a ser inestables y superficiales, conduce a la comprensión de ciertas prácticas extremas como escapatorias psíquicas de esa presión ejercida por la ciudad, fundamentalmente en las formas de la cotidianidad, y que no pueden avocar a ningún otro estado que no sea el de la crisis perpetua. Entre las diferentes escapatorias o fugas posibles, se destacan aquellas que se fundan en la interrupción de los hábitos, o heterotopías, y la búsqueda de un espacio de socialización con virtudes terapéuticas, religadoras en cierta forma del individuo con la colectividad. Así, la aparición de situaciones como la presentada a modo de ejemplo, la liberación del colegio Rey Heredia de Córdoba, pueden ser mejor comprendidas desde su condición de constructo para la evasión temporal de las condiciones de lo urbano y la producción de subjetividad, antes que como el ensayo a microescala de una ideología política alternativa, como se presenta. Palabras Clave: ciudad, psique, crisis nerviosa, cotidianidad, espacio social Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [147]
1 Introducción Esta investigación está basada en una minúscula pero significativa parte de la extensa y rica producción teórica elaborada por la sociología acerca de la ciudad durante gran parte del siglo XX, fundamentalmente desde principios de siglo hasta los años 70, periodo en el cuál diversos autores fechan la mutación de la ciudad industrial del XIX en la ciudad postindustrial del tardocapitalismo y la globalidad en la que nos encontramos. Y es por eso que, si reconocemos que mucha de la producción teórica actual acerca de los fenómenos urbanos sigue la estela de aquellos trabajos pioneros, se debe esencialmente a que en ese periodo se asentaron las bases de la ciudad y sus atributos, tal y como la conocemos. Nuevos fenómenos siguen apareciendo e impactando en lo urbano, pero en esencia la comprensión sobre sus fundamentos, asociados a los modos de vida, la organización económica y la configuración física, poco ha variado. Los autores convocados en este ensayo nos interpelan con su obra a redefinir y ampliar el concepto de ciudad que tradicionalmente hemos manejado arquitectos y urbanistas. A partir de un profundo análisis de la vida urbana, de los procesos de individuación y de socialización de los habitantes en esos grandes condensadores que son las urbes, describen los rasgos más característicos de la ciudad contemporánea, relativizando la preponderancia de los aspectos físicos y materiales de la ciudad y poniendo en el acento en la urdimbre de fenómenos de carácter inmaterial, psíquico y espiritual sobre los que se sustenta el hecho urbano. Antes de iniciar cualquier reflexión conviene advertir sobre la problemática relación entre la descripción de los fenómenos urbanos y el tamaño de las ciudades estudiadas. Y es que, en el estudio de las ciudades, se corre el riesgo de extrapolar a todas las ciudades las características muy concretas de tamaño, densidad y heterogeneidad de la ciudad de las que parte el análisis. El psicólogo Stanley Milgram, citando un artículo de Louis Wirth para la American Journal of Sociology, cifra los atributos de la gran ciudad en tres parámetros, susceptibles de medición: la cantidad de personas, la densidad de población y la heterogeneidad entre los ciudadanos [1]. De ahí que los aspectos que queremos describir a continuación acontecen cuando concurren estas circunstancias, aunque no tanto como límite cuantitativo como en el sentido de umbral y espectro de percepción: impresión de cantidad, impresión de densidad e impresión de heterogeneidad. Cuando estas percepciones existen en el individuo es cuando indefectiblemente podemos hablar de que experimenta la presencia de lo urbano, y lo hará de una manera escalar a la intensidad, es decir, la intensidad de lo urbano se presentará asociado a la intensidad de las impresiones, de manera más intensa, por tanto, cuando esas tres impresiones sean mayores. Por otro lado, siguiendo lo enunciado por Milgram, podríamos también hablar de que la vida que se desarrollada en otro tipo de lugares, sustraídos de esas impresiones, de ninguna manera debe ser considerada como una vida sometida a la influencia del medio urbano. 2 La naturaleza mental de la ciudad y sus crisis 2.1 La dimensión inmaterial de la ciudad Es la Escuela de Chicago la que, en torno a los años 20, comienza a cristalizar una reflexión científica acerca de la naturaleza inmaterial de la ciudad, a la vez producto, en el sentido de resultado de la organización moral y física de una sociedad, y producción, como estructura condicionante que afecta a la esfera psíquica de los individuos en el quehacer de su vida cotidiana. Certeramente la Escuela de Chicago inscribe su trabajo en una nueva rama de la disciplina sociológica a la que denominan “ecología humana”, donde los seres vivos son estudiados siguiendo las pautas metodológicas de las ciencias de la biología, pero en el ámbito Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [148]
de su medio urbano, y en el que las pautas adaptativas del individuo ante la presión del medio son observadas con la precisión y frialdad propia, por ejemplo, de la entomología. Robert Ezra Park, el más destacado de los sociólogos de la Escuela de Chicago, en su ensayo “Sugerencias para la investigación del comportamiento humano en el medio urbano”, publicado en la colección de ensayos titulada The City [2] en 1925, definió la ciudad como “un estado mental, un cuerpo de tradiciones y costumbres, y de sentimientos y actitudes organizadas de manera inherente a esas costumbres y que se transmite a través de las tradiciones” [3]. La definición de Park introduce dos apreciaciones relevantes para esta investigación y que suponen una novedad frente a las formas más extendidas de definición de la ciudad entre las ciencias asociadas a los estudios urbanos hasta la fecha, a saber, que se trata de una proyección mental (la ciudad reside en la mente de sus habitantes) y que está conformada a partir de los hábitos que son transmitidos por la tradición. Estos hábitos nos hablan de la condición convencional de la ciudad, en el sentido de convención o pacto, de naturaleza circunstancial, azarosa y asumida. Para Park, la condición mental de la ciudad explica su función como “mecanismo psicofísico a través del cual los intereses privados y políticos encuentran no sólo una expresión colectiva sino corporal” [4]. Es decir, la ciudad existe no sólo como un conjunto de artefactos externos al individuo (edificios, calles, infraestructuras, transporte...), encarnación física de la organización política de una sociedad, sino también existe como dispositivo de naturaleza psíquica, donde intereses privados y colectivos se organizan en un cuerpo moral que se superpone sobre los propios cuerpos biológicos. 2.2 Sistema de relaciones y organización física de la ciudad A la hora de esclarecer el tejido de relaciones sociales que construyen la ciudad, Park parte de la propuesta de Gabriel Tarde, que reconoce en la transmisión de creencias y deseos a través de la imitación el embrión de la organización social de los individuos, y la amplifica a la escala de la ciudad y el territorio para poder explicar y sistematizar las distintas interacciones en distintos niveles entre individuos, que pueden operar de manera simultánea, clarificando de esta forma las implicaciones de orden organizativo y físico que tienen en la configuración de la propia ciudad. Para Park las relaciones urbanas pueden diferenciarse, en primera instancia, en relaciones de orden primario y secundario, siendo estas últimas, como veremos a continuación, las consustanciales a la forma de vida urbana. Las relaciones primarias están basadas en el sentimiento y los hábitos. Afectan de manera directa a la componente subjetiva del sujeto. Son relaciones concretas, afectivas, irracionales, y, por tanto, relacionadas con los prejuicios (tabú), la moral y las costumbres. Existe una condición de inevitabilidad en las relaciones primarias, pues, a diferencia de las relaciones secundarias, aparecen de la convivencia encontrada y forzosa, no buscada. Sobre las relaciones primarias están fundamentadas las relaciones de familia, de vecindad, y los barrios pueden ser entendidos como su expresión espacial y geográfica más representativa en tanto que unidades locales más pequeñas dotadas de “sentimientos, tradiciones y una historia propia” [5]. El barrio, así, se conforma por el conjunto de relaciones primarias de naturaleza vecinal dentro de unos límites geográficos perfectamente delimitables. Presentan una existencia que no precisa de organización formal, es decir, no conduce necesariamente a la asociación auto-organizativa, y es la base del control político de la ciudad, ya que sobre las relaciones primarias se sustentan los liderazgos políticos y las maquinas electorales. Las relaciones secundarias, sin embargo, prescinden del sentimiento y se basan en la comunidad de intereses. Son relaciones libremente escogidas en función a un interés racional, no necesariamente inhumano, aunque primen aspectos como la abstracción, la finalidad o el devenir. Estas relaciones son las más representativamente urbanas, ya que el sustento de la organización económica de la ciudad en la división del trabajo y la especialización laboral Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [149]
profesional, promueve un individuo vocacionalmente diferenciado y con un alto grado de sofisticación intelectual. Tiene una relación problemática con las formas primarias de relación por no pertenecer precisamente a una esfera que atiende a parámetros como la contigüidad o el sentimiento, y es característico su deambular nómada, fruto de la creciente movilidad, que le permite habitar en un “mosaico de pequeños mundos dentro de los límites de la ciudad” [6]. Tan alto es el grado de contactos con una miríada de elementos externos y extraños, de exposición a los, denominados por Milgram, inputs, que necesariamente una proporción muy alta de las relaciones que establece se caracterizan por la transitoriedad y la superficialidad, provocando un estado de ansiedad e inestabilidad que exige una adaptación psicológica. Esta situación no debe entenderse como fruto de una opción consciente, libremente escogida, sino como consecuencia, como respuesta cuasi instintiva, a la complejidad de la vida metropolitana. El elemento representativo y configurador de las relaciones secundarias y de toda forma de vida urbana es la movilidad. Movilidad de objetos, movilidad de personas, en definitiva, movilidad de información. La movilidad favorece ese deambular nómada. La movilidad es la condición necesaria para la adopción de una economía monetaria como sistema de organización económica e industrial intrínseca a las ciudades. Simmel, antecesor y fuente de inspiración para Park, ya apuntó a que la preeminencia de esa forma de organización económica, que opera precisamente haciendo aquello tan intrínsecamente urbano como es la sustitución de los sentimientos por los intereses, obedece a la paulatina objetivación de las formas de relación en la ciudad, objetivación que no es más que un mecanismo de defensa natural de la vida subjetiva ante la creciente complejidad de las situaciones que se le presentan externamente en el día a día en la ciudad [7]. El dinero, de esta manera, adquiere una importancia central al servir con factor de referencia para traducir cualquier objeto a un valor de cambio, y por tanto susceptible de intercambio. Como consecuencia de esta forma de organización económica de la ciudad, sobre sistemas de relaciones primarias, basadas en el sentimiento y la contigüidad, como son los barrios, se produce una tensión al primarse, cultural y socialmente, el individuo diferenciado e impelido a hallar un campo de actividad “vocacional”, como valor dentro de un sistema que basa precisamente en la división perpetua del trabajo y la especialización. Más allá de la esfera de las relaciones primarias (sentimiento, vecindad) y secundarias (profesiones, relaciones industriales, vocaciones), se encuentra una última esfera que se yuxtapone a ellas y las permea. Es la esfera de las relaciones no basadas ni en el sentimiento ni en el interés, sino de acuerdo a los gustos o temperamentos compartidos. Park las identifica como relaciones morales. Podemos entenderlas como una expansión del campo de las relaciones primarias, pues son de naturaleza subjetiva e irracional, pero que, sin embargo, se vale de la praxis propia de las relaciones secundarias (libertad de elección, racionalidad, movilidad). Como apunta Park, la ciudad “ofrece todo tipo de clima moral en el que la naturaleza peculiar de cualquier individuo obtiene los estímulos necesarios para llevar sus predisposiciones innatas a la máxima y más libre expresión” [8]. De esta forma, es inevitable que, con el auxilio de las comunicaciones y el transporte urbano, se generen espacios dedicados a la vivencia colectiva de gustos y temperamentos compartidos. Son las regiones morales, los lugares de moral divergente, que fundando milieus temáticas, donde se obligan a tener “algo en común” para poder formar parte de ellas, también operan de manera segregadora como las otras modalidades de relación. 2.3 Vida cotidiana y crisis nerviosa La premisa de la naturaleza psíquica de la ciudad nos invita a entender la crisis urbana en la que estamos instalados como una crisis psiquiátrica del ser urbano sobreexpuesto en su dimensión primaria, secundaria y moral a estímulos que sobrepasan su capacidad de procesamiento. Está inevitablemente aparejada al crecimiento urbano, a la intensificación de las impresiones de cantidad, densidad y heterogeneidad. Park señala que la crisis es “la Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [150]
condición normal del intercambio”, consiste en “momentos psicológicos que acontecen con mayor frecuencia en sociedades que han adquirido un mayor grado de movilidad” [9]. Crisis, según William Thomas, es “cualquier interrupción de un hábito (…) Cualquier tensión de crisis supone tres posibles cambios: más fortaleza, menor eficiencia o la muerte. En términos biológicos, “supervivencia” significa un ajuste exitoso a la crisis, típicamente acompañado de una modificación estructural” [10]. El estado de adaptación continua del individuo al medio urbano en el que se inserta, que presenta características de extrema movilidad, mutación, transitoriedad y superficialidad de las formas de relación, competitividad y transitoriedad, es la forma en la que deberíamos entender la situación de crisis urbana en la que se encuentra el individuo en las ciudades. Al estado de crisis, consustancial del urbanita, cabe añadir el impacto psicológico que la ciudad ejerce a través de la presión de lo que llamaremos los elementos de la cotidianidad. Henri Lefebvre, sociólogo francés, centró sobre lo cotidiano sus estudios sociológicos inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Para él, poéticamente, lo cotidiano son “las 24 horas del día”, a la manera del Ulises de Joyce. Son las prácticas, los deseos, los ritmos, los espacios, los conflictos, las relaciones con los bienes y con los otros, encadenados de tal forma que constituyen un todo, al que podemos atrevernos a llamarlo, siguiendo lo expuesto hasta ahora, la ciudad misma. El interés por lo cotidiano, por las formas de vida en la ciudad de Lefebvre, se enmarca en un momento histórico muy preciso, de mutación de la sociedad francesa por la creciente urbanización y el desplazamiento del corazón de la actividad económica urbana de la industria a la sociedad capitalista de consumo. Lefebvre, en su Crítica a la vida cotidiana [11], enumera los componentes del espacio en: (1) el espacio, objetivo, si está relacionado con lo durable, o subjetivo, si está en torno a un grupo o individuo; (2) el tiempo, fundamentalmente tiempo social, que reúne el tiempo lineal de la técnica con el tiempo cíclico de la naturaleza; (3) las pluralidades de sentido, de puntos de vista, que tienen traducción en elementos espaciales; (4) lo simbólico, compartido por una comunidad; (5) las prácticas sociales, fundadas en el hacer individual que pueden desembocar en una praxis social de tipo repetitivo, contribuyendo a reproducir el mundo, o creativo, produciendo una transformación de lo cotidiano. La presión de los elementos cotidianos por el crecimiento urbano se traduce, así, en (1) una modificación del espacio objetivo, comprimiendo la habitación, expandiendo el espacio de tránsito; (2) singularizando el tiempo a la medida de lo durable en aras de la precisión, condición del funcionamiento automático de la organización económica [12]; (3) reduciendo los sentidos a una manera unívoca de entender la vida ligada a la prácticas del consumo; (4) suplantando lo simbólico, como constructo colectivo a lo largo del tiempo en un contexto local, por la representación intercambiable de las fuerzas del capital; (5) favoreciendo la práctica social como una praxis repetitiva y predecible. Frente a la tendencia de querer simplificar la presión de la ciudad como un efecto que la ciudad produce de una forma directa sobre el individuo, es a través de los elementos de la cotidianidad donde se manifiesta esa tensión de manera más explícita. Bajo estas condiciones de tensión (estado permanente de crisis acentuado por la movilidad, organización vocacional del trabajo que produce segregación social, la presión del crecimiento y desarrollo urbano sobre lo cotidiano) cabe explicarse las frecuentes revueltas ciudadanas como respuesta a la dificultad de adaptación a un medio urbano en transformación donde operan lógicas que escapan al ámbito geográfico de lo primario. Las revueltas son elementos endémicos a lo urbano [13] y son consustanciales a esa diferencia en la capacidad adaptativa que la ciudad exige, casi como en un proceso de selección natural. Pero esta visión de la realidad urbana como algo desbordante, que adquiere rasgos violentos, es residual en comparación con respuestas más generalizadas. En la inmensa mayoría de casos, el conflicto se somatiza de diversas formas. Los sociólogos de principios del siglo XX estaban animados por el deseo de comprender mejor los casos límites de inadaptación Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [151]
y la posible causa urbana de ciertas enfermedades mentales en un afán preventivo y proteccionista. Estos estudios se centran en los casos extremos, pero las manifestaciones más cotidianas de la presión psicológica de la ciudad nos resultan más interesantes que el estudio de los extremos. El psicólogo Stanley Milgram responsabilizó algunas respuestas a la sobrecarga de información que la vida urbana produce en el individuo y que afecta a su comportamiento como ciudadano, su responsabilidad social y la asunción de determinados roles. Adaptativo es también para Simmel, referencia obligada para Milgram, el comportamiento del blasée, condenado al bucle de la indiferencia y al hastío para poder sobrevivir en la gran ciudad de cambio de siglo. 2.4 Formas de escapatoria psíquica de la ciudad: las heterotopías y el espacio diferencial Existen sin embargo, otro tipo de respuestas que se enmarcan dentro de la “escapatoria de la ciudad” y que, paradójicamente, son manifestaciones imposibles fuera de los límites de lo urbano. Son líneas de fuga del cuerpo social que acontecen cada vez con mayor frecuencia en nuestras ciudades. Su fundamento radica en la propia naturaleza de la crisis, es decir, opera interrumpiendo los hábitos, y tiene como atributo principal la dimensión fundadora de nuevos espacios asociados a un nuevo tiempo. Son las heterotopías de Michel Foucault, en el sentido en el que definía su aparición “cuando el hombre alcanza algún tipo de ruptura absoluta con su tiempo tradicional” [14]. Se trata de espacios reales y en ellos quedan representados, contestados e invertidos, simultáneamente, todos los demás espacios. La constitución de espacios de resistencia subjetiva en la ciudad tiene una expresión paradigmática en la acción artística. El arte urbano es un ejemplo de producción de esos espacios de liberación psicofísica, aunque en él siga latiendo una concepción fuertemente individualista de la personalidad y la presencia del individuo-artista frente al resto-multitud. Nuestro interés principal, sin embargo, se desplaza al estudio de otro tipo de heterotopías colectivas donde el espacio de resistencia sea de naturaleza colectiva o social. La relación entre espacio y sociedad ha sido un tema central en la obra de Lefebvre. Del estudio de la vida cotidiana, Lefebvre, en un movimiento, digamos, por elevación, de lo material a lo teórico, fue pasando progresivamente al estudio de la ciudad, de la sociedad urbana y, en última instancia, en un ejercicio admirable de acercamiento a lo esencial, al estudio del espacio social como material del que están fabricadas nuestras ciudades. La publicación en 1974 de La producción del espacio puede considerarse un hito en la elaboración de un cuerpo teórico multidisciplinar y no parcelario, que ayuda a comprender la evolución de la conformación espacial de nuestras ciudades hasta la fase ampliamente considerada como de acumulación capitalista de la segunda posguerra. Para Lefebvre, “las relaciones sociales, como abstracciones concretas, sólo tienen existencia real en y por el espacio. Su soporte es espacial” [15]. El espacio no es aquí entendido en un sentido abstracto como ha impuesto la tradición euclidiana de la matemática y la filosofía occidental. El espacio es la condición primigenia para que acontezcan las relaciones con los demás y con las cosas. Por eso el establecimiento de cualquier relación está relacionado el espacio que precisa para su acontecer, y su finalización, sin embargo, no llega a suprimirlo, ya que persiste como residuo en la historia o en la memoria de los elementos relacionados. Lefebvre entiende el espacio como un producto social, producto que es a la vez real, susceptible de ser conocido, experimentado, y mental, como discurso que se produce sobre sí mismo. El espacio, es por tanto una práctica, y como tal puede ser percibido, aunque cada sociedad tiende a presuponer y ocultar su práctica del espacio en el bucle de la cotidianidad. El espacio es representable, concebible, y así es posible la fundación de técnicas y saberes que operan sobre él, como ha sido el oficio tradicional de la arquitectura y el urbanismo. Finalmente, el espacio es espacio de la representación o de lo vivido, donde se instalan los signos que representan al conjunto de actores sociales que conforman una comunidad. Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [152]
El espacio no ha sido un ente estático en el tiempo sino que ha ido evolucionando a partir de lo que Lefebvre identifica como espacio absoluto, el espacio antropizado de la naturaleza, siguiendo la evolución de la organización social de las comunidades. En nuestro ámbito occidental nos encontramos en un estadio donde predomina el espacio abstracto, un estadio que supera por objetivación, procedimiento consustancial a las sociedades capitalistas, al estadio del espacio histórico, asociado al nacimiento de la ciudad histórica que se separaba del espacio absoluto de la naturaleza. Entramos de nuevo en el mundo del intelecto, de la transacción y el valor de cambio. Sobre un espacio abstracto y, por tanto, homogéneo, pueden superponerse las diferentes calificaciones de valor que la sociedad capitalista desee, sin que intervengan otras cuestiones derivadas de la subjetividad o el uso. “El último reducto de la vitalidad irreducible sería un triste páramo” [16], afirma Lefebvre. El que la abstracción opere, no sobre espacios vacíos, sino llenos de contenido natural o histórico, espacios antropizados, hace que se generen las contradicciones inherentes al espacio urbano: se objetiviza para ser abstracto, pero, por efecto de esa tensión, contiene mayores contradicciones, se vuelve él mismo cada vez más contradictorio. La definición de espacio diferencial nace del espacio contradictorio por oposición a él. Es el espacio de las “resistencias, exterioridades a la homogenización” [17]. Estableciendo enlaces con lo expuesto hasta ahora, el espacio contradictorio es el de la cotidianidad, el de los hábitos, el de las relaciones primarias, secundarias e incluso morales que siguen el patrón de los sentimientos y las vocaciones tradicionales. Toda fuga del espacio contradictorio de la ciudad, toda ruptura en el flujo cotidiano de los hábitos y las formas de pensar, produce un espacio diferencial, heterotópico. Son los espacios de las comunidades utópicas y de la contracultura, aunque también del ocio y el turismo. Es, por tanto, un espacio reducible y manipulable, degradable, pero en un primer momento habilita la restitución del valor de uso en la relación con los demás y los objetos. Espacio diferencial es también la fiesta, la ruptura terapéutica por antonomasia de la vida cotidiana. 2.5 Función terapéutica del espacio social Subyace a la concepción social del espacio compartida por Lefebvre y Foucault la idea de que cualquier práctica social nueva produce su espacio. El espacio social es la condición esencial para que una sociedad pueda identificarse como tal, se reconozca y comience a producir una memoria que inevitablemente queda ligada a los lugares donde acontece. Existe una relación científica entre la novedad de las acciones, que estimula las conexiones neuronales que forman las redes de la corteza cerebral, y la memoria. El acontecimiento de lo colectivo, fundando su propio espacio, produciendo una novedad en la cadena de los hábitos, que quedan así interrumpidos, dota de un contenido que “desterritorializa” del contexto social a fuer de producir subjetividad intensamente, genera estabilidad y equilibrio, una inmovilización del tiempo que Halbwachs descubrió con efectos religadores y terapéuticos. La concepción del espacio como espacio social se separa de la concepción geométrica de tradición occidental, que posiblemente sea una concepción inoperativa para la técnica, porque desliga el espacio de su vivencia. Parafraseando a Park, el espacio puede considerarse también como un estado de la mente, donde actúan pulsiones y automatismos, costumbres y deseos, y que se aleja de las visiones isotrópicas y abstractas con la que la arquitectura y el urbanismo ha operado tradicionalmente. Se plantea así la pregunta de si la arquitectura y el urbanismo como técnicas parcelarias son capaces de producir el espacio social, o sin embargo se trata de una producción imposible, por estar fundadas sobre los principios del espacio abstracto y la función intelectual incapaz de operar con subjetividades sobre las que extraer una lógica. Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [153]
3 Prácticas extremas: la liberación del colegio Rey Heredia de Córdoba A continuación voy a presentar una práctica que identifico como extrema, a la luz del cuerpo teórico expuesto hasta este punto, la liberación del colegio Rey Heredia de Córdoba y su utilización como centro social autogestionado por los ciudadanos. Las Acampadas Dignidad son un movimiento ciudadano de protesta presente en la actualidad en muchas ciudades de España. Están formadas por un conglomerado de personas sin trabajo o golpeadas económicamente por la crisis y un movimiento de clara inspiración izquierdista de contestación al modo de organización económica y social consustancial al momento postcapitalista y postpolítico que vivimos. Por su mensaje y su presencia en el espacio público, presentan elementos comunes a las manifestaciones del 15M de Madrid. Conviene señalar, como punto de partida a la hora de caracterizar este movimiento, la heterogeneidad de los perfiles que reúne y la variedad de su procedencia, que lo aleja de poder ser investido con los rasgos identificativos de la multitud, tal y como se encuentran definidos en la tradición de la psicología de masas, principalmente en la obra de Gustave LeBon. 3.1 Contexto urbano, social y apunte cronológico de acciones El Colegio Rey Heredia se encuentra en un área urbana de Córdoba conocida como Sector sur, que engloba realidades diversas: el Campo de la verdad, un primer crecimiento de casas baratas, Fray Albino, un segundo crecimiento de bloques de vivienda social dentro de los programas de realojo franquistas de los años 60, San Martín de Porres, y por último, un tercer crecimiento de viviendas sociales ejecutadas ya en democracia, el Polígono Guadalquivir. De esta forma, la especialización de la zona en la vivienda social ha conducido a la orilla izquierda del Guadalquivir a ser el área de la ciudad donde se concentran las clases sociales más modestas, con graves problemas de integración geográfica, social y económica con el resto de la ciudad. No se trata tampoco de un área homogénea. Cada unidad barrial que la compone presenta elementos diferenciales. En cualquier caso, entre los problemas compartidos, se encuentran necesidades que precisan de una acción asistencial inmediata y la falta de espacios puestos al servicio de una ciudadanía organizada para poder dar respuesta a esas necesidades. Durante una manifestación el 4 de octubre, la Acampada Dignidad Córdoba liberó el Colegio Público Rey Heredia, una antigua unidad escolar infantil que llevaba más de dos años abandonado a la espera de su derribo. El edificio del colegio, ubicado en una situación privilegiada, a la espalda de la torre de La Calahorra, junto al río, frente a la zona monumental de Córdoba, forma parte de la memoria colectiva del barrio y de la ciudad, pues formó parte del primer programa de construcción de colegios públicos en la ciudad Desde aquel momento hasta el presente, la labor de la Acampada ha perseguido el desarrollo en el colegio una labor propia de centro social Autogestionado, y como tal lleva más de dos mese funcionando. 3.2 Acciones Desde que se liberó el colegio las acciones se han concentrado en varios campos: Educativo y cultural: desde el principio de la Acampada la acción educativa formaba parte de los objetivos a conseguir a corto plazo. Existe un entendimiento generalizado de que una de las vías de salida a la situación actual de quiebra social y económica pasa por la formación. Por esos se han organizado varias aulas destinadas preferentemente a la impartición de clases. En paralelo, la programación de actividades culturales tiene una profunda vocación Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [154]
formativa, así como la organización en paralelo de clases particulares y la creación de una biblioteca-ludoteca. Asistencial: contribuyendo a erradicar el fantasma del hambre, presente en determinadas capas sociales del barrio. Para ello se organiza la denominada cocina abierta: un grupo de voluntarios aprovecha la existencia de una antigua cocina en el colegio para cocinar y preparar comida que es servida para ser consumida en el comedor del colegio o para ser llevada a casa. Las personas que recurren a la cocina abierta son invitadas a integrarse en las actividades del colegio y a aportar su colaboración en las acciones de mantenimiento, evitando la malinterpretación del servicio con otro tipo de acciones caritativas. Infraestructural: como espacio al servicio de otras asociaciones o colectivos presentes en el barrio y que demandan el uso temporal de espacios para la celebración de actividades o reuniones interna. Centro de decisión: lugar de encuentro para la preparación y la logística de las acciones contestatarias que se producen en la ciudad. Siguiendo el espíritu de la Acampada Dignidad, los integrantes del colegio consideran necesaria la movilización y la protesta como forma más directa de visibilizar y difundir el malestar y descontento general ante una situación de crisis sistémica y lo que consideran una actitud pasiva y cómplice de los responsables públicos. En el colegio se deciden acciones, se preparan los materiales necesarios para la acción, sirve como lugar de reunión y evaluación posteriormente. La condición militantemente política de las personas presentes se percibe desde que se cruza el umbral a través del uso de dispositivos muy concretos: cartelería, grafismo, disposición de los elementos, mensajes, etc. 3.3 Problemáticas inherentes y aspectos de interés Problemáticas: consustanciales a una organización que tiene que producirse sobre la marcha, donde se confía al voluntarismo cuando existen grados diferentes y variables en el tiempo de compromiso. Esa situación de desequilibrio introduce un factor añadido de tensión interna, que a veces aflora en ciertos momentos y entre ciertas personas, por la ilusión y enormes expectativas puestas en la liberación. La pugna entre la realidad, llena de contradicciones, y el deseo, una iniciativa consecuente con sus aspiraciones hasta el delirio, es fuente de frustración, y cuestiona verdaderamente si la práctica alternativa que allí se da está sostenida por formas diferentes de pensar y convivir. “No puedes enfrentarte al enemigo con las armas del enemigo”. Aspectos de interés: La acción colectiva está recuperando y acondicionando su espacio-soporte, el colegio Rey Heredia, que nunca llegó a estar en una situación de ruina, pero que ha experimentado una recuperación llamativa gracias al hecho de convertirse en el soporte de una actividad. La rehabilitación se produce día a día, en los pequeños arreglos y las estrategias de ocupación de los espacios según necesidad. Otro aspecto de interés es el devenir de la propia Acampada, que tiende a dotarse de estructura organizativa con asignación de roles. Se pretende conseguir así una organización efectiva que prevenga frente a la espontaneidad y la improvisación y garantice la consecución de objetivos. La organización de la gestión erradica así la atmósfera improvisatoria, donde cualquier cosa podía ocurrir, del principio. Finalmente, los espacios se convierten en el recurso más deseado, a pesar de la dificultad para introducir herramientas para su gestión y su proyección en el tiempo. El momento de la constitución de una agenda y un mapa de espacios abre el proceso para la Congreso/Congresso PECC Sevilla 2013. [155]