Estudios constructivos en apoyo a la restauración de las Termas romanas de Carteia
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83 Comunicaciones ESTUDIOS CONSTRUCTIVOS EN APOYO A LA RESTAURACIÓN DE LAS TERMAS ROMANAS DE CARTEIA M� A� Tabales / A� Graciani / J� M� Calama / J� Alejandre / J� M� Pajuelo / A� Pérez ObjetO Este trabajo ha sido realizado por el grupo de investigación sobre construcción patrimonial del Departamento de Construcciones Arquitectónicas 2 de la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica de la Universidad de Sevilla a petición de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía. Tiene como objeto aportar datos referentes a la materialidad constructiva de las termas romanas de Carteia (San Roque, Cádiz) en apoyo a la organización del proyecto de restauración y puesta en valor del yacimiento a cargo del arquitecto Luis Pizarro. El análisis encomendado se ha planteado siguiendo el modelo metodológico utilizado por este mismo equipo en otros yacimientos de la provincia de Cádiz como el castillo de Jimena de la Frontera, el castillo de San Romualdo en San Fernando, la iglesia del Salvador de Vejer y la chanca de Zahara de los Atunes. Se ha contado con la inestimable base de los análisis publicados por la doctora Lourdes Roldán, así como con el asesoramiento científico de los arqueólogos Juan Miguel Pajuelo y María Isabel Gómez Arroquia, directores de las recientes intervenciones arqueológicas realizadas en el conjunto termal. El análisis constructivo ha profundizado en tres líneas complementarias; por un lado el análisis estratigráfico, centrado en la identificación de las fases de ejecución y consecuente adscripción de los restos conservados. En segundo lugar se han caracterizado minuciosamente cada una de las evidencias constructivas: fábricas, pavimentos y recubrimientos murarios en el contexto regional y cronológico. Por último se han detectado las principales patologías y evidencias de la fábrica con mayor implicación en la comprensión evolutiva de los restos. Como resultado final se han propuesto algunas medidas relativas a la conservación y la puesta en valor a la par que se ofrece una hipótesis centrada en la evolución constructiva.
84 Almoraima, 36, 2008 RecOnStRUccIón hIPOtÉtIcA de lOS PROceSOS cOnStRUctIvOS El resultado de nuestras investigaciones se sintetiza en la siguiente secuencia de transformación del espacio ocupado por las termas: Proceso 1. Urbanismo preexistente. Planteamos la posibilidad de la existencia de una organización urbana previa a la construcción de los baños consistente en una retícula pseudo-hipodámica que en este sector vendría definida por la existencia de una calle de tres metros de anchura de orientación norte – sur situada entre lo que hoy se interpreta como caldario y frigidario, al oeste, y el denominado apodyterium, al este. Sería una calle paralela a la fachada occidental de las termas, actualmente en fase de excavación. Dicha estructuración se completaría al sur mediante una calle transversal entre ambas, mientras que al norte vendría a situarse tras las alineaciones 7 y 9, que marcan no sólo un cambio de fábrica sino también de cota. Hacia ese sector tal vez se abriera una plaza o foro que sería más tarde invadido por el edificio de las letrinas y por las hipotéticas dependencias administrativas 33 y 30, acondicionándose en consecuencia el pavimento de la vía pública al desnivel y a la forma irregular de los edificios añadidos. Son varios los argumentos que permiten plantear este panorama previo, aunque los más evidentes son la conservación aún hoy de la mayor parte de la alineación central mediante dos muros paralelos de diferente ejecución, que separan por un lado las fábricas termales y por otro la edificación situada al este. Observando ambos muros se advierte que el primero de ellos, que marca el límite sur de frigidario e hipocausto, abre varias puertas hacia dicha “calle”, que con posterioridad serán cegadas, mientras que el muro del denominado sector del apodyterium aparece sin aperturas hacia el espacio en cuestión. Ambos son muros de carga con mayor espesor que los del resto por lo que podrían interpretarse como fachadas, si bien en el primero de los casos las diversas puertas cegadas indican que su construcción fue paralela por un lado a la eliminación de la calle como estructura de tránsito urbano, y por otro al acondicionamiento de ésta como pasillo de distribución interna hacia las distintas dependencias termales desde la entrada, situada dentro de la edificación contigua. En otras palabras, se plantea como especulación de partida que dicha calle, de haber existido, fue absorbida por las termas, recién construidas en el solar occidental, como eje de distribución funcional, mientras que, al este existiría una edificación previa, que sería absorbida por las termas para garantizar las tareas de recepción. Este planteamiento podría explicar tanto las alineaciones existentes, como las diferencias de fábrica, espesores de los muros y sentido de los adosamientos estudiados. Proceso 2. Edificio preexistente. Las diferencias entre los muros de la terma y los del sector del apodyterium inducen a pensar en una independencia constructiva. Por un lado, las estancias termales se organizan dentro de una lógica funcional evidente pero por otro, el área del apodyterium parece responder a un reacondicionamiento forzado de sus dependencias para garantizar un nuevo uso. Insistimos en las diferencias de fábrica y en la desconexión estratigráfica entre ambos sectores. La observación de la planta parece delatar incluso la existencia de una separación dentro de la manzana del apodyterium ya que parte de ella fue radicalmente simplificada a través de las obras tardías visibles en las estancias 26,28, 31,… mientras que la otra perduró casi intacta hasta la desaparición y abandono definitivo en el siglo IV.
85 Comunicaciones Figura 1. Termas romanas de Carteia. Orden de adosamientos generales. Planta general. Figura 2. Termas romanas de Carteia. Fábricas. Planta general.
86 Almoraima, 36, 2008 Proceso 3. Edificación de las termas. El inicio de las obras de las termas es aún objeto de discusión dada la naturaleza analógica de las dataciones que vienen a plantear (ROLDÁN 1992), sin que nosotros tengamos nada que objetar, un período comprendido entre la época flavia y la de los antoninos para su erección. A fines del siglo I o durante el siglo II d. C. se elevará un conjunto muy ambicioso que el tiempo se encargaría de simplificar y ajustar al peso de una población seguramente muy disminuida en el siglo III para luego desaparecer en el siglo IV. En los primeros momentos se procedería a proyectar un gran conjunto de baños que se ajustaría mediante obra nueva a la manzana adquirida para tal fin, absorbiendo mediante reformas la edificación contigua, existente desde épocas anteriores y destinada a las tareas de recepción, apodyterios, almacenaje y letrinas. El edificio quedaría por tanto organizado mediante una gran plaza porticada al menos en tres de sus flancos que haría las funciones de palestra. Muy probablemente existiera una natatio en el centro ajustada a un espacio presumiblemente mayor que el que ahora observamos. Junto a la palestra se dispondrían en apariencia simétrica el caldario, los tepidarios y frigidarios, formalizando así una distribución quizás por sexos, puesta de moda desde época de Adriano en Roma. El sistema de calefacción dispondría de un hipocausto situado bajo el caldario, en zona aun no excavada, ubicándose las tomas de agua en algún punto al este o sur del edificio. Los análisis de la doctora Graciani ponen de manifiesto la posibilidad de que las salas calefactadas dispusieran de cerramientos diferentes a los originales en el sector occidental donde es probable que la solución absidiada actual sea la consecuencia de una readaptación sobre la marcha o un cambio de diseño realizado poco después de la construcción. El agua se distribuía a las natatios y bañeras evacuándose mediante atarjeas dispuestas hacia la cloaca, situada de este a oeste bajo el frigidario. Las letrinas y cisternas quedarían situadas en el edificio contiguo, seguramente en las inmediaciones de la cloaca. Los accesos serían variados. uno de ellos, tal vez secundario se formalizaba desde la calle occidental, permitiéndose el paso directo desde la calle a la palestra mediante una escalera encajonada en lo que hoy llamamos estancia 9. Sin duda los accesos principales se situarían hacia el este. Según Roldán lo que hoy observamos en esa zona podría indicar la existencia de un atrio porticado de grandes dimensiones. Nosotros no tenemos argumentos para rechazar dicha hipótesis pero sí creemos interpretar como pasillo de distribución el espacio ocupado entre ambas edificaciones claramente independientes. Entendemos que lo que antiguamente fuera calle, ahora permitía tal vez sin cubrición alguna, pasos directos al frigidario, hipocausto y otras estancias centrales. Lo cierto es que el número de puertas permite plantear tránsitos diversos, lo que nos conduce de nuevo a advertir una posible bipartición femenina y masculina del espacio original. El proceso constructivo parece claro debiéndose los cambios de aparejo detectados principalmente a condicionantes topográficos y sedimentológicos que aun hoy son palpables. A nuestro juicio se procuró mantener la cota del edificio del apodyterio, ya existente, trasladándola al solar nuevo en el que se levantaría el núcleo termal. Para ello debió cancelarse el tránsito por la calle intermedia nivelándola a la cota citada y eliminando por tanto el declive natural, evidente aun hoy de sur a norte. Para ello debió pantallarse el sector septentrional edificándose un muro (alineación 7 y 9) que clausuraría el paso hacia la plaza o calles de esa zona, que ahora permanecerían a una cota distinta y con lo que no habría comunicación aparente. En el extremo occidental, el desnivel original era aun mayor, acercándose a dos metros, con la particularidad de que en esa zona, por su inmediatez a la playa (¿o puerto?) las arenas del sustrato y al agua aflorante obligaban a grandes esfuerzos de cimentación. Al mantener una cota homogénea desde el extremo oriental, aquí, junto al mar, debió levantarse una gran pantalla (alineación 1) con una profundidad y espesor considerables procediéndose al relleno y aterrazamiento interno. Pilares de la palestra, tirantes de refuerzo y muros interiores debieron cimentarse igualmente a profundidades cercanas a los
87 Comunicaciones Figura 3. Termas romanas de Carteia. Sección transversal 2. Análisis estratigráfico. Figura 4. Termas romanas de Carteia. Fase I (Siglos I-II dC). Primeras termas. Hipótesis.
88 Almoraima, 36, 2008 tres metros. Por fortuna la sobreexcavación de este sector nos permite entender con gran precisión todo el procedimiento y condicionantes de obra. El resultado sería el de un edificio a nivel con las calles situadas al este y tal vez al sur, pero sobreelevado sobre calles y plazas del lado norte y oeste. Se entiende lógicamente la necesidad de establecer escaleras para poder salvar desde la calle occidental la diferencia de cotas, cercana a los tres metros entre el interior y el exterior. Lo que hoy advertimos no sería más que la mitad de este primer proyecto en la zona nueva mientras que en el sector antiguo el área excavada es aún menor. Tránsitos cegados, cambios de ubicación del hipocausto, simplificación de la natatio, añadido de edificios, cambios de fábrica, etc… evidencian que este proyecto inicial hubo de ser revisado a la baja ante condicionantes que ignoramos pero sobre los que no debemos dejar de especular. Proceso 4. Reforma y simplificación de las termas Resulta complejo justificar un cambio tan espectacular como el que se advierte en el conjunto termal si no es tras una disminución notable de la población, lo cual, que se sepa es algo a descartar antes del siglo II d.C. Los sistemas de adosamiento murario y las fábricas empleadas no aportan cronologías absolutas por lo que es la secuencia relativa la que nos lleva a situar la reforma de manera amplia, como argumentara Roldán, entre los siglos II y III. Nuestra hipótesis plantea un panorama relativamente claro, sobre todo tras el cegamiento de los tránsitos principales y la aparente sustitución de este sector por otro nuevo, que invade parte de lo que intuimos como un foro. A la vez, casi las tres cuartas partes del edificio será segregado, tal vez por innecesario, reduciéndose a la mitad tanto la palestra como la natatio principal, y cercenando el antiguo caldario de tal modo que, relegado a una nueva posición de lateralidad, quedará como tepidario anexo a un nuevo caldario (el antiguo tepidario reconvertido) en el que se recompondrá un nuevo hipocausto. Podría entenderse que la ciudad tardía, con pocos habitantes tras los múltiples desastres del siglo II y III, reconvertiría las termas simplificándolas al eliminar el modelo simétrico stabiano. Las reformas emprendidas seguirían un orden similar al siguiente: 1. Probable destrucción. Por desgracia el siglo II ofrece testimonios de desastres naturales y bélicos suficientes como para justificar una destrucción, que por otro lado no tiene porqué vincularse a hechos históricos importantes. La misma naturaleza del sustrato garantiza sobradamente problemas de estabilidad desde la misma época de la construcción. Parece razonable la implicación en el proceso que estudiamos de algún evento destructivo dada la naturaleza de las reformas emprendidas a continuación, incompatibles a todas luces con el mantenimiento en pie de la mayor parte de las estancias. 2. Escisión de las tres cuartas partes del conjunto. El edificio termal se encontraría en ruina total o parcial cuando se levantó una medianera que dividía en dos la gran manzana de las termas, de oeste a este, cegándose en el muro oriental de la antigua calleja de distribución todos los vanos que permitían el tránsito entre lo que antes identificábamos como sector de entrada y la zona central. Es posible que la antigua domus añadida a la terma recuperara ahora su independencia funcional. En la mitad meridional no se reformarán las estructuras pertenecientes a los baños siendo éstas sustituidas sin más por edificaciones de signo, orientación y uso muy diferentes. Con esta operación los baños se reducían a la mitad de la palestra, el tepidario, el frigidario, una parte de lo que fuera caldario y un patinillo trasero con una pequeña bañera. Con todo ello, era imposible garantizar un funcionamiento de ningún tipo al no existir posibilidad de abastecimiento de agua, ni acceso, ni letrinas, etc… 3. Erección de un nuevo acceso. una vez cancelados los tránsitos con el antiguo acceso, al este del callejón, se decidió sustituirlo por uno nuevo en el extremo opuesto, dando al espacio abierto situado al norte. Para ello debieron adosarse
89 Comunicaciones Figura 5. Termas romanas de Carteia. Fase II (Siglos I-II dC). Reformas e incorporaciones. Hipótesis. Figura 6. Termas romanas de Carteia. Fase III (Siglo IV en adelante). Abandono y nuevos usos. Hipótesis.
90 Almoraima, 36, 2008 al muro septentrional de la terma una serie de dependencias que delatan una doble funcionalidad. Así, se habilitó una portada señalada de relativa prestancia que permitía el paso a las nuevas letrinas y dependencias administrativas a la vez que forzaba el acceso hacia la antigua portada trasera de las viejas termas, situada junto al desagüe de la cloaca bajo la calle. Junto a estas dependencias se construyeron otras cuatro, comunicadas con la calle e independientes por completo del resto del edificio. La fábrica es diferente a la de la nueva portada pero el mortero es el mismo y el sentido de los adosamientos indica que estas cuatro habitaciones se levantaron poco antes. Su función debió ser comercial, y aunque comunicadas entre sí, abren puertas independientes a la vía pública por lo que podrían interpretarse como tabernae vinculadas a los baños. Todo el conjunto parece invadir gran parte de un espacio público previo, algo impensable en el siglo I o inicios del II pero plenamente posible tras la crisis del urbanismo de fines del siglo II. 4. Construcción de un nuevo sistema hidráulico. La escalera de acceso a los baños desde la calle occidental fue inhabilitada en este momento mediante la interposición de un tapón de hormigón. Esta operación en apariencia insignificante condiciona nuestro siguiente planteamiento: “si la caja de la escalera se anula mediante un tapón hidráulico, ¿sería posible que en su lugar se ubicara una rueda de extracción de agua que garantizara el abastecimiento de la nueva terma?”. Se trataría de una rueda de madera de 6’5 metros de diámetro sobre un pozo de agua que no debería ser salina a pesar de la proximidad al mar. En el caso de las termas stabianas de Pompeya se construyó una rueda junto a la palestra en un punto casi idéntico al que proponemos. Esta operación permitiría extraer un caudal corto y esporádico mediante tracción humana, garantizada mediante el sistema de rueda de ratón o con un torno manual situado en la terraza de las letrinas. El agua pasaría por conductos ya perdidos a las natatio, cisternas y bañeras y, sobre todo, posibilitaría la alimentación de la cisterna 24, cuyo magnífico desagüe conservado garantizaría la limpieza de las nuevas letrinas. En definitiva, al adosar todas las dependencias citadas sobre la fachada lateral de las viejas termas se generó un nuevo acceso principal a la vez que se garantizaba un nuevo sistema hidráulico, independiente, simple y acorde con la disminución de la entidad del conjunto. 5. Transformación del sistema de calefacción. La presencia del hipocausto en una galería subterránea (estancia 18) abovedada tras el caldario y el tepidario a la que se accedía desde el frigidario (estancia 19) es una evidencia afortunadamente constatable en la actualidad. Sin embargo sus muros y pavimento delatan una transformación en el uso vinculada sin duda a la reforma de la que estamos hablando. Inicialmente, el sistema incorporaría una bóveda distinta a la actual. Los muros de la estancia 18 posibilitaban un acceso directo desde la calleja de distribución situada al este, mediante una puerta cegada luego. una vez en dicha estancia debía existir una leve bajada hacia el hipocausto, situado muy probablemente tras el caldario original (en la estancia 13). Dicha galería, situada pues tras el caldario y los dos tepidarios que lo flanqueaban, debía medir unos 15 metros de longitud por apenas 1,5 de luz, situándose el hipocausto en el centro del caldario a una cota algo inferior a la de la actual sala 18. Desde este foco de calefacción el aire se distribuía al interior del caldario y los tepidarios, cuyos pavimentos se resolvían mediante el tradicional sistema de pilae y suspensura. Para transmitir el calor entre el caldario (estancia 13) y tepidarios (estancia 14 y 14 bis) se utilizaron espesos muros de ladrillo refractario en el que se abrían sendas ventanas abocardadas de conexión bajo el suelo. El modelo de suspensura fue sobradamente analizado por Roldán (1992:112), siendo la transmisión vertical resuelta en nuestra opinión, no con tubuli, sino mediante clavijas cerámicas y ladrillos recortados. La simplificación de las termas condujo a la pérdida del tepidario 14 bis y las estancias contiguas del lado meridional. Se mantenían sólo las tres grandes estancias abovedadas necesarias para la organización básica de los baños, por lo que el antiguo caldario (estancia 13) pasó a convertirse en un tepidario, y el tepidario (estancia 14), se reformó para cumplir con la nueva misión de caldario. En el muro divisor entre el nuevo caldario y la galería subterránea del hipocausto (estancia 18) se abrió toscamente un hueco que vendría a funcionar como fogón. Para ello debió acondicionarse toda la
91 Comunicaciones Figura 7. Termas romanas de Carteia. Procesos de ocupación. Hipótesis general.