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Poder, transgresión y resistencia en "El Apando"

González Cárdenas, Verónica Alejandra

Abstract

El Apando es una novela corta escrita por José Revueltas en la cárcel preventiva de la ciudad de México entre los meses de febrero y marzo de 1969. La obra narra la historia de tres hombres internados en un penal: Albino, Polonio y «El Carajo», que sobreviven en condiciones deplorables, y cuyos únicos alicientes son las drogas y el sexo. El objetivo de este artículo es estudiar la novela desde un enfoque semiótico que nos permita comprender el texto como un producto cultural que refleja las condiciones políticas de la época, así como el discurso contestatario y transgresor usado por el autor para hacer visible el poder ejercido por el Estado sobre los cuerpos.

Full text

195 «Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » PODER, TRASGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS UNIVERSIDAD DE COLIMA (MÉXICO) e onica_g[email p o ec ed] Resumen: El Apando es una no ela co a esc i a po José Re uel as en la cá cel p e en i a de la ciudad de México en e los meses de eb e o y ma zo de 1969. La ob a na a la his o ia de es homb es in e nados en un penal: Albino, Polonio y «El Ca ajo», que sob e i en en condiciones deplo ables, y cuyos únicos alicien es son las d ogas y el sexo. El obje i o de es e a ículo es es udia la no ela desde un en oque semió ico que nos pe mi a comp ende el ex o como un p oduc o cul u al que e leja las condiciones polí icas de la época, así como el discu so con es a a io y ansg eso usado po el au o pa a hace isible el pode eje cido po el Es ado sob e los cue pos. Palab as cla e: Pode . P isión. Cue po. T ansg esión y esis encia. Abs ac : El Apando is a sho no el w i en by Jose Re uel as in he p e en i e jail o he ci y o Mexico be ween Feb ua y and Ma ch, 1969. The wo k na a es he his o y o h ee men imp isoned in he penal one: Albino, Polonio and «The Ca ajo», which hey su i e in deplo able condi ions, and whose only inducemen s a e he d ugs and he sex. The aim o his a icle is s udy he no el om a semio ic app oach ha allows us o unde s and he ex as a cul u al p oduc ha e lec s he poli ical condi ions o he pe iod, as well as he an i-es ablishmen and ansg esso discou se used by he au ho o make isible he powe exe cised by he S a e on he bodies. Key wo ds: Powe . P ison. Body. T ansg ession and esis ance. Résumé: El Apando es un cou oman éc i pa José Re uel as en p ison p é en i e à Mexico en e Fé ie e Ma s 1969. La pièce acon e l’his oi e de ois hommes dé enus dans une p ison: Albino, Polonio e ‘Le Ca ajo’, qui su i en dans des condi ions déplo ables, e don la seule mo i a ion es la d ogue e le sexe. Le bu de ce a icle es d’é udie le oman à pa i d’une app oche sémio ique qui nous pe me de comp end e le ex e comme un p odui cul u el qui e lè e les condi ions poli iques de l’époque, e le discou s ebelle e ansg essi e u ilisé pa l’au eu pou end e isible le pou oi exe cé pa l’É a su les co ps. Mo s-clés: Pou oi . P ison. Co ps. La ansg ession e la ésis ance. 196 «Homenaje al D . Albe o Millán Chi i e». Nºs 34-35 (años 2011-2012) 1. REVUELTAS, UN ESCRITOR QUE INTENTÓ TRANSFORMAR LA REALIDAD José Re uel as nació en 1914 en San iago Papasquia o, un pueblo del es ado de Du ango, pe o desde niño i ió en la ciudad de México, donde es udió algunos años en el Colegio Alemán, del que dese ó debido a las bu las de sus compañe os. Sin emba go, no se alejó de los lib os (Luna, 2004), sino que ecu ió a las biblio ecas públicas y ahí conoció a los g andes esc i o es uni e sales que inspi a on su ca e a li e a ia. Amé ica Luna Ma ínez (2004), en su ensayo i ulado «José Re uel as o la u opía con a iada», señala que en una de las en e is as que concedió a lo la go de su ida, el esc i o comen ó que sus dudas espec o a Dios y a la eligión lo lle a on a es udia iloso ía e his o ia de la iloso ía. Fue así como llegó a conoce el pensamien o de los ma xis as i alianos, como Lab iola, aunque ue Ca los Ma x y Los manusc i os económico- ilosó icos (en que el au o p opone su eo ía de la enajenación), los que cap a on su in e és. Pa a en onces, las lec u as de los ilóso os comunis as hab ían calado hondo en su pensamien o, lo que sumado a su amis ad con ac i is as polí icos, su sensibilidad an e la pob eza y las injus icias sociales, y sus deseos de cambia el México de la época, lo lle a on a adhe i se a las ilas del Pa ido Comunis a Mexicano en 1930. La p ime a expe iencia polí ica del esc i o es acciden ada, ya que la ep esión del callismo ecae sob e odos aquellos que podían ep esen a una amenaza pa a el caudillo, pe o especialmen e con a los comunis as (Luna, 2004). De hecho, una de sus p ime as acciones den o del Pa ido Comunis a Mexicano ue su pa icipación en la colocación de una bande a en la o e de la ca ed al de la capi al del país con la insc ipción «Vi a la e olución usa, mue a el gobie no ascis a de México». En e las p incipales igu as que u ie on una g an in luencia en la ideología del jo en esc i o des aca Ca los Ma x, quien conside aba que la ob a li e a ia no es un ae oli o caído acciden almen e sob e los homb es, sino la c eación de homb es en una sociedad de e minada po muchos ac o es, desde los económicos has a los ideológicos, y en una e apa muy p ecisa de la e olución his ó ica. Concebida de es a mane a, la ob a li e a ia no es un me o e lejo de la sociedad, sino que su ge con ines p opios, agi a el ánimo de los lec o es y con ibuye a ans o ma la sociedad. Además de Ma x, en el con ex o ilosó ico, o a de las g andes in luencias de Re uel as en el e eno li e a io ue Dos oie ski (Ruiz, 1992), a quien conside aba el g an ejemplo del c is ianismo, ya que después de sali de la cá cel donde había sido humillado, ag adeció al Za su bene olencia y puso la o a mejilla, siguiendo los pos ulados de la doc ina c is iana. En Dos oie ski, Re uel as pudo habe encon ado muchas cosas, en e ellas, la in ini a impo encia del homb e an e Dios, la dico omía de la mo al y el a e, el sen imien o p o undo que e elan VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS / UNIVERSIAD DE COLIMA (MÉXICO) 197 «Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » los pe sonajes de sus no elas espec o a la libe ad (una libe ad que no saben maneja ) y la culpa. Ál a o Ruiz (1992) explica que Dos oie ski dejó en Re uel as algo más que una me a ísica del caos que es la conciencia humana, y que en ambos au o es, el cas igo pa ece un some imien o no solo del cue po, sino an e odo, del alma de un homb e a los designios del o men o. De es e modo, el cas igo es una expiación de una culpa uni e sal y me a ísica. En opinión de es e in es igado , cada ez que Re uel as e a ecluido en una p isión po sus ideas polí icas, sen ía que su cue po quedaba bajo la cus odia del Es ado, y su conciencia en manos de una ue za omnip esen e que lo juzga ía de mane a más se e a. La esc i u a e uel iana mues a una cla a ideología de izquie da. Su no ela El Apando, es un ela o de las condiciones in ahumanas en que sob e i en los eclusos, some idos po la ue za del Es ado. Aunque la ama de la ob a y su es ilo han lle ado a muchos es udiosos de su ob a a conclui que es sin omá ica de la desespe ación y esignación del au o en sus úl imos años, Ruíz (1992) conside a que la es é ica de la misma es con es a a ia po su «lado mo ido » (Escalan e, 1979: 26), es deci , po la desespe anza y el pesimismo que acompañan a los pe sonajes de la his o ia. Conside amos con enien e pa a el análisis de la no ela, e oma las ideas de Geo ge Lukács (1961), quien sos iene que la e dade a li e a u a es la ealis a, que nos p esen a en o ma de « ipos» la soldadu a o gánica en e el homb e y el desa ollo his ó ico-social. Pa a Lukács, los no elis as es án comp ome idos con las luchas de su iempo, y sus ob as son an o documen os del cu so his ó ico como guías pa a el p og eso polí ico. En su es uc u alismo gené ico, Lucien Goldmann (1985: 17) a i ma que el esc i o no es un genio indi idual, sino el agen e sup aindi idual que habla po odos los miemb os de su g upo y e leja la conduc a de los homb es en la his o ia de la sociedad. En consecuencia, una idea o una ob a solo ob ienen su e dade a signi icación cuando se han in eg ado en el conjun o de una ida y de un compo amien o, y ese compo amien o nos pe mi e comp ende que la ob a no es exclusi amen e del au o , sino del g upo social en el que es a es p oducida. Quizá po esa azón, los esc i o es, especialmen e aquellos conside ados «con es a a ios» como es el caso de Re uel as, se uel en un pelig o pa a los egímenes au o i a ios, pues con sus ex os inci an, de algún modo, a la acción indi idual y colec i a. Pe o la ob a li e a ia como elemen o de la cul u a, es el mecanismo i o de la conciencia colec i a. Pa a Lo man (1996) la cul u a puede conside a se como una se ie de ex os o como un único ex o o ganizado de modo pa icula , de es e PODER, TRANSGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO 198 «Homenaje al D . Albe o Millán Chi i e». Nºs 34-35 (años 2011-2012) modo, la Semió ica Tex ual o Semió ica Discu si a, concibe el ex o como un apa a o semió ico, y ija su a ención en lo que los signos hacen, más que en lo que los signos ep esen an en la ac i idad ex ual. Así pues, el ex o como obje o semió ico, pe mi e la con e gencia de dis in as disciplinas: la iloso ía, la lingüís ica, la llamada c í ica li e a ia, e c., pues como dice Baj ín (1992: 294), «donde no hay ex o, no hay obje o pa a la in es igación y el pensamien o». 2. PODER Y RESISTENCIA EN EL APANDO Como esc i o comp ome ido con una ideología de izquie da, es p obable que Re uel as conocie a bien lo que el his o iado ma xis a b i ánico, Edwa d Palme Thompson (1989: 13-18), ha pos ulado: «sin p oducción, no hay his o ia y sin cul u a, no hay p oducción.» Reco demos que en la adición ma xis a, la clase es una ca ego ía his ó ica que desc ibe a las pe sonas elacionándose unas con o as en el anscu so del iempo, el modo en que adquie en conciencia de sus elaciones, se sepa an, se unen, en an en con lic o, o man ins i uciones y ansmi en alo es, en é minos de clase. Pa a Thompson, la clase es una o mación económica y es ambién una o mación cul u al. La expe iencia de clase es á ampliamen e de e minada po las elaciones de p oducción en las que los homb es nacen, o en las que en an de mane a in olun a ia. La conciencia de clase es la o ma en que se exp esan es as expe iencias en é minos cul u ales, enca nadas en adiciones, sis emas de alo es, ideas y o mas ins i ucionales. Si bien la expe iencia de clase apa ece como algo de e minado, la conciencia de clase no lo es á; su ge del mismo modo en dis in os momen os y luga es, pe o nunca su ge exac amen e de la misma o ma. Como la clase es una expe iencia, Thompson conside a que es a la de inen los homb es mien as i en su p opia his o ia. En la no ela, la expe iencia de clase de la que habla Thompson (1989: 10) se hace explíci a cuando se desa olla el ema de las isi as de los amilia es de los p esos. Ninguno de ellos ponía en ela de juicio la culpabilidad o la inocencia del hijo, del ma ido o del he mano, solo sabían que es aban ahí y eso e a odo, explica el na ado . Ello ocu ía al ez, po que la mayo ía de los in e nos pe enecían a la llamada clase social «baja». No ocu ía lo mismo con o o ipo de isi as, como podemos lee a con inuación: Cuando alguna seño a de clase al a llegaba a pisa esos luga es, las p ime as eces, su p eocupación única, obsesi a, mani ies a –que e minaba po ca ece de oda lógica y aún de ilación- e a la de es ablece un lími e social p eciso en e su p eso –las causas po VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS / UNIVERSIAD DE COLIMA (MÉXICO) 199 «Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » las que es aba de enido, lo pasaje o y pu amen e inciden al de su ánsi o po la p isión– y los p esos de las demás pe sonas. Al suyo se le «acusaba de», sin ene ningún deli o – aunque las apa iencias esul asen de odos modos sospechosas- y ya se habían mo ilizado en su a o g andes in luencias, y dos o es minis os andaban en el asun o (Re uel as, 1969: 42). La conciencia de clase es dis in a a la expe iencia de clase, pues mien as la segunda es á de e minada po las condiciones de p oducción, la p ime a es la exp esión cul u al de esa expe iencia. Así, podemos señala que las elaciones de pode o en e al pode , condicionan la oma de conciencia. En la medida que el pode se eje ce de modo absolu o, en que se es ingen las libe ades del indi iduo y se mon a un apa a o polí ico y socio-cul u al alienan e, el p oceso de oma de conciencia de clase puede e se a o ecido. Sin emba go, como dice Lukes (2007), necesi amos p es a a ención a esos aspec os del pode que son menos accesibles a la obse ación, pues el pode alcanza su mayo e icacia cuando es menos obse able. Lukes (2007: XXI) es udia «el pode », desde un en oque adical (EPER). En sus es udios ci a a Cha les Tilly, quien p opo cionó una lis a de sie e posibles espues as a la p emisa de: «si la dominación o dina ia lesiona cons an emen e los in e eses bien de inidos de los g upos subo dinados, ¿po qué obedecen los subo dinados? ¿Po qué no se ebelan con inuamen e o se esis en al menos odo el iempo?». Tilly pensaba que la p emisa an e io es inco ec a, ya que en ealidad los subo dinados se ebelan cons an emen e, pe o de o mas encubie as. Aunque el concep o de pode es polisémico y no siemp e e ie e a una conno ación despec i a, Lukes e oma la idea de John Locke y la amplía pa a sos ene que « ene pode es ene la capacidad de hace cualquie cambio, de admi i lo o de esis i se a él» (Lukes, 2007: 76). Pa a Foucaul (1978: 139), el pode no solo pe enece a la es e a gube na i a, sino que exis e un subpode , es deci , «una ama de pode mic oscópico, capila », que no implica el pode polí ico, ni los apa a os de Es ado, ni el de una clase p i ilegiada, sino el conjun o de pequeños pode es e ins i uciones si uados en un ni el más bajo. Vis o desde es e en oque, pod íamos señala que en la sociedad se dan múl iples elaciones de pode que se mani ies an de mane a su il en dis in os ni eles. En el campo de los es udios cul u ales, Edga y Sedgwick (2005) a i man que la eo ía de la hegemonía acili ó el análisis de las o mas en que los g upos subo dinados esis en ac i amen e y esponden a la dominación polí ica y económica. Es as o mas de esis encia no necesa iamen e ienen que se iolen as y muchas eces se mani ies an de mane a pací ica. En El Apando las elaciones de pode son e iden es. Los p esos son los que PODER, TRANSGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO 200 «Homenaje al D . Albe o Millán Chi i e». Nºs 34-35 (años 2011-2012) menos pode eje cen espec o de los celado es, quienes son los ep esen an es del Es ado, y cuya unción es ela po la segu idad de la sociedad. Es en la cá cel donde son ecluidas las pe sonas que han causado un mal a la sociedad, supues amen e pa a ehabili a se, aunque luego la expe iencia e ele lo con a io, y son los gua dias de la p isión los esponsables de e i a ugas. Así pues, los in e nos es án bajo cons an e igilancia. De algún modo, ya no son dueños de sus cue pos, si es que algún día lo ue on. Pe o ambién podemos obse a una in e sión en las elaciones de pode y de cas igo. «Los monos», es deci , los celado es que igilan a los in e nos, es án p esos ambién, solo que ellos no son conscien es de su si uación. Quizá, po que no han omado conciencia de clase, o al ez, po que su sis ema de c eencias es á an no malizado po el Es ado, que ingenuamen e c een que es án en una posición de pode en e a los p esos. Re uel as, con su discu so sub e si o, nos dice que no es así. Es aban p esos ahí los monos, nada menos que ellos, mona y mono; bien, mono y mono, los dos, en su jaula, oda ía sin desespe ación, sin desespe a se del odo, con sus pasos de ex emo a ex emo, de enidos pe o en mo imien o, a apados po la escala zoológica como si alguien, los demás, la humanidad, impiadosamen e ya no quisie a ocupa se de su asun o, de ese asun o de se monos, del que po o a pa e ellos ampoco que ían en e a se, monos al in, o no sabían ni que ían, p esos en cualquie sen ido que se les mi a a, enjaulados den o del cajón de al as ejas de dos pisos, den o del aje azul de paño y la esca apela b illan e encima de la cabeza… enca celados, jodidos (Re uel as, 1969: 11). Po o o lado, en e los in e nos se mani ies an di e sas elaciones de pode . Polonio y Albino eje cen pode sob e El Ca ajo, bajo el empleo de la ue za y la iolencia, aunque luego, las elaciones de pode se in ie en cuando El Ca ajo con ence a su mad e de que in oduzca la d oga a la cá cel. Como la muje solo en ega á la d oga a su hijo, los o os dos quedan expensas de El Ca ajo, a quien menosp ecian. Como sabemos, «donde hay pode , hay esis encia» (Foucaul , 2000: 116- 117), po ello, Meche y La Cha a lide an una p o es a den o de la cá cel, cuando acuden a la isi a amilia , pa a exigi que saquen a sus homb es de «el apando»: Lanzaban los g i os y aullidos más in e osímiles, agi ando en el ai e sin cesa las manos, ya c ispadas, ya en un puño, y los b azos, pa ecidos a obus as y o neadas aíces de ace o, sacudidos po co as y iolen as desca gas eléc icas, mien as los ojos, abie os más allá de lo imaginable, descompues os y en ojecidos, enían des ellos de una abia sin lími es. «¿Sáquenlos, sáquenlos», la palab a di idida en dos colé icas emisiones: sáquen-lós, saquén- lós (Re uel as, 1969: 46). VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS / UNIVERSIAD DE COLIMA (MÉXICO) 201 «Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » La p o es a hace que el comandan e dé la o den a los celado es de que libe en a los es «apandados», pa a lle a los a o a celda jun o con sus muje es, pe o apenas en an dos celado es, seguidos de Meche, La Cha a y la mad e de El Ca ajo, es os empujan a las muje es y las dejan ue a de la c ujía. Albino y Polonio, con El Ca ajo en medio, i umpen con ciega iolencia, seguidos po el comandan e y un celado más. Los p esos cie an el candado de la pue a y ahí den o, comienzan a golpea a los gua dias en medio de una pelea desigual. Los in e nos se ebelan an e el pode , epelen el cas igo, como ya no ienen nada que pe de , se mani ies an abie amen e con a sus op eso es. En El Apando, podemos obse a una me á o a de la esis encia. Aunque en la no ela los que se esis en son lad ones y homicidas, en la sociedad de la época los que se esis ían e an es udian es, ob e os, campesinos, ac i is as polí icos e in elec uales, y po ese solo hecho e an conside ados delincuen es. Se les acusaba de al e a el o den público, o de o os deli os, pe o el Es ado no acep aba su condición de p esos polí icos. Así pues, en el mo imien o es udian il del 68, la esis encia se o ganiza ía en un mo imien o polí ico que p e endía gene a cambios pa a una mayo jus icia social, libe ad y democ acia. De es a o ma, la no ela El Apando, como a i ma Ma en es (2001), es en sí misma un ac o de esis encia y de e. 3. LA PRISIÓN DE LA CARNE COMO LIBERACIÓN DE LA CONCIENCIA Según Foucaul (2009), el sis ema de la p isión ep esi a ue es ablecido p ác icamen e a inales del siglo XVIII, pues an es de esa echa la p isión no e a un cas igo legal, sino que se enca celaba a las pe sonas simplemen e pa a e ene las an es de p ocesa las y no pa a cas iga las, sal o en casos excepcionales. La cá cel como cas igo se c ea a pa i de la p emisa de que la p isión es un sis ema de eeducación de los c iminales, de modo que se espe aba que después de una es adía en ese luga , g acias a una domes icación de ipo mili a y escola , el delincuen e se ans o ma a en un indi iduo obedien e de las leyes. Se buscaba pues, la p oducción de indi iduos obedien es. Aunque en los p ime os iempos de los sis emas de las p isiones quedó cla o que no se ob enía el esul ado deseado, sino su opues o, pues mien as que un delincuen e pasaba más iempo en p isión se ol ía más delincuen e, las p isiones han pe manecido has a nues os días po que, la delincuencia iene una cie a u ilidad económico-polí ica en las llamadas sociedades mode nas. Y es a a és de la p oducción, ci culación y uncionamien o del discu so, como ope an las elaciones de pode que cons i uyen el cue po social (Foucaul , 1991: 139-140). PODER, TRANSGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO 202 «Homenaje al D . Albe o Millán Chi i e». Nºs 34-35 (años 2011-2012) Aho a bien, Re uel as ue un esc i o con una cla a ideología comunis a, que in en ó ans o ma la ealidad no solamen e con su ob a li e a ia, sino ambién con su ac i ismo polí ico, lo que lo lle ó a ias eces a p isión. Un día mien as los izquie dis as se cong egaban en un mi in en la Plaza de San o Domingo en el cen o de la ciudad de México, la policía disuel e la eunión con g an iolencia y el jo en mili an e es lle ado a la co eccional. En el ecluso io ju enil José cumple quince años, ahí ambién comienza su pe eg ina po las cá celes mexicanas has a los úl imos años de su ida. Esa emp ana expe iencia ca cela ia se á ec eada años más a de en el cuen o El queb an o y ma ca á pa a siemp e su esc i u a desga ado a y ca á ica cuando años más a de ampa ado en el ealismo dialéc ico emp enda la edacción de sus cuen os y no elas. O con agudeza eco e la his o ia nacional pa a desmi i ica la jun o con sus allidos eden o es, en sus nume osos esc i os pe iodís icos y documen os de discusión polí ica (Luna, 2004: 411-420). Desde muy jo en, Re uel as conoció la cá cel. En 1932 ue en iado a las Islas Ma ías, donde pe maneció cinco meses y luego ue libe ado po se meno de edad; en 1934 es ecluido po segunda ez, po su pa icipación en huelgas de campesinos; la e ce a ocasión que es u o p eso ue en la cá cel de Lecumbe i, en la ciudad de México, po su pa icipación en el mo imien o es udian il de 1968 como líde in elec ual. Es p ecisamen e en la cá cel de Lecumbe i donde esc ibe su no ela El Apando, en la que podemos obse a una esc i u a au obiog á ica que es a la ez un g i o desespe ado po ans o ma la ealidad indi idual y colec i a de los se es humanos, en una época en que la ep esión, la o u a y las desapa iciones o zadas e an el cas igo del sis ema polí ico mexicano pa a deshace se de quienes les esul aban incómodos, po sus ideas y su ac i ismo polí ico en la búsqueda del bien común y en la de ensa de las clases popula es. De hecho, «el apando» es una cá cel den o de la p isión, una celda diminu a pa a aisla a algunos in e nos del es o, some iéndolos a la igilancia cons an e y pe manen e de los gua dias, como si el Es ado p e endie a insc ibi en sus cue pos la huella del cas igo po in ingi las no mas y iola las leyes. La no ela na a la his o ia de es eclusos: Albino, Polonio y «El Ca ajo» –apodado así po que se ía «pa a un ca ajo»–, que sob e i en en condiciones deplo ables. Los es son d ogadic os, pe o Albino y Polonio end án un alicien e más: el sexo, bien sea que lo p ac iquen con sus muje es, cuando es as los isi an, o que se lo imaginen. Albino y Polonio son auxiliados po sus muje es: Meche y La Cha a, espec i amen e, pa a in oduci la d oga al penal, pe o po se pa ejas de adic os, son blanco de sospechas de las celado as. Po esa azón, ambos hacen una alianza con El Ca ajo pa a que su mad e, una muje de más de se en a años, acep e VERÓNICA GONZÁLEZ CÁRDENAS / UNIVERSIAD DE COLIMA (MÉXICO) 203 «Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) » in oduci la d oga a la cá cel en un « ampón an iconcep i o» den o de su agina. Al inal, el plan acasa y la mad e es dela ada an e la policía po su p opio hijo. Re uel as c ea el pe sonaje de El Ca ajo como un homb e con adic o io. Po un lado, es un homb e il capaz de aiciona a su p opia mad e cuando, al inal de la no ela, la dela a an e un gua dia como po ado a de la d oga, no obs an e que ue él mismo quien la in oluc ó en el plan. Pe o el p o agonis a de El Apando ambién iene cualidades humanas que ayan en la ingenuidad. Es como un niño que se a e a a las en añas de su mad e, quien ambién es un pe sonaje con adic o io, pues aunque ama a su hijo, al mismo iempo lo desp ecia. El Ca ajo es un homb e mal echo ísicamen e: es á ullido, no iene un ojo, ha in en ado suicida se a ias eces y has a en eso ha acasado, po que aunque anhela la mue e, en el ondo la eme. Es desp eciado no solo po sus compañe os de celda, Albino y Polonio, un pa de homicidas, sino ambién po su mad e, que se culpa po el des ino de su hijo, condenándose a sí misma po habe lo pa ido, como si su nacimien o hubiese sido una maldición: La culpa no es de nadien, más que mía, po habe e enido… De nadie e a la culpa, del des ino, de la ida, de la pinche sue e, de nadien. Po habe e enido. La abia de ene aho a aquí a El Ca ajo ence ado jun o a ellos en la misma celda, jun o a Polonio y Albino, y el deseo agudo, impe ioso, suplican e, de que se mu ie a y deja a po in de oda en el mundo con ese cue po en ilecido. La mad e ambién lo deseaba con igual ue za, con la misma ansiedad, se eía. Mué e e mué e e mué e e. Susci aba con una mise ico dia llena de epugnancia y de cóle a (Re uel as, 1969: 17). La mad e de El Ca ajo se sen ía culpable po que aún no e minaba de pa i al hijo, quien se a e aba a sus en añas y la llamaba ca iñosamen e «mamá». E a ese sen imien o de culpa el que la lle aba a desea la mue e de su hijo, quizá pa a no sopo a más el cas igo de e lo su i a causa de su doble p isión, la de la ca ne y la del espí i u. Aho a bien, si «el cue po es el ehículo del se en el mundo, y ene un cue po es pa a un i ien e uni se a un medio de inido, con undi se con cie os p oyec os y comp ome e se con ellos con inuamen e» (Me leau, 1945: 97), los «apandados» i en el cue po de mane as di e sas. Pod íamos deci que sopo an una iple p isión: la ma e ial, po es a ecluidos en una celda; la ísica, po que es án p esos den o de su p opio cue po, y la espi i ual, po que su ida no iene ningún p opósi o. Polonio y Albino es án p esos de la ca ne, de sus deseos sexuales. Albino libe a esa ca ga sexual a a és del baile. Sabe que exci a a sus espec ado es, que se mas u ban en e a él. Obse amos pues, una alusión implíci a a la homosexualidad en el código PODER, TRANSGRESIÓN Y RESISTENCIA EN EL APANDO