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CARMEN MARTÍNEZ SANCHO Y EL INSTITUTO MURILLO DE SEVILLA: UNA RELACIÓN DE ENTREGA Y GENEROSIDAD Núñez Valdés, Juan. Departamento de Geometría y Topología, Universidad de Sevilla. [email protected] Maraver Alonso, Rocío. Departamento de Geometría y Topología, Universidad de Sevilla. [email protected] Resumen El objetivo principal de esta ponencia no consiste tanto en poner de manifiesto las dificultades de género que pudiera sufrir María del Carmen Martínez Sancho (Toledo, 1901 – Málaga, 1995), durante sus estudios de bachillerato y de la licenciatura de Matemáticas, así como también durante el ejercicio de su actividad profesional, que ciertamente sufrió, como en dar a conocer al mundo científico en general y matemático en particular, la figura insigne y encantadora de esta mujer, bastante desconocida por todos, salvo por sus antiguos alumnos, en los que dejó una profunda huella. A Carmen le cabe el inmenso honor de ser la primera mujer española en conseguir el Doctorado (y Premio Extraordinario) en Matemáticas (Universidad de Madrid, 1927). Debido a que su actividad docente se desarrolló casi en su totalidad en nuestra ciudad (Sevilla), a pesar de haberse licenciado y doctorado en Madrid, y por razones de extensión, nos restringiremos en esta ponencia sólo a glosar su ejercicio profesional durante su etapa de docencia en el Instituto Murillo de esta ciudad, al que arribó tras no pocas dificultades, procedente del Instituto-Escuela de la misma, desde el comienzo de la Guerra Civil (1936) hasta su vuelta a Madrid a finales de los años 50 del pasado siglo. Palabras claves: Dificultades de Género, Carmen Martínez Sancho, Instituto Murillo de Sevilla. A modo de Introducción El objetivo fundamental de esta ponencia es el de mostrar la relación profesional, de entrega sin límites y generosidad máxima en el trabajo, que siempre tuvo María del Carmen Martínez Sancho, primera mujer española Doctora en Matemáticas, con el Instituto Nacional de Enseñanza Media “Murillo” (como así era llamado durante su estancia, siendo su denominación actual la de I. E. S. “Murillo”) de Sevilla. Desafortunadamente, no se conocen muchos datos sobre la vida y obra científica de María del Carmen Martínez Sancho. Ni siquiera sus actuales familiares más directos los 883
recuerdan con precisión. Tampoco se conserva, por otra parte, excesiva documentación gráfica sobre su vida, en parte por lo escaso de la misma en los primeros años del pasado siglo, en parte también por la natural aversión que sentía la propia María del Carmen a dejarse fotografiar, según nos ha narrado uno de esos familiares. También, y como parte principal de la ponencia, nos gustaría poner de manifiesto las dificultades de género que tuvo que padecer María del Carmen, tanto a la hora de sus primeros estudios como posteriormente, tras su ingreso en la Universidad y posterior realización, de forma brillante, de su Doctorado en la licenciatura de Matemáticas. Así, con objeto de entender mejor el contexto educativo y las condiciones sociales en las que se desarrollaron los primeros años de la vida de María del Carmen, incluimos a continuación unas breves notas al respecto, obtenidas en su mayor parte del excelente trabajo on line de Magallón (ver [2]) y complementadas con nuestras investigaciones. En la época de finales del siglo XIX y principios del XX en nuestro país, el acceso de la mujer al mundo de la educación se produjo con un importante retraso respecto al hombre, debido principalmente a una ancestral concepción desigual de la función que uno y otro están llamados a desempeñar en la sociedad. Mientras el varón debía ocuparse de trabajar y de llevar el sustento al hogar, la mujer tenía que dedicarse fundamentalmente a cuidar de la alimentación, atención, educación y salud de los miembros de la unidad familiar. En el siglo XX ya se abren sin embargo, para la mujer española, unas perspectivas de futuro diferentes y mejores, que se irán consolidando y satisfaciendo durante las tres primeras décadas del mismo. Así, en cuanto a los estudios de bachillerato, se crea en 1918 el Instituto-Escuela de Segunda Enseñanza, concebido como centro mixto y con importante presencia femenina entre el profesorado. Este Instituto, con el que María del Carmen Martínez Sancho mantuvo un contacto muy profundo durante toda su vida, como se verá a continuación, fue una de las iniciativas surgidas en torno a la Junta para la Ampliación de Estudios, creada en 1907 bajo la influencia de la Institución Libre de Enseñanza. Fue un experimento educativo para la segunda enseñanza que trató de llevar a la educación oficial los principios pedagógicos fundamentales de esa Institución. Pues bien, una vez contextualizado el marco y las condiciones sociales y educativas que existían en la época en la que nació y vivió sus primeros años María del Carmen Martínez Sancho, pasamos ya a comentar en primer lugar, y de forma muy breve, algunos aspectos biográficos de su vida y obra científica, bastante desconocida por lo general, a pesar de caberle el enorme honor de ser la primera mujer española Doctora en Matemáticas, para tratar a continuación el tema fundamental de la ponencia: la relación de María el Carmen con el Instituto Murillo de Sevilla, que se prolongó por espacio de casi unos veinte años. Comentar, finalmente, que en esta ponencia nos referiremos a ella como Carmen, como hacía ella misma, ya que de hecho, casi nunca empleaba el nombre de María del Carmen. Normalmente, ella era conocida como Carmen Sancho por sus compañeros de docencia o como “La Sancho”, por sus alumnos. 884
Su infancia y su juventud Mª del Carmen Martínez Sancho nació en Toledo, el 8 de Julio de 1901, siendo la segunda de los seis hijos del matrimonio formado por sus padres, José y Emilia. certeza en qué colegio estudió MCN Madrid, No se sabe con certeza en qué colegio realizó Carmen sus primeros estudios, ni en qué lugar, ya que según ella misma (véase pág. 355 de [1]), “mis padres se casaron en Toledo y allí nacimos los cuatro mayores, éramos seis, pero luego mi padre, ingeniero de obras públicas, fue destinado a varios sitios. Estando en Tortosa, Cataluña, gestionó venirse a Madrid aunque fuera perdiendo dinero, ¡y todo por llevarnos a la Institución Libre de Enseñanza”. El ambiente familiar influyó mucho para que Carmen estudiara el Bachillerato, ya en Madrid, en el Instituto Cardenal Cisneros, y después se orientara hacia una carrera de Ciencias en la segunda década del siglo XX, ya que su padre hizo cursar el Bachillerato a todos sus hijos sin distinción de sexo, decisión no especialmente frecuente en aquellos tiempos. Ella misma recuerda que (pág. 355 de {[1]): “Hice bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros. Vivíamos cerca. Las mujeres entonces no estudiaban casi ninguna y éramos cuatro o cinco chicas allí estudiando, aunque nos tenían los profesores muy apartadas de todos y luego nos daban notables sin conocernos ni preguntarnos en todo el curso. Así hice yo el bachillerato, sin saber nada de nada. Además, No nos examinaban, para no ponernos coloradas delante de los chicos. En Matemáticas estaba un profesor que me gustaba escucharle, Literatura me gustaba un poco, las demás asignaturas nada. Me aburría soberanamente en clase. Las Matemáticas me atraía un poco, me fijaba y luego se lo comentaba a mi padre que luego me las terminaba de explicar, así que un poquito rocé las Matemáticas”. Sus estudios universitarios, su doctorado y su primera etapa docente Aunque no mucho más, algo distinta en lo que respecta a la consideración de la mujer era la situación cuando Carmen se matriculó en el primer curso de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid (1918-19), curso en el que coexistieron las licenciaturas en Ciencias, Medicina y Farmacia. En su primer año, Carmen tuvo como profesores en las asignaturas propiamente de Matemáticas a Cecilio Jiménez Rueda (Geometría Métrica) y a Julio Rey Pastor (Análisis Matemático). El impacto de ambos matemáticos, especialmente de Rey Pastor, fue determinante para orientar a Carmen hacia la rama de Ciencias Exactas. En este contexto, existen varias anécdotas referentes a estos estudios universitarios de Carmen, a cuenta de su baja estatura. Ella misma cuenta que (ver pag. 356 de [1]): “Al matricularme al curso siguiente [había obtenido calificaciones excelentes] , bueno, son tonterías mías lo que cuento…, la ventanilla de secretaría estaba un poco alta y yo como soy tan pequeñaja, como el funcionario quería verme, con la curiosidad de saber quién había sacado la máxima nota, tuvo que asomarse y sacar la cabeza de la ventanilla.” 885
Una vez terminada su carrera universitaria, Carmen se dispone a estudiar el doctorado y preparar su Tesis Doctoral para así conseguir el título de Doctora en Matemáticas, siguiendo así el ejemplo de las únicas quince mujeres (de las que seis fueron también doctoras) que, a pesar de todas las dificultades que tuvieron que sufrir para ello, terminaron con éxito sus estudios universitarios entre 1880 y finales del siglo XIX, en los distritos de Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Santiago, Valladolid y Salamanca. Así, Carmen aprovechó primeramente los trabajos preparatorios de su Tesis para presentar una comunicación en el Congreso de Coimbra de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, en 1925 (aunque ella no pudo desplazarse por estar enferma su madre, por lo que fue otro compañero del Seminario el que la leyó en su nombre) y finalmente, defendió su tesis doctoral en 1927, con la que obtuvo asimismo el Premio Extraordinario de Doctorado, convirtiéndose por tanto en la primera mujer española Doctora en Matemáticas. Posteriormente, Carmen obtuvo la cátedra de Matemáticas del Instituto de Bachillerato de El Ferrol (A Coruña), impartiendo allí su docencia durante el curso 1928-29, siendo nombrada después profesora del Instituto Infanta Beatriz, de Madrid, junto con otra compañera de El Ferrol, Carmen Vielva Otorel, que también compartiría docencia con ella años después en el Instituto Murillo de Sevilla. No obstante, Carmen tampoco estuvo mucho tiempo en este Instituto, dado que solicitó a la Junta de Ampliación de Estudios, por sugerencia de Plans, su Director de Tesis, una pensión (denominación con la que se conocían por aquel entonces las actuales becas) para realizar estudios de “Geometría multidimensional” en Berlín, que le fue finalmente concedida el 27 de noviembre de 1930. Carmen llegó a disfrutar 20 meses de estancia en Berlín, desde enero de 1931 hasta Septiembre de 1932, siguiendo diversos cursos en la Universidad de Berlín sobre temas geométricos y estando también muy interesada en temas de Educación. Durante su estancia, Carmen obtuvo plaza por en el Instituto de Guadalajara en enero de 1931, permutando en Julio de ese mismo año esa plaza por otra en el Instituto de Ciudad Real, y ya estando nombrada en éste, aunque realmente estaba en Alemania, es propuesta para el Instituto-Escuela de Sevilla. Carmen llegó al Instituto-Escuela de Sevilla en Septiembre de 1932, tras finalizar su estancia en Berlín, Para Carmen (ver pag. 361 de [1]): “aquello fue una etapa muy bonita. Los alumnos que tenían beca eran la base de los alumnos de la Residencia y luego estaban los que tenían sus familiares en la provincia y les convenía tenerlos en la Residencia, aunque la mayoría eran becarios. Todos los domingos íbamos de excursión [a los pueblos cercanos, Alcalá de Guadaira, El Ronquillo, Guillena, etc] y conmigo se agregaban otros profesores, y venían todos los chicos menos los becarios que tenían sus familias en Sevilla, pues algunos se quedaban con sus padres”. De ahí, como veremos a continuación, Carmen ya pasó al Instituto Murillo de Sevilla, si bien este paso no puede decirse que fuera precisamente un camino de rosas, como también veremos a continuación. 886
Su estancia en el Instituto Murillo, de Sevilla Cerrado el Instituto-Escuela de Sevilla a consecuencia de la Guerra Civil, Carmen continuó su actividad docente en Sevilla, en el Instituto Murillo, si bien sus comienzos no fueron nada alentadores. Para empezar, y debido a su significada pertenencia al Instituto-Escuela, considerado por el régimen nacional como nada adicto, Carmen tuvo que pasar el primer año de esa guerra en el paro, ya que a diferencia de otros compañeros menos involucrados, no fue llamada para incorporarse al Murillo durante bastante tiempo. La propia Carmen cuenta esta penosa situación por la que tuvo que pasar, de la siguiente manera (pag. 363 de [1]): “En el curso 1936-37 llega el Movimiento y el Instituto-Escuela desapareció. Llega gente al Instituto Murillo y los nombran en seguida. Yo estaba en Sevilla, pero a mí no me llamaba nadie. Entonces, como no me admitían, fui a ver muchas veces al rector [de la Universidad] Mota Salado para preguntarle por qué no me nombraban. El primer año de la guerra [1936] estuve en paro. Lo que me pasó fue que, cuando llega el Movimiento, yo estaba en Sevilla pasando el verano con mi marido, y todos los demás profesores [del Instituto-Escuela] se habían marchado de excursión o con sus familias fuera de Sevilla, o sea, que estaba yo sola del Instituto-Escuela. Entonces, el rector me pidió que le llevara todo lo de Secretaría y siempre me ponía defectos a las cosas que traía y uno de los defectos que me puso fue que “parece mentira que tengamos las actas sin firmar, qué disparate”, me dijo todo enfadado, y yo le dije “No señor, es que no había más remedio porque es que nosotros no queríamos poner suspensos por anticipado”. Entonces los niños que estaban suspensos en algunas asignaturas, se hablaba con los padres y se les razonaba que estaba flojo en esto y en lo otro, para que los padres, durante el verano, procurasen nivelarles en lo que fallaban. Y en septiembre, durante una semana, venían los alumnos deficientes y se les tenía en plan de revisión para ver si estaban en condiciones de entender lo del curso siguiente. Por eso, hasta que no llegase septiembre no firmábamos las actas. Pues bien, esto se lo tuve que explicar tres o cuatro veces, y cada vez que me llamaba para algo de secretaría, me decía “Pero que barbaridad, si ahí no firmaban ni las actas” y yo se lo volvía a repetir todo .... ... A mí no me formaron ningún expediente, pero no me nombraban. Entonces, ya le dije al Rector, aconsejada por mi marido, que me pusiesen por escrito por qué no me nombraban, por qué a todos los [profesores] que venían nuevos sí, y a mí no. Él se quedó perplejo y me dijo que hablara con el director del Instituto Murillo, y esas cosas de suerte que he tenido en la vida, el director era Lora Tamayo, que había sido alumno de Ciencias, Física y Química, al mismo tiempo que yo era de Exactas, un año mayor que él, en la Universidad de Madrid. Yo recuerdo que en la Universidad había unos pasillos muy grandes con sus pizarras y allí los de Exactas y los que quisiéramos 887
trabajábamos en esas pizarras; yo con lo tímida que soy, porque he tenido verdadera enfermedad de timidez, pero si veía alguno que estaba trabajando, sin conocerlo lo ayudaba. Por lo visto, ayudé una vez a Lora Tamayo, y cuando llegué al Instituto Murillo y le paso mi tarjeta con el bedel, sale de su despacho y casi me abraza “Pero Carmen, Vd. está aquí…” Le había ayudado una vez en esos grandes pizarrones, aunque yo no me acordaba. Entonces, yo le planteé que por qué no me nombraban, un curso entero que perdí, y me decían “ya se nombrará”. Entonces él me dice “¿Vd. va a misa? Y yo, sinceramente se lo digo [se refiere a F. Algora, en la entrevista que éste le hizo a Carmen en [1]], no voy a misa. Soy católica, pero no voy a misa. Como no sé mentir, y me cuesta trabajo mentir, no podía decirle [a Lora Tamayo] ni que sí ni que no, ya que si le digo que no, mala cosa, y si le digo que sí es mentira. En la Residencia, los niños que los padres querían que fuesen a misa, yo los llevaba a la parroquia que estaba muy cerca de nosotros, la de San Andrés. Se me ocurre decirle [a Lora] “yo no te voy a contestar, pero pregúntaselo al párroco de S. Andrés”. El párroco nos conocía a todos y él dio un informe de mí buenísimo. Y a la semana me nombraron…, qué pena verdad, que se hagan así las cosas…”. Bien, antes de continuar, y para fijar algo más las ideas, vamos a exponer unas breves notas sobre la historia del Instituto Murillo en Sevilla, en las que se explican por qué este Instituto fue la continuación natural del Instituto-Escuela y la extraordinaria importancia que este Centro ha tenido, y que continúa teniendo actualmente, en la vida educativa de la ciudad de Sevilla. No en vano, el Murillo es el segundo Instituto de Enseñanza más antiguo de la capital, estando únicamente precedido por el San Isidoro (una breve panorámica histórica del mismo puede verse en [3]). El Instituto Murillo de Sevilla tiene su origen en una casa de La Florida en los años 30, a la que acudían en régimen de coeducación sevillanos y sevillanas de familias acomodadas, donde recibían enseñanzas con el espíritu liberal del Instituto-Escuela. La calificación máxima que se concedía era un 6 y el prestigio de sus profesores muy reconocido. De hecho, mucho de los mismos, D. Antonio Domínguez Ortiz, D. Patricio Peñalver Bachiller, D. José Hernández Díaz, D. Luis Abaurrea Cuadrado y D. Ramón Carande, entre otros, desempeñaron posteriormente puestos de máxima responsabilidad en vida educativa sevillana. La guerra civil española interrumpió las enseñanzas en esas aulas pero posteriormente se reanudaron. 888
Grupo de profesores y antiguos alumnos del Instituto Murillo en su primera etapa La segunda sede del Instituto Murillo fue el Pabellón que, con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, construyó la República Argentina en un solar cedido por el Ayuntamiento de Sevilla durante 75 años denominado Naranjal de la Bella Flor, en la actual Avenida de las Delicias (popularmente conocida como Avenida de La Palmera). En 1949 debido a las muchas y delicadas gestiones del catedrático de Filosofía, Vicente Genovés, se convierte en Instituto Nacional de Enseñanza Media Murillo, primero de los institutos femeninos de Sevilla. El Instituto Murillo en días de Feria de Sevilla 889
Por sus aulas pasaron muchas generaciones de jóvenes sevillanas con uniformes azules y grises hasta que paulatinamente se volvió al anterior sistema de coeducación, inicialmente con una tímida presencia de alumnos. En 1954 se creó la revista Gris y Azul, en clara alusión al color del uniforme de sus alumnas, donde ellas contaban sus experiencias, sus viajes de estudios o sus sensaciones de principio de curso. Posteriormente, se inició otra revista, Etapas, con un contenido más heterogéneo en el que profesores y alumnos colaboraban en la redacción bajo la dirección del Catedrático de Griego, D. Francisco Aparicio. En enero de 1991 hubo que abandonar este edificio de la Avenida de las Delicias por problemas de derrumbamiento y el Instituto Murillo estuvo durante un breve tiempo en el Palacio de San Telmo, patrimonio en ese momento de la Iglesia (dedicado a Seminario Diocesano) antes de que fuera Palacio Presidencial, hasta que finalizaron las obras de la actual sede en el barrio de Nervión, en la calle José Recuerda Rubio, junto a las Facultades de Económicas, Empresariales y Ciencias de la Educación. Retomando de nuevo la etapa de Carmen en el Instituto Murillo, en su primera ubicación de la Florida, en el Libro de Actas de las Reuniones del Claustro de Profesores del Instituto, en la sesión del día 10 de Mayo de 1937 (reverso de la pag. 40 de ese Libro) puede leerse textualmente, entre otros asuntos, que: “El Sr. Comisario da la bienvenida a la Sra Doña Carmen Martínez Sancho, agregada provisionalmente a este Centro y dicha Sra. le contesta manifestando que sentía no haber podido colaborar desde el principio con los compañeros de Claustro”, estando firmada dicha Acta por el Comisario Director, D. Manuel Lora y la Secretaria del Centro, Doña Josefina Díaz”. 890
En el Acta de la sesión del día11 de Septiembre de 1937, se transcribe acuerdo del Claustro por el que se nombra una Comisión que ayude en el trabajo que supone la revisión de los expedientes de solicitud de matrícula gratuita para la enseñanza oficial, nombrándose a los Señores Domínguez y Martínez Sancho, junto con el Director y Secretaria para integrarla. En la sesión del día 4 de Octubre de 1937 se confecciona el horario que ha de regular el curso 37-38, quedando encargada la profesora Martínez Sancho de las Matemáticas de Primer curso (martes, jueves y sábados, de 12 a 13 horas) de las de Tercer curso, sección Primera (lunes, jueves y viernes, de 11 a 12, y martes, de 10 a 11 horas) y sección Segunda (martes, miércoles y sábados, de 11 a 12, y jueves, de 10 a 11 horas), y de las de Quinto curso (lunes, miércoles y viernes, de 10 a 11 horas). De aquellos primeros años de Carmen en el Instituto Murillo, en los que se reencontró con su anterior compañera de los Institutos de El Ferrol e Infanta Beatriz, Carmen Vielva, ella recuerda especialmente que: “Yo estuve en el I. Murillo, con Lora Tamayo, muy bien considerada”. No obstante, Carmen seguía sin tener su nombramiento oficial como profesora del Centro. Ese nombramiento tiene lugar el 1º de Agosto de 1942, cuando Carmen toma posesión, ante el Director del Instituto, D. José Hernández Díaz y la Secretaria del mismo, Doña Josefina Díaz, de su plaza de Catedrático de Matemáticas del Instituto Murillo, por Concurso de Traslados desde su cátedra en el Instituto de Bilbao (masculino), por Orden de B.O.E. 19 de Julio. Desde entonces, ya Carmen puede ser considerada oficialmente como Catedrática de Matemáticas del Instituto de Murillo, de Sevilla, puesto que hasta aquel momento había venido desempeñando en la interinidad, al carecer de este nombramiento. Desde esa fecha y hasta el curso 1947-48, Carmen continuó desarrollando normalmente sus actividades docentes en el Instituto, hasta que a finales del mismo y primeros del siguiente el Instituto ya se mudó a su nueva ubicación en la avenida de Las Delicias. En 1949, y ya por consiguiente en el nuevo edificio, Carmen fue nombrada Secretaria del Instituto. En el Acta de la sesión del día 4 de Abril de 1949, ya con el Centro bajo la dirección del Catedrático de Filosofía Don Vicente Genovés, puede leerse que: “El Sr. Director da cuenta al Claustro del reciente nombramiento del cargo de Secretario, congratulándose con el Claustro de que este nombramiento haya recaído en Doña Carmen Martínez Sancho, por considerar que en un centro femenino es el personal docente femenino el que debe desempeñar los cargos directivos preferentemente. Carmen Martínez Sancho agradece la felicitación de sus compañeros y promete todo su esfuerzo para no defraudarles en la confianza que en ella depositan al encomendarle un cargo de tanta responsabilidad. El Sr. Director hace constar la meritísima labor realizada por Doña Josefina Díaz como Secretaria accidental en el periodo transcurrido desde que el Sr. Genovés cesó en el cargo de Secretario hasta el nuevo nombramiento de este cargo. Todo el Claustro reconoce la meritísima labor que siempre desempeña Doña Josefina Díaz y se testimonia la gratitud de todo el Claustro”. 891