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Los cuentos de Canterbury: risa, sexo y sátira social en la Edad Media

Gómez Lara, Manuel José

Abstract

Los Cuentos de Canterbury son un texto episódico y fragmentado como pocos, de ahí la pertinencia de preguntarse por la presencia de un tema —el sexo— que no sólo aparece en el argumento de ciertos cuentos individuales sino, sobre todo, como parte de la estructura metanarrativa —la competición entre narradores— que articula la sátira social de los estados. La conexión sexo y risa es fundamental a la hora de poder delimitar el propósito didáctico del autor, que explora así toda una serie de variantes temáticas sobre las penas y alegrías de la vida matrimonial. Este motivo permite una relación dialógica entre posiciones tradicionales en torno a las relaciones sociales, especialmente las de género, y otras menos convencionales en las que parece promoverse la relación de mutualidad en la pareja

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: SEXO, RISA Y... 117 CUADERNOS DEL CEMYR, 16; diciembre 2008, pp. 117-143 LOS CUENTOS DE CANTERBURY: SEXO, RISA Y SÁTIRA SOCIAL Manuel José Gómez-Lara Universidad de Sevilla RESUMEN Los Cuentos de Canterbury son un texto episódico y fragmentado como pocos, de ahí la pertinencia de preguntarse por la presencia de un tema —el sexo— que no sólo aparece en el argumento de ciertos cuentos individuales sino, sobre todo, como parte de la estructura metanarrativa —la competición entre narradores— que articula la sátira social de los estados. La conexión sexo y risa es fundamental a la hora de poder delimitar el propósito didáctico del autor, que explora así toda una serie de variantes temáticas sobre las penas y alegrías de la vida matrimonial. Este motivo permite una relación dialógica entre posiciones tradicionales en torno a las relaciones sociales, especialmente las de género, y otras menos convencionales en las que parece promoverse la relación de mutualidad en la pareja. PALABRAS CLAVE: Chaucer, sexo, matrimonio, amor, risa, narrativa medieval, componentes carnavalescos, exhibicionismo, zona de contacto. ABSTRACT Due to its fragmentary nature The Canterbury Tales are in many ways an editorial construction that started in the 15th century and still continues; besides some of the tales have provided the basic material for our contemporary view of medieval sexuality. In spite of its present day prominence in the critical reception of the text, sexuality in the tales seems to lose relevance at a closer look, as its presence seems to be congenial on the consecution of social satire. This paper argues that sex walks hand in hand with laughter as a means to achieve this didactic purpose; and it explores how sex and love help to establish a series of thematic lines around the joys and woes of marriage life. This motif allows a dialogic relationship between traditional views of genre and social relations and less conventional attitudes that seem to promote mutuality between the spouses. KEY WORDS: Chaucer, sex, marriage, love, laughter, medieval narrative genres, carnivalesque, exhibitionism, contact zone. 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM117 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 118 1 La consideración de Chaucer como padre de las letras inglesas es muy antigua; G. PUTTENHAM en The Arte of English Poesie (1589) ya lo consideraba el primero entre «the most commended writers in our English Poesie» (p. 48), y los Cuentos de Canterbury, el mejor ejemplo de su «pleasant wit» (p. 50). 2 T.L. BURTON y R. GREENTREE señalan en la introducción a la bibliografía anotada de los cuentos del Molinero, del Administrador y del Cocinero cómo estas historias pasan, de estar ausentes de los estudios chaucerianos a principios del siglo XX, a convertirse en las más estudiadas a finales del mismo, debido a que se convierten en vehículos para aproximaciones discursivas, feministas, psicoanalíticas, post-marxista, etc. (XXI-XXXVI). Todas las citas de textos críticos en inglés han sido traducidas al español. 3 A partir de aquí LCC. 4 Para R.A. WATERMAN «La función artística de lo obsceno es ofrecer un impacto emocional por medio de la mostración o mención de una serie de tabúes excretorios y sexuales [...] la obscenidad es un modo de flirtear con lo prohibido, de ahí que cualquier exposición a la misma genere una tensión psíquica [...] una forma de relajar esa tensión es la risa» (p. 162). Sobre esta conexión entre exhibición obscena y la risa en el cuento del Molinero, véase M. MILLER, pp. 36-40. 5 «‘Al that is writen is writen for oure doctrine’, and that is myn entente» (X. 1083). Todas las referencias al texto original se recogen en nota al pie según la edición de L. Benson, The Riverside Chaucer (1988). Las citas en el cuerpo del texto siguen la traducción de Pedro Guardia para la colección «Letras Universales» de Cátedra (1999). Una edición recomendable para todos aquellos que quieran acceder a la obra en español. INTRODUCCIÓN Reflexionar sobre la presencia de lo sexual en una de las obras literarias que inaugura el canon de la literatura en lengua inglesa1 y que es, además, uno de los puntales de lo que podríamos llamar «Clásicos europeos», entraña serias dificultades2. Al plantearme la cuestión, tuve varias dudas de procedimiento. ¿Remitirme a la habitual explicación del fabliau como género literario? ¿Retrotraerme a la rica tradición de bufonerías y narraciones debida al piélago de anónimos artistas ambulantes que a partir del siglo XIII se denominan juglares? Y a partir de dicha tradición, ¿detenerme en las sutilezas del narrador chauceriano para situar el juego de sugerencias sexuales dirigidas a un público cortesano saciado de romances caballerescos? Una segunda mirada al material me confirmó un hecho del que parten las siguientes páginas: en Los Cuentos de Canterbury3 lo sexual no apela a la fantasía erótica sino que sólo parece tener como objetivo plasmar lo grotesco y causar risa4. Para Chaucer, como para la mayoría de sus contemporáneos, lo sexual deviene parte de un chiste con el que se pretende revelar verdades o, por decirlo con las propias palabras del autor en la coda que despide el libro, «Todo lo que se escribe, se escribe para nuestra enseñanza. Tal ha sido mi objetivo» (p. 641)5. En la obra, sexo y risa aparecen como elementos que introducen una enseñanza. Laura Kendrick, al revisar las posiciones de la crítica chauceriana sobre la representación de lo sexual en LCC, concluye que la actitud más común es la «moralizante», esto es, la que niega o disfraza lo sexual a partir de la excusa ofrecida por el propio Chaucer en la coda antes citada, y censura el plano literal en beneficio de 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM118 : SEXO, RISA Y... 119 interpretaciones alegorizantes (p. 29)6. No es mi intención en estas páginas dar seriedad filosófica a lo sexual o enmascararlo: en mi opinión, el sexo como broma divertida, más que ningún fundamento filosófico, es lo que posibilita la enseñanza bajo la forma literaria de la sátira. Para que este estudio evite en lo posible interpretaciones que tienen más que ver con la agenda política de las Humanidades que con Chaucer, creo necesario situar, en primer lugar, cómo la propia enunciación «la sexualidad en los LCC» supone una traslación cultural que debe ser muy matizada con criterios historicistas; en segundo, considerar la materialidad del texto como resultado de un proceso complejo de transmisión y recreación que nos obliga a dejar abierta la interacción entre los distintos planos significativos que conforman nuestra recepción del texto. 1. DISONANCIAS DEL DISCURSO AMOROSO EN LOS CUENTOS DE CANTERBURY 1.1. SEXO, AMOR Y MATRIMONIO El paradigma conceptual «sexualidad» es de difícil aplicación a un texto medieval por su propia naturaleza postmoderna. El término en inglés aparece a finales del siglo XIX y sólo se popularizó tras la difusión de la teoría psicoanalítica, en especial la corriente freudiana. Sin embargo, Chaucer y su público situaban lo sexual en el ámbito de la doctrina moral más que en el del estudio del deseo humano. La sexualidad, como agencia no sólo física sino también psíquica, es responsable de la puesta en marcha del proceso de constitución del sujeto. Casi todas las teorías que dominan el actual panorama de la reflexión crítica en Humanidades coinciden en la centralidad de este discurso, pero para Chaucer la cuestión era indudablemente muy diferente. De un lado, el sexo y sus accidentes sólo son motivo literario relevante en uno de los géneros narrativos utilizados, el fabliau7; del otro, sólo parece 6 L. KENDRICK señala que desde el siglo XV Lydgate o Caxton alabaron la obra por su didacticismo, y apunta que editores como Dryden soslayan lo sexual entendiéndolo como un rasgo de estilo que denominan «la obscenidad filosófica» de ciertos cuentos; y concluye KENDRICK: «La apuesta por la interpretación cristiana requiere un acto progresivo de autocensura, que comienza por la admisión de que las primeras apariencias son engañosas y continúa con la negativa a creer lo que literalmente está delante de nuestros ojos» (p. 24). Después considera que la crítica del siglo XX no ha cambiado mucho su actitud ante los cuentos obscenos y la mayoría insiste en buscar una sententia que reafirme la seriedad del autor y el valor secundario de la literalidad del texto (p. 28). 7 Tres son los cuentos aquí analizados que pertenecen a este género: los del Molinero, del Administrador y del Mercader. El primero nos presenta la historia del carpintero Juan cuya esposa, Alison, decide burlarlo con la ayuda de un erudito y supuesto experto en astrología —Nicolás—; Absalón, un afectado petimetre, también pretende a Alison. Los jóvenes amantes disfrutan de una noche de pasión gracias a una ocurrente estratagema: Nicolás hace creer a Juan que el diluvio universal se acerca y sólo podrán sobrevivir si se cuelgan del techo, por separado, en grandes toneles, para que, llegado el momento de la inundación, puedan soltarlos y flotar. Esa misma noche Absalón 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM119 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 120 afectar a los varones inmaduros o ancianos, y a mujeres casadas —jóvenes— o viudas; además todos estos personajes pertenecen a estamentos sociales que podríamos denominar intermedios de la sociedad tardomedieval: comerciantes, administradores, molineros, carpinteros o eruditos. Es decir, los juegos sexuales se ponen al servicio de la competición narrativa como vehículo para la sátira social y de género. La actitud ante el sexo, tanto de Chaucer como de sus narradores delegados y personajes, se presenta según los rasgos convencionales de la literatura goliardesca, siguiendo discursos delimitados por la patrística, la ciencia fisionómica, la astrología o la teoría de los humores, pero aportando la novedosa presencia del deseo femenino, articulado tanto en personajes como Alison o Mayo, o en narradoras como la Comadre de Bath. Además, que lo sexual aparezca siempre en el contexto matrimonial nos exige redefinir el ámbito discursivo de la sexualidad en relación a los del amor y del matrimonio. Las relaciones sexuales están regidas por el cuerpo, propio y del otro, la búsqueda del placer sensual y el afán procreativo; su manifestación más reconocible es el discurso pornográfico, caracterizado por la presencia de lo obsceno en el plano visual, en el lingüístico o en una combinación de ambos. En LCC, la obscenidad aparece de forma muy puntual y cuando lo hace es un artificio literario que utiliza el narrador general para introducir una serie de excusas cuyo objetivo final es situar su posición literaria como testigo fidedigno de lo que acontece cuando se reúnen elementos sociales de diversa procedencia. Así, al final del prólogo del Molinero, y tras incidir en que tanto éste como el Administrador se disponen a contar cuentos picarescos (harlotrie)8, se dirige al lector con la siguiente recomendación: decide cortejar a Alison junto a su ventana. Al percatarse la pareja de su presencia, deciden gastarle una broma y, al acercarse Absalón para recibir un beso, se encuentra con un sonoro pedo de Alison. Furioso, decide buscar una barra de hierro al rojo y retornar a la ventana; esta vez será Nicolás el que intente repetir la broma y el que reciba el golpe ignífero de Nicolás. Abrasado, comienza a gritar: «Agua, agua» —la señal convenida con Juan para cortar las cuerdas que sujetaban los barriles—; al oírlo, este cumple su parte del pacto, dando con sus huesos en el suelo ante la hilaridad de Alison y sus vecinos. El del Administrador trata de un molinero ladrón, Symkyn, que roba parte del trigo que le llevan para moler dos estudiantes. Tras burlarlos y hacer desaparecer parte del grano, los estudiantes deben dormir en el molino, momento que aprovechan para gozar de la hija y de la esposa del molinero mientras este duerme. Al despertar se da cuenta de que ha sido desposeído tanto de la honra de sus mujeres como del trigo que había sustraído. Finalmente, el del Mercader narra la historia de un viejo y disoluto caballero, Enero, que decide buscar una salida lícita a sus libidinosos deseos en el matrimonio con la joven Mayo. A pesar de los celos del anciano, Mayo consigue satisfacción sexual del escudero Damián valiéndose de la ceguera que su esposo padece. Así lo utiliza de improvisada escalera para subir al peral donde le aguarda su amante. En ese momento Plutón y Proserpina, que contemplan la escena, deciden intervenir, y el dios hace que Enero recupere la vista en el momento de la burla; la diosa, enojada, responde a su esposo dotando a Mayo del don de la elocuencia, lo cual permite que esta convenza al caballero de que cuanto ha visto es fruto del proceso de retorno de la visión. 8 El término no tiene necesariamente un contenido sexual y hace alusión a los sentidos con que se incorpora al inglés desde el francés antiguo: «harlot», un villano o un bufón; de ahí «harlotrie», humorada, historia procaz u obscena (OED). El sentido sexual específico también aparece en Chaucer 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM120 : SEXO, RISA Y... 121 ¿Qué más puedo decir? Este molinero no escatimó palabras con nadie y contó su relato de modo grosero. Lamento tenerlo que repetir aquí. Pido disculpas a todos los gentilhombres. ¡Por el amor de Dios! No juzguéis equivocadamente mi relato. Carece de cualquier mala intención. Relato todos los cuentos, buenos o malos. De otra forma no sería fiel testigo de los acontecimientos. Por consiguiente, si no deseáis escucharlo, girad la página y escoged otro (p. 136)9. El amor, como derivado de la amicitia, también aparece en LCC pero en cuentos en los que el cuerpo está ausente y en los que, más que las diferencias genéricas, se privilegia la armonía necesaria para la unión con el otro y, por tanto, las similitudes; de ahí que tradicionalmente el amor aparezca concebido como relación entre individuos del mismo sexo. Según A. Laskaya, «los lazos homosociales eran prioritarios; las mujeres eran meros objetos de intercambio; las relaciones entre hombres tenían precedencia sobre cualquier vínculo con una mujer» (p. 27). Amor y heterosexualidad sólo confluyen en la literatura romántica10, en la que los roles masculinos y femeninos se reinventan en función de afectos que aparecen casi siempre exentos de un componente sexual, y que otorgan a la dama una posición de autoridad que la convierte en eje de una serie de discursos laudatorios en torno a su belleza, sus méritos intelectuales y, sobre todo, morales. El enamorado por su parte se sitúa en una posición de absoluta sumisión ante la amada, lo cual no evita que él sea el único protagonista de la acción. La relación matrimonial, al contrario que la sexual o la amatoria, es de tipo contractual11 y por ello mismo sustentada en el discurso historicista de la ley. El matrimonio cristiano —el único relevante para un escritor del siglo XIV europeo— era una institución legal derivada del Derecho Romano y sometida a exégesis pero casi siempre referido a varones; por ejemplo, Symkyn, el molinero en el cuento del Administrador, al oír a Alano, uno de los estudiantes, confesar que ha «jodido a la hija del molinero tres veces» (p. 162), lo acusa de «false harlot» (I. 4268). Sólo en una ocasión alude a un personaje femenino cuando Plutón evalúa el plan adúltero de Mayo y Damián: «Now wol I graunten, of my magestee, / Unto this olde blynde, worthy knight / That he shal have ayen his eyen sight, / Whan that his wyf wold doon him vileynye; / Thanne shal he knowen al hire harlotrye / Bothe in repreve of hir and othere mo» (IV. 2258-2263). «Harlot», como sinónimo de mujer promiscua o profesional del sexo (whore), comienza a popularizarse a partir de la segunda mitad del XV. 9 «What sholde I moore seyn, but this Millere / He nolde his wordes for no man forbere, / But tolde his cherles tale in his manere. / M’athynketh that I shal reherce it heere./ And therfore every gentil wight I preye, / For Goddes love, demeth nat that I seye / Of yvel entente, but for I moot reherce / Hir tales alle, be they bettre or werse, / Or elles falsen som of my mateere ./ And therfore, whoso list it nat yheere, / Turne over the leef and chese another tale» (I. 3.167-3.177). 10 El concepto de «romance» en su acepción inglesa es similar a la 3ª entrada del DRAE: libro de caballerías, en prosa o en verso. 11 La Iglesia, pese a ciertas voces discordantes, entendía el matrimonio como práctica económica y administrativa orientada al control de la herencia, y como fórmula santificada para dicha misión. Sobre la cuestión de la procreación, véase un clásico como J.T. NOONAN, Contraception: A History of Its Treatment by the Catholic Theologitians and Canonists, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1966, y D. AERS (1980). 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM121 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 122 moral por los teólogos. Dicha exégesis, amén de los aspectos administrativos del ritual, se ocupaba de la posición moral de los cónyuges en relación al deber procreativo y, por tanto, con la sexualidad, entendida como el grado de responsabilidad moral en el inevitable pecado de lujuria12. La importancia de estos tres ámbitos de relación y sus correspondientes universos discursivos para nuestra discusión radica en la construcción del amor erótico que la cultura europea occidental realiza desde el siglo XVI y que no es otra cosa que una reificación de los mismos. Lo que en sus orígenes era un ideal literario para el consumo de las clases dirigentes ha terminado por convertirse en ideal de vida cuyo fracaso amenaza la estabilidad del individuo. Pero este proceso de reificación aún no existía a finales del siglo XIV, por el contrario, las distancias entre ellos eran una fuente de disonancias que, en el caso de Chaucer, no se intentan acallar o ignorar. En LCC lo sexual aparece como algo ajeno al amor y, sin embargo, condicionado por la relación matrimonial ya que la mostración sexual se deriva de la práctica del débito conyugal13 —el argumento de los maridos viejos para exigir la satisfacción de sus deseos, o de la mujer para aprovechar las ventajas económicas del matrimonio— o como fruto del adulterio —libremente buscado como en los casos de Alison y Mayo o humildemente consentido, en los de la mujer e hija del molinero. Finalmente, es de señalar que en estos discursos lo masculino aparece siempre investido de poder y sólo por su mal uso o en la confrontación con otros modelos masculinos dicho poder se cuestiona. Por el contrario, casi todas las fuentes escritas sitúan a la mujer en un plano de completa pasividad y sujeción al varón14, y esto como respuesta inconsciente ante un cuerpo que se percibe como irresistible a veces, pero también amenazante y repulsivo (Laskaya, p. 33). Al decir de M. Kaufman: La competición entre hombres adopta diversas formas en la cultura occidental, y un propósito clave de la misma, sea física, mental, intelectual o emocional, tenga una dimensión individual, social o nacional, es reforzar la imagen de que las relaciones entre hombres son relaciones de poder (p. 17). 12 Para una amplia discusión sobre la visión del sexo matrimonial en la patrística, véase H.A. KELLY, especialmente los capítulos 10, 11 y 12, y L. KENDRICK, capítulo 2. 13 La tradición exegética determinaba que el grado del pecado dependía en gran medida de la exclusión o no de juegos amatorios entre la pareja y del uso de estimulantes o afrodisíacos, y que sólo la santidad del matrimonio hacía justificable la coyunda, ya fuera para obtener progenie o para cumplimentar el débito, esto es, el deber de los esposos de satisfacer mutuamente la lujuria irrefrenable del cónyuge como vía para evitar un mal aún mayor: el adulterio. En cualquier caso, la causa explendae voluptatis, esto es, cuando se regocija la mente con anticipación pensando en el encuentro, constituía un pecado mortal (KELLY, op. cit., pp. 255, 269); véase también sobre este motivo D. AERS (1986), cap. 4, pp. 62-75. 14 Tanto la teología como la ley y la mayor parte de las fuentes culturales clásicas sustentaban la posición de inferioridad femenina y cómo las alabanzas a su castidad y obediencia eran una forma de impedir su incorporación a la esfera pública (LASKAYA, p. 37); según J. BENNET, esta situación se acentuó durante la Baja Edad Media en comparación a centurias anteriores (p. 44). Para un repaso de las fuentes clásicas en estos discursos misóginos —Juvenal, Séneca, Jean de Meun o Boccaccio—, véase C. DINSHAW, pp. 18-25. 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM122 : SEXO, RISA Y... 123 1.2. TEXTUALIDAD Y TRANSMISIÓN CULTURAL DE LCC Antes de continuar con el estudio de estos tres ámbitos discursivos en los cuentos, creo necesario plantear la cuestión textual, y cómo afecta a cualquier línea de interpretación que se proponga. LCC son un texto episódico y fragmentado como pocos, de ahí la pertinencia de preguntarse por la presencia de un tema que no sólo es aparente en el argumento de ciertos cuentos individuales —Molinero, Administrador, Mercader— sino, sobre todo, como parte de la estructura metanarrativa —la competición entre narradores— que articula la sátira social de los estados15. Esta sátira se deriva del enfrentamiento entre narradores, y de ahí la relevancia de las conexiones entre los distintos fragmentos en que se agrupan los cuentos. La apropiación editorial realizada durante el siglo XV por los copistas al servicio de la dinastía Lancaster nos ofrecen una visión cerrada de un texto (Trigg, p. 83)16 que Chaucer nunca llegó a ordenar (Bowers, p. 202), por ello es quizás más notable el hecho de que todas las historias de las que aquí nos ocupamos queden insertas en fragmentos cuyos nexos metanarrativos son de carácter interno, es decir, fueron colocados intencionadamente por Chaucer en ese lugar del discurrir narrativo17. Este es el caso del Molinero y el Administrador, ambos incluidos en el Fragmento 1, y el prólogo y cuento de la Comadre de Bath y el del Mercader —incluidos junto al del Erudito en los fragmentos III-IV—, considerados por parte de los editores como una sola sección dedicada al matrimonio y sus conflictos (Kittredge, p. 439). De igual modo, la apología de la primera sobre castidad y virginidad en el prólogo reverbera tanto en cuentos anteriores —el del Magistrado—, como posteriores —los del Erudito o el Mercader. En todos resuena la revisión de las principa15 Jill MANN la ha definido como cualquier retrato literario naturalista de un individuo en su contexto social histórico que favorezca una aplicación general de sus atributos (p. 15). De hecho, el Prólogo General es un listado comprensivo de los estados medievales aunque con significativas ausencias, sobre todo de los tipos sociales más elevados. Para J. MANN estas ausencias se justifican en que las críticas que esos grupos privilegiados solían recibir son las mismas con las que se identifica a sus inmediatos inferiores en rango (p. 6). Este falaz argumento contribuye a diluir ese silencio en lugar de interpretarlo como parte de una decisión política del autor, muy en consonancia con su posición en la corte; véase C. SPONSIER, pp. 23-25. 16 Los distintos fragmentos de LCC quedaron abiertos e incompletos a la muerte de Chaucer, y los copistas y escribas del siglo XV se plantearon, por diversos motivos, la necesidad de ordenarlos y darles un cierre narrativo coherente. Existen más de cincuenta manuscritos de este periodo, lo que viene a demostrar el interés que LCC despertaron. Sobre esta apropiación, véase S. TRIGG, Congenial Souls, especialmente pp. 74-94; S. PARTRIDGE, «Questions of Evidence: Manuscripts and the Early History of Chaucer’s Works» en ed. D.J. PINTI, pp. 1-26; y N.T. BLAKE, The Textual Tradition of The Canterbury Tales, Londres, Arnold, 1985. Para una revisión de la recepción del texto durante el siglo XV, S. LERER, Chaucer and His Readers, Princeton, NJ, Princeton University Press, 1993. 17 La existencia, o no, de vínculos entre los distintos fragmentos en conexión al «motivo matrimonial» ha sido discutido por diversos autores. G.L. KITTREDGE lo entiende como una unidad formada en exclusiva por los fragmentos III-IV-V (467), mientras que otros autores —W.W. Lawrence, Zong-qi Cai— proponen una lectura más comprensiva para dar cabida a cuentos situados en secciones anteriores o posteriores a las indicadas por Kittredge. 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM123 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 124 les fuentes del discurso misógino que realiza Alison18, desde San Jerónimo a Teofrasto, en su prólogo19. Así, tras declararse experta en «las tribulaciones del matrimonio» (p. 206), afirma: «Nosotras no podemos amar a un hombre que mantenga un control de nuestras idas y venidas; debemos ser libres» (p. 209)20, critica el mal uso que algunos hacen de las recomendaciones bíblicas sobre la castidad y la abstinencia, y concluye con la siguiente aseveración de tono astrológico: ¡Ay, ay, que el amor deba ser pecado... Siempre seguía mis inclinaciones, guiada por las estrellas, las cuales hicieron que jamás pudiera negar mi cámara de Venus a cualquier mozo que la quisiese. Sin embargo en mi rostro tengo la marca de Marte y también en otro lugar íntimo. Tan cierto como Dios es mi salvación: nunca utilicé el comedimiento en el amor; siempre seguí en cambio mis apetitos, ya fuese el hombre moreno o rubio, alto o bajo. Mientras él me gustase, no prestaba atención ni a la pobreza ni a su rango (p. 215)21. Tales afirmaciones sobre el deseo femenino y su deseo de libertad en el ejercicio de su sexualidad parecen responder a algunas de las digresiones que el Magistrado ha ido realizando al contar la historia de Constanza, un romance de aventuras que nos presenta cómo el sacrificio femenino —«Las mujeres hemos nacido para sufrir y estar sometidas al dominio de los hombres» (p. 179)22— tiene una recompensa final. Entre otras cosas afirma: «Las esposas pueden ser santas criaturas, pero por la noche deben soportar pacientemente todos los actos que proporcionan placer a sus maridos» (p. 188)23; o «Ved los efectos despreciables de la lascivia, que 18 Téngase en cuenta que tanto la protagonista del cuento del Molinero como la Comadre de Bath comparten este nombre, aunque la segunda también aparece nominada como Alys, Alicia. 19 GUARDIA, p. 201, n. 2. Las obras referidas son el Liber de Nuptiis de Teofrasto, y la Epistola adversus Jovinianum de San Jerónimo. 20 «We love no man that taketh kep or charge / Wher that we goon; we wol ben at oure large» (III. 321-322). 21 «Allas, allas! that evere love was synne! / I folwed ay myn inclinacioun / By vertu of my constellacioun; / That made me I koude noght withdrawe / My chambre of Venus from a good felawe. / Yet have I Martes mark upon my face, / And also in another privee place. / For God so wys be my savacioun, / I ne loved nevere by no discrecioun, / But evere folwede myn appetite, / Al were he short, or long, or blak, or whit; / I took no kep, so that he liked me, / How poore he was, ne eek of what degree» (III. 614-626). Las referencias a Marte y Venus a lo largo de esta sección insisten en la caracterización humoral y astrológica de la Comadre como un ser contradictorio que, aunque nacida bajo el signo de Tauro —Venus—, tiene su ascendente en Marte; esta posición, según los tratados de astrología o fisionomía celeste, indicaban que el individuo estaba dominado por una voluptuosidad combinada con la maldad (CURRY, p. 101). 22 «Wommen are born to thraldom and penance, / And to been under mannes governance» (III. 286-287). La resistencia a este concepto no sólo es evidente en la Comadre, antes Alison, la mujer del carpintero John, ya ha demostrado cómo librarse del dominio masculino ridiculizándolo (MILLER, p. 46) 23 «For thogh that wyves be ful hooly thynges, / They moste take in pacience at nyght / Swiche manere necessaries as been plesynges / To folk that han ywedded hem with rynges» (II. 709712). 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM124 : SEXO, RISA Y... 125 no sólo debilita la mente, sino que llega a destruir el cuerpo» (p. 192)24. Las razones de Alicia de Bath para responder están claras, tanto como su influencia en la historia que tras ella cuenta el Erudito. La Comadre había concluido que una mujer nunca es elogiada por un erudito estudioso, pues cuando éste es senil y sirve tanto para hacer el amor como una bota vieja, entonces el estudioso se sienta a despotricar sobre las mujeres que no saben mantener su palabra en el matrimonio (p. 217)25. El Erudito soporta la chanza y, tras el intercambio de mandobles dialécticos entre el Fraile y el Alguacil, interviene con auctoritas —identifica su historia como de Petrarca—, y refiere el cuento de Griselda, otra historia en torno a la obediencia femenina. Así, Walter, el joven príncipe, al presentar su propuesta de matrimonio a la humilde Griselda la interpela diciendo: [¿E]stáis preparada a complacer todos mis deseos sin dilación [?]; que yo tenga libertad de hacer lo que me parezca mejor, tanto si esto os proporciona placer o dolor ; que vos nunca murmuréis o protestéis ; que cuando yo diga «sí», vos no digáis «no», ni de palabra o frunciendo el ceño (pp. 271-272)26. Tras este desalentador comienzo lo que sigue es otro romance de aventuras centrado en las penalidades que el esposo inflige a lo largo de toda su vida a Griselda. Lo injusto del comportamiento —lo flagrante de la injusticia masculina ante una mujer totalmente inocente— obliga al Erudito a hacer de crítico literario y clamar ante el lector u oyente que lo que acaba de oír o leer no significa lo que parece: «Este cuento no ha sido contado para que las esposas imiten la mansedumbre de Griselda [...] Debe servir más bien para que todos, sea cual sea su condición, permanezcan tan constantes como Griselda en la adversidad» (p. 288)27. Pese a ello no deja de dirigirse con ironía a la Comadre para asegurarse de que el objetivo de su crítica así la ha entendido. Por si esta conexión interdiscusiva no fuera suficientemente clara, Chaucer introduce un epílogo al cuento del Erudito que viene a resumir la ense24 «O foule lust of luxurie, lo, thyn ende! / Nat oonly that thou feyntest mannes mynde, / But verraily thou wolt his body shende» (II. 925-927). 25 «Therfore no womman of no clerk is preysed. / The clerk, whan he is oold, and may noght do / Of Venus werkes worth his olde sho, / Thanne sit he doun, and writ in his dotage / That wommen kan nat kepe hir mariage!» (III. 706-710). 26 «But thise demandes axe I first, quod he, / That, sith it shal be doon in hastif wyse, / Wol ye assente, or elles yow avyse? / I seye this, be ye redy with good herte / To al my lust, and that I frely may, / As me best thynketh, do yow laughe or smerte, / And nevere ye to grucche it, nyght ne day? / And eek whan I sey ‘ye,’ ne sey nat ‘nay,’ / Neither by word ne frownyng contenance? / Swere this, and heere I swere oure alliance» (IV. 348-357). 27«This storie is seyd, nat for that wyves sholde / Folwen Grisilde as in humylitee, / For it were inportable, though they wolde, / But for that every wight, in his degree, / Sholde be constant in adversitee / As was Grisilde» (IV. 1142-1147). 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM125 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 132 de vuestra cofradía» (p. 526)43. La idea de la peregrinación como «zona de contacto» es importante porque nos permite considerar lo carnavalesco como el marco que justifica las narraciones de sexualidad ilícita y a Harry Bailey como su principal inductor. La obra arranca en el entorno carnavalesco de un banquete y propone otro a su conclusión como premio a la mejor historia; la gula aparece así como marco consensuado para proceder a la interacción social y literaria. El posadero forma parte de la tradición de los reyes carnavalescos que representan la idea del desorden, y ocupa un lugar cercano al Momo de los carnavales, o a los niños o jóvenes que presidían las fiestas de adviento conocidas como «del Obispillo» en muchas catedrales europeas hasta el siglo XVII44. La risa y la burla se permitían en estos contextos porque tenían fecha de caducidad; pero la simple posibilidad de visualizar estos vicios evidenciaba la necesidad de transformarlos o evitarlos: la hipocresía, la falta de amor al prójimo, o incluso a Dios, son los males que Chaucer puede denunciar sin cuestionar el orden social45. Más allá de la interpretación Bahjtiniana, y por tanto marxista, de estas celebraciones e imágenes como rupturas temporales permitidas por el poder, hay que tener en cuenta que en ellas hay un valor positivo de celebración de la vida, de rebelión individual ante la estricta separación en órdenes morales y categorías sociales que articulaban la sociedad medieval. 3. LA REPRESENTACIÓN DEL SEXO 3.1. OBSCENIDAD, EXHIBICIONISMO Y DISCURSOS DE GÉNERO Planteada, pues, la relevancia del marco cultural de la peregrinación y del registro carnavalesco, podemos observar cuáles son las características específicas de la representación del sexo. Si el mundo de la cultura —el regido por la Iglesia— presentaba el ideal de identidad humana bajo la figura del peregrino penitente, el sexo difícilmente podía recibir otra consideración que la de ser un peligro para la consecución de una vida espiritualmente saludable. Las imágenes sexuales explícitas asociadas a las representaciones de la avaricia, la lujuria o la concupiscencia en la fábrica de 43 «But worshipful chanons religious, / Ne demeth nat that I sclaundre your hous, / Although my tale of a chanoun bee. / Of every ordre som shrewe is, pardee, / And God forbede that al a compaignye / Sholde rewe o singuleer mannes folye» (VIII. 992-997). 44 Sobre las ceremonias religiosas tardomedievales y renacentistas que hacían de la risa un instrumento de catequización, véase M.C. JACOBELLI, Risus Paschalis, Barcelona, Planeta, 1990. 45 Sobre los límites de ceremonias que hacen del desorden y la parodia sus principales ejes y su supresión en grandes áreas del norte de Europa como consecuencia de la Reforma protestante, véase B. SCRIBNER, «Reformation, Carnival and the World Turned Upside Down», Social History, núm. 3 (1978), pp. 303-329; P. BURKE, Popular Culture in Early Modern Europe, Nueva York, Columbia University Press, 1978; P. STALLYBRASS y A. WHITE, The Politics and Poetics of Transgression, Ithaca, NY, Cornell University Press, 1986; R. HUTTON, The Rise and Fall of Merry England: The Ritual Year, 1400-1700, Oxford, Oxford University Press, 1994; y B. EHRENREICH, Dancing in the Streets: A History of Collective Joy, Nueva York, Metropolitan Books, 2006. 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM132 : SEXO, RISA Y... 133 muchos templos medievales presentan la sexualidad como un poderosa fuerza que hay que «deformar» para hacer más efectiva la disuasión de caer en ella, aun a sabiendas de que la naturaleza humana terminará por mostrarse débil (Weir y J. Jerman, p. 23)46. Y es que el exhibicionismo en el arte medieval, cuando aparece, opera en contextos ajenos a lo erótico y con un sentido admonitorio. El problema para los lectores u observadores del siglo XXI es que nuestras propias categorías mentales nos obligan a una permanente labor de traducción cultural que a veces se demuestra imposible. Por ejemplo, la erección masculina es considerada desde el siglo IV como signo del demonio. Lo incontrolable de la misma se veía como signo de influencia satánica; y esa presencia maligna se constataba en la erección final de los ahorcados, que unían así el castigo a los dos pecados más condenados por la iglesia medieval: la avaricia y la concupiscencia. Además la mostración megafálica o de figuras con vulvas sobredimensionadas iba unida a otra serie de imágenes que inciden en la genitalidad monstruosa: serpientes que muerden los pechos o el pene, figuras que se tiran de las barbas o bigotes —otro símbolo de la virilidad—, o vulvas dentadas que asemejan bocas y viceversa. Parece quedar claro en estas imágenes que espacio religioso y sexualidad guardaban relaciones en la Edad Media que hoy nos resultan incomprensibles pero que en su representaciones nos dejan atisbar un mundo complejo en el que la admonición del mal no se asocia con la pudibundez, ni el sexo con la ternura o el afecto. Por todo ello no es de extrañar que el catálogo más detallado de situaciones sexuales en LCC aparezca en el sermón del Párroco antes que en las historias de harlotrie. El Párroco explica que el diablo se deleita en la basura de la lascivia, que la lujuria constituye una de sus manos —la otra es la gula— y que con sus cinco dedos induce a los hombres hacia la hediondez. El primer dedo «lo constituyen las locas y desenfadadas miradas de un hombre y una mujer [porque] a la codicia de los ojos sigue la del corazón». El segundo son «los tocamientos pecaminosos [pues] quien toca y manosea a una mujer le acontece como quien palpa a un escorpión venenoso que pica y mata rápidamente con su veneno». El tercero son las palabras «que actúan como el fuego [y] abrasan el corazón instantáneamente». El cuarto es el besar, pues ciertamente loco sería «quien besara la boca de un horno o crisol. Más locos aún son los que dan besos lujuriosos, pues esa boca es la del infierno. Y especialmente estos viejos libidinosos, empeñados en besar para probar aunque no puedan hacer. Ciertamente se parecen a los perros que cuando pasan junto a un rosal u otra planta, levantan la pata y, aunque no tengan ganas, simulan orinar». El quinto, finalmente, es «la hedionda acción de la lujuria» (p. 621)47. Tras estas advertencias, 46 Tanto este volumen como su versión electrónica, «Satan in the Groin», son quizás las mejores revisiones ilustradas de estas esculturas. 47 «This is that oother hand of the devel with fyve fyngres to cacche the peple to his vileynye. / The firste fynger is the fool lookynge of the fool womman and of the fool man... for the coveitise of eyen folweth the coveitise of the herte. / The seconde fynger is the vileyns touchynge in wikkede manere. And therfore seith Salomon that whoso toucheth and handleth a womman, he fareth lyk hym that handleth the scorpioun that styngeth and sodeynly sleeth thurgh his envenymynge... The 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM133 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 134 el párroco sigue con un catálogo de las especies de lujuria: la fornicación entre no desposados, arrebatar la virginidad a una doncella, frecuentar a las prostitutas que son como «retretes públicos donde los hombres evacuan sus excrementos», fornicar con clérigos, el incesto, la sodomía y los sueños libidinosos (p. 623)48. En esta larga reflexión se recogen la mayor parte de los comportamientos sexuales que aparecen en los textos y ofrece una interesante clave para interpretar su sentido. Así, si retomamos el adulterio cometido por la mujer del molinero y el amancebamiento de su hija en la historia del Administrador, lo más importante es que en ambos casos el molinero está siendo sometido a un hurto, esto es, está siendo castigado con su mismo pecado. El carácter goliardesco que el narrador nos ha referido en el Prólogo General al describir al Molinero, evidencia una sexualidad desmedida: «Era rechoncho, cuadrado y musculoso [...] Su barba era pelirroja como el pelaje de una zorra o las cerdas de una marrana, y por su anchura, semejante a una azada [...] Tenía una bocaza ancha como la puerta de un horno y su hablar era generalmente obsceno y picante» (p. 80)49. Y esa sexualidad —reducida a la potencia varonil y simbolizada en el pene— aparece combinada con otro rasgo: su afición thridde is foule wordes, that fareth lyk fyr, that right anon brenneth the herte. / The fourthe fynger is the kissynge; and trewely he were a greet fool that wolde kisse the mouth of a brennynge oven or of a fourneys. / And moore fooles been they that kissen in vileynye, for that mouth is the mouth of helle; and namely thise olde dotardes holours, yet wol they kisse, though they may nat do, and smatre hem. / Certes, they been lyk to houndes; for an hound, whan he comth by the roser or by othere [bushes], though he Mayo nat pisse, yet wole he heve up his leg and make a contenaunce to pisse... The fifthe fynger of the develes hand is the stynkynge dede of Leccherie» (X. 853-864). 48 «Of Leccherie, as I seyde, sourden diverse speces, as fornicacioun, that is bitwixe man and womman that been nat maried, and this is deedly synne, and agayns nature. / Al that is enemy and destruccioun to nature is agayns nature... Another synne of Leccherie is to bireve a mayden of hir maydenhede... Of this brekynge comth eek ofte tyme that folk unwar wedden or synnen with hire owene kynrede, and namely thilke harlotes that haunten bordels of thise fool wommen, that mowe be likned to a commune gong, where as men purgen hire ordure... Yet been ther mo speces of this cursed synne; as whan that oon of hem is religious, or elles bothe; or of folk that been entred into ordre, as subdekne, or dekne, or preest, or hospitaliers. And evere the hyer that he is in ordre, the gretter is the synne... The fourthe spece is the assemblee of hem that been of hire kynrede, or of hem that been of oon affynytee, or elles with hem with whiche hir fadres or hir kynrede han deled in the synne of lecherie. This synne maketh hem lyk to houndes, that taken no kep to kynrede... The fifthe spece is thilke abhomynable synne, of which that no man unnethe oghte speke ne write; nathelees it is openly reherced in holy writ. / This cursednesse doon men and wommen in diverse entente and in diverse manere; but though that hooly writ speke of horrible synne, certes hooly writ may nat been defouled, namoore than the sonne that shyneth on the mixne. / Another synne aperteneth to leccherie, that comth in slepynge, and this synne cometh ofte to hem that been maydenes, and eek to hem that been corrupt; and this synne men clepen polucioun» (X. 864-914). 49 «The millere was a stout carl for the nones; / Ful byg he was of brawn, and eek of bones... He was short-sholdred, brood, a thikke knarre... His berd as any sowe or fox was reed, / And therto brood, as though it were a spade... His mouth as greet was as a greet forneys. / He was a janglere and a goliardeys, / And that was moost of synne and harlotries. /Wel koude he stelen corn and tollen thries; / And yet he hadde a thombe of gold, pardee» (I. 545-563). Sobre la caracterización humoral de personajes como el Molinero, el Administrador o la Comadre, véase Ch. MUSCATINE, Chaucer and The French Tradition, Berkeley, University of California Press, 1964, en especial pp. 197-212. 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM134 : SEXO, RISA Y... 135 por lo ajeno. Sexualidad, hurto y retribución quedan igualmente combinados al final del cuento: Symkyn queda en ridículo cuando los dos jóvenes estudiantes imponen su mayor potencia —su mayor vigor sexual— para gozar de su mujer e hija y, además, recuperar el trigo robado en forma de hogaza. Así, el molinero se ve privado de dos valores tan firmes como el grano: la castidad de su esposa y la honra de su hija. Por lo tanto el plus de significación de lo sexual en la historia radica en mostrar un castigo ejemplar de la avaricia en el contexto de un juego de ingenio; las referencias sexuales con su descarnada simpleza enfatizan el ridículo del viejo molinero frente a la potencia sexual de sus competidores: la mujer, confundida por la cuna movida por uno de los estudiantes, termina en la cama de Juan donde «pasó el mejor rato que había gozado en años pues él la trajinó como un loco, entrando a por uvas con fuerza» (p. 162)50. Igualmente muchas de estas historias nos revelan un modelo de explotación masculina, sustentado en una visión no problemática de la relación hombre-mujer. Esta última, se dice en varias ocasiones a lo largo del texto, se aleja de la virtud por su naturaleza inconstante y sólo con dificultad puede abrazarla. O modelo de castidad o asiento del pecado y el demonio. El control de la sexualidad femenina por parte del varón —la fidelidad monógama y la elección de esposo— garantizaba a éste un medio de asegurar o incrementar sus propiedades (por pocas o muchas que éstas fueran). Exigiendo fidelidad de la mujer, el esposo aseguraba su paternidad y la permanencia de sus propiedades entre sus herederos de sangre; controlando el acceso a la sexualidad de las hijas —representada en la preservación del himen— podía utilizarlas como bienes intercambiables en el mercado matrimonial. Todo ello, además, sin que existiera aún un discurso sublimatorio que enmascarara estas realidades bajo elaboraciones como la del amor conyugal o paterno. Así lo aclara el Párroco cuando afirma que quien roba la virginidad de una doncella la despoja «del más elevado estado de la presente vida, privándola del precioso fruto que la Escritura denomina [...] ‘centesimus fructus’ [...] el que tal obra ocasiona daños y perjuicios que rebasan todo cálculo [...] si hace penitencia, la mujer podrá alcanzar el perdón, pero jamás recuperar la virginidad» (p. 622)51. La referencia a la parábola del sembrador en Mateo 13: 8 —«Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta»—, nos indica que la virginidad es un bien en sí toda vez que su existencia garantiza los mejores resultados para el «sembrador». En la historia del Mercader, centrada en otro aspecto del sermón del Párroco —los viejos libidinosos—, la sexualidad vuelve a ponerse al servicio de un ejemplo moral y la burla cruel se prueba el más eficaz correctivo contra un vicio. En el 50 «So myrie a fit ne hadde she nat ful yoore; / He priketh harde and depe as he were mad» (I. 4.230-4.231). 51 «Another synne of Leccherie is to bireve a mayden of hir maydenhede, for he that so dooth, certes, he casteth a mayden out of the hyeste degree that is in this present lif, / and bireveth hir thilke percious fruyt that the book clepeth the hundred fruyt... For certes, namoore may maydenhede be restoored than a arm that is smyten fro the body may retourne agayn to wexe. / She may have mercy, this woot I wel, if she do penitence; but nevere shal it be that she nas corrupt» (X. 872-874). 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM135 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 136 prólogo, el Mercader nos adelanta que lleva dos meses casado y que su esposa es «la peor que podáis imaginar; si estuviese casada con el diablo, podría jurarlo: lo superaría» (p. 291)52. El posadero le pide que, pues sabe tanto del asunto, les cuente algo que lo ilustre. Tras disculparse por no querer hablar de sí mismo, escoge como protagonista de su cuento a Enero, «un noble caballero» (p. 293) entrado en años —esto es, a un miembro de un grupo social rival y con mayor prestigio—, y lo caracteriza como un viejo libidinoso que, tras disfrutar de las rameras toda su vida, decide acceder en la vejez a los placeres del matrimonio. Pero esta «conversión», que podría ser positiva, tiene aquí el sentido contrario por lo inadecuado de su elección: como el propio Enero afirma, «ella no debe pasar de los dieciséis [...] No quiero tener a una mujer de treinta años, no son más que [...] forraje de invierno» (p. 297)53. Su posterior ceguera no hace sino convertir en más cruel la burla de los jóvenes amantes a los celos desmedidos del viejo: Mayo convence a su marido para que le sirva de banco y poder subir al peral donde «Damián no perdió el tiempo: le tiró el sayo hacia arriba y penetró en ella», colocándola «de una forma que me resulta imposible explicar sin ser rudo» (p. 317)54. En esta historia el realismo se confunde con la alegoría como demuestran la elección del nombre de los personajes: en tiempos de Chaucer, enero era el penúltimo mes del año; mayo el tercero: Enero es un vejestorio, y Mayo joven. El nombre de Damián estuvo ligado con la potencia generativa, y en la fiesta de San Cosme y San Damián los jóvenes presentaban exvotos fálicos de cera para conservar el poder sexual. Finalmente, el lugar del delito —un peral— es un árbol cuyo contenido simbólico en la Edad Media servía para glosar, de un lado, lo evidente del encuentro que ocurre entre sus ramas — podía significar tanto los genitales masculinos como los pechos femeninos— y, del otro, la ridícula situación de Enero, agarrado a su tronco y sirviendo de apoyo a Mayo, a modo de visualización de la infamia; para terminar, introduce una referencia paródica irreverente —una estrategia repetida a lo largo de todo el cuento: el peral era el símbolo de Jesús encarnado y de su amor por los hombres55. Igualmente, en paralelo, aparecen Plutón y Proserpina que comentan lo que ocurre en la historia burlesca. Su intervención nos remite a un enfrentamiento entre dos dioses en razón de su sexo; así Plutón, escandalizado de que hagan un cornudo de «un honorable caballero», decide que Enero recupere la vista mientras su esposa se entretiene con el escudero: «Así podrá ver claramente lo puta que es ella» (p. 315)56. Pese a esta defensa del esposo por parte de Plutón, el lector justifi52 «I have a wyf, the worste that may be; / For thogh the feend to hire ycoupled were, / She wolde hym overmacche, I dar well swere... She is a shrewe at al» (IV. 1218-1222). 53 «I wol non old wyf han in no manere. / She shal nat passe twenty yeer, certayn... I wol no womman thritty yeer of age, / It is but bene-straw and greet forage» (IV. 1416-1422). 54 «Ladyes, I prey yow that ye be nat wrooth; /I kan nat glose, I am a rude man. /And sodeynly anon this Damian / Gan pullen up the smok, and in he throng» (IV. 2350-2353). 55 Véase HANSEN, p. 257; y FERGUSON, p. 41. 56 «That he shal have ayen his eyen sight, /Whan that his wyf wold doon him vileynye / Thanne shal he knowen al hire harlotrye, / Both in repreve of hire and othere mo» (IV. 2260-2263). 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM136 : SEXO, RISA Y... 137 57 «For in oure wyl ther stiketh evere a nayl, / To have an hoor heed and a grene tayl, / As hath a leek; for thogh oure myght be goon, / Oure wyl desireth folie evere in oon» (I. 3877-3880). 58 «And Januarie hath faste in armes take / His fresshe May, his paradys, his make. / He lulleth hire; he kisseth hire ful ofte; / With thikke brustles of his berd unsofte ,/ Lyk to the skyn of houndfyssh, sharp as brere / —For he was shave al newe in his manere— / He rubbeth hire aboute hir tendre face... The slakke skyn aboute his nekke shaketh, / Whil that he sang, so chaunteth he and craketh./ But God woot what that May thoughte in hir herte, / Whan she hym saugh up sittynge in his sherte,/ In his nyght-cappe, and with his nekke lene;/She preyseth nat his pleyyng worth a bene» (IV. 1821-1854). 59 «They seyde: ‘the man is wood, my leeve brother’; / And every wight gan laughen at this stryf» (I. 3848-3849). 60 «This marchant saugh ther was no remedie, / And for to chide it nere but folie, / Sith that the thyng may nat amended be» (VII. 427-429). caría el castigo de Enero como ejemplificación del triunfo de la razón. El Administrador, en su prólogo, ya nos ha avisado de que los viejos «tenemos hojas blancas y apéndice verde, como los puerros. Aunque nuestra vitalidad decrezca, no carecemos de deseos lujuriosos» (p. 153)57. De este modo la vejez no hace sino poner en evidencia la pérdida de virilidad y potencia, e ir en contra de la naturaleza es exponerse al ridículo y, por lo tanto, es de sabios actuar en consonancia y casar con mujer madura o renunciar el sexo. Indicativo de la importancia de este mensaje es que el autor no pierda oportunidad de concentrarse en las huellas de la vejez sobre el cuerpo de Enero: al llegar al lecho la noche de bodas tras ingerir todo tipo de afrodisíacos, nos dice, «estrujó a su preciosa Mayo —su paraíso, su media naranja— fuertemente entre sus brazos, acariciándola y besándola una y otra vez, frotando su erizada y dura barba (que era igual que papel de lija y punzante como una zarza), contra su tierno cutis»; y mientras cloqueaba con voz de falsete, «la arrugada piel de su cuello se movía flácida arriba y abajo. Dios sabe lo que pensaría Mayo contemplándole allí sentado con su gorro de dormir y su cuello huesudo» (p. 306)58. De este modo la indudable condena que la acción de Mayo merece ante los oyentes queda suspendida porque el pecado de Enero es aún peor. Hay una reflexión que hacer ante el tratamiento que se da al engaño femenino en estos cuentos. En la tradición de las Facetiae, el remate moralizante solía hacer explícito el castigo a la mujer falsa, sin embargo en ninguna de estas historias ocurre así. Alison, la mujer del carpintero cornudo en el cuento del Molinero, queda tranquila tras convencer a sus vecinos que los gritos de su marido son resultado de su locura y «los lugareños cultos, sin dudarlo, estuvieron de acuerdo que estaba como una regadera, y todos se rieron mucho de este asunto» (p. 152)59. En el caso del cuento del Marino, la esposa, tras acostarse con el monje y gastar el dinero de su marido, sale bien librada porque el marido «vio que aquello no tenía remedio: era inútil reñirla por cosas que no podían enmendarse» (p. 400)60. Igualmente en la historia de Mercader, Mayo, gracias al don de la elocuencia que le concede Proserpina, es capaz de convencer a su marido que lo que ha visto es resultado del proceso de curación de su ceguera: «Antes de que vuestra vista haya tenido tiempo de asentar07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM137 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 138 se, es posible que os equivoquéis frecuentemente sobre lo que creáis ver. Tened cuidado, por favor» (p. 318)61. Este hecho ha dado lugar a ciertas interpretaciones feministas de la obra que ven en esta ausencia de castigo para las mujeres adúlteras un cuestionamiento de la jerarquía patriarcal y el control de la sexualidad femenina. En este sentido yo creo que es más correcto pensar que Chaucer se limita a reírse —también— de la propia estructura patriarcal; más que en un intento de subvertirla, como manera de preservarla a través del cuestionamiento de sus aspectos más ridículos62. De alguna manera LCC parecen señalar que la consecución de unas relaciones respetuosas entre esposo y esposa —la valoración de lo femenino— sólo se consigue como corolario de una lucha por la perfección. Pero en el ínterin esas relaciones imperfectas no se cuestionan y la sexualidad femenina —con excepción de la penetración vaginal— está casi ausente. Tan sólo la Comadre de Bath en su prólogo se nos muestra deslenguada y procaz. Así, y con la autoridad que le otorga la experiencia, habla de sus tres primeros maridos, tres viejos, y afirma que «para conseguir lo que yo quería, solía tolerar toda su lascivia e incluso simular que tenía ganas de ella, aunque, la verdad sea dicha, nunca me ha gustado el tocino viejo» (p. 211)63. Y a propósito del cuarto, un joven, comenta que el beber vino la llevó a pensar en Venus y «por la misma razón que el frío engendra granizo, un rabo goloso encaja con una boca laminera» (p. 212)64. Esta procacidad no obstante contrasta con la castidad de su historia de caballeros andantes. 3.2. SEXO Y LUJURIA/AMOR Y MATRIMONIO Como hemos podido ver, cada anécdota erótica adquiere una complejidad significativa que contrasta con la parquedad de las descripciones sexuales. En todos los cuentos que hemos referido el autor se detiene con mucha más atención en dos de los «cinco dedos del diablo» —las miradas y las palabras— que en los tres directamente referidos al goce sensual —los besos, los tocamientos y la cópula. De hecho cada vez que llegamos al momento cumbre del engaño erótico, el encuentro entre los amantes es despachado con referencias generales a «la hizo suya», «la gozó en horizontal toda la noche», etc. Y casi siempre un comentario del narrador justifi61 «Til that youre sighte ysatled be a while, / Ther may ful many a sighte yow bigile./ Beth war, I prey yow; for, by hevene kyng, / Ful many a man weneth to seen a thyng, / And it is al another than it semeth» (IV. 2405-2409). 62 El interés de Chaucer por la respuesta femenina ante la sexualidad masculina ridícula ha sido interpretado como un intento por parte del poeta de crear una tensión dialéctica entre las doctrinas oficiales sobre la sexualidad y el matrimonio y sus posibles alternativas (PARRY, p. 161). 63 «For wynnyng wolde I al his lust endure, / And make me feyned appetit; / And yet in bacon hadde I nevere delit» (III. 416-418). 64 «And after wyn on Venus moste I thynke, / For al so siker as cold engendreth hayl, / A likerous mouth moste han a likerous tayl» (III. 464-466). 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM138 : SEXO, RISA Y... 139 cando su silencio sobre detalles «que me resulta imposible explicar sin ser rudo». Esto nos permite esbozar al menos una conclusión sobre el asunto que nos planteábamos al principio: el uso de lo sexual como instrumento para la risa y la sátira social elimina lo erótico de los cuentos si por tal entendemos la «puesta en discurso del sexo», utilizando la fraseología de Foucault. El hombre medieval, Chaucer, no entendía el sexo fuera del ámbito privado, de ahí que la posibilidad de trasladarlo al lenguaje con la precisión del voyeur moderno sea impensable. El amor en la Edad Media sólo es capaz de infundir pasión precisamente cuando no alcanza consumación en el cuerpo. El amor pasional, que enloquece y domina a quienes lo sufren, aparece en algunos de los romances incluidos en LCC. En estos casos siempre es el varón el agente de la experiencia, mientras que la mujer queda confinada al silencio humilde y a una adoración estéril. Es aquí donde con más claridad se percibe la idea de que el deseo no es sino proyección del propio yo sobre un otro cuya realidad material es del todo irrelevante65. Así, en el cuento del Magistrado, el sultán de Siria queda enamorado de la virtuosa Constanza con tan sólo oír sus alabanzas: «Le facilitaron una explicación circunstanciada de su gran valía con tal seriedad, que su imagen se apoderó de la mente del sultán y le obsesionó totalmente hasta que su único deseo fue el de amarla hasta el fin de sus días» (p. 177)66. Es en este tipo de amor el que conecta con la tradición caballeresca, donde se ubica el deseo, aunque éste aparezca permanentemente sublimado. Sólo cuando esa fantasía se sitúa en el mundo de lo real —caso del cuento del Terrateniente—, el hombre y la mujer parecen acceder a un pacto de vida con posibilidades de durar, o al menos así nos lo dice el cuento: «Arveragus y su esposa, Dorígena, vivieron en perfecta felicidad hasta el fin de sus días. Nunca más hubo diferencias entre ellos, ni entonces ni más tarde» (p. 360)67. 4. CHAUCER Y LA SEXUALIDAD: LOS REGISTROS DEL NARRADOR CORTESANO Los aspectos discutidos de la sexualidad en LCC apuntan una concepción de este motivo radicalmente alejada de la nuestra y ello pese a que, gracias al cine y la televisión, cuentos como el del Molinero o el Mercader forman parte de la cultura universal de las imágenes pornográficas. La concurrencia de lo sexual se subordi65 M. MILLER argumenta que la perversidad del varón en el cuento del Molinero radica en que el carpintero ignora todas las señales que envía Alison y se limita a imaginarla según las deficiencias de su propio deseo (p. 57). E.T. HANSEN realiza una lectura similar del cuento del Mercader. 66 «Amonges othere thynges, specially, / Thise marchantz han hym toold of dame Custance / So greet noblesse in ernest, ceriously, / That this Sowdan hath caught so greet pleasance / To han hir figure in his remembrance, /That al his lust and al his bisy cure / was for to love hire while his lyf may dure» (II. 183-189). 67 «Arveragus and Dorigen his wyf / In sovereyn blisse leden forth hir lyf. /Nevere eft ne was ther angre hem bitweene» (V. 1551-1553). 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM139 MANUEL JOSÉ GÓMEZ LARA 140 na a un plan general cuyo hilo temático es la relación matrimonial y las diversas actitudes ante ella. Cabe preguntarse cuál sería la reacción del público habitual de Chaucer, el de las damas escandalizadas por Troilo y Criseida a las que el poeta intenta aplacar escribiendo La Leyenda de las Buenas Mujeres, ante el dialogismo de LCC y su aparente modernidad moral: las relaciones basadas en el dominio están condenadas al fracaso y los hombres que las procuran a la exposición de su grotesca sexualidad y a la risa. Sólo el respeto mutuo, con el reconocimiento explícito de la importancia de la mujer en el intercambio contractual, hace posible la búsqueda del amor y de la gratificación sexual lícita. Sin embargo es difícil asentir tranquilamente a esta tesis, porque la propia textualidad y la biografía de Chaucer se encargan de cuestionar su veracidad. Dos ejemplos pueden servirnos para plantear los últimos interrogantes a modo de cierre de esta discusión. El interrogante textual aparece en la caracterización del héroe masculino del romance de la Comadre, y dado lo ya dicho sobre este narradorpersonaje, éste es el primer hecho significativo. Al comienzo del cuento se nos dice que cuando el caballero volvía de cazar «se topó casualmente con una doncella que iba sin compañía y, a pesar de que ella se defendió como pudo, le arrebató la doncellez a viva fuerza» (p. 224)68. Tal acción conlleva su condena a muerte, de la que se salva por la intercesión de la reina y sus damas; en una digresión, la narradora (¿Chaucer?) comenta: «Tal era, al parecer, la ley en aquellos tiempos» (p. 224)69. ¿Sorpresa ante lo radical del procedimiento? ¿Un guiño al lector/lectora para que simpatizara con el personaje a pesar del crimen? ¿O un comentario inconsciente de culpabilidad? No es mi intención argumentar aquí una relación determinante entre ficción y biografía, sino, simplemente, poner lado a lado dos realidades documentales; una, la de la ficción en el cuento de la Comadre, y la otra, biográfica, la exculpación / inculpación de Chaucer en un caso de violación en mayo de 1380. En ambas se hace presente una realidad: la práctica habitual de la violencia contra la mujer, a la que habría que añadir una casi inevitable orientación clasista. En el caso en cuestión, el cortesano Chaucer contra Cecilia Chaumpaigne, la hija de un panadero. El documento donde se revela el asunto es una «acta de descargo» que la supuesta víctima realizó a favor del poeta, absolviéndolo de cualquier culpa que pudiera derivarse de su violación —de raptu meo70. La controversia crítica inicial suscitada por esta revelación ha sido convenientemente zanjada y parece no haber duda del hecho que promovió el acta ni de los medios que Chaucer71 y su entorno 68 «He saugh a mayde walkynge hym biforn, / Of which mayde anon, maugree hir heed, / By verray force, he rafte hire maydenhed» (III. 885-888). 69 «Paraventure swich was the statut tho» (III. 893). 70 Sobre la discusión jurídica del término y el uso del mismo como un método de burlar las imposiciones de padres y tutores, véase J.A. BRUNDAGE, «Rape and Marriage in the Medieval Canon Law», Revue de droit canonique, núm. 28 (1978), pp. 62-75; y Law, Sex, and Christian Society in Medieval Europe, Chicago, University of Chicago Press, 1987. 71 Conviene recordar que Chaucer había contraído matrimonio con Philippa Roet, una dama de la reina que, siguiendo los pasos de su esposo, se incorporó a la corte paralela de Juan de Gante. 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM140 : SEXO, RISA Y... 141 utilizaron para acallar el escándalo: un pago de diez libras a la víctima (Cannon, pp. 93-94). Evidentemente dicho pago no se relaciona documentalmente con el acta, pero por la naturaleza de los intermediarios —amigos y cortesanos próximos a Chaucer— caben pocas dudas sobre tal relación72. Chaucer no parece haber ofrecido ni a la víctima del caballero, ni a Cecilia una posibilidad de restitución, de contar su historia; al contrario, en ambos casos parece dejarse claro que el culpable de tales crímenes puede ser exculpado si los poderosos así lo deciden: en el caso del cuento, son la reina y sus damas quienes dejan en suspenso la pena de muerte a costa de que el caballero aprenda qué es lo que realmente desean las mujeres; en el caso de Chaucer, sus amigos en la corte y su influencia ante jueces y escribanos lo exculpan de cargos tan engorrosos como los de violación y adulterio. ¿Es incompatible todo esto con una defensa literaria de la mutualidad sentimental y una condena de la violencia en las relaciones matrimoniales? La respuesta es difícil y depende en gran medida de la imagen construida del autor; pero no conviene perder de vista la posición privilegiada que el público femenino ocupa en sus desvelos. Quizás la simpatía hacia actuaciones femeninas claramente reprobables desde la moral convencional que salpican LCC no dejen de ser sino un nuevo guiño a ese público. Estas dudas no pretenden ofrecer respuestas definitivas sino simplemente poner en evidencia la distancia que media entre el intento crítico de interpretar productos literarios de los que nos separan más de seis siglos y la inevitable opacidad del pasado. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS AERS, D., Chaucer, Langland and the Creative Imagination, Boston, Mass., Routledge & Kegan Paul, 1980. —— Chaucer, Brighton, Harvester Press, 1986. ASTELL, A.W., «The Peasants’ Revolt: Cock-crow in Gower and Chaucer», Essays in Medieval Studies, núm. 10 (1993), pp. 53-60. AUSTEN, G., «The Reeve’s Tale and Its Audience», The English Review, núm. 11 (2000), p. 29. BENNET, J., Women in the Medieval English Countryside, Oxford, Oxford University Press, 1987. BLAMIRES, A., Chaucer, Ethics and Gender, Oxford, Oxford University Press, 2006. BOWERS, J.M., «The Tale of Beryn and The Siege of Thebes: Alternative Ideas of The Canterbury Tales», en D.J. Pinti, ed., pp. 201-230. 72 El contenido completo de los documentos relativos al caso aparecen en CROW y OLSON, p. 343, aunque fueron inicialmente publicados por F.J. FURNIVALL en The Athenaeum (29 noviembre 1873). Para una discusión de sus contenidos y posible interpretación, véanse P.R. WATTS, «The Strange Case of Geoffrey Chaucer and Cecilia Chaumpaigne», Law Quarterly Review, núm. 63 (1947), pp. 491-515; T.T. PLUCKNETT, «Chaucer’s Escapade», Law Quarterly Review, núm. 64 (1948), pp. 33-36; y Ch. CANNON. 07 Manuel Gómez Lara. Los cuentos de....pmd 11/7/2008, 9:03 AM141