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Comunicar la identidad : el proceso de autorepresentación del colectivo migrado femenino. Una aproximación desde la antropología visual

Soto Merola, Joana; Feixa Pàmpols, Carles

Abstract

Esta investigación estudia las complejas dinámicas de creación de identidades entre las mujeres que viven en la diáspora, enfatizando no sólo las relaciones cotidianas que se establecen entre las comunidades locales y sus países de origen, sino también la implicación que tienen las fuerzas locales como motores de construcción identitaria. Se trata de comprender cómo se negocia la identidad en un contexto mundial desigual, interconectado entre si y donde el Estadonación ha dejado de tener el monopolio de la construcción de imágenes identitaria. Para ello, analizaremos la creación de un documental participativo en el que intervienen un grupo de chicas de origen diverso, vecinas de Lleida. Más que las cualidades formales del film, lo que nos interesa son los procesos de producción y recepción de este. Unos procesos que permiten mostrar que la identidad se construye mediante un proceso comunicativo, rechazando la noción de autenticidad aplicada a una identidad femenina y a una cultura esencializada e inmutable, anclada en su pasado y en su origen, para poder mostrar los grupos sociales como entidades heterogéneas, moldeables y en un proceso de comunicación, construcción y negociación constante.

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 1430  COMUNICAR LA IDENTIDAD: EL PROCESO DE AUTOREPRESENTACIÓN DEL COLECTIVO MIGRADO FEMENINO. UNA APROXIMACIÓN DES DE LA ANTROPOLOGÍA VISUAL Soto Merola, Joana Departamento de Filología Catalana i Comunicación de la Universitat de Lleida [email protected] Feixa Pàmpols, Carles Departamento de Geografía i Sociología de la Universitat de Lleida [email protected] RESUMEN: Esta investigación estudia las complejas dinámicas de creación de identidades entre las mujeres que viven en la diáspora, enfatizando no sólo las relaciones cotidianas que se establecen entre las comunidades locales y sus países de origen, sino también la implicación que tienen las fuerzas locales como motores de construcción identitaria. Se trata de comprender cómo se negocia la identidad en un contexto mundial desigual, interconectado entre si y donde el Estadonación ha dejado de tener el monopolio de la construcción de imágenes identitaria. Para ello, analizaremos la creación de un documental participativo en el que intervienen un grupo de chicas de origen diverso, vecinas de Lleida. Más que las cualidades formales del film, lo que nos interesa son los procesos de producción y recepción de este. Unos procesos que permiten mostrar que la identidad se construye mediante un proceso comunicativo, rechazando la noción de autenticidad aplicada a una identidad femenina y a una cultura esencializada e inmutable, anclada en su pasado y en su origen, para poder mostrar los grupos sociales como entidades heterogéneas, moldeables y en un proceso de comunicación, construcción y negociación constante. PALABRAS CLAVE: Inmigración, diáspora, género, identidad y comunicación.  1431  INTRODUCCIÓN Des de finales del segundo milenio, el tema migratorio se ha convertido en un fenómeno real y de no poca importancia. No solo se ha convertido en una trama recurrente en los diferentes campos de estudio que lo ocupan, sino que, además, ha adquirido nuevas formas y complejas dimensiones, tanto por su pluralidad estructural, como por su dinamismo cambiante. Aún así, a pesar de la fertilidad de material que diariamente se produce y de la abundante atención que se le dedica, no son pocos los debates, sobretodo hijos e hijas de los principales medios de comunicación y de los discursos políticos, que acaban simplificando y reduciendo el hecho migratorio a una serie de mitos protagonizados por el impacto económico, por los posibles problemas de convivencia social, por los dramas humanitarios y por los mitos de la delincuencia y la inseguridad. Este tratamiento de la inmigración como “mensajera de la desgracia”, siguiendo las palabras de Bauman, influencia profundamente en la opinión pública y contribuye a la consolidación de una imagen estereotipada y altamente estigmatizada de este colectivo. Por otro lado, en nuestra sociedad el género es, evidentemente, uno de los ejes de ordenación y estructuración social, como también pueden serlo la edad o la etnicidad. Es necesario, pues, tener en cuenta que al hecho de ser una persona migrada, una mujer ha de sumar a su identidad otras categorías que la excluyen por partida doble. Su representación en el imaginario social está atravesado por una imagen de la feminidad sexista y androcéntrica, fuertemente estereotipada, marcada por un culto extremo al cuerpo y una acentuación perversa de su sexualidad y de su erotismo exótico. La mujer, en los medios de comunicación, asume roles relacionados con la belleza y el hogar, así como con la sumisión y la docilidad. La mujer inmigrada es, además, sexualizada y erotizada. Así, la construcción social de la imagen de la alteridad estigmatizada (mujer, joven e inmigrante) queda generalmente bajo la responsabilidad de juicios que no pertenecen a sus protagonistas. Son, a menudo, los discursos políticos, el mundo periodístico o los y las profesionales del ámbito social, por poner tan solo algunos ejemplos, quienes detentan la autoridad y el consentimiento para hablar de ello. Extirpamos así la posibilidad que sean las propias mujeres la que nos expliquen su historia. Pocas son las manifestaciones, al menos las que llegan a manos del gran público, que dan voz a aquellas mujeres que han experimentado en primera persona el proceso migratorio. Según Claudia Pedone (2001), por ejemplo, los medios de comunicación están llenos de manifestaciones que relatan situaciones referidas a las personas migradas, pero ninguna de ellas escucha sus voces: su imagen no les corresponde. Para devolverles parte de su identidad, pero sin olvidar tampoco nuestra parte de responsabilidad en ella, esta investigación se propone el análisis del proceso de creación de un video documental participativo en el que un grupo de jóvenes migradas y vecinas de la ciudad de Lleida puedan narrar sus experiencias, explicar quiénes son, cómo se ven y cómo quieren ser vistas, para revelarnos, en definitiva, su propia representación.  1432  Quién dicen que son? Por qué lo dicen? Y qué es lo que no dicen? Por qué no lo hacen? Lo que se pretende es entender cuáles son los procesos de autorepresentación de un colectivo de jóvenes. Se trata no sólo de buscar nuevas formas de participación y de fomentar la implicación de las personas migradas en la sociedad de acogida, sino también de verlas como sujetos activos, lejos de la esencialización a la que a menudo se las relega a través de los análisis estadísticos o de los discursos que aparecen en los principales medios de comunicación. EL POR QUÉ DE LA INVESTIGACIÓN Y DE SU METODOLOGÍA A pesar de la promoción de imágenes altamente estereotipadas y tras el fantasma de este supuesto “pánico en el imaginario social”, aparece una “presencia ignorada”: la de miles de jóvenes que, a lo largo de la última década, han llegado al Estado español provenientes de países dispares. Miles de jóvenes exiliadas de sus casas en uno de los momentos más difíciles de su vida (la siempre difícil transición a la vida adulta) y confrontadas a un país que no conocen y que, a menudo, no han escogido, a unos adultos a los que ya no recuerdan (madres sobreocupadas, padres ausentes, profesores y asistentes sociales y vecinos y vecinas con miedo) y a una situación de indefinición jurídica e institucional (Feixa, 2010). Frente a esta situación y, sobretodo, delante de una serie de conflictos753 acontecidos en la ciudad de Lleida, la Concejalía de Juventud decidió apostar fuerte por un programa educativo iniciado el año 2007 y llamado Hip Hop Intercultural, en el cual el ocio y el espacio público se convierten en una potente herramienta de intervención socioeducativa. Uno de los itinerarios de este proyecto contemplaba la creación de un taller de creación artística audiovisual en el que aquellos y aquellas jóvenes que así lo desearan podrían participar, de forma abierta y totalmente gratuita, en un taller de video: o bien cortometrajes o bien documentales. En un principio, a dicho proyecto se inscribieron un total de cinco grupos de jóvenes de la ciudad. De forma paralela, los tres educadores del proyecto Hip Hop Intercultural plantearon a sus chicos y chicas la posibilidad de tomar partido en este taller y, finalmente, fueron tres los colectivos que se sumaron a él: un grupo de chicos de origen dominicano, otro grupo de chicas de diferentes nacionalidades y un grupo de jóvenes africanos. Así, el cómputo final reunió ocho grupos de  753 A finales de enero del año pasado, dos patrullas de los Mossos d’Esquadra entraron en las dependencias de la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Lleida para detener algunos jóvenes dominicanos (dos de ellos miembros activos de uno de los documentales trabajados en el marco de la investigación), acusados presuntamente de desórdenes públicos, daños materiales y violencia urbana. Los medios de comunicación locales rápidamente se hicieron eco de la noticia, relacionando directamente a estos jóvenes con la presencia de bandas latinas en la ciudad. Entre otros titulares, el Diari Segre destacaba, por ejemplo: “Los Mossos de Esquadra investigan los ocho detenidos forman parte de una banda latina o si se trata de un altercado aislado” (El Segre, 20/01/2011). El pie de foto de la noticia (“Antecedente. En el Clot de les Granotes se registró una tumultuosa pelea entre jóvenes latinos el mayo del 2008”) vinculaba estos hechos con unos conflictos que tuvieron lugar el 2008 también en la ciudad, cuando algunos chicos y chicas protagonizaron unos enfrentamientos en diferentes emplazamientos del espacio público. Aunque las peleas, según parece, involucraron a jóvenes de distinta procedencia, éstas fueron interpretadas (otra vez) como disputas entre jóvenes inmigrantes, miembros de bandas latinas.  1433  chicos y chicas leridanos con ganas de participar en la creación de un montaje audiovisual. La temática era totalmente libre y el repartimiento de los grupos y los monitores quedó de la siguiente manera: FICCION GRUPO TEMA MONITOR/A 1 Cortometraje de miedo Òscar 2 Las droguas Òscar 3 Máter Salvatoris Òscar DOCUMENTAL GRUPO TEMA MONITOR/A 4 El centro de Lleida Òscar 5 Los sin techo Òscar 6 La Tribu Verde Aida / Joana 7 Black Diamonds Aida / Joana 8 Somos lo que vivimos Aida / Joana Lo que nos llamó la atención y se convirtió justamente en el punto de inflexión que no estimuló a escoger esta temática como eje vertebrador de esta investigación fue precisamente el asunto que ocupa cada proyecto documental. En este sentido, cabe recordar que el tema era totalmente libre y, por lo tanto, eran los propios jóvenes los encargados de escoger cuál sería el hilo conductor de su proyecto. Así, de los ocho grupos participantes en el taller, sólo tres de ellos, casualmente de origen inmigrante, pidieron un proyecto audiovisual con una temática autorepresentativa: querían hablar sobre si mismos. Son los siguientes: - A pesar de ser un concepto difícil de definir, “La Tribu Verde” es el nombre que un grupo de jóvenes dominicanos ha puesto a su colectivo de música y baile. El término también representa una forma eufemística de referir-se a los Trinitarios, una banda latina de origen dominicano con presencia en la ciudad de Lleida. - Las “Black Diamonds”, por otro lado, son un conjunto de chicas de distintas nacionalidades (dominicana, catalana, brasileña, serbia, montegrina, etc), que se reúnen entorno al softball (un deporte muy parecido al baseball y de origen dominicano). A pesar de tener relación (de amistad y, sobretodo, de carácter sentimental) con los Trinitarios, este grupo no se puede incluir, a priori, como parte integrante de una banda latina (al menos a nivel colectivo).  1434  - Finalmente, “Somos lo que vivimos” es el nombre que un grupo de jóvenes africanos ha puesto a su proyecto de creación audiovisual. Quieren narrar, a través de 4 historias concretas, qué representa para ellos el proceso migratorio y, sobretodo, establecer un diálogo con África, a través del cual explicar cuáles son las condiciones de vida en el país de destino. ¿Por qué es justamente el colectivo de jóvenes de origen extranjero el único que siente la necesidad de explicar quién es? ¿Qué les conduce a hacer un documental sobre ellos mismos? ¿Por qué son sólo los jóvenes autóctonos los que escogen hacer un proyecto tan lejano a ellos como el de una persecución automovilística en una carretera secundaria? ¿Por qué los jóvenes autóctonos no se plantean la posibilidad de hacer una película en la que expliquen quién son y qué hacen? Es simple casualidad o la excepción responde, como sospechamos, a cuestiones de carácter sociológico? Nos decantamos, evidentemente, por esta última opción. En consecuencia, por una cuestión de proximidad y de interés intelectual y profesional por conocer el proceso de autorepresentación del colectivo inmigrante, decidimos, de forma conjunta, que seríamos nosotras quienes nos encargaríamos de conducir la creación del proyecto audiovisual de estos tres grupos en particular. Ahora bien, pese a haber trabajado los tres proyectos de forma conjunta y con intensidad, centraremos en esta ocasión los esfuerzos en narrar las experiencias recogidas durante la creación del documental del grupo de chicas, las “Black Diamonds”. Consideramos el género como una categoría relacional, que se construye en el contexto de las relaciones entre mujeres y hombres como miembros activos de un grupo social (Berga, 2006) y, por lo tanto, entendemos que es fundamental dedicar un capítulo específico, una mirada atenta, a las relaciones de género entre los y las jóvenes de Lleida. También debemos de tener en cuenta que un proyecto de estas características sólo podía ser aprehendido a través de una aproximación metodológica de tipo estrictamente cualitativo. Para obtener un conocimiento empíricamente fundamentado en el complejo proceso que se pretendía trabajar, debíamos aproximarnos lo más posible a la experiencia, tanto en las propias chicas protagonistas (las jóvenes inmigradas, residentes en la ciudad de Lleida), como de los sujetos que les acompañan a lo largo del proceso (los y las profesionales que trabajan conjuntamente en el proyecto). De ese modo la recogida de datos que ha permitido dibujar este proyecto ha sido fruto de un proceso de hibridación entre aquellas técnicas que son patrimonio tradicional de la ciencia antropológica y otras de carácter más innovador, que derivan de la introducción de la imagen y de una cámara fílmica en el proceso de trabajo de campo. Nos situamos, así pues, del lado de la perspectiva de Banks, quien invoca a favor de la heterogeneidad de los datos utilizados en cualquier proceso de investigación, donde la exploración visual se habría de ver como una técnica metodológica más entre muchas otras (2010: 23). Por lo tanto, en cuanto a los métodos tradicionales de recogida de información, los resultados de este trabajo son el fruto de la aplicación de diversas técnicas etnográficas como la observación participativa,  1435  las entrevistas en profundidad y los grupos de discusión. Ahora bien, el uso de estas técnicas, habituales en cualquier proyecto de investigación antropológica, se han visto modificadas por la introducción de una cámara fílmica en el proceso de recogida de información. La imagen, pues, ha representado una fuente importante de trabajo, facilitando ampliamente la entrada en el campo y sirviéndonos de vínculo entre nosotros y nuestras informantes. De la gran cantidad de elementos, momentos, situaciones y emplazamientos objetivamente fotografiables, de la inagotable variedad de posibilidades que pueden capturarse con una cámara fílmica, los grupos humanos, organizados en sociedad, tan solo fotografiamos un aspecto bien reducido: aquello que según Bourdieu está socialmente predefinido (1979: 61). Así, la fotografía no queda sujeta, en ningún momento, al azar de la fantasía individual, sino que se subordina a la práctica colectiva y, por tanto, expresa, aparte de las intenciones explícitas de quien ha hecho la filmación, el sistema de los esquemas de percepción, de pensamiento y de apreciación común de todo el grupo (Bourdieu, 1979). Al ser protagonista de una fotografía la gente actúa retóricamente y construye, en consecuencia, su propia imagen, ofreciendo al espectador o a la espectadora una vertiente interesada y parcial de ella misma. Desde un punto de vista estrictamente teórico, el reconocimiento de los signos inscritos en la fotografía, desde los más obvios hasta los más sofisticados, depende exclusivamente del conocimiento del contexto cultural y social en el que éste se ha producido, en el que tiene sentido, al que se dirige y al cual contribuye a configurar. Así pues, la fotografía no solamente resulta un simple reflejo del mundo real, sino también una composición en la que se inscriben valores socioculturales. Es, por tanto, un objeto etnografiable. En este sentido, y teniendo en cuanta la materia que nos ocupa, no podemos dejar de preguntarnos qué es lo que se esconde detrás de las imágenes que, a través del proceso de rodaje, estas jóvenes han escogido ofrecernos. ¿Cuáles son los leitmotivs que aparecen en todos sus relatos? ¿Qué nos revela la puesta en escena? A grandes rasgos, de su análisis aparece una línea clara de investigación: las complejas dinámicas creadoras de nuevas identidades juveniles surgidas, por un lado, de la creación de fuertes comunidades de iguales, con sentimientos y creencias compartidas, y, por otro lado, la aparición de una relación constante, tanto de carácter simbólico como material, entre el país de destino (el Aquí) y el país de origen (el Allí). Una relación que nace a través del impacto de su proceso migratorio, de las conexiones transnacionales. Una relación que se construye en un acto de comunicación. LA IDENTIDAD EN DIASPORA: UN ACTO DE COMUNICACION, UN CRUCE DE MIRADAS El trabajo de campo, como veremos, demuestra cómo estas jóvenes efectúan un acto de comunicación con el interlocutor propuesto: la institución. Per cómo?  1436  En un proceso de diálogo intercultural, la circulación de los mensajes que fluctúa entre los diferentes colectivos se ha dibujado casi siempre en forma de monólogo y con una trayectoria de carácter unidireccional. Tradicionalmente, se ha hablado de, nunca se ha hablado con. La dirección era unívoca: del superior hacia el inferior, del poderoso al débil (Nobleza, 1993: 1). En el ejercicio de comunicación que se presenta en este trabajo se le da la vuelta (o cuando menos se le intenta dar la vuelta) la unidireccionalidad del intercambio comunicativo de carácter cultural, intentando establecer un diálogo entre dos polos: en este caso, a través de la realización del film documental, es el colectivo inmigrante el productor del mensaje y el resto, su receptor. Planteado de esa manera, el proceso de autorepresentación identitaria (el proceso de exposición y descripción del propio yo) es, evidentemente, un acto de comunicación, entendido éste como aquel proceso que permite transmitir mensajes y compartir significados mediante los símbolos (Nobleza, 1993: 6), y sólo puede manifestarse, en consecuencia, a partir de la construcción de una relación social. Una relación que se crea a través de un vínculo entre dos grupos sociales diferenciados, los cuales se unen a través de una correspondencia comunicativa. El proceso de autorepresentación es, en definitiva, un acto de comunicación en toda regla: un diálogo que, pese a no tener el formato habitual de una conversación convencional, sí que integra la totalidad de sus elementos: el emisor (los jóvenes), el receptor (el público) y el mensaje. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, según Pierre Bourdieu (2001), no todo acto comunicativo tiene el mismo valor ni se estructura de la misma manera. Esta dependerá del “mercado lingüístico” en el que se encuentren inmersos sus participantes. El valor, el poder performativo del lenguaje y una correcta interpretación, no emana del interior del propio acto de habla (de su gramaticalidad) ni de la percepción subjetiva de los integrantes en la conversación, sino que nace del exterior, de las dinámicas sociales que envuelven tanto la correspondencia comunicativa como los sujetos que participan en ella. Es decir, el éxito o el fracaso de todo acto comunicativo depende exclusivamente del entramado de las relaciones objetivas en las que los hablantes se encuentran inmersos: Una competencia suficiente para producir frases susceptibles de ser comprendidas puede ser del todo insuficiente para producir frases susceptibles de ser escuchadas, frases propias para ser reconocidas como oportunas, de todas las situaciones en las que se hable. Una vez más, la aceptabilidad social no se reduce en este caso únicamente a la gramaticalidad. De hecho, los locutores desprovistos de la competencia legítima quedan excluidos de los universos sociales en que esta se erige o bien quedan condenados al silencio. Lo extraño no es (...) la capacidad de hablar (...) sino la competencia necesaria para hablar la lengua legítima, una competencia que, al depender del patrimonio social, expresa las distinciones sociales, en una palabra, en la lógica de la propia distinción (Bourdieu, 2001: 29). Así, tal como señala Bourdieu, de la misma manera que ocurre en una comunicación interpersonal, el éxito (la distancia que separa la acción de sentir y la acción de escuchar y entender) del intercambio comunicativo de carácter colectivo, responde a un acercamiento de los marcos de referencia de cada uno de los grupos participantes. Los componentes de un encuentro comunicativo interactúan apoyándose en supuestos culturales propios, los cuales  1437  actúan como pantallas perceptivas de los mensajes que se intercambian (la forma en que se interpreta un mensaje varia según la cultura de la persona y la experiencia individual, así como según el contexto de la comunicación y la situación en que esta se establece). Por ello, para conseguir una relativa eficacia en el proceso comunicativo, se necesita una cierta familiaridad de los participantes con los antecedentes del interlocutor, las percepciones de las diferencias que los separan y la reciprocidad del propósito comunicativo. “Esta perspectiva”, asegura Nobleza, “considera la comunicación como una experiencia 'compartida', en lugar de como un acto individual con ejecutantes individuales. Considera el proceso natural de comunicación y demuestra que la diferencia cultura es la matriz de la comunicación” (1993: 5). Es debido a ello que la eficacia comunicativa del documental propuesto en este taller se basa en una experiencia compartida o en una aproximación a los referentes culturales entre aquellos grupos que participan en el encuentro: el de los jóvenes y el de la institución. Veamos cómo ocurre. La contradicción entre la identidad vivida y la identificación externa La identidad no forma parte de nosotros mismos como si se tratara de una adscripción directa y automática a nuestro ser. No poseemos ni unos atributos ya dados ni tampoco un catálogo de singularidades previamente otorgadas. Nada predeterminado a lo que aferrarnos para entender qué, quién y cómo somos. Por el contrario (ya lo decía Simone de Beauvoir): no somos sino que nos hacemos. Nuestro “yo” (o nuestro “nosotros”, en este caso) se construye. Pero, ¿cómo lo hace? La hipótesis de partida de esta búsqueda entendía la identidad como aquel proceso dinámico que se construye mediante las experiencias, las memorias y las vivencias de toda una vida. Entendía que la identidad era, en definitiva, lo que Terradas llama “identidad vivida” (2004: 64): un identidad particular que se construye subjetivamente y que nace de la misma experiencia de vivir. Y es precisamente por eso por lo que la identidad se complica y se fragmenta: el proceso de vivir también lo hace. La necesidad de compartir esta identidad vivida, de intercambiar socialmente nuestros recuerdos, crea, por otra parte, una “identidad cultural” (2004: 64), construida a través de la amalgama de estas experiencias vividas de forma subjetiva. Así pues, hay una parte de la identidad que, evidentemente se construye mediante una experiencia individual que se transforma en colectiva si, y sólo si, existen referentes coincidentes y narrativas comunes con las que poder identificarnos los unos con los otros. Hasta aquí, nuestras suposiciones encajaban sin demasiados problemas con las categorías de “identidad vivida” e “identidad cultural” que nos proponía Ignasi Terradas. Ahora bien, el conflicto comenzó a aparecer (siempre lo hace) cuando, en medio del trabajo de campo, notamos la presencia de una tercera categoría que, pese a no haber sido identificada con antelación, alcanzaba una relevancia importante en el proceso de construcción de la identidad de las  1438  jóvenes con las que estábamos trabajando. Se trataba de una mirada externa. Una mirada que interactuaba con su subjetividad y que, en consecuencia, formaba parte de su proceso de construcción identitaria. Nos referimos, evidentemente, a la mirada de la institución y a nuestra propia mirada como encargadas del taller y antropólogas. Estas chicas son quienes son, entre otras cosas, porque nosotros las vemos como las vemos. Y es que nuestra forma de categorizarlas (como mujeres y como inmigrantes) se convierte en un referente importante en su proceso de construcción identitaria. Era, precisamente, la materialización del acto de comunicación. En este sentido Ignasi Terradas continua ofreciéndonos los instrumentos para interpretar este sorpresivo cambio de rumbo. El autor habla de una estrategia que se presenta como opuesta a la identidad vivida: “la identificación”. La identificación, asegura Terradas, se aleja de la experiencia y hace una “conversión abstracta de una memoria de vida en un signo de pertenencia o de estigma político” (2004: 64). Y eso es precisamente lo que hacía nuestra mirada: convertía la experiencia vivida de las jóvenes en una categoría abstracta, en una condición externa que les asigna etiquetas, en un acto clasificatorio realizado fuera de la vida. Lo que se dice de ellas afecta directamente a su construcción identitaria. La pregunta que venía a continuación era indispensable para poder entender aquello que las chicas querían decirnos: ¿cómo afecta esta identificación a la identidad vivida de las jóvenes? ¿Cuáles son los referentes comunes que hacen que el acto de comunicación que une a las chicas con las y los educadores sea un éxito? ¿Cuáles son los elementos que comparten? Para darle mayor coherencia, analizaremos primero las palabras que las personas que trabajan en el Ayuntamiento proyectan sobre el colectivo de jóvenes inmigrantes y como estas responden a la interpelación de la propia institución. Estrategias discursivas de construcción de la alteridad: la perspectiva de la institución A pesar de la infinita diversidad de las personas concretas que protagonizan los movimientos migratorios, la cada vez mayor abundante presencia de habitantes extranjeros en suelo autóctono va con frecuencia acompañada de la existencia de un amplio abanico de imágenes genéricas que, en detrimento de la complejidad de los fenómenos sociales y en forma de percepciones, prejuicios o estereotipos, dibujan a nuevos vecinos y vecinas como un colectivo homogéneo y uniforme, con características especialmente ancladas en su etnia, en su religión o en su país de origen. La convivencia entre los diferentes colectivos que habitan la ciudad se basa, precisamente, en este conjunto de percepciones y actitudes en torno a las identidades culturales. Así pues, la construcción de las identidades no se puede entender sin la percepción de las alteridades, sin su identificación (Terradas, 2004). Esta puede comenzar con categorizaciones puramente fenotípicas, no discriminatorias sino clasificatorias, y acabar con categorizaciones étnicas o culturales (“nosotros no somos tan cariñosos”) (Feixa, 2010 -sin publicar-).  1445  explicación a este sentimiento de comunidad es que estas chicas, una vez que han llegado al país de destino, buscan un lugar en el que identificarse y lo encuentran, evidentemente, entre su grupo de iguales, con los que construyen unas relaciones de fuerte amistad y cooperación. La tendencia es a refugiarse en el grupo del mismo origen, con el que han compartido geografías, mitologías y biografías (Feixa, 2010). El círculo, pues, se cierra hacia adentro. Se alejan por ese camino de una supuesta identidad individualizada, en la cual la construcción del yo depende, casi de forma exclusiva, de uno mismo: las jóvenes se adhieren a una identidad de carácter colectivo y comunitario. Una identidad que actúa como una “solución simbólica” a los problemas identitarios derivados del proceso migratorio. Son los intentos de recuperar la cohesión perdida. En segundo lugar, también hay que señalar que, en el trabajo de diseño del guión documental, estas chicas escogen su condición diaspórica como bandera: la marca que justamente también destacan los discursos institucionales. Al llegar al país de destino, ellas comenzaron a ser consideradas como “diferentes”, “las otras”, “las latinas”, “extranjeras” y/o “negras”. Ellas mismas, pues, asumen la diferenciación y se apropian de ella. Lo que se observa es que, en definitiva, de la infinitud de posibilidades a escoger, estas chicas escogen la experiencia compartida del proceso migratorio como aquel elemento que define su identidad: es su carta de presentación. En sus países de origen, estas jóvenes no tenían la necesidad de exteriorizar sus signos diacríticos, pero al llegar al país de destino se hacen conscientes de que los otros las tratan diferente y, por tanto, redescubren su origen. Ante este hecho, optan por reforzar los elementos que potencian su identidad primordial (vistiéndose de raperas o poniéndose el pañuelo) o la rechazan, invisibilizando los signos que las identifican con la alteridad (vistiéndose de europeas o difuminando su patria). Con frecuencia, estas jóvenes usan tanto la vestimenta como el deporte (el softball) y la música (el rap, la salsa, el merengue o el reggaeton) con tal de identificar su unión y su condición tanto como para explicar al resto de mundo quiénes son y cómo quieren ser vistas. Se trata de manifestaciones que se identifican claramente con sus países de origen, considerándolas expresamente, como decíamos, sus signos diacríticos. Racial Fury, Illegal Connection o Family Connection son sólo algunos de los nombres que estas jóvenes (juntamente con los chicos) ponen a sus bandas de música. Se trata de designaciones directamente apelativas a su condición de extranjeros y a su identidad diaspórica. El término Racial, por ejemplo, hace referencia a unas supuestas características genéticas diferenciales respecto a la sociedad de acogida, el término Illegal apela a una situación de irregularidad y liminariedad jurídica con la que con frecuencia han de convivir muchos de estos jóvenes y,  en los individuos que las experimentan, fuertes sentimientos de inseguridad y ansiedad. Una de las estrategias que se crea para eludir esta angustia responde, como vemos a través de la experiencia de estas jóvenes, a la adhesión a una identidad marcadamente colectiva (de carácter étnico, aunque también generacional y de género, en este caso) que les devuelve un sentimiento de pertenencia perdido en el proceso migratorio.  1446  finalmente, el término Family o Connnexion son formas que se usan para expresar una unidad diaspórica que genera una nueva identidad superando el grupo cultural o nacional de origen. Por otro lado es interesante señalar una tercera estrategia de representación captada durante el rodaje del film. Si la institución, como ya hemos visto, dibujaba estas jóvenes de origen inmigrante a través de sus identificaciones, ahora serán ellas quienes crearán estrategias discursivas para posicionarse en contra, respondiendo así a su propia identificación, interiorizando estas imágenes que las categorizan como potencialmente peligrosas, protagonistas de la exclusión social o simplemente como diferentes: como las otras. El motivo central que engloba el guión de su documental no es otro que el de librarse del estigma que saben que les acompaña casi siempre que una mirada externa las supervisa y las inspecciona. El objetivo, pues, es revertir estos discursos y sus identificaciones: “Hacemos esto por cómo nos tratan” o “Queremos enseñar a todo el mundo que no somos niñas malas, también somos niñas buenas”, aseguran como respuesta a la pregunta de por qué han querido participar en este proyecto de creación audiovisual. De hecho, para ellas, mostrarnos a través del rodaje del documental su día a día les sirve para librarse de una serie de estigmas construidos a través de las oposiciones que vinculan la inmigración con los atributos más negativizadores de su cotidianeidad. Ocupación de espacio público versus espacio privado. Ocio y paro versus trabajo y obligaciones. Falta de recursos versus riqueza. A través de sus narraciones, estas jóvenes intentan diluir esta construcción dicotómica mostrando el uso que hacen de los universos tradicionalmente vinculados no sólo al país de destino, sino también a la normalidad, a la responsabilidad y a la no-estigmatización por cuestiones étnicas. Durante el proceso de redacción del guión documental, muchas de estas chicas se mostraban ciertamente preocupadas por la voluntad de romper con el estigma: “No somos unos monstruos”. La opción que se encontró para desvincular el colectivo de los imaginarios negativos que fluctúan entre los discursos de la mayoría autóctona, fue la de mostrar su cotidianeidad más inmediata: la casa, la escuela, sus obligaciones, la familia, etc. Así, durante el rodaje ellas nos muestran, conscientemente, sus espacios privados (desvinculándose así de los idearios de un uso intensivo y fuertemente territorial del espacio público), sus obligaciones más inmediatas (mostrando su cara más responsable), y diversas situaciones de pobreza y de exclusión por parte de la población autóctona (desligándose así el vínculo entre exclusión e inmigración). Así pues, el Aquí también se hace presente a través de su cotidianeidad. Descubrimos su día a día a través de su escolarización, sus redes de amistad y de sociabilidad, de la participación en actividades bien diversas. Descubrimos sus casas, su familia y su interior.  1447  Estas chicas, en definitiva, usarán el documental para establecer un diálogo implícito con la propia institución, en concreto, y con la sociedad en general: han interiorizado el lenguaje de la exclusión y hablan, en definitiva, a través suyo. CONCLUSIONES El proceso de creación de un guión documental nos ha permitido entender las múltiples caras que nos ofrece la identidad. Una identidad que, lejos de ser cristalina i inmanente, anclada en una comunidad dada e impasible a los cambios que la envuelven, responde a un claro proceso de fabricación y adaptación a su contexto particular. Estas chicas, a través de la creación de un proyecto documental, han iniciado un proceso de comunicación y de negociación de su identidad con un interlocutor determinado, en este caso con la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Lleida. Por un lado, aquella mirada externa que las catalogaba como diferente hace que estas jóvenes integren la diferencia y se sientan como tal. Ahora y aquí, ellas son conscientes de su alteridad: aquí ellas son, evidentemente, las otras. Por otro lado, no es que estas chicas sean solo aquello que nos quieren mostrar. Son mucho más, por supuesto. Son una identidad vivida, son toda una vida. Pero es que ahora les interesa mucho más mostrar solo lo que ellas han decidido querer mostrar. La identidad es, por lo tanto, un proceso dialógico que se construye siempre en relación a otro, a un momento i a un motivo: la identidad es, en definitiva, siempre dinámica y negociadora. BIBLIOGRAFÍA Banks, M. (2010): Los datos visuales en investigación cualitativa. Ediciones Morata, S.L., Madrid. Bourdieu, P. (1979): La fotografía, un arte intermedio, Editorial Nueva Imagen, México. Bourdieu, P (2001): La distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Taurus, 188, Madrid. Briceño, Y. 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