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Una nota sobre Marsilio Ficino y la religiosidad renacentista

Sánchez Espillaque, Jéssica

Abstract

El pensamiento humanista y cristiano se da la mano en un hombre como Marsilio Ficino, que desde el furor religioso y platónico se acerca a a la religiosidad renacentista. Un espíritu que se ha distinguido, principalmente, por dos conceptos: paz y tolerancia.

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ISIDORIANUM 29 (2006)319-330 UNA NOTA SOBRE MARSILIO FICINO Y LA RELIGIOSIDAD RENACENTISTA Jéssica Sánchez Espillaque Becada de FPU, Universidad de Sevilla ABSTRACT: Humanist and Christian thought occurs the hand in a man as Marsilio Ficino, who since the religious and platonic rage approaches us the Renaissance religiousness. A spirit that has distinguished itself, mainly, by two concepts: peace and tolerance. PALABRAS CLAVES: Amor, convivencia, Ficino, hombre, paz, platonis  mo, religiosidad, renacimiento, tolerancia. En las siguientes lineas reflexionaremos sobre un periodo muy concreto del Humanismo renacentista. Se trata del momento poste  rior a lo que se conoce como “ primer humanismo ” , esto es, la fase subsiguiente al humanismo civil florentino, que llega aproximada  mente (pues no es algo que se pueda dividir de un modo exacto) hasta la segunda mitad del siglo XV. Éste es un periodo en el que predomina una preocupación por problemas lógico-retóricos y éticopolíticos; o sea, problemas prácticos: de todo aquello que tiene que ver con la vida del hombre en la ciudad. Además, es de carácter mar  cadamente aristotélico. En cambio, nos vamos a ocupar de la etapa que le sigue. Situémonos en la segunda mitad del Quattrocento\ con Hay estudiosos del Renacimiento, como Pedro R odríguez S antidrián , que esta  blecen la siguiente distinción: Primer Humanismo (Quattrocento) y Segundo -319- Jéssica SÁNCHEZ ESPILLAQUE la figura intelectual de Marsilio Ficino, y ante un movimiento más preocupado por las cuestiones metafisicas y teológicas, que por las mundanas, como había ocurrido en la fase anterior^. Hallamos, por consiguiente, un pensamiento mucho más influido por el platonis  mo. El Humanismo renacentista, en su conjunto, busca conocer al hombre y el sentido de la vida, para lo cual realiza un programa que, basándose en la recuperación cultural de la Antigüedad^ (latina y griega), intenta educar al hombre, y en el que no habrá un único maestro sino múltiples: Cicerón, Virgilio, Horacio, Séneca, Tucídides, Tito Livio, etc., pero, sobre todo, el gran desconocido para los medie  vales, Platón". 2 3 4 Humanismo (Cinquecento). Cfr. Pedro R. S antidrián , Humanismo y Renacimiento, Madrid, Alianza Editorial, 1994. Otra diferenciación es la que aporta Ernesto G rassi , La filosofia del Humanismo. Preeminencia de la palabra, Barcelona, Anthropos, 1993 donde habla en los términos de “ humanismo no platonizante ’ y “ humanismo platonizante ” . Para ahondar en esta cuestión aconsejamos Eugenio G arin , Medioevo y Renacimiento: Estudios e investigaciones, versión castellana de Ricardo P ochtar , Madrid, Editorial, Taurus, 1983, III Parte, cap. I. Otras obras de este magnífico estudioso del Renacimiento podrían valer para este propósito. La raíz de este interés por la cultura clásica se halla, en primer lugar, en cues  tiones políticas. Desde principios del siglo XIV Florencia tiene un tipo de gobier  no muy diferente al del resto de la Europa medieval, regido por tiranos y/o prín  cipes. En la capital Toscana, en cambio, se instaura la República. Sin embargo, a mediados de siglo surgen en Italia varios estados ávidos de poder (los Sforza en Milán, entre otros) que quieren emular a Julio César, para lo que la república flo  rentina no era más que un estorbo. Ante esta situación Florencia, que no puede contar con la ayuda de otros estados italianos porque su manera de gobernar no está muy bien vista, decide mirar al pasado para buscar una solución; concreta  mente a Cicerón, quien muestra la fortaleza de la República romana frente al poder absolutista del César. Pues bien, previamente los sabios florentinos tienen que recuperar la gramática latina para poder leer las obras de este autor. He aquí el origen de la recuperación de los studia humanitatis, y he aquí también ese inte  rés moral y político que originaría todo el movimiento humanista del Renacimiento. El interés estético por la Antigúedad clásica surgirá cuando, a principios del siglo XV, lleguen a Italia (muy especialmente, a Florencia) los bizantinos, huyendo de los turcos, y lleven consigo todo el pensamiento helenís  tico, además de iniciar los estudios de la lengua griega. Véase en M arsilio F icino , Sobre el furor divino y otros textos, (Selección de textos y notas de Pedro A zara ; traducción de Juan M aluquer y Jaime S ainz , (Edición bilingúe), Barcelona, Anthropos, 1993) el Estudio Introductorio de Pedro A zara , pp. XVI-XXII. Jacob B urckhardt afirma que la recuperación de Platón en el siglo XV constitu  ye “ un segundo y más alto Renacimiento de la Antigüedad ” , J. B urckhardt , La cultura del Renacimiento en Italia, Madrid, Edaf, 2004, p. 167. - 320 - UNA NOTA SOBRE MARSILIO RICINO Y LA RELIGIOSIDAD RENACENTISTA L En medio de ambas etapas del humanismo del Renacimiento se producen cambios (en los que ahora no nos podemos detener) polí  ticos, sociales^, etc., que dan lugar a un nuevo modo de concebir la vida y el hombre. Pero antes de meternos de lleno en esa nueva concepción del ser humano propia de los humanistas platónicos, vamos a realizar una pequeña digresión en la que trataremos de despejar una cuestión largamente discutida: si el Renacimiento tiene o no un espíritu irreligioso. En nuestra opinión, y en la de grandes estudiosos del Rena  cimiento y del Humanismo renacentista italiano como Eugenio Garin, Cesare Vasoli y, por supuesto, Ernesto Grassi% la época renacentista no es irreligiosa, aunque algunos historiadores hayan tratado de hacernos ver lo contrario. Prueba de ello son los textos de algunos de los humanistas de la época, (platónicos sobre todo), entre los cuales se encuentra Ficino, unos textos en los que no aparecen alusiones ateas o simplemente agnósticas sino que, más bien, lo que acaece es una transformación del prisma con el que se mira al hombre. El ser humano deja de ser una criatura más entre tantas otras, y comienza a tener una posición privilegiada como imagen viviente de Dios. Es decir, sigue existiendo la fe en Dios puesto que nunca se pierde, y nos atreveríamos a decir que esa fe se vive de una forma más intensa (basta con ver las acciones de un hombre que, aunque no era italia  no, estaba influido por el mismo ambiente humanista como Juan Luis Vives) pero, además, junto a ella va surgiendo una nueva fe en el mundo y en el hombre mismo. Lo que más atrae de la religión, en este nuevo período, es su vertiente más humana", cristológica«. De ahí 5 6 7 8 Fundamentalmente el fin de la República florentina y la llegada de los Médicis al poder. G rassi , por su parte, nos viene a decir que, lejos de lo que algunos estudiosos han pensado, el filosofar humanista no se reduce a la revivificación del pensa  miento platonizante. Véase Ernesto G rassi , La filosofía del Humanismo. Preeminencia de la palabra, Barcelona, Anthropos, 1993. Así como J. M. S evilla , Tramos de filosofía, Sevilla, Mínima del CIV, 2002 (también en edición digital: www.us.es/minima3 ). J. O rtega y G asset , En torno a Galileo, edición de José Luis A bellán , Colección Austral, Madrid, Espasa-Calpe, 1996, p. 267. Una idea que ya se venía desarrollando en la devotio moderna, y que tenía como una de sus características fundamentales lo que se conoce como “ cristocentrismo práctico ” , a saber, una vida espiritual que busca la imitación de los ejemplos de Cristo y que, por consiguiente, está basada en la humanidad de éste, a parte de su reacción contra la teología demasiado especulativa. - 321 - Jéssica SÁNCHEZ ESPILLAQUE que por encima de los dogmas lo que más importe a estos hombres sean las buenas acciones^ El creciente interés por el hombre que se experimenta en esta etapa no va a suponer un peligro para la fe cris  tiana, principalmente, porque también ella valora admirablemente al ser humano. La muestra de que esa fe no ha interrumpido su cami  no durante el Renacimiento es el arte religioso que emerge en este momento. Un arte que en el Renacimiento es de una belleza excepcional, aunque no sólo eso, de igual forma sobresale por su contenido. Grandes artistas de la época (pintores, escultores y arquitectos) plasmaron en sus obras las riquezas de su ingenio, impregnadas de gran hondura espiritual. Por ejemplo, Miguel Ángel (14751564), que se forma en Florencia, en el círculo neoplatónico de la corte de Lorenzo de Médicis'°, realiza trabajos de notable espíritu religioso, como el Moisés y los Prisioneros o Eslavos, para el mau  soleo del papa Julio II. Aunque éste no es el único caso, se dice que en El nacimiento de Venus Sandro Botticelli (1445-1510) plasma los principios filosóficos del neoplatonismo renacentista; y es que el pintor, que ha sido considerado uno de los más importantes repre  sentantes de la pintura del Quattrocento, conocía de primera mano el pensamiento de los platónicos florentinos y del propio Ficino, con quien establecería una amistad. Igualmente, hay ejemplos de esta religiosidad en la arquitectura renacentista. Los expertos coin  ciden en afirmar que las cúpulas, que tan importantes se hicieron en las construcciones arquitectónicas del Renacimiento, poseen un gran simbolismo cristiano, a saber, la forma esférica de las mismas hace referencia a lo divino, teniendo en cuenta la perfección que se supone en la esfera, así como porque en ellas puede entrar de una forma sublime la luz, la luz divina. De esta manera se ha interpre  tado en una de las obras cumbres del Renacimiento, la catedral de Florencia, Santa María dei Fiore, cuya cúpula realizó el genial Filippo Bruneslleschi (1377-1446), y en la que, además de la fun  ción estética, destaca una ideológica: representa la unidad cristia9 10 Por esto, ha habido historiadores que han visto el Renacimiento como un perí  odo de tránsito entre creer que en Dios está la verdad y creer que está en la cien  cia humana. Lorenzo de Médicis tenía la convicción de que sin el platonismo no se podía ser ni buen ciudadano ni buen cristiano. J. B urckhardt , op. cit., p. 168. -322- UNA NOTA SOBRE MARSILIO PIGINO Y LA RELIGIOSIDAD RENACENTISTA na. Ahora bien, es cierto que el movimiento artistico de esta época difiere del medieval por ejemplo en el descubrimiento de la pers  pectiva, en la predilección por los modelos clásicos, ..., y en una disminución del arte con motivos religiosos debido, ante todo, al hecho de que, en este momento, el hombre comienza a ser tomado como el tema fundamental de las obras de arte, tanto de las plás  ticas como de las del pensamiento. El arte renacentista se distin  gue por ser plural pero entre las diferentes vias que se cultivan también está el arte religioso. Por tanto, aunque ya no es la tónica general, como fue en la Edad Media, si podemos decir que hay pre  sencia en el Renacimiento, y muy especialmente en los circuios platónicos, de dicho arte sagrado . En definitiva, el hombre renacentista sigue siendo cristiano aunque en modo alguno como lo habia sido siglos atrás; ahora la fe sólo es un ingrediente más de su vida, lo cual constituirá, como veremos, reflejo de una conocida tolerancia religiosa por parte de los humanistas renacentistas. Dicho todo esto, ya estamos preparados para analizar aquella concepción del hombre que los pensadores de corte platónico intro  ducen en el ambiente humanista del siglo XV, y que se encuentran ejemplificados en la figura de Marsilio Ficino. Aquella resurgida confianza en el hombre dio lugar a una nueva concepción del ser humano, pues no olvidemos que el Renacimiento vendría a ser, en palabras de un estudioso de este periodo histórico, “ un proceso de cambio en la actitud humana frente al mundo y a la vida. Representa, sobre todo, el alumbramiento de un hombre nuevo ” *'. Asi, durante el primer periodo del Humanismo se concibe al hom  bre como un ser eminentemente activo, de modo que su dignidad ya no está en seguir los dictados de Dios, sino en la actividad que despliega en el mundo ad maiorem gloriam Dei, por ejemplo, edifi  cando ciudades. Por lo tanto, su pensamiento se introduce en un horizonte terrenal, lo que significa afirmar que la grandeza del 12 Asimismo se ha llegado a pensar que el arte renacentista continua siendo pre  dominantemente, aunque no exclusivamente, religioso, y que su aspecto más “ laico ” (por decirlo de alguna manera) va dirigido a una pequeña minoría aristo  crática y reñnada. El pueblo, en cambio, seguiría gozando del arte más devoto. Pedro R. S antidrián , op. cit, p. 9. - 323 - Jéssica SÁNCHEZ ESPILLAQUE hombre no es algo que éste posea desde su nacimiento sino que ha de conseguirla mediante sus obras. En cambio, a partir de Ficino se vuelve a considerar que la nobleza humana está en la esencia divina, aunque de un modo diferente a como se habia hecho en la Edad Media. Ahora se afirma que el hombre sustancialmente es un Dios. Veamos todo esto más detenidamente. IL Marsilio Ficino (1433-1499) es la figura más representativa del humanismo platónico florentino, movimiento que se caracteriza por ser un intento por revivir la filosofia platónica, aunque esto no debe entenderse como una mera repetición de las ideas del maes  tro. Antes bien, se trata de un enriquecimiento de las mismas, mediante el siguiente proceso: primero una traducción (tanto si ya existe como si no) de los textos de Platón y de autores platónicos; después su comentario; y, por último, el intento de armonizarlo con el pensamiento cristiano'^ A finales del siglo XIV Platón era, como hemos dicho, casi un desconocido, pero los humanistas, principalmente florentinos, lo rescatarán de ese olvido'\ En un principio, estos humanistas se plantean conocer la faceta politico-social del pensador griego y comienzan a aparecer diferentes versiones de la República, asi como traducciones de los textos políticos platónicos, como por ejemplo la que hizo Giorgio de Trebisonda de Las Leyes. Junto a la fascinación por su teoría política está la atracción que suscitó su retórica, que llevó a que, por ejemplo, se estudiara y analiza  ra el Gorgias. Es decir, en los inicios del siglo XV resurge un inte  rés por el Platón político-social, moral y retórico; del resto, de momento, apenas se trata. Algo que cambiará a partir de M. Ficino, a finales de ese mismo siglo'% y en lo que los Médicis tuvieron mucho que ver puesto que gracias a la ayuda de 13 14 15 Pedro R. S antidrián , op. cit, p. 56. Algo en lo que estos humanistas coinciden con los Padres de la Iglesia que también pretendían armonizar a Platón con San Pablo. Ágnes Heller va más allá cuando afirma que “ Sócrates y Jesús for  man juntos el paradigma moral del Renacimiento ” (citado por Pedro R. S antidrián , op. cit., p. 13). Sin embargo, no se debe exagerar pues tampoco significa que los filósofos medievales no conocieran a Platón, lo que sí es cierto es que pasó casi desaper  cibido, eclipsado por la figura de Aristóteles. Cfr Eugenio G arin , op. cit., p. 185. - 324- UNA NOTA SOBRE MARSILIO RICINO Y LA RELIGIOSIDAD RENACENTISTA Cósimo'® Ficino crearía la Academia platónica'^ En ella los plató  nicos florentinos, siguiendo una de las actitudes más propiamente humanistas, tratan de ser lo más fleles posible a los escritos pla  tónicos, e intentan que el resultado de sus comentarios o traduc  ciones sea lo más elegante posible'«; así, de una forma bella, nos muestran que la grandeza del hombre es algo que éste posee por naturaleza antes de nacer. Esta actitud de los humanistas de espí  ritu platonizante y plotiniano procede de los opúsculos herméticos, según los cuales, si el hombre es un Dios signiflca que su lugar no es este mundo sino el de más allá. De tal manera que, para volver a su ''patria ” , el ser humano debe mirar más allá de las apariencias empíricas, dejando a un lado el cuerpo y todo lo terrenal. Para ello, debe oír la llamada que lo invita a ascender hacia lo divino. Ahora bien, cómo hacer compatible esta idea con el hecho de que la ver  dad de Dios sólo puede manifestarse sensiblemente. La propuesta de estos autores consiste en afirmar que para este viaje ascenden  te hay que partir de la realidad sensible, pero sin detenerse en lo corpóreo, sino sabiendo ver lo que hay detrás de las cosas. Pero ¿qué es eso que hay detrás? Ficino nos responde: su alma. Este pensador nos invita a mirar más allá de la realidad para poder ver detrás de ella su alma, que, en su opinión, es lo más importante'^ 16 17 18 19 En opinión de G arin , P igino representa, en la Florencia del siglo XV, la primera gran figura de filósofo cortesano, es decir, de alguien que está al servicio del principe para, entre otras cosas, darle fama y categoría a su corte, y para que, además, le haga propaganda política. E. G arin , op. cit., p. 208. Se dice que fue el platónico bizantino Giorgio G emistos P lethon (1355-1450) quien dio a Cósimo de M édicis la idea de restaurar la Academia platónica en Florencia, aunque será P igino el que, años más tarde, la constituya. Cesare V asoli en La dialettica e la retorica dell'umanesimo. ''Invenzione ” e "Metodo ” nella cultura del XV e XVI secolo, (Feltrinelli, Milano, 1968) explica que tanto Marsilio P igino corno Giovanni B essarione , Giorgio G emistos P lethon o Giovanni A rgiropulo (los tres eran bizantinos) contribuyen al renacer de los estudios platónicos en el Renacimiento mostrando, de este modo, un interés metafisico y teológico, sin abandonar el análisis filológico y el espíritu crítico propio del humanismo renacentista. Esta idea tiene que ver con su concepción cosmológica en la que el alma ocupa una posición central. Esto es. P igino concibe el universo tal como P latón y, des  pués, P lotino lo interpretaron, es decir, como una gran jerarquía. Sin embargo, difiere de la significación de ambos en que el florentino quiere ensalzar la digni  dad del ser humano y para ello considera que el alma está en el centro de todas las creaciones divinas, entre las inferiores y las superiores. O sea, estima que el alma es el centro del universo y, como tal, es el que “ anima ” y da fuerza al resto. En este sentido, K risteller afirma que P igino “ está convencido de que el universo - 325 - Jéssica SÁNCHEZ ESPILLAQUE La filosofía fíciniana consiste, pues, en buscar en las cosas el ros  tro divino. Todo ello lo puede decir, como veremos, porque piensa que la verdad es algo vivo (anima) y no una mera abstracción con  ceptual; por eso, su filosofar se expresará matizadamente median  te símbolos y mitos. Sólo a través de las imágenes que nos propor  cionan los sentidos, dice Ficino, “ recordamos en cierto modo aque  llas cosas que habíamos conocido anteriormente cuando nos hallábamos fuera de la cárcel del cuerpo ’ ’ ^«. Por esto mismo afir  ma que filosofar es retornar a Dios, lo que enlaza con su teoria de la inmortalidad del alma, pues, de lo contrario, toda la estructu  ra de su pensamiento se vendría abajo, y a continuación com  probaremos por qué. M. Ficino sabe que el ser humano es consciente de su fínitud y que eso le hace ser el animal más desgraciado de todos, pero como cristiano elige la opción de pensar que lo que aquí abajo sucede pasará, y arriba todo será luz y comprensión. Es decir, ante la angustia y el sufrimiento que le provoca al hombre saber que siempre está amenazado por el dolor y la muerte, no escoge la alternativa de aceptarlo y reconocer que no hay salida, sino que, a su juicio, existe la salida de ir más allá de la naturaleza, dando así un sentido positivo a la angustia; pero para eso necesita postular la inmortalidad del alma humana. Nuestro autor opina que el hombre, como ser exiliado, desea volver a su lugar de origen, o lo que es igual, ansia morar con Dios, y ese deseo es lo que le da sentido a su existencia aquí abajo. Ahora bien, si todos los hombres quieren llegar a conocer y ver al Supremo, y en vida sólo lo logran unos pocos privilegiados y por poco tiempo, habrá que contar con un alma inmortal para que todo ser humano lo logre para siempre. Éste es el argumento fíciniano en la que ha sido considerada su principal obra, Theologia platóni  ca de inmortalitate animorum de 1482, donde la teoría de la inmor20 debe tener una unidad dinámica, y de que sus diferentes partes y grados se man  tienen unidos por fuerzas y afinidades activas ” , P. O. K risteller , Ocho filósofos del Renacimiento italiano, México, Fondo de Cultura Económica, 1970, p. 64. R icino mantiene la idea platónica (cristianizada) que establece que, en un prin  cipio, nuestro espíritu habitaba en Dios, hasta que el deseo en lo terrenal le hizo caer en el cuerpo, olvidando de este modo las realidades divinas. Cfr. Marsilio F icino , op. cit., p. 15. - 326 - UNA NOTA SOBRE MARSILIO RICINO Y LA RELIGIOSIDAD RENACENTISTA talidad del alma constituye el tema fundamental. Coincide con Platón y Plotino en que el alma humana ha caído en desgracia, sin embargo Ficino se muestra nuevamente cristiano al pensar que la causa de esta caída no es, como estos dos autores pensaban, la constitución deficiente del hombre (ya que él cree que todas las almas son perfectas) sino el Pecado Original. O dicho de otro modo, considera que la causa no está en un defecto de origen sino en un acontecimiento histórico posterior', con lo que es posible la salva  ción humana, o sea, el ser humano puede intentar volver con Dios porque, aunque su bajada a la tierra se debe a su mala acción no está, sin embargo, imposibilitado para volver. No debemos olvidar que, como humanista, él siempre va a tratar de realzar la dignidad humana, pues si hay algo en lo que destaca, por encima de otros aspectos, el humanismo renacentista es su insistencia en la edu  cación de las capacidades naturales del hombre. No obstante, antes debe purgar el alma de todas las impurezas que, en la caída, se le adhirieron, y así restablecer la pureza primitiva. Por consiguiente, tenemos que para Ficino y los platónicos flo  rentinos (que siguen las teorías herméticas) la concepción del hom  bre está marcada por la preeminencia de la vida contemplativa. Es decir, el sentido de la vida humana está en el ascenso contempla  tivo hacia Dios, que consiste en una elevación gradual del alma con la ayuda de dos alas: el intelecto y la voluntad^^ Desde este punto de vista, Giovanni Pico della Mirándola (1463-1494), un autor sin  crético pero que comparte no pocas de las ideas platónicas rena  centistas, dice que si se quiere ascender hacia Dios lo mejor que se puede hacer es purificar el alma, puesto que "quién se atreverá a tocar la escalera del Señor con los pies sucios o con las manos mal lavadas ” 23. Entiéndase que con "pies ” y "manos ” se está refiriendo a la parte sensible del hombre, y que la ascensión es representada con la imagen plotiniana de una escalera, en cuya cima está sen  tado Dios. Desde lo alto Él es quien irradia luz sobre las cosas, gra  cias a lo cual el ser humano comprende, por eso, nuestro autor 21 22 23 Véase Marsilio F icino , op. cit., pp. XLI-XLIL F icino afirma esto infiuenciado por San Agustín y los filósofos medievales, Cfr. P. O. K risteller , op. cit., p. 65. G. P ico della M irandola , Discurso sobre la dignidad del hombre, Traducción, introducción, edición y notas de Pedro J. Q uetglas , Barcelona, PPU, 1988, p. 60. - 327-