scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Vertebración social y concienciación política a través de estrategias artísticas. El plantón del Distrito Federal (2006)

Rodríguez-Cunill, Inmaculada

Full text

Vertebración social y concienciación política a través de estrategias artísticas. El Plantón del Distrito Federal (2006). Inmaculada Rodríguez Cunill1 Antecedentes: crónicas de los inicios Me he pasado buena parte de mi vida pintando cuadros para que alguien, más o menos acaudalado, los cuelgue sobre el sofá. Me gano la vida dando clases de pintura en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, pero de hace dos años para acá, tal vez porque ando rozando los cuarenta, he entrado en crisis. Mis preocupaciones van más allá de mi propia expresión artística, me pregunto para qué pintar, de qué manera sirve a que las cosas vayan mejor en el mundo, y no a la creación de más objetos en la era de la hiperinformación, del peligro medioambiental y otras cuestiones. Me pregunto si al participar del flujo y comercio de imágenes, no aumentó la brecha económica entre el primer mundo y el ... ya no tercero, sino último. Pues bien, intentando superar este impasse, tratando de responder a la pregunta del ‘para qué pintar’, me planteé conocer lo que otros podrían estar realizando en este mismo sentido. Conocía la labor de colectivos tanto en España como en Latinoamérica. Habría que aprender de ellos. Por eso, primero me dediqué a contactar con colectivos de mi entorno. En Sevilla tenía bastante cercano el ejemplo de El Tinglao del Gran Pollo de la Alameda. El colectivo estaba a punto de publicar un libro que registraba la acción político-artística en el intento de preservar las señas de identidad en el barrio de la Alameda de Hércules a pesar de las ayudas de la Comunidad Europea a través del Plan Urban. Este colectivo acababa de exponer su trabajo en el CAS (Centro de Arte de Sevilla, en el Convento de San Clemente, del mismo barrio de la Alameda). Era curioso que simultáneamente expusiera allí Antoni Muntadas, con una retrospectiva sobre sus proyectos urbanos. Las preocupaciones sobre la representación de la ciudad eran paralelas. Acciones en 1999 de diversos colectivos. Modificación de los logos (Sevilla, ciudad medioambiental y NO8DO), con adhesión a superficies inusuales (contenedores de basura... zonas de drogodependencia…). Placa conmemorativa del nivel de escombros de las obras. Foto: El gran Pollo de la Alameda. 1 Profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla. Doctora en Bellas Artes. Doctora en Ciencias de la Información. . Directora de Giacec, Grupo Interdisciplinar en Artes Colectivas y Espacios [email protected] Revista Chilena de Antropología Visual - número 9 - Santiago, junio 2007 - 145/166 pp.- ISSN 0718-876x. Rev. chil. antroplo. vis. En verano de 2006, justo al acabar dichas exposiciones, debía dirigirme a México DF. Había recibido una ayuda de la Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México y otra de la Junta de Andalucía, para realizar una investigación postdoctoral. Mi destino era el Labcomplex, Laboratorio de Investigación y Desarrollo en Comunicación Compleja del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México. Mi proyecto trataba básicamente de estudiar las estrategias artísticas que utilizaban colectivos ubicados en el Distrito Federal de los que había tenido noticias desde España, su comportamiento social y su traslado al universo tecnológico para, con posterioridad, poder hacer una comparación con los colectivos en activo en el entorno español2. El contacto Justo al día siguiente de mi llegada al Distrito Federal, se produjo la primera manifestación postelectoral, donde descubrí un buen número de manifestaciones artísticas que daban una respuesta a lo que me andaba rondado por la cabeza desde dos años atrás. La toma de datos se produjo automáticamente. Los colectivos a los que deseaba investigar cuando me encontraba en España se habían puesto en actividad precisamente en la coyuntura postelectoral mexicana. De este modo, a lo largo de las manifestaciones de julio de 2006, de lo que se denominó “El Plantón” (47 días de actividades artísticas y sociales entre el 30 de julio y el 15 de septiembre), la fiesta nacional de El Grito (15 de septiembre) y la Convención Nacional Democrática (16 de septiembre), registré aproximadamente 4500 documentos entre fotografía y vídeo que contenían elementos artísticos. A la vez que se tomaba constancia de estos fenómenos, empecé a comprender cómo, a través de las manifestaciones artísticas que se ponían en juego, en el Plantón se podía detectar un comportamiento que evolucionaba de alguna manera como un organismo (social) vivo. Para que ese organismo evolucionara, lo primero que se necesitaba era un espacio en el que se pudieran compartir las preocupaciones políticas, las inquietudes sociales y artísticas y todas esas cuestiones que surgen del roce de la convivencia. Las lonas y tiendas de campaña se habían dispuesto a lo largo de nueve kilómetros, desde el Zócalo hasta la Fuente de Petróleos del Paseo de Reforma. En el Plantón había una organización básica: en el Zócalo se ubicarían la representación de los distintos estados de México, y desde allí hacia toda la médula espinal que eran la calle Madero, Juárez y Reforma, las delegaciones del Distrito Federal. 2 Entre estos colectivos, se encontraban también Menos Uno, La fiambrera obrera, Doméstico, Lavapiés Wíreless, Mmmmm, (grupo autor, entre otros proyectos, del modelo social de telemadre, la invasión de besos en Madrid, la excursión para la tercera edad a Festimad…) los sevillanos Tinglao del Gran Pollo de la Alameda, Blitz, etc. De todos modos, también otros colectivos darán razón de algunos aspectos relevantes, como el colectivo Situaciones, de Argentina, que comparte con su proyecto Rutas de la Potencia un interés por la acción en México. Vista de la manifestación del 30 de julio. Inmediaciones del Paseo de Reforma. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Vista de la Avda. Juárez, con algunas de las tiendas de El Plantón montadas alrededor de una de las zonas de más prestigio comercial del país. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Objetos vínculo En el mismo origen del Plantón había una cuestión hiriente para artistas e intelectuales. La sombra del fraude planeó en las conciencias de los mexicanos desde los inicios del largo proceso electoral, y que el pueblo recordaba lamentándose la quema de votos en la época en que Salinas terminó ejerciendo de presidente. Por otra parte, la batalla en la campaña había sido muy desigual. El mismo Tribunal Electoral llegó a reconocer la intromisión de elementos ajenos a los meros participantes políticos autorizados (Fox y un conjunto de multinacionales que realizaron spots contra el candidato Andrés Manuel López Obrador, en una campaña de miedo en la que se aducía que éste era “un peligro para México”). El descontento primigenio se manifestó a principios de julio, en una exposición en defensa del voto ciudadano, organizada por Carlos Monsiváis titulada De las obligaciones de la razón: al mayoreo y al menudeo. Distintos soportes plásticos se colocaron en la avenida Juárez. Se habían impreso las obras de artistas plásticos y diseñadores, se mostraban frases de escritores, chistes de humoristas gráficos, etc. Pero una noche, esos carteles urbanos fueron rasgados, cuestión que se vivió en el conjunto de gente preocupada por el fin de su voto como una nueva apertura de la herida. Obras que ya habían surgido de las heridas del pasado, se convertían en el soporte de nuevas heridas. Pero la respuesta fue curiosa. Esos paneles fueron restaurados (a menudo burdamente) por gente anónima. Otros fueron ’completados’ con escritos y dibujos, de modo que hoy por hoy puede decirse que se convirtió en una exposición emblemática de la resistencia civil pacífica. Más allá de lo que los artistas pudieron haber generado para esta exposición, las obras comenzaron a comportarse como lo que Lévy llama un ‘objeto-vínculo’, algo que supera la idea de objeto de arte, algo que va actualizándose según la participación de cada usuario, que experimenta mutaciones constantes, y que vive sistémicamente, siendo contexto y viéndose modificado por el contexto (Lévy, 1999: 116). Panel de la exposición De las obligaciones de la razón: Avda. Juárez con fondo de un panel rajado, en la exposición al mayoreo y al menudeo, tras la agresión y la posterior De las obligaciones de la razón. modificación de los participantes en la resistencia civil pacífica. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Un gran número de obras visuales, musicales, del Plantón, iban a ir modificándose en función de los vaivenes de la cronología política y entran por tanto en esa definición de Lévy. Tampoco hay que olvidar que en el tiempo en el que el Tribunal Electoral todavía debatía sobre la validez o no de las elecciones, surgió la noticia de que los miembros estaban sufriendo presiones de los partidos de la derecha, y que El Plantón se concebía a sí mismo como una contrapartida, otro tipo de presión, pero social. En El Plantón participaron personas de distintas tendencias políticas, no necesariamente afines a Andrés Manuel López Obrador, pero los aglutinaba la conciencia de ciudadanos, a través de lema principal que, no lo neguemos, era de sentido común ante las pruebas de fraude: el conteo de “voto x voto, y casilla x casilla”. Ese conteo, además, podría dar al ganador, tanto de una u otra tendencia, la seguridad de gobernar, asumiendo la mayoría de la población que se había llegado al poder limpiamente. Estos argumentos eran esgrimidos una y otra vez. Muy pronto también se realizó una exposición que retrataba las escenas de las multitudinarias manifestaciones precedentes al Plantón. Con el lema “Foto x Foto” en muchos espacios del Distrito Federal se colocaron paneles que funcionarían como superficie que exhibía esas crónicas de la gente anónima en las manifestaciones, y a la vez funcionarían con un mobiliario urbano más en el que la gente podía ir dejando colgadas sus impresiones. Más adelante, en los centros de acopio del Plantón, se exhibían carteles con el lema “Kilo x kilo, compañero x compañero”, o ya en la Convención Nacional Democrática el humorista gráfico El Fisgón defendería la libertad de prensa y opinión con el lema “Nota x nota, cuartilla x cuartilla”. El mismo lenguaje denotaba cómo una misma idea se iba modificando, adaptando, según el entorno y la actualización de los participantes en el ideario común. Unos lo harían aprovechando su aprendizaje en un taller de reciclaje, adaptando el reclamo a un dios prehispánico o en una exposición, acercándose al arte pop del siglo XX. De una u otra forma, el lema seguía en evolución en función de su actualización por parte de los participantes en este fenómeno social. Exposición fotográfica Voto x voto, foto x foto. Adhesión de nuevas aportaciones sobre los soportes Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. de la exposición fotográfica Voto x voto, foto x foto. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Fragmento del ‘Voto x voto, casilla x casilla’ que fue resultado de actividades de reciclaje de residuos en El Plantón. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Pancarta en el acceso al Museo Nacional del Antropología, ante la escultura del dios de la lluvia, Tlaloc. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Detalle de la exposición de Faro de Oriente en la zona de Diana Cazadora, Paseo de Reforma (‘Planilla x planilla’). Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. La ciudad dentro de la ciudad En los primeros días del Plantón las actividades aún no estaban muy organizadas, pues se realizaban continuas convocatorias y se animaba a la gente a participar, a coger un micrófono, a solucionar problemas tecnológicos, a organizar torneos de ajedrez, de fútbol, etc. Las actividades surgieron por pura necesidad. Veinticuatro horas bajo unas lonas eran muchas horas para no hacer nada. Además los niños se encontraban en periodo de vacaciones escolares, con lo que comenzaron a proliferar talleres de plastilina, dibujo infantil, concursos de baile, etc. Se podía participar espontáneamente o prever una conferencia o concierto varios días antes. Cada campamento tenía su propia agenda cultural, pero también se organizó un “Diario de la Resistencia” que aglutinaba los esfuerzos de todas las delegaciones y cada día repartía una hojilla con las actividades que se podían disfrutar, la “Cartelera cultural”. Comisión de arte. Calle Madero. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Cartelera de una delegación del DF. en los primeros momentos de El Plantón. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Cartelera del 1 de septiembre Memoria del Plantón: fotos de uno d los torneos de ajedrez y espacio de expresión. e de Diario de la resistencia Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. (aglutinadora de las carteleras por delegaciones). Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Pronto se hizo necesario tener conciencia de su propia memoria y de su forma de proyectarse conjuntamente al futuro, y comenzaron a surgir actividades en las que se recordaban fotográficamente otras actividades del pasado. Se creaban públicamente sus propios ‘álbumes de foto colectivos’ o se hacían homenajes a participantes anónimos de El Plantón (como en la exposición ‘”Líderes y lideresas”). La cantidad de gente que habitaba en estos nueve kilómetros exigía una infraestructura de limpieza, agua, comida… y en este sentido se ha de reconocer que el Plantón era un sitio muy higiénico. Se recordaba con carteles la necesidad de mantener el sitio limpio. También, ya avanzados los primeros días comenzaron a aparecer servicios médicos y farmacéuticos, en los que gente anónima aportaba las medicinas, puestos de peluquería, libro clubs más o menos organizados (a veces llevados adelante por una sola persona). En suma, se trataba de la construcción de una ciudad dentro de la ciudad. Para que las estrategias artísticas proliferaran, era necesario establecer los mínimos de convivencia. En esa convivencia se reforzaban las ideas de comunidad, en contra del tratamiento de la noticia que se daba en los principales medios de comunicación. Libro club ubicado en la Avda. Juárez correspondiente a la delegación de Iztacalco. Foto: Inmaculada Rodríguez Cunill. Respuesta a los medios de comunicación La idea de violencia que se deducía de la ocupación del Plantón era esgrimida continuamente en Televisa y TV Azteca, pero desde mi perspectiva como extranjera, la profusión de actividades artísticas y culturales provocaba una enriquecedora convivencia muy diferente a la que se describía en los medios. A veces comprobaba que había un gran recelo a mis movimientos, en parte por la idea de que yo fuera una ‘infiltrada’, en parte por la suposición de que era yo era periodista, y estaban bastante descontentos con el modo en que les trataban los medios. } Por lo general, todo lector compra el periódico que es afín a su ideario, ve el noticiero que le refuerza las ideas. Pero estas personas del Plantón escasamente encontraban un periódico en el que se vieran retratadas. Por eso, el Plantón aglutinaba esfuerzos sociales, servía para no sentirse marginado comunicacionalmente. En ese sentido, cohesionaba. En el Plantón se intentaban exhibir documentales que dieran idea de ‘esa otra noticia’ que era la contrapartida a la repetición y creación de la noticia en la técnica publicitaria de Goebbels. En otros aspectos, los medios de comunicación habían seguido los principios de Goebbels: habían simplificado la idea de un enemigo único (como decía Fox, las empresas multinacionales y el Partido de Acción Nacional, López Obrador era ‘un peligro para México’), cualquier pequeña anécdota se había convertido en una amenaza grave (la resistencia civil lo era para los medios, y la frase de López