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La transformación de los hogares españoles y andaluces

Bericat Alastuey, Eduardo; Martín-Lagos López, Mª Dolores

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La transformación de los hogares españoles y andaluces Eduardo Bericat Alastuey María Dolores Martín-Lagos López Centro de Estudios Andaluces Universidad de Málaga Universidad de Sevilla INTRODUCCIÓN 05 1. LA TRANSFORMACIÓN DE LOS HOGARES 13 1.1. La tipología de los hogares 14 1.2. La dialéctica de la individualización social 44 2. LA COMPOSICIÓN SOCIAL DE LOS HOGARES 59 2.1. Las parejas con hijos 59 2.2. Las parejas sin hijos 78 2.3. Los hogares monoparentales 93 2.4. Los hogares unipersonales 110 2.5. Los hogares extensos 128 2.6. Hogares multifamiliares, familiares sin núcleo, y no familiares 143 3. BIBLIOGRAFÍA 155 La idea básica del trabajo que se incluye en el presente libro es bastante simple. El conjunto total de los individuos que componen una sociedad se distribuyen de una manera determinada en un conjunto de viviendas. En el supuesto individualista extremo, cada una de las personas residiría en una vivienda particular. En el supuesto familista tradicional, todos los miembros de una familia vivirían en un solo hogar. En el supuesto familista moderno, todos los componentes de una familia nuclear convivirían en una misma residencia. Sin embargo, y más allá de los supuestos teóricos que puedan formularse, lo importante es llevar a cabo un riguroso análisis empírico que ponga de relieve los modos concretos en que efectivamente se distribuyen todos los elementos de una población en un determinado conjunto de hogares. Hemos aplicado este plan de análisis tanto a la sociedad andaluza como a la española. Ahora bien, una vez comenzada la tarea, muy pronto se puso de manifiesto que la aparente simplicidad inicial iba dando paso a una sorprendente complejidad real. La claridad de los supuestos teóricos desaparece conforme se va descubriendo la abigarrada multiplicidad de formas de convivencia residencial existente. De ahí que se hayan tenido que ir descubriendo, perfilando y cuantificando un elevado número de diferentes tipos de hogar presentes tanto en la sociedad andaluza como en la española. Para llegar a describir con precisión la estructura de hogares de una sociedad debemos conocer la composición social de estos hogares. Y el estudio de esta composición se despliega en las respuestas dadas a tres preguntas fundamentales: ¿cuántos viven?, ¿quiénes viven? y ¿qué relación existe entre ellos? En primer lugar, el número de personas que residen en un hogar constituye un dato básico. Por ejemplo, el hecho de que una persona ocupe exclusivamente una vivienda basta para dotarle de una denominación específica. Estos hogares son conocidos como hogares unipersonales y, sin duda, el vivir solo determina en gran parte la existencia de una persona. La cantidad de hogares unipersonales que exista en una sociedad constituye, también, un rasgo fundamental de esa sociedad, y tendrá importantes consecuencias INTRODUCCIÓN 05 tes diferencias existenciales entre aquellos hogares en los que los hijos sean pequeños, por ejemplo de menos de tres años, o aquellos en los que sean mayores, por ejemplo de más de veinte años. El número o tamaño del hogar no es suficiente, aunque sea necesario, a la hora de descubrir y describir diferentes composiciones sociales que tengan consecuencias tanto sobre la vida de las personas como sobre la dinámica de las sociedades. Así pues, en la búsqueda y cuantificación de estos tipos de hogar se han tenido en cuenta algunos rasgos fundamentales de sus miembros, como es la edad, el sexo, el nivel educativo o la situación de actividad. Como último ejemplo, podríamos considerar las grandes diferencias que pueden existir entre las condiciones de vida de un hogar formado por dos personas ocupadas o por dos personas paradas. En el primer caso, estaríamos frente a una composición social conocida hoy como DINK's o “parejas con dos ingresos, y sin niños” (“double income, no kids”). Y en el segundo nos encontramos con una situación de desempleo en el que no pueden operar los mecanismos de solidaridad familiar, ya que en el hogar no existe ningún miembro que esté ocupado y obtenga los correspondientes ingresos. Las parejas con doble ingreso y sin niños, en virtud de su gran nivel de renta y de la ausencia de responsabilidades familiares, muestran unas pautas de consumo, unos valores y unos estilos de vida muy peculiares. Mientras que a ellos quizás les falte tiempo, pero les sobre el dinero, a las parejas desempleadas les sobrará el tiempo, pero a buen seguro les faltará el dinero. En suma, la problemática existencial y las consecuencias sociales de ambos tipos de hogar son radicalmente distintas. En tercer lugar, además de considerar el tamaño de los hogares, así como algunas características personales de sus miembros, es necesario tener en cuenta el tipo de relación que mantengan entre ellos. Es obvio, por ejemplo, que en el caso de los hogares unipersonales el rasgo básico es precisamente la ausencia de relación convivencial. Pero a partir de ahí los diferentes tipos de relación se complican, comportando en cada sobre la misma. Podemos presuponer, por ejemplo, que el aumento de hogares unipersonales está vinculado a un correlativo incremento del grado de individualización social. Y también podremos anticipar algunas consecuencias. El tamaño de las viviendas deberá ir adaptándose a los cambios en la estructura de hogares e, igualmente, algunos instrumentos y políticas de asistencia social deberán tener en cuenta el número de personas que residen solas. Parecidos argumentos podrían formularse con respecto a otros tamaños de hogar. Existen claras diferencias existenciales y sociales si residimos en parejas, en grupos de tres, de cuatro, de cinco o de seis personas. La cantidad de miembros de un hogar prefigura por sí misma unas determinadas composiciones sociales. En segundo lugar, para obtener una descripción relevante de los tipos de hogar, además de conocer su tamaño, tendremos que conocer algunos rasgos o características de los miembros de ese hogar. Por ejemplo, en el caso más simple, esto es, en el de los hogares unipersonales, advertimos una diferencia fundamental cuando varía la edad de la persona que vive sola. Cuando se trata de una persona joven, la decisión de vivir sólo corresponde en la mayor parte de los casos a una voluntad de lograr independencia, autonomía y libertad. Ahora bien, la situación existencial de un joven que vive solo puede no tener nada que ver con la de una persona mayor en estas mismas circunstancias. Por un lado, la mayor parte de las personas mayores que viven solas no han decidido libremente esta situación sino que, más bien, algunos hechos, como puede ser la muerte del cónyuge, les ha conducido a ello. Por otro, los ingresos económicos, el estado de salud o la red social disponible por estas personas hace que vivan la soledad residencial de una manera radicalmente distinta. En términos de políticas sociales, el joven puede requerir pisos pequeños y baratos, mientras que la persona mayor demandará asistencia domiciliaria, contacto social y, en el caso extremo, su situación puede abocar a una en general indeseada decisión de vivir en una residencia colectiva. Si consideramos ahora los rasgos de los miembros de un hogar de mayor tamaño, en el que por ejemplo vivan hijos, encontraremos también importanINTRODUCCIÓN 07 esto es, el Censo de Población y Viviendas realizado en España en el año 2001. Este extenso capítulo está dividido en seis apartados. En el primero se analizan los subtipos de hogar que incluye el tipo general de las parejas con hijos. En el segundo se consideran los subtipos de parejas sin hijos. En el tercer capítulo se analizan los hogares monoparentales. En el cuarto los hogares unipersonales. En el quinto los que hemos denominado hogares extensos. Y en el sexto, y último capítulo, se describen otros tipos de hogar, como son los multifamiliares, los familiares sin núcleo y los no familiares. El objeto fundamental de este segundo capítulo es describir la estructura de hogares presente en la sociedad andaluza. Ahora bien, en todo momento se ha mantenido una estrategia metodológica basada en la doble comparación. Por un lado, se compara el peso que cada tipo de hogar tiene en la estructura social andaluza con el peso que tiene en la estructura social española. Esta comparación continua permite comprobar hasta qué punto la realidad social andaluza difiere de la española, es decir, qué tipos de hogar muestran una mayor o menor presencia, y cómo pueden interpretarse las diversas disparidades o similitudes existentes entre ambas estructuras. Por otro lado, también se mantiene una continua comparación con los tipos de hogar que caracterizaban la estructura social andaluza y española del año 1991. Los datos que emergen de la comparación de ambas estructuras también nos permiten establecer adecuadas interpretaciones de los vectores de cambio social que subyacen a la evolución de ambas estructuras. La comparación entre los Censos de 1991 y de 2001 ha revelado sobre todo el vertiginoso y profundo proceso de cambio social que está afectando a la estructura de hogares. Por ahora bastará con ofrecer, a modo de botón de muestra, un par de datos. El porcentaje de hogares habitados por una “pareja con hijos”, esto es, una familia nuclear completa, ha descendido en España, en tan sólo una década, diez puntos porcentuales. En concreto, pasaron de ser el 56,1% de todos los hogares existentes en 1991, a ser el 46,1% de los hogares en el año 2001. La otra cara de este camcaso importantes consecuencias. Los conocidos como “pisos de estudiantes” configuran una composición social caracterizada por la ausencia de vínculo familiar entre las personas que comparten la vivienda. Tampoco existe vínculo parental alguno entre los inmigrantes que comparten una vivienda con el objeto de reducir el coste de alquiler individual. El hogar monoparental, caracterizado por la presencia de miembros con relación paterno o materno filial, y por la ausencia de relación conyugal, también configura un tipo de hogar que responde a una composición social diferente, y que tiene unas consecuencias vitales y sociales diferenciadas. La presencia de una persona mayor, siendo abuelo o abuela, también configura diferentes tipos de hogar, bien hogares en los que los padres pueden contar para la crianza de sus hijos con la ayuda de las generaciones mayores, bien hogares en los que los padres, sobre todo la madre, suelen ocuparse no sólo de sus hijos, sino también de la persona mayor cuando ésta empieza a perder grados de autonomía. En la composición social de algunos hogares también están presentes personas sin relación familiar con el resto de sus miembros, y que prestan servicios domésticos al conjunto de la familia. La casuística de tipos de hogar según las relaciones que vinculan a sus miembros puede extenderse mucho, sobre todo cuando aumenta el número de miembros del hogar. Por este motivo, se han tenido que elaborar tipologías adecuadas a este tipo de hogares complejos, así como considerar la existencia, tanto en la sociedad andaluza como española, de otros tipos de hogar caracterizados por la presencia de múltiples relaciones. En suma, considerando el tamaño del hogar (cuántas personas), algunos rasgos de los individuos (qué personas), y los vínculos que mantienen entre ellos (cómo están relacionados), se han ido descubriendo, describiendo y cuantificando un amplísimo conjunto de tipos de hogar presentes en la estructura social andaluza y española. La parte más extensa del presente volumen, es decir, el capítulo 2, titulado “La composición social de los hogares”, se dedica a ofrecer los datos básicos de nuestra estructura social tal y como se manifiesta mediante la localización y cuantificación de los tipos de hogar. Este análisis se ha realizado utilizando los datos de la fuente estadística más fiable, INTRODUCCIÓN 09 cripción fundamental de la actual estructura de los hogares españoles y andaluces, es decir, sirve para conocer la composición social básica de estos hogares. El lector que desee o necesite conocer composiciones sociales más detalladas, tendrá que persistir en la lectura, adentrándose en los apartados incluidos en el segundo capítulo. Confiamos sobre todo en que este trabajo de investigación tenga algunas utilidades importantes. En primer lugar, que sirva para actualizar las ideas o conocimientos que tenemos sobre las vigentes estructuras familiares y residenciales. Dado el rápido cambio al que han estado sometidas estas estructuras, es previsible que mantengamos ideas que ya no se correspondan con la realidad, es decir, que tengamos ideas obsoletas. Por ejemplo, conviene saber que, en la actualidad, menos de la mitad de los hogares están ocupados por una familia nuclear completa, es decir, por ambos padres y sus hijos. Por tanto, la tradicional identidad entre familia y hogar ya no puede seguir manteniéndose. En segundo lugar, confiamos en que este trabajo sirva para subrayar la importancia de un cambio societario que, como ya dijimos, se ha desarrollado en gran parte al estilo de una revolución silenciosa. La forma en que una determinada población se distribuye en un conjunto de hogares constituye un elemento capital del modo en que una sociedad se organiza, y por ello puede parecer arriesgado que cambie esa distribución sin que las personas, o la sociedad en su conjunto, perciba la intensidad, la magnitud o el ritmo del cambio. No se trata, tan sólo, de las valoraciones morales, funcionales, económicas, relacionales o afectivas que podamos atribuir a estos cambios. Que cada cual, una vez conocida la realidad del cambio con suficiente rigor empírico, haga las valoraciones que considere más oportunas. Se trata, fundamentalmente, de que si cambia la estructura de hogares, cambian aspectos básicos de la estructura social y, en consecuencia, todo el sistema social deberá adaptarse a estos cambios fundamentales. Aquí radica la principal utilidad del trabajo que presentamos. bio es que en el año 2001 los hogares unipersonales superaban ya el 20%, es decir, que uno de cada cinco hogares está ocupado por un individuo que vive solo. Los datos muestran, por otra parte, que la intensa alteración sufrida por la estructura de los hogares españoles afecta también, con similar intensidad y dirección, a los hogares andaluces. La magnitud, la intensidad y el alto ritmo de este cambio social alentaron la tarea de construir una visión sintética de la gran transformación sufrida por los hogares españoles y andaluces, visión incluida en el primer capítulo. El estudio pormenorizado de los tipos de hogar, y de su cambio, nos produjo una profunda sensación de sorpresa, pues a priori era inimaginable que una estructura tan básica del sistema social, como lo es la estructura familiar o la de los hogares, hubiera cambiado tanto en el brevísimo curso de tan sólo una década de nuestra historia. Si no fuera porque ha sido una evolución silenciosa, sin conflictos o convulsiones sociales, cabría hablar de una verdadera revolución. La visión sintética de este cambio, todavía en curso, se incluye en el primer capítulo del libro. Ahora bien, advertiremos al lector que el contenido de este capítulo llegó como último resultado de la investigación. Sin el análisis empírico pormenorizado, casi microscópico, de los tipos de hogar y de su transformación, no hubiéramos podido crear esa visión sintética y de conjunto, y no hubiéramos podido intuir las razones o vectores fundamentales de este cambio social. Con el objeto de sintetizar y exponer con meridiana claridad este proceso se ha elaborado una específica tipología de hogares. La tipología finalmente utilizada es un poco más amplia que la que puede encontrarse en la literatura académica especializada en el estudio de estructuras familiares, si bien, de acuerdo con el principio de parsimonia científica, esta ampliación de tipos se ha llevado tan sólo hasta el punto de que fuera lo suficientemente precisa para revelar los fundamentales vectores de cambio que subyacen a esta transformación de los hogares. La tipología utilizada en el capítulo primero sirve, por tanto, como registro del cambio sufrido por los hogares, y sirve como desINTRODUCCIÓN 11 Eduardo Bericat Alastuey En este primer capítulo se ofrece al lector una síntesis descriptiva y explicativa de la composición social y de la transformación sufrida por los hogares, tanto españoles como andaluces, en el curso de la década que va del año 1991 al 2001. La descripción de la actual estructura de los hogares se ha realizado confeccionando dos tipologías ad hoc, algo más complejas que la normalmente utilizada en la literatura, pero todavía suficientemente simples y parsimoniosas, y sin ningún género de duda mucho más precisas y adaptadas a la realidad actual. Mediante la primera tipología se clasifican el total de núcleos familiares existentes. Mediante la segunda se clasifican los hogares complejos, es decir, aquellos en los que además de las personas que componen el núcleo familiar habitan otras personas, o aquellos en los que habitan más de un núcleo familiar. Analizando las modificaciones sufridas por cada uno de los tipos y subtipos presentes en ambas tipologías, se pone de manifiesto una imagen bastante precisa de la medida y del sentido de esta gran transformación social. Este análisis nos ha permitido esbozar un marco explicativo en el que intervienen tres factores o causas próximas, a saber: el retraso de la maternidad y el descenso de la fecundidad; el aumento de las rupturas matrimoniales; y el incremento de la esperanza de vida. Estos tres factores directos, que explicarían el cambio en la composición social de los hogares, operan en el contexto de una fuerte tendencia hacia la individualización social. Dado que los datos muestran que tanto la intensidad como el sentido del cambio de los hogares andaluces es muy similar al de los hogares españoles, y dado que los datos muestran que Andalucía sigue a España, aunque con un cierto desfase, los comentarios de este capítulo sintético se han desarrollado con los datos españoles, pues en ellos se vislumbra con mayor nitidez el destino de los hogares andaluces. 1. LA TRANSFORMACIÓN DE LOS HOGARES 13 La forma que configuran las barras claras de este gráfico, una “U” invertida, pone de manifiesto una importante transformación del ciclo vital de las personas. Considerando que en la actualidad la vida de una persona puede prolongarse hasta los noventa años, podemos distinguir en ella tres grandes etapas que se extienden treinta años cada una. Durante los primeros treinta años de la vida se convive con los padres, siendo hijo/a; durante los treinta siguientes, es decir, desde los treinta a los sesenta, se convive con la pareja y con los hijos, siendo padre/madre; durante los últimos treinta años de la vida se convive con la pareja, si vive, pero no con los hijos. El retraso de la maternidad/paternidad es, como hemos dicho, uno de los principales factores que modifica la estructura de los hogares. Ahora bien, un segundo factor fundamental, habitualmente pasado por alto en muchos de los análisis e interpretaciones que se realizan de este importante cambio social, es el aumento de la esperanza de vida . Pese a haberse impuesto una pauta de procreación tardía, y pese a haberse prolongado la dependencia residencial de los hijos, que suele llegar hasta los treinta años, el aumento de la esperanza de vida hace que todavía resten otros treinta años en los que la población mayor no convive con hijos. En suma, si contemplamos la población total de una sociedad dividida en estos tres períodos vitales, la maternidad/paternidad y, por tanto, la constitución de hogares habitados por parejas con hijos, afectaría tan sólo a dos tercios de la vida. En parte del primer tercio vivimos en el rol de hijos en el seno de nuestra familia de origen, y en parte del segundo tercio vivimos con el rol de padres en la familia que nosotros mismos hemos constituido. El decrecimiento porcentual del número de hogares habitados por parejas con hijos sería todavía mayor si no fuera por el retraso de la emancipación residencial de los hijos , que compensa en parte el efecto que tiene el retraso de la maternidad en la estructura de los hogares. Observando las barras oscuras del gráfico 1 comprobamos el efecto que tiene la emancipación tardía de los jóvenes. Todavía el 80,4% de los jóvenes de entre 20 y 24 años los 55 y los 59 años, y todavía en el 44,45% entre los 60 y los 64 años. A partir de los 65 años el porcentaje no supera el 30%, observándose un progresivo descenso del porcentaje de personas que viven con pareja e hijos. GRÁFICO 1. POBLACIÓN DE LOS NÚCLEOS FAMILIARES COMPUESTOS POR “PAREJA CON HIJOS”, SEGÚN EDAD. ESPAÑA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. LA TIPOLOGÍA DE HOGARES 27 hijos, sea porque no quieren o porque no pueden, bien a una mayoría que ya ha tenido hijos, pero que ya se han emancipado del hogar de sus progenitores. Los datos porcentuales correspondientes a estos dos subtipos nos muestran una evolución diferente. Las parejas formadas por una mujer de menos de cuarenta años han pasado de suponer el 5,01% de la estructura de hogares de 1991, a suponer 5,98% en la de 2001. Su tasa de crecimiento, en tan sólo diez años, es bastante considerable, casi el veinte por ciento. En términos absolutos, el crecimiento del número de parejas jóvenes sin hijos existentes en España también ha sido muy importante, pasando de ser un total de 595.917 parejas, en 1991, a ser un total de 839.695, en 2001. Estos datos nos muestran la solidez del cambio social representado por el retraso de la maternidad, retraso que viene precedido por el retraso de la edad a la que se contrae matrimonio o se forma una pareja de hecho, y que está condicionado por la circunstancia de que la mayoría de las emancipaciones residenciales de los jóvenes españoles coincide con la formación de la pareja, sea de hecho o de derecho. Analizando la información del gráfico 2, en la que están representados los porcentajes de personas que viven con su pareja, pero sin hijos, vemos que esta es la situación vital de casi uno de cada cinco jóvenes españoles con edades comprendidas entre los 25 y los 34 años (17%). conviven en el hogar de sus padres, bien convivan con ambos padres (68%), bien convivan con uno de ellos en un hogar monoparental (12,4%). Tan sólo unos pocos, tres de cada cien (2,9%), viven solos en un hogar independiente. Y tan sólo otros pocos, cuatro de cada cien (4,6%), conviven con su pareja, pero sin hijos. En la cohorte de 25 a 29 años la dependencia residencial sigue siendo la situación mayoritaria, superando el 50%. Por tanto, es tan sólo a partir de los treinta años cuando puede observarse en los jóvenes un cambio mayoritario de la situación vital en relación con el hogar en el que se vive y con el rol que en él se ocupa. PAREJAS SIN HIJOS Como vimos al analizar los datos generales del cuadro 1, los núcleos formados por parejas que conviven sin hijos incrementaron ligeramente su peso en la estructura de 2001 (21,7%), con respecto a la de 1991 (21,0%). La convivencia en un hogar de una pareja sin hijos puede responder a dos situaciones vitales muy diferentes, bien a la situación de dos personas que han decidido formar una pareja y convivir juntos, pero que todavía no han tenido hijos, bien a la de una pareja formada por personas ya adultas o mayores que habiendo tenido hijos no conviven con ellos porque éstos se han emancipado. Esta distinción es la que trata de delimitar la subtipología de parejas sin hijos establecida según la variable “edad de la mujer”. Se ha estimado que la edad de cuarenta años es la que marca en la actualidad el límite social y médicamente establecido para el período reproductivo de la mujer. Hemos de suponer, por tanto, que una pareja sin hijos cuya mujer cuenta con menos de cuarenta años está todavía en disposición de tener algún hijo. Dicho de otra forma, suponemos que estas parejas están prolongando el período que va desde la formación de la pareja hasta la procreación del primer hijo. A la inversa, estimamos que la mayoría de las parejas sin hijos cuya edad de la mujer supera los cuarenta corresponden, bien a una minoría de parejas que nunca van a tener LA TIPOLOGÍA DE HOGARES 29 para sus logros futuros. En este delicado contexto la procreación constituye una especie de “desastre vital”, especialmente para las mujeres, por cuanto la dedicación exigida por la crianza de los hijos resta la energía y el tiempo que potencialmente puede invertirse en la forja de un futuro laboral adecuado. Sin duda, el factor económico también influye en el retraso de la maternidad, aunque el hecho de que se haya formado una pareja, y se viva de forma independiente en un hogar, es en sí mismo síntoma de cierta independencia económica. En un buen número de casos se da la circunstancia de que los dos miembros de este tipo de parejas trabajan, lo que ha dado lugar a un nuevo estereotipo social, los llamados “DINK's” (Double Income No Kids), o parejas de dos ingresos y sin ningún niño (“2+0”). Quizás un tercer factor, y no por ser el último ha de ser el menos importante, sea la íntima aspiración de estas personas a prolongar la juventud como etapa de la vida en que se combina con un cierto equilibrio esfuerzo y disfrute. Los jóvenes, que han culminado recientemente el proceso de inserción laboral que por fin les procura cierta solvencia económica, no parecen estar dispuestos a embarcarse en un proyecto reproductivo de forma inmediata. En el marco de una cultura hedonista, este proyecto cercenaría hasta cierto punto las posibilidades de disfrute abiertas por la reciente formación de la pareja, y por el también reciente logro de una ocupación laboral. En el fondo, el retraso de la maternidad constituye una respuesta adaptativa al aumento de la esperanza de vida. Puesto que todavía se es joven, y puesto que todavía quedan muchos años de vida por delante, resulta bastante racional retrasar la maternidad hasta el límite social y biológicamente aceptable. Ahora bien, más allá de la racionalidad de esta conducta, lo fundamental es que nos encontramos ante un hecho histórico sin precedentes, pues hemos pasado de tener los hijos al inicio del período fértil de la mujer, a tenerlos en el otro extremo, es decir, al final del período fértil. De ahí que las mujeres jóvenes se debatan hoy entre el miedo a tener un hijo y el pánico a no tenerlo nunca. La disponibilidad de medios anticonceptivos hacen el resto, pues no se trata de una negación de GRÁFICO 2. POBLACIÓN DE LOS NÚCLEOS FAMILIARES COMPUESTOS POR “PAREJA SIN HIJOS”, SEGÚN EDAD. ESPAÑA, 2001. Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Este período de vida, que va de los 25 a los 34 años, tiene un especial valor estratégico para las aspiraciones vitales de los jóvenes, pues es precisamente en esta edad cuando éstos se encuentran todavía, bien involucrados en la parte final de una larga carrera formativa , bien en el curso de un largo proceso de inserción laboral más o menos incierto. Ambos procesos son determinantes LA TIPOLOGÍA DE HOGARES 31 hijos son el 5,98% de todos los hogares, las parejas adultas y mayores sin hijos son el 15,69% del total. Dicho de otra forma, en España existen casi tres veces más parejas adultas y mayores sin hijos (2.202.714), que parejas jóvenes sin hijos (839.695). En términos relativos, según la evidencia empírica que nos proporciona el gráfico 2, mientras que las parejas sin hijos suponen como mucho el 18% de las cohortes de 25 a 35 años, las parejas sin hijos es una forma convivencial que afecta en todo caso a más del 40% de las cohortes de 65 a 80 años. Sin embargo, más allá de su diferente importancia cuantitativa, lo cierto es que ambas formas de convivencia son muy relevantes en la sociedad actual, y ambas formas requieren una atención especial, tanto por parte de la investigación social, como por parte de la administración pública. Las dos responden a un mismo conjunto de importantes vectores de cambio social que se manifiestan, empero, en la forma de situaciones vitales muy diferentes. Esto nos hace pensar que el ligero descenso del peso que las parejas adultas y mayores sin hijos tiene en la estructura de 2001 respecto a la de 1991 es debido fundamentalmente a un efecto estadístico. El desplazamiento de los tres periodos vitales anteriormente aludidos, es decir, los tres períodos que conforman la fórmula “30-60-90”, hacen que estén disminuyendo las parejas maduras sin hijos y que estén aumentando las parejas mayores sin hijos . Con el retraso de la maternidad, la convivencia con hijos puede prolongarse hasta los sesenta o sesenta y cinco años, lo que disminuye el número de parejas maduras sin hijos. Ahora bien, esto mismo explica el aumento de personas mayores sin hijos, aumento que persistirá en el futuro conforme vaya aumentando la esperanza de vida y, por supuesto, conforme la estructura de la población vaya envejeciendo. la maternidad, cuanto de un mero retraso adaptativo a las nuevas condiciones de las sociedades avanzadas. Por las razones expuestas, puede preverse que el número de parejas jóvenes sin hijos, al menos hasta la edad límite de los cuarenta años, seguirá creciendo en el futuro. En el gráfico 2 podemos observar cómo el porcentaje población que convive en una pareja sin hijos desciende en la cohorte de edad de 35-39 años (9%), así como en las cohortes de 40-44 (6,1%) y de 45-49 (6,6%). Por el contrario, pasados los cincuenta años de edad asistimos a un nuevo y rápido crecimiento del número de parejas sin hijos, crecimiento que alcanza su máximo en la cohorte de 70-74 años (47,6%), volviendo a descender de forma continuada hasta la cohorte 80-85. A partir de los cincuenta años las parejas que tuvieron los hijos a edades más tempranas van entrando en la situación conocida como “nido vacío”, una vez culminado el último abandono filial del hogar. El descenso de parejas sin hijos en la población mayor que ya ha cumplido los setenta años es debido a dos factores. Por un lado, a la natural asincronía en la defunción de uno de los miembros de la pareja. Por otro, a la mayor esperanza de vida de las mujeres. En ambos casos, como veremos más adelante, la viudedad, combinada con una pauta social que dificulta la reintegración de las personas mayores al hogar de sus hijos, hace que tanto el número de hogares unipersonales como el de personas que sufren soledad vuelvan a incrementarse. A la hora de fijar una imagen que responda a la realidad de la actual estructura de hogares, y por mucho glamour y atractivo que tengan las parejas jóvenes sin hijos, es preciso que prestemos atención al hecho básico de que, tanto en términos relativos (gráfico 2), como en términos absolutos (cuadro 1), son las parejas maduras y mayores sin hijos, sean de la tercera o de la cuarta edad, las que representan una mayor proporción del conjunto total de parejas sin hijos. De hecho, según los datos del cuadro 1, mientras que las parejas jóvenes sin LA TIPOLOGÍA DE HOGARES 33 pues, los hogares monoparentales por viudedad constituyen el 45% de todos los hogares monoparentales, y representan un 5,35% de la estructura total de hogares. Los hogares monoparentales por separación suponen el 6,41% de esta estructura. La diferente causa que subyace a la formación de estos hogares deja también su huella en su respectiva composición de género. En el caso de los hogares formados por separación, una inmensa mayoría resultan ser hogares monoparentales maternos. Los hogares monoparentales paternos crecen a mayor ritmo que los maternos, pero al menos en España su número es todavía bastante reducido. Estos primeros datos nos obligan a considerar, frente a posturas ideológicas a veces excesivamente alarmistas, que la desinstitucionalización familiar no es la causante de todos los hogares monoparentales que existen, sino tan sólo de la mitad de ellos. No puede ocultarse, sin embargo, que todo parece indicar que la mayor parte del crecimiento de los hogares monoparentales registrado entre 1991 y 2001 sea debido a esta causa. Dando por verdadero este supuesto máximo, al que nos vemos obligados por la imposibilidad de obtener los datos correspondientes, podría estimarse que la tasa de crecimiento del peso de los hogares monoparentales por separación en estos diez años ha superado el 50%, pasando del 4,21% al 6,41%. También puede avanzarse el pronóstico de que este tipo de hogares seguirá creciendo en el próximo futuro, pues nada nos indica que el número de separaciones y divorcios vaya a descender en los años venideros, más bien todo lo contrario. A la inversa, puede anticiparse que el crecimiento de los hogares monoparentales por viudedad será en todo caso muy pequeño. El aumento de la esperanza de vida, en sí mismo, determina que la viudedad se producirá en el futuro a edades más avanzadas, por lo que la proporción de parejas que tengan todavía hijos conviviendo con ellos será más reducida. En suma, en el futuro la viudedad estará cada vez más asociada a la formación de hogares unipersonales. MONOPARENTALES Según los datos contenidos en el cuadro 1, los hogares monoparentales han experimentado un crecimiento substancial desde 1991 a 2001. Exactamente, su peso en la estructura de hogares ha crecido un 23% en tan sólo diez años, pasando de 1.239.149 hogares a 1.652.120. El interés básico que justifica la elaboración de los dos subtipos de hogares monoparentales estriba en distinguir adecuadamente las causas básicas que explican su formación. Así, debe distinguirse entre el hogar monoparental formado por la defunción de uno de los miembros de una pareja que convivía con sus hijos, del hogar monoparental producto de una ruptura de la pareja que convivía con hijos. Los hogares constituidos por la defunción de un miembro de la pareja son una forma de hogar monoparental que existe hoy y ha existido siempre. Dicho de otro modo, no podemos considerar a estos hogares monoparentales como “nuevas formas de hogar”. Muy al contrario, los hogares que son producto de una separación matrimonial están vinculados a las nuevas condiciones sociales y culturales que explican la legalización del divorcio y, en último término, el proceso de desinstitucionalización del matrimonio . Son, en gran parte, reflejo del intenso proceso de individualización que trajo consigo, desde sus propios orígenes, la modernización de las sociedades occidentales. En este sentido, estos hogares monoparentales constituyen nuevas formas o formas modernas de hogar. Dado que casi espontáneamente asociamos la palabra monoparental a un proceso de ruptura matrimonial, conviene señalar que aproximadamente la mitad de estos hogares están motivados por la defunción de la pareja y que, en este sentido, nada tienen que ver con el incremento de separaciones o divorcios que está experimentando la sociedad española en los últimos años. Puesto que la defunción de un cónyuge provoca la viudedad del otro, hemos seleccionado la variable “estado civil del progenitor monoparental” para distinguir ambos orígenes. Así LA TIPOLOGÍA DE HOGARES 35 GRÁFICO 3. POBLACIÓN DE LOS NÚCLEOS FAMILIARES “MONOPARENTALES”, SEGÚN EDAD. ESPAÑA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Según los datos del gráfico 3, comprobamos que en la actualidad al menos uno de cada diez niños o jóvenes menores de treinta años viven en un hogar monoparental (12,2%). A partir de esta edad la proporción de personas que viven con el rol de hijo en un hogar monoparental va disminuyendo. En muchos de estos casos se trata de personas que, por mantenerse en la soltería, permanecen en el hogar de su padre o madre, que ha quedado viudo/a. Si analizamos ahora las barras de tono gris claro, que indican la proporción de personas que viven en estos hogares con el rol de madre o de padre, comprobamos que en el período de edad madura, esto es, de los treinta a los sesenta años, es donde se concentran las separaciones y divorcios. De hecho, los porcentajes máximos de personas que viven en el rol de padres/madres en un hogar monoparental se localizan Antes de analizar los porcentajes de población, según cohortes de edad, que habitan en hogares monoparentales (gráfico 3), conviene comentar las tres situaciones básicas que se incluyen en los hogares causados por separación. En primer lugar tendríamos los hogares formados por solteros/as con hijos. En estos casos no puede haber separación o divorcio porque no ha habido matrimonio previo. Aquí habría que computar las llamadas tradicionalmente “madres solteras”, así como una forma moderna de maternidad en la que la madre ha concebido el hijo sin tener marido. En segundo lugar estarían los hogares formados estrictamente por una separación o divorcio, entre los que se incluyen algunos casos de personas todavía casadas legalmente, pero ya separadas de hecho. Por último, producto de cambios de residencia que pueden afectar a uno solo de los miembros de la pareja, nos encontramos hogares monoparentales de personas casadas legalmente, y casadas de hecho, pero que en la práctica viven en una situación monoparental. Sólo el segundo tipo de hogares monoparentales sería estrictamente atribuible a la desinstitucionalización familiar o matrimonial. LA TIPOLOGÍA DE HOGARES 37 marco de determinaciones que fuerza la voluntad de los individuos. En suma, el intenso proceso de individualización social que revela el fuerte incremento de hogares unipersonales no siempre es producto de la libre voluntad de las personas, sino también el resultado de un profundo cambio de nuestras estructuras sociales. Dicho de otra manera, la individualización es un proceso social, y se manifiesta tanto en la libre decisión individual como en las decisiones individuales forzadas. En el cuadro 1 se distinguían tres subtipos de hogares unipersonales según el estado civil del individuo. En primer lugar los “solteros”, en los que podemos encontrar a su vez dos subtipos, los “solteros jóvenes”, y a los que sin ningún ánimo despectivo aplicaremos la denominación tradicional de “solterones”. Los solteros jóvenes, con edades comprendidas básicamente entre los 25 y 40 años, son personas que se han independizado residencialmente de sus padres, y que no tienen pareja o todavía no han decidido convivir con ella formando una pareja de hecho o de derecho. Se trata de una soltería provisional . Los solterones, por el contrario, son personas que viven solas en función de una soltería permanente o casi permanente, considerada como una forma de vida definitiva. Mientras que la formación de hogares por solteros jóvenes puede estar fundada en un deseo de libertad e independencia, y puede considerarse como una circunstancia provisional justificada en el marco de una larga transición a la vida adulta, la soltería permanente constituye un estado vital que finalmente aboca a la residencia individual. Recordemos que, en el contexto de una sociedad tradicional basada en la familia extensa, este tipo de soltería podía ser más fácilmente integrada en el hogar común. Dicho esto, indicaremos que del conjunto total de hogares formados por solteros, aproximadamente la mitad están habitados por solteros jóvenes, mientras que la otra mitad está formada por los llamados solterones. LA TIPOLOGÍA DE HOGARES 39 en las tres últimas cohortes quinquenales de este período, esto es, la de 45 a 49 años (6,6%), la de 50 a 54 años (6,7%), y la 55 a 59 (6,6%). Entre los 45 y los 64 años están presentes ambas situaciones, es decir, la situación de separación y la de viudedad. Por último, a partir de los 65 años, la constitución de la inmensa mayoría de estos hogares monoparentales se deba a la defunción de uno de los cónyuges. UNIPERSONALES Según vimos al analizar la evolución de los tipos básicos de núcleos familiares, el gran contrapunto al importante descenso porcentual de los núcleos familiares completos, esto es, los formados por ambos padres e hijos (2+2), era el aumento de los núcleos unipersonales, precisamente la forma más truncada de núcleo familiar (1+0). Los primeros habían tenido un descenso porcentual en la estructura de 10 puntos, mientras que los segundos habían subido 7 puntos. El contraste evolutivo se matiza cuando calculamos las tasas de crecimiento, negativa en el primer caso (-17,8%), y positiva en el segundo (+54,1%). Comprobamos así la altísima tasa de crecimiento de los hogares unipersonales, y basándonos en este dato fundamental podemos hablar de las importantes consecuencias que la tendencia a la individualización está teniendo en la distribución social de las personas (átomos) en el conjunto de los hogares (moléculas). En este sentido, el incremento en tan sólo diez años de casi un millón trescientos mil hogares unipersonales podría inicialmente interpretarse como el producto de la suma de muchas decisiones individuales, básicamente libres, tomadas por las personas voluntariamente. Ahora bien, el análisis de los subtipos nos va a permitir precisar un poco más, distinguiendo así tres situaciones diferentes que dan lugar a la formación de un hogar unipersonal. En algunos casos la situación procura el contexto en el que los individuos toman decisiones libres en función de sus particulares deseos y aspiraciones. En otros casos, sin embargo, la situación establece un posibilidad de ir a vivir a la casa de los hijos. Ahora bien, el verdadero sentido de la expresión de este deseo está determinado por la norma residencial imperante en nuestras sociedades, es decir, por el hecho de que la norma de hogar derivada de la familia extensa ya no está vigente, y por el hecho de que la norma de hogar que impera es la de la familia nuclear. Esta norma señala que sólo deben convivir en un hogar los padres y los hijos, y a esta norma se adaptan todos los recursos sociales, desde el tamaño de las viviendas, hasta las formas públicas de beneficencia. De ahí que los ancianos a veces digan que no quieren molestar a sus hijos, que sus hijos no podrían atenderlos o, simplemente, que están mejor en su casa. La reintegración o nueva acogida de miembros de la familia extensa en el seno del hogar nuclear es más bien la excepción que la regla. Y esto explica la formación de gran parte de los hogares unipersonales. Una vez clarificadas las situaciones vitales de los tres subtipos, conviene señalar su peso relativo en la estructura. El primer hecho a destacar es que tanto los hogares de solteros (8,62%), como los de viudos (8,08%), tienen el doble de peso que los formados por separados (3,79%). Es decir, las rupturas matrimoniales explicarían tan sólo la formación de uno de cada cinco hogares unipersonales (18,5%). Otro dato importante es que, estimando que la mitad de los solteros son jóvenes solteros, la formación de hogares unipersonales basada en deseos de libertad, autonomía e independencia solamente representaría, también, uno de cada cinco hogares unipersonales (21,0%). Estas informaciones empíricas son importantes porque en algunas interpretaciones de las nuevas formas de familia se comete el craso error de confundir la parte con el todo, atribuyendo a un solo factor la formación de todos estos hogares unipersonales. Este error también suele cometerse cuando el investigador es seducido y pretende seducir mediante una interpretación esnobista, en la que básicamente se confunde lo nuevo o la novedad con la realidad en su conjunto. El segundo subtipo contemplado en el cuadro 1 es el de los separados. En este caso la circunstancia causal que determina la formación de este hogar es, evidente, una ruptura de la pareja o del matrimonio. Salvo que haya reintegración de alguno de los miembros en un hogar familiar, producto de la separación se constituyen necesariamente, si la pareja no convivía con hijos, dos hogares unipersonales; en caso contrario, el resultado es la constitución de un hogar monoparental y otro unipersonal. Así pues, la causa próxima y la decisión de formar un hogar unipersonal no es exactamente una decisión libre, sino la consecuencia de una circunstancia sobrevenida al individuo. La separación puede ser libre, voluntaria y deseada, pero la necesidad de habitar en un nuevo hogar viene ya determinada por tal decisión previa. Siguiendo la línea argumental establecida en el caso de los hogares monoparentales, los miembros de parejas de hecho que deciden separarse, quedan reflejados estadísticamente como solteros, por lo que algunas personas del primer tipo pueden corresponder al grupo de separados de hecho que han tenido que formar un hogar unipersonal. Los argumentos correspondientes a los casados también son similares, por lo que no incidiremos en ellos de nuevo. El tercer tipo de hogar unipersonal, el de viudos, también está determinado por una circunstancia sobrevenida y ajena a la voluntad del individuo, cual es la defunción del miembro de la pareja de un hogar en el que ya no conviven los hijos. Aquí, como en el caso precedente, o incluso en el caso de los solterones, hablar de libre decisión de las personas sería hasta cierto punto forzar demasiado el sentido de las palabras. En estos tres casos, pero especialmente en el de los viudos, se ponen de manifiesto las constricciones estructurales que impone una determinada organización social, así como el juego de voluntades, decisiones y deseos, que sólo puede entenderse en el marco estructural en el que las personas tienen que decidir. Es obvio que si preguntamos a muchos ancianos o ancianas viudos, nos manifestarán su deseo de permanecer en su vivienda, rechazando la LA TIPOLOGÍA DE HOGARES 41 personales formados por solteros jóvenes será todavía superior. Por último, la tasa de crecimiento de los hogares formados por viudos es del 20%, tasa que puede parecer pequeña ante el gran crecimiento de los otros subtipos pero que, considerada en sí misma, refleja un cambio social muy importante. Observando el gráfico 4 podemos comprobar cómo asciende la proporción de personas que viven en hogares unipersonales conforme va ascendiendo la edad de las personas. No deja de sorprender el hecho de que a los sesenta años se llegue al 8,9%, a los setenta y cinco años se supere el veinte por ciento (23,8%), y a los ochenta años se alcance prácticamente el 30% (29,5%), es decir, no deja de sorprendernos el hecho de que cuanta mayor sea la necesidad de las personas, mayor sea su soledad residencial. GRÁFICO 4. POBLACIÓN DE LOS NÚCLEOS FAMILIARES “UNIPERSONALES”, SEGÚN EDAD. ESPAÑA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. La crítica de este segundo error no nos impide reconocer los fenómenos emergentes, así como tampoco calcular con precisión sus tasas de crecimiento. Es obvio que los hogares unipersonales que más han aumentado su peso en la estructura son los de personas separadas, cuya tasa porcentual de crecimiento es del 140%. Cierto que su nivel de partida era bajo (1,58%), pero cierto también que seguirá creciendo en el futuro. La tasa de crecimiento de los solteros es la segunda más alta, llegando al 72%, lo que ha significado una duplicación de este número de hogares desde 1991 (593.944) hasta 2001 (1.210.697). Es preciso considerar que a buen seguro la tasa de crecimiento de los hogares uniLA TIPOLOGÍA DE HOGARES 43 familiar de los hogares, etapa caracterizada por el hecho de que menos de la mitad de los hogares están habitados por un núcleo familiar completo, esto es, por ambos progenitores y su descendencia o prole. Tras el primer factor causal, esto es, tras el retraso de la maternidad, subyace un cambio realmente histórico que puede sintetizarse señalando que la maternidad ha pasado de ser un acontecimiento natural, casi biológicamente determinado, a ser una decisión estratégica en la vida de las personas, especialmente de las mujeres. La menstruación instituía casi automáticamente el momento en que la mujer se convertía en madre, de ahí que la concepción del primer hijo estuviera ubicada temporalmente al inicio del período fértil. En la actualidad, sin embargo, se ha producido un importante retraso en la concepción del primer hijo, retraso que si bien biológicamente podría llevarse casi hasta el final del período fértil, es decir, algún tiempo antes de la menopausia, en la práctica social vigente se extiende hasta los cuarenta años de edad de la mujer. Este desplazamiento desde los inicios hasta el final del período fértil está condicionado estratégicamente por dos tipos de miedo, por el miedo a tener hijos que puede sentir una mujer joven, y por el pánico a no tenerlos que siente una mujer cuando se aproxima a los cuarenta. Según hemos dicho, y esto vale tanto para las mujeres como para los hombres, el miedo a la maternidad se funda en el hecho de que la crianza de uno o más hijos puede truncar tanto la larga carrera formativa como el a veces tortuoso proceso de inserción laboral. En cualquier caso, atendiendo a los valores intrínsecos que hoy contiene el hecho de ser joven, la procreación cambia radicalmente el estatus del joven. Cambia tanto la posibilidad de invertir recursos en función de un proyecto de vida futuro, como la posibilidad de consumir recursos en el disfrute de la vida sin más compromisos ni vínculos que los derivados de una relación de pareja. Ha de tenerse en cuenta que el vínculo paterno-filial constituye un vínculo natural y perdurable, mientras que el vínculo de pareja es actualmente un vínculo contractual y transitorio. La tipología desarrollada en las páginas precedentes constituye una síntesis descriptiva de la estructura de los hogares tanto españoles como andaluces. También nos ofrece una imagen precisa de la evolución de esta estructura, así como suficientes indicios de las causas que subyacen a este profundo cambio societario. Una transformación tan rápida de una estructura tan fundamental, como es la distribución de los individuos en unidades residenciales básicas, esto es, en hogares, está necesariamente relacionada con innumerables factores causales. De ahí que la determinación de las causas últimas de este proceso constituya en el fondo una tarea baladí, necesariamente ambigua, imprecisa y sin verificación empírica posible. Hemos preferido, por este motivo, ofrecer una síntesis de las causas próximas vinculadas al desarrollo de este fenómeno, desarrollo que hemos conocido con suficiente detalle al elaborar empíricamente un amplísimo conjunto de tipologías de hogares. Según este análisis, la actual transformación social de los hogares puede entenderse, o queda prácticamente explicada, como el efecto conjunto de tres causas próximas independientes. Estos tres factores causales son: el retraso de la maternidad y el descenso de la fecundidad; el incremento de las rupturas matrimoniales; y el incremento de la esperanza de vida. Creemos que el efecto conjunto de estos tres factores causales independientes basta para explicar la transformación general de la estructura de los hogares, así como también la particular evolución seguida por cada uno de sus tipos y subtipos. Ahora bien, es preciso considerar que el efecto de estos tres factores está integrado en un contexto de cambio social más amplio que tiende hacia la individualización de las relaciones sociales . En el marco de este proceso ya puede certificarse la extinción de la familia extensa como lógica operante en la formación de hogares. Y aunque la norma ideal vigente sigue estando animada por la lógica de la familia nuclear, el proceso de individualización y el efecto conjunto de los tres factores anteriormente citados han logrado que, en la práctica, nuestras sociedades hayan entrado ya en una etapa de post-nuclearización 1.2. LA DIALÉCTICA DE LA INDIVIDUALIZACIÓN SOCIAL LA DIALÉCTICA DE LA INDIVIDUALIZACIÓN SOCIAL 45 En el imaginario colectivo actual, la familia nuclear constituye el prototipo de familia por excelencia. Esta familia, en la que conviven tan sólo dos generaciones, estaría compuesta por el padre, la madre e, idealmente, por dos hijos. Todos ellos comparten una misma residencia, esto es, viven en el mismo hogar. Aquí el término “hogar” adquiere su máximo y pleno sentido, pues el lugar de residencia y el grupo, esto es, la casa y la familia, parecen solaparse en una identidad sustantiva. Cuando hablamos de los hogares españoles, aun sin quererlo o saberlo, estamos realizando esta identificación entre familia nuclear y residencia. Sin embargo, puede afirmarse que este solapamiento de significantes resulta cada vez más inadecuado. Con los datos empíricos disponibles ni siquiera puede afirmarse que el hogar en el que conviven una pareja y sus hijos sea el tipo de hogar más común en nuestras sociedades. En el cuadro 1 se incluyen algunos datos estadísticos clave a este respecto. El más importante, sin duda, es el que nos indica el porcentaje de este tipo de hogares. En 2001, solamente en uno de cada dos hogares andaluces convive una pareja con hijos (50,6%). Este porcentaje es todavía inferior en España. Sólo un 45,6% de los hogares españoles está habitado por una pareja con hijos. En suma, podemos concluir que en el marco de la actual tipología de los hogares, tanto españoles como andaluces, el hogar compuesto por pareja e hijos ha dejado de ser el hogar típico. Los datos de población total nos ofrecen, sin embargo, una imagen algo más matizada. Todavía un sesenta y seis por ciento de los andaluces viven en este tipo de hogar (65,8%), si bien esta cifra se reduce al sesenta por ciento en la población española (60,5%). 2. LA COMPOSICIÓN SOCIAL DE LOS HOGARES 59 2.1 LAS PAREJAS CON HIJOS Eduardo Bericat Alastuey y María Dolores Martín-Lagos López La contundencia de las informaciones empíricas presentadas hace que resulte realmente muy difícil exagerar la magnitud del cambio social al que nos enfrentamos. Estos datos constituyen el envés, o la visión en negativo, del fenómeno conocido como “pluralización de las formas de vida familiar”. Esta pluralización tiene, como requisito previo, la reducción cuantitativa de la familia nuclear tal y como ha sido concebida tradicionalmente. Algunos autores creen que “la familia nuclear continúa siendo una institución importante e incluso central de nuestras sociedades contemporáneas de corte occidental y previsiblemente lo seguirá siendo, independientemente de las muy variadas formas que haya adoptado y pueda adoptar” (Pérez-Díaz et al., 2000:11). Si bien a estos autores no les falta razón, podemos pensar que una intensa reducción cuantitativa de la familia nuclear pone en cuestión la antedicha centralidad. Esta centralidad puede quedar remitida exclusivamente al orden de lo ideal, en el que la familia nuclear permanecería como el modo más deseable y deseado de socialización básica. Por añadidura, este tipo de familia se revela al mismo tiempo, en muchas ocasiones, como un modelo ideal carente de la capacidad para realizarse en la práctica. Su centralidad quizás consista en que el resto de formas de familia se derivan de la imposibilidad de crear o de mantener la familia nuclear. En cualquier caso, queda fuera de toda duda que este cambio está comportando, y comportará más aún en el próximo futuro, una gran cantidad de importantes consecuencias. Es preciso advertir, sin embargo, que la reducción de hogares en los que habitan parejas con hijos se debe a una multitud de factores, y que no todos ellos están directamente asociados a la pérdida de centralidad de la familia nuclear. Es obvio que el aumento de las separaciones y de los divorcios, la disminución del número de hijos por pareja, o la profundización del individualismo relacional y vital sí que están conectados directamente con este proceso. Podría decirse que el retraso en la edad de matrimonio, así como la prolongación del tiempo que va desde el matrimonio hasta la concepción del primer hijo, expresan de CUADRO 1. HOGARES HABITADOS POR PAREJAS CON HIJOS . ESPAÑA Y ANDALUCÍA, 1991-2001 Fuente: Censos 1991-2001, Inebase. Elaboración propia. En términos de evolución social, los datos no son menos contundentes. En apenas diez años, el porcentaje de hogares con pareja e hijos ha descendido en Andalucía desde el 60,9% al 50,6%. En España el descenso porcentual ha sido de una magnitud similar, del 56,3% al 45,6%. El hecho de que un rasgo tan básico de la estructura social evolucione a un ritmo tan rápido no puede ni debe pasar desapercibido. Sin duda, constituye un buen indicador del cambio frenético que está afectando a la sociedad española y andaluza. En 1991, tres de cada cuatro andaluces vivían en un hogar en el que habitaba una pareja con hijos. Diez años más tarde, en 2001, sólo dos de cada tres andaluces viven en este tipo de hogares. Desde la perspectiva andaluza, los datos españoles señalan el camino casi seguro que a Andalucía le queda por recorrer. Además, el alto ritmo de cambio español nos indica que la tendencia no parece que vaya a detenerse en los próximos años. En suma, es muy previsible que el proceso de reducción de hogares y de personas que viven en hogares con pareja e hijos, al menos en Andalucía, siga su curso durante algunos años más. Nº de personas que vive en hogares de parejas con hijos 26.958.378 24.545.670 5.107.123 4.821.420 Nº de núcleos de parejas con hijos 6.667.479 6.468.408 1.205.828 1.223.836 Porcentaje respecto al total de población 69.9% 60.5% 73.9% 65.8% Porcentaje respecto al total de hogares 56.3% 45.6% 60.9% 50.6% LAS PAREJAS CON HIJOS 61 España Andalucía 1991 2001 1991 2001 Parejas sin hijos nos casos también residen en el mismo hogar otras personas, bien estén emparentadas o no emparentadas con el núcleo familiar. Según los datos, el hecho fundamental es que en casi nueve de cada diez de estos hogares, exactamente en un 87,4% de los casos, el hogar está compuesto exclusivamente por el núcleo de padres e hijos. Esto significa que sólo en muy contadas ocasiones podemos encontrarnos núcleos en los que convivan tres generaciones, esto es, hijos, padres y abuelos. Significa, en suma, la fuerza que muestra la nuclearización en la familia actual . Tan sólo en 86.760 hogares andaluces se advierte la presencia de un núcleo y alguna o algunas personas emparentadas con ese núcleo, sean abuelos, tíos, primos u otros familiares. Vemos, también, que este tipo de composición social ha descendido significativamente desde 1991 a 2001, pasando de 112.147 hogares a los antedichos 86.760. Por el contrario, en estos hogares la presencia de personas no emparentadas se ha incrementado significativamente en este mismo período, pasando de 2.638 a 8.744 hogares. Aunque el incremento en términos absolutos no es elevado, debe valorarse el incremento relativo, que es muy considerable. La incorporación al hogar, en tanto “internas”, de personas no emparentadas que trabajan para la familia parece ser una tendencia emergente en la década de los noventa. Sin duda, la incorporación de la mujer al trabajo, así como la inmigración femenina, constituyen factores determinantes de este nuevo fenómeno. Por último, vemos también que sólo en 56.816 hogares andaluces se da la circunstancia de que convivan dos o más núcleos o dos o más familias. alguna manera la pérdida de centralidad y/o la disfuncionalidad del matrimonio y de los hijos para lograr con éxito proyectos de vida individualizados, proyectos que requieren largos procesos formativos para conseguir una mínima garantía de inserción laboral. Por último, y pese a que los hijos permanecen hoy durante muchos más años en la residencia de los padres, el fuerte aumento de la esperanza de vida hace que la situación de “nido vacío”, es decir, de pareja sin hijos, se pueda prolongar en la actualidad durante muchos más años. En suma, existen tres fenómenos relacionados con la reducción del número de hogares habitados por parejas con hijos: en primer lugar, el hecho de que el matrimonio y la concepción y crianza de hijos se haya desplazado hacia delante, ocupando la parte central del ciclo vital de los padres; en segundo lugar, el hecho de que la esperanza de vida haya aumentado y que, por tanto, se vivan todavía muchos años tras la independencia residencial de los hijos; en tercer lugar, el incremento de separaciones y de divorcios también contribuye a reducir los hogares habitados por parejas con hijos. Una vez determinada la importancia cuantitativa que estos hogares tienen en Andalucía, su evolución reciente, y los factores explicativos que pueden dar cuenta de esta nueva realidad, a continuación se aportan datos que permitirán caracterizar más detalladamente este tipo de hogares. En concreto, veremos el número de núcleos familiares que componen estos hogares, el número de hijos que conviven, la edad de los padres y la edad de hijos, la relación marital que mantienen las parejas y, por último, la situación de actividad de los cónyuges. Todos estos datos nos ayudarán a precisar la composición social de los hogares habitados por parejas con hijos. La información contenida en el cuadro 2 nos señala básicamente si en este tipo de hogar sólo viven los padres con los hijos o si, por el contrario, conviven con ellos algunas personas más. Además de habitar la pareja con los hijos, en alguLAS PAREJAS CON HIJOS 63 Veamos ahora la distribución de estos hogares andaluces desde la perspectiva de la edad de los padres, específicamente desde la edad de la madre, y del número de hijos que habitan en el hogar. En el cuadro 3 podemos comprobar empíricamente dos rasgos mencionados con anterioridad. En primer lugar, observando la fila inferior del cuadro, en el que se indica el porcentaje de hogares según el número de hijos, comprobamos que en el 45,2% de estos hogares viven dos hijos. Esto es, la convivencia de dos parejas, la de padres y la de hijos, constituye la composición social típica de estos hogares (“2+2”). Con todo, no llegan a alcanzar la mitad de los casos. En uno de cada tres hogares, exactamente en el 33,8%, reside la pareja de padres con un único hijo (“2+1”). Por tanto, a la vista de los datos podemos afirmar que la tríada social compuesta por madre, padre e hijo/a constituye en la actualidad un tipo de composición muy extendido, casi normal. Por el contrario, los hogares en los que habitan más de dos hijos, habitualmente tres, son bastante menos frecuentes. En Andalucía existen 258.039 hogares habitados por familias numerosas, un 21,1% de los hogares en los que residen parejas con hijos. CUADRO 2. HOGARES HABITADOS POR PAREJAS CON HIJOS, SEGÚN EL TIPO DE NÚCLEO. ESPAÑA Y ANDALUCÍA, 1991-2001 Fuente: Censos 1991-2001, Inebase. Elaboración propia. En suma, si mediante la información del primer cuadro de este epígrafe comprobábamos la intensa reducción de los hogares habitados por pareja e hijos, lo que da lugar a una amplia y extensiva pluralidad de otros tipos de hogar, en este último cuadro hemos visto cómo en la práctica totalidad de hogares en los que habitan padres e hijos no reside con ellos ninguna otra persona más. Esto es, mientras que la reducción de hogares en los que habita una familia nuclear está aumentando la variedad de otros tipos de hogar, esta reducción viene acompañada de una simplificación o depuración de la familia nuclear. Dicho de otra manera, en los hogares que habita una pareja con hijos sólo viven la pareja y los hijos. Los hogares con una composición social compleja, en los que podían vivir abuelos, tíos, etc., han desaparecido prácticamente del mapa social andaluz y español. Esta depuración convivencial de la familia nuclear tiene también muchas y muy importantes consecuencias en la vida de las personas. Un núcleo solamente 1.031.358 1.069.500 (87.4%) 5.658.532 5.550.761 (85.8%) Un núcleo y emparentados 112.147 86.760 (7.1%) 659.296 521.026 (8.1%) Un núcleo y no emparentados 2.638 8.744 (0.7%) 21.033 65.109 (1.0%) Un núcleo con emparentados y no emparentados 535 2.016 (0.2%) 4.400 18.170 (0.3%) Dos o más núcleos, dos o más familias* 59.150 56.816 (4.6%) 324.218 313.342 (4.8%) TOTAL 1.205.828 1.223.836 6.667.479 6.468.408 (100%) LAS PAREJAS CON HIJOS 65 España Andalucía 1991 2001 1991 2001 Parejas con hijos CUADRO 3. HOGARES HABITADOS POR PAREJAS CON HIJOS, SEGÚN EDAD DE LA MADRE Y NÚMERO DE HIJOS. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Es obvio, por tanto, que en la actualidad las parejas con hijos constituyen hogares más pequeños . Los datos del último Censo de 2001 muestran que 4.821.420 andaluces conviven en este tipo de residencia, es decir, 285.703 menos que hace una década. El número medio de personas que residen en este tipo de hogar ha pasado de 4,2 en 1991, a 3,9 en el año 2001, lo que nos lleva a una casi práctica igualación con la media de los hogares españoles, que era de 4,0 en 1991, y de 3,8 en 2001. Como factores explicativos de los hogares más pequeños hay que tener presente la progresiva nuclearización de la familia (Pérez-Díaz et al., 2000:54), es decir, el hecho de que sólo vivan la pareja y los hijos, así como el descenso de la fecundidad . El número de hogares en los que Hogares con un hijo Hogares con dos hijos Familias numerosas Total (Núcleos) 1.889 266 41 2.195 (0.2%) 14.252 4.501 932 19.685 (1.6%) 42.354 24.484 5109 71.947 (5.9%) 67.224 83.581 19.752 170.557 (13.9%) 76.022 238.659 103.161 417.842 (34.1%) 70.297 132.885 95.094 298.276 (24.4%) 114.849 63.442 32.805 211.096 (17.2%) 26.267 4.825 1.145 32.237 (2.6%) 413.154 (33.8%) 552.643 (45.2%) 258.039 (21.1%) 1.223.836 (100%) Número de hijos en el hogar conviven más de dos generaciones es cada vez menor. Ahora bien, la formación de hogares más pequeños se debe también al mencionado descenso de la fecundidad. Con la excepción de los últimos años, en los que se ha producido un repunte debido a la entrada de inmigrantes, el número medio de hijos por mujer en Andalucía no había dejado de descender desde mediados de los años setenta. En el periodo que nos ocupa, 1991-2001, este indicador ha pasado en Andalucía de 1,61 a 1,36. Pese al descenso, las andaluzas siguen teniendo más hijos que las españolas, cuyo índice es de 1,26 hijos por mujer. En segundo lugar, la distribución establecida según la edad de la madre nos informa de la etapa del ciclo vital en la que se forman estas parejas con hijos. Así, vemos que la maternidad joven, es decir, la que tiene lugar por debajo de los treinta años, constituye una parte relativamente pequeña del total de hogares en los que habitan parejas con hijos, exactamente el 7,7% del total. Sin embargo, pese a su escasa importancia cuantitativa, no debe olvidarse la importancia que, en términos de bienestar social, pueden tener este tipo de hogares con padres jóvenes. Teniendo en cuenta la situación de empleo y el estado del mercado laboral juvenil, puede considerarse que la mayor parte de estos hogares, sobre todo aquellos con los padres más jóvenes, pueden requerir algún tipo de ayuda social. En Andalucía existen 2.195 hogares cuyas madres tienen menos de 19 años; 19.685 en los que la madre tiene entre 20 y 24 años; y 71.947 con una edad de la madre entre 25 y 29 años. Es obvio, también, que una maternidad o paternidad temprana dificulta en grado sumo, no sólo la trayectoria de inserción laboral, sino también la trayectoria educativa de los padres jóvenes. El desplazamiento de la maternidad/paternidad y de la crianza hacia la zona central del ciclo vital tiene su reflejo en el gran número de hogares en los que la madre tiene una edad comprendida entre los treinta y los cincuenta y cinco años. Categorías Maternidad joven y primeros hijos Maternidad y aumento de la familia (dos o más hijos) Cuidado de los hijos y primeras emancipaciones Hogares con hijos adultos no emancipados Edad de la mujer del núcleo 14-19 20-24 25-29 30-34 35-44 45-54 55 a 69 70 y más TOTAL LAS PAREJAS CON HIJOS 67 tes, adolescentes, jóvenes o hijos adultos establece una composición social del hogar muy diferente, a la que están asociadas diferentes necesidades, estructuras de consumo, vínculos afectivos, vida cotidiana y proyectos de futuro, por citar tan sólo algunos de los aspectos que se pueden ver alterados. CUADRO 4. HOGARES HABITADOS POR PAREJAS CON HIJOS, SEGÚN EDAD DE LOS HIJOS. ESPAÑA Y ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. *Para elaborar el porcentaje se ha tenido en cuenta el total de núcleos con hijos (1.223.836). El primer tipo es aquel en el que hay algún hijo de 0 a 4 años , situación que afecta a 289.573 hogares andaluces (23.7%). En segundo término, se encuentran los hogares con hijos en edad escolar , situación en la que se encuentran más de la mitad de los hogares habitados por parejas con hijos (54,4%). De éstos, 318.386 hogares andaluces tienen hijos en las primeras etapas de educación infantil y primaria, mientras que 347.180 tienen hijos preadolescentes. Como tercera categoría, en casi tres de cada diez núcleos familiares (29.5%) hay Exactamente, en el 72,4% de los hogares andaluces con hijos la madre tiene esta edad. En efecto, el retraso en la edad de acceso al matrimonio también se ha traducido en una postergación de la edad de maternidad. Si en 1991 las mujeres andaluzas eran madres, por término medio, a los 28,76 años, en el año 2001 la edad media al tener el primer hijo había ascendido a 30,28 años. Este cambio hace que los hogares de parejas jóvenes con hijos sean pocos, y que solamente a partir de los treinta comience a proliferar esta forma de hogar, convirtiendo al hogar cuya madre tiene entre 35 y 44 años en el tipo más representativo y común (34.1%). El hecho de que los hogares con una edad de la madre entre 45 y 55 años sean también bastante numerosos, un 24,4%, se debe al retraso en la edad de emancipación de los hijos, lo que puede llevar la convivencia de hijos y padres en el hogar hasta edades bastante avanzadas de los padres. En último término, también encontramos un relativamente alto porcentaje de hogares en los que la edad de la madre está entre los 55 y los 69 años (17,2%). En esta categoría estadística podemos encontrar diversas situaciones vitales, aunque llama la atención el hecho de que su distribución según el número de hijos contiene un porcentaje no despreciable de hogares con dos hijos, e incluso de hogares con más de dos hijos. Téngase en cuenta que tales datos se siguen refiriendo a parejas que conviven con sus hijos, y no a padres mayores que viven en la casa de sus hijos. Pasemos a ver ahora la tipología de estos hogares según la edad de los hijos. Dado que en algunos de estos hogares convive más de un hijo, los porcentajes incluidos en el cuadro 4 suman más del cien por cien. Es decir, en este cuadro se incluye el número total de hogares en el que habita algún hijo de una determinada edad. Por este motivo, un mismo hogar puede estar contabilizado en más de una categoría. La importancia de este cuadro estriba en que la situación vital del núcleo familiar varía sustancialmente las condiciones existenciales de todo el grupo familiar. La presencia en el hogar de bebés, niños, preadolescenAndalucía España Total (núcleos) %* %* Hijos de 0 a 4 años 289.573 23.7% 21.2% Hijos de 5 a 9 años 318.386 26.0% 22.2% Hijos de 10 a 14 años 347.180 28.4% 24.1% Hijos de 15 a 19 años 360.454 29.5% 26.3% Hijos de 20 a 24 años 341.941 27.9% 27.6% Hijos de 25 a 29 años 219.233 17.9% 19.3% Hijos de 30 y más años 128.968 10.5% 12.7% 1.223.836 100% 100% LAS PAREJAS CON HIJOS 69 Categorías Primeros años de vida Edad escolar Adolescencia y juventud Mayores de edad dependientes Adultos no emancipados Total de núcleos con hijos Tipos de hogar CUADRO 5. GRADO DE DEPENDENCIA/INDEPENDENCIA RESIDENCIAL DE LOS JÓVENES ANDALUCES Y ESPAÑOLES (2001) Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Pese a este resultado, comparando los datos de Andalucía con los de España, los andaluces parecen más proclives a la independencia desde edades jóvenes o, si se prefiere, muestran una tendencia menor a residir en casa de sus padres. Entre los 20 y 24 años, las diferencias entre España y Andalucía no son muy acusadas respecto al porcentaje de jóvenes dependientes (85,0% frente al 83,3%, respectivamente), pero al aumentar la edad también se acentúan las diferencias. Así, de 25 a 29 años hay un 58,1% de españoles que viven en el hogar paterno, mientras que en Andalucía son el 55,7%; 28,4% entre 30 y 34 años, frente al 25% de andaluces. Finalmente, superados los treinta y cinco, pero antes de llegar a los cuarenta, un 15,5% de españoles permanecen en el hogar paterno, cifra superior a la de Andalucía (12,9%). Tal vez el análisis de las causas atribuidas a este fenómeno ayude a esclarecer las diferencias encontradas. Una primera hipótesis podría apuntar hacia una carrera formativa menos prolongada en el caso de los jóvenes andaluces. Andalucía España Andalucía España Andalucía España al menos un hijo adolescente de 15 a 19 años . En el cuarto tipo se ha agrupado a las parejas con hijos en la veintena . Exactamente, hay 341.941 hogares con parejas que tienen hijos con una edad entre 20 y 24 años, y 219.233 con hijos cuya edad está comprendida entre los 25 y los 29 años. Por último, existen un total de 128.968 hogares habitados por parejas y con algún hijo de 30 o más años. El retraso en la independencia residencial de los jóvenes constituye uno de los rasgos más característicos de la sociedad española y andaluza. En el cuadro 5 se ha calculado el porcentaje de jóvenes que viven en casa de sus padres y el porcentaje de quienes se han independizado de la residencia familiar. Ocho de cada diez jóvenes andaluces con edades comprendidas entre los veinte y los veinticuatro años viven en casa de sus padres (83,3%). Este porcentaje desciende en la cohorte de 25 a 29 años, pero a esta edad todavía algo más de la mitad de los jóvenes andaluces siguen viviendo con sus padres (55,7%). Uno de cada cuatro jóvenes con edades comprendidas entre 30 y 34 años todavía no se ha independizado residencialmente de sus padres (25,0%), así como tampoco uno de cada diez jóvenes con una edad comprendida entre los 35 y 39 años (12,9%). Los datos son suficientemente elocuentes, por lo que no merecen comentario añadido. En Andalucía, 229.172 jóvenes entre 30 y 40 años viven en la casa de sus padres. LAS PAREJAS CON HIJOS 71 Grupos de edad de los jóvenes % Jóvenes con residencia dependiente % Jóvenes con residencia independiente Total Total % % Total % % Total % % De 20 a 24 años 510.776 83.3% 85.0% 102.682 16.7% 15.0% 613.458100% 100% De 25 a 29 años 348.859 55.7% 58.1% 278.052 44.3% 41.9% 626.911100% 100% De 30 a 34 años 152.276 25.0% 28.4% 456.823 75.0% 71.6% 609.099100% 100% De 35 a 39 años 76.896 12.9% 15.5% 520.064 87.1% 84.5% 596.960100% 100% Este es el tipo de hogar formado por familias reconstituidas que forman una nueva pareja de hecho, pero que no han llegado a formalizar con el matrimonio su nueva relación. En suma, vemos que el porcentaje andaluz de parejas con hijos que no ha institucionalizado la relación con el matrimonio es relativamente pequeño (3,4%), e inferior al español (4,1%). CUADRO 6. HOGARES HABITADOS POR PAREJAS CON HIJOS SEGÚN EL TIPO DE PAREJA. ANDALUCÍA Y ESPAÑA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Con el objeto de añadir algunos indicadores que nos señalan el grado de desinstitucionalización familiar existente en Andalucía, así como nuevas formas de hogar que este proceso está generando, se ha incluido en el cuadro el número de hogares habitados por parejas con hijos en los que ninguno de los hijos es un hijo común a los dos miembros de la nueva pareja. Esto significa que, en todos estos casos, el o los hijos están conviviendo en el hogar con uno de sus progeAndalucía España Andalucía España Algunos autores (Meil, 2000; Alberdi, 2000) mencionan entre las causas de este retraso la flexibilidad del mercado laboral y las dificultades de inserción; las aspiraciones por mantener los niveles de consumo y el status social de los padres; y, finalmente, el seguimiento de un modelo cultural donde la formación de un hogar independiente y la constitución de una familia propia pasa por el acceso a la propiedad de una vivienda. Otros autores (Cruz, P. et al., 1999:51-63), sin embargo, ponen el énfasis en nuestro modelo de Estado de Bienestar, en el que la familia soporta como “normales” importantes funciones de protección social que en otros países son asumidas por el Estado. En cualquier caso, los jóvenes parecen optar por la dependencia residencial presente, es decir, por la economía y comodidad que procura el hogar de los padres, para de este modo no truncar el largo proceso de inserción vital asociado a la carrera formativa y a las dificultades de inserción laboral. A falta de ayudas estatales, la residencia familiar les permite vivir el presente sin hipotecar el futuro. Y, a tenor de los resultados, esta creencia parece menos extendida entre los jóvenes andaluces que, en general, entre los españoles. Siguiendo con la descripción, aunque el modelo típico de pareja con hijos corresponda al de una pareja de derecho, esto es, una pareja que ha contraído matrimonio, también existen otros tipos que no se ajustan a este modelo institucional. En el cuadro 6 se recogen algunas informaciones al respecto. En primer lugar, allí observamos que el 96,7% de estos hogares están constituidos por parejas de derecho. Como puede verse, el porcentaje español es inferior, lo que da lugar a la existencia en España de un mayor número de parejas de hecho, en los que ambos miembros son solteros, y también de parejas de hecho en los que algún miembro había estado casado con anterioridad. Esto es, en Andalucía existen 14.394 hogares de parejas que no han formalizado su relación, pero que sin embargo tienen descendencia. Por otra parte, existen 26.290 hogares con hijos en los que al menos un miembro de la pareja ha estado casado anteriormente. Estado civil de la pareja con hijos Parejas con hijos sin ningún hijo en común Total % % Total % respecto al total de parejas con hijos % respecto al total de parejas con hijos 1.183.152 96,7 95,9 11.373 0,9 1,3 14.394 1,2 1,5 949 0,1 0,1 26.290 2,1 2,6 4.691 0,4 0,6 1.223.836 100 100 17.013 1,4 2,0 Parejas con hijos según el tipo de pareja Pareja de derecho Pareja de hecho (ambos solteros) Pareja de hecho (otros estados civiles) Total LAS PAREJAS CON HIJOS 73 Observando las filas de totales, que corresponden a la distribución de los hombres según su actividad, vemos que los hogares más frecuentes, y por este orden, son aquellos en los que el hombre está ocupado (871.161), es pensionista (220.983), o está parado (119.594). Atendiendo a la columna de totales, vemos que los tipos de hogar más frecuentes son aquellos en que la mujer se dedica a las tareas del hogar (633.415), está ocupada (355.818), o está parada (153.286). CUADRO 7. TIPOS DE HOGAR DE PAREJAS CON HIJOS EN ANDALUCÍA EN FUNCIÓN DE LA ACTIVIDAD DEL PADRE Y DE LA MADRE (2001) Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. nitores y con la nueva pareja de este progenitor. Existencialmente la composición social de estos hogares plantea, sin duda, estructuras relacionales y afectivas muy distintas a las que se dan cuando los hijos viven con sus dos progenitores. Pues bien, en Andalucía existen un total de 11.373 hogares formados por parejas de derecho que habitan con hijos procedentes de los matrimonios anteriores de uno o de ambos miembros de los actuales cónyuges, pero que no tienen hijos en común. Así mismo, existen 949 hogares habitados por parejas de hecho con hijos, no siendo ninguno de ellos un hijo común. Estas parejas pueden provenir de anteriores parejas de hecho posteriormente rotas, o incluso de madres que nunca llegaron a formar pareja con el padre biológico. Por último, existen 4.691 parejas de hecho con hijos, pero ninguno común, y formadas por algún miembro separado, divorciado o viudo. En suma, este tipo de familias reconstituidas, sin hijos en común, constituyen un 1,4% de los hogares habitados por parejas con hijos en Andalucía, un indicador de reconstitución familiar que es bastante inferior al español (2,0%). Para completar el mapa de las familias reconstituidas, tendríamos que saber cuántas nuevas parejas tienen un hijo en común. Desgraciadamente, con los datos del Censo no es posible calcular este dato, pues en ningún lugar se pregunta si anteriormente estuvo casado o formó alguna pareja de hecho. En todo caso, hemos aportado estos datos porque muestran el proceso de desinstitucionalización y de reconstitución familiar, así como las lógicas existenciales en las que se ven envueltos los miembros de estas nuevas formas de familia. Para terminar el análisis tipológico de los hogares habitados por parejas con hijos, introducimos ahora la variable situación de actividad de los padres, que también afecta intensamente a la situación existencial de estos núcleos familiares. En el cuadro 7 se presenta la tabla de contingencia que nos proporciona el número de hogares según la actividad de ambos miembros de la pareja. Actividad del hombre Estudiante Ocupado Parado Pensionista Tareas del hogar Otros Total 429 12.300 879 2.121 35 40 15.804 (1.3%) 744 301.329 27.617 24.032 1.137 959 355.818 (29.1%) 264 104.853 34.714 12.366 501 588 153.286 (12.5%) 92 10.929 3.358 42.967 966 243 58.555 (4.8%) 834 438.611 52.587 136.780 1.663 2.940 633.415 (51.8%) 22 3.139 439 2.717 50 591 6.958 (0.6%) 2.385 (0.2%) 871.161 (71.2%) 119.594 (9.8%) 220.983 (18.1%) 4.352 (0.4%) 5.361 (0.4%) 1.223.836 (100%) Actividad de la mujer Estudiante Ocupada Parada Pensionista Tareas del hogar Otros Total LAS PAREJAS CON HIJOS 75 alcanza al 5% de los hogares, y las tareas se siguen compartiendo muy poco entre hombres y mujeres. Incluso en los hogares jóvenes se sigue reproduciendo la división tradicional de funciones. Nuevamente, la familia se ocupa de situaciones a las que hace frente el Estado en países como Suecia, y la tasa de actividad femenina en España se sitúa como la más baja de Europa (Navarro, 2003). Finalmente, el retraso en la maternidad y la prolongación de la dependencia residencial de los jóvenes hace que en un importante porcentaje de los hogares andaluces formado por parejas con hijos, el padre (220.983), la madre (58.555), o ambos (42.967), se encuentren en la situación de pensionistas. En resumen, se están produciendo cambios sociales que inciden en la formación de los hogares. El modelo predominante de “parejas con hijos” cede paso a otras formas de hogar y, junto con su menor importancia, también se modifica su estructura. Se avanza hacia hogares más pequeños, más nucleares y con menos hijos. Se incrementan las parejas de hecho y las familias con hijos de anteriores uniones y, finalmente, el retraso en la emancipación de los hijos repercute en todo el ciclo familiar. Afecta a las primeras etapas, con hijos pequeños de madres cada vez mayores y, al final del ciclo, con hogares de padres jubilados e hijos mayores. Cambios todavía menos acusados en Andalucía que en España pero que, a juzgar por el intenso ritmo de los cambios que se están produciendo en nuestra comunidad autónoma, sin duda marcan la dirección hacia la que casi inexorablemente nos dirigimos en el próximo futuro. Además de la información contenida en los totales de fila y columna, el cuadro aporta el cruce de situación de actividad de los dos miembros de la pareja, lo que permite analizar con mayor profundidad los tipos de hogares correspondientes. Así, vemos que existen 34.714 hogares de parejas con hijos en los que ambos miembros están parados, lo que da cuenta del estado de necesidad en el que pueden encontrarse los miembros de estas familias. En Andalucía el porcentaje de este tipo de hogares es del 2,8% y el porcentaje correspondiente en España es tan sólo del 1,1%. En la situación opuesta, encontramos que existen 301.329 hogares de parejas con hijos en los que los dos miembros de la pareja trabajan, lo que en principio establece unas mejores condiciones económicas para estas familias, y señala pautas de modernidad tanto en el mercado laboral como en las relaciones de pareja. Podemos decir que, en Andalucía, aunque todavía queda un largo camino por recorrer, ya trabajan los dos miembros de la pareja en uno de cada cuatro hogares habitados por parejas con hijos (24,6%). En España, sin embargo, los hogares en que ambos miembros de la pareja trabajan llegan al 33,2%. La mayoría de núcleos familiares con hijos se componen de un hombre ocupado y de una mujer dedicada a las tareas del hogar. En Andalucía, estos hogares suman un total de 438.611, y suponen un porcentaje equivalente al 35,8%. En España, este porcentaje es del 32,9%. Comparando según sexo, podemos observar que el porcentaje de hogares en el que trabaja sólo la mujer es de un 4,5%, muy similar al de España (4,4%), mientras que el porcentaje de hogares en los que trabaja solo el hombre es del 46,6%, siendo el de España del 42,0%. Como señala Cecilia Castaño para el caso español (2003), aunque las mujeres dedicadas exclusivamente a amas de casa son cada vez menos numerosas, la convivencia con hijos de corta edad en el hogar supone un freno importante para su participación laboral, puesto que el empleo del servicio doméstico solamente LAS PAREJAS CON HIJOS 77 CUADRO 5. PAREJAS SIN HIJOS, DE 40 A 64 AÑOS, SEGÚN SITUACIÓN DE ACTIVIDAD. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. La comparación de Andalucía con España refleja de nuevo tanto la menor tasa de actividad y de ocupación de la Comunidad Autónoma Andaluza, así como el mayor grado de tradicionalismo con respecto a la situación de la familia, en general, y de la mujer, en particular. El porcentaje de ocupados es muy inferior en Andalucía que en el conjunto nacional tanto en varones (47,5% frente al 58,3%), como en mujeres (22,3% frente al 30,6%). Por el contrario, hay una alta presencia de pensionistas (37,3% frente al 31,2%), siendo también algo superior la de mujeres dedicadas a las tareas del hogar (53,1% frente al 51,2%). tan sólo alcanza el 57,3%. En suma, en España, dos de cada tres parejas jóvenes sin hijos son parejas de “doble ingreso y ningún hijo” (66,7%), mientras que en Andalucía son tan sólo algo más de la mitad (52,3%). A la inversa, mientras que en un 4% de los hogares andaluces habitados por parejas jóvenes sin hijos ambos miembros están desocupados, en España este porcentaje desciende a menos de la mitad, exactamente al 1,8%. En resumen, este cuadro refleja dos hechos fundamentales. Primero, que el nivel de ocupación de la mujer es superior en la pareja sin hijos que en otras formas de hogar. Segundo, que entre los hogares habitados por parejas jóvenes sin hijos, el caso más frecuente es aquél en el que los dos miembros de la pareja trabajan. Con los datos del cuadro 5 se completa y complementa la información sobre la situación de actividad de las parejas sin hijos, en este caso la de las parejas maduras sin hijos, esto es, con edades comprendidas entre 40 y 64 años. Los resultados reflejan un momento de transición de la vida activa a la jubilación. En este tramo de edad, el porcentaje de varones ocupados desciende por debajo del cincuenta por ciento (47,5%), incrementándose correlativamente el porcentaje de varones pensionistas (37,3%). Los datos también revelan que la situación de actividad típica de las mujeres en este grupo de edad se corresponde con las labores de hogar (53,1%), estando tan sólo ocupadas una de cada cinco mujeres (22,3%). Por tanto, el hogar típico en el que habita una pareja madura sin hijos es un hogar compuesto por un varón que trabaja y por una mujer dedicada a las tareas de la casa. En Andalucía existen un total de 23.586 hogares de este tipo. Dado que el total de hogares habitados por parejas maduras sin hijos es de 95.547, puede decirse que las situaciones de actividad de estos hogares son muy diversas, tal y como reflejan los valores de las casillas del cuadro 5. Actividad de la mujer Estudiante Ocupado Parado Pensionista Tareas del hogar Otros Total Estudiante 137 672 110 430 10 91.368 (1,4%) Ocupada 77 15.047 1.960 3.965 152 119 21.320 (22,3%) Parada 15 3.819 3.826 3.227 101 54 11.042 (11,6%) Pensionista 23 2.032 1.070 6.531 444 111 10.211 (10,7%) Tareas del hogar 68 23.586 4.939 21.182 340 593 50.708 (53,1%) Otros 1249 60 318 15 255 898 (0,9%) Total 321 (0,3%) 45.405 (47,5%) 11.965 (12,5%) 35.653 (37,3%) 1.062 (1,1%) 1.141 (1,2%) 95.547 (100%) Actividad del hombre LAS PAREJAS SIN HIJOS 91 Hasta ahora hemos analizado los hogares habitados por una familia nuclear completa, es decir, la compuesta por una pareja de padres y unos hijos, así como los hogares habitados por una pareja que todavía no ha tenido hijos, o cuyos hijos ya se han independizado residencialmente de los padres. En este epígrafe se analizan los hogares habitados por un grupo monoparental, es decir, un grupo familiar compuesto por un padre o una madre y los hijos. Este tipo de hogar representa otro modo de truncamiento de la familia nuclear completa, pues falta en el hogar uno de los progenitores y, además, el progenitor presente no convive en pareja con una nueva relación. El Censo del 2001 ofrece una definición extensa del hogar monoparental como el núcleo familiar compuesto por un padre o una madre con uno o más hijos y sin pareja1. No se trata de un fenómeno nuevo puesto que, en las sociedades preindustriales, la elevada mortalidad ocasionaba que se pudiera encontrar una cierta proporción de hogares formados por viudos con hijos. Sin embargo, en la actualidad no existen solamente hogares monoparentales de este tipo, sino que también proceden en muchos casos de la ruptura de relaciones de pareja anteriores, sean éstas parejas de derecho o parejas de hecho. En este tipo de hogar también se incluyen las “madres solteras”, es decir, las mujeres que concibieron un hijo pero que nunca llegaron a convivir con el padre biológico. Esta nueva composición social de los hogares monoparentales, formados por solteros, separados o divorciados es la que dota de renovado interés a este tipo de hogares (Flaquer, 2000:148). Además, teniendo en cuenta que una gran parte están compuestos por una madre con sus hijos, es importante estimar y valorar las necesidades de ayuda y protección asociadas con esta realidad familiar y residencial. Pese a la definición general, Rodríguez y Luego nos recuerdan que “difícilmente se puede hablar de la familia monoparental como un tipo posible de forma famiEn resumen, tres tipos básicos derivan de la pareja sin hijos. Las parejas jóvenes que viven solas en una etapa transitoria; las parejas maduras o mayores que vuelven a vivir solos tras la emancipación de los hijos y aquellas parejas que, independientemente de la edad, viven sin hijos porque no han podido o eventualmente no han querido tenerlos. Lo cierto es que esta forma de hogar ha crecido en la última década y en la actualidad uno de cada cinco hogares responden a este perfil. Pese a que las parejas jóvenes han aumentado espectacularmente, es sin duda el hogar característico de los mayores, quienes hoy conciben positivamente esta nueva etapa gracias a la esperanza de vida y las mejoras en la salud. En todos los grupos de edad, las parejas están unidas mayoritariamente a través del matrimonio, aunque en la última década crecen las uniones de hecho. Andalucía se muestra más tradicional al respecto, al igual que en el desempeño de los roles en el hogar. Aunque la pareja joven sin hijos responde al perfil de hogar en el que ambos están ocupados, el porcentaje resulta inferior a la media española. Entre los más mayores ocurre algo similar, y este aspecto se traduce en una menor estabilidad económica, al disponer en muchas ocasiones exclusivamente de la pensión de jubilación del marido. Esta situación merece un análisis en profundidad para resolver las dos cuestiones planteadas: la conciliación de la vida familiar y laboral y la disposición de recursos para poder alcanzar una etapa de nido vacío plenamente satisfactoria. 2.3 LOS HOGARES MONOPARENTALES 93 CUADRO 1. NÚCLEOS MONOPARENTALES. ESPAÑA Y ANDALUCÍA. 19912001 Fuente: Censos 1991-2001, Inebase. Elaboración propia. El hogar monoparental más típico es el compuesto por una madre con sus hijos. Este tipo de hogar representa, en el año 2001, el 82% de todos los hogares monoparentales de Andalucía, y el 80% de los españoles. Sin embargo, puede comprobarse que el número de hogares formados por un padre y sus hijos ha crecido en la última década a un ritmo mayor que el formado por madre e hijos. Así, en Andalucía, los hogares monoparentales maternos han crecido un 42%, mientras que los paternos han registrado un incremento del 64%. En España, el crecimiento respectivo ha sido del 41% y del 66%. En suma, aunque todavía solamente dos de cada diez hogares monoparentales son paternos, su ritmo de crecimiento es sensiblemente superior al de hogares maternos. La tendencia que señalan los datos implica una evolución, todavía incipiente pero clara, hacia una mayor responsabilidad de los padres sobre la crianza de los hijos. liar, cuando en la realidad nos encontramos con diferentes tipos de familias monoparentales como consecuencia de que las personas acceden a la monoparentalidad por vías muy diversas. Disponen de aprendizajes sociales diferentes, son distintas las situaciones sociales a las que a diario se enfrentan y es plural el significado que los hechos tienen para sus miembros” (Rodríguez y Luengo, 2003). Todo ello suscita el interés por su análisis y descripción, con el objetivo final de elaborar diferentes tipos de hogar monoparental. Para ello, como en anteriores apartados, en primer lugar se describe la evolución de los hogares monoparentales en España y Andalucía durante el periodo 1991-2001. En segundo término, se delimitan los tipos existenciales de hogar, utilizando como variables para su caracterización la edad, el estado civil y el número de hijos. En último lugar, se describe el tipo de actividad desarrollada por las madres con hijos, como un modo de contribuir al debate sobre la necesidad de protección. En términos generales, según puede comprobarse en el cuadro 1, los datos reflejan que la forma de hogar con un solo progenitor es cada vez más numerosa. Durante el periodo 1991-2001, el número de hogares andaluces en los que habita un núcleo monoparental ha pasado de 190.248 a 277.393, llegando a representar, en términos porcentuales, un 11,5% del total de hogares. Por tanto, según los datos, asistimos a un proceso de alto ritmo de crecimiento de estos hogares, ya que en el curso de una década han crecido un 45,8%. Tanto el porcentaje de hogares monoparentales en España (11,7%), como su ritmo de crecimiento (45,0%)2, es similar al registrado en Andalucía. LOS HOGARES MONOPARENTALES 95 2.482.148 3.325.095 435.428 585.897 6.4% 8.2% 6.3% 8.0% 945.133 1.329.960 159.988 227.677 8.0% 9.4% 8.1% 9.4% 504.520 790.921 81.703 124.724 1.3% 1.9% 1.2% 1.7% 194.016 322.160 30.260 49.716 1.6% 2.3% 1.5% 2.1% 9,6% 11,7% 9,6% 11,5% Personas Núcleos Personas Núcleos Núcleos España Andalucía Madre con hijos Padre con hijos Total hogares monoparentales 1991 2001 1991 2001 T % T % T % T % % Núcleos monoparentales CUADRO 2. NÚCLEOS MONOPARENTALES, SEGÚN TIPO DE HOGAR. ESPAÑA Y ANDALUCÍA 2001. Fuente: Censos 1991-2001, Inebase. Elaboración propia. El análisis según el estado civil del progenitor contribuye a clarificar las distintas trayectorias y causas que han motivado este modo de convivencia, difuminadas en el amplio concepto de monoparentalidad (Fernández y Tobío, 1998:63). En el cuadro 3 se incluye la información correspondiente a los hogares monoparentales maternos y paternos según el estado civil del progenitor. La tipología básica de estos hogares nos lleva a establecer una primera distinción entre, por una parte, los hogares así constituidos a causa de la defunción de uno de los cónyuges, esto es, debido a la viudedad sobrevenida y, por otra parte, los hogares en los que el progenitor es soltero, casado, separado o divorciado. Pues bien, aproximadamente la mitad de los hogares monoparentales en Andalucía son hogares constituidos por la viudedad del miembro de la pareja (48,2%). Dada la mayor esperanza de vida de las mujeres, es lógico que el porcentaje de hogares maternos constituidos por viudas (49,3%), sea sensiblemente superior al porcentaje de hogares formados por viudos (43,5%). Tradicionalmente, ni siquiera la viudedad del varón implicaba en muchos casos el ejercicio de su responsabilidad en el marco de una convivencia común. Más recientemente, en contadas ocasiones la separación o el divorcio implica que los hijos fueran a residir con el padre. Teniendo en cuenta las posibles situaciones de necesidad que pueden producirse cuando es sólo uno de los padres el que vive y se hace cargo de los hijos, podemos preguntarnos hasta qué punto estos núcleos monoparentales conviven en el hogar con otras personas, estén emparentadas o no, o conviven en hogares compuestos por más de un núcleo. Da acuerdo con los datos incluidos en el cuadro 2, observamos que el porcentaje de núcleos monoparentales que conviven con otras personas es relativamente alto, al menos si comparamos esta composición con la correspondiente a los hogares habitados por parejas con hijos. En un 30% de los hogares monoparentales maternos el núcleo familiar convive con otras personas. Este porcentaje sube hasta el 35% cuando el hogar monoparental es paterno. Baste recordar que, en Andalucía, el porcentaje de hogares habitados por parejas con hijos en los que conviven más personas, además del núcleo familiar, es del 12,6%, es decir, un porcentaje bastante inferior al de los hogares monoparentales tanto maternos como paternos. La ruptura del hogar por separación o divorcio, o la pérdida que implica la viudedad, origina en algunas ocasiones reagrupamientos de familiares con la finalidad de facilitar, bien el sustento económico, bien los cuidados familiares requeridos por la situación. LOS HOGARES MONOPARENTALES 97 Madre con hijos Padre con hijos Madre con hijos Padre con hijos Un núcleo solamente 158.377 (69.6%) 32.432 (65.2%) 938.719 (70.6%) 209.023 (64.9%) Un núcleo y emparentados 25.385 (11.1%) 5.496 (11.1%) 149.938 (11.3%) 36.706 (11.4%) Un núcleo con emparentados y/o no emparentados 5.454 (2.4%) 2.183 (4.4%) 44.937 (3.4%) 17.510 (5.4%) Dos o más núcleos o dos o más familias 38.461 (16.9%) 9.605 (19.3%) 196.366 (14.8%) 58.921 (18.3%) TOTAL (núcleos) 227.677 (100%) 49.716 (100%) 1.329.960 (100%) 322.160 (100%) Andalucía España Tipo de hogar sea la mujer quien se haga cargo de los hijos. Mientras que en Andalucía existen 56.209 hogares monoparentales maternos procedentes de separaciones previas, tan sólo existen 6.735 hogares monoparentales paternos de este tipo. Los tipos de hogares monoparentales formados por solteros o por casados, respectivamente un 13,3% y un 15,7% del total, pueden provenir de diferentes causas. Por ejemplo, en el caso de los solteros la mayoría procederán de rupturas de previas parejas de hecho con hijos. Al haber formado una unión consensuada, estos casos no pueden computarse estadísticamente como separados o divorciados, ya que no hubo matrimonio previo. También pueden constituir el tipo de “madre soltera”, es decir, la persona que ha concebido un hijo y, por la circunstancia que fuere, no convive con el padre biológico del niño. El tipo de hogar monoparental formado por casado también encierra dos posible causas. Pueden responder al hecho de que perdura el estado civil de casado, debido a que la separación de hecho se haya producido recientemente, sin haberse producido todavía la separación legal. Por otro lado, estos hogares pueden derivarse del desdoblamiento residencial de una pareja que está y sigue casada, pero que por motivos laborales u otros se ven obligados a vivir en dos ciudades y en dos residencias distintas. Con todo, es previsible que una buena parte de los hogares monoparentales compuestos por solteros o casados correspondan, en realidad, a una separación de hecho. Además del estado civil, el número de hijos que conviven en el hogar también caracteriza diferencialmente la composición social de los hogares monoparentales. En el cuadro 4 se incluye esta información, comparándola con la correspondiente a los hogares habitados por parejas con hijos. El dato más destacable es que, en Andalucía, los hogares monoparentales representan ya un 18,5% de todos los hogares habitados por núcleos familiares con hijos. Y esto significa, en primer lugar, que la monoparentalidad no constituye un fenómeno más o menos CUADRO 3. NÚCLEOS MONOPARENTALES SEGÚN EL ESTADO CIVIL DEL PROGENITOR. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. El resto de hogares monoparentales, que suman un 51,8% del total, responden a nuevas circunstancias, fruto de las transformaciones sociales, y vinculadas en general a la ruptura de una pareja preexistente sin que, al menos por el momento, el cónyuge que se hace cargo de los hijos conviva con una nueva pareja. Es preciso tener en cuenta que esta situación llega a constituir un hogar monoparental si, y sólo si, la pareja objeto de la ruptura había tenido hijos y estos hijos siguen conviviendo residencialmente con uno de los progenitores. En caso contrario, se hubieran formado dos hogares unipersonales constituidos por cada uno de los miembros de la pareja. Como vemos en el cuadro 3, casi uno de cada cuatro de este tipo de hogares procede de la previa separación o divorcio del progenitor (22,7%). Este dato general, sin embargo, esconde una importante diferenciación de género, pues el porcentaje de hogares monoparentales maternos es del 24,7%, mientras que el de los paternos se reduce casi a la mitad, esto es, al 13,5%. Sin duda alguna, las pautas sociales y culturales prevalecientes en España y en Andalucía condicionan el hecho de que en la mayoría de los casos LOS HOGARES MONOPARENTALES 99 Total % Total % Total % Total % Total % Madre con hijos 30.584 13.4 28.749 12.6 112.135 49.3 56.209 24.7 227.677 100 Padre con hijos 6.422 12.9 14.932 30.0 21.627 43.5 6.735 13.5 49.716 100 Total 37.006 13.3 43.681 15.7 133.762 48.2 62.944 22.7 277.393 100 Estado civil del progenitor Soltero Casado Viudo Separado/ Divorciado Total Núcleo monoparental según el sexo del progenitor dos por parejas con hijos vive únicamente un hijo. Este porcentaje casi se duplica en el caso de los hogares monoparentales, llegando hasta el 60,0%. El porcentaje de hogares en los que viven dos hijos es, respectivamente, de 45,2% y de 28,0%. Para el caso de hogares con tres o más hijos, los porcentajes son del 21,1% y del 12,0%. En suma, mientras que el modelo típico de familia nuclear es el de la doble pareja (2+2), es decir, dos padres con dos hijos, parece que el modelo de composición social típico del hogar monoparental es el de uno más uno, es decir, un progenitor y un hijo. La composición social de seis de cada diez hogares monoparentales se ajusta a la fórmula 1+1, es decir, un progenitor, normalmente mujer, y un hijo. El hecho de que el hogar monoparental se haya formado en muchos casos a partir de una ruptura afectiva, generalmente temprana, hace que el número de hijos de la pareja disuelta sea probablemente menor. Por otro lado, si el hogar monoparental se ha constituido por causa de la defunción de uno de los cónyuges, es probable que, debido a la edad, algunos de los hijos de la pareja estén ya independizados residencialmente de sus padres. Estos son los factores que determinan una clara reducción del número medio de hijos residentes en un hogar monoparental. En cualquier caso, la cantidad total de hijos que en Andalucía residen con uno de sus padres, es decir, 432.319, es considerable. De éstos, 205.187 son huérfanos de padre o madre, lo que representa el 47,5%. Esto significa que en el resto, es decir, en más de la mitad de los hogares monoparentales (52,5%), el padre o la madre no han fallecido, sino que residen en otra vivienda debido a la ruptura afectiva. Con el objeto de comprobar la relación existente entre hogares monoparentales y el ciclo vital de las personas se ha elaborado el Gráfico 1. Allí está indicado el porcentaje de población andaluza que, en cada grupo quinquenal de edad, reside en un hogar monoparental. Dado que en tales casos una persona puede ser, bien el progenitor que ha constituido el hogar, bien el hijo que reside con este progenitor, se distinguen ambas situaciones. Además, como se ha comentado, marginal de la estructura social andaluza, sino que tiene una presencia incuestionable en nuestra realidad. En suma, uno de cada cinco hogares andaluces en los que habitan hijos es un hogar monoparental. Atendiendo al número total de hijos, el porcentaje de hijos que residen en hogares monoparentales también es significativo, pues alcanza el 15,4%. Este porcentaje desciende debido a que, como veremos en el siguiente párrafo, el número medio de hijos que habitan en los hogares monoparentales es sensiblemente menor. CUADRO 4. HOGARES HABITADOS POR HIJOS, SEGÚN TIPO DE NÚCLEO Y NÚMERO DE HIJOS. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censos 1991-2001, Inebase. Elaboración propia. Así pues, otro rasgo determinante de la composición social de los hogares monoparentales es el menor número de hijos por hogar. Estimando los porcentajes de hogares según número de hijos, vemos que en un 33,8% de los hogares habitaLOS HOGARES MONOPARENTALES 101 Un hijo Dos hijos Tres o más N % Núcleos 413.154 (33.8%) 552.643 (45.2%) 258.039 (21.1%) 1.223.836 (100%) 81,5% Hijos 413.154 1.105.286 849.414 2.367.854 84,6% Núcleos 166.647 (60.0%) 77.557 (28.0%) 33.189 (12.0%) 277.393 (100%) 18,5% Hijos 166.647 155.114 110.558 432.319 15,4% Total (núcleos) 579.801 630.200 291.228 1.501.229 100% Total (hijos) 579.801 1.260.400 959.972 2.800.173 100% Pareja con hijos Monoparentales Tipo de núcleo Total de núcleos e hijos Total Número de hijos Las barras gris oscuro representan el porcentaje de población residente en hogares monoparentales en los que la persona tiene el estatus de padre. Como vemos, existe ya un porcentaje de jóvenes de 15 a 19 años en estas situaciones. Este porcentaje se va incrementando progresivamente con la edad, alcanzando casi el cuatro por cien de los andaluces en el grupo de 30-34 años. A partir de los cuarenta y cinco años, y hasta los setenta y cinco, el porcentaje se estabiliza en torno al 7%. Por encima de los setenta y cinco años el porcentaje vuelve a crecer de nuevo con rapidez. A la inversa, observando la altura de las barras gris claro, vemos el porcentaje de personas que tienen el estatus de hijo en el seno de un hogar monoparental. Podemos decir que hasta los treinta años de edad el porcentaje se mantiene entre el diez y el doce por ciento. A partir de los treinta años se observa un brusco descenso hasta el nivel del seis por ciento, nivel que sigue descendiendo con rapidez en los siguientes grupos quinquenales. Finalmente, las barras más claras situadas en los extremos superiores representan la presencia de otros familiares y, en ocasiones, de no emparentados en el hogar. Estas personas se distribuyen uniformemente representando alrededor del 1% en la práctica totalidad de los grupos quinquenales. La excepción la constituyen los extremos. En las edades tempranas la presencia de otros familiares es notable especialmente entre los menores de 15 años, donde alcanza el 2%. Esta presencia puede responder en muchos casos a la tríada abuelo-padre-nieto en el hogar. La convergencia de diversos factores, como la primera etapa de una ruptura afectiva, con pocos recursos, hijos pequeños y sin una nueva pareja, pueden llevar al reagrupamiento de varias generaciones en el hogar. En este caso la persona de referencia es el abuelo o abuela, el dueño de la casa, de modo que el nieto aparece computado como otro familiar. El mismo caso, pero a la inversa, acontece en las edades avanzadas, donde la presencia de hijos desaparece y aumentan ligeramente los parientes en el hogar. Son en su mayoría abuelos quienes, en este caso, tras la viudedad, son acogidos en un hogar monoparental. pueden residir con ellos otros familiares y, en contadas ocasiones, también personas no emparentadas con el núcleo familiar. En conjunto, podemos decir que en casi todos los grupos de edad existe al menos un 8% de andaluces que residen en hogares monoparentales. Sin embargo, vemos que hasta los treinta años el porcentaje siempre está por encima del diez por ciento. Dicho de otra manera, uno de cada diez andaluces menores de treinta años vive en un hogar monoparental. En el caso del grupo de edad de 20-24 años el porcentaje alcanza un máximo del 14%. Desde este máximo, el porcentaje desciende progresivamente hasta un mínimo del 7%, correspondiente a los grupos de edad de 65-69 y 70-74. A partir de aquí vuelve a ascender de nuevo. GRÁFICO 1. POBLACIÓN RESIDENTE EN HOGARES MONOPARENTALES, SEGÚN GRUPOS DE EDAD Y ESTATUS FAMILIAR. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censos 1991-2001, Inebase. Elaboración propia. LOS HOGARES MONOPARENTALES 103 CUADRO 5. HOGARES MONOPARENTALES MATERNOS, SEGÚN ACTIVIDAD DE LA MADRE. ANDALUCÍA Y ESPAÑA, 2001. Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Del total de hogares monoparentales maternos existentes en Andalucía, en algo más de cuatro de cada diez reside una mujer que trabaja o busca trabajo (42,9%), en otros cuatro la mujer recibe algún tipo de pensión (40,2%) y, en el resto de casos (16,9%), la mujer se dedica a las tareas del hogar o a alguna otra actividad no remunerada. La tasa de actividad de estas mujeres en Andalucía es inferior a la de España. Además, podemos comprobar que la tasa de paro que soportan las mujeres andaluzas en hogares monoparentales (28,7%), es muy superior a la tasa de las mujeres españolas (18,0%). En suma, vemos que tan sólo 69.753 hogares monoparentales maternos cuentan con los ingresos de un trabajo (30,6%), mientras que el resto son perceptoras de diversos tipos de penPor este motivo, una buena parte del porcentaje en los grupos quinquenales de más de treinta años corresponde a personas con el estatus de “otros familiares”. Sea como fuere, hasta ahora hemos visto que en torno a uno de cada diez niños o jóvenes de menos de treinta años residen en hogares monoparentales y, además, que la inmensa mayoría residen con sus madres. Teniendo en cuenta las bajas tasas de actividad y de ocupación de las mujeres andaluzas, así como la dificultad de insertarse en el mercado de trabajo, o las especiales dificultades que tienen estas madres para compatibilizar trabajo y familia, interesa conocer la situación de actividad de los hogares monoparentales maternos. Como señala Flaquer, en los hogares monoparentales formados por mujeres separadas, divorciadas o solteras con hijos, el debilitamiento de las redes comunitarias y de parentesco y el deterioro del mercado de trabajo conlleva situaciones de pobreza y necesidad social (Flaquer, 2000:149). En el cuadro 5 se presenta esta información. LOS HOGARES MONOPARENTALES 105 España Total (núcleos) % % Ocupada 69.753 30.6% 37.7% Parada 27.964 12.3% 8.3% Pensionista de viudedad 71.999 31.6% 28.5% Pensionista de jubilación 13.469 5,9% 7,0% Pensionista de invalidez 6.072 2,7% 2,2% Tareas del hogar 32.692 14.4% 13.4% Otras actividades 5.728 2,5% 3,0% TOTAL DE HOGARES 227.677 100% 100% Actividad de la madre Andalucía CUADRO 6. TIPOLOGÍA DE LOS HOGARES MONOPARENTALES, SEGÚN EDAD Y ESTADO CIVIL DEL PROGENITOR. ANDALUCÍA Y ESPAÑA, 2001. Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Los hogares monoparentales producto de separaciones y divorcios constituyen el tercer tipo de hogar monoparental, y suponen un 22,7% por ciento del total. Como sabemos, la mayor parte corresponde a mujeres con hijos (56.209), mientras que tan sólo una pequeña parte (6.735) corresponde al caso de un padre con hijos. Como cuarto y último tipo se encuentran los hogares monoparentales compuestos por casados con hijos. En Andalucía existen 43.681 núcleos en los que habita un solo progenitor que está casado y vive con sus hijos. Para explicar el imporsiones, o no tienen ninguna fuente de ingresos declarada. Según estos datos, es evidente que el colectivo de personas que residen en hogares monoparentales maternos puede enfrentarse en muchos casos a situaciones de necesidad o, al menos, de escasez de recursos económicos. Para finalizar, teniendo en cuenta ahora el estado civil y la edad del progenitor, se ha elaborado una tipología básica de hogares monoparentales. En el cuadro 6 podemos ver, en primer término, los hogares monoparentales constituidos por solteros, que suman algo más de treinta y siete mil. Como se ha señalado, la desinstitucionalización familiar hace que, a diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas, la situación de “soltero con hijos” no tenga por qué ser fruto de un embarazo sin convivencia, y pueda ser resultado, como apunta Millar (1994), de la ruptura tras la cohabitación. En Andalucía hay 1.804 madres muy jóvenes, y solteras, que viven con sus hijos; 28.780 madres tienen 20 o más años; y 6.422 son padres solteros que viven con sus hijos. El segundo tipo es el de los 133.762 viudos/as que conviven con sus hijos. Los hogares monoparentales de personas viudas con más de sesenta y cinco años representan más de la mitad de estos hogares (54,8%). En Andalucía existen 73.252 hogares monoparentales formados por viudos/as de más de 64 años, y 10.012 hogares formados por viudos/as jóvenes, es decir, de menos de cuarenta y cinco años. Es previsible que estas viudas/os jóvenes tengan hijos menores y que, debido a esto, su situación existencial sea bastante diferente, al menos considerando las atenciones y necesidades especiales que requieren los niños. LOS HOGARES MONOPARENTALES 107 Soltero Casado Viudo Separado/ divorciado Total % Menos de 30 años 16.052 5.206 363 4.038 25.659 (9,3%) 6,6% 30 a 44 años 14.456 22.304 9.649 31.445 77.854 (28,1%) 28,7% 45 a 64 años 5.351 13.602 50.498 25.562 95.013 (34,3%) 36,2% 65 a 79 años 892 2.271 54.640 1.836 59.639 (21,5%) 20,4% 80 y más 255 298 18.612 63 19.228 (6,9%) 8,1% Total 37.006 (13,3%) 43.681 (15,7%) 133.762 (48,2%) 62.944 (22,7%) 277.393 (100%) 100% % España 11,2% 18,9% 45,5% 24,4% 100% Andalucía España Estado civil Edad nuestra Comunidad sigue destacando el hogar monoparental de viudos/as (48.2% frente al 45.5%) y de solteros con hijos (13.3% frente al 11.2%), especialmente las madres adolescentes. Por el contrario, los separados y/o divorciados (22.7% frente al 24.4%) y casados con hijos (15.7% frente al 18. 9%) aún tienen una menor representación. 1Sobre la conceptualización de la monoparentalidad, autores como Rodríguez y Luengo (2003) y Barrón (2002) han resumido las definiciones de expertos en Sociología de la Familia, avanzando hacia una definición global. Al respecto, Schlesinger (1963), Iglesias de Ussel (1994) y Fernández y Tobío (1999) hacen hincapié en la condición de menores de 18 años de los hijos; la Comisión de las Comunidades Europeas (1989) y Alberdi, aluden más a la dependencia que a la edad y, Thomson y Gongla (1983) y Naciones Unidas (1994), realizan una definición extensa similar a la del Censo de 2001, destacando sólo la convivencia de uno de los progenitores con uno o más hijos. Todos ellos, sin embargo, coinciden en la presencia de un solo progenitor y de hijos en el hogar. 2Para interpretar este resultado hay que tener en cuenta que se contabiliza la totalidad de los hogares monoparentales. Aquellos en los que viven exclusivamente progenitor e hijos y aquellos en los que también hay otros familiares y no emparentados. Si se tuviese en cuenta exclusivamente los hogares con un núcleo, la tasa de crecimiento de los hogares sería del 44,4% y la de las personas el 35,8%. tante número de este tipo de hogares, además de las potenciales separaciones de hecho que todavía no hayan dado lugar a separaciones legales, hay que considerar otros factores explicativos, como puede ser la movilidad geográfica de algunos de los cónyuges. Algunos autores se refieren al encarcelamiento o a la hospitalización de uno de los progenitores (Millar, 1994; Rosenfeld y Rosenstein, 1973), la emigración (Iglesias de Ussel, 1994) o específicas profesiones que impiden la convivencia conyugal, como la marina (Zahava, 1987) o el ejército (McCubbin et al, 1976). En suma, se trata de personas separadas de hecho, es decir, por razones afectivas, o de personas que residen separadas por motivos ajenos a una desvinculación afectiva o a una ruptura relacional. En resumen, en este apartado hemos visto que el número de hogares monoparentales en Andalucía aumenta progresivamente, llegando en el año 2001 a superar el 11.0% del total de hogares. Independientemente de que la causa que da lugar a este tipo de hogar sea la separación, o sea la defunción de un cónyuge y consecuente viudedad del otro, estos hogares reflejan situaciones vitales en las que uno de los padres se hace cargo del cuidado de los hijos, generalmente de uno solo, lo que en ocasiones dificulta sus posibilidades de compaginar empleo, ocio y cuidado. Sin embargo, como señala Rodríguez y Luengo, hay que preguntarse hasta qué punto es válido hablar de ausencia de un progenitor en el caso de familias separadas o divorciadas (Rodríguez y Luengo, 2002). Pese a la separación residencial, y en la medida que el progenitor que no reside con el hijo se responsabilice y participe en la atención y educación de sus hijos, la presión ejercida por la situación de monoparentalidad sobre el otro cónyuge será mucho menor. En la comparación con España, establecida en el cuadro 6, vemos que los procesos de desinstitucionalización familiar parecen algo menos acusados en Andalucía. En términos porcentuales, si se compara con la media española, en LOS HOGARES MONOPARENTALES 109 la opción vital de vivir solo, independiente de los padres, y con anterioridad a la convivencia en pareja, supone un porcentaje bastante reducido de la juventud andaluza. Volviendo ahora al análisis de los cuatro tipos establecidos según la edad y el estado civil, ampliamos su alcance incorporando la variable sexo. Como puede verse en el cuadro 4, esta variable introduce importantes e interesantes segmentaciones en los tipos de hogares unipersonales anteriormente descritos. En términos globales, podemos decir que casi seis de cada diez hogares unipersonales están formados por mujeres, mientras que cuatro de cada diez están formados por hombres. Sin embargo, este dato general, siendo muy importante, encubre hasta cierto punto la verdadera distribución de los hogares según sexo, ya que varía intensamente según la edad y el tipo de hogar unipersonal que estemos considerando. Tomando la edad como referencia básica, lo que observamos es una radical inversión cuando pasamos de las personas con menos de 50 años a las personas con 50 años o más. Mientras que existen 106.772 hogares unipersonales masculinos formados por varones de menos de cincuenta años, tan sólo existen en Andalucía 59.940 hogares unipersonales femeninos, o formados por mujeres de menos de 50. Esto es, los hogares unipersonales masculinos casi duplican (178%) a los hogares femeninos en edades inferiores a los cincuenta. A la inversa, mientras que existen 195.698 hogares unipersonales femeninos formados por mujeres de cincuenta o más años, existen 81.980 hogares masculinos de estas edades. Es decir, los hogares unipersonales femeninos de estas edades más que duplican (239%) a los hogares unipersonales masculinos. En suma, parece que el hogar unipersonal de persona joven es más masculino, mientras que el de persona mayor es más femenino. GRÁFICO 1. POBLACIÓN QUE VIVE EN HOGARES UNIPERSONALES, SEGÚN CATEGORÍAS DE EDAD. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. El gráfico muestra con claridad que la importancia del hogar unipersonal es muy notoria a partir de los cincuenta y cinco años, y que avanza según avanza la edad. Analizando ahora con más detenimiento lo que sucede en las cohortes más jóvenes, podemos observar que los porcentajes, inicialmente bajos, ascienden hasta alcanzar máximos entre los 25 y los 34 años, para luego iniciar un descenso ligero que afecta a las cohortes de 35-39 y a la de 40-44 años. Es decir, los jóvenes entre 25 y 34 años son quienes muestran una propensión más elevada a residir en hogares unipersonales. Sin embargo, el hecho fundamental que se deduce de estos datos pone de manifiesto que, incluso en estas edades, LOS HOGARES UNIPERSONALES 123 casadas también se observa una diferenciación neta, pues los hogares masculinos (20.337) casi duplican los femeninos (12.497). Esta diferencia puede deberse a dos causas. Primero, al hecho de que es más probable que el hombre casado acepte un trabajo que implique un alejamiento de la residencia familiar. La situación inversa implica que el varón tendría que responsabilizarse del cuidado cotidiano de los hijos. Segundo, en el caso que se trate de separados de hecho que no han logrado todavía la separación legal, la práctica casi universal, y también discriminatoria, de otorgar la tutela de los hijos y la permanencia en el hogar familiar a la mujer, hace que los hombres constituyan más hogares unipersonales. Este es el factor que explica, también, la gran diferencia existente entre separados y divorciados que viven solos (24.230), y separadas y divorciadas que viven solas (12.990). Por último, es preciso comentar la gran diferencia que muestran los datos en relación al tipo de hogar unipersonal formado por personas viudas. El dato más importante es que el número de viudas, de cincuenta años o más, que viven solas en Andalucía (147.058) es casi cinco veces superior al número de viudos andaluces de estas edades que viven solos (31.075). Como vemos, la diferencia es abrumadora, y puede explicarse por un solo factor. Esto es, la mayor esperanza de vida de las mujeres. Pese a la creencia de que la mujer goza de una autonomía en el hogar que no tienen o no quieren llegar a tener los hombres, y que por este motivo es más probable que el hombre viudo busque una forma de reintegración en algún núcleo familiar y evite así vivir solo, los datos no resultan concluyentes. El porcentaje de viudos y viudas mayores de 50 años que viven solos es muy parecido, en torno al 43% (43,8% en los varones y 43,5% en las mujeres). Además en el total de viudos la cifra es también similar e incluso más elevada en el caso de los varones (42,3% y 41,5%, respectivamente), puesto que las CUADRO 4. HOGARES UNIPERSONALES, SEGÚN ESTADO CIVIL, EDAD Y SEXO. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Analizando ahora con más detalle los tipos del cuadro 4, vemos que es mucho más probable que un hombre soltero, en comparación con una mujer, pueda y de hecho elija vivir solo, en una residencia independiente, antes de o sin haber constituido una pareja. Existen en Andalucía 64.812 hombres solteros de menos de cuarenta años que viven solos, mientras que sólo existen 35.019 solteras en esta situación. Es evidente que estos datos sólo podrían explicarse por el efecto de una discriminación de género que dificulta la emancipación residencial y familiar de las mujeres jóvenes. Sin embargo, cuando las personas solteras superan los cuarenta años, la cantidad de hogares unipersonales masculinos y femeninos es bastante similar, estando en torno a 47.000 hogares. En las personas Estado civil Edad Varones Mujeres Total Menores de 40 años 64.812 35.019 99.831 De 40 años y más 47.701 46.651 94.352 Casados Total 20.337 12.497 32.834 Separados/ Divorciados Total 24.230 12.990 37.220 Menores de 50 años 597 1.423 2.020 De 50 a 79 años 20.562 102.282 122.844 80 y más 10.513 44.776 55.289 Total Total 188.752 (42,5%) 255.638 (57,5%) 444.390 (100%) Absolutos Solteros Viudos LOS HOGARES UNIPERSONALES 125 de hogares unipersonales formados por casados, tanto hombres como mujeres, es ligeramente superior al porcentaje andaluz. Lo mismo sucede con el porcentaje de hogares de separados y divorciados, en los que sí se aprecia una diferencia sustancial en el porcentaje de mujeres separadas y divorciadas que viven solas, porcentaje que, como cabía esperar, es más alto en España que en Andalucía. CUADRO 5. HOGARES UNIPERSONALES, SEGÚN ESTADO CIVIL, EDAD Y SEXO. ANDALUCÍA Y ESPAÑA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. mujeres al enviudar jóvenes con mayor frecuencia, residen con los hijos. Lo que no nos dicen los datos y sería interesante conocer para poder afirmar si la imagen social de viudos-dependientes y viudas-autónomas corresponde con la realidad, es el porcentaje de viudos y viudas que se vuelven a casar. En este sentido parecería que las mujeres permanecen en mayor medida viudas, mientras que los viudos tienden a volverse a casar. Este dato, que sería recomendable introducir en futuros censos, nos podría confirmar si no es exclusivamente la mayor esperanza de vida de la mujer la que hace que haya tanta diferencia en términos absolutos, entre el número de viudas y viudos en nuestra sociedad (74.848 viudos frente a 357.987 viudas). En todo caso, el hecho es que la mayor parte del problema social ligado a este tipo de hogares está asociado con la problemática de las mujeres viudas, un colectivo que, según un informe elaborado por la Fundación de Estudios de Economía (Fedea), se encuentra entre los más depauperados de la Unión Europea. El hecho de que hasta hace poco tiempo una gran mayoría de ellas fueran amas de casa y no tuviesen un trabajo remunerado las hace más proclives a experimentar situaciones de necesidad. Además, las mujeres españolas pierden, por término medio, el 44% de su renta al enviudar (2004:9). Con el objeto de comparar la estructura de hogares unipersonales existente en Andalucía y España, incluimos finalmente el cuadro 5, en el que se ofrecen los porcentajes de cada tipo de hogar calculados sobre el total de hogares unipersonales existentes en España (2.876.572) y Andalucía (444.390). Un análisis general de la tabla nos revela la existencia de una estructura bastante similar en ambos universos poblacionales. Sin embargo, también se detectan algunas diferencias interesantes. Por ejemplo, el hecho de que la población española esté más envejecida que la andaluza afecta a la proporción de hogares unipersonales jóvenes y de mayores de ochenta años. Por otra parte, en España, el porcentaje Estado civil Edad Varones Mujeres Total Varones Mujeres Total Menores de 40 años 14,6 7,9 22,5 12,2 7,9 20,2 De 40 años y más 10,7 10,5 21,2 10,8 11,1 21,9 Casados Total 4,6 2,8 7,4 5,4 3,6 9,0 Separados/ Divorciados Total 5,5 2,9 8,4 5,8 3,7 9,5 Menores de 50 años 0,1 0,3 0,5 0,1 0,3 0,5 De 50 a 79 años 4,6 23,0 27,6 12,2 7,9 20,2 80 y más 2,4 10,1 12,4 10,8 11,1 21,9 Total Total 42,5 57,5 100 5,4 3,6 9,0 Andalucía (% respecto al total) Viudos Solteros España (% respecto al total) LOS HOGARES UNIPERSONALES 127 ESQUEMA 1.TIPOLOGÍA DE HOGARES EXTENSOS A todos los hogares extensos del tipo I los denominaremos “hogares familiares extensos”. En todos ellos la extensión del núcleo implica la presencia en el hogar de más parientes, bien sea a título individual, como cuando vive con el núcleo el padre o la madre de uno de los cónyuges (tipo I.1), bien sea formando con otros un núcleo familiar, como por ejemplo cuando viven un mismo hogar los padres mayores con algún hijo casado y los hijos de éstos (tipo I.2). También puede darse el caso de que vivan dos núcleos vinculados por una relación de parentesco y, además, conviva con estos núcleos algún otro pariente. En suma, estos tres tipos configuran el conjunto de “hogares familiares extensos”, que a su vez pueden ser hogares uninucleares (tipo I.1) o plurinucleares (tipo I.2 y I.3). Según la tradicional definición de hogar extenso formulada por Hammel y Laslett, bajo esta categoría se integraban los hogares habitados por los miembros de “un” núcleo familiar y otras personas, sean parientes o no parientes (Hammel y Laslett, 1974). Sin embargo, esta definición presenta dos problemas. El primero es que mezcla la extensión del hogar producida por la convivencia de un pariente, lo que en el fondo implica un hogar familiar más amplio, con la extensión producida por la incorporación al hogar de una persona ajena a la Hasta ahora se han contabilizado y analizado los núcleos familiares existentes en la estructura social andaluza. El punto inicial de referencia ha sido la familia nuclear, es decir, la compuesta por padres e hijos, cuya fórmula más común, según se ha visto, es la de dos padres y dos hijos (“2+2”). A partir de aquí, existen otros tipos de núcleos familiares que pueden considerarse formas truncadas de la familia nuclear. En los núcleos compuestos por parejas sin hijos faltan en el hogar, obviamente, los hijos. En los núcleos monoparentales, sea por defunción o por separación, quien falta es uno de los padres. Por último, en el hogar unipersonal faltan tanto los hijos como la pareja. Ahora, en este epígrafe, se ofrecen los datos sobre la extensión y la composición social de unos hogares algo más complejos, a los que denominamos “hogares extensos”. El hecho de partida que justifica tal nombre es que en algunos hogares, además de los miembros del núcleo familiar, esto es, eventualmente padres y/o hijos, conviven otras personas. Son hogares extensos en virtud de esta ampliación. Por tanto, estos hogares se pueden clasificar según las características de esas “otras personas” que conviven con el núcleo familiar. La tipología de estos hogares, tal y como se muestra es el esquema 1, depende en primer lugar de si esas otras personas tienen algún vínculo de parentesco con algún miembro del núcleo familiar, esto es, son “parientes”, o si por el contrario no tienen ninguna relación de parentesco. En segundo lugar, distinguiremos entre los núcleos familiares que conviven con algún pariente, digamos que aislado, y aquellos que conviven con otros parientes que forman a su vez un núcleo familiar. LOS HOGARES EXTENSOS 129 2.5 LOS HOGARES EXTENSOS I) Con familiares 1.Con algún pariente 2.Con otro núcleo familiar 3.Con otro núcleo y algún pariente II) Con no parientes 1.Un núcleo y no emparentados 2.Varios núcleos y no emparentados HOGARES EXTENSOS la actualidad un porcentaje bastante reducido del total de hogares andaluces. Solamente uno de cada diez hogares andaluces (9,2%) son hogares familiares extensos. Ahora bien, los que corresponden a un hogar plurinuclear en el que pueden convivir tres generaciones, es decir, los que podrían ajustarse al modelo tradicional de abuelos-padres-hijos, todavía suponen una parte más reducida del total, tan sólo un exiguo 2,6%. Por el contrario, los hogares familiares extensos, de tipo uninuclear, que incorporan a este núcleo algún pariente, representan el 6,6% de todos los hogares andaluces. Dado que el tamaño de estos hogares es superior a la media, el porcentaje de andaluces que viven en ellos asciende hasta el 14,6%, correspondiendo el 9,6% a los uninucleares y un 5,6% a los plurinucleares. CUADRO 1. HOGARES FAMILIARES EXTENSOS. ANDALUCÍA Y ESPAÑA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. familia, como puede ser una persona dedicada al servicio doméstico. En este último caso, como es obvio, no hay una extensión de la familia. El segundo problema es que tan sólo considera hogar extenso a los “hogares uninucleares”. Al excluir de la categoría de hogar extenso a los hogares en los que viven dos núcleos familiares con relación de parentesco entre sí, es decir, a los “hogares familiares plurinucleares”, estamos infraestimando las posibles ampliaciones de un núcleo, que pueden llevarse a cabo por la incorporación de un pariente singular, o por la incorporación de un conjunto de parientes que forman entre sí un núcleo. Es decir, no estaríamos computando como hogar extenso la forma que más se asemeja a una familia extensa, compuesta por dos núcleos y tres generaciones, es decir, la compuesta de abuelos, padres e hijos. Según la tipología expuesta, en este epígrafe se aportan datos de los “hogares familiares extensos” existentes tanto en Andalucía como en España, distinguiendo dentro de éstos los uninucleares y los plurinucleares. También se ofrecen, en un cuadro independiente, los datos de los “hogares extensos con no emparentados”, sean uninucleares (tipo II.1) o plurinucleares (tipo II.2). Estos hogares, como veremos, responden a una lógica de formación completamente diferente a la que puede aplicarse al conjunto de los hogares familiares extensos. En una segunda fase del análisis, se presentan los datos de evolución tanto de los “hogares uninucleares extensos” (tipos I.1. y II.1), como de los “hogares plurinucleares extensos” (tipos I.2., I.3. y II.2.). Finalmente, se analiza la composición social de los hogares uninucleares extensos, atendiendo a la edad de sus diferentes miembros, así como al estado civil y relación con la persona de referencia que mantienen los parientes que viven en este tipo de hogares. En el cuadro 1 se ofrecen los datos de los hogares familiares extensos, sean uninucleares o plurinucleares, existentes tanto en Andalucía como en España. Y estos datos nos informan, en efecto, de que esta forma de hogar representa en Total % Total % Personas Hogares Uninucleares Parejas con hijos, y parientes Parejas sin hijos, y parientes Monoparentales, y parientes 449.090 120.740 124.560 6,2 1,7 1,7 88.776 37.736 32.616 3,7 1,5 1,4 6,6 2,1 1,9 3,8 2,0 1,4 Plurinucleares Al menos 2 núcleos Núcleos, y parientes 294.707 72.550 4,0 1,0 52.059 10.311 2,2 0,4 3,8 1,2 2,0 0,4 Total hogares familiares Extensos 1.061.597 14,6 221.498 9,2 15,6 9,6 Resto de hogares 6.264.269 84,4 2.195.681 90,8 84,4 90,4 TOTAL 7.325.866 100,0 2.417.179 100,0 100,0 100,0 Andalucía España Personas Hogares % LOS HOGARES EXTENSOS 131 Hogares familiares extensos de tradicionalismo de la estructura familiar andaluza explica el hecho de que en Andalucía exista un porcentaje ligeramente superior de hogares plurinucleares extensos, un 2,6% frente a un 2,4%. Dado que, como se ha comentado al principio, también se considera como un tipo de hogar extenso al compuesto por uno o más núcleos familiares que conviven con personas no emparentadas, en el Cuadro 2 se ofrece esta información. El caso típico de hogar uninuclear con no emparentado sería el de un núcleo familiar que demanda los servicios de asistencia de una persona que pasa a residir en el mismo domicilio de la familia. Aunque la práctica tradicional de que el personal de servicio viviera en la residencia familiar había casi desaparecido, nuevas condiciones demográficas, como el envejecimiento de la población, la nuclearización de la familia o el aumento de la monoparentalidad, y nuevas condiciones socioeconómicas, como la inmigración o el trabajo de los dos miembros de la pareja, pueden estar recuperando la funcionalidad de esa práctica. De cualquier modo, el número total de hogares andaluces uni o plurinucleares que conviven con personas no emparentadas es muy bajo, un total de 25.760, lo que supone tan sólo un 1,1% del total de hogares. En España este porcentaje es mayor, alcanzando el 1,5% del total de hogares. Es preciso anotar, por último, que en una parte de estos hogares viven también personas emparentadas, pues a veces se dan ambas circunstancias. La diferencia entre hogares familiares uninucleares y plurinucleares es importante porque sólo este último tipo de hogar extenso se corresponde con la idea de una familia extensa, es decir, con dos núcleos y tres generaciones conviviendo en un mismo hogar. Así pues, desde esta perspectiva podemos concluir que este tipo de composición familiar, en otros tiempos bastante más frecuente, está próximo a su extinción (2,6%). También podemos comprobar en el cuadro 1 que el porcentaje de estos hogares es en España (2,4%), todavía inferior al porcentaje andaluz. Es importante tener en cuenta que el “hogar uninuclear extenso” no corresponde ya a una familia extensa de corte tradicional, en el que algún hijo/a casado/a permanece en el hogar de sus padres, por lo que los hijos de éstos, es decir, los nietos, conviven también con sus abuelos. Antes al contrario, la lógica de formación de estos hogares es completamente diferente. Al casarse, los hijos se independizan de la residencia de los padres y forman con su núcleo familiar un hogar independiente. Posteriormente, y por diferentes motivos, este núcleo puede incorporar en su hogar a algún miembro de la familia extensa. Este familiar es a veces un abuelo o abuela que ha enviudado, o un hermano o hermana de alguno de los cónyuges, o un hijo/a separado/a que vuelve a la casa de los padres, o un tío o una tía mayor. Más adelante veremos el tipo de parentesco de estas personas, pero ahora ya podemos señalar que este tipo de familias extensas se forman por reintegración al núcleo familiar de un pariente que, por los motivos que fueren, no desea o no puede forman un hogar unipersonal. Dicho de otra manera, estos hogares extensos no están animados por una lógica familista tradicional, sino que más bien son el resultado de un avanzado proceso de desinstitucionalización familiar. Esto es, en algunas ocasiones los núcleos familiares existentes ofrecen acogida residencial a algún familiar desvinculado. El mayor grado de desinstitucionalización familiar existente en España explica el hecho de que el porcentaje de hogares uninucleares extensos sea mayor en España (7,2%) que en Andalucía (6,6%). Así mismo, el mayor grado LOS HOGARES EXTENSOS 133 muestra una ligera reducción absoluta, pasando de 1.025.569 a 1.015.096, y un más claro descenso porcentual, que parte del 8,7% para llegar al 7,1%. En suma, los núcleos familiares que incorporan al hogar a un pariente son cada vez menos, en términos absolutos, y representan un porcentaje cada vez menor del total de hogares existentes tanto en Andalucía como en España. CUADRO 3. HOGARES UNINUCLEARES EXTENSOS. ANDALUCÍA Y ESPAÑA, 19912001 Fuente: Censos 19912001, Inebase. Elaboración propia. La evolución de estos hogares extensos familiares, es decir, con parientes, contrasta fuertemente con la evolución de los hogares uninucleares en los que convive alguna persona que no es pariente (suma de “con no parientes” y “con parientes y no parientes”). En concreto, en Andalucía estos hogares han pasado de ser un total de 5.737, en 1991, a un total de 23.762 en 2001. Es decir, el número de estos hogares uninucleares con no parientes se ha más que cuadruplicado en la década, crecimiento que es también similar al experimentado en España, en donde pasan de 47.127 a 196.971. Aunque el número de estos hogares sigue siendo muy reducido, lo relevante es el gran crecimiento experiCUADRO 2. HOGARES EXTENSOS, CON NO EMPARENTADOS. ANDALUCÍA Y ESPAÑA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. Si se analiza la evolución de estos hogares durante la década de 1991 a 2001, cuadro 3, se comprueba que ha crecido ligeramente la cantidad total de este tipo de hogares. Ahora bien, en términos porcentuales, lo que se observa es un claro descenso. En Andalucía el porcentaje total pasa del 8,5% al 7,4%, y en España el porcentaje desciende desde el 9,0% hasta el 8,2%. Sin embargo, este cambio global encubre importantes variaciones si se analizan con más detenimiento los tipos de hogar. Así por ejemplo, calculando la evolución de los hogares uninucleares en los que además vive un pariente, es decir, sumando las casillas de “con parientes” y “con parientes y no parientes”, se observa tanto un descenso en términos absolutos, como un acusado descenso en términos porcentuales. Mientras que en 1991 existían un total de 165.464 de estos hogares familiares uninucleares extensos, en el año 2001 esta cantidad se reduce a 159.128. El porcentaje desciende desde el 8,35% hasta el 6,6%. En España también se Total hogares % Hogares % Hogares Uninucleares Parejas con hijos, y no parientes Parejas sin hijos, y no parientes Monoparentales, y no parientes 5.365 10.760 7.637 0,2 0,5 0,3 0,4 0,6 0,4 Plurinucleares, y no parientes 1.998 0,1 0,1 TOTAL hogares extensos, con no emparentados 25.760 1,1 1,5 Andalucía España Hogares extensos, con no emparentados 1991 2001 1991 2001 Con parientes 1.017.538 (8.6%) 970.369 (6.8%) 164.508 (8.3%) 154.317 (6.4%) Con parientes y no parientes 8.031 (0.07%) 44.727 (0,3%) 960 (0.05%) 4.811 (0.2%) Con no parientes 39.094 (0.3%) 152.244 (1.1%) 4.777 (0.2%) 18.951 (0.8%) TOTAL 1.064.663 (8.97%) 1.167.340 (8.20%) 170.245 (8.55%) 178.079 (7.40%) España Andalucía Hogares uninucleares extensos LOS HOGARES EXTENSOS 135 CUADRO 4. HOGARES PLURINUCLEARES EXTENSOS. ANDALUCÍA Y ESPAÑA, 19912001 Fuente: Censos 19912001, Inebase. Elaboración propia. Visto el proceso de cambio, tanto cuantitativo como cualitativo, que afecta a los hogares familiares extensos, analizaremos ahora la composición social de estos hogares utilizando tres variables clave: la edad, el estado civil y el tipo de relación familiar que el pariente tiene con la persona de referencia del núcleo familiar con el que convive. Con el objeto de simplificar el análisis, en el cuadro 5 se incluyen las estructuras de edad de los miembros de los hogares uninucleares extensos, es decir, aquellos formados por un núcleo familiar conviviendo con algún pariente, con algún no pariente, o con algún pariente y algún no pariente. mentado por ellos, fenómeno que puede explicarse por unas nuevas condiciones que, como se había anunciado, parecen otorgar renovada funcionalidad al hecho de que un no pariente resida con el núcleo familiar. Frente a ello, la convivencia en el hogar con un pariente parece, o bien ser cada día menos funcional, o bien ser cada día menos deseable. En muchos casos esta convivencia está basada en situaciones personales de casi estricta necesidad que afectan al pariente que es acogido por el núcleo familiar. Para completar nuestro conocimiento sobre la evolución de los hogares extensos, puede verse ahora cómo han evolucionado, tanto en Andalucía como en España, los hogares plurinucleares extensos, es decir, aquellos en los que conviven al menos dos núcleos familiares con relaciones de parentesco entre sí. Como hemos dicho anteriormente, estos hogares son los que más se aproximarían a la composición social de un hogar tradicional, basado en la familia extensa y en la convivencia de al menos tres generaciones. Según muestran los datos del cuadro 4, la tendencia evolutiva de estos hogares es distinta según se refiera a los hogares en los que conviven exclusivamente dos núcleos, o se refiera a los hogares en los que, además de los dos núcleos, conviven parientes y/o no parientes. En España los hogares en los que conviven exclusivamente dos núcleos descienden desde 301.225 a 281.118, y en Andalucía desde 53.515 a 52.059. Como en los casos anteriores, el descenso porcentual es todavía más pronunciado, pasando en España del 2,6% al 2,0%, y en Andalucía del 2,7% al 2,1%. En contraste con esta evolución, el resto de tipos muestran tanto en España como en Andalucía algún incremento, especialmente intenso cuando se trata de hogares en los que se incorpora a alguna persona no pariente. En suma, los datos vuelven a mostrar una tendencia a la estabilidad o al descenso progresivo de los hogares extensos plurinucleares, tendencia que se manifiesta más claramente en el contraste entre el descenso de hogares en los que viven otros parientes, y el ascenso de los hogares que incorporan a no parientes. 1991 2001 1991 2001 Dos o más núcleos exclusivamente 301.225 (2.6%) 281.118 (2.0%) 53.515 (2.7%) 52.059 (2.1%) Dos o más núcleos con parientes 62.109 (0.5%) 63.119 (0.4%) 9.115 (0.5%) 9.705 (0.4%) Dos o más núcleos con no parientes 2.289 (0.02%) 10.367 (0.07%) 209 (0.01%) 1.392 (0.06%) Dos o más núcleos con parientes y no parientes 765 (0.006%) 6.065 (0.04%) 82 (0.004%) 606 (0.02%) España Andalucía Hogares plurinucleares extensos LOS HOGARES EXTENSOS 137 tura de edad de los hijos, que en su inmensa mayoría cuenta con una edad inferior a los treinta años (88,24%). Sin embargo, aquí es preciso resaltar la presencia de un alto porcentaje de hijos menores de 15 años (35,84 %), lo que estaría en consonancia con el hecho de que estos núcleos familiares pueden estar soportando una mayor carga por la crianza de hijos pequeños. Por otro lado, las diferencias entre la estructura de edad de los parientes y de los no parientes son bastante ostensibles, y nos señalan la diferente naturaleza de estos dos tipos de miembros. En el caso de los parientes que no pertenecen al núcleo encontramos dos amplios segmentos de edad que suponen cada uno algo más del cuarenta por ciento. El primero es el de los parientes con edades comprendidas entre los 15 y los 50 años. El segundo el de parientes que tienen 65 o más años. Este último dato nos muestra ya la importancia que tiene en este tipo de hogares la acogida de personas mayores. Por el contrario, si observamos la estructura de edad de los no parientes, veremos que casi dos de cada tres tienen edades comprendidas entre los 15 y los 50 años (62,64%), es decir, que la mayoría son personas en edad activa que, con casi total seguridad, viven en el hogar para ayudar o, en su caso, prestar servicios domésticos a la familia. Dada la importancia que tiene mostrar hasta qué punto estos hogares responden a la lógica tradicional de formación de la familia extensa o, por el contrario, responden a una lógica de reintegración específica de algún miembro de la familia extensa en circunstancias especiales, se ofrece finalmente, en el cuadro 6, un análisis de los tipos de parientes según su relación familiar con la persona de referencia y según su estado civil. Este cuadro incluye los porcentajes de cada cruce calculados respecto al total de parientes que conviven en este tipo de hogares. Los porcentajes del cuadro que corresponden a los tipos de parientes básicos están remarcados en negrita, y son básicamente cuatro: “padres viudos”; “hijos separados o divorciados”; “sobrinos o nietos”; y “hermanos solteros”. CUADRO 5. HOGARES UNINUCLEARES EXTENSOS: ESTRUCTURA DE EDAD DE SUS MIEMBROS. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. En la fila inferior del cuadro 5 se ofrece el total de miembros que componen el hogar, según su posición en la estructura familiar. Así, comprobamos que el 73,2% de todos los miembros de estos hogares pertenecen a la familia nuclear, bien sea en la posición de padres (41,0%), bien sea en la posición de hijos (32,2%). El hecho de que solamente uno de cada cuatro miembros sea un pariente (23,5%), y que sólo 3 de cada cien sean no parientes (3,2%), ya nos indica cuantitativamente una cualidad determinante de este tipo de hogares: es en general una persona desvinculada la que se integra en la vivienda del núcleo familiar. Estos hogares, por tanto, no responden a la lógica tradicional de formación de hogares basados en la familia extensa. El 73% de los padres tienen una edad comprendida entre los 30 y los 64 años, lo que se corresponde con la edad media de los padres en núcleos familiares. Así sucede, también, con la estrucPadre/madre o pareja Hijo/a Pariente No pariente Menor de 15 años 0,00 35,84 8,36 13,71 15 a 29 años 5,95 52,40 20,38 29,26 30 a 49 años 39,29 10,97 20,26 33,38 50 a 64 años 33,88 0,73 8,19 10,06 65 a 79 años 18,56 0,06 22,33 8,28 80 y más 2,33 0,00 20,48 5,31 Total 100 % 100 % 100 % 100% Total miembros 317.640 (41,0%) 249.559 (32,2%) 182.113 (23,5%) 25.125 (3,2%) Pertenece al núcleo familiar No pertenece al núcleo familiar Miembros de hogares uninucleares extensos LOS HOGARES EXTENSOS 139 En algunos casos el flujo de reintegración o acogida familiar circula precisamente en el sentido contrario. Esto es lo que sucede con el caso de hijos o hijas, en su día independizados residencialmente, que, tras la separación o el divorcio, vuelven a vivir con sus padres en el hogar de su familia de origen. Uno de cada cinco parientes son hijos de la persona de referencia (19,0%). Como en anteriores ocasiones, la estimación exacta de cuántos de estos hijos están separados o divorciados no puede llevarse a cabo porque el estado civil de casado encierra dos situaciones distintas. El hijo/a casado/a puede ser un separado de hecho que todavía no está formalmente separado, o puede ser una persona casada cuyo cónyuge, por motivos laborales u otras razones, no vive en el hogar. En estos casos el hijo/a puede tomar la decisión de volver a residir en casa de sus padres. Sabemos con certeza que un 6,1% de los parientes son hijos separados y divorciados. Pero no sabemos con exactitud qué parte del 12,6% de parientes casados son, en realidad, separados de hecho. Un tercer tipo de pariente es el hermano soltero. Dado que, según hemos visto en el cuadro 4, los miembros de la pareja de este tipo de hogares han alcanzado en general la edad adulta, hemos de pensar que nos encontramos ante casos de soltería como estado civil casi permanente. En total, un 12,4% de los parientes que conviven con el núcleo familiar son hermanos de algún miembro de la pareja. El cuarto tipo de parientes es el formado por personas que mantienen otro conjunto de relaciones diversas con los miembros del núcleo. A juzgar por la escasa edad o juventud de estos parientes, y por el hecho de que un 19,1% sean solteros, estimamos que estos parientes son en su mayor parte sobrinos o nietos de la persona de referencia. Entre estos parientes también podríamos encontrar tíos mayores solteros, pero es más probable que la acogida o reintegración familiar en este caso esté dirigida a miembros jóvenes de la familia extensa que, bien por motivos de estudio o bien por orfandad, la requieran. Quedaría un último tipo, remarcado en negrita en el cuadro 6, que corresponde CUADRO 6. PARIENTES EN HOGARES UNINUCLEARES EXTENSOS, SEGÚN ESTADO CIVIL Y RELACIÓN CON EL NÚCLEO FAMILIAR. ANDALUCÍA, 2001 Fuente: Censo 2001, Inebase. Elaboración propia. El grupo de parientes más numeroso en este tipo de hogares es el que corresponde a padres o madres de algún miembro de la pareja que forma el núcleo familiar (36,1%). Dependiendo de a quién se haya registrado estadísticamente como “persona de referencia” del núcleo familiar, entonces la relación sería la de suegro o suegra. Lo determinante, sin embargo, es que el noventa por ciento de estos padres que vuelven a vivir a la casa de algún hijo, son padres o madres que han enviudado. Y esto significa que nos encontramos ante reintegraciones al núcleo familiar de miembros de la familia extensa que se encuentran en una situación específica. Frente a la posibilidad de vivir en un hogar unipersonal, algunos viudos o viudas vuelven al hogar de sus hijos, bien sea de forma estable, conviviendo con uno de ellos, bien sea de forma rotatoria, conviviendo sucesivamente en la casa de varios hijos. Soltero Casado Viudo Separado/ divorciado Total Hijo/a (yerno/nuera) 0,0 12,6 0,4 6,1 19,0 % (34.562) Padre/madre (Suegro/a) 0,8 1,5 32,7 1,1 36,1 % (65.698) Hermano/a (o pareja del) 12,4 1,9 0,7 0,9 15,9 % (28.977) Otros parientes (sobrino, nieto, tío) 19,1 1,8 3,0 0,6 24,5 % (44.603) Persona de referencia (no pertenece al núcleo) 3,2 0,5 0,7 0,2 4,5 % (8.273) Total 35,5% (64.587) 18,2% (33.127) 37,6% (68.425) 8,8% (15.974) 100,0 % (182.113) Estado Civil Vínculo Familiar LOS HOGARES EXTENSOS 141 AHN, N. (2004): “Economic Consequences of Widowhood in Europe: Crosscountry and Gender Differences”, Fundación de Estudios de Economía Aplicada. ALBERDI, I. y ESCARIO, P. (2003): Flexibilidad, elección y estilos de vida familiar. Madrid, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. ALBERDI, I. (1999): La nueva familia española. Madrid, Taurus. BARRÓN, S. (2002): “Familias monoparentales: un ejercicio de clarificación conceptual y sociológica”. 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