scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Apego a los iguales durante la adolescencia y la adultez emergente

Delgado Gallego, Irene; Oliva Delgado, Alfredo; Sánchez Queija, María Inmaculada

Full text

anales de psicología 2011, vol. 27, nº 1 (enero), 155-163 © Copyright 2011: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia. Murcia (España) ISSN edición impresa: 0212-9728. ISSN edición web (http://revistas.um.es/analesps): 1695-2294 - 155 - Apego a los iguales durante la adolescencia y la adultez emergente Irene Delgado Gallego1, Alfredo Oliva Delgado1* e Inmaculada Sánchez-Queija2 *Universidad de Sevilla (España) ** UNED (España) Resumen: El presente estudio analiza la evolución del apego a los iguales en la adolescencia en función del sexo y del recuerdo de la relación afectiva establecida en la infancia con el padre y la madre. Utilizando una metodología longitudinal, se entrevistó a una muestra de 90 adolescentes cuando tenían 13, 15, 18 y 22 años. A los 13 años cumplimentaron el Parental Bonding Instrument de Parker, Tuplin y Brown (1979) que evalúa el recuerdo de la historia de apego, así como el cuestionario de apego al grupo de iguales de Armsden y Greenberg (1987), que también fue cumplimentado en las posteriores recogidas de datos. Los resultados mostraron un aumento en el apego a iguales asociado al paso del tiempo. Por otra parte, aquellos adolescentes que recordaban un alto afecto parental obtuvieron puntuaciones superiores en apego a iguales. Las diferencias más significativas se encontraron en la adolescencia inicial y media, apoyando así la continuidad entre relaciones afectivas en estos momentos temporales. Asimismo, la influencia materna en las relaciones de apego con los iguales resultó superior a la paterna. Por otra parte, las chicas obtuvieron mayores puntuaciones en apego a iguales que los chicos, aunque las diferencias se diluyeron a medida que aumentaba la edad de los sujetos. Palabras clave: Apego a iguales; adolescencia; adultez emergente; afecto materno; afecto paterno. Title Peer attachment during adolescence and emerging adulthood. Abstract: The present research analyzes how peer attachment changes during adolescence and emerging adulthood. The influence of the early affective relationships established between adolescents and their parents and possible differences associated with sex are considered. Using a longitudinal methodology, a sample of 90 adolescents were interviewed at the age of 13, 15, 18 and 22. At the age of 13, they completed the Parental Bonding Instrument of Parker, Tuplin and Brown (1979), which evaluated the adolescents’ memories of their early attachment established with their parents. Also, they completed the Inventory of Peer Attachment of Armsden and Greenberg (1987). Adolescents completed again the last inventory at the age of 15, 18 and 22. Results show that peer attachment increases with time. At the same time, adolescents who remembered a high parental affect demonstrate higher scores in peer attachment than adolescents who remembered low parental affect. The most significant differences are found in early and middle adolescence. These results support the idea of the continuity between affective relations established in these periods of time. Moreover, maternal influence on peer attachment was higher than that of fathers. Related to sex differences, girls demonstrate higher scores in peer attachment compared to boys, although these differences decrease over time. Key words: Peer attachment; adolescence; emerging adulthood; maternal affect; paternal affect. Introducción Relaciones con los iguales en la adolescencia A pesar del amplio consenso entre los investigadores acerca de la importancia de las relaciones con los iguales durante la segunda década de la vida, no existe una clara evidencia empírica sobre la trayectoria que sigue este vínculo durante estos años. Aunque muchos estudios indican un debilitamiento de estas relaciones en la medida en que chicos y chicas dejan atrás la adolescencia, ganan confianza en sí mismos y se implican en relaciones de pareja (McElhaney, Allen, Stepheson y Hare, 2009), tampoco faltan los investigadores que hallan un fortalecimiento de estas relaciones derivado del aumento de la competencia social (Rubin, Coplan, Nelson y Lagace-Seguin, 1999). Este desacuerdo puede deberse en gran parte a que los investigadores han prestado atención a diferentes aspectos o facetas de la relación con los iguales, ya que tampoco existe una teoría unitaria que de coherencia a los innumerables trabajos empíricos y descriptivos que se escriben sobre las relaciones con los iguales durante la adolescencia (Kerr, Stattin, Biesecker, y FerrerWreder, 2003, Steinberg y Morris 2001). * Dirección para correspondencia [Correspondence address]: Alfredo Oliva Delgado. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla. C/ Camilo José Cela s/n. 41018 Sevilla (España). E-mail: [email protected] A pesar de esa heterogeneidad teórica, cada vez son más los investigadores que utilizan el marco de la teoría del apego para analizar las relaciones con los iguales. El hecho de que la relación de amistad haya sido definida por algunos autores (Bukowsky, Hoza, Boivin, 1994) a partir de cuatro dimensiones (compañía, apoyo, seguridad y cercanía) que recuerdan mucho a las de la relación de apego (búsqueda de la proximidad, base segura, búsqueda del refugio emocional y ansiedad ante la separación) justifica este enfoque teórico. Desde esta perspectiva pueden entenderse algunas claves de la evolución de las relaciones con los iguales durante la adolescencia y la adultez temprana. Éste será el periodo en el que las relaciones con los iguales adquieran gradualmente las cualidades de las relaciones de apego adulto, caracterizadas por la intimidad y el apoyo (Allen y Land, 1999), y en las que las necesidades de apego serán satisfechas por los vínculos con los pares - a diferencia de la infancia, en las que eran satisfechas principalmente por los padres- (Yárnoz, AlonsoArbiol, Plazaola y Sainz de Murieta, 2001; Zeifman y Hazan, 2008). Así, la adolescencia será una etapa de transición de las dependencias de las relaciones parentales a las de los iguales (Cassidy, 1999). La continuidad entre las relaciones familiares y las de amistad La teoría del apego proporciona una base conceptual que permite establecer los nexos de unión que existen entre las relaciones familiares y las que se establecen con el grupo de 156 Irene Delgado Gallego et al. anales de psicología, 2011, vol. 27, nº 1 (enero) los pares o iguales, al considerar que aquellos chicos y chicas que formaron en la primera infancia un vínculo seguro en sus familias tienden a mantener este mismo tipo de apego en otras relaciones. Esta seguridad en el vínculo sería una base para el desarrollo de algunas competencias sociales fundamentales para el establecimiento de las relaciones con los iguales, por lo que muchos investigadores han analizado la asociación entre el modelo de apego construido en la infancia y algunas dimensiones de las relaciones de amistad, como la confianza, la intimidad o la comunicación (Hazan y Shaver, 1987; Sánchez-Queija y Oliva, 2003; Zimmerman, 2004). La investigación empírica ha dado apoyo a esta relación, aunque la mayoría de los estudios sobre la generalización del patrón de apego construido con los padres a otras relaciones se llevan a cabo en la infancia (Ladd y Pettit, 2002; Schneider, Atkinson y Tardif, 2001). En estos trabajos se encuentra que los niños clasificados como seguros en la situación del extraño también desarrollan mejores competencias sociales con los iguales en los años preescolares (Bost, Vaughn, Washington, Cielinsky, Bradbard, 1998; Waters, Wippman y Sroufe, 1979) y en los escolares (Freitag, Belsky, Grossmann, Grossmann y Scheuerer-Englisch, 1996). Esta generalización también se ha encontrado en trabajos longitudinales con muestras normativas (NICHD ECCRN, 2005) y de alto riesgo (Sroufe, Egeland, Carlson y Collins, 2005). En los pocos estudios realizados con adolescentes se encuentra una concordancia del 55% entre el estilo de apego desarrollado con los padres y el desarrollado con los iguales (Furman, Simon, Shaffer y Bouchey, 2002). Así, los chicos y chicas con apego inseguro muestran hostilidad y falta de habilidades sociales en las relaciones con los pares (Cooper, Shaver y Collins, 1998; Kobak y Sceery, 1988), mientras que aquellos con apego seguro, muestran una mayor competencia social y tienen amistades de mejor calidad, mostrándose más cómodos con las interacciones emocionales que tienen lugar entre amigos íntimos (Allen, Moore, Kuperminc y Bell, 1998; Allen, Porter, McFarland, McElhaney y Marsh, 2007; Sroufe et al., 2005). También los estudios longitudinales apuntan en esa dirección: se ha encontrado que el apego entre el niño y su madre predice la competencia con los iguales 15 años después (Englund, Levy, Hyson y Sroufe, 2000). Se han observado efectos de moderación en la asociación entre el apego temprano y la competencia social, en distintas edades. La calidad parental (de acuerdo a la sensibilidad materna y a una medida de observación del ambiente del hogar) parece moderar esta relación, ya que los niños con un apego inseguro eran aún más sensibles a la calidad parental: cuando ésta aumentaba, sus problemas de comportamiento descen-dían, y cuando disminuía, sus problemas se incrementaban; estos cambios no se observaron en los niños de apego seguro (Belsky y Fearon, 2002). Estos hallazgos sugieren que los niños de apego inseguro son más maleables y abiertos al cambio que aquellos con apego seguro, en los que el apego establecido tendría una función protectora duradera. Mecanismos que permiten la generalización de los patrones de apego Bowlby (1979) hizo referencia a los modelos representacionales como posibles mecanismos que subyacen a estas asociaciones causales entre el tipo de apego infantil y las posteriores vinculaciones emocionales. Se trata de representaciones mentales que incluyen información sobre sí mismos, la figura de apego y la relación entre ambos, y que no sólo van a influir en las expectativas sobre los otros, sino también en los comportamientos hacia los demás y en la selección de las amistades (López, 2006). Además de los modelos representacionales, se plantean otras posibles explicaciones de la continuidad y generalización en el patrón de apego. Cassidy y Berlin (1999) consideran que los padres y las madres de los niños seguros facilitan las relaciones positivas de sus hijos con otros de una forma directa: proporcionando a sus hijos más experiencias sociales; dirigiendo y aconsejando a sus hijos; actuando como modelos de sensibilidad y apoyo hacia los demás; y facilitando la exploración social. Respecto a las causas que mantienen y generalizan a otras relaciones la inseguridad en los vínculos de apego, también se han formulado distintas propuestas: (1) la consideración de que la organización interna insegura lleva a un estilo comunicativo con los otros distorsionado, lo que junto a las expectativas negativas sobre los demás que también genera la inseguridad en el apego implicaría problemas en la función social en varios momentos de la vida (Cassidy, Kirsh, Scolton y Parke, 1996); (2) la idea de que el descontento con el afecto en la relación de apego con los padres puede llevar a los adolescentes a alejarse de sus iguales, especialmente de aquellos con los que se podría llegar a mantener una relación cercana similar a la que se tiene con los progenitores (Larose y Bernier, 2001); (3) la propuesta de que la organización de apego inseguro co-ocurre con relaciones problemáticas con los padres; esta relación problemática dificulta el que los chicos y chicas puedan moversel libremente más allá de estas relaciones conflictivas para establecer nuevas relaciones con los iguales (Gavin y Furman, 1996). No todos los autores abogan por la estabilidad y generalización de los patrones de apego, puesto que los modelos representacionales internos no son inmutables y pueden ser reformulados a partir de destacados cambios en el ambiente, como nuevas experiencias relacionales, o debido a avances evolutivos en la representación tras el surgimiento del pensamiento formal (Allen, 2008; Thompson, 2000). Este punto de vista es apoyado por pruebas que implican que el modelo de apego permanecería bastante abierto a los inputs del ambiente, también en la adolescencia y la adultez temprana (Allen, McElhaney, Kuperminc y Jodl, 2004). Evolución del apego a los iguales durante la adolescencia y la adultez emergente 157 anales de psicología, 2011, vol. 27, nº 1 (enero) Relación de apego con el padre y con la madre Un importante aspecto a destacar en los estudios relativos a las relaciones entre los vínculos de apego familiares y los que se desarrollan entre iguales, es que estos se refieren fundamentalmente al vínculo de apego establecido con la madre, siendo escasas las investigaciones en las que se tiene en cuenta al padre (Berlin, Cassidy y Appleyard, 2008; Schneider et al., 2001). Este hecho podría relacionarse con el concepto de monotropía, acuñado por Bowlby, que hace referencia a que los niños suelen tener una figura principal de apego, generalmente la madre, y que este tipo de apego principal puede influir sobre otros vínculos, incluyendo el apego a otros cuidadores como el padre. Sin embargo, a partir de los años 70 del pasado siglo, se han ido incrementando los estudios que tienen en cuenta el papel del padre (Yárnoz, 2006), y ya sea un apego similar o diferente el establecido con la madre y con el padre, sería importante conocer si su influencia en el establecimiento de posteriores vínculos o relaciones será semejante o no. Los datos procedentes de estudios que han considerado el vínculo establecido con ambos progenitores revelan la mayor importancia de la relación de apego con la madre para el desarrollo de la competencia social (Freitag et al. 1996; Howes, Rodning, Galuzzo y Myers, 1988), lo que no excluye la influencia del vínculo establecido con el padre. Diferencias asociadas al sexo en las relaciones con los iguales durante la adolescencia Ya en edades muy tempranas se observan importantes diferencias de género en las relaciones con los iguales, diferencias que se extienden a la adolescencia y adultez. Mientras que las chicas tienen necesidades fundamentalmente sociales: afecto, amor, apoyo o compañerismo; los chicos tienen necesidades de representación: logro, poder, autoridad o aprobación. Las díadas de amigas se encuentran más cómodas y a gusto en la relación que las díadas de amigos (Lundy, Field, McBride, Field, y Largie, 1998), debido a la mayor intimidad en la relación de amistad entre ellas que entre ellos (Black, 2000; Fuertes, Martínez y Hernández, 2001). Sin embargo, las redes sociales de los chicos resultan más extensas que las de las chicas (Eder y Hallinan, 1978). El presente estudio pretende ahondar en la descripción de la evolución de las relaciones entre iguales durante la adolescencia desde el marco teórico de la teoría del apego, analizando la influencia que las relaciones parentales tienen como antecedentes de las relaciones entre iguales, y el papel diferencial del padre y la madre en dicha influencia, todo ello sin olvidar la variable género como mediadora o moderadora de las relaciones personales. Para ello, y basándonos en la exposición teórica realizada hasta el momento, hemos planteado los siguientes objetivos e hipótesis: Objetivos e hipótesis Principalmente, se pretenden alcanzar los siguientes objetivos: - Describir en una muestra longitudinal cómo evoluciona el apego a los iguales durante la adolescencia y la adultez emergente o temprana. - Diferenciar estas trayectorias evolutivas en función del sexo y del recuerdo del afecto materno y paterno. - Analizar desde la perspectiva de la teoría del apego si existe continuidad entre las relaciones afectivas con los progenitores y con los amigos. Asimismo, teniendo en cuenta la base teórica citada, se plantean las siguientes hipótesis: - Se observará un aumento en el apego a iguales asociado al paso del tiempo en las distintas etapas de la adolescencia. - El apego a los iguales será superior, durante todas las etapas, en aquellos adolescentes que recuerden haber recibido en la infancia un afecto parental alto, respecto a quienes recuerden un afecto bajo. - Aparecerán diferencias de género en cuanto a la relación afectiva con los iguales: el apego a los iguales será superior en las chicas que en los chicos durante toda la adolescencia. - El recuerdo de afecto materno, en función de si es alto o bajo, establecerá mayores diferencias en el apego a iguales que el recuerdo de afecto paterno. Método Participantes Este estudio supone el seguimiento longitudinal de una muestra de 90 jóvenes a lo largo de toda su adolescencia. El trabajo parte de una investigación transversal sobre una muestra de 513 adolescentes con edades comprendidas entre 13 y 19 años que fueron seleccionados en nueve centros educativos de la provincia de Sevilla (cinco en la capital, tres en zonas rurales y uno en el área metropolitana), teniendo en cuenta criterios como el tamaño poblacional, titularidad pública o privada del centro y tipo de oferta educativa. La segunda fase de la investigación consistió en el seguimiento longitudinal de los jóvenes de esa muestra que tenían 13 años, a los que se volvió a evaluar en tres nuevas ocasiones. Así, los participantes en el estudio han completado los instrumentos de evaluación en su adolescencia inicial (13 años), media (15 años), tardía (18 años), y en su adultez temprana (22 años); momentos que serán denominados tiempo 1 (T1), tiempo 2 (T2), tiempo 3 (T3) y tiempo 4 (T4) respectivamente. De los 136 participantes que tenían 13 años en T1, 114 continuaron en T2, 101 en T3 y 90 también lo han hecho en T4. Por lo tanto, la muestra longitudinal final está compuesta por 90 adolescentes, 35 varones y 55 mujeres, con una media 158 Irene Delgado Gallego et al. anales de psicología, 2011, vol. 27, nº 1 (enero) de edad de 13,10 años (DT = 0,44) en T1, 15,40 (DT = 0,56) en T2, 17,80 (DT = 0,52) en T3 y 21,74 (DT = 0,60) en T4. Para identificar las posibles diferencias entre los jóvenes que han continuado hasta el final de la investigación (hasta tiempo 4) y aquellos que no lo han hecho, se ha realizado un análisis de casos perdidos. Los resultados indican que entre los sujetos que continúan en la investigación y los que no lo hacen no hay diferencias significativas en cuanto al sexo, nivel educativo-profesional parental ni hábitat. Sin embargo, en relación al tipo de centro educativo, se ha encontrado que aquellos que siguieron en la investigación hasta T4 proceden en mayor medida de centros privados-concertados (  2 (1, N = 89) = 4,11, p = 0,043, V de Cramer = 0,042). Respecto a las variables de contenido que se describen en este trabajo, han abandonado el estudio aquellos chicos y chicas con menor afecto recordado en la historia de apego materno, F (1,129) = 6,126, p < 0,05 eta2 = 0,045. No se han encontrado diferencias significativas entre los que han abandonado y los que han permanecido en el estudio respecto al afecto paterno y al apego a los iguales. Instrumentos Como medida de la relación con el grupo de iguales se ha utilizado la escala de apego hacia a los iguales, una adaptación de 21 ítems (Sánchez-Queija y Oliva, 2003) de la subesacala de Apego hacia los iguales del Inventory of Parent and Peer Attachment de Armsden y Greenberg (1987), que evalúa los siguientes aspectos: confianza (comprensión y respeto en las relaciones con los amigos. Ej. “mis amigos me aceptan como soy”), comunicación (grado y calidad de la comunicación verbal. Ej. “cuando hablamos, mis amigos tienen en cuenta mi punto de vista”) y alienación (grado en que existe aislamiento, resentimiento o alienación. Ej. “contarles mis problemas a mis amigos me hace sentir vergüenza”). La fiabilidad de la escala según el índice alfa de Cronbach es de .86 en T1, .90 en T2 y en T3 y .70 en T4. Para evaluar el afecto parental se ha usado la escala Parental Bonding Instrument de Parker, Tupling y Brown (1979), adaptada al castellano por Ballús-Creus (1991). En este instrumento se pregunta al adolescente por el recuerdo que tiene sobre las relaciones con su padre y con su madre durante la infancia. Este cuestionario se cumplimentó sólo en T1, pero en dos ocasiones: una haciendo referencia al padre de los y las adolescentes y otra relativa a la madre. Está formado por 25 ítems referidos al padre y otros 25 referidos a la madre, que se agrupan en dos dimensiones: afecto versus rechazo (Ej. “-Mi madre/padreme hablaba con voz cálida –cariñosay amigable”) y sobreprotección versus estimulación de la autonomía (Ej. “A mi (madre/padre) le gustaba que tomase mis propias decisiones”). La fiabilidad de la dimensión afecto/rechazo es de .76 en el caso de la madre y de .82 en el del padre. En el caso de la dimensión sobreprotección/estimulación de autonomía se obtienen índices de fiabilidad de .70 (madre) y .72 (padre). Procedimiento En primer lugar, y tras seleccionar los centros educativos, se contactó con los directores y jefes de estudio para explicarles la investigación y solicitar su colaboración. Una vez que aceptaron participar se seleccionó un aula de los niveles educativos incluidos en el estudio. Por otra parte, se envió una carta a los padres y a las madres solicitando el permiso para que sus hijos colaboraran en la investigación. Es importante señalar que no hemos recibido ninguna negativa a dicha colaboración. Tras obtener el permiso se aplicaron los cuestionarios de forma colectiva en las aulas seleccionadas. En la segunda y tercera recogida de datos, y sobre todo en la cuarta, algunos adolescentes no estaban escolarizados o lo estaban en centros distintos a los de tiempo 1. En estos casos, una vez que se contactó con ellos y aceptaron colaborar, se concertó una cita para que completaran el cuestionario en el seminario del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla. Resultados Se analiza el Apego hacia los iguales durante la adolescencia y adultez emergente desde una perspectiva longitudinal, distinguiendo a los sujetos en función del sexo y de su recuerdo del afecto materno y paterno recibido. Para ello se realiza un análisis de la varianza (ANOVA) de medidas repetidas para valorar la estabilidad absoluta de la variable mencionada; lo que implica considerar el posible efecto del tiempo, del sexo y del afecto parental en las variaciones en el tiempo de las puntuaciones medias del Apego a iguales. En los análisis que se presentan a continuación, el Apego a iguales constituye la variable dependiente y los factores incluidos son el Tiempo (factor intra-sujetos de medidas repetidas, de cuatro niveles) y, por otra parte, el Sexo, el Recuerdo de afecto materno y el Recuerdo de afecto paterno (factores intersujetos). La prueba de Mauchly arroja el resultado de que no se cumple el supuesto de esfericidad de la matriz de varianzas-covariazas en ninguno de los casos, por lo que se opta por la consideración de la aproximación multivariada mediante el estadístico F de Pillai. Finalmente, los análisis post hoc se llevan a cabo mediante la prueba de Bonferroni. En segundo lugar, se analiza la estabilidad relativa, es decir, hasta qué punto aquellos chicos o chicas que puntuaban más alto en la primera recogida de datos siguen siendo quienes más alto puntúan en las otras tres recogidas de datos o si hay cambios importantes en el ránking de puntuaciones. Esta estabilidad se evalúa a través de los coeficientes de correlación de Pearson. El apego a iguales en función del afecto parental En la Tabla 1 se presentan las correlaciones entre las medidas relativas al recuerdo de la Historia de apego con padres y madres, y el Apego a los iguales. La relación entre el Recuerdo de afecto materno y el Apego a los iguales se man- Evolución del apego a los iguales durante la adolescencia y la adultez emergente 159 anales de psicología, 2011, vol. 27, nº 1 (enero) tuvo de forma significativa a lo largo del tiempo; no obstante, esta asociación se debilitó tras la adolescencia media. También la asociación entre el Recuerdo del afecto paterno y el Apego iguales se debilitó a lo largo de la adolescencia, incluso de forma más acusada que en el caso del Afecto materno. También se llevan a cabo correlaciones entre el Apego a los iguales y la Sobreprotección parental, indicando los resultados que la relación entre estas dos variables no fue significativa en ninguno de los momentos evolutivos (véase Tabla 2). Tabla 1: Correlaciones entre Apego a iguales y Recuerdo de afecto materno y paterno, en los distintos momentos evolutivos Adolescencia temprana Adolescencia media Adolescencia tardía Adultez emergente Afecto Materno Afecto Paterno .035** .022* .033** .027* .020 .003 .024* .008 ** p <0,01, * p < 0,05 N = 90 afecto materno, N = 86 afecto paterno Tabla 2: Correlaciones entre Apego a iguales y Sobreprotección del padre y de la madre, en los distintos momentos evolutivos. Adolescencia temprana Adolescencia media Adolescencia tardía Adultez emergente Sobreprotección materna Sobreprotección paterna -.002 .002 -.015 -.006 -.001 -.001 -.004 -.008 N = 90 sobreprotección materna, N = 86 sobreprotección paterna A continuación, se presentan los resultados centrados en la descripción de la evolución del Apego a iguales, considerando el factor Tiempo y los factores inter-sujetos Afecto materno y Afecto paterno. Estos últimos factores se refieren al recuerdo de los chicos y chicas en la adolescencia inicial (tiempo 1), del afecto recibido por parte de sus progenitores durante la infancia. Se eligió la dimensión Afecto-rechazo, del vínculo de apego progenitor-hijo respecto a la dimensión Sobreprotección-estimulación de la autonomía debido a su mayor relación con el Apego a iguales en la adolescencia. Se codificaron las dos variables cuantitativas referidas a la historia de afecto parental (tanto materno, como paterno) en dos niveles, alto y bajo, según se situaran por encima o por debajo de la mediana. La trayectoria del Apego a los iguales durante la adolescencia, considerando en primer lugar el efecto del Tiempo, indicó un aumento significativo global (sin diferenciar entre grupos) del Apego a los iguales conforme la edad de los sujetos aumentaba, F (3,86) = 3.476, p = .019, eta2 = .108. El efecto del factor Historia de afecto materno resultó significativo, F (1,88) = 5.041, p = .027, eta2 = .054. Tal y como se muestra en la Figura 1, el Apego a los iguales de los chicos y chicas con un Recuerdo de afecto materno alto fue superior en todos los momentos de la adolescencia al de aquellos con afecto bajo. La diferencia más amplia en este sentido se observó en la adolescencia media (tiempo 2), F (1,88) = 3.650, p = .059, eta2 = .040. No se encontraron efectos significativos en la interacción entre Tiempo e Historia de afecto materno, puesto que el paso del tiempo se asoció en ambos grupos (afecto alto y bajo) con un aumento del Apego a los iguales. 4321 Tiempo 54 52 50 48 46 Apego a iguales alto bajo Afecto en historia apego madre Figura 1: Evolución temporal del Apego a iguales en función del Recuerdo de afecto materno La estabilidad relativa del Apego al grupo de iguales, distinguiendo entre aquellos sujetos con un Recuerdo de afecto materno alto y bajo, resultó media-alta (ver Tabla 3). Las correlaciones fueron significativas entre todas las transiciones temporales, de forma que los que puntuaron más alto en T1 también lo hicieron en el resto de momentos estudiados. En el caso de los sujetos que recordaban un alto afecto materno, la correlación entre T3 y T4 fue superior a la registrada entre los tiempos anteriores, en los que había algo más de variabilidad. Sin embargo, la correlación entre los últimos momentos estudiados de aquellos que recordaban un bajo afecto materno, fue inferior a la de los tiempos anteriores. En ambos grupos de adolescentes se observó una elevada estabilidad absoluta y una estabilidad relativa media-alta. 160 Irene Delgado Gallego et al. anales de psicología, 2011, vol. 27, nº 1 (enero) Tabla 3: Estabilidad relativa en Apego hacia el grupo de iguales diferenciando por el afecto materno recordado. T1 T2 T3 T4 T1 .059** T2 .033* .060** T3 .030* .036* T4 .060** *p<.05; **p<.01, en gris los adolescentes de afecto bajo y en blanco los de afecto alto. A continuación se describen los resultados correspondientes a la evolución del Apego a los iguales en función del Recuerdo del afecto paterno. En primer lugar, el efecto del Tiempo indicó un aumento significativo global del Apego a los iguales conforme la edad de los sujetos aumentaba, F (3,82) = 2.,935, p = .038, eta2 = .097. No obstante, cuando se diferenciaba a los sujetos en función del recuerdo de afecto paterno, se observó que, aunque en los dos grupos por separado se producía un aumento del Apego a iguales, tan sólo en el grupo de afecto paterno bajo este aumento fue significativo. Así, este grupo obtuvo puntuaciones bajas en Apego a iguales en los tiempos 1 y 2, pero estas puntuaciones fueron aumentando significativamente (entre T1 y T4, F (3,82) = 3.309, p = .024, eta2 = .108), de forma que en los tiempos 3 y 4 igualaban las puntuaciones de los adolescentes del grupo de afecto alto. A diferencia del factor Historia de afecto materno, el efecto de la Historia de afecto paterno, en la variable Apego a iguales no resultó significativo, F (1,84) = 2.639, p = .108, eta2 = .030. En la adolescencia inicial y media, aquellos adolescentes que recordaban haber recibido un alto afecto paterno obtuvieron una puntuación mayor en Apego a iguales que aquellos con un recuerdo de bajo afecto paterno (en T1: F (1,84) = 3.630, p = .060, eta2 = .041, en T2: F (1,84) = 4.144, p = .046, eta2 = .047); sin embargo, en la adolescencia tardía y en la adultez temprana estas diferencias se diluyeron, de forma que los dos grupos establecidos obtuvieron puntuaciones prácticamente similares (ver Figura 2). No se encontraron efectos significativos en la interacción entre Tiempo e Historia de afecto paterno, puesto que el paso del tiempo entre la adolescencia inicial y la adultez emergente implicó un aumento de las puntuaciones en apego a iguales en ambos grupos (afecto alto y bajo). Respecto a la estabilidad relativa del Apego al grupo de iguales, distinguiendo entre aquellos sujetos con un Recuerdo de afecto paterno alto y bajo, ésta resultó elevada (ver Tabla 4). Las correlaciones fueron significativas entre todas las transiciones temporales, de forma que los que puntuaron más alto en T1 también lo hicieron en el resto de momentos estudiados. En el caso de los sujetos que recordaban un alto afecto paterno hubo algo más de variabilidad entre T1 y T2, pues la correlación fue inferior a la registrada entre los tiempos posteriores. La comparación entre estabilidad absoluta y relativa mostró en aquellos con un Recuerdo de afecto paterno alto, una alta estabilidad absoluta y relativa; en cambio, en los que recordaban un bajo afecto paterno, se observó una elevada estabilidad relativa y una baja estabilidad absoluta, tal y como se comentó anteriormente. 4321 Tiempo 52,5 50 47,5 45 Apego a iguales alto bajo Afecto historia apego padre Figura 2: Evolución temporal del Apego a iguales en función del Recuerdo de afecto paterno. Tabla 4: Estabilidad relativa en Apego hacia el grupo de iguales diferenciando por el afecto paterno. T1 T2 T3 T4 T1 .052** T2 .033* .053** T3 .048** .042** T4 .061** *p<.05; **p<.01, en gris los de afecto bajo y en blanco los de afecto alto. El apego a iguales en función del sexo El estudio de la trayectoria del Apego a los iguales en estos momentos evolutivos, sin hacer diferencias entre chicos y chicas, indicó un incremento significativo global de las puntuaciones de Apego a iguales a medida que aumentaba la edad de los adolescentes, F (3,86) = 4.144, p = .009, eta2 = .126. Sin embargo, al diferenciar a los sujetos por su sexo, se observó que tan sólo en el caso de los chicos este aumento resultó significativo, F (3,86) = 4.304, p = .007, eta2 = .131. Las diferencias de medias más significativas se encontraron entre T1 y T3 (p = .005), y T1 y T4, (p = .014). El efecto del factor inter-sujetos tuvo una significación marginal, F (1,88) = 3.789, p = .055, eta2 = .041; así, podían observarse diferencias entre sexos respecto a la variable dependiente (ver Figura 3). Las chicas obtienen puntuaciones más elevadas, principalmente en edades más tempranas (diferencia significativa en T1; F (1,88) = 7.789, p = .006, eta2 = .081), pero estas diferencias fueron reduciéndose paulatinamente a medida que la edad de los adolescentes aumentaba (por el aumento significativo del Apego a iguales en los chicos); así, en la adultez emergente (T4) desaparecieron las diferencias significativas. No se encontraron efectos significativos en la interacción entre tiempo y sexo, debido a que tanto en chicos como en chicas, el tiempo implicó un aumento de las puntuaciones en Apego a iguales. Evolución del apego a los iguales durante la adolescencia y la adultez emergente 161 anales de psicología, 2011, vol. 27, nº 1 (enero) 4321 Tiempo 52,50 50,00 47,50 45,00 42,50 Apego a iguales chica chico sexo Figura 3: Evolución temporal del Apego a iguales en función del Sexo de los adolescentes. Tal y como se muestra en la Tabla 5, la estabilidad relativa del Apego al grupo de iguales, diferenciando entre chicos y chicas, fue elevada en ambos grupos. Las correlaciones resultaron significativas entre todas las transiciones temporales, lo que implica que aquellos adolescentes que puntuaban más alto en T1 también lo hacían en el resto de momentos estudiados. La comparación entre estabilidad absoluta y relativa mostró en el caso de las chicas una gran estabilidad absoluta y relativa; en el caso de los chicos, una elevada estabilidad relativa y una baja estabilidad absoluta (por el incremento significativo que se da en ellos en el apego a iguales entre la adolescencia inicial y la adultez emergente). Tabla 5: Estabilidad relativa en Apego hacia el grupo de iguales diferenciando el Sexo. T1 T2 T3 T4 T1 .050** T2 .044** .046** T3 .051** .044** T4 .055** *p<.05; **p<.01, en gris los chicos y en blanco las chicas. Discusión Los resultados de este estudio indican claramente que desde el comienzo de la adolescencia hasta la adultez temprana se produce una aumento significativo en el apego a los iguales, lo que contradice las propuestas de algunos autores de orientación psicoanalítica, que defendieron la idea de que el distanciamiento emocional con respecto a los padres que acontece a inicios de la adolescencia llevaría una intensa fusión emocional compensatoria con el grupo de iguales, que iría disminuyendo en los años posteriores. Por el contrario, nuestros datos, que coinciden con lo hallado por otros investigadores (Rubin et al., 1999), parecen indicar que a durante la segunda década de la vida se produce una adquisición de competencias sociales que facilitan la vinculación con el grupo y la consolidación de las relaciones de amistad. Aunque esta tendencia ascendente se observó tanto en chicos como en chicas, fue más acentuada entre los primeros, de forma que si al inicio de la adolescencia las chicas obtuvieron puntuaciones más altas que los chicos, en la adolescencia tardía y en adultez temprana esta superioridad femenina desapareció y chicos y chicas tendieron a igualarse. Estos resultados pueden estar indicando un cierto retraso evolutivo entre los varones en la adquisición de las competencias necesarias para el fortalecimiento del vínculo con los iguales, lo que se uniría a un posible efecto de techo en la prueba utilizada, que sería alcanzado antes por las chicas. Los datos sobre el mayor apego a iguales mostrado por las chicas en la adolescencia inicial y media son coherentes con lo argumentado por autores como Lynn Martín y Fabes (2001), que señalan la mayor sociabilidad de las mujeres durante todo el ciclo vital, y con los estudios que hallan que en la adolescencia las relaciones de amistad entre chicas se caracterizan por una mayor intimidad que cuando se trata de chicos (Black, 2000; Fuertes, Martínez y Hernández, 2001) y que podría deberse en gran parte a los procesos de socialización que tienen lugar a lo largo de la infancia, que tienden a potenciar en las niñas características psicológicas como la empatía, la cooperación o la prosocialidad (Coleman y Hendry, 1999). Los resultados obtenidos también apoyaron la hipótesis de continuidad entre el recuerdo que a los 13 años tenían los adolescentes del afecto recibido de sus padres en la infancia y el apego establecido con los iguales en la adolescencia, ya que los adolescentes que recordaron un mayor afecto parental obtuvieron puntuaciones más elevadas en apego a los iguales, sobre todo en los primeros momentos evolutivos (adolescencia inicial y media), lo que coincide con lo encontrado en otros estudios (Allen et al., 1998; Englund et al., 2000; Furman et al., 2002; Grossmann et al., 2005; Zimmerman, 2004). La perspectiva de la continuidad en las relaciones de apego que se observa en nuestros resultados podría sustentarse en el desarrollo de modelos representacionales en las primeras relaciones de apego que trascenderían a posteriores relaciones estrechas (Bowlby, 1979). Además, otros autores (Cassidy y Berlin, 1999; Zeifman y Hazan, 2008) señalan que los cuidadores que proporcionan un alto afecto promueven la exploración social y el desarrollo de adecuadas relaciones con los iguales, actuando como modelos de sensibilidad hacia los demás y proporcionando a sus hijos mayores experiencias sociales y consejos para el mantenimiento de estas relaciones. No obstante, a pesar de la continuidad encontrada entre el recuerdo del afecto parental y el apego a iguales (principalmente en T1 y T2), conforme la edad de los sujetos aumentaba (adolescencia tardía y adultez temprana) las diferencias en apego a iguales entre los que recordaban un bajo afecto y los que recordaban una alto afecto se diluían: las diferencias ya no resultaban significativas y las correlaciones entre apego a iguales y afecto parental disminuyeron en sus valores y en su significatividad. Esta menor continuidad en- 162 Irene Delgado Gallego et al. anales de psicología, 2011, vol. 27, nº 1 (enero) tre relaciones con el paso del tiempo se observó fundamentalmente en los adolescentes que mostraron un recuerdo de afecto parental más bajo, ya que estos sujetos presentaban a los 13 años puntuaciones también bajas en apego a iguales que se incrementaron en años posteriores hasta alcanzar al final de la adolescencia niveles similares a los alcanzados por quienes presentaban mejor recuerdo, que mostraron un menor aumento en apego a los iguales. Estos resultados parecen indicar una pérdida de influencia de las relaciones de apego establecidas en la infancia con los progenitores sobre las establecidas con los iguales en la adolescencia, lo que podría asociarse a una reformulación de los modelos representacionales como consecuencia de las nuevas relaciones de apego establecidas con los iguales (amigos y pareja), aunque también podría deberse a las nuevas forma de comprensión, asociadas al desarrollo del pensamiento abstracto en la adolescencia (Thompson, 2000). Como han indicado Allen et al. (2004), el sistema de apego permanecería abierto a los estímulos ambientales y se mostraría plástico ante las nuevas experiencias, especialmente en una etapa de transición como es la adolescencia. El hecho de que fueran los sujetos con peor recuerdo del afecto parental en la infancia quienes mostraron menos continuidad en el apego a iguales a lo largo del periodo estudiado puede interpretarse siguiendo la propuesta de Belsky y Fearon (2002) de que los modelos de apego inseguro son más maleables y abiertos al cambio. Ello representa un cierto optimismo de cara a la recuperación de aquellos menores cuyas experiencias infantiles les llevaron al establecimiento de relaciones de apego inseguras con sus cuidadores. Respecto a la influencia diferenciada del recuerdo de afecto materno o paterno sobre el apego a los iguales, nuestros datos indican que la madre ejerce una mayor influencia que el padre. Esta mayor influencia materna coincide con la evidencia empírica (Freitag et al., 1996; Howes et al., 1988; Yárnoz et al., 2001), que indica que el vínculo de apego establecido con la madre se considera el modelo de apego primordial que se transferirá a otras relaciones (monotropía), como las mantenidas con el padre y con los iguales, adquiriendo una mayor importancia para el desarrollo de la competencia social. Para terminar, nos gustaría hacer referencia a algunas de las limitaciones del estudio, como es la referida al pequeño tamaño de la muestra, que dificulta la generalización de los resultados. Asimismo, el hecho de que sólo se considere una única fuente de información, la de los adolescentes, también resulta una limitación evidente. No obstante, el estudio cuenta con una fortaleza fundamental asociada a la metodología longitudinal utilizada en la investigación, muy apropiada para el estudio de esta temática, que permitió realizar un análisis profundo de la variabilidad del apego hacia los iguales en los distintos momentos evolutivos que conforman la adolescencia en función del efecto de distintos factores. Referencias Allen, J. P. (2008). The attachment system in adolescence. En J. Cassidy y P. R. Shaver (Eds.), Handbook of attachment. Theory, research and clinical applications (pp. 419-435). New York: The Guildford Press. Allen J. P. y Land, D. J. (1999). Attachment in adolescence. En J. Cassidy y P. R. Shaver (Eds.), Handbook of Attachment: Theory, Research and Clinical Applications (pp. 319-335). Nueva York: Guilford Press. Allen, J. P., McElhaney, K. B., Kuperminc, G. P. y Jodl, K. M. (2004). Stability and change in attachment security across adolescence. Child Development, 75, 1792-1805. Allen, J. P., Moore, C., Kuperminc, G. y Bell, K. (1998). Attachment and adolescent psychosocial functioning. Child Development, 69, 1406-1419. Allen, J. P., Porter, M. R., McFarland, F. C., McElhaney, K. B y Marsh, P. A. (2007). The relation of attachment security to adolescents’ paternal and peer relationships, depression, and externalizing behaviour. Child Development, 78, 1222-1239. Armsden, G. y Greenberg, M. (1987). The inventory of parent and peer attachment: Individual differences and their relationship to psychological well-being in adolescence. Journal of Youth and Adolescence, 16, 427454. Ballús-Creus, C. (1991) Adaptació del parental Bonding Instrument. Barcelona: Escola Profesional de Psicología Clinica. Belsky, J. y Fearon, R. M. (2002). Early attachment security, subsequent maternal sensitivity, and later child development: Does continuity in development depend upon continuity of caregiving? Attachment and Human Development, 3, 361-387. Berlin, L. J., Cassidy, J. y Appleyard, K. (2008). The influence of early attachments on other relationships. En J. Cassidy y P. R. Shaver (Eds.), Handbook of attachment. Theory, research and clinical applications (pp. 333-347). New York: The Guildford Press. Black, K. A. (2000). Gender differences in adolescents' Behavior during conflict resolution task with best friends. Adolescence, 35, 499-512. Bowlby, J. (1979). The making and breaking of affectional bonds. London: Tavistock/Routledge. Bost, K., Vaughn, B., Washington, W., Cielinsky, K. L. y Bradbard, M. (1998). Social competence, social support, and attachment: Demarcation of construct domains, measurement, and paths of influence for preschool children attending Head Start. Child Development, 69, 192-218. Bukowski, W.M., Hoza, B. y Boivin, M. (1994). Measuring friendship quality during pre and early adolescence: the development and psychometric properties of the friendship qualities scale. Journal of Social and Personal Relationships, 11, 471-484. Cassidy, J. (1999). The nature of the child’s ties. En J. Cassidy y P. R. Shaver (Eds.), Handbook of attachment. Theory, research and clinical applications (pp. 320). Nueva York: The Guildford Press. Cassidy, J. y Berlin, L. J. (1999). Understanding the origins of childhood loneliness: Contributions of attachment theory. En K. J. Rotenberg y S. Hymel (Eds.), Loneliness in childhood and adolescence (pp. 34-55). New York: Cambridge University Press. Cassidy, J., Kirsh, S. J., Scolton, K. L. y Parke, R. D. (1996). Attachment and representations of peer relationships. Developmental Psychology, 32, 892904. Coleman, J. C. y Hendry, L. B. (1999). The nature of Adolescence. Londres y Nueva York: Routledge. Cooper, M. L., Shaver, P. R y Collins, N. L. (1998). Attachment styles, emotion regulation, and adjustment in adolescence. Journal of Personality and Social Psychology, 74, 1380-1397. Eder, D. y Hallinan, M. T. (1978). Sex differences in children’s friendships. American Sociological Review, 43, 237-250. Englund, M., Levy, A., Hyson, D. y Sroufe, L. A. (2000). Adolescent social competence: effectiveness in a group setting. Child Development, 71, 1049-1060. Freitag, M., Belsky, J., Grossmann, K., Grossmann, K. E. y ScheuererEnglisch, H (1996). Continuity in parent-child relationships from in- Evolución del apego a los iguales durante la adolescencia y la adultez emergente 163 anales de psicología, 2011, vol. 27, nº 1 (enero) fancy to middle childhood and relations with friendship competence. Child Development, 67, 1437-1454. Fuertes, A., Martínez, J. L., y Hernández, A. (2001). Relaciones de amistad y competencia en las relaciones con los iguales en la adolescencia. Revista de Psicología General y Aplicada, 54, 531-546. Furman, W., Simon, V. A., Shaffer, L. y Bouchey, H. A. (2002). Adolescent’s working models and styles for relationships with parents, friends and romantic partners. Child Development, 73, 241-255. Gavin, L. A. y Furman, W. (1996). Adolescent girls’ relationships with mothers and best friends. Child Development, 67, 375-386. Grossmann, K., Grossmann, K. E. y Kindler, H. (2005). Early care and the roots of attachment and partnership representations: The Bielefeld and Regensburg longitudinal studies. En K. E. Grossmann, K. Grossmann y E. Waters (Eds.), Attachment from infancy to adulthood: The major longitudinal studies (pp. 98-136). New York: Guilford Press. Hazan, C. y Shaver, P. R. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52, 511-524. Howes, C., Rodning, C., Galuzzo, D. C. y Myers, L. (1988). Attachment and child care: Relationships with mother and caregiver. Early Childhood Research Quartely, 3, 403-416. Kerr, M., Stattin, H., Biesecker, G. y Ferrer-Wreder, L. (2003). Relationships with parents and peers in adolescence. En R. Lerner, M. A. Easterbrooks y J. Mistry (Eds.), Developmental Psychology (pp. 395-419). Nueva York: Wiley. Kobak, R. R. y Sceery, A. (1988). Attachment in late adolescence: working models, affect regulation, and representations of self and others. Child Development, 59, 135-146. Ladd, G. W. y Pettit, G. S. (2002). Parenting and the Development of Children's Peer Relationships. En M. Bornstein (Ed.), Handbook of Parenting, Vol 5: Practical Issues in Parenting (pp. 269-310). Mahwah, New Jersey: Erlbaum. Larose, S. y Bernier, A. (2001). Social support processes: Mediators of attachment state of mind and adjustment in late adolescence. Attachment and Human Development, 3, 96-120. López, F. (2006). Apego: estabilidad y cambio a lo largo del ciclo vital. Infancia y Aprendizaje, 29, 9-23. Lundy, B., Field, T., McBride, C., Field, T., y Largie, S. (1998). Same-sex and opposite-sex best friend interactions among high school juniors and seniors. Adolescence, 33, 279-289. Lynn Martín, C. y Fabes, R. A. (2001). The stability and consequences of young children’s same-sex peer interactions. Developmental Psychology, 37, 431-446. McElhaney, K. B., Allen, J. P., Stepheson, C. y Hare, A. L. (2009). Attachment and autonomy during adolescence. En R. Lerner y L. Steinberg (Eds.), Handbook of Adolescent Psychology (3rd. Edition). Volume I: Individual bases of adolescent development (pp. 358-403). Hoboken, New Jersey: Wiley. National Institute of Child Health and Human Development (NICHD) Early Child Care Research Network (ECCRN) (2005). Child care and child development: Results from the NICHD Study of Early Child Care and Youth Development. New York: Guilford Press. Parker, G., Tupling, H. y Brown, B. (1979). A parental bonding instrument. British Journal of Medical Psychology, 52, 1-10. Roisman, G. I., Madsen, S. D., Hennighausen, K. H., Sroufe, L. A. y Collins, W. A. (2001). The coherence of dyadic behavior across parent-child and romantic relationships as mediated by the internalized representation of experience. Attachment and Human Development, 3(2), 156-172. Rubin, K. H., Coplan, R. J., Nelson, L. J. y Lagace-Seguin, D. G. (1999). Peer relationships in childhood. En M. H. Bornstein y M. E. Lamb (Eds.), Developmental psychology. An advanced textbook (pp. 451-501). Londres: Lawrence Erlbaum Associates. Sánchez-Queija, I. y Oliva A. (2003). Vínculos de apego con los padres y relaciones con los iguales durante la adolescencia. Revista de Psicología Social, 18, 71-86. Schneider, B.H., Atkinson, L. y Tardif, C. (2001). Child-parent attachment and children's peer relations: A quantitative review. Developmental Psychology, 37, 86-100. Sroufe, L. A., Egeland, B., Carlson, E. A. y Collins, W. A. (2005). The development of the person: The Minnesota Study of Risk an Adaptation from Birth to Adulthood. New York: Guilford Press. Steinberg, L. y Morris, S. A. (2001). Adolescent development. Annual Review of Psychology, 52, 83-110. Thompson, R. A. (2000). The legacy of early attachments. Child Development, 71, 145-152. Thompson, R. A. (2008). Early attachment and later development. Familiar questions, new answers. En J. Cassidy y P. R. Shaver (Eds.), Handbook of attachment. Theory, research and clinical applications (pp. 348-365). New York: The Guildford Press. Waters, E., Wippman, J. y Sroufe, L.A. (1979). Attachment, positive affect, and competence in the peer group: Two studies in construct validation. Child Development, 50, 821-829. Yárnoz, S. (2006). ¿Seguimos descuidando a los padres? El papel del padre en la dinámica familiar y su influencia en el bienestar psíquico del adolescente. Anales de Psicología, 22, 175-185. Yárnoz, S., AlonsoArbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L. M. (2001). Apego en adultos y percepción de los otros. Anales de Psicología, 17, 159170. Zeifman, D. y Hazan, C. (2008). Pair bonds as attachments. Reevaluating the evidence. En J. Cassidy y P. R. Shaver (Eds.), Handbook of attachment. Theory, research and clinical applications (pp. 436-455). New York: The Guildford Press. Zimmerman, P. (2004). Attachment representations and characteristics of friendships relations during adolescence. Journal of Experimental Child Psychology, 88, 83-101. (Artículo recibido: 29-4-2009; aceptado: 18-6-2010)