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D. Francisco Morales Padrón, maestro y académico ejemplar

Vila Vilar, Enriqueta

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Es un gran honor el que la Academia me haya designado para intervenir en este acto de Homenaje al profesor Morales Padrón, acto para mí tan triste y tan entrañable a la vez. Pero debo confesar que es un honor que nunca hubiera querido tener. Me envuelven sentimientos de todo tipo al tener que hablar en pasado del que fue mi maestro y mi amigo. Unos amigos que siempre nos hablábamos de Vd., lo que no impidió un afecto sincero y profundo y, por mi parte, una admiración hacia su gran obra, su amor al trabajo y su magisterio para tantos de nosotros. He pensado mucho qué decir aquí, porque he tenido ocasión de escribir bastante sobre su trayectoria investigadora y docente, así como de resaltar sus muchas cualidades. Pero hay dos temas que no había tocado todavía. Uno por íntimo y personal, como es la relación discípulo-maestro que nos unió durante mucho tiempo; el otro por demasiado específico y concreto como es su trabajo en esta Academia. Creo que ahora es el momento de abordarlos. El primero porque es algo que sólo podía acometer en un lugar como este, entre amigos y compañeros suyos y míos. El segundo, porque aunque sus logros como Director durante tres mandatos seguidos, están muy bien recogidos en la obra del que fuera nuestro compañero y Secretario de esta Academia, D. Enrique de la Vega Viguera, sobre la historia reciente de nuestra Corporación, no está mal que se resuma y realce su larga trayectoria y su incansable trabajo para esta Casa, a la que le dedicó no DON FRANCISCO MORALES PADRÓN, MAESTRO Y ACADÉMICO EJEMPLAR Por ENRIQUETA VILA VILAR pocos de sus afanes y que le permitió desarrollar su vena literaria y cuidar y mimar su amor por Sevilla. Veré qué puedo decir con el escaso tiempo de que dispongo. Conocí a D. Francisco, allá por el año 1960, cuando llegué a tercero en la antigua Facultad de Filosofía y Letras, para cursar la especialidad de Historia de América. D. Francisco hacía poco que había ganado la cátedra de Historia de los Descubrimientos Geográficos y estaba en un momento que quería comerse al mundo. Era joven, arrogante, atractivo. Mis compañeras, que decían que se parecía a Tyrone Power, todas le temían. Debo confesar que a mi no me intimidaba tanto, probablemente porque era cinco años mayor que todas ellas –siempre lo he hecho todo con cinco años de retrasoy porque era la mayor de ocho hermanos con un padre volcado a su familia y bastante severo y exigente. Enseguida pude darme cuenta que no era un profesor como los demás que había tenido. Nos preguntaba cosas insólitas, de actualidad, para ver el grado de conocimiento y curiosidad de cada cual. Lo mismo se presentaba con un mapa mudo para que localizáramos las capitales y los ríos americanos, sin previo aviso y en los primeros días de clase, que con la página de un periódico para que comentáramos qué nos parecía tal o cual noticia. O nos hacía en una semana un resumen global de la colonización en América. Sus conocimientos y sus deseos de expresarlos no le permitían ceñirse a unos descubrimientos geográficos separados de todo el amplio y complejo contexto que los impulsaban. Alguien muy cercano que estudió aquel año conmigo decía, con mucha gracia, que D. Francisco se “cargaba” la especialidad en quince días. Probablemente todas aquellas primeras impresiones fueron las que más tarde, cuando ya casada quise hacer mi primer trabajo de investigación –la Tesina de entoncesme hicieran dirigirme a él para que me orientara y me propuso un tema interesante basado en una documentación inédita que se encontraba en la Sección Estado del Archivo General de Indias. Se trataba de una serie de cartas de diplomáticos españoles, ingleses y franceses, que ponían al descubierto el peligro del avance ruso por Alaska, lo que motivó toda una serie de expediciones que descubrieron las costas de California. En una de ellas, cuyo Diario hallé entre los documentos manejados, se contaba el primer contacto entre ENRIQUETA VILA VILAR204 españoles y rusos y pude estudiar también las consecuencias que aquel encuentro tuvo. Don Francisco quedó contento con mi trabajo, que fue publicado en Anuario de Estudios Americanos, dirigido por él en aquellos tiempos, y luego apareció como una monografía de la colección Anuario con el pomposo y llamativo título de Los Rusos en América. Como todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, el hecho que los libros de Historia no lleguen a muchos lectores, jugó en este caso a mi favor. Si se hubiera difundido un título semejante en plena Guerra fría hubiera asustado a más de uno. Mi primera y grata experiencia de colaboración con el profesor Morales me llevó a formar parte de un equipo de investigación que había creado con el fin de rescatar la historia del Caribe español en los siglos XVI y XVII, cuya documentación sólo se conserva, en su mayor parte, en el Archivo General de Indias. Era un proyecto amplio, ambicioso e ilusionante y me dediqué con empeño a escudriñar en los documentos que hacían alusión a la pequeña y bella isla de Puerto Rico en el momento que se convirtió en la llave del Imperio: el siglo XVII. A partir de ese momento quedó trazada mi línea de investigación en esta época y mi vinculación académica con el profesor Morales Padrón. Fui becaria de lo que entonces era el Patronato de Igualdad de Oportunidades –como ven nada hay nuevo bajo el solbeca que suponía una jornada de ocho horas y una retribución de 3.000 pesetas al mes, es decir, unos 20 euros actuales. Pero eso era un gran sueldo comparado con lo que recibía como ayudante de clases prácticas de su Cátedra, porque esos mismos 20 euros, eran el sueldo anual por aquel trabajo. Para mí fue un periodo clave, porque me obligó a prepararme clases prácticas y teóricas. D. Francisco estaba entonces en su brillante madurez, solicitado en múltiples universidades americanas y europeas, lo que le obligaba a viajar al menos un mes todos los años. Me tocaba asumir parte de sus clases. Fue entonces cuando comencé a valorar su capacidad. Su actividad docente la simultaneaba con sus publicaciones, organizaciones de Congresos y relación directa con los grandes historiadores del momento, creación de sociedades de americanistas, y sus muchos viajes que preparaba para él mismo y para sus alumnos y algunos DON FRANCISCO MORALES PADRÓN, MAESTRO Y ACADÉMICO EJEMPLAR 205 compañeros que fueron por primera vez a América gracias a él. Estoy hablando de la década de los sesenta, cuando todavía salir de España era casi una heroicidad. En uno de esos viajes, cuando estaba en tercero, realicé mi primera incursión al extranjero si así puede llamársele: a Portugal, en viaje de paso de Ecuador. Era un convencido de la formación que los viajes proporcionan y debo decir, que de los pocos disgustos que tuve con él, fue por mi negativa a aceptar una beca en Puerto Rico que había conseguido para mí. Quería que conociera la isla antes de leer mi Tesis y debía permanecer allí no menos de un mes. Pero yo acababa de tener mi primera hija y como nos ocurre a muchas mujeres tuve claro mi orden de prioridades. Afortunadamente aquello no acabó con mi carrera, porque a D. Francisco se le pasó el enfado y, además, poco después saqué mi plaza en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que aunque me apartó de su tutela, nunca dejé de considerarlo mi maestro, ni él a mí su discípula. Y consiguió que viajara, por fin a América, a un Congreso Internacional sobre esclavitud que se iba a celebrar en Nueva York al que me habían invitado. D. Francisco me consiguió el pasaje y aunque también entonces tenía una niña de seis meses de la que me costaba separarme, estaba segura que si no viajaba esta vez, era capaz de matarme. Muchas más cosas tengo que agradecer al magisterio de D. Francisco, pero quisiera destacar dos que para mí han sido importantes: el amor y el empeño en el trabajo y hacer de Sevilla, como plataforma hacia el Atlántico, mi objeto de estudio. Me enseño la importancia de mi ciudad en la época en la que me había especializado, pero nuestras miradas hacia ella, hacia Sevilla, han sido distintas probablemente por el sentimiento que a cada uno nos inspiraba. Su mirada fue íntima, curiosa, estudiando su carácter y admirando su belleza, como se hace con una novia a la que se desea conocer y amar. La mía es envolvente, universal, sentida profundamente, sin necesidad de conocerla, como se mira a una madre a la que se siente porque se lleva dentro. Pero sé que con el paso del tiempo, fue Sevilla y nuestro amor a ella lo que nos llevó a una amistad que trascendió la mera relación discípula maestro y me permitió penetrar en si círculo íntimo y conocer más profundamente a Helena. ENRIQUETA VILA VILAR206 Y aquí me van a permitir hacer un inciso, para rendir también un pequeño homenaje a ella. Si se acepta el dicho que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer –y yo añado, aunque no sea políticamente correcto que del mismo modo detrás de toda gran mujer hay un gran hombreel aserto popular tiene su más claro ejemplo en Helena. Licenciada en Historia con su Tesina publicada también sobre Historia del Caribe, inteligente y capaz, siempre permaneció en segundo plano queriendo pasar desapercibida. Mujer tímida y abnegada, fue su compañera, su apoyo, su complemento, su sostén, su ayudante en muchos de sus trabajos y su mejor discípula. Perdona, Helena, porque sé que esto no te habrá gustado, pero a D. Francisco sí y como hoy estamos en un homenaje a él, has tenido que aguantarme. De su mano y de la de sus amigos y compañeros, Alfredo Jiménez y Rogelio Reyes, que firmaron con él mi candidatura, llegué a esta Academia y es otra de las muchas cosas que tengo que agradecerle, en este caso, a los tres. Y sé que quiso que formara parte de ella por la admiración, el cariño y el respeto que tenía por esta Institución a la que se entregó por completo desde su elección, con el mismo entusiasmo que ponía en todo lo que emprendía. En efecto, D. Francisco fue elegido como numerario el 5 de Junio de 1970, presentado por los Sres. Bandarán, Hernández Díaz y Peñalver y el 21 de Febrero del siguiente año leyó su discurso de ingreso con el Título “Estampas de la Sevilla insólita”, que sería el germen de su libro más conocido y editado. Al año siguiente de su ingreso, entró a formar parte de la Junta de Gobierno en el cargo de Secretario segundo y ya las Actas comienzan a reflejar su febril actividad que se reflejaron enseguida en lo que para él era una obsesión: las publicaciones. Ese mismo año reaparece, de su mano, el primer número de la segunda época nuestro antiguo Boletín, que ha seguido publicándose sin interrupción y este año se ha presentado el Nº 38 en un acto memorable en la Real Maestranza de Caballería. En 1974, y ya ostentando el cargo de Bibliotecario y director del Boletín, inauguró una colección de Monografías en las que se editaban fundamentalmente trabajos sobre Sevilla, por todo lo cual fue felicitado en Junta ordinaria de esta Academia por el entonces DON FRANCISCO MORALES PADRÓN, MAESTRO Y ACADÉMICO EJEMPLAR 207 Director, nuestro recordado D. Faustino Gutiérrez-Alviz. Como Bibliotecario encabezó la comisión, formada por él y los Sres. González Meneses y Ruiz Copete, que se encargó de la difícil y delicada tarea del traslado de la Biblioteca desde el Museo a esta Casa. En 1981 fue nombrado Director, cargo que ejerció durante tres mandatos seguidos. Entonces se abrieron su abanico de posibilidades y se dedicó de lleno a enaltecer la Academia con distintos proyectos y actividades. Propuso la creación de la figura de Académicos de Honor y se eligieron los primeros a D. Diego Angulo, D. Ramón Carande, D. Juan de Mata Carriazo y D. Juan Sierra, que tomaron posesión en un solemne acto celebrado en el Salón del Almirante del Alcázar, en el que la Academia había organizado la conmemoración del VII centenario de la muerte de Alfonso X. Creó el Aula Washington Irving, formada por él mismo y los Académicos Sres. Vega Viguera, Collantes de Terán y Burgos Belinchón. Tomó contacto con la Junta de Andalucía y la Dirección General del libro con el fin de recabar ayuda para la catalogación de la Biblioteca y consiguió de la primera, además de un becario para tal fin, un contrato para un administrativo durante dos horas, y poco más tarde, el propio Presidente, que entonces lo era el Sr. Rodríguez de la Borbolla, le concedió una partida para la compra del bello órgano que hoy adorna nuestro Salón. Aunque no aparece en las Actas, en su primer mandato se hicieron las magníficas estanterías de la Biblioteca con una partida que, al parecer, consiguió del Ministerio de Cultura del que entonces era titular Soledad Becerril. Hizo todo lo posible para que la Academia estuviera presente en la comisiones para la celebración del Quinto Centenario, porque el americanismo, bajo su dirección, y esto es importante, estuvo activo como nunca en nuestra Academia. Y tantas y tantas otras cosas que no puedo seguir comentando, pero que están recogidas en los libros de Actas y en el libro antes aludido. La Academia ha sabido recompensarle su esfuerzo nombrándolo Académico preeminente y reconociendo siempre su trabajo y su magisterio. El último reconocimiento ha sido, estando ya enfermo, cursar una petición al Ayuntamiento para que se le concediera el título de Hijo adoptivo de nuestra ciudad a la ENRIQUETA VILA VILAR208 que ha entregado gran parte de su vida y sus afanes. Se presentó un expediente que iba acompañado la firma de los tres Rectores, la Directora del Archivo de Indias y los directores del Departamento de Historia de América y el de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos. La respuesta ha sido el silencio. Ese silencio imponente, a veces casi litúrgico y a veces incomprensible y cruel que esta ciudad de Sevilla tanto prodiga. Pero ahí queda su obra para proclamar su valía. Y aso no hay quien lo silencie y perdurará para siempre. Muchas gracias. DON FRANCISCO MORALES PADRÓN, MAESTRO Y ACADÉMICO EJEMPLAR 209