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Los cesantes : juguete cómico en un acto y en prosa

Mota González, José

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LOS Cü ? JUGUETE CÓMICO EN UN ACTO YEN PROSA, ORIGINAL DE JOSÉ MOTA YGONZALEZ. Estrenado con buen éxito en el teatro de Cervantes de Sevilla, en la noche del 17 de Abril de 1874, por la compañía dramática que actuaba en dicho coliseo, bajo la dirección del eminente actor D. Pedro Delgado. Imp. SEVILLA; 1874. do Salvador Acuña y‘Compañía. Colon 26. I ÁSUS AMIGOS LOS DISTINGUIDOS ESCRITORES DRAMÁTICOS D. MANUEL CANO YCUETO ')-• D. JOSÉ SANCHEZ ARJONA, A'-l DEDICA .i 1. ESTE HUMILDE TRABAJO, -w -> ;• * > iV •II >Sí 6Luto% -y - / i< * K * "-i-i» *I 1 .r 9 / « PGRSONAGES. -'V ,• ACTORES. ( MÍA.RÍA .D." Amparo Peñaranda. LUIS • y,^i .d. ;Ricardo Mbla. RAFAEL. .... .»Francisco Gómez, PEDRO. ...,.»Ramón Portes. • »>..* 'La acción es contemporánea.—Las indicaciones están tomadas del lado del espectador. iK Esta obra es propiedad de su autor ynadie podrá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en España, ni en sus posesiones de Ultramar, ni en los paises con los cuales haya celebrados ó se celebren en adelante tratados internacionales de prbpiedad literaria. El autor se reserva el derecho de traducción Los comisionados de la Administración LíricoDramática de D. EDUARDO HIDALGO, son los exclusivamente encargados del cobro de los derechos de representación yde la venta de ejemplares. Queda bocho el depósito que marca la Ley. ic / ) V< ACTO ÚNICO. Gabinete pobre: una puerta ála derecha; otra más pequeña de una sola hoja, con una claraboya practicable encima, ála izquierda.—En el centro de la escena una cama de bancos ytablas, con un jergón, dos almohadas, una sábana, un cobertor yuna colcha; cuatro sillas desvencijadas; sobre una de ellas un canastillo, el que contendrá algunos cordeles, un rollo de cartulina, unas tijeras yalgunos alfileres. ESCENA PRIMERA. ' LUIS, sentado sobre ¡acama, estará sin levita, chaleco ni zapatos.—Apoco María. Luis. ¡Las cinco de la tarde ysin parecer! ¡Jesús, qué frío hace! ¡Valiente Madrid! Si yo aquí ,dentro estoy temblando de frió, él con una .mala levita ypor esas calles, ¡qitfé tiritones no estafa pegando! Siento pasos. (Se.dirige ála puerta de la derecha ymira por el agujero déla cerradura.) La vecina. Pobre mujer, la he hecho creer que estoy enfermo y viene ácada momento ávisitarme. María. (Dentro.) Se puede pasar? Luis, (Entrando con'^prontitud en la cama.) Adelante. María. (Dentro.) Pues tápese usted bien. Luis. Entre usted sin temor, que tengo cubierta hasta la punta de la nariz. María. (Entrando por la puerta derecha con una taza yun plato en la mano.) ¿Cómo se encuentra usted? Luis. Regular. María, Aquí le traigo otra tacita de caldo. Luí». Haga usted el favor de cambiarme esa sustancia por otra más sólida. i —6—' María. Mañana le traeré el pico de una rosca. Luis. ¡El picol Cuatro ócinco enteras. María. Bueno, mañana se las traeré, ahora tome usted el caldo. Está para beberlo. Luis. (Sentándose.) Venga. María. Pero no se destape usted más que lo preciso. Luis. (Tomando la taza yel plato.) Corriente. [Ap.) Esta hace la treinta, yme planto; yo no tomo la treinta yuna. (Probando el caldo.) ¡Jesús! María. ¿Está caliente? Luis. No, señora. María. Entonces... Luis. Voy átomarla. (Ap.) ¡Dios mió, acepta este sacrificio! (Bebe.) Gracias, doña María, coloque usted ese plato yesa taza sobro una silla ysiéntese en otra; pero con cuidado, porque se están desbaratando. María. Lo sé. El otro dia fui ásentarme en una y en nada estuvo que no diera un batacazo. Gracias áque conservo muchas fuerzas en las piernas. Luis. Yá! pues si conserva usted todavía tantas fuerzas en ese sitio, siéntese sin temor. (Se sienta María.) Doña María, ¿qué opina usted de la tardanza de Rafael? ¿Le habrá sucedido algo? María. ¿A qué salió? Luis. Aempeñar mi levita, porque no teníamos absolutamente que comer. María. Pues hasta que no gaste el último céntimo del dinero que le hayan dado por el empeño, no vuelve por aquí. Luis. ‘¿Será capaz? María. De todo. Aún estoy aguardando un perol y un almirez que me pidió prestados para machacar no sé qué cosa.., ¿Qué habrá hecho de ambos objetos? Luis. No lo sé. María. ¿Por qué hizo usted amis tad con ese calavera. Luis. Por lástima. María. ¿De qué pueblo son ustedes? 7 Luis. María. Luis. María. Luis. María. Luis. María. Luis. María. Luis. María. Luis. María. Luis. María. Luis. María. Luis. María. i r Luis. Dq Sevilla. ¡Ola ,andaluces! ¿Y áqué han venido áMadri 1? En busca do destino. ¿Han sido ustedes empleados alguna vez? Sí, señora; hemos estado sirviendo mucho tiempo en Fomento; pero nos dejaron cesantes en Vigo y... ¡Qué coincidencia! En Vigo ypor ese tiempo me quedó también cesante. ¡Cesante usted! El empleado era mi marido; pero el mismo dia que le quitaron el destino me abandonó el muy tunante yesta es la hora que no ha parecido. ' -[* Ahora comprendo. Su esposo quedó cesante de su destino, yusted quedó cesante de su esposo. Sí señor, eso es. ¿Y estaba también empleado en el ramo de fomento? ¡Cá! no señor; mi mqrido no sirve para fomentar. #; ¿Qué dice usted, señora? Lo que está usted oyendo: es incapaz de desempeñar un destino de esa categoría; no era mas que portero de no sé qué oficina* ¿Y no ha vuelto usted ásaber nada de él? Hace unos dias me he enterado de que anda por las calles de Madrid vendiendo tabaco de contrabando. ¡Preciosa profesión! • Pero pobre de él cuando lo encuentre; porque le salta los ojos, le arranco la lengua y le quiebro las manos para que no vuelva a sar una carta. .....i 'enia el asqueroso ydenigrante vici ; e ^esa fuóprecisamente la causa de núes- ^eTvfci^mas malo que puedo ten^una iatura, yvoy comprendiendo q^ do yle cuesta trabajo volver por q p —8— Voy ábuscarlo. (Saliendo con prontitud de la cama.) María. (Levantándose de la silla en que está sentada ytapándose la cara con ambas manos.) Quieto, don Luis, vuelva usted áentrar corriendo en la cania, que coy una señora yno debo verlo en calzoncillos. Luis. Tengo puesto pantalones. María. (Separando las manos de la cara.) Eso es otra cosa. ¿Y ha pasado usted la enfermedad con ellos? Luis. Sí señora, porque hace dos años que no se separan de mis carnes. María. ¿Pero no cambia usted de calzoncillos? Luis. Nó señora. María. ¡Jesús! ¿Y cómo puede usted aguantarlos tantotiempo? Luis. No los aguanto, doña María, porque no los uso. María. ¡Pobre hombre! Luis. Es mucha, mucha la miseria en que estoy. María. Mas ¿qué veo? ¡Acaba usted de salir de una enfermedad ytiene los pies en el suelo! Luis. No puedo ponerlos en otro sitio. Rafael se •llevó mis botitos ácomponer ycomo no ha vuelto... María. Si le estuvieran áusted bien unos zapatos mios. Luis. Creo que sí, porque desde que me dejaron sin destino, todo el calzado que me dan ó me prestan, le cae muy bien ámis pies. María. Entonces voy por ellos. (Váse por la puerta derecha.) Luis. Como usted quiera. ESCENA II. LUIS, ápoco RAFAEL. Luis. ¡Pobre mujer, qué buenos sentimientos tiene! ¡Cáspita! ¿Hará frió ólo tendré yó? ¡Qué duro es tener hambre yno tener que comer! Ay, Rafael, Rafael. Sí te viera entrar en este momento por esa puerta, no sé qué te haría .x Raf. —9— (Entrando por la puerta de la derecha con una levita abrochada hasta el cuello yun sombrero de copa algo ridículo.) Buenas tardes, Luis. Luis. .¿Pareciste yá? Raf. Chico, dispensa que me haya entretenido. ¡Valiente frió hace por las calles de Madrid! Luis. Hojalá te hubieses quedado tieso al volver de una esquina. Raf. Gracias. ¡Pues tienes buen modo de recibirme! Luis. Dame el dinero que te han dado por el empeño de mi lovita. ^' Raf. .¿El dinero? Luis. ¿No lo traes? Raf. Cálmate, Luis, que cuando sepas... Luis. No quiero saber nada. Venga el dinero. Raf. Pues chico, no traigo un cuarto. Luis. ¡Ah perro! Raf. Pero si no te traigo dinero, en cambio te traigo esperanza. Luis. ¿Conque álas cincuenta ydos horas de andar por esas calles te vienes sin dinero y con esperanza! Voy áromperte la cabeza. (Tomando una silla.) Raf. (Cruzándose de brazos-) Pártemela, no haré .la menor resistencia. Luis. Está bien; sal para siempre de osla casa. Raf. ¿Y el juramento que hicimos de no separarnos? Luis. Tú has faltado áél. Se dijo que una rosca que hubiera sería de los dos, la mitad para cada uno. . Raf. Cierto. Luis. Dime, condenado, ¿cuántas roseas te has comido desde que salistes de esta casa? Raf. Quósé yo; muchas. Luis. Muchas ¿oh? Pues yo no he tomado más que muchas tazas de caldo. Conqire hemos concluido; por esa puerta se sale ála calle. Raf. Está bien; voy ámarcharme, mas lo'hago con el consuelo de dejarte con un buen estino. Luis. ¿Mó tienes buscado un destino? Habla. i -16 — Maria. ¿Qué 68 eso de papeleta? Raf. La contraseña que me dió el latero para poder recojerlo yque no sé dónde anda. María. Nada de contraseña. Usted ha dicho papeleta, yeso me indica que lo ha empeñado usted. Raf. ¡Oh! nó, señora. Luís. Sí, señora, lo ha empeñado. ¿A qué lo niegas? María. No sé como puedo contenerme! es usted un canalla, un... jjesus! me ahoga el corage. Déme usted la papeleta del empeño ahora mismo. Luis. También eso es imposible. María. ¿Por qué? Luis. Porque la ha empeñado también. María. ¡Jesús! este hombre es capaz de empeñar... Luis. Todos los muebles de una vecindad, sí señora; pero ya, gracias ála venida de ese tio, porque es verdad que lo estamos esperando, no tendrá necesidad de volver á empeñar nada; solo falta que contribuya usted ásu dicha prestándole ese belon que le pide, yno dud? usted que muy pronto obtendrá la remuneración de tantos sacrificios como ha hecho por nosotros. María. No quiero remuneración, lo que deseo es que no vuelvan ádarme mas los buenos dias. (Vdse con prontitud por la puerta derecha.) Raf. Ahí tienes! creistes que conseguirías mas diciendo la verdad, yya vós, lo hemos perdido todo. ¿Quién vá áprestarnos ahora esa luz, que nos hace falta? Luis. Quién ha de ser, la vecina. Ahora mismo voy por su belon. Raf. Creo que te vendrás sin él. Luis. Lo veremos. (Vdse por la puerta derecha.) ESCENA IV. * RAFAEL; kpoco LUIS. Raf. Pobre doña María! cuánta razón tiene para desconfiar de nosotros. J5s muy seguro que Luis. Raf. Luis. Raf. Luis. Raf. Luis. Raf. Luis. Raf. Luis. Raf. Luis. la mitad do sus muebles los liemos ido empeñando poco ápoco. Poro ¡qué demonio! ¡si no teníamos que comer! ¡La necesidad obliga áhacer tantas cosas! Mas ya vamos ásalir de la miseria en que estarnos ypagaremos con largueza Jos muchos beneficios que por nosotros ha hecho. (Entrando por la puerta derecha con un cabillo de reía encendido ycolocado en el gollete de una botella.) Cumplo lo que ofrezco. Aquí me tienes con la luz. Pero chico ¿qué palmatoria es esa? Esto es lo que he encontrado. Un cabillo de cera que tenia la vecina dentro déla almohadil ade su costura yesta botella que tomó al paso, ysin que la viera, de su cocina. Esa luz no está decente. Pero alumbra. Mas yo la arreglaré. Dame el pedazo de cartulina ylos. allí leras que están dentro del canastillo. Voy áformar un cucurucho para tapar la botella. Soberbio. - Cierra antes esa puerta, no se le antoje venir al señor marqués ynos sorprenda en la operación. (Rafael cierra la puerta derecha, saca del canasto la cartulina ylos alfileres y se los dd d Luis;éste forma un cucurucho, sujetando la orilla de la cartulina con los alfileres. Esta operación se hará sin interrumpir el diálogo.) Luisillo, el destino de más categoría será el tuyo, lo mereces. Di me, ¿te convendría el gobierno de una provincia? ¡Pscb ! Cómo pscb. Mira que es un destino que debe ser muy lucrativo. Lucrativos son todos los destinos como uno sepa lucrarse. Yo lo que quiero es ser administrador. ¿En qué ramo? En cualquiera, porque dice un antiguo refrán «que el administYador que administra yel enfermo que se enjuaga algo traga.* —18 — Kaf. Yá, ytú quieres tragar. Luis. Claro, quiero desquitar los dos años que llevo de cesantía. Raf. Supongo, Luis, que los bienes que se adquieran seguirán siendo comunes como -hasta aquí. .- Luís. Como hasta aquí, rió, porque tú comes yyo me quedo en ayunas. Vamos, ya está la pantalla. Mira. (Tapa la botella con el cucurucho, dejando la habitación casi oscura.) Raf. ¡Soberbio! ya no se vó la botella. Luis. Pero tampoco nos vernos nosotros. Raf. Mejor, con eso no reparará el marqués en nuestros estropeados muobles. (Suena un golpe en la puerta derecha.) ¿Han llamado? Luis. Sí. Colócate detrás de esa puerta (izquierda ) yno salgas hasta que yo te llame. Raf. Chico, por Dios, llámame pronto; bien sabes que ahí dentro... Luis. Bien. Cuando salgas lo harás dándote mucho tono, mucha importancia. Invitarás al señor marqués áque pase ála sala de estrado. Raf. ¿Y dónde está ese estrado? Raf. Detrás de esa puerta (izquierda) . Raf. ¡Demonio! Ysi el marqués quiere pasar? Luis. Yo le impediré la entrada. Le hablas de muchos ybuenos muebles, de lámparas soberbias traídas de la gran China. (Suena otro golpe mas fuerte en la puerta derecha.) Ya van. Ahora ocúltate. Ño olvides que soy tu criado. (Abre la puerta derecha.) Raf. Está bien-, ESCENA V. LUIS. RAFAEL oculto detrás de la puerta izquierda. PEDRO, que representará el tipo de un hombre estremadamente grueso, entrando por la derecha. Luía. (Con acento gallego.) Pase usted, señor. Pedro. Diga usted al señor conde que aquí le espera un caballero. Luis. Con mucho gusto. (Dirigiéndose dla puerta izquierda.) ¿Señor conde? -19 - Raf. (Con voz gangosa.) -¿Qué quieres? Luis. (Ap.) ¡Cáspita! ¿si se habrá rosfriado? (Al to.) Aquí esperan áusía. Raf. Voy. , Luis. Ya sale. Tome usted asiento. Pedro. Gracias. Raf. (Saliendo ydando la mano áPedro.) Hola, señor marqués... Pedro. Señor conde, fiel ámi palabra, he venido para conocer ásu buen amigo el señor barón. Raf. ¡Qué desgracia! Cuando llegué habia acabado de salir. Luis. Cierto, no sé como no lo encontró usía por las escaleras. - Raf. Poco tardará en volver. Pero tome usted asiento. Pedro. Vengo deslumbrado de la calle yno veo nada. Raf. Es verdad, no habia reparado. Santiago, dá más luz áese quinqué. Luis. (Ap.) Demonio, esto no lo habia previsto. Raf. ¿Has oido? Luis. Sí señor; pero es el caso que la vista... es decir, la vista... .v Pedro. (A Rafael.) ¿Tiene usted los ojos malos? Luis. Sí señor, yel médico, que acaba de salir en este momento, ha prohibido terminantemente que le dé la luz. Pedro. ¡Oh! pues entonces no toque usted el quinqué; ya voy viendo mejor. ¿Y qué ha sid > eso, señor connde? porque al separarnos... Raf. *Es afección que me ataca de repente. Si usted quiere pasaremos á ese otro, gabinete yestará con mas comodidad en una butaca. Pedro. Como usted guste. Raf. (Con mando.) Santiago, enciende la lámpara de! salón de la sillería verde. Verá usted, señor marqués, qué bonita sillería. Pedro Tendré mucho gusto en admirarla. Luis. ¿La lámpara del salón ha dicho usía? Raf. Sí, despacha pronto. Luis. (Ap.) ¿Dónde estará el salón, dónde la lám- -gOpara ydónde esos muebles verdes? Kaf. ¿Qué te detienes? ¡ Luis. Voy, señor. (Ap. dRafael.) Que me estás yte estás comprometiendo con tanto pedir. Raf. (Ap. dLuis.) Como me dijiste qué la echara en grande... Luis. (Id.) Te aconsejé dijeras quo tenias muy buenos muebles, mas nó que quisieras enseñarlos. Raf. '(Id.) Yqué le digo ahora? Luis. ¡Qué sé yo! Pedro. Vamos, comprendo lo que están hablando. El criado se niega áencender la lámpara por temor áque se le ponga la vista peor. Raf. Cierto. '- Pedro. Nada, 'aquí estamos bien, ya estoy sentado. (Se sientp,.) ¡Jesús! qué mareos tengo. Luis. (Ap. dRafael.) Demonio, que ha ido ásentarse en la silla más rota yvá ádar un •batacazo. Pedro. (Levantándose.) ¡Canario, que no puedo es- .tar sentado! Raf. ¿Qué es eso, está rota la silla? Pedro. Nó señor, es mi cabeza. Siempre que acabo de comer siento estos mareos, pero me pasan enseguida que fumo un cigarrillo. Raf. ¿Quiere usted un puro? Pedro. Sí señor, porque con e¡ deseo de venir á . Lver áusted no puse ninguno en mi petaca. Raf.. Santiago, sobre la tapa de piedra del estrado amarillo hay unos cigarros, tráeios. Luis. ¿Del estrado amarillo? Raf. Sí, sobre la mesa de mosáico. Luis. Yá, sí; pero los que allí había, se han concluido. Raf. Son otros: es un cajón que me ha regalado mi primo el vizconde. u Luis. Yá; ¿se lo ha regalado áusía el señorito su primo? Raf. Sí. 11 , Luis. Pues no los he visto tampoco. Raf. ¿Qué habías de ver, si estabas tú fuera cuando lo trajeron? Luis. -21 — (Ap.) Qué gana fte comprometerme ycomprometerse! Raf. Anda por ellos. Luis. Voy, señor. (Ap.) Sin duda cree éste que yo hago milagros. ¿De dónde saco esos puros? (Abre la puerta izquierda.) Raf. Santiago, cierra esa puerta, que entra mucho aire. Luis. Está bien, señor. (Ap.) ¡Esto solo me ialtaba! aquí dentro, en ayunas ycon la puerta cerrada. (Entra ycierra.) Raf. Conque volviendo al tema que dejamos al separarnos. Le decía que quiero la libertad de mi país, pero hermanada ccn el orden, vque para ello seria preciso aumentar el poder del pueblo restringiendo on parte el de los grandes. Pedro. Justamente. Balancear los derechos do cada uno. - Raf. Ydar el bienestar átodos. Pues esa es, amigo mió, mi política. Pedro. Yla mia. Luis. (Sacando la cabeza por la ciarabolla.) ¡Jesús. Ya puedo respirar. Raf. Bien sabe Dios, señor marqués, que no ambiciono riquezas; prueba de ello que las que tenia las he perdido... Luis. (Ap-.) Al monte. Raf. Por defender la libertad. Pedro. ¿Conque tan liberal ha sido usted siempre? Raf. Sí señor, ysiempre avanzando en ideas. Luis. Ya lo creo que avanzas, ya empeñas. las levitas de los amigos yte tragas el dinero! !'' Raf. En mi pueblo me llamaban su salvador. Pedro. ¿De qué pueblo es usted? Raf. De la Algaba. Pedro. No conozco esa ciudad. Raf. Está en Extremadura. Luis. (Ap:) ¡Cuántos embustes está ensaltando! ¡Lo que hace la necesidad! ’ Vea usted, amigo mió; ayer no hubiera yo sido empleado por nada del mundo, yhoy, visto el estado de la política do nuesti a Raf. Luis. Raf. Luis. Raf. Pedro. Raf. Pedro. Luis. Raf. Pedro. Raf. Pedro. a Raf. Pedro. Raf. Pedro. Raf. Pedro. * Raf. Luis. Raf. Luis. Raf. Luis. Pedro. Raf. querida pátria, ¿Mmitiria con gusto el gobierno de cualquier provincia. Ya lo creo. , Ymi amigo el señor barón, que es un matemático consumado. (Ap.) Consumido. Admitida también una administración cualquiera. Haré presente, álos amigos su honroso deseo. {Ap.) Me parece que este conde no es lo que aparenta. (Alto.) Yaya, puesto que no vienen esos cigarros yme han pasado los mareos, me sentaré. (Sobre la banqueta.) (Queriendo impedirlo.) Ahí nó. En cualquier parte. (Se sienta ycae.) ¡Jesús! (Ap.) Ya hizo pedazos la banqueta. ¿Se ha hecho usted daño? Me he reventado. ¡Cuánto lo siento! (Queriendo levantarse.) ¡Ay! Pero ¿qué demonio tiene esta banqueta? (Ayudando dlevantarlo.) Eí bruto de mi criado, que de tirarse sobre ella le habrá aflojado los muelles. ¡Ay! ¡qué muelles ni qué berenjenas! ¿Quiere usted un poco de agua? Sí señor. ¿Con azucarillos? Con cualquier cosa. Santiago! Santiago! (Saliendo.) Señor... Un poco de agua, pronto. (Ap. dRafael.) ¿De dónde la saco? (A Luis.) Un esfuerzo, Luis, un esfuerzo ynos hemos salvado. (Id.) ¡Pero si no hay un tiesto donde traerla. Ah, sí, voy por ella. (Sale con prontitud por la puerta derecha, volviendo dpoco con un vaso yun plato.) ¡Ay! ¿viene el agua? Han ido por ella. ¿Dónde recibió usted el gol pef / Pedro. Qué sé yó, en tQilo el cuerpo. Pero ese agua... Raf. (Dirigiéndose Ala puerta derecha.) Sí señor. Santiago, Santiago. [Vaya un posma! Luis. (Entrando con el caso de agua.) No grite usted tanto, señor, ya está aquí el agua. Pedro. Venga. (Tomando el vaso ybebiendo.) Raf. Débala usted toda. Luis. Sí, que está muy fresca. Raf. (Ap. áLuis.) ¿Dónde encontraste ese vaso? Luis. (Ap. ARafael.) En la despensa de la vecina. Raf. (Id.) ¿Te lo vió tomar? Luis. (Id.) Creo que nó. Pedro. Este refresco me ha dado la vida; ESCENA VI. DICHOS. María, entrando furiosa por la puerta derecha. María. [Pero es posible!.,. Pedro. (Ap.) ¡Jesús! esa voz... María. ¡Mire usted que es mucho cuentol Luis. (Ap.) Se desplomó la casa» María. ¡Ni aun dentro de mi despensa he de tener nada seguro! Raf. Repare usted doña María que... María. Aparte usted. \ Pedro. (Ap.) ¡María! (Se levanta el cuello del gabán para no ser reconocido por ella.) Raf. Calma, señora, calma. María. Calma ¿eh? No quiero tener mas. Ustedes se han figurado que todos los objetos de mi casa son comunes. Raf. (Ap. AMaría.) Por Dios, doña María, que no estamos solos, que la está áusted oyendo mi tio el señor marqués. María. Qué marqués, ni qué alcachofa. ¡Pero ya lo adivino todo! ¿Quieren ustedes, engañar á ese buen señor? Mas no lograrán su intento. (Dirigiéndose con prontitud APedro; éste procura no ser reconocido por María.) Caballero, no crea usted nada de estos intames, porque son unos ladrones... ¡Señora! Raf. i -24 — María. Ladrones, sí, que rne .han robado cuanto mueble útil tenia en mi casa, yahora mismo, en mi propia cara, acaban de quitarme de mi despensa una medicina que me había costado veinte reales. Raf. ¡Una medicina! Pedro. ¡Ay Dios, qué fatigas! Luis. Diga usted, doña María, ¿esa bebida tenia sustancias venenosas? ¿Podrá hacerle daño al que la haya tomado? María. Ya lo creo; puede hasta reventar. Peddo. (Dejándose caer con abatimiento sobre eljerjon.) ¡Jesús! - María. La medicina está preparada para tomarla en pequeñas dosis. Luis. ¿Sí? (A Pedro con prontitud.) ¿Ha bebido usted mucha? Pedro. (Con abatimiento.) Toda la que traía el vaso. Luis. ¿Toda? Jesús, este hombre vá áreventar. María. De seguro, porque es un vomitivo muy fuerte. Pedro. ¿Un vomitivo? ¡Ay! Luis. (Incómodo.) Pero condenada mujer, ¿quién le manda áusted tener sustancias venenosas ávista de todo el mundo? María. (Más incómoda.) Hombre de Lucifer, ¿y ó usted quien le manda tomar de mi despensa lo que no le corresponde? Voy ahora mismo ádar parte ála policía, porque yo no cargo con ese muerto. (Vásecon prontitud por la puerta derecha.) •IV(.... ,Í.,> i* *•*r. v ; .>v’••¿. '?i*»;*¡, t» ‘••V;-y j¡ ''t••• *• ESCENA VH. '/ ;ii)ír;\:t;'r•'f *i.'. ';;v. ?•,>V•4i.v'? i-V ? ;. ' »\r, 1 •; ' tk %iK;/• LUIS, RAFAEL yPEDRO. Luis. Ni yó. . Raf. Yó tampoco. (Queriendo salir ambos por la puerta de recha éimpidiéndose mutuamente la salida.) •u«>sí. - oVá\ Luis. Tú solo tienes la culpa de lo que está pasando. Raf. Yó, ¿y por qué? Luis. Por traer engañado áese hombre hasta esta Raf. .-25 — casa; ydeja que se presente el juez átomarnos declaraoiou, ya verás lo que le digo. (Queriendo salir.) Es que yo no aguardo á quo llegue el juez. Luis. (Deteniéndolo.) Que no te muevas de aquí. Pf.dro. (Poniéndose de pié yandando con alguna dificultad hdcia la mesa.) ¡Por Dios, señores, préstenme ustedes algunos socorros. Raf. Tiene razón. Voy por un médico. (Quiere salir.) Luis. (Deteniéndolo.) Aquí no hace falta médico, es mas necesaria la medicina. Voy por aceite. (Vd dsalir.) Raf. (Deteniéndolo.) ¿De dónde vas ásacar ese aceite? Luis. De la despensa do la vecina. Pedro. ¡De ahí nó, aceite nó; yo no tomo nada de esa despensa! ¡Un médico! Raf. ¿Oyes? ¡Quiere un módico! Voy por él (Id.) Luis. Nada, aquí quieto; si ahorcan áuno, que ahorquen álos dos. (Pedro habrd llegado con alguna dificultad hasta el centro de la habitación ysintiéndose atacado de un nuevo vértigo, se apoya en la mesa ycae, rodando con gran estrépito las tablas, los bancos yla botella con la luz, quedando la escena completamente oscura. Al sentir el estrépito Luis yRafael se abrazan ycaen postrados de rodillas.) Pedro. '(Al caer.) ¡Dios me valga! (Queda aturdido ycomo muerto hasta que lo indique el diálogo.) - ( Luis. ¡Jesús! Raf. ¡Se murió! (Caen.) Luis. ¡Dios te haya perdonado! Raf. Ese hombre es un mártir. Luis. Yde los de más categoría; por eso su muerte ha sido senada, ruidosa, estrepitosa... Raf. Luis, ya nos dieron el destino. Luis. Ybueno; porque ahora, con la caída, será probable que ese infeliz se haya hecho alguna contusión yal verla el juez creerá que nosotros lo hemos matado así, ópuñetazos. 4