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La medicina inverosímil de Ramón Gómez de la Serna

Zaragoza Rubira, Juan Ramón

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LA MEDICINA INVEROSÍMIL DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA Por JUAN RAMÓN ZARAGOZA RUBIRA Excmo. Señor Director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Excmos. e Ilmos. Señores Académicos. Excmas. e Ilma s. Autoridade s. Señoras y Señores. Mis primeras palabras deben ser de gratitud para los miembros de esta Academia, que votaron favorablemente mi admisión, en un rasgo que debo calificar como de osada generosidad. Generosidad, porque soy realmente aficionado a las Buenas Letras, pero más como lector que como creador. Y osada, porque la admisión en es ta Docta casa es un cheque en blanco incitando a una labor personal que justifique la confianza en mí depositada. Pero dentro de esta gratitud general hay que destacar por una parte, un recuerdo; por otra, un agradecimiento. El recuerdo emotivo y cordial en este momento es para el Profesor Alberto Díaz Tejera, académico, maestro, y, sobre todo, amigo. Gracias a él, apasionado miembro de esta Academia, co - nozco desde hace mucho tiempo sus objetivos, sus actuaciones y sus proyectos. Gracias a él he aprendido mucho sobre el humanismo, con su técnica docente generosa y vital, que le hicieron acreedor del titulo de maestro, en el sentido de que es profesor quien enseña una materia; es maestro quien, además, enseña una forma de vivir. 26 JUAN RAMÓN ZARAGOZA RUBIRA Por otra parte, debo agradecer al Director de esta Academia, Profesor Rogelio Reyes Cano, el aceptar mi petición de con - testar a este di sc urso de ingreso, para lo cual nos presenta un trabajo de tal calidad, que en justicia debería ser él el expositor principal y mía la contestación; sin embargo, dejémoslo como está, para que se vea lo que es la veteranía, el profundo conocimiento del tema, y el fino saber hacer que le caracteriza. Se me asigna en esta Academia un sillón, que de por sí compromete, porque en su historia figuran un médico y un quí - mico que han desarrollado, marginalmente a lo que ha sido su profesión principal, una dedicación literaria o artística que ha constituido mérito principal para su elección. Recuerdo, primero, al doctor Salvador Fernández Alvarez, destacado poeta, con sus libros Cristales, Siluetas líricas y Sol y nubes, así como sus obras Prosas de vega y marisma y De la gesta espaííola. Autor, igualmente, de un Itinerario lírico de Sevilla, que descubre al detalle cómo se puede transitar por una ciudad siendo receptivo a su belleza y su poesía. Correspondió también este sillón a D. Joaquín Romero Murube, electo para el mismo, pero que murió antes de poder llegar a ocuparlo. Finalmente, quiero aludir con especial cariño al que ha sido mi inmediato antecesor, el Prof. Juan Manuel Martínez Moreno, Catedrático de Química Técnica de la Universidad de Sevilla, y Fundador y Director del Instituto de la Grasa, del Consejo Superior de Investigaciones Científica s. El Prof. Martínez Moreno supo unir el rigor del trabajo científico, tanto en investigación como en desarrollo t éc nico, con una fina sensibilidad hacia las artes, en especial hacia la música, que en su caso no era solamente afición, sino casi una plena dedicación y entrega. He tenido la dicha de disfrutar con él de algunas largas conversaciones en las que mostraba su conocimiento y disfrute de la ópera, cuyas mejores representaciones perseguía por los más diversos teatros del mundo. En relación a nuestra Academia, su Discurso de Ingreso muestra con interés y apasionamiento el origen y vicisitudes del nuevo sistema de extracción del aceite, original de D. Miguel Antonio del Prado y Lisboa, Marques de Acapulco, expuesto en su obra Nuevo procedimiento para la elaboración del aceite de LA MEDICINA INVEROSÍMIL DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA 27 oliva, Madrid, 1907, y que se sintetizó como "sistema Acapulco ", analizando, tanto los fundamentos del método, como la historia de su implantación práctica, con las ilusiones, riesgos y s insabores que su desarrollo supuso. A todo Académico electo que no se dedica profesionalmente al oficio de escritor, se le plantea el problema de la elección del tema apropiado para su Discurso de Ingres o. En mi caso, lógicamente, debe versar sobre algún aspecto de las relaciones entre medicina y literatura. Y creo que hay uno de singular interé s: la intuición, desde la literatura, de realidades o planteamientos relacionados con la salud y la enfermedad, que solo mu cho tiempo después de su formulación literaria han podido demostrarse mediante las necesarias comprobaciones científicas. Les voy a referir cómo se inició mi asombro en este campo. Se trata de la descripción, por Lope de Vega, de una aplicación de los reflejos condicionados de Pawlow, que es te genial investigador desarrolló casi tres siglos después, en el tránsito de los siglos XIX al XX . Lope describe, en su obra El sacristán de las monjas, que en la Iglesia del convento abundaban los gatos, y que maullaban, en especial durante la Santa Misa, distrayendo a las monjas y a los asistentes. El sacristán, para eliminar estos maullidos, y sin llegar a la eliminación física de los felinos, procede a darles caza, introducirlos en un saco, y apalearlos a la vez que toca una campanilla. Puestos los gatos en libertad, y aunque sigan rondando por la Iglesia, bas ta el toque de campanilla al iniciarse la Santa Misa para que desaparezcan como por ensalmo, permitiendo su desarrollo con el necesario silencio. En relación a los precedentes médicos en obras literarias, ya hace tiempo me llamó la atención un libro del genial escritor Ramón Gómez de la Serna titulado El doctor inverosímil. Se trata la actuación profesional de un médico, el Dr. Vivar, que practica un tipo de medicina muy particular, según veremos a continuación, adecuada para cierto tipo de enfermos, en los que consigue éxitos espectaculares. Pero lo importante de esta novela es que co nstituye una predicción de lo que la medicina científi ca desarrollará años despues: las enfermedades alergicas, la medicina psicosomática, el psicoanálisis, la relación médicoen- 28 JUAN RAMÓN ZARAGOZA RUBIRA fermo, el efecto placebo, etc. Todo un conjunto de sugerencias que, tras su formulación literaria, encontrarán su debido marco científico. Pero pasemos ya al tema de nuestro Discurso. Ramón Gómez de la Serna publicó, en 1914, su obra El doctor inverosímil en la colección "La novela de bolsillo", de Madrid. Conviene recordar la fecha y el título, porque esta pequeña novela, esta sucesión de cuadros, suposiciones y actuaciones de un médico poco usual, son uno de los casos más extraordinarios de avance, de predicción, que puede mostrarnos la literatura española. Porque, analizada desde un punto de vista médico, la lectura de El doctor inverosímil no puede menos que hacer reflexionar a cualquiera que se adentre en sus páginas. Y quizá sea ahora, más que cuando se escribió, el momento de sacar provecho de estas formidables intuiciones. Porque, a fin de cuentas, el objetivo fundamental de la medicina es la curación del hombre enfermo. Durante milenios la humanidad ha aplicado los métodos más diversos para conseguirlo, desde las danzas rituales de los hechiceros hasta la administración empírica de los remedios más variados. Solo desde hace unos veinticinco siglos, desde la Grecia clásica, podemos hablar de una medicina científica, entendiendo por tal la que se basa en un pretendido conocimiento científico de los mecanismos de la salud y la enfermedad. Y solo desde hace pocos siglos -desde el Renacimiento según unos, desde el XIX según otrospodemos hablar de una medicina científica pretendídamente moderna o contemporánea. Lo que sí se puede decir es que toda teoría médica, sea el animismo, el mesmerismo, el toque del trigémino o la antibioticoterapia, tienen un comprobante final: la curación de los enfermos. Por eso en el momento actual, y frente al excesivo escepticismo del siglo pasado, la medicina presta una atención creciente a campos denominados paramédicos: la acupuntura, el naturismo, la mus icoterapia , las terapéuticas religiosa s, la medicina popular,etc. Atención que no es credulidad, sino comprobación y, en su caso, aprovechamiento para la medicina cientifica, pero, siempre, rechazo de una postura de incredulidad inicial. Para la medicina científica, tan acientifica es la negación previa de una LA MEDICINA INVEROSÍMIL DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA 29 curación por medios no conocidos, corno su aceptación entusia smada sin una comprobación rigurosa. Lo correcto es la aceptación de los hechos comprobados -aunque se trate de curaciones extremas por medios inhabitualespor más que su mecanis mo nos resulte inexplicable. Como, atrevidamente, hizo Alex is Carrel en su Viaje a Lourdes atestiguando una curación que no explicaba por la ciencia ni asumía religiosamente de sde su falta de fe . Como va a hacer, en El doctor inv erosí mil . el personaje central de la novela, el doctor Vivar. EL MÉDICO INVEROSÍMIL En efecto, el autor comienza presentándonos al Dr. Vivar, "a pellido bien castizo que oponer al apellido extranjero que es de rigor en todo innovador» ( DI ,23)*; médico totalmente descontento de la medicina que estudió y practicó a principios del siglo XX, descontento que le impulsó a iniciar la práctica de otro tipo de medicina que, para entendemos, vamos a denominar desde ahora «medicina inverosímil», del mismo modo que el autor apoda «inverosímil» al doctor Vivar, que protagoniza la historia. ¿En qué consiste, básicamente, esta nueva medicin a? Podríamos decir qu e, fundamentalmete, en un nuevo concepto del hombre y de sus relaciones con el mundo que le rodea. En este sentido cabria hablar, con una tremenda amplitud del término, de un nuevo y sui generis hipocratismo, de una vuelta a los orígenes de la medicina. Porque la medicina griega consideró siempre al hombre, sano o enfermo, como inmerso en su ambiente, cuyas modificaciones, tanto climáticas (ver el hipocrático De los aires, aguas y lugares) como de otros tipos, producirían enfermedades o modificarían el curso de las enfermedades existentes. La medicina actual, centrada en el estudio del enfermo y de los medios de diagnóstico y tratamiento que le son aplicables, ha olvidado esta interrelación entre el hombre y su ambiente, lo cual es sumamente peligroso en un momento en que l as modificaciones ambientales originadas por la agresividad industrial acentúan aún más esta dependencia del hombre respecto de su entorno. * L as referencias se refieren a la edición de El do ctor inverosímil por Editorial Aguilar, Madrid 1948. 30 JUAN RAMÓN ZARAGOZA RUBIRA La práctica médica sigue una sistemática obligada: interrogatorio y examen del enfermo, elaboración de un diagnóstico y un pronóstico y establecimiento d~ una terapéutica. Bajo es ta metódica subyace un concepto propio de la estructura y función del organismo humano, de la salud y de la enfermedad. Es tos condicionamientos lo s encontramos en la medicina científica, en la medicina no científica y en la "medicina inverosímil». Hagamos un repaso de ellos. EL ORGANISMO: ESTRUCTURA Y FUNCIÓN. La medicina inverosímil acepta, básicamente, la anatomía y la fisiología científicas, si bien animándolas, vitalizándolas, incluso personificándolas. Su reproche será mostramos el olvido en que hemos dejado la vida propia de cada órgano, las extrañas relaciones entre los sistema s, la potencialidad vital de los grandes acontecimientos fisiológico s. Por ejemplo: «los huesos. según mis últimás experiencias -nos dice el Doctor Vivartienen sensibilidad, querencias y sobre todo una materialidad que forma parte íntima con nosotros, por eso no deben ser olvidados. Casi todo en la vida es voluntad de nuestros huesos, y cuando aquel día no hubo manera de ir a aquel sitio, fue por la antipatía que nuestros huesos le tenían. Nadie cree en los huesos como si fuesen parte inerte, muerta, inutil de nuestro ser.Falso» (DI, 173 ). Frente a la anatomía moderna, que desde Vesalio considera al hombre como una fábrica, una edificación, una estructura, en la que los huesos actúan como elementos de sostén, la medicina inverosímil proclama su vitalidad, su personalidad, inclu so su voluntad propia que puede llegar a vencer la del individuo. Así, refiriéndose a un caso clínico indica que «el esqueleto, que es alegre, y que siempre lo único que le falta para lanzarse a bailar unas peteneras son los elásticos que junten s us huesos, en estas dos personas lo he visto junto y forrado, sin más, sin nada más. En las rodillas podía apreciarse que todavía los huesos eran más plásticos que la figura, que todavía eran ellos como personas má s delgadas espiritualmente que sus propios huesos» (DI,331) Y de entre los huesos quizá sean los dientes los que presentan relaciones má s vitales, más profundas, má s siniestras. «Los dentistas LA MEDICINA INVEROSÍMIL DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA 3 ¡ sacan a veces la muela de la vida, la que tapona, la que después deja un vacío horrible en la encía del que le ha tocado la vez, de scorchado para siempre" (DI,328). Por eso se deben tener muy en cuenta en la práctica médica. Véase, si no, el siguiente caso: "Yo, a veces, tengo que recurrir al dentista. En una ocasión vino a mi una especie de loco con grandes dolores y al que nadie entendía. Yo le miré de hito en hito. Su madre no le perdía de vista, como si fuese su loquero. Yo solo le dije: -Que le saquen mañana mismo la muela del juicio ... Sin falta mañana y que venga por la tarde. En efecto, su locura había desaparecido: aquella muela del juicio era la causa de su locura, incrustándose como en su cerebro por lo larga, lo dura, lo enorme y lo insistente que era"(DI, 328-29). Podríamos seguir comentando numerosos ejemplos de esta singular concepción de la estructura corporal que merecería, ampliando el significado, la clásica «anatonúa animata». Porque también para la medicina inverosimil, ciertas funciones fisiológicas tienen su identidad, sus propios derechos. Como la menopausia. Existe, dice el doctor Vivar, y todo médico, según él, lo tiene que reconocer, la «fiesta de la menopausia », que se presenta más aguda, más significativa, en unas pacientes que en otras, como le ocunió a una paciente, la señorita Rosalía Ordeaz, a cuya casa fué llamado el doctor Vivar porque ella, siempre tan seria, siempre tan formal, se encontraba en un formidable delirio de alegria, riéndose, moviéndose incansable, bailando y viéndose al pasar frente a los espejos. La medicina científica ya había dado su veredicto: «los médicos que la han visto - afirma el padrehan dicho que está loca de remate y que habría que encerrarla. -No - le contest é yoúnanse a la fiesta que celebra hoy la pobrecilla. ¡Hoy se despide de su vida pasada, hoy se ha acabado su vida genésica ... ! La naturaleza celebra su última fiesta, lo que en medicina se llama menopausia ... Traigan dulces, pastas y una botella de jerez ... Hay que emborracharla y que tenga el largo y restaurador sueño de los borrachos» (DI, 212). LAS CAUSAS DE LA ENFERMEDAD Si en principio la «medicina inverosímil» acepta la anatomía y la fisiología científicas, solo que vivificándolas y persona- 32 JUAN RAMÓN ZARAGOZA RUBIRA !izándolas, la aportación más interesante que realiza reside en el terreno de la etiología, del análisis de las causas de enfermedad, así como en la semiología y en la terapéutica. Comencemos por analizar lo que se refiere a las causas de la enfermedad. En principio, la medicina inverosímil acepta las causas de enfermedad admitidas por la medicina científica. No reniega, pue s, de los microbios, de las inflamacione s, de las carencias vitamínicas o de lo s agentes físicos patógenos. Pero -y esta es su diferenciaconsidera que las enfermedades así producidas deben tratarse por la medicina científica, la medicina habitual. El médico inverosímil so lo debe tratar las enfermedades producid as por causas inverosímiles. Y estas caus as de enfermar, no relacionadas en los tratados de medicina científica, son uno de los aportes intuitivos m ás interesantes formulados por Ramón Gómez de la Serna. Su clasificación es, en principi o, dificil. El doctor Vivar no da ninguna charla sistemática sobre el origen de la enfermedad ; él es un práctico, no un teórico. Por eso debemos ir siguiendo sus casos y sobre todo sus observaciones dispersas, dejadas caer como al azar, para poder sistematizar mínimamente la etiología inverosímil. A grandes rasgos encontraremos dos grandes causas de enfermedad: las que proceden del ambiente y las que dependen de algún cambio localizable en el propio enfermo. Y entre las influencias ambientales las más peligrosas son las dependientes de ciertos objetos, de ciertas personas o de ciertos lugares. LOS OBJETOS PATÓGENOS Como los huesos, como l as muela s, como la menopausia, los objetos tienen su propia vida, su propia personalidad, que influye sobre la persona que con ellos se relaciona. Nuestro mundo, demasiado técnico y científico, ha olvidado las reminiscencias mágicas de la vida, el influjo de ciertos objetos sobre lo cotidiano, sobre nuestra actividad diaria, sobre nuestra salud. El médico inverosímil, al contrario, no puede olvidar es te influjo, y debe estar atento, al observar cada enfermo, de los terribles objetos que al estar en contacto con él en su vida diaria, le influ ye n, le perjudican, le enferman. Por ejemplo, los espejos. ¿ No nos hemos fijado que los espej os no solo reflejan nuestra imagen, sino que la absorben, la en- LA MEDICINA INVEROSÍMIL DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA 33 frían con su frialdad de cristal y mercurio, la chupan, la absorben?. «La desustanciación por los espejos es atroz. Mirándose mucho al espejo, encontrándose mucho con él, se puede tener hasta el cáncer ... Y o he conocido a u na persona que tenía la manía de que iba a tener un cáncer en la lengua ... No tenía ni antecedente de familia ni nada que justificase aquello, pero como estaba siempre mirándose y sacándose la lengua en los espejos, lo tuvo»(DI, 194). Por ejemplo, los veladores que también succionan nuestra electricidad vital y la transmiten a tierra. "El influjo de ese veladorcito -nos cuenta el doctor Vivar en relación con uno de sus casosprovocaba en mi enferma una comunicaciónn magnética que era lo que el pararrayos es para el rayo, hundía su fluido en tierra, qu e la iba dejando desprovista de esas electricidades intimas que son tan necesarias para la vida."(DI,388) Por ejemplo, los burós que «son un insano confesionario de uno mismo por uno mismo»(DI, 396), o los costureros: «cuidado con los costureros. No hay nada más estancado que un costurero)>(DI,393). O las mecedoras: «No hay nada que alargue tanto la enfermedad y la aduerma y la etemice )) (Dl,401).0 las gabardinas: «las gabardinas han tenido la culpa de muchas defunciones, pues tanto las mujeres como lo s hombres se creen abrigados el día de frío por un fenómeno extraño de sugestión, con la ligera gabardina))(DI,227). O los abanicos de plumas: «alguna vez he curado a una mujer con dolores de cabeza y con un sueño que no la dejaba ni en la ópera ni en los salones quitándole el abanico de plumas, impregnado del aire arcaico, pesado, vetusto y neurálgico de lo pretérito )> (DI,406-407). O los forros de los bolsillos (DI,314), los candados de letras (DI, 166), el respaldo de los retratos (DI, 403) y tantos y tantos objetos que inocentemente manejamos en nuestra vida diaria, pero que tan profundas repercusiones pueden tener sobre nuestra salud. La capacidad de enfermar de los objetos procede unas veces de si mismos, pero en otras ocasiones, de haber pertenecido o haber estado en contacto con determinadas personas, transportando así una malignidad sobre su posterior usuario. Son muy nocivos, por ello, los objetos que proceden de una casa de préstamo s: «de comprar cosas en las casas de préstamos proceden muchas enfermedades misteriosas y deleznable s>) (Dl,76).0 los transmitidos 40 JUAN RAMÓN ZARAGOZA RUBIRA hipar y no podía, y aquel ·hipo se le metía por todo el cuerpo y empujaba e inquietaba su corazón, y se le metía como un puño embestidor en el costado, por la parte adentro, por la parte profunda ... » (DI, l 93) Son también muy importantes las sugerencias que el e nfermo realiza sobre la comprensión y explicación de su enfermedad, lo cual es especialmente importante en relación con alg un os órganos, y especialmente con el corazón. Porque el corazón es un órgano receptor, que recoge y amplifica todas las preocupaciones del enfermo, especialmente cuando el enfermo piensa que puede enfermar del corazón. Por eso dice el doctor Vivar : "tengo co mprobado que los males del corazón provienen de la creencia que tiene del corazón el que los padece». Por eso .. hay que estudiar el corazón en su concepción en la mente del enfermo. El corazón no existe. El corazón es so lo una cosa que marcha o que se para, según el móvil que no parte de él, si no que , por el contrario, acaba en él" (DI, 348-349). y «para curar el corazón hay que reconocer todas las circunstancias conmemorativas, porque se relaciona con todo, y que necesita estar alegre, y que la cabeza lo domine, esclavizándolo y quitandole el pánico» (DI, 356). Influencias personales, impresiones de la infancia, creenc ias incorrectas y otras ca usas de tipo personal figuran entre la s causas de enfermedad manejadas por Ja medicina invero sí mil. Junto con las repa sa das en los apartados preceden te s podemos ver así en conjunto el amplio y variado mosaico de causas de enfermedad, tan distintas de l as establecidas por la medicina científic a, pero por ello tan dificile s de comprobar, tan esquivas, tan huidiza s. El médico inverosímil deberá, con su método, tratar de localizarlas en cada caso. Pero, ¿cual será el método exploratorio de la me di ci na inverosímil ?. Tratemos de recogerlo. LA EXPLORACIÓN DEL ENFERMO EN LA MEDICINA INVEROSÍMIL En la clíni ca ortodoxa el reconocimiento del enfermo compr ende la anamnesis y la exploración. Existe una exploración clíni ca, que realiza el médico en su propio consultorio, y otras exploraciones más complicadas (laboratorio, radiología, pruebas funcionales) para las que hay que recurrir a clínicas especializadas. LA MEDICINA INVEROSÍMIL DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA 4 l Pues bien, la medicina inverosímil desconfía, e inclu so desprecia, los metodos clásicos de exploración, porque ha llegado a un conocimiento mucho más profundo que el que posee la medicina científica, ha llegado a saber que lo s resultados de la ex ploración, si son mal interpretados por el enfermo, pueden agravar la enfermedad o convertirse en causa de una nueva. Así se comprende que el doctor Vivar no s diga: "mi termómetro es un termometro falso que no puede señalar más que el 37,4º porque hasta ahí tiene el mercurio, y el resto del cristal es só lido y no deja pasar la plateada sierpe. Para mis enfe1mos también tengo termómetros de esta clase, que susti tu yo en lugar de lo s su yos. No hay nada más noci vo que un termometro, pero qu e menos se pueda quitar a un enfermo. Solo se le puede sustituir" (DI, 201 ). Para remachar la afirmación nos cuenta el efecto patógeno de una temperatura mal reflejada «de un enfermo si n fiebre, que porque el termometro descompuesto había señalado el 41,5º había entrado en el periodo agónico y se había despedido de la vida definitivamente»(DI, 203), prueba indudable, recalca, de la peligrosidad de ciertas exploracione s, aun de las que parecen más inocuas. Lo mismo puede decirse del examen del pulso. Uno de los ca pítulos de la obra se titula: «yo no uso reloj», y la razón deriva de sus recuerdos de infancia, cuando le aterrorizaba que el médico que le atendía examinara con aire inexcrutable un terrorífico reloj extraplano. «Por eso -diceno uso reloj, y como con el propio cálculo de mi cuidado consigo distinguir las pulsaciones normales de las anormales, a lo más pido su reloj al enfermo, el reloj que le conoce y quiere, el reloj que ha ido en su chaleco en diálogo intimo con sus redaños, el reloj que no es el del doctor, tan frío, que a veces aumenta indudablemente su fiebre. Hasta creo que nuestros relojes doctorales se envician, se apresuran cuando los observamos, se contagian de nuestra inquietud, y su segundero, neurasténico por la responsabilidad que ciframos en él se excede o se queda atrás en el tiempo, atemorizado»(DI, 214). Tampoco apela el médico inverosímil a las radiografía s: "poc as veces envío a que se hagan mis enfermos una radiografía. Cuando envío al fotógrafo, malo. Es que no es franca la enfermedad, y una enfermedad que no es franca y que se oculta hasta necesitar al fotógrafo, malo" .( Dl,172). 42 JUAN RAMÓ N ZARA GOZA RUBIRA Y entonces, nos preguntamos, si existe tanto recelo e incluso desprecio frente a los métodos clásicos de exploración, ¿có mo estudia a sus enfermos la medicina inverosimil?. Fundamenta lmente de dos modo s: rehaciendo la vida del enfermo y bu sc ando s ignos clínicos especiales propios de la medicina inverosímil. Así. lo más importante es, ante todo, rehacer la vida habitual del enfermo. Si la enfermedad puede proceder de algún objeto extraño introducido en su ambiente, de alguna persona que le quiera mal y vuelque sobre él su odio, de algún levisimo e impalpable influjo, de haber transformado su fisionomía o alterado sus hábitos vitales, es preciso detectar la anomalía, y la única forma de hacerlo es examinando cuidadosamente la trama vital del en - fermo, su quehacer diario, sus apetencias, sus temore s. Así, una vez compenetrado el médico con su enfermo, detectará lo extraño, lo diferente, la pieza que sobra o falta en este mosaico de la vida, y procurará suprimir la influencia nociva o suplir la falta evidente para restablecer la salud del enfermo. Por ejemplo, en el ca so titulado "El pan-oquiano )) el doctor Vivar, al no conseguir localizar el origen de la enfermedad, decide aplicar su método exhaustivamente: «para agotar todas las pe squisas prac ti cables , me decidí a ha cer la vida de aquel hombre. Fui a su oficina, visité a su hermana -una viuda vieja en cuya compañía sentí que se descomponía un poco la vida, de só rdida que era su almapasé por las calles donde él solía pa sear, y a la hora en que él iba al café entré en su café y me senté lo má s próximo a la tertulia de que él formaba parte. Vi llegar a sus amigos y les oi hablar y discutir. Me di a conocer a ellos co mo médico de su amigo enfermo, y supe que hacía veinte años que se reunían todos allí. En aquel rincón del café, junto a aquellos hombres, oyendo los consejos mudos con que intervenían en la tertulia, la mesa, el divan, los espejos, todo el ambiente, comprendí que lo que necesitaba el enfermo era volver a su café. Su enfermedad había sido le ve al principio, pero en la falta del café se había ido agravando, agravando, y se agravaría hasta matarle si no volvía al café.» (DI, 71-72). Esta «reconstrucción vitah> es, sin duda , el principal de los hallazgos exploratorios de la medicina inverosímil. Pero el doctor Vivar recomienda tambián algunos métodos exploratorios origi- LA MEDICINA INVEROSÍMIL DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA 43 na/es descubiertos a lo largo de su practica profesional y de lo s que obtiene datos para su diagnóstico vital. Por ejemplo, la mirada : "me miró hondamente y noté que su mirada se quedaba co lgada a mi mirada como un racimo. No era aquella mirada de pa sión, sino una larga mirada, una mirada copiosa, inacabable»(DI, 145 ). O la provocación de la sonrisa: «yo muchas veces, para saber hasta que punto está inficionado por la mu er te mi cliente le digo, como los fotógrafos: «Sonríase usted », y la sonrisa que le sale me aclara mucho su enfermedad. A unos les sale sonrisa de alcayata, a otros de herradura, a otros, de doloridos con el dolor má s agudo en el lado derecho, pero a nadie le sa le esta sonrisa del deshauciable. Esta sonrisa ya es tá en el rostro cuando se llega " (DI,85). O el examen del hombro: «una de las cosas que mas sirven para diagnosticar es el hombro. En mis pesquis as de la enfermedad el hombro me revela muc ha s cosas y me ha dado la clave muchas veces" (DI, 188). Pero con todo habría que decir que en el estudio de lo s enfermos la medicina inverosímil tiene un propósito, pero no una sistemática. Hay que buscar, muchas veces de forma intuitiva, desordenada, apasionada, has ta dar con el detalle significativo. Cuando, después de una de sus má s destacadas curaciones le preguntan l os detalles de su método, el doctor Vivar contestará: «solo tengo que darles un consejo: a um enten su fantasía, toda la fantasía posible ... Y co nste que yo entiendo por fantasía en este caso hacer figurar en combinación con lo que sucede todas l as cosas qu e se ven unid as a todas la s cosas que apenas se ven en el mundo de lo visible» (DI,410). Fantasía, intuición, reconstrucción vital y signos inverosímiles son l os elementos precisos para hac er el diagnostico en la m ed icina inverosímil. LOS TRATAMIENTOS Solo unas indicaciones sobre los tratamientos de la medicina inverosimil, aunque la verdad es que han ido plasmándose ya en los casos pr ecedentes, porque, co mo he mo s visto, la medicina inverosímil es un todo vital, cósmico y humano, y el descubrimi ento de la perturbación vital y de su origen conduce de inmediato al remedio, quitando lo que enferma o añadiendo lo que falta. 44 JUAN RAMÓN ZARAGOZA RUBIRA Ya hemos hablado de que la exploración del enfermo puede actuar ya como una terapáutica; ejemplo paradigmático es la utilización de historias clínicas, escritas para ser leídas por el propio enfermo en un descuido provocado y así prestarle ánimos. Véase la redacción de una de ellas: «la bella Señorita M.T., de unos veintiocho años, tiene una enfermedad que ronda su belleza, pero que no la pone en peligro. El color de sus ojos revela lo profundo de su alma»(Dl,253). En la mayoría de Jos casos el tratamiento utilizado podría incribirse dentro del apartado de terapéutica de tipo personal, pues suele adoptar alguno de estos matices: quitar el objeto perturbador (ejemplos de la barba, de la trenza, del velador), o cumplir, de una vez por todas, un profundo deseo oculto. O, finalmente, recomponer la vida cotidiana, como de modo tan sugerente se indicaba en el fragmento del enfermo que necesitaba su tertulia. MEDICINA CIENTÍFICA Y MEDICINA INVEROSÍMIL Decíamos, al iniciar este discurso, que se tuviera en cuenta la fecha de publicación de esta novela: 1914. Un escritor con una enorme intuición, Ramón Gomez de la Serna, se enfrenta de forma distinta, personal, sugerente, con el mundo de la salud y de la enfermedad, y, comprendiendo las limitaciones de la medicina de su época, lanza una serie de predicciones, consideradas entonces como pura fábula, como medicina inverosimil. Sin embargo, Jos años posteriores nos aportan una serie de descubrimientos científicos que muestran la corrección de muchos de los métodos del doctor Vivar. El psicoanalisis de Freud nos mostrará la estructura de la personalidad y su importancia en la génesis de las enfermedades. La introduccion del conocimiento de las enfe1medades alérgicas nos muestra la importancia del polvo doméstico, de la caspa, de los pólenes. Conocernos ahora los ritmos propios de nuestro organismo, los biorritmos, y sus alteraciones en la enfermedad. Las doctrinas actuales nos hablan de las influencias del ambiente -clima, radiaciones, poluciónen la génesis de las enfermedades. Sabemos la importancia de la relación médico enfermo, y el papel personal del médico, no solo en el diagnóstico, sino en el tratamiento. El estudio de l efecto placebo nos ha demostrado la capacidad curativa de medicamentos sin LA MEDICINA INVEROSÍMIL DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA 45 sustancia activa. La medicina psicosomática, y, más aun, la psiconeuroinmunología, nos ha demostrado como el pensamiento positivo puede contribu ir a la curación potenciando los factores inmunitarios. Todo lo cual refleja un hecho profundo: la capacidad del artista, del escritor en este caso, de intuir, de marcar nuevos rumbos al conocimiento humano, caminos nuevos que la ciencia, más lenta en su desarrollo, más precisa en su evolución, recorrerá poco a poco, ll egando con su marcha a metas ya señaladas, aunque no demostradas, por los escritores. Sí Rilke pudo sondear el espíritu humano antes del psicoanálisis, si Cervantes muestra en Don Quijote y Sancho los tipos constitucionales leptosomático y pícnico, a los que Kretschmer solo tuvo que añadir el atlético y el displágico para fundar la tipología moderna, si el Pickwick de Dickens ha dado su nombre al síndrome caracterizado por obesidad, disfunción pulmonar y somnolencia, si la psiquiauía recoge los síndromes de Münhausen como el fabulador de enfermedades agudas, y, con Freud, los complejos de Edipo y Electra, si Dostoyewsky describe con singular maestría la epilepsia y la esquizofrenia, también Gomez de la Serna, con una intuición finisima de la marcha futura de la medicina, describe una medicina, entonces «inverosím il ", pero en la actualidad incorporada en gran parte a nuestra medicina científica. He dicho.