El Urogallo, una revista de los años 70
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601 Mas igualdad. Redes para la igualdad El Urogallo, una revista de los años 70 M.ª Jesús Soler Arteaga Universidad de Sevilla 1. INTRODUCCIÓN La existencia de excelentes trabajos sobre la prensa ha puesto de manifiesto la labor de divulgación de la producción intelectual y la presencia de escritores notables en la misma. Dentro de la prensa cultural, destacan las revistas literarias que proporcionan un amplio campo de estudio a la historia de la literatura, puesto que por medio de ellas es posible obtener información de un periodo concreto, de los comienzos o la evolución de un autor, de una generación o incluso de un grupo más amplio. La contribución de estas publicaciones a la difusión literaria ha sido reconocida por estudiosos relevantes que han destacado la capacidad de reunir en sus páginas tendencias distintas y novedades, así como la posibilidad de influir en el panorama cultural, en la formación del gusto literario y en la evolución de las ideas y la sensibilidad. Guillermo de Torre en su artículo “El 98 y el modernismo en sus revistas. Elogio de las revistas” hacía una profunda reflexión teórica sobre estos asuntos y una clara alabanza de este tipo de publicaciones que abundaron en el fin de siglo: La superstición exclusivista del haz de páginas encuadernadas, la tendencia a considerar ese bloque compacto que forma el libro, como único testimonio, nos ha privado generalmente de muy sabrosos complementos en las historias literarias. Sin embargo, yo entiendo que el perfil más nítido de una época, el escorzo más revelador de una personalidad, el antecedente olvidado o renegado de cierta actitud que luego nos asombra, en tal o cual escritor, se hallan escondidos, subyacentes, no en los libros, sino en las páginas de las revistas primiciales. Aún más, suele acontecer que el escritor, si es enterizo, genuino, está ya preformado en aquéllas; allí aparece su imagen quizá imperfecta, pero más pura y sincera, en su primer hervor, en su sarampión de virulencias o de candorosos lirismos (Torre, 1969: 13). En este artículo incluía numerosas citas en las que diversos autores resaltaban la importancia y las cualidades de las revistas, entre ellas destaca una cita de José Ortega y Gasset extraída de la colaboración publicada en La Gaceta literaria, 1. Madrid, 1 de enero de 1927, en la que insistía en la capacidad de este tipo de publicaciones de acoger las novedades adelantándose al libro: La revista debe recoger con preferencia los brotes que no siempre llegan a cuajar en libros: lo prematuro, lo íntimo, lo recóndito, los esquemas preformes de la obra. La revista debe diferenciarse del libro como lo público de lo privado. El libro es la obra hecho cosa, orgánica e impersonal... (Torre, 1969, p. 16). Por tanto el estudio de las revistas contribuye en muchos casos a desvelar textos de creación y de reflexión que de otro modo no conoceríamos, así como a conocer los efectos de este tipo de publicaciones en el panorama cultural. Manuel Durán dio una explicación muy clara en la antología que preparó sobre la revista Contemporáneos de México, que César Antonio Molina cita en su libro Medio siglo de prensa literaria española. Para Durán se trata de una doble influencia puesto que afecta tanto a los lectores como a los escritores que participan en ellas: Una revista, si su calidad es alta y llega en el momento oportuno, cambia el clima cultural de sus lectores, adelanta la evolución de las ideas y la sensibilidad, sirve de catalizador. Y ello en dos direcciones: hacia adentro —actuando en el grupo de colaboradores y redactores al darles un
602 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) denominador común, objetivos precisos, intercambio constante de textos e ideas— y hacia fuera, actuando sobre sus lectores, sobre la sociedad en general (Molina, 1990: 16). César Antonio Molina en el estudio citado define la prensa literaria como: “Aquella que se ocupa específicamente del desarrollo, divulgación, crítica y creación de esta parcela del conocimiento humano” (Molina, 1990: 13); por otra parte la considera como una rama de la prensa cultural y realiza una clasificación muy útil dividiéndola: en periódico de las letras, revistas, suplementos y páginas culturales. Además la caracteriza como uno de los espacios más importantes de enlace entre periodismo y literatura: La prensa literaria ha servido de puente entre la literatura y el periodismo. De la literatura entendida de una manera clásica como medio de difusión a través del libro, cuyo rigor era una de las principales características tomadas por esta nueva forma de publicaciones periódicas, donde se tenía un contacto más estrecho y vivo con el momento (Molina 1990: 14). En esta posición intermedia que ocupan la prensa literaria y especialmente las revistas se insiste en la obra Movimientos literarios y periodismo en España, coordinada por M.ª Pilar Palomo, en la que se hace además de un amplio recorrido por distintos periodos, una reseña de la actividad de numerosos autores que han participado activamente en periódicos y revistas: Por esta capacidad de reposo y de profundización en los estudios de la actualidad sociocultural, la revista se aleja del periodismo y se coloca a medio camino entre éste y la literatura. Esto es lo que hace que sea un espacio semiótico muy eficaz en un periodo cultural como el decimonónico, en el que la urgencia de la actualidad estaba presente en todas sus manifestaciones, incluidas la creación literaria y los estudios críticos, que es el tema que en este caso nos ocupa. En la concurrencia que literatura y periodismo establecen dentro del espacio semiótico de la revista, la literatura encuentra un lugar más acogedor que el inquieto y estrecho diario para el desarrollo de sus posibilidades, y el periodismo conduce a la creación literaria o al estudio crítico por unos caminos de compromiso y conciencia histórica, teniendo a la actualidad como estímulo, materia y modelo expresivo, que difícilmente podría alcanzar en el medio solitario del libro (Palomo, 1997: 170-171). La prensa desde sus inicios ha contado con escritores notables y se ha encargado de divulgar la producción intelectual, especialmente en algunas épocas, como lo han puesto de manifiesto numerosos trabajos acerca de las publicaciones decimonónicas. Esta evidencia nos indica la necesidad de continuar realizando estudios sobre las revistas literarias que, a pesar del importante papel desempeñado, constituyen un terreno escasamente conocido, debido en gran parte a las dificultades que presenta. El acceso a colecciones, a menudo, incompletas y de costosa localización exige un gran esfuerzo por parte del investigador, que debe fijarse entre sus primeros objetivos la realización del vaciado de las mismas para facilitar futuras investigaciones. 2. ELENA SORIANO, DIRECTORA DE LA PUBLICACIÓN Elena Soriano Jara nació en 1917 en Fuentidueña de Tajo (Madrid), aunque sus padres eran cordobeses, y falleció en 1996 en Madrid. Su infancia transcurrió por diversos pueblos de Andalucía y Castilla. Antes de los cinco años aprendió a leer y a partir de ese momento comenzó, como ella misma lo llamaba, su “manía” de escribir; a los diez años sus cuadernos escolares se convirtieron en pequeñas novelas y con catorce publicaba artículos en diversas revistas de provincias.1 1) Hay numerosos textos en los que se menciona su precoz iniciación a la lectura y la escritura: Concha Alborg en su edición de Caza menor cita una entrevista de Julio Trenas con E. Soriano, en la que ésta hacía referencia a su infancia y dice que sus publicaciones en las revistas eran comentarios de actualidad (Soriano, 1992a: 7). En la entrevista concedida a Aida Cartagena la escritora menciona esta anécdota (Soriano, 1994: 117). También en la “Advertencia preliminar” realizada por Elena Arnedo, su hija, en la edición póstuma de su ensayo El donjuanismo
603 Mas igualdad. Redes para la igualdad Creció en un ambiente familiar pobre y culto. En 1935 terminó la carrera de Magisterio, estudió inglés y francés e inició nuevos estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, con premio extraordinario de ingreso, aunque no los pudo terminar debido a la guerra civil. Durante la contienda vivió en Valencia donde se casó con el empresario Juan José Arnedo. La guerra civil y la dictadura posterior fueron, como para tantos otros autores de esta época, hechos determinantes en su vida, a las que se unieron las muertes de familiares cercanos y una difícil situación económica: “Mi primera juventud fue malograda por la guerra y la posguerra, en el bando de los vencidos: conocí la penuria personal, el éxodo, la cárcel...; sufrí la expulsión profesional y prohibición de estudios oficiales...” (Soriano, 1994: 246). Concretamente en esta etapa comprendida entre la preguerra y el estallido de la guerra se sitúa la acción de su primera novela Caza menor, aunque el conflicto bélico y la situación posterior aparecen presentados de forma objetiva, sin posicionarse a favor de ninguno de los dos bandos, dejando que el lector reflexione y saque sus propias conclusiones. Caza menor se publicó en 1951 obteniendo un gran éxito de crítica y despertando un gran interés. Prueba de ello es la adaptación2 o el plagio de ciertos pasajes de la novela, como denunció la propia autora en su entrevista con Alicia Ramos (Soriano, 1994: 248), por parte de Carlos Saura en la película Ana y los lobos (1972). Este plagio fue reconocido por la SGAE (Sociedad General de Autores Españoles), aunque Elena Soriano no llevó a cabo ninguna acción judicial, puesto que así se lo aconsejaron, “por tratarse de un enemigo demasiado poderoso”, contra el que tampoco pudieron hacer nada otros autores. En 1976 TVE realizó una nueva adaptación respetando los derechos de la autora. La redacción y publicación de las novelas que conforman la trilogía Mujer y hombre en la década de los cincuenta, al igual que la obra antes mencionada, sitúan a E. Soriano en esa generación. La trilogía citada está integrada por La playa de los locos, Espejismos y Medea 55, que en principio aparecieron por separado pero que formaban parte del mismo proyecto y años más tarde se reeditaron en un volumen. Las dos últimas obtuvieron el permiso para ser publicadas; sin embargo La playa de los locos no consiguió la aprobación de la censura, pese a que contaba con el apoyo del Director General de Prensa que era amigo del editor de la obra, Saturnino Calleja, aun así ni la autora ni el editor se resignaron y alentados por el Director General publicaron la novela haciendo constar en ella que se trataba de una edición no venal y distribuyéndola sólo entre amigos y críticos. Sin embargo este hecho provocó la consiguiente represalia oficial quedando prohibida la publicación de cualquier obra suya, como ella misma explica en el prólogo a la edición de 1986 titulado “Treinta años después” (Soriano, 1994: 127). Aunque nunca se llegó a averiguar, la autora siempre tuvo la sospecha de que alguien superior estaba interesado en que no se publicara la trilogía e incluso en anularla a ella como escritora; infundada o no la suposición, la medida fue real en la práctica.3 Esta prohibición supuso un obstáculo insalvable tanto en el ámbito personal, al sumir a la novelista en una profunda depresión, como en el literario, al acabar con el prestigio que comenzaba a tener. Fue la causante además de que dejara de escribir novelas, puesto que no podía concebir la escritura si ésta no llevaba unida la posibilidad de compartir lo escrito con el público. No obstante, el abandono hizo que se dedicara a cultivar otros géneros como el artículo, el ensayo, el relato breve, etc. femenino se señala este aspecto y se indica que uno de los periódicos con los que colaboraba era de Córdoba (Soriano, 2000: 12). 2) Según la edición de Prensa española. Madrid, 1976. 3) Jesús Pardo (2001) comenta en un artículo publicado en internet (actualmente no está disponible) que se prohibió la publicación, porque la autora se negó a modificar el final. La autora omite todos estos hechos en su prólogo: Cuando la censura franquista le prohibió La playa de los locos y ella, así y todo, la distribuyó en edición no venal entre sus amigos, las autoridades culturales irritadas le advirtieron que en adelante no permitirían la publicación de ningún libro suyo, y esta prohibición fue para ella tan traumática que la inhibió de volver a escribir novelas largas. El sacerdote censor Avelino Esteban, que era quien estaba juzgando La playa de los locos, la mandó llamar y le dijo que permitiría la publicación de la novela si cambiaba el final, haciendo que la protagonista, una mujer desesperadamente enamorada de un muerto y ajena a las preocupaciones pseudorreligiosas del franquismo, se metiese a monja. Ella rehusó, alegando que ello equivaldría a rescribir casi totalmente la obra, porque su protagonista era una muerta en vida. Este mismo hecho aparece reseñado en el artículo titulado “In memoriam Elena Soriano” que se publicó en el número especial que dedicó la revista República de las letras en homenaje a Elena Soriano, fallecida en 1996.
604 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) Sin embargo si hay un rasgo de la personalidad de Elena Soriano que llama fuertemente la atención es su decidida vocación literaria: su pasión por la escritura y por la creación, su amor por los libros y la lectura y también su entrega a la reflexión y al estudio de clásicos y coetáneos.4 Pero también destacan en ella su capacidad para reconocer los problemas existentes en el momento histórico que le tocó vivir, entre los que destaca la dificultad añadida de ser mujer y sobre todo una mujer que reivindicaba los derechos y libertades que le habían sido negados, así como la coherencia para reconducir esta vocación sin abandonarla totalmente y sin doblegar ni sus ideas, ni su forma de entender la literatura: “Porque mi vocación más auténtica y radical no era la maternidad, es decir la generación física, sino la espiritual —la literaria concretamente—, considerada desde Platón acá una superior virtud en los varones y un pecado contra natura en las mujeres” (Soriano, 1986 a: 34). El caso de Elena Soriano no ha sido una excepción, aunque el precio de su trasgresión fue bastante alto para alguien que, como ella, entendía la literatura como una forma de compromiso con la realidad. Estas ideas estaban fuertemente arraigadas en ella y la impulsaron a enfrentarse a la censura distribuyendo una edición no venal de su novela entre amigos e intelectuales, un acto de rebeldía que, como indicamos anteriormente, fue duramente castigado por las autoridades. Su labor como escritora y periodista ha sido valorada muy positivamente por algunos críticos no sólo por su incuestionable calidad literaria sino también por su alto grado de compromiso, pero también ha sido injustamente tratada por muchos otros. En estos aspectos se incide en la obra Movimientos literarios y periodismo en España coordinada por M.ª Pilar Palomo, en la que se reseña la producción de E. Soriano, calificándola como “una gran figura de la novela y del periodismo español de la segunda mitad del siglo XX”. Así mismo se da cuenta de los periódicos y revistas con los que colaboró, entre los que se encuentran: Índice, Nuevo Índice, Pueblo, Galerías, El Dominical de Diario 16 y Hoja del lunes; algunas de estas colaboraciones, la mayoría referentes a cuestiones literarias, fueron recogidas en la antología Literatura y vida. Además de esta actividad como articulista en las publicaciones citadas, participó activamente en la vida cultural antes y después de la puesta en marcha de su propia revista, con la asistencia a distintas tertulias literarias e intelectuales, entre ellas las del Café Gijón, la de la revista Ínsula, la de María Tambre y la que una vez al mes celebraba un grupo de escritoras, entre las que se contaban algunas de las voces importantes del panorama literario español. En 1991 publicó La vida pequeña. Cuentos de antes y de ahora, una recopilación de relatos escritos entre 1949 y 1989, en total once cuentos entre los que no se encuentran algunos relatos que fueron publicados en diversas revistas. Entre 1992 y 1994 se publicaron los tres volúmenes titulados Literatura y vida en los que se reúnen ensayos, artículos, entrevistas, etc. Por último, en 1996, apareció un nuevo volumen de relatos titulado Tres sueños y otros cuentos. Su labor como ensayista tampoco ha sido valorada justamente, puesto que el ensayo cultivado por mujeres ha sido un género prácticamente “invisible”, porque a su situación periférica con respecto al canon y a las dificultades que implica su caracterización genérica, se le añade la consideración de que se trata de un género que requiere para su práctica cualidades intelectuales asociadas tradicionalmente con la masculinidad. Póstumamente, en el año 2000, su hija Elena Arnedo dio a la prensa El donjuanismo femenino, el último libro de E. Soriano. Se trata de un extenso ensayo en el que analizaba diversos textos literarios y en el que reflexionaba sobre las relaciones entre hombres y mujeres.5 Sin embargo ella tenía siempre 4) Elena Arnedo comentaba que la pasión que sentía por la lectura era incluso mayor que la que sentía por la escritura: Con el paso del tiempo, su innato afán de perfeccionismo había ido en aumento: había adquirido una cierta forma de sabia humildad y su pensamiento íntimo era la famosa máxima: “Sólo sé que no sé nada”. Ello la llevaba a buscar incansablemente información y bibliografía sobre un tema tan amplio como el que se traía entre manos, a lo cual ayudaba su pasión por la lectura, probablemente superior a su pasión por la escritura (Soriano, 2000: 14). 5) El libro quedó sin concluir y Elena Arnedo tuvo que organizar todo el material en el que abundaban los documentos manuscritos, porque a ella le gustaba escribir sus textos a mano. Las páginas escritas a máquina estaban llenas de notas en los márgenes, las notas sueltas y también los disquetes. Todo ello muestra no sólo la dedicación con la que abordaba su labor de escritora, sino también el perfeccionismo, otro rasgo fundamental de su carácter, y el rigor. Su hija señala que ella jamás habría consentido dar a la prensa el volumen sin la información biblio-
605 Mas igualdad. Redes para la igualdad más de un proyecto en marcha y entre los múltiples materiales que dejó sin terminar se encontraban Sombra del amor. El banquete platónico y su obra más ambiciosa Defensa de la literatura, que apareció en El Urogallo y más tarde en el primer volumen de Literatura y vida con el subtítulo Apuntes para un ensayo interminable. Elena Soriano se revela como una autora de indudable valía e incuestionable trascendencia no sólo por ser individualmente una figura clave en el panorama literario, sino también por ser el motor de uno de los proyectos más interesantes y comprometidos de su tiempo. Sin embargo, ni el reconocimiento de su labor con el desempeño de cargos, como el de Consejera electa de la junta directiva de la Asociación Colegial de Autores, y la concesión del Premio Rosa Manzano y de la Medalla de Oro individual de la Comunidad de Madrid, ni la reedición de sus obras pudieron devolverle las fuerzas para retomar su vocación de novelista. La situación de exilio interior que había padecido fue para ella realmente penosa y la certeza de que no podría recuperar esos años hicieron que confesara con rotundidad en más de una ocasión, utilizando la célebre frase de Píndaro, que no había conseguido llegar a ser quien era. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en la entrevista realizada por Antonio Núñez en 1986: He tenido siempre la sensación de no realizar mi profunda, auténtica vocación literaria por completo; es decir, de no llegar a ser quien soy —o quien yo creo que soy—, por ser mujer, española, que ha vivido los años centrales de su vida en un régimen político y social que no me permitió desarrollar mi personalidad (Soriano, 1994: 211). 3. EL UROGALLO, REVISTA LITERARIA BIMESTRAL La aparición de El Urogallo en el panorama literario se produjo en un momento decisivo en lo que respecta a las prohibiciones de publicación impuestas por la censura, que se suavizaron considerablemente con la Ley de prensa aprobada en 1966. Esta ley se vio notablemente afectada por la Ley promulgada en 1967 y por la reforma en ese mismo año del Código Penal.6 En lo referente a la creación literaria también fue muy oportuna, puesto que se trata de un periodo en el que se percibía la necesidad de llevar a cabo una profunda renovación. 1969 fue un año de grandes cambios, como lo habían sido los años inmediatamente precedentes y como lo iban a ser aquellos durante los que se publicó la revista. El final de la década de los sesenta y el principio de los setenta constituyó un momento de inflexión no sólo en el panorama literario y artístico, sino también en el político y social tanto español como mundial. No debemos obviar en nuestro estudio los acontecimientos históricos producidos en ese periodo, puesto que estos condicionan en cierta forma las manifestaciones artísticas. Las circunstancias que rodearon la publicación7 pueden resumirse con la expresión “Mayo del 68” con la que frecuentemente los estudios históricos condensan un periodo que ocupa parte de la década de los sesenta y de los setenta; justamente en este periodo fue en el que se publicaron los 36 números de la revista. Los acontecimientos de estas fechas estuvieron marcados por la rebeldía y el inconformismo de intelectuales y jóvenes que protagonizaron movilizaciones como las de Francia, Berkeley, Berlín, etc. gráfica, como de hecho se publicó el libro. 6) Nos referimos a la Ley Orgánica del Estado, cuyo artículo 4 según Luis Llera (1986: 444): “Cerraba toda posibilidad a las asociaciones políticas o a cualquier modo de expresar la pluralidad de opiniones”, y a la reforma del Código Penal que afectaba directamente a la Ley de prensa que se había aprobado el 15 de marzo de 1966, esta reforma se produjo el 4 de abril y en ella: las Cortes españolas aprobaban la reforma parcial del Código Penal imponiendo duras penas por delitos de prensa, aunque no se establecía censura previa (VVAA., 2003:182). Como señala Nazario González (1986), el periodo de tiempo de abril de 1967 a enero-marzo de 1969, en el que se impuso el estado de excepción, hizo que las sanciones sobre los medios periodísticos aumentaran “creando una situación de frustración”. 7) Circunstancias a las que Fanny Rubio se refiere en su estudio sobre las revistas poéticas en estos términos: “El Urogallo apareció en momentos no demasiado favorables (1969) para el nacimiento de una revista...” (1976: 492).
606 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) En diciembre de 1969 vio la luz el primer número de la revista El Urogallo, que siguiendo la tradición de las revistas literarias llevaba el número 0. El subtítulo Revista literaria bimestral aparecía en la primera página impresa del interior y adelantaba su carácter principalmente literario y también su periodicidad. Con respecto al tipo de publicación podemos comprobar que fue principalmente literaria, aunque su talante abierto permitió la inclusión de textos de otras ramas del arte, de ciencia, de filosofía, etc. En cuanto a la periodicidad, ésta se vio alterada con la edición de números dobles (de los 36 números que la revista publicó durante sus seis años de vida, 7 de ellos fueron dobles).8 La revista se caracterizó desde su gestación por un marcado idealismo. Su directora y fundadora expuso en el editorial del número 0 que su creación obedeció a un “impulso romántico” cargado de “fe en la literatura”. En ese texto y en el que apareció en la contracubierta de todos los números se anunciaba el talante renovador, esperanzado, abierto, conciliador y libre que impregnaba cada uno de los 36 números publicados entre diciembre de 1969 y diciembre de 1975. Al frente de la publicación actuó Elena Soriano como directora. Al principio la redacción estuvo formada por Manuel Andújar, Miguel Boyer y Eduardo Naval, de la diagramación se ocupaba José Plá. Sin embargo este consejo editorial se vio modificado en diversas ocasiones, probablemente por circunstancias personales. El grupo de editores mencionado se mantuvo desde el número 0 hasta el 8 (inclusive) con un solo cambio, el de Ismael Marinero que a partir del n.º 3 se unió a la revista y compartió con J. Plá el puesto de dibujante. De este equipo inicial de redacción sólo se mantuvieron hasta el final Elena Soriano como directora y J. Plá como dibujante. A partir del n.º 9 el grupo de editores aumentó considerablemente, de hecho había un consejo de redacción en España y otro en el extranjero. Los miembros que formaban parte del que se encontraba en España eran José Luis Abellán, Andrés Amorós, Manuel Andújar, José Ares, Jorge Campos, Ricardo Doménech, Luciano G. Egido, Eusebio García Luengo, Angelina Gatell, José Luis Jiménez-Frontín, José Hierro, Eduardo Naval, Antonio Núñez y Francisco Rodón. El consejo en el extranjero estaba formado por Francisco Ayala, Giuseppe Bellini, José Corrales Egea, Fernando Charry Lara, Antonio Ferres, Iring Fetscher, Seymour Menton, Julio Ortega, Mario Szychman, Arthur Terry, José Miguel Ullán, Ramón Xirau, Franz Josef Zapp y Celia Zaragoza. La mayor parte de estos autores, además de realizar las tareas propias de la edición, colaboraron activamente publicando durante el periodo, que duró desde el n.º 9 (mayo-junio de 1971) hasta el n.º 19 (enero-febrero de1973) y que coincidió con los años de mayor estabilidad y difusión de la revista. En el primer número de 1973 se informó a los lectores con una escueta nota de la disolución del consejo y de la intención de “iniciar una nueva experiencia que se espera fructífera: constituir una suerte de ‘Consejo volante’ para cada entrega, haciendo constar, en este mismo lugar, los nombres que participen en su realización, como manifestación de gratitud de la revista...”. En los últimos cuatro números desapareció la referencia al consejo de redacción, debido a que tras la publicación del n.º 31-32 quedó definitivamente disuelto; en esa ocasión estuvo compuesto sólo por mujeres, dado que ese número se dedicó a la mujer con motivo de la celebración de su Año Internacional. La falta de un equipo que coordinase la edición se subraya en el último editorial de la publicación con el reconocimiento por parte de E. Soriano de que la mayoría de las funciones eran desempeñadas por una sola persona, “su promotora, editora y directora”. Uno de los factores determinantes en la publicación de una revista literaria, es sin duda el coste de edición. En la mayoría de los casos la tirada es corta debido a la escasez de público interesado en este tipo de publicaciones y está condicionada por las suscripciones con las que cuenta. En el caso de El Urogallo la financiación corrió principalmente a cargo de su directora9 y, en menor medida, de la inclusión de algunos anuncios publicitarios. Sin embargo, es necesario señalar que la 8) Números dobles: 5-6, octubre-noviembre-diciembre 1970; 11-12, septiembre-octubre-noviembre-diciembre 1971; 21-22, mayo-juniojulio-agosto 1973; 27-28, mayo-junio-julio-agosto 1974; 29-30, septiembre-octubre-noviembre-diciembre 1974; 31-32, enero-febrero-marzo-abril 1975; 35-36, septiembre-octubre-noviembre-diciembre 1975. 9) Antonio Núñez (2001) en su artículo “Tal como la recuerdo”, recogido también en el número especial de República de las letras, reúne varias anécdotas, entre ellas hay una en la que explica cómo se financió la revista. Al parecer Juan José Arnedo quiso regalarle a su mujer, Elena
607 Mas igualdad. Redes para la igualdad publicidad fue muy escasa, que siempre se trató de propaganda de editoriales y que a partir del número 20 apareció mayoritariamente la publicidad de la editorial Plaza & Janés que se hizo cargo de la distribución. Hasta ese momento Fernando Mateus10 se había ocupado de esa tarea. A pesar de estas escasas condiciones económicas, El Urogallo poseía un formato muy distinto del que presentaban otras revistas literarias españolas, para las que se había elegido el tamaño cuartilla o más pequeño aún, acercándose al del libro. Estas dimensiones son las de publicaciones como Revista de Occidente, Cuadernos Hispanoamericanos, o Papeles de Son Armadans; aunque con excepciones como, por ejemplo, la revista Índice que tenía el mismo formato y empleaba el mismo tipo de papel que un periódico. Frente a estas, El Urogallo se distinguía por sus medidas 20 x 21,5 cm.; tendiendo a una presentación casi cuadrada y que se caracterizaba por el colorido de sus cubiertas y por la encuadernación en rústica con tres tintas, una blanca y las otras dos de colores vivos, que producían un efecto de gran contraste. El diseño de la cubierta se mantuvo desde el primer al último número. En la mitad superior aparecía el título de la publicación con letras de gran tamaño. En la inferior, se destacaban en una franja de otro color los nombres de los autores que participaban en ese número, y a partir del número 13 también se indicaba el tema al que estaba dedicado monográficamente el número o sobre el que versaba la mayoría de las colaboraciones; bajo esta franja, en el extremo inferior derecho se incluían los siguientes datos: el año de publicación, el número, los meses a los que correspondía, y el año en curso. En el lomo se imprimía el nombre de la revista y el número, en el que aparecían dos colores, generalmente en blanco sobre el color dominante en la cubierta. La contracubierta presentaba la misma combinación de colores que la cubierta. Estaba dividida en dos partes: la derecha de mayor tamaño era del color dominante en ese número, y la izquierda de tamaño 9,3 x 21,5 cm., en la que se imprimía un texto de E. Soriano, combinaba los otros dos. Su llamativa presentación es recordada todavía por los que conocieron la publicación. En el número especial de la revista República de las letras dedicado a la figura de E. Soriano y a El Urogallo, aparecen junto a los recuerdos emocionados de amigos y colaboradores, artículos como el de José Carlos Mainer11 en el que se hace referencia al formato: Vi mi primer urogallo —hablo, claro de la revista que Elena Soriano condujo desde diciembre de 1969 hasta abril de 1974— en un quiosco de Valladolid, en vísperas de la Semana Santa de 1970: allí estaban ya el formato cuadrado que resultaba algo chocante, los vivos colores de cubierta que casi nunca se repitieron, las ilustraciones a pluma, un poco delirantes, de Pepe Plá, la faja impresa con el nombre de los colaboradores por orden alfabético... (Mainer, 2001: 69) La presentación, aunque modesta, estaba muy cuidada y trataba de resultar novedosa y atractiva para el lector, como explica Fernando Contreras acerca de la revista intelectual o científica: ... posee un lector muy definido y es usual que se sostengan gracias al buen funcionamiento de las suscripciones. Ello es motivo importante para que el diseño de estas publicaciones difiera de las revistas de actualidad o las revistas técnicas. [...] Aquí la presentación gráfica consigue combatir la pasividad repetitiva que podría disminuir el número de lectores. Los artículos en letra pequeña y apretada se ilustran tan pronto con fotografías, microfotografías, mapas, fórmulas, esquemas icónicos a color, gráficos... (Contreras, 2001: 216). En cuanto al interior era bastante sencillo, el papel utilizado era siempre grueso y de la misma calidad, excepto en una hoja interpuesta que se incluía en todos los números. Se trataba de un folio de Soriano, un abrigo de piel bastante caro, ella rehusó el regalo y decidió gastar la cantidad en la financiación de la revista. 10) En la primera página de la revista se incluía la dirección: Recoletos, 7-Madrid. 11) Para J. C. Mainer la primera etapa de El Urogallo termina en abril de 1974, puesto que considera que a partir de esa fecha los objetivos de la revista cambiaron.
608 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) papel satinado con una curiosa disposición, estaba dividido en dos partes unidas al lomo: una tira de 9, 3 x 21, 5cm. en la que se imprimían fragmentos de textos relacionados con la imagen que le seguía, y la otra del mismo tamaño que el resto de hojas en la que solía aparecer una fotografía. El número de páginas no fue nunca fijo, estuvo generalmente en torno a las cien o ciento treinta en los números corrientes y en los números dobles en torno a las doscientas. En todos ellos, la cubierta y la contracubierta se solían contar al numerar, a diferencia de la página interpuesta y de los índices, que se incluyeron periódicamente, que no se contaban y para los que se empleaba un tipo distinto de papel: el de la hoja interpuesta satinado y el de los índices mucho más fino. La primera página de cada número de la revista servía de presentación, en ella aparecieron los datos referentes a la organización: el título completo, la periodicidad, el nombre de la directora y de los miembros del equipo de redacción, las direcciones en las que contactar con la revista y los precios. En la siguiente se imprimía el sumario con todos los colaboradores de ese número, el título de su texto y donde se había situado. Con respecto a la tipografía hay que señalar que se usaba siempre el mismo tipo de letra, aunque con ligeras variaciones. El tamaño empleado en los poemas era mucho mayor que en los artículos y relatos, que aparecían con “letra pequeña y apretada” (Contreras 2001: 216) y con ilustraciones. Para los títulos se empleaba un tamaño bastante grande y en ocasiones cursiva, aunque algunas colaboraciones se publicaron también en cursiva para llamar la atención del lector. Tanto los relatos como los artículos podían aparecer, indistintamente, a toda página o a dos columnas, dependiendo de la extensión de los textos. Las páginas finales son muy valiosas, puesto que en ellas se aportaban muchos datos de interés. Así además de las reseñas que mencionábamos se confeccionaron periódicamente índices de los autores, que habían publicado, con el título de su colaboración y el número de la revista. El primero de ellos se publicó en el n.º 5-6. Desde el n.º 17 se incluyó una sección de información bibliográfica con las novedades editoriales que eran enviadas a la redacción por las propias empresas editoras y el acuse de recibo de las obras que no llegaban a tiempo de incluirse en las listas por géneros que el equipo se encargaba de organizar. Otro aviso que merece ser destacado es el que apareció en el n.º 14. En dicho número se indicaba que en cumplimiento de la Ley de Imprenta n.º 24 se hacía constar que las responsabilidades de la dirección y propiedad de la revista continuaban a cargo de Elena Soriano Jara y que la situación financiera se desarrollaba conforme a lo previsto. La participación de autores exiliados y censurados en España fue constante, incluyéndose desde los primeros números textos de estos escritores que por su contenido podían causarle problemas con la censura. Sin embargo esto nunca fue obstáculo, puesto que ya en el editorial del n.º 012 la revista se había comprometido a recuperar a todas esas importantes figuras del panorama literario español que tenían prohibido publicar en el país. Del mismo modo la publicación de textos en catalán y gallego fue muy frecuente, casi siempre acompañados de la traducción al castellano, así como también se incluyeron trabajos sobre sus autores, por ejemplo el realizado sobre la narrativa mallorquina de posguerra que iba acompañado de una selección de textos. Las antologías, así como las reseñas y los artículos supusieron una forma de dar a conocer movimientos literarios y grupos de escritores de diversos países, que aún perteneciendo a generaciones o tendencias distintas tenían algún aspecto en común; gracias a estos trabajos, el público tuvo acceso a autores a los que difícilmente hubiera podido leer. Aunque también hay que señalar que la difusión en el extranjero y la labor de los miembros del consejo propició la colaboración espontánea, es decir, que hubo escritores que enviaron sus textos porque leyeron la revista, no porque algún miembro de la redacción solicitase su participación o fuesen incluidos en una antología. 12) “... la reincorporación y reivindicación de valores del exilio —el interior y el exterior—, originado por circunstancias que ya es preciso superar con la debida justicia ecuánime; la franca apertura a la expresión de las generaciones más jóvenes cuyas aportaciones son las que ofrecen más posibilidades revitalizadoras en este difícil tránsito de una civilización a otra preñada de incógnitas” (El Urogallo, n.º 0, p. 9).
609 Mas igualdad. Redes para la igualdad Un requisito impuesto por la redacción fue la condición de inéditos de los textos publicados; esto se cumplió excepto en las ocasiones en las que se trató de una traducción de un libro o de una revista publicada en el extranjero, siempre citando explícitamente su procedencia. Esto es lo que ocurrió con una de las dos colaboraciones que envió Julio Cortázar,13 su relato se publicó con una carta del autor y con una nota de la redacción en la que se justificaba el que no se tratase de un texto inédito. Con respecto a la publicación de autores extranjeros de prestigio reconocido, como acabamos de ver, E. Soriano manifestó su opinión en una entrevista concedida a Concha Alborg:14 “No existía nada semejante; El Urogallo fue una revista donde colaboraron los grandes escritores de todo el mundo que no habían querido hacerlo nunca en revistas españolas por rechazo al régimen. Conmigo sí colaboraron y además con trabajos rigurosamente inéditos y eso no se consigue fácilmente ya” (Soriano, 1992a: 9). La revista se cerró en 1975 por agotamiento de su directora, aunque este cierre se planteó como una solución temporal, con la esperanza de que en el futuro se retomara este proyecto estando ella misma al frente o no. El Urogallo, resurgió de sus cenizas como el ave Fénix (utilizando el símil que planteó la propia E. Soriano)15 en 1986 bajo la dirección de José Antonio Gabriel y Galán con nuevos planteamientos, y nuevo formato, pero manteniendo algunas de las premisas de las que partía la publicación en 1969; de hecho E. Soriano abrió la publicación con un texto suyo en el que recordaba la etapa anterior y animaba a los que participaban en la nueva. Durante los años en los que E. Soriano dirigió la publicación, El Urogallo tanto en su aspecto exterior, como en su contenido, no presenta apenas cambios y tampoco parece haber fisuras en los planteamientos que sustentaron su creación. En la escasa blibliografía existente16 se tiende a considerar todo el periodo como una sola etapa. Sólo en dos de los artículos contenidos en el número especial de la revista República de las letras hay algunos intentos de establecer una periodización atendiendo a cuestiones muy precisas. El primero de los autores reunidos en ese número, dedicado a homenajear a E. Soriano y a su revista, que intenta establecer varias etapas es José Carlos Mainer. En su artículo titulado “Primer vuelo de El urogallo (1969-1974)” indica que con la publicación del n.º 26 en marzo-abril de 1974 estaba finalizando un periodo y comenzando otro: Hoy los números de El urogallo llenan casi un estante de mi biblioteca y compruebo, en efecto, que el número primero —el que yo adquirí a orillas del Pisuerga— es del 1 de febrero de 1970, aunque hubo una entrega 0 (diciembre 1969) que alguien debió regalarme en su día. Y certifico que el número final de la primera etapa es el 26; luego, el esquivo urogallo volvió a volar y a cantar, pero ya no era sólo —como decía la contracubierta de cada número— “por celo intelectual”, o, al menos, por el que había alentado su fundadora (Mainer, 2001: 69). El criterio que emplea Mainer para dar por terminada la primera etapa en el número 26 es el cambio en los intereses de la publicación. Sin embargo, si acudimos a los números siguientes podemos comprobar que Elena Soriano continuó como directora, que la revista no recibió ninguna subvención, y que no hubo un aumento considerable de los precios ni de la publicidad. 13) El relato “Homenaje a una joven bruja” se publicó en el n.º 31-32, pp. 72-80, 1975; en su carta el autor indica donde se había publicado anteriormente: Sé muy bien que para una revista, la condición de inédito es sine qua non. De todos modos, y teniendo en cuenta que la difusión de ciertas publicaciones es mínima en muchos casos cuando se trata de una revista latinoamericana, le señalo que Plural la revista de Octavio Paz, publicó en su número 3, de julio de este año, un texto bastante largo que se titula “Homenaje a una joven bruja”, y donde se trata, entre otras cosas, de la “cosificación” de la mujer en el plano de los espectáculos eróticos. 14) Entrevista concedida a Concha Alborg: “Conversación con Elena Soriano”. Publicada en la Revista de Estudios Hispánicos, 23 (1989), y citada en la edición de Caza menor (1992a) preparada por Concha Alborg en la editorial Castalia. 15) Comparación hecha en el editorial de El Urogallo, n.º 35-36, p.3. 16) Nos referimos a los textos de E. Soriano: las entrevistas y los artículos reunidos en el tercer volumen de Literatura y vida (1994), y la colaboración enviada a la revista El Urogallo (1986, n.º 0). También hemos considerado parte de la bibliografía sobre la revista el número que República de las letras le dedicó a E. Soriano y a El Urogallo.