La cofradía Mouride en la emigración senegalesa: ¿agente de desarrollo?
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Publicado en Palenzuela, P. y Gimeno, J.C. (coords), Culturas y desarrollo en el marco de la globalización capitalista, pp. 199-216. Fundación El Monte. Sevilla, 2005. ISBN: 84-8455-162-8 (obra completa); ISBN: 84-8455-172-5 (tomo Actas X). LA COFRADÍA MOURIDE EN LA EMIGRACIÓN SENEGALESA: ¿AGENTE DE DESARROLLO? Susana Moreno Maestro. Grupo de Investigación GEISA Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla INTRODUCCIÓN Con esta comunicación pretendemos contribuir al conjunto de investigaciones que vienen a resaltar el papel de los inmigrantes como agentes activos de cooperación al desarrollo de sus lugares de origen, mostrar cómo las políticas de cooperación al desarrollo, al menos en estos momentos, y al menos según lo entendemos después de analizar el caso concreto de la cofradía musulmana Mouride, no pueden ir dirigidas de manera prioritaria a la disminución de los flujos migratorios. Durante el trabajo de campo que estamos realizando para la tesis doctoral sobre políticas migratorias de la Junta de Andalucía (discursos y prácticas) y cómo estas influyen en el colectivo de inmigrantes senegaleses, las referencias a Senegal son una constante. Contemplamos la imposibilidad de hablar de sociedad de origen y de sociedad de destino como dos espacios totalmente diferenciados en la realidad diaria de los emigrantes senegaleses. Por ello, hablamos de una migración trasnacional definida por el tránsito constante entre ambos mundos, entre el aquí y el allí, tanto de personas como de bienes materiales y simbólicos. Dentro del análisis de la relación entre cultura y desarrollo, pretendemos presentar un modelo etnográfico que ponga en relación ambos conceptos con los procesos migratorios actuales, específicamente con el colectivo senegalés de la ciudad de Sevilla, y principalmente, el papel jugado por la cofradía Mouride. LOS INMIGRANTES COMO AGENTES DE DESARROLLO EN SENEGAL Podemos distinguir dos modelos de desarrollo. El primero, al que hemos llamado ‘formas “autóctonas” de desarrollo’, es el que se lleva a cabo directamente por los propios inmigrantes y según su propia lógica cultural: el dinero destinado a obras sociales en Senegal llevadas a cabo a través de las cofradías musulmanas, que es a lo que dedicaremos esta comunicación, las remesas enviadas a familiares y los usos que de 29
ellas se hacen o las estancias periódicas en Senegal y su repercusión en aquellas sociedades. Y el segundo, que es lo que normalmente entendemos por “proyectos de desarrollo” propiamente dichos: desde los “Proyectos de retorno voluntario” del programa europeo EQUAL ARENA hasta los proyectos de cooperación de asociaciones y de distintos organismos e instituciones públicas del Estado Español, pasando por las asociaciones de cooperación hechas por los propios inmigrantes para proyectos en sus respectivos países. Con esta distinción entre estrategias autóctonas y estrategias hegemónicas para el desarrollo pretendemos hablar tanto de la posibilidad de confrontación de códigos culturales como de la existencia de una relación e interpenetración de distintos códigos culturales en un contexto pluriétnico y multicultural. Analizamos aquí el papel que juega la cofradía Mouride como agente de desarrollo en Senegal. Nos alejamos con ello de lo que supone la “ayuda oficial al desarrollo” y nos adentramos en un caso de implicación directa de los propios emigrantes senegaleses desde los países destino de emigración. Nos centraremos en la aportación desde “la diáspora” a lo que supone un modelo de organización social como plasmación de un ideal de sociedad. La ciudad santa de Touba, en tanto que deseada por Cheikh Ahmadou Bamba, se representa a los mourides como villa ideal a cuya construcción deben contribuir. Intentaremos presentar a lo largo de esta comunicación cómo la cofradía Mouride concilia la lógica de la dispersión -la emigración de los discípulos a las ciudades a partir de los años cuarenta y después al extranjero desde hace una veintena de años, con la formación de una verdadera diáspora ligada a la ciudady la lógica de aglutinación, que se traduce en la urbanización de Touba. Serán las acciones encaminadas al desarrollo de esta ciudad las que se financien desde la emigración. Se trata de un proyecto común que construye y reafirma la identificación con la cofradía y con un Islam eminentemente senegalés desde cualquier parte del mundo, incluida Andalucía y, en particular, Sevilla. EL MOURIDISMO En Senegal, la práctica islámica toma la forma de cofradía religiosa. Las tres principales son: la cofradía de Xaadir (Qadriyya), fundada en Mauritania, es la más pequeña y antigua de Senegal; la cofradía de Tijaan (Tijaniyya), fundada en Argelia; y la cofradía de Mouride, fundada en Senegal por Ahmadou Bamba. 30
Los miembros de estas cofradías hacen voto de obediencia a sus marabús (fundadores y líderes espirituales actuales), considerados administradores y herederos del baraka o tolerancia divina. A través de su baraka, los marabús poseen la energía de curar enfermedades y de conceder la salvación espiritual a sus seguidores. Se espera de ellos que enseñen y aconsejen. El Islam, en su lectura cofrádica, constituye la cultura de pertenencia de la mayoría de la población senegalesa. Actualmente, la Mouride es la más activa en Senegal y con mayor crecimiento. La cofradía Mouride, nacida en el último cuarto del siglo XIX es de inspiración sufí, como las otras cofradías musulmanas de Senegal, y significa una respuesta a la desestructuración de la sociedad wolof1. Como afirma Cheikh Guèye (2002), es una respuesta religiosa y política que se preocupa de restaurar los equilibrios afectivos y simbólicos. El Islam aparece en el contexto senegalés como una ideología de la libertad para las masas de campesinos. Las comunidades religiosas, tomando la doctrina de la igualdad ante los particularismos de linajes de la jerarquía wolof, de una parte, y ante el imperialismo francés de otra, fueron durante la segunda mitad del siglo XIX los lugares de contestación de la contrasociedad. Los Mourides hoy consideran a Ahmadou Bamba casi como a Muhammad y a Touba la ciudad santa igual o más importante que la Meca. Los descendientes de Cheikh Ahmadou Bamba son hoy los marabús, las grandes autoridades religiosas de Senegal, y el padre actual de los Mourides es uno de sus descendientes2. El lazo de compromiso marabútico es personal entre dos individuos, el taalibe (discípulo) y el marabú, uno de sumisión y el otro de asistencia espiritual y material. El acto de sumisión (jebëlu) es la originalidad del Mouridismo. Constituye la condición para ser mouride, un acto voluntario de compromiso al servicio del hombre-institución, a una causa y a un proyecto de unidad. Se trata de una adhesión a un proyecto de desarrollo del grupo, para lo que la emigración hoy constituye una estrategia determinante. El objetivo de la fundación de la ciudad de Touba era, para Ahmadou Bamba, encontrar “la prosperidad” en “la excelencia de un lugar de retorno” que hacía falta construir. Los trabajos de construcción se harían de manera colectiva por los taalibe (discípulos). De esta forma, Touba como proyecto constituye un elemento de movilización para los sucesivos Cheikh, asegurando la continuidad de la doctrina y del compromiso después de la muerte del fundador. Encontramos así que la cofradía es hoy 31
uno de los principales promotores de la dinámica urbana en Senegal y, a su vez, el epicentro de actuación para la comunidad senegalesa en la emigración con destino a su sociedad de origen, por lo que contribuye, de manera decisiva, a la reafirmación identitaria de quienes se encuentran fuera. Cinco califas se han sucedido después de la muerte de Cheikh Ahmadou Bamba, y cada uno de ellos ha marcado Touba y su proceso de urbanización. El Estado, concebido como coercitivo y carente de legitimidad entre diversas sociedades africanas, no puede existir más que a través de la interacción con la sociedad. En Senegal, los mourides son elementos de una sociedad civil cuya autonomía se mide por la dinámica urbana de Touba, que es hoy la segunda en población después de la aglomeración Dakar-Pikine-Guédiawaye. La región de Louga, forma parte de los territorios de donde parte un importante flujo emigratorio y es el lugar de origen de una gran proporción de los senegaleses que hoy residen en la ciudad de Sevilla. Los toubianos son de una movilidad excepcional, por lo que muchas casas están vacías. El 94,3% ha efectuado, al menos, una migración en su vida (Guèye, 2002). MATLABOUL FAWZAÏNI: LA DAHÍRA DE LA EMIGRACIÓN Los mourides, que han cultivado el cacahuete en Senegal durante los siglos XIX y XX y conquistado el espacio comercial de ciudades senegalesas desde la segunda guerra mundial, constituyen una buena parte de los emigrantes internacionales. Esta diseminación ha dado nacimiento a una verdadera diáspora. Los miembros de la cofradía Mouride se encuentran dispersos por todo el mundo y sirven a este proyecto común de la cofradía, manteniendo con su ciudad relaciones a distancia a través de los marabús, de las inversiones inmobiliarias residenciales, de las familias instaladas en Touba, de la peregrinación anual, etc. Pero, a su vez, en la emigración esta comunidad va más allá de los miembros mourides. Al existir el proyecto de desarrollo para la sociedad de origen, la nostalgia, el deseo de contribuir y de seguir presentes en la sociedad de origen, se extiende al resto de los senegaleses que emigran. Se convierte en un compromiso entre la comunidad en la emigración, sobrepasando el círculo mouride, y la sociedad de origen. En el caso de Sevilla, los no mourides se unen al proyecto mouride, que da cobertura así a una gran parte de los más de 200 senegaleses de la ciudad. 32
La dahíra funciona dentro y fuera de Senegal. Se trata de un cuadro de solidaridad y de cohesión del grupo que permite reencontrarse regularmente para cantar o recitar poemas del fundador, hablar, discutir, plantear problemas o buscar consejos. En la emigración, podemos hablar de una gran dahíra conformada por el conjunto de dahíras repartidas por diferentes países de África, Europa Occidental y Estados Unidos. Touba y sus necesidades son el instrumento de movilización de esta gran dahíra que recoge el maná procedente de todos estos países para enviarlo a la ciudad santa de Senegal. MATLABOUL FAWZAÏNI, que en árabe significa “la búsqueda de dos felicidades”, es el nombre que recibe esta dahíra de la emigración. Se crea en 1990 en torno a un proyecto de construcción de un gran hospital en Touba por iniciativa de Dame Ndiaye, senegalés instalado en España tras el proceso de regularización de 19853. Las dahíras en la emigración funcionan más o menos del mismo modo desde el año 1994 cuando, en el curso de una gran reunión en Touba, se forma una estructura con representantes locales y mandatarios en Francia, Italia, España y Estados Unidos. Se hace también para reclutar miembros para la venta de tarjetas en las oficinas establecidas en cada uno de estos países. Cada oficina debe abrir una cuenta bancaria donde sean vertidas todas las cotizaciones. El dinero es transfererido a una cuenta única abierta para el conjunto de dahíras en Touba. En consecuencia, la dahíra en los países receptores de senegaleses cuenta con células regionales y sub-secciones a niveles administrativos más bajos. Las sub-secciones se reagrupan en secciones y las secciones en células. Cada fin de trimestre, las secciones de capitales regionales se reúnen en asambleas en el local de la célula y hacen el balance. El dinero colectado se vierte en la cuenta de Matlaboul Fawzaïni a nivel del país en cuestión. Es solo a fin de año cuando las transferencias se hacen a la cuenta de Touba, local de la célula madre. Los miembros están diseminados en Senegal, Italia, Francia, España, Portugal, USA, Alemania, Guinea Bissau, Gabón, África del Sur. Las condiciones de adhesión y las cotizaciones son establecidas y moduladas según el continente. Los senegaleses residentes en su país compran su tarjeta a 1.000 francos CFA y cotizan anualmente por 2.500 francos CFA. La adhesión para los senegaleses emigrados a Europa, América y Asia es diez veces más cara y cotizan anualmente por 40.000 francos CFA. Los derechos de adhesión para los senegaleses emigrados a otros países de África se elevan a 2500 francos CFA y sus cotizaciones representan cuatro veces menos que las de los otros continentes. Las cotizaciones de las mujeres representan la mitad de las de los 33
hombres. Sin embargo, las tarjetas de apoyo están disponibles y permiten hacer más si alguien quiere (Guèyes, 2002). Las estructuras de funcionamiento están constituidas por una asamblea general, que se reúne cada año el primer domingo del mes de marzo, un comité ejecutivo, un comité director y las células descentralizadas en las regiones de Senegal y del extranjero. La asamblea general está encargada de hacer el balance financiero y de fijar los nuevos objetivos en relación con el estado de avance de las obras del hospital. Matlaboul Fawzaïni considera su acción como una forma de gratitud al califa por su voluntad de compartir su ciudad con ellos. Matlaboul Fawzaïni les permite actuar a distancia todo el año para participar en la construcción de Touba. Las inversiones deben estar hechas según las necesidades de bienestar de los habitantes de Touba, de ahí el proyecto de hospital. Este proyecto da a quien emigra la posibilidad de tomar a su cargo la cuestión de la sanidad. La ciudad es una zona de paludismo, de cólera que a menudo hace estragos. El déficit en la estructura de sanidad continúa, a pesar de la mejora con la construcción por la Comunidad de una decena de puestos de sanidad. Estos puestos repartidos por los barrios constituyen, junto con el centro de sanidad financiado por la Comunidad Económica Europea, todo el dispositivo sanitario. Hay una regla general: siempre se comienzan los proyectos con el dinero disponible (no se espera a que esté la totalidad del financiamiento) y, sobre todo, se realizan las partes del proyecto que puedan servir antes del final del conjunto. La obra de Ahmadou Bamba que ha dado nombre a Matlaboul Fawzaïni es considerada por la cofradía como una selección de proyectos urbanos que la dahíra se apropia para su realización. Las intervenciones de esta dahíra deben dedicarse a la educación, la sanidad, el agua, el medio ambiente, la seguridad de bienes y personas, etc. Cada programa se somete a la aprobación del califa. La dahíra Matlaboul Fawzaïni, nacida para la construcción de un hospital en Touba, va progresivamente más lejos, dirigiéndose también hacia la gestión y el funcionamiento de la obra. El hospital tendrá un estatus privado no lucrativo, con un sistema de cooperación con el Estado y sus organismos para tratar de integrarlo en el dispositivo sanitario oficial. Se demanda al Estado tomar a su cargo una parte del personal, del equipamiento y del funcionamiento. Matlaboul Fawzaïni se singulariza por el hecho de ser reconocida por el Estado senegalés como una ONG, a pesar de su connotación religiosa. Entra así en la lógica de encuadramiento del Estado contrariamente a las dahíras en general. Esta excepción a la voluntad de autonomía de las dahíras está ligada a la necesidad de cooperación con el 34
Estado. Pero la dahíra se sustrae a la gestión nacional habitual de una estructura sanitaria de esta importancia: un consejo de administración compuesto por miembros de Matlaboul Fawzaïni es el encargado de la gestión, mientras que el comité de seguimiento nombrado por el Estado no tendrá más que una voz consultiva. La dahíra abre igualmente posibilidades de cooperación con organismos privados. Esta dahíra va abriendo su campo de acción. Sus próximos objetivos son el saneamiento de la ciudad y un proyecto de toma de agua. En el Estado Español hay distintas dahíras que forman parte de este entramado de Matlaboul Fawzaïni. En Sevilla, la dahíra se encuentra en el popular barrio de San Jerónimo y su objetivo es el de cualquier dahíra en la emigración: ayuda mutua, repatriación de cuerpos, cuidados en la enfermedad o accidente, acogida y financiación de la estancia de los marabús durante sus visitas, colecta de fondos para el califa general de la cofradía, etc. Todo esto se asegura gracias a una cotización que semanalmente, cada martes o domingo, según el día fijado de reunión, se entrega a la dahíra. Aunque “no es obligatorio, cada uno da si puede”. Además de esta cotización, ante cualquier acontecimiento imprevisto para el que haga falta reunir dinero, se donará un plus. La palabra “dahíra” significa reunión semanal, de ahí la periodicidad de los encuentros en la casa que en Sevilla ha sido alquilada como local religioso. Los domingos, o los martes en los periodos donde la venta es alta los fines de semana4, se reúne aquí una elevada proporción de los senegaleses de la ciudad, aproximadamente de 20’30 a 23’00 horas, a rezar, a hablar de sus asuntos, de sus problemas, a intentar buscarles entre todos una solución. Se dan consejos, se aporta dinero, se ven los diversos pros y contras de cada cuestión... De esta forma, las redes de apoyo se fundamentan en la reafirmación de los valores religiosos y culturales senegaleses. Se afirman cosas como que “la primera integración en Sevilla se hizo dentro de la asociación religiosa” (Ousmane). La reafirmación en la identidad religiosa se constituye en estrategia de inserción de la comunidad senegalesa en la sociedad sevillana. La cofradía es el vector fundamental por el que se canaliza uno de los principales valores del colectivo senegalés: la solidaridad de grupo. Las cofradías musulmanas tienen la doble función de terapia y de creación de vínculos sociales (Lacomba, 2001). En nuestra opinión, es el participar en un proyecto común beneficioso para la comunidad, en este caso llevado a cabo a través de la cofradía, lo que permite reproducir y afianzar las relaciones de reciprocidad. Es el sentirse partícipe de un mismo 35
proyecto, que entre todos llevan adelante, lo que hace se eleve la implicación en la cofradía. Pero la cotización semanal para la dahíra de Sevilla no es la única que se entrega; como hemos visto, también hay que aportar para Matlaboul Fawzaïni. En octubre de 2002 tuvo lugar una reunión de los senegaleses de toda Andalucía en el Centro Cívico de San Jerónimo. A ella asiste la Cónsul de Senegal en Madrid, quien participa en el acto con un discurso, y un experto en cuestiones religiosas, que habla del Islam, de la cofradía y del proyecto del hospital en concreto. Se trata de una reunión que, una vez al año, se convoca con el objetivo de reunir la cotización que cada quién aporta para el proyecto que la dahíra de la emigración tiene en Touba. Ahora se recauda, principalmente, para la gestión del hospital que la cofradía instaló en la ciudad. “Quien quiera y pueda”, afirman, da una cantidad de dinero al año. Aunque sea un proyecto gestionado por la cofradía Mouride, participan todos los senegaleses que lo desean, caso de Cheikh, senegalés residente en Sevilla que es tijaan y está contribuyendo para sacar adelante el hospital de Touba: “El hospital está pa todos. Que el hospital no va a decir: ‘tú no eres mouride, tú no eres togo, tú eres musulmán, tú eres cristiano…’. Entra todo el mundo, pero ellos lo están haciendo”. Este dinero se envía a Madrid, donde se reúne lo recaudado en toda España para mandarlo a Touba, lugar de confluencia de todas las cotizaciones de la diáspora. LAS COFRADÍAS Y EL ESTADO. UN JUEGO DE TOMA Y DACA EN EL CONTEXTO DE LA GLOBALIZACIÓN Creemos necesario, contextualizar esta realidad en el marco de la globalización. Qué duda cabe que el contexto político y económico mundial determina las condiciones de salida de Senegal (pasado colonial, división internacional del trabajo, programas de ajuste estructural…) y las condiciones de entrada e integración en los países de acogida, con la ciudadanía como criterio de exclusión y segmentación del mercado laboral. Es en este marco donde hay que situar la cofradía Mouride y la “elección” de la emigración como estrategia de continuidad del grupo y de desarrollo social de sus miembros. Todas estas variables del contexto han determinado la realidad de Senegal: su sistema político, sus actividades económicas, sus maneras de participar en la vida política y social, el rol de las redes formales e informales… En este marco, parece admitido que las cofradías religiosas musulmanas han constituido una verdadera sociedad civil cuyas interacciones con el Estado han 36
asegurado largo tiempo a este último su estabilidad y su poder de reproducción5. Como afirma Iniesta, “todos los datos invitan, pues, a un replanteamiento del fenómeno religioso en África, demasiado profundo para ser meramente desautorizado como opio de masas o incluso refugio de individuos desamparados, aunque haya dosis de ambas cosas. En las religiones tradicionales, más conocidas o animistas, pero también en las cristianas y musulmanas, late con fuerza el antiguo y siempre renovado pulso animista, aquel que no rompió con la tierra” (Iniesta, 1998:249). Las cofradías islámicas, sobre todo el Mouridismo, se singularizan por su anclaje social y, como estamos viendo también en el caso de la emigración y concretamente en el de los senegaleses y senegalesas de Sevilla, son referentes con mayor fuerza movilizadora que la pertenencia a la etnia o incluso al propio Estado senegalés. Tienen una capacidad de movilización muy superior a los partidos políticos y sindicatos. La cofradía, a través de la urbanización de Touba, parece aportar una utopía creíble y movilizadora para una buena fracción de la población senegalesa que el Estado no puede integrar en su lógica. Touba posee el “título territorial”, que no de “extraterritorialidad”. El primer término supone tener la propiedad, el segundo control y soberanía. La propiedad es el derecho de uso, de disfrute y de disposición de una cosa de manera exclusiva bajo el control de la ley. Sin embargo, el estatus de extraterritorialidad, aunque jamás haya sido objeto de una declaración oficial y pública, parece ser reconocido por el Estado. El derecho de soberanía es teóricamente ejercido por un Estado, pero parece que en Touba es el califa general quien lo detenta. Es él quien controla, por ejemplo, la prohibición de tabaco, alcohol y otros productos. Con la creación de la Comunidad de Touba (1976), el Estado hace una concesión mayor: la nueva institución es puesta bajo la autoridad del califa general y las elecciones del presidente del Consejo y de sus consejeros por sufragio universal no son más que un maquillaje que oculta mal la ausencia relativa del Estado. Los viajes frecuentes de los sucesores de Cheikh Ahmadou Bamba a los países donde están implantadas comunidades mourides, la acogida que reciben y todo lo que se despliega para su seguridad, dan un carácter oficial a sus visitas y refuerza entre los mourides el sentimiento de pertenencia a la cofradía, considerada aparte del Estado. En la actualidad, los senegaleses en el Estado español también recaudan dinero para construir una residencia en Madrid donde resida el marabú durante sus visitas. 37