Reseña de la obra "Manual para la excelencia en la Enseñanza Superior" de Villar, L.M. y Alegre, O.M. (2004)
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Villar, L.M. y Alegre, O.M. (2004): Manual para la excelencia en la enseñanza superior. Mc Graw-Hill, Madrid (449 pp). Revista de Enseñanza Universitaria 2004, N.º 24; 119-121 119 Promover una docencia de calidad, elevar las condiciones del proceso formativo en escenarios diferenciados y estimular la vida profesional docente de distintos cuerpos y dedicaciones con base en la confianza y el conocimiento sobre aspectos curriculares, instructivos y prácticos son las tres inquietudes que aborda este Manual respondiendo a una visión social, universitaria e individual. Para ello partirá de una reflexión sobre la naturaleza y estructura de un programa formativo y sobre los conceptos básicos relacionados con la evaluación de la calidad del mismo realizada en los dos primeros capítulos para, posteriormente, centrarse en la mejora de un programa concreto a través de indicadores referidos a la organización de la enseñanza, a los recursos humanos y materiales, al proceso formativo y a los resultados, abordados como capítulos del Manual. Culmina con la percepción del docente como agente que participa en la enseñanza como un modo de autorrealización personal analizando, para ello, el desarrollo de la experticidad docente. Este manual para la excelencia en la enseñanza superior muestra, a través de sus diez capítulos, el reto que supone para las universidades la mejora continua de la calidad docente, investigadora y de gestión, por lo que implica de competitividad entre las distintas universidades, de aceptación de los compromisos que surgen del nuevo Espacio Europeo de Educación Superior y de mejora del servicio prestado a la sociedad. Como en otros muchos aspectos, no existe un marco estructural universalmente aceptado para la interpretación e integración de los indicadores, ya que en numerosas ocasiones han sido ideados para problemas concretos. El objetivo central del Manual se sitúa en la concepción de una herramienta que ayuda a simplificar la realidad del proceso formativo superior para facilitar su interpretación. El modelo se plantea con la finalidad de estudiar el comportamiento del sistema. Para la consecución de los objetivos planteados, los autores debieron atravesar, al menos, cuatro etapas: estudiar los procesos que tienen lugar en el sistema; identificar los mecanismos básicos y dominantes; desarrollar las expresiones sintéticas que representan a los diferentes problemas, definiendo las soluciones analíticas o numéricas; y comprobar que las soluciones al modelo cumplen con los propósitos ya conocidos pues, de lo contrario, sería preciso repetir el proceso hasta obtener una solución aceptable. Sin duda, el planteamiento de indicadores bajo modelos del tipo “presión-estadorespuesta” (PER) encuentran muy buena acogida para la evaluación de sistemas complejos, como es el caso de la formación superior, al estar basados en el concepto de causalidad. Ha sido uno de los modelos más utilizados a todos los niveles para estructurar los indicadores y los sistemas de indicadores, por los que el Manual se ha cimentado sobre un planteamiento científico
Recensiones 120 validado en numerosos escenarios, tan complejos, por ejemplo, como los ecosistemas naturales. Con todo, la complejidad de la concepción de la excelencia en la enseñanza superior plantea numerosos desafíos metodológicos y operacionales y, posiblemente, uno de los mayores retos consista en el diseño de instrumentos de trabajo que permitan, en la práctica, realizar estimaciones (cuando no valoraciones cuantitativas) que integren la multidimensionalidad del proceso. Habiendo sido numerosas las tentativas de medición de la calidad de la enseñanza en los diferentes ámbitos y escalas posibles, cada una de ellas con diferentes niveles de éxito y/o reconocimiento, un rasgo común es que se ha trabajado más con la intención de definir los parámetros que en su particularizada o integrada valoración. También aquí radica la oportunidad del Manual, pues partiendo del imprescindible diagnóstico nos introduce, incluso a través de la propia concepción de los indicadores, en los planes de acción que definirán para cada elemento del sistema las necesarias medidas concretas. Juliana M. Correa Manfredi ICE. Universidad de Sevilla