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La dimensión urbana del patrimonio agrario: el paisaje de la huerta de Nerja, Málaga

Loren-Méndez, Mar; Chacón Carretón, Celia; Millán Millán, Pablo Manuel

Abstract

El patrimonio agrario reconoce aquellos territorios en los que la relación del individuo con la tierra ha desempeñado a lo largo de su historia un papel fundamental, que trasciende lo propiamente productivo y alcanza la memoria y definición vital del enclave en el que se encuentran. Esta realidad y en concreto la huerta, estrechamente ligada a la ciudad, se ha visto enfrentada en las últimas décadas a la transformación urbana acelerada abandonando las prácticas de crecimiento históricas y morfológicas suponiendo una fractura en detrimento de la lógica agraria. La presente investigación tiene como objetivo identificar la dimensión urbana del patrimonio agrario en aquellas ciudades cuyo origen y evolución están estrechamente relacionados con la actividad agraria. En este escenario, se ha desarrollado una metodología que atiende a la especificidad histórica y patrimonial, apoyándonos para ello en el caso de estudio de Nerja en Málaga, y su huerta intrínseca a su morfología histórica que justifica su idoneidad. Este proceso revela una nueva perspectiva respecto al entendimiento del patrimonio agrario a la vez que pone en valor el caso, contribuyendo así a su potencial y necesaria protección. De esta forma, la investigación pone de relieve el papel fundamental de la actividad agraria en los entornos construidos, y apuesta por una mirada que valora el tejido productivo de la huerta atendiendo a su dimensión urbana.

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ACE | Architecture, City and Environment 20 (58), 12736 1 Otros contenidos disponibles en Revistes UPC ACE | Architecture, City and Environment https://doi.org/10.5821/ace.20.58.12736 La dimensión urbana del patrimonio agrario. El paisaje de la huerta de Nerja, Málaga The Urban Dimension of Agricultural Heritage. The Landscape of the Nerja Orchard, Málaga Mar Loren-Méndez 1 | Celia Chacón-Carretón 2* | Pablo Millán-Millán 3 Recibido: 01-02-2024 | Versión final: 27-03-2025 Resumen Palabras clave: territorio; paisaje productivo; ciudad; huerto; agricultura E-ISSN: 1886-9751 El patrimonio agrario reconoce aquellos territorios en los que la relación del individuo con la tierra ha desempeñado a lo largo de su historia un papel fundamental, que trasciende lo propiamente productivo y alcanza la memoria y definición vital del enclave en el que se encuentran. Esta realidad y en concreto la huerta, estrechamente ligada a la ciudad, se ha visto enfrentada en las últimas décadas a la transformación urbana acelerada abandonando las prácticas de crecimiento históricas y morfológicas suponiendo una fractura en detrimento de la lógica agraria. La presente investigación tiene como objetivo identificar la dimensión urbana del patrimonio agrario en aquellas ciudades cuyo origen y evolución están estrechamente relacionados con la actividad agraria. En este escenario, se ha desarrollado una metodología que atiende a la especificidad histórica y patrimonial, apoyándonos para ello en el caso de estudio de Nerja en Málaga, y su huerta intrínseca a su morfología histórica que justifica su idoneidad. Este proceso revela una nueva perspectiva respecto al entendimiento del patrimonio agrario a la vez que pone en valor el caso, contribuyendo así a su potencial y necesaria protección. De esta forma, la investigación pone de relieve el papel fundamental de la actividad agraria en los entornos construidos, y apuesta por una mirada que valora el tejido productivo de la huerta atendiendo a su dimensión urbana. Abstract Keywords: territory; productive landscape; city; orchard; agriculture Agricultural heritage acknowledges those territories in which the relationship between people and the land has played a fundamental role throughout its history—one that transcends the mere productivity and extends to the memory and vital identity of the enclave itself. This reality, particularly in the case of urban orchards, closely tied to cities, has faced accelerated urban transformation in recent decades. The abandonment of historical and morphological growth practices has led to a rupture, undermining agrarian logic. This study aims to identify the urban dimension of agricultural heritage in cities whose origin and evolution are deeply intertwined with agrarian activity. To this end, a methodology was developed to address historical and heritage-specific factors, using the case study of Nerja (Málaga, Spain) and its intrinsic orchard, whose historical morphology justifies its relevance. This approach offers a new perspective on understanding agricultural heritage while highlighting the case’s significance, thereby supporting its potential protection. In this way, the research underscores the critical role of agrarian activity in built environments and advocates for a perspective that values the productive fabric of urban orchards through their urban dimension. Citación: Loren-Méndez, M., Chacón-Carretón, C. y Millán-Millán, P. (2025). La dimensión urbana del patrimonio agrario. El paisaje de la huerta de Nerja, Málaga. ACE: Architecture, City and Environment, 20(58), 12736. https://doi.org/10.5821/ace.20.58.12736 1 Dra. Arquitecta, Catedrática, Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad de Sevilla, Directora Cátedra UNESCO en Patrimonio urbano contemporáneo CREhAR (Creative Research and Education on heritage Assessment and Regeneration), 2 Arquitecta, contratada predoctoral FPU, Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad de Sevilla, 3 Dr. Arquitecto, Profesor Titular, Departamento de Proyectos Arquitectónicos, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad de Sevilla. *Correo de contacto: [email protected] ACE | Architecture, City and Environment 20 (58), 12736 2 1. Introducción El Convenio Europeo del Paisaje (CEP) del año 2000 introdujo una nueva perspectiva en la gestión del territorio atribuyendo al paisaje la capacidad de contribuir a la formación de las sociedades y por tanto ser un componente fundamental del patrimonio natural, cultural y sus interconexiones. De esta manera se ha consolidado la necesidad de proteger el paisaje en el campo de la investigación en las últimas décadas (Agnoletti, 2006). El CEP reconoce todos los tipos de paisajes, tanto los emblemáticos como los ordinarios, siendo estos naturales, rurales, urbanos y periurbanos. El paisaje agrario se incluye dentro de los paisajes rurales productivos capaces de transformar el territorio por la presencia y evolución de las técnicas de producción. La Carta de Baeza sobre patrimonio agrario (2013) genera un documento iniciático de llamada de atención a estas realidades en aras de su reconocimiento y protección haciendo alusión a la falta de una labor teórica específica en torno al patrimonio agrario, ya que la existente viene dada de una extrapolación de estudios de otros paisajes o de una lectura centrada en la ciudad con el aspecto agrario tratado de manera subordinada y diferenciada del hecho urbano. En 2017 ICOMOS & IFLA, con el título Principles concerning rural landscapes as heritage, acuñan específicamente una definición del paisaje agrario que lo reconoce como patrimonio de las zonas rurales. En España, las tierras de regadío tradicionales, denominadas huertas, constituyen un sistema agrario característico que se ha identificado como uno de los paisajes agrarios culturales mediterráneos (Meeus et al., 1990). En áreas fértiles o privilegiadas en su posición, la explotación tendente a obtener los máximos rendimientos económicos incrementando su productividad se lleva a sus últimas consecuencias de intensificación, atrofiando sus otras funciones asociadas a las relaciones sociales o las percepciones de estos lugares, ejercidas por parte de las comunidades (Blasco Sánchez et al., 2022). En contraposición, en multitud de áreas se produce una tendencia de signo opuesto: el abandono agrario, sobre todo en las periferias urbanas, donde hay grandes ruedos en expectativa de lucro inmobiliario, cuya trama histórica va progresivamente extinguiéndose lo que conduce a una resultante formal de simplificación o destrucción. Es por ello que las nuevas tendencias en la preservación insisten en atender no sólo al componente visual o de las características físicas del paisaje, sino también al patrimonio inmaterial, englobando su dimensión social, sus conocimientos y saberes (González-Varas Ibáñez, 2021). Nuevas nociones ampliadas en relación a los procesos de transformación espacial del medio y las condiciones de límite incorporan sus preocupaciones hacia los paisajes y las personas que han estado históricamente infrarrepresentados, cuando no totalmente desatendidos por la cuestión urbana (Ghosh y Meer, 2021). La investigación afronta esta situación desde marco teórico del paisaje, la ciudad, la agricultura y su valoración patrimonial haciendo un recorrido que reivindica el valor integral y no limitado a lo edilicio del patrimonio agrario, incidiendo en el carácter dinámico de sus cultivos, así como el componente social arraigado a la tierra. Dentro de este marco, el artículo aborda estos suelos desde su relación intrínseca con la ciudad histórica y su evolución hasta nuestros días, haciendo énfasis en el papel de la actividad agraria como fenómeno determinante del territorio y su memoria. En contraste con una visión dicotómica de la ciudad, este planteamiento tiene como objetivo principal abordar la productividad de estos paisajes desde una posición de defensa del patrimonio agrario, ya que hasta el momento no se ha realizado una caracterización que desde los estudios patrimoniales se centre en su singularidad urbana. Esta experiencia arranca desde el proceso de conocimiento y entendimiento teórico del paisaje agrario en relación al crecimiento de la ciudad y sus implicaciones morfológicas y semánticas, y en particular, la huerta 1 como unidad agraria específica estrechamente ligada a los entornos construidos. A través de este proceso se determinan una serie de factores que permiten esclarecer qué condiciona la existencia de una ciudad agraria 2 , concepto que no debe confundirse con otros como agrarian cities o agrocities (Schröder et al., 2017; Gausa et al., 2018) que presentan una aproximación actual como estrategia de planificación urbana para la intervención de zonas para su renovación o nuevos proyectos urbanos. De manera consecuente se selecciona el caso de Nerja, en Málaga, amparado por la condición de la huerta como origen del asentamiento histórico y promotor del posterior desarrollo urbano. 1 El concepto huerta es recogido en esta investigación desde su concepción como unidad espacial agraria y urbana, en contraste con otras realidades dadas de la actividad agraria como son por ejemplo las fincas u otras explotaciones de mayor escala y cuya presencia no está ligada a las ciudades de manera directa. Las huertas que se tratan por tanto son huertas históricas no huertos urbanos ex novo o de planificaciones actuales. 2 El concepto recogido en esta investigación de ciudad agraria tiene como objeto definir conceptualmente aquellas ciudades cuyo origen y posterior evolución están estrechamente ligadas a la actividad agraria productiva y por tanto su desarrollo histórico sea dado de la presencia de realidades como huertas, el caso que nos concierne. 3 2. La dimensión urbana del patrimonio agrario 2.1. La ciudad y la agricultura Siguiendo la afirmación de Vittorio Gregotti en 1983 de que el origen de la arquitectura, y por tanto de los asentamientos urbanos, no era la construcción de una cabaña primitiva sino más bien el acto primordial de marcar la tierra, generar un límite antrópico de control y localización (Frampton, 1999) podemos comenzar a entender que el germen de la ciudad se encuentra en la actividad agraria. Rykwert (1985) reflexiona por su parte sobre la antropología de la forma urbana concluyendo que, la relación entre el individuo y el territorio existe, además de por la motivación intrínseca de la supervivencia, por la necesidad de poseer un espacio a un nivel de pertenencia social dado del rito fundacional. Tras un periodo de sedentarización, antropización, y por tanto afianzamiento en un enclave, se origina la ciudad. Y ese acto viene dado de una tecnología, en relación al trazado de las ciudades occidentales mediterráneas, totalmente migrada de los saberes acerca de la planificación agraria. Es decir, nuevamente la realidad agraria es primigenia y por tanto detonante de la realidad urbana. La disolución de la ciudad como dominio delimitado y estable, que data de mediados del siglo XIX (Frampton, 1999) sumado a un progresivo distanciamiento de las dinámicas agrarias de las ciudades europeas, dejaron gran parte de la ciudad preindustrial sepultada tras los excesos y abusos de la fase del desarrollismo del siglo XX. La forma de la metrópolis ha tomado como rumbo un modelo de aprovechamiento oportunista generando espacios fragmentarios en lugar de seguir su genealogía histórica (Solà-Morales, 2004). Este fenómeno competitivo, dado de la transformación acelerada mediante un fuerte desarrollo expansivo, es una situación que en ocasiones produce la reducción del entendimiento de muchos territorios a la dicotomía campociudad. Esta cuestión ha sido abordada particularmente al analizar las transformaciones experimentadas en las etapas de la industrialización urbana, en las que los suelos productivos se convierten en fuente de conflicto. En El campo y la ciudad (Williams, 2001), desde una postura que coloca en el centro del argumento la ruralidad de los territorios, se pone en relieve los acuerdos y desacuerdos entre esta dualidad. La lectura de estos suelos únicamente como una estructura física artificial, no siempre con unos límites definidos y una morfología ajustada a criterios urbanísticos, ha ignorado en ocasiones la cultura acumulada en relación al carácter o a la peculiaridad y por tanto a su memoria. En esta drástica redefinición que se diagnostica en los paisajes contemporáneos, de forma más evidente en los paisajes productivos tradicionales, permanece en una contraposición prolongada los suelos agrarios frente al espacio urbanizado desatendiendo la posibilidad de entenderlos de manera integral y ajustables a nuevos criterios de relación que ya eran señalados en planteamientos clásicos de establecimiento de vínculos determinantes de una ciudad con su territorio (Geddes, 1915). Dentro de esta visión no superada acerca del papel de estos suelos exclusivamente entendidos como transición, los propios términos rururbano o periurbano genera esa distinción para las zonas consideradas limítrofes entre partes urbanas, rurales y naturales (Torreggiani et al., 2012). Esto supone la asociación directa a la polémica sobre si es posible tipificar suelos tan diversos respecto a su uso y condiciones espaciales únicamente por su posición, ignorando sus diferentes compromisos morfológicos y funcionales que provocan la pérdida del sentido de pertenencia a un tejido o entramado físico superior (Blasco Sánchez et al., 2022). De esta manera, muchos suelos han pasado a ser abandonados o sustituidos sin ser incluidos o valorados como tejido de la ciudad. Estos procesos de transformación y crecimiento discontinuo no interconectado prescinden de la coyuntura de trascender la escala de ciudad e insertarse en el territorio (Loren-Méndez y Pinzón-Ayala, 2020). En este sentido hay que destacar específicamente aquellos vinculados a actividades agrarias que cuentan con una carga histórica fundamental y un comportamiento de organización territorial fuerte al ser la urdimbre de la trama básica de asentamientos en la que se apoya la posterior ocupación urbana (Olmedo Granados, 2010). Frente a esto, el declive de los espacios productivos tradicionales históricos da lugar a la aparición de zonas abandonadas donde la relajación de las tareas de mantenimiento y conservación de estos paisajes se desvirtúan (Zoido Naranjo, 1998). Como afirma Charles Waldheim en Notes towards a history of agrarian urbanism: “frente a la gran cantidad de textos dirigidos a tratar el problema de la comida, la producción agraria, la especulación de los suelos…poco se ha reflexionado sobre las implicaciones potencialmente profundas del suelo agrario para la ciudad sin siquiera contar con el papel del paisaje agrario como patrimonio urbano” 3 (2010, p. 65). Esta desorganización o desajuste por el rápido proceso de transformación ha derivado en multitud de fragmentos físicos que debilitan la idea histórica de ciudad y la estructura de periodos anteriores (López de Lucio, 2007). 3 Traducción propia de los autores. 4 En las últimas décadas, se ha comenzado a promover de manera específica la investigación en relación a la huerta dentro del estudio de la historia agraria desde la visión de su traza como la permanencia de la huella patrimonial valorable en la ciudad (Mata Olmo, 2010), constituyendo en buena medida la memoria de corte histórico, morfológico, y fundamentalmente patrimonial, donde la huerta como paisaje no se puede disociar de la imagen de los núcleos e infraestructuras urbanos (de la Cal Nicolás, 2021). Los espacios agrarios intrínsecos a las primeras construcciones aparecieron por la necesidad de asegurar la alimentación en los asentamientos, y tras el reconocimiento de ese periodo fundacional, se ha observado una fuerte continuidad como elemento histórico funcional (Calatayud Giner, 2005). La antigua estructura de huertas –su retícula, sus unidades agrarias y sus sistemas de delimitación– constituye así una matriz de la ordenación, con una atenta consideración de los estratos culturales y la búsqueda de pautas y modelos de orden rural (Eizaguirre, 2000). A su vez uno de los nuevos servicios reconocidos que presta esta práctica de la actividad agraria ligada a los entornos urbanos es contribuir a la calidad medioambiental y al mantenimiento de la biodiversidad (Stobbelaar et al., 2004). Es por ello que las huertas son parte fundamental de la identidad local, de la idea origen de la ciudad y de la definición vital de sus habitantes hacia su sociedad y su sentimiento local (Hamrita et al., 2021). 2.2. La valoración patrimonial de la agricultura La noción actual de patrimonio, entendida en un sentido amplio desde la superación desde la segunda mitad del siglo XX de su condición objetual (ICOMOS, 1965; ICOMOS, 1975), integra de manera unitaria bienes de carácter cultural y natural. En este contexto, la herencia de la agricultura, una actividad que implica necesariamente cultura y naturaleza, no se consideraba merecedora de reconocimiento patrimonial, perpetuando de esta manera, la visión elitista y anclada en el pasado del patrimonio histórico, donde no tiene cabida la cultura relacionada con los espacios de la agricultura. Si centramos el análisis en la evolución del entendimiento conceptual de la agricultura, esta actividad constituye una actividad habitualmente presente en la historia de las civilizaciones, lo que la convierte en portadora de un testimonio material (aperos, edificaciones, paisajes…) e inmaterial (costumbres, oficios, fiestas, tradición oral…) que refrendan su bagaje patrimonial (Mata Olmo, 2004). A pesar de estas razones, la mayor parte de la historia agraria ha discurrido de espaldas a este legado. Ello se explica, como ya se ha señalado, por la lectura exclusivamente productiva que se ha hecho de las áreas de cultivo, al menos desde los inicios de la modernidad, y por su asimilación desarrollista a deterioro paisajístico-cultural y a espacios rústicos y vulgares (los ámbitos rurales) poco merecedores de reconocimiento patrimonial. Esta situación está empezando a cambiar en los últimos años de manos, por una parte, de dicha evolución operada por el concepto de patrimonio y, por otra, de la propia evolución del entendimiento de la agricultura (Silva Pérez, 2008). El reconocimiento de la multifuncionalidad de la agricultura confiere a la actividad agraria un papel que se añade o antepone a lo propiamente productivo tal como la protección de la identidad y el patrimonio cultural, la defensa del territorio y el mantenimiento de los valores del paisaje (Reig Martínez, 2002). Así mismo, su condición intensamente cambiante hace que este patrimonio haya sido obviado por la dificultad de la valoración, y en el mejor de los casos se ha puesto el foco de manera generalizada en sus elementos construidos (Castillo Ruiz, 2013). A pesar de ser reconocida, desde principios del siglo XXI, como una cualidad intrínseca al patrimonio en abordajes contemporáneos como la Carta de Cracovia (UNESCO, 2000) que ampara el carácter dinámico del patrimonio agrario. Lo efímero es capaz de generar memoria e identidad siendo parte ineludible de la experiencia del patrimonio, por lo que hay que encontrar nuevos métodos para preservar y potenciar estos valores tal y como manifiesta la Declaración de Florencia sobre el Patrimonio y el Paisaje como Valores Humanos (ICOMOS, 2014). En recientes investigaciones (Castellano Pulido, 2015; de la Cal Nicolás, 2021; Ghosh y Meer, 2021) se defiende el valor de este patrimonio dinámico, siendo poseedor de valores tangibles e intangibles que generan una relación compleja en el paisaje, actuando como mediadores entre el territorio y la ciudad. Aunque no se incide de manera clara sobre esta cualidad, sí que se recoge entre las posibles contribuciones de la actividad agraria las formas morfológicas de organización propias del suelo y la necesidad de respetar esta estructura territorial –incluyendo en la misma el parcelario, caminos, cercados, entre otros– reconocidos expresamente como elementos constitutivos del patrimonio agrario (Castillo Ruiz y Martínez Yáñez, 2022). Estos elementos constituyen, aun cuando no poseen una concepción normalmente adscrita al ámbito de la arquitectura, realidades de gran relevancia para el entendimiento singular de estos lugares (Cirvini, 2011) y su valoración patrimonial (Aladro-Prieto et al., 2022). A pesar de que ya se ha apuntado la necesidad de una aproximación integral del patrimonio agrario que trascienda lo construido, esto no ha calado en la práctica, lo que confirma la dificultad, metodológica y administrativa actual de afrontar la gestión de estos territorios (Florido Trujillo, 2013). 5 A esto se suma la desatención a las manifestaciones culturales del mundo rural y en específico la dificultad de gestionar desde una perspectiva institucional espacios amplios y funcionales como los ocupados por los cultivos. De estos antecedentes se deduce un gran punto de partida en relación al potencial del prisma urbanístico: la necesidad de mantener un concierto o relación equilibrada entre realidades territoriales edificadas y no edificadas, rurales y urbanas y, en cualquier caso, el compromiso recíproco de compatibilidad e incluso de enriquecimiento mutuo como sucede en episodios históricos definitorios de estos enclaves (Qviström, 2007). Sin embargo, la presión sobre el medio rural es cada vez más evidente. Esto se debe a una serie de causas entre las que se encuentran la búsqueda de una mayor productividad, los cambios en el uso del campo ante nuevas necesidades, o la implantación de nuevos medios de producción que conducen a la continua y silenciosa desaparición del patrimonio bajo la presión de la sobreexplotación, el abandono y los cambios de uso del suelo que denota la falta de atención urbanística específica a su naturaleza (Blasco Sánchez et al., 2022). En este sentido, los espacios de confluencia urbana y rural, a través de planes, estrategias y otros instrumentos de ordenación urbanística, pueden conseguir dar un salto histórico (Bonin et al., 2015), que aporten una valoración de estos espacios agrarios, presionados hasta el momento por una planificación inefectiva en los que planes y estrategias se desarrollan de forma aislada, creando desconexiones en escala y uso que afectan a las interrelaciones (Scott et al., 2013). El renovado sentido conceptual y estratégico de paisaje que preconiza el CEP propone el reencuentro entre dos formas de uso, organización y vivencia del territorio: la de la ciudad, con funciones económicas y residenciales intensivas, y la de los espacios agrarios que han sido calificados genéricamente y de modo equívoco en muchos planes urbanísticos como suelos no urbanizables protegidos por su interés ambiental (Hamrita et al., 2021). Por tanto, se puede asumir que gran parte de la conciencia del paisaje está en la pervivencia de las tramas agrícolas y su continuidad, siendo vital protegerlas y reactivarlas desde los planes territoriales hasta los proyectos concretos a través de la conservación o la recuperación de esos suelos como una gradación articuladora entre lo rural y lo urbano que recrea su origen productivo y morfológico (Montaner, 2008). 3. El caso de la huerta de Nerja, Málaga A la hora de poder observar la dimensión urbana del patrimonio agrario, la justificación de la elección del caso viene derivada de tres argumentos: ciudades cuyo origen se relacione de manera directa con un asentamiento agrario por las condiciones geomorfológicas del territorio, ciudades cuya evolución y crecimiento posterior al asentamiento se haya mantenido ligado a la actividad agraria, y por último, ciudad con una fuerte continuidad histórica respecto al uso productivo agrario de sus suelos social y económicamente. Por todo ello se escoge el caso de Nerja, debido a que la existencia y la configuración de su huerta es inseparable de la presencia inmediata de la ciudad. Localizado en la Costa del Sol Oriental en la comarca de Axarquía, de las 23 localidades que conforman esta unidad, sólo Vélez-Málaga y Nerja tienen una posición cercana a la costa debido a que, en sus casos, se combina la presencia de un emplazamiento de estratégica defensa militar histórica junto a unas tierras para el cultivo en los fondos de valles que favorecían la agricultura de regadío basada, fundamentalmente durante la Edad Media, en la caña de azúcar, el viñedo en los bordes de su vega y lo producción hortofrutícola. Esto queda recogido en documentos históricos en los que se ensalza esta realidad y de manera específica la fertilidad de las tierras enumerando la variedad de cultivos (Figura 1). El territorio comprendido en el actual término municipal de Nerja, está ocupado por ese fértil frente litoral donde desembocan los ríos Vélez y Chíllar. Delimitado por las montañas que componen la Sierra de Almijara y bañado por aguas del Mediterráneo en una costa rocosa y acantilada que caracteriza este entorno único y singular tanto en su forma física y su estructura urbana como en su desarrollo social y cultural. De estos tres medios –vega, sierra y mar– han vivido las poblaciones que desde la prehistoria hasta la actualidad se han asentado en él. Desde la Antigüedad, sus distintos pobladores han fundado varios asentamientos como fue el caso de Narija, la alquería medieval, situada en torno al Castillo Alto. El origen de Nerja no se hallaba donde se reconoce el centro histórico en la actualidad, sino a aproximadamente un kilómetro al norte del llamado Balcón de Europa, en la orilla derecha del río Chíllar (Ruiz García, 1994). Esta construcción era en realidad una torre rodeada por una cerca en la que se podían refugiar las personas que habitaban la zona. Este modelo iniciático se popularizó en esta zona del litoral, ya que, para asegurar su defensa, los Reyes Católicos organizaron un sistema formado por una serie de fortificaciones y torres almenaras. En el cambio de siglo del IX al X existen referencias que hablan de esta alquería o casa de labor, con finca agrícola que configuraría poco a poco pequeñas comunidades rurales conformadas por una o varias familias, que se dedicaban a explotar las tierras de los alrededores como sustento. 6 En 1505 el Castillo Alto sería entregado al regidor de Vélez-Málaga, García de Guzmán, propietario de parte de las tierras de Nerja tras quedar despoblado el lugar. Unos años antes se decidió construir otro, algo distante, en un lugar despoblado en la misma costa, que sería conocido como Castillo Bajo y, con el tiempo, desempeñaría un papel decisivo en el nacimiento de la Nerja contemporánea y su trazado (Capilla Luque, 2006). En la primera mitad del siglo XVII el Castillo Alto fue definitivamente abandonado continuando el desarrollo urbano en torno al Castillo Bajo con la construcción de veintiséis casas dentro de una trama agraria de huertas dada de la explotación primigenia que había surgido con la misma idiosincrasia en el entorno del Castillo Alto (Capilla Luque, 2006) (Figura 2). Ese caserío se desarrollaría en paralelo a la trama agraria siendo la casa huerto la unidad tipológica del crecimiento urbano. Figura 1. La costa de la Marina del Partido de Vélez. Don Juan Medrano 1730 Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. Cartografía y Datos geográficos. Mapas topográficos. Vélez-Málaga. https://ws089.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/cartoteca/ Figura 2. Diagrama del proceso origen del asentamiento Fuente: Elaboración propia. La situación de Nerja sobre este litoral, así como las dificultades derivadas de sus accesos por carretera, mantuvieron a esta ciudad ensimismada en sus actividades agrarias, aunque no ausente de potenciales crecimientos asociados a las mismas ya que desde entonces Nerja no dejaría de expandirse dibujando un interesante trazado urbano que comenzó con los primeros asentamientos de elevada productividad agraria sometidos a una fuerte acción antrópica en las zonas llanas cercanas al mar (Figura 3). A partir de una primaria estructura cruciforme, mantenida actualmente por las calles Carabeo y Diputación Provincial y las calles Pintada y Almirante Ferrándiz descendiendo hasta la Plaza Mayor donde confluyen ante el actual Balcón de Europa, la morfología urbana adquiere características muy especiales debido a la ya mencionada accidentada topografía por su posición intermedia entre la montaña y el mar, que ha representado un elemento determinante en su existencia y proceso de desarrollo. Una de las características de esta localidad ha sido la continuidad de la integración de casas y huertas en el mismo espacio, herencia de esos primeros asentamientos y constituyendo un modelo urbano agrario (Figura 4). Desde finales del siglo XVI, en que se implantará el cultivo de la caña de azúcar, procesado posteriormente en los múltiples ingenios de Nerja y Maro, comenzaría a darse una importante relación entre la agricultura y la industria que llegaría a su momento culminante en la segunda mitad del siglo XIX con el establecimiento de varias fábricas azucareras en ambas localidades (Capilla Luque, 2016a; Capilla Luque, 2016b). De esta manera se combinaba la pequeña propiedad, la huerta en forma de explotaciones inferiores a 1 ha, con sistemas de modernización industrial como recoge el Inventario de cortijos, haciendas y lagares (Molina González et al., 2000). A este proceso de creación de una ciudad donde la huerta y las edificaciones se sucedían de manera paralela durante siglos, ha ocurrido otro de destrucción mucho más acelerada. El descubrimiento en 1959 de las Cuevas de Nerja, un recurso turístico de primera magnitud abierto al público desde 1960, y la construcción de un parador en 1965, atrajo a un turismo nacional e internacional poco numeroso, pero cualificado. En 1960 Nerja contaba con 7.094 habitantes, en 1970 eran 8.498, modesta dinámica positiva apoyada en parte por las nuevas actividades turísticas, que no es comparable con los crecimientos explosivos que se conocieron en esa década en la Costa del Sol Occidental pero que insinuaban la potencial trayectoria (IECA, 2016). La actividad agraria de larga genealogía, datada con siglos de presencia continuada de productividad, pasó a un segundo plano. 7 Figura 3. Plano de parte de la población de Nerja, de la playa, Castillo Bajo y la trama agraria del asentamiento. José A. Espeluis. S. I. 1766 Nota: Plano de parte de la población de Nerja, de la playa, Castillo Bajo y la trama agraria del asentamiento. José A. Espeluis. S. I. 1766. Fuente: Archivo General de Simancas. Mapas, Planos y Dibujos, 58-83. Imagen extraída de Capilla Luque (2006). El impulso urbanizador que vive el municipio hace presente y definitoria la relegación de esta ocupación, en el que se riñen y contraponen la dimensión agraria y la urbana desde un campo de juego económico arengado por el incipiente potencial turístico del litoral. Periodos anteriores fueron transmisores de un interesante legado patrimonial pero el estado de conservación y su presencia actual en la ciudad ponen en tela de juicio la atención prestada a distintos elementos y espacios frente a otros. Es el caso del caserío tradicional asociado a parcelas de cultivo, los propios suelos y la infraestructura asociada –vías pecuarias, sistemas de contención de tierras, sistemas hidráulicos y acequias, y otras construcciones de almacenaje y apoyo a la actividad agraria–. Todo este corpus se ha ido perdiendo a ritmo apresurado, siendo reemplazado por nuevas construcciones debido a su conversión en uno de los centros turísticos más importantes de la Costa del Sol. Una construcción derivada en contra de la lógica de transformación y crecimiento de la propia ciudad y desligada de su origen. El profundo apego de su ciudadanía ha desembocado en una historia de resistencia de más de 25 años; encierros, acciones y reivindicaciones públicas se han sucedido persistentemente desde los entes locales propios de la comunidad de Nerja hasta la participación desde la investigación universitaria expresando la urgencia del caso. Diversas asociaciones comprometidas con la defensa del patrimonio nerjeño, en general, y de sus huertas en particular, dedicadas a cuestiones críticas y creativas de actividad transversal 4 , han generado iniciativas como: el Proyecto de Plan Nacional de Investigación I+D+i del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades RTI2018-094844-B-C33: “Saturación turística en destinos costeros españoles. Estrategias de decrecimiento turístico”, el corto cinematográfico “SE VENDE El último vergel” con una aproximación íntimamente social, o el Seminario “Paisaje de huertos de Nerja: un patrimonio cultural en peligro” (Loren-Méndez, 2021), desde la Cátedra UNESCO CREhAR, iniciativas todas que hacen posible una colaboración entre la ciudadanía nerjeña comprometida con la defensa patrimonio agrario, los agricultores, con la universidad, así como instituciones públicas, con presencia de geógrafos, historiadores, arquitectos/as y urbanistas. 4 En marzo de 2011 se constituye la Asociación La Volaera, centrada en la Conservación y Difusión del Patrimonio histórico de la Provincia de Málaga y en especial del municipio de Nerja, formando parte desde marzo de 2013 de la Asociación Fabricando el Sur, centrada en la defensa del Patrimonio Industrial, fundada en Sevilla y abarcando el ámbito andaluz. Desde marzo de 2022 la Asociación cultural Entre Cañas. Patrimonio Cultural y Memoria Histórica, recoge el testigo de La Volaera en Nerja. Así mismo, en 2017 surge la Plataforma Ciudadana Otro Maro otra Nerja es posible, en reacción al proyecto para urbanizar la zona de huertas históricas y patrimonio industrial de Maro, en Nerja. 8 Figura 4. Fotografía del Balcón de Europa 1960 Fuente: Paisajes españoles (s.f.). 4. Método Con el objeto de caracterizar los aspectos que contribuyen a la construcción de estos paisajes inherentes a la ciudad y por tanto la percepción mediada en su comportamiento patrimonial urbano y agrario, se investiga la ciudad de Nerja desde un abordaje concreto de la temática mediante la puesta en práctica de las aportaciones teóricas revisadas. Las propias orientaciones que propone el CEP efectúa un acercamiento de: identificación, caracterización y cualificación, que aborda diferentes disciplinas y perspectivas y su repercusión en la organización y transformación del territorio, estableciendo en todos los casos complejas relaciones ya que, lejos de desarrollarse independientemente, la actividad natural y la antrópica se han interrelacionado hasta tejer una historia conjunta que llega hasta nuestros días (Chías y Abad, 2019). A su vez, esto queda justificado por la necesidad de atender a la interdisciplinariedad de estas realidades (Loren-Méndez et al., 2016), ya que su estudio constituye una actividad interpretativa y creativa que no está sujeta a un campo homogéneo, sino que su condición esencial es, precisamente, la transversalidad (Montaner, 2008). Al igual que su singularidad requiere de sistemas de representación que atiendan a su proceso de configuración más allá de la captura inmediata del estado actual (Galera-Rodríguez et al., 2023). Todo lo expuesto cobra mayor sentido cuando se está tratando una realidad en la que la transformación del suelo es el objeto de ese paisaje, la actividad agraria como producción de bienes mediante la explotación de cultivos y como producción de la realidad urbana, construcción física y social de la ciudad. Queda recogido de esta manera que los componentes que otorgan singularidad a este patrimonio son: la escala territorial y paisajística, la actividad agraria como elemento constitutivo principal, y la interrelación de bienes naturales y culturales, materiales e inmateriales, generados o aprovechados a lo largo de la historia (Castillo Ruiz, 2013). Una vez descrita la realidad histórica de la ciudad de Nerja y tras la exposición de este marco estratégico operativo se recurre a la aplicación práctica de un método de corte analítico deductivo. Éste se subdivide en un proceso de tres fases, aunque su desarrollo se plantea como un ciclo iterativo de chequeo continuo de la información y resultados que se van obteniendo. Primeramente, se realiza una profunda búsqueda de la información abordando diversas fuentes, escalas y disciplinas; a raíz de la misma se pasa a ordenar dichos datos de manera direccionada al objetivo de la investigación: identificar la dimensión urbana de las huertas como realidades patrimoniales en estrecha relación con nuestros entornos construidos. 9 Esta aproximación comparte, por tanto, técnicas con la consolidada línea de investigación centrada en avanzar en el conocimiento histórico del territorio a través del estudio de las fuentes gráficas históricas y a su vez lo combina con la puesta en consideración de sucesos que no han quedado plasmados de manera intencionada. De esta manera se logra fijar el enfoque específicamente en la dimensión urbana del caso colocando por primera vez la cuestión agraria en el centro del discurso. Para superar una visión objetual y descontextualizada de la realidad agraria de Nerja es necesario un abordaje desde una mirada amplia que, calibrando su implicación en el proceso de formación del paisaje y patrimonio agrario, sea capaz de comprender su papel en la estructura urbana pasada y actual. Para ello, la primera acción comienza con una búsqueda detallada y exhaustiva de recursos en relación directa o indirecta con Nerja y su evolución histórica urbana y agraria. Los archivos registrados se detallan a continuación siendo agrupados por: • Documentos gráficos: o Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA) • Archivos documentales: o Archivo General de Simancas o Archivo documental y fotográfico de la Diputación Provincial de Málaga, concretamente de la Biblioteca del Legado de Juan Temboury Álvarez o Archivo municipal de Nerja. Área de Planeamiento Urbanístico y Gestión Urbanística del Ayuntamiento de Nerja • Visores de ortofotos históricas: o Fototeca digital del Instituto Geográfico Nacional (IGN) de España o Google Earth Engine • GIS data: o Visor SIGPAC del Ministerio de Agricultura y de la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía. Para poder observar la evolución de la huerta de la manera más fidedigna posible respecto a su morfología, la implementación de visores geográficos resulta ineludible. El uso de Google Earth Engine (GEE) combinado con ortofotos históricas, tomadas de la Fototeca digital del Instituto Geográfico Nacional (IGN), permite obtener series temporales y espaciales en intervalos coherentes y precisos (Figura 5). Figura 5. Evolución histórica a la escala urbana Fuente: IGN (s.f.). El principal sistema para la gestión y geolocalización de la información obtenida lo constituyen los Sistemas de Información Geográfica (en adelante, SIG), entorno de trabajo desde el que analizaremos la pertinencia de herramientas cartográficas avanzadas para la consecución de dos objetivos relevantes. En primer lugar, para sistematizar la documentación coordinando geográficamente la posición de todos los planos históricos. En segundo lugar, para reforzar, complementar y complejizar el conjunto obtenido del Sistema de Información Geográfica de Parcelas Agrícolas (SIGPAC) de España. Es en esta capa donde se trabaja sobre las huertas actualmente delimitadas y marcadas, añadiendo otras huertas, parcelas rústicas, recintos y límites obtenidos durante la investigación gráfica de las otras fuentes. Para ello, se realiza un riguroso trabajo comparativo, conectando y estableciendo un diálogo entre todas las 16 8. Autoría Persona Autora 1: definición de la temática, selección del caso de estudio, conceptualización, diseño, investigación, análisis, metodología, redacción (borrador original, redacción, revisión y validación). Persona Autora 2: conceptualización, diseño, investigación, análisis, metodología, producción gráfica, visualización, redacción (borrador original, redacción, revisión y edición final). Persona Autora 3: conceptualización, diseño, metodología, redacción (borrador original, revisión y validación). Conflicto de intereses: Las personas autoras declaran que no hay conflicto de intereses. 9. Bibliografía Agnoletti, M. (2006). The conservation of cultural landscapes. Wallingford, Reino Unido: CABI. Aladro-Prieto, J. M.; García Casasola, M.; Castellano Bravo, B.; Ostos Prieto F. J. y Ponce Ortiz de Insagurbe, M. (2022). Lo agrícola, lo defensivo y lo antropológico: claves culturales para una gestión sostenible del patrimonio en el contexto rural. 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